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</front><body><![CDATA[ <font size="2" face="verdana"> </font>     <p  align="center"><font size="2" face="verdana"><b><font size="4">DI&Oacute;GENES LAERCIO IX 61-116:    PIRR&Oacute;N Y LOS PIRR&Oacute;NICOS</font></b><a href="#*" name="s*"><sup>*</sup></a></font></p> <font size="2" face="verdana"></font>     <p  align="center"><font size="3" face="verdana">Traducci&oacute;n y comentario</font></p> <font size="2" face="verdana">     <p  align="center">&nbsp;</p>     <p align="right"><b>ALFONSO CORREA MOTTA</b><b><br />   LILIANA CAROLINA S&Aacute;NCHEZ CASTRO</b><br />   Peiras: grupo de estudio en filosof&iacute;a antigua y medieval<br />   Universidad Nacional de Colombia / Universidad de los Andes &ndash; Colombia<br />   <i><a href="mailto:acorreamo@unal.edu.co">acorreamo@unal.edu.co</a><br /> <a href="mailto:lcsanchezc@unal.edu.co">lcsanchezc@unal.edu.co</a></i></p> <hr size="1">     <p  align="justify"><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p  align="justify">Uno de los documentos de la Antig&uuml;edad  que m&aacute;s atenci&oacute;n suscita en los a&ntilde;os recientes es el llamado <i>Vidas de los fil&oacute;sofos </i>de  Di&oacute;genes Laercio. Una nueva edici&oacute;n del texto griego sali&oacute; a la luz en 1999  (Marcovich) y otra m&aacute;s est&aacute; en preparaci&oacute;n. A pesar de que durante mucho tiempo  se consider&oacute; este tratado solamente como un nutrido testimonio doxogr&aacute;fico, y a  la persona misma de Di&oacute;genes como un transmisor poco fiable de noticias, para  la historia de la filosof&iacute;a es parte de la tradici&oacute;n material que necesariamente  ha resultado indispensable en la construcci&oacute;n de nuestra visi&oacute;n de la filosof&iacute;a  griega hoy en d&iacute;a. El libro completo reporta los testimonios de al menos  ochenta y cinco personalidades que hicieron parte del panorama intelectual de  la antigua Grecia. De cada una de esas personalidades se dan tanto noticias  sobre su vida como res&uacute;menes de su actividad filos&oacute;fica y citas presuntamente  literales de sus obras. </p>     <p  align="justify">En el libro IX,  Di&oacute;genes Laercio presenta, entre otras cosas, uno de los testimonios m&aacute;s  importantes con los que contamos sobre la vida de Pirr&oacute;n de &Eacute;lide, adem&aacute;s de un  resumen bastante detallado y bien estructurado del pensamiento que  desarrollaron los que se asumieron como sus herederos: los pirr&oacute;nicos.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1" title="" id="_ftnref1"><sup>1</sup></a> La inclusi&oacute;n de este testimonio en el libro IX,  sin embargo, es una de las cuestiones que se suman al car&aacute;cter enigm&aacute;tico que  presenta la sucesi&oacute;n de fil&oacute;sofos all&iacute; expuesta (<i>cf. </i>Brunschwig 1027). &iquest;C&oacute;mo  encajan Pirr&oacute;n y Tim&oacute;n (otro esc&eacute;ptico, presentado en el cap&iacute;tulo siguiente al  que aqu&iacute; traducimos) dentro de la serie, ya lo suficientemente ex&oacute;tica,  compuesta por Her&aacute;clito, Jen&oacute;fanes, Parm&eacute;nides, Meliso, Zen&oacute;n, Leucipo, Dem&oacute;crito,  Prot&aacute;goras, Di&oacute;genes de Apolonia y Anaxarco? &iquest;Por qu&eacute; los esc&eacute;pticos (pero  tambi&eacute;n otros de los pensadores examinados en el libro IX)  no aparecen mencionados en el plan que el mismo Di&oacute;genes Laercio hab&iacute;a  anticipado en el proemio (I 13-15)?</p>     <p  align="justify">Ninguna de estas dos preguntas  podemos responderla a cabalidad aqu&iacute;. Baste decir, con respecto a la primera,  que el punto de engarce entre la lista ex&oacute;tica y Pirr&oacute;n es Anaxarco, que  supuestamente fue maestro del esc&eacute;ptico (<i>cf. </i>IX  &sect;61), por un lado, pero que adem&aacute;s tuvo v&iacute;nculos estrechos con Dem&oacute;crito, por  el otro.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2" title="" id="_ftnref2"><sup>2</sup></a> Con respecto a la segunda pregunta, podemos primero establecer ciertos matices.  En primer lugar, la lista del proemio no parece ser exhaustiva y, a lo largo de  la obra, tampoco es usada de manera religiosa por Di&oacute;genes. Segundo, en I &sect;16 son expl&iacute;citamente mencionados los fil&oacute;sofos suspensivos,  dentro de los cuales caen Pirr&oacute;n y Tim&oacute;n, en el marco de una clasificaci&oacute;n que  los opone (en una vena muy esc&eacute;ptica, por cierto) a los fil&oacute;sofos dogm&aacute;ticos.  El tipo de pensamiento que representaban Pirr&oacute;n y Tim&oacute;n no aparece, pues, de la  nada al final del libro IX y tiene de hecho una  presencia importante a lo largo del texto de Di&oacute;genes.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3" title="" id="_ftnref3"><sup>3</sup></a> Con respecto a esa misma pregunta podemos, finalmente, formular una hip&oacute;tesis,  arg&uuml;ida por Decleva Caizzi (1992 4221). Para esta especialista, dicha exclusi&oacute;n  es un reflejo de la posici&oacute;n de aquellos que consideraban que el escepticismo  no es una &alpha;&#7989;&rho;&epsilon;&sigma;&iota;&sigmaf; (escuela filos&oacute;fica). Di&oacute;genes, no obstante, teniendo  material para demostrar lo contrario, se propone, al final del libro IX, mostrar que s&iacute; lo es. </p>     <p  align="justify">En cuanto al contenido mismo de  nuestro cap&iacute;tulo, hay al menos dos observaciones generales que hacer. Se trata,  pues, de un testimonio amplio de la vida de Pirr&oacute;n que cuenta no s&oacute;lo con an&eacute;cdotas  y reportes sobre su vida, sino que, como ya dijimos, tambi&eacute;n incluye una  exposici&oacute;n filos&oacute;fica sobre el pirronismo en general. Toda la exposici&oacute;n del  pirronismo dentro del testimonio de la vida de Pirr&oacute;n puede explicarse por una  necesidad textual de Di&oacute;genes en calidad de dox&oacute;grafo: dado que la actividad  filos&oacute;fica de Pirr&oacute;n no vio la forma escrita, la fuente que brinda noticia de  su vida y pensamiento es el testimonio de su escuela, aunque la distancia  temporal entre esta y su progenitor en muchos casos sea considerable (<i>cf. </i>Brunschwig  1028). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Pero  Pirr&oacute;n no s&oacute;lo no dej&oacute; nada por escrito. Pretend&iacute;a, tambi&eacute;n, no tener dogma alguno,  es decir, carecer por completo de doctrina. &iquest;C&oacute;mo hacer una doxograf&iacute;a en tales  condiciones? Este problema afecta, obviamente, no s&oacute;lo a Pirr&oacute;n sino a los pirr&oacute;nicos  en general. Para referirse a esta parad&oacute;jica situaci&oacute;n, Barnes (1992 4245) ha  acu&ntilde;ado el t&eacute;rmino de &quot;antidoxograf&iacute;a&quot;. Sexto Emp&iacute;rico, nuestra principal  fuente sobre el pirronismo, es perfectamente consciente del problema y apela al  menos a dos estrategias distintas para resolverlo. La primera consiste en  quitarle de entrada expl&iacute;citamente el car&aacute;cter de dogma a toda su presentaci&oacute;n.  As&iacute;, en <i>Esbozos  pirr&oacute;nicos</i> I 4 afirma: &quot;no  aseguramos que nada de lo que ser&aacute; dicho es completamente tal y como lo  decimos, sino que cada cosa ser&aacute; reportada a la manera de una cr&oacute;nica, de  conformidad con lo que ahora nos parece&quot;. La segunda estrategia, que retom&oacute; e  hizo c&eacute;lebre el Wittgenstein del <i>Tractatus</i>, consiste en presentar los desarrollos y  argumentos expuestos como meros medios, necesarios pero precindibles una vez  han cumplido con su funci&oacute;n, para alcanzar un fin distinto de ellos. La imagen  de la escalera que se suelta una vez ha sido utilizada aparece, en efecto, en <i>Adversus mathematicos</i> VIII 481; la del purgante que se autoelimina est&aacute;  tambi&eacute;n en <i>Esbozos  pirr&oacute;nicos </i>I 206. </i></p>     <p  align="justify">Di&oacute;genes, por su parte, s&oacute;lo apela a  la segunda estrategia. Al presentar las voces esc&eacute;pticas, menciona en efecto la  imagen del purgante y, generalizando, califica a los enuciados y argumentos de  meros &quot;auxiliares&quot; (<i>cf. </i>IX &sect;76-77). Muy seguramente no  invoca la primera estrategia precisamente porque, contrariamente a Sexto, no  est&aacute; hablando con voz propia sino s&oacute;lo haciendo las veces de &quot;antidox&oacute;grafo&quot;. </p>     <p  align="justify">Nuestra  traducci&oacute;n fue realizada con base en el texto de Marcovich (1999). Una nota a  pie de p&aacute;gina indicar&aacute; cu&aacute;ndo nos alejamos de &eacute;l y por qu&eacute; razones. Las  valiosas observaciones filol&oacute;gicas y filos&oacute;ficas de Barnes (1992) y Brunschwig  (1999) est&aacute;n detr&aacute;s de muchas de estas elecciones. Las &lt;antilambdas&gt; se&ntilde;alan  a&ntilde;adidos nuestros que pretenden hacer expl&iacute;citos elementos t&aacute;citos del texto.  Los corchetes &#91;cuadrados&#93;, en cambio, indican que esas palabras deben ser  retiradas.</p>     <p  align="justify"><b>Bibliograf&iacute;a </b></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Annas,  J. &amp; Barnes, J. <i>The  Modes of Scepticism</i>. <i>Ancient Texts and Modern Interpretations</i>. Cambridge: Cambridge  University Press, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000017&pid=S0120-0062201300010001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Barnes,  J. &quot;The Beliefs of a Pyrrhonist&quot;. <i>The Original Sceptics: A Controversy</i>, Burnyeat, M. &amp;  Frede, M. (eds.). Indianapolis/Cambridge: Hackett  Publishing Co., 1998. 58-91.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000019&pid=S0120-0062201300010001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Barnes, J. &quot;Diogene Laerzio e  il pirronismo&quot;, <i>Elenchos.  Rivista di Studi sul Pensiero Antico</i> 7/1-2 (1986): 383-427.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000021&pid=S0120-0062201300010001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p  align="justify">Barnes,  J. <i>The Toils of  Scepticism</i>. Cambridge: Cambridge University Press, 1990.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000023&pid=S0120-0062201300010001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Barnes,  J. &quot;Diogenes Laertius IX 61-116: The Philosophy  of Pyrrhonism&quot;. <i>Aufstieg  und Niedergang der R&ouml;mischen Welt</i> II,  Vol. 36/6, Haas, W. (ed.). Berlin/New York: de Gruyter, 1992. 4241-4301.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000025&pid=S0120-0062201300010001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Bett,  R. <i>Sextus  Empiricus. Against the Ethicists</i>. Oxford: Oxford University  Press, 1997.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000027&pid=S0120-0062201300010001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Brunschwig,  J. &quot;Livre IX, introduction, traduction et notes&quot;. <i>Diog&egrave;ne La&euml;rce,  Vies et doctrines des philosophes illustres</i>, Goulet-Caz&eacute;, M.-O.  (ed.). Paris: La Pochoth&egrave;que, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000029&pid=S0120-0062201300010001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Castignoli,  L. &quot;Self-bracketing Pyrrhonism&quot;. <i>Oxford Studies in Ancient Philosophy</i> 18. Oxford: Oxford  University Press, 2000.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000031&pid=S0120-0062201300010001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p  align="justify">Decleva  Caizzi, F. (ed.). <i>Pirrone.  Testimonianze</i>. Napoli: Bibliopolis,  1981.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000033&pid=S0120-0062201300010001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Decleva Caizzi, F. &quot;Il libro IX delle 'Vite dei filosofi' di Diogene Laerzio&quot;. <i>Aufstieg und Niedergang der R&ouml;mischen Welt</i> II,  Vol. 36/6, Haas, W. (ed.). Berlin/New York: de Gruyter, 1992. 4218-4240.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S0120-0062201300010001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Flintoff,  E. &quot;Pyrrho and India&quot;, <i>Phronesis</i> 25/1(1980): 88-108.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000037&pid=S0120-0062201300010001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Gercke,  A. <i>De quibusdam  Laertii Diogenis auctoribus, wissenschafliche Beilage zum</i>.  Greifswald: Vorlesungsverzeichniss des Universitat Greifswald, 1899.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000039&pid=S0120-0062201300010001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Hankinson,  R.J. <i>The Sceptics</i>.  