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<journal-title><![CDATA[Perífrasis. Revista de Literatura, Teoría y Crítica]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Ecfrasis literaria y arquitectura novelesca: Los cuadernos de Don Rigoberto de Mario Vargas Llosa]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Literary Ekphrasis and novelistic architecture: Los cuadernos de Don Rigoberto by Mario Vargas Llosa]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper proposes a different interpretation of the novel Los cuadernos de don Rigoberto by Mario Vargas Llosa, focusing on the rhetorical figure of ekphrasis. It examines the novelistic architecture and verbal and visual representation as pillars of what would constitute a genuine iconoverbal novel. The study is supported by the analysis strategies from literary semiotics, narratology and rhetoric, which allow a comprehensive understanding of subject matter.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="Verdana">       <p align="center"><font size="4"><b>Ecfrasis literaria y arquitectura novelesca:    <br> <I> Los cuadernos de Don Rigoberto</I> de Mario Vargas Llosa</b></font></p>      <p align="center"><font size="3"><b>Literary Ekphrasis and novelistic architecture: <I>Los cuadernos de Don Rigoberto </I>by Mario Vargas Llosa</b></font></p>      <p>    <center> Pedro Antonio Agudelo*    <br> <I>Universidad de Antioquia</I>, Medell&iacute;n, Antioquia, Colombia</center></p>      <p>* Mag&iacute;ster en Estudios Human&iacute;sticos. Universidad de Antioquia. Este art&iacute;culo cont&oacute; con el apoyo del programa de Estrategia de Sostenibilidad del Grupo Estudios Literarios, 2013-2014. Universidad de Antioquia-Comit&eacute; para el Desarrollo de la Investigaci&oacute;n.</p>   <hr>      <p><b>Resumen</b></p>       <p>Este art&iacute;culo propone una relectura de la novela <I>Los cuadernos de don Rigoberto </I>de Mario Vargas Llosa, concentrando la atenci&oacute;n en la figura ret&oacute;rica de la ecfrasis. Examina la arquitectura novelesca y la representaci&oacute;n verbal y visual como pilares de lo que constituir&iacute;a una genuina novela iconoverbal. El estudio est&aacute; soportado en las estrategias de an&aacute;lisis provenientes de la semi&oacute;tica literaria, la narratolog&iacute;a y la ret&oacute;rica, que permiten una comprensi&oacute;n amplia del objeto de estudio.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave:</b> arte visual, arquitectura novelesca, ecfrasis literaria, encomio, novela iconoverbal.</p>  <hr>      <p><b>Abstract</b></p>       <p>This paper proposes a different interpretation of the novel <I>Los cuadernos de don Rigoberto </I>by Mario Vargas Llosa, focusing on the rhetorical figure of ekphrasis. It examines the novelistic architecture and verbal and visual representation as pillars of what would constitute a genuine iconoverbal novel. The study is supported by the analysis strategies from literary semiotics, narratology and rhetoric, which allow a comprehensive understanding of subject matter.</p>      <p><b>Key words:</b> visual art, architecture novel, literary ekphrasis, praise, iconoverbal novel.</p>  <hr>      <p><b>A MODO DE INTRODUCCI&Oacute;N: LA NOVELA Y LA ECFRASIS LITERARIA</b></p>      <p> Por todos es conocido que Mario Vargas Llosa es un novelista excepcional. Sus textos tienen cualidades est&eacute;ticas que comprenden un logrado uso del lenguaje, un manejo po&eacute;tico de las palabras y una capacidad para narrar y crear universos de ficci&oacute;n anclados en las m&aacute;s profundas intuiciones y flaquezas humanas. Estas son cualidades que los cr&iacute;ticos consideran esenciales a la hora de definir la novela<Sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></Sup> y que aparecen en las piezas de Vargas Llosa, convirti&eacute;ndolo en un maestro del g&eacute;nero.</p>      <p>Tal como se&ntilde;alan muchos te&oacute;ricos, lo que constituye la novela -lo que la incluye dentro del g&eacute;nero &eacute;pico- es su car&aacute;cter narrativo, es decir, su capacidad para presentar una historia como una serie de sucesos encadenados en el tiempo (Bourneuf y Ouellet 34). El escritor peruano va m&aacute;s all&aacute; de estos aspectos caracter&iacute;sticos del subg&eacute;nero, innovando en la t&eacute;cnica narrativa y en la misma estructura de los textos. Si en sus or&iacute;genes la novela estaba relacionada con los conceptos "novelar" y "novelesco"<Sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></Sup>, en Vargas Llosa encontramos la novedad de lo novelesco arquitect&oacute;nico. Se puede pensar en su novela <I>El para&iacute;so en la otra esquina</I>, cuya estructura formal no es la disposici&oacute;n lineal tradicional -exordio, cl&iacute;max y desenlace- como <I>Qu&eacute;reas y Cal&iacute;rroe</I> de Carit&oacute;n de Afrodisias. La novela del peruano, criticada en su momento precisamente por su estructura, presenta dos historias paralelas, alternando una y otra en los cap&iacute;tulos a lo largo del texto, generando as&iacute; efectos narrativos en los que lo pol&iacute;tico y lo art&iacute;stico se entrelazan desde una perspectiva ideol&oacute;gica y est&eacute;tica que van uniendo a los personajes de una y otra historia cada vez de una manera m&aacute;s fuerte y contundente.</p>      <p>No menos importante es su novela <I>Elogio de la madrastra</I>, en la cual el novelista logra de forma magistral la interrelaci&oacute;n ecfr&aacute;stica y narrativa a trav&eacute;s de la presentaci&oacute;n de un relato visual y uno verbal en lo que, a todas luces, podemos denominar ecfrasis literaria en el sentido de Michel Riffaterre, un ensamblaje trazado con la magistralidad de un artista: las palabras revelan nuevas significaciones -ficcionales y novelescas- que el cuadro a simple vista no deja ver (161-183). Dicho de otra manera, y siguiendo la perspectiva de Manguel, la imagen potencia el discurso verbal y desata la di&eacute;gesis (50). A esto se agrega la meticulosidad est&eacute;tica con la que el escritor convierte un acto com&uacute;n, cotidiano y vulgar en un evento art&iacute;stico desde el punto de vista ret&oacute;rico, como la escena del ba&ntilde;o o la limpieza de las orejas por parte de don Rigoberto, protagonista de la novela<Sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></Sup>.