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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LUIS MARTÍNEZ ANDRADE, JOSÉ MANUEL MENESES ET AL., ESPERANZA Y UTOPÍA. ERNST BLOCH DESDE AMÉRICA LATINA, ZACATECAS, TABERNA LIBRARIA EDITORES, 2012, 143P]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>LUIS MART&Iacute;NEZ ANDRADE, JOS&Eacute; MANUEL MENESES ET AL., <i>ESPERANZA Y UTOP&Iacute;A. ERNST BLOCH DESDE AM&Eacute;RICA LATINA, </i>ZACATECAS, TABERNA LIBRARIA EDITORES, 2012, 143P.</b></font></p>      <p align="center"><i>An&iacute;bal Pineda Canabal</i><Sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></Sup></p>  <hr>     <p>La ampulosidad que caracteriza los nombres de los trabajos filos&oacute;ficos de nuestra &eacute;poca est&aacute; ausente en el libro <i>Esperanza y Utop&iacute;a. Ernst Bloch desde Am&eacute;rica Latina</i>; acertado t&iacute;tulo que recoge seis art&iacute;culos de estudiosos de la obra del fil&oacute;sofo de Ludwigshafen. T&iacute;tulo adem&aacute;s program&aacute;tico que nos introduce convenientemente a lo que pretenden sus p&aacute;ginas: una visita al pensamiento del autor del <i>Principio Esperanza</i> desde la &oacute;ptica latinoamericana.</p>      <p>Se abre el libro con un pr&oacute;logo de Michael L&ouml;wy, gran conocedor de la filosof&iacute;a del &uacute;ltimo juda&iacute;smo alem&aacute;n, a la que ha dedicado varios libros. El profesor franc&eacute;s, adem&aacute;s de narrar la forma en que conoci&oacute; al viejo Bloch en Tubinga (historia que recicla en varios de sus textos), ve en la obra de este pensador un intento de explorar filos&oacute;ficamente el territorio ignoto del futuro. Sin embargo, contra una futurolog&iacute;a ilustrada que intentaba predecir el curso de los acontecimientos hist&oacute;ricos como un progreso constante hacia el bien y la felicidad, de un lado, y contra la ciencia ficci&oacute;n que se imagina estados ora ideales ora catastr&oacute;ficos (dist&oacute;picos) por venir, por otro, Bloch viaja al pasado para descubrir, en la historia de la humanidad, los signos de las nobles esperanzas de una vida mejor. Descubrir el futuro en el pasado a trav&eacute;s de las "promesas no cumplidas"<Sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></Sup>, es el gran m&eacute;rito de su obra, seg&uacute;n L&ouml;wy.</p>      <p>Sin embargo, esta elecci&oacute;n metodol&oacute;gica blochiana no es gratuita. Se trata de descubrir en el pasado la fuente de la praxis revolucionaria, al tiempo en que se denuncia la barbarie del mundo industrial y capitalista. Lo sorprendente de este viaje es que el marxista ateo convencido que es Bloch, ve en la religi&oacute;n la "utop&iacute;a por excelencia"<Sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></Sup>. No en vano, varios art&iacute;culos del libro, intentan abordar sus ideas desde la perspectiva de los cristianos sudamericanos o desde su recepci&oacute;n en la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n.</p>      <p>En este sentido, el uruguayo Fernando A&iacute;nsa en <i>El principio esperanza desde Am&eacute;rica Latina</i>, primer texto del libro, ofrece una breve historia de la recepci&oacute;n de la obra de Bloch en la Am&eacute;rica hispano-portuguesa para concluir diciendo que tambi&eacute;n la historia de nuestros pa&iacute;ses puede ser le&iacute;da en t&eacute;rminos de sue&ntilde;os nunca realizados. En consonancia con lo expresado por Michael L&ouml;wy, A&iacute;nsa ve en el trabajo sobre la utop&iacute;a, no una construcci&oacute;n te&oacute;rica que postula un modelo de futuro ideal donde todos son felices, sino la descripci&oacute;n hist&oacute;rica y ontol&oacute;gica de la utop&iacute;a como funci&oacute;n, esto es, como tensi&oacute;n que se convierte en b&uacute;squeda traducida en movimiento transformador. Teniendo como punto de partida la idea de utop&iacute;a geogr&aacute;fica de la que se ocupa Bloch en su