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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La relevancia de la desigualdad en la medición del desarrollo humano. Uruguay 1991-2002*]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Sen's capability approach considers that the main goal of the development process is the expansion of individual and social achievements in a wide set of dimensions (Alkire, 2002). Based in this perspective, in the early years of the 1990 decade, undp launched the Human Development Index (HDI) to reflect, monitor and rank countries. This index goes far beyond traditional cross-country rankings based exclusively on gdp, as it considers three key dimensions: health, education and economic resources. Nevertheless, HDI is the result from an aggregation of synthetic indexes that reflect the average achievements and it is not sensitive to their distribution among the population. To overcome this limitation, different authors have recently proposed corrections to the traditional indicator. In this article we present the evolution of human development in Uruguay between 1991 and 2002, measured by the traditional HDI and by three formulations that are sensitive to inequality. We use the methodological approaches proposed by Hicks (1997); Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005); and Chatterjee (2005). We find that the incorporation of inequality significantly modifies the evolution of human development in Uruguay. We also present a comparison of the ranking of Latin American countries in the dimension of access to economic resources. Important changes in their ranking are observed when the correction for inequality is considered. Our results indicate that inequality should be incorporated in order to improve human development assessments.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><b><font size="4">La relevancia de la desigualdad en la medici&oacute;n del desarrollo humano. Uruguay 1991-2002*</font></b></p>     <p align="center"><b><i><font size="3">The Relevance of Inequality in Human Development Measurement. Uruguay 1991-2002</font></i></b></p>     <p>Ver&oacute;nica Amarante **    <br> Rodrigo Arim ***    <br> Andrea Vigorito ****</p>     <p>* Este art&iacute;culo se basa en un trabajo preparado por los autores para el Informe de Desarrollo Humano de Uruguay 2005. Los autores agradecen los comentarios de Pablo Mart&iacute;nez a versiones anteriores de este trabajo.</p>     <p>** Investigadora del Instituto de Econom&iacute;a, Universidad de la Rep&uacute;blica. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:vero@iecon.ccee.edu.uy"><i>vero@iecon.ccee.edu.uy</i></a><i>.</i></p>     <p>*** Investigador del Instituto de Econom&iacute;a, Universidad de la Rep&uacute;blica. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:rodrigo@iecon.ccee.edu.uy"><i>rodrigo@iecon.ccee.edu.uy</i></a><i>.</i></p>     <p>**** Investigadora del Instituto de Econom&iacute;a, Universidad de la Rep&uacute;blica. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:andrea@iecon.ccee.edu.uy"><i>andrea@iecon.ccee.edu.uy</i></a><i>.</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este art&iacute;culo fue recibido el 21 de agosto de 2008; modificado el 25 de septiembre de 2009 y, finalmente, aceptado el 26 de marzo de 2010.</p>  <hr size="1">      <p><b>Resumen</b></p>     <p>Seg&uacute;n el enfoque de las capacidades de Sen, el desarrollo se concibe como la expansi&oacute;n de los logros de las personas y las sociedades en un amplio conjunto de dimensiones (Alkire, 2002). El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en sus informes mundiales sobre el desarrollo humano ha propuesto un indicador base, el &Iacute;ndice de Desarrollo Humano (IDH), para medir los logros y comparar a los pa&iacute;ses desde esta perspectiva. Sin duda, este indicador supera las mediciones tradicionales basadas exclusivamente en el PIB, pues incorpora la noci&oacute;n de multidimensionalidad y ordena los pa&iacute;ses en funci&oacute;n de los logros alcanzados en tres &aacute;reas clave: la salud, el nivel educativo y el acceso a los recursos.</p>     <p>Sin embargo, el IDH surge de un proceso de agregaci&oacute;n de &iacute;ndices sint&eacute;ticos que miden la situaci&oacute;n promedio de la poblaci&oacute;n en cada dimensi&oacute;n, y resulta insensible a la forma en que los logros obtenidos en las tres dimensiones se distribuyen en la poblaci&oacute;n. Recientemente, con el objetivo de superar esta limitaci&oacute;n varios autores han propuesto correcciones al IDH.</p>     <p>En este art&iacute;culo se presenta la evoluci&oacute;n del desarrollo humano en Uruguay entre 1991 y 2002, medido a trav&eacute;s del IDH est&aacute;ndar y de tres familias alternativas de IDH que incorporan una correcci&oacute;n por la desigualdad en la distribuci&oacute;n de los logros alcanzados en cada dimensi&oacute;n. Con este objetivo se utilizan los enfoques desarrollados por HIcks (1997), Chatterjee (2005) y Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005). Se encuentra que la incorporaci&oacute;n de la desigualdad altera significativamente los resultados obtenidos sobre la evoluci&oacute;n del desarrollo humano en Uruguay. A la vez se presenta un ejercicio comparativo del ordenamiento de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina para la dimensi&oacute;n de acceso a recursos, con el IDH est&aacute;ndar y sus versiones corregidas, en el que se observan cambios importantes en las posiciones relativas. Ambos resultados indican que la desigualdad deber&iacute;a ser incorporada sistem&aacute;ticamente para evaluar la situaci&oacute;n de las sociedades en cuanto a su desarrollo humano.</p>     <p><i><b>Palabras clave:</b></i> bienestar, desarrollo humano, desigualdad, Uruguay.</p>     <p><i>Clasificaci&oacute;n JEL</i>: I30, I32, O10.</p>  <hr size="1">      <p><b>Abstract</b></p>     <p>Sen&#39;s capability approach considers that the main goal of the development process is the expansion of individual and social achievements in a wide set of dimensions (Alkire, 2002). Based in this perspective, in the early years of the 1990 decade, undp launched the Human Development Index (HDI) to reflect, monitor and rank countries. This index goes far beyond traditional cross-country rankings based exclusively on gdp, as it considers three key dimensions: health, education and economic resources.</p>     <p>Nevertheless, HDI is the result from an aggregation of synthetic indexes that reflect the average achievements and it is not sensitive to their distribution among the population. To overcome this limitation, different authors have recently proposed corrections to the traditional indicator.