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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Entrevista a Jane M. Rausch, Profesora Emerita de la University of Massachusetts- Amherst, Estados Unidos]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Entrevista a Jane M. Rausch, Profesora Emerita de la University of Massachusetts- Amherst, Estados Unidos</b></font></p>       <p><b>Renzo Ram&iacute;rez Bacca*</b></p>      <p>* Historiador, MA y PhD en Historia de la Universidad de Goteburgo (Suecia). Es Profesor Titular adscrito a la Facultad de Ciencias Humanas y Econ&oacute;micas - Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Colombia, Sede Medell&iacute;n e Investigador S&eacute;nior (IS) del Grupo de Investigaci&oacute;n Historia, Trabajo, Sociedad y Cultura. Correo electr&oacute;nico:<a href="mailto:rramirezb@unal.edu.co">rramirezb@unal.edu.co</a></p>     <p>Recepci&oacute;n: 17 de febrero de 2014 Aprobaci&oacute;n: 12 de marzo de 2014</p><hr>     <p align="center"><a name="img1"><img src="/img/revistas/histo/v6n11/v6n11a13i1.jpg"></a></p> <hr>      <p>Llegu&eacute; al aeropuerto de Hartford (Massachusetts) con mi esposa e hija y nos esperaba Jane Rausch, Profesora Em&eacute;rita de la Universidad de Massachusetts-Amherst. Fue un recibimiento c&aacute;lido en un anochecer lluvioso y gris del verano de 2013 en Nueva Inglaterra (Estados Unidos). En pocas horas conocimos su estudio y comenzamos a intercambiar trabajos escritos recientes sobre Colombia. Era el inicio de una comisi&oacute;n en la que ella generosamente participaba en calidad de Mentora, gracias al respaldo institucional de la Universidad Nacional de Colombia - Sede Medell&iacute;n y la Universidad de Massachusetts-Amherst.</p>     <p>La comisi&oacute;n fue el pretexto ideal para realizar esta entrevista. Mi intenci&oacute;n es resaltar la obra de Jane M. Rausch, en un momento de la vida, que le permite hacer una reflexi&oacute;n acad&eacute;mica gracias a su experiencia y conocimiento de la historia colombiana y latinoamericana.</p>     <p>Ella es Ph. D. en Historia de la University of Wisconsin, Madison por su tesis "Modernization and Educational Reform in Colombia, 1863-1886", sustentada en 1969. Desde entonces se vincul&oacute; a la Universidad de Massachusetts, donde trabaj&oacute; por m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os como profesora de Historia de Am&eacute;rica Latina y del Caribe. A la fecha ha manteniendo un inter&eacute;s por Colombia, Venezuela, el Caribe y las problem&aacute;ticas sobre educaci&oacute;n, dictaduras, historiograf&iacute;a latinoamericana e historia regional. Es una de las pocas colombianistas pioneras en Norteam&eacute;rica. Por ello, quise iniciar este dialogo con la siguiente pregunta:</p>     <p><b>Â¿Cu&aacute;l es la importancia de la latinoamericanista en el area de las humanidades y el sistema universitario norteamericano?</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Apoy&aacute;ndome en Marshall Eakin <sup><a name="nr1"></a><a href="v6n11a13.html#1">1</a></sup>, debo se&ntilde;alar que durante los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os, el campo de la historia de Am&eacute;rica Latina ha florecido, convirti&eacute;ndose en una especialidad claramente definida en los departamentos de historia de los Estados Unidos. <i>La Conference on Latin American History</i> (Conferencia sobre la Historia de Am&eacute;rica Latina), es la m&aacute;s destacada organizaci&oacute;n profesional de los historiadores de Am&eacute;rica Latina en los EE.UU., que en la actualidad cuenta con cerca de mil miembros. Adem&aacute;s, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os m&aacute;s de cincuenta universidades han producido un total de cincuenta a sesenta doctores especializados en Historia de Am&eacute;rica Latina cada a&ntilde;o. Y, los cursos de pregrado sobre la Historia Latinoamericana se imparten regularmente en cientos de instituciones de todo el pa&iacute;s, adem&aacute;s de graduarse estudiantes en decenas de universidades.</p>     <p>Aunque hubo historiadores de Am&eacute;rica Latina de los Estados Unidos en el siglo XIX, el campo no se convirti&oacute; en una especialidad pr&oacute;spera en el plan de estudios de grado y la profesi&oacute;n hist&oacute;rica, hasta mediados del siglo XX. El apoyo financiero a principios de los a&ntilde;os sesenta, incluyendo la Ley de Educaci&oacute;n Nacional de Defensa (1958 ) y la Fundaci&oacute;n Ford proporcion&oacute; millones de d&oacute;lares a treinta y cuatro universidades para formar a expertos latinoamericanos. Este auge tambi&eacute;n fue promovido por el impacto de la Revoluci&oacute;n Cubana y el desarrollo de los Cuerpos de Paz. A principios de 1970 los eruditos latinoameranistas estaban trabajando en todo tipo de temas, aunque