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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ALTERIDAD, POLÍTICA Y HOSPITALIDAD]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The following paper offers a view on the concepts of gift, offering and forgiveness in relation with the community started by the being-with-the-other-in-the-world. This community appears in the experience of alterity relations where hospitality, which is seen as understanding the responsibility towards the other, implies the living of the politics of difference. This idea recovers the philosophical contributions of Emmanuel Levinas, Jacques Derrida, jean-Luc Nancy, among others.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p>    <center><font size="4"><b>ALTERIDAD, POL&Iacute;TICA Y HOSPITALIDAD</b></font></center></p>     <p>    <center><font size="3"><b>ALTERITY, POLITICS AND HOSPITALITY</b></font></center></p>     <p>    <center>Mario Madro&ntilde;ero Morillo<sup>*</sup></center></p>  <sup>*</sup>Magister en Etnoliteratura por la Universidad de Nari&ntilde;o, Pasto. Licenciado en Filosof&iacute;a y Letras de la misma Universidad. Docente de la Maestr&iacute;a en Pedagog&iacute;a de la Universidad Mariana, Pasto-Nari&ntilde;o y del Componente de Formaci&oacute;n Social y Human&iacute;stica de la Universidad del Cauca- Popay&aacute;n. Candidato a doctor en Antropolog&iacute;as Contempor&aacute;neas de la Universidad del Cauca (Tercera Cohorte). Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:huacaki@yahoo.es">huacaki@yahoo.es</a></p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 15 de junio de 2011 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 9 de agosto de 2011.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Resumen</b></font></p>     <p>Este art&iacute;culo presenta una reflexi&oacute;n sobre el don, la ofrenda y el perd&oacute;n referida a la relaci&oacute;n de comunidad inaugurada por el estar-con-otro-en-el-mundo, en la experiencia de las relaciones de alteridad, donde la hospitalidad, en tanto comprensi&oacute;n de la responsabilidad para con el otro, conlleva la vivencia de una pol&iacute;tica de la diferencia. Esta propuesta recupera los aportes te&oacute;ricos de Emmanuel Levinas, Jacques Derrida, Jean-Luc Nancy, entre otros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Palabras clave: </b>Alteridad, Deconstrucci&oacute;n, Comunidad, Diferencia, Responsabilidad.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b>Abstract</b></font></p>     <p>The following paper offers a view on the concepts of gift, offering and forgiveness in relation with the community started by the being-with-the-other-in-the-world. This community appears in the experience of alterity relations where hospitality, which is seen as understanding the responsibility towards the other, implies the living of the politics of difference. This idea recovers the philosophical contributions of Emmanuel Levinas, Jacques Derrida, jean-Luc Nancy, among others.</p>     <p><b>Keywords: </b>Alterity, Deconstruction, Community, Difference, Responsibility.</p>  <hr>      <p>Hace algunos a&ntilde;os, el encuentro con Emmanuel Levinas se produjo a partir de Derrida. El ensayo que dedicara al pensamiento de Levinas y la preocupaci&oacute;n por una intangible responsabilidad para la filosof&iacute;a ser&iacute;an, para ese momento, cuestiones que abrir&iacute;an posibilidades inauditas para la comprensi&oacute;n que sobre &eacute;sta se daba. A&ntilde;os despu&eacute;s, en Tumaco, en las m&aacute;rgenes de un curso sobre lectura y escritura, el encuentro se produjo otra vez y en momentos en los que el desaliento para con la filosof&iacute;a provocaba algo m&aacute;s que no poder pensar. Las palabras de Levinas expuestas en Totalidad e infinito provocar&iacute;an la singular experiencia del pensar que el encuentro con otro dona en la exterioridad de la relaci&oacute;n misma, y que permite comprender la hospitalidad como lugar en el que lo que Levinas (1987) propone como una "desnucleaci&oacute;n del mundo sustancial del Yo" (216) corresponde a lo inaudito de la responsabilidad del encuentro en el que la evasi&oacute;n conlleva comprender la responsabilidad tambi&eacute;n inaudita de una hospitalidad sin reservas. Como recuerda Derrida:</p> <ol>En esta profundidad es donde nos har&iacute;a temblar el pensamiento de Emmanuel Levinas. En el fondo de la sequedad, en el desierto que crece, este pensamiento que no quiere ser ya, en su fundamento, pensamiento del ser y de la fenomenalidad, nos hace barruntar una desmotivaci&oacute;n y una desposesi&oacute;n inauditas (Derrida 1989 112).    </ol>     <p>Desposesi&oacute;n que, en la subversi&oacute;n y revoluci&oacute;n del pensar, provoca la apertura de la memoria en la desconstrucci&oacute;n de la presencia, el ser, el mundo, el otro y que conlleva en la remoci&oacute;n ontol&oacute;gica fundamental que la constituye una vivencia que desborda incluso el &eacute;xtasis de la comprensi&oacute;n de la libertad en tanto hecho de raz&oacute;n y que permite a Levinas proponer por ejemplo que:</p> <ol>Toda civilizaci&oacute;n que acepta el ser, la desesperaci&oacute;n tr&aacute;gica que comporta y los cr&iacute;menes que justifica, merece el nombre de b&aacute;rbara. Desde entonces, la &uacute;nica v&iacute;a que se abre para dar satisfacci&oacute;n a las exigencias leg&iacute;timas del idealismo sin entrar no obstante en sus procedimientos habituales es medir sin temor todo el peso del ser y su universalidad, reconocer la inanidad del acto y del pensamiento que no pueden hacer las veces de un acontecimiento que en la consumaci&oacute;n misma de la existencia rompe esta existencia, acto y pensamiento que, por consiguiente, no deben enmascararnos la originalidad de la evasi&oacute;n. Se trata de salir del ser por una nueva v&iacute;a corriendo el riesgo de invertir algunas nociones que al sentido com&uacute;n y a la sabidur&iacute;a de las naciones les parecen m&aacute;s evidentes (Levinas 1999 117).    </ol>     <p>Cuesti&oacute;n que permite diferenciar la &eacute;pica del ser y la prof&eacute;tica de la alteridad en la peregrinaci&oacute;n y paso en un "humus apaciguado no sobre un suelo, sino alrededor de un volc&aacute;n m&aacute;s antiguo" (Derrida 1989 112), que en la excedencia &eacute;tica conlleva el encuentro con otro: "Sin intermediario y sin comuni&oacute;n, ni mediatez, ni inmediatez, tal es la verdad de nuestra relaci&oacute;n con el otro, la verdad ante la que el logos tradicional es para siempre inhospitalario" (Id. 123).</p>     <p>Las paradojas del deseo en el tiempo del encuentro soportan la experiencia de la separaci&oacute;n del ser, su cesura, que en el silencio precipita la comprensi&oacute;n de la discreci&oacute;n de la singularidad en la acogida del levantamiento de la presencia. La anastasis del tiempo del encuentro hace sol&iacute;cito el temblor del pensar y la memoria presente por ejemplo en el saludo, el santo y se&ntilde;a, como schibolett de la despedida, tras el con-tacto con lo imposible y que se presenta en la experiencia -que desborda la dimensi&oacute;n er&oacute;tico-ontol&oacute;gica- de la relaci&oacute;n de alteridad en una comunidad. Vivencia de tal experiencia &eacute;tica del encuentro que se puede apreciar en la escritura de Paul Celan (1999), al exponer que:</p> <ol>Lo Escrito se ahueca,/ lo hablado,/ verdemar,/ arde en las bah&iacute;as,/ en los nombres licuados/ saltan los delfines,/ en la nada eternizada, aqu&iacute;,/ en la memoria de las campanas locas en/ -pero &iquest;d&oacute;nde?