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>In this article we present the evolution of human development in Uruguay between 1991 and 2002, measured by the traditional HDI and by three formulations that are sensitive to inequality. We use the methodological approaches proposed by Hicks (1997); Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005); and Chatterjee (2005). We find that the incorporation of inequality significantly modifies the evolution of human development in Uruguay. We also present a comparison of the ranking of Latin American countries in the dimension of access to economic resources. Important changes in their ranking are observed when the correction for inequality is considered. Our results indicate that inequality should be incorporated in order to improve human development assessments.</p>     <p><i><b>Key words:</b></i> Wellbeing, human development, inequality, Uruguay.</p>     <p><i>JEL classification</i>: I30, I32, O10.</p>  <hr size="1">      <p><b>Introducci&oacute;n</b></p>     <p>En sus informes mundiales sobre el desarrollo humano, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha propuesto un indicador base, el &Iacute;ndice de Desarrollo Humano (IDH), para medir y comparar los logros alcanzados por los pa&iacute;ses desde esta perspectiva. Sin duda, este indicador supera las mediciones tradicionales basadas exclusivamente en el pib, pues incorpora la noci&oacute;n de multidimensionalidad y ordena los pa&iacute;ses en funci&oacute;n de los logros alcanzados en tres &aacute;reas clave: la salud, el acceso a conocimientos y el acceso a los recursos.</p>     <p>El IDH se calcula a partir de &iacute;ndices agregados construidos como promedios simples de un conjunto de variables seleccionadas para medir los logros alcanzados en tres dimensiones: educaci&oacute;n, salud e ingreso. Este procedimiento vuelve al indicador insensible a la forma en que se distribuyen dichas variables entre la poblaci&oacute;n. Sin embargo, es indudable que el ingreso se distribuye desigualmente en la poblaci&oacute;n, que diferentes grupos humanos -definidos seg&uacute;n clase social, g&eacute;nero, etnia, etc&eacute;tera- presentan dis&iacute;miles esperanzas de vida y que el nivel educativo var&iacute;a marcadamente entre los distintos integrantes de una comunidad.</p>     <p>El &iacute;ndice en su formulaci&oacute;n tradicional no distingue si los beneficios del desarrollo llegan a toda la poblaci&oacute;n por igual o si se concentran en un grupo reducido. En pa&iacute;ses con altos niveles de desigualdad, como los de Am&eacute;rica Latina, el aspecto distributivo puede ser especialmente importante al considerar los avances en los niveles de bienestar. A su vez, para un pa&iacute;s determinado, la evoluci&oacute;n de la distribuci&oacute;n de los logros en las dimensiones puede alterar la trayectoria del IDH.</p>     <p>Desde su primer informe sobre desarrollo humano en 1990, el PNUD muestra una clara preocupaci&oacute;n por incorporar la desigualdad. Si bien el IDH es una medida cuyo objetivo es resumir el desarrollo humano promedio de un pa&iacute;s y no su distribuci&oacute;n (Raworth y Stewart, 2002), existen s&oacute;lidos argumentos fundados tanto en criterios de equidad como de eficiencia que permiten afirmar que una distribuci&oacute;n m&aacute;s equitativa de las variables que integran el IDH implica un mayor desarrollo humano de la comunidad (Anand y Sen, 1994).</p>     <p>El argumento de la eficiencia se aplica en especial al ingreso, el cual no es un fin en s&iacute; mismo sino un medio para alcanzar otros fines. Si el proceso por el que los individuos transforman el ingreso en fines valorables presenta rendimientos decrecientes, una distribuci&oacute;n del ingreso m&aacute;s igualitaria se asocia a un promedio mayor de los logros alcanzados por los individuos a trav&eacute;s del ingreso en la sociedad. En esta l&oacute;gica se enmarca el argumento tradicional esgrimido por las corrientes utilitaristas a favor de una mejor distribuci&oacute;n del ingreso, pues es usual asumir que el bienestar de las personas crece con su nivel de ingreso, pero a tasa decreciente. En otras palabras, cuanto m&aacute;s pobre es un individuo mayor es el incremento en su bienestar que consigue con una unidad adicional de ingreso.</p>     <p>El caso de las dimensiones salud y educaci&oacute;n es bastante distinto. Ambas tienen una importancia intr&iacute;nseca, como no la tiene el ingreso, por lo que resulta m&aacute;s complejo invocar un argumento de eficiencia como justificativo de que una distribuci&oacute;n m&aacute;s igualitaria implicar&iacute;a un mayor desarrollo humano de la comunidad. Sin embargo, si bien una vida saludable y niveles adecuados de educaci&oacute;n son fines en s&iacute; mismos, tambi&eacute;n constituyen medios para que las personas logren otros objetivos. As&iacute;, el argumento de la eficiencia no es enteramente irrelevante para estas dimensiones<sup><a name="s1" href="#p1">1</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Varios enfoques te&oacute;ricos, en particular aquellos enmarcados en las concepciones conocidas como igualitarismo liberal<sup><a name="s2" href="#p2">2</a></sup>, incorporan como preocupaci&oacute;n central la equidad en la distribuci&oacute;n de variables intr&iacute;nsecamente valorables. En este marco, la equidad constituye un objetivo socialmente deseable, por lo que una menor desigualdad alentar&iacute;a el desarrollo.</p>     <p>En el enfoque del desarrollo humano -tributario de las ideas de Sen-se concibe el desarrollo como un proceso de expansi&oacute;n de las capacidades de los individuos para lograr un conjunto de funcionamientos considerados valiosos (Sen, 1992). La equidad en el espacio de las capacidades y los funcionamientos es concebida como parte integrante del proceso de desarrollo. Cuando el foco de atenci&oacute;n es puesto en los individuos, el acceso igualitario a distintos tipos de funcionamientos tiene un valor social. No s&oacute;lo importa observar los logros promedio, sino en qu&eacute; medida estos se encuentran generalizados entre los integrantes de la sociedad. As&iacute;, la desigualdad es un factor relevante para analizar el desarrollo humano de una comunidad.</p>     <p>M&aacute;s a&uacute;n, la desigualdad en los logros alcanzados en las tres dimensiones puede incidir negativamente en otras dimensiones constituyentes de la calidad de vida, no incorporadas expl&iacute;citamente en el IDH. Por ejemplo, la literatura se&ntilde;ala que la inequidad en el acceso a la salud, a la educaci&oacute;n y en la distribuci&oacute;n del ingreso socava la cohesi&oacute;n social, incide en el grado de exposici&oacute;n a la violencia y en la calidad del medioambiente (Stanton, 2006).</p>     <p>En este contexto, no es de extra&ntilde;ar que en el marco de la literatura reciente sobre la medici&oacute;n del desarrollo humano hayan surgido diversas propuestas metodol&oacute;gicas tendientes a incorporar la desigualdad en la distribuci&oacute;n de los logros en cada dimensi&oacute;n a la medici&oacute;n del desarrollo humano.