la tendencia dominante en el campo era la historia social. A finales del siglo la historia de Latinoam&eacute;rica se hab&iacute;a convertido en un campo establecido en casi todas las grandes universidades estatales, pero un pu&ntilde;ado de escuelas, incluyendo Berkeley, UCLA (University of California, Los Angeles), Texas, Wisconsin y Florida han seguido dominando la formaci&oacute;n de doctores. Un cambio importante que se ha producido en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os, es la ampliaci&oacute;n del t&eacute;rmino "Latinoam&eacute;rica" para incluir a los historiadores del Caribe no espa&ntilde;ol y los estudios de los inmigrantes latinoamericanos que viven en Estados Unidos. Por ejemplo, en la Universidad de Massachusetts est&aacute; el programa de Estudios Latinoamericanos, financiado desde la d&eacute;cada de 1960, y que ahora se llama el Centro de Am&eacute;rica Latina, el Caribe y Estudios Latinos (CLACLS). A pesar del enorme crecimiento en los programas de Am&eacute;rica Latina, la Historia de los EE.UU. y la Historia Europea siguen atrayendo a la gran mayor&iacute;a de los estudiantes de pregrado y postgrado, incluso en las principales universidades.</p>     <p><b>Â¿Qu&eacute; relevancia tuvo el caso colombiano durante el siglo veinte? Â¿Qu&eacute; representa ser un "colombianista" en el c&iacute;rculo de historiadores norteamericanos? Â¿Y, para los acad&eacute;micos colombianos y su medio acad&eacute;mico?</b></p>     <p>Si tenemos en cuenta el estado de conocimiento de la historia Colombia en EE.UU., la conclusi&oacute;n de David Bushnell en 1995 que Colombia era el "menos estudiado y el menos comprendido de los principales pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina" parece ser cierto a&uacute;n en 2013. A pesar de ser el tercer pa&iacute;s de Am&eacute;rica Latina m&aacute;s poblado y el cuarto m&aacute;s grande en el territorio, Colombia contin&uacute;a siendo omitido de la discusi&oacute;n en los libros de texto universitarios, tal vez porque, como Bushnell especul&oacute;, pues:</p>     <p>No se ajusta a los estereotipos y los "modelos", utilizados convencionalmente en las discusiones de Am&eacute;rica Latina. Despu&eacute;s de todo, Â¿qu&eacute; hace un latinoamericanista con un pa&iacute;s donde son casi todos los dictadores militares son desconocidos, la izquierda pol&iacute;tica ha sido cong&eacute;nitamente d&eacute;bil, y los fen&oacute;menos como la urbanizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n nunca engendraron un movimiento "populista" de importancia duradera? <sup><a name="nr2"></a><a href="v6n11a13.html#2">2</a></sup> </p>    <p>De los comit&eacute;s regionales y tem&aacute;ticas de la Conferencia de Historia de Am&eacute;rica Latina, el Comit&eacute; de Estudios Gran Colombianos cuanta con un grupo de los m&aacute;s peque&ntilde;os, 82 membresias en 2005 en comparaci&oacute;n con los 288 del Comit&eacute; de Estudios de M&eacute;xico. El n&uacute;mero de acad&eacute;micos que se especializan exclusivamente en la historia de Colombia son pocos y distantes entre s&iacute;, y como se&ntilde;ala Bushnell, incluso aquellos que han alcanzado a vincularse con las grandes universidades, no han producido los estudiantes de doctorado que contin&uacute;en trabajando sobre Colombia. Recordemos que Le&oacute;n Helguera se&ntilde;ala que ninguna universidad importante de EE.UU. ha creado un programa de postgrado centrado en la historia de Colombia, y a&ntilde;ade que en Vanderbilt se entren&oacute; a ocho colombianistas en las d&eacute;cadas de 1970 y 1980, pero ninguno de ellos consigui&oacute; plazas universitarias. Para citar mi propio caso. La Universidad de Massachusetts ha mantenido un programa de doctorado en Historia de Am&eacute;rica Latina por m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os. Durante mis cuarenta a&ntilde;os como profesor titular, fui la mentora de seis estudiantes de doctorado de las cuales dos: Rick Goulet y David Hamblin eligieron escribir disertaciones sobre Colombia, y s&oacute;lo Rick esta vinculado con una universidad. Lo que es a&uacute;n m&aacute;s desalentador, (pero comprensible), es la falta de voluntad de los colombianistas para animar a los estudiantes a centrarse en el caso colombiano, a sabiendas de que si se quiere tener &eacute;xito en el mercado laboral acad&eacute;mico, tendr&aacute;n que incluir ya sea M&eacute;xico, Argentina o Brasil.</p>     <p>La demanda en Estados Unidos por los libros en Colombia sigue siendo d&eacute;bil y la publicaci&oacute;n de tesis a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil. En 2004 el mismo David me escribi&oacute; que la University of California Press se neg&oacute; a publicar una segunda edici&oacute;n de su libro <i>The Making of Modern Colombia</i>, motivo por el cual plane&oacute; la segunda edici&oacute;n en espa&ntilde;ol en Colombia.