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<journal-title><![CDATA[Revista Colombiana de Psiquiatría]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[MUJER, BELLEZA Y PSICOP PSICOPATOLOGATOLOGÍA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[WOMEN, BEAUTY AND PSYCHOPATHOLOGY]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidades C.E.S. y San Buenaventura  ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The beauty is universal part of the human experience. It has been shown that its perception brins pleasure, while increasing probability of mating. Sensitivity to beauty has its philogenetically determined brain structures, and also sociocultural aspects. Recent studies show that lack of physical attractiveness and distortion of body image are risk factors for psychopathology. Women?s aesthetic attributes have been assesed from different optics, but popularization the beauty began with feminine magazines, audiovisual media and cyberspace. From them on, unattainable beauty models have been created and woman live under the tyranny of «beauty», in search of «body perfection». This paper poses that when beauty is overvalued and distorted, it may be related to psychopathology.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Imagen corporal]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Psicopatología]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Body Image]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Psychopathology]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="right"><b>ART&Iacute;CULO DE REVISI&Oacute;N</b></p>     <p align="center"><font size="4"><b>MUJER, BELLEZA Y PSICOP PSICOPATOLOGATOLOG&Iacute;A</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>WOMEN, BEAUTY AND PSYCHOPATHOLOGY</b></font></p>     <p> <b>IRIS LUNA MONTA&Ntilde;O *</b></p>     <p>* Psiquiatra U.P.B., Docente de catedra Universidades C.E.S. y San Buenaventura,    Medellin .</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p> La belleza es parte universal de la experiencia humana y se ha comprobado    que la percepci&oacute;n de la misma proporciona placer a los sentidos e incrementa    la probabilidad de apareamiento. La sensibilidad a la belleza es proporcionada    por estructuras cerebrales filogen&eacute;ticamente determinadas, as&iacute;    como tambi&eacute;n por aspectos socioculturales.</p>     <p> Estudios recientes muestran que la falta de atractivo f&iacute;sico y la distorsi&oacute;n    de la imagen corporal se convierten en factores de riesgo de psicopatolog&iacute;a.    Los atributos est&eacute;ticos femeninos han sido evaluados con diferentes &oacute;pticas    a trav&eacute;s de los tiempos, pero la popularizaci&oacute;n de la belleza    por medio de revistas femeninas, medios audiovisuales y ahora el ciberespacio    ha difundido y complicado el concepto de est&eacute;tica femenina. Se han creado    modelos de belleza inalcanzables, y la mujer se ha sometido a la tiran&iacute;a    de su &quot;belleza&quot; en b&uacute;squeda de la &laquo;perfecci&oacute;n    corporal&raquo;.</p>     <p> En este articulo&nbsp; se plantea como la belleza sobrevalorada y distorsionada    puede relacionarse con psicopatolog&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <b>Palabras clave</b>: Imagen corporal; Psicopatolog&iacute;a.</p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p> The beauty is universal part of the human experience. It has been shown that    its perception brins pleasure, while increasing probability of mating. Sensitivity    to beauty has its philogenetically determined brain structures, and also sociocultural    aspects.</p>     <p> Recent studies show that lack of physical attractiveness and distortion of    body image are risk factors for psychopathology. Women?s aesthetic attributes    have been assesed from different optics, but popularization the beauty began    with feminine magazines, audiovisual media and cyberspace. From them on, unattainable    beauty models have been created and woman live under the tyranny of &laquo;beauty&raquo;,    in search of &laquo;body perfection&raquo;.</p>     <p> This paper poses that when beauty is overvalued and distorted, it may be related    to psychopathology.</p>     <p> <b>Key Words</b>: Body Image; Psychopathology. </p>     <p>&nbsp;</p> <hr size="1"> </font>     <p align="right"><font size="2" face="verdana">&quot; S&iacute;, ya lo s&eacute;.    No ten&eacute;is ni la menor idea de lo que digo. La belleza ha desaparecido    hace tiempo. Se ha deslizado bajo la superficie del ruido, el ruido de las palabras,    el auge de los estereotipos, hundida en las profundidades como la Atl&aacute;ntida.    