</p>     <p>En este art&iacute;culo se busca analizar c&oacute;mo incide este tipo de correcciones en la evoluci&oacute;n del desarrollo humano, ejemplificando con el caso de Uruguay entre 1991 y 2002. Para ello, se utilizan tres enfoques, desarrollados por Hicks (1997), Chatterjee (2005) y Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005), respectivamente. El art&iacute;culo se organiza de la siguiente manera. En la primera secci&oacute;n se presentan las metodolog&iacute;as planteadas por estos autores. En la segunda secci&oacute;n se muestran los c&aacute;lculos de estos indicadores corregidos por desigualdad para Uruguay. En la siguiente secci&oacute;n se presenta una prueba que compara el ordenamiento de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina para una dimensi&oacute;n con el IDH est&aacute;ndar y sus versiones corregidas. Finalmente, la quinta secci&oacute;n resume las principales conclusiones.</p>     <p><b><font size="3">I.  Propuestas de &iacute;ndices de desarrollo humano sensibles a la desigualdad</font></b></p>     <p>Si se acepta que una distribuci&oacute;n desigual de los logros alcanzados por las personas reduce el desarrollo humano promedio, es posible visualizar la desigualdad como un factor que disminuye el valor del &iacute;ndice de cada dimensi&oacute;n. En la literatura econ&oacute;mica suele ajustarse el valor promedio de los &iacute;ndices a trav&eacute;s de un factor de correcci&oacute;n que incorpora como argumento el nivel de dispersi&oacute;n de los logros en la poblaci&oacute;n. As&iacute;, un &iacute;ndice corregido por desigualdad toma la siguiente forma gen&eacute;rica:</p>      <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e1.gif"></center></p>      <p>donde <i>I </i>es un &iacute;ndice que mide los logros alcanzados en la dimensi&oacute;n <i>i </i>y <i>G</i>(<i>I <sup>i</sup></i>) es un &iacute;ndice de desigualdad que var&iacute;a entre 0 y 1 y en el que estos valores extremos representan las situaciones de perfecta igualdad y desigualdad, respectivamente. Si todos los integrantes de la sociedad disfrutan del mismo logro en la dimensi&oacute;n <i>i, </i>entonces el &iacute;ndice ajustado es simplemente el promedio simple de dicho indicador. En cualquier otro caso, el &iacute;ndice corregido registrar&aacute; un valor menor a la media aritm&eacute;tica de los &iacute;ndices calculados para cada integrante de la sociedad. Por tanto, dado un valor promedio de los logros obtenidos en la dimensi&oacute;n <i>i, </i>el bienestar social asociado a esta variable ser&aacute; mayor cuanto m&aacute;s equitativa sea su distribuci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A su vez, este mecanismo de ajuste por desigualdad fue puesto en pr&aacute;ctica para la dimensi&oacute;n del ingreso en los informes de desarrollo humano del PNUD entre 1991 y 1994, utilizando el &iacute;ndice de Gini para calcular el factor de correcci&oacute;n por desigualdad. En Am&eacute;rica Latina, algunos pa&iacute;ses como Chile y Colombia han incorporado este ajuste en sus informes nacionales<sup><a name="s3" href="#p3">3</a></sup>.</p>     <p>Diversos autores han propuesto mecanismos de ajustes m&aacute;s generales, que incorporen la desigualdad expl&iacute;citamente en la medici&oacute;n general del desarrollo humano. A continuaci&oacute;n, se presentan sucintamente tres enfoques metodol&oacute;gicos de correcci&oacute;n por desigualdad, desarrollados por Hicks (1997), Chatterjee (2005) y Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005).</p>     <p><b>A.  El &iacute;ndice de desarrollo humano de Hicks</b></p>     <p>La propuesta de Hicks (1997) consiste en utilizar el &iacute;ndice de Gini como medida de la desigualdad para instrumentar una medida como la expresada en (1). Se promedian los indicadores construidos de esa forma para cada dimensi&oacute;n, con lo que se obtiene un &iacute;ndice sint&eacute;tico de desarrollo humano<sup><a name="s4" href="#p4">4</a></sup>.</p>     <p>As&iacute;, el IDH ajustado por desigualdad resultante puede expresarse como:</p>      <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e2.gif"></center></p>      <p>donde <i>I<sub>i</sub> </i>y <i>G<sub>i</sub> </i>representan respectivamente el indicador sint&eacute;tico y el &iacute;ndice de Gini de la dimensi&oacute;n <i>i</i>. Obs&eacute;rvese que este procedimiento tiende a alterar el peso relativo de las dimensiones en funci&oacute;n del valor relativo del &iacute;ndice de Gini. Stanton (2006) se&ntilde;ala que la naturaleza y el nivel de desagregaci&oacute;n de cada dimensi&oacute;n provocan que el valor de los &iacute;ndices de Gini var&iacute;en significativamente entre dimensiones, lo cual altera el peso relativo de sus indicadores espec&iacute;ficos en el IDH<sup><a name="s5" href="#p5">5</a></sup>.</p>     <p>Adicionalmente, la utilizaci&oacute;n del &iacute;ndice de Gini presenta el inconveniente de que el &iacute;ndice resultante no resulta consistente por subgrupos. En efecto, si un grupo de la sociedad mejora su situaci&oacute;n y el resto no registra cambios, podr&iacute;a darse la situaci&oacute;n de que el &iacute;ndice agregado caiga en vez de aumentar (Foster, Lopez-Calva y Szekely, 2005). Esta limitaci&oacute;n del &iacute;ndice de Hicks ha dado lugar a otras propuestas de indicadores cuya descomposici&oacute;n por subgrupos resulta consistente.</p>     <p><b>B.  El &iacute;ndice de desarrollo humano de Chatterjee</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con el objetivo de construir un IDH que refleje tanto la evoluci&oacute;n de los logros promedio de la sociedad como su distribuci&oacute;n, Chatterjee (2005) propone un &iacute;ndice de desarrollo humano sensible a cambios en la localizaci&oacute;n (cambios en el valor general de los valores) y a la dispersi&oacute;n (cambios en la desigualdad de los logros) de las distribuciones correspondientes a cada una de las dimensiones.</p>     <p>Consid&eacute;rese una poblaci&oacute;n que es clasificada en categor&iacute;as ordenadas que representan niveles crecientes de una caracter&iacute;stica constitutiva de la calidad de vida. Este ordenamiento puede ser ordinal o cardinal, dependiendo de si la dimensi&oacute;n considerada se mide a trav&eacute;s de un indicador de car&aacute;cter cuantitativo o cualitativo. Si se denota como <i>c </i>el total de categor&iacute;as y como <i>p<sub>1</sub>...p<sub>n</sub> </i>la proporci&oacute;n de personas que se clasifican en cada categor&iacute;a (o la probabilidad de inclusi&oacute;n en ellas), es posible definir un estad&iacute;stico que se&ntilde;ale la proporci&oacute;n de individuos que pertenecen a todas las categor&iacute;as mayores a <i>i </i>como:</p>     <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e3.gif"></center></p>      <p>Utilizando estos estad&iacute;sticos, el &iacute;ndice propuesto por Chatterjee para reflejar los movimientos en la localizaci&oacute;n y dispersi&oacute;n de cada dimensi&oacute;n se define como:</p>      <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e4.gif"></center></p>      <p>Este indicador muestra el grado en que la distribuci&oacute;n se encuentra concentrada en los valores mayores, por lo que Chatterjee lo define como el <i>uptilt </i>de la distribuci&oacute;n y refleja simult&aacute;neamente los cambios acaecidos en la localizaci&oacute;n y dispersi&oacute;n de los valores. En el caso particular en que se definen &uacute;nicamente dos categor&iacute;as, el &iacute;ndice<sup><a name="s6" href="#p6">6</a></sup> se reduce a (p<sub>2</sub>)<sup>2</sup>.