</p>      <p>En buena medida, podr&iacute;a decirse, que estos aspectos est&eacute;ticos que sobresalen en estas tres novelas se deben sobre todo al uso de la ecfrasis literaria<Sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></Sup>, as&iacute; como de descripciones con finalidades ecfr&aacute;sticas. Para Michel Riffaterre la ecfrasis literaria "presupone el cuadro, sea &eacute;ste real o ficticio. Por tanto, la ecfrasis literaria se basa en una idea del cuadro, en una imagen del artista, en lugares comunes del lenguaje y a prop&oacute;sito del arte" (Riffaterre 162). De acuerdo con el te&oacute;rico franc&eacute;s, el lector del texto literario ecfr&aacute;stico puede derivar conclusiones a partir de indicios metaling&uuml;&iacute;sticos como t&iacute;tulos, g&eacute;neros, escuelas, temas y alusiones t&eacute;cnicas. Asimismo, puede identificar la sustituci&oacute;n de la descripci&oacute;n por el discurso hermen&eacute;utico, el encomio o el discurso laudatorio, tal como lo hace el mismo Riffaterre en el an&aacute;lisis de los textos de Claudel y Sollers, en los cuales identifica un dominio de la intertextualidad por extrapolaci&oacute;n y codificaci&oacute;n simb&oacute;lica, y no una imitaci&oacute;n como se puede creer en una lectura ligera. </p>      <p>De acuerdo con lo anterior, se puede afirmar que la ecfrasis literaria es una representaci&oacute;n de una representaci&oacute;n, constituyendo de esta manera una m&iacute;mesis doble en la medida en que la obra de arte referida en una narraci&oacute;n est&aacute; 'contenida' en la obra literaria. De este modo, lo que hay que descifrar no es la pintura o la obra de arte, sino la interpretaci&oacute;n preconcebida sobre ella. De hecho, desde el punto de vista de la teor&iacute;a de la novela, y siguiendo este planteamiento, podr&iacute;amos se&ntilde;alar que el narrador (y por encima de &eacute;l el autor) construye otro relato que en muchas ocasiones puede resultar distinto al presentado en la obra pl&aacute;stica. De ah&iacute; que pueda ser m&aacute;s af&iacute;n al texto que lo rodea que al referente pl&aacute;stico mismo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De lo anterior se deriva que la funci&oacute;n de la ecfrasis literaria no es presentarle al lector una visi&oacute;n de una imagen art&iacute;stica, o la interpretaci&oacute;n que el novelista, en primer lugar, o el narrador en segundo, le desea mostrar; m&aacute;s bien, busca insinuarle al lector las v&iacute;as por las cuales el tejido de la di&eacute;gesis o narraci&oacute;n se hace m&aacute;s rica y simb&oacute;lica. En este sentido tendr&iacute;amos una funci&oacute;n est&eacute;tica en relaci&oacute;n con el proceso de lectura, como dir&iacute;a Iser (175-180), y que es parte fundamental en la configuraci&oacute;n del mundo ficticio, por lo menos para el tipo de novela (iconogr&aacute;fica y ecfr&aacute;stica) que estamos tratando.</p>      <p><b><I>LOS CUADERNOS DE DON RIGOBERTO</I>: NOVELA ICONOVERBAL</b></p>      <p> Con lo dicho hasta aqu&iacute; podemos concluir que uno de los aspectos m&aacute;s interesantes en la obra de Mario Vargas Llosa se encuentra en sus novelas dedicadas a asuntos art&iacute;sticos, como las ya mencionadas. Otra novela en la que trata el tema del arte y que tiene un rasgo propiamente est&eacute;tico tanto en su formalizaci&oacute;n como en su tem&aacute;tica es <I>Los cuadernos de don Rigoberto</I>, que puede ser considerada como la continuaci&oacute;n de <I>Elogio de la madrastra</I>, pues en ella se extiende la historia con los mismos personajes: Rigoberto, Lucrecia, Alfonsito y Justiniana.</p>      <p>En la novela de 1988 se cuenta el proceso de seducci&oacute;n de Alfonsito con su madrastra, y la posterior expulsi&oacute;n de esta por parte de don Rigoberto al enterarse de la relaci&oacute;n que sostiene con su hijo. La novela de 1997, por su parte, comienza con la llegada de Fonchito a la casa de la madrastra para pedirle perd&oacute;n. Las visitas se hacen frecuentes, y en ellas hablan de Egon Schiele, el artista preferido del ni&ntilde;o. Mientras tanto, don Rigoberto se delecta con im&aacute;genes y fantas&iacute;as en un intento por consolarse de la ausencia de su esposa. Fonchito se propone amistarlos y sus estratagemas finalmente surten efecto.</p>      <p>La diferencia notable entre una novela y otra radica en la v&iacute;a que toma la ecfrasis literaria. En el caso de <I>Elogio de la madrastra</I> se trata de un despliegue narrativo a partir de la imagen u obra de arte, y en la que se enfatiza en la denominada funci&oacute;n dieg&eacute;tica de la ecfrasis, cuya finalidad es enlazar la descripci&oacute;n verbal de la imagen con el contexto de la historia narrada, indicando circunstancias, hechos y motivos. Dicho de otra manera, las im&aacute;genes presentes en la novela son pretexto y detonante de la narraci&oacute;n, generando as&iacute; no solo dos narraciones (visual y verbal), sino tambi&eacute;n estableciendo el entrecruzamiento entre una y otra.</p>      <p>Ahora bien, en el caso de <I>Los cuadernos de don Rigoberto</I> la ecfrasis funciona m&aacute;s que como una simple interpretaci&oacute;n o m&iacute;mesis doble, ya que por un lado configura juegos est&eacute;ticos a trav&eacute;s del lenguaje, de su uso po&eacute;tico, del incremento de la percepci&oacute;n visual a trav&eacute;s de la descripci&oacute;n, entre otras estrategias, lo que genera una serie de tensiones entre la descripci&oacute;n y la interpretaci&oacute;n. Estas tensiones, podr&iacute;a decirse, se salvan si atendemos a dos principios propios de la interpretaci&oacute;n aplicables a la visualidad y a la narrativa. El primero de ellos es el principio de incompletud que se puede derivar de la idea de incompletud planteada por Argan (129), y que alude, seg&uacute;n &eacute;l, a la no comunicabilidad de la obra de arte, lo cual exige la mediaci&oacute;n de la cr&iacute;tica de arte. Extendiendo este principio al texto novelesco de car&aacute;cter ecfr&aacute;stico, en la novela de Vargas Llosa el sentido propuesto por el narrador, los di&aacute;logos de los personajes y las descripciones de espacios, personajes y situaciones, se completan a trav&eacute;s de la alusi&oacute;n, directa o indirecta, a obras de arte. Se establece, de esta manera, una suerte de complementariedad entre una forma de comunicaci&oacute;n verbal y una visual, en la que resulta favorecida la narraci&oacute;n y la construcci&oacute;n ficcional.</p>      <p>El segundo principio es el de transparencia, que "supone experimentar la luminosidad del objeto en s&iacute;, de las cosas tal como son... Lo que ahora importa es recuperar nuestros sentidos. Debemos aprender a ver m&aacute;s, a o&iacute;r m&aacute;s, a sentir m&aacute;s y mejor" (Sontag 23-24). Como se puede apreciar en la novela de Vargas Llosa, las obras de arte aludidas a lo largo de la historia no son tratadas de forma especializada, salvo por algunas anotaciones que hace Fonchito en su delirante y persistente idea de seguir los pasos del artista Egon Schiele. A cambio, tanto los cuadros como los dibujos son parte primordial de la vida sensual y er&oacute;tica de los personajes, especialmente de don Rigoberto. En las instrucciones que este le da al arquitecto para la construcci&oacute;n de su casa, le advierte que en su concepci&oacute;n del espacio la prioridad la tendr&aacute;n los libros, cuadros y grabados, y que las personas ser&aacute;n ciudadanos de segunda (16-19). Esta concepci&oacute;n de hogar, meton&iacute;mica por extensi&oacute;n, le otorga un car&aacute;cter genuino a la relaci&oacute;n er&oacute;tica con su esposa, pues las escenas de muchos de los cuadros referidos son el pre&aacute;mbulo de encuentros erotizados desde las mismas palabras que describen las im&aacute;genes o las escenas, seg&uacute;n sea el caso.