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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL ANHELO DE DIOS EN LA OBRA DE MIGUEL DE UNAMUNO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Miguel de Unamuno's work arises constantly, through a paradoxical language, the problema of God; especially in his work Del Sentimiento trágico de la vida (The Tragic sense of Life). Such a problem is arisen in the light of two perspectives: the one of a thought God and the one of a felt God. In both cases we find a personal God, which is found via experiential intuition and withdrawal. Some similarities with san Juan de la Cruz are recognized, mainly, the mystic privilege of feeling over understanding and of experience over rationality.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">       <p>    <center><font size="4"><b>EL ANHELO DE DIOS EN LA OBRA DE MIGUEL DE UNAMUNO</b></font></center></p>      <p>    <center><font size="3"><b>DESIRE OF GOD IN MIGUEL DE UNAMUNO'S WORK</b></font></center></p>      <p>    <center>Luis Fernando Fern&aacute;ndez Ochoa*</center></p>      <p><sup>*</sup>Doctor en Filosof&iacute;a y Letras por la Universidad Pontificia de Salamanca (Espa&ntilde;a). Director y profesor interno de la Facultad de Filosof&iacute;a de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del Grupo de Investigaci&oacute;n <i>Religi&oacute;n y cultura </i>de la Escuela de Teolog&iacute;a, Filosof&iacute;a y Humanidades de la Universidad Pontificia Bolivariana. El presente art&iacute;culo es resultado del proyecto de investigaci&oacute;n <i>Fenomenolog&iacute;a y teolog&iacute;a: el giro teol&oacute;gico de la filosof&iacute;a </i>CIDI UPB-2012.    <br> Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:luis.fernandez@upb.edu.co">luis.fernandez@upb.edu.co</a></p>     <p>Art&iacute;culo recibido el 11 de marzo de 2012 y aprobado para su publicaci&oacute;n el 28 de junio de 2012.</p>  <hr>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>RESUMEN</b></font></p>                                                        <p>Mediante un lenguaje paradojal, la obra de Miguel de Unamuno plantea de modo recurrente la cuesti&oacute;n de Dios, especialmente en el libro <i>Del sentimiento tr&aacute;gico de la vida</i>. Lo plantea bajo dos perspectivas: la del Dios pensado y la del Dios sentido. En ambos casos se trata de un Dios personal cuyo encuentro tiene lugar por v&iacute;a de la intuici&oacute;n vivencial y el recogimiento.  Se reconocen all&iacute; coincidencias con San Juan de la Cruz, y en general, con la m&iacute;stica al privilegiar el sentimiento frente al entendimiento, la vivencia frente a la racionalidad.      <p><b>Palabras clave: </b> Dios, Anhelo, Recogimiento, Angustia, Eternidad.  <hr>       <p><font size="3"><b>ABSTRACT</b></font></p>       <p> Miguel de Unamuno's work arises constantly, through a paradoxical language, the problema of God; especially in his work <i>Del Sentimiento tr&aacute;gico de la vida</i> (The Tragic sense of Life). Such a problem is arisen in the light of two perspectives: the one of a thought God and the one of a felt God. In both cases we find a personal God, which is found via experiential intuition and withdrawal. Some similarities with san Juan de la  Cruz are recognized, mainly, the mystic privilege of feeling over understanding and of experience over rationality.