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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Castañeda, Felipe; Durán, Vicente; Hoyos, Luis Eduardo (eds.). Immanuel Kant: vigencia de la filosofía crítica. Bogotá: Siglo del Hombre, Pontificia Universidad Javeriana, Universidad de los Andes y Universidad Nacional de Colombia, 2007. 654 p]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4" face="verdana"><b>Casta&ntilde;eda, Felipe; Dur&aacute;n, Vicente;     Hoyos, Luis Eduardo (eds.). Immanuel     Kant: vigencia de la filosof&iacute;a cr&iacute;tica.     Bogot&aacute;: Siglo del Hombre, Pontificia     Universidad Javeriana, Universidad de los     Andes y Universidad Nacional de Colombia, 2007. 654 p.</b></font></p>      <p><b>Jos&eacute; Tovar</b></p>     <p>   Universidad Nacional de Colombia   <a href="mailto:jotovarb@unal.edu.co">jotovarb@unal.edu.co</a> </p>       <p>&nbsp;</p> <hr size="1">     <p>   La idea de producir este libro, nos cuentan   los editores, surgi&oacute; a partir de las diversas   actividades que se organizaron para   conmemorar el bicentenario de la muerte de   Kant, tanto en Colombia como en el mundo.   Los textos que lo componen provienen   de eventos realizados en Bogot&aacute; durante el   2004, tales como la &ldquo;Semana Kant 200 a&ntilde;os&rdquo;   y el encuentro internacional &ldquo;Kant y los l&iacute;mites   de la raz&oacute;n&rdquo;, y de la respuesta a la invitaci&oacute;n   hecha por los editores a sus autores.   Esta obra ofrece al lector de lengua castellana   una selecci&oacute;n de autores que han estudiado   la obra de Kant, y que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os   han ofrecido interpretaciones o exposiciones   interesantes y originales de alg&uacute;n aspecto   de su pensamiento, con lo cual se presenta   una buena muestra del estado actual   de la investigaci&oacute;n sobre la obra de Kant en   el mundo. Esta compilaci&oacute;n entonces sirve,   tanto a estudiosos de la obra del fil&oacute;sofo,   como a diferentes profesionales y acad&eacute;micos   de las ciencias naturales y sociales interesados   en la influencia de la filosof&iacute;a kantiana   en la ciencia y la cultura modernas.</p>     <p>   El libro se divide en tres partes, en las que   se procura reunir lo m&aacute;s caracter&iacute;stico de la   contribuci&oacute;n de Kant a la filosof&iacute;a occidental.   La primera, titulada &ldquo;Verdad, realidad y subjetividad&rdquo;,   agrupa todo lo relacionado con la   filosof&iacute;a te&oacute;rica de Kant. Dentro de los nueve   art&iacute;culos que componen esta secci&oacute;n, encontramos   una visi&oacute;n general del significado   hist&oacute;rico de la Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura   (Otfried H&ouml;ffe y F&eacute;lix Duque); an&aacute;lisis particulares   de problem&aacute;ticas concretas,   como la   de la interpretaci&oacute;n del esquematismo trascendental   (Magdalena Holgu&iacute;n y Alberto   Rosales) y del idealismo trascendental (Alejandro Rosas), el problema de la legitimidad   en la Deducci&oacute;n Trascendental (Gonzalo   Serrano),   la actualidad de la concepci&oacute;n   kantiana del yo (Perter Barmann y Efra&iacute;n   Lazos), as&iacute; como una interpretaci&oacute;n no representacionista   del conocimiento a partir   de la KrV (Pedro Stepanenko). La segunda   parte, a la que los editores han llamado &ldquo;Obligaci&oacute;n, libertad y derecho&rdquo;, compuesta por once art&iacute;culos, re&uacute;ne temas de filosof&iacute;a moral (Vicente Dur&aacute;n, Jacinto Rivera, Luis Eduardo Hoyos, Konrad Cramer), filosof&iacute;a pol&iacute;tica y del derecho (Stanley Paulson, Rodolfo Arango y Robert Alexi) y temas sobre la relaci&oacute;n entre la moral y el derecho (Ralph Dreier, Adelino Braz y Wolfgang Kersting). Dado que Kant concibe la religi&oacute;n como una prolongaci&oacute;n de la filosof&iacute;a moral, tambi&eacute;n se ha incluido en esta secci&oacute;n un texto que se ocupa exhaustivamente de la relaci&oacute;n entre religi&oacute;n y moralidad (Friedo Ricken). La &uacute;ltima parte, titulada &ldquo;Est&eacute;tica, historia e Ilustraci&oacute;n&rdquo;, trata temas que no caben dentro de la filosof&iacute;a te&oacute;rica ni moral de Kant, pero de los que &eacute;l se ocup&oacute; intensamente. Se trata de la est&eacute;tica (Catalina Gonz&aacute;lez) y de temas en los que Kant se refiere