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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Rosas, Alejandro (ed.). Filosofía, Darwinismo y Evolución. Bogotá: Unibiblos, Universidad Nacional de Colombia, 2007. 346 p]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Rosas, Alejandro (ed.). Filosof&iacute;a,     Darwinismo     y Evoluci&oacute;n. Bogot&aacute;:     Unibiblos, Universidad Nacional de   Colombia, 2007. 346 p</b>.</font></p> <font face="verdana" size="2">    <p><b>Favio Gonz&aacute;lez</b></p>     <p>   Universidad Nacional de Colombia   <a href="mailto:fagonzalezg@unal.edu.co">fagonzalezg@unal.edu.co</a></p> </font>      <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   When on board H. M. S.&acute;Beagle,&acute; as naturalist,   I was much struck with certain facts in   the distribution of the inhabitants of South   America, and in the geological relations of   the present to the past inhabitants of that   continent. These facts seemed to me to   throw some light on the origin of the species &ndash; that mystery of mysteries, as it has been called by one of our greatest philosophers. (Darwin 1859)</p>     <p>   Recurro a estas dos frases para iniciar la   presentaci&oacute;n del libro Filosof&iacute;a, Darwinismo   y Evoluci&oacute;n. Son las dos primeras frases   de una de las obras m&aacute;s revolucionarias   en la historia del pensamiento occidental, El   Origen de las Especies. Casualmente estas   dos frases mencionan a Suram&eacute;rica y a los fil&oacute;sofos.   No obstante, el contexto ha cambiado   radicalmente en estos 149 a&ntilde;os, no s&oacute;lo porque   como suramericanos ya no somos los objetos   de estudio, como en ese entonces, sino   porque, adem&aacute;s, son nuestros propios fil&oacute;sofos   (y no los fil&oacute;sofos europeos) quienes nos congregan en el libro que comento.</p>     <p>   El libro, editado por el profesor Alejandro   Rosas del Departamento de Filosof&iacute;a de la   Universidad Nacional de Colombia, est&aacute; dividido   en tres secciones: la primera titulada   Selecci&oacute;n Natural, abarca los cap&iacute;tulos   1 al 4; la segunda secci&oacute;n, Cognici&oacute;n y   Evoluci&oacute;n, incluye los cap&iacute;tulos 5 y 6; y finalmente,   la secci&oacute;n El origen del Hombre agrupa los cap&iacute;tulos 7 al 10.</p>     <p>   En el primer cap&iacute;tulo, el profesor   Gustavo   Caponi (Departamento de Filosof&iacute;a, Universidad   Federal de Santa Catarina, Brasil)   expone claramente los argumentos en contra   de la lectura adaptacionista de Lamarck, y argumenta el porqu&eacute;:</p>     <p>   Lamarck no quer&iacute;a saber c&oacute;mo hac&iacute;an lo seres   vivientes para adaptarse al ambiente y sobrevivir;   lo que &eacute;l quer&iacute;a saber era por qu&eacute; esos   seres no sub&iacute;an lineal y ordenadamente por la escala del ser. (3)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &iquest;Por qu&eacute; comentar a Lamarck? Entre otras     cosas, porque sus teor&iacute;as en evoluci&oacute;n inquietaron     profundamente el pensamiento     de Robert Grant, uno de los pocos profesores     que inspir&oacute; a Charles Darwin en sus     primeros a&ntilde;os de estudiante en Edimburgo.     