</p>                       <p><b>Key words: </b>God, Desire, Withdrawal, Anxiety, Eternity. </p>                         <hr>                 <p>Los problemas de Dios y del hombre son las dos caras del tema de fondo de Miguel de Unamuno, quien expl&iacute;cita o impl&iacute;citamente se ocupa de &eacute;l en su <i>Diario &iacute;ntimo</i>, en sus cartas, novelas, ensayos, obras dram&aacute;ticas, y de manera muy especial, en sus escritos po&eacute;ticos que es donde mejor podemos captar su profundo anhelo de Dios, unas veces sereno y confiado, y otras angustioso y desgarrado.</p>                          <p>Las poes&iacute;as de Unamuno dan cuenta de lo que &eacute;l ve&iacute;a, tal como lo ve&iacute;a y lo sent&iacute;a, que al fin y al cabo para &eacute;l eran una y la misma cosa, como lo expres&oacute; en su "Credo po&eacute;tico", donde dijo: "Piensa el sentimiento, siente el pensamiento", y m&aacute;s a&uacute;n: "lo pensado es, no lo dudes, lo sentido" (1999 13); idea a la que retorna en la poes&iacute;a titulada "Para despu&eacute;s de mi muerte" (<i>Id</i>. 19), donde vemos que meditar y so&ntilde;ar son dos formas de contemplar.</p>      <p>Miguel de Unamuno y Jugo estudi&oacute; Filosof&iacute;a y Letras en la Universidad Central de Madrid, culminando con el t&iacute;tulo de Doctor, y era de esperarse que fuera un fil&oacute;sofo convencional, pero en lugar de ello su trayectoria vital lo condujo a la heterodoxia filos&oacute;fica, que no fue m&aacute;s que una rebeli&oacute;n contra la erudici&oacute;n vac&iacute;a de contenido vital y un retorno a la significaci&oacute;n original de la palabra "filosof&iacute;a" entendida como b&uacute;squeda de la sabidur&iacute;a.</p>      <p>&Eacute;l, que se desempe&ntilde;aba como catedr&aacute;tico de l&oacute;gica y de griego, en su obra literaria se propuso ser il&oacute;gico e inclasificable a los ojos de la gente, buscando que entre sus diversos actos y palabras no hubiera m&aacute;s que un solo principio de unidad: ser &eacute;l mismo, devolviendo cualquier sonido que a &eacute;l viniera pero reforz&aacute;ndolo con su propio timbre (<i>cf</i>. Unamuno 1966 361). Inspirado en la concepci&oacute;n tomista seg&uacute;n la cual cada &aacute;ngel constituye una especie por carecer de materia o principio de individuaci&oacute;n, y aprovechando la coincidencia entre su nombre y el del pr&iacute;ncipe de los Arc&aacute;ngeles, San Miguel, se autodefini&oacute; as&iacute;: "Yo, Miguel de Unamuno, soy especie &uacute;nica". Lo dijo y lo cumpli&oacute;, puesto que religiosa, pol&iacute;tica, literaria y filos&oacute;ficamente rehus&oacute; adherirse con devocional obediencia a cualquiera facci&oacute;n o grupo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Don Miguel no quer&iacute;a dejarse encorsetar, y no por falta de orientaci&oacute;n sino por la amplitud de sus horizontes. A &eacute;l no le preocupaban los "ismos", pero sus coet&aacute;neos y sus estudiosos s&iacute; se han esforzado por saber si era poeta, ensayista o dramaturgo. Se preguntan si fue o no un fil&oacute;sofo y, de haberlo sido, de qu&eacute; tipo fue: vitalista, existencialista o pragm&aacute;tico; discuten si era creyente o si no lo era, y en ese caso si fue luterano o cat&oacute;lico; si era pante&iacute;sta, agn&oacute;stico o ateo; si era modernista, iconoclasta o algo por el estilo. De hecho, un lector de sus obras le escribe desde Chile una carta en la que le ruega que le aclare qu&eacute; es, a la cual Don Miguel le responde que siente informarle que en su tienda no venden "ismos", pero que si tanto le urge ponerle alguno le sugiere situarlo en el escepticismo, entendida esta postura como la propia de quien se dedica a buscar.