a discusiones propias de su &eacute;poca, tales como la Ilustraci&oacute;n (Faustino Oncina), el mal radical (Wilson Herrera), el cosmopolitismo (Francis Cheneval) y la guerra (Felipe Casta&ntilde;eda). De igual manera se incluye un art&iacute;culo en el que se trata la relaci&oacute;n entre filosof&iacute;a cr&iacute;tica y pol&iacute;tica (Sergio Sevilla). Dados los criterios que utilizaron los editores para hacer la divisi&oacute;n tem&aacute;tica, el art&iacute;culo de Matthias Lutz-Bachmann deber&iacute;a pertenecer a la segunda secci&oacute;n, no a la tercera como es el caso, ya que se ocupa de &ldquo;la relaci&oacute;n entre moralidad y religi&oacute;n, tanto en lo personal o privado, como en los &aacute;mbitos p&uacute;blico y pol&iacute;tico&rdquo; (13).</p>     <p>   Dada la extensi&oacute;n y variedad de temas del   libro, no me es posible presentar una rese&ntilde;a   que incluya todos los textos, as&iacute; que expondr&eacute;   uno de cada secci&oacute;n. Teniendo en cuenta uno   de los objetivos del libro rese&ntilde;ado, comenzar&eacute;   exponiendo un texto en el que se puede   ver la actualidad del pensamiento kantiano.   Luego, con el prop&oacute;sito de reunir dos de los   temas que se tratan en la segunda parte, expondr&eacute;   un art&iacute;culo en el que se relacionan la   filosof&iacute;a moral y la del derecho. De la tercera   parte presentar&eacute; el &uacute;nico art&iacute;culo sobre est&eacute;tica   que podemos encontrar en el libro, en el   que se defiende, mediante un cuidadoso argumento,   la necesidad de recurrir a la ret&oacute;rica   para explicar la idea de lo sublime de una   manera que resulte m&aacute;s acorde con la generalidad del pensamiento kantiano.</p>     <p>   I. El prop&oacute;sito de H&ouml;ffe en su art&iacute;culo La   Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura de Kant vuelta a   leer 200 a&ntilde;os despu&eacute;s, es mostrar el tratamiento   que se da en la Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n   pura (KrV) a las tres preguntas que gu&iacute;an   el proyecto de Kant &mdash;&iquest;Qu&eacute; puedo conocer? &iquest;Qu&eacute; debo hacer? &iquest;Qu&eacute; me es permitido esperar?&mdash; con el fin de dar cuenta de la actualidad de la propuesta kantiana. El autor divide su art&iacute;culo en tres partes: las dos primeras se van a concentrar en la primera pregunta, y la tercera se va a concentrar en la segunda y tercera preguntas.</p>     <p>   Aunque buena parte de la KrV est&aacute; dedicada   a la teor&iacute;a del conocimiento, H&ouml;ffe sostiene &mdash;vali&eacute;ndose de lo dicho por Kant en el pr&oacute;logo a la segunda edici&oacute;n de la KrV&mdash; que el prop&oacute;sito principal de esta obra es dar cuenta de la moral, esto es, responder a la segunda pregunta. &Eacute;l sostiene que en esta &eacute;poca de globalizaci&oacute;n, en la que diversas culturas comparten el mismo mundo en formas visibles y experimentables, se requiere un pensamiento que sea independiente de las culturas, esto es, se requiere de una argumentaci&oacute;n que sea v&aacute;lida no etnoc&eacute;ntrica, sino inter y transculturalmente. Tal pensamiento se puede hallar en la obra de Kant. Dado que en la KrV se presenta lo que es general a todos los hombres y mujeres (las formas de la intuici&oacute;n y las categor&iacute;as), H&ouml;ffe encuentra en ella un cosmopolitismo, ya no pol&iacute;tico (que es el conocido cl&aacute;sicamente), sino epist&eacute;mico. Al haber sido constituida democr&aacute;ticamente, esta cosmo-polis es denominada &ldquo;Rep&uacute;blica epist&eacute;mica mundial&rdquo;, que, en &uacute;ltimas, ser&iacute;a entendida como la comunidad de todas las ciencias. En efecto, el prop&oacute;sito de Kant en la KrV no es hacer un pron&oacute;stico acerca del reconocimiento intercultural de la ciencia, sino una fundamentaci&oacute;n a priori de la ciencia. Esta fundamentaci&oacute;n es la que nos permite a todos ser ciudadanos epist&eacute;micos del mundo, lo que significa que todos tenemos la misma capacidad y vocaci&oacute;n para conocer el mundo que compartimos. Gracias a la raz&oacute;n, facultad que compartimos todos en tanto humanos, podemos conocer el mundo y, por lo mismo, tener la capacidad para conocerlo. Ac&aacute; tambi&eacute;n encontramos algo que, seg&uacute;n H&ouml;ffe, mostrar&iacute;a la actualidad de Kant: este universalismo