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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Velasco Ávila, Cuauhtémoc. 2012 La frontera étnica en el noreste mexicano Los comanches entre 1800-1841 Historias de desencuentros y destierros México: Ciesas-Inah ISBN: 9786074861549]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">     <p align="right"><b>RESE&Ntilde;A</b> </p>      <p align="center"><img src="/img/revistas/histo/v5n10/v5n10a10g1.jpg"></p>     <p align="center"><b><font size="4">Velasco &Aacute;vila, Cuauht&eacute;moc. 2012       <i>La frontera &eacute;tnica en el noreste mexicano   Los comanches entre 1800-1841   Historias de desencuentros y destierros M&eacute;xico: Ciesas-Inah</i>ISBN: 9786074861549</font></b></p>       <p><b>Gerardo Lara Cisneros*</b></p>     <p>* Candidato a doctor en Historia de Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Recibi&oacute; el Premio Nacional   Francisco Javier Clavijero, otorgado por el Instituto Nacional de Antropolog&iacute;a e Historia (INAH) a la mejor tesis de maestr&iacute;a en historia y etnohistoria de 2000. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:glc@unam.mxglc@unam.mx">glc@unam.mxglc@unam.mx</a></p>      <p>Recepci&oacute;n: 15 de septiembre de 2013 Aceptaci&oacute;n: 25 de septiembre de 2013</p>  <hr size="1" />     <p><font size="3"><b>&iquest;Una pel&iacute;cula de vaqueros contra indios?</b></font></p>     <p>&iquest;Qui&eacute;n de ni&ntilde;o, o de joven no se emocion&oacute; con una pel&iacute;cula de vaqueros? Al leer y   disfrutar las m&aacute;s de 400 p&aacute;ginas de este bello libro no pod&iacute;a evitar recordar m&uacute;ltiples   escenas de pel&iacute;culas de vaqueros producidas en Hollywood. El conflicto que   esto me produc&iacute;a fue ocasi&oacute;n para pasar del asombro a la incomodidad y luego a la reflexi&oacute;n. Y es que sin duda, para hacer esas pel&iacute;culas la industria cinematogr&aacute;fica californiana abrev&oacute; en la historiograf&iacute;a producida en su pa&iacute;s para explicar el devenir de los estados sure&ntilde;os y la &eacute;pica construcci&oacute;n de su frontera sur. Para parte de dicha tradici&oacute;n historiogr&aacute;fica, que no de toda debo aclarar, los protagonistas de esa historia fueron los emprendedores y sufridos colonos, los valientes rangers y rancheros, y los eficientes militares que ganaron el derecho a vivir en aquellas vast&iacute;simas y ricas tierras a las que civilizaron luego de enfrentarse y derrotar a los salvajes y crueles indios, as&iacute; como de expulsar a los corruptos y torpes mexicanos.</p>     <p>Sin embargo, la perspectiva, que<i> La frontera &eacute;tnica</i> <i>en el noreste mexicano</i>.   <i>Los comanches entre 1800-1841</i> nos brinda del asunto, es mucho m&aacute;s compleja,   est&aacute; llena de matices y de cuestionamientos que nos hacen replantear por completo   la historia de esa misma frontera, para nosotros norte&ntilde;a. Este libro se adentra en   la recreaci&oacute;n de la historia del complejo y dilatado trance de la construcci&oacute;n de   fronteras y de los dramas humanos que conformaron este proceso. Interesado en   recrear esa historia, superando la visi&oacute;n de los grandes choques y batallas, Velasco   privilegia el an&aacute;lisis de los hechos cotidianos que caracterizaron ese proceso hist&oacute;rico   y que nos muestran una perspectiva m&aacute;s amplia y profunda de la situaci&oacute;n que   se experiment&oacute; en ese espacio y en esa temporalidad. De esta forma, estamos en   posibilidades de acceder a los motivos que impulsaron a actuar de una u otra   manera a los distintos grupos humanos involucrados y explicar su comportamiento.   No pretende mostrarnos una visi&oacute;n rom&aacute;ntica que rescate la valerosidad y   virtudes de los nativos, ni tampoco una visi&oacute;n que ponga &eacute;nfasis en su ''barbarismo''   y ''salvajismo''. Parte desde la imparcialidad acad&eacute;mica para delinear a nativos y colonos como seres humanos que respondieron al contexto en el que se desenvolvieron.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuauht&eacute;moc Velasco articul&oacute; su historia a partir de dos actores principales,   la frontera y los comanches, as&iacute; como de una multitud de personajes complementarios:   colonos y militares mexicanos y angloamericanos, comerciantes, traficantes,   proyectos nacionales y funcionarios de gobierno. La historia que nos explica   Velasco es una trama compleja y extraordinariamente documentada que se aleja   de los juicios de valor e intenta develar las circunstancias y motivos que llevaron a   desempe&ntilde;ar el papel de cada actor en esta ''pel&iacute;cula''. Pel&iacute;cula a la que su director art&iacute;culo en ocho ''escenas'' o ''cap&iacute;tulos'' y un interesante ap&eacute;ndice documental con descripciones y tratados de paz entre indios y mexicanos. Adem&aacute;s, esta historia se adereza con el distintivo sello de ''los productores'' (Teresa Rojas y Mario Ruz, editores de la colecci&oacute;n), profusos, &uacute;tiles y bellos mapas, fotograf&iacute;as, ilustraciones, cuadros, grabados y dise&ntilde;o que le han merecido a la colecci&oacute;n importantes reconocimientos.</p>     <p>El libro <i>La frontera &eacute;tnica en el noreste mexicano. Los comanches entre   1800-1841</i> de la autor&iacute;a de Cuauht&eacute;moc Velasco &Aacute;vila nos adentra en el estudio del   conflicto que se gest&oacute; entre los pobladores norte&ntilde;os y los grupos nativos en el territorio   actual del sureste de los Estados Unidos de Am&eacute;rica (EE.UU.) y el noreste de   M&eacute;xico. Interesado en recrear esa historia, superando la visi&oacute;n de los grandes choques   y batallas, Velasco privilegia el an&aacute;lisis de los hechos cotidianos que caracterizaron   ese proceso hist&oacute;rico y que nos muestran una perspectiva amplia y profunda   de la situaci&oacute;n que se experiment&oacute; en ese espacio y en esa temporalidad. De esta   forma, estamos en posibilidades de acceder a los motivos que impulsaron a actuar   de una u otra manera a los distintos grupos humanos involucrados &#8212;indios, colonos,   militares&#8212; y explicar su comportamiento. Velasco no pretende mostrarnos   una visi&oacute;n rom&aacute;ntica que rescate la valerosidad y virtudes de los nativos, ni tampoco   una visi&oacute;n que ponga &eacute;nfasis en su ''barbarismo'' y ''salvajismo''. Parte desde un   enfoque imparcial para mostrar tanto a nativos como a novohispanos y mexicanos, como actores humanos que respondieron al contexto en el que se desenvolvieron.