</p>      <p>Ese af&aacute;n por no dejarse clasificar le ven&iacute;a de su valoraci&oacute;n de la extravagancia entendida como extra-vagar (<i>cf</i>. Unamuno 1966), vagar por los senderos menos trasegados, salirse de las avenidas concurridas por los pensadores ce&ntilde;idos a los c&aacute;nones acad&eacute;micos e incursionar en las veredas solitarias del pensamiento y el sentimiento, adem&aacute;s de una aguzada coherencia con la direcci&oacute;n filos&oacute;fica que decidi&oacute; emprender y que podr&iacute;amos llamar "<i>intuici&oacute;n vivencial</i>".</p>      <p>Unamuno discurr&iacute;a penetrando en la realidad no s&oacute;lo con la raz&oacute;n sino tambi&eacute;n con los sentidos, con su coraz&oacute;n, con sus v&iacute;sceras y con todo su ser (Padilla Novoa 1985 40). De ah&iacute; que en cada intuici&oacute;n est&eacute; implicada la persona entera, porque conocer con el coraz&oacute;n es ir m&aacute;s all&aacute; de la inteligibilidad racional, es implicar todo mi ser en el acto de comprender; por eso los conocimientos del coraz&oacute;n son inefables, de donde se sigue que los conceptos no son enteramente adecuados para transmitir lo que se ha captado por v&iacute;a cordial sin desvirtuarlo. Por eso Unamuno acude a la novela para convertir ideas en personajes, o a la poes&iacute;a, en la cual puede expresar libremente sentimientos, emociones, sensaciones, deseos, repugnancias, voces y gestos, instintos, raciocinios, esperanzas, recuerdos, goces y dolores (<i>cf</i>. 1999 19), mediante los cuales trata de sujetar a sus entra&ntilde;as las verdades del esp&iacute;ritu (<i>Id</i>. 14).</p>      <p>La intuici&oacute;n vivencial llev&oacute; al pensador bilba&iacute;no a expresar sus sentimientos mediante afirmaciones paradojales, muy a la manera de San Juan de la Cruz. Por ello alguna vez, siendo ya Rector de la Universidad de Salamanca, en un acto p&uacute;blico proclama su falta de fe, lo cual desata la indignaci&oacute;n del obispo Tom&aacute;s C&aacute;mara y Castro, quien lo reprende, a lo cual repone Don Miguel con la siguiente sutileza: No tengo fe porque "es mi constante y confesado empe&ntilde;o hacerme m&aacute;s cristiano cada vez". Esta afirmaci&oacute;n paradojal significa que para nuestro pensador la experiencia de fe no puede ser reducida a esquemas transaccionales porque no se trata de una posesi&oacute;n, sino de una aventura, una b&uacute;squeda, un camino y un di&aacute;logo que, en ocasiones, se vuelve un grito <i>de profundis</i>; por eso el aut&eacute;ntico creyente no tiene fe sino que vive en la fe y de la fe.</p>      <p>La v&iacute;a cordial afirma que el racionalismo no tiene la &uacute;ltima palabra, que la realidad es mucho m&aacute;s profunda de lo que la mera raz&oacute;n puede captar, y que a lo inconmensurable s&oacute;lo se accede perdi&eacute;ndose en el sendero del misterio y aneg&aacute;ndose en el fondo del silencio, con el coraz&oacute;n abierto (<i>cf</i>. Unamuno 1999 12). Por este motivo la de Unamuno es una <i>palabra saludable</i>, un meditar esperanzado (aunque su matriz sea ag&oacute;nica y tr&aacute;gica), un meditar anhelante de sentido, con hambre de eternidad y sed de infinitud.</p>      <p>En <i>Amor y pedagog&iacute;a</i>, escrito en 1902, describe su meditar como una reposada exploraci&oacute;n de las "profundas cavernas del sentido" (1994 300), expresi&oacute;n que alude claramente a la <i>Llama de amor viva</i> de San Juan de la Cruz (1993 81); de ah&iacute; que meditar sea penetrar en esas profundas cavernas -al igual que el santo- "Sin arrimo y con arrimo&hellip; sin luz y a oscuras viviendo" (<i>Id</i>. 