<sup><a name="nr3"></a><a href="v6n11a13.html#3">3</a></sup> Sin embargo, si las disertaciones escritas en ingl&eacute;s son traducidas al espa&ntilde;ol, se encuentran con un p&uacute;blico entusiasta en Colombia. Como Bushnell le dijo Mike LaRosa:</p>     <p>Sin duda, hay muchos m&aacute;s lectores potenciales de libros y art&iacute;culos sobre la historia de Colombia en Colombia que en cualquier otro lugar, y si uno desea recibir informaci&oacute;n valiosa, es m&aacute;s probable que va a ser obtenida en Colombia, en lugar o mediante la publicaci&oacute;n de un trabajo en los EE.UU. o en Europa.<sup><a name="nr4"></a><a href="v6n11a13.html#4">4</a></sup> </p>    <p><b>Â¿Su aporte a la historia regional colombiana es muy importante, en especial sobre la historia de los Llanos Orientales, que significa esa regi&oacute;n hist&oacute;ricamente para un pa&iacute;s qu&eacute; ha crecido a sus espaldas?</b></p>     <p>Cuando empec&eacute; mis estudios en 1973, la regi&oacute;n de los Llanos hab&iacute;a sido, salvo en un par de casos excepcionales, olvidada por los historiadores.<sup><a name="nr5"></a><a href="v6n11a13.html#5">5</a></sup> Un repaso a la extensa "Gu&iacute;a bibliogr&aacute;fica para los Llanos Orientales de Colombia" recopilada por Mar&iacute;a Teresa Cobos en 1965 revel&oacute; que las investigaciones m&aacute;s importantes hab&iacute;an sido realizadas por ge&oacute;grafos y antrop&oacute;logos y que estos acad&eacute;micos con frecuencia lamentaban que la falta de informaci&oacute;n hist&oacute;rica confiable acerca de las llanuras interpon&iacute;a obst&aacute;culos a la producci&oacute;n de documentaci&oacute;n cient&iacute;fica.<sup><a name="nr6"></a><a href="v6n11a13.html#6">6</a></sup> A estas quejas acad&eacute;micas deben a&ntilde;adirse los ruegos de gobernantes y habitantes llaneros que, en los a&ntilde;os posteriores a la &eacute;poca de La Violencia, pidieron al gobierno nacional que patrocinara estudios sobre la vida en los Llanos para que el pueblo colombiano tuviera una mejor idea de la verdadera cara de esta olvidada regi&oacute;n de su pa&iacute;s.<sup><a name="nr7"></a><a href="v6n11a13.html#7">7</a></sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mi primer libro sobre la historia de los Llanos apareci&oacute; en 1983. Durante su redacci&oacute;n mantuve correspondencia con varios colombianos y venezolanos que se encontraban estudiando distintos aspectos de la historia llanera. Entre estas personas se destacaba Mar&iacute;a Eugenia Romero, quien en compa&ntilde;&iacute;a de su hermana, Claudia Romero Moreno, fund&oacute; el Instituto Orinoquia Siglo XXI y public&oacute; <i>Desde el Orinoco hacia el siglo XXI:</i> El hombre, la fauna y su medio (Bogot&aacute;, Fondo FEN, 1989). Mar&iacute;a Eugenia y yo tuvimos la idea de organizar un simposio que reuniera a acad&eacute;micos colombianos y venezolanos de varias disciplinas con el fin de compartir sus trabajos de investigaci&oacute;n en diversos aspectos de la historia de los Llanos. En gran medida debido a la considerable habilidad organizativa de Mar&iacute;a Eugenia y al respaldo de la Universidad Tecnol&oacute;gica de los Llanos Orientales y la Academia de Historia del Meta, el primer Simposio Internacional de Historia de los Llanos Colombo-Venezolanos tuvo lugar en Villavicencio entre el 11 y el 13 de agosto de 1988. Treinta investigadores en representaci&oacute;n de universidades e institutos de Bogot&aacute;, Tunja, Yopal, Villavicencio, Cali, Florencia, Arauca, Barcelona (Espa&ntilde;a), Gu&aacute;rico (Venezuela) y Estados Unidos presentaron ponencias durante el simposio, en el cual participaron m&aacute;s de cien personas.<sup><a name="nr8"></a><a href="v6n11a13.html#8">8</a></sup> El &eacute;xito de esta primera reuni&oacute;n de "llaner&oacute;logos" estimul&oacute; a los organizadores a seguir realizando el simposio cada dos a&ntilde;os. Como resultado, y a pesar de la violencia de que ha sido presa la regi&oacute;n en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, se han realizado doce simposios m&aacute;s -el m&aacute;s reciente de ellos en Villavicencio, Colombia, en julio de 2012.