epist&eacute;mico no se reduce al g&eacute;nero humano, pues Kant propone que, si en otros sistemas estelares, hubiese otros seres racionales y finitos (i. e., que no pudieran prescindir de la sensibilidad) ellos tambi&eacute;n estar&iacute;an bajo los mismos requerimientos epist&eacute;micos y, por ello, formar&iacute;an potencialmente con nosotros una rep&uacute;blica epist&eacute;mica mundial, con lo cual Kant estar&iacute;a incluyendo en su teor&iacute;a a seres extraterrestres. Ahora bien, siguiendo con la interpretaci&oacute;n del autor, esta Rep&uacute;blica epist&eacute;mica mundial est&aacute; al servicio de la Rep&uacute;blica moral mundial; en otras palabras, el cosmopolitismo epist&eacute;mico lo extiende Kant a un cosmopolitismo moral. Aunque H&ouml;ffe no hace referencia a ello, debe tenerse en cuenta que, como en el caso anterior, Kant abre la posibilidad de que seres extraterrestres, en tanto racionales, pertenezcan a la rep&uacute;blica moral mundial.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Entre los diferentes rasgos que muestran   la actualidad de la KrV, uno de los m&aacute;s interesantes   probablemente es el relacionado   con las ciencias contempor&aacute;neas. H&ouml;ffe   muestra que el idealismo de Kant lleva a la   cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura a mostrarse como   un prominente tratado acerca de la ciencia,   pero por ello corre el riesgo de ser cient&iacute;ficamente   superada. Entre los elementos que   contiene la KrV que ya hace mucho fueron   superados est&aacute;n la f&iacute;sica newtoniana y la   geometr&iacute;a euclidiana; sin embargo, esto no   lleva a que la KrV sea superada completamente   pues+   [U]n examen exacto muestra precisamente   que dichos supuestos, los de dar validez exclusiva   a la f&iacute;sica newtoniana y a la geometr&iacute;a   euclidiana, no est&aacute;n atados a afirmaciones filos&oacute;ficas de Kant. (H&ouml;ffe 26)</p>     <p>   El principio causal de Kant, seg&uacute;n el cual &ldquo;todas las alteraciones suceden seg&uacute;n la ley del enlace entre causa y efecto&rdquo; (KrV B 232; citado por H&ouml;ffe 26), se relativiza acudiendo a las leyes de la probabilidad que dominan la microf&iacute;sica. Sin embargo, este probabilismo, en el que ahora se basa la f&iacute;sica (principalmente la microf&iacute;sica), no suprime el principio causal de Kant, sino s&oacute;lo el determinismo newtoniano (el mundo es aquello que puede ser calculado), as&iacute; como el laplaciano (el mundo es algo que puede ser calculable por un ordenador que sea suficientemente grande). La &uacute;nica raz&oacute;n esgrimida por H&ouml;ffe en defensa de dicho principio causal es la diferencia que Kant establece en los Proleg&oacute;menos entre probabilidad epist&eacute;mica o presunci&oacute;n (a la que Kant llama &ldquo;verdad conocida por fundamentos insuficientes&rdquo;) y la probabilidad matem&aacute;tica calculable. H&ouml;ffe sostiene que el principio causal de Kant no se enfrenta con la probabilidad matem&aacute;tica calculable y, por lo tanto, no se enfrenta con las leyes de probabilidad objetivas (cf. H&ouml;ffe 26). Este argumento a favor de la propuesta kantiana es sin duda insatisfactorio, porque no muestra con claridad la compatibilidad entre el principio causal kantiano y la teor&iacute;a de la probabilidad en la que se basa la microf&iacute;sica. Pese a &eacute;ste y otros argumentos que parecieran un poco insatisfactorios, lo que podemos encontrar en este art&iacute;culo es una propuesta de trabajo, pues cada uno de los aspectos presentados por H&ouml;ffe merece ser tratado con mayor profundidad, en la medida en que esto permitir&iacute;a, creo yo que en concordancia con el autor, mostrar una ruta adecuada al trabajo cient&iacute;fico, y con ello soslayar problemas creados por confusiones conceptuales; por ejemplo, la KrV servir&iacute;a para mostrar a los f&iacute;sicos que quieren hacer metaf&iacute;sica &mdash;por ejemplo, a los que trabajan en f&iacute;sica cu&aacute;ntica&mdash; las condiciones adecuadas para hacer una f&iacute;sica correcta (cf. H&ouml;ffe 28).</p>     <p>   Para finalizar esta primera secci&oacute;n puede   decirse que otro argumento a favor del principio   de causalidad se basa en la aplicaci&oacute;n limitada   del probabilismo en el que se basa la   f&iacute;sica, pues &eacute;ste s&oacute;lo se aplica a la microf&iacute;sica,   mas no a la astrof&iacute;sica &mdash;seg&uacute;n la teor&iacute;a general   de la relatividad&mdash;, ni al gran campo de la   vida ordinaria que se ubica entre micro y astrof&iacute;sica,   ni a una parte de la teor&iacute;a del caos.   