/ &iquest;qui&eacute;n/ jadea en este/ cuadrado de sombras,/ qui&eacute;n, entre ellos/ brilla de pronto, brilla de pronto, brilla de pronto?    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>Y que llega a provocar al di&aacute;logo entre el rumor de un habla distinta y distante, precisamente en el hablar:</p> <ol>Habla t&uacute; tambi&eacute;n,/ habla el &uacute;ltimo,/ pronuncia tu proverbio./ Habla - / pero no separes el no del s&iacute;./ Da a tu proverbio tambi&eacute;n sentido:/ dale sombra./ Dale sombra bastante,/ dale toda la que sabes repartida/ en redor de ti/ entre la medianoche, el mediod&iacute;a y la medianoche./ Mira alrededor:/ mira c&oacute;mo en torno todo deviene vivo/ -&iexcl;Por la muerte! &iexcl;Vivo!/ Verdad dice quien sombra dice./ Ya sin embargo se reduce el lugar donde te tienes:/ &iquest;ad&oacute;nde ir&aacute;s ahora, expoliado de sombra, ad&oacute;nde?/ Sube. Tantea hacia arriba./ &iexcl;M&aacute;s escaso devienes, m&aacute;s irreconciliable, m&aacute;s fino!/ m&aacute;s fino: un filamento,/ por el que bajar quiere la estrella:/ para nadar hondo, en el fondo,/ donde ella se ve brillar: en el escarceo/ de palabras peregrinas.    </ol>     <p>La experiencia del encuentro en la conciencia ext&aacute;tica que la vivencia po&eacute;tica conlleva provoca una relaci&oacute;n de singularidades entre la moci&oacute;n de la evasi&oacute;n del ser que, sin reducirse a una necesidad infundada en la carencia, va a desobrar la necesidad de conservaci&oacute;n misma, al provocar en &eacute;sta una abertura:</p> <ol>Este hueco no es una abertura entre otras. Es la abertura misma, la abertura de la abertura, lo que no se deja encerrar en ninguna categor&iacute;a o totalidad, es decir, todo lo que, en la experiencia, no se deja ya describir en la conceptualidad tradicional y resiste, incluso, a todo filosofema (Derrida 1989 113).    </ol>     <p>La disposici&oacute;n an-&aacute;rquica de la posici&oacute;n del ser en la remoci&oacute;n ontol&oacute;gica de sus fundamentos, en la vivencia del temblor del pensar, en el tiempo singular del eschat&oacute;n presente en el encuentro con otro predice la provocaci&oacute;n que en un di&aacute;logo se va a exponer en la dispersi&oacute;n y reparto de voces que abrir&aacute;n el discurso en la diseminaci&oacute;n del sentido y que la equivocidad diferencial de habla, en el tiempo de la escucha, permitir&aacute; vivenciar como comunicaci&oacute;n: no po&eacute;tica ni filos&oacute;fica, en el sentido en el que tal discurrir pueda cumplir con las categor&iacute;as y formas epistemol&oacute;gicas de una estructura; m&aacute;s bien esta exposici&oacute;n al decir del otro se har&iacute;a presente en la vivencia del silencio al estar con otro.</p>     <p>Sobre esta singular posibilidad correspondiente a una comunicaci&oacute;n que desborda y desobra el sentido filos&oacute;fico, po&eacute;tico, Derrida propone al recordar la escritura de Levinas lo siguiente:</p> <ol>Verdad impensable de la experiencia viva a la que incesantemente vuelve Levinas, y que la palabra filos&oacute;fica no puede intentar abrigar sin mostrar enseguida, en su propia luz, grietas lamentables, y su rigidez, en lo que se hab&iacute;a tomado por solidez. Se podr&iacute;a mostrar, sin duda, que la escritura de Levinas tiene esa propiedad, la de moverse siempre, en sus momentos decisivos, a lo largo de esas grietas, progresando con maestr&iacute;a mediante negaciones y negaci&oacute;n contra negaci&oacute;n. Su v&iacute;a propia no es la de un "o bien... o bien", sino de un "ni... ni tampoco". La fuerza po&eacute;tica de la met&aacute;fora es muchas veces la huella de esta alternativa rehusada y de esta herida en el lenguaje. A trav&eacute;s de ella, en su abertura, la experiencia misma se muestra en silencio (Derrida 1989 123).    </ol>     <p>Vivencia que no corresponder&iacute;a a una dimensi&oacute;n contemplativa, en la que el respeto por el otro, la apertura de la disposici&oacute;n te&oacute;rica que lo presenta, infunda la posibilidad de la relaci&oacute;n; pues se trata de la vivencia de la separaci&oacute;n misma, que va a permitir a Levinas hablar por ejemplo de una religi&oacute;n, desde la comprensi&oacute;n de una remoci&oacute;n onto-teol&oacute;gica de lo originario, en la que el principio de la totalidad desbordar&iacute;a la historia misma del ser, que traer&iacute;a en un primer momento como consecuencia para la vivencia decidir entre la superaci&oacute;n o la negaci&oacute;n de la vida; cuesti&oacute;n que remitir&iacute;a otra vez o a la idealizaci&oacute;n o a la materializaci&oacute;n extremas, infundadas en la econom&iacute;a de la conservaci&oacute;n del ser, presente en las formas del humanismo y la biopol&iacute;tica, pendientes de lo que Derrida critica como la violencia seductora del r&eacute;gimen heliopol&iacute;tico frente a la diferencia y que Esposito propone en la realizaci&oacute;n de la l&oacute;gica inmunitaria de la comunidad, en la que la relaci&oacute;n con otro, su encuentro, se determina a partir de la alergia a la exterioridad, a lo que viene de afuera, al extranjero, al encuentro con otro pensado como instante de la muerte del ser-a-la-muerte.</p>     <p>En un segundo momento, la vivencia ext&aacute;tica que conmueve en la evasi&oacute;n podr&iacute;a desarrollar los preceptos del ser neutro, quien ha transformado el umbral en reducci&oacute;n fenomenol&oacute;gica del lugar de encuentro: "Aqu&iacute; eternidad, all&aacute; eternidad", podr&iacute;a pronunciar este ser de la neutralidad liminal cuya vivencia de la cesura corresponder&iacute;a a las formas de la autonom&iacute;a que la autotelia de las formas de la po&eacute;tica desarrollar&iacute;a al l&iacute;mite en la Ilustraci&oacute;n y el Romanticismo, presentes a la vez en el ethos del hombre moderno que Nietzsche (1987) designa como un ser que suspira sin saber qu&eacute; hacer: " Yo no s&eacute; qu&eacute; hacer; yo soy todo eso que no sabe qu&eacute; hacer" (25), lo que permite vislumbrar el peso de la totalidad al que se enfrenta el mismo, a partir de la remoci&oacute;n onto-teol&oacute;gica a la que lo somete la exterioridad de la experiencia de una totalidad que se precipita sobre y entre el pensar.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En un tercer momento de esta din&aacute;mica singular, el ser, frente a la nada, pretender&iacute;a devenir tanto en el saber absoluto como en la dimensi&oacute;n en&eacute;sima que el plano de inmanencia pudiera fundamentar a partir de las multiplicidades de fusi&oacute;n posibles y que desbordar&iacute;an la presencia del ser en la disoluci&oacute;n del sujeto, en la inversi&oacute;n categ&oacute;rica de la hip&oacute;stasis en la que el &eacute;xtasis en el devenir en&eacute;simo y en la en&eacute;sima potencia e intensidad reducir&iacute;a a gozo puro el ser, en tanto cumplimiento de un deseo infinito.