<sup><a name="nr9"></a><a href="v6n11a13.html#9">9</a></sup></p>     <p>Los simposios son s&oacute;lo una parte de la nueva ola de investigaci&oacute;n acerca de los Llanos que han emprendido j&oacute;venes acad&eacute;micos con entrenamiento profesional. En Yopal, Casanare, H&eacute;ctor Publio P&eacute;rez, M&aacute;ster en Historia de la Universidad Pedag&oacute;gica y Tecnol&oacute;gica de Colombia (UPTC), organiz&oacute; en 1987 el Centro de Historia del Casanare, el cual publica la revista Caribabare y se esfuerza por preservar los archivos de la regi&oacute;n de los efectos nocivos del clima y la negligencia. P&eacute;rez, autor de La participaci&oacute;n de Casanare en la Guerra de Independencia 1809-1819 (Bogot&aacute;: ABC, 1988), ha producido dos discos compactos titulados "Ra&iacute;ces de la m&uacute;sica llanera en Casanare" en los que se pretende preservar el folclor aut&eacute;ntico del Casanare de cara a la creciente modernizaci&oacute;n que ha tra&iacute;do consigo la explotaci&oacute;n petrol&iacute;fera en la regi&oacute;n. Para no quedarse atr&aacute;s, la Asociaci&oacute;n Cravo Norte de Arauca organiz&oacute; en agosto de 1987 el Primer Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores Llaneros, cuyas memorias se publicaron bajo el t&iacute;tulo Sobre los llanos&hellip; (Bogot&aacute;: 1988). Con el respaldo financiero de la Occidental Petroleum, la Asociaci&oacute;n ha seguido publicando estudios relacionados con la historia de los Llanos. El music&oacute;logo araucano Miguel &aacute;ngel Mart&iacute;n Salazar fund&oacute; la Academia Folcl&oacute;rica de M&uacute;sica del Meta, la cual organiza cada a&ntilde;o un festival de canciones colombianas y un concurso internacional de joropo. Mart&iacute;n Salazar es autor de la importante monograf&iacute;a Del folclor llanero (Bogot&aacute;: Editorial Presencia, 1991), cuya nueva edici&oacute;n es solamente uno de los m&uacute;ltiples proyectos que ha patrocinado la Academia de Historia del Meta.</p>     <p>El gobierno colombiano tambi&eacute;n se ha mostrado interesado en recuperar la historia de los Llanos. En 1991, Colciencias patrocin&oacute; programas para elaborar &iacute;ndices de los archivos municipales de Villavicencio, Restrepo, Cumaral, Granada y San Mart&iacute;n y para crear un archivo hist&oacute;rico para el Departamento del Meta. Adem&aacute;s, el establecimiento de programas de posgrado en historia y sociolog&iacute;a en varias universidades colombianas ha resultado en la aparici&oacute;n de algunas excelentes tesis de maestr&iacute;a sobre distintos aspectos de la regi&oacute;n llanera. Dos ejemplos que vale la pena resaltar son "Departamento del Meta: Historia de su integraci&oacute;n a la naci&oacute;n, 1536-1936", presentada por Omar Baquero al Departamento de Sociolog&iacute;a de la Universidad Nacional de Bogot&aacute;, y "Vichada, del Orinoco ind&iacute;gena a la colonizaci&oacute;n y Marand&uacute;a", presentada por Carlos Munar de la UPTC en la d&eacute;cada de los 80. En esta categor&iacute;a podemos tambi&eacute;n incluir <i>Un pueblo de frontera</i>: Villavicencio 1840-1940 de Miguel Garc&iacute;a Bustamante (Bogot&aacute;: Caragraphics, 1997), quien obtuvo su maestr&iacute;a en la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico y su doctorado en la Universidad de Sevilla.</p>     <p><b>Â¿Cu&aacute;l es la perspectiva acad&eacute;mica de la historia regional y local de los Llanos en el pa&iacute;s?</b></p>     <p>En 1987, con ocasi&oacute;n de mi inducci&oacute;n como miembro extranjero correspondiente de la Academia de Historia del Meta, present&eacute; una ponencia titulada "Regi&oacute;n olvidada: Los Llanos Orientales en la historia de Colombia". En dicho trabajo di cuenta de una curiosa contradicci&oacute;n: con frecuencia los acad&eacute;micos colombianos mencionan el regionalismo como factor fundamental en el desarrollo hist&oacute;rico de la naci&oacute;n y de inmediato olvidan por completo las dos regiones m&aacute;s extensas (la Amazonia y los Llanos) para concentrarse en la interacci&oacute;n entre las provincias de la cordillera y la Costa Pac&iacute;fica. Por ejemplo, en la introducci&oacute;n a su historia de la Colombia precolombina, el arque&oacute;logo Gerardo Reichel-Dolmatoff se&ntilde;ala, me permito leer:</p>     <p>Al oriente de los Andes y m&aacute;s all&aacute; de la cordillera se extienden inmensas &aacute;reas perif&eacute;ricas -las llanuras de la Orinoquia y las selvas de la Amazonia- que constituyen las dos terceras partes del territorio nacional. Estas zonas remotas y escasamente pobladas nunca han desempe&ntilde;ado un papel importante en el desarrollo cultural del pa&iacute;s, cuyo centro siempre han sido las cuestas y valles de las cordilleras y las llanuras de aluvi&oacute;n y las zonas costeras de los litorales.