</p>     <p>La investigaci&oacute;n norteamericana sobre los pueblos indios que habitaron la   zona sureste de su actual territorio est&aacute; vinculada al nacimiento de sus propias   tradiciones historiogr&aacute;ficas. El asunto no es de poca importancia pues est&aacute; vinculado   al concepto de frontera, mismo que es uno entre los principales actores de la   historiograf&iacute;a norteamericana; asunto que no es gratuito pues parte importante de   la identidad nacional estadounidense se ha fincado en relaci&oacute;n al asunto de su   expansi&oacute;n territorial. Algunas l&iacute;neas historiogr&aacute;ficas en EE.UU. han elaborado   una versi&oacute;n de su pa&iacute;s centrando su discurso en las acciones de los colonizadores,   en este tipo de versiones los indios juegan un papel secundario; en contraste, la   atenci&oacute;n se focaliza en su propia expansi&oacute;n territorial como resultado del avance   de los ideales que los consolidaron como Naci&oacute;n, de ah&iacute; la importancia del estudio de las fronteras. La consolidaci&oacute;n de esta versi&oacute;n de s&iacute; mismos llev&oacute; a la historiograf&iacute;a norteamericana del siglo XIX y principios del XX a ignorar o excluir a los pueblos ind&iacute;genas de su historia, ya sea minimizando su papel o asign&aacute;ndoles el rol de ajenos o enemigos. No obstante, en el mismo siglo XIX hubo varios intentos por replantear el papel que los indios jugaron en la formaci&oacute;n de su naci&oacute;n. Los primeros esfuerzos de investigaci&oacute;n sobre la poblaci&oacute;n nativa del territorio norteamericano corrieron a cargo de antrop&oacute;logos como Lewis H. Morgan<sup><a name="b1"></a><a href="#1">1</a></sup> o Franz Boas<sup><a name="b2"></a><a href="#2">2</a></sup> para quienes lo relevante era el estudio de los pueblos vivos rest&aacute;ndole importancia el estudio de su historia. En contraste, otros antrop&oacute;logos, como Clark Wissler<sup><a name="b3"></a><a href="#3">3</a></sup> y Cyrus Thomas<sup><a name="b4"></a><a href="#4">4</a></sup>, dieron mayor protagonismo a la historia en sus monograf&iacute;as sobre los pueblos nativos del sur del actual territorio estadounidense.</p>     <p>A lo largo del siglo XX, nuevas investigaciones antropol&oacute;gicas, arqueol&oacute;gicas,   ling&uuml;&iacute;sticas e hist&oacute;ricas se ocuparon de los pueblos indios de ''Norteam&eacute;rica'',   asunto que desde mediados del siglo XX se vincul&oacute; al nacimiento mismo de la   disciplina etnohist&oacute;rica. Algunos autores se vieron influenciados por el indigenismo,   en tanto que otros se adentraron en los temas desde la historiograf&iacute;a local o   regional. Muchos de estos estudios estuvieron marcados por un sesgo evolucionista   pero ellos fueron la base sobre la que a mediados del siglo XX surgiera la etnohistoria   norteamericana. El surgimiento de la etnohistoria fue un intento por sistematizar   y teorizar los esfuerzos que desde hac&iacute;a d&eacute;cadas antrop&oacute;logos, historiadores   y arque&oacute;logos hab&iacute;an entablado para explicar el devenir de los pueblos ind&iacute;genas de los Estados Unidos. Entre los autores m&aacute;s importantes de este periodo se puede mencionar a: John Collier,<sup><a name="b5"></a><a href="#5">5</a></sup> y William Brandon.<sup><a name="b6"></a><a href="#6">6</a></sup> M&aacute;s adelante aparecer&iacute;an otros investigadores que tratar&iacute;an de reivindicar la historia de los indios d&aacute;ndoles centralidad en sus tratados, por ejemplo: Vine Deloria<sup><a name="b7"></a><a href="#7">7</a></sup> y Dee Brown.<sup><a name="b8"></a><a href="#8">8</a></sup></p>     <p>Dentro de esta &uacute;ltima corriente podr&iacute;a incluirse a autores, como Bolton<sup><a name="b9"></a><a href="#9">9</a></sup> o   Barker,<sup><a name="b10"></a><a href="#10">10</a></sup> que al historiar Texas le dieron un papel relevante a los indios. Esta   tendencia sigui&oacute; con profusi&oacute;n en las universidades estatales de Norteam&eacute;rica que   se establecieron en los territorios despojados a M&eacute;xico en 1847. La producci&oacute;n   historiogr&aacute;fica que result&oacute; de esta tendencia es vasta y contrastante pues lo mismo   incluye publicaciones impregnadas de criterios evolucionistas o racistas &#8212;generalmente   las m&aacute;s antiguas&#8212; hasta otras escritas desde el &aacute;mbito acad&eacute;mico que han   proliferado desde mediados del siglo XX e incluso un poco antes. En las &uacute;ltimas   d&eacute;cadas del siglo XX y lo que va de este siglo XXI, la historiograf&iacute;a norteamericana   sobre los pueblos indios que poblaron la actual franja fronteriza entre M&eacute;xico y   Estados Unidos ha sido dominada por los culturalistas cada vez con mayor claridad.   Algunos trabajos se han enfocado en estudiar un grupo ind&iacute;gena o una regi&oacute;n   determinada, la s&iacute;ntesis del proceso general de la historia fronteriza en la historiograf&iacute;a norteamericana fue elaborada de forma magistral por David J. Weber.<sup><a name="b11"></a><a href="#11">11</a></sup></p>     <p>Aunque esta historiograf&iacute;a aborda temas tan variados como la alimentaci&oacute;n,   la demograf&iacute;a, el estudio de las armas, los mitos, el arte, la territorialidad, por   mencionar algunos, el tema de la frontera y sus conflictos ha persistido de forma   constante. Aparejado a ello aparece el asunto de los conflictos que se suscitaron   entre indios y colonos; es decir, la violencia o la guerra. &Eacute;stos asuntos, es decir, la   violencia o la guerra, son temas fundamentales en la historiograf&iacute;a norteamericana,   rubros que han resultado tan importantes o m&aacute;s que las fronteras en la conformaci&oacute;n   identitaria de los Estados Unidos; y no es para menos pues constituyen uno de los vectores de mayor constancia o recurrencia en su historia.