Pasemos ahora a la segunda y tercera preguntas   de Kant. La respuesta a la segunda   pregunta, &iquest;qu&eacute; debo hacer?, la responde el   fil&oacute;sofo de K&ouml;nigsberg con la siguiente frase: &ldquo;haz aquello que puede hacerte digno de ser feliz&rdquo; (KrV b 836; citado por H&ouml;ffe 29). A la tercera pregunta, &iquest;qu&eacute; me es permitido esperar?, o sea a la pregunta por la felicidad, Kant responde de forma igualmente suscinta y clara:</p>     <p>   Ser feliz, pero en una forma proporcional   a la dignidad de merecerlo; nuestra raz&oacute;n   no puede autorizar sino una medida de   felicidad que corresponda con la buena conducta   moral. (KrV b 834 y b 841; Citado por H&ouml;ffe 30)</p>     <p>   Kant restringe el conocimiento de la raz&oacute;n,   mostrando que no nos es posible conocer   el alma, el mundo, ni a Dios. Esta restricci&oacute;n   le permitir&aacute; al fil&oacute;sofo de K&ouml;nigsberg   dar cuenta de la libertad &mdash;que constituye   el fundamento de la moralidad en la concepci&oacute;n   kantiana&mdash; mediante la soluci&oacute;n a   la tercera antinomia. De esta manera, dicha   restricci&oacute;n constituye el primer paso de   Kant para dar cuenta de la moralidad, ya   que, a partir de ella, puede dar cuenta de la   libertad pr&aacute;ctica, que constituye el fundamento   subjetivo de la moral. La caracter&iacute;stica   principal de esta libertad es que es producida   por la raz&oacute;n y carece de cualquier tipo   de motivaci&oacute;n sensible. Para dar cuenta de esta libertad, Kant se apoya en</p>     <p>   [L]a capacidad que posee cada uno de, primero,   tomar en consideraci&oacute;n diferentes posibilidades   alternativas de acci&oacute;n, segundo, valorarlas   de cara al futuro como provechosas o   perjudiciales, y, tercero, dominar los impulsos   sensibles concurrentes con dicha valoraci&oacute;n. (H&ouml;ffe 30)</p>     <p>   Ahora bien, a partir de la propuesta kantiana   se pueden distinguir tres niveles en el   arbitrio humano, o sea, tres sentidos de libertad.   El primer sentido de libertad, o el primer   nivel, se relaciona con lo que Kant va a llamar &mdash;en La fundamentaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica de las costumbres&mdash; imperativo hipot&eacute;tico t&eacute;cnico, seg&uacute;n el cual la libertad se limita a la relaci&oacute;n de medios y fines. Yo llevo a cabo ciertos medios para alcanzar un fin previamente elegido. El segundo nivel corresponde al imperativo hipot&eacute;tico pragm&aacute;tico. A diferencia del primer nivel, en el que puede haber diferentes fines, en el segundo nivel el fin es concreto, a saber, la felicidad, y el sujeto busca los medios m&aacute;s adecuados para alcanzarla. El tercer nivel se refiere al imperativo categ&oacute;rico. En este se suspenden las razones de determinaci&oacute;n emp&iacute;rica, y la libertad pr&aacute;ctica pura gobierna lo que corresponde a la moral, es decir, en este caso somos libres s&oacute;lo cuando actuamos de acuerdo con la ley moral. H&ouml;ffe expone de esta manera la propuesta moral de Kant sin hacer ning&uacute;n tipo de comentario con respecto a su actualidad, lo cual es bastante criticable, como veremos a continuaci&oacute;n.</p>     <p>   (1) H&ouml;ffe sostiene que el prop&oacute;sito principal   de la KrV es dar cuenta de la moral, por lo cual afirma que la rep&uacute;blica epist&eacute;mica   mundial est&aacute; al servicio de la rep&uacute;blica   moral mundial. (2) El prop&oacute;sito principal   del autor es exponer la actualidad de la   propuesta kantiana. (1) y (2) parecieran indicar   que &eacute;l se va a detener principalmente   en la actualidad de la propuesta moral. En   la primera parte de su art&iacute;culo (que corresponde   a la respuesta a la primera pregunta   que gu&iacute;a la obra de Kant) expone exhaustivamente   las razones por las que se puede ver   la actualidad de la filosof&iacute;a te&oacute;rica kantiana,   pero &mdash;contrario a lo que se podr&iacute;a pensar&mdash;   en la segunda parte (que incluye la respuesta   a la segunda pregunta que gu&iacute;a la obra de   Kant) &eacute;l no muestra la actualidad de la propuesta   moral kantiana, con lo cual pareciera   que, en vez de destacarla, le otorga en su   art&iacute;culo un lugar secundario. Esto parece   mostrar que H&ouml;ffe no es consecuente con su interpretaci&oacute;n de la obra de Kant.