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<publisher-name><![CDATA[Universidad del Valle]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DE LA FORMACIÓN HUMANISTA A LA FORMACIÓN INTEGRAL: REFLEXIONES SOBRE EL DESPLAZAMIENTO DEL SENTIDO Y FINES DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[From Humanistic-Formation to Integral-Formation: Reflexions about the Displacement of Superior Education's Sense and Aims]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the actual Education's Outlook the concept of humanistic or classic Formation has lost validity face to the so-called Integral-Formation and the Emphasis to guarantee the Education's institucional process Quality. This Article, in first place, describes, the essencial Features of humanistic Formation. In second place, it examines the Arguments which talk in favor of the Humanistic-Formation's aims. Finally, in a third place it ponders the Education's Quality and Integral-Formation concepts showing the Risks which takes to have lost from the Horizon the humanistic Formation's Ideals.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p>    <center><font size=4 face="verdana"><b>DE LA FORMACI&Oacute;N HUMANISTA A LA FORMACI&Oacute;N INTEGRAL: REFLEXIONES SOBRE EL DESPLAZAMIENTO DEL SENTIDO Y FINES DE LA EDUCACI&Oacute;N SUPERIOR<sup>*&dagger;</sup></b></font></p>      <p><font size=4 face="verdana"><b>From Humanistic-Formation to Integral-Formation: Reflexions about the Displacement of Superior Education's Sense and Aims</font></b></p>      <br>     <p><font size=2 face=verdana>    <p><b><i>Julio C&eacute;sar Vargas</i></b>    <br> Universidad del Valle</center></p>      <p><sup>*</sup> <b>Recibido</b> Marzo de 2010; <b>aprobado</b> Mayo de 2010.    <br> <sup>&dagger;</sup> Este texto forma parte de la investigaci&oacute;n <i>Reflexiones sobre la formaci&oacute;n humanista y formaci&oacute;n basada en competencias</i>, inscrita en la Vicerrector&iacute;a de Investigaciones de la Universidad del Valle.</font></p>  <hr>  <font size=3 face="verdana">      <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><b><i>RESUMEN</i></center></b></p>      <p>En el actual panorama de la educaci&oacute;n el concepto de formaci&oacute;n humanista o cl&aacute;sica ha perdido vigencia en favor de la denominada "formaci&oacute;n integral" y del &eacute;nfasis en garantizar la calidad de los procesos institucionales de educaci&oacute;n. En primer lugar, este art&iacute;culo describe los rasgos esenciales de la formaci&oacute;n humanista. En segundo lugar, examina los argumentos que hablan a favor de los objetivos de este tipo de formaci&oacute;n. Finalmente, en tercer lugar, pondera los conceptos de "calidad de la educaci&oacute;n" y de "formaci&oacute;n integral" mostrando los riesgos que lleva consigo haber perdido del horizonte los ideales del humanismo.</p>      <p><b>Palabras clave</b>: Formaci&oacute;n humanista, formaci&oacute;n integral, calidad de la educaci&oacute;n, educaci&oacute;n superior.</p>  <hr>      <p><b>    <center><i>ABSTRACT</i></b></center></p>      <p>In the actual Education's Outlook the concept of humanistic or classic Formation has lost validity face to the so-called <i>Integral-Formation</i> and the Emphasis to guarantee the Education's institucional process Quality. This Article, in first place, describes, the essencial Features of humanistic Formation. In second place, it examines the Arguments which talk in favor of the <i>Humanistic-Formation's</i> aims. Finally, in a third place it ponders the <i>Education's Quality</i> and <i>Integral-Formation</i> concepts showing the Risks which takes to have lost from the Horizon the humanistic Formation's Ideals.</p>      <p><b>Key words</b>: Formation, Integral-Formation, Education's Quality, Superior Education.</p>  <hr>      <p>Tras examinar la manera como las universidades colombianas, privadas y p&uacute;blicas, expresan su misi&oacute;n y sus proyectos educativos, se puede constatar que recurrentemente aparece en ellas la denominada "formaci&oacute;n integral", entendiendo por &eacute;sta el criterio general de que sus respectivos procesos educativos est&aacute;n en pos de una educaci&oacute;n que vincule aspectos diversos como la formaci&oacute;n profesional, la apropiaci&oacute;n de valores &eacute;ticos, est&eacute;ticos y democr&aacute;ticos. Sin embargo, si se considera de cerca el concepto de "formaci&oacute;n integral" poco o nada tiene que ver con lo que se ha denominado "formaci&oacute;n cl&aacute;sica, humanista o liberal". En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas las pol&iacute;ticas educativas de la educaci&oacute;n en general, y en particular de la educaci&oacute;n superior, han sufrido un cambio debido a las exigencias de la globalizaci&oacute;n, lo cual lleva a erigir a la "calidad" como el criterio fundamental que debe orientar los procesos educativos, apoyado en principios como la flexibilidad, la integralidad, la pertinencia social y la interdisciplinariedad, los cuales difieren en buena medida de los valores que orientaban la formaci&oacute;n hasta hace algunas d&eacute;cadas. La valoraci&oacute;n que se realiza actualmente a la educaci&oacute;n superior educaci&oacute;n superior tiene que ver m&aacute;s con la cualificaci&oacute;n de los resultados, que deben poder ser observados continuamente y, sobre todo, ser objeto mensurable o controlable mediante procesos estrat&eacute;gicos de planeaci&oacute;n y de evaluaci&oacute;n.</p>      <p>Este trabajo se propone realizar un contraste entre la manera como la tradici&oacute;n cl&aacute;sica o humanista concibe la formaci&oacute;n personal y los principios b&aacute;sicos que orientan la formaci&oacute;n basada en la "calidad" y en las "competencias"; se busca realizar un balance en t&eacute;rminos de establecer cu&aacute;les son las ganancias y p&eacute;rdidas que lleva consigo el modelo de la cualificaci&oacute;n de la educaci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La primera parte presenta los rasgos centrales de la formaci&oacute;n humanista o cl&aacute;sica. La segunda parte intenta establecer hasta qu&eacute; punto se puede hablar del fin de las humanidades o del agotamiento de su sentido. La tercera parte tiene por tema las exigencias propias de la "calidad" como concepto b&aacute;sico de la educaci&oacute;n en la denominada sociedad del conocimiento. En esta parte se examinar&aacute;n las relaciones entre "calidad" de la educaci&oacute;n y formaci&oacute;n integral, para concluir con un balance en t&eacute;rminos de los peligros que lleva consigo el desplazamiento de la formaci&oacute;n cl&aacute;sica de los curr&iacute;culos, a favor de la denominada formaci&oacute;n basada en "competencias" y de la formaci&oacute;n "integral". Estas consideraciones permiten sostener que la formaci&oacute;n humanista es un aspecto fundamental de la educaci&oacute;n universitaria; si &eacute;sta se elimina o se ofrece superficialmente, la formaci&oacute;n universitaria queda al nivel de una instituci&oacute;n profesionalizante y por eso estar&iacute;amos ante el problema de la p&eacute;rdida de principios &eacute;ticos y pol&iacute;ticos, tal es el caso de la responsabilidad que cada ciudadano debe tener consigo mismo, con sus conciudadanos y con el mundo en general. Asimismo, el detrimento de la formaci&oacute;n o educaci&oacute;n humanista reducir&iacute;a los espacios que permiten reflexionar sobre los problemas propios de una visi&oacute;n educativa limitada a la especializaci&oacute;n.