En su cap&iacute;tulo, Caponi explora en la obra     de Lamarck los conceptos de competencia,     complejidad, extinci&oacute;n y viabilidad ecol&oacute;gica,     y busca los acuerdos y las diferencias fundamentales     entre las teor&iacute;as de Lamarck y     de Darwin, un tema que ha ocupado a numerosos     bi&oacute;logos y fil&oacute;sofos, de los cuales     menciono en particular a tres autores: Ernst     Haeckel, quien en su libro The History of     Creation (1876) hizo un profundo an&aacute;lisis de     la influencia de Lamarck, Goethe y Darwin     en la interpretaci&oacute;n de la diversidad de los     seres vivos, a Herbert Spencer (1864-1867) y a     Frederick Hutton (1899), quienes, ya para finales     del siglo XIX, analizaron y discutieron     juiciosa y cr&iacute;ticamente las contribuciones de   Lamarck y Darwin a la teor&iacute;a evolutiva.</p>     <p>   En el segundo cap&iacute;tulo, Maximiliano   Mart&iacute;nez   (Departamento de Filosof&iacute;a, Universidad   Nacional de Colombia) se enfrenta   al an&aacute;lisis de la selecci&oacute;n natural y a su papel   causal en la generaci&oacute;n de la forma.</p>     <p>   Maximiliano afirma:</p>     <p>   Mi objetivo en el presente escrito es dar los primeros   pasos en la composici&oacute;n de una noci&oacute;n   de selecci&oacute;n natural lo suficientemente robusta   que explique su capacidad creativa y capture la   intuici&oacute;n que Darwin ten&iacute;a al respecto. (20) </p>     <p>Para tal fin, el autor recurre al debate   entre los fil&oacute;sofos Karen Neander y Elliott   Sober, en torno a la pregunta sobre el papel   causal que la selecci&oacute;n natural tiene en   el fenotipo. Sober, con su visi&oacute;n negativa   de la selecci&oacute;n natural, enfrenta a Neander,   quien la considera un factor causal-positivo.   Mart&iacute;nez concilia tales visiones mediante el   reconocimiento de dos fases en la selecci&oacute;n   natural, una generaci&oacute;n aleatoria de la variaci&oacute;n   y una subsiguiente selecci&oacute;n no aleatoria.   Y presenta los constre&ntilde;imientos del   desarrollo como un factor crucial que debe   ser examinado a la luz de la &ldquo;anhelada (en   algunos ambientes acad&eacute;micos) integraci&oacute;n   evo-devo&rdquo; (33), una explicaci&oacute;n que dirige la   investigaci&oacute;n en la biolog&iacute;a contempor&aacute;nea   en el mundo, y que, en bot&aacute;nica, tuvo como   una de sus preguntas fundamentales en los   a&ntilde;os noventa del siglo pasado, la misma que   inquiet&oacute; a Darwin cuando se refiri&oacute; al origen   de las flores como el &ldquo;misterio abominable&rdquo; de la evoluci&oacute;n.</p>     <p>   En el tercer cap&iacute;tulo, Vladimir Corredor   (Facultad de Medicina, Universidad Nacional   de Colombia) recapitula los or&iacute;genes y el desarrollo   del neodarwinismo y de la nueva   s&iacute;ntesis. Pone en discusi&oacute;n, nuevamente,   tres condiciones cruciales para explicar el proceso evolutivo por selecci&oacute;n natural:</p>     <p>   [&hellip;] que las especies producen m&aacute;s progenie   de la que realmente puede sobrevivir y reproducirse,   que esa capacidad es variable, y que la variaci&oacute;n es heredable. (37)</p>     <p>   Se explora aqu&iacute; el l&iacute;mite entre lo heredable,   lo variable y lo evolutivo. Corredor menciona   el &aacute;rbol filogen&eacute;tico presentado por Darwin   como la &uacute;nica figura que acompa&ntilde;a el texto   de El Origen de las Especies, e introduce   los conceptos de herencia blanda y dura, y la   preocupaci&oacute;n que Darwin tuvo por explicar la reducci&oacute;n gradual de &oacute;rganos in&uacute;tiles.