</p>     <p>La historiograf&iacute;a mexicana sobre el tema no es menos a&ntilde;eja, aunque si debe   se&ntilde;alarse que no cuenta con el dinamismo ni vigor de la escuela norteamericana.   No obstante, el lado sur de la frontera M&eacute;xico-EE.UU. tambi&eacute;n ha contribuido a   vislumbrar la historia de los pueblos nativos como un asunto de relevancia en la   construcci&oacute;n de la identidad regional. En contraste con lo que sucede en la historiograf&iacute;a   norteamericana, en M&eacute;xico el estudio de los grupos indios del noreste o   de la zona fronteriza ha sido reducido si lo comparamos con el volumen de los estudios   dedicados a la historia de los pueblos mesoamericanos. Pocos son en realidad   los autores que se han ocupado sistem&aacute;ticamente de los pueblos ''chichimecas'' que   ocuparon los territorios que hoy son parte de la frontera con los Estados Unidos;   en general, pareciera que existe un desinter&eacute;s, un rechazo o una negaci&oacute;n de esa   historia, pues en no pocas ocasiones estos pueblos han sido catalogados bajo criterios   semejantes a los que sobre ellos emple&oacute; la historiograf&iacute;a estadounidense del siglo XIX.</p>     <p>Los pueblos indios del noreste de M&eacute;xico no han sido un tema preponderante   en la historiograf&iacute;a mexicana, pero tampoco lo han sido en la historiograf&iacute;a local   o regional. Salvo excepciones, en la historiograf&iacute;a regional no resulta extra&ntilde;o   encontrar textos que tratan la historia de los pueblos indios de la frontera norte de   M&eacute;xico de forma superficial y estereotipada pues muchas veces los intereses de   quienes se han ocupado de historiarlos se decantan por una historia pol&iacute;tica tradicional,   o bien se inclinan por la construcci&oacute;n de historias de bronce con tintes   claramente pol&iacute;ticos. A veces, este tipo de trabajos busca ''reivindicar'' a los indios y optan por construir una ''contra historia'' que en ocasiones termina por repetir, pero a la inversa, los mismos vicios que la historiograf&iacute;a a la que pretende contrarrestar. Esta historiograf&iacute;a campe&oacute; en el noreste de M&eacute;xico hasta bien entrado el siglo XX. Pocos son los autores que han roto con esta tradici&oacute;n y han dado origen a estudios sobre los pueblos nativos de la regi&oacute;n desde una perspectiva acad&eacute;mica y como producto de un trabajo sistem&aacute;tico con las fuentes primarias.</p>     <p>Los primeros intentos de acercamiento al tema corrieron por cuenta de   historiadores y cronistas locales quienes buscaron en la historia de los indios una   forma de enaltecer el orgullo regional por la construcci&oacute;n de una identidad propia.<sup><a name="b12"></a><a href="#12">12</a></sup> Los esfuerzos fueron continuados por historiadores profesionales que   enfrentaron el problema de carencia de fuentes y tuvieron que construir una   primera estructura de interpretaci&oacute;n con la escasez de fuentes primarias sobre el   tema en los archivos locales, conflicto paliado en parte gracias a documentos obtenidos   en archivos for&aacute;neos.<sup><a name="b13"></a><a href="#13">13</a></sup> Finalmente, desde la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XX una   tercera generaci&oacute;n de historiadores mexicanos egresados de universidades mexicanas   y extranjeras ha empezado a estudiar a los grupos indios del noreste del   actual territorio de M&eacute;xico vali&eacute;ndose del uso sistem&aacute;tico de la teor&iacute;a antropol&oacute;gica   e hist&oacute;rica.<sup><a name="b14"></a><a href="#14">14</a></sup> Dentro de este mismo bloque se puede insertar la obra de Cuauht&eacute;moc Velasco.</p>     <p>Pero hablemos m&aacute;s detenidamente de <i>La frontera &eacute;tnica en el noreste   mexicano. Los comanches entre 1800-1841</i>. &iquest;Por qu&eacute; los comanches? Seg&uacute;n nuestro   autor, comanche es un t&eacute;rmino que puede ser traducido como ''enemigo'' y que   se le aplic&oacute; a diferentes tribus que vivieron en Texas y Nuevo M&eacute;xico. Eran un   pueblo sobre el que, junto a apaches y otros m&aacute;s, tanto novohispanos como mexicanos   y norteamericanos urdieron un manto de ''salvajismo'' y ''barbarie''. Para   muchos, estos hombres fueron irreductibles ladrones, secuestradores y saqueadores   imposibles de ''civilizar'' y a quienes, frente a la imposibilidad de pacificarlos,   hab&iacute;a que exterminar. Velasco afirma que eligi&oacute; a los comanches como veh&iacute;culo principal en esta traves&iacute;a porque eran la naci&oacute;n ind&iacute;gena que guard&oacute; mayores rasgos identitarios y unidad entre los muchos que habitaron el territorio actual del sureste de los EE.UU. y el noreste de M&eacute;xico. Con la perspicacia del detective, Velasco ha sabido encontrar los indicios (esos mismos indicios de los que habl&oacute; Ginzburg<sup><a name="b15"></a><a href="#15">15</a></sup>) para desentra&ntilde;ar la cultura de los pueblos fronterizos, los comanches son para &eacute;l, despu&eacute;s de un agudo an&aacute;lisis antropol&oacute;gico al estilo de la ''descripci&oacute;n densa'' (<i>thick description</i>) de Clifford Geertz,<sup><a name="b16"></a><a href="#16">16</a></sup> el principal instrumento para transitar en la comprensi&oacute;n del fen&oacute;meno de larga duraci&oacute;n,<sup><a name="b17"></a><a href="#17">17</a></sup> que fue la construcci&oacute;n &eacute;tnica de la frontera entre M&eacute;xico y Estados Unidos de Am&eacute;rica. Una historia de desencuentros y destierros como bien la define nuestro autor.