London/New York: Routledge, 1995.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000041&pid=S0120-0062201300010001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p  align="justify">Kuzminski,  A. <i>Pyrrhonism.  How the Ancient Greeks Reinvented Buddhism</i>. Lanham: Lexinton  Books, 2008.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000043&pid=S0120-0062201300010001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Long,  H. S. <i>Vitae  philosophorum</i>. Oxford: Clarendon Press, 1964.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000045&pid=S0120-0062201300010001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Marcovich,  M. <i>Diogenis  Laertii. Vitae Philosophorum. </i>Stuttgart/Leipzig: Teubner, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000047&pid=S0120-0062201300010001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </p>     <!-- ref --><p  align="justify">Reale,  G. (dir.) <i>Diogene Laerzio. Vite e dottrine dei pi&ugrave; celebri filosofi</i>. Milano:  Bompiani, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000049&pid=S0120-0062201300010001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Schwartz,  E. (1903) &quot;Diogenes 40<i>&quot;</i></i>, Pauly A. y Wissowa G., <i>Realencyclop&auml;die der  classischen Altertumswissenschaft</i> V/1,  col 738-763 (Schwartz, E. <i>Griechische Geschichtsschreiber</i> pp. 453-491).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000051&pid=S0120-0062201300010001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p  align="justify">Striker,  G. &quot;On the difference between the Pyrrhonists and the Academics&quot;. <i>Essays on Hellenistic  Epistemology and Ethics</i>. Cambridge: Cambridge University Press,  1996a. 135-149.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0120-0062201300010001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Striker,  G. &quot;The Ten Tropes of Aenesidemus&quot;. <i>Essays on Hellenistic Epistemology and  Ethics</i>. Cambridge: University Press,  1996b. 116-134.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-0062201300010001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p  align="justify">Zuluaga, M. &quot;El problema de  Agripa&quot;, <i>Ideas y  Valores</i> 54/128 (2005): 1-28.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-0062201300010001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <p  align="center">&bull;</i></p>     <p  align="center"><b>DI&Oacute;GENES LAERCIO IX 61-116: <br />   PIRR&Oacute;N Y LOS PIRR&Oacute;NICOS</i></b></p>        <p  align="justify">&sect;61 Pirr&oacute;n de &Eacute;lide era hijo de  Plistarco, seg&uacute;n lo refiere Diocles. Hab&iacute;a sido primero pintor, como dice  Apolodoro en sus <i>Cr&oacute;nicas</i>.  Fue alumno de Bris&oacute;n, hijo de Estilp&oacute;n, seg&uacute;n dice Alejandro en sus <i>Sucesiones</i>,  y luego de Anaxarco, a quien segu&iacute;a a todas partes, de modo que tambi&eacute;n entr&oacute;  en contacto con los gimnosofistas en India y con los magos.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4" title="" id="_ftnref4"><sup>4</sup></a> De ah&iacute; parece &lt;provenir&gt; su muy noble manera de filosofar, pues introdujo  la especie &lt;de filosof&iacute;a&gt; de la inaprehensibilidad y la suspensi&oacute;n del  juicio, como afirma Ascanio el abderita. Dec&iacute;a, en efecto, que nada es bello ni  feo, ni justo ni injusto; asimismo, que en todos los casos nada existe en  verdad y que todos los hombres act&uacute;an por convenci&oacute;n o costumbre, pues cada  cosa no es m&aacute;s esto que aquello. &sect;62 Sigui&oacute; &lt;estos principios&gt; incluso en  su vida, pues no evitaba ni se cuidaba de nada, sino que le hac&iacute;a frente a  todo, sin hacerle caso a sus sensaciones: carros, dado el caso, precipicios,  perros y cosas parecidas. Sin embargo, seg&uacute;n afirma Ant&iacute;gono de Caristo, lo  salvaban los conocidos que lo acompa&ntilde;aban. Enesidemo, en cambio, sostiene que &eacute;l  hac&iacute;a filosof&iacute;a de conformidad con el principio de la suspensi&oacute;n del juicio,  pero que no siempre actuaba sin previsi&oacute;n.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5" title="" id="_ftnref5"><sup>5</sup></a> Vivi&oacute; cerca de noventa a&ntilde;os. </p>     <p  align="justify">Esto es lo que dice Ant&iacute;gono de  Caristo en su <i>Sobre  Pirr&oacute;n</i>. Al comienzo carec&iacute;a de fama, era pobre y pintor. En &Eacute;lide  se conservan de &eacute;l, en el gimnasio, unos corredores con antorcha de calidad  mediocre. &sect;63 Se aislaba y era solitario, mostr&aacute;ndose raramente a sus  familiares. Hac&iacute;a esto por haber escuchado a un hind&uacute; reprocharle a Anaxarco  que, mientras se ocupara de la corte del rey, no podr&iacute;a ense&ntilde;arle a nadie  distinto a ser bueno. Permanec&iacute;a siempre en el mismo estado (de modo que si  alguien lo dejaba en medio de una charla, acababa el discurso para s&iacute; mismo),  aunque de joven hab&iacute;a sido impetuoso. A menudo, dice &lt;Ant&iacute;gono&gt;, tambi&eacute;n  part&iacute;a de viaje sin advertirle a nadie y vagaba con quien le plac&iacute;a. Un d&iacute;a que  Anaxarco cay&oacute; en un pantano, pas&oacute; de largo sin socorrerlo; como algunos se lo  criticaron, el mismo Anaxarco lo elogi&oacute; por su indiferencia y desprendimiento. &sect;64  Una vez lo sorprendieron hablando consigo mismo y, cuando le preguntaron la raz&oacute;n,  respondi&oacute; que se ejercitaba en ser &uacute;til. Nadie lo menospreciaba en las  investigaciones, porque hablaba detalladamente incluso al responder.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6" title="" id="_ftnref6"><sup>6</sup></a> De ah&iacute; que haya cautivado a Naus&iacute;fanes, cuando este era a&uacute;n joven. En todo  caso, &lt;Naus&iacute;fanes&gt; dec&iacute;a que hab&iacute;a que tener la disposici&oacute;n de Pirr&oacute;n,  pero discursos propios. Contaba tambi&eacute;n a menudo que Epicuro, maravillado por  el estilo de vida de Pirr&oacute;n, le preguntaba continuamente sobre &eacute;l. &lt;Se  dice&gt; que lo honraron tanto en su patria que lo nombraron sumo sacerdote y  que votaron, gracias a &eacute;l, una exenci&oacute;n de impuestos para todos los fil&oacute;sofos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">De  hecho, tuvo muchos seguidores por su tranquilidad.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7" title="" id="_ftnref7"><sup>7</sup></a> Por eso tambi&eacute;n Tim&oacute;n se refiere a &eacute;l en el <i>Pit&oacute;n</i> y en los <i>Siloi</i> de  la siguiente manera: </p> </font>     <blockquote>       <p  align="justify"><font size="2" face="verdana">&sect;65 Oh, anciano. Oh, Pirr&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo y d&oacute;nde encontraste el escape     <br>     a la servidumbre de las opiniones y a la vacuidad de los sofistas,     <br>   y destruiste las ataduras de todo enga&ntilde;o y persuasi&oacute;n?     <br>   No te preocup&oacute; indagar por cosas como cu&aacute;les son los vientos </font><font size="2" face="verdana">    <br>   de Grecia o de d&oacute;nde &lt;viene&gt;  cada cosa y a d&oacute;nde llega. </font></p> </blockquote> <font size="2" face="verdana">    <p  align="justify">Y de nuevo, en sus <i>Im&aacute;genes</i>: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">esto, Pirr&oacute;n, es lo que desea escuchar mi coraz&oacute;n,     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   &iquest;c&oacute;mo t&uacute;, siendo hombre, te conduces  a&uacute;n tan f&aacute;cilmente con calma,     <br>   </i>&uacute;nico entre los humanos, gui&aacute;ndolos a  la manera de un dios? </p> </blockquote>     <p  align="justify">Los atenienses, adem&aacute;s, le  concedieron la ciudadan&iacute;a, seg&uacute;n dice Diocles, por haber matado al tracio  Cotis. &sect;66 Conviv&iacute;a piadosamente con su hermana, que era partera, de acuerdo  con Erat&oacute;stenes en su <i>Sobre la riqueza y la pobreza</i>; tambi&eacute;n llevaba a veces p&aacute;jaros  y, ocasionalmente, lechones para vender al &aacute;gora. Asimismo, hac&iacute;a con  indiferencia la limpieza dom&eacute;stica. Se dice tambi&eacute;n que lav&oacute; un cerdo por  indiferencia. Habi&eacute;ndolo enfurecido algo a prop&oacute;sito de su hermana (que se  llamaba Filista), le respondi&oacute; a quien se lo reprochaba que la demostraci&oacute;n de  indiferencia no &lt;era conveniente&gt; en lo que respecta a una mujercita. Una  vez que un perro se le abalanz&oacute; y lo asust&oacute;, le dijo a quien se lo ech&oacute; en cara  que era dif&iacute;cil desalojar completamente al hombre, y que hab&iacute;a que enfrentarse  a los acontecimientos, en la medida de lo posible, primero con los actos y, si  no, al menos con la raz&oacute;n.</p>     <p  align="justify">&sect;67 Se cuenta tambi&eacute;n que, sobre una  herida, le aplicaron medicamentos s&eacute;pticos, le realizaron incisiones y  cauterizaciones, pero ni siquiera frunci&oacute; el ce&ntilde;o. Tim&oacute;n aclara esa disposici&oacute;n  en el relato para Pit&oacute;n. Adem&aacute;s, Fil&oacute;n de Atenas, que lleg&oacute; a ser su amigo,  cuenta que mencionaba sobre todo a Dem&oacute;crito y luego a Homero, a quien admiraba  y de quien citaba continuamente: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">Como la generaci&oacute;n de las hojas, as&iacute;  tambi&eacute;n la de los hombres. </p> </blockquote>     <p  align="justify">Asimismo, comparaba a los hombres con  avispas, moscas y p&aacute;jaros. Refer&iacute;a tambi&eacute;n estas &lt;l&iacute;neas&gt;: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">Pero, amigo, muere t&uacute; tambi&eacute;n. &iquest;Para qu&eacute; gemir de esa manera? </p>       <p  align="justify">Patroclo, que era mucho mejor que t&uacute;,  est&aacute; muerto. </p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">As&iacute;  como todos aquellos &lt;versos&gt; que tienden a mostrar la inestabilidad, las  preocupaciones vanas y, a la vez, la puerilidad de los hombres. &sect;68 Posidonio  relata tambi&eacute;n una historia semejante sobre &eacute;l. Mientras sus compa&ntilde;eros de  navegaci&oacute;n le mostraban su inquietud por una tormenta, &eacute;l, sereno, les sub&iacute;a el  &aacute;nimo mostr&aacute;ndoles un lech&oacute;n que com&iacute;a sobre el barco y dici&eacute;ndoles que el  sabio deb&iacute;a mantenerse en su lugar con imperturbabilidad. S&oacute;lo Numenio afirma  que era un dogm&aacute;tico. </p>     <p  align="justify">Tuvo, adem&aacute;s de los otros, disc&iacute;pulos  reputados, entre los cuales est&aacute; Eur&iacute;loco. De &eacute;l se cuenta este incidente.  Dicen, en efecto, que una vez lo provocaron tanto que, empu&ntilde;ando el asador con  las carnes ensartadas, persigui&oacute; al cocinero hasta el &aacute;gora. &sect;69 Otra vez, en &Eacute;lide,  irritado por las preguntas durante sus discursos, se quit&oacute; el vestido y atraves&oacute;  a nado el Alfeo hasta el otro lado. De hecho era sumamente hostil con los  sofistas, como dice tambi&eacute;n Tim&oacute;n. En cuanto a Fil&oacute;n, hablaba la mayor parte  del tiempo consigo mismo, por lo que &lt;Tim&oacute;n&gt; dice de &eacute;l lo siguiente: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">o aquel que, lejos de los hombres, es su propio maestro y habla      consigo mismo,     <br>   sin preocuparse de la gloria ni de  las disputas: Fil&oacute;n. </p> </blockquote>     <p  align="justify">Adem&aacute;s de los anteriores, tambi&eacute;n  fueron disc&iacute;pulos de Pirr&oacute;n Hecateo de Abdera y Tim&oacute;n de Fliunte, autor de los <i>Siloi</i>,  del que hablaremos, as&iacute; como Naus&iacute;fanes de Teos, del que hay quien dice que  Epicuro fue su disc&iacute;pulo.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8" title="" id="_ftnref8"><sup>8</sup></a> </p>     <p  align="justify">Todos ellos son llamados &quot;pirr&oacute;nicos&quot;  por su maestro, pero tambi&eacute;n &quot;apor&eacute;ticos&quot; y &quot;esc&eacute;pticos&quot; e incluso &quot;suspensivos&quot;  e &quot;indagadores&quot;, por como llaman su doctrina, por as&iacute; decirlo. &sect;70 As&iacute;, pues,  esta filosof&iacute;a es indagadora por estar permanentemente indagando la verdad; esc&eacute;ptica,  por estar siempre investigando y nunca encontrar; suspensiva, por la afecci&oacute;n  que sigue a la indagaci&oacute;n, me refiero a la suspensi&oacute;n del juicio; apor&eacute;tica,  por producir apor&iacute;as de  todo.