obra, A&iacute;nsa parece complacerse en mostrar a Am&eacute;rica como "la depositaria de la esperanza de Europa"<Sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></Sup>. Echando mano de Ortega, de Hegel y de ejemplos de la literatura espa&ntilde;ola, pretende as&iacute; mostrar al continente como la tierra del futuro, donde lo bueno que hab&iacute;a fracasado en Europa iba a poder tener una segunda oportunidad. Pero su visi&oacute;n euroc&eacute;ntrica parece que a veces, am&eacute;n de descuidar gravemente a nuestro juicio, la utop&iacute;a propiamente latinoamericana - que se ha propuesto estudiar, tal como lo sugiere el t&iacute;tulo mismo de su ensayo -, vuelve tambi&eacute;n sobre el problem&aacute;tico concepto de "utop&iacute;a realizada". Este debate, que apenas menciona sin tomar parte expl&iacute;citamente, hunde sus ra&iacute;ces sobre todo en la realizaci&oacute;n de grandes proyectos arquitect&oacute;nicos modernos que hab&iacute;an sido objeto de sue&ntilde;os literarios equiparables en su momento con la pura ciencia ficci&oacute;n (pensamos, por ejemplo, en <i>Les cinq cents millions de la Begum</i>, la famosa obra de Julio Verne) y luego se convirtieron en grandes proyectos urban&iacute;sticos o aun en proyectos sociales que intentaron ponerse en pr&aacute;ctica en las misiones jesu&iacute;ticas del Paraguay, por ejemplo, como bien lo recuerda el autor. Dif&iacute;cil nos parece atribuir tal ox&iacute;moron (utop&iacute;a realizada) al pensamiento de Bloch sobre la funci&oacute;n ut&oacute;pica pues "la utop&iacute;a no es un estado duradero"<Sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></Sup>. Una utop&iacute;a realizada, en efecto, &iquest;no deja acaso de ser utop&iacute;a para perder su estatuto de sue&ntilde;o y pasar a ser proyecto programable? &iquest;No tiene acaso la utop&iacute;a un excedente jam&aacute;s alcanzado, pero que en tanto remanente es condici&oacute;n de su existencia posible? &iquest;No es contra una tal ilusi&oacute;n que Bloch afirma que la funci&oacute;n ut&oacute;pica debe oponerse a la est&aacute;tica del ideal como perfecci&oacute;n ya conclusa y alcanzada<Sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></Sup>? En <i>Huellas</i> se puede leer:</p>      <blockquote>     <p>Obtuvimos lo que quer&iacute;amos y nos vamos a la calle. Entonces se ve a qu&eacute; se parece el interior de un hombre feliz: tiene mucho y al mismo tiempo se ha dentro despojado de un pedazo de s&iacute; mismo. El sue&ntilde;o de hace un rato, en el que se ve&iacute;a la felicidad al alcance de la mano se le ha vuelto extra&ntilde;o. Ahora que tiene la recompensa enfrente le parece que no est&aacute; del todo enfrente sino que se esconde en el humo de lo que ha vivido y muy pronto tambi&eacute;n en el agua de la costumbre, en que se nada<Sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></Sup>.</p></blockquote>      <p>Y tambi&eacute;n: "la coincidencia total es rara, probablemente no ha existido nunca. En el sue&ntilde;o de algo, y antes de que el coraz&oacute;n se complazca, ese algo era mejor, o lo parec&iacute;a menos"<Sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></Sup>, a&ntilde;ade Bloch en <i>El principio esperanza</i>. Que toda realizaci&oacute;n es "&eacute;xito a medias" (<i>&bdquo;es gelingt nur halb"</i><Sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></Sup>) y por eso mismo apor&eacute;tica es el gran olvido de A&iacute;nsa.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Hablando de excesos - de "utopizaci&oacute;n excesiva" -termina el uruguayo su texto (p. 38ss). Con Bloch, pretende advertirnos de los peligros del nacionalismo huero y del optimismo ingenuo. Aunque no consideremos del todo feliz la expresi&oacute;n "utopizaci&oacute;n excesiva", nos resulta de gran valor su an&aacute;lisis del efecto inmovilista que puede provocar una lectura institucionalizada e instrumentalista del pasado convertida a la postre en presi&oacute;n moral que impide el florecimiento de cualquier otra visi&oacute;n alternativa del mundo.