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entre los grandes obst&aacute;culos para realizar investigaci&oacute;n sobre la historia de   los grupos nativos que habitaron el noreste del actual territorio de M&eacute;xico antes y   durante la &eacute;poca colonial, es la escasez de fuentes documentales de ''primera   mano''. No solo se trata de la dificultad para encontrar documentos sino de su complicada   consulta derivada de la falta de catalogaci&oacute;n e incluso de la imposibilidad   de su consulta debido a que los archivos en los que se encuentran carecen de cat&aacute;logos   u otros instrumentos de consulta.La investigaci&oacute;n sobre temas indios en el   septentri&oacute;n novohispano, por lo general se topa con la dispersi&oacute;n, escasez y complejidad   de las fuentes primarias. Muchos de los trabajos pioneros sobre el tema de   los indios ''norte&ntilde;os'' se limitaron a reproducir, parcialmente y de manera acr&iacute;tica,   la informaci&oacute;n de algunas de las principales fuentes documentales, en su mayor   parte obra de frailes o militares. Esto favoreci&oacute; la difusi&oacute;n de ciertos estereotipos   de naturaleza peyorativa sobre los pueblos nativos de la regi&oacute;n (muchos de los cuales provienen de la &eacute;poca colonial y siglo XIX, pero otros fueron articulados en el siglo XX) a quienes se calificaba de ''salvajes'' o ''b&aacute;rbaros''.</p>     <p>El imaginario tardo-colonial sobre el indio de las tierras septentrionales   novohispanas trascendi&oacute; en la historiograf&iacute;a decimon&oacute;nica e incluso lleg&oacute; hasta la   historiograf&iacute;a del siglo XX. Entre los m&uacute;ltiples aportes que ofrece esta obra est&aacute;n   los numerosos documentos y testimonios tomados de las fuentes primarias que   nuestro autor maneja con gala cr&iacute;tica y metodol&oacute;gica. Lo que le permite tomarlos   como trampol&iacute;n para desarrollar argumentos s&oacute;lidos y bien fundamentados. Uno   de los aspectos principales a destacar es la incorporaci&oacute;n del enfoque antropol&oacute;gico   que combinado con el hist&oacute;rico, nos ofrecen una visi&oacute;n amplia y profunda del   proceso hist&oacute;rico que analiza. Este enfoque le permite a Velasco, ir m&aacute;s all&aacute; de lo   que las fuentes nos refieren, profundizando en los discursos y testimonios, para   encontrarles sentido y mostrarnos el pensamiento, ideas y deseos de los diversos   actores sociales que involucr&oacute; el proceso analizado, tarea de especial val&iacute;a si tomamos en cuenta que casi todos los documentos no fueron elaborados por los indios.</p>     <p>De todas sus fuentes, se destaca la incorporaci&oacute;n de los testimonios de los llamados   cautivos (aquellos que fueron secuestrados por los indios), mismos que nos   permiten adentrarnos en algunos aspectos de la vida cotidiana de las tribus, as&iacute;   como de la vida de la propia frontera y que nos acercan a entender el drama   humano o familiar que signific&oacute; el rapto. Testimonios que hasta hoy, salvo honrosas   excepciones como los trabajos de Jos&eacute; Luis Mirafuentes,<sup><a name="b18"></a><a href="#18">18</a></sup> hab&iacute;an permanecido ignorados por los estudiosos del tema.</p>     <p>La dicotom&iacute;a del indio b&aacute;rbaro-salvaje en oposici&oacute;n al colonizador-evangelizador   civilizado aliment&oacute; una historia de bronce en la que conquistadores, colonos   y evangelizadores se revest&iacute;an con tintes heroicos por su importante labor   como fundadores y voceros de la civilizaci&oacute;n occidental en tierras hasta entonces   inaccesibles y semi-despobladas. Como complemento de esta versi&oacute;n hist&oacute;rica, los m&eacute;ritos de los indios se reduc&iacute;an a su valent&iacute;a, audacia y ''esp&iacute;ritu indomable'' lo que bloque&oacute; o inhibi&oacute; la comprensi&oacute;n de la multitud de complejas relaciones que se generaron a lo largo de las d&eacute;cadas de dominaci&oacute;n colonial en la comarca. Fue hasta hace relativamente poco tiempo que investigadores profesionales replantearon los sofisticados matrices que lograron las culturas ind&iacute;genas locales y los intrincados procesos culturales derivados del contacto intercultural propiciado por la llegada de los conquistadores, evangelizadores y colonos hispanos y novohispanos en la zona.</p>     <p>La ''nueva historiograf&iacute;a sobre los pueblos ind&iacute;genas del noreste de M&eacute;xico   y sur de Texas'' se caracteriza por sus marcados tintes etnogr&aacute;ficos que filtra y   extrae casi ''por goteo'' de una amplia gama de fuentes primarias. La informaci&oacute;n   proveniente de un vasto volumen de documentaci&oacute;n de distinto rango y naturaleza   es sometida a rigurosa y sistem&aacute;tica cr&iacute;tica textual, sem&aacute;ntica, antropol&oacute;gica y   ling&uuml;&iacute;stica. Es por ello que, para proceder con seguridad en la investigaci&oacute;n, el   investigador necesita cruzar informaci&oacute;n de muchas fuentes distintas y procedentes   de diversos repositorios documentales; este tipo de trabajo es de hecho una   especie de filigrana heur&iacute;stica y hermen&eacute;utica. Es una labor en que el historiador interroga con mirada antropol&oacute;gica a los documentos y dem&aacute;s fuentes.</p>     <p>La naturaleza &aacute;grafa de las ''culturas norte&ntilde;as'' que ocuparon el territorio en   cuesti&oacute;n gener&oacute; una notable escasez de documentos que reflejen la perspectiva   nativa del proceso de colonizaci&oacute;n. En contraste, la documentaci&oacute;n de que disponemos   proviene de plumas occidentales; es decir, que fue elaborada desde la perspectiva   de los colonizadores (militares, evangelizadores, colonos, funcionarios de   gobierno, escribanos, etc&eacute;tera.). A pesar de ello, en esa misma documentaci&oacute;n es   posible rastrear datos, declaraciones, narraciones o descripciones que son como   peque&ntilde;as ventanas para echar un vistazo a la cultura de los pueblos que habitaron la regi&oacute;n antes de la llegada del ''hombre blanco''.