</p>     <p>   Para terminar, H&ouml;ffe responde a las cr&iacute;ticas   que se le pueden hacer al fil&oacute;sofo de   K&ouml;nigsberg a partir de las nuevas tendencias   filos&oacute;ficas. Una de las tesis m&aacute;s importantes   de Kant dice: hay un &uacute;nico mundo del conocer,   un &uacute;nico mundo epist&eacute;mico. Rorty critica   esta tesis a partir de una breve historia   de la filosof&iacute;a moderna basada en dos actos:   al primero lo llama retrasendentalizaci&oacute;n,   que consiste en la b&uacute;squeda de condiciones   del conocimiento que sean independientes   de la experiencia, cuya tendencia es buscar   un a priori sint&eacute;tico. El segundo acto, al que   Rorty llama destrasendentalizaci&oacute;n, consiste   en presentar una teor&iacute;a del conocimiento   sin acudir a un aparato conceptual. Con la cr&iacute;tica del fil&oacute;sofo norteamericano,</p>     <p>   [L]a expectativa de Kant, que consist&iacute;a en llevar   a la filosof&iacute;a por el camino seguro de la   ciencia, retrocede entonces ante el conductismo del conocimiento te&oacute;rico. (H&ouml;ffe 31)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Tal cr&iacute;tica la responde el autor siguiendo   el mismo m&eacute;todo de Rorty, vali&eacute;ndose,   por un lado, de un argumento de car&aacute;cter   hist&oacute;rico (hay principios matem&aacute;ticos que   a&uacute;n hoy se mantienen y en los que se basa   la ciencia) y, por el otro, de la comparaci&oacute;n   de culturas, pues nunca ninguna cultura ha   renunciado al espacio y al tiempo como formas   de la intuici&oacute;n, ni al principio causal   para explicar los sucesos. A partir de esto,   H&ouml;ffe sostiene que tenemos al menos cuatro   serios candidatos para opciones a un a priori   sint&eacute;tico: &ldquo;el espacio y el tiempo, la causalidad   y, en cuanto al lenguaje para misiones   objetivas, la matem&aacute;tica&rdquo; (H&ouml;ffe 31), restableciendo con ello la propuesta kantiana.</p>     <p>   II. La segunda parte del libro re&uacute;ne temas   de filosof&iacute;a pol&iacute;tica y del derecho, filosof&iacute;a   moral y la relaci&oacute;n entre &eacute;sta y la religi&oacute;n.   En el art&iacute;culo que voy a rese&ntilde;ar de esta   secci&oacute;n, titulado &iquest;Existe un concepto moral   del derecho en Kant?, se puede ver la relaci&oacute;n entre la moral y el derecho en Kant.</p>     <p>   El prop&oacute;sito de Adelino Braz es criticar   la tesis de la independencia &mdash;la cual lleva   al fracaso del proyecto kantiano relativo a una   unidad de la Metaf&iacute;sica de las Costumbres&mdash;,   con el fin de mostrar que Kant elabora un   concepto moral del derecho, dando con ello   cuenta de la coherencia del sistema kantiano.   La tesis de la independencia tiene principalmente dos caracter&iacute;sticas. Primera,</p>     <p>   [L]a voluntad en el derecho s&oacute;lo se manifiesta   de manera heter&oacute;noma, ya que no necesita   adoptar como m&oacute;vil la idea del deber moral para actuar seg&uacute;n la ley. (Braz 328)</p>     <p>   Segunda, el derecho estricto &mdash;aquel que   no est&aacute; mezclado con nada &eacute;tico, por lo que   s&oacute;lo exige fundamentos externos de determinaci&oacute;n   del arbitrio&mdash; es el objeto de la   doctrina del derecho en general &mdash;aquel que   tiene por objeto lo que en las acciones es exterior&mdash;.   De acuerdo con esto, la doctrina   del derecho &mdash;dada su heteronom&iacute;a&mdash; ser&iacute;a   independiente de una metaf&iacute;sica de las costumbres,   en la medida en que &eacute;sta no se deducir&iacute;a   de un imperativo moral (que es una &ldquo;proposici&oacute;n que manda el deber, y a partir del cual puede desarrollarse despu&eacute;s la facultad de obligar a otros, es decir, el concepto de derecho&rdquo; (Kant MC, AA VI, 239, citado por Braz 334), ni de su decreto categ&oacute;rico (cf. Braz 329). Sin embargo, Kant afirma que la legislaci&oacute;n jur&iacute;dica pertenece al conjunto de las leyes morales, por lo cual el proyecto kantiano se muestra incoherente. Para resolver esta inconsistencia, Braz retomar&aacute; la definici&oacute;n de metaf&iacute;sica de las costumbres con el prop&oacute;sito de presentar una interpretaci&oacute;n del proyecto kantiano que permita establecer un concepto moral del derecho.