</p>     <p>   En el cuarto cap&iacute;tulo, Eugenio Andrade   (Departamento de Biolog&iacute;a, Universidad   Nacional   de Colombia) analiza las interrelaciones   entre genotipo, fenotipo y medio   ambiente,   y sus perspectivas en el creciente   universo de la disciplina coloquialmente llamada &ldquo;evo-devo&rdquo;:</p>     <p>   Las teor&iacute;as de la evoluci&oacute;n, por un lado, y las   del desarrollo, por otro, ofrecen explicaciones   aparentemente opuestas cuando examinan el   papel que debe atribuirse a la estructura o la   funci&oacute;n, a los genes o el medio ambiente, a la   autoorganizaci&oacute;n o a la selecci&oacute;n natural&rdquo;. Y   prosigue: &ldquo;Para avanzar en la integraci&oacute;n de   las teor&iacute;as del desarrollo con las evolutivas, se   debe asumir que la ontogenia y la filogenia son   procesos abiertos, no programados que conducen a incrementos de informaci&oacute;n. (57)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Finalmente, incorpora tres factores interactuantes:   E (entorno o medio ambiente),   F (fenotipo) y G (genotipo), y reconoce   la necesidad de identificar los Agentes   Evolucionantes en Desarrollo o aed.+   Es entonces cuando el libro ofrece, para   incorporar a la discusi&oacute;n, los tres tipos de relaciones   entre los caracteres de los organismos   reconocidas por el fundador de la escuela   de sistem&aacute;tica filogen&eacute;tica, el alem&aacute;n Willi   Hennig, quien, en 1950, reconoci&oacute; tres tipos   de relaciones en los organismos: las ontogen&eacute;ticas,   las tocogen&eacute;ticas, y las filogen&eacute;ticas.   Es decir, reconoci&oacute; cambios intraindividuales,   cambios intrapoblacionales y cambios a   lo largo de linajes supraespec&iacute;ficos. Es claro,   ahora, que aquellos procesos que regulan la   ontogenia son diferentes, pero complementarios,   de los que regulan la tocogenia. Ambos   son observables y susceptibles de experimentaci&oacute;n   directa, y se fundamentan en la   compatibilidad gen&eacute;tica de un organismo al   desarrollarse, o de los individuos de una poblaci&oacute;n   al reproducirse. Pero &iquest;qu&eacute; pasa con   los procesos filogen&eacute;ticos? &Eacute;stos se rigen por   un prerrequisito completamente opuesto, el   del aislamiento gen&eacute;tico de las especies. Las   relaciones filogen&eacute;ticas transgreden el l&iacute;mite   de la microevoluci&oacute;n, y en muchos casos   el efecto de la adaptaci&oacute;n. No son explicables a trav&eacute;s de la gen&eacute;tica de poblaciones. En   su gran mayor&iacute;a, los linajes supraespec&iacute;ficos   no est&aacute;n sujetos a experimentaci&oacute;n directa,   en la medida en que la macroevoluci&oacute;n   no es observada, sino inferida. Es aqu&iacute;   donde se enfrentan (m&aacute;s que se complementan)   las contribuciones de Darwin y Mendel;   es &eacute;sta la ant&iacute;tesis que nutri&oacute; la nueva s&iacute;ntesis.   Es aqu&iacute; donde nos preguntamos si los   Agentes Evolucionantes en Desarrollo (sensu   Andrade) corresponden a los semaforontes   (sensu Hennig). Es ahora el momento de   preguntarnos &iquest;qu&eacute; significan las l&iacute;neas horizontales   en el &uacute;nico esquema de Darwin en   El Origen de las Especies? Es el momento   de recapitular el enfrentamiento entre el m&eacute;todo   deductivo de Weissman y el compromiso   inductivo de Darwin; de revisar si las   teor&iacute;as de Weissman (1883, 1885, 1891-1892,   1904) tuvieron un origen teol&oacute;gico; de analizar   en qu&eacute; medida el Lamarckismo distorsion&oacute;   a Lamarck o el darwinismo distorsion&oacute;   a Darwin. Es aqu&iacute; donde el principio de   equilibrio de Hardy-Weinberg (que cumplir&aacute;   100 a&ntilde;os en el 2008), encuentra su l&iacute;mite explicativo.