</p>      <p>A este v&iacute;nculo entre las escenas subyace, por supuesto, una concepci&oacute;n de arte que, a diferencia de lo que ocurre en otras novelas como <I>The portrait of Dorian Gray</I>, no pertenece al narrador, sino a uno de los personajes, en este caso, a don Rigoberto: </p>  <ol>No es el mundo de bellacos semovientes del que usted y yo formamos parte el que me interesa, el que me hace gozar y sufrir, sino esa mir&iacute;ada de seres animados por la imaginaci&oacute;n, los deseos y la destreza art&iacute;stica, presentes en esos cuadros, libros y grabados que con paciencia y amor de muchos a&ntilde;os he conseguido reunir. La casa que voy a construir en Barranco, la que usted deber&aacute; dise&ntilde;ar rehaciendo de principio a fin el proyecto, es para ellos antes que para m&iacute; o para mi flamante esposa, o mi hijito. La trinidad que forma mi familia, dicho sin blasfemia, est&aacute; al servicio de esos objetos y usted deber&aacute; estarlo tambi&eacute;n, cuando, luego de haber le&iacute;do estas l&iacute;neas, se incline sobre el tablero a rectificar lo que hizo mal. (19)     </ol>      <p>Del discurso del personaje se deriva una concepci&oacute;n de arte que da prevalencia a los objetos no por el valor extr&iacute;nseco que tengan -pues recordemos que don Rigoberto tiene la costumbre de incinerar sus libros y grabados con el fin de que su biblioteca no pase de un n&uacute;mero determinado, evitando as&iacute; la superabundancia-, sino por su valor intr&iacute;nseco, es decir, por lo que las im&aacute;genes provocan y generan en la imaginaci&oacute;n, por aquellos deseos que animan el cuerpo y regodean la fantas&iacute;a.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De acuerdo con lo expuesto hasta aqu&iacute;, la tensi&oacute;n presente entre descripci&oacute;n e interpretaci&oacute;n es parte constitutiva de la historia, pues m&aacute;s all&aacute; del valor emp&iacute;rico de un libro, un grabado o una pintura (y esto tambi&eacute;n aplica para Fonchito y su relaci&oacute;n con su artista preferido), lo que realmente tiene valor es una concepci&oacute;n de arte que lleva la vida al l&iacute;mite -a don Rigoberto y a do&ntilde;a Lucrecia en sus juegos er&oacute;ticos, y a Alfonsito en su fascinaci&oacute;n por la vida y obra de Schiele-, una concepci&oacute;n que arranca de las im&aacute;genes aquello que les da vida y que hace posible que las acciones humanas se puedan entender como una continuaci&oacute;n del arte. Justamente con esta concepci&oacute;n <I>Los cuadernos de don Rigoberto</I> se acercan a una idea de novela en la que el encuentro de los mundos narrados, verbal y visualmente se antepone, como un mero mecanismo de narraci&oacute;n &eacute;pica. Aqu&iacute; la novela adquiere un lugar distinto en la medida en que se le da preponderancia a la autonom&iacute;a de los personajes, pues ser&aacute;n ellos quienes le den el car&aacute;cter novelesco a la obra a partir de sus enso&ntilde;aciones y fantas&iacute;as, a trav&eacute;s del v&iacute;nculo entre la imagen (irreal en la historia contada) y la vida de los habitantes de dicho mundo. De modo que esta obra de Vargas Llosa constituye una verdadera novela iconoverbal.</p>      <p><b>LA NOVELA ICONOVERBAL</b></p>      <p> La cr&iacute;tica contempor&aacute;nea reconoce la novela como un subg&eacute;nero &eacute;pico dado su car&aacute;cter narrativo, que se explica como un rasgo inherente a la novela y que constituye lo novelesco. En este sentido, y de acuerdo con &Aacute;ngel Garrido (291), los g&eacute;neros literarios (&eacute;pico, dram&aacute;tico, l&iacute;rico) cumplen una triple funci&oacute;n semi&oacute;tica: son modelos para el autor, horizonte de expectativa para el lector y se&ntilde;al para la sociedad. Ahora bien, muchos textos rompen con esa suerte de configuraci&oacute;n gramatical que determinan el g&eacute;nero, de hecho, la historia de la novela se ha construido precisamente con base en una serie de rupturas, aunque en algunos casos, como en el de la "nivola" de Unamuno, tales innovaciones no surten el efecto esperado por el autor.</p>      <p>En este orden de ideas, podr&iacute;amos considerar que la novela de Vargas Llosa rompe, en cierto sentido, con el canon, por lo menos con el horizonte de expectativa del lector, sabida cuenta de una serie de estrategias visuales y narrativas presentes en el texto. Esto ocurre, por ejemplo, con la recurrencia de la mixtura y saturaci&oacute;n de discursos y voces que entretejen una o m&aacute;s historias. As&iacute;, por ejemplo, en el cap&iacute;tulo dos, cuando do&ntilde;a Lucrecia le est&aacute; contando los pormenores de su viaje con un antiguo admirador, viaje al que el mismo don Rigoberto la animara, la voz de este se entrevera con la voz de Pluto (el admirador) en la narraci&oacute;n que hace Lucrecia: </p>     <blockquote> &iquest;Era el suplicio de T&aacute;ntalo? &iquest;Era el jard&iacute;n de las delicias? Don Rigoberto se     <br> hab&iacute;a deslizado al pie de la cama, y, adivin&aacute;ndolo, do&ntilde;a Lucrecia se sent&oacute;     <br> al borde para que, como Pluto en el <I>Orient Express</I>, su marido le besara los     <br> empeines, aspirara la fragancia de cremas y colonias que refrescaban sus tobi    <br> llos, mordisqueara los dedos de sus pies y lamiera las oquedades tibias que los     <br> separaban.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> -Te amo y te admiro -dijo don Rigoberto.    <br> -Te amo y te admiro -dijo Pluto.    <br> -Y, ahora, a dormir -dijo do&ntilde;a Lucrecia. (65)</blockquote>      <p>Como puede apreciarse, aqu&iacute; se cruzan no solo el tiempo anacr&oacute;nico del relato de la esposa (la narraci&oacute;n de sus memorias) con el tiempo real de la escena en la que se da el acto de enunciar dicha narraci&oacute;n, sino que adem&aacute;s se encuentran dos tiempos: el pasado y el presente a trav&eacute;s de las figuras del amante admirador y el amante esposo. Con esta estrategia literaria el narrador manipula el material discursivo en tres sentidos. En primer lugar, se trata de una manipulaci&oacute;n del tiempo, con el fin de generar un paralelismo; en segundo lugar, se pone en escena, aunque en tiempos y espacios diferentes, a dos sujetos (amantes) para resaltar la figura de don Rigoberto; y finalmente se genera una imagen er&oacute;tica que se construye con base en la descripci&oacute;n que le es inherente a la narraci&oacute;n<Sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></Sup>.</p>      <p>Estas estrategias literarias tienen una funci&oacute;n discursiva y una est&eacute;tica, pero dadas las caracter&iacute;sticas generales del libro se puede se&ntilde;alar que predomina la &uacute;ltima, pues esta manipulaci&oacute;n del material verbal tiene una intenci&oacute;n en t&eacute;rminos de la expansi&oacute;n sint&aacute;ctica y demanda un lector imaginativo, un lector que construye las im&aacute;genes que produce el autor y reacciona ante ellas. Esto, por supuesto, es uno de los principales rasgos de la novela, lo que permite definirla como un artefacto literario, est&eacute;tico y po&eacute;tico, caracterizado principalmente por su naturaleza narrativa y la presencia de un narrador que cuenta una historia de ficci&oacute;n con asiento en la historia del mundo y la humanidad, sobre la base de dos t&oacute;picos universales (el amor y la muerte) y que afectan, de manera directa e inmediata, al <I>homo fictus</I>, al hombre de ficci&oacute;n que solo existe por obra del relato (Brioschi y Girolamo 223-225).