</p>     <p>   La metaf&iacute;sica de las costumbres es un sistema   de principios a priori de la raz&oacute;n normativa   que no tiene por objeto la naturaleza, sino   la libertad del arbitrio. &ldquo;Esa libertad, de la cual   provienen todas las leyes, tanto en el derecho   como en la &eacute;tica, s&oacute;lo puede ser conocida mediante el imperativo moral&rdquo; (Braz 336).</p>     <p>   El imperativo moral es una proposici&oacute;n que   manda el deber a partir del cual puede desarrollarse   despu&eacute;s la facultad de obligar a otros,   es decir, el concepto de derecho. (Kant MC, AA VI, 239; citado por Braz 334)</p>     <p>   El concepto de derecho se presenta bajo la   forma de ley categ&oacute;rica, no hipot&eacute;tica, cuya   f&oacute;rmula pertenece a una proposici&oacute;n pr&aacute;ctica moralmente:</p>     <p>   Obra externamente de tal modo que el uso libre   de tu arbitrio pueda coexistir con la libertad   de cada uno seg&uacute;n una ley universal. (Kant MC, AA VI, 231; citado por Braz 335)</p>     <p>   De esta manera, sostiene Braz, el derecho,   constituido a partir de una ley universal de   libertad, es moral en la medida en que impone   un conjunto de principios normativos   a priori e incondicionados, deducidos de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   Ahora queda la cuesti&oacute;n de si la distinci&oacute;n   entre leyes jur&iacute;dicas y leyes &eacute;ticas ha de   leerse seg&uacute;n la distinci&oacute;n entre legalidad y   moralidad, de acuerdo con lo que Kant dice   en La fundamentaci&oacute;n de la metaf&iacute;sica   de las costumbres y la Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n   pr&aacute;ctica. A partir del imperativo categ&oacute;rico,   que es una ley impuesta por la raz&oacute;n para   constre&ntilde;ir la voluntad, se deducen las leyes   de la libertad, calificadas como morales en   la medida en que se revelan como legislaciones   necesarias a priori, condiciones de posibilidad   de la autonom&iacute;a. En la &eacute;tica la autonom&iacute;a   se aplica a la libertad de la persona,   mientras que en el derecho se aplica a la voluntad   general (cf. Kant MC, AA , VI, 389; citado   por Braz 340), esto es, a la relaci&oacute;n de   personas libres y en acci&oacute;n rec&iacute;proca o, en   t&eacute;rminos de Rousseau, al inter&eacute;s com&uacute;n. As&iacute;,   en el caso del derecho, &ldquo;cada uno debe decidir   por todos lo que todos deciden por &eacute;l: esa   decisi&oacute;n es entonces una ley&rdquo; (Kant R, 7522;   AA XIX, 446; citado por Braz 341). En este   sentido, las acciones sometidas a la coacci&oacute;n   de la legislaci&oacute;n jur&iacute;dica se determinan a   partir de una interpersonalidad entre ciudadanos   mediante leyes p&uacute;blicas que se aplican   solamente a las acciones exteriores. Lo   anterior indica que la moral, como doctrina   de las costumbres, abarca tanto el derecho   como la &eacute;tica, cuyo principio y denominador com&uacute;n es el imperativo categ&oacute;rico.</p>     <p>   Partiendo de esta interpretaci&oacute;n, Braz   presenta una nueva taxonom&iacute;a de la moral   como sistema de deberes en general, la cual se puede sintetizar en el siguiente esquema:</p>      <p>   <font size="3" face="verdana"><b>Divisi&oacute;n de la moral como sistema de los deberes en general</b></font></p>      <p>   <b>1.</b> Deberes de derecho (Rechtspflichten)</p>     <p>   <b>1.1.</b> Derecho privado (Privatrecht)</p>     <p>   <b>1.2.</b> Derecho p&uacute;blico (&Ouml;ffentliches Recht)</p>     <p>   <b>2.</b> Deberes de virtud (Tugendpflichten)</p>     <p>   <b>2.1.</b> Doctrina elemental (Elementarlehre)</p>     <p> <b>2.1.1.</b> Dogmatica (Dogmatik)</p>     <p> <b>2.1.2.</b> Casu&iacute;stica (Casuistik)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   <b>2.2.</b> Metodolog&iacute;a (Methodenlehre)</p>     <p> <b>2.2.1.</b> Did&aacute;ctica (Didaktik)</p>     <p> <b>2.2.2.