</p>     <p>   La segunda parte del libro (Cognici&oacute;n   y evoluci&oacute;n) comienza con el cap&iacute;tulo   Fun&ccedil;&atilde;o Natural e Indica&ccedil;&atilde;o -- a atividade   de representa&ccedil;&atilde;o em Fred Dretske, por   Karla Chediak (Departamento de Filosof&iacute;a,   Universidad do Estado do Rio de Janeiro). Dice la autora:</p>     <p>   Em seu livro Naturalizing the mind, Fred   Dretske afirma que todos os fatos mentais s&atilde;o   representacionais. Isso nao quer dizer que todas as representa&ccedil;&otilde;es s&atilde;o mentails [&hellip;]. (102)</p>     <p>   El fil&oacute;sofo estadounidense contempor&aacute;neo,   Fred Dretske, reconoce que existen funciones   que son adquiridas naturalmente, y que se   distinguen de las funciones convencionales   que son derivadas de las intenciones o prop&oacute;sitos   de un agente humano. Chediak discute   los l&iacute;mites entre la &ldquo;representa&ccedil;&atilde;o&rdquo; y la &ldquo;indica&ccedil;&atilde;o&rdquo;.   Representativos son los instintos   en los animales, o los mecanismos de polinizaci&oacute;n   en las plantas; ambos tendr&iacute;an su   origen en la selecci&oacute;n natural, por los beneficios   que proporcionan a trav&eacute;s de las generaciones.   En tanto que una &ldquo;indica&ccedil;&atilde;o&rdquo; estar&iacute;a   presente en la relaci&oacute;n que los seres vivos   mantienen con el mundo exterior, y puede   no ser el &uacute;nico, ni el principal (pero s&iacute; el inadecuado)   factor que explique las respuestas   adaptativas de los seres vivos. Esto conduce a   la discusi&oacute;n que Dretske desarrolla en obras   posteriores, acerca de si los flujos de informaci&oacute;n   pueden ser jerarquizados en una v&iacute;a que   conduce de la percepci&oacute;n, a la experiencia y   luego a la creencia, y que percepci&oacute;n, experiencia   y creencia constituir&iacute;an los pilares de la comprensi&oacute;n de los fen&oacute;menos naturales.</p>     <p>   Las motivaciones del darwinismo en biolog&iacute;a   son el primer aspecto que explora el cap&iacute;tulo   6 del libro, El programa de una epistemolog&iacute;a   evolucionista, por Paulo Abrantes   (Universidad de Brasilia). All&iacute; el autor argumenta   que la selecci&oacute;n natural puede ser considerada   una explicaci&oacute;n naturalista (opuesta   a una sobrenaturalista) y, quiz&aacute;s, mecanicista   de las adaptaciones. El autor tambi&eacute;n recapitula las distinciones acerca de la</p>     <p>   [E]voluci&oacute;n darwinista y la evoluci&oacute;n seg&uacute;n   Lamarck [&hellip;] En la evoluci&oacute;n lamarckiana el   individuo se adapta al medioambiente durante   el lapso relativamente corto de su existencia   y trasmite las caracter&iacute;sticas adquiridas a sus descendientes. (122)</p>     <p> Y prosigue:</p>     <p>   [E]n la evoluci&oacute;n darwinista, en cambio, la fuente   o causa de la variaci&oacute;n adaptativa no es el medio   ambiente, que simplemente ejerce el papel   de seleccionar las variaciones generadas aut&oacute;nomamente, &lsquo;ciegamente&rsquo; [&hellip;] por los