</p>     <p>Es de notar que este &iacute;ndice re&uacute;ne un conjunto de propiedades deseables para una medida de bienestar asociado a una dimensi&oacute;n:</p>     <p>1) 0 &le; U<sup>2</sup> &le; 1. Obs&eacute;rvese que <i>U<sup>2</sup> = </i>0 si y solo si <i>p</i><sub>1</sub> = 1, lo que implica que toda la poblaci&oacute;n se concentra en la categor&iacute;a m&aacute;s baja, mientras que <i>U<sup>2</sup> = </i>1 si y solo si toda la poblaci&oacute;n se concentra en la categor&iacute;a superior <i>c</i> (<i>p<sub>c</sub></i> = 1).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>2) <i>U<sup>2</sup> es mon&oacute;tonamente creciente con los logros de cada individuo. </i>Si un miembro de la poblaci&oacute;n se mueve hacia una categor&iacute;a superior y el resto de los individuos permanecen ubicados en las mismas categor&iacute;as, el &iacute;ndice crece.</p>     <p>3) <i>U<sup>2</sup> es sensible a la privaci&oacute;n. </i>Siendo <i>j</i> > <i>i</i>, <i>U</i><sup>2</sup> crece m&aacute;s r&aacute;pidamente cuando un individuo se mueve de una categor&iacute;a <i>i </i>a <i>i +1 </i>que cuando se mueve entre <i>j </i>y <i>j + </i>1.</p>     <p>4) <i>U<sup>2</sup> es descomponible por subgrupos poblacionales. </i>Si la poblaci&oacute;n se divide en varios grupos disjuntos clasificados a partir de alguna caracter&iacute;stica relevante, <i>U</i><sup>2</sup> es la suma del &iacute;ndice correspondiente a cada grupo ponderado por la participaci&oacute;n de cada grupo en la poblaci&oacute;n menos un t&eacute;rmino no negativo que representa la diversidad &quot;entre los grupos&quot;. Este &uacute;ltimo t&eacute;rmino se vuelve 0 si los grupos son homog&eacute;neos, en el sentido de que para cada categor&iacute;a <i>i p<sub>i</sub> </i>es el mismo para todos los grupos.</p>     <p>5) El &iacute;ndice definido en (3) puede ser utilizado de diferentes maneras en funci&oacute;n de las caracter&iacute;sticas de la informaci&oacute;n disponible para construir &iacute;ndices de desarrollo humano. Una vez calculados estos indicadores para cada una de las dimensiones consideradas, los IDH surgen del promedio simple de los <i>U<sup>2</sup>, </i>procedimiento an&aacute;logo al utilizado en los informes mundiales sobre desarrollo humano del PNUD:</p>      <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e5.gif"></center></p>      <p>donde <i>n </i>es el n&uacute;mero de dimensiones consideradas. En tanto la familia de &iacute;ndices <i>V</i><sup>2</sup> surge de la agregaci&oacute;n simple<sup><a name="s7" href="#p7">7</a></sup> de los &iacute;ndices <i>U</i><sup>2</sup>, las propiedades deseables que cumplen estos &uacute;ltimos tambi&eacute;n se verifican para los &iacute;ndices compuestos <i>V<sup>2</sup>.</i></p>     <p><b>C.  Una familia de </b><b>IDH corregidos por desigualdad (Foster, Lopez-Calva y Szekely)</b></p>     <p>La propuesta de Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005) parte de considerar detalladamente las propiedades deseables de un &iacute;ndice que incorpore la desigualdad desde una perspectiva axiom&aacute;tica. En ese sentido, se&ntilde;alan que una familia de IDH deber&iacute;a cumplir las siguientes propiedades<sup><a name="s8" href="#p8">8</a></sup>:</p>     <p>&bull; <i>Imparcialidad</i>. El nivel de desarrollo humano debe permanecer incambiado si se permutan los logros de dos personas y la situaci&oacute;n del resto de la poblaci&oacute;n no se altera.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&bull; <i>Consistencia por subgrupos</i>. Si un grupo mejora su situaci&oacute;n y el resto de la poblaci&oacute;n permanece igual, el IDH debe aumentar.</p>     <p>&bull; <i>Simetr&iacute;a entre las dimensiones</i>. A priori las dimensiones incluidas deben tener la misma importancia relativa.</p>     <p>&bull; <i>Invariancia a la poblaci&oacute;n</i>. El IDH debe ser un indicador del desarrollo per c&aacute;pita, de tal manera que permita realizar comparaciones entre sociedades de distinto tama&ntilde;o.</p>     <p>&bull; <i>Monotonicidad en la desigualdad</i>. El desarrollo humano depende negativamente de la desigualdad. Esto implica que, si no se modifican los logros promedio alcanzados, un cambio en la desigualdad de alguna de las dimensiones provoca un cambio en sentido inverso en el IDH.</p>     <p>&bull; <i>Monotonicidad en el valor medio de las dimensiones</i>. El IDH depende positivamente del valor promedio de los indicadores de cada dimensi&oacute;n.</p>     <p>&bull; <i>Independencia de los criterios de agregaci&oacute;n de los indicadores</i>. El resultado deber&iacute;a ser invariante con respecto a la forma de agregaci&oacute;n de las personas e indicadores. En otras palabras, el resultado deber&iacute;a ser el mismo si se descuenta la desigualdad de la media de cada dimensi&oacute;n o si se opta por calcular la media de cada dimensi&oacute;n para cada persona y luego afectar el IDH resultante por la desigualdad.</p>     <p>El procedimiento utilizado por el PNUD para ajustar la dimensi&oacute;n ingreso hasta 1994 y la propuesta de Hicks no cumplen con esta propiedad, ya que se basan en el &iacute;ndice de Gini que no resulta descomponible por subgrupos. Esto conduce a que dicho &iacute;ndice no sea adecuado para el an&aacute;lisis del desarrollo humano para distintos grupos de la poblaci&oacute;n. Por ejemplo, los resultados de la aplicaci&oacute;n de este &iacute;ndice a nivel regional podr&iacute;an no ser consistentes con el resultado nacional.</p>     <p>Los autores mencionados proponen una nueva clase de &iacute;ndices de desarrollo humano basados en el concepto de medias generalizadas que cumplan los criterios axiom&aacute;ticos planteados (mientras que el IDH se fundamenta en la media aritm&eacute;tica). Espec&iacute;ficamente, proponen considerar la medida de desigualdad de Atkinson (1970), que se basa en un cociente de medias generalizadas:</p>      <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e6.gif"></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>donde el par&aacute;metro s refleja la aversi&oacute;n a la desigualdad. Este indicador es creciente con los niveles de desigualdad, ya que mayor desigualdad implica un mayor cociente de las medias consideradas. Para cada dimensi&oacute;n, el indicador ser&aacute;:</p>      <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e7.gif"></center></p>      <p>Finalmente, el indicador global se obtiene tomando la media generalizada de los indicadores de cada dimensi&oacute;n<sup><a name="s9" href="#p9">9</a></sup>, es decir:</p>      <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e8.gif"></center></p>      <p>Este indicador cumple con las propiedades esperables, incluso la de ser consistente por subgrupos de la poblaci&oacute;n, ya que el nivel global de desarrollo humano puede expresarse como la media generalizada de los niveles de desarrollo humano de los distintos subgrupos de la poblaci&oacute;n. El indicador es sensible tambi&eacute;n al equilibrio entre los logros en cada dimensi&oacute;n, es decir, penaliza a los pa&iacute;ses con desarrollos desparejos en las distintas dimensiones, lo que refleja cierto grado de sustituci&oacute;n entre las dimensiones. Esta es una diferencia importante con respecto al IDH est&aacute;ndar, puesto que este al resultar del promedio simple de los tres indicadores, impl&iacute;citamente asume una relaci&oacute;n de sustituibilidad perfecta entre las dimensiones.