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9" title="" id="_ftnref9"><sup>9</sup></a> Teodosio, en sus <i>Cap&iacute;tulos esc&eacute;pticos</i>,  dice que no hay que  </i>llamar pirr&oacute;nica a la &lt;filosof&iacute;a&gt; esc&eacute;ptica,  pues si el movimiento del pensamiento en el otro es inaprehensible, no  conocemos la disposici&oacute;n de Pirr&oacute;n y, al no conocerla, no podr&iacute;amos tampoco  llamarnos pirr&oacute;nicos. Adem&aacute;s, Pirr&oacute;n no fue el primero en descubrir la filosof&iacute;a  esc&eacute;ptica y no ten&iacute;a doctrina alguna. Pero podr&iacute;a decirse &quot;con un modo de vida  semejante al de Pirr&oacute;n&quot;.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10" title="" id="_ftnref10"><sup>10</sup></a> </p>     <p  align="justify">&sect;71  Algunos dicen que Homero comenz&oacute; esta escuela,<a href="#_ftn11" name="_ftnref11" title="" id="_ftnref11"><sup>11</sup></a> puesto que &eacute;l, m&aacute;s que ning&uacute;n  otro, se expresa sobre las mismas cosas diversamente y para nada dogmatiza de  manera definida sobre lo que declara. Despu&eacute;s, &lt;dicen&gt; que tambi&eacute;n las  &lt;sentencias&gt; de los siete sabios son esc&eacute;pticas, como, por ejemplo, &quot;nada  en exceso&quot; y &quot;si te empe&ntilde;as, te arruinas&quot;. Esta &uacute;ltima significa, en efecto,  que al hecho de empe&ntilde;arse firmemente y con convicci&oacute;n le sigue la ruina.  Asimismo, Arqu&iacute;loco y Eur&iacute;pides tienen un talante esc&eacute;ptico, cuando el primero  dice: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">la inteligencia de los hombres, Glauco, hijo de Leptines,     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   es para los mortales cuanto Zeus  estima conveniente para un d&iacute;a;</p> </blockquote>     <p  align="justify">o cuando Eur&iacute;pides afirma: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">&iquest;A qu&eacute; llaman pensar estos     <br>   miserables mortales? Dependemos de ti, &lt;Zeus&gt;,     <br>   y hacemos lo que se te antoja por  ventura.</p>   </blockquote>     <p  align="justify">Ahora bien, incluso Jen&oacute;fanes, Zen&oacute;n  de Elea y Dem&oacute;crito terminar&iacute;an siendo, de acuerdo con ellos, esc&eacute;pticos. En  sus versos, Jen&oacute;fanes dice: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">as&iacute;, pues, lo manifiesto no lo ha  visto ning&uacute;n hombre, ni habr&aacute; ninguno que lo vea. </p> </blockquote>     <p  align="justify">Zen&oacute;n  suprime el movimiento al decir: &quot;lo que se mueve no se mueve ni en el lugar en  el que est&aacute;, ni en el que no est&aacute;&quot;. Dem&oacute;crito, por su parte, anula las  cualidades cuando dice: &quot;por convenci&oacute;n lo caliente, por convenci&oacute;n lo fr&iacute;o; en  realidad, &aacute;tomos y vac&iacute;o&quot;; y tambi&eacute;n: &quot;nada sabemos en realidad, pues la verdad  est&aacute; en un abismo&quot;. Asimismo, &lt;dicen que&gt; Plat&oacute;n les deja lo verdadero a  los dioses o a los hijos de los dioses, pero busca un discurso veros&iacute;mil. Y Eur&iacute;pides  dice: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p  align="justify">&sect;73 &iquest;Qui&eacute;n sabe si vivir no es morir     <br>   y morir lo que los mortales creen que  es vivir?</p> </blockquote>     <p  align="justify">Emp&eacute;docles, por su parte, afirma: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">De modo que tales cosas no son visibles ni audibles  para los  </i>hombres, ni captables por el pensamiento; </p> </blockquote>     <p  align="justify">y, antes: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">convencidos &uacute;nicamente por eso con lo  que cada uno se ha topado.</p> </blockquote>     <p  align="justify">Adem&aacute;s, Her&aacute;clito afirma: &quot;no hagamos  azarosamente conjeturas sobre lo m&aacute;s importante&quot;. Hip&oacute;crates, posteriormente,  se expresa dubitativamente, es decir humanamente. Y ya antes Homero dec&iacute;a: </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>       <p  align="justify">maleable es la lengua de los mortales  y muchas las historias &lt;que hay&gt; en &lt;ella&gt;;</p> </blockquote>     <p  align="justify">y tambi&eacute;n: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">rico pasto de palabras, en un sentido  y en otro; </p> </blockquote>     <p  align="justify">y: </p>     <blockquote>       <p  align="justify">seg&uacute;n la palabra que digas, tal ser&aacute;  la que escuches. </p> </blockquote>     <p  align="justify">Homero habla aqu&iacute; de la equipolencia  y de la oposici&oacute;n de argumentos.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12" title="" id="_ftnref12"><sup>12</sup></a> </p>     <p  align="justify">&sect;74 Los esc&eacute;pticos continuamente  rebat&iacute;an todos los dogmas de las escuelas sin afirmar ellos mismos nada dogm&aacute;ticamente,  limit&aacute;ndose a emitir y a narrar &#91;las opiniones de los otros&#93; sin determinar nada,  ni siquiera eso &lt;de que nada determinan&gt;.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13" title="" id="_ftnref13"><sup>13</sup></a> De modo que incluso anulaban la expresi&oacute;n &quot;no determinar&quot;, porque al decir, por  ejemplo, &quot;nada determinamos&quot;, estar&iacute;an determinando algo. Pero dicen: &quot;emitimos  estas afirmaciones como una indicaci&oacute;n de nuestra falta de precipitaci&oacute;n&quot;, como  si, incluso asintiendo, fuera posible mostrar eso. Por medio de la voz &quot;nada  determinamos&quot; ponen en evidencia el estado de indecisi&oacute;n. Lo mismo ocurre con  &lt;voces&gt; como &quot;en nada m&aacute;s&quot; y &quot;a todo enunciado se opone otro enunciado&quot;,  as&iacute; como con otras semejantes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">&sect;75 La &lt;voz&gt; &quot;en nada m&aacute;s&quot;<a href="#_ftn14" name="_ftnref14" title="" id="_ftnref14"><sup>14</sup></a> se dice tambi&eacute;n afirmativamente, para indicar que ciertas cosas son semejantes.  Por ejemplo, &quot;en nada es m&aacute;s malo el pirata que el mentiroso&quot;. Pero los esc&eacute;pticos  no la utilizan afirmativa sino negativamente, como cuando se refuta y se dice: &quot;Escila  no existi&oacute; m&aacute;s que la Quimera&quot;. La &lt;voz&gt; &quot;m&aacute;s&quot; es a veces emitida en un  sentido comparativo, como cuando decimos que la miel es m&aacute;s dulce que la uva. A  veces, tambi&eacute;n, se la usa afirmativa y negativamente, como cuando decimos &quot;la  virtud beneficia m&aacute;s que lo que da&ntilde;a&quot;. Queremos decir, en efecto, que la virtud  beneficia y que no hace da&ntilde;o. &sect;76 Pero los esc&eacute;pticos anulan incluso la voz &quot;en  nada m&aacute;s&quot;. En efecto, as&iacute; como la providencia no existe m&aacute;s de lo que no  existe, as&iacute; tambi&eacute;n &quot;en nada m&aacute;s&quot; no existe m&aacute;s de lo que no existe. Esta voz  significa, como lo dice Tim&oacute;n en su <i>Pit&oacute;n</i>, &quot;no determinar nada,  sino abstenerse de a&ntilde;adir algo&quot;. </p>     <p  align="justify">La voz &quot;a todo enunciado&quot; tambi&eacute;n  induce la suspensi&oacute;n de juicio. Cuando los hechos est&aacute;n en desacuerdo y los  enunciados &lt;contrarios&gt; tienen la misma fuerza, se sigue el  desconocimiento de la verdad. Pero a este enunciado se opone tambi&eacute;n otro  enunciado, de modo que aquel, despu&eacute;s de anular a todos los dem&aacute;s, se vuelve  contra s&iacute; mismo y se elimina, a semejanza de los purgantes que, despu&eacute;s de  haber hecho evacuar la materia, se evacuan ellos tambi&eacute;n y se eliminan.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15" title="" id="_ftnref15"><sup>15</sup></a> &sect;77 Contra esto, los dogm&aacute;ticos dicen que no se anula el enunciado, sino que se  lo fortalece a&uacute;n m&aacute;s.</p>     <p  align="justify">&lt;Los esc&eacute;pticos&gt; utilizaban  entonces los enunciados s&oacute;lo como auxiliares, pues no podr&iacute;an anular un  enunciado sin &lt;apelar&gt; a otro. De la misma manera, solemos decir que el  lugar no existe y, en general, debemos utilizar &lt;la palabra&gt; &quot;lugar&quot;,  pero no &lt;lo hacemos&gt; dogm&aacute;ticamente, sino en el marco de una demostraci&oacute;n.  Tambi&eacute;n &lt;decimos&gt; que nada sucede por necesidad, pero tenemos que  utilizar &lt;la palabra&gt; &quot;necesidad&quot;. Ese es el modo de expresi&oacute;n del que  ellos se serv&iacute;an, pues expresan tal y como aparecen las cosas, no tal y como  son por naturaleza, sino s&oacute;lo como aparecen. Y dec&iacute;an que no investigaban lo  que se piensa, puesto que es evidente, sino aquello a lo que se accede por las  sensaciones.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16" title="" id="_ftnref16"><sup>16</sup></a> </p>     <p  align="justify">&sect;78 Pues bien, el discurso pirr&oacute;nico  es un cierto tipo de remembranza de lo aparente o de lo pensado de una u otra  manera, de acuerdo con la cual todo es confrontado con todo y, al compararlo,  se lo descubre lleno de irregularidad y confusi&oacute;n, seg&uacute;n dice Enesidemo en su <i>Esbozo introductorio al  pirronismo</i>.<a href="#_ftn17" name="_ftnref17" title="" id="_ftnref17"><sup>17</sup></a> Para &lt;obtener&gt; las oposiciones durante las investigaciones, luego de  exponer previamente los modos en que las cosas nos persuaden, destru&iacute;an,  conforme a los mismos &lt;modos&gt;, la confianza en ellas. En efecto, &lt;dec&iacute;an&gt;  que persuaden las cosas que concuerdan entre s&iacute; seg&uacute;n la sensaci&oacute;n, las que no  cambian nunca o al menos raramente, las establecidas por las costumbres y las  leyes, las placenteras y las sorprendentes. &sect;79 Mostraban, pues, a partir de  cosas contrarias a las persuasivas, que la plausibilidad era igual &lt;para  ambos tipos de cosas&gt;.</p>     <p  align="justify">Las apor&iacute;as que expon&iacute;an contra las  consonancias de lo aparente o de lo pensado se hac&iacute;an con base en diez modos,  seg&uacute;n los cuales los objetos aparec&iacute;an variables. Establecen estos diez modos.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18" title="" id="_ftnref18"><sup>18</sup></a> </p>     <p  align="justify">El primero de ellos se basa en las  diferencias de los animales en relaci&oacute;n con el placer, el dolor, lo da&ntilde;ino y lo  &uacute;til.<a href="#_ftn19" name="_ftnref19" title="" id="_ftnref19"><sup>19</sup></a> Se concluye por &eacute;l que no sobrevienen las mismas impresiones a partir de las  mismas cosas y que a semejante conflicto le sigue la suspensi&oacute;n del juicio.  Pues entre los animales, unos nacen sin uni&oacute;n sexual, como los que viven en el  fuego, el f&eacute;nix de Arabia y los gusanos; otros nacen por la c&oacute;pula, como los  seres humanos y los otros. &sect;80 Es decir, unos est&aacute;n constituidos de una manera,  otros, de otra. Por eso difieren tambi&eacute;n en su facultad sensible. Por ejemplo,  los halcones tienen una vista muy aguda y los perros, un olfato muy  desarrollado. Es entonces razonable que a los animales que tienen diferencias a  nivel de los ojos les sobrevengan impresiones diversas. Asimismo, las hojas del  olivo son comestibles para la cabra, pero amargas para el hombre; la cicuta es  nutritiva para la codorniz, pero mortal para el hombre; el esti&eacute;rcol es comestible  para el cerdo, pero no para el caballo. </p>     <p  align="justify">El segundo modo se basa en las  &lt;diferentes&gt; naturalezas, costumbres e idiosincrasias de los hombres.<a href="#_ftn20" name="_ftnref20" title="" id="_ftnref20"><sup>20</sup></a> De hecho, Demof&oacute;n, el mayordomo de Alejandro, se calentaba a la sombra y se  enfriaba al sol. &sect;81 Andr&oacute;n de Argos, seg&uacute;n dice Arist&oacute;teles, viaj&oacute; a trav&eacute;s de  la reseca Libia sin beber. Asimismo, a uno le atrae la medicina, al otro la  agricultura y al de m&aacute;s all&aacute; el comercio. Adem&aacute;s, las mismas cosas son da&ntilde;inas  para unos y provechosas para otros. De ah&iacute; que haya que suspender el juicio. </p>     <p  align="justify">El tercero es el que se basa en las  diferencias de los poros sensoriales.<a href="#_ftn21" name="_ftnref21" title="" id="_ftnref21"><sup>21</sup></a> De hecho, una manzana se presenta amarilla a la vista, dulce al gusto, fragante  al olfato. Adem&aacute;s, una misma forma se ve diversa en funci&oacute;n de las diferencias  de los espejos. Se sigue entonces que lo aparente no es m&aacute;s as&iacute; que as&aacute;.