</p>     <p>Otro aporte interesante de la obra es que se trata de uno de los primeros   trabajos que aborda este tema desde el enfoque mexicano. La mayor parte de la   historiograf&iacute;a sobre las tribus del sur de Estados Unidos, se ha hecho desde la   visi&oacute;n etnocentrista del pa&iacute;s norteamericano. Un porcentaje mayor, nos muestra a   los nativos como parte del paisaje agreste que fue conquistado por los anglosajones, sin valorar su participaci&oacute;n activa en el proceso colonizador del oeste y sureste norteamericano. Sin demeritar los aportes que dicha historiograf&iacute;a ha producido, la obra aqu&iacute; rese&ntilde;ada nos ofrece una mirada diferente del asunto y de sus actores, pues evita emitir juicios valorativos sobre alguno de los actores sociales. Desde una perspectiva acad&eacute;mica y con base en un s&oacute;lido trabajo de investigaci&oacute;n, nos brinda una interpretaci&oacute;n fresca y renovada que deja de ver al fen&oacute;meno de las incursiones indias como un hecho aislado y las incorpora dentro del proceso que conform&oacute; primero la frontera novohispana, y la mexicana/norteamericana posteriormente.</p>     <p>Esta obra discute el establecimiento de un sistema de presidios, impuesto por la   Corona espa&ntilde;ola como sistema de defensa de la frontera septentrional de los   reinos novohispanos, situaci&oacute;n que corri&oacute; paralela a una pol&iacute;tica de pacificaci&oacute;n   por compra, misma que consisti&oacute; en una relaci&oacute;n basada en erogaciones y regalos   de los colonos y conquistadores a los indios como una forma de atraerlos a la ''vida   en polic&iacute;a'' y de esta manera volverlos dependientes de estas d&aacute;divas, para luego proceder a su evangelizaci&oacute;n.</p>     <p>La obra nos muestra el proceso que origin&oacute; la hostilidad entre nativos y   mexicanos y que caracteriz&oacute; el desarrollo y conformaci&oacute;n de lo que Velasco denomina   ''frontera &eacute;tnica''. El primero nos muestra c&oacute;mo las autoridades mexicanas   heredaron la problem&aacute;tica de la definici&oacute;n de los l&iacute;mites fronterizos, lo que se agudiz&oacute;   con la eminente expansi&oacute;n del vecino pa&iacute;s. La ''comisi&oacute;n de l&iacute;mites'', dirigida   por Mier y Ter&aacute;n, estableci&oacute; los l&iacute;mites que hab&iacute;a fijado el tratado Adams On&iacute;s de   1819. De esta expedici&oacute;n, se deriv&oacute; una de las descripciones m&aacute;s importantes para   entender qui&eacute;nes y c&oacute;mo eran los grupos nativos de la regi&oacute;n lim&iacute;trofe, especialmente   los comanches. Elaborada por Jean Louis de Berlandier, entre 1830 y 1834,   nos muestra las costumbres de los nativos. A partir del an&aacute;lisis de este tipo de   cr&oacute;nicas, documentos militares y testimonios de los cautivos, Velasco identifica   algunas de las caracter&iacute;sticas culturales que definieron a los comanches y que   permiten explicar el tipo de relaciones que sostuvieron con los mexicanos. Los   comanches son definidos por Velasco como un conjunto culturalmente integrado,   producto de un proceso de integraci&oacute;n y redefinici&oacute;n de las poblaciones indias, que fue definido como ''etnog&eacute;nesis'' por Clayton Anderson.</p>     <p>En la escena (cap&iacute;tulo) dos, se analiza la pol&iacute;tica de expansi&oacute;n y poblamiento de la frontera norte del virreinato en la segunda mitad del siglo XVIII. Argumenta que al asumir el virreinato, Bernardo de G&aacute;lvez deline&oacute; la pol&iacute;tica a seguir para con los apaches, comanches y dem&aacute;s naciones del norte. En su instrucci&oacute;n de 1786 dirigida al entonces comandante de las Provincias Internas, Jacobo Ugarte y Loyola, acent&uacute;a que los apaches ''son los principales enemigos de los espa&ntilde;oles''.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Su sistema se basaba en aplicar escaladas militares de manera constante hasta que   se retiraran de la frontera o solicitaran la paz. Esto &uacute;ltimo era muy importante, ya   que era el medio adecuado para atraerlos ''a la dulzura de la vida racional'' y mantenerlos   en ella por medio de la dependencia productos novohispanos, que se les   har&iacute;an llegar por medio del comercio y las dadivas. Sin embargo, si renegaban de   sus paces, se les volver&iacute;a a combatir con una ''incesante y dura guerra'', altern&aacute;ndose   con la paz cuantas veces fuera necesario. El Virrey descartaba la posibilidad de   aumentar la tropa para terminar con sus hostilidades de manera definitiva, pues la   situaci&oacute;n que experimentaban las provincias no lo permit&iacute;a. Resum&iacute;a su pol&iacute;tica en   una frase ''nos ser&aacute; m&aacute;s fructuosa una mala paz, con todas las naciones que lo soliciten,   que los esfuerzos de una buena guerra''. De esta directriz se deline&oacute; la pol&iacute;tica   a seguir para con los indios insumisos, se asum&iacute;a que la estrategia misional   hab&iacute;a fracasado y que la tarea de pacificaci&oacute;n reca&iacute;a en manos de ''civiles'' cuya   principal estrategia era la negociaci&oacute;n. Tambi&eacute;n defini&oacute; la concepci&oacute;n del nativo   que se heredar&iacute;a al siglo XIX y marcar&iacute;a la actitud de las autoridades y pobladores norte&ntilde;os, la imagen de un indio ''b&aacute;rbaro'' e ''incivilizado''.</p>     <p>En la ''escena'' tercera nos explica como las hostilidades de los nativos, entre   ellos comanches, lip&aacute;nes y tancahues, se incrementaron a principios del siglo XIX   y provocaron un clima de tensi&oacute;n e inquietud, que define como ''la amenaza   comanche''. La inestabilidad pol&iacute;tica provocada por la guerra civil, la falta de tropa   y la nula capacidad econ&oacute;mica para sostener el sistema de regalos, provocaron esta   situaci&oacute;n. Uno de sus efectos fue la disoluci&oacute;n de los pactos anteriores, por lo que   se registraron una serie de ataques perpetuados por varias cuadrillas de nativos. La   conflictiva relaci&oacute;n de los fronterizos con los indios, desencadenar&iacute;a a la larga la   hostilidad de la frontera. Sus efectos se reflejaron, se&ntilde;ala Velasco, en la econom&iacute;a   de la zona, basada principalmente en la ganader&iacute;a, que decay&oacute; notablemente. A   pesar de estas dificultades, Velasco argumenta que autoridades militares y los jefes comanches tuvieron el deseo de pactar la paz general. Sin embargo, un hecho afectar&iacute;a estas intenciones cuando el jefe comanche llamado El Sordo, fue apresado junto con varios ind&iacute;genas. &Eacute;ste fue el incidente que marcar&iacute;a la p&eacute;rdida definitiva de la confianza de los comanches hacia los espa&ntilde;oles, y entre los colonos el temor de una alianza entre comanches y wichitas con tropas insurgentes.