</p>      <p>De acuerdo con lo anterior, el concepto de arquitectura novelesca se refiere a la configuraci&oacute;n de la novela desde la perspectiva de la historia contada (la f&aacute;bula seg&uacute;n la narratolog&iacute;a) y el discurso (seg&uacute;n la semi&oacute;tica literaria), y su construcci&oacute;n se da gracias a la interrelaci&oacute;n de los elementos de acciones, personajes, espacio, tiempo (Bobes 60), a los que podemos agregar otros menos populares en las teor&iacute;as como h&eacute;roe y narrador, y que constituyen, seg&uacute;n Prado Biezma (30) los rasgos propiamente &eacute;picos y que, por tanto, definen el g&eacute;nero novelesco.</p>      <p>Pero adem&aacute;s de estos elementos, en Vargas Llosa predomina otro que le da un car&aacute;cter novelesco a varios de sus textos: la ecfrasis literaria. Como ya dijimos, se trata de una figura ret&oacute;rica con una amplia tradici&oacute;n, y que podr&iacute;amos definir, en t&eacute;rminos generales, como una representaci&oacute;n verbal de una representaci&oacute;n visual, definici&oacute;n que la separa de la hipotiposis. Es decir, mientras en esta &uacute;ltima se va del texto a la imagen, en aquella se va de la imagen al texto (De la Calle 61). Ahora bien, en <I>Los cuadernos de don Rigoberto </I>opera de una forma no tradicional, es decir, no se trata de la mera descripci&oacute;n de im&aacute;genes u obras de arte, sino de la recreaci&oacute;n de escenas a partir de obras de arte, de la resignificaci&oacute;n de pinturas a partir de situaciones er&oacute;ticas, de la erotizaci&oacute;n de descripciones pict&oacute;ricas, de la interrelaci&oacute;n (a modo de ep&iacute;logo o cierre de cap&iacute;tulo) del material novelesco y el material visual, de la ficcionalizaci&oacute;n (rasgo propiamente novelesco) de cuadros de Egon Schiele, de la reivindicaci&oacute;n y reinterpretaci&oacute;n de la idea rom&aacute;ntica seg&uacute;n la cual la vida es una obra de arte, y del juego ficcional y est&eacute;tico en el que, gracias a la imaginaci&oacute;n y el deseos, la realidad representada en un cuadro o grabado cobra vida.</p>      <p>Dicho de otra manera, en la novela se entrecruzan y entretejen la arquitectura novelesca (finamente configurada) y las estrategias ecfr&aacute;sticas. En cuanto a la arquitectura novelesca se pueden destacar varios aspectos, entre ellos, el uso de los ep&iacute;grafes, la distribuci&oacute;n de los cap&iacute;tulos y subcap&iacute;tulos, el dise&ntilde;o de espacios altamente semiotizados (la casa, la biblioteca, el ba&ntilde;o, la cama), la definici&oacute;n de un tiempo virtual (por la continuidad que se da de <I>Elogio de la madrastra</I>), la presencia de una acci&oacute;n virtual no nombrada y enigm&aacute;tica para quien lee primero esta novela que <I>Elogio de la madrastra </I>(la relaci&oacute;n &iacute;ntima entre el ni&ntilde;o y la madrasta), y la configuraci&oacute;n de los personajes.</p>      <p>En lo que concierne a las estrategias ecfr&aacute;sicas, se destacan la relaci&oacute;n entre la car&aacute;tula y la narraci&oacute;n (la f&aacute;bula o an&eacute;cdota literaria), la correlaci&oacute;n entre cada subcap&iacute;tulo y la imagen que cierra la &uacute;ltima p&aacute;gina de cada cap&iacute;tulo, las referencias a obras de arte y su vinculaci&oacute;n con las acciones de los personajes, las comparaciones expl&iacute;citas e impl&iacute;citas entre escenas de pinturas y las situaciones en las que se ven envueltos los personajes, la presencia constante -como eje articulador- del artista austr&iacute;aco Egon Schiele y las descripciones v&iacute;vidas que, sin estar directamente relacionadas con obras art&iacute;sticas, constituyen verdades descripciones verbales de escenas ic&oacute;nicas (ecfrasis literaria).</p>      <p>En consonancia con lo anterior se puede se&ntilde;alar que lo novelesco y lo ecfr&aacute;stico se cruzan de manera singular, de ah&iacute; que podamos hablar de una estructura novelescoecfr&aacute;stica, es decir, una estructura en la que la novela, concebida como una unidad topol&oacute;gica (discursiva y materialmente) y no solo como la construcci&oacute;n de una historia de ficci&oacute;n, sienta sus bases sobre dos sistemas de significaci&oacute;n: el verbal y el ic&oacute;nico no verbal. A esto habr&iacute;a que agregar la dimensi&oacute;n material del texto (antropol&oacute;gica, ontol&oacute;gica y gnoseol&oacute;gica), en el sentido de Jes&uacute;s Maestro (96-107) y, sobre todo, la concepci&oacute;n semi&oacute;tica de marco.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Seg&uacute;n Pineda Botero, el marco de la obra literaria es un l&iacute;mite espacial que le otorga identidad al texto y al libro, pero es rebasado por el mismo texto; de ah&iacute; que el lector deba cruzar para entrar en el mundo textual propiamente dicho. "El marco es, pues, un l&iacute;mite doblemente transgredido" (38). El marco abre un espacio para la aparici&oacute;n del esp&iacute;ritu; se&ntilde;ala, exhibe y resalta la representaci&oacute;n, la hace art&iacute;stica. Y en tanto se coloca entre el interior y el exterior, es un indecible. El marco de la novela, en este caso, contribuye en el deseo semi&oacute;tico del signo natural, en el sentido que lo entiende Krieger (143). Seg&uacute;n este te&oacute;rico, la ilusi&oacute;n del signo natural se realiza cuando el medio representativo parece desaparecer: </p>  <ol>Al hablar de la ecfrasis he destacado su origen en el deseo semi&oacute;tico del signo natural. Es el deseo que prefiere la inmediatez de la imagen (picture) a la mediaci&oacute;n del c&oacute;digo, as&iacute; como el deseo -quiz&aacute;s m&aacute;s b&aacute;sico- que solicita un referente tangible, "real", que haga al signo transparente. As&iacute; la ecfrasis, como realizaci&oacute;n &uacute;ltima de estos deseos, se apoya en el pictorialismo (la creencia que el signo natural est&aacute; en la base de todas las artes) y fue una figura especialmente atractiva cuando el pictorialismo estaba en su plenitud&hellip;. A lo largo de la historia de la tentaci&oacute;n ecfr&aacute;stica, podemos notar el deseo de superar la desventaja de las palabras y el arte verbal como meros signos arbitrarios cuando los obligamos a imitar los signos naturales y el arte del signo natural en los cuales no se pueden convertir. (Krieger 144)     </ol>      <p>Este deseo de inmediatez tiene lugar en la medida que el marco de la novela, como parte constitutiva de la misma, le otorga identidad y exhibe y resalta la representaci&oacute;n. As&iacute;, la novela <I>Los cuadernos de don Rigoberto </I>est&aacute; construida narrativa y topol&oacute;gicamente, generando as&iacute; un impacto est&eacute;tico sobre el lector, impacto que lo obliga a hacer un recorrido doble (visual y verbal, narrativo e ic&oacute;nico) o, dicho en otros t&eacute;rminos, un recorrido ecfr&aacute;stico. En este sentido podr&iacute;amos decir que estamos ante una verdadera novela iconoverbal, pues los elementos que la constituyen hablan en forma simult&aacute;nea o de manera alternada, pero siempre bajo el amparo de la funci&oacute;n semi&oacute;tica de la complementariedad.