</p>     <p  align="justify">&sect;82 El cuarto es el que se basa en  las disposiciones y &lt;sus&gt; variaciones comunes, por ejemplo salud y  enfermedad, sue&ntilde;o y vigilia, alegr&iacute;a y tristeza, juventud y vejez, osad&iacute;a y  temor, carencia y plenitud, odio y amor, calor y fr&iacute;o, en funci&oacute;n de que los  poros respiren o est&eacute;n tapados.<a href="#_ftn22" name="_ftnref22" title="" id="_ftnref22"><sup>22</sup></a> &lt;Las impresiones&gt; que sobrevienen aparecen distintas en funci&oacute;n de que  las disposiciones sean de un cierto tipo. En efecto, ni los locos tienen una  disposici&oacute;n contra natura, &iquest;pues por qu&eacute; la iban a tener m&aacute;s que nosotros?  Nosotros tambi&eacute;n vemos inm&oacute;vil el Sol. Te&oacute;n de Titorea, el estoico, paseaba en  sue&ntilde;os cuando dorm&iacute;a y el esclavo de Pericles &lt;paseaba dormido&gt; en lo  alto del tejado.&nbsp;</p>     <p  align="justify">&sect;83 El quinto se basa en &lt;las  diferencias en&gt; los modos de vida, las costumbres, las creencias m&iacute;ticas,  las convenciones de los pueblos y las concepciones dogm&aacute;ticas.<a href="#_ftn23" name="_ftnref23" title="" id="_ftnref23"></a> En este modo se incluyen &lt;los desacuerdos&gt; sobre lo bello y lo feo, lo  verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, sobre los dioses, sobre la generaci&oacute;n  y la corrupci&oacute;n de todo lo aparente. De hecho, la misma cosa es justa para unos  e injusta para otros, buena para unos y mala para otros. En efecto, los persas  no consideran absurdo acostarse con sus hijas, mientras que para los griegos es  monstruoso. Los mas&aacute;getas, seg&uacute;n cuenta Eudoxo en el libro primero de su&nbsp;<i>Viaje alrededor de la  tierra</i>, tienen a las mujeres en com&uacute;n; los griegos, no. &sect;84 Los  sicilianos disfrutaban de la pirater&iacute;a, mientras los griegos no. Unos y otros  creen en dioses diferentes; unos &lt;piensan que los dioses&gt; son  providentes, otros que no. En los funerales, los egipcios embalsaman, los  romanos queman, los peonios arrojan a los lagos. De ah&iacute; &lt;se sigue&gt; la  suspensi&oacute;n del juicio sobre lo verdadero.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">El sexto se basa en las mezclas y las  asociaciones.<a href="#_ftn24" name="_ftnref24" title="" id="_ftnref24"><sup>24</sup></a> Seg&uacute;n este modo, nada aparece puro ni por s&iacute; mismo, sino con aire, luz,  humedad, solidez, calor, fr&iacute;o, movimiento, emanaciones y otras fuerzas. As&iacute;, el  tinte p&uacute;rpura aparece con un color distinto bajo el sol, bajo la luna y bajo la  luz de una l&aacute;mpara. Tambi&eacute;n nuestro tono aparece diferente al mediod&iacute;a y cuando  el sol se oculta. &sect;85 Y la piedra que es levantada en el aire por dos &lt;hombres&gt;,  se la desplaza f&aacute;cilmente en el agua (ya sea porque es pesada y el agua la  aligera o porque es ligera y el aire la vuelve pesada). Desconocemos,<a href="#_ftn25" name="_ftnref25" title="" id="_ftnref25"><sup>25</sup></a> entonces, lo &lt;que esas cosas son&gt; aisladamente, como &lt;desconocemos&gt;  el aceite en el perfume.</p>     <p  align="justify">El s&eacute;ptimo se basa en las distancias,  el tipo de posiciones, los lugares y lo que est&aacute; en estos &uacute;ltimos.<a href="#_ftn26" name="_ftnref26" title="" id="_ftnref26"><sup>26</sup></a> De acuerdo con este modo, lo que pensamos que es grande aparece peque&ntilde;o; lo  cuadrado, redondo; lo liso, con asperezas; lo recto, quebrado; lo p&aacute;lido, de  otro color. As&iacute;, el sol, en funci&oacute;n de la distancia, aparece peque&ntilde;o; las monta&ntilde;as,  vistas de lejos, &lt;aparecen&gt; nubosas y lisas, pero de cerca, con relieve. &sect;86  Asimismo, el sol cuando sale &lt;aparece&gt; de una manera y al mediod&iacute;a, de  otra. Adem&aacute;s, el mismo cuerpo &lt;tiene un aspecto&gt; en medio de un bosque y  otro en tierra abierta. La imagen &lt;aparece distinta&gt; dependiendo de cu&aacute;l  sea su posici&oacute;n y el cuello de la paloma &lt;aparece de distinto color&gt;  dependiendo de hacia d&oacute;nde se vuelva. As&iacute;, pues, puesto que no es posible  considerar tales cosas por fuera de un espacio y posici&oacute;n, ignoramos su  naturaleza.</p>     <p  align="justify">El octavo se basa en las cantidades  &lt;y calidades&gt; de las cosas, su calor, fr&iacute;o, rapidez, lentitud, palidez y  diferencias de color.<a href="#_ftn27" name="_ftnref27" title="" id="_ftnref27"><sup>27</sup></a> De hecho, el vino tomado con moderaci&oacute;n da fuerzas, pero debilita en mayor  cantidad. Lo mismo ocurre con la comida y cosas similares.</p>     <p  align="justify">&sect;87 El noveno se basa en lo  constante, lo extra&ntilde;o y lo raro.<a href="#_ftn28" name="_ftnref28" title="" id="_ftnref28"><sup>28</sup></a> De hecho, los terremotos no sorprenden en los lugares en donde ocurren  constantemente; tampoco &lt;lo hace&gt; el sol, porque se lo ve a diario.  Favorino &lt;considera&gt; este noveno modo como el octavo, mientras que Sexto  y Enesidemo, como el d&eacute;cimo. Pero tambi&eacute;n Sexto dice que el d&eacute;cimo es el octavo  y Favorino, el noveno.</p>     <p  align="justify">El d&eacute;cimo concierne a la comparaci&oacute;n  rec&iacute;proca de las cosas,<a href="#_ftn28" name="_ftnref28" title="" id="_ftnref28"><sup>28</sup></a> como lo ligero frente a lo pesado, lo fuerte frente a lo d&eacute;bil, lo mayor frente  a lo menor, lo de arriba frente a lo de abajo. De hecho, la derecha no es  derecha por naturaleza, sino que se concibe conforme a su relaci&oacute;n con otra  cosa. Si esta &uacute;ltima es cambiada de lugar, la primera ya no ser&aacute; la derecha. &sect;88  De la misma manera, padre y hermano son relativos, lo mismo que el d&iacute;a es  relativo al sol y todas las cosas relativas al pensamiento. As&iacute;, pues, los  relativos son incognoscibles por s&iacute; mismos. </p>     <p  align="justify">Estos son los diez modos.</p>     <p  align="justify">Agripa a&ntilde;adi&oacute; otros cinco modos a los  anteriores: el que &lt;concluye&gt; a partir de la discordancia, el que lleva  &lt;a una regresi&oacute;n&gt; al infinito, el de lo relativo, el de lo hipot&eacute;tico y  el de la referencia rec&iacute;proca.<a href="#_ftn30" name="_ftnref30" title="" id="_ftnref30"><sup>30</sup></a> El que &lt;concluye&gt; a partir de la discordancia muestra que, sea cual sea  el objeto de investigaci&oacute;n que se proponga, entre los fil&oacute;sofos o en la vida  corriente, estar&aacute; lleno del mayor conflicto y desorden. El que lleva &lt;a una  regresi&oacute;n&gt; al infinito no permite que se establezca lo investigado, porque  una cosa obtiene su garant&iacute;a de otra, &lt;esta &uacute;ltima, de otra m&aacute;s&gt; y as&iacute;  hasta el infinito. &sect;89 El de lo relativo dice que nada es captado por s&iacute; mismo,  sino junto con algo distinto.<a href="#_ftn31" name="_ftnref31" title="" id="_ftnref31"><sup>31</sup></a> De ah&iacute; se sigue que &lt;las cosas&gt; son incognoscibles. El modo de lo hipot&eacute;tico  tiene lugar cuando se cree que hay que tomar las primeras cosas como confiables  &lt;por s&iacute; mismas&gt; y que no hay que cuestionarlas; esto es in&uacute;til, pues  cualquiera podr&aacute; suponer lo contrario. El modo de la referencia rec&iacute;proca tiene  lugar cuando lo que debe ser confirmatorio de lo investigado requiere de una  garant&iacute;a &lt;obtenida&gt; a partir de lo investigado, por ejemplo, si se quiere  establecer la existencia de los poros a partir del hecho de que haya  emanaciones y si se emplea eso mismo para establecer que hay emanaciones.</p>     <p  align="justify">&sect;90 Ellos destruyen toda demostraci&oacute;n,  criterio, signo, causa, movimiento, aprendizaje, generaci&oacute;n y el que haya por  naturaleza algo bueno o malo.<a href="#_ftn32" name="_ftnref32" title="" id="_ftnref32"><sup>32</sup></a> </p>     <p  align="justify">En efecto, dicen que toda demostraci&oacute;n  se compone de cosas demostradas o indemostradas. Ahora bien, si se trata de  cosas demostradas, estas cosas necesitar&aacute;n tambi&eacute;n de una demostraci&oacute;n, y as&iacute;  hasta el infinito; pero si son cosas indemostradas y se duda de todas, de  algunas o de una sola, el conjunto ser&aacute; indemostrado. Pero, dicen, si &lt;los  dogm&aacute;ticos&gt; creen que hay cosas que no necesitan de una demostraci&oacute;n, son  gente de una inteligencia extraordinaria si no comprenden que eso es lo primero  que requiere de una demostraci&oacute;n, a saber que esas cosas obtienen su garant&iacute;a  de s&iacute; mismas. &sect;91 Pues no hay que establecer que los elementos son cuatro a  partir de que los elementos sean cuatro. Adem&aacute;s, si las demostraciones  particulares no son confiables, la demostraci&oacute;n en general tampoco lo ser&aacute;. Y  para que sepamos que hay demostraci&oacute;n, se requiere de un criterio; pero para  que sepamos que hay criterio, se necesita de una demostraci&oacute;n. De ah&iacute; que ambos  sean inaprehensibles, puesto que el uno remite al otro. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos entonces  captar las cosas no evidentes, si se desconoce la demostraci&oacute;n?<a href="#_ftn33" name="_ftnref33" title="" id="_ftnref33"><sup>33</sup></a> No se indaga si &lt;las cosas&gt; aparecen de esta manera, sino si son as&iacute; de  acuerdo con su naturaleza real.</p>     <p  align="justify">Califican de ingenuos a los dogm&aacute;ticos.<a href="#_ftn34" name="_ftnref34" title="" id="_ftnref34"><sup>34</sup></a> En efecto, lo que se concluye a partir de una hip&oacute;tesis no tiene una  justificaci&oacute;n investigativa sino arbitraria. Con tal tipo de razonamiento se  puede argumentar incluso sobre lo imposible.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">&sect;92 A aquellos que piensan que no hay  que juzgar sobre lo verdadero a partir de circunstancias, ni legislar a partir  de lo contrario a la naturaleza, &lt;los esc&eacute;pticos&gt; les dec&iacute;an que definen  medidas de todas las cosas, sin ver que todo lo aparente aparece conforme a  circunstancias y disposiciones.<a href="#_ftn35" name="_ftnref35" title="" id="_ftnref35"><sup>35</sup></a> </p>     <p  align="justify">En todo caso, hay que decir que todo  es verdadero o que todo es falso. Si s&oacute;lo algunas cosas son verdaderas, y otras  falsas, &iquest;con qu&eacute; &lt;facultad&gt; hay que distinguirlas? Pues las sensibles no  &lt;se las puede distinguir&gt; con la sensaci&oacute;n, puesto que todas se le  aparecen iguales, ni con la intelecci&oacute;n, por el mismo motivo. Y no se ve  ninguna otra facultad, a parte de estas dos, para realizar tal discriminaci&oacute;n.</p>     <p  align="justify">As&iacute;, pues, dicen, quien establezca  una cosa, sensible o inteligible, debe primero presentar las opiniones sobre  ella, pues unos han rechazado esto, otros aquello. &sect;93 Pero hay que juzgar  mediante lo sensible o mediante lo inteligible, y sobre ambos hay disputas.</p>     <p  align="justify">No es posible, por consiguiente,  evaluar las opiniones sobre lo sensible o lo inteligible, y si a causa del  conflicto que hay en los pensamientos es necesario desconfiar de todos ellos,  se destruir&aacute; la medida con la que se examina con precisi&oacute;n todo. Se creer&aacute; entonces  que todo es igual. Adem&aacute;s, dicen, el que coinvestiga con nosotros lo aparente  es confiable o no lo es. Si, pues, es confiable nada tendr&aacute; que replicar contra  aquel al que se le aparece lo contrario, pues si este es confiable cuando dice  lo que &lt;le&gt; aparece, tambi&eacute;n &lt;lo ser&aacute; aquel que dice&gt; lo contrario.  Y si no es confiable, tampoco se le dar&aacute; cr&eacute;dito cuando dice lo que &lt;le&gt;  aparece.</p>     <p  align="justify">&sect;94 Tampoco hay que suponer que lo  persuasivo es verdad, pues la misma cosa no persuade a todo el mundo, ni de  manera continua a las mismas personas. La persuasi&oacute;n, adem&aacute;s, se da en funci&oacute;n  de factores externos &lt;a lo que persuade&gt;: en funci&oacute;n de la fama del que  habla, de lo amable, adulador, familiar o agradable &lt;de lo dicho&gt;.</p>     <p  align="justify">Tambi&eacute;n anulan el criterio con un  argumento de este tipo.