<sup><a name="nr10"></a><a href="v6n11a13.html#10">10</a></sup></p>     <p>Naturalmente, en mi ponencia intent&eacute; mostrar que &eacute;sta era una suposici&oacute;n equivocada: hice hincapi&eacute; en la poco conocida pero importante participaci&oacute;n de los Llanos en la conquista de la Nueva Granada, en la vida econ&oacute;mica y religiosa durante el per&iacute;odo de la Colonia, en la Revoluci&oacute;n de los Comuneros, en la Guerra de Independencia, en los esfuerzos para poblar los Llanos llevados a cabo durante la era de los Estados Unidos de Colombia (1863-1886), en la Guerra de los Mil D&iacute;as, en la "Revoluci&oacute;n en Marcha" de Alfonso L&oacute;pez Pumarejo y, por supuesto, en el importante papel desempe&ntilde;ado por los Llanos en la primera ola de La Violencia que sigui&oacute; al asesinato de Gait&aacute;n en 1948. Confieso que me sent&iacute; bastante satisfecha cuando descubr&iacute; que, en su ensayo "De Carlos E. Restrepo a Marco Fidel Su&aacute;rez: Republicanismo y gobiernos Conservadores", incluido en la colecci&oacute;n Nueva historia de Colombia que edit&oacute; &aacute;lvaro Tirado Mej&iacute;a (ocho vol&uacute;menes, Bogot&aacute;: Planeta, 1989), Jorge Orlando Melo incluy&oacute; un recuento de la rebeli&oacute;n de Humberto G&oacute;mez en Arauca, evento del que veinte a&ntilde;os antes quiz&aacute; s&oacute;lo los araucanos estaban enterados.<sup><a name="nr11"></a><a href="v6n11a13.html#11">11</a></sup></p>     <p>Sin embargo, la historiograf&iacute;a tradicional colombiana ha venido comenzando a ocuparse de regiones que hasta hace poco hab&iacute;a tenido olvidadas. Este cambio de actitud bien puede haberse debido a los a&uacute;n recurrentes fen&oacute;menos de la guerrilla y el narcotr&aacute;fico y sus efectos en estas regiones perif&eacute;ricas, o bien puede ser consecuencia de la informaci&oacute;n brindada por los fundamentales estudios arriba mencionados; en cualquier caso, se trata de un cambio bienvenido. As&iacute; como la Constituci&oacute;n de 1991 elev&oacute; estos territorios al rango de Departamentos, los historiadores colombianos est&aacute;n empezando a apreciar el papel decisivo que han desempe&ntilde;ado las regiones m&aacute;s apartadas de la naci&oacute;n. Tras rese&ntilde;ar 426 libros y 38 revistas acad&eacute;micas publicados en Colombia entre 1990 y 2001 y producidos en su mayor&iacute;a por autores colombianos, James D. Henderson encontr&oacute; que, con un total de 100, los estudios hist&oacute;ricos y materiales relacionados constituyen la segunda categor&iacute;a m&aacute;s com&uacute;n de escritos (la primera la conforman 126 libros acerca del crimen y la violencia). De estos 100 vol&uacute;menes, 25 son estudios regionales y ocho tratan espec&iacute;ficamente las zonas fronterizas. Respecto de esta subcategor&iacute;a, Henderson concluy&oacute; que "las historias regionales y estudios sobre regiones fronterizas figuran de manera destacada en la investigaci&oacute;n acad&eacute;mica emprendida recientemente en Colombia". Refiri&eacute;ndose a los trabajos de Elsy Marulanda sobre el Sumapaz y a las entrevistas realizadas a colonos por Alfredo Molano y Graciela Uribe Ram&oacute;n, Henderson a&ntilde;ade que "la frontera colombiana es una importante y popular &aacute;rea de investigaci&oacute;n".<sup><a name="nr12"></a><a href="v6n11a13.html#12">12</a></sup></p>     <p>El perfeccionamiento y la ampliaci&oacute;n de la idea de "frontera" como construcci&oacute;n hist&oacute;rica, el profesionalismo mostrado por los estudios acad&eacute;micos de la historia y la cultura fronterizas y la incorporaci&oacute;n de estos trabajos al grueso de la historiograf&iacute;a colombiana son tendencias presentes que, en mi opini&oacute;n, seguir&aacute;n aumentando y enriqueciendo nuestro entendimiento del pasado colombiano. En la segunda edici&oacute;n de su conmovedor testimonio autobiogr&aacute;fico Our Guerrillas, Our Sidewalks (Nuestras guerrillas, nuestras aceras) (Rowman and Littlefield, 2003), Herbert "Tico" Braun arguye que, mientras la Iglesia Cat&oacute;lica y un fuerte esp&iacute;ritu nacionalista son el pegante que une a los colombianos, lo que m&aacute;s los divide es el conflicto entre las culturas urbana y rural. Braun recalca que, tras ser abandonados por sus l&iacute;deres Liberales en la d&eacute;cada de los 50, los campesinos rebeldes que participaron en las etapas iniciales de La Violencia siguieron en la lucha. &eacute;stos eran hombres de "pasiones al rojo vivo y ardorosas creencias", mientras que sus l&iacute;deres eran "cautos y razonables".</p>     <p>"Estos hombres de la ciudad -contin&uacute;a Braun- tampoco quer&iacute;an acercarse demasiado a sus seguidores en el campo. No los consideraban sus iguales. Sus pasiones les sonaban tontas, exageradas. En general se supon&iacute;a, como se supone hoy, que la gente del campo hab&iacute;a de perder la vida" (p. 261). Braun sostiene que, a&uacute;n mientras la Naci&oacute;n avanza hacia el ideal de conformar una sociedad pluralista, "no existe prejuicio m&aacute;s profundo entre los colombianos que el que separa a la gente de la ciudad de la gente que vive en el campo, a los citadinos de los campesinos. Es un desprecio permanente que se siente en todas partes" (p. 266).