86), con el alma desasida de toda cosa criada y "s&oacute;lo en su Dios arrimada" (<i>Ib&iacute;d</i>); de ah&iacute; que le recomiende a sus lectores seguir la misma direcci&oacute;n de sus meditaciones:</p>  <ol>Rec&oacute;gete, lector, en ti mismo, y enmudezcan las cosas y no te den sonido, envolvi&eacute;ndote en el silencio; se te derritan de entre las manos los objetos asideros, se te escurra de bajo los pies el piso, se te desvanezcan como en desmayo los recuerdos, se te vaya disipando todo en nada, y disip&aacute;ndote tambi&eacute;n t&uacute;, y ni aun la conciencia de la nada te quede siquiera como fant&aacute;stico agarradero de una sombra (Unamuno 1984 29).    </ol>      <p>Pero &iquest;qu&eacute; es realmente lo que busca y lo que anhela Unamuno? Una lectura atenta de su obra nos permite descubrir dos niveles en lo referente al tema de Dios: un <i>nivel filos&oacute;fico</i> en el que busca un Dios personal que le garantice la inmortalidad, la perduraci&oacute;n; y un nivel vivencial que lo pone en relaci&oacute;n -siempre personal- con Dios y le confiere sentido a su existencia.</p>      <p>Exploremos el primer nivel, en el que encontramos lo que Unamuno pens&oacute; de Dios. En 1913 publica <i>Del sentimiento tr&aacute;gico de la vida en los hombres y en los pueblos</i>, obra en la que vemos su preocupaci&oacute;n por el hombre: "El hombre, no lo humano, ni la humanidad, sino el sustantivo concreto: el hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere -sobre todo, muere-, el que come, y bebe, y juega, y duerme, y piensa, y quiere: el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano" (1984 5).</p>      <p>M&aacute;s adelante, en un cap&iacute;tulo titulado "El hambre de inmortalidad", confiesa que el morir le preocupa y que el morir del todo le aterra: "No quiero morirme, no; no quiero, ni quiero quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo, este pobre yo que me soy y me siento ser ahora y aqu&iacute;, y por eso me tortura el problema de la duraci&oacute;n de mi alma, de la m&iacute;a propia" (1984 31).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esa preocupaci&oacute;n por la perduraci&oacute;n del hombre nos remite a lo que anhela Unamuno: "ser siempre, sin t&eacute;rmino" (1984 31); as&iacute; que, desde este primer nivel, el nivel del <i>Dios pensado</i>, su "hambre de Dios" (<i>Id</i>. 30) sea "sed de eternidad" (<i>Id</i>. 28); de ah&iacute; que frente al pensamiento racionalista que considera a la inmortalidad del alma una "perniciosa superstici&oacute;n" (<i>Id</i>. 61) y que, por tanto, contradice su anhelo de inmortalidad personal (<i>Id</i>. 58), su fe no consista tanto en creer sino, m&aacute;s bien, en la faena de crear a su Dios inmortalizador (<i>Id</i>. 34).</p>      <p>&iquest;Significa esto que Dios sea tan s&oacute;lo un artificio que le sirve al bilba&iacute;no para consolarse ante la ineluctable disoluci&oacute;n de yo? No lo creo, porque Unamuno no era ning&uacute;n tonto como para tomarse un placebo a sabiendas y sentirse aliviado. A mi juicio, se trata de una aguda iron&iacute;a contra los acad&eacute;micos que, pose&iacute;dos de la rabia de no poder creer, padec&iacute;an la <i>irritaci&oacute;n</i> del odio antiteol&oacute;gico (<i>cf</i>. 1984 62), es decir, esa grosera brutalidad (<i>Ib&iacute;d</i>) que convierte a los hombres en "eunucos espirituales" (<i>Id</i>. 65) y que no consigue entender que la ciencia puede satisfacer nuestros deseo de conocer, pero no satisface nuestras necesidades afectivas y volitivas, ni nuestra hambre de inmortalidad (<i>Id</i>. 67), ni nos proporciona alicientes de vida y m&oacute;viles de acci&oacute;n (<i>Id</i>. 65).</p>      <p>Por ello, frente a los rabiosos cientificistas prisioneros de la l&oacute;gica (<i>cf</i>. 