<a href="#_ftn36" name="_ftnref36" title="" id="_ftnref36"><sup>36</sup></a> El criterio est&aacute; evaluado por criterio o carece de esta evaluaci&oacute;n. Pero si  carece de evaluaci&oacute;n por criterio, no tiene credibilidad y no consigue  &lt;distinguir&gt; lo verdadero y lo falso. Y si est&aacute; evaluado por criterio, se  volver&aacute; una de las cosas particulares evaluadas por criterio, de modo que lo  mismo evaluar&iacute;a y ser&iacute;a evaluado, y lo que eval&uacute;a el criterio ser&aacute; evaluado por  otro &lt;criterio&gt; y este &uacute;ltimo por otro m&aacute;s, y as&iacute; hasta el infinito. &sect;95  Adem&aacute;s, hay desacuerdos sobre el criterio. Unos dicen que el hombre es el  criterio; otros, que las sensaciones; otros, que la raz&oacute;n; algunos, que la  impresi&oacute;n cognitiva. El hombre est&aacute; en desacuerdo consigo mismo y con los dem&aacute;s  hombres, como es evidente a partir de las diferencias de las leyes y costumbres.  Las sensaciones enga&ntilde;an y la raz&oacute;n es inconsistente. La impresi&oacute;n cognitiva,  &lt;finalmente&gt;, es evaluada por el intelecto y este cambia de posici&oacute;n de  muchas maneras. As&iacute;, pues, el criterio es incognoscible y, por esto, tambi&eacute;n lo  es la verdad.<a href="#_ftn37" name="_ftnref37" title="" id="_ftnref37"><sup>37</sup></a> </p>     <p  align="justify">&sect;96 &lt;Niegan&gt; que haya signo.<a href="#_ftn38" name="_ftnref38" title="" id="_ftnref38"><sup>38</sup></a> Pues, si lo hay, es ya sensible, ya inteligible. Pero sensible no es, pues lo  sensible es com&uacute;n y el signo es propio. Adem&aacute;s, lo sensible hace parte de las  cosas diferenciadas, mientras que el signo es uno de los relativos.<a href="#_ftn39" name="_ftnref39" title="" id="_ftnref39"><sup>39</sup></a> Pero &lt;el signo tampoco&gt; es inteligible, puesto que si es tal &lt;...&gt;.<a href="#_ftn40" name="_ftnref40" title="" id="_ftnref40"><sup>40</sup></a> &lt;Adem&aacute;s, el signo&gt; es ya &lt;signo&gt; aparente de algo aparente, ya  &lt;signo&gt; inaparente de algo inaparente, ya &lt;signo&gt; inaparente de  algo aparente, ya &lt;signo&gt; aparente de algo inaparente. Pero ninguna de  estas posibilidades es el caso; no hay, pues, signo. No es &lt;signo&gt;  aparente de algo aparente, dado que lo aparente no necesita de ning&uacute;n signo, y  no es &lt;signo&gt; inaparente de algo inaparente, porque lo revelado por alg&uacute;n  &lt;signo&gt; debe ser aparente; &sect;97 y no es posible que sea &lt;signo&gt;  inaparente de algo aparente, en la medida en que lo que est&aacute; para dar los  medios de una aprehensi&oacute;n debe ser aparente; y no es &lt;signo&gt; aparente de  algo inaparente, porque el signo, siendo un relativo, debe ser captado  conjuntamente con aquello de lo que es signo. Y si no hay &lt;signo&gt;, no se  podr&iacute;a captar ninguna de las cosas no evidentes. En efecto, se dice que las  cosas no evidentes se captan gracias a los signos.</p>     <p  align="justify">Eliminan la causa de esta manera.<a href="#_ftn41" name="_ftnref41" title="" id="_ftnref41"><sup>41</sup></a> La causa es un relativo, pues es relativa a lo causado; pero los relativos son  s&oacute;lo pensados y no existen. As&iacute;, pues, la causa s&oacute;lo ser&iacute;a pensada. &sect;98 Adem&aacute;s,  si en verdad la causa existe, debe darse aquello de lo que se dice causa, ya  que &lt;si no se da &gt; no ser&aacute; causa. De la misma manera que el padre, si no  est&aacute; presente aquello con respecto a lo cual se dice padre, no ser&iacute;a padre, as&iacute;  tambi&eacute;n &lt;ocurre con&gt; la causa. Pero no est&aacute; presente aquello con respecto  a lo cual la causa es pensada, pues &lt;no hay&gt; generaci&oacute;n, corrupci&oacute;n, ni  ning&uacute;n otro &lt;cambio&gt;. No hay, pues, causa. Y en caso de que la haya, se  trata de un cuerpo que es causa de un cuerpo, de un incorp&oacute;reo que es causa de  un incorp&oacute;reo, de un incorp&oacute;reo que es causa de un cuerpo o de un cuerpo que es  causa de un incorp&oacute;reo. Pero ninguno de estos casos &lt;funciona&gt;. No hay,  por tanto, causa. Un cuerpo no podr&iacute;a ser causa de un cuerpo, puesto que ambos  tienen la misma naturaleza, y si uno de los dos es llamado causa, en la medida  en que es cuerpo, tambi&eacute;n el otro, dado que es un cuerpo, se volver&aacute; causa. &sect;99  Pero puesto que ambos son causa en com&uacute;n, no habr&aacute; &lt;un elemento&gt; pasivo.  Tampoco podr&iacute;a un incorp&oacute;reo ser causa de otro incorp&oacute;reo por la misma raz&oacute;n. Y  un incorp&oacute;reo no es causa de un cuerpo, puesto que ning&uacute;n incorp&oacute;reo produce un  cuerpo. &lt;Finalmente&gt;, un cuerpo no podr&iacute;a ser causa de un incorp&oacute;reo,  porque lo producido debe ser de la materia que padece &lt;la acci&oacute;n de la  causa&gt;, y algo que nada padece, por ser incorp&oacute;reo, tampoco podr&iacute;a ser  producido por alguna &lt;causa&gt;. Por consiguiente, no hay causa. Esto supone  tambi&eacute;n que los principios de todo carecen de fundamento, pues debe haber algo  que produzca y act&uacute;e. </p>     <p  align="justify">Pero tampoco hay movimiento,<a href="#_ftn42" name="_ftnref42" title="" id="_ftnref42"><sup>42</sup></a> pues lo que se mueve se mueve en el lugar en que est&aacute; o en el que no est&aacute;; y no  se mueve en el lugar en que est&aacute;, ni en el que no est&aacute;. No hay, pues,  movimiento. </p>     <p  align="justify">&sect;100 Eliminan tambi&eacute;n el aprendizaje.<a href="#_ftn43" name="_ftnref43" title="" id="_ftnref43"><sup>43</sup></a> Pues, dicen, si se ense&ntilde;a algo se ense&ntilde;a lo que es por el hecho de ser, o lo  que no es por el hecho de no ser. Pero no se ense&ntilde;a lo que es por el hecho de  ser (pues la naturaleza de lo que es, es aparente para todos, es decir,  conocida), ni lo que no es por el hecho de no ser, pues a lo que no es no le  acontece nada, de modo que tampoco &lt;le acontece&gt; el ser ense&ntilde;ado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify">Tampoco hay devenir, dicen.<a href="#_ftn44" name="_ftnref44" title="" id="_ftnref44"><sup>44</sup></a> En efecto, lo que es no deviene, puesto que es, ni tampoco deviene lo que no  es, porque no existe: lo que no existe ni es no alcanza a devenir.</p>     <p  align="justify">&sect;101 No hay un bien o un mal por  naturaleza.<a href="#_ftn45" name="_ftnref45" title="" id="_ftnref45"><sup>45</sup></a> Pues si algo es bueno o malo por naturaleza, debe ser bueno o malo para todos,  como es fr&iacute;a la nieve para todos. Pero nada es bueno o malo en com&uacute;n para  todos. No hay, por tanto, un bien o un mal por naturaleza. En efecto, o todo lo  que se opina &lt;que es bueno&gt; debe llamarse bueno, o no todo &lt;debe  llamarse as&iacute;&gt;. Pero no hay que llamarlo bueno a todo, puesto que lo que uno  opina que es bueno, como el placer para Epicuro, otro &lt;opina&gt; que es  malo, como &lt;el placer&gt; para Ant&iacute;stenes. Se seguir&aacute;, por consiguiente, que  lo mismo es bueno y malo &lt;a la vez&gt;. Y si no llam&aacute;ramos bueno a todo lo  que se opina &lt;que es bueno&gt;, necesitar&iacute;amos discriminar las opiniones;  pero esto no es posible en virtud de la equipolencia de los argumentos. Por  tanto, lo bueno por naturaleza es incognoscible. </p>     <p  align="justify">&sect;102 Tambi&eacute;n es posible tener una  mirada de conjunto del contenido completo de su escuela de pensamiento a partir  de las compilaciones que dejaron. Pues si Pirr&oacute;n no dej&oacute; &lt;escrito&gt; nada,  en cambio sus disc&iacute;pulos, Tim&oacute;n, Enesidemo, Numenio y otros semejantes, &lt;s&iacute;  dejaron&gt; mucho.<a href="#_ftn46" name="_ftnref46" title="" id="_ftnref46"><sup>46</sup></a> </p>     <p  align="justify">Contradici&eacute;ndolos,<a href="#_ftn47" name="_ftnref47" title="" id="_ftnref47"><sup>47</sup></a> los dogm&aacute;ticos afirman que &lt;los esc&eacute;pticos&gt; aprehenden &lt;muchas  cosas&gt; y dogmatizan. Cuando parece que est&aacute;n &lt;s&oacute;lo&gt; refutando, est&aacute;n  &lt;de hecho&gt; aprehendiendo, pues tambi&eacute;n, en ese mismo momento, est&aacute;n  confirmando &lt;un punto de vista&gt; y dogmatizando. Pues tambi&eacute;n cuando dicen  &quot;no determinar nada&quot; o &quot;a todo argumento se opone otro&quot; esas mismas cosas las  determinan y dogmatizan &lt;al respecto&gt;. </p>     <p  align="justify">&sect;103 A esto, responden &lt;los esc&eacute;pticos  lo siguiente&gt;: concedemos lo que nos afecta pasivamente en cuanto hombres.  Pues reconocemos que es de d&iacute;a y que estamos vivos y muchas otras cosas que se  aparecen en la vida cotidiana. Pero suspendemos el juicio sobre aquello que los  dogm&aacute;ticos sostienen por la raz&oacute;n y que dicen captar, en la medida en que son  cosas no evidentes. S&oacute;lo conocemos nuestras afecciones pasivas. Concedemos,  pues, que vemos y conocemos que pensamos en algo; pero ignoramos c&oacute;mo vemos y c&oacute;mo  pensamos. Y que algo se aparezca blanco lo decimos descriptivamente, sin establecer  si es as&iacute; en realidad. &sect;104 En cuanto a la voz &quot;nada determino&quot; y otras  semejantes, no las decimos como dogmas, pues no son semejantes a decir que el  universo es esf&eacute;rico. En efecto, en este &uacute;ltimo caso se trata de algo no  evidente; en el anterior, se trata de declaraciones. As&iacute;, pues, cuando decimos  que nada determinamos, eso mismo tampoco lo determinamos. </p>     <p  align="justify">Los dogm&aacute;ticos contraatacan y dicen  que &lt;los esc&eacute;pticos&gt; eliminan la vida, en la medida en que rechazan todo  lo que la compone. Pero ellos dicen que sus adversarios se equivocan, pues no  se elimina el hecho de ver sino que se ignora c&oacute;mo se ve. &quot;En efecto, afirmamos  lo que aparece, pero no que sea tambi&eacute;n tal y como &lt;aparece&gt;. Percibimos  que el fuego quema, pero suspendemos el juicio sobre si tiene una naturaleza c&aacute;ustica.  &sect;105 Tambi&eacute;n vemos que alguien se mueve y que &lt;alguien&gt; perece, pero no  sabemos c&oacute;mo ocurren estos &lt;procesos&gt;. As&iacute;, pues, dicen, nos oponemos a  las cosas no evidentes que est&aacute;n presentes junto con las que aparecen.<a href="#_ftn48" name="_ftnref48" title="" id="_ftnref48"><sup>48</sup></a> En efecto, cuando decimos que la imagen tiene relieve, declaramos lo que  aparece. Pero cuando decimos que no tiene relieve, ya no decimos lo que  aparece, sino algo distinto&quot;. De ah&iacute; que Tim&oacute;n, en su <i>Pit&oacute;n</i>, diga que &eacute;l no ido m&aacute;s  all&aacute; del uso corriente. Asimismo, en sus <i>Im&aacute;genes</i>, se expresa as&iacute;: &quot;pero  lo aparente domina por doquier, vaya a donde vaya&quot;. Y en los libros de su&nbsp;<i>Sobre las sensaciones&nbsp;</i>dice:  &quot;que la miel es dulce, no lo afirmo, pero que &lt;as&iacute;&gt; aparece, lo concedo&quot;.  &sect;106 Tambi&eacute;n Enesidemo, en el primer libro de sus&nbsp;<i>Discursos pirr&oacute;nicos</i>, dice que  Pirr&oacute;n no determina nada de manera dogm&aacute;tica a trav&eacute;s de sus refutaciones y  que, &lt;m&aacute;s bien&gt;, sigue lo aparente. Afirma lo mismo en su&nbsp;<i>Contra la sabidur&iacute;a</i>&nbsp;y  en su&nbsp;<i>Sobre  la investigaci&oacute;n</i>. Pero tambi&eacute;n Zeuxis, el amigo de Enesidemo, en  su&nbsp;<i>Sobre los  discursos dobles</i>, Ant&iacute;oco de Laodicea y Apelas, en su&nbsp;<i>Agripa</i>, s&oacute;lo  afirman lo aparente. As&iacute;, pues, lo aparente es un criterio para los esc&eacute;pticos,  como dice tambi&eacute;n Enesidemo. Epicuro habla en el mismo sentido, mientras que  Dem&oacute;crito &lt;sostiene&gt; que algunas apariencias son &lt;criterio&gt;,  mientras otras no. </p>     <p  align="justify">&sect;107 Contra este criterio de lo  aparente, los dogm&aacute;ticos dicen que cuando sobrevienen impresiones distintas de  las mismas cosas, como la torre que aparece redonda o cuadrada, el esc&eacute;ptico,  si no escoge previamente una &lt;de las impresiones&gt;, no podr&aacute; actuar. Pero,  si sigue una de las dos, dicen, no podr&aacute;n asignar la misma fuerza a  &lt;ambas&gt; cosas aparentes. A esto responden los esc&eacute;pticos diciendo que  cuando sobrevienen &lt;dos&gt; impresiones diversas, decimos que ambas  aparecen. Por eso &lt;dicen&gt; que afirman lo que aparece &ndash;porque aparece.