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En ninguna parte de Colombia predomina la poblaci&oacute;n rural tanto como en los departamentos perif&eacute;ricos de las zonas fronterizas. A lo mejor, si el p&uacute;blico urbano se ve expuesto a informaci&oacute;n realista acerca de la historia y las caracter&iacute;sticas &uacute;nicas de las zonas fronterizas, podemos llegar a esperar que disminuya la patente divisi&oacute;n entre las culturas urbana y rural y con ella la violencia que por tanto tiempo ha azotado a esta naci&oacute;n.</p>     <p><b>Â¿C&oacute;mo fueron sus primeras experiencias investigativas en Colombia, qu&eacute; encontr&oacute; cuando arrib&oacute; por primera vez y cu&aacute;l es su percepci&oacute;n de su transformaci&oacute;n en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas?</b></p>     <p>Hace m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os que estaba capturada por Colombia y los Llanos. El 1964 cuando yo ten&iacute;a 23 a&ntilde;os, participaba en un seminario para estudiantes de posgrado patrocinado por la Universidad de Wisconsin y el Land Tenure Center. Llegu&eacute; a Barranquilla como parte de mi primer viaje a Colombia. Mi grupo se desplaz&oacute; a Bogot&aacute;, donde emprend&iacute; un estudio de la educaci&oacute;n primaria durante el Frente Nacional. Ese mismo verano y partiendo de Bogot&aacute; visit&eacute; por primera vez los Llanos del Meta.</p>     <p>El viaje entre las monta&ntilde;as de Bogot&aacute; a Villavicencio, por una carretera pesada y complicada, fue una experiencia emocionante, especialmente para alguien como yo que creci&oacute; en una zona tan plana como el Midwest de los Estados Unidos. Desgraciadamente, hoy, con la modernizaci&oacute;n de la carretera y la construcci&oacute;n de los t&uacute;neles, el viaje no ofrece la misma sensaci&oacute;n, pero en anta&ntilde;o, de verdad, fue algo incre&iacute;ble. Casi como los viajeros del siglo XIX, me sent&iacute;a envuelta por la majestuosidad de las monta&ntilde;as, la gran cantidad de curvas peligrosas de la v&iacute;a y la maravillosa vista de Buena Vista, donde los ojos de los Llanos estrechan toda su gloria.</p>     <p>Seguimos el trayecto desde Villavicencio hasta Granada en Jeep. Estuve all&aacute; por una semana, visitando las escuelas y hablando con los maestros. Estuve impresionada por la dedicaci&oacute;n de los profesores, las dificultades que afrontaban para realizar su trabajo, con tan pocos recursos, sin libros u otros complementos. No obstante, me di cuenta que los sentimientos expl&iacute;citos en la gente de Granada fueron de optimismo, no perd&iacute;an el tiempo en algo diferente a actuar en procurar una mejor calidad de vida.</p>     <p>Al regresar a Villavo, me qued&eacute; maravillada por su similitud con las descripciones de los pueblos fronterizos del siglo XIX en el oeste de Estados Unidos. Por la noche nos sent&aacute;bamos alrededor de la piscina del antiguo Hotel Meta, construido y localizado en lo que antes fuera un hospital. Hab&iacute;a mucho silencio y sent&iacute; como si fuera el fin del mundo -verdaderamente al borde-. El t&iacute;tulo evocador del libro escrito por Nancy Bell Bates en 1949 sobre Villavicencio, Este de los Andes y Oeste de ninguna parte parec&iacute;a ser la descripci&oacute;n perfecta de la localizaci&oacute;n de la ciudad. Mi imaginaci&oacute;n qued&oacute; atrapada por la inmensidad de los Llanos, que se extiende m&aacute;s all&aacute; de Villavicencio, con su promesa de oportunidades ilimitadas. Esta experiencia decidi&oacute; el curso de mis estudios profesionales en el futuro.</p>     <p>Cuando regres&eacute; a Bogot&aacute; en 1967 para hacer la investigaci&oacute;n sobre mi tesis alrededor de la reforma de la educaci&oacute;n primaria en la el &eacute;poca de la Federaci&oacute;n (1863/86), la ciudad era un lugar l&uacute;gubre y la Biblioteca Nacional, donde hice la mayor parte de mi trabajo, ten&iacute;a pocas comodidades. El edificio estaba helado, las instalaciones sanitarias eran repugnantes, la iluminaci&oacute;n era terrible, y la espera de los libros solicitados interminable. Con el fin de ser capaz de descifrar los documentos, obtuve el permiso del director para traer a mi propia l&aacute;mpara (que compr&eacute; en el antiguo almac&eacute;n Ley), y me llev&eacute; una m&aacute;quina de escribir Olivetti todos los d&iacute;as a la biblioteca.</p>     <p>En 2009 con el beneficio de una beca Fulbright volv&iacute; a Bogot&aacute; para iniciar un estudio sobre el impacto de las escuelas radiof&oacute;nicas de Sutatenza en los Llanos. Â¡Qu&eacute; diferencia de ciudad y que diferencia de espacio de trabajo! Desde mi hotel en La Candelaria, pod&iacute;a caminar a la Biblioteca Luis &aacute;ngel Arango, que ten&iacute;a las instalaciones de investigaci&oacute;n m&aacute;s modernas que la biblioteca de mi universidad en Amherst, Massachusetts. La Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Naci&oacute;n fueron igualmente transformadas. Yo creo que Colombia ya cuenta con los mejores centros de investigaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina, pero por supuesto yo no soy un observador imparcial.