</p>     <p>El esbozo de estos tres momentos de la remoci&oacute;n del ser brinda la posibilidad de comprender la vivencia que sobre la totalidad va a provocar la alteridad, la cual seg&uacute;n Blanchot (1970) "no se dejar&iacute;a decir en t&eacute;rminos de inmanencia o trascendencia" (128) y que corresponder&iacute;a adem&aacute;s a una singular convivencia de y con lo que se comprende como lo santo, pues desbordar&iacute;a todo sentido al llevar el mismo a lo insensato del discurrir mismo del ser en la relaci&oacute;n con otro en una comunidad: problema singular que implica pensar la posibilidad de la comunicaci&oacute;n en las m&aacute;rgenes del sentido y que llevar&iacute;a otra vez al mismo a la dislocaci&oacute;n. Entonces, &iquest;qu&eacute; decir a otro en el espacio-tiempo que propicia el lugar del encuentro? &iquest;Se soporta la comunicaci&oacute;n en la remoci&oacute;n que la "desnucleaci&oacute;n del mundo sustancial del Yo" provoca sobre el ego, abierto por el &eacute;xtasis del sentido, como exposici&oacute;n a otro, en una dimensi&oacute;n en la que lo santo prefigura la experiencia de la vivencia de la alteridad? Y en esta dimensi&oacute;n singular, &iquest;c&oacute;mo se har&iacute;a posible una pol&iacute;tica que responda a la exigencia &eacute;tica de la alteridad, a partir de la vivencia del encuentro con otro en la diferencia que su presencia ya constituye?</p>     <p>Interrogantes en las inmediaciones de las relaciones pr&aacute;cticas o econ&oacute;micas de los encuentros de alteridad, en comunidad y que se presentan en lo que se concibe como cotidianidad en tanto espacio de un "presente viviente" y que se podr&iacute;an extender a partir de las siguientes proposiciones de Derrida, al abordar la problem&aacute;tica relaci&oacute;n con otro:</p> <ol>Esta imposibilidad de traducir en la coherencia racional del lenguaje mi relaci&oacute;n con el otro, esta contradicci&oacute;n y esta imposibilidad no son signos de "irracionalidad": son m&aacute;s bien el signo de que no se respira ya m&aacute;s aqu&iacute; dentro de la coherencia del Logos, sino que el pensamiento se corta el aliento en la regi&oacute;n del origen del lenguaje como di&aacute;logo y diferencia. Este origen, como condici&oacute;n concreta de la racionalidad, es cualquier cosa antes que "irracional", pero no podr&iacute;a quedar "comprendido" en el lenguaje. Este origen es una inscripci&oacute;n inscrita.</p>     <p>Esta violencia trascendental, que no procede de una resoluci&oacute;n o de una libertad &eacute;ticas, de una manera determinada de abordar o desbordar al otro, instaura originariamente la relaci&oacute;n entre dos ipseidades finitas. En efecto, la necesidad de acceder al sentido del otro (en su alteridad irreductible) a partir de su "rostro", es decir, del fen&oacute;meno de su no-fenomenalidad, del tema de lo no-tematizable, dicho de otra manera, a partir de una modificaci&oacute;n intencional de mi ego (en general) (modificaci&oacute;n intencional de la que Levinas tiene que extraer el sentido de su discurso), la necesidad de hablar del otro como otro o al otro como otro a partir de su aparecer-para-m&iacute;-como-lo-que-es: el otro (aparecer que simula su simulaci&oacute;n esencial, que lo saca a la luz, lo desnuda y oculta lo que en el otro es lo oculto), esa necesidad a la que ning&uacute;n discurso podr&iacute;a escapar desde su m&aacute;s temprano origen, esa necesidad es la violencia misma, o m&aacute;s bien el origen trascendental de una violencia irreductible, suponiendo, como dec&iacute;amos m&aacute;s arriba, que tenga alg&uacute;n sentido hablar de violencia pre-&eacute;tica (Derrida 1989 172-173).    </ol>     <p>Se determina as&iacute; una econom&iacute;a de la relaci&oacute;n con otro en la que la moci&oacute;n del ser en la apertura que la alteridad dona, se podr&iacute;a reducir a la l&oacute;gica inmunitaria del ph&aacute;rmakon que se resolver&iacute;a en la circularidad del ser afirmado cada vez, sobre s&iacute;, y que re-presentar&iacute;a la comprensi&oacute;n de la exterioridad, por ejemplo en la resoluci&oacute;n cosmovisionaria y cosmopol&iacute;tica, patente en las relaciones del ser en comunidad, que dirige a la vez las proposiciones de una pol&iacute;tica de la exterioridad cerrada a lo otro y en la dimensi&oacute;n en la que el ser-santo de cada singularidad conlleva la apertura de la totalidad en la moci&oacute;n de lo infinito que se presenta en la exposici&oacute;n de ser, en la errancia gozosa de la solicitud de presencia, provocada en la llamada a y de otro.</p>     <p>En este espacio singular de encuentro, el pensamiento de la alteridad se distinguir&iacute;a en la separaci&oacute;n misma de su expresi&oacute;n, de la exposici&oacute;n que el pensador alterado presenta; pues entre el pensamiento de la alteridad y la alteraci&oacute;n del pensar habr&iacute;a una remoci&oacute;n del lugar del ser que, en la noche de la inmanencia en tanto instituci&oacute;n de un lugar para el encuentro, sufrir&iacute;a una apertura de car&aacute;cter dehiscente que Jean-Luc Nancy ha propuesto como declosi&oacute;n de presencia y arealidad, en la que la desconstrucci&oacute;n del logos como ofrenda sublime desborda la econom&iacute;a de la relaci&oacute;n para que, en la brevedad de lo que se concibe como amistad, la hospitalidad sea, en una partici&oacute;n sin reservas a otro.</p>     <p>Edmod Jab&egrave;s (2002) lo recuerda en El libro de la hospitalidad al exponer la interrogaci&oacute;n en el poema:</p> <ol>&iquest;D&oacute;nde? &iquest;Cu&aacute;ndo? &iquest;Por qu&eacute;?</p>     <p>"SI DIOS ES EL UNIVERSO, &Eacute;l es el don supremo, hecho a Dios, por el mismo Dios", dec&iacute;a un sabio./ Morir de nada despu&eacute;s de haber vivido de todo./ Irrisi&oacute;n./ Celebrar la rosa y perecer de un piquete de espina./ Nos sigue el d&iacute;a./ Oh certeza del manantial, en medio de las arenas./ "Dios es certidumbre - dec&iacute;a un sabio-, &Eacute;l es el pozo./ "Dos certidumbres se disputan el desierto. Una est&aacute; hecha de agua; la otra, de polvo."/ &Eacute;l dec&iacute;a: "La muerte es, quiz&aacute;s, de Dios, el pensamiento m&aacute;s fr&iacute;o"./ Envejecer: la vida empieza a olvidarme; la muerte, a reconocerme", hab&iacute;a escrito./ "El dolor -dec&iacute;a un sabio- es el libro m&aacute;s vasto, ya que contiene todos los libros"./ La vida se escribe con la savia de nuestros &aacute;rboles./ La muerte se lee en sus hojas ya amarillentas./ Acaricia tu alma. Acaricia tu libro. Ambos est&aacute;n sedientos de ternura./ "A un palmo de m&iacute;, est&aacute;s t&uacute;. A un palmo de ti, est&aacute; &eacute;l. A un palmo de &eacute;l, est&aacute;bamos nosotros, dec&iacute;a un sabio"./ Generosidad de lo invisible./ Nuestra gratitud es infinita./ El criterio es la hospitalidad.    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y tambi&eacute;n al designar, en la prerrogativa de la interrogaci&oacute;n y el recitar, el lugar del encuentro en el tiempo de la exposici&oacute;n:</p> <ol>&iquest;D&oacute;nde?</p>     <p>"EL DESIERTO ES MI LUGAR -dec&iacute;a-. Y este lugar es un pu&ntilde;ado de arena."/ Y a&ntilde;ad&iacute;a: "Dobles, cuales Tablas de la Ley, son mis palmas y, diez, como mis dedos, los caminos de mi raza"./ El interior de la piedra est&aacute; escrito./ Desde siempre y para siempre legible./ Espacio variable de la hospitalidad./ Duelo, y luego, s&uacute;bitamente, renacimiento./ "Yo te bendigo, oh hu&eacute;sped m&iacute;o, convidado m&iacute;o -dice el santo rabino-, pues tu nombre es: El que avanza en el camino./ "El camino queda en tu nombre. / "La hospitalidad es encrucijada de caminos".    </ol>     <p>La encrucijada del encuentro se podr&iacute;a pensar entonces en la alteraci&oacute;n del pensar mismo en el tiempo del di&aacute;logo como la anacrusis que el levantamiento del ser, la subversi&oacute;n de la presencia, dona, en el silencio de una palabra prometida que, entre el crecimiento del desierto y el ocaso de la existencia, provoca una dislocaci&oacute;n del lugar, un desbordar del habitar infundado en la reducci&oacute;n po&eacute;tica a la fundaci&oacute;n sustentada en la nostalgia de un origen, y que en su desposesi&oacute;n predice la errancia gozosa del sobrevivir, en la vivencia del tiempo de la profec&iacute;a sin mito, que corresponder&iacute;a al tiempo de la experiencia del encuentro en las m&aacute;rgenes de lo que se evoca como "desnucleaci&oacute;n del mundo sustancial del Yo" en el encuentro y que conlleva en el estar-con-otro-en-el-presente, no la fusi&oacute;n de comunidad, sino la fisi&oacute;n del &eacute;xtasis que conforma la comprensi&oacute;n del ser-contempor&aacute;neo, cuya forma de re-presentaci&oacute;n del ser en el mundo, en la vivencia de la totalidad, se desconstituye, pues el sujeto en la moci&oacute;n de lo que Levinas ha propuesto como heteronom&iacute;a y privilegio estar&iacute;a originariamente fuera de s&iacute;, cuesti&oacute;n que permitir&iacute;a pensar la diferencia de la representaci&oacute;n en la relaci&oacute;n mim&eacute;tica a partir de la exposici&oacute;n del ser irremediablemente abierto a lo otro y que Lacoue-Labarthe (1987) expone, al proponer la relaci&oacute;n consigo y otro, en la desistencia:</p> <ol>Hace falta que "el sujeto de la imitaci&oacute;n" sea un "ser" (en el sentido de un ente) originariamente abierto a, o bien originariamente "fuera-de-s&iacute;" -ek-st&aacute;tico. De esto se trata en lo que "es" el Da-sein heideggeriano. Pero esta (de)constituci&oacute;n ext&aacute;tica debe pensarse como defecto o insuficiencia, seg&uacute;n el pensamiento estricto de la finitud. El sujeto es originariamente la invalidez del sujeto, y esta invalidez es su intimidad misma, en dehiscencia. O para decirlo de otro modo: la diff&eacute;rance es originaria en el sujeto, impidiendo para siempre que sea sujeto (es decir, ante todo, un ente estable) y determinado esencialmente como mortal. Jacques Derrida me sugiere denominar desistencia a esta invalidez nativa, sin la cual, tampoco ninguna relaci&oacute;n (consigo o con otro) podr&iacute;a establecerse y no habr&iacute;a ni conciencia ni socialidad (Lacoue-Labarthe 102-103).    </ol>     <p>De esta manera la hospitalidad implicar&iacute;a, en la paradoja del encuentro, una relaci&oacute;n en la que la desistencia provocar&iacute;a una apertura en la que la relaci&oacute;n con otro se presentar&iacute;a en la vivencia de lo que Lacoue-Labarthe (1987) designa como una "l&oacute;gica de la alternancia infinita y de la tensi&oacute;n 'arm&oacute;nica'" (105), que no conlleva a la plenitud del devenir, sino otra vez a la separaci&oacute;n del origen, pues la armon&iacute;a, tal como recuerda Jos&eacute; Mar&iacute;a Arguedas (1983), "puede matar, puede cercenar un cuerpo, disiparlo, sin mover una sombra, &iexcl;ni una sombra!" (186).</p>     <p>La armon&iacute;a permite comprender la desistencia en relaci&oacute;n con la abdicaci&oacute;n, que expone la p&eacute;rdida de soberan&iacute;a, y que precipita en el encuentro, la acogida, en la vivencia de lo que Fernando Pessoa evocaba como un "otrarse" y que, de acuerdo con Juan Duchesne-Winter, conlleva la experiencia "heteroest&eacute;sica" del encuentro consigo y el otro, expuesta en la experiencia de una "autoheteroepifan&iacute;a" que permite comprender la remoci&oacute;n ontol&oacute;gica del fundamento del ser, provocada por la vivencia del intervalo prof&eacute;tico al que se expone el ser al sufrir la ausencia de mitos, igualmente de Dios, y que har&iacute;a de la separaci&oacute;n uno de los momentos de la abdicaci&oacute;n, en tanto desistencia de la presencia, y que Duschesne-Winter, al evocar la presencia/ausencia de Pessoa, propone como un movimiento de striptease, primero alqu&iacute;mico y luego ontol&oacute;gico, del no-ser que implosiona, pues "abdicar lo torna en nadie, el nadie que no tanto se desdobla en un Alguien, o en el Uno, seg&uacute;n sugiere Blanchot, sino m&aacute;s bien ese Nadie que implosiona en una constelaci&oacute;n de otros. El trueno de la abdicaci&oacute;n antecede a la lluvia" (Duchesne-Winter 2001 214).</p>     <p>Pensador y escritor de la heteronom&iacute;a privilegiada, Pessoa podr&iacute;a mostrar la vivencia de una hospitalidad sin reservas, presente en la encrucijada que el tiempo del encuentro con otro provoca y que en la "fisi&oacute;n del nudo 'misterioso' de la 'interioridad'"(Levinas 1987 216-217), responde a la deuda comunitaria, en la exposici&oacute;n de una po&eacute;tica del encuentro que se vivencia en el intervalo de la creaci&oacute;n, y que en la fluxi&oacute;n y fluctuaci&oacute;n temporal propuesta en la anacrusis del estar-con-otro, en la hospitalidad vivida como cruce de caminos, permite decidir la acogida. De esta manera, la interrogaci&oacute;n se ahonda, pues &iquest;qu&eacute; conlleva acoger a otro, en la dimensi&oacute;n singular del encuentro? &iquest;Y c&oacute;mo hospedar a otro sin las reservas que la l&oacute;gica de la inmunidad expone en una relaci&oacute;n que desconstituye la soberan&iacute;a de la raz&oacute;n? Pues como designa Levinas, la moci&oacute;n de la "desnucleaci&oacute;n del mundo sustancial del Yo" provoca una apertura singular de la identidad:</p> <ol>El sujeto se aliena en la responsabilidad dentro de los trasfondos de su identidad con una alienaci&oacute;n que no vac&iacute;a al Mismo de su identidad, sino que lo constri&ntilde;e con una asignaci&oacute;n irrecusable, lo constri&ntilde;e como persona a la cual nadie podr&iacute;a reemplazar. La unicidad como algo fuera del concepto, psiquismo en tanto que grano de locura, el psiquismo ya como psicosis que no es un Yo, sino yo bajo la asignaci&oacute;n. Asignaci&oacute;n a la identidad para la repuesta propia de la responsabilidad en medio de la imposibilidad de hacerse reemplazar sin carencia. A este mandamiento mantenido sin relajo s&oacute;lo puede responderse "heme aqu&iacute;", donde el pronombre "yo" est&aacute; en acusativo declinado previamente a toda declinaci&oacute;n, pose&iacute;do por el otro, enfermo, id&eacute;ntico. Heme aqu&iacute;: decir propio de la inspiraci&oacute;n que no es ni el don de bellas palabras ni de c&aacute;nticos. Constricci&oacute;n a dar a manos llenas y, por consiguiente, a la corporeidad (Levinas 1987 217).    </ol>     <p>El lugar del encuentro ser&iacute;a entonces el espaciamiento del tiempo, intervalo que se presenta en el saludo, santo y se&ntilde;a de una despedida de la historia de la presencia, en la que el don conlleva un compartir el tiempo en la ex-posici&oacute;n al otro, la naturaleza, el mundo, ya no como emplazamientos del ser, sino como lugares de partici&oacute;n y expropiaci&oacute;n, en los que la "gozosa errancia del graphein" (Derrida 1989 402) desborda la huella en la apertura del designio, en la vivencia del testimonio. La exposici&oacute;n heteroest&eacute;sica de tal vivencia conlleva la comprensi&oacute;n de la corporeidad fuera de las m&aacute;rgenes que la l&oacute;gica del sacrificio impone, pues en el "dar a manos llenas" el desborde de la vacuidad, del nihilismo, por la remoci&oacute;n de infinito que se precipita en la apertura del &eacute;xtasis de la presencia en el reconocimiento, despliega el ser fuera de l&iacute;mites, en la evasi&oacute;n. "Salir del ser por una nueva v&iacute;a" implicar&iacute;a este moverse singular que la comprensi&oacute;n de la alteridad ofrece en la vivencia de un encuentro en el presente en comunidad, en el que habitar po&eacute;ticamente en la tierra supone convivir en el exilio y el desplazamiento, un nomadismo del pensar y el ser que desborda el lugar del ser y que en su indirecci&oacute;n y desorientaci&oacute;n ext&aacute;tica permite experimentar la dislocaci&oacute;n, el fuera de s&iacute;, en la remoci&oacute;n de presencia e identidad, en la intempestividad del estar de cuerpo presente con otro:</p> <ol>Al final del Zaratustra, en el momento del "signo", cuando das Zeichen Kommt (cuando sobreviene), distingue Nietzsche, en la mayor proximidad, en un extra&ntilde;o parecido y una complicidad &uacute;ltima, en la v&iacute;spera de la &uacute;ltima separaci&oacute;n, del gran Mediod&iacute;a, al hombre superior (h&ouml;herer Mensh) y al superhombre (&uuml;bermensch). El primero es abandonado a su angustia con un &uacute;ltimo movimiento de piedad. El &uacute;ltimo -que no es el &uacute;ltimo hombre-se despierta y parte, sin volverse hacia lo que deja tras de s&iacute;. Quema su texto y borra las huellas de sus pasos. Su risa estallar&aacute; entonces hacia una vuelta que ya no tendr&aacute; la forma de la repetici&oacute;n metaf&iacute;sica del humanismo ni sin duda en mayor medida, "m&aacute;s all&aacute;" de la metaf&iacute;sica, la del memorial o de la custodia del sentido del ser, la de la casa y de la verdad. Danzar&aacute;, fuera de la casa, esta aktive Vergeszlichkeit, este "olvido activo" y esta fiesta cruel (grausam) de la que habla la Genealog&iacute;a de la moral (Derrida 1989 173-174).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>La remoci&oacute;n de s&iacute; en la danza del ser "fuera de la casa", en el tiempo de la moci&oacute;n de lo infinito, ex-pone el ser inspirado que, en el desahogo de s&iacute;, del peso que la totalidad precipita sobre su contemporaneidad, responde al otro en el encuentro de gestos que desbordan la m&iacute;mesis de la representaci&oacute;n, en la apertura de la remembranza, al mostrar ah&iacute; lo otro de la anamnesis, lo que borra el registro por el movimiento que la provocaci&oacute;n de la danza-escritura instaura tras la disoluci&oacute;n de la memoria por la saturaci&oacute;n y sobresignificaci&oacute;n de lo o&iacute;do, de lo que una vez dicho contramarca y sella en la archiescritura, que clausura el tiempo del aparecer de una voz, de una palabra, de una forma, de una figura, de una imagen en el coraz&oacute;n de la pro-vocaci&oacute;n misma de voces a coraz&oacute;n abierto, sin coartada y a "cuerpo descubierto", en la comprensi&oacute;n heteroest&eacute;sica de la originariedad y su paradoja; pues la re-presentaci&oacute;n del esp&iacute;ritu deja sin aliento, ya que el pensar resuena como el &uacute;ltimo suspiro de quien se despide y saluda desde "la parte del m&aacute;s all&aacute;" (Guimaraes Rosa 1969 69) cuando, como dice Edmond Jab&egrave;s:</p> <ol>Escribir es sentir pasi&oacute;n por el origen; es tratar de llegar al fondo. El fondo siempre es el comienzo. Seguro que tambi&eacute;n, en la muerte, una multitud de fondos constituye lo m&aacute;s escondido; de tal forma que escribir no significa detenerse en la meta, sino sobrepasarla sin cesar (Jab&egrave;s 321).    </ol>     <p>Como la escritura entre dos resurrecciones que Derrida propone desde s&iacute;, m&aacute;s all&aacute; y m&aacute;s ac&aacute;, como Zaratustra al borde de la danza, entre dos eternidades; frente al advenir m&aacute;s abismal, ante el que la risa expresa el &aacute;nimo del h&aacute;lito redoblado de quien se levanta otra vez, cada vez y la &uacute;nica, en la resurrecci&oacute;n diseminada, en la que el tiempo de toda contemporaneidad se desmembra, ya que "el spiritus o logos, en la instancia propiamente humana de la pneumatolog&iacute;a", desarticula la palabra en la voz del coraz&oacute;n que, en cada latir, escribe en el aire mismo lo otro que la provocaci&oacute;n de escritura dona, pues es la transmutaci&oacute;n y metamorfosis del aire, del aliento, la que expresa en un soplo la apertura del signo, del enigma, de la visi&oacute;n, de la imagen que conjura, evoca y celebra un canto que, en la risa, abre los o&iacute;dos a son de tambor batiente, cuando el latir de un coraz&oacute;n hace que la lengua vibre y el soplo del canto evoque la presencia de palabras que, en la desarticulaci&oacute;n esencial de las lenguas, diga lo inaudito entre dos eternidades, en un instante de gracia:</p> <ol>Este pensamiento del don excesivo, del agradecimiento imposible o del mercado anecon&oacute;mico no es quiz&aacute; tan ajeno, en el fondo, al n&uacute;cleo de cuestiones que nos re&uacute;nen durante esta d&eacute;cada. Por &uacute;ltimo, este don -s&eacute;panlo ustedes- me llega al coraz&oacute;n. Llega al coraz&oacute;n de aquello a lo que le tengo cari&ntilde;o, al coraz&oacute;n de aquello por lo que me mantengo, all&iacute; donde el trabajo del pensamiento y de la escritura se mantiene todav&iacute;a en m&iacute;, me mantiene, me mantiene en vida y, por eso, tengo empe&ntilde;o en hablar del coraz&oacute;n, desde el fondo del coraz&oacute;n. Digo, en efecto, con insistencia "me mantiene en vida" pues la vieja palabra vida sigue siendo quiz&aacute; el enigma de lo pol&iacute;tico en torno al cual rondamos sin cesar. Lo que aqu&iacute; me mantiene en vida tiene relaci&oacute;n, en primer lugar, con la amistad. Por la gracia de una amistad del pensamiento, de una amistad ella misma por pensar. En la fidelidad. Y dicha fidelidad, siempre temblorosa, arriesgada, no ser&iacute;a solamente fiel a lo que se llama el pasado, sino quiz&aacute; fiel, si eso es posible, a lo que queda por venir y no tiene todav&iacute;a ni fecha ni rostro (Derrida 2005 20).    </ol>     <p>Frente a la visi&oacute;n del m&aacute;s solitario, el signo en la compleci&oacute;n de la percepci&oacute;n se borra y el "entente", el acuerdo, la concordia de las facultades, sufre la remoci&oacute;n que la fidelidad al pensar trama; al donar la gracia la interrupci&oacute;n, en la que otro adviene al abrir el secreto de su nombre en la impropiedad del compromiso y la responsabilidad, entre la revelaci&oacute;n del prop&oacute;sito m&aacute;s abismal, en el encuentro con el otro inaudito, por venido, revenido, de la parte de antes del m&aacute;s all&aacute;, en la resonancia del silencio del antedecir que Ren&eacute; Char expone al hablar con otro y del otro as&iacute;:</p> <ol>El Ausente</p>     <p>Ese hermano brutal, pero cuya palabra era segura, paciente en el sacrificio, diamante y jabal&iacute;,/ ingenioso y compasivo, se manten&iacute;a en el centro de todos los malentendidos como un &aacute;rbol de resina en el fr&iacute;o inconciliable./ Al bestiario de mentiras que le atormentaba con sus duendes y sus trombas opon&iacute;a su espalda perdida en el tiempo./ Se acercaba a nosotros por senderos invisibles,/ favorec&iacute;a la audacia escarlata, no os contrariaba, sab&iacute;a sonre&iacute;r./ Al igual que la abeja deja el huerto por el fruto ya negro,/ las mujeres sosten&iacute;an sin traicionarla la paradoja de ese rostro que no ten&iacute;a rasgos de reh&eacute;n./ He tratado de describiros a ese c&oacute;mplice indeleble que algunos de nosotros hemos frecuentado./ Dormiremos en la esperanza, dormiremos en su ausencia,/ puesto que la raz&oacute;n no sospecha que lo que denomina, a la ligera, ausencia,/ ocupa el horno en la unidad (Char 1979 31).    </ol>     <p>Entre el vocablo cuya provocaci&oacute;n conmueve cada fibra, al desgranar el llanto la mirada, tras avistar la lejan&iacute;a de la presencia, en la hondura pl&aacute;cida de la puesta en abismo de un signo, descifrado en la escritura que, "donaci&oacute;n en pura p&eacute;rdida" (Blanchot 1992a 21), deja ya algo por decir en la supervivencia de la palabra; aliento redoblado que en el tiempo abre fisuras por la fuerza de la interpelaci&oacute;n, de la llamada en la pregunta, sobre qu&eacute; y qui&eacute;n, entre las gram&aacute;ticas que sostienen las estructuras de artes de respuestas y preguntas, que entre la proliferaci&oacute;n de lenguas podr&iacute;a constituir, en su diseminarse, una ret&oacute;rica de la profec&iacute;a, parad&oacute;jica en s&iacute; misma, debido a la sobreabundancia que el car&aacute;cter de su expresi&oacute;n le confiere, pero ultraviviente en los sentidos inauditos de su exposici&oacute;n en la que la gloria del testimonio, fuera de la fascinaci&oacute;n que la imagen de otro provoca, se presenta en la gracia de un decir que en el tiempo de la exposici&oacute;n misma permite tocar el semblante de otro, su carisma, su &aacute;ngel, y que en esta dimensi&oacute;n singular del encuentro corresponde y se relaciona con lo que Henry Corbin, pr&oacute;ximo a la tradici&oacute;n suf&iacute;, propone como "el encuentro con el &aacute;ngel", momento que, desde los relatos visionarios de Sohravard&icirc;, le permite una comprensi&oacute;n de la presencia a partir del ser-estar-con-otro, en los t&eacute;rminos de una "fenomenolog&iacute;a de la conciencia ang&eacute;lica", y que aqu&iacute; se deriva hacia las riberas de lo que se concibe como fenomenolog&iacute;a de la conciencia ext&aacute;tica, en la que el tiempo de la apertura de la conciencia desborda la autoconciencia que la afirmaci&oacute;n del ser sobre s&iacute; impone en la resoluci&oacute;n de la ipseidad, en tanto fundamento de la soberan&iacute;a de la presencia frente a la que la desistencia responde en la conmoci&oacute;n del contacto, y que permite pensar la hospitalidad y su relaci&oacute;n con la amistad en la relaci&oacute;n de los seres en la evasi&oacute;n:</p> <ol>Furtivamente, me deslic&eacute; hacia fuera, de modo que, a&uacute;n cojeando ligeramente por mis ataduras, termin&eacute; por ganar el camino del desierto. Y all&iacute;, en el desierto, vi a una persona que caminaba pr&oacute;xima a m&iacute;. Fui a su encuentro y la abord&eacute; con un saludo. Con gracia y delicadeza perfectas, me devolvi&oacute; el saludo. Observando el color rojo cuyo resplandor le te&ntilde;&iacute;a el rostro y la cabellera, cre&iacute; estar en presencia de un adolescente (Sohravard&icirc; 2002 50).    </ol>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Momento del encuentro que, tras la revelaci&oacute;n del otro como &aacute;ngel, permite comprender al narrador la magnitud de tal relaci&oacute;n que, tras la descripci&oacute;n de la moci&oacute;n de la luz a partir de la temporalidad que sostiene el ritmo de la diseminaci&oacute;n del color en relaci&oacute;n con el cuerpo glorioso del otro, y tras la descripci&oacute;n macro y microc&oacute;smica del lugar del ser correspondiente a su presencia, provoca una moci&oacute;n de la conciencia que disloca la presencia en el encuentro-con-otro que se resuelve en la concepci&oacute;n del ser-ang&eacute;lico como aquel que permanece en la ausencia, pues el tiempo de su presentaci&oacute;n corresponde a la apertura que el encuentro con la alteridad produce y que en la pre-dicci&oacute;n va a ofrecer la disposici&oacute;n del di&aacute;logo en y con lo desconocido, seg&uacute;n constata la voz del otro que abre el silencio del narrador.</p> <ol>-Yo : Oh sabio, &iquest;de d&oacute;nde vienes?    <br> -El sabio: Vengo de m&aacute;s all&aacute; de la monta&ntilde;a de Q&acirc;f. All&iacute; est&aacute; mi morada.    <br> Tambi&eacute;n tu nido estuvo anta&ntilde;o all&iacute;, pero &iexcl;ay! Lo has olvidado.    <br> -Yo : Pero aqu&iacute; &iquest;cu&aacute;l puede ser tu ocupaci&oacute;n?    <br> -El sabio: Soy un perpetuo peregrino. Viajo sin cesar alrededor del mundo,    <br> contemplando sus maravillas (Sohravard&icirc; 51).    </ol>     <p>El peregrino que en el relato visionario de Sohravard&icirc; titulado El arc&aacute;ngel te&ntilde;ido de p&uacute;rpura es el doble, el paredro celestial que disloca la unidad y desfasa la identidad del sujeto en el encuentro tras la traves&iacute;a en el desierto, luego de contar al narrador los detalles correspondientes a la contemplaci&oacute;n de las maravillas que el viaje incesante expone, enfatiza la dificultad del camino a recorrer, pues se trata de reversar el paso y la huella, tal como el danzante que avanza en el camino, fuera de la casa, y que quema el texto y borra la huella al antecederse en la producci&oacute;n del paso y que permite pensar en la desconstrucci&oacute;n del m&eacute;todo, en su apertura, en el desv&iacute;o que se relaciona con la evasi&oacute;n como vivencia de la libertad a partir de la desistencia, frente a la soberan&iacute;a de la raz&oacute;n, para en la p&eacute;rdida de la autonom&iacute;a acoger lo otro que ser y que expone la diferencia en el haz del gesto que la faz del rostro desborda en la inversi&oacute;n de la imagen que se presenta en el saludo y en la pregunta: "&iquest;de d&oacute;nde vienes?", a lo que el peregrino incesante en la errancia gozosa podr&iacute;a exponer en la moci&oacute;n ext&aacute;tica del "psiquismo en tanto grano de locura" a la relaci&oacute;n de semejanza a partir de la desigualdad esencial que el encuentro consigo y el otro trama, y que desborda el ser-a-la-muerte:</p> <ol>Por eso, en verdad, ning&uacute;n hombre vivo tiene a&uacute;n semejanza. En los raros momentos en que un hombre muestra similitud consigo mismo nos parece solamente m&aacute;s lejano, cercano a una peligrosa regi&oacute;n neutra, extraviado en s&iacute;, su propio aparecido, no teniendo ya m&aacute;s vida que la del retorno (Blanchot 1992b 247).    </ol>     <p>La vida del retorno, la ultravida del sobreviviente expone de esta manera una comprensi&oacute;n del presente y de la presencia en tanto extra&ntilde;eza, pues como destaca Patricio Pe&ntilde;alver (1998): "Ser temporal es tener tiempo, tener todav&iacute;a tiempo, poder aplazar la muerte, ser contra la muerte" (58); ser en la donaci&oacute;n del tiempo de la escritura en pura p&eacute;rdida, que implica una desconstrucci&oacute;n del principio poi&eacute;tico de la concepci&oacute;n de originariedad y originalidad, de la causalidad y el efecto, en sus relaciones con la creaci&oacute;n, ya que, en la fecundidad, la exposici&oacute;n del ser en la presencia de otro va a encontrar su expresi&oacute;n en el hijo, extra&ntilde;o entra&ntilde;able que disloca el tiempo del ser y el ser del tiempo:</p> <ol>El tiempo infinito, el tiempo discontinuo de la fecundidad, triunfa sobre el envejecimiento y la mortalidad, en la medida en que es posibilidad permanente de recomenzar. En este sentido el perd&oacute;n es la "obra misma del tiempo". O tambi&eacute;n: "La paradoja del perd&oacute;n de la falta remite al perd&oacute;n como constituyendo el tiempo mismo". Infinitud, fecundidad, discontinuidad, perd&oacute;n: esta serie de conceptos, que hacen concreta y visible la socialidad del tiempo, lleva coherentemente al concepto de resurrecci&oacute;n, la resurrecci&oacute;n como la verdad de cada instante (Pe&ntilde;alver 58).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ol>     <p>La subversi&oacute;n que desborda la presencia en el tiempo de la resurrecci&oacute;n permite el levantamiento de la evasi&oacute;n. De esta manera, la ultra-revoluci&oacute;n ontol&oacute;gica no afirma al ser sobre s&iacute; y no resuelve el encuentro, al orillar el ser al consuelo metaf&iacute;sico de la melancol&iacute;a suicidaria o al nihilismo; m&aacute;s bien reinvierte el tiempo de la presencia al desfondar la ausencia de s&iacute;, en el "desfase ins&oacute;lito, de un aflojamiento de la identidad" (Levinas 1987 126) en el que la hospitalidad se pretende como la vivencia del tiempo del perd&oacute;n:</p> <ol>El psiquismo del alma es el otro en m&iacute;; es una enfermedad de la identidad acusada, y el mismo para el otro, mismo tambi&eacute;n por el otro. Es un qui pro quo, substituci&oacute;n, extraordinario, ni enga&ntilde;o ni verdad, inteligibilidad previa a la significaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n derrocamiento del orden del ser tematizable en lo Dicho, de la simultaneidad y la reciprocidad de las relaciones dichas. Una significaci&oacute;n que s&oacute;lo es posible como encarnaci&oacute;n. La animaci&oacute;n, el propio pneuma del psiquismo, la alteridad dentro de la identidad es la identidad de un cuerpo que se expone al otro, que se hace "para el otro", la posibilidad misma de dar. La dualidad no asimilable de los elementos que componen este tropo es la dia-cron&iacute;a del uno-para-el-otro, la significancia de la inteligibilidad no referible a la presencia o a la simultaneidad de la esencia que ser&iacute;a su merma (Levinas 1987 126).    </ol>     <p>En la sustracci&oacute;n de esencia y tras la p&eacute;rdida de la presencia entre el tiempo de la exposici&oacute;n que desborda el &eacute;xtasis mismo y la s&iacute;ntesis de la temporalidad que el gozo del sentido provoca, al inteligir a otro fuera de la tematizaci&oacute;n y la significaci&oacute;n, cuando el desfase y el aflojamiento inauditos de la identidad conllevan la dislocaci&oacute;n de la raz&oacute;n y su p&eacute;rdida que, en la remoci&oacute;n y solicitud de comunicaci&oacute;n, va a desbordar la propiedad que sostiene la comprensi&oacute;n, cimentada en una lengua m&iacute;tica y prof&eacute;tica a la vez, y que en la temporalidad del pro-nunciar, del pro-vocar, va a inaugurar la exposici&oacute;n del ser fuera de la morada del significado, para que en la significancia, en la apertura del designio y el sentido, la desistencia invierta la econom&iacute;a del imperativo categ&oacute;rico al desconstituir el mandato en la provocaci&oacute;n del ruego, en la oraci&oacute;n y dispersi&oacute;n de voces presente en la equivocidad diferencial del habla, expuesta al hablar-pensar-con-el-otro. Como en la experiencia que Michal Govrin expone:</p> <ol>Decid&iacute; con urgencia impulsiva, con una urgencia f&iacute;sica, era un impulso corporal; lo que pretend&iacute;a era orar, o al menos orar de la forma que conozco. Y la &uacute;nica v&iacute;a es a trav&eacute;s de la escritura. La memoria que advino esa ma&ntilde;ana fue expuesta, en el orar y el lugar donde eso se origin&oacute; para m&iacute;. Lo que entiendo, est&aacute; aqu&iacute; hoy, fue escrito entre la v&iacute;a, fue proustiano, en busca del tiempo perdido, pero despu&eacute;s del Holocausto, en la lejan&iacute;a de la memoria perdida y en la existencia de una id&iacute;lica unidad. La escritura fue una investigaci&oacute;n en la oculta identidad, entre lo &iacute;ntimo del car&aacute;cter, su memoria, su cuerpo-memoria: trazas de un gritar interior, enterrado, de un orar sofocado (Govrin 1998 27-28).    </ol>     <p>L&iacute;neas tras las que dice que le cuesta hablar de su trabajo, de su escritura, y que tratar&aacute; de hacerlo al pretender provocar entre los asistentes una audici&oacute;n de lo esencial, y de forma m&aacute;s puntual, del sabor, el cuerpo del lenguaje, su son, su condimento. Hecho tras el que narra las particularidades de un "viaje por tierras de ilusi&oacute;n", t&iacute;tulo de una larga carta dirigida a sus padres, escrita tras recorrer las tierras de la memoria, de un holocausto del que su madre es sobreviviente. Situaci&oacute;n que afianza una comprensi&oacute;n de la comunicaci&oacute;n que sobrepasa la lengua y que expresa, otra vez, de esta manera:</p> <ol>Se trataba de otro saber, otro conocer, ese conocimiento o pre-conocimiento y pre-lenguaje, transmitido en los millares de lenguajes que conectan a un ni&ntilde;o y sus padres sin palabras. Un conocimiento que yace como una nube oscura sobre el horizonte. Aterrador y seductor (Govrin 32).    </ol>     <p>La in-comunicaci&oacute;n esencial que precede la escritura se puede apreciar aqu&iacute;, en la resoluci&oacute;n que la desarticulaci&oacute;n de la lengua abre, para la posibilidad de una comprensi&oacute;n diferente en su decir que, al con-versar, permite expresar un pensamiento, entre la experiencia de la reducci&oacute;n del lugar que desborda el fundamento mismo, en la inversi&oacute;n categ&oacute;rica de la palabra po&eacute;tica, y que en la remoci&oacute;n ontol&oacute;gica del sentido y que el sentido provoca va a permitir una exposici&oacute;n de escritura que va a dislocar en el sentido mismo la presencia y la memoria.