</b> Asc&eacute;tica (Ascetik)</p>     <p>   III. Pese al evidente rechazo que Kant expresa   por la ret&oacute;rica en la Cr&iacute;tica de la facultad   de juzgar (KUK), Catalina Gonz&aacute;lez   argumenta &mdash;en su art&iacute;culo titulado Las   huellas de lo sublime ret&oacute;rico en la Tercera   Cr&iacute;tica de Kant&mdash; que en la &ldquo;Anal&iacute;tica de lo   sublime&rdquo; se pueden encontrar huellas de algunas   nociones centrales de la ret&oacute;rica, las   cuales permiten explicar la idea de lo sublime   de una manera que es m&aacute;s acorde con la generalidad del pensamiento kantiano,</p>     <p>   [Y] mucho menos influenciada por la tendencia   rom&aacute;ntica que nos ha hecho ver la &laquo;Analitica   de lo sublime&raquo; como lugar de explicaci&oacute;n del &laquo;genio&raquo; en las artes&rdquo; (465). El primer indicio es &ldquo;la conexi&oacute;n entre el sentimiento de lo sublime y el reconocimiento est&eacute;tico de nuestra vocaci&oacute;n racional y moral. (Ib&iacute;d.)</p>     <p>   y el segundo tiene que ver con la descripci&oacute;n   que hace Kant del progresus y regresus   de la imaginaci&oacute;n en lo sublime matem&aacute;tico,   la cual refleja la estructura ret&oacute;rico-po&eacute;tica   de la amplificaci&oacute;n que, seg&uacute;n Longino,   es la figura ret&oacute;rica esencial del &ldquo;gran estilo&rdquo; o &ldquo;estilo sublime&rdquo;.</p>     <p>   Para lograr su cometido, la autora parte   de la historia de la traducci&oacute;n del t&eacute;rmino &ldquo;sublime&rdquo;, el cual &mdash;aunque es tomado del Peri Hypsous, tratado de ret&oacute;rica del siglo primero escrito por Longino (al parecer nombre ap&oacute;crifo)&mdash; pierde todo su peso ret&oacute;rico y se convierte en una noci&oacute;n &ldquo;puramente est&eacute;tica&rdquo;, principalmente durante el siglo XVIII ingl&eacute;s. Esta definici&oacute;n insuficiente del t&eacute;rmino &mdash;que es debida inicialmente a la interpretaci&oacute;n de Boileau, primer traductor de la obra de Longino&mdash; es resultado del prejuicio de la modernidad contra la ret&oacute;rica, que era vista en aquella &eacute;poca, y a&uacute;n en nuestros d&iacute;as, como el arte de producir, mediante mecanismos artificiosos, discursos altamente ornamentados para persuadir a una audiencia.</p>     <p>   Boileau sostiene que   [L]o sublime en Longino no guarda ninguna   relaci&oacute;n con el llamado estilo sublime o grandilocuente   de la ret&oacute;rica cl&aacute;sica, sino que lo   sublime s&oacute;lo designa un cierto tipo de ideas   que el artista concibe y expresa llanamente,   sin necesidad de acudir a artificios de estilo. (Catalina 466)</p>     <p>   En contra de esta posici&oacute;n, la autora muestra   que es incorrecto prescindir de la ret&oacute;rica   para explicar lo sublime, en la medida en que   lo sublime opera dentro de los l&iacute;mites de la   ret&oacute;rica. En efecto, los dos est&aacute;n compuestos   por fuentes naturales (grandes ideas y emociones   fuertes) y fuentes artificiales (la elecci&oacute;n   de figuras, la composici&oacute;n elevada y la   dicci&oacute;n noble). No obstante, pese a tener los   mismos tipos de componentes, los de la ret&oacute;rica   exceden a los de lo sublime (a la ret&oacute;rica   se sumar&iacute;a la memoria), raz&oacute;n por la que   Catalina sostiene que lo sublime opera dentro   de los l&iacute;mites de la ret&oacute;rica (cf. 467). El error   de Boileau es que s&oacute;lo tiene en cuenta las   fuentes naturales de lo sublime, lo que conlleva   a una interpretaci&oacute;n rom&aacute;ntica de este   t&eacute;rmino, a situarlo en un contexto exclusivamente   psicol&oacute;gico, que lo despoja de todo su   valor ret&oacute;rico, pues &mdash;seg&uacute;n Boileau&mdash; s&oacute;lo   de esta manera el concepto puede tener un significado &ldquo;puramente est&eacute;tico&rdquo;.</p>     <p>   Como lo menciona Jeffrey Walter, el objetivo   de Longino con su tratado no era proponer   el ideal est&eacute;tico del genio, como se ha cre&iacute;do a   partir de Boileau, sino precisamente lo contrario,   esto es, referirse al &ldquo;gran estilo&rdquo;, o &ldquo;estilo grandilocuente&rdquo; de la ret&oacute;rica cl&aacute;sica (467).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El gran estilo es lo que caracteriza &mdash;en t&eacute;rminos   de Cicer&oacute;n&mdash; al orador perfecto, al gran   orador, que es concebido como &ldquo;un hombre   moralmente id&oacute;neo, de amplia formaci&oacute;n humanista,   de perspectiva abierta y liberal, y de   imagen vivaz. No en vano Longino dice: &ldquo;lo sublime es el eco de un esp&iacute;ritu noble&rdquo; (469).</p>     <p>   As&iacute;, a trav&eacute;s de las propuestas de Burke   y sus contempor&aacute;neos, Kant adquiere una idea de lo sublime totalmente desprovista de   su connotaci&oacute;n ret&oacute;rica y altamente psicologizada.   Sin embargo, ya desde Las observaciones   sobre el sentimiento de lo bello   y lo sublime, se percibe su tendencia a relacionar   lo sublime con contenidos no burkeanos   y m&aacute;s cercanos al contenido ret&oacute;rico   de la noci&oacute;n; por ejemplo, a relacionarlo   con el sentimiento de respeto moral y el cultivo   de la racionalidad. En la KUK, por otro   lado, ya se ve con claridad el contenido ret&oacute;rico   de la noci&oacute;n de lo sublime. En efecto,   para Kant lo sublime es &ldquo;una conmoci&oacute;n del &aacute;nimo, un movimiento violento del esp&iacute;ritu, y, como tal, una excepci&oacute;n a la actividad armoniosa de nuestras facultades&rdquo; (Catalina 470). Ahora bien, para que esta excepci&oacute;n se d&eacute;, se requiere que el hombre haya tenido una educaci&oacute;n adecuada, que haya</p>     <p>   [E]ntrenado imaginaci&oacute;n, raz&oacute;n y sentimiento,   de modo que la imaginaci&oacute;n sea vigorosa; la   raz&oacute;n aut&oacute;noma; y el sentimiento consonante con la ley moral. (Catalina 471)</p>     <p>   Seg&uacute;n lo dicho, el hombre que &mdash;para   Kant&mdash; puede tener la disposici&oacute;n sensible   que hace posible el sentimiento de lo sublime,   es muy similar al que Cicer&oacute;n llama &ldquo;orador perfecto&rdquo;.</p>     <p>   Ahora bien, lo sublime no es el resultado   de un &ldquo;chispazo genial&rdquo;, sino el resultado   de una estructura est&eacute;tica determinada   que puede encontrarse tanto en la naturaleza   como en las artes, y, entre estas &uacute;ltimas,   nos dice la autora, principalmente en la oratoria.   Esta estructura produce en el observador   el progressus de la imaginaci&oacute;n hacia el   infinito y su regressus, o fracaso, al no obtener   una intuici&oacute;n correspondiente a la totalidad   del objeto percibido.</p>     <p>   Si el discurso del &ldquo;orador perfecto&rdquo; busca   ocasionar el sentimiento de lo sublime en   su audiencia, el &ldquo;gran estilo&rdquo; ha de poseer   dicha estructura. Los fen&oacute;menos naturales   que producen el sentimiento de lo sublime   lo hacen en virtud de su ilimitaci&oacute;n. Pero las   obras de arte, especialmente las discursivas,   no son ilimitadas. Por ello se pregunta la   autora: &ldquo;&iquest;c&oacute;mo logra entonces la ret&oacute;rica, y   m&aacute;s espec&iacute;ficamente el estilo grandilocuente,   re-producir esta &laquo;ilimitaci&oacute;n&raquo; de la naturaleza?&rdquo;   (472).</p>     <p>   La &ldquo;amplificaci&oacute;n&rdquo; &mdash;figura considerada   por Longino como el &ldquo;cuerpo&rdquo; de la sublimidad   y, seg&uacute;n la autora, la estrategia ret&oacute;rica   m&aacute;s importante de las que expone   Longino&mdash; es la estructura del discurso que   ocasiona lo sublime.</p>     <p>   Un discurso amplificado presenta a la   audiencia un flujo r&aacute;pido de im&aacute;genes que   muestran aspectos diferentes de una misma   idea. La sucesi&oacute;n de im&aacute;genes a ritmo acelerado   requiere el uso de conectores en vez   de puntos aparte, los cuales marcan la insistencia   del orador en la idea que se desea representar.   El argumento es as&iacute; enfatizado a   la vez que exhaustivamente examinado, y el   escucha queda literalmente &ldquo;exhausto&rdquo;, con   la sensaci&oacute;n de que una gran violencia se ha   ejercido sobre su imaginaci&oacute;n. [En la mayor&iacute;a   de los casos] el resultado es, indudablemente,   una fuerte remoci&oacute;n de los sentimientos   morales del escucha, y la adherencia   inmediata con la causa del orador.</p>     <p>   De esta manera, lo sublime en Kant puede   ser entendido como la expresi&oacute;n est&eacute;tica del   sentimiento de respeto por la ley moral. As&iacute;,   si el resultado de lo sublime es la adherencia   de la audiencia al punto de vista del orador,   esto es as&iacute; porque la audiencia ha descubierto   su propia capacidad y deseo de seguir   el mandato de la raz&oacute;n, mandato que es com&uacute;n   al orador y al escucha, pero que el orador,   como hombre cultivado y libre pensador,   ha reconocido y asumido previamente.</p> </font>      ]]></body>
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