1984 59) y hostiles a la fe, Unamuno se declara en rebeli&oacute;n, y es entonces cuando dice: "&iexcl;No! No me someto a la raz&oacute;n y me rebelo contra ella y tiro a crear, en fuerza de fe, a mi Dios inmortalizador y a torcer con mi voluntad el curso de los astros" (<i>Id</i>. 34), y como alternativa al racionalismo propone el sue&ntilde;o: "&iquest;Qu&eacute; sue&ntilde;o&hellip;? Dejadme so&ntilde;ar; si ese sue&ntilde;o es mi vida, no me despert&eacute;is de &eacute;l" (<i>Id</i>. 33).</p>      <p>Acto seguido se refiere a lo que cree, en el nivel del pensamiento: "Creo en el inmortal origen de este anhelo de inmortalidad, que es la sustancia misma de mi alma. &iquest;Pero de veras creo en ello&hellip;? '&iquest;Y para qu&eacute; quieres ser inmortal?' -me preguntas-. &iquest;Para qu&eacute;? No entiendo la pregunta, francamente, porque es preguntar la raz&oacute;n de la raz&oacute;n, el fin del fin, el principio del principio. Pero de estas cosas no se puede hablar" (1984 33), s&oacute;lo se puede vivir, amar y esperar (<i>Id</i>. 30; 116-132).</p>      <p>Pasemos al segundo nivel, el del <i>Dios sentido</i>. En este nivel vivencial Unamuno se aleja de la concepci&oacute;n de Dios como idea (<i>cf</i>. Abell&aacute;n 2002 46). Muy a la manera de San Juan de la Cruz nos muestra que mientras anduvo por los campos de la raz&oacute;n no logr&oacute; hallarlo. Recordemos lo que dice el santo carmelita y luego escuchemos a nuestro pensador.</p>      <p>En el <i>Monte de la Perfecci&oacute;n o Monte Carmelo</i> escribe San Juan de la Cruz (140):</p>  <ol><i>Cuanto m&aacute;s tenerlo quise,    <br>  con tanto menos me hall&eacute;.    <br>  Cuanto m&aacute;s buscarlo quise,    <br>  con tanto menos me hall&eacute;.    <br>  Cuanto menos lo quer&iacute;a,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  T&eacute;ngolo todo sin querer.</i>    </ol>      <p>Como siguiendo este camino, Unamuno escribe:</p>  <ol>Mientras peregrin&eacute; por los campos de la raz&oacute;n a busca de Dios, no pude encontrarle porque la idea de Dios no me enga&ntilde;aba, ni pude tomar por Dios a una idea, y fue entonces, cuando erraba por los p&aacute;ramos del racionalismo, cuando me dije que no debemos buscar m&aacute;s consuelo que la verdad, llamando as&iacute; a la raz&oacute;n, sin que por eso me consolara. Pero al ir hundi&eacute;ndome en el escepticismo racional de una parte y en la desesperaci&oacute;n sentimental de otra, se me encendi&oacute; el hambre de Dios y el ahogo de esp&iacute;ritu me hizo sentir con su falta su realidad. Y quise que haya Dios, que exista Dios. Y Dios no existe, sino m&aacute;s bien sobre-existe y est&aacute; sustentando nuestra existencia, existi&eacute;ndonos (1984 106).    </ol>      <p>Unamuno distingue entre el "Dios l&oacute;gico o racional" y el "Dios cordial o sentido" (1984 107). El primero es el Dios de los "razonadores", un concepto obtenido por v&iacute;a de negaci&oacute;n, una definici&oacute;n de lo absolutamente indefinible, el ente sumo que -seg&uacute;n Unamuno- termina sumi&eacute;ndose, como realidad, en la nada porque, como escribi&oacute; Hegel, el ser puro y la pura nada se identifican (<i>Ib&iacute;d</i>). Por su parte el Dios cordial o Dios sentido es el Dios de los vivos, es el Dios personal de la fe (<i>Ib&iacute;d</i>).</p>      <p>El Dios de las pruebas l&oacute;gicas es tan s&oacute;lo una abstracci&oacute;n, una hip&oacute;tesis, una entidad supuesta con valor explicativo, un Dios aniquilado por la raz&oacute;n; no es m&aacute;s que "lo" <i>divino</i>, apenas la <i>Divinidad</i>, "el Dios ateo de la divinidad despersonalizada" (1984 105); no es m&aacute;s que un "Ello" te&oacute;rico, en lugar de ser un "&Eacute;l" personal (<i>Id</i>. 