</p>      <p><b>1. Rasgos esenciales del concepto de Formaci&oacute;n</b></p>      <p>Gadamer en su obra central "Verdad y m&eacute;todo" propone que la formaci&oacute;n es "el m&aacute;s grande pensamiento del siglo XIX" y presenta a este concepto, junto con el gusto, el sentido com&uacute;n, el tacto y el juicio, como uno de los pilares del humanismo moderno (Gadamer, 1990, 15). El concepto de formaci&oacute;n pertenece a la esencia de la "humanitas". De acuerdo con Gadamer la formaci&oacute;n es el concepto clave que permite distinguir las ciencias naturales de las ciencias del esp&iacute;ritu, o como se dice en nuestro medio: las humanidades. En este contexto, cabe advertir que se debe distinguir entre la tradici&oacute;n de la "humanitas" y la defensa de una teor&iacute;a humanista basada en la existencia de una naturaleza humana &uacute;nica y de car&aacute;cter universal. Esto &uacute;ltimo supone partir de una preconcepci&oacute;n sobre el ser esencial de lo humano, una suerte de antropolog&iacute;a en la que el ser humano resulta ser el centro del cosmos, y por tanto, la medida de todas las cosas (Arendt, 1993, 171-177).</p>      <p>Si bien es cierto que el concepto de formaci&oacute;n tiene relaci&oacute;n con el concepto de <i>paideia</i>, esto es, el proceso espiritual e hist&oacute;rico seguido por los griegos para configurar su visi&oacute;n del ser humano; la <i>paideia</i> no constituye un proceso de formaci&oacute;n subjetivo, sino que est&aacute; indisociablemente ligado a la vida de la comunidad (J&auml;ger, 1992, Vergara, 1988). Sin embargo el origen del concepto de formaci&oacute;n se remonta a la m&iacute;stica de la baja edad media y est&aacute; referido al proceso mediante el cual cada ser humano se configura seg&uacute;n la imagen de Dios que lleva en s&iacute; y que debe desarrollar. Este concepto fue vertido por la tradici&oacute;n humanista renacentista, en t&eacute;rminos de formaci&oacute;n de los afectos y de la raz&oacute;n, hasta ser asumido y desarrollado por la ilustraci&oacute;n del siglo XVIII. El concepto de formaci&oacute;n (<i>Bildung</i>) nace en estrecha relaci&oacute;n con el concepto de ilustraci&oacute;n y de cultura, hasta que en el contexto del romanticismo alem&aacute;n del siglo XIX se ampl&iacute;a a las esferas de la est&eacute;tica, la pedagog&iacute;a y a&uacute;n la pol&iacute;tica (Vierhaus, 2002 y Gadamer, 1990, 15-47). En lo que sigue no nos detendremos en la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica de este concepto, sino que describimos sus rasgos esenciales.</p>      <p><b>1.1. Formaci&oacute;n como ampliaci&oacute;n subjetiva de horizontes</b></p>      <p>La formaci&oacute;n es un proceso subjetivo que posee una mayor amplitud que el aprendizaje de una profesi&oacute;n o la capacitaci&oacute;n para el aprendizaje de algunas t&eacute;cnicas; mediante la formaci&oacute;n la persona realiza una transformaci&oacute;n permanente de s&iacute; misma, en orden a alcanzar la madurez de sus capacidades espirituales y corporales, de tal manera que gracias a un trabajo arm&oacute;nico logre llevar un modo de vida que le resulte satisfactorio<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> y desde el cual contribuya -de acuerdo con sus propias posibilidades - a la construcci&oacute;n del mundo al que ella pertenece. En este sentido, Scheler define la formaci&oacute;n como una categor&iacute;a ontol&oacute;gica que tiene que ver con la constituci&oacute;n del ser humano, de la persona: "formaci&oacute;n es una categor&iacute;a del ser, no del saber y vivir. Formaci&oacute;n- es un car&aacute;cter que ha devenido, transformaci&oacute;n de la totalidad humana" (Scheler, 1947, 5).</p>      <p>Mediante la formaci&oacute;n el ser humano asciende a un estado que le permite ponderar el ser propio de los asuntos de los que se ocupa. Esto es posible gracias a que la formaci&oacute;n permite ampliar los horizontes de tal manera que se gana lo que podr&iacute;amos denominar "principio de realidad", esto es, la capacidad de juzgar el ser propio de las cosas, superando la actitud de examinar los asuntos introduciendo criterios de valoraci&oacute;n externos al tema, los cuales la mayor parte de las veces coinciden con los intereses personales. Ciertamente, el acceso a los objetos siempre est&aacute; determinado por la perspectiva del observador, sin embargo la formaci&oacute;n permite aclarar - al modo de un saber reflexivo - la perspectiva desde la cual se est&aacute; observando y los l&iacute;mites de la misma.</p>      <p>Por eso, la visi&oacute;n global que se gana mediante la formaci&oacute;n habilita para "distinguir lo esencial" (Hegel, 1997, 58) y deslindarlo de los intereses personales que si bien determinan el objeto, con todo ellos mismos no hacen parte del car&aacute;cter real del objeto. A esta condici&oacute;n se accede mediante el trabajo, de tal manera que el juicio de un objeto que se ponga a consideraci&oacute;n es acertado si tiene un car&aacute;cter mediato, es decir, la persona formada no se siente autorizada a hablar de cualquiera cosa con la misma propiedad; al respecto advierte Hegel que "un ser humano formado conoce a la vez los l&iacute;mites de su propio juicio" (Hegel, 1986a, 260). Esta visi&oacute;n es resultado del trabajo, de la interacci&oacute;n con el objeto, en la que se gana una nueva representaci&oacute;n de &eacute;ste, que supera la primera impresi&oacute;n basada en los datos meramente perceptivos, y por esta v&iacute;a logra dar cuenta de su ser propio en relaci&oacute;n con su contexto. Este procedimiento equivale, en cierto modo, a lo que Piaget denomin&oacute; "descentraci&oacute;n", es decir, la capacidad que adquiere un sujeto para no quedarse con los simples datos sensitivos proporcionados en una situaci&oacute;n perceptiva, sino el salto que logra dar para ganar una representaci&oacute;n global de la situaci&oacute;n.</p>      <p>De este modo, la formaci&oacute;n requiere de "trabajo", pero no en el sentido artesanal o industrial del t&eacute;rmino, es decir, por trabajo no se entiende la actividad que obedece a un modelo o plan estrat&eacute;gico dirigido a lograr metas. Por eso, no es del todo acertado representar el proceso de formaci&oacute;n bajo la imagen del artesano que construye una escultura, pues la formaci&oacute;n es un proceso cuyo fin y consecuencias no solo son desconocidas, sino que son imprevisibles. El trabajo es parte constitutiva de la formaci&oacute;n en cuanto busca construir, mediante el trato con el objeto, una nueva representaci&oacute;n de &eacute;ste y, por eso mismo, gracias a que se ampl&iacute;a la visi&oacute;n sucede simult&aacute;neamente el fortalecimiento de la persona. Se gana el conocimiento de lo esencial, de lo importante y por eso la persona formada, tiene car&aacute;cter porque "sabe lo que quiere", en cuanto distingue lo esencial, lo relevante, de lo superfluo o que lleva a la dispersi&oacute;n.