sistemas biol&oacute;gicos [&hellip;] Para el darwinismo no hay adaptaci&oacute;n ideal, absoluta de un organismo. (123-4)</p>     <p>   A la vez, Abrantes explora las &ldquo;motivaciones&rdquo;   del seleccionismo en la psicolog&iacute;a y   la epistemolog&iacute;a, concentrando este &uacute;ltimo aspecto en las epistemolog&iacute;as seleccionistas   de Popper y de Campbell, quienes desarrollan   una idea para m&iacute; fundamental en la discusi&oacute;n:   el &ldquo;paradigma de una jerarqu&iacute;a anidada   de selecci&oacute;n y retenci&oacute;n&rdquo; a trav&eacute;s de la   complejidad de un sistema biol&oacute;gico desde   el &aacute;tomo hasta procesos de alto nivel en sistemas complejos.</p>     <p>   La tercera y &uacute;ltima parte del libro comienza   con el cap&iacute;tulo Las primeras descripciones   de antropoides en el siglo XVII y su   importancia para la filosof&iacute;a de la evoluci&oacute;n,   por Jorge Mart&iacute;nez-Contreras (Departamento   de Filosof&iacute;a, uam-Iztapalapa). El   autor explora el impacto que tuviera en Occidente   sobre la primatolog&iacute;a y la filosof&iacute;a el   descubrimiento y la descripci&oacute;n cient&iacute;fica de   los primeros p&oacute;ngidos, y, por supuesto, sobre   la evoluci&oacute;n. La primatolog&iacute;a nos lleva   entonces a las cuestiones m&aacute;s sensibles de la   evoluci&oacute;n, quiz&aacute;s muy similares a las que se   hac&iacute;a Darwin en el seno de su familia al comparar   a sus hijos Anne y William con Jenny,   la primera hembra orangut&aacute;n llevada al zool&oacute;gico   de Londres. Sensibles, porque es aqu&iacute;   donde somos a la vez objetos y sujetos de estudio.   Sensibles, porque los europeos se vieron   forzados a verse al espejo con otros ojos,   y a descubrir homolog&iacute;as inc&oacute;modas para &ldquo;su   raza&rdquo; y para su forma de pensar. Es aqu&iacute; donde   la historia de la anatom&iacute;a comparativa tiene   quiz&aacute;s sus episodios m&aacute;s vergonzosos, si   pensamos en, por ejemplo, Cuvier disectando   el cuerpo de la tristemente c&eacute;lebre Venus   Hotentote en Par&iacute;s, a&ntilde;os despu&eacute;s de que esta   mujer africana fuera sacada de su continente,   rebautizada Sarah Baartman en Europa, y expuesta   all&iacute; como un aberrante fen&oacute;meno circense   que descubr&iacute;a los l&iacute;mites m&aacute;s obscenos de la Europa del S. XVIII.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Alvaro Corral (Humanidades, Universidad   Jorge Tadeo Lozano de Bogot&aacute;), contin&uacute;a   el libro con su cap&iacute;tulo Lo que la   filosof&iacute;a   de la mente puede aprender de   Kanzi y de la primatolog&iacute;a. Kanzi, un bonobo,   ofrece, en su comparaci&oacute;n con su   especie hermana, los chimpanc&eacute;s, una &ldquo;ventaja   inigualable para entender c&oacute;mo surgi&oacute;   y se desarroll&oacute; posiblemente la mente humana   en cuanto fen&oacute;meno biol&oacute;gico&rdquo; (224).   Esto conlleva tambi&eacute;n a la exploraci&oacute;n sobre   la inteligencia en animales, sobre el origen   del lenguaje, sobre la elaboraci&oacute;n de herramientas   y el reconocimiento del s&iacute; mismo.   