113); es un concepto, un adjetivo sustantivado que simplemente se puede pensar, pero con el que es imposible comunicarse; es el motor inm&oacute;vil, el <i>ens realissimum</i> de la teodicea, la Raz&oacute;n suprema pero, al fin y al cabo, Raz&oacute;n impersonal y meramente objetiva del Universo.</p>      <p>El Dios vivo propuesto por el vitalismo de&iacute;sta de Unamuno, en cambio, el Dios sentido, es el que est&aacute; en m&iacute; y en ti, el que vive en nosotros, en el que nosotros vivimos, nos movemos y somos. Est&aacute; en nosotros "por el hambre que de &eacute;l tenemos, por el anhelo, haci&eacute;ndose apetecer" (1984 111). Es el Dios de los humildes (1 Cor 1, 27), el Dios verdadero, "Aquel a quien se reza y se anhela de verdad" (<i>Ib&iacute;d</i>), al que se siente y al que se ama.</p>      <p>Para Don Miguel, el Dios vivo es "el Padre del Amor" (1984 106), el "Padre de Cristo", al que "no se llega por camino de raz&oacute;n, sino por camino de amor y sufrimiento" (<i>Id</i>. 105). Seg&uacute;n Unamuno, no es posible conocerle para luego amarle, porque la raz&oacute;n nos aparta de &Eacute;l; por tanto, hay que empezar por amarle, por anhelarle, por tener hambre de &Eacute;l, antes de conocerle. S&oacute;lo despu&eacute;s de amarle ser&aacute; posible conocerle, y ese conocimiento poco tiene de racional, porque "en cuanto tratamos de definirlo, nos surge la nada" (<i>Ib&iacute;d</i>).</p>      <p>El Dios sentido por Unamuno es un Dios <i>personal</i>, porque incluye tres <i>Personas</i> (1984 108), y tiene que ser as&iacute; porque lo que constituye a la personalidad es el amor. El Padre no es un Dios solitario, es un padre de familia, el <i>Padre nuestro</i> al que oramos en la oraci&oacute;n dominical, el "amor eternizante" (<i>Id</i>. 28) que cree en m&iacute;, <i>me crea de continuo</i> (<i>Id</i>. 112) y me garantiza la perduraci&oacute;n.</p>      <p>Unamuno lucha con Dios para que conserve su alma para siempre, como luch&oacute; Jacob toda la noche con el &Aacute;ngel del Se&ntilde;or, hasta rayar el alba (Gn 32, 29), insistiendo que le dijera su nombre. Esa lucha es el descenso a las profundidades del propio ser, y ese nombre que Jacob ansiaba es el nombre que salva, no un concepto, sino el nombre de la &uacute;nica Persona que satisface nuestro anhelo, Jes&uacute;s, el Salvador (<i>cf</i>. Unamuno 1984 113).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A este Dios sentido no se llega por necesidad racional, sino por angustia vital. Para Unamuno, creer en Dios es sentir hambre de &Eacute;l, es querer que exista y querer salvar la finalidad humana del Universo: "Creer en Dios es anhelar que le haya y es, adem&aacute;s, conducirse como si le hubiera; es vivir de ese anhelo y hacer de &eacute;l nuestro &iacute;ntimo resorte de acci&oacute;n. De este anhelo o hambre de divinidad surge la esperanza, de &eacute;sta la fe, y de la fe y la esperanza la caridad; de ese anhelo arrancan los sentimientos de belleza, de finalidad y de bondad" (1984 115-116).</p>      <p>Terminemos esta exposici&oacute;n recordando que el <i>Dios sentido</i> de Unamuno tiene rasgos femeninos o, en otras palabras, es vivido por &eacute;l como <i>madre</i>, probablemente a causa de la situaci&oacute;n en la que creci&oacute; y fue educado, es decir, en medio de una guerra que hizo que su padre emigrara a M&eacute;xico para procurar el sostenimiento de su familia y que, por consiguiente estuviera ausente, mientras que la madre y la abuela fueron quienes cuidaron y educaron a Unamuno en su infancia.