</p>     <p>La definici&oacute;n de los l&iacute;mites fronterizos era un aspecto importante que marc&oacute;   la pol&iacute;tica a seguir con los ind&iacute;genas norte&ntilde;os, en los primero a&ntilde;os de la nueva   naci&oacute;n. El autor desarrolla esta tem&aacute;tica en la ''escena'' cuatro y analiza varias   medidas que fueron ensayadas para tal fin, argumentando que la desorganizaci&oacute;n   pol&iacute;tica que se viv&iacute;a, la falta de recursos econ&oacute;micos y la disparidad de las concepciones   acerca de los nativos complicar&iacute;an cualquier soluci&oacute;n. La pol&iacute;tica de control   de los nativos insumisos, enfrent&oacute; momentos muy dif&iacute;ciles en los primeros cinco   a&ntilde;os de la nueva naci&oacute;n. El signo caracter&iacute;stico fue la b&uacute;squeda constante de la   conciliaci&oacute;n con los nativos y la preservaci&oacute;n de la paz a toda costa. Velasco insiste   en que desde los inicios de la nueva naci&oacute;n, se recurri&oacute; a un discurso integrador   para negociar las apaches, donde se les se&ntilde;alaba que todos ''eran hijos de la nueva   naci&oacute;n''. Dicho discurso, poco eco har&iacute;a en los nativos, ya que para ellos el cambio   de gobierno solo significado la substituci&oacute;n del contrincante, a ellos primordialmente   les interesaba mantener la paz y que la pol&iacute;tica de paz por compra no se   detuviera. A pesar de las contrariedades y oposiciones que perneaban, finalmente   se firm&oacute; un tratado de paz del gobierno imperial con los comanches en 1823, el   cu&aacute;l enfrentar&iacute;a una serie de contratiempos para su cabal cumplimiento de ambas partes. Velasco argumenta la existencia de dos ideas que se arraigaron en la mentalidad dominante del siglo XIX. Una fue al ver a los nativos como ajenos a la nueva naci&oacute;n, b&aacute;rbaros y externos. La otra, revelaba el anhelo de colonizar esas tierras con gente blanca de origen europeo, para que su industrioso ejemplo sirviera de gu&iacute;a a los nativos.</p>     <p>En la quinta ''escena'' se analiza la ''rebeli&oacute;n de Fredonia'', encabezada por   un grupo de anglosajones y secundado por los indios chiraqu&iacute;es y sus aliados, en   Nacogdoches, Texas. Este acontecimiento revela la inestable situaci&oacute;n del territorio   texano, provocada por la concentraci&oacute;n de grupos humanos con intereses   diversos, quienes se disputaban los recursos de la zona, especialmente las tierras. El alzamiento fue sofocado por las autoridades mexicanas y contrario augurar un estado de guerra, abri&oacute; paso a un nuevo equilibrio de fuerzas que se tradujo en una paz estable durante los siguientes a&ntilde;os. La ''escena'' seis, narra la forma en que el papel de los negociadores ex-insurgentes, entre ellos Francisco Ruiz, fue determinante para lograr acuerdos con las diversas tribus, especialmente con los comanches. El desarrollo del conflicto y su soluci&oacute;n, evidenciaron la precaria defensa de las fronteras y los trastornos que desencaden&oacute; la manera en que se colonizaba Texas. El env&iacute;o de tropas parar aliviar esta situaci&oacute;n fue un factor que aceler&oacute; las negociaciones de paz. Su presencia, sumada a la decisiva participaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en labores de defensa y el apoyo de los chiraqu&iacute;es, persuadieron a los jefes comanches a firmarla. Fue una paz que no estuvo exenta de incidentes. Uno de sus efectos, fue el aumento de la ganader&iacute;a y de la poblaci&oacute;n en algunas villas. Las autoridades y pobladores buscaron por todos los medios conservar estos pactos, incluso protegieron a los comanches de sus ancestrales enemigos. Sin embargo, el aumento de la poblaci&oacute;n angloamericana desequilibr&oacute; la precaria estabilidad, pues se favoreci&oacute; el contrabando y el comercio il&iacute;cito de armas y municiones. En 1831, al registrase varios ataques que se atribuyeron a los comanches las fuerzas punitivas, en un asalto dirigido contra una rancher&iacute;a de tahuacanos, abrieron fuego sin percatarse de la existencia de varias tiendas de comanches. En el asalto falleci&oacute; Barbaquista, uno de los jefes comanches m&aacute;s importantes, a pesar de ello el resto de los jefes comanches logro controlar a sus tribus y continuar con el comercio. No obstante el ambiente hostil se increment&oacute; en ambos bandos, y los ataques, robos y secuestros se incrementaron.</p>     <p>La pen&uacute;ltima ''escena'' (cap&iacute;tulo siete) es una interesante reconstrucci&oacute;n del   mapa &eacute;tnico y es tambi&eacute;n una descripci&oacute;n de las principales estrategias militares   de pacificaci&oacute;n sobre el vasto territorio en la d&eacute;cada de 1830. Para el an&aacute;lisis de la   situaci&oacute;n militar de la zona, se debe partir de la debilidad de las tropas mexicanas,   las pugnas por su control y las carencias econ&oacute;micas que frenaron cualquier   medida. Las ideas no escasearon, lo que falt&oacute; fueron los recursos. De nueva cuenta,   la colonizaci&oacute;n con gente industriosa y ''civilizada'', se vislumbr&oacute; como una opci&oacute;n   m&aacute;s rentable, cre&aacute;ndose diversas leyes que ofrecieron amplias facilidades, grandes   extensiones de tierra y exenci&oacute;n de impuestos. As&iacute;, en los a&ntilde;os 20 y principios de los 30, las concesiones territoriales fueron en aumento, junto con el flujo de angloamericanos ''laboriosos y honrados'', as&iacute; como bandoleros, fugitivos e indios expulsados de los Estados Unidos. Estos movimientos apuntalaron la pol&iacute;tica norteamericana de ''frontera india permanente'', dictada para controlar los grupos &eacute;tnicos expulsados.