Lo &uacute;nico que queda de ella es la palabra, cuyo significado pierde claridad    de un a&ntilde;o para otro&quot;</font></p>     <p align="right"><font size="2" face="verdana"> Milan Kundera</font></p> <font face="verdana" size="2">     <p> Cuando Ruth y Elliot Handler dise&ntilde;aron a Barbie hace m&aacute;s de    cuarenta a&ntilde;os, no imaginaron el impacto social y cultural que dicha figura    tendr &iacute;a entre la poblaci&oacute;n femenina occidental y su posible repercusi&oacute;n    en la estructuraci&oacute;n psicol&oacute;gica de la imagen corporal. Brownell    y Cols., estudiaron las proporciones de talla, peso y contornos f&iacute;sicos    de Barbie y Kent, y encontraron que dichos modelos son poco realistas y pueden    alterar la sensibilidad est&eacute;tica de los ni&ntilde;os (1, 2). Hoy sabemos    que la carencia de atractivo f&iacute;sico y la distorsi&oacute;n de la imagen    corporal constituyen factores de riesgo para psicopatolog &iacute;a (3).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> La belleza es parte universal de la experiencia humana y, como se ha demostrado,    su percepci&oacute;n produce placer e incrementa la probabilidad de apareamiento    (4). La susceptibilidad a ella est&aacute; regida tanto por estructuras cerebrales    filogen&eacute;ticamente determinadas como por aspectos culturales(5).</p>     <p> Los atributos est&eacute;ticos de la mujer han sido vistos desde diferentes    &oacute;pticas a trav&eacute;s de los tiempos. Lipovetsky se- &ntilde;ala tres    per&iacute;odos sociohist&oacute;ricos en los que ubica lo que el llama la primera,    segunda y tercera mujer (6). La primera mujer se desarroll&oacute; desde la    antig&uuml;edad hasta el per&iacute;odo del Renacimiento, donde la belleza femenina    fue vista como sin&oacute;nimo de tentaci &oacute;n y maldad (7). La segunda    mujer se despleg&oacute; desde el renacimiento hasta el siglo XIX, y la imagen    femenina fue reconocida como el &quot;bello sexo&quot;: mujer &iacute;cono y    personificaci&oacute;n suprema de la beldad. La tercera mujer, la actual, se    ha venido desarrollando desde el siglo XX en un intento de igualarse a los hombres    (8). Tal como dice la antrop&oacute;loga Helen Fisher, la mujer de esta etapa    es considerada &quot; el primer sexo&quot;, un g&eacute;nero capaz de enfrentar    con igual o mayor eficiencia que el hombre los dilemas econ&oacute;micos, culturales    y sociales vigentes (9). Sin embargo, este despliegue de autonom&iacute;a parece    restringirse y limitarse cuando la est&eacute;tica corporal est&aacute; en juego.</p>     <p> La popularizaci&oacute;n de la belleza se inici &oacute; a principios del    siglo XX con la aparici&oacute;n de infinidad de revistas femeninas, el acceso    a los medios audiovisuales y el ciberespacio. Desde entonces, la mujer se ha    sometido a una transformaci&oacute;n inclemente del cuerpo, al despotismo de    la esbeltez y a un consumismo ce&ntilde;ido a unas normas est&eacute;ticas mutantes,    mutiladoras y de reemplazo. En esta propuesta de &quot;perfecci&oacute;n corporal&quot;,    los tratamiento de belleza van desde la l&oacute;gica decorativa (maquillaje    o camuflaje), hasta la l&oacute;gica de la reestructuraci &oacute;n est&eacute;tica    (cirug&iacute;as), pasando por la antigua ortopedia est&eacute;tica (fajas y    rellenos), dietas, fisicoculturismo y disciplinas sobre-humanas.</p>     <p>      <p>        <center>     <a name="f1"><img src="img/revistas/rcp/v30n4/v30n4a06f1.gif"></a>    </center> </p>     <p>La tecnolog&iacute;a ha tratado de ofrecer adem&aacute;s nuevas opciones de    mutaci&oacute;n corporal: los &quot;Morfos&quot;. El &quot;morphing &quot; es    un procedimiento infogr&aacute;- fico que permite transformar unas formas en    otras utilizando t&eacute;cnicas digitales (10). En la obra, El mito de la Belleza,    Naomi Wolf se&ntilde;ala que en la cibercultura los sistemas digitales han creado    modelos de belleza posthumanos, &quot; morfos&quot;, que hacen que el imaginario    de la mujer se desplace cada vez m&aacute;s hacia una realidad virtual patol&oacute;gica    (11).</p>     <p> Hay casos dram&aacute;ticos que ilustran &eacute;stas tendencias actuales.    