</p>     <p>Â¿Y Bogot&aacute;? Hab&iacute;a dejado los baches y los perros andrajosos -por lo menos en las zonas tur&iacute;sticas-. Â¡Hab&iacute;a todo tipo de tiendas y restaurantes! Â¡Llamas en la Plaza Bol&iacute;var! Â¡El transmilenio! Y la ciudad se hab&iacute;a expandido por millas al norte y al sur. Para mi pesar, en nombre del progreso, todas las hermosas casas de la Avenida Chile hab&iacute;an sido reemplazadas por apartamentos de gran altura. Ya no pude ver los burros en las calles, y yo estaba especialmente sorprendida por encontrar una ausencia de ruanas, que siempre hab&iacute;an sido un elemento tur&iacute;stico muy popular. Pero la ciudad todav&iacute;a ten&iacute;a un gran encanto, y como Tico Braun, pas&eacute; gran parte de mi tiempo libre, simplemente paseando por las calles para empaparse del ambiente.</p>     <p>Mi Villavicencio era ahora una ciudad de casi 300.000 habitantes accesible a tres horas en auto desde Bogot&aacute;. Hab&iacute;a caminos pavimentados a lo largo y los alrededores de la ciudad y muchas atracciones tur&iacute;sticas. Y lo mejor de todo, hab&iacute;a muchos buenos amigos que me ayudaron a orientarme en la Universidad de los Llanos y que viajaron conmigo a casi todas las principales ciudades de los Llanos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Â¿Es dif&iacute;cil amar a Colombia? Y Â¿Por qu&eacute; los Llanos?</b></p>     <p>Creo que ya he respondido a esas preguntas. Entre 1964 y 2012 he hecho m&aacute;s de 20 viajes a Colombia. Mi peor experiencia fue en junio-julio de 1992. En ese momento la violencia era aguda, se hab&iacute;a producido un da&ntilde;o y la electricidad fue racionalizada durante el d&iacute;a. El centro de la ciudad fue trastocado para construir el transmilenio. Despu&eacute;s de dos semanas, llam&eacute; a mi marido y grit&eacute;: "Ven a rescatarme de este lugar horrible". Y &eacute;l vino. Volamos a Bucaramanga donde dio unas conferencias en la Universidad Industrial de Santander, y luego regres&oacute; a Massachusetts. En ese momento,me dije a m&iacute; mismo: "Yo quiero un nuevo pa&iacute;s", "Un pa&iacute;s pac&iacute;fico, bonito y peque&ntilde;o", pero de alguna manera u otra, era imposible extraerme de Colombia, por lo que en 2003, cuando se convoc&oacute; el XIII Congreso de la Asociaci&oacute;n de Colombianistas en Barranquilla. me di valor y volv&iacute; a descubrir que la vida parec&iacute;a continuar con absoluta normalidad. Cuando mi marido muri&oacute; en 2008, la &uacute;nica manera para poder calmar mi duelo y dolor fue volver a Colombia, que hab&iacute;a tenido una presencia importante en toda mi vida. Los lemas de mi esposo: "Si&eacute;ntete orgullosa de lo que has hecho; tenga fe en lo que se puede lograr", y "Trabajar, Acabar, Publicar" adem&aacute;s de las lecciones que hab&iacute;a aprendido en Colombia: "Resignaci&oacute;n, Paciencia y Hay que Acostumbrarse", me han proporcionado una gu&iacute;a para continuar mi carrera. Mis colegas colombianos eran tan solidarios y amables, que yo sab&iacute;a que mi vida podr&iacute;a continuar.</p>     <p><b>Un consejo para las nuevas generaciones de colombianistas norteamericanos e historiadores colombianos</b></p>     <p>Para los j&oacute;venes historiadores norteamericanos, yo dir&iacute;a que no hay tema m&aacute;s rico o m&aacute;s gratificante que la historia de Colombia, pero especializase en este pa&iacute;s sin el conocimiento de los pa&iacute;ses "m&aacute;s importantes" de Am&eacute;rica Latina como M&eacute;xico, Cuba, Argentina o Brasil har&aacute;n que lograr un puesto en una universidad de los Estados Unidos sea extremadamente dif&iacute;cil. Para los j&oacute;venes historiadores colombianos, les invitar&iacute;a a que ampl&iacute;en sus intereses m&aacute;s all&aacute; de su propia regi&oacute;n y de otros pa&iacute;ses, adem&aacute;s de Colombia, con el fin poder de hacer comparaciones v&aacute;lidas y hacer un caso m&aacute;s claro del contexto de Colombia en el Hemisferio Occidental.</p>     <p><b>Advertencia</b>: Varias de las observaciones anteriores se han extra&iacute;do de los siguientes documentos que he publicado o presentado anteriormente en: "La Mirada desde la periferia: desarrollos en la historia de la frontera colobiana desde 1970 hasta el presente". Fronteras de la Historia (2003) 8: 263-273; "David Bushnell and the Development of Colombia Historiography in the Twentieth Century: A Latin American Success Story", Paper presentado en el 50th annual Meeting of the Southeastern Council of Latin American Studies, Marzo 29-31, 2012; "David Bushnell (1923-2010): An Appreciation", presentado en la CLAH Gran Colombia Studies Committee meeting in Boston, Enero 8, 2011; "Take Pride in What you Hand Done; Have Faith in What you Can accomplish" o "How a High School Spanish teacher became a Historian of the Llanos Orientales of Colombia," charla realizada en UMass Center of Latin American, Caribbean and Latin Studies, Abril 16, 2012).