</p>      <p>Y aunque para algunos te&oacute;ricos como Anna Guasch la descripci&oacute;n es el proceso m&aacute;s cercano a la apreciaci&oacute;n de las obras de arte (216), habr&iacute;a que se&ntilde;alar que en este caso se rompe la regla, y que es la instancia narrativa la que permite la claridad e inteligibilidad del medio visual a trav&eacute;s de la palabra y la recreaci&oacute;n ficcional. De ah&iacute; justamente que se genere una po&eacute;tica de la percepci&oacute;n que est&aacute; entre los umbrales de la mirada (el ojo que percibe la pintura, el dibujo o el grabado) y la informaci&oacute;n textual narrativa derivada del acto visual. Esta dimensi&oacute;n narrativa (y no solo la descriptiva) constituir&iacute;a uno de los puntos de encuentro entre la cr&iacute;tica de arte y la presencia de obras de arte (reales) en obras literarias. Es cierto que se trata de dos universos diferentes, pero si atendemos a la tesis sobre la ecfrasis literaria de Riffaterre (162) seg&uacute;n la cual la m&iacute;mesis de la ecfrasis es doble porque representa con palabras la representaci&oacute;n pl&aacute;stica, y si consideramos el planteamiento de De la Calle (78) seg&uacute;n el cual la nueva ecfrasis constituye el programa del cr&iacute;tico de arte (hacer ver, detallar, apuntar, estimular, potenciar la descripci&oacute;n), tenemos que lo que hace el autor de la novela (o, para ser m&aacute;s exactos, el narrador) es cercano a lo que hace el cr&iacute;tico: presenta una interpretaci&oacute;n, una percepci&oacute;n de la obra de arte, y esta interpretaci&oacute;n puede tener un mayor o menor grado de po&eacute;tica. La ecfrasis, sea literaria o cr&iacute;tica, ser&aacute;, en todo caso, interpretaci&oacute;n.</p>      <p>Recordemos que para Riffaterre la ecfrasis tiene como prop&oacute;sito buscar la admiraci&oacute;n, y se vale de estrategias como el encomio directo, el indirecto y la sustituci&oacute;n de m&iacute;mesis por tipos. Estas tres clases de elogios se pueden identificar claramente en la novela de Vargas Llosa. El encomio directo se puede apreciar en el cap&iacute;tulo "El juego de los cuadros": Fonchito le pide a la madrastra posar como la se&ntilde;ora del <I>Desnudo reclinado con medias verdes</I>. En este caso, las reiteradas alusiones al cuadro implican no solo la descripci&oacute;n y expansi&oacute;n l&eacute;xica, sino adem&aacute;s un discurso que se acerca a los aspectos t&eacute;cnicos del cuadro en menci&oacute;n. Por su parte el encomio indirecto es identificable en el cap&iacute;tulo "Las cositas de Egon Schiele", en el cual se aborda, a trav&eacute;s del di&aacute;logo y las descripciones de Alfonsito, la vida del artista. Se trata de una serie de exhortaciones del ni&ntilde;o que resultan en f&oacute;rmulas estereotipadas del artista: </p>      <blockquote> -Mira, madrastra -le alcanz&oacute; el peque&ntilde;o recorte-. Schiele, de chiquito.    <br> &iquest;No me le parezco?     <br> Do&ntilde;a Lucrecia examin&oacute; el esmirriado adolescente de cabellos cortos y delicadas facciones, encorsetado en un traje oscuro de principios de siglo, con una rosa en la solapa, y al que la camisa de cuello duro y la corbata pajarita parec&iacute;an sofocar.    <br> -En lo m&aacute;s m&iacute;nimo -dijo-. No te le pareces en nada.    <br> -Las que est&aacute;n a su lado son sus hermanas. Gertrude y Melanie. La m&aacute;s chica, la rubia, es la famosa Gerti.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> -&iquest;Por qu&eacute;, famosa? -pregunt&oacute; do&ntilde;a Lucrecia, inc&oacute;moda. Sab&iacute;a muy bien que iba adentr&aacute;ndose en un campo minado.    <br> -&iquest;C&oacute;mo por qu&eacute;? -se sorprendi&oacute; la carita rubicunda; sus manos hicieron un adem&aacute;n teatral-. &iquest;No sab&iacute;as? Fue la modelo de sus desnudos m&aacute;s conocidos. (35)</blockquote>      <p>Finalmente, la sustituci&oacute;n de m&iacute;mesis por tipos aparece en el cap&iacute;tulo "Fonchito y las ni&ntilde;as", en el que el hijo de don Rigoberto refiere la historia de Schiele relacionada con las ni&ntilde;as que el artista tomaba como modelos. En este caso podemos hablar, siguiendo a Riffaterre (168-169), de un elogio como resultado de una abstracci&oacute;n y simplificaci&oacute;n. De ah&iacute; que, ante la defensa que hace Alfonsito del artista, la madrastra exprese: "Los artistas son personas complicadas, que te lo explique tu pap&aacute;. No tienen que ser unos santos. No hay que idealizarlos, ni satanizarlos. Importan sus obras, no sus vidas. Lo que ha quedado de Schiele es c&oacute;mo pint&oacute; a esas ni&ntilde;as, no lo que hac&iacute;a con ellas en su estudio" (155). Hay aqu&iacute; una tipificaci&oacute;n del artista o, dicho de otra manera, una abstracci&oacute;n que reduce las obras de la vida del artista austriaco a grandes im&aacute;genes de su vida de artista.</p>      <p>Ahora bien, en la novela que nos ocupa la ecfrasis -en sus diferentes formas de aparici&oacute;n- intensifica los efectos est&eacute;ticos y novelescos de la historia contada. En este sentido, la presencia de las reproducciones en blanco y negro de los dibujos de Schiele determinar&aacute; la historia narrada en su forma y contenido, es decir, estas im&aacute;genes complementan ic&oacute;nicamente el relato verbal, y este &uacute;ltimo cromatiza discursivamente la representaci&oacute;n visual: "Mientras el discurso verbal de <I>Los cuadernos</I> se cromatiza al hacer uso de la ret&oacute;rica pict&oacute;rica, los dibujos y acuarelas de Schiele se descromatizan o verbalizan reducidas al blanco y negro de la escritura" (Mart&iacute;-Pe&ntilde;a 100).</p>      <p>En consecuencia, y de acuerdo con lo expuesto hasta aqu&iacute;, <I>Los cuadernos de don Rigoberto</I> es una novela iconoverbal gracias a, por lo menos, tres rasgos que le otorgan un sentido particular, seg&uacute;n hemos visto:</p>       <p> 1) Ecfrasis literarias de tipo dieg&eacute;tico, que se dan cuando los personajes narran y act&uacute;an la imagen, es decir, cuando la representan o imitan.</p>      <p> 2) La presencia de las im&aacute;genes de Egon Schiele, sin ning&uacute;n tipo de ficha t&eacute;cnica, lo que determina la interpretaci&oacute;n del lector, pues al no aparecer ning&uacute;n dato de las obras, estas se vinculan de manera m&aacute;s directa con la di&eacute;genes. No se trata de la imagen que ilustra el texto o del texto que comenta la imagen, en la distinci&oacute;n que hace Barthes (22), sino de una verdadera conexi&oacute;n y relaci&oacute;n de solidaridad sem&aacute;ntica desde el punto de vista de la narraci&oacute;n ecfr&aacute;stica.</p>      <p> 3) Las escenas configuradas de forma narrativa, pero que generan verdaderas escenas visuales desde el punto de vista semi&oacute;tico. Esto ocurre sobre todo gracias a las descripciones detalladas.