</p>      <p>La formaci&oacute;n requiere de una capacidad de abstracci&oacute;n o de tomar distancia respecto de la manera como se ofrece el objeto inmediatamente a la experiencia, lo cual permite, gracias al horizonte en que el objeto aparece, pensar lo no dado, lo que no aparece: las posibilidades propias del objeto en relaci&oacute;n con su contexto. Esta mirada amplia es la que le permite a la persona formada tener una visi&oacute;n de mayor alcance que las pr&aacute;cticas especializadas de su profesi&oacute;n u oficio; una mirada amplia que, de todos modos, no est&aacute; desarticulada de este saber propio de la profesi&oacute;n; por eso, de lo que se trata es m&aacute;s bien de un ascenso a la totalidad, de una apertura al mundo<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup>. Este proceso no es de confundir con la erudici&oacute;n, sino que consiste en el reconocimiento de las propias posibilidades en relaci&oacute;n al todo, en identificar los alcances de la propia perspectiva o del "con&oacute;cete a ti mismo" socr&aacute;tico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La apertura al mundo es uno de los rasgos esenciales de la formaci&oacute;n. Se forma quien busca ampliar su perspectiva subjetiva o familiar, gracias al <i>amor mundi</i> (Scheler, 1947, 5). El mundo se ofrece como una realidad compleja: en primer lugar como el horizonte universal de toda experiencia posible y constituye a la vez la condici&oacute;n fundamental que determina el sentido que adquiere cada objeto que aparece a la conciencia. El mundo, horizonte general de toda experiencia, determina la manera como se nos ofrecen los objetos, esto es, mediante modos habituales de presentaci&oacute;n, gracias a los cuales &eacute;stos aparecen como familiares o extra&ntilde;os. Pero, el mundo se caracteriza tambi&eacute;n por tener una dimensi&oacute;n objetiva o f&iacute;sica y otra de car&aacute;cter plural, en la que se desarrollan las relaciones interpersonales (Arendt, 1993, 206-207). Seg&uacute;n Hegel, desde una perspectiva formal, a la esencia de la formaci&oacute;n pertenece el movimiento de retraimiento hacia lo extra&ntilde;o: hacia lo desconocido... el lugar virtual que ofrece el arte, la teor&iacute;a, o simplemente lo novedoso. Pero este movimiento requiere de un retorno al mundo circundante, al punto de partida. El objetivo de este retraimiento de lo familiar hacia lo extra&ntilde;o es menos la apropiaci&oacute;n de un saber o de ciertos contenidos, al modo de un experto, que la transformaci&oacute;n de los criterios que sirven para dar cuenta de los objetos ya conocidos, de forma tal que lo objetivo sea aprehendido en su ser propio. Esto se ejemplifica en la obra de arte que en lugar de buscar la mimesis se aleja de la realidad, pero para permitir que el espectador retorne ella con una mirada mordaz y con capacidad de refigurar su experiencia de mundo.</p>      <p>En este movimiento, en la construcci&oacute;n de la <i>humanitas</i> consiste el car&aacute;cter edificante de la formaci&oacute;n. A juicio de Hegel, en el arte se realiza la <i>formelle Bildung</i>, en cuanto que no ofrece contenidos con estatuto de verdad o dogma, sino que sirven de medio para la formaci&oacute;n de lo humano, y esto a trav&eacute;s de la reconfiguraci&oacute;n de la visi&oacute;n, del modo de aprehender el car&aacute;cter real del objeto. Al respecto sostiene el fil&oacute;sofo colombiano Javier Dominguez que "la formaci&oacute;n es de por s&iacute; algo <i>formal</i>. A ello se debe que lo que queda de la educaci&oacute;n, en la que hay tanta insistencia en los contenidos que ense&ntilde;a, es justamente la formaci&oacute;n, pues formaci&oacute;n es lo que uno se ha incorporado como forma de pensar y de vivir luego de haber dejado la escuela o el cobijo de la familia." (Dom&iacute;nguez, 2008, 9).</p>      <p>El retraimiento respecto de lo familiar y la confrontaci&oacute;n con lo extra&ntilde;o forman parte esencial del proceso de formaci&oacute;n; en el siguiente apartado examinaremos en qu&eacute; medida este movimiento enriquece la vida personal.</p>      <p><b>1.2. Formaci&oacute;n y experiencia de lo extra&ntilde;o</b></p>      <p>La confrontaci&oacute;n con lo extra&ntilde;o hace parte fundamental del movimiento propio de la formaci&oacute;n. Lo extra&ntilde;o se presenta como aquello opuesto a lo familiar: los objetos con los que nos relacionamos en la vida cotidiana resultan familiares porque estamos habituados a sus modos de aparecer, es decir, podemos prever c&oacute;mo se comportar&aacute;n, o qu&eacute; aspecto tendr&aacute;n si los giramos o les damos la vuelta. Lo propio o familiar funge como punto de referencia desde el cual les es posible a los individuos orientarse respecto de lo desconocido o de lo extra&ntilde;o. De este modo se establece una asimetr&iacute;a en la que siempre hay una tendencia a que lo propio y lo familiar prevalezca sobre lo extra&ntilde;o. Lo extra&ntilde;o se percibe como una dimensi&oacute;n que desborda la esfera de lo familiar y que se presenta como la trascendencia que si bien es distinta de lo propio, sin embargo puede llegar a enriquecerla.</p>      <p>La experiencia de lo extra&ntilde;o se realiza a partir de tres niveles: 1) como aquello que puede perturbar el orden al que estamos acostumbrados, as&iacute; por ejemplo cuando no encontramos un objeto donde lo hab&iacute;amos dejado habitualmente o cuando un objeto conocido muestra una caracter&iacute;stica inesperada. 2) como perteneciente a una dimensi&oacute;n estructural. Esto sucede cuando reconocemos una dimensi&oacute;n sobre la cual no tenemos dominio y respecto de la cual no nos sorprende su manifestaci&oacute;n, como ser&iacute;a el caso de escuchar una lengua extranjera sin entender el sentido expresado por sus hablantes 3) como una dimensi&oacute;n radicalmente ajena a la comprensi&oacute;n en general, por ejemplo los acontecimientos que siempre desbordan la propia existencia como el sentido de la muerte y del nacimiento (Waldenfels, 1998).</p>      <p>Que al proceso formativo le es inherente llevar a cabo la experiencia de lo extra&ntilde;o se puede mostrar del siguiente modo:</p>  <ol>     <li>Avanzar conscientemente en un proceso de formaci&oacute;n exige valent&iacute;a, una actitud que va m&aacute;s all&aacute; de la curiosidad. La persona formada ha corrido el riesgo de confrontarse con lo extra&ntilde;o para dejarse "decir algo" de &eacute;l, para conocer su car&aacute;cter novedoso, el cual puede ser o bien ben&eacute;fico o bien adverso. Waldenfels distingue entre dos tipos de actitudes en relaci&oacute;n con lo extra&ntilde;o: de una parte, aquella que busca <i>definir</i> lo extra&ntilde;o (desde el punto de vista del "qu&eacute;" o de su ser esencial); de otra parte, la actitud que busca dar cuenta de <i>la experiencia</i> de lo extra&ntilde;o. En este &uacute;ltimo caso se respeta su fenomenalidad, pues se quiere dar cuenta de su modo propio de presentarse; lo cual quiere decir que no se intenta determinarlo desde las propias categor&iacute;as y prejuicios, sino de entender el asombro o miedo que provoca. En este sentido, lo extra&ntilde;o tiene una dimensi&oacute;n cautivante y que puede despertar una suerte de llamado, y por eso est&aacute; asociado a la vocaci&oacute;n.