</p> <hr>     <p><b>Notas al pie </b></p>     <p><a href="v6n11a13.html#nr1">1.</a><a name="1"></a>Marshall C. Eakin. 1998. "Latin American History in the United States: From Gentlemen Scholars to Academic Specialists". The History Teacher. 31, 4: 539.</p>      <p><a href="v6n11a13.html#nr2">2.</a><a name="2"></a>Bushnell, David. 1992. The Making of Modern Colombia: A Nation in Spite of Itself. Los Angeles, CA: University of. California Press, viii.</p>      <p><a href="v6n11a13.html#nr3">3.</a><a name="3"></a>Ver Bushnell, David. 2007. Colombia: una naci&oacute;n a pesar de si misma: nuestra historia desde los tiempos precolombinos hasta hoy. Bogota: Editorial Planeta Colombiana S.A. Edici&oacute;n 15. Ultima edici&oacute;n en 2013.</p>      <p><a href="v6n11a13.html#nr4">4.</a><a name="4"></a>Victoria Peralta and Michael LaRosa. 1997. "David Bushnell". En Los Colombianistas, 31-32. Bogot&aacute;: Planeta.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="v6n11a13.html#nr5">5.</a><a name="5"></a>Entre las obras m&aacute;s &uacute;tiles debidas a historiadores podemos mencionar las siguientes: Juan M. Pacheco, Los jesuitas en Colombia (Bogot&aacute;: 1959-1962); E. Ortega Ricaurte, Villavicencio (1842-1942); Monograf&iacute;a hist&oacute;rica (Bogot&aacute;: 1943); y Raquel &aacute;ngel de Florez, Conozcamos al Departamento del Meta (dos vol&uacute;menes, Bogot&aacute;: 1963).</p>      <p><a href="v6n11a13.html#nr6">6.</a><a name="6"></a>Mar&iacute;a Teresa Cobos. 1965. "Gu&iacute;a bibliogr&aacute;fica para los Llanos Orientales de Colombia". Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico. 8,12: 1888-1935.</p>     <p><a href="v6n11a13.html#nr7">7.</a><a name="7"></a>Tenemos el ejemplo de Guillermo Ram&iacute;rez, que en su ensayo "San Luis de Palenque: El llanero y su presente" (Econ&oacute;mica Colombiana 2, agosto de 1954: 21-38) escribi&oacute;: "Nuestra naci&oacute;n es dada para exagerar o menospreciar nuestros recursos y en el caso de los Llanos se ha olvidado f&aacute;cilmente la paciente obra de acondicionamiento del hombre a su medio. Estudiar al llanero, su &iacute;ndole, tradiciones, su folclor: desentra&ntilde;ar el hondo significado de sus creencias y supersticiones; mejorar su salud y desarrollar su mente; orientar vocacionalmente a las actividades creadoras cong&eacute;nitamente aptas para el Llano: son imperativos de Gobierno" (pp. 36-37).</p>     <p><a href="v6n11a13.html#nr8">8.</a><a name="8"></a>Las ponencias fueron recopiladas en el libro Los Llanos: Una historia sin fronteras (Bogot&aacute;: Academia del Meta, 1988).</p>      <p><a href="v6n11a13.html#nr9">9.</a><a name="9"></a>Los primeros fueron realizados en Yopal (1990), Arauca (1992), San Mart&iacute;n, Meta (1995) y San Fernando de Apure, Venezuela (1999).</p>      <p><a href="v6n11a13.html#nr10">10.</a><a name="10"></a>Gerardo Reichel-Dolmatoff, Colombia (Nueva York: 1965), 29. Jaime Jaramillo Uribe hizo una afirmaci&oacute;n semejante en su ensayo "Algunos aspectos de la personalidad hist&oacute;rica de Colombia" cuando escribi&oacute;: "El pa&iacute;s se form&oacute; y pobl&oacute; en los Andes y sus alrededores; los Llanos y la sociedad ganadera han desempe&ntilde;ado un papel casi nulo en su desarrollo como naci&oacute;n". Ver La personalidad hist&oacute;rica de Colombia y otros ensayos (Bogot&aacute;: 1977), 153.</p>      <p><a href="v6n11a13.html#nr11">11.</a><a name="11"></a>Ver el Volumen 1 de la Nueva historia de Colombia, pp. 234-237.</p>      <p><a href="v6n11a13.html#nr12">12.</a><a name="12"></a>James D. Henderson, "Recent Colombian Writing on Colombia" ("Escritos recientes de colombianos sobre Colombia") ponencia in&eacute;dita presentada ante el South Eastern Council on Latin American Studies, marzo 7 de 2003. Ver tambi&eacute;n: Elsy Marulanda, Colonizaci&oacute;n y guerras en el Sumapaz (Bogot&aacute;: CINEP, 1990); Alfredo Molano, Selva adentro: Una historia oral de la colonizaci&oacute;n del Guaviare (Tercera edici&oacute;n, Bogot&aacute;: El &aacute;ncora Editores, 1992); Graciela Uribe Ram&oacute;n, Ven&iacute;amos con una manotada de ambiciones. Un aporte a la historia de la colonizaci&oacute;n del Caquet&aacute; (Segunda edici&oacute;n, Bogot&aacute;: Editorial Universidad Nacional de Colombia, 1998).</p> <hr> </font>      ]]></body>
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