</p>      <p>Unas p&aacute;ginas m&aacute;s adelante, el art&iacute;culo de Fr&eacute;derick Lemarchand, <i>Lecturas de Ernst Bloch, Hans Jonas y Walter Benjamin. Di&aacute;logo sobre la responsabilidad, la heur&iacute;stica del miedo y la vulnerabilidad</i>, regresa por su parte al actual debate en torno a la filosof&iacute;a jud&iacute;a alemana, retomando tres de sus m&aacute;s representativos autores. Aun volviendo a la manida oposici&oacute;n entre principio esperanza y principio responsabilidad, que alude al fructuoso di&aacute;logo entre Bloch y Jonas, Lemarchand propone una salida a trav&eacute;s de su relectura de las obras de Jean Chesneaux y Daniel Bensa&iuml;d. As&iacute; pues, los "sue&ntilde;os despiertos" (<i>Tagtr&auml;ume</i>) de Bloch se equiparar&iacute;an a las llamadas a la responsabilidad de Hans Jonas. Contra este &uacute;ltimo, que escribe su obra <i>El principio responsabilidad </i>con &aacute;nimo francamente contestatario, como una "&eacute;tica anti-ut&oacute;pica" (Bensa&iuml;d), podr&iacute;a arg&uuml;irse que su simpat&iacute;a por la ideolog&iacute;a ecologista del desarrollo sostenible revela ya una similitud con el pensamiento blochiano. Es solo que "no discierne ninguna modalidad concreta de gobierno que presupondr&iacute;a una &eacute;lite dotada de lealtades secretas de las que pueda apropiarse"<Sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></Sup>. En otras palabras, m&aacute;s que una base ontol&oacute;gica, lo que separa a Jonas de Bloch es su desconfianza antimarxista.</p>      <p>Ahora bien, frente al optimismo blochiano, Jonas se al&iacute;a con Walter Benjamin en una visi&oacute;n catastr&oacute;fica de la historia. Con todo, esta inquietud, al decir de Daniel Bensa&iuml;d, citado aqu&iacute;, "en vez de ser una manifestaci&oacute;n conquistadora vanguardista, su vigilancia de centinela es una responsabilidad de retaguardia"<Sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></Sup>. Entre los dos, una relaci&oacute;n con el tiempo es decisiva en el sentido en que Jonas quiere hacer posible primero la venida del futuro a partir de las condiciones dadas por el presente, mientras que Benjamin quiere hacer posible primero la venida del pasado olvidado del vencido al presente como condici&oacute;n del futuro.</p>      <p>Avanzando en el libro, nos encontramos con el art&iacute;culo del profesor Wellington Teodoro da Silva. Aunque sea el m&aacute;s breve de todo el libro, <i>Cristianos brasile&ntilde;os entre esperanzas: revoluci&oacute;n y salvaci&oacute;n</i> no carece de inter&eacute;s. Al contrario, se trata de un apasionante viaje a trav&eacute;s de los movimientos de izquierda cat&oacute;licos del continente sudamericano. Incomprendidos por la Vieja Europa; por los comunistas puestos bajo sospecha por creyentes, por los creyentes puestos bajo sospecha por comunistas, los cat&oacute;licos y protestantes del Brasil republicano, realizan un esfuerzo por vivir la fe a partir de una inserci&oacute;n en el mundo, mirado con la ayuda de las herramientas marxistas para el an&aacute;lisis social. Tales cristianos de izquierda a partir de sus movimientos de base primero y luego desde la gran sistematizaci&oacute;n de su visi&oacute;n del mundo y de la fe que supuso la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n, se muestran en desacuerdo con el hecho de que el ideal doctrinario de la revoluci&oacute;n sea visto como exclusiva propiedad del marxismo en la versi&oacute;n rusa de la &eacute;poca.