</li></p>      <li>La formaci&oacute;n tiene que ver con la "experiencia de lo extra&ntilde;o", en cuanto que no se realiza al modo de una producci&oacute;n racional: planeada seg&uacute;n modelos. La formaci&oacute;n no corresponde a una planeaci&oacute;n (estrat&eacute;gica), sino que tiene un componente de "aventura" (Simmel, 2001), en cuanto que no es posible prever el curso que llevar&aacute; la vida en ese proceso. Al igual que la aventura la formaci&oacute;n exige abandonar una posici&oacute;n de instalamiento, de tal manera que quien se embarca en ella pone en juego a la totalidad de su existencia personal. La confrontaci&oacute;n con el futuro incierto y abierto a lo extra&ntilde;o hace parte de la experiencia de formaci&oacute;n. Si bien el futuro es esperable mediante la expectativa, no es totalmente predecible, y en esta medida alberga lo "extra&ntilde;o", lo contingente. Al respecto cabe recordar que uno de los rasgos propios de la contingencia es que se sustrae al orden conocido, a lo esperable.    <br> Por eso, la formaci&oacute;n debe tener presente siempre no solo el orden de lo necesario, de lo controlable, sino una visi&oacute;n m&aacute;s amplia que le d&eacute; margen a la <i>contingencia</i>, al <i>fracaso</i>. Formar en la competencia y para el &eacute;xito es una ilusi&oacute;n, ya que el fracaso tambi&eacute;n ense&ntilde;a y no solo desde el punto de vista del ensayo y error que permite reorientar un proyecto estrat&eacute;gico; el fracaso y la contingencia hacen parte constitutiva del proceso del crecimiento espiritual, en el que est&aacute; en juego un proyecto de vida. Por eso, se puede afirmar que no hay desarrollo personal en el que no haya habido un traspi&eacute; y que pierde m&aacute;s quien por temor a fracasar, no arriesga. Al respecto sostiene Waldenfels que "el cojear del esp&iacute;ritu del que habla Pascal es una de las caracter&iacute;sticas del esp&iacute;ritu humano, no un defecto suyo" (Waldenfels, 1998, 97).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Que la contingencia hace parte del proceso de formaci&oacute;n, permite sostener que el inicio y la orientaci&oacute;n de la formaci&oacute;n no tienen que ver con la "voluntad" como acto racional y estrat&eacute;gico que se dirige a fines preestablecidos, sino que tiene que ver directamente con las pulsiones y pasiones, que se orientan permanentemente a una idea.</li></p>      <li>La formaci&oacute;n tambi&eacute;n se puede entender como una desinstalaci&oacute;n respecto de lo familiar, que lleva consigo una relativizaci&oacute;n de las propias convicciones y prejuicios. Este desplazamiento sucede al modo de una "descentraci&oacute;n" que le permite a cada persona identificar su propia posici&oacute;n respecto del mundo familiar y a la vez establecer que no existe un orden &uacute;nico, una doctrina que abarque todos los dem&aacute;s &oacute;rdenes posibles, sino una pluralidad de &oacute;rdenes, con lo cual est&aacute; siempre abierto el campo para lo novedoso, el acontecimiento, lo extraordinario. Hegel, Stuart Mill y Gadamer insisten en el aprendizaje de una segunda y tercera lengua, especialmente del griego y el lat&iacute;n como v&iacute;a para ganar esta objetivaci&oacute;n respecto de lo familiar (Hegel, 1986a, 314; Mill, 2004; Gadamer, 1990). Pues, en primer lugar, el trato con los antiguos exige una descentraci&oacute;n, una mirada diferente respecto de las propias opiniones y convicciones: lo que parece a primera vista obvio, visto desde la perspectiva de otras culturas no lo es tanto. En segundo lugar, el trato con los acontecimientos fundantes de la propia cultura, permiten una mejor comprensi&oacute;n de la historia y son la base para la reconciliaci&oacute;n; entendida esta &uacute;ltima como la explicitaci&oacute;n del sentido de las acciones y acontecimientos y la aceptaci&oacute;n de la irreversibilidad del actuar humano<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup>.</li></p>      <li>La formaci&oacute;n tiene un componente de aventura, en cuanto exige el valor de trasmontar las fronteras de lo familiar. La aventura presupone una actitud de riesgo y desinstalaci&oacute;n, que no se compadece con la met&aacute;fora propuesta por Lucrecio, de acuerdo con la cual la sabidur&iacute;a consiste en la actitud contemplativa del espectador que observa c&oacute;modamente naufragar barcos en la mar y caer soldados en la guerra. Por el contrario, el reto que propone la formaci&oacute;n consiste en asumir una posici&oacute;n activa para conquistarse a s&iacute; mismo. Lo misterioso no solo tiene que ver con lo ajeno, como exterior a nosotros mismos. Como bien lo ha ense&ntilde;ado el psicoan&aacute;lisis, la experiencia de lo extra&ntilde;o y del misterio tambi&eacute;n la vivimos cuando volvemos la mirada sobre nosotros mismos: sobre el insondable "pozo del pasado" (Mann, 2002, 15) y sobre nuestro "alter ego".    <br> Sin embargo, es de tener presente que la formaci&oacute;n no equivale a la aventura, pues esta &uacute;ltima lleva consigo una interrupci&oacute;n del orden establecido en la vida cotidiana, de un modo semejante a lo que sucede en el sue&ntilde;o; ella funge al modo de un par&eacute;ntesis que se realiza en la vida y que sin embargo est&aacute; en estrecha relaci&oacute;n con su centro. Para decirlo con Otto Bollwnow, "el aventurero busca el peligro como un est&iacute;mulo especial y se solaza en &eacute;l. Se atreve a todo no debido a la finalidad, sino al est&iacute;mulo" (Bollnow, 1972, 21) En la formaci&oacute;n, en cambio, sucede una transformaci&oacute;n de la persona, pero ella no se vive como un par&eacute;ntesis dentro de la vida, sino como su realizaci&oacute;n responsable en relaci&oacute;n con el mundo.</li></p>    </ol>      <p><b>1.3. Formaci&oacute;n y educaci&oacute;n</b></p>      <p>Si bien las fronteras entre los conceptos de formaci&oacute;n y educaci&oacute;n son difusas, con todo es necesario se&ntilde;alar su diferencia y algunos aspectos de convergencia. La educaci&oacute;n se refiere al proceso intersubjetivo, mediante el cual una generaci&oacute;n transmite a otra los valores, tradiciones y conocimientos que le permitan una apertura al mundo de la vida. La educaci&oacute;n tiene que ver con los procesos de socializaci&oacute;n que se llevan a cabo en la relaci&oacute;n entre un maestro o profesor y un estudiante o aprendiz y que est&aacute; generalmente referido al proceso de formaci&oacute;n entre la ni&ntilde;ez y la juventud. A su turno, la formaci&oacute;n parece ser un proceso de mayor amplitud que est&aacute; dirigido en &uacute;ltimo t&eacute;rmino a la constituci&oacute;n de la persona y a su posicionamiento en el mundo social y pol&iacute;tico (Vargas Guill&eacute;n, 2007).