Concluye el autor que con ello &ldquo;se desmorona   la teor&iacute;a acerca de que el dominio de la   sintaxis es el elemento innato generador del   lenguaje y de los procesos comunicativos&rdquo;, y   que, ante la invalidez de esta teor&iacute;a, adquiere   fuerza la teor&iacute;a de que &ldquo;los procesos del   lenguaje se generan gracias a la puesta en   marcha de una capacidad de interpretaci&oacute;n&rdquo;   (251). En este contexto, el autor menciona   tambi&eacute;n la necesidad de revisar el esquema   reductivista de la neurofisiolog&iacute;a, y de reevaluar   algunas doctrinas de la antropolog&iacute;a   que asocian la aparici&oacute;n de las herramientas   con caracteres anat&oacute;micos del Homo habilis,   tales como la capacidad craneal, el bipedalismo y la liberaci&oacute;n de la mano.</p>     <p>   El pen&uacute;ltimo cap&iacute;tulo desarrolla El concepto   de reconciliaci&oacute;n en la obra de Frans   de Waal. Su autora, Alba Leticia P&eacute;rez-Ruiz   (Centro de Estudios Filos&oacute;ficos, Pol&iacute;ticos y   Sociales Vicente Lombardo Toledano), explica c&oacute;mo:</p>     <p>   [&hellip;] el concepto de reconciliaci&oacute;n en primatolog&iacute;a   fue introducido por de Waal en el primer estudio   sobre este comportamiento en chimpanc&eacute;s   en cautiverio [&hellip;]. La reconciliaci&oacute;n fue definida   como el primer contacto amistoso entre oponentes poco tiempo despu&eacute;s de un conflicto. (257)</p>     <p>   La hip&oacute;tesis de reconciliaci&oacute;n surge como   alternativa a la de dispersi&oacute;n, en la cual &ldquo;los   perdedores en episodios agonistas tienden a   evitar a los ganadores&rdquo; (262). Por supuesto,   es un tema extremadamente importante en   las relaciones sociales, los beneficios adaptativos   y la cognici&oacute;n en primates. &ldquo;La hip&oacute;tesis   de reconciliaci&oacute;n predice que este comportamiento   tiene la funci&oacute;n de reparar el da&ntilde;o causado por la agresi&oacute;n [&hellip;]&rdquo; y que &ldquo;la   reconciliaci&oacute;n se da en funci&oacute;n de los beneficios   adaptativos que los individuos obtienen   de su relaci&oacute;n&rdquo; (258-9). Un cap&iacute;tulo interesante   de leer, sobre todo en un pa&iacute;s cuyo   presente y futuro cercanos est&aacute;n comprometidos con la reconciliaci&oacute;n.</p>     <p>   En la obra de Darwin se re&uacute;nen y concatenan,   m&aacute;s que en otras obras, la filosof&iacute;a, la   antropolog&iacute;a, la sociolog&iacute;a y la biolog&iacute;a. M&aacute;s   all&aacute; de las contribuciones de Lamarck,   de   Wallace, de Malthus y de unos pocos   profesores   y colegas, tales como el reverendo   John Stevens Henslow, su profesor de bot&aacute;nica   en Cambridge, y el ge&oacute;logo Charles Lyell,   Darwin recibi&oacute; una influencia importante, a   manera de ant&iacute;tesis de la evoluci&oacute;n, del anatomista   Richard Owen, a quien se le atribuye   la conceptualizaci&oacute;n de homolog&iacute;a y analog&iacute;a   en biolog&iacute;a. A la postre, el concepto de homolog&iacute;a   se convierte en la hip&oacute;tesis m&aacute;s importante   de la evoluci&oacute;n, en tanto que la analog&iacute;a   se excusa en parte por la plasticidad de los   organismos a cambios ambientales, en otras   palabras, a su adaptabilidad. No obstante, explicaciones   cruciales para Darwin y el darwinismo   no llegaron de bi&oacute;logos, sino en gran   parte, de fil&oacute;sofos, economistas y soci&oacute;logos.   