</p>     <p>Casi para acabar la obra nos presenta un creciente comercio de los mercaderes   norteamericanos, intercambio de caballos y mulas robadas por armas, fue uno   de los aspectos que m&aacute;s incidi&oacute; en el aumento de las incursiones indias. M&aacute;s adelante,   durante la guerra de Texas, las tropas mexicanas enfrentaron serias dificultades   para hacer frente a las incursiones. En contraste, las autoridades texanas,   encabezadas por Houston, aplicaron una pol&iacute;tica de amistad, paz y comercio con   las distintas tribus, al tiempo que se promov&iacute;a el aumento de tropas y fomento de   las relaciones comerciales. Ante esto, el gobierno mexicano favoreci&oacute; su relaci&oacute;n   con los lip&aacute;nes en detrimento de los comanches cercando a&uacute;n m&aacute;s a este grupo. El   final de la ''pel&iacute;cula'' es un tanto desesperanzador (como desesperanzadora para   muchos mexicanos ha resultado la historia de la construcci&oacute;n de la frontera norte   de M&eacute;xico) pues en los a&ntilde;os siguientes la guerra contra los comanches se recrudecer&iacute;a, llegando casi a su exterminio.</p>     <p>El trabajo de Velasco nos muestra s&oacute;lo una parte de esta larga historia, pero   es la parte medular en la construcci&oacute;n &eacute;tnica de una frontera y en la conformaci&oacute;n   hist&oacute;rica y demogr&aacute;fica del sureste de Estados Unidos de Am&eacute;rica y del noreste de   M&eacute;xico. M&aacute;s all&aacute; de eso me parece importante resaltar que <i>La frontera &eacute;tnica en el   noreste mexicano. Los comanches entre 1800-1841</i>, es una obra que representa el   primer intento de gran calado de la historiograf&iacute;a mexicana por comprender la   historia de un grupo indio que hasta ahora ha cargado con el estigma de la barbarie.   Es tambi&eacute;n una importante contribuci&oacute;n que hace un balance historiogr&aacute;fico   ecu&aacute;nime frente a ciertas tradiciones de la historiograf&iacute;a norteamericana, pero es   adem&aacute;s una clara muestra de los fruct&iacute;feros resultados que puede presentar el   empleo de la mirada antropol&oacute;gica a las fuentes hist&oacute;ricas cuando se hace bien. Si   este libro fuera una pel&iacute;cula no dudar&iacute;a en colocarla dentro del g&eacute;nero ''anti-western''   (si es que tal cosa existe), pues nos refleja una realidad hist&oacute;rica humana muy   diferente a esa de los rangers que tanto nos gustaban de ni&ntilde;os (y, a veces, de grandes tambi&eacute;n).</p>  <hr size="1" />     <p><b>Notas al pie </b></p>     <p><a name="1"></a><a href="#b1">1</a>. Lewis H. Morgan. 1959. <i>The Indian Journals</i>, 1859-1862. Ann Arbor: University of Michigan Press.</p>     <p><a name="2"></a><a href="#b2">2</a>. Franz Boas. 1911. <i>Handbook of American Indian Languages</i>. Washington: Government Printing Office,   Ilustraciones de Roland Burrage Dixon, (Bulletin / Smithsonian Institution, Bureau of American Ethnology.   40). Del mismo autor ver tambi&eacute;n: 1911. <i>The Mind of Primitive Man</i>. New York: Macmillan; 1911. <i>Handbook   of American Indian Languages</i>. Washington: Government Printing Office, Ilust. de Roland Burrage Dixon, (Bulletin / Smithsonian Institution, Bureau of American Ethnology. 40).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="3"></a><a href="#b3">3</a>. Clark Wissler. 1912. North American Indians of the Plains. New York: American Museum of Natural History.</p>     <p><a name="4"></a><a href="#b4">4</a>. Cyrus Thomas. 1903. ''The Indians of North America in Historic Times''. En <i>The History of North America, Vol. 2</i>, director Lee Guy Carleton. Philadelphia: George Barrie &amp; Sons.</p>     <p><a name="5"></a><a href="#b5">5</a>. John Collier. 1947. <i>The Indians of the Americas.</i> New York: W. W. Norton.</p>     <p><a name="6"></a><a href="#b6">6</a>. William Brandon. 1961. <i>The Last Americas: The Indian in American Culture</i>. New York: McGraw-Hill.</p>     <p><a name="7"></a><a href="#b7">7</a>. Vine Deloria. 1969. <i>Custer Died For Your Sins: An Indian Manifesto</i>. New York: Collier-Macmillan Limited. Ver tambi&eacute;n: 1970. <i>We Talk, You Listen. New Tribes, New Truft. New York:</i> The Macmillan Company.</p>     <p><a name="8"></a><a href="#b8">8</a>. Dee Brown. 1970. <i>Bury my Heart at Wounded Knee. An Indian History of the American West</i>. New York: Washington Square Press.</p>     <p><a name="9"></a><a href="#b9">9</a>. Herbert Eugene Bolton. 1915.<i> Texas in the Middle Eighteen Century, Studies in Spanish Colonial History and Administration</i>. Berkeley: University of California Press.</p>     <p><a name="10"></a><a href="#b10">10</a>. Eugene Campbell Barker. 1965. <i>Mexico and Texas, 1821-1835</i>. New York: University of Texas/Russell &amp; Russell, (Research Lectures on the Causes of the Texas Revolution).</p>     <p><a name="11"></a><a href="#b11">11</a>. David J. Weber escribi&oacute; muchos trabajos trascendentes sobre el tema a lo largo de varios lustros, sin   embargo su obra m&aacute;s notable es: 1992. <i>The Spanish Frontier in North America</i>. New Haven and London: Yale   Unversity Press. Existe traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol: David J. Weber. 2000. <i>La frontera en Am&eacute;rica del Norte</i>.   M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, (Secci&oacute;n de Obras de Historia). El asunto de los pueblos indios de la   regi&oacute;n fue estudiado por este autor en David J. Weber. 2007. <i>B&aacute;rbaros: los espa&ntilde;oles y sus salvajes en la era de la Ilustraci&oacute;n</i>. Barcelona: Cr&iacute;tica.