</p>      <p>A pesar de las diferencias, podemos identificar aspectos comunes entre la formaci&oacute;n y la educaci&oacute;n, el primero de ellos es que ambos conceptos comparten un sentido de responsabilidad con el mundo entorno, social y pol&iacute;tico. El segundo es que, tanto en la formaci&oacute;n como en la educaci&oacute;n, tiene lugar el proceso planeado de maduraci&oacute;n y desarrollo personal, que se puede realizar en un &aacute;mbito institucional. Esta institucionalizaci&oacute;n se concreta a trav&eacute;s de un canon o programas curriculares y esto solo es posible debido a que hay est&aacute;ndares que se pueden traducir en unidades o programas acad&eacute;micos, los cuales a su vez exigen al aprendiz una disciplina personal que le lleve a perfeccionar el dominio de ciertas habilidades b&aacute;sicas, necesarias para el dominio de un oficio o el ejercicio de una profesi&oacute;n. El canon o los planes curriculares forman parte del coraz&oacute;n de las instituciones educativas y son necesarios para organizar y escalonar los diversos niveles de educaci&oacute;n de acuerdo con su grado de complejidad. Con todo, se debe tener presente que el sentido de la educaci&oacute;n es ofrecer al educando algo m&aacute;s que contenidos te&oacute;ricos, o el aprendizaje de t&eacute;cnicas; esto tiene que ser complementado con la adquisici&oacute;n de la visi&oacute;n global propia de la formaci&oacute;n y con una actitud de compromiso con el mundo entorno, social y pol&iacute;tico al que pertenece el educando. El concepto "mundo" se entiende aqu&iacute;, no solo como el horizonte f&iacute;sico y objetivo, que sirve de punto de referencia para la interacci&oacute;n cotidiana entre las personas, sino como el entramado de relaciones que se constituye a trav&eacute;s de la comunicaci&oacute;n y que a su vez conforma un espacio p&uacute;blico. Este mundo tiene un rasgo hist&oacute;rico, esto es, lo hemos heredado de las generaciones anteriores; de manera que uno de los logros de la educaci&oacute;n consiste en ganar claridad sobre la responsabilidad que tiene cada generaci&oacute;n de conservarlo y legarlo a las generaciones futuras.</p>      <p><b>1.4. Educaci&oacute;n y formaci&oacute;n humanista</b></p>      <p>La formaci&oacute;n y la educaci&oacute;n no pueden ser cabales si se limitan a la apropiaci&oacute;n de la tradici&oacute;n, de la cultura y desconocen la manera como cada persona se inserta en el mundo al que ella pertenece. La formaci&oacute;n exige el tr&aacute;nsito de una vida centrada exclusivamente centrada en proyectos privados, ya sean personales ya sean sociales, hacia una existencia consagrada a la construcci&oacute;n de una "idea", es decir, de la respectiva comunidad pol&iacute;tica. Al respecto sostiene el joven Hegel: "Un esp&iacute;ritu grande, como corresponde a la rep&uacute;blica, pone todas su fuerzas, f&iacute;sicas y morales, al servicio de su idea, todo su campo de acci&oacute;n goza de unidad... La idea del republicano es tal, que sus fuerzas m&aacute;s nobles sin excepci&oacute;n encuentran su satisfacci&oacute;n en el verdadero trabajo..." (Hegel, 1986b, 207)</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Posee sentido com&uacute;n quien tiene sensibilidad para la construcci&oacute;n de la comunidad, quien reconoce que el mundo se puede conocer tanto por el saber objetivo, basado en representaciones y teor&iacute;as, propio de la episteme, como a trav&eacute;s del saber pr&aacute;ctico, (<i>phronesis</i>) propio de la pol&iacute;tica y de la est&eacute;tica (Gadamer, 1990, 27). El sentido com&uacute;n es un modo de expresi&oacute;n del <i>amor mundi</i>, que se realiza mediante la apertura a la pluralidad de perspectivas. En el espacio abierto del mundo cada perspectiva aparece como una toma de posici&oacute;n mediante la opini&oacute;n (<i>doxa</i>). En este espacio se realiza la libertad, entendida desde su m&aacute;s originaria manifestaci&oacute;n como la no inhibici&oacute;n (libertad) del movimiento o desplazamiento, hasta la posibilidad de poner a consideraci&oacute;n de otros, de su juicio cr&iacute;tico, a trav&eacute;s del discurso la propia posici&oacute;n. La preocupaci&oacute;n por preservar y desarrollar este espacio es un aspecto central a la formaci&oacute;n y pertenece a su esencia. Por eso, el sentido com&uacute;n es, en t&eacute;rminos de Gadamer, "el sentido de lo general y de la comunidad" (Gadamer, 1990, 23)</p>      <p>El sentido com&uacute;n se realiza en la libre confrontaci&oacute;n de opiniones. En este proceso juega un papel decisivo la ret&oacute;rica, esto es, la habilidad de presentar la propia opini&oacute;n ante los otros de un modo veros&iacute;mil y elocuente, de tal manera que se logre la persuaci&oacute;n. Como lo ha mostrado Hannah Arendt, bas&aacute;ndose en la <i>Cr&iacute;tica del Juicio</i> de Kant, en este proceso juega un papel decisivo el juicio reflexionante, la capacidad de b&uacute;squeda de criterios generales para afrontar nuevas situaciones, debido a que las normas existentes no ofrecen soluci&oacute;n alguna. Quien posee sentido com&uacute;n tiene la capacidad de ponderar justamente la novedad de un asunto particular, de tal manera que la pluralidad de opiniones converge en el juicio propuesto. Asimismo, quien act&uacute;a siguiendo el sentido com&uacute;n es sensible ante el <i>kairos</i>, es decir, sabe identificar el momento oportuno para intervenir y actuar. De acuerdo con Gadamer el sentido com&uacute;n antes que una "facultad" es una exigencia que debe hacerse a cada ciudadano. La responsabilidad ciudadana consiste en actuar de acuerdo con el principio de la solidaridad moral, es decir, cada ciudadano debe tener un sentido sobre lo justo y lo injusto, sobre lo que resulta conveniente para el "bienestar" (Gadamer, 1990, 37) de la vida de la comunidad.</p>      <p>Que el sentido com&uacute;n y su respectiva capacidad de juicio no se pueden ense&ntilde;ar deja ver c&oacute;mo la persona formada se diferencia claramente del experto y del erudito. La formaci&oacute;n permite la expresi&oacute;n del criterio personal ante asuntos particulares y esto con tal naturalidad y propiedad que quien lo expresa da muestras de que su opini&oacute;n ha resultado de su propia elaboraci&oacute;n y que no fue aprendida en un texto o en una escuela.      <p>La formaci&oacute;n humanista tiene un car&aacute;cter <i>moral y pol&iacute;tico</i>, que se realiza en un doble nivel. En primer lugar, permite el desarrollo del sentido hist&oacute;rico: de la inserci&oacute;n de cada persona en la cadena de las generaciones. Gracias a esta nueva relaci&oacute;n con la historia la persona toma conciencia de que el mundo en el que vive ha sido heredado, que debe ser preservado para las generaciones futuras y de que el sentido de la educaci&oacute;n consiste en la apertura de mundo y de horizontes a las siguientes generaciones. Este despertar a la conciencia hist&oacute;rica le facilita a cada individuo su proyecci&oacute;n ante los otros, su realizaci&oacute;n en el mundo mediante tareas concretas de car&aacute;cter personal: la vocaci&oacute;n. La responsabilidad pol&iacute;tica de la persona formada consiste en contribuir desde su propia perspectiva a la construcci&oacute;n de este mundo, a su compromiso con las siguientes generaciones ordenado a compartirles su experiencia de vida. Esta es la base fundamental para la construcci&oacute;n del "sentido com&uacute;n", entendido como <i>amor mundi</i>, como la actitud de tener un m&iacute;nimo grado <i>confianza</i> en los otros para poder construir comunidad, pero tambi&eacute;n como apertura a las nuevas generaciones para que renueven, mediante la acci&oacute;n, al mundo. En segundo lugar, la introducci&oacute;n al "mundo" solo es posible mediante el lenguaje, lo cual presupone, la apropiaci&oacute;n y dominio progresivo de la lengua materna. En el discurso se realiza la puesta en consideraci&oacute;n que cada quien hace ante los otros de sus propias opiniones; en este contexto juega un papel fundamental la ret&oacute;rica. As&iacute;, por ejemplo, uno de los grandes descuidos de la educaci&oacute;n institucionalizada en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas es haber dejado de insistir en la importancia que tiene hablar y argumentar teniendo presente la diversidad de p&uacute;blicos. Esa habilidad es, sin duda, uno de los componentes centrales de la formaci&oacute;n cl&aacute;sica; especialmente si se tiene en cuenta que de este tipo de aprendizaje, del dominio de la ret&oacute;rica y de argumentaci&oacute;n, depende la manera como cada quien aparece ante los otros en el espacio p&uacute;blico, a&uacute;n en el campo de las relaciones familiares y privadas en general.