</p>     <p  align="justify">Los esc&eacute;pticos dicen que el fin es la  suspensi&oacute;n del juicio, a la que sigue, a la manera de un sombra, la  imperturbabilidad, como lo se&ntilde;alan Tim&oacute;n y Enesidemo.<a href="#_ftn49" name="_ftnref49" title="" id="_ftnref49"><sup>49</sup></a> Pues ni siquiera en lo que est&aacute; en nuestras manos escoger&iacute;amos o evitar&iacute;amos  esto o aquello. &lt;Por su parte&gt;, lo que no est&aacute; en nuestras manos, sino  que es por necesidad, no podemos evitarlo, como el tener hambre, sed y sentir  dolor: no es posible cancelar tales cosas con la raz&oacute;n. Cuando los dogm&aacute;ticos  dicen que el esc&eacute;ptico podr&aacute; vivir siempre que no evite, si se lo ordenan,  descuartizar a su padre, ellos responden que suspenden el juicio sobre los  asuntos de los dogm&aacute;ticos, pero de ninguna manera sobre aquellos relativos a la  vida corriente y a la observancia &lt;de las costumbres&gt;. De modo que  escogemos y evitamos cualquier cosa, &lt;dicen&gt;, conforme al uso corriente y  seguimos las leyes. Algunos dicen que los esc&eacute;pticos indican que el fin es la  impasibilidad; otros, en cambio, &lt;que es&gt; la afabilidad.<a href="#_ftn50" name="_ftnref50" title="" id="_ftnref50"><sup>50</sup></a> </p> <hr size="1">     <p  align="justify"><a href="#s*" name="*"><sup>*</sup></a> El presente trabajo es un  producto investigativo logrado en el marco de los proyectos &quot;Pasi&oacute;n y Raz&oacute;n&quot; y  &quot;La filosof&iacute;a como forma de vida&quot;, de Peiras, grupo de estudios en filosof&iacute;a  antigua y medieval, financiado por&nbsp;Colciencias.  El trabajo, adem&aacute;s, hace parte de una iniciativa de traducci&oacute;n de todo Di&oacute;genes  Laercio por parte de especialistas latinoamericanos, coordinada por el profesor  Marcelo Boeri.</i> </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref1" name="_ftn1" title="" id="_ftn1">1</a>  Para una valoraci&oacute;n de  la importancia de la vida de Pirr&oacute;n, v&eacute;ase Reale (2005) y Decleva Caizzi  (1981). Una elegante defensa del inter&eacute;s del resumen de la filosof&iacute;a pirr&oacute;nica  se encuentra en Barnes (1992).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><a href="#_ftnref2" name="_ftn2" title="" id="_ftn2">2</a>  Brunschwig (1029-1042)  presenta una defensa matizada de la unidad de la lista.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref3" name="_ftn3" title="" id="_ftn3">3</a>  De hecho, una de las  teor&iacute;as que se han barajado tiene que ver con la posible filiaci&oacute;n doctrinal de  Di&oacute;genes con el escepticismo (<i>cf. </i>Gercke 1899 y Schwartz 1903). V&eacute;ase Barnes (1992) y  Decleva Caizzi (1992) para una cr&iacute;tica de esta teor&iacute;a.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref4" name="_ftn4" title="" id="_ftn4">4</a>  Las supuestas relaciones de Pirr&oacute;n y el  pirronismo con culturas no griegas, en particular con religiones y filosof&iacute;as  de la India, han sido tematizadas por Flintoff (1980) y Kuzminski (2008). Pese  a las resistencias de muchos, el texto sugiere un v&iacute;nculo causal, que merece  ser evaluado, entre los principales elementos del pirronismo y dichas  religiones y filosof&iacute;as. Al menos dos de las fuentes de Di&oacute;genes (Ascanio aqu&iacute;  y Ant&iacute;gono de Caristo en &sect;63) parecen haberle dado importancia a ese v&iacute;nculo.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref5" name="_ftn5" title="" id="_ftn5">5</a>  Las versiones de Pirr&oacute;n de Ant&iacute;gono de  Caristo y de Enesidemo oponen de hecho dos versiones o vetas del escepticismo.  La del primero implica que su rango de aplicaci&oacute;n incluye creencias de toda &iacute;ndole,  aun las m&aacute;s cotidianas. La del segundo, en cambio, parece restringir el campo  de acci&oacute;n del escepticismo a opiniones cient&iacute;ficas o filos&oacute;ficas. Para decirlo  a la manera de Barnes (1982): el de Ant&iacute;gono es un Pirr&oacute;n &quot;r&uacute;stico&quot;; el de  Enesidemo, uno m&aacute;s bien &quot;urbano&quot;. La caricatura de Pirr&oacute;n, solidaria con la  versi&oacute;n de Ant&iacute;gono, recoge, por su parte, una de las principales objeciones al  escepticismo: se tratar&iacute;a de una opci&oacute;n que nos har&iacute;a incapaces de llevar una  vida humana. El resumen de &quot;decires&quot; de Pirr&oacute;n, finalmente, parece tambi&eacute;n, <i>prima facie</i>,  m&aacute;s compatible con la rusticidad que con la urbanidad (<i>nada</i> existe, <i>todos</i> los  hombres, etc.).</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref6" name="_ftn6" title="" id="_ftn6">6</a>  Nos alejamos del texto  de Marcovich y Long (&delta;&iota;&#8048; &tau;&#8056; &lt;&kappa;&alpha;&#8054; &delta;&iota;&gt; &epsilon;&xi;&omicron;&delta;&iota;&kappa;&#8182;&sigmaf; &lambda;&#941;&gamma;&epsilon;&iota;&nu; &kappa;&alpha;&#8054; &pi;&rho;&#8056;&sigmaf; &#7952;&rho;&#974;&tau;&eta;&sigma;&iota;&nu;),  porque no seguimos la correcci&oacute;n de Willamowitz que ambos adoptan (la inclusi&oacute;n  del primer &kappa;&alpha;&#943;). De seguirlos, habr&iacute;a que traducir: &quot;a causa tanto de su hablar  en detalle (sus discursos) como de &lt;sus respuestas&gt; a las preguntas&quot;.  Brunschwig parece seguir el texto de los manuscritos (&#7952;&xi;&omicron;&delta;&iota;&kappa;&#8182;&sigmaf;, &quot;de comienzo a  fin&quot;, &quot;continuamente&quot;, en lugar de &delta;&iota;&epsilon;&xi;&omicron;&delta;&iota;&kappa;&#8182;&sigmaf;, &quot;en detalle&quot;). Aunque esta opci&oacute;n  es perfectamente posible, el uso de &delta;&iota;&epsilon;&xi;&omicron;&delta;&iota;&kappa;&#8182;&sigmaf; en contextos dial&eacute;cticos (para  distinguir, por ejemplo, las respuestas propositivas y detalladas de aquellas  que se limitaban a un &quot;s&iacute;&quot; o un &quot;no&quot;) parece lo suficientemente atestiguado  como para admitir esta correcci&oacute;n (esta vez de K&uuml;hn). Pirr&oacute;n, pues, seg&uacute;n  nuestra lectura, ser&iacute;a admirado porque incluso en el papel de interrogado era capaz  de ser propositivo y matizado.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref7" name="_ftn7" title="" id="_ftn7">7</a>  Pirr&oacute;n encarna el fin  del escepticismo, que es esencialmente pr&aacute;ctico. El t&eacute;rmino &#7936;&pi;&rho;&alpha;&gamma;&mu;&omicron;&sigma;&#973;&nu;&eta;, con el  que aqu&iacute; se designa dicho fin, tiene una variedad de sentidos conexos,  relacionados todos con la ausencia de actividad y, por tanto, de preocupaciones,  bien sea en el campo pol&iacute;tico o en la vida cotidiana. Aunque el t&eacute;rmino puede  designar tambi&eacute;n un defecto (descuido, falta de ocupaci&oacute;n, inutilidad), estos  sentidos negativos parecen descartados aqu&iacute; por el contexto (aun si la fuente  de Di&oacute;genes puede seguir siendo Ant&iacute;gono de Caristo, el autor de la caricatura  de &sect;62). La tranquilidad de Pirr&oacute;n recoge, pensamos, los rasgos evocados en las  l&iacute;neas anteriores: su indiferencia (&#7936;&delta;&iota;&alpha;&phi;&omicron;&rho;&#943;&alpha;), su car&aacute;cter desprendido (&#7940;&sigma;&tau;&omicron;&rho;&gamma;&omicron;&sigmaf;),  su desinter&eacute;s por la convenciones sociales y su invariabilidad. M&aacute;s adelante  encontraremos otras versiones y matices de ese fin, en particular en &sect;107. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref8" name="_ftn8" title="" id="_ftn8">8</a>  Con esta lista de los  seguidores c&eacute;lebres de Pirr&oacute;n se acaba la secci&oacute;n biogr&aacute;fica del cap&iacute;tulo. Lo  que sigue concierne al pirronismo en general. La figura de su supuesto  iniciador se borra en adelante, al punto de que, incluso su papel de iniciador,  es puesto en cuesti&oacute;n por uno de sus sucesores (<i>cf.</i> &sect;&nbsp;70) y se hace  necesario elaborar una lista de antecesores ilustres (<i>cf.</i> &sect;71-73).</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref9" name="_ftn9" title="" id="_ftn9">9</a>  Texto dif&iacute;cil, que se  debe comparar con <i>Esbozos  pirr&oacute;nicos </i>(<i>PH</i>,  en adelante) I 7. Adoptamos las correcciones  propuestas por Barnes (1992 4291) (&#7936;&pi;&omicron;&rho;&eta;&tau;&iota;&kappa;&#8052; &delta;' &#7936;&pi;&#8056; &tau;&omicron;&#8166; &lt;&pi;&epsilon;&rho;&#8054; &pi;&alpha;&nu;&tau;&#8056;&sigmaf; &#7936;&pi;&omicron;&rho;&epsilon;&#8150;&nu;&gt;,  &#91;&tau;&omicron;&#8058;&sigmaf; &delta;&omicron;&gamma;&mu;&alpha;&tau;&iota;&kappa;&omicron;&#8058;&sigmaf; &#7936;&pi;&omicron;&rho;&epsilon;&#8150;&nu; &kappa;&alpha;&#8054; &alpha;&#8016;&tau;&omicron;&#973;&sigmaf;&#93;), en lugar del texto de Marcovich (&#7936;&pi;&omicron;&rho;&eta;&tau;&iota;&kappa;&#8052;  &delta;' &#7936;&pi;&#8056; &tau;&omicron;&#8166; &lt;&pi;&epsilon;&rho;&#8054; &pi;&alpha;&nu;&tau;&#8056;&sigmaf; &#7936;&pi;&omicron;&rho;&epsilon;&#8150;&nu;, &epsilon;&#7984; &kappa;&alpha;&#8054;&gt; &tau;&omicron;&#8058;&sigmaf; &delta;&omicron;&gamma;&mu;&alpha;&tau;&iota;&kappa;&omicron;&#8058;&sigmaf; &#7936;&pi;&omicron;&rho;&epsilon;&#8150;&nu; &kappa;&alpha;&#8054; &alpha;&#8016;&tau;&omicron;&#973;&sigmaf;;  en espa&ntilde;ol: &quot;apor&eacute;tica, por producir apor&iacute;as de todo, y si los dogm&aacute;ticos las  producen, ellos tambi&eacute;n&quot;). Dif&iacute;cilmente este texto justificar&iacute;a el hecho de que  a los esc&eacute;pticos se los llame apor&eacute;ticos, puesto que se trata de un rasgo  compartido con los dogm&aacute;ticos. Lo mismo debe decirse, y con mayor raz&oacute;n, del  texto de Long, fiel a los principales manuscritos (&#7936;&pi;&omicron;&rho;&eta;&tau;&iota;&kappa;&#8052; &delta;' &#7936;&pi;&#8056; &tau;&omicron;&#8166; &tau;&omicron;&#8058;&sigmaf; &delta;&omicron;&gamma;&mu;&alpha;&tau;&iota;&kappa;&omicron;&#8058;&sigmaf;  &#7936;&pi;&omicron;&rho;&epsilon;&#8150;&nu; &kappa;&alpha;&#8054; &alpha;&#8016;&tau;&omicron;&#973;&sigmaf;; en espa&ntilde;ol: &quot;apor&eacute;tica, por el hecho de que los dogm&aacute;ticos  mismos produzcan apor&iacute;as&quot;). En los nombres de la escuela y de sus  participantes, los m&aacute;s dif&iacute;ciles de traducir son, parad&oacute;jicamente, los m&aacute;s  corrientes: &sigma;&kappa;&epsilon;&pi;&tau;&iota;&kappa;&#942; y &sigma;&kappa;&epsilon;&pi;&tau;&iota;&kappa;&omicron;&#7984;. En espa&ntilde;ol, un esc&eacute;ptico es alguien que duda,  que cuestiona, que no cree. En griego, en cambio, como lo deja en claro la  caracterizaci&oacute;n de Di&oacute;genes, se trata primero de alguien que practica con  persistencia un tipo de actividad: la investigaci&oacute;n o la indagaci&oacute;n. Ahora  bien, hay razones para creer que lo que los pirr&oacute;nicos entend&iacute;an por indagaci&oacute;n  era precisamente el hecho de poner en duda mediante argumentos. Tal vez esto,  adem&aacute;s de la importancia del t&eacute;rmino, justifique nuestra traducci&oacute;n  conservadora. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref10" name="_ftn10" title="" id="_ftn10">10</a>  Esta &uacute;ltima frase puede  interpretarse como un matiz introducido por el propio Teodosio o como una  respuesta de Di&oacute;genes o su fuente a las objeciones de este m&eacute;dico empirista y  esc&eacute;ptico del siglo II (como lo hace Brunschwig,  nota 6). En ambos casos, habr&iacute;a que oponer los comportamientos, p&uacute;blicos y  manifiestos, a lo mental, privado e inaprehensible. La filiaci&oacute;n con Pirr&oacute;n s&oacute;lo  podr&iacute;a estar asegurada bas&aacute;ndose en los primeros. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref11" name="_ftn11" title="" id="_ftn11">11</a>  El ejercicio de  justificaci&oacute;n, basado en la autoridad de los antecesores, que se desarrollar&aacute;  en &sect;71-73, no tiene un an&aacute;logo en Sexto Emp&iacute;rico (<i>PH</i> I 210-241),  quien, aunque mencione algunos de los pensadores que hacen parte de esta lista  (Dem&oacute;crito y Her&aacute;clito), parece m&aacute;s interesado en establecer diferencias que  semejanzas, por una parte, y no parece tener el car&aacute;cter justificativo que, a  nuestros ojos, domina este pasaje, por otra. Algo que s&iacute; es an&aacute;logo a estos par&aacute;grafos  se encuentra, en cambio, en los <i>Academica </i>de Cicer&oacute;n, y parece haber sido un recurso  justificativo propio del tipo del escepticismo que all&iacute; se expone. Tanto el  libro I (&sect;44-46) como el II  (&sect;72-76) presentan sendas &quot;galer&iacute;as de ancestros&quot; c&eacute;lebres que le dan autoridad  a las propuestas esc&eacute;pticas. Esta semejanza funcional no puede ocultar, no  obstante, importantes diferencias entre ambos ejercicios. Primero, los miembros  de las listas de Cicer&oacute;n y los de la de Di&oacute;genes no son exactamente los mismos,  aunque haya nombres comunes (Dem&oacute;crito, Jen&oacute;fanes, Emp&eacute;docles, Plat&oacute;n).  