</p>      <p>Estos tres rasgos operan en la novela de forma din&aacute;mica, otorg&aacute;ndole unidad gracias al tejido que se da entre la historia primaria (de Lucrecia, Rigoberto y Fonchito) y la secundaria (la obra de Schiele y las narrativas que ella propone). Este tejido tripartita plantea una idea de lector <I>voyeur</I> o, en el sentido de Agudelo (<I>Lector v&iacute;ctima de textos </I>118-119), de lector perverso, y esto en cuanto la intensidad de las im&aacute;genes narrativas y visuales, y el conjunto de juegos ecfr&aacute;sticos, ponen ante los ojos del lector las escenas m&aacute;s visuales e ic&oacute;nicas: el goce de la pareja de esposos producido por la acci&oacute;n de "(h)ojear los libros y grabados de pintura er&oacute;tica de la colecci&oacute;n privada de Rigoberto" (Mart&iacute;-Pe&ntilde;a 100).</p>      <p><b>A MODO DE CIERRE: IM&Aacute;GENES ART&Iacute;STICAS Y DEMENSI&Oacute;N NARRATIVA</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En este "(h)ojear" los libros de im&aacute;genes se dan, simult&aacute;neamente, cuatro acciones: hojear, ver, hablar y gozar. De acuerdo con los planteamientos de Kib&eacute;di Varga (112), estas acciones se pueden asociar con un tipo de relaci&oacute;n simult&aacute;nea, pues palabra e imagen se reciben al mismo tiempo. En este caso, no obstante, el objeto semi&oacute;tico (los libros y los grabados de pintura er&oacute;tica) aparece gracias al c&oacute;digo verbal empleado por el narrador. Aqu&iacute; hay, indudablemente, una doble traici&oacute;n ("cuando interpretamos, traicionamos", dice Kib&eacute;di 134): la de los personajes que "(h)ojean", y la del narrador que presenta, a trav&eacute;s del relato, su visi&oacute;n sobre las obras de arte. De ah&iacute; que para Riffaterre la ecfrasis comprenda una dimensi&oacute;n hermen&eacute;utica, por cuanto la interpretaci&oacute;n caracteriza por lo general las relaciones entre palabra e imagen. La ecfrasis literaria presupone un cuadro real o ficticio, una imagen del artista o un lugar com&uacute;n sobre el arte (Riffaterre161) alrededor del cual se configura el universo de ficci&oacute;n novelesca.</p>      <p>En la arquitectura novelesca de <I>Los cuadernos de don Rigoberto</I> se aprecia claramente una intenci&oacute;n textual de cooperaci&oacute;n de los c&oacute;digos no verbales (im&aacute;genes, pinturas, grabados) y los c&oacute;digos verbales (narraciones, historias y an&eacute;cdotas sobre la vida de Egon Schiele), configurando de esta manera una unidad narrativa intrincada. En este sentido, y tal como se ha mostrado aqu&iacute;, en la novela predomina el encomio a trav&eacute;s de un discurso laudatorio evidente principalmente en la actitud de Fonchito, y por medio de f&oacute;rmulas y juicios de valor basados en principios est&eacute;ticos expl&iacute;citos y conocimientos enciclop&eacute;dicos sobre la vida de los artistas. Para lograr este cometido, la novela de Mario Vargas Llosa acude a indicios metaling&uuml;&iacute;sticos como t&iacute;tulos de obras y g&eacute;neros art&iacute;sticos, temas (lo er&oacute;tico), alusiones t&eacute;cnicas (en Fonchito) e identificaci&oacute;n de la sustituci&oacute;n de la descripci&oacute;n por el discurso hermen&eacute;utico (los comentarios e interpretaciones sobre las obras). En la novela se pueden identificar dos grandes ejes de esta sustituci&oacute;n. Por un lado, las explicaciones de orden hist&oacute;rico y t&eacute;cnico realizadas por Alfonsito, y los comentarios o nuevas representaciones del sentido de una obra de arte hechos por Rigoberto y Lucrecia en sus enso&ntilde;aciones y juegos er&oacute;ticos.</p>      <p>Estos comentarios o interpretaciones propician la desaparici&oacute;n de la obra visual, pues el lector de la novela no tiene en frente suyo la pintura, sino una sustituci&oacute;n descriptiva, narrativa y ficcional. De hecho, la presencia de las im&aacute;genes al final cumple una funci&oacute;n an&aacute;loga, dada la ausencia de color o de cualquier dato que la conecte con una ubicaci&oacute;n temporal, geogr&aacute;fica o t&eacute;cnica. Solo es viable una relaci&oacute;n: las im&aacute;genes que aparecen a lo largo del libro son de Egon Schiele, y de este se sabe, a lo largo de la novela, lo que dice Fonchito de &eacute;l.</p>      <p>Por otra parte, a esta sustituci&oacute;n contribuyen los cuadernos en los cuales don Rigoberto hace sus anotaciones. Los cuadernos se asocian por lo general a los estudiantes, y en la novela el &uacute;nico estudiante, en sentido estricto, es Alfonso, que utiliza una libreta para sus dibujos. No obstante, el cuaderno asociado con el padre del ni&ntilde;o configura una imagen correlativa a su propia concepci&oacute;n de vida: "No es el mundo de bellacos semovientes del que usted y yo formamos parte el que me interesa, el que me hace gozar y sufrir, sino esa mir&iacute;ada de seres animados por la imaginaci&oacute;n, los deseos y la destreza art&iacute;stica, presentes en esos cuadros, libros y grabados que con paciencia y amor de muchos a&ntilde;os he conseguido reunir" (19). Como puede verse, no se trata solo de una actitud libresca, como se la encuentra en otros famosos y conocidos personajes de la literatura universal, sino de una actitud frente a la vida y de una concepci&oacute;n de arte. Hay una dimensi&oacute;n est&eacute;tica en esta concepci&oacute;n, y es aqu&iacute;, justamente, donde la ecfrasis literaria adquiere una dimensi&oacute;n particular, resaltando as&iacute; la arquitectura novelesca e incrementando los valores art&iacute;sticos y est&eacute;ticos de la obra.</p>      <p>Con lo dicho, no se trata aqu&iacute;, por supuesto, de sentar unas bases sobre los elementos caracterol&oacute;gicos del personaje ni de identificar los posibles encomios o exhortaciones (recurriendo a f&oacute;rmulas y estereotipos est&eacute;ticos) presentes en la obra literaria, sino de mostrar c&oacute;mo la presencia de las im&aacute;genes art&iacute;sticas (que tienen una existencia real o un asidero en la realidad) determina la dimensi&oacute;n narrativa. Ahora bien, estamos ante una correlaci&oacute;n intersist&eacute;mica que desplaza hasta cierto punto el lugar omnipresente de la letra en la escritura literaria y le otorga, a cambio, un emplazamiento todav&iacute;a m&aacute;s rico por cuanto la visualidad interconecta sentidos que complejizan la arquitectura novelesca a trav&eacute;s de la presencia de im&aacute;genes: </p>  <ol>Necesariamente, toda obra se encuentra en el medio justo de una macroestructura, descrita por c&iacute;rculos conc&eacute;ntricos o series -literaria, cultural e hist&oacute;rica respectivamente-, que la determina. Por utilizar una terminolog&iacute;a semi&oacute;tica, actualmente el sistema literario en v&iacute;as de canonizaci&oacute;n discurre por los cauces de un repertorio&hellip; cuyas propiedades se configuran en torno a las interferencias de sistemas perif&eacute;ricos literarios y no literarios. Las correlaciones intersist&eacute;micas que se producen en el polisistema de la cultura