</p>      <p><b>2. &iquest;El fin de la educaci&oacute;n humanista?</b></p>      <p>No hace falta mencionar la cr&iacute;tica de Foucault a las Ciencias Humanas en su obra "Las palabras y las cosas", ni la cr&iacute;tica que hace Heidegger al humanismo moderno, para mostrar que la educaci&oacute;n humanista est&aacute; en crisis. En el actual per&iacute;odo de globalizaci&oacute;n los conceptos de formaci&oacute;n y educaci&oacute;n humanista han ca&iacute;do en desuso, dando paso a una educaci&oacute;n basada en "competencias", o dirigida a garantizar la "calidad" del proceso de ense&ntilde;anza-aprendizaje. En este numeral abordaremos los principales argumentos que pretenden dar cuenta de la defunci&oacute;n de la educaci&oacute;n cl&aacute;sica o humanista.</p>      <p>En el discurso de recepci&oacute;n del premio Pr&iacute;ncipe de Asturias, Doris Lessing presenta el siguiente diagn&oacute;stico: "Este tipo de educaci&oacute;n, la educaci&oacute;n humanista, est&aacute; desapareciendo. Cada vez m&aacute;s los gobiernos -entre ellos el brit&aacute;nico- animan a los ciudadanos a adquirir conocimientos profesionales, mientras no se considera &uacute;til para la sociedad moderna la educaci&oacute;n entendida como el desarrollo integral de la persona" (Lessing, 2001). El centro de la cr&iacute;tica a la educaci&oacute;n cl&aacute;sica es que ella ofrece un saber del cual no se puede disponer f&aacute;cilmente, pues no permite realizar pr&aacute;cticas con una utilidad inmediata. En la &eacute;poca actual el sentido y los beneficios de este tipo de educaci&oacute;n son puestos en duda, pues no responden a los est&aacute;ndares exigidos por la nueva sociedad globalizada, que busca garantizar la calidad de todos los procesos. Las consecuencias de dicha p&eacute;rdida las describe certeramente Doris Lessing del siguiente modo:</p>  <ol>     <p>"Hay un nuevo tipo de persona culta, que pasa por el colegio y la universidad durante veinte, veinticinco a&ntilde;os, que sabe todo sobre una materia -la inform&aacute;tica, el derecho, la econom&iacute;a, la pol&iacute;tica- pero que no sabe nada de otras cosas, nada de literatura, arte, historia, y quiz&aacute; se le oiga preguntar: "Pero, entonces, &iquest;qu&eacute; fue el Renacimiento?" o "&iquest;Qu&eacute; fue la Revoluci&oacute;n Francesa? Hasta hace cincuenta a&ntilde;os a alguien as&iacute; se le habr&iacute;a considerado un b&aacute;rbaro. Haber recibido una educaci&oacute;n sin nada de la antigua base humanista: imposible. Llamarse culto sin un fondo de lectura: imposible" (Lessing, 2001).</p>    </ol>      <p>En lo referente a las cr&iacute;ticas dirigidas a la cientificidad y a la esperanza que puedan generar las humanidades, en este trabajo revisaremos brevemente algunas de las recientes declaraciones de George Steiner en contra de las humanidades, en las que proclama abiertamente su muerte (Steiner, 2008). Steiner proclama que el futuro de la humanidad est&aacute; en las ciencias puras (matem&aacute;ticas, l&oacute;gica), las ciencias naturales y la tecnolog&iacute;a en general. A su juicio, estas ciencias han penetrado los terrenos de las humanidades, con el fin de resolver por fin los grandes problemas metaf&iacute;sicos, tal es el caso del origen de la vida, la naturaleza de la conciencia, el origen del universo, entre otros. La tarea de las humanidades consiste en una simple "man&iacute;a de anticuario" (Steiner 2008), que se realiza en un culto excesivo a los textos cl&aacute;sicos y en la pasi&oacute;n desmedida por publicar, la mayor&iacute;a de las veces, interpretaciones irrelevantes de &eacute;stos. Seg&uacute;n Steiner, en las humanidades no existen criterios para dictaminar la mayor o menor validez de una teor&iacute;a, de tal manera que se producen discursos gaseosos que en ocasiones proclaman una o varias metaf&iacute;sicas obtusas e ineficaces. El trabajo del humanista es, en definitiva, un trabajo cuyo futuro es la oscuridad: "Y nosotros, los humanistas, caminamos mirando hacia atr&aacute;s. Intuitiva, irracionalmente, muy pocos de nosotros creemos que vendr&aacute; otro Dante, Cervantes, Shakespeare o Goethe; otro Mozart o Bach u otro Miguel &Aacute;ngel. La verdad es que podr&iacute;a venir ma&ntilde;ana, pero no logramos suprimir la intuici&oacute;n de que detr&aacute;s de nosotros el sol se est&aacute; ocultando, mientras que en las ciencias el ma&ntilde;ana se vislumbra ilimitado" (Steiner, 2008).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta cr&iacute;tica a las humanidades se realiza desde una posici&oacute;n maniquea, de tal manera que la luz y el futuro son de las ciencias naturales y exactas, mientras que el quehacer riguroso, que tiene por tema el sentido de la experiencia del mundo y su expresi&oacute;n mediante el lenguaje, queda en ocasiones, fuera de juego. Esta disyuntiva artificial nos recuerda las palabras de otro ingl&eacute;s que tambi&eacute;n conoc&iacute;a los alcances de los dos modos de cientificidad:</p>  <ol>     <p>"La cuesti&oacute;n de si se debe ense&ntilde;ar a los cl&aacute;sicos o las ciencias me parece -lo confieso- muy semejante a una disputa sobre si los pintores deben cultivar el dibujo o el color o, para usar un ejemplo pedestre, si los sastres deben hacer abrigos o pantalones. S&oacute;lo puedo replicar con la pregunta &iquest;Por qu&eacute; no ambas? &iquest;Algo puede merecer el nombre de buena educaci&oacute;n si no incluye la literatura y tambi&eacute;n la ciencia?" (Mill, 2004, 213)</p>    </ol>      <p>Por ello, en este trabajo no nos detendremos en esta falsa disyuntiva, sino que dirigimos la atenci&oacute;n a una de las cr&iacute;ticas centrales de Steiner, pues tiene que ver directamente con el problema de la formaci&oacute;n: "Aquellos que torturaban por la ma&ntilde;ana cantaban en la noche a Schubert y le&iacute;an a Rilke y a Goethe. Ninguna formaci&oacute;n art&iacute;stica en poes&iacute;a, ninguna sensibilidad musical o est&eacute;tica parece detener la barbarie total. Las Humanidades coexisten &iacute;ntimamente con lo inhumano, en demasiadas ocasiones son el ornamento de la bestialidad que las rodea. El gran pensador Walter Benjamin, a quien mat&oacute; el nazismo, escribi&oacute; que en la base de toda obra de arte yace algo inhumano. No le cre&iacute;mos. Hoy sabemos cu&aacute;nta raz&oacute;n ten&iacute;a" (Steiner, 2008).