</p>     <p>Obs&eacute;rvese que la importancia que se le otorga a la desigualdad como factor que reduce el bienestar social se captura a trav&eacute;s del par&aacute;metro e, el cual refleja el grado social de aversi&oacute;n a la desigualdad predominante en la sociedad.</p>     <p>La aplicaci&oacute;n de esta metodolog&iacute;a determina que el &iacute;ndice resultante para cada dimensi&oacute;n sea un promedio ponderado del nivel de logros alcanzados en la sociedad, en donde el peso de cada persona evoluciona en forma inversa al logro relativo que alcanza en la correspondiente dimensi&oacute;n. En este sentido, cuanto mayor es el par&aacute;metro e, mayor es la ponderaci&oacute;n que se le otorga a los individuos relativamente m&aacute;s desfavorecidos. As&iacute;, el &iacute;ndice puede expresarse como:</p>      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e9.gif"></center></p>      <p>donde e es el par&aacute;metro que refleja el grado de aversi&oacute;n a la desigualdad y <i>n </i>es la poblaci&oacute;n.</p>     <p>Concretamente, si el par&aacute;metro <i>&epsilon;</i> es igual a 0, entonces el &iacute;ndice es la media aritm&eacute;tica de los &iacute;ndices individuales, lo que implica asumir que la forma en que se distribuyen los logros entre los integrantes de la comunidad es irrelevante para el desarrollo humano de ella. En cambio, cuando e toma los valores 1 y 2, el &iacute;ndice resultante es respectivamente la media geom&eacute;trica y harm&oacute;nica, las cuales &quot;castigan&quot; la desigualdad, pues le otorgan una ponderaci&oacute;n progresivamente menor a los individuos que registran mayores logros relativos.</p>     <p>Finalmente, el IDH corregido por desigualdad surge de agregar los tres &iacute;ndices espec&iacute;ficos a partir de su media ponderada indexada por el par&aacute;metro e:</p>      <p>    <center><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e10.gif"></center></p>      <p>Nuevamente, si se asume <i>&epsilon;</i> = 0, el &iacute;ndice resultante es an&aacute;logo al IDH est&aacute;ndar, ya que se calcula como el promedio simple de tres indicadores construidos como la media de los logros observados en la poblaci&oacute;n para cada dimensi&oacute;n<sup><a name="s10" href="#p10">10</a></sup>. A su vez, para valores de &epsilon; mayores que 0 la ponderaci&oacute;n de cada dimensi&oacute;n aumenta cuanto menor sea el valor del &iacute;ndice espec&iacute;fico comparado con los otros componentes. De esta manera, este proceso de agregaci&oacute;n &quot;castiga&quot; la presencia de fuertes desequilibrios entre los logros observados en las tres dimensiones, otorgando mayor valor a las potenciales mejoras del indicador que presente un peor desempe&ntilde;o relativo<sup><a name="s11" href="#p11">11</a></sup>.</p>     <p><font size="3"><b>II. Resultados para Uruguay</b></font></p>     <p><b>A.  Definici&oacute;n de las variables utilizadas</b></p>     <p>La implementaci&oacute;n de un IDH corregido por desigualdad idealmente requiere construir &iacute;ndices de educaci&oacute;n, salud e ingreso para cada persona. Sin embargo, resulta complejo contar con datos desagregados para todos los individuos, por lo que la operativizaci&oacute;n emp&iacute;rica de un IDH sensible a la desigualdad se realiza a partir de informaci&oacute;n m&aacute;s agregada.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el caso del &iacute;ndice de salud, se opt&oacute; por aproximar esta dimensi&oacute;n por la tasa de sobrevivencia infantil (uno menos la tasa de mortalidad infantil por cada mil menores de un a&ntilde;o), ya que este indicador se encuentra disponible con un mayor grado de desagregaci&oacute;n geogr&aacute;fica que la esperanza de vida, lo que permite identificar con mayor precisi&oacute;n las diferencias en la tasa<sup><a name="s12" href="#p12">12</a></sup>. As&iacute;, se utiliz&oacute; la tasa de sobrevivencia infantil por secci&oacute;n judicial asign&aacute;ndole a cada individuo el &iacute;ndice correspondiente a la secci&oacute;n judicial donde habita. Sin embargo, esta informaci&oacute;n est&aacute; disponible reci&eacute;n a partir del a&ntilde;o 1996, por lo que es posible calcular una serie de IDH corregido por desigualdad exclusivamente para el per&iacute;odo 1996-2002.</p>     <p>Por su parte, el &iacute;ndice de educaci&oacute;n se calcul&oacute; a partir de los microdatos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH). Se construy&oacute; un &iacute;ndice compuesto para cada hogar que surge del promedio ponderado de la tasa de personas mayores de 14 a&ntilde;os sin educaci&oacute;n en el hogar y la tasa de matriculaci&oacute;n de los individuos entre 6 y 24 a&ntilde;os. Al igual que en el IDH est&aacute;ndar, la primera variable ingresa en el &iacute;ndice de educaci&oacute;n con una ponderaci&oacute;n de dos tercios y la tasa de matriculaci&oacute;n recibe un peso de un tercio. A cada individuo se le asigna el &iacute;ndice del hogar al que pertenece. De esta manera, el componente educaci&oacute;n del IDH se calcula a partir de las medias generalizadas de estos indicadores en la ECH.</p>     <p>Los tres &iacute;ndices se estandarizaron con los valores m&aacute;ximos y m&iacute;nimos observados en el per&iacute;odo analizado.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, el c&aacute;lculo del &iacute;ndice de ingreso se realiz&oacute; a partir de informaci&oacute;n sobre los centiles de ingreso per c&aacute;pita construida a partir de la ECH. El <a href="#c1">cuadro 1</a> resume los principales resultados obtenidos para el per&iacute;odo 1996-2002, asumiendo distintos grados de aversi&oacute;n a la desigualdad<sup><a name="s13" href="#p13">13</a></sup>.</p>      <p>    <center><a name="c1"><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04c1.gif"></a></center></p>      <p>Como era de esperar, el valor absoluto de los &iacute;ndices cae al realizarse el ajuste por desigualdad. En el caso de la familia de &iacute;ndices de Foster, Lopez-Calva y Szekely, el IDH disminuye al aumentar el par&aacute;metro &eacute;psilon. El &iacute;ndice de Chatterjee se ubica en una situaci&oacute;n similar al &iacute;ndice de Foster, Lopez-Calva y Szekely con par&aacute;metro 1, mientras que los resultados del IDH de Hicks se ubica en una situaci&oacute;n intermedia.