Por ejemplo, el Ensayo acerca del Principio   de la Poblaci&oacute;n de Malthus, que en su primera   edici&oacute;n en 1803 fuera un panfleto pol&iacute;tico,   lleg&oacute; elaborado en su octava edici&oacute;n a manos   de Darwin en septiembre de 1838. Desde   entonces, Darwin elev&oacute; a Malthus a un lugar   muy importante en su c&iacute;rculo social, como   generador de ideas acerca de filosof&iacute;a social,   religi&oacute;n y metodolog&iacute;a cient&iacute;fica. A la vez,   Darwin reconoce desde las primeras p&aacute;ginas   de El Origen, la influencia que en &eacute;l ejercieron   fil&oacute;sofos tales como Francis Bacon y   David Hume. Darwin, as&iacute; como Hume, se alejaron,   tempranamente (y quiz&aacute;s afortunadamente   para la humanidad) del ambiente acad&eacute;mico universitario.</p>     <p>   En su ensayo acerca de John Wilkins, Borges (qtd. in 159) dice, citando a Hume:</p>     <p>   [N]o hay clasificaci&oacute;n del universo que no sea   arbitraria y conjetural. La raz&oacute;n es muy simple:   no sabemos qu&eacute; cosa es el universo. El mundo &mdash;escribe David Hume&mdash; es tal vez el bosquejo rudimentario de alg&uacute;n dios infantil, que lo abandon&oacute; a medio hacer, avergonzado de su ejecuci&oacute;n deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producci&oacute;n de una divinidad decr&eacute;pita y jubilada, que ya se ha muerto.</p>     <p>   Desde que me encontr&eacute; con este escrito,   me he preguntado si Darwin se vio influenciado   por esta frase premonitoria de Hume,   y si una de sus inquietudes filos&oacute;ficas fue la   de reconocer la selecci&oacute;n natural como la   causa no sobrenatural que explicar&iacute;a la conducta   de ese dios infantil o de ese dios subalterno,   del que hablara Hume, para dejar el mundo tal y como lo conocemos ahora.</p>     <p>   El libro finaliza con el cap&iacute;tulo del editor,   El Entorno ancestral de las normas de   equidad. Rosas introduce el tema como &ldquo;La paradoja del altruismo&rdquo; (275). Dice:</p>     <p>   La existencia del altruismo como rasgo adaptativo &mdash;y no meramente accidental&mdash; en los seres vivos, plantea un reto particular a la teor&iacute;a de la evoluci&oacute;n por selecci&oacute;n natural. Un comportamiento altruista es aquel gracias al cual un organismo aumenta la aptitud de otro organismo &mdash;por ejemplo cedi&eacute;ndole recursos vitales&mdash;, al tiempo que disminuye la suya. Si se trata de un rasgo heredable, si adem&aacute;s los altruistas benefician a los competidores gen&eacute;ticos que no tienen ese rasgo, la selecci&oacute;n natural deber&iacute;a predecir la extinci&oacute;n de los altruistas. (275)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   En este punto no me atrevo a tratar de   comentar m&aacute;s all&aacute; el cap&iacute;tulo final del libro.   En su lugar, quiero mencionar un concepto   que trasciende ya por siete siglos, desde   que el te&oacute;logo y fil&oacute;sofo ingl&eacute;s Guillermo   de Ockham lo propusiera. Me refiero a la   famosa &lsquo;navaja de Ockham&rsquo;, basada en el   concepto de parsimonia o simplicidad.   Acusado de herej&iacute;a en 1323, este franciscano excomulgado propuso que las &ldquo;entidades&rdquo;   no deben multiplicarse m&aacute;s de lo necesario.   Entidades, obviamente, en su concepto   filos&oacute;fico y no burocr&aacute;tico. Este concepto es   quiz&aacute;s uno de los caracteres en com&uacute;n que   puedan tener los tres temas del presente libro.   