</p>      <p>Esta indicaci&oacute;n de Steiner suscita la siguiente reflexi&oacute;n: en primer lugar, efectivamente bajo el r&oacute;tulo de "humanismo" muchas veces se puede producir una deformaci&oacute;n: la ilusi&oacute;n de "saber" por el mero hecho de aprender eruditamente algunas doctrinas o "historias". En este sentido, cabe anotar que algunas instituciones educativas se valen del r&oacute;tulo de "humanismo", para justificar su quehacer empresarial: crecer econ&oacute;micamente a costa del bajo salario de sus profesores y de ofrecer una educaci&oacute;n de baja calidad. En segundo lugar, la cr&iacute;tica de Steiner advierte que no basta tener una sensibilidad para las humanidades, esto es, para la literatura y la poes&iacute;a, la historia, la m&uacute;sica y el arte en general. Se puede dar el caso de que alguien tenga un agudo sentido art&iacute;stico, conozca bien la historia, la filosof&iacute;a y con todo este conocimiento no haya logrado permear la esfera &iacute;ntima de la persona. Esto se puede ver bien representado en el relato de Oscar Osorio "El cronista y el espejo" (Osorio, 2008) La novela cuenta la historia de un profesor universitario con estudios en teor&iacute;a literaria, y que posee un conocimiento que no le ha permitido confrontarse consigo mismo. Con el &aacute;nimo de por fin saltar a la fama inicia una cr&oacute;nica sobre la vida de un mafioso, quien result&oacute; ser un compa&ntilde;ero de su infancia, vivida en la d&eacute;cada de los setenta en un pueblo de la provincia colombiana. La reconstrucci&oacute;n de esta historia hace las veces de reflejo (de "espejo") que le permite al cronista dirigir la mirada hacia el per&iacute;odo m&iacute;tico de la infancia, el cual hab&iacute;a pretendido borrar totalmente de la memoria e iniciar una nueva vida en la ciudad. Osorio muestra que la realizaci&oacute;n de esta cr&oacute;nica es quiz&aacute;s el aut&eacute;ntico trabajo formativo que hace Oskar, el profesor de literatura, pues el conocimiento de la teor&iacute;a literaria, de la lingü&iacute;stica y de las humanidades en general no le bast&oacute; para lograr mirarse a s&iacute; mismo y para descifrar su propia historia. Del mismo modo, uno de los momentos centrales del relato de Osorio es cuando presenta al mafioso Nebrio, alias Machete, como un ser sensible, amante de la m&uacute;sica y capaz de armonizar los "rituales de sangre con la poes&iacute;a" (Osorio, 2008, 101), de masacrar al son de la poes&iacute;a de Le&oacute;n de Greif, de Vallejo, entre otros.</p>      <p>Estas im&aacute;genes representan muy bien los grados de barbarie a los que lleg&oacute; el siglo XX. El centro de la denuncia es que la ilustraci&oacute;n, entendida como la apropiaci&oacute;n de contenidos te&oacute;ricos b&aacute;sicos y como el ejercicio aut&oacute;nomo de la raz&oacute;n l&oacute;gica e instrumental, como tal no es condici&oacute;n suficiente para la conformaci&oacute;n del esp&iacute;ritu humano. La ense&ntilde;anza en s&iacute; misma no garantiza la formaci&oacute;n, para ello se requiere, como bien lo plante&oacute;, Arist&oacute;teles el desarrollo de la virtud &eacute;tica, de la <i>aret&eacute;</i> (Arist&oacute;teles, 1970, II, 1103a15-1103b). Esta &uacute;ltima es una disposici&oacute;n que se adquiere mediante el ejercicio y la costumbre, lo cual remite en &uacute;ltimo t&eacute;rmino al ethos, a las pr&aacute;cticas habituales que la comunidad ha sedimentado y que inciden en la formaci&oacute;n de las j&oacute;venes generaciones. La virtud &eacute;tica exige algunos h&aacute;bitos cuya base est&aacute; en la vida familiar que rodea la infancia, pasando por una educaci&oacute;n orientada al respeto al otro y a su diferencia, a la tolerancia y a la construcci&oacute;n de la vida de la comunidad. Sobre esta base Adorno se&ntilde;ala una de las metas centrales de la educaci&oacute;n actual: "la exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educaci&oacute;n... el que se haya tomado tan escasa conciencia de esa exigencia, as&iacute; como de los interrogantes que plantea, muestra que lo monstruoso no ha penetrado lo bastante en los hombres, s&iacute;ntoma de que la posibilidad de repetici&oacute;n persiste en lo que ata&ntilde;e al estado de conciencia e inconsciencia de estos" (Adorno, 1967, 111).</p>      <p>Con esto, Adorno est&aacute; indicando que lo decisivo no solo es que no haya otro gran genocidio, sino principalmente que se debe evitar la deformaci&oacute;n, o la construcci&oacute;n de una "conciencia cosificada", aquella condici&oacute;n subjetiva que impide valorarse a s&iacute; mismo como persona y ver al otro como alguien infrahumano: un animal, un sapo, una cosa. La insensibilidad ante el sufrimiento del otro, la frialdad, es propia de una conciencia de s&iacute; pobre, de una subjetividad que no ha logrado construirse y dimensionarse, a trav&eacute;s del trato con los otros. Pero, este desv&iacute;o no se le puede atribuir, como lo hace Steiner, al humanismo, sino que es consecuencia de la modernidad; una &eacute;poca que no propicia la conformaci&oacute;n de sociedades pol&iacute;ticas, sino de masas, en las que se privilegia el desarrollo de intereses privados; en la sociedad de masas el individuo es visto como un &aacute;tomo, como alguien cuyo ser est&aacute; construido previamente a las relaciones que establece con los otros. En este tipo de sociedades se logra la conformaci&oacute;n de mecanismos de cohesi&oacute;n y de control, de tal manera que el individuo se identifique plenamente con el grupo al que pertenece, sin que esto le permita ni actuar, ni tomar iniciativas de transformaci&oacute;n, ni reflexionar, es decir, tomar distancia cr&iacute;tica ante las normas que se erigen en la sociedad. Esto es lo que Arendt denunciaba como la incapacidad para pensar propia de Eichmann y de los funcionarios del totalitarismo.</p>      <p><b>3. La calidad de la educaci&oacute;n y la formaci&oacute;n integral</b></p>      <p>En el panorama general de las actuales pol&iacute;ticas de educaci&oacute;n los principios b&aacute;sicos de la formaci&oacute;n humanista entendida como el compromiso que asume cada persona con la configuraci&oacute;n de una visi&oacute;n global de la realidad y con la construcci&oacute;n de un mundo social y pol&iacute;tico de car&aacute;cter plural, en el que la historia tiene una importancia fundamental, no juegan un papel relevante. En efecto, en tanto las leyes y normas que expresan las pol&iacute;ticas educativas, como en los proyectos educativos de las instituciones que las realizan, aparece expl&iacute;citamente la palabra "formaci&oacute;n integral" y se hace alusi&oacute;n a la importancia de la formaci&oacute;n est&eacute;tica, ciudadana y disciplinar. Sin embargo, no parece haber suficiente claridad respecto de la manera como se integran estas dimensiones y de qu&eacute; manera se hacen efectivas en el curr&iacute;culo. En este apartado intentaremos establecer un balance respecto de qu&eacute; se gana y qu&eacute; se pierde en la nueva concepci&oacute;n de la formaci&oacute;n, o mejor la educaci&oacute;n basada en la calidad.