Segundo, el ejercicio justificativo en el caso de los <i>Academica</i> tiene un obvio car&aacute;cter  institucional: se trata de defender las posiciones de una serie de cabezas de  una escuela bien establecida. Ese car&aacute;cter institucional no existe, en cambio,  ac&aacute;. La idea misma de que el pirronismo sea una escuela, en sentido propio, es  problem&aacute;tica: ser&iacute;a una escuela sin doctrina. Dado que no hay razones ni  institucionales ni doctrinales que expliquen el ejercicio justificativo, este,  si acaso lo es, es sumamente parad&oacute;jico. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><a href="#_ftnref12" name="_ftn12" title="" id="_ftn12">12</a>  Homero parece muy  importante para los esc&eacute;pticos: era uno de los autores preferidos de Pirr&oacute;n;  ocupa, para algunos, el papel de fundador de su &quot;escuela&quot;; practica la no  asertividad y no le preocupan, por tanto, las contradicciones. Ahora, adem&aacute;s,  habr&iacute;a tematizado la capacidad que, seg&uacute;n Sexto Emp&iacute;rico, los define (<i>PH</i> I 8): &quot;el  escepticismo es la capacidad para establecer oposiciones de cosas aparentes o  pensadas, de cualquier manera&quot; (<i>cf. </i>&sect;78, m&aacute;s adelante, y la definici&oacute;n de Enesidemo del  discurso pirr&oacute;nico). El primer resultado de la puesta en pr&aacute;ctica de esa  capacidad es la equipolencia (&#7984;&sigma;&omicron;&sigma;&theta;&#941;&nu;&epsilon;&iota;&alpha;), el hecho de que argumentos  contrarios tengan la misma fuerza de convicci&oacute;n y, por tanto, se anulen  mutuamente. De ah&iacute; resultan dos afecciones fundamentales: primero, la necesidad  de suspender el juicio (&#941;&pi;&omicron;&chi;&#942;) y, luego, la imperturbabilidad (&#7936;&tau;&alpha;&rho;&alpha;&xi;&#943;&alpha;). Ninguna  de estas dos afecciones es atribuida a Homero. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref13" name="_ftn13" title="" id="_ftn13">13</a>  &sect;&nbsp;74-77 tematiza  las &quot;voces esc&eacute;pticas&quot;, un conjunto de f&oacute;rmulas que buscan mostrar el estado de  indeterminaci&oacute;n o indecisi&oacute;n en el que se encuentra el esc&eacute;ptico con respecto a  un asunto dado (<i>cf.</i> <i>PH</i> I&nbsp;187-209). El esc&eacute;ptico transmite sus impresiones  al respecto, verbaliza su <i>pathos</i>; no pretende, en cambio, comprometerse con que  tales impresiones correspondan a la realidad. La oposici&oacute;n narrar/afirmar, con  la que se abre el par&aacute;grafo, busca precisamente establecer esa diferencia.  Ahora bien, los asuntos con respecto a los cuales narra el esc&eacute;ptico sus  impresiones no son, ni exclusiva ni principalmente, las opiniones de los dem&aacute;s,  como el texto de los manuscritos sostiene &ndash;sobre todo porque su actividad  consiste precisamente en ponerlas en cuesti&oacute;n&ndash;. Por ese motivo, adoptamos la  correcci&oacute;n sugerida por Brunschwig, que excluye del texto (en par&eacute;ntesis  cuadrados en nuestra traducci&oacute;n) las palabras &quot;&tau;&#8048; &tau;&#8182;&nu; &#7940;&lambda;&lambda;&omega;&nu;&quot;.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref14" name="_ftn14" title="" id="_ftn14">14</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 188-191.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref15" name="_ftn15" title="" id="_ftn15">15</a>  Sobre la f&oacute;rmula &quot;a todo  enunciado se opone otro enunciado&quot;, v&eacute;ase <i>PH </i>I 202-205. La imagen del purgante se encuentra tambi&eacute;n  en Sexto (<i>cf. </i><i>PH </i>I&nbsp;206), pero se  aplica a todas las voces esc&eacute;pticas en general. Sobre la cancelaci&oacute;n o  autocancelaci&oacute;n de las voces esc&eacute;pticas, v&eacute;ase Castignoli (2000). El texto  griego es dif&iacute;cil en este punto. Adoptamos las sugerencias de Brunschwig (&#8037;&sigmaf; &kappa;&alpha;&#8054;  &omicron;&#8023;&tau;&omicron;&sigmaf; en lugar de &#8005;&sigmaf; &kappa;&alpha;&#8054; &alpha;&#8016;&tau;&#972;&sigmaf;). </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref16" name="_ftn16" title="" id="_ftn16">16</a>  Este par&aacute;grafo de  conclusiones (que tal vez incluya la l&iacute;nea anterior, que nosotros separamos) se  entiende mejor a la luz de <i>PH</i> II 1-11, en particular la &uacute;ltima frase,  especialmente obscura. La objeci&oacute;n que Sexto est&aacute; tratando de resolver es la de  que, dado que el esc&eacute;ptico no admite la existencia de aquello de lo que habla  el dogm&aacute;tico, dado que no lo &quot;capta&quot; como lo &quot;capta&quot; su adversario, no est&aacute; en  condiciones de examinarlo. <i>Grosso modo</i>, la respuesta de Sexto consiste en mostrar  que el terreno com&uacute;n del lenguaje y de los conceptos permite, por un lado, que  el esc&eacute;ptico desarrolle sus investigaciones sobre lo planteado por sus  adversarios y, por el otro, que eso no los comprometa a ceder a las tentaciones  dogm&aacute;ticas de pensar que pueden ir m&aacute;s all&aacute; de lo aparente. Ambas ideas est&aacute;n  presentes, <i>mutatis  mutandis</i>, en nuestro par&aacute;grafo. Las primeras l&iacute;neas insisten en  un uso no comprometido, en t&eacute;rminos ontol&oacute;gicos, de un lenguaje que se supone  com&uacute;n. La &uacute;ltima frase, por su parte, pone en claro que eso com&uacute;n (en este caso  los conceptos, lo que se piensa) no es susceptible de investigaci&oacute;n. La curiosa  insistencia en que el terreno de investigaci&oacute;n esc&eacute;ptico tiene que ver con lo  sensorial no hay que entenderla, creemos, como una restricci&oacute;n empirista del  escepticismo, sino como una nueva formulaci&oacute;n de que lo &quot;investigable&quot; es lo  que supone un compromiso ontol&oacute;gico, una superaci&oacute;n de lo aparente. En efecto,  muchos de los adversarios del esc&eacute;ptico eran empiristas y pretend&iacute;an, por  tanto, que el mundo se les daba tal cual es gracias a, por ejemplo, impresiones  cognitivas. No en vano la definici&oacute;n de esta noci&oacute;n clave de la epistemolog&iacute;a  estoica aparece expl&iacute;citamente mencionada en <i>PH</i> II 4 y parece estructurar la posici&oacute;n dogm&aacute;tica  en esas l&iacute;neas.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref17" name="_ftn17" title="" id="_ftn17">17</a>  Esta definici&oacute;n de  Enesidemo del discurso pirr&oacute;nico abre una nueva secci&oacute;n en la que se introducir&aacute;n  los famosos modos. Todos los elementos ya han sido tematizados de una u otra  manera, pero se enfatizar&aacute;n algunos que sirven propiamente para introducir el  nuevo t&oacute;pico. Que el discurso esc&eacute;ptico sea una especie de &quot;remembranza de lo  aparente o de lo pensado&quot; es sin duda otra manera de decir que este es una  narraci&oacute;n y no un conjunto de afirmaciones dogm&aacute;ticas (<i>cf.</i> &sect;74), o que expresa c&oacute;mo  aparecen las cosas y no c&oacute;mo son (&sect;77). Que en el marco de esa remembranza se  producen contrastes y comparaciones es tambi&eacute;n algo que se ha anticipado a prop&oacute;sito  de Homero (&sect;73). Que el resultado de esa confrontaci&oacute;n sea la irregularidad, en  cambio, es algo que se puede inferir, por ejemplo, de la indecisi&oacute;n e  indeterminaci&oacute;n del estado en el que se encuentra el esc&eacute;ptico (&sect;74), pero que  no se ha dicho expl&iacute;citamente. Los modos son, como veremos, entre otras cosas,  m&aacute;quinas argumentativas capaces de producir esa irregularidad.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref18" name="_ftn18" title="" id="_ftn18">18</a>  Di&oacute;genes presentar&aacute; dos  conjuntos de modos: los diez atribuidos a Enesidemo (&sect;79-88) y los cinco de  Agripa (&sect;88-89). Sexto caracteriza todos los modos funcionalmente como medios  para obtener la suspensi&oacute;n del juicio (se trata en general de &quot;los modos de la  suspensi&oacute;n&quot;, <i>PH</i> I &sect;36). Estas l&iacute;neas de Di&oacute;genes, en cambio, presentan  una caracterizaci&oacute;n funcional, v&aacute;lida, en principio, para el primer bloque de  modos, que se concentra m&aacute;s bien en la producci&oacute;n de irregularidad o en la  ruptura de supuestos consensos. Los desarrollos ulteriores, no obstante, no  dejan de hablar de la suspensi&oacute;n como una consecuencia de su aplicaci&oacute;n (<i>cf.</i>&nbsp;&sect;81  y 84). A la suspensi&oacute;n y la irregularidad hay que a&ntilde;adir un tercer t&eacute;rmino  clave, que tambi&eacute;n es presentado como una consecuencia de la aplicaci&oacute;n de los  modos: la equipolencia. Esta entra en juego aqu&iacute; a trav&eacute;s del uso de la f&oacute;rmula  &quot;en nada m&aacute;s&quot; (<i>cf.</i> &sect;74) en la explicaci&oacute;n del tercer modo (&sect;81). Esas tres posibles  determinaciones funcionales de los modos de Enesidemo marcan distintos momentos  en un continuo y, por tanto, no implican ninguna inconsistencia. Introducir la  irregularidad supone poner en evidencia que hay una multiplicidad de puntos de  vista enfrentados. Pero los modos deben permitir tambi&eacute;n mostrar que ese  desacuerdo es irresoluble, es decir, que no hay ning&uacute;n punto de vista que est&eacute;  por encima de los dem&aacute;s. Deben, pues, producir la equipolencia. Esta  equipolencia, finalmente, debe conducir a la suspensi&oacute;n del juicio. En Di&oacute;genes,  sin embargo, hay una cuarta determinaci&oacute;n funcional, sobre la que hablaremos en  un momento, que pone en cuesti&oacute;n este panorama en el que coincidir&iacute;an, al menos  en l&iacute;neas generales, nuestro autor y Sexto.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref19" name="_ftn19" title="" id="_ftn19">19</a>  Adem&aacute;s  de Di&oacute;genes y Sexto (<i>PH</i> I &sect;36-163), la otra fuente para los modos de Enesidemo  (<i>cf. </i><i>M</i> VII &sect;347) es  el <i>De ebrietate </i>de  Fil&oacute;n de Alejandr&iacute;a (169-205). El mejor an&aacute;lisis comparativo de estas tres  versiones sigue siendo Annas &amp; Barnes (1985). V&eacute;ase tambi&eacute;n Striker  (1996b). Para este primer modo, v&eacute;ase <i>PH</i> I 40-79 y <i>De ebrietate</i> 171-175.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref20" name="_ftn20" title="" id="_ftn20">20</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 79-90 y <i>De ebrietate</i> 176-177.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref21" name="_ftn21" title="" id="_ftn21">21</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 91-99 y <i>De ebrietate</i>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><a href="#_ftnref22" name="_ftn22" title="" id="_ftn22">22</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 100-117 y <i>De ebrietate</i> 178-180.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref23" name="_ftn23" title="" id="_ftn23">24</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 145-163 y <i>De ebrietate</i> 193-202. Se trata del d&eacute;cimo modo en la  presentaci&oacute;n de Sexto.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref24" name="_ftn24" title="" id="_ftn24">24</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 124-128 y <i>De ebrietate</i> 189-192.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref25" name="_ftn25" title="" id="_ftn25">25</a>  Una cosa es declarar la  incapacidad personal de pronunciarse sobre la verdad o la falsedad de una  proposici&oacute;n <i>p</i>.  Otra, bien distinta, es decir que es posible o no saber que <i>p</i>. Quien  suspende el juicio est&aacute; en la primera situaci&oacute;n. En la segunda, en cambio, se  est&aacute; teorizando sobre <i>p</i>, puesto que se le est&aacute;<i> </i>determinando su estatus  cognitivo. Este &quot;metadogmatismo&quot;, como lo llama Barnes (1992 4254), que supone  en este caso declarar la incognoscibilidad (se tratar&iacute;a, pues, de un metadogmatismo  negativo), es la cuarta determinaci&oacute;n funcional de los modos que est&aacute; en juego  en Di&oacute;genes. Reaparece claramente en la formulaci&oacute;n del s&eacute;ptimo (&sect;86) y del d&eacute;cimo  (&sect;88), pero hay otras afirmaciones, en otros contextos, que dejan ver que para  la fuente de Di&oacute;genes la distinci&oacute;n entre suspensi&oacute;n e incognoscibilidad no era  tan clara como para Sexto o su fuente (&sect;&sect;76, 91, 95, 101). Para este &uacute;ltimo, el  metadogmatismo negativo caracterizaba a los acad&eacute;micos y a los cirenaicos (<i>cf.