Cindy Jackson ha padecido 22 cirug&iacute;as est&eacute;ticas para igualar a    la Barbie con resultados desastrosos. Michael Jackson se ha reconstruido y despigmentado    buscando una mutaci&oacute;n racial infructuosa. Y la controversial artista    francesa Orlan, se ha sometido a 8 cirug &iacute;as p&uacute;blicas, buscando    transformar su rostro en un collage de rostros renacentistas: la frente de la    Gioconda, los ojos de la Psique de Jerome, la barbilla de la Venus de Botticelli    y la boca de la Europa de Boucher, llamando a su obra &quot;la reencarnaci&oacute;n    de santa Orlan&quot; y constituy&eacute;ndose, seg&uacute;n ella, en arte vivo    (12). Dentro de estos mutantes postmodernos se puede citar tambi&eacute;n a    la celebre Jocelyne Wildenstein, quien alcanz&oacute; su objetivo de transformarse    en la &quot;leona Humana&quot; despu&eacute;s de 59 operaciones y a la llamada    &quot; reina del escalpelo&quot;, Juliana Borges (miss Brasil) quien aspiraba    a la corona de se&ntilde;orita Universo luego de realizarse 23 peque&ntilde;as    correcciones a su anatom&iacute;a.</p>     <p> Cabr&iacute;a preguntarse hasta que punto las concepciones culturales de la    belleza y la valoraci&oacute;n que hace el sujeto de la misma, determinan la    aparici &oacute;n de los trastornos psiqui&aacute;tricos relacionados con la    imagen corporal, y cual ser&iacute;a el peso de esta variable social/cognitiva    dentro de las clasificaciones categoriales m&aacute;s empleadas en la actualidad    (DSM-IV-TR y CIE-10), como por ejemplo: los Trastornos de la conducta alimentaria    (anorexia nerviosa, bulimia nerviosa), los Trastornos somatomorfos (Trastorno    dism&oacute;rfico corporal, TDC) y el Trastorno delirante de tipo som&aacute;tico    (13).</p>     <p> En 1992, Kevin J. Thompson, propuso una clasificaci&oacute;n comprensiva a    partir del concepto de imagen corporal, donde inclu&iacute;a el Trastorno de    la imagen corporal , definido por Rosen como la insatisfacci&oacute;n relacionada    con alg&uacute;n aspecto de la apariencia f&iacute;- sica, menos dram&aacute;tica    y aparentemente m&aacute;s benigna que el TDC, pero igualmente incapacitante    para el paciente en las &aacute;reas social y ocupacional (14).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> El TDC fue reconocido como entidad independiente en el DSM-III-R (1987) y    fue definido como la preocupaci&oacute;n por un defecto f&iacute;sico imaginado    o la focalizaci&oacute;n exagerada hacia una ligera anomal&iacute;a f&iacute;sica    del paciente (15). Cien a&ntilde;os antes, Enrico Morselli, hab &iacute;a llamado    al mismo cuadro: Dismorfofobia (miedo a la fealdad) (16), y un poco despu&eacute;s,    Pierre Janet, habl&oacute; de &quot;obsesi&oacute;n con verg&uuml;enza corporal    &quot;(17).</p>     <p> No obstante su reconocimiento como entidad, el TDC es un cuadro que presenta    alta comorbilidad con otras alteraciones, como fobia social, depresi &oacute;n    mayor, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de alimentaci&oacute;n, entre    otras (18). Tambi&eacute;n se ha tratado de establecer un l&iacute;mite entre    el TDC y las llamadas preocupaciones ?normales ? de la apariencia f&iacute;sica,    mostrando que esta delimitaci&oacute;n no es clara y parecer&iacute;a hacer    m&aacute;s referencia a la intensidad de los s&iacute;ntomas que a la tipolog&iacute;a    del trastorno. Muchos de los pacientes con problemas de autoimagen, que cumplen    los criterios diagn&oacute;sticos para TDC, asisten a los centros de est&eacute;tica,    se someten a las intervenciones quir&uacute;rgicas correctivas y muestran comportamientos    de b&uacute;squeda de soluci&oacute;n al igual que gran parte de la poblaci&oacute;n    llamada normal.</p>     <p> Seg&uacute;n Rosen, el TDC es una intensificaci &oacute;n de las ?preocupaciones    normales ?, lo cual estar&iacute;a hablando de un continuo m&aacute;s que de    una separaci&oacute;n dicot&oacute;mica, donde el factor com&uacute;n m&aacute;s    determinante estar&iacute;a en la concepci &oacute;n aprendida, exaltada e hipervalorada    de la belleza (19). Desde un punto de vista cognitivo, podr&iacute;a decirse    que el aprendizaje social distorsionado de la belleza, genera una discrepancia    entre la imagen corporal ?ideal? y la imagen corporal ?real? (20), la que se    manifiesta en un autoesquema de defectuosidad/verg&uuml;enza, seg&uacute;n Yung    (21), o en esquemas de contenido negativo, seg&uacute;n Beck (22).</p>     <p> Debido a que los pacientes con TDC carecen de una buena introspecci&oacute;n    y suelen atribuir su problema m&aacute;s a factores biol&oacute;gicos que psicol&oacute;gicos,    prefieren recurrir a la tecnolog&iacute;a que ofrece la cultura del morfo. Esto    ha creado una evidente dificultad a la hora de interpretar los datos demogr    &aacute;ficos (23), ya que estos pacientes no acuden tanto al psiquiatra o al    psic&oacute;- logo como a los ortodoncistas, cirujanos est&eacute;ticos y dermat&oacute;logos.    