</p>     <p>Por ejemplo, si se compara el IDH calculado con un grado nulo de aversi&oacute;n a la desigualdad con el &iacute;ndice que surge de asumir <i>&epsilon;</i> = 2, la p&eacute;rdida de desarrollo humano atribuible a la desigualdad se ubica en 18% en promedio para los cuatro a&ntilde;os considerados <i>(v&eacute;ase </i><a href="#c2">cuadro 2</a>). Este resultado indica que la desigualdad en la distribuci&oacute;n de los logros asociados a cada dimensi&oacute;n entre la poblaci&oacute;n implica una p&eacute;rdida relevante de desarrollo humano medido a trav&eacute;s del IDH corregido por desigualdad.</p>      <p>    <center><a name="c2"><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04c2.gif"></a></center></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Por su parte, el &iacute;ndice de Chatterjee muestra un nivel comparable al observado para un &iacute;ndice de Foster, Lopez-Calva y Szekely con par&aacute;metro 1, lo que indica que la aversi&oacute;n a la desigualdad impl&iacute;cita en su construcci&oacute;n ser&iacute;a similar a la correspondiente al valor de este par&aacute;metro. El &iacute;ndice de Hicks presenta un patr&oacute;n algo diferenciado, puesto que exhibe un nivel de ajuste agregado similar al observado para los IDH construidos a partir de la funci&oacute;n de bienestar de Atkinson con par&aacute;metro 2, pero el origen de la importante reducci&oacute;n del indicador comparado con el IDH sin ajustar por desigualdad se asocia al procedimiento para construir el &iacute;ndice de la dimensi&oacute;n ingreso. Obs&eacute;rvese que la magnitud del ajuste en esta dimensi&oacute;n es sustancialmente mayor si se la compara con las otras dos familias de indicadores calculados. Mientras que el &iacute;ndice de Chatterjee y el de la familia de Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005) con par&aacute;metro 2 muestran una reducci&oacute;n del indicador de ingresos que se ubica entre 16% y 20%, el ajuste que arroja el &iacute;ndice de Hicks es superior al 50% en la mayor&iacute;a de los a&ntilde;os.</p>     <p>A la vez, la evoluci&oacute;n del IDH difiere seg&uacute;n el grado de aversi&oacute;n a la desigualdad que se asuma: mientras que un grado bajo de aversi&oacute;n a la desigualdad determina que el IDH no registre cambios relevantes, cuando se utiliza <i>&epsilon;</i> = 2 se observa una moderada disminuci&oacute;n del grado de desarrollo humano durante los &uacute;ltimos tres a&ntilde;os. Por tanto, la correcci&oacute;n por desigualdad permite captar los efectos de la crisis econ&oacute;mica que sufri&oacute; el pa&iacute;s entre 1999 y 2002, mientras que tales efectos no muestran una incidencia relevante cuando se omite el impacto de la desigualdad.</p>     <p>Por cierto, la incorporaci&oacute;n de la desigualdad tiene impactos diferentes en cada componente del IDH. El <a href="#c2">cuadro 2</a> muestra tambi&eacute;n que el ingreso es la dimensi&oacute;n que sufre un mayor deterioro al realizarse el ajuste por desigualdad. As&iacute;, la dispersi&oacute;n en el nivel de ingreso per c&aacute;pita entre los hogares se refleja en una baja importante en el &iacute;ndice de ingreso, que cae aproximadamente un 18% si se comparan los valores obtenidos a trav&eacute;s de un promedio simple de los &iacute;ndices individuales (<i>&epsilon;</i> = 0) y el m&aacute;ximo nivel de aversi&oacute;n a la desigualdad considerado (<i>&epsilon;</i> = 2).</p>     <p>Los &iacute;ndices de educaci&oacute;n y salud presentan cambios menores cuando se corrigen por desigualdad. Sin embargo, se debe ser cuidadoso en la interpretaci&oacute;n de este resultado.</p>     <p>En la dimensi&oacute;n educaci&oacute;n el ajuste por desigualdad no provoca cambios importantes en el indicador debido a que la falta de instrucci&oacute;n pesa dos tercios en la construcci&oacute;n del &iacute;ndice. Aproximadamente un 98% de la poblaci&oacute;n uruguaya recibi&oacute; alg&uacute;n tipo de instrucci&oacute;n formal, por lo que el principal componente del &iacute;ndice de educaci&oacute;n pr&aacute;cticamente no presenta variaciones en la poblaci&oacute;n.</p>     <p>El caso de la salud es diferente, pues por construcci&oacute;n este indicador presenta menor variabilidad en la poblaci&oacute;n. En ese sentido, la falta de datos m&aacute;s desagregados incide directamente en los resultados obtenidos, haciendo que el &iacute;ndice de este componente no registre pr&aacute;cticamente cambios cuando se realiza el ajuste por desigualdad. A la vez, se observa que los &iacute;ndices de educaci&oacute;n y de salud muestran una mejora sistem&aacute;tica durante el per&iacute;odo, mientras que el &iacute;ndice de ingreso cae a partir de 2000. Por tanto, los movimientos en el IDH corregido por desigualdad son producto fundamentalmente de la evoluci&oacute;n del &iacute;ndice de ingreso.</p>     <p>Como el proceso de agregaci&oacute;n &quot;castiga&quot; la presencia de desequilibrios entre los componentes en el caso del &iacute;ndice de Foster, Lopez-Calva y Szekely, los movimientos en el &iacute;ndice de ingreso -que registra el menor valor de los tres &iacute;ndices espec&iacute;ficos- generan cambios m&aacute;s acentuados en el IDH corregido por desigualdad. As&iacute;, la fuerte ca&iacute;da del ingreso de los hogares y el aumento de la concentraci&oacute;n que se observa durante la crisis econ&oacute;mica se refleja en una disminuci&oacute;n del desarrollo humano cuando el IDH es ajustado por desigualdad, mientras que no se registran cambios relevantes si se hace abstracci&oacute;n del comportamiento de la distribuci&oacute;n.</p>     <p><b><font size="3">III. La implementaci&oacute;n de IDH corregido por desigualdad para realizar comparaciones internacionales</font></b></p>     <p>&iquest;Cu&aacute;nto cambiar&iacute;a el ordenamiento de los pa&iacute;ses seg&uacute;n el IDH si se incorpora un ajuste por desigualdad? La respuesta a esta pregunta dista de ser completa, puesto que la informaci&oacute;n requerida para construir indicadores de desarrollo humano ajustados por desigualdad no se encuentra disponible para muchos pa&iacute;ses, en particular para aquellos de menor desarrollo humano relativo. Por ejemplo, Hicks (1997) muestra que al utilizar el ajuste propuesto por &eacute;l para veinte pa&iacute;ses en desarrollo se generan importantes reordenamientos. En particular, los pa&iacute;ses latinoamericanos que integran su muestra tienden a empeorar su posicionamiento. Por su parte, Stanton (2006), utilizando informaci&oacute;n para 46 pa&iacute;ses, demuestra que su ordenamiento var&iacute;a sustancialmente al realizar un ajuste por desigualdad con respecto a la f&oacute;rmula tradicional del IDH. Nuevamente, los pa&iacute;ses latinoamericanos tienden empeorar su desempe&ntilde;o relativo.</p>     <p>La informaci&oacute;n disponible actualmente no permite realizar el c&aacute;lculo del IDH corregido para todos los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n. Sin embargo, a modo de ilustraci&oacute;n, se construy&oacute; el &iacute;ndice de ingreso para los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, con el objetivo de poder analizar los cambios en el ordenamiento de los pa&iacute;ses ocasionados por la incorporaci&oacute;n de la desigualdad en esta dimensi&oacute;n. En este caso, se utiliza &uacute;nicamente la familia de &iacute;ndices desarrollados por Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los c&aacute;lculos se realizaron utilizando la informaci&oacute;n sobre pib per capita ajustado por paridades de compra y poblaci&oacute;n total que se reportan en la base World Development Indicators del Banco Mundial y la participaci&oacute;n de los deciles en el ingreso total que surge del informe del Banco Mundial (2003).