</p>      <p>En efecto, en <i>Vida de Don Quijote y Sancho</i>, escribe que a Dios lo ha concebido la imaginaci&oacute;n cristiana androm&oacute;rficamente, es decir, como <i>var&oacute;n</i>, con largas barbas y voz de trueno, un Dios que impone preceptos y pronuncia sentencias, un <i>Paterfamilias</i> a la romana (1958 333); un Dios con modos de var&oacute;n de ce&ntilde;o fruncido, de irritado Padre, de severo juez. Para compensar y completar esta visi&oacute;n varonil de Dios, Unamuno propone un <i>Dios femenino</i>, m&aacute;s a&uacute;n, maternal, y todav&iacute;a m&aacute;s, junto a Dios pone a la Virgen Madre, a Mar&iacute;a. Ese Dios femenino, ese <i>Dios Madre</i> perdona siempre, abre siempre los brazos al hijo, ofrece siempre consuelo, no conoce m&aacute;s justicia que el perd&oacute;n, ni m&aacute;s ley que el amor (<i>Ib&iacute;d</i>).</p>      <p>La Madre de Dios, por su parte, es la Madre dulc&iacute;sima, la que perdona siempre, porque mira con amor ciego, y porque en el fondo de la culpa ve el perd&oacute;n como &uacute;nica justicia.</p>      <p>Pongamos el punto final con unos cuantos versos de Unamuno, de una poes&iacute;a no titulada sino numerada, la LXXXIX, perteneciente a la serie <i>Asturias y Le&oacute;n</i>:</p>  <ol><i>Se&ntilde;or, no me desprecies y conmigo lucha (&hellip;);    <br>  Dime, Se&ntilde;or, tu nombre pues la brega    <br>  Toda esta noche de la vida dura,    <br> Y del albor la hora luego llega;    <br> Me has desarmado ya de mi armadura    <br> Y el alma, as&iacute; vencida, no sosiega    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Hasta que salga de esta senda oscura (1999 403)</i>.     </ol>  <hr>      <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>      <!-- ref --><p>Abell&aacute;n, Jos&eacute; Luis. "El Dios personal de Unamuno y su fondo existencial trascendente". <i>Dios en el pensamiento hispano del siglo XX</i>. Eds. Jos&eacute; Luis Cabria y Juana S&aacute;nchez-Gey. Salamanca: S&iacute;gueme, 2002. 39-53.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0120-1263201200020000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Padilla Novoa, Manuel. <i>Unamuno, fil&oacute;sofo de encrucijada</i>. Bogot&aacute;: Cincel-Kapeluz, 1985.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0120-1263201200020000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>San Juan de la Cruz. <i>Obras completas</i>. Madrid: Editorial de Espiritualidad, 1993.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0120-1263201200020000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>Unamuno, Miguel de. "Vida de Don Quijote y Sancho". <i>Ensayos II</i>. Madrid: Aguilar, 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0120-1263201200020000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>_____. <i>Amor y pedagog&iacute;a. Obras completas II</i>. Madrid: Escelicer, 1966.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0120-1263201200020000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>_____. <i>Del sentimiento tr&aacute;gico de la vida</i>. Barcelona: Orbis, 1984.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0120-1263201200020000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>_____. <i>Obras completas IV</i>. Madrid: Biblioteca Castro Turner, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0120-1263201200020000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>_____. <i>Amor y pedagog&iacute;a. Obras completas I</i>. Madrid: Biblioteca Castro Turner, 1994.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0120-1263201200020000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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