</i> <i>PH</i> I 3, 226 para los primeros, y I 215  para los segundos), nunca a los pirr&oacute;nicos. V&eacute;ase al respecto Striker (1991a).</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref26" name="_ftn26" title="" id="_ftn26">26</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 118-123 y <i>De ebrietate</i> 181-183. Es el quinto modo en la versi&oacute;n de  Sexto.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref27" name="_ftn27" title="" id="_ftn27">27</a> V&eacute;ase <i>PH</i> I 129-34 y <i>De ebrietate</i> 184-185. Es el s&eacute;ptimo modo en la versi&oacute;n de  Sexto. Aceptamos la correcci&oacute;n de Cobet (&pi;&omicron;&sigma;&#972;&tau;&eta;&tau;&alpha;&sigmaf; &lt;&kappa;&alpha;&#8054; &pi;&omicron;&iota;&#972;&tau;&eta;&tau;&alpha;&sigmaf;&gt;), que  Marcovich&nbsp; no retiene.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref28" name="_ftn28" title="" id="_ftn28">28</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 141-144.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref29" name="_ftn29" title="" id="_ftn29">29</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> I 135-140 y <i>De ebrietate</i> 186-188. Es el octavo en la clasificaci&oacute;n de  Sexto, pero las diferencias entre ambas presentaciones son importantes. V&eacute;ase  al respecto Annas &amp; Barnes (1985 128-145), Barnes (1992 4275) y Striker  (1996b 126-131). </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref30" name="_ftn30" title="" id="_ftn30">30</a>  Los modos de Agripa son  la herramienta m&aacute;s utilizada por los pirr&oacute;nicos para poner en cuesti&oacute;n a los  dogm&aacute;ticos, como veremos en la siguiente secci&oacute;n de este texto y en los  diferentes desarrollos de Sexto. De hecho, de acuerdo con este &uacute;ltimo, &quot;&#91;...&#93;  cualquier objeto de investigaci&oacute;n puede ser reducido a estos modos &#91;...&#93;&quot; (<i>PH</i> I 169). Hankinson (1995 182-192) propone dividirlos en dos  conjuntos. El primero, constituido por los modos de la regresi&oacute;n al infinito,  de lo hipot&eacute;tico y de la referencia rec&iacute;proca, estar&iacute;a basado en problemas l&oacute;gicos  y, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, en cuestiones relativas a &quot;la estructura formal de la  justificaci&oacute;n&quot;. A estos &quot;modos formales&quot; se les opondr&iacute;an el de la discordancia  y el de la relatividad, los &quot;modos materiales&quot;, que buscan &quot;establecer que las  premisas que est&aacute;n de hecho involucradas en cualquier razonamiento deben  satisfacer ciertas condiciones&quot; (186). La presentaci&oacute;n de Sexto se encuentra en <i>PH</i> I 164-177. El mejor an&aacute;lisis a nuestros ojos lo ha aportado, de  nuevo, Barnes (1990). Sobre la relevancia en la epistemolog&iacute;a contempor&aacute;nea de  los &quot;modos formales&quot;, v&eacute;ase Zuluaga (2005).</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref31" name="_ftn31" title="" id="_ftn31">31</a>  No seguimos el texto de  Marcovich (&omicron;&#8016;&delta;&#941;&nu; &phi;&eta;&sigma;&iota; &kappa;&alpha;&tau;&#8048; &pi;&#7936;&nu;&tau;&alpha; &lt;&#7984;&delta;&#943;&omega;&sigmaf;&gt; &lambda;&alpha;&mu;&beta;&#7936;&nu;&epsilon;&sigma;&theta;&alpha;&iota;; en espa&ntilde;ol: &quot;dice  que nada es captado propiamente del todo&quot;), sino la correcci&oacute;n de Stephanus (&omicron;&#8016;&delta;&#941;&nu;  &phi;&eta;&sigma;&iota; &kappa;&alpha;&theta;' &#7953;&alpha;&upsilon;&tau;&#8056; &lambda;&alpha;&mu;&beta;&#940;&nu;&epsilon;&sigma;&theta;&alpha;&iota;), adoptada por todos los dem&aacute;s editores y  traductores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><a href="#_ftnref32" name="_ftn32" title="" id="_ftn32">32</a>  Sexto distingue entre  una presentaci&oacute;n general del escepticismo y otra especial o particular (<i>PH</i> I 5-6). La general involucra una descripci&oacute;n de elementos como la  caracterizaci&oacute;n del pirronismo, sus herramientas, su fin, sus voces, etc. Buena  parte de eso ha sido presentado hasta aqu&iacute; en Di&oacute;genes y corresponde a todo el  libro primero de <i>PH</i>. La presentaci&oacute;n espec&iacute;fica,  en cambio, es la que muestra el pirronismo en acci&oacute;n, examinando los distintos  resultados dogm&aacute;ticos, de conformidad con la tripartici&oacute;n tradicional de la  filosof&iacute;a (l&oacute;gica, f&iacute;sica y &eacute;tica). Esta presentaci&oacute;n ocupa los libros II y III de los <i>PH</i>, pero tambi&eacute;n <i>M</i> VII-XI (tambi&eacute;n  conocidos como <i>Adversus  dogmaticos</i>). El equivalente en Di&oacute;genes se desarrollar&aacute; entre &sect;90  y &sect;101. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref33" name="_ftn33" title="" id="_ftn33">33</a>  En Sexto, el examen pirr&oacute;nico  de la demostraci&oacute;n est&aacute; en <i>PH</i> Ii 134-192 y <i>M</i> VIII 299-481. Esta presentaci&oacute;n de Di&oacute;genes pone  en juego, en su orden, el modo de la regresi&oacute;n al infinito (&sect;90), el de lo  hipot&eacute;tico (&sect;90-91) y el de la referencia rec&iacute;proca (&sect;91). </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref34" name="_ftn34" title="" id="_ftn34">34</a>  Comienza aqu&iacute; y va hasta  &sect;94 una secci&oacute;n que parece mal situada dentro del texto. No tiene, en efecto,  una relaci&oacute;n clara con el examen de la demostraci&oacute;n, ni con el del criterio que  le va a seguir. No parece tampoco tener el car&aacute;cter &quot;espec&iacute;fico&quot; que esos ex&aacute;menes  tienen sin duda. Barnes (1992 4249) sugiere poner el pasaje inmediatamente  despu&eacute;s de &sect;89. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref35" name="_ftn35" title="" id="_ftn35">35</a>  Seguimos el texto  sugerido a Brunschwig por Barnes, modificando &kappa;&alpha;&tau;&#8048; &phi;&#973;&sigma;&iota;&nu; por &pi;&alpha;&rho;&#8048; &phi;&#973;&sigma;&iota;&nu;, en la  primera frase, y &kappa;&alpha;&tau;'&nbsp;&#7936;&nu;&tau;&iota;&pi;&#941;&rho;&iota;&sigma;&tau;&alpha;&sigma;&iota;&nu; por &kappa;&alpha;&tau;&#8048; &pi;&epsilon;&rho;&#943;&sigma;&tau;&alpha;&sigma;&iota;&nu;, en la &uacute;ltima. La  idea, pues, ser&iacute;a simplemente la de validar el car&aacute;cter completamente  circunstancial de lo aparente y la necesidad, dado lo anterior, de tener en cuenta  casos que parecen por fuera de los est&aacute;ndares. Esto &uacute;ltimo ya ha sido  claramente defendido en la presentaci&oacute;n del cuarto modo de Enesidemo (&sect;82). En <i>PH</i> I 100, a prop&oacute;sito  del mismo modo, Sexto afirma que la actividad de contemplar u observar hay que  considerarla tanto de acuerdo con la naturaleza como contra ella; m&aacute;s adelante,  en I 103, habla del &quot;estado natural de los  enfermos&quot;. Una estrategia an&aacute;loga, finalmente, puede encontrarse en los  argumentos acad&eacute;micos contra la impresi&oacute;n cognitiva. V&eacute;ase <i>Academica</i> II 88-90.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref36" name="_ftn36" title="" id="_ftn36">36</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> II 14-79 y <i>M</i> II 46-446. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref37" name="_ftn37" title="" id="_ftn37">37</a>  Para esta &uacute;ltima frase,  v&eacute;ase nuestra nota 22. La argumentaci&oacute;n contra el criterio supone aplicar los  tres modos formales de Agripa (en su orden, lo hipot&eacute;tico, la referencia rec&iacute;proca  y la regresi&oacute;n al infinito), adem&aacute;s de, al final, el modo de la discordancia. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref38" name="_ftn38" title="" id="_ftn38">38</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> II 97-133 y <i>M</i> VII 141-298. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref39" name="_ftn39" title="" id="_ftn39">39</a>  Brunschwig explica la  oposici&oacute;n com&uacute;n/propio apelando a un pasaje de <i>M </i>VIII (215-222). Lo com&uacute;n es lo que se les presenta  igual a todos los est&aacute;n en una misma disposici&oacute;n; lo propio, en cambio, es lo  que no se presenta de la misma manera (es susceptible de interpretaciones, podr&iacute;amos  decir). La segunda oposici&oacute;n, cosas diferenciadas/cosas relativas, hace parte  del aparato estoico. Lo diferenciado es lo que tiene realidad propia; lo  relativo, lo que implica un necesario v&iacute;nculo con un correlato. Los signos,  siendo siempre signos de algo, pertenecen al segundo grupo.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref40" name="_ftn40" title="" id="_ftn40">40</a>  Suponemos, junto con  Janda y Barnes, que aqu&iacute; debe haber una laguna, y en ello nos distanciamos del  texto de Marcovich. Faltar&iacute;a, en efecto, una explicaci&oacute;n de por qu&eacute; el signo no  es inteligible. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref41" name="_ftn41" title="" id="_ftn41">41</a>  Se inicia aqu&iacute; la cr&iacute;tica  a las tesis f&iacute;sicas de los dogm&aacute;ticos. Para rebatir los argumentos causales,  Enesidemo forj&oacute; ocho modos espec&iacute;ficos, que Di&oacute;genes no transmite pero que est&aacute;n  en <i>PH </i>I  180-185. V&eacute;ase Hankinson (1995 213-224). V&eacute;ase tambi&eacute;n <i>PH</i> III 13-29 y <i>M</i> IX 195-330.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p  align="justify"><a href="#_ftnref42" name="_ftn42" title="" id="_ftn42">42</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> III 63-114 y <i>M</i> X 37-168.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref43" name="_ftn43" title="" id="_ftn43">43</a>  La cr&iacute;tica al  aprendizaje aparece, en Sexto, en el marco del examen de la parte &eacute;tica de la  filosof&iacute;a (<i>PH</i> III 252-273 y <i>M</i> XI 216-273). </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref44" name="_ftn44" title="" id="_ftn44">44</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> III 109-114 y <i>M</i> X  310-350.</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref45" name="_ftn45" title="" id="_ftn45">45</a>  V&eacute;ase <i>PH</i> III 179-182 y <i>M</i> XI  69-109. El <i>Adversus  ethicos</i> tiene una excelente traducci&oacute;n comentada por Bett (1997).</p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref46" name="_ftn46" title="" id="_ftn46">46</a>  V&eacute;ase, para los  problemas que supone este p&aacute;rrafo y las implicaciones con respecto a las  fuentes de Di&oacute;genes, Barnes (1992 4260-4263). </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref47" name="_ftn47" title="" id="_ftn47">47</a>  Nueva secci&oacute;n (&sect;102-107),  en la que se abordar&aacute;n dos objeciones al escepticismo y las respuestas pirr&oacute;nicas.  La primera objeci&oacute;n (&sect;102-104) consiste en plantear la imposibilidad para el  esc&eacute;ptico de no caer en el dogmatismo, dado su uso del lenguaje y los  conceptos. La segunda (&sect;104-107), que tendr&aacute; una posteridad sumamente rica,  consiste en sostener que el escepticismo acaba con la vida humana misma. </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref48" name="_ftn48" title="" id="_ftn48">48</a>  Aunque ninguna traducci&oacute;n  del t&eacute;rmino &tau;&#8048; &pi;&alpha;&rho;&upsilon;&phi;&iota;&sigma;&tau;&#940;&mu;&epsilon;&nu;&alpha; nos parezca satisfactoria, su referente es claro:  se trata de las opiniones dogm&aacute;ticas (&quot;par&aacute;sitos&quot; de lo aparente). </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref49" name="_ftn49" title="" id="_ftn49">49</a>  V&eacute;ase nuestra nota 4. V&eacute;ase  tambi&eacute;n <i>PH</i> I 25-30, que incluye, tal vez mejor articulados, todos  los elementos que est&aacute; movilizando esta presentaci&oacute;n (imperturbabilidad, manejo  de las afecciones necesarias, respeto de los usos cotidianos). </p>     <p  align="justify"><a href="#_ftnref50" name="_ftn50" title="" id="_ftn50">50</a>  Estas otras dos  determinaciones del fin del escepticismo corresponden tal vez, seg&uacute;n Brunschwig <i>ad loc.</i>,  a la posici&oacute;n de Pirr&oacute;n. Los datos son pobres, no obstante. </p> </font>     ]]></body><back>
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