</p>      <p>Para Da Silva, la constataci&oacute;n blochiana de la terrible falta de una reflexi&oacute;n filos&oacute;fica sobre el impulso del hambre, desde&ntilde;ada incluso por un Freud, pondr&aacute; a pensar a los te&oacute;logos de la liberaci&oacute;n al tiempo que abre para Bloch una puerta de entrada a lo que ser&aacute; su recepci&oacute;n en Latinoam&eacute;rica. El hambre no es para el creyente del Sur una posibilidad o un impulso, sino una condici&oacute;n existencial, "deseo resentido &#91;sic&#93; como necesidad imperiosa"<Sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></Sup> y que legitima por ello una subversi&oacute;n dr&aacute;stica del orden establecido y del <i>statu quo</i>. Los cristianos de izquierda brasile&ntilde;os tienen el m&eacute;rito de haber rescatado para el cristianismo la dimensi&oacute;n revolucionaria del esp&iacute;ritu de los or&iacute;genes y esto, decimos nosotros, mucho antes de que se hiciera filos&oacute;ficamente a trav&eacute;s de trabajos europeos bastante m&aacute;s posteriores tal como podemos leerlo en algunas obras de Alain Badiou, Slavoj Zizek, Jacob Taubes o Giorgio Agamben.</p>      <p>Luis Mart&iacute;nez Andrade, autor de <i>Principio Esperanza, piedra angular del ecosocialismo </i>y primer compilador de la obra, se entretiene largamente en una reflexi&oacute;n que teje los datos aportados por la sociolog&iacute;a con una sincera lectura de la obra de Bloch. Esto en vistas a desarrollar su alegato a favor de la idea, que formulada por Micha&euml;l L&ouml;wy<Sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></Sup>, ha sido entre otros tambi&eacute;n sostenida por los trabajos de Arno M&uuml;nster<Sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></Sup>: el ecosocialismo. Partiendo de un valiente rechazo de la idea de "capitalismo verde" y demostrando las contradicciones que la hacen imposible, el mejicano intentar&aacute;, en consonancia con las ideas acerca del hambre presentes en el ensayo de Wellington Teodoro Da Silva, confrontar la reflexi&oacute;n de Bloch al proyecto ecosocialista. Asimismo, se lanza en la b&uacute;squeda de la recepci&oacute;n del pensamiento blochiano en las obras m&aacute;s representativas de la filosof&iacute;a y la teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n y sobre todo a prop&oacute;sito de los trabajos de Enrique Dussel y Leonardo Boff.</p>      <p>Las bases sobre las que se asienta el capitalismo liberal, cuales son la libre competencia, el libre mercado, la econom&iacute;a cuyo principio es la ganancia, impiden la existencia de un capitalismo ecol&oacute;gico que no puede ser m&aacute;s que hipocres&iacute;a. Frente a esto, Mart&iacute;nez opone la ecolog&iacute;a social que representan la resistencia de las organizaciones populares y campesinas y cualquier reivindicador de sus derechos a la posesi&oacute;n de la tierra y a una nueva relaci&oacute;n entre sociedad y naturaleza. En una actitud parecida a la que marca la primera filosof&iacute;a de Bloch, influidos por una especie de "cr&iacute;tica rom&aacute;ntica revolucionaria", los movimientos sociales latinoamericanos ponen en jaque al "progreso" entendido como matriz ideol&oacute;gica del capitalismo. En estos movimientos sociales, se ven signos de contestaci&oacute;n parecidos que, espont&aacute;neos, se asemejan sin embargo a las conclusiones de la filosof&iacute;a marxista.</p>      <p>Se enfrenta tambi&eacute;n Mart&iacute;nez Andrade a la idea de la <i>deep ecology</i>, que atribuye al cristianismo la depredaci&oacute;n de la naturaleza. Pero incluso si moviliza una serie de referencias de Ernst Bloch mostr&aacute;ndolo como aquel que recupera para el marxismo el car&aacute;cter transformador de la religi&oacute;n, no parece refutar del todo la cr&iacute;tica que la <i>ecolog&iacute;a profunda </i>hiciera al n&uacute;cleo de la fe cristiana y a su inter&eacute;s por la conquista de la tierra como dominio biol&oacute;gico del ser humano y como lugar de la difusi&oacute;n del mensaje evang&eacute;lico que imperativamente debe alcanzar la creaci&oacute;n entera.