Debido a esto, m&aacute;s el hecho antes mencionado de que posiblemente exista    un grado leve del TDC que pasa desapercibido, es probable que la prevalencia    sea mucho mayor de lo que se supone: se estima en estudios no cl&iacute;- nicos    es de 1.9% , y un estudio reciente calcula el 1.5% para la mujer y menos del    1% en el hombre(24).</p>     <p> Resulta evidente que una visi&oacute;n m&aacute;s completa e integrativa del    TDC debe incluir, adem&aacute;s de los aspectos neurobiol &oacute;gicos, las    variables cognitivas y de aprendizaje social, lo cual nos ubicar&iacute;a nuevamente    en el tema de la belleza como valor omnipresente en los medios de comunicaci&oacute;n    de masas, la Barbie los&nbsp;morfos&nbsp;y&nbsp;otros exabruptos&nbsp;contempor&aacute;neos.&nbsp;</p></p>      <p><font size="3"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Brownell KD, Napolitano MA. (1995) Distorting reality for children: body    size proportions of Barbie and Ken Dolls. Int J Eat Dis; 18: 295-982.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0034-7450200100040000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Morant H. (2000) BMA demands more responsive media attitude on body image    . BMJ; 320: 149-153.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000040&pid=S0034-7450200100040000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Cash TF (1990) in Cash TF, Body images: Development,Deviance,and Change.    The psychology of physical appearance: Aesthetics, Attributes and images; Pruzinsky    T (eds). New York: Guilford Press; 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0034-7450200100040000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Dion KK, Dion KL (1995). In The social psychologists: Research Adventures,    On the love of beauty and the beauty of love. Brannigan GG, Merrens MR (eds).    New York: Mc Graw-Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000042&pid=S0034-7450200100040000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Etcoff Nancy. La supervivencia de los mas guapos, La Ciencia de la Belleza    , Introducci&oacute;n: in La Naturaleza de la Belleza. Madrid: Editorial Debate;    2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0034-7450200100040000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. Lipovetsky Guilles. La Tercera Mujer. Barcelona: Editorial Anagrama; 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000044&pid=S0034-7450200100040000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Bram Dijkstra. &Iacute;dolos de Perversidad, La imagen de la mujer en la    cultura del fin de siglo. Las Flores venenosas; las m&eacute;nades de la decadencia    y el t&oacute;rrido gimoteo de las sirenas. Madrid: Debate; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0034-7450200100040000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Bram Dijkstra. &Iacute;dolos de Perversidad, La imagen de la mujer en la    cultura del fin de siglo, Arrebatos de sumisi&oacute;n: La guardiana del alma    y el culto a la monja del hogar. Madrid: Debate; 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000046&pid=S0034-7450200100040000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Fisher Helen. El Primer Sexo. Madrid: Taurus; 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0034-7450200100040000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Wolf Naomi (1992) The Beauty mith: How images of the beauty are used against    women, Anchor (eds), New York.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000048&pid=S0034-7450200100040000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 11. Dery Mark. Velocidad de Escape, La cibercultura de final de siglo, La    pol&iacute;tica Ciborg del cuerpo :Cuerpos obsoletos y Seres posthumanos. Madrid:    Siruela; 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0034-7450200100040000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 12. Angier Natalie. Mujer, una geograf&iacute;a &iacute;ntima. Madrid: Debate;    1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000050&pid=S0034-7450200100040000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Thompson J. Kevin. Exacting Beauty, Washington: American Psychological    Asociation; 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0034-7450200100040000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 14. Caballo Vicente E. Manual para el tratamiento cognitivo- conductual de    los trastornos psicol&oacute;gicos; Volumen 1, Tratamiento cognitivo conductual    para el Trastorno dism&oacute;rfico corporal, Siglo XXI 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000052&pid=S0034-7450200100040000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 15. American Psychiatric Association (APA) (1987) . 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