Porque el concepto surge de la filosof&iacute;a   misma, dado que es un atributo del darwinismo,   y se ha incorporado como el fundamento   metodol&oacute;gico de cualquier an&aacute;lisis   filogen&eacute;tico contempor&aacute;neo como el aqu&iacute;   presentado, y resume la m&aacute;s reciente hip&oacute;tesis   filogen&eacute;tica de los primates. En fin, la   filogenia ocupa en la biolog&iacute;a moderna el   marco obligado para la interpretaci&oacute;n de la   evoluci&oacute;n de los caracteres biol&oacute;gicos (as&iacute;,   hablamos en sistem&aacute;tica filogen&eacute;tica actual de los &aacute;rboles m&aacute;s parsimoniosos).</p>     <p>   Volviendo al cap&iacute;tulo final del libro, me   pregunto: &iquest;somos entonces fil&oacute;sofos y bi&oacute;logos   competidores gen&eacute;ticos? &iquest;Qu&eacute; rasgos   poseemos unos y de cu&aacute;les carecemos los   otros? El libro es una excelente recapitulaci&oacute;n   de esta cuesti&oacute;n. Me pregunto tambi&eacute;n &iquest;qui&eacute;n ha sido m&aacute;s altruista, el fil&oacute;sofo o el bi&oacute;logo? Lo &uacute;nico que puedo concluir, examinando los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os de historia de la biolog&iacute;a, es que la sistem&aacute;tica filogen&eacute;tica pas&oacute; de ser una escuela de herejes en los a&ntilde;os 70 del siglo pasado, a ser el fundamento de la biolog&iacute;a comparativa moderna; que revolucion&oacute; la interpretaci&oacute;n de los procesos y los patrones bi&oacute;ticos del planeta; y que tendi&oacute; el puente entre la biolog&iacute;a evolutiva y la biolog&iacute;a del desarrollo. Reconozco, en fin, que el empirismo o el mecanicismo de los bi&oacute;logos fueron insuficientes para entender el darwinismo y la reconstrucci&oacute;n del &aacute;rbol de la vida, tal como lo inferimos ahora. Fueron, sobre todo, los fil&oacute;sofos y los epistem&oacute;logos quienes permitieron transformar una herej&iacute;a en ciencia.</p>     <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     <p>   Borges, J. L. &ldquo;El Idioma Anal&iacute;tico de John   Wilkins&rdquo;, Otras Inquisiciones. Buenos   Aires: Emec&eacute; Editores, 1952. 154-161.</p>     <p>   Haeckel, E. The History of Creation, or   the Development of the Earth and its   Inhabitants by the Action of Natural   Causes. A Popular Exposition of the   Doctrine of Evolution in general, and of   that of Darwin, Goethe, and Lamarck   in particular. Trans. E. Ray Lankester, 2   vols. New York: D. Appleton &amp; Co, 1876.</p>     <p>   Hennig, W. Grundz&uuml;ge einer Theorie der   phylogenetischen Systematik. Berlin:   Deutscher Zentralverlag, 1950.</p>     <p>   Hume, D. Dialogues Concerning Natural   Religion: Of the Immorality of the Soul   and of Suicide of Miracles. Ed. Richard   H. Popkin (1998). Indianapolis: Hackett   Publishing Company, Inc., 1779.</p>     <p>   Hutton, F. Darwinism and Lamarckism, old   and new. London: Duckworth &amp; Co., 1899.</p>     <p>   Spencer, H. The Principles of Biology. London:   William and Norgate, 1864-1867.</p>     <p>   Weismann, A. &Uuml;ber die Vererbung. Jena:   Gustav Fischer, 1883.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Weismann, A. Die Kontinnuit&auml;t des Kleimplasmas   als Gr&uuml;ndlage einer Theorie   der Vererbung. Jena: Gustav Fischer, 1885.</p>     <p>   Weismann, A. Essays upon Heredity and   Kindred Biological Problems. London:   Oxford University Press, 1891-1892.</p>     <p>   Weismann, A. The Evolution Theory. London:   Edward Arnold, 1904.</p>     <p>&nbsp;  </p> </font>      ]]></body>
</article>