</p>      <p>Que en la medula de toda religi&oacute;n -y el judeocristianismo en primera l&iacute;nea -se halle un enorme material subversivo, no significa que toda religi&oacute;n se interese de suyo en el medio ambiente. Sin embargo, es el desentra&ntilde;amiento del elemento revolucionario de la fe al filo de la reflexi&oacute;n de Ernst Bloch, lo que constituye uno de los grandes m&eacute;ritos del trabajo del soci&oacute;logo mejicano.</p>      <p>En la obra del te&oacute;logo Leonardo Boff, Mart&iacute;nez descubre los pilares de una nueva biocivilizaci&oacute;n que solo puede ser so&ntilde;ada desde abajo. El lugar de la esperanza es el oprimido, que espera al tiempo que lucha por su liberaci&oacute;n. En el pobre, Mart&iacute;nez ve al portador de la "utop&iacute;a m&iacute;nima" que no es otra sino el acceso a lo b&aacute;sico necesario, la garant&iacute;a universal de que a todos les son respetados sus derechos: poder comer, tener d&oacute;nde vivir, etc. Esperanza es lo &uacute;nico que tiene el oprimido. Al carecer hasta de lo b&aacute;sico para su subsistencia, su esperanza se revela como un excedente, "el lado potente de la realidad"<Sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></Sup> que est&aacute; de sobra, pero nunca est&aacute; de m&aacute;s.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Mart&iacute;nez ve en la obra teol&oacute;gica de Leonardo Boff un intento de profundizar en la m&iacute;stica que anima toda utop&iacute;a como sue&ntilde;o de una vida mejor. Es esta m&iacute;stica la que asegura toda militancia contra la burocratizaci&oacute;n y el enfriamiento que traen consigo las estructuras. La esperanza, pues, "no es una virtud sino un motor, una energ&iacute;a fundamental del ser humano que lo impulsa a la protesta"<Sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></Sup>. De la renovaci&oacute;n de esta reserva energ&eacute;tica depende todo proceso revolucionario. Ser&aacute; esta la idea que nuestro autor revalorizar&aacute; en el pensamiento de Enrique Dussel.</p>      <p>De Dussel rescata la reivindicaci&oacute;n poderosa, en l&iacute;nea con <i>El principio esperanza</i>, de la necesidad de un proyecto alternativo a la raz&oacute;n moderna como pensamiento hegem&oacute;nico de nefastas consecuencias. Se trata de un pensamiento "trans-moderno" que se ponga del lado de las v&iacute;ctimas como modo eficaz para evitar el naufragio de las esperanzas leg&iacute;timas de tantos.</p>      <p>Finalmente, Jos&eacute; Manuel Meneses Ram&iacute;rez nos ofrece en una bella prosa su texto <i>Ernst Bloch: la soberan&iacute;a del sue&ntilde;o</i> que se abre a su vez con esta potente frase: "Am&eacute;rica Latina ha so&ntilde;ado un sue&ntilde;o ajeno quinientos a&ntilde;os"<Sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></Sup>. M&aacute;s que en contradicci&oacute;n con la pretensi&oacute;n de Fernando A&iacute;nsa que pretende ver a "Am&eacute;rica como la depositaria de la esperanza de Europa", la fuerte sentencia de Meneses aparece m&aacute;s bien como el palimpsesto de esta. Pero el fil&oacute;sofo poblano, se plantea enseguida desentra&ntilde;ar la propuesta de Bloch en <i>El principio esperanza</i> como ejercicio ontol&oacute;gicopol&iacute;tico. La tesis de la que parte es de la misma laya que la frase inicial: los sue&ntilde;os so&ntilde;ados despiertos no siempre son sue&ntilde;os de una vida mejor y por eso, son pasibles de cr&iacute;tica y de una seria confrontaci&oacute;n con la &eacute;tica.</p>      <p>Para el autor, las tesis de Francis Fukuyama, por ejemplo, y su tan sonado fin de la historia, ponen en peligro cualquier posibilidad de sue&ntilde;o, confiscan la utop&iacute;a y la reducen a simples reformas de car&aacute;cter est&eacute;tico al tiempo que ahogan cualquier impulso revolucionario.</p>      <p>M&aacute;s all&aacute; de lo problem&aacute;tico de la respuesta, el supuesto en forma de pregunta de que parte Meneses, es por lo menos provocador y revelador. En efecto, el mejicano descubre en la reflexi&oacute;n de Bloch una especie de hueco, un "excedente &eacute;tico" que no est&aacute; justificado o no ha sido debidamente tratado.