</p>      <p>La situaci&oacute;n actual de "Globalizaci&oacute;n" ha tenido como consecuencia, en el campo de la educaci&oacute;n formal, una nueva serie de exigencias, de tal manera que una persona no se puede considerar formada si no ha adquirido un conocimiento b&aacute;sico en los siguientes campos: a) Tecnolog&iacute;as de informaci&oacute;n, sistemas e internet. Acceso a redes y sistemas de informaci&oacute;n. b) Dominio del ingl&eacute;s como lengua acad&eacute;mica. c) Flexibilidad entendida como la capacidad de adaptaci&oacute;n a la cambiante oferta laboral y al r&aacute;pido avance de las tecnolog&iacute;as. d) disposici&oacute;n para una capacitaci&oacute;n permanente con resultados visibles a corto plazo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Estas exigencias han incidido en la reorientaci&oacute;n de los procesos educativos y en la reformulaci&oacute;n de sus principios, de tal manera que desde los dos &uacute;ltimos decenios se ha empezado a enfatizar la importancia de la flexibilidad curricular y pedag&oacute;gica, la pertinencia social y acad&eacute;mica, la interdisciplinariedad y el desarrollo de las "competencias" como criterio de evaluaci&oacute;n institucional. Basta revisar la literatura sobre pol&iacute;ticas educativas de las dos &uacute;ltimas d&eacute;cadas para identificar que en todos sus niveles, b&aacute;sico, medio y superior, se ha perdido de vista el sentido originario de la formaci&oacute;n cl&aacute;sica, y se ha dado paso a garantizar la "calidad" donde el eje lo constituye el ajuste institucional a est&aacute;ndares externos que determinan: a) el cumplimiento de la eficiencia del proceso de ense&ntilde;anzaaprendizaje, b) el valor o representaci&oacute;n pol&iacute;tico y social de la instituci&oacute;n y c) la pertinencia social de los productos de la educaci&oacute;n. Este cambio de enfoque ha tenido un especial impacto en la educaci&oacute;n superior, en tanto que el quehacer acad&eacute;mico de las universidades ya no se legitima con base en la tradici&oacute;n acad&eacute;mica y en las pr&aacute;cticas educativas institucionales que hasta hace unas d&eacute;cadas resultaban incuestionables, sino en la denominada "pertinencia", esto es, en la manera como inciden la investigaci&oacute;n y la docencia en la sociedad; en otro t&eacute;rminos, la legitimidad del quehacer acad&eacute;mico reside en el beneficio que le debe prestar la universidad a la sociedad.</p>      <p>Este nuevo enfoque genera una tensi&oacute;n entre dos polos que determinan el dise&ntilde;o curricular: de una parte, nos encontramos ante la propuesta de que el curr&iacute;culo deber&iacute;a orientarse a la ense&ntilde;anza de los problemas b&aacute;sicos de la respectiva disciplina y de sus interrelaciones con otras disciplinas; de otra parte, hay quienes creen que el curr&iacute;culo debe ofrecer a los estudiantes especialmente el saber necesario para poder competir en el mercado laboral. En este &uacute;ltimo caso desvirt&uacute;a el quehacer acad&eacute;mico, pues si se reconfigura el curr&iacute;culo permanente de acuerdo con las exigencias del medio, la formaci&oacute;n estar&iacute;a siempre rezagada en relaci&oacute;n con la din&aacute;mica de cambios propia de la sociedad. Esto se evidencia especialmente en el campo de las tecnolog&iacute;as, cuyo desarrollo y transformaciones son tan veloces que la formaci&oacute;n recibida en estas &aacute;reas, por ejemplo en el &aacute;rea de la inform&aacute;tica, en el curso de un lustro o de una d&eacute;cada se torna insuficiente. Por eso, si la instituci&oacute;n universitaria se limita a educar para responder a una demanda cambiante, pierde su car&aacute;cter formativo espec&iacute;fico (Misas, 2004, 107ss). Prueba de ello es que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han surgido universidades netamente empresariales, tal es el caso de la Universidad McDonald's, Toshiba, Sanitas, entre otras. En el primer caso, se tiene la ventaja de realizar una formaci&oacute;n basada en los principios fundamentales del conocimiento, cuya comprensi&oacute;n y dominio resultan fundamentales para estar a la altura de cualquier tipo de transformaci&oacute;n e innovaci&oacute;n que suceda en los &aacute;mbitos social y tecnol&oacute;gico.</p>      <p>Como bien lo ha se&ntilde;alado Orozco, el criterio de la "educaci&oacute;n de calidad" no se deja objetivar f&aacute;cilmente, pues est&aacute; siempre en funci&oacute;n de lo que el evaluador entienda por dicho concepto (Orozco, 2003, 121-134). Desde una perspectiva universalista la "calidad" se refiere a atributos que debe tener un ente para aproximarse a su estado ideal o prot&iacute;pico; sin embargo, esta perspectiva conceptual desconoce el contexto que determina al objeto, lo cual resulta decisivo al momento de la evaluaci&oacute;n. Esto deja ver que no disponemos de una definici&oacute;n universalizable sobre lo que sea la calidad de la educaci&oacute;n, pues en su valoraci&oacute;n intervienen siempre los intereses de quien est&aacute; evaluando. Para efectos de aclarar una perspectiva que garantice el rigor en los procesos de autoevaluaci&oacute;n voluntaria o acreditaci&oacute;n, el Consejo Nacional de Acreditaci&oacute;n (CNA) opta por una concepci&oacute;n de la evaluaci&oacute;n de la calidad, dirigida especialmente a la manera como cada instituci&oacute;n educativa organiza, planifica y eval&uacute;a los procesos curriculares (CNA, 2003). As&iacute; mismo, tiene en cuenta si las instituciones educativas disponen de una infraestructura adecuada y si ofrecen las condiciones que garanticen a los estudiantes y profesores adelantar cabalmente los procesos de ense&ntilde;anza-aprendizaje. Esta concepci&oacute;n de la calidad de la educaci&oacute;n parece razonable, en cuanto que exige a las instituciones que sus procesos educativos deben realizarse de acuerdo con est&aacute;ndares m&iacute;nimos. El problema est&aacute; cuando el concepto de "calidad" se asocia con la tesis de que la educaci&oacute;n es semejante a un proceso de producci&oacute;n, cuyos resultados pueden ser evaluados en t&eacute;rminos de "competencias". La vaguedad de esta visi&oacute;n lleva consigo el hecho de que las instituciones universitarias asuman modelos de car&aacute;cter empresarial, al servicio de las necesidades del mercado laboral; de acuerdo con este modelo, y despu&eacute;s de visitar, como par acad&eacute;mico enviado por el CNA, dos programas acad&eacute;micos de pregrado de sendas universidades de Bogot&aacute;, pude escuchar en el contexto de las exposiciones administrativas expresiones como la siguiente: "el estudiante y los profesores son los clientes de nuestra instituci&oacute;n". De acuerdo con esta perspectiva, el mercado laboral es la instancia que legitima y a la que debe servir la educaci&oacute;n universitaria. As&iacute;, por ejemplo, en las memorias de un seminario latinoamericano sobre el "curr&iacute;culo basado en competencias" vemos expresada la siguiente tesis: "[...] la opci&oacute;n por una educaci&oacute;n basada en competencias resit&uacute;a a la universidad, le modifica su funci&oacute;n social, la obliga a entrar en la l&oacute;gica de la sociedad de consumo, a gestionar saberes, para su pronta utilizaci&oacute;n, a estar directamente concatenada al sector productivo, lo cual genera un nuevo posicionamiento en su entorno" (Cabrera y Gonz&aacute;lez, 2006, 17).</p>      <p>De acuerdo con esta concepci&oacute;n la "calidad" pasa a ser una mezcla confusa entre los criterios dirigidos a cuantificar las "competencias" al mejor estilo taylorista y los criterios propios de la denominada "formaci&oacute;n integral". As&iacute;, este &uacute;ltimo concepto queda reducido a una f&oacute;rmula vac&iacute;a, pues si bien se plantea el desider&aacute;tum de la unidad entre la formaci&oacute;n disciplinar, la formaci&oacute;n est&eacute;tica y la cultura ciudadana, sin embargo, queda sin responder la pregunta sobre c&oacute;mo est&aacute;n integradas. Igualmente, la pregunta sobre el ser propio de lo "integral" queda sin resolver; cuando &eacute;ste se intenta describir se olvida, en primer lugar, que la simple adici&oacute;n de componentes no conforma el todo y, en segundo lugar, que a la cabalidad de la formