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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p align="center"><font size="2" face="verdana"><b><font size="4">&iquest;ES WITTGENSTEIN UN FUNDACIONALISTA?</font></b></font></p>     <p align="center"><font size="2" face="verdana">   <i><font size="3">Is Wittgenstein a Foundationalist?</font></i></font></p> <font size="2" face="verdana">     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="right"><b>CARLOS ALBERTO CARDONA S</b>.    <br>   Universidad del Rosario - Bogot&aacute;, Colombia    <br> <a href="mailto:carlos.cardona@urosario.edu.co"><i>carlos.cardona@urosario.edu.co</i></a></p>     <p align="right"><i>Art&iacute;culo recibido: 6  de julio de 2010; aceptado: 25 de octubre de 2010.</i></p> <HR SIZE="1">     <p align="justify"><b>Resumen</b></p>     <p align="justify">En  la literatura reciente ha tomado fuerza la idea de reconocer en <i>Sobre la certeza</i> la  manifestaci&oacute;n de un tercer Wittgenstein. Avrum Stroll, en particular, sostiene   que  en dicha obra se expone una versi&oacute;n nueva y poderosa de fundacionalismo   no-homog&eacute;neo.  Se examina dicho fundacionalismo, y se defiende que, en <i>Sobre</i> <i>la certeza</i>, se despliega la  metodolog&iacute;a sintetizada en las <i>Investigaciones  filos&oacute;ficas</i> con  el &aacute;nimo de advertir una nueva forma de imposibilidad l&oacute;gica. Se muestra c&oacute;mo  Stroll defiende una lectura emparentada con concepciones sustancialistas del <i>Tractatus</i>, y se recomienda una  lectura austera de <i>Sobre la certeza.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify"><i>Palabras clave: </i>A.  Stroll, L. Wittgenstein, fundacionalismo.</p> </blockquote> <HR align="JUSTIFY" SIZE="1">     <p align="justify"><b>Abstract</b></p>     <p align="justify">  The idea that <i>On Certainty </i>reveals a third Wittgenstein has become  common in   the recent literature. In  particular, Avrum Stroll argues that said work sets forth a   new and powerful version of  non-homogeneous foundationalism. The article examines   that foundationalism and defends the  argument that <i>On Certainty </i>deploys   the methodology used in the <i>Philosophical  Investigations </i>in order to point out a   new form of logical impossibility.  The article also shows how Stroll defends a position   associated with substantialist  readings of the <i>Tractatus</i>, and recommends an   austere reading of <i>On Certainty</i>.</p>     <blockquote>    <p align="justify"><i>Keywords: </i>A. Stroll, L. Wittgenstein, foundationalism.</p> </blockquote> <HR align="JUSTIFY" SIZE="1">     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"></font>El lector que frecuenta la obra de L. Wittgenstein est&aacute;  acostumbrado   a encontrar breves interrupciones al tratamiento propio de  los temas   que atormentan al autor. Algunas de estas interrupciones se  ocupan de   los horizontes o los m&eacute;todos de la filosof&iacute;a en general. En  el <i>Tractatus</i> (TLP) ello ocurre especialmente en dos sectores. En el  primer sector   (4.111-4.116) se advierte que la filosof&iacute;a no es una ciencia  natural. En el   segundo sector (6.5-6.54) se advierte el aspecto m&aacute;s  parad&oacute;jico: dado   que no es posible formular proposici&oacute;n filos&oacute;fica alguna, no  hemos de   empe&ntilde;arnos en leer las afirmaciones del TLP a la manera de  proposiciones.   El <i>Tractatus </i>es  un ejercicio de aclaraci&oacute;n que pretende demarcar el   terreno leg&iacute;timo del pensamiento, vali&eacute;ndose para ello de  instrumentos   no del todo apropiados; quiere delimitar los alcances de la  proposici&oacute;n genuina, pero ello debe hacerlo sin enunciar ninguna  proposici&oacute;n.</p>     <p align="justify">En el caso de las <i>Investigaciones  filos&oacute;ficas </i>(IF), las aludidas acotaciones   metodol&oacute;gicas est&aacute;n distribuidas a lo largo del texto. No   obstante, el mayor grupo de estas acotaciones est&aacute;  concentrado en 89-   133. El ejercicio de aclaraci&oacute;n adelantado all&iacute; busca, entre  otras cosas,   hacer patente que una investigaci&oacute;n por la esencia del  lenguaje -si ella   se entiende como algo profundo que yace oculto- es s&oacute;lo una  investigaci&oacute;n   en apariencia. La filosof&iacute;a (tanto en el TLP como en las IF)  no   debe aspirar a la construcci&oacute;n de teor&iacute;as que den cuenta de  las condiciones   l&oacute;gicas de posibilidad para el uso del lenguaje. En el marco  del   TLP, la filosof&iacute;a es una actividad orientada a ofrecer  elucidaciones. En   el marco de las IF, la filosof&iacute;a detiene sus aspiraciones en  el &aacute;mbito de   la descripci&oacute;n. Ni la elucidaci&oacute;n, ni la descripci&oacute;n son  categor&iacute;as cuyo   uso se defina o se ejemplifique con absoluta claridad en  alguna suerte   de pre&aacute;mbulo a las obras mencionadas. Ellas son categor&iacute;as  que debe   descubrir el lector y con las que debe ir ganando lentamente  alguna   forma de empat&iacute;a. No obstante, hay algunas pistas que ayudan  a despejar   el ejercicio. El concepto de elucidaci&oacute;n est&aacute; anclado, sin  duda,   en el uso que pretend&iacute;a Frege cuando advert&iacute;a que no puede  darse   una definici&oacute;n de los elementos primitivos del lenguaje,  toda vez que   podemos incurrir en situaciones parad&oacute;jicas; como ocurre  cuando   afirmamos que &quot;un concepto no es un objeto&quot; y, no obstante,  tenemos   que usar la expresi&oacute;n &quot;concepto&quot; en el lugar sint&aacute;ctico  adecuado   para un objeto. Cuando usamos una elucidaci&oacute;n al estilo de  Frege,   empleamos el lenguaje de una manera inapropiada, pues  aquello que   queremos expresar no se puede presentar en la sintaxis  originaria   sin provocar paradojas. De otra parte, el concepto <i>descripci&oacute;n </i>est&aacute;   arraigado, entre otras fuentes, en el uso que pretend&iacute;a  darle Goethe a   expresiones como <i>Urph&auml;nomen</i>, para referirse a la idea seg&uacute;n la cual   las investigaciones, en morfolog&iacute;a vegetal, deb&iacute;an terminar  en reconocer   en la <i>planta originaria </i>&#91;<i>Urpflanze</i>&#93;  el paradigma que contiene toda   la estructura del &aacute;rbol en su totalidad.<a href="#pie1" name="spie1"><sup>1</sup></a>  Goethe pensaba que en cada   parte de un &aacute;rbol ya se encuentra la planta originaria,  despleg&aacute;ndose   en una din&aacute;mica de expansi&oacute;n o de contracci&oacute;n.<a href="#pie2" name="spie2"><sup>2</sup></a>  Querer ir m&aacute;s all&aacute;,   formulando realidades ajenas a nuestra contemplaci&oacute;n cercana,  como   pretend&iacute;an las ciencias naturales cl&aacute;sicas a las que se  opon&iacute;a Goethe,   es desbocarse tras la persecuci&oacute;n de quimeras que oscurecen  y nos   alejan de las apariencias familiares. As&iacute; recoge  Wittgenstein, ocup&aacute;ndose   de la ilusi&oacute;n filos&oacute;fica, la influencia de Goethe: &quot;Nuestro  error   es buscar una explicaci&oacute;n all&iacute; donde deber&iacute;amos ver los  hechos como   &#39;protofen&oacute;menos&#39; &#91;<i>Urph&auml;nomena</i>&#93;. Es decir, donde deber&iacute;amos decir:   este es el juego de lenguaje que se est&aacute; jugando&quot; (IF &sect;654,  &eacute;nfasis m&iacute;o).</p>     <p align="justify">En una de esas entradas, en las que Wittgenstein pretende  advertirle   al lector de IF que la descripci&oacute;n ha de reemplazar las  aspiraciones   de una explicaci&oacute;n (en particular &sect;109, 124), el autor  ofrece una cr&iacute;ptica   s&iacute;ntesis que reza as&iacute;: &quot;Un problema filos&oacute;fico tiene la forma:  &#39;No   s&eacute; salir del atolladero&#39;&quot; (IF &sect;123). Conviene detenerse en  el siguiente   contraste: de un lado, la declaraci&oacute;n alude a una especie de  caracterizaci&oacute;n   de todo problema filos&oacute;fico (no alude solamente al problema   que ocupa al autor en las vecindades del aforismo); de otro  lado, la   caracterizaci&oacute;n se presenta en un tono personal que adquiere  la forma   de una confesi&oacute;n. Nuestros problemas filos&oacute;ficos, fieles a  la tradici&oacute;n   anal&iacute;tica original, remiten a una dificultad arraigada en  nuestras formas   de expresi&oacute;n (la forma l&oacute;gica que se oculta tras el ropaje  de la   forma gramatical, como pensaba Russell). Cuando intentamos  poner   cierto orden en nuestras formas de expresi&oacute;n, bien sea  porque   tratamos de auscultar la forma l&oacute;gica (<i>cf. </i>TLP), o bien sea porque   comparamos con ciertos juegos de lenguaje para procurar una  visi&oacute;n   sin&oacute;ptica (<i>cf. </i>IF &sect;122), arribamos a un l&iacute;mite que ya no podemos zanjar.   En este punto estamos tentados a dar un paso m&aacute;s all&aacute;, un  paso   que nos conduce a creer que el fundamento del lenguaje yace  m&aacute;s all&aacute;   en forma inaprehensible; puede incluso que lleguemos a  pensar que   desde all&iacute; se divisa lo m&iacute;stico (lo sublime). Tambi&eacute;n puede  ser que   contengamos el instinto irrefrenable que nos invita a saltar  al vac&iacute;o.   En este punto deber&iacute;amos reconocer el paisaje como un <i>Urph&auml;nomen</i>,   pero cierto instinto o inercia filos&oacute;fica siembra en  nosotros la incomodidad.   Aunque hemos llegado al final de la investigaci&oacute;n, podemos   creer que hay una exigencia de querer ir m&aacute;s all&aacute; y un  reconocimiento de que no podemos hacerlo. Esta tensi&oacute;n entre el deseo y la  imposibilidad   tiene la forma: &quot;No s&eacute; salir del atolladero&quot;.<a href="#pie3" name="spie3"><sup>3</sup></a>  Llegar al <i>Urph&auml;nomen</i> en cada caso particular, puede reconocerse como la meta del  an&aacute;lisis   en las obras correspondientes al segundo Wittgenstein.  Reconocerlo   como el punto de partida sin querer ir m&aacute;s all&aacute; no es tarea  f&aacute;cil: &quot;Lo   dif&iacute;cil es encontrar el principio. O mejor: es dif&iacute;cil  comenzar desde el   principio. Sin intentar retroceder m&aacute;s all&aacute;&quot; (<i>Sobre la certeza </i>&#91;SC&#93;  &sect;471, <i>Zettel </i>&#91;ZE&#93; &sect;314).</p>     <p align="justify">En relaci&oacute;n con el tono personal de las IF (&sect;123),<a href="#pie4" name="spie4"><sup>4</sup></a> encuentro muy   pertinente la recomendaci&oacute;n de Stanley Cavell, seg&uacute;n la cual  en los   escritos del segundo Wittgenstein es posible identificar  tres voces: la   voz de la tentaci&oacute;n, la voz de la correcci&oacute;n y la voz del  silencio (<i>cf.</i> 1995 125-186). Los di&aacute;logos socr&aacute;ticos de Wittgenstein  pretenden sacar   a la luz las voces interiores. As&iacute; las cosas, la actitud en  muchas ocasiones   vacilante de Wittgenstein es apenas normal en una tarea que   pretende hacer de la filosof&iacute;a una pr&aacute;ctica m&aacute;s que una  doctrina o   una teor&iacute;a. En ese orden de ideas, es vital entender que  Wittgenstein   busca un m&eacute;todo (o un conjunto de m&eacute;todos) que no procura  hacerle   entender algo a un tercero; es, m&aacute;s bien, un m&eacute;todo que ha  de aplicar   cada uno sobre sus propios modos de expresi&oacute;n. En ese  sentido, dicho   m&eacute;todo puede llegar a tener la forma de una terapia. Por  ello todas las   obras correspondientes al llamado <i>segundo per&iacute;odo </i>podr&iacute;an  llevar el nombre gen&eacute;rico de <i>Confesiones  filos&oacute;ficas</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el presente art&iacute;culo sostengo que Avrum Stroll, en su  influyente   lectura de <i>Sobre la  certeza</i>, ha querido insinuar la defensa de   una teor&iacute;a fundacionalista, cediendo a la tentaci&oacute;n de  dirigirse m&aacute;s   all&aacute; de los l&iacute;mites naturales del lenguaje. Intento mostrar  que los movimientos   de Stroll son an&aacute;logos a ciertos movimientos tendientes a   reconocer en el <i>Tractatus </i>un modo muy peculiar de ocuparse de lo   inefable. En la primera parte me ocupo de la distinci&oacute;n que  James   Conant, inspirado en las recomendaciones de Cora Diamond, ha   trazado entre lecturas sustanciales y lecturas austeras del <i>Tractatus</i>.   Tambi&eacute;n sugiero que las tensiones entre estas dos formas de  asumir   el sin-sentido en el <i>Tractatus </i>est&aacute;n presentes en la interpretaci&oacute;n de   las obras posteriores. En la segunda parte sintetizo la  propuesta de   Stroll. En la &uacute;ltima muestro los parecidos de familia entre  la lectura   de Stroll de <i>Sobre la  certeza </i>y un acercamiento sustancial al <i>Tractatus</i>.   Tambi&eacute;n abogo por una lectura austera de <i>Sobre la certeza</i>.</p>     <p align="center"><b>I</b></p>     <p align="justify">La tarea b&aacute;sica de la filosof&iacute;a, le explicaba Wittgenstein a  Russell,   consiste en ocuparse de la distinci&oacute;n entre decir y mostrar  (<i>cf. Ludwig</i> <i>Wittgenstein:  Cambridge Letters. Correspondence with Russell, Keynes,</i> <i>Moore, Ramsey and  Sraffa </i>&#91;CRKM&#93; carta  68, 124; TLP &sect;4.1212). Aunque   la aclaraci&oacute;n forma parte de las m&uacute;ltiples explicaciones que  el autor   ofreci&oacute; para hacer comprensible el TLP, podemos arriesgarnos  a sugerir   que Wittgenstein mantuvo esta creencia a lo largo de toda su  obra.   En el <i>Tractatus </i>se enuncian en forma expl&iacute;cita los rasgos centrales del   simbolismo, que se muestran sin que se puedan presentar por  medio   de proposiciones; he aqu&iacute; algunos: que dos proposiciones  muestren   por su estructura si una contradice a la otra, o si una se  sigue de la otra   (<i>cf. </i>TLP  &sect;4.1211), el sentido de la proposici&oacute;n (<i>cf. </i>TLP &sect;4.022), que algo   cae bajo un concepto formal (<i>cf. </i>TLP &sect; 4.126), que hay objetos (<i>cf. </i>TLP   &sect;4.1272), que 1 es un n&uacute;mero (<i>cf. </i>TLP &sect;6.021), las propiedades y  relaciones   internas (<i>cf. </i>TLP &sect;4.122), que hay leyes naturales (<i>cf. </i>TLP &sect;6.36).</p>     <p align="justify">La distinci&oacute;n entre decir y mostrar tambi&eacute;n se puede  rastrear, con   algunas diferencias esenciales, en los escritos posteriores  (<i>cf. </i>SC&sect; 466).   Muchos de los laberintos en las IF, en los que se indaga por  el fundamento   para usar un concepto de una manera m&aacute;s bien que de otra,   llegan, por lo general, a una respuesta similar, a saber:  &quot;as&iacute; simplemente   actuamos&quot; (IF &sect;217), &quot;as&iacute; calculamos&quot; (RFM &sect;63). Esto  significa que   cuando iniciamos cualquier pesquisa que pretenda develar los  fundamentos   &uacute;ltimos, hemos de llegar a la convicci&oacute;n de que nada nos   constri&ntilde;e: nada externo ni interno nos obliga a organizar el  lenguaje   tal y como lo hacemos. &iquest;C&oacute;mo puede un ni&ntilde;o, entonces,  incorporarse   en nuestras comunidades, si de hecho no podemos explicarle   de antemano c&oacute;mo funciona el lenguaje? Esta pregunta  obsesion&oacute; a   Wittgenstein, y por m&uacute;ltiples laberintos lleg&oacute; a preguntarse  &iquest;c&oacute;mo   puede un ni&ntilde;o aprender a seguir una regla si nosotros no  podemos   fundamentarle que hay que seguirla de esta m&aacute;s bien que de  otra   manera? Esta perplejidad llev&oacute; a Wittgenstein a desarrollar  variadas   terapias conducentes a poner en evidencia que seguir una  regla no exige   necesariamente atenerse a una interpretaci&oacute;n de ella, sino a  una   pr&aacute;ctica que incorporamos de manera ciega en nuestros  protocolos   de aculturaci&oacute;n. El hecho de que sigamos adecuadamente una  regla <i>se muestra </i>en la concordancia de  nuestras acciones con las expectativas   de los dem&aacute;s, no es un hecho que obedezca a una cadena  causal   iniciada en un fantasma interior. He aqu&iacute;, pues, una  expresi&oacute;n del protagonismo   de la distinci&oacute;n entre decir y mostrar en el coraz&oacute;n de IF.</p>     <p align="justify">James Conant, bajo la influencia de Cora Diamond, defiende  la   idea seg&uacute;n la cual los movimientos de Wittgenstein en el <i>Tractatus</i> tratan de resolver una tensi&oacute;n, que se encuentra ya en los  escritos de    Frege, entre dos concepciones diferentes de sin-sentido: <i>concepci&oacute;n</i> <i>sustancial </i>y <i>concepci&oacute;n austera. </i>La  primera distingue entre dos clases   diferentes de sin-sentido: mero-sin-sentido y sin-sentido-sustancial.   El primero es ininteligible, en tanto que el segundo est&aacute;  compuesto   de ingredientes inteligibles combinados de una manera  ileg&iacute;tima. La   segunda concepci&oacute;n sostiene que s&oacute;lo existe una clase de  sin-sentido:   el mero-sin-sentido. En otras palabras, no existe un  sin-sentido especial.   Conant establece un paralelo entre las nociones de  sin-sentido y   los prop&oacute;sitos de la elucidaci&oacute;n. Mientras la primera  concepci&oacute;n de   sin-sentido asume que la tarea de la elucidaci&oacute;n es mostrar  que hay   algo que no puede ser dicho, la segunda concepci&oacute;n asume que  la elucidaci&oacute;n   se encarga de mostrar que somos propensos a significar algo   cuando no significamos nada. Seg&uacute;n Conant, el error de la  mayor&iacute;a de   comentaristas del TLP consiste en pensar que Wittgenstein  defiende la   concepci&oacute;n sustancial, cuando en realidad los argumentos del  fil&oacute;sofo   favorecen m&aacute;s bien una concepci&oacute;n austera.</p>     <p align="justify">El hecho de que el <i>Tractatus </i>establezca que las cuestiones <i>realmente</i> <i>importantes </i>(&iexcl;) -a saber: el  sujeto metaf&iacute;sico (<i>cf. </i>TLP  &sect;5.641), el   sentido del mundo (<i>cf. </i>TLP &sect;6.41), el sentido de la vida (<i>cf. </i>TLP &sect;6.52)-   pertenezcan al &aacute;mbito de lo que queda por fuera de los  l&iacute;mites del   lenguaje, unido al hecho de que el <i>Tractatus </i>afirme que aquello  que   quisiera expresar no lo puede hacer con las herramientas de  las que   dispone el simbolismo, permiten presentar en forma atractiva  la versi&oacute;n   sustancialista, defendiendo que lo realmente valioso del  tratado   de l&oacute;gica consiste en poner en evidencia el car&aacute;cter  inefable de los   temas que atraen al esp&iacute;ritu filos&oacute;fico. Los int&eacute;rpretes de  la lectura   sustancialista sostienen que aquello que se puede mostrar,  sin que lo   podamos expresar, corresponde a una especie de estructura  profunda   que, si bien en parte es el fundamento de todo el lenguaje,  no puede   ser capturado por el lenguaje mismo.<a href="#pie5" name="spie5"><sup>5</sup></a>  El <i>Tractatus </i>es,  seg&uacute;n esta versi&oacute;n,   un tratado de l&oacute;gica que pone en evidencia la naturaleza  inefable   de las preocupaciones metaf&iacute;sicas. Veamos c&oacute;mo sintetiza  Elizabeth   Anscombe la tensi&oacute;n entre decir y mostrar:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Sin  embargo una parte importante en el <i>Tractatus </i>es desempe&ntilde;ada     por  aquellas cosas que, aunque no pueden ser dichas, aun as&iacute; se pueden     mostrar o  exhibir. Esto es tanto como decir: ser&iacute;a correcto llamarlas     &quot;verdaderas&quot;  si, <i>per impossibile</i>,  pudieran ser dichas; ellas, en efecto, no     pueden  ser llamadas as&iacute;, pues no pueden ser dichas, pero &quot;pueden ser     mostradas&quot;,  o &quot;ser exhibidas&quot;, en las proposiciones que dicen las cosas     que se  pueden decir. Ahora bien, las cosas que ser&iacute;an verdaderas si ellas     pudieran  decirse son obviamente importantes. (Anscombe 162)</p> </blockquote>     <p align="justify">Los int&eacute;rpretes del segundo grupo afirman que aquello que   carece de sentido y, sin embargo, se puede mostrar en el uso  que hacemos   del simbolismo, no tiene por qu&eacute; atarse a una especie de  sentido   sustancial e inefable.<a href="#pie6" name="spie6"><sup>6</sup></a> El <i>Tractatus </i>no  ha puesto en evidencia el reino   de lo inefable, como si se tratara de un para&iacute;so metaf&iacute;sico.  La expresi&oacute;n   m&aacute;s profunda de esta orientaci&oacute;n se encuentra en el llamado de   atenci&oacute;n de Ramsey a Wittgenstein: &quot;la principal proposici&oacute;n  de la   filosof&iacute;a es que la filosof&iacute;a carece de sentido. &iexcl;Y de nuevo  nosotros debemos   tomar seriamente que carece de sentido, y no pretender, como lo hace Wittgenstein, que es un sin sentido importante!&quot;  (Ramsey 1).</p>     <p align="justify">No es dif&iacute;cil encontrar anotaciones de Wittgenstein que  invitan   a adoptar una lectura sustancial. &quot;Hay, ciertamente, lo  inexpresable,   lo que se muestra a s&iacute; mismo; esto es lo m&iacute;stico&quot; (TLP  &sect;6.522). As&iacute; las   cosas, en caso de favorecer una lectura austera, hemos de  dirigir hacia   Wittgenstein la cr&iacute;tica que Goethe formulaba a Kant:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">Cuando  trataba, si no de penetrar, al menos de utilizar lo m&aacute;s posible     la  doctrina de Kant, ten&iacute;a a veces la impresi&oacute;n de que este hombre     excelente  proced&iacute;a de un modo ir&oacute;nico y malicioso, en cuanto que, por     un lado,  parec&iacute;a esforzarse en fijar los m&aacute;s estrechos l&iacute;mites a la facultad     cognoscitiva,  y, por otro, en cambio, parec&iacute;a mirar de reojo m&aacute;s all&aacute; de     los  confines que &eacute;l mismo hab&iacute;a se&ntilde;alado. (Goethe 2007 186)</p> </blockquote>     <p align="justify">En <i>Sobre la certeza</i>, de otra parte, Wittgenstein reitera uno de   los ejes de IF. All&iacute; reconoce nuevamente que el lenguaje no  se ha   construido a partir de un razonamiento, no obedece a una  estructura   previa e inteligible que pudiese contemplarse como la  condici&oacute;n   de posibilidad de toda racionalidad. Si hemos de entender el  origen   del lenguaje, algo as&iacute; como su historia natural, conviene  que lo veamos   como una creaci&oacute;n animal y no como el fruto cultivado por un   ser racional (<i>cf. </i>SC &sect;359). Todas nuestras indagaciones por el fundamento   del lenguaje terminan por reconocer que lo que nos es dado   tiene la apariencia de una forma de vida, m&aacute;s all&aacute; de la  cual no tiene   sentido reiniciar investigaci&oacute;n alguna. El esp&iacute;ritu  filos&oacute;fico, por   su parte, se alimenta de nuestro deseo de ir m&aacute;s all&aacute;. En  dichas formas   de vida nos topamos con lo patente, aquello que nunca estuvo   oculto (<i>Urph&auml;nomen</i>). Nosotros coordinamos nuestras acciones en   conjunto con los dem&aacute;s, as&iacute; tejemos cientos de pr&aacute;cticas y,  sin darnos   cuenta, de repente advertimos que nos hemos tragado, por as&iacute;  decirlo,   toda la estructura l&oacute;gica de nuestras investigaciones.  Cuando queremos   que dicha estructura salga a la luz, como si a&uacute;n quisi&eacute;ramos  ver   algo que no logramos aprehender, fallamos una y otra vez en  nuestro intento.    Pretendemos formular en un discurso proposicional aquello   que hemos de reconocer como el fundamento de la raz&oacute;n (o el  fundamento   del lenguaje), y fallamos en cada uno de nuestros intentos.  Sin   embargo, dichos yerros no se deben a nuestra torpeza en  calidad de   investigadores; se deben a que aquello que pretendemos  exhibir en un   discurso proposicional no puede salir a la luz de esa  manera. Aquello   que pretendemos elucidar ya ha de reconocerse en nuestras  formas   colectivas de acci&oacute;n si aprendemos a verlas como <i>Urph&auml;nomena</i>. En   este punto se ilumina el instinto metaf&iacute;sico de algunos  int&eacute;rpretes,   que creen divisar en el horizonte el car&aacute;cter inefable del  fundamento   (lectura sustancial).</p>     <p align="justify">La tragedia, y en alg&uacute;n sentido la victoria, del <i>Tractatus </i>se puede   sintetizar as&iacute;: lo realmente importante (<i>v. gr</i>., el sentido de la vida) no se   puede atrapar a trav&eacute;s del lenguaje pleno de significado.  Nos gustar&iacute;a   pensar (he ah&iacute; la voz de la seducci&oacute;n), animados por una  insinuaci&oacute;n sustancialista, que otras formas de expresi&oacute;n acuden en  nuestro auxilio.</p>     <p align="justify">La tragedia, y en alg&uacute;n sentido la victoria, de <i>Sobre la certeza </i>se   puede sintetizar as&iacute;: no hay fundamento alguno para el  lenguaje; el   lenguaje no ha surgido de un razonamiento que impone su  impronta   en &eacute;l. Todos nuestros intentos por aprehender la pureza  cristalina de   la l&oacute;gica fracasan inexorablemente. Y ese fracaso adquiere  la forma   de una frustraci&oacute;n personal. La frustraci&oacute;n por no lograr  aprehender   la esencia del lenguaje guarda cierto parecido de familia  con la   frustraci&oacute;n que sent&iacute;a Kierkegaard cuando no lograba asir la  esencia   del sacrificio exigido a Abraham. Aprovechemos, entonces,  las   palabras de Kierkegaard, quien ejerci&oacute; una peculiar  influencia sobre   Wittgenstein. Procuremos pensar en el fundamento del  lenguaje, all&iacute;   donde el fil&oacute;sofo dan&eacute;s menciona a Abraham:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Pero  cuando me pongo a reflexionar sobre Abraham, me siento     como  aniquilado. Caigo a cada instante en la paradoja inaudita que es     la sustancia  de su vida; a cada instante me siento rechazado, y, a pesar     de su  apasionado furor, mi pensamiento no penetra esta paradoja ni     siquiera  el espesor de un cabello. (Kierkegaard 46)</p> </blockquote>     <p align="justify">Tanto Kierkegaard como Wittgenstein llegan al punto en el  que   no saben c&oacute;mo salir del atolladero.</p>     <p align="center"><b>II</b></p>     <p align="justify">En su influyente libro <i>Moore  and Wittgenstein on Certainty, </i>Avrum   Stroll, a mi juicio, ha inaugurado una posible lectura  sustancialista de   los &uacute;ltimos escritos del fil&oacute;sofo austriaco. Stroll  reconduce la discusi&oacute;n   con Moore hacia un entorno epistemol&oacute;gico, pone en  consideraci&oacute;n los   viejos y cl&aacute;sicos problemas asociados con la defensa de  alguna forma   de fundacionalismo, y nos presenta un semblante de  Wittgenstein que   sugiere que el fil&oacute;sofo s&iacute; sabe salir del atolladero; que  &eacute;l, por fin, ha sugerido   una forma segura de asir las tesis b&aacute;sicas del  fundacionalismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&iquest;C&oacute;mo podemos caracterizar el atolladero del que, a juicio  de   Stroll, parece que Wittgenstein nos ha ense&ntilde;ado a salir?  Todos los intentos   en la historia de la filosof&iacute;a por elucidar la declaraci&oacute;n &quot;<i>A </i>sabe   que <i>p</i>&quot; convergen en exigir tres condiciones suficientes y  necesarias,   a saber: (i) <i>p </i>ha de ser verdadera, (ii) <i>A </i>cree que <i>p</i>, y (iii) la creencia   de <i>A </i>en <i>p </i>est&aacute; plenamente justificada.<a href="#pie7" name="spie7"><sup>7</sup></a>  Dada la complejidad que entra&ntilde;a   el regreso aristot&eacute;lico, el entorno epistemol&oacute;gico ha  conducido   tambi&eacute;n, en algunas esferas que se hacen llamar <i>fundacionalistas</i>, a   distinguir entre conocimiento b&aacute;sico, aquel que no es  dependiente de   otro para efectos de su justificaci&oacute;n, y conocimiento no-b&aacute;sico,  aquel   que s&iacute; depende de otro para efectos de su justificaci&oacute;n. La  inclinaci&oacute;n   filos&oacute;fica, que exige de parte nuestra una caracterizaci&oacute;n  completa   del conocimiento b&aacute;sico, tiene una historia muy vasta que  re&uacute;ne todo   tipo de argumentaciones encontradas. En la lectura que hace  Stroll   de SC, Wittgenstein aparece como el proponente y defensor de  una   forma muy original de fundacionalismo. Dado que la duda  presupone   ya una forma de certeza (<i>cf. </i>SC &sect;115, 354), la inaplicabilidad de  una   duda a un asunto particular deja ver que el asunto en  cuesti&oacute;n reside   por fuera de los l&iacute;mites del juego de lenguaje. Ahora bien,  dado que   no puedo dudar que la Tierra tiene m&aacute;s de cinco minutos,  cuando al   mismo tiempo admito que ello est&aacute; presupuesto en muchas de  mis   pr&aacute;cticas m&aacute;s b&aacute;sicas, he de concluir que el fundamento de  dichas   pr&aacute;cticas reside por fuera del l&iacute;mite del juego de lenguaje,  aunque, de   alguna manera, lo soporte (<i>cf. </i>Stroll 1994 138).</p>     <p align="justify">Antes de rese&ntilde;ar los aspectos centrales de la argumentaci&oacute;n  en   defensa de una forma de fundacioinalismo, conviene advertir  que   Stroll cita muchos pasajes de Wittgenstein aludiendo a un  juego de   lenguaje, cuando en la mayor&iacute;a de los casos Wittgenstein  habla de   juegos de lenguaje en plural, sin la intenci&oacute;n de sublimar  una gram&aacute;tica   en particular. La ambig&uuml;edad entre el uso singular y el  plural   es, sin duda, atribuible al fil&oacute;sofo austriaco. No obstante,  conviene   advertir la diferencia. Hay, al menos en las IF, un uso muy  variado   del concepto <i>juego de  lenguaje</i>. En algunos casos, los juegos de  lenguaje   se usan como instrumentos de comparaci&oacute;n que permiten que   un contexto altamente simplificado del uso de un concepto  arroje luces   acerca del uso enmara&ntilde;ado del mismo concepto en otro  contexto   (<i>cf. </i>IF &sect;130).  En estos casos, el ejercicio de comparaci&oacute;n hace las veces   de un nuevo gas que ayuda a que el viejo gas desaparezca del  recinto   (<i>cf. Lectures on the Foundations of  Mathematics, Cambridge 1939 </i>&#91;LFM&#93;   14). En muchos casos en los que se usa un juego de lenguaje  como   instrumento de comparaci&oacute;n, se alude a una situaci&oacute;n y un  contexto   inventado por el autor; no es necesario pensar en los juegos  de lenguaje   como notas de campo de un antrop&oacute;logo. Tambi&eacute;n es frecuente  que   Wittgenstein mencione los juegos de lenguaje como los  protocolos mediante   los cuales los ni&ntilde;os aprenden su lengua materna (<i>cf. </i>IF &sect;7); estas   son formas primitivas del uso de signos. Dado que la lengua  materna   no puede adquirirse con base en una descripci&oacute;n general de  la forma   como opera el lenguaje (toda vez que el ni&ntilde;o no cuenta con  un lenguaje   para entender la supuesta descripci&oacute;n), la lengua materna  debe incorporarse   a partir de ejemplos. En otra acepci&oacute;n, la expresi&oacute;n <i>juego de</i> <i>lenguaje </i>alude tambi&eacute;n al todo  formado por el lenguaje y las acciones   entretejidas con &eacute;l. En ese orden de ideas, se reconoce que  el lenguaje   funciona ya en el contexto que posibilita una pr&aacute;ctica  concreta o una   forma de vida. En SC existe tambi&eacute;n la misma multiplicidad  de usos   del concepto; sin embargo, en varias ocasiones Wittgenstein  acu&ntilde;a el   t&eacute;rmino para referirse al juego de lenguaje humano (<i>cf. </i>SC &sect;554). En   esos casos no se trata de elucidar las condiciones de uso de  un concepto   particular, sino de establecer la naturaleza misma del  lenguaje. En   esos puntos, la raz&oacute;n mira hacia todos los lados tratando de  establecer   en d&oacute;nde puede asir un fundamento (<i>cf. </i>SC &sect;559).</p>     <p align="justify">Ahora bien, dado que el fundamento del lenguaje, seg&uacute;n la   peculiar lectura de Stroll, yace por fuera del juego de  lenguaje humano,   no podemos pedirle al juego de lenguaje que lo haga  expl&iacute;cito.   Wittgenstein, entonces, debe acudir a met&aacute;foras como un  recurso poderoso   para insinuar la presencia de aquello que el lenguaje no  puede   presentar proposicionalmente: el lecho del r&iacute;o (<i>cf. </i>SC &sect;96), los ejes sobre   los cuales todo gira (<i>cf. </i>SC &sect;152), el fundamento que sostiene el   edificio (<i>cf. </i>SC &sect;248). En s&iacute;ntesis: &quot;La principal tesis de Wittgenstein   en Sobre la Certeza es que lo que es incuestionable no est&aacute;  sujeto a   justificaci&oacute;n, a prueba, al aporte de evidencia o a duda, y  tampoco es   verdadero ni falso&quot; (Stroll 1994 138). La primera parte de  la s&iacute;ntesis de   Stroll identifica a Wittgenstein como un fundacionalista; la  segunda parte define el perfil peculiar del fundacionalismo de  Wittgenstein.</p>     <p align="justify">Hay algunos parecidos de familia muy interesantes con la  metaf&iacute;sica   de Collingwood. Este fil&oacute;sofo de la historia, quien naci&oacute; el  mismo   a&ntilde;o de Wittgenstein, propuso una reorientaci&oacute;n de la  metaf&iacute;sica. Esta   disciplina, o bien es la ciencia del ser en cuanto ser, o  bien es la ciencia   que se ocupa de las presuposiciones que subyacen a toda  investigaci&oacute;n   cient&iacute;fica. Collingwood sugiere argumentos interesantes para  negarse   a aceptar la primera acepci&oacute;n. Una ciencia se reconoce  porque (i) presenta un conjunto de pensamientos en forma sistem&aacute;tica y  ordenada;   y (ii) posee un objeto claro del que se ocupa. La  metaf&iacute;sica, entendida   como la ciencia de lo ente, no puede llenar el segundo  requisito. Dado   que toda ciencia, en el sentido aristot&eacute;lico, se ocupa de lo  universal   o abstracto, la ciencia de lo ente debe hacer abstracci&oacute;n de  cualquier   forma particular de ser. As&iacute; entendida la metaf&iacute;sica, como  ciencia de   lo ente, debe presionar la abstracci&oacute;n al caso l&iacute;mite; es  decir, al caso   en el cual todo lo ente ha quedado por fuera. Y cuando todo  es expulsado,   nada queda como objeto para ser investigado.</p>     <p align="justify">A la metaf&iacute;sica le queda, entonces, la segunda tarea:  ocuparse de   las presuposiciones que subyacen a toda investigaci&oacute;n  cient&iacute;fica.</p>     <blockquote>    <p align="justify">Cuando  quiera que alguien -se&ntilde;ala Collingwood- establece un     pensamiento  en palabras, hay muchos m&aacute;s pensamientos en su mente     que los  que son expresados en sus declaraciones. Entre estos hay algunos     que est&aacute;n  en una peculiar relaci&oacute;n con el pensamiento establecido:     ellos no  son meramente su contexto, ellos son sus presuposiciones.     (Collingwood  21)</p> </blockquote>     <p align="justify">Podemos valernos de esta declaraci&oacute;n de Collingwood e  intentar   subsumir en ella algunos intentos de Wittgenstein. As&iacute;, por  ejemplo,   podemos afirmar que &quot;hay objetos&quot; no es algo que pueda  decirse con   las herramientas de nuestro simbolismo, sino algo  presupuesto por   nuestro simbolismo y mostrado en el hecho de que usamos  variables   (<i>cf. </i>TLP  &sect;4.1272).</p>     <p align="justify">La argumentaci&oacute;n de Collingwood depende de que aceptemos,   entre otros, los siguientes criterios metodol&oacute;gicos: (i)  cada aseveraci&oacute;n   que alguien formula se hace en el marco de una respuesta a  una pregunta   (<i>cf. </i>Collingwood  proposici&oacute;n 1, 23); (ii) cada pregunta envuelve   una presuposici&oacute;n (<i>cf. </i>Collingwood proposici&oacute;n 2, 25); (iii) la eficacia   l&oacute;gica, esto es, el hecho de que algo provoque que una  pregunta se   imponga, no depende de la verdad de lo que es supuesto, sino  &uacute;nicamente   del hecho de ser supuesto (<i>cf. </i>Collingwood proposici&oacute;n 3, 28);   (iv) las presuposiciones absolutas, es decir, aquellas que  se relacionan   con todas las preguntas en calidad de presuposiciones, mas  no como   respuestas, no son proposiciones (<i>cf. </i>Collingwood proposici&oacute;n 5, 32).   No es dif&iacute;cil divisar muchos parecidos de familia con las  anotaciones   wittgensteinianas. El trasfondo de todas nuestras pr&aacute;cticas  ling&uuml;&iacute;sticas   no yace all&iacute; como un entramado o cuerpo de proposiciones (<i>cf. </i>SC   &sect;94). No reconocemos en ese trasfondo un conjunto de  proposiciones   verdaderas de una manera muy especial, sino que advertimos  que   ellas modelan el significado de verdadero y falso (<i>cf. </i>SC &sect;145). Cuando   Collingwood presenta las proposiciones anteriores, cree  necesario hacer   la siguiente aclaraci&oacute;n: &quot;Al exponer estas proposiciones no  estar&eacute;   tratando de convencer al lector de algo, tan s&oacute;lo estar&eacute;  record&aacute;ndole   lo que &eacute;l ya conoce perfectamente bien&quot; (23). Esta  declaraci&oacute;n se   asemeja a la pretensi&oacute;n de Wittgenstein de reducir la  filosof&iacute;a a una   recopilaci&oacute;n de recuerdos (<i>cf. </i>IF &sect;127). &iquest;Qu&eacute; clase de recuerdos  pretende   compilar Wittgenstein?</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Queremos  entender algo que ya est&aacute; patente ante nuestros ojos &#91;&hellip;&#93;     Lo que se  sabe cuando nadie nos pregunta, pero ya no se sabe cuando     debemos  explicarlo &#91;aludiendo a la pregunta de Agust&iacute;n por la naturaleza     del  tiempo&#93;, es algo de lo que debemos acordarnos. (Y es algo de lo     que por  alguna raz&oacute;n uno se acuerda con dificultad). (IF &sect;89)</p> </blockquote>     <p align="justify">Es muy atractivo llegar a pensar que el fundamento del juego  de   lenguaje, que queda por fuera de los l&iacute;mites del lenguaje y  no puede   exhibirse con sus herramientas, toda vez que no puede ser  verdadero   ni falso, aun cuando modele el significado de <i>verdadero </i>y <i>falso, </i>pueda   identificarse como una presuposici&oacute;n al estilo de  Collingwood.</p>     <p align="justify">Volvamos a Stroll y abandonemos la sugerencia de explorar  asociaciones   entre Wittgenstein y Collingwood. La tesis de Stroll parece   desestimar la recomendaci&oacute;n wittgensteiniana de mantenerse  en el   &aacute;mbito de la descripci&oacute;n. En ese orden de ideas,  Wittgenstein parece   estar ofreciendo tesis metaf&iacute;sicas y epistemol&oacute;gicas que  ri&ntilde;en con   las tesis propuestas por Descartes, Berkeley, Kant, etc.  Para marcar   claramente la diferencia, Stroll introduce la categor&iacute;a de <i>fundacionalismo</i> <i>homog&eacute;neo</i>. Es decir, la  defensa de la tesis seg&uacute;n la cual aquello   que se identifica como un conocimiento b&aacute;sico debe  pertenecer, en   un sentido que ya se aclarar&aacute;, a la misma categor&iacute;a a la que  pertenecen   los conocimientos no-b&aacute;sicos. Tanto el conocimiento b&aacute;sico   como el no-b&aacute;sico son instancias de conocimiento antes que  se defina   su relaci&oacute;n de dependencia en un s&oacute;lo sentido. El conocimiento   b&aacute;sico ha de capturarse en proposiciones que han de ser  verdaderas   de una manera muy especial. As&iacute; las cosas, el <i>cogito </i>cartesiano no es   s&oacute;lo el fundamento del cual depende todo conocimiento  no-b&aacute;sico,   sino que tambi&eacute;n tiene una forma muy peculiar de ser  verdadero: la   verdad del <i>cogito </i>no puede ponerse en duda. El fundacionalismo de   Wittgenstein, seg&uacute;n Stroll, no es homog&eacute;neo. La certeza est&aacute;  en una   relaci&oacute;n fundacional con el juego de lenguaje mismo (<i>cf. </i>Stroll 1994   141), pero lo est&aacute; de una manera diferente a como cree el  fundacionalista   homog&eacute;neo. En palabras de Stroll:</p>     <blockquote>    <p align="justify">El genio  de Wittgenstein consisti&oacute; en construir una explicaci&oacute;n del     conocimiento  humano cuyos fundamentos, cuyas presuposiciones de     soporte,  no fueran en forma alguna semejantes al conocimiento. El conocimiento     pertenece  al juego de lenguaje, y la certeza no. La base y la     mansi&oacute;n  que descansa sobre ella son completamente diferentes. (1994 145)</p> </blockquote>     <p align="justify">N&oacute;tese la presencia deslizada de las presuposiciones de   Collingwood. La plausibilidad de la tesis de Stroll se  deriva de afirmaciones   como:</p>     <blockquote>    <p align="justify">&#91;L&#93;a  fundamentaci&oacute;n, la justificaci&oacute;n de la evidencia tiene un l&iacute;mite;     -pero el  l&iacute;mite no est&aacute; en que ciertas proposiciones nos parezcan     verdaderas  de forma inmediata, como si fuera una especie de ver por     nuestra  parte; por el contrario, es nuestra actuaci&oacute;n la que yace en el     fondo del  juego de lenguaje. (SC &sect;204)</p> </blockquote>     <p align="justify">Wittgenstein inicia su exploraci&oacute;n en SC advirtiendo el  papel muy   peculiar de las proposiciones de Moore, como si se tratara  de un trasfondo   de certezas proposicionales; pero lentamente va abandonando   esta perspectiva, hasta vislumbrar la posibilidad de  establecer un cierto   tipo de certeza antepredicativa; esto lleva a Wittgenstein a  advertir   el car&aacute;cter protag&oacute;nico de nuestra acci&oacute;n.</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La idea  de que el actuar -sintetiza Stroll- reside en la base del juego     de  lenguaje (en lugar de cualquier sistema de proposiciones), es una     nueva y  radical concepci&oacute;n de certeza. La certeza emana de la inmersi&oacute;n     de uno en  una comunidad humana, en la cual el entrenamiento     enraizado  y la inculcaci&oacute;n de h&aacute;bitos crean el substrato sobre el cual el     juego de  lenguaje descansa. Esta concepci&oacute;n no-proposicional de certeza     separa  agudamente a Wittgenstein de la tradici&oacute;n. (Stroll 1994 155)</p> </blockquote>     <p align="justify">La tesis de la no-homogeneidad puede someterse a una leve  cr&iacute;tica.   El aforismo 96 sostiene que las proposiciones emp&iacute;ricas no  constituyen   una masa homog&eacute;nea: algunas de ellas se solidifican y  funcionan   como un canal para las que no est&aacute;n solidificadas. Podemos  pensar   que Wittgenstein est&aacute; sugiriendo aqu&iacute; una distinci&oacute;n  fundacionalista   entre conocimiento b&aacute;sico y conocimiento no-b&aacute;sico. Sin  embargo,   en el aforismo 83 (en armon&iacute;a con 96) el fil&oacute;sofo sostiene  que la verdad   de las proposiciones del lecho del r&iacute;o pertenece a nuestro  sistema   de referencia. En ese sentido, parecer&iacute;a insinuarse la  defensa de una   forma de homogeneidad. Estas leves incomodidades pueden ir  desapareciendo,   si aprendemos a leer las declaraciones similares a 83 a   la manera de elucidaciones que defienden que el sedimento  fundacional   puede capturarse, para usar el lenguaje del TLP, bajo la  forma   de pseudo-proposiciones (declaraciones que ya no pueden ser  verdaderas   o falsas en el sentido ordinario), o, si usamos el lenguaje  de la <i>Gram&aacute;tica filos&oacute;fica</i>, bajo la  forma de <i>reglas gramaticales</i>. Stroll debe,   tambi&eacute;n, reconocer que hay una suerte de evoluci&oacute;n en el  pensamiento   de Wittgenstein en SC. En los pasajes iniciales,  Wittgenstein parece   coquetear con alguna forma de certeza proposicional, que  termina   resumi&eacute;ndose en nuestro compromiso con la naturaleza muy  peculiar   de las denominadas proposiciones de Moore. Al final de SC,  lo que   ocupa el lugar de los candidatos a elementos fundacionales  se aleja del   tipo de los conocimientos proposicionales (<i>v. gr</i>., &quot;La Tierra tiene m&aacute;s   de 5 minutos&quot;) para acercarse a formas de acci&oacute;n.</p>     <p align="justify">El fundacionalismo cl&aacute;sico elude el regreso al infinito  aristot&eacute;lico,   defendiendo la idea seg&uacute;n la cual debe existir un  conocimiento b&aacute;sico   (no fundado) que hace posible ofrecer un fundamento s&oacute;lido  al conocimiento   no-b&aacute;sico. En ese orden de ideas, el fundacionalismo cl&aacute;sico   ofrece una explicaci&oacute;n de c&oacute;mo es posible que haya  explicaciones en   general. El fundacionalismo wittgensteiniano, si Stroll est&aacute;  en lo cierto,   no ofrece una explicaci&oacute;n de c&oacute;mo es posible la explicaci&oacute;n  en   general, pues, a diferencia del fundacionalismo cl&aacute;sico, no  permite   que se instale en forma indefinida la pregunta &quot;&iquest;y c&oacute;mo sabe  que esto   es incuestionable para usted?&quot; Insistir en la posibilidad de  la pregunta <i>ad infinitum </i>y en la exigencia de  una respuesta que detenga la pregunta,   como cree el fundacionalista cl&aacute;sico, es pasar por alto la  naturaleza   de las presuposiciones absolutas, para caer en lo que  Collingwood   denomina <i>pseudometaf&iacute;sica </i>(<i>cf. </i>47).</p>     <p align="justify">En un reciente art&iacute;culo, Stroll (2004) desarrolla m&aacute;s la  tesis   del fundacionalismo wittgensteiniano, y procura mostrar que   Wittgenstein se vale del lenguaje en forma de met&aacute;foras para  exhibir   los rasgos del fundacionalismo que no se pueden presentar a  la   manera de un cierto compromiso proposicional. En el uso  metaf&oacute;rico   del lenguaje empleamos expresiones o palabras que denotan  una   clase de objetos para hacer referencia a otros objetos u  acciones, ello   con el &aacute;nimo de resaltar algunas formas de semejanza o  parentesco.   Dado que el fundamento no cae en el interior del juego de  lenguaje, es   tentador pensar que aquello que reside por fuera debe  presentarse en   un lenguaje que no puede tomarse literalmente. El uso  expl&iacute;cito de la   met&aacute;fora le advierte al lector que no puede interpretar los  conceptos   a la usanza literal, que debe esforzarse por advertir las  analog&iacute;as que   ella insin&uacute;a. As&iacute; las cosas, aquello que no puede ser dicho,  puede mostrarse   recurriendo a un uso metaf&oacute;rico del lenguaje.</p>     <p align="justify">Stroll, sin embargo, no se siente c&oacute;modo con una lectura que  subraye   el protagonismo de la distinci&oacute;n entre decir y mostrar en el  seno   de <i>Sobre la certeza</i>. Su reticencia se apoya en tres puntos (<i>cf. </i>Stroll   2004 19-20). Primero, Stroll cree que la distinci&oacute;n  tractariana est&aacute; conectada   con las ideas de un lenguaje ideal y con una restricci&oacute;n del   lenguaje significativo al lenguaje de la ciencia. Esta  motivaci&oacute;n ya no   est&aacute; presente en la obra posterior. Segundo, los l&iacute;mites del  lenguaje   est&aacute;n claramente demarcados en el TLP, en tanto que en las  IF y SC no   hay l&iacute;mites claros; por esa raz&oacute;n, no es correcto insistir  en que hay   cosas que se muestran aunque transgreden los l&iacute;mites  absolutos del   lenguaje. Tercero, el uso de met&aacute;foras no esconde una  intenci&oacute;n metodol&oacute;gica;   usar met&aacute;foras forma parte de nuestros juegos de lenguaje   corrientes. Stroll cree que el uso de las met&aacute;foras surge  por el deseo   de crear una especie de imagen mental cuyo efecto  dif&iacute;cilmente se   conseguir&iacute;a con el lenguaje literal. La met&aacute;fora es, pues,  un detonador   de la imaginaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En s&iacute;ntesis, Wittgenstein, seg&uacute;n la lectura de Stroll,  defiende en   SC una forma de fundacionalismo no-cl&aacute;sico. Este  fundacionalismo   se caracteriza por la falta de homogeneidad entre el  fundamento y   lo fundamentado. Si bien al comienzo de SC parec&iacute;a  insinuarse una   suerte de estructura (o red) proposicional para caracterizar  el fundamento,   el fil&oacute;sofo termin&oacute; desplaz&aacute;ndose hacia el reconocimiento de   una suerte de certeza antepredicativa como el piso firme del  juego de   lenguaje. Esta certeza antepredicativa se resume en la  acci&oacute;n originaria.<a href="#pie8" name="spie8"><sup>8</sup></a>  Dado que dicho n&uacute;cleo fundacional reside por fuera del juego  de   lenguaje, el uso de met&aacute;foras para advertir su presencia  ayuda a crear   una imagen mental que contribuye a reconocer las  presuposiciones (al   estilo de Collingwood) que hacen posible (por v&iacute;a de  dependencia) la   din&aacute;mica en el interior del juego de lenguaje.</p>     <p align="center"><b>III</b></p>     <p align="justify">Stroll evoca un atolladero cl&aacute;sico de la filosof&iacute;a (la  teor&iacute;a del   conocimiento) y sugiere que Wittgenstein sabe y nos ense&ntilde;a a  salir   de &eacute;l. En ese orden de ideas, creo que cuando Stroll  interpreta SC es   cautivo por el mismo tipo de inercia que lleva a ciertos  lectores del   TLP a proponer la defensa de tesis sustanciales. Quienes  defienden una   lectura sustancial de SC, buscan indicios que, a la manera  de una fina   arqueolog&iacute;a conceptual, puedan esgrimirse como argumentos en  favor   de la defensa de un sistema filos&oacute;fico: fundacionalismo (A.  Stroll);   realismo cl&aacute;sico (H. O. Mounce); trascendentalismo kantiano  (W.   Brenner); naturalismo social (P. Strawson, J. Medina).</p>     <p align="justify">Sostengo que los escritos de Wittgenstein son la expresi&oacute;n  de   sus luchas personales por sobreponerse al embrujo del  lenguaje.   Cada escrito re&uacute;ne una abigarrada red de maniobras  conducentes a   la fabricaci&oacute;n de tapones que impedir&iacute;an la imposici&oacute;n del  esp&iacute;ritu   generalizante propio de la filosof&iacute;a. Seguir las diferentes  estrategias   de Wittgenstein implica, como lo recomienda Cavell, atender  la din&aacute;mica   activa de la voz de la seducci&oacute;n, la voz de la correcci&oacute;n y  la   voz del silencio. Esta novedosa orientaci&oacute;n de la actividad  filos&oacute;fica   se resume, con profundidad po&eacute;tica, en la figura de la  botella atrapamoscas:   &quot;&iquest;Cu&aacute;l es tu objetivo en filosof&iacute;a? -Mostrarle a la mosca la   salida de la botella cazamoscas&quot; (SC &sect;309). Usamos  cotidianamente el   lenguaje, adelantamos cientos de pr&aacute;cticas abigarradas en  las que el   lenguaje est&aacute; presente, usamos diversos conceptos que  trasladamos   de un juego a otro, nos dejamos orientar por analog&iacute;as que,  exitosas   en un contexto, son trasladadas a contextos ajenos, etc. Es  f&aacute;cil   esperar que perdamos de vista la complejidad y, en  ocasiones, nos   veamos embarcados en una investigaci&oacute;n ileg&iacute;tima, anclada  simplemente   en una confusi&oacute;n tejida en el uso cotidiano del lenguaje.  Puede   ocurrir, tambi&eacute;n, que sublimemos dicha investigaci&oacute;n y la  erijamos   en la disciplina cient&iacute;fica por excelencia (<i>v. gr</i>., Collingwood). He aqu&iacute;   algunos ejemplos: &iquest;qu&eacute; es el ser?, &iquest;c&oacute;mo son posibles los  juicios sint&eacute;ticos <i>a priori</i>?, &iquest;qu&eacute; es el  tiempo?, &iquest;cu&aacute;l es la forma l&oacute;gica de toda   proposici&oacute;n?, &iquest;qu&eacute; es el conocimiento? Llevar la filosof&iacute;a  al reposo, a   la manera de Wittgenstein, significa adelantar m&uacute;ltiples  terapias, al   contraponer el uso metaf&iacute;sico con los usos cotidianos, para  que as&iacute; la   compilaci&oacute;n de recuerdos nos permita descubrir en forma  patente lo   que nunca estuvo oculto. Llegar a ver el problema filos&oacute;fico  como una   confusi&oacute;n tejida en el uso del lenguaje es divisar la salida  de la botella.   Imaginemos, pues, una mosca atrapada en una botella de  cristal. Ella,   seducida por la luz exterior, trata de llegar al para&iacute;so que  allende se   insin&uacute;a. Procura llegar por el camino directo y pronto  descubre que   las paredes de un algo inaccesible le impiden cualquier  acercamiento.   No desfallece e intenta una y otra vez la misma estrategia.  Hay, en   principio, dos formas para ayudarle a salir. Primero,  ofrecerle una explicaci&oacute;n,   darle un mapa detallado de la botella e indicarle la forma  de   hallar el &uacute;nico agujero; quiz&aacute;s dirigi&eacute;ndola con una luz  exterior hasta   dar con la salida. Este es el m&eacute;todo empleado en el TLP.  Segundo, dejar   que la mosca siempre intente salir de frente; no obstante,  disponerse   a realizar varios movimientos de la botella hasta que la  mosca, sin   cambiar la estrategia, encuentre de frente la salida y  abandone la prisi&oacute;n,   sin tener una idea clara de c&oacute;mo lo logr&oacute;. Este es, a mi  juicio, el   m&eacute;todo empleado tanto en las IF como en SC.</p>     <p align="justify">En los dos &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida, motivado por una  recomendaci&oacute;n   de Norman Malcolm, Wittgenstein se concentr&oacute; en la tarea   de elucidar el papel muy peculiar que deb&iacute;an estar  cumpliendo las   proposiciones de Moore. Quiso aplicar los nuevos m&eacute;todos que  hab&iacute;a   concebido en las IF. Adelant&oacute; varios movimientos de la  botella atrapamoscas,   en algunos casos guiado por la voz de la seducci&oacute;n (<i>cf. </i>SC &sect;87,   88, 96), en otros casos guiado por la voz de la correcci&oacute;n (<i>cf. </i>SC &sect;&sect; 152, 166, 248), y en otros atendiendo la voz del silencio (<i>cf. </i>SC &sect;31, 400, 427).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Una de las preocupaciones b&aacute;sicas de Wittgenstein,  advirtiendo   algunos rasgos de continuidad en la obra del fil&oacute;sofo, est&aacute;  motivada   por desentra&ntilde;ar las formas de presentaci&oacute;n de una necesidad o  de   una imposibilidad l&oacute;gica. Las conclusiones del TLP se  articulan en el   marco del atomismo l&oacute;gico, que supone que los hechos que se  pueden   describir con el andamiaje l&oacute;gico son absolutamente  independientes.   Dado que todo es contingente, no hay espacio para verdades <i>a priori.</i> Lo &uacute;nico que podr&iacute;a tener este rasgo es una tautolog&iacute;a, y  ella no puede   describir un estado de cosas en el mundo. As&iacute; las cosas, la  &uacute;nica necesidad   que existe es la necesidad l&oacute;gica (<i>cf. </i>TLP &sect;6.37) y ella se expresa   por medio de tautolog&iacute;as (<i>cf. </i>TLP &sect;6.1). Aquello que es verdadero en  todos   los mundos posibles no puede ser descriptivo; debe,  simplemente,   mostrar un elemento insubstancial del simbolismo. En  complemento   a lo anterior, la &uacute;nica imposibilidad que existe es la  imposibilidad l&oacute;gica   (<i>cf. </i>TLP  &sect;6.375), y ella se expresa, en nuestro lenguaje, a trav&eacute;s de   las contradicciones. As&iacute;, una imposibilidad no advierte un  estado de   cosas que no podr&iacute;a darse, sino que exhibe, a su manera, uno  de los   l&iacute;mites del lenguaje significativo.</p>     <p align="justify">A ra&iacute;z de la dificultad para concebir la exclusi&oacute;n de los  colores   (<i>cf. </i>TLP  &sect;6.3751) a trav&eacute;s de un arreglo veritativo funcional, la noci&oacute;n de   imposibilidad l&oacute;gica se transform&oacute;, en los escritos de  transici&oacute;n, en una   noci&oacute;n m&aacute;s amplia. Todo parece indicar que, en l&oacute;gica, hay  construcciones   que no operan mediante funciones de verdad (<i>cf. </i>PR &sect;76). &quot;El rojo   y el verde no encajan en el mismo lugar y al mismo tiempo&quot;  no es una   cuesti&oacute;n de hecho; no afirmamos lo anterior en virtud de una  inducci&oacute;n   o de una ley de la f&iacute;sica. La exclusi&oacute;n de los colores ha de  contemplarse a   la manera de una exclusi&oacute;n gramatical capturada en una  regla.</p>     <p align="justify">Esta nueva variante de imposibilidad l&oacute;gica, que se formul&oacute;  inicialmente   de manera t&iacute;mida y quiz&aacute; como una exploraci&oacute;n heur&iacute;stica   en los escritos de transici&oacute;n, empez&oacute; a cobrar una fuerza  inusitada,   hasta llegar a ser protag&oacute;nica tanto en los <i>Cuadernos azul y marr&oacute;n</i>,   como en las IF. En estos escritos se exploraron nuevas  exclusiones   gramaticales que admiten el mismo tipo de an&aacute;lisis de la  exclusi&oacute;n   de los colores. He aqu&iacute; una lista de algunas exclusiones  gramaticales   estudiadas con procedimientos emparentados: del metro patr&oacute;n  de   Par&iacute;s no se puede decir que mide un metro y tampoco que no  mide   un metro (<i>cf. </i>IF &sect;50); no puedo decir que tengo dudas acerca de si tengo   dolor o no (<i>cf. </i>IF &sect;246); no puedo imaginarme qu&eacute; significa el que   otro sienta mis dolores (<i>cf. </i>IF &sect;251, 253); una m&aacute;quina no puede  pensar   (<i>cf. </i>IF &sect;360);  no es posible trisecar un &aacute;ngulo con regla y comp&aacute;s (<i>cf. </i>IF   &sect;334; RFM ap&eacute;ndice III, &sect;14; VII &sect;12; LFM V, 56).</p>     <p align="justify">Las denominadas <i>proposiciones  de Moore, </i>que concentran la   atenci&oacute;n de Wittgenstein en SC<i>, </i>poseen dos rasgos caracter&iacute;sticos con   esta peculiar singularidad: cuando nos concentramos en uno  s&oacute;lo   de dichos rasgos, sin convocar el otro, no encontramos  motivo que   provoque alguna dificultad; pero cuando ellos se conciben en  forma   conjunta, provocan una perplejidad paralizante. El primer  rasgo se   puede sintetizar as&iacute;: cada una de dichas proposiciones es  contingente,   al estilo de Hume. Es decir, puedo imaginar la negaci&oacute;n de  cada proposici&oacute;n   sin verme obligado a caer en una contradicci&oacute;n. El segundo   rasgo consiste en que reconocemos la seguridad con la que  afirmamos   cada una de tales proposiciones, al extremo de que no estamos   dispuestos a aceptar que pudiese ser de otra manera. En  otras palabras,   nos sentimos inclinados a depositar toda nuestra confianza  en   proposiciones que, en t&eacute;rminos l&oacute;gicos, no la merecen. El  nudo paralizante   puede formularse as&iacute;: &iquest;por qu&eacute; he de confiar en forma  absoluta   en las proposiciones de Moore si su negaci&oacute;n no entra&ntilde;a  contradicci&oacute;n   alguna? &iquest;Qu&eacute; evidencia puedo aducir en su favor?</p>     <p align="justify">&quot;No puedo equivocarme, la Tierra tiene m&aacute;s de 5 minutos&quot;  enuncia   una imposibilidad. El problema central es &iquest;a qu&eacute; tipo de  imposibilidad   se alude? Puede ser una imposibilidad f&iacute;sica, toda vez que  no se puede   reducir a una contradicci&oacute;n en una tabla veritativo  funcional. Sin embargo,   no podemos imaginar c&oacute;mo ser&iacute;a el caso si su negaci&oacute;n fuese   verdadera. En ese caso, todos nuestros c&aacute;lculos y  expectativas tendr&iacute;an   que abandonarse. Si no se trata de una imposibilidad f&iacute;sica  y, en   cuanto imposibilidad l&oacute;gica, no puede exhibirse como una  contradicci&oacute;n,   podr&iacute;a ser, entonces, una regla gramatical al estilo de: &quot;No  hay   una mancha simult&aacute;neamente roja y amarilla en mi campo  visual&quot;.</p>     <p align="justify">Estudiar la naturaleza de la imposibilidad de dudar acerca  de una   proposici&oacute;n de Moore es, a mi juicio, el proyecto de <i>Sobre la certeza</i>.   Este es un proyecto que extiende las preocupaciones de IF y  puede   adelantarse con el mismo tipo de arsenal metodol&oacute;gico  estipulado en   IF. Kant pregunta &iquest;c&oacute;mo son posibles los juicios sint&eacute;ticos <i>a priori</i>?   Nosotros podemos reformular ahora el proyecto de  Wittgenstein en   SC preguntando: &iquest;c&oacute;mo es posible que yo no est&eacute; dispuesto a  poner en   duda cierto tipo de proposici&oacute;n contingente-tipo-Hume?</p>     <p align="justify">He aqu&iacute; una diferencia sustancial entre la entrada que  propone   Stroll a SC y la entrada que yo propongo: Stroll sugiere que   Wittgenstein participa en un proyecto que busca la definici&oacute;n  general   de <i>conocimiento</i>. Mientras que yo creo que Wittgenstein descubre en   SC un aspecto adicional de la imposibilidad l&oacute;gica. En el  TLP, la imposibilidad   l&oacute;gica se identifica con la contradicci&oacute;n en un esquema   veritativo funcional. En las IF se advierte que la  imposibilidad l&oacute;gica   es un concepto m&aacute;s amplio que el capturado en un esquema  veritativo   funcional. Una imposibilidad l&oacute;gica puede capturarse en una   regla gramatical. En SC se descubre que la imposibilidad  l&oacute;gica es un   concepto m&aacute;s amplio a&uacute;n que el reconocido en una regla  gramatical.   Nuestras formas de acci&oacute;n colectiva entra&ntilde;an ya una suerte  de compromiso   con ciertas variantes de imposibilidad.</p>     <p align="justify">Stroll se&ntilde;ala, con raz&oacute;n, que Wittgenstein advierte que el  fundamento   del lenguaje se encuentra por fuera del juego de lenguaje,  pero   a continuaci&oacute;n reconoce tambi&eacute;n que ello define una forma de  importancia   sublime: &quot;Pero si la base o el fundamento no es verdadero   ni tampoco falso, ni conocido ni desconocido, ni  justificable ni injustificable,   ni confirmable ni inverificable, entonces est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de   toda revisi&oacute;n; y esto es simplemente otra forma de decir que  es cierto&quot;   (Stroll 2002 122). Para decirlo en t&eacute;rminos de un defensor  de la lectura   sustancial del TLP, reconocer que algo cae por fuera de los  l&iacute;mites del   lenguaje y, aun as&iacute;, reconocer tambi&eacute;n su participaci&oacute;n en  nuestras   formas de aprehensi&oacute;n del mundo es una forma de advertir su  importancia   sublime e inefable. Puedo presentar la posici&oacute;n de Stroll a   trav&eacute;s de una par&aacute;frasis del texto de Anscombe (162) que  usamos unas   p&aacute;ginas atr&aacute;s para ilustrar una lectura sustancial del TLP:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Sin  embargo, una parte importante en <i>Sobre la  certeza </i>es desempe&ntilde;ada     por  aquellas cosas que, aunque no pertenecen al juego de lenguaje, aun     as&iacute; lo  soportan. Esto es tanto como decir: ser&iacute;a correcto llamarlas &quot;verdaderas&quot;     si, <i>per impossibile</i>,  pudieran ser dichas; ellas, en efecto, no pueden ser     llamadas  as&iacute;, pues no pueden ser dichas, pero se presuponen en las proposiciones     que dicen  las cosas que se pueden decir. Ahora bien, las cosas que     ser&iacute;an  verdaderas si ellas pudieran decirse son obviamente importantes.</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Dani&egrave;le Moyal-Sharrock, disc&iacute;pula de Stroll, defiende  tambi&eacute;n   una forma de fundacionalismo inefable. Su defensa es  claramente paralela   al sustancialismo de Anscombe:</p>     <blockquote>    <p align="justify">La  certeza primitiva &#91;&hellip;&#93; no es &uacute;nicamente una certeza ciega,     sino  tambi&eacute;n una certeza en silencio; una certeza que no puede (como     tal)  manifestarse ella misma verbalmente. &#91;&hellip;&#93; Para Wittgenstein, sin     embargo,  no es que nuestras certezas objetivas no sean usualmente     mencionadas,  sino que ellas son l&oacute;gicamente inefables: ellas no pueden     ser  significativamente dichas <i>qua </i>certezas  en el arroyo del juego de lenguaje.     (Moyal-Sharrock  90)</p> </blockquote>     <p align="justify">La meta de las confesiones wittgensteinianas consiste en  poner   en evidencia el car&aacute;cter artificial de la investigaci&oacute;n  filos&oacute;fica. Para   lograrlo, debe impedir que la pregunta filos&oacute;fica adquiera,  en los t&eacute;rminos   de Collingwood, eficacia l&oacute;gica; es decir, ha de mostrar que   no hay presuposiciones para una pregunta filos&oacute;fica. Stroll,  al contrario,   pretende que la pregunta por la definici&oacute;n del conocimiento   halle por fin una respuesta definitiva en una suerte de  fundacionalismo   no-homog&eacute;neo. La estrategia de Stroll, la que lo lleva a  defender   un sustancialismo de lo inefable, no asume la desmantelaci&oacute;n  de la   pregunta filos&oacute;fica, sino su misma sublimaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Mostrar&eacute; lo que quiero decir por medio de un s&iacute;mil. A los  antiguos   egipcios y a los primeros fil&oacute;sofos griegos siempre les  inquiet&oacute; averiguar   qu&eacute; es lo que sosten&iacute;a a la Tierra. Pasamos de gigantescas  tortugas a   elementos naturales como el agua o el aire. Finalmente,  Anaximandro   sostuvo que si la Tierra no cae es porque, estando a igual  distancia de   todos los puntos de la circunferencia celeste, no tendr&iacute;a  mayor raz&oacute;n   para desplazarse hacia la derecha o hacia la izquierda,  hacia arriba o   hacia abajo. La Tierra, pues, no necesita de ra&iacute;ces, como  cre&iacute;a Hes&iacute;odo,   ni necesita flotar en el agua o el aire, como cre&iacute;an Tales y  Anax&iacute;menes.   Ella yace inm&oacute;vil en el centro, porque, de alguna manera,  est&aacute; auto-sostenida.   No diremos que Anaximandro encontr&oacute; la respuesta correcta   a una pregunta muy dif&iacute;cil; diremos, m&aacute;s bien, que supo  eliminar una   pregunta. &Eacute;l min&oacute; las posibilidades para la eficacia l&oacute;gica  de una pregunta,   elimin&oacute; las presuposiciones. Despu&eacute;s de Anaximandro, nadie   m&aacute;s formul&oacute; la pregunta; ella cay&oacute; en el olvido. Pero ello  no ocurri&oacute;   en gracia a que encontramos, por fin, la respuesta  definitiva. Ocurri&oacute;   porque aprendimos a advertir la naturaleza espuria de la  pregunta.   Algo similar ocurre con la indagaci&oacute;n wittgensteiniana  acerca de la   fundamentaci&oacute;n del lenguaje. No hay tortugas, ra&iacute;ces, agua o  aire. El   auto-sostenimiento del lenguaje es una forma de evitar la  pregunta, no   es la puerta de entrada a lo inefable. Advertir la insostenibilidad  de la   Tierra, as&iacute; como la insostenibilidad del lenguaje, es  aprender a verlos   como <i>Urph&auml;nomena</i>. En el futuro habremos olvidado la pregunta por   el fundamento del lenguaje, as&iacute; como hoy ya nadie se  inquieta por el   sostenimiento de la Tierra.</p>     <p align="justify">Aun aceptando, desde la perspectiva de las exigencias del  fundacionalista   (cl&aacute;sico o no-homog&eacute;neo), que la acci&oacute;n pudiese ser el   fundamento inefable del lenguaje, tendr&iacute;amos que responder  c&oacute;mo es   posible la relaci&oacute;n de dependencia entre lo b&aacute;sico y el  conocimiento   no-b&aacute;sico. Yo no puedo dudar que la Tierra tiene m&aacute;s de  cinco minutos   de existencia. Reconocer que all&iacute; la duda es ileg&iacute;tima, en  el sentido   se&ntilde;alado por Wittgenstein en SC, nos lleva a advertir un  rasgo del   fundamento. Puedo tambi&eacute;n llegar a ver con claridad que no  se trata   de un compromiso muy fuerte de parte m&iacute;a con el contenido de  una   proposici&oacute;n (como si se tratara de una hip&oacute;tesis a la que  por nada del   mundo renunciar&iacute;a), sino de algo que ya est&aacute; presente en  nuestras formas   de acci&oacute;n. Lo que no resulta del todo claro es &iquest;c&oacute;mo es  posible que   nuestras conductas particulares en el mundo dependan de las  formas   de acci&oacute;n primitivas? En otras palabras, no es claro c&oacute;mo es  que mi   creencia en que tengo una abuela presuponga que mis formas  de acci&oacute;n   llevan en su coraz&oacute;n la idea primitiva seg&uacute;n la cual la  Tierra tiene m&aacute;s   de cinco minutos. Si hay alguna suerte de relaci&oacute;n de  dependencia, he   de decir tambi&eacute;n que mi creencia en que tengo una abuela  depende, as&iacute;   mismo, de mi aceptaci&oacute;n de que la Tierra tiene m&aacute;s de seis  minutos,   ocho minutos, diez a&ntilde;os, cien a&ntilde;os, mil a&ntilde;os, etc. As&iacute; las  cosas, tendr&iacute;a   que explicar por qu&eacute; existe una cantidad de tiempo, mil  millones de   a&ntilde;os, por ejemplo, para la cual la dependencia ya se pierde.</p>     <p align="justify">Es cierto que Wittgenstein usa lenguaje fundacionalista y se   vale de met&aacute;foras claramente fundacionalistas. Sin embargo,  si no se   quiere desconocer las recomendaciones metodol&oacute;gicas del  autor, no   estamos obligados a ver all&iacute; los intentos por fijar una  posici&oacute;n te&oacute;rica   en relaci&oacute;n con los debates epistemol&oacute;gicos. Podemos leer  dichas   entradas a la manera de la voz de la seducci&oacute;n. Stroll, por  ejemplo, se   abstiene de poner atenci&oacute;n a la voz de la correcci&oacute;n en  pasajes como   los siguientes: &quot;Lo que se mantiene firme lo hace, no porque  intr&iacute;nsecamente   sea obvio o convincente, sino porque se sostiene en lo que   le rodea&quot; (SC &sect;144); &quot;He llegado al fondo de mis  convicciones. Y casi   podr&iacute;a decirse que este fundamento es sostenido por el resto  del edificio&quot;   (SC &sect;248). Si imaginamos que Wittgenstein desea tomar  partido   en el debate epistemol&oacute;gico, podemos dirigir estas entradas  hacia una   defensa del coherentismo, toda vez que aqu&iacute; se invierte la  dependencia   entre el fundamento y lo fundamentado.</p>     <p align="justify">Para finalizar, quiero criticar las reservas de Stroll para  extender la   importancia de la distinci&oacute;n decir/mostrar al seno de SC. En  primer lugar,   Stroll cree que la distinci&oacute;n tractariana est&aacute; conectada con  las ideas   de un lenguaje ideal y con una restricci&oacute;n del lenguaje  significativo al lenguaje   de la ciencia. Esta reserva es discutible, toda vez que  Wittgenstein   no estaba interesado en construir, como s&iacute; lo estaba Russell,  un cierto   lenguaje ideal en el que desaparecieran las perplejidades  filos&oacute;ficas. La   forma l&oacute;gica de la proposici&oacute;n -aunque estuviese encubierta-  ya deb&iacute;a   encontrarse en el lenguaje ordinario (<i>cf. </i>TLP &sect;5.5563). As&iacute; las cosas, no   es cierto que la distinci&oacute;n entre decir y mostrar est&eacute;  indisolublemente   ligada a una pretendida b&uacute;squeda de un lenguaje ideal que  circunscriba   el &aacute;mbito de lo significativo al dominio de las ciencias  positivas.</p>     <p align="justify">En segundo lugar, Stroll cree que los l&iacute;mites del lenguaje  est&aacute;n   claramente demarcados en el TLP, en tanto que en las IF y SC  no hay   l&iacute;mites claros m&aacute;s all&aacute; de los cuales pueda hallarse el  espacio para   lo que se puede mostrar. La segunda reserva tambi&eacute;n es  discutible,   porque no reconoce matices en la distinci&oacute;n. No todos los  ejemplos de   cosas que se pueden mostrar sin que se puedan expresar  corresponden   a intentos de sobrepasar los l&iacute;mites del lenguaje. Que hay  objetos   se muestra en el simbolismo por el hecho de que usamos  variables   (<i>cf. </i>TLP  &sect;4.1272); mientras que &quot;hay objetos&quot; carece de sentido, toda   vez que &quot;objeto&quot; no es un nombre propio. Aqu&iacute; no hablamos de  la   distinci&oacute;n como el resultado de reconocer un l&iacute;mite del  lenguaje,   como s&iacute; ocurre en el caso del sentido de la vida.</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, Stroll cree que el uso de met&aacute;foras en las IF y  en SC no   esconde una intenci&oacute;n metodol&oacute;gica. Usar met&aacute;foras forma  parte de   nuestros corrientes juegos de lenguaje. Aun cuando no  comparto las   razones por las cuales Stroll pretende desconocer la  importancia de   la distinci&oacute;n entre decir y mostrar en SC, s&iacute; creo, como &eacute;l  lo formula,   que el uso de met&aacute;foras no se debe explicar un&iacute;vocamente  aludiendo   a dicha distinci&oacute;n. Las met&aacute;foras pueden llegar a jugar otro  papel:   &quot;La met&aacute;fora normalmente crea una clase de imagen mental  cuyos   elementos son los &iacute;tems ensamblados &#91;&hellip;&#93; Existe entonces un  poder   imaginativo en una met&aacute;fora que est&aacute; faltando en el lenguaje  literal&quot;   (Stroll 2004 20). Todo lo que se asevera en el TLP carece de  sentido   (<i>cf. </i>TLP  &sect;6.54); sin embargo, podemos llegar a sentir empat&iacute;a con las   intenciones del autor, si, con un esfuerzo de la  imaginaci&oacute;n, procuramos   divisar lo que se pretende mostrar. Esta es, precisamente,  la   recomendaci&oacute;n de Cora Diamond para procurar comprender a  quien,   con una intenci&oacute;n elucidatoria, profiere sin-sentidos:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">Querer  entender a una persona que profiere sin-sentidos es querer     entrar  imaginativamente a tomar este sin-sentido por sentido &#91;...&#93;     Si no  logro, por as&iacute; decirlo, ver imaginativamente su sin-sentido como     sentido,  si no doy pie para sentir su atractivo, no podr&eacute; entenderlo&quot;.     (Diamond  157)</p> </blockquote>     <p align="justify">As&iacute; como el lector del TLP debe desplegar un cierto poder  imaginativo   para capturar lo que se insin&uacute;a en declaraciones que no  pueden   transcribirlo literalmente, el lector de las met&aacute;foras de SC  debe hacer   lo propio para entrever lo que ellas no pueden expresar  literalmente.   En resumen, primero, no estamos obligados, como pretend&iacute;a  Stroll,   a darle la espalda a la distinci&oacute;n entre decir y mostrar  cuando ella se   lleva al seno de SC. Y, segundo, las met&aacute;foras no s&oacute;lo est&aacute;n  al servicio   de la distinci&oacute;n, sino que, como sugiere Stroll, pueden  contemplarse   como recursos imaginativos que le permiten al lector entrar  en empat&iacute;a   con un autor que advierte que usa herramientas inadecuadas   para expresar lo que reconoce que no se puede expresar, como  complementa   Diamond. El siguiente pasaje de Wittgenstein (la voz del   silencio) deja ver la presencia palpable de la distinci&oacute;n  decir-mostrar   en <i>Sobre la certeza</i>, y muestra el inter&eacute;s por frenar las pretensiones de   una investigaci&oacute;n: &quot;En &uacute;ltimo t&eacute;rmino, &iquest;no me inclino cada  vez m&aacute;s   a decir que la l&oacute;gica no puede ser descrita? Es preciso que  tomes en    consideraci&oacute;n la  pr&aacute;ctica del lenguaje, entonces lo ver&aacute;s&quot; (SC &sect;501). </p> <HR align="JUSTIFY" SIZE="1">     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie1" name="pie1"><sup>1</sup></a> &quot;La haza&ntilde;a suprema ser&iacute;a: comprender que todo lo f&aacute;ctico es ya teor&iacute;a. El azul  del cielo   nos  revela la ley fundamental del cromatismo. No busques nada tras los fen&oacute;menos:   ellos  mismos son la teor&iacute;a&quot;, sostiene Goethe en <i>M&aacute;ximas  y reflexiones </i>(2001a &sect;575). Wittgenstein cita esta entrada en <i>Remarks on the  Philosophy of Psychology </i>(RPP &sect;889). </font></p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie2" name="pie2"><sup>2</sup></a> &quot;La m&aacute;xima expansi&oacute;n es el fruto y la m&aacute;xima concentraci&oacute;n es la semilla&quot;  (Goethe   2007  54).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie3" name="pie3"><sup>3</sup></a> En un pasaje de <i>Sobre la certeza </i>(sc)  se acent&uacute;a nuevamente la tensi&oacute;n personal entre   querer  decir y reconocer la imposibilidad: &quot;En este punto me siento inclinado a luchar   contra  molinos de viento, porque todav&iacute;a no puedo decir lo que, a fin de cuentas, quiero  decir&quot; (sc &sect;400). </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie4" name="pie4"><sup>4</sup></a> Tono que se repite en muchos pasajes. V&eacute;ase, por ejemplo, el c&eacute;lebre TLP  (&sect;6.54).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie5" name="pie5"><sup>5</sup></a> Elizabeth Anscombe, Peter Geach,  Norman Malcolm, David Pears, Peter Hacker.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie6" name="pie6"><sup>6</sup></a> Frank Ramsey, Cora Diamond, James  Conant, Juliet Floyd.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie7" name="pie7"><sup>7</sup></a> Pasar&eacute; por alto las discusiones asociadas con la completitud de las condiciones mencionadas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="verdana"><a href="#spie8" name="pie8"><sup>8</sup></a> &quot;En el principio fue la acci&oacute;n&quot; (Goethe 1991b I, III, 786); citado por  Wittgenstein (SC &sect;402).</font></p> <font size="2" face="verdana"> <hr align="JUSTIFY" size="1">     <p align="justify"><b>Bibliograf&iacute;a</b></p> </font>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="verdana">Anscombe, G. E. M. <i>An Introduction to  Wittgenstein&#39;s Tractatus</i>. South Bend (Ind.): St.   Augustine&#39;s Press, 1971.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-0062201100020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Cavell, S. &quot;Notes and Afterthoughts  on the Openning of Wittgenstein&#39;s Investigations&quot;. <i>Philosophical  Pasages: Wittgenstein, Emerson, Austin, Derrida</i>. Oxford: Blackwells,   1995. 125-186.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-0062201100020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Collingwood, R. G. <i>An Essay on  Metaphysics. </i>Oxford: Clarendon Press, 1940.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-0062201100020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Conant, J. &quot;Elucidation and Nonsense  in Frege and early Wittgenstein&quot;. <i>The New</i> <i>Wittgenstein</i>, Crary, A. &amp; Read, R. (eds.).  London: Routledge, 2000. 174-217.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-0062201100020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Crary, A. &amp; Read, R. (eds.). <i>The New  Wittgenstein. </i>Londres: Routledge, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-0062201100020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Diamond, C. &quot;Ethics, Imagination and  the Method of Wittgenstein&#39;s Tractatus&quot;. <i>The</i> <i>New Wittgenstein</i>, Crary, A. &amp; Read, R. (eds.).  London: Routledge, 2000. 149-173.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-0062201100020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Goethe,  J. W. <i>M&aacute;ximas y reflexiones, Obras completas</i>,  vol. 1. M&eacute;xico: Aguilar, 1991a.   339-469.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-0062201100020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Goethe, J. W. <i>Fausto, Obras completas</i>, vol. 4. M&eacute;xico:  Aguilar, 1991b. 767-972.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-0062201100020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Goethe,  J. W. <i>Teor&iacute;a de la naturaleza. </i>Madrid:  Editorial T&eacute;cnos, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-0062201100020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Kierkegard,  S. <i>Temor y temblor. </i>Barcelona: Ediciones Orbis, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-0062201100020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Moyal-Sharrock, D. &quot;Unravelling  Certainty&quot;. <i>Readings of  Wittgenstein&#39;s On Certainty</i>,   Moyal-Sharrock, D. &amp; Brenner, W.  (eds.). Hampshire: Palgrave MacMillan, 2005.   76-99.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-0062201100020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Ramsey, F. P. &quot;Philosophy&quot;. <i>Philosophical Papers</i>. Cambridge: Cambridge University   Press, 1990. 1-7.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-0062201100020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Stroll, Avrum. <i>Moore and  Wittgenstein on Certainty. </i>New York: Oxford University   Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-0062201100020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Stroll, Avrum. <i>Wittgenstein. </i>Oxford: Oneworld, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-0062201100020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Stroll, Avrum. &quot;Wittgenstein&acute;s  Foundational Metaphors&quot;. <i>The Third Wittgenstein</i>,   Moyal-Sharrock, D. (ed.).  Burlington: Ashgate Publishing Company, 2004. 13-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-0062201100020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Tractatus Logico  Philosophicus </i>&#91;TLP&#93;<i>. </i>Madrid: Alianza Editorial, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0120-0062201100020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Philosophical  Remarks </i>&#91;PR&#93;<i>. </i>Chicago: The University of Chicago  Press,   1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-0062201100020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Lectures on the  Foundations of Mathematics, Cambridge 1939 </i>&#91;LFM&#93;.   Chicago: The University of Chicago  Press, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0120-0062201100020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Remarks on the  Philosophy of Psychology </i>&#91;RPP&#93;, vol. 1. Chicago: The   University of Chicago Press, 1980.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-0062201100020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Investigaciones  filos&oacute;ficas </i>&#91;IF&#93;<i>. </i>Barcelona: Editorial Cr&iacute;tica, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0120-0062201100020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Zettel </i>&#91;Ze&#93;<i>. </i>M&eacute;xico: Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-0062201100020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Sobre la certeza </i>&#91;SC&#93;<i>. </i>Barcelona: Gedisa Editorial, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0120-0062201100020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Ludwig Wittgenstein:  Cambridge Letters. Correspondence with Russell,</i> <i>Keynes, Moore,  Ramsey and Sraffa </i>&#91;CRKM&#93;<i>. </i>Oxford: Blacwell Publishers Ltd., 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-0062201100020000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">Wittgenstein, L. <i>Remarks on the  Foundations of Mathematics </i>&#91;RFM&#93;. Cambridge (Mass.):   The  MIT Press, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0120-0062201100020000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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