</p>     <p>Como no se contaba con informaci&oacute;n para todos los a&ntilde;os de la d&eacute;cada, se opt&oacute; por realizar las estimaciones para los a&ntilde;os 1995 o 1996, dependiendo de la informaci&oacute;n disponible. A cada decil se le asign&oacute; la al&iacute;cuota parte del pib total correspondiente a su participaci&oacute;n en el ingreso total. A la vez, se estandariz&oacute; el ingreso de cada decil utilizando como l&iacute;mites el menor y mayor ingreso que se observa en los deciles para toda la d&eacute;cada. Finalmente, se calcul&oacute; el &iacute;ndice de ingreso de cada pa&iacute;s utilizando la metodolog&iacute;a de Foster, Lopez-Calva y Szekely, y tratando cada decil como una observaci&oacute;n. El <a href="#c3">cuadro 3</a> muestra los resultados obtenidos para la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina.</p>      <p>    <center><a name="c3"><img src="img/revistas/dys/n65/n65a04c3.gif"></a></center></p>      <p>Se observan importantes variaciones en el ordenamiento de los pa&iacute;ses. En particular, aquellos que registran una mayor desigualdad en la distribuci&oacute;n del ingreso por deciles, Brasil, M&eacute;xico y Chile, caen varios lugares y suben Uruguay, Costa Rica, Per&uacute; y Venezuela, pa&iacute;ses con una distribuci&oacute;n del ingreso relativamente m&aacute;s equitativa en el contexto latinoamericano. Por tanto, la incorporaci&oacute;n de la desigualdad parece modificar significativamente el panorama sobre el desarrollo humano relativo de los pa&iacute;ses en el contexto latinoamericano<sup><a name="s14" href="#p14">14</a></sup>.</p>     <p><b><font size="3">IV.  Comentarios finales</font></b></p>     <p>Una de las cr&iacute;ticas centrales al IDH como medida del grado de desarrollo humano de una sociedad es su insensibilidad a la forma en que los logros en cada una de las dimensiones relevantes se distribuyen entre los miembros de la sociedad. El objetivo de este art&iacute;culo es ilustrar c&oacute;mo podr&iacute;a alterarse la medici&oacute;n del desarrollo humano si se corrige el &iacute;ndice propuesto originalmente por el pnud, de tal forma refleje la desigualdad imperante en las tres dimensiones tradicionales que toma en cuenta el IDH.</p>     <p>Este art&iacute;culo muestra la evoluci&oacute;n del desarrollo humano en Uruguay entre 1991 y 2002, medido a trav&eacute;s del IDH est&aacute;ndar y dos familias alternativas de IDH que incorporan una correcci&oacute;n por la desigualdad en la distribuci&oacute;n de los logros alcanzados en cada dimensi&oacute;n.</p>     <p>Con este objetivo se utilizan tres desarrollos metodol&oacute;gicos recientes: Hicks (1997), Chatterjee (2005) y Foster, Lopez-Calva y Szekely (2005). La conclusi&oacute;n b&aacute;sica es que la incorporaci&oacute;n de la desigualdad altera significativamente los resultados obtenidos: mientras que el IDH est&aacute;ndar crece en Uruguay durante todo el per&iacute;odo -salvo el a&ntilde;o 2002, cuando registra una muy leve ca&iacute;da-, la familia de IDH corregidos por desigualdad muestra una tendencia descendente en el &uacute;ltimo per&iacute;odo, en especial cuando se incrementa la sensibilidad a la desigualdad de dichos &iacute;ndices. A la vez, se presenta una prueba en la que se compara el ordenamiento de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina para una dimensi&oacute;n con el IDH est&aacute;ndar y sus versiones corregidas, y se observan cambios importantes en las posiciones, resultado consistente con estudios previos. Por tanto, se concluye que la desigualdad deber&iacute;a ser incorporada sistem&aacute;ticamente para evaluar la situaci&oacute;n de las sociedades en funci&oacute;n de su desarrollo humano.</p>     <p>No obstante, es importante se&ntilde;alar que la implementaci&oacute;n de estos &iacute;ndices resulta m&aacute;s intensiva en informaci&oacute;n que el IDH est&aacute;ndar, por lo que requiere contar con informaci&oacute;n m&aacute;s desagregada a nivel de grupos o personas para todas las dimensiones, lo que dificulta su extensi&oacute;n a nivel mundial.</p>  <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>NOTAS AL PIE</b></p>      <p><sup><a name="p1" href="#s1">1</a></sup> Adicionalmente, Stanton (2006) argumenta que el impacto de la educaci&oacute;n y de la salud sobre el bienestar tambi&eacute;n puede presentar rendimientos marginales decrecientes, por lo que una menor desigualdad en estas dimensiones provoca un mayor bienestar agregado.</p>     <p><sup><a name="p2" href="#s2">2</a></sup> Estas corrientes de pensamiento filos&oacute;fico se nutren de los aportes de autores como John Rawls, Ronald Dworkin y Amartya Sen.</p>     <p><sup><a name="p3" href="#s3">3</a></sup> V&eacute;anse los informes nacionales sobre desarrollo humano de Chile y Colombia para diversos a&ntilde;os. Con el mismo esp&iacute;ritu Brasil y Cuba ajustan el ingreso utilizando la familia de &iacute;ndices de desigualdad de Atkinson. El informe de Argentina para el 2001 incorpora un ajuste por desigualdad en la dimensi&oacute;n educaci&oacute;n, bas&aacute;ndose en la distribuci&oacute;n del rendimiento escolar.</p>     <p><sup><a name="p4" href="#s4">4</a></sup> En este caso, el &iacute;ndice corregido por desigualdad para cada dimensi&oacute;n corresponde a la funci&oacute;n de bienestar social propuesta por Sen.</p>     <p><sup><a name="p5" href="#s5">5</a></sup> Stanton (2006) propone un IDH corregido por desigualdad que, utilizando los &iacute;ndices de Gini, evita este problema al utilizar un factor de correcci&oacute;n por desigualdad para el &iacute;ndice en su conjunto, que surge del promedio de los &iacute;ndices de Gini correspondientes a las tres dimensiones. A su vez, la construcci&oacute;n de las funciones de bienestar social asociadas a las tres dimensiones se ajusta para reflejar la presencia de rendimientos marginales decrecientes.</p>     <p><sup><a name="p6" href="#s6">6</a></sup> En el caso de que la dimensi&oacute;n se mida a trav&eacute;s de una variable cuantitativa que no tome valores negativos, el &iacute;ndice adopta la siguiente forma gen&eacute;rica:    <br> <img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e4ap.gif">, donde F(.) es la funci&oacute;n de distribuci&oacute;n de la variable <i>x </i>y <i>B </i>es la cota superior de dicha distribuci&oacute;n. En este caso, el &iacute;ndice puede ser expresado alternativamente como:    <br> <img src="img/revistas/dys/n65/n65a04e4bp.gif">, donde <i>G </i>es el &iacute;ndice de Gini calculado para la variable <i>x </i>y <i>&micro;</i> es la media.