</p>     <p><a name="12"></a><a href="#b12">12</a>. Entre los autores que m&aacute;s han contribuido a esta tarea se puede mencionar a Gabriel Saldivar. 1943. <i>Los   indios de Tamaulipas</i>. M&eacute;xico: Instituto Panamericano de Geograf&iacute;a e Historia; Gabriel Saldivar. 1946. <i>Los   pueblos de la sierra en el siglo XVII. Tomo 1</i>. M&eacute;xico: Archivo de la Historia de Tamaulipas; Gabriel Saldivar,   comp. 1946. <i>Estado de las misiones entre 1753 y 1790</i>. M&eacute;xico: Archivo de la Historia de Tamaulipas; Israel   Cavazos. 1964. ''Las incursiones de los b&aacute;rbaros en el noreste de M&eacute;xico, durante el siglo XIX'', <i>Humanitas. 5:   343-356; Eugenio del Hoyo. 1972. Historia del Nuevo Reino de Le&oacute;n (1577-1723)</i>. Monterrey: Itesm, y 1990.   <i>Tr&iacute;ptico de la colonia</i>. Monterrey: Archivo General del estado de Nuevo Le&oacute;n; Carlos Gonz&aacute;lez Salas. 1998. <i>La   evangelizaci&oacute;n en Tamaulipas. Las misiones novohispanas en la costa del Seno Mexicano (1530-1831).</i>  M&eacute;xico: Uat: Iih; Carlos Gonz&aacute;lez Salas. 2003. <i>La evangelizaci&oacute;n en Tamaulipas. Las misiones novohispanas   en la costa del Seno Mexicano (1757-1833)</i>. <i>Tomo 2</i>. M&eacute;xico: Uat: Iih; Carlos Gonz&aacute;lez Salas. 1975.<i> Las misiones   franciscanas en la colonia del Nuevo Santander. Primera parte (1530-1627)</i>, Cd. Victoria, Tamaulipas,   S/E; Carlos Gonz&aacute;lez Salas. 1979. <i>Las misiones pachuque&ntilde;as en el Nuevo Santander (1791-1827)</i>. Monterrey:   N.L., Uanl; Isidro Vizcaya Canales, ed. 1968. <i>La invasi&oacute;n de los indios b&aacute;rbaros al noreste de M&eacute;xico en los a&ntilde;os de 1840 y 1841</i>. Monterrey: Itesm.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="13"></a><a href="#b13">13</a>. Fidel de Lejarza. 1947. <i>Conquista Espiritual del Nuevo Santander</i>. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones   Cient&iacute;ficas-Instituto Santo Toribio de Mogrovejo; Isabel Eguilaz de Prado. 1965. <i>Los indios del nordeste   de M&eacute;jico en el siglo XVIII</i>. Sevilla: Universidad de Sevilla, publicaciones del Seminario de Antropolog&iacute;a   Americana Vol. 7, (Serie Etnohistoria del Norte de M&eacute;jico: 2); Jes&uacute;s Franco Carrasco. 1983.<i> La rep&uacute;blica de   los indios de Don Vicente Santib&aacute;&ntilde;ez</i>. M&eacute;xico: Uat: Iih; Jos&eacute; Luis Mirafuentes Galv&aacute;n. 1975. <i>Movimientos de   resistencia y rebeliones ind&iacute;genas en el norte de M&eacute;xico (1680-1821). Gu&iacute;a documental</i>. M&eacute;xico: Agn; Carlos   Manuel Vald&eacute;s y Ildefonso D&aacute;vila, coord. 1998. <i>Fuentes para la historia india de Coahuila</i>. Madrid: Fundaci&oacute;n Hist&oacute;rica Tavera-Archivo Municipal de Saltillo, (Documentos Tavera: 7).</p>     <p><a name="14"></a><a href="#b14">14</a>. Entre los ejemplos m&aacute;s notables de este bloque de historiadores se pueden referir los siguientes: Carlos   Manuel Vald&eacute;s. 1995. <i>La gente del mezquite. Los n&oacute;madas del noreste en la colonia</i>. M&eacute;xico: Ciesas-Ini   (Historia de los pueblos ind&iacute;genas de M&eacute;xico); Martha Rodr&iacute;guez. 1995. <i>Historias de resistencia y exterminio.   Los indios de Coahuila durante el siglo XIX</i>. M&eacute;xico: Ciesas-Ini (Historia de los pueblos ind&iacute;genas de M&eacute;xico);   Mart&iacute;n Salinas. 1996. <i>Indians of the Rio Grande Delta. Their Role in the History of Southern Texas and   Northeastern Mexico</i>. Austin, Texas: University of Texas; Cuauht&eacute;moc Velasco. 1996. <i>En manos de los b&aacute;rbaros</i>.   M&eacute;xico: Breve Fondo Editorial; Cuauht&eacute;moc Velasco. 1998. <i>La amenaza comanche en la frontera   mexicana</i>, 1800-1841, tesis de doctorado en historia, M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico:   Facultad de Filosof&iacute;a y Letras; Cecilia Sheridan. 2000. <i>An&oacute;nimos y desterrados. La contienda por el ''sitio que   llaman de Quayla''. Siglos XVI-XVIII</i>. M&eacute;xico: Ciesas-Miguel &Aacute;ngel Porr&uacute;a; Fernando Olvera Charles. 2007.   <i>Ecos de resistencia ind&iacute;gena en Nuevo Santander: la propuesta del presidio de Horcasitas en 1790</i>. Tesis de   licenciatura en historia, Ciudad Victoria Tamaulipas, Universidad Aut&oacute;noma de Tamaulipas: Unidad Acad&eacute;mica   Multidisciplinaria de Ciencias, Educaci&oacute;n y Humanidades; Fernando Olvera Charles. 2010. <i>La resistencia   nativa en el centro-sur de Nuevo Santander, 1780-1796. Pol&iacute;tica de frontera de guerra y estrategias de   rechazo ind&iacute;gena a la colonizaci&oacute;n</i>. Tesis de Maestr&iacute;a en Historia, San Luis Potos&iacute;, San Luis Potos&iacute;, El Colegio de San Luis.</p>     <p><a name="15"></a><a href="#b15">15</a>. Carlo Ginzburg. 1986. <i>El queso y los gusanos. El cosmos, seg&uacute;n un molinero del siglo XVI</i>. Barcelona:   Muchnik. Tambi&eacute;n de este autor: 2003. Tentativas. Morelia, Michoac&aacute;n, M&eacute;xico, Universidad Michoacana de San Nicol&aacute;s de Hidalgo: Facultad de Historia.</p>     <p><a name="16"></a><a href="#b16">16</a>. Cliford Geertz. 1997. <i>La interpretaci&oacute;n de las culturas</i>. Barcelona, Espa&ntilde;a: Gedisa Editorial, trad. de   Alberto L. Bixio, revisi&oacute;n t&eacute;cnica de Carlos Julio Reynoso, 8 Reimp., (Colecci&oacute;n Hombre y Sociedad. Serie: CLA DE MA. Historia).</p>     <p><a name="17"></a><a href="#b17">17</a>. Fernand Braudel. 1995. ''La larga duraci&oacute;n''. En <i>La historia y las ciencias sociales</i>, 4 Reimp., Trad. de Josefina G&oacute;mez Mendoza, 60-106. M&eacute;xico: Alianza (El libro de bolsillo. Secci&oacute;n: Humanidades).</p>     <p><a name="18"></a><a href="#b18">18</a>. Jos&eacute; Luis Mirafuentes Galv&aacute;n. 2000. ''Los dos mundos de Jos&eacute; Reyes Pozo y el alzamiento de los apaches   chiricahuis, (Bacoachi, Sonora, 1790)''. En <i>Estudios de Historia Novohispana</i>, Vol. 21, 67-105. M&eacute;xico: Unam: Iih.</p> </font>     ]]></body>
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