</p>     <p>Momento que se propone como la comprensi&oacute;n poem&aacute;tica del di&aacute;logo, en el que la temporalidad de la creaci&oacute;n va a configurar las trazas de una est&eacute;tica de la ausencia del ser a partir de la proximidad de lo radicalmente otro. Situaci&oacute;n de la singularidad en la que la nada y la muerte podr&iacute;an ser los correlatos del texto posible, pero que revelan su insuficiencia frente a la palabra pro-puesta, tras la dislocaci&oacute;n de la pre-visi&oacute;n del sentido, pues ya no se trata en la experiencia del di&aacute;logo y la conversaci&oacute;n con otro, de la auto-referencialidad de una teor&iacute;a de la comunicaci&oacute;n restringida a la comprensi&oacute;n de todo, de la totalidad, sino de la exterioridad que la est&eacute;tica de la po&eacute;tica singular de un pensador-escritor propone en tanto lugar de la donaci&oacute;n de sentido, y que va a distinguir el estilo de la traza a partir del espaciamiento del cuerpo del orador, como apertura de la reducci&oacute;n del lugar, reflejado en el escarceo, en el vaiv&eacute;n del sentido que, como el oleaje de un mar desconocido, abraza la pronunciaci&oacute;n del vocablo, la cifra diseminada y la escala en un cantar del ser entre el tiempo, m&aacute;s ac&aacute; del sentido, m&aacute;s all&aacute; del pensamiento, en la moci&oacute;n de un tiempo del pensar que desmembra toda contemporaneidad (Bennington 1994 32), y que conlleva la experiencia del sentido en el ser de otro modo en el que el "otrarse" no corresponde a la relaci&oacute;n mim&eacute;tica o de participaci&oacute;n con el otro en la fusi&oacute;n comunional, m&aacute;s bien en lo que, tras la "desnucleaci&oacute;n del mundo sustancial del Yo", en el v&oacute;rtice de la remoci&oacute;n ontol&oacute;gica del ser, Duchesne-Winter (2005) expone como la "fuga incomunista" de la vida misma en la evasi&oacute;n y desistencia de presencia que desaparece, no en la trascendencia de un ultramundo posible, sino que se expone en un presente en tanto don y ofrenda que el tiempo del perd&oacute;n re-suelve, en la remoci&oacute;n de los fundamentos que sostienen la anamnesis, presentes en la verdad justa y en la justa verdad; movimientos que, expuestos en la configuraci&oacute;n de la aletheia, van a llevar &eacute;sta a la remoci&oacute;n del bien y la virtud, por la precipitaci&oacute;n de la relaci&oacute;n &eacute;tica con otro, diferente, en el encuentro con otro en la encrucijada de la hospitalidad, en la que el tiempo del perd&oacute;n desborda el tiempo de la verdad en la relaci&oacute;n justa con lo desconocido.</p>  <hr>      <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Arguedas, Jos&eacute; Mar&iacute;a. Relatos Completos. Madrid: Alianza, 1983.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-1263201100020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bennington, Geoffrey &amp; Derrida, Jacques. Circonfesi&oacute;n. Madrid: C&aacute;tedra, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-1263201100020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Blanchot, Maurice. El libro que vendr&aacute;. Caracas: Monte &Aacute;vila, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-1263201100020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . El di&aacute;logo inconcluso. Caracas: Monte &Aacute;vila, 1970.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0120-1263201100020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . La comunidad inconfesable. M&eacute;xico: Vuelta, 1992a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-1263201100020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>______ . El espacio literario. Barcelona: Paid&oacute;s, 1992b.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-1263201100020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Celan, Paul. Obras completas. Madrid: Trotta, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-1263201100020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Char, Ren&eacute;. Furor y misterio. Madrid: Visor, 1979.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-1263201100020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Derrida, Jacques. M&aacute;rgenes de la filosof&iacute;a. Madrid: C&aacute;tedra, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-1263201100020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . La escritura y la diferencia. Barcelona: Anthropos, 1989.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-1263201100020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>______ . Canallas. Dos ensayos sobre la raz&oacute;n. Madrid: Trotta, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-1263201100020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Derrida, Jacques &amp; Dufourmantelle, Anne. La hospitalidad. Buenos Aires: Ediciones de la flor, 2006.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-1263201100020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Duchesne-Winter, Juan. Ciudadano insano y otros ensayos bestiales sobre cultura y literatura contempor&aacute;neas. Puerto Rico: Ediciones callej&oacute;n, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-1263201100020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . Fugas incomunistas. Ensayos. San Juan de Puerto Rico: Ediciones V&eacute;rtigo, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-1263201100020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Esposito, Roberto. Confines de lo pol&iacute;tico. Madrid: Trotta, 1996.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-1263201100020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Gauthier, David. "Levinas and the politics of hospitality". History of Political Thought. 28. 1 (2007): 158-180.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-1263201100020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Govrin, Michal. Shapiro, David. Derrida, Jacques. Body of prayer. The Irwin S. Chaninschool of architecture. Of the cooper union for the advancement of science &amp; art. Ed. Kim Shkapich, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-1263201100020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Guimaraes Rosa, Jo&atilde;o. Primeras Historias. Barcelona: Seix Barral, 1969.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-1263201100020000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Heidegger, Martin. El ser y el tiempo. M&eacute;xico: F.C.E., 1988.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-1263201100020000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Jab&egrave;s, Edmond. El Libro de la hospitalidad. M&eacute;xico: Editorial Aldus, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0120-1263201100020000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Lacoue-Labarthe, Philippe. La ficci&oacute;n de lo pol&iacute;tico. Heidegger, el arte y la pol&iacute;tica. Madrid: Arena Libros, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0120-1263201100020000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Levinas, Emmanuel. De otro modo que ser o m&aacute;s all&aacute; de la esencia. Salamanca: S&iacute;gueme, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0120-1263201100020000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>______ . De la evasi&oacute;n. Madrid: Arena Libros, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0120-1263201100020000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Nancy, Jean-Luc. La comunidad desobrada. Madrid: Arena Libros, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0120-1263201100020000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Nietzsche, Friedrich. El Anticristo. Bogot&aacute;: C&iacute;rculo de Lectores, 1987.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0120-1263201100020000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Pe&ntilde;alver, Patricio. "Del tiempo finito al tiempo infinito". Revista Anthropos. 176 (1998): 54-59.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0120-1263201100020000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Sohravard&icirc;, Sih&acirc;bodd&icirc;nYahy&acirc;. El encuentro con el &Aacute;ngel. Tres relatos visionarios comentados y anotados por Henry Corbin. Madrid: Trotta, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0120-1263201100020000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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