</p>     <p><sup><a name="p7" href="#s7">7</a></sup> Se podr&iacute;an incorporar &quot;pesos&quot; diversos a las dimensiones sin que se alteren las conclusiones b&aacute;sicas sobre las propiedades de estos IDH.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a name="p8" href="#s8">8</a></sup> Se resumen las propiedades m&aacute;s importantes. Los autores plantean otro conjunto de propiedades adicionales de car&aacute;cter m&aacute;s t&eacute;cnico.</p>     <p><sup><a name="p9" href="#s9">9</a></sup> Un resultado an&aacute;logo se obtiene si se aplica la media generalizada primero entre dimensiones para cada persona, y luego se vuelve a aplicar la media generalizada entre individuos.</p>     <p><sup><a name="p10" href="#s10">10</a></sup> Sin embargo, existe una diferencia importante en el caso de la dimensi&oacute;n de ingreso: la metodolog&iacute;a del IDH est&aacute;ndar implica que el &iacute;ndice de esta dimensi&oacute;n se construye a partir del logaritmo del ingreso per c&aacute;pita promedio para todo el pa&iacute;s, mientras que el componente ingreso del IDH corregido por desigualdad es el promedio de los &iacute;ndices calculados para los individuos. En este sentido, aun cuando se asume &epsilon; = 0, el IDH resultante incorpora cierta correcci&oacute;n por desigualdad, ya que el logaritmo es una transformaci&oacute;n estrictamente c&oacute;ncava.</p>     <p><sup><a name="p11" href="#s11">11</a></sup> Tal como se se&ntilde;al&oacute; en el texto, la utilizaci&oacute;n de la funci&oacute;n de bienestar de Atkinson permite construir una familia de IDH corregidos por desigualdad que cumple las propiedades axiom&aacute;ticas comentadas, en particular la propiedad de consistencia por subgrupos. Sin embargo, presenta una desventaja relativa en otro aspecto, ya que no es sencillo aislar el efecto espec&iacute;fico de la desigualdad sobre el bienestar social. A su vez, un problema m&aacute;s general asociado al ajuste por desigualdad, independiente del &iacute;ndice de desigualdad espec&iacute;fico utilizado, es que la interpretaci&oacute;n de los resultados es compleja en la medida en que no se modelice o se desconozca la forma en que interact&uacute;an entre s&iacute; la desigualdad en las dimensiones, pues se deber&iacute;a especificar si la desigualdad multidimensional act&uacute;a sobre el desarrollo humano en forma acumulativa o se permite cierto grado de compensaci&oacute;n.</p>     <p><sup><a name="p12" href="#s12">12</a></sup> Para construir un &iacute;ndice de salud a nivel de microdatos, deber&iacute;a recurrirse a otras variables, como la incidencia de distintos tipos de morbilidad.</p>     <p><sup><a name="p13" href="#s13">13</a></sup> Las encuestas de hogares constituyen el medio m&aacute;s id&oacute;neo para analizar la desigualdad de ingresos. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que este tipo de instrumento presenta problemas de subdeclaraci&oacute;n que no son homog&eacute;neos a lo largo de la distribuci&oacute;n del ingreso. En la medida en que los niveles de subcaptaci&oacute;n resultan mayores en los percentiles superiores, los &iacute;ndices sint&eacute;ticos posiblemente subestimen la desigualdad efectiva.</p>     <p><sup><a name="p14" href="#s14">14</a></sup> En el informe sobre desarrollo humano de M&eacute;xico (2003) se reporta una conclusi&oacute;n similar. Al incorporar la desigualdad, se observan cambios importantes en el ordenamiento relativo de los estados mexicanos seg&uacute;n su nivel de desarrollo humano.</p>  <hr size="1">      <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>1. ALKIRE, S. (2002). &quot;Dimensions of human development,&quot; <i>World Development, </i>30(2):181-205&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0120-3584201000010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. ANAND, S., and SEN, A. (1994). &quot;Human development index: Methodology and measurement&quot;, in S. Fukuda-Parr and A. K. Shiva Kumar (Eds.), <i>Readings in human development, concepts, measures and policies for a development paradigm. </i>New York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0120-3584201000010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. ATKINSON, A. B. (1970). &quot;On the measurement of inequality&quot;, <i>Journal of Economic Theory, </i>2:244-263.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0120-3584201000010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. BANCO MUNDIAL (2003). <i>Inequality in Latin America and the Caribbean: breaking with history? </i>Washington, D. C.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0120-3584201000010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. CHATTERJEE, S. (2005). &quot;Measurement of human development: An alternative approach&quot;, <i>Journal of Human Development, </i>6(l):31-44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0120-3584201000010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. FOSTER, J., LOPEZ-CALVA, L., and SZEKELY, M. (2005). &quot;Measuring the distribution of human development: Methodology and an application to Mexico&quot;, <i>Journal of Human Development, </i>6(1):5-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0120-3584201000010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. HICKS, D. A. (1997). &quot;The inequality -Adjusted human development index: A constructive proposal&quot;, <i>World Development, </i>25:315-324.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0120-3584201000010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. PNUD. (2003). <i>Informe de desarrollo humano de M&eacute;xico 2003. </i>M&eacute;xico, D. F., PNUD .&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0120-3584201000010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. RAWORTH, K. y STEWART, D. (2002). &quot;Critiques of the human development index: A review&quot;, in S. Fukuda-Parr and A. K. Shiva Kumar (Eds.), <i>Readings in human development, concepts, measures and policies for a development paradigm. </i>New York, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0120-3584201000010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. SEN, A. (1992). <i>Inequality reexamined. </i>Cambridge, Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0120-3584201000010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. SEN, A. (1999). <i>Development as freedom. </i>Oxford, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0120-3584201000010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. STANTON, E. (2006). &quot;Accounting for inequality: A proposed revision of the human development index&quot; (Working Paper 119). Political Economy Research Institute, University of Massachusetts, Amherst.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0120-3584201000010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. World Development Indicators. <a href="http://www.worldbank.org" target="_blank"><i>www.worldbank.org</i></a><i>.</i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0120-3584201000010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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