mosaico (descrito por un conjunto abigarrado de fragmentos dispersos) colapsan el modelo de la letra escrita, hist&oacute;ricamente asentado, y favorecen un desplazamiento centr&iacute;peto de sistemas de comunicaci&oacute;n no verbal. (De Amo y Saiz 48)     </ol>      <p>La im&aacute;genes, dibujos y pinturas aludidos o descritos en <I>Los cuadernos de don Rigoberto</I> construyen un espacio escenogr&aacute;fico que se va cargando sem&aacute;nticamente a partir de la alusi&oacute;n permanente al artista Egon Schiele y tambi&eacute;n gracias a las acciones y discurso de los personajes. De esta manera, tanto la representaci&oacute;n ficcional de los personajes principales como de la figura del artista austriaco que gravita alrededor de aquellos evidencia un denominador com&uacute;n: la motivaci&oacute;n de acciones pasionales y est&eacute;ticas, como si Rigoberto, Lucrecia y Alfonso estuvieran dise&ntilde;ados a partir de la significaci&oacute;n derivada de la funci&oacute;n simb&oacute;lica de las pinturas y dibujos; como si ellos, personajes de ficci&oacute;n, surgieran de la ficci&oacute;n de las artes visuales. De ah&iacute; la aparente necesidad de crear una percepci&oacute;n en la que, dos mundos separados (Lucrecia y Rigoberto, imagen y palabra) crucen la frontera invisible del arte. Aqu&iacute; se produce un enfrentamiento, ya no contra la falsedad o inutilidad del arte, contra la miseria de los s&iacute;mbolos ni contra la anacr&oacute;nica y anticuada revelaci&oacute;n de los sentidos, sino contra el poder de la ficci&oacute;n que ofrece una multiplicidad de puntos de vista (de los personajes, las im&aacute;genes, los cuadernos, el narrador), abriendo un concierto polif&oacute;nico de voces en el que la imagen visual y pl&aacute;stica se pliega sobre s&iacute; misma para determinar un tipo de novela que habla ya no solo con las palabras que emigran de la boca, sino tambi&eacute;n con las im&aacute;genes que se escapan de los ojos.</p>  <hr>      <p><b>Notas</b></p>      <p><Sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></Sup>  Para &Aacute;ngel Garrido la novela, adem&aacute;s de los elementos esenciales (personajes, acci&oacute;n, tiempo y espacio), tiene una dimensi&oacute;n est&eacute;tica definida en buena parte por el uso del lenguaje y la manera como el novelista se sirve del material de la historia (19-44, 307). Por su parte, Del Prado Biezma considera determinante del g&eacute;nero, conjuntamente con la poeticidad y discursividad, la instancia de la narratividad, es decir, la organizaci&oacute;n del lenguaje que permite referir acontecimientos mediante una din&aacute;mica evenemencial (32).</p>      <p><Sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></Sup>  Lo "novelar" alude a contar o referir una historia al modo de una novela; en este sentido, el t&eacute;rmino est&aacute; relacionado con evocar, so&ntilde;ar, fantasear, idear, inventar. Por su parte lo "novelesco" tiene un origen similar a "rom&aacute;ntico", que proviene del franc&eacute;s <I>romantique </I>(novelesco, rom&aacute;ntico). Lo novelesco, si bien es lo relativo a la novela, est&aacute; asociado a aspectos de la fabulaci&oacute;n y de las ideaciones rom&aacute;nticas. Desde el punto de vista hist&oacute;rico, la palabra novela deriva del italino <I>novella </I>(noticia, relato imaginario) que deriva a su vez del lat&iacute;n<I> nova</I>, cuyo significado es nueva. Es significativo tambi&eacute;n el hecho de que en espa&ntilde;ol "novela" designaba lo que se conoce como "novela corta", y el t&eacute;rmino <I>romance</I>, que designaba "novela", se especializ&oacute; para definir una combinaci&oacute;n po&eacute;tica de versos pares con rima asonante, de modo que la palabra que defin&iacute;a "novela corta" pasa a significar lo que en franc&eacute;s se conoc&iacute;a como <I>roman </I>(novela, sin el calificativo "corta"). Si bien son importantes las determinaciones etimol&oacute;gicas, todav&iacute;a m&aacute;s importantes resultan para el estudio de la novela contempor&aacute;nea las acepciones que entran y dinamizan el imaginario colectivo, como "novelar" y "novelesco", sobre todo a la hora de analizar obras con niveles altos de experimentaci&oacute;n t&eacute;cnicas como las de Vargas Llosa, un maestro e innovador de la composici&oacute;n novel&iacute;stica.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><Sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></Sup>  El tercer cap&iacute;tulo de esta novela relata y describe el minucioso aseo que hace don Rigoberto de sus orejas. Hay un predominio de los estados interiores del personaje en relaci&oacute;n con las sensaciones corporales, as&iacute; como alusiones er&oacute;ticas. A diferencia de lo que ocurre en los dos primeros cap&iacute;tulos, no hay referencia directa a obras de arte, pero s&iacute; una serie de descripciones que generan im&aacute;genes v&iacute;vidas. En este sentido, y tal como expone Mitchell, las palabras describen estados espaciales y objetos (se puede agregar: situaciones) (158), de modo que aqu&iacute;, en la ecfrasis novelesca, el mensaje es el objeto de referencia o la representaci&oacute;n visual misma, materializada en la descripci&oacute;n que hace el narrador de la situaci&oacute;n del personaje, el espacio en el que se asea y los elementos que se describen.</p>      <p><Sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></Sup>  Este concepto, seg&uacute;n Agudelo (<I>Los ojos de la palabra </I>76), no solo tiene una historia desde el punto de vista etimol&oacute;gico, sino que adem&aacute;s ha mutado en un proceso que va de la ret&oacute;rica antigua a la actual cr&iacute;tica literaria. En este proceso ha sido objeto de inter&eacute;s para la cr&iacute;tica del arte y la literatura, la ret&oacute;rica y en menor medida los estudios del lenguaje. Aqu&iacute; abordaremos los dos caminos de comprensi&oacute;n de la ecfrasis literaria: reducida a la imagen art&iacute;stica, no reducida a la imagen art&iacute;stica (<I>Los ojos de la palabra </I>80), y lo haremos siguiendo algunas de las estrategias derivadas de la semi&oacute;tica literaria, la narratolog&iacute;a y la ret&oacute;rica.</p>      <p><Sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></Sup>  Recu&eacute;rdese la tesis de Ra&uacute;l Dorra seg&uacute;n la cual se puede describir sin narrar pero no se puede narrar sin describir. Esto a todas luces constituye una herramienta te&oacute;rica de gran alcance en la comprensi&oacute;n de la ecfrasis literaria en el sentido amplio que la entienden autores como Mitchell. Este te&oacute;rico reconoce las relaciones entre el lenguaje verbal y el visual. As&iacute;, por ejemplo, una pintura puede contar una historia, ofrecer argumentos y significar ideas abstractas (Mitchell 158). En el cap&iacute;tulo referido, la imagen se construye, sobre todo, por la potencia descriptiva presente en la narraci&oacute;n de do&ntilde;a Lucrecia, y en el paralelismo que se genera gracias a la presencia de un narrador externo, heterodieg&eacute;tico. Se genera de esta manera una relaci&oacute;n entre ecfrasis y deseo (Mitchell 181), la cual presenta el objeto ecfr&aacute;stico como un objeto potencial de fantas&iacute;a er&oacute;tica.</p>  <hr>      <p><b>BIBLIOGRAF&Iacute;A</b></p>      <!-- ref --><p> Agudelo, Pedro. <I>Lector v&iacute;ctima de textos. Lectura literaria y ficci&oacute;n</I>. Bogot&aacute;: Editorial Planeta Colombiana, 2012. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S2145-8987201300010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>---. "Los ojos de la palabra. La construcci&oacute;n del concepto de ecfrasis, de la ret&oacute;rica antigua a la cr&iacute;tica literaria". <I>Ling&uuml;&iacute;stica y Literatura </I>60 (2011): 75-92. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S2145-8987201300010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>&Aacute;ngel Garrido, Miguel. <I>Nueva introducci&oacute;n a la teor&iacute;a de la literatura</I>. Madrid: Editorial S&iacute;ntesis, 2001. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S2145-8987201300010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Argan, Giulio Carlo. <I>Arte e Critica d'Arte</I>. Roma-Bari: Laterza, 1984. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S2145-8987201300010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Barthes, Roland. <I>Lo obvio y lo obtuso. Im&aacute;genes, gestos, voces</I>. Trad. C. Fern&aacute;ndez Medrano. Barcelona: Paid&oacute;s, 1986. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S2145-8987201300010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bobes, Mar&iacute;a del Carmen. <I>Teor&iacute;a general de la novela: semiolog&iacute;a de La Regenta</I>. Madrid: Gredos, 1981. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S2145-8987201300010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Bourneuf, Roland y Ouellet, Real. <I>La novela</I>. Trad. Enric Sull&aacute;. Barcelona: Ariel, 1989. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S2145-8987201300010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Brioschi, Franco y Di Girolamo, Constanzo. <I>Introducci&oacute;n al estudio de la literatura.</I> Trad. Carlos Va&iacute;llo. Barcelona: Ariel, 1992. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S2145-8987201300010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>De Amo S&aacute;nchez-Fort&uacute;n, Jos&eacute; Manuel y Josefa Saiz Valc&aacute;rcel. "Del icono verbal a la pr&aacute;ctica audiovisual: mecanismos de transcodificaci&oacute;n". <I>REV-LYT</I> 16 (2000): 47-60. Web. 20 de noviembre 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S2145-8987201300010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>De La Calle, Rom&aacute;n. "El espejo de la <I>Ekphrasis</I>. M&aacute;s ac&aacute; de la imagen. M&aacute;s all&aacute; del texto". <I>Escritura e imagen 1</I> (2005): 59-81. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S2145-8987201300010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Del Prado Biezma, Javier. <I>An&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n de la novela. Cinco modos de leer un texto narrativo</I>. Madrid: Editorial S&iacute;ntesis, 1999. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S2145-8987201300010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Dorra, Ra&uacute;l. "La actividad descriptiva de la narraci&oacute;n". <I>Teor&iacute;a semi&oacute;tica. Lenguajes y textos hisp&aacute;nicos</I>. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cient&iacute;ficas, 1984. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S2145-8987201300010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Guasch, Anna. <I>La cr&iacute;tica de arte: historia, teor&iacute;a y praxis</I>. Barcelona: El Serbal, 2003. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S2145-8987201300010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Iser, Wolfgang. <I>El acto de leer: teor&iacute;a del efecto est&eacute;tico.</I> Trad. Manuel Barbeito. Madrid: Taurus, 1987. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S2145-8987201300010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Kib&eacute;di Varga, &Aacute;ron. "Criterios para describir las relaciones entre palabra e imagen". <I>Literatura y pintura.</I> Comp. Antonio Monegal. Trad. Carles Besa. Madrid: ArcoLibros, 2000. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S2145-8987201300010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Krieger, Murray. "El problema de la ecfrasis: im&aacute;genes y palabras, espacio y tiempo -y la obra literaria-. <I>Literatura y pintura.</I> Comp. Antonio Monegal. Trad. Carles Besa. Madrid: ArcoLibros, 2000: 139-160. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S2145-8987201300010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Maestro, Jes&uacute;s. <I>Idea, concepto y m&eacute;todo de la Literatura Comparada desde el Materialismo Filos&oacute;fico como Teor&iacute;a de la Literatura</I>. Pontevedra: Editorial Academia del hispanismo, 2008. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S2145-8987201300010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Manguel, Alberto. <I>Lecturas sobre la lectura. </I>M&eacute;xico: Editorial Oc&eacute;ano, 2001. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S2145-8987201300010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Mart&iacute;-Pe&ntilde;a, Guadalupe. "Egon Schiele y <I>Los cuadernos de don Rigoberto</I> de Mario Vargas Llosa: iconotextualidad e intermedialidad". <I>Revista Iberoamericana</I> 190 (2000): 93-111. Web. 3 de diciembre 2012.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S2145-8987201300010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Mitchell, William. "Ekphrasis and the Other". <I>Picture theory. </I>Chicago: Universidad de Chicago, 1994: 151-181. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S2145-8987201300010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Pineda, &Aacute;lvaro. <I>Teor&iacute;a de la novela</I>. Bogot&aacute;: Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1987. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S2145-8987201300010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Riffaterre, Michael. "La ilusi&oacute;n de ecfrasis". <I>Literatura y pintura.</I> Comp. Antonio Monegal. Trad. Carles Besa. Madrid: ArcoLibros, 2000. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S2145-8987201300010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Sontag, Susan. <I>Contra la interpretaci&oacute;n</I>. Trad. Horacio V&aacute;zquez Rial. Barcelona: Seix BarraI, 1969. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S2145-8987201300010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Vargas Llosa, Mario. <I>Los cuadernos de Don Rigoberto. </I>Madrid: Santillana, 1997. Impreso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S2145-8987201300010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>      <p align="right">Fecha de recepci&oacute;n: 15 de febrero de 2013    <br> Fecha de aceptaci&oacute;n: 15 de mayo de 2013    <br> Fecha de modificaci&oacute;n: 27 de mayo de 2013</p>   </font>      ]]></body><back>
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