</p>      <p>Su punto de vista es claro: hay que pensar los sue&ntilde;os a partir de sus efectos pol&iacute;ticos y desde ah&iacute;, le es f&aacute;cil colegir que no existe una concatenaci&oacute;n l&oacute;gica necesaria entre lo ontol&oacute;gico del sue&ntilde;o y lo &eacute;tico de sus consecuencias. "&iexcl;Hitler tambi&eacute;n so&ntilde;&oacute;!"<Sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></Sup> es el grito de Meneses.</p>      <p>Pero precisamente ser&aacute; a partir de esta ontolog&iacute;a de la tensi&oacute;n entre el ser y el deber ser como Bloch hace a&ntilde;icos la idea burguesa de la historia como progreso. Su trabajo sobre la utop&iacute;a nos pone en la senda de una visi&oacute;n no-ele&aacute;tica del ser, seg&uacute;n una expresi&oacute;n de Ortega, a quien Meneses mismo cita.</p>      <p>No obstante, las dudas de nuestro autor mejicano acerca de la posibilidad de una utop&iacute;a cuyo objetivo no consista en un sue&ntilde;o de vida mejor son en s&iacute; mismas infundadas, a no ser que, como &eacute;l lo advierte, haya de estudiarse la utop&iacute;a desde el punto de vista de sus efectos pol&iacute;ticos. En Bloch la utop&iacute;a, al ser concreta, no se confunde solo con lo que pueda imaginar alguien, no tiene que ver con novela pol&iacute;tica alguna, sino que hace parte del proceso mismo del mundo y de la materia con &eacute;l. Aun as&iacute;, la distinci&oacute;n blochiana retomada por Luis Mart&iacute;nez Andrade resulta reveladora. El fascismo o el nacionalsocialismo alem&aacute;n, olvida Meneses, son para Bloch utop&iacute;as abstractas, "abstracciones neutrales de la est&eacute;tica a-hist&oacute;rica"<Sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></Sup> como tambi&eacute;n lo son las im&aacute;genes capitalistas que incitan al consumo irracional y depredador. La verdadera utop&iacute;a es pues la utop&iacute;a concreta, o sea, la que moviliza la emancipaci&oacute;n social y no es producto &uacute;nicamente del sue&ntilde;o particular de nadie. An&aacute;logamente, podr&iacute;amos pensar con Marx: no es que el burgu&eacute;s no haya hecho una revoluci&oacute;n, ni se haya agitado contra la injusticia sino que su celo consiste en el pesar de no ser &eacute;l el explotador, s&iacute; en cambio el explotado<Sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></Sup>. Su revoluci&oacute;n y por lo mismo su utop&iacute;a son incompletas; m&aacute;s que sue&ntilde;os, no pasan de ser enso&ntilde;aciones.</p>   <hr>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>      <p><Sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></Sup> Doctorando en filosof&iacute;a FNRS - Universidad de Lovaina. Miembro del grupo de investigaci&oacute;n Humanitas, UCO. Contacto: <a href="mailto:anibalpinedac71@gmail.com">anibalpinedac71@gmail.com</a>.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <Sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></Sup> Micha&euml;l L&Ouml;WY, "Pr&oacute;logo. Romanticismo revolucionario y religi&oacute;n en Ernst Bloch", en Luis MART&Iacute;NEZ ANDRADE, Jos&eacute; Manuel MENESES et al., <i>Esperanza y utop&iacute;a. Ernst Bloch desde Am&eacute;rica Latina, </i>Zacatecas, Taberna Libraria editores, 2012, p. 15.    <br>  <Sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></Sup> <i>Ib&iacute;d., </i>p. 16.    <br>  <Sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></Sup> Fernando A&Iacute;NSA, "El principio esperanza desde Am&eacute;rica Latina", <i>Esperanza y utop&iacute;a</i>..., p. 31    <br>  <Sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></Sup> Ernst BLOCH, <i>El principio esperanza, </i>tomo 1, tr. es. por Felipe Gonz&aacute;lez Vic&eacute;n, Madrid, Trotta, 2007, p. 366.    <br>  <Sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></Sup> <i>Ib&iacute;d., </i>p. 212.    <br>  <Sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></Sup> Ernst BLOCH, <i>Gesamtausgabe Band 1. Sp&uuml;ren,</i> Fr&aacute;ncfort, Suhrkamp, 1968, p. 97.    <br>  <Sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></Sup> <i>Op. Cit., </i>p. 219.    <br>   <Sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></Sup> Ernst BLOCH, <i>Gesamtausgabe Band 4. Erbschaft dieser Zeit,</i> Fr&aacute;ncfort, Suhrkamp, 1962, p. 25.    <br>   <Sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></Sup> Fr&eacute;d&eacute;rick LEMARCHAND, "Lecturas de Ernst Bloch, Hans Jonas y Walter Benjamin. Di&aacute;logo sobre la responsabilidad, la heur&iacute;stica del miedo y la vulnerabilidad", en <i>Esperanza y utop&iacute;a</i>..., p. 50.    <br>  <Sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></Sup> <i>Ib&iacute;d., </i>p. 53.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>  <Sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></Sup> Wellington Teodoro DA SILVA, "Cristianos brasile&ntilde;os entre esperanzas: revoluci&oacute;n y salvaci&oacute;n", en <i>Esperanza y utop&iacute;a..., </i>p. 66.    <br>  <Sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></Sup> Michael L&Ouml;WY, &Eacute;cologie et socialisme, Par&iacute;s, Syllepse, 2005.    <br>  <Sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></Sup> Arno M&Uuml;NSTER, <i>Principe responsabilit&eacute; ou principe esp&eacute;rance?</i>, Par&iacute;s, Le bord de l'eau, 2010.    <br>  <Sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></Sup> Luis MART&Iacute;NEZ ANDRADE, "<i>Principio Esperanza, </i>piedra angular del ecosocialismo", en <i>Esperanza y utop&iacute;a..., </i>p. 111.    <br>  <Sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></Sup> <i>b&iacute;d., </i>p. 112.    <br>  <Sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></Sup> Jos&eacute; Manuel MENESES RAM&Iacute;REZ, "Ernst Bloch: la soberan&iacute;a del sue&ntilde;o", en <i>Esperanza y utop&iacute;a...,</i>p. 121.    <br>  <Sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></Sup> <i>Ib&iacute;d., </i>p. 132.    <br>  <Sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></Sup> Luis MART&Iacute;NEZ ANDRADE, "<i>Principio Esperanza, </i>piedra angular del ecosocialismo", en <i>Esperanza y utop&iacute;a..., </i>p. 81.    <br>  <Sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></Sup> Ernst BLOCH, <i>El principio esperanza, </i>tomo 1, tr. es. por Felipe Gonz&aacute;lez Vic&eacute;n, Madrid, Trotta, 2007, p. 57.</p>  <hr>     <p><font size="3"><b><i>Referencias</i></b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Bloch, E. (2007). <i>El principio esperanza &#91;1&#93;</i>. Tr. es. de Felipe Gonz&aacute;lez Vic&eacute;n. Madrid: Trotta.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5056140&pid=S0120-1263201500020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>____.(1968). <i>Gesamtausgabe Band 1. Sp&uuml;ren</i>. Fr&aacute;ncfort: Suhrkamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5056142&pid=S0120-1263201500020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>____. (1962). <i>Gesamtausgabe Band 4. Erbschaft dieser Zeit</i>. Fr&aacute;ncfort: Suhrkamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5056144&pid=S0120-1263201500020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>L&ouml;wy, M. (2005). &Eacute;cologie et socialism<i>e</i>. Par&iacute;s: Syllepse.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5056146&pid=S0120-1263201500020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>      <!-- ref --><p>M&uuml;nster, A. (2010). <i>Principe responsabilit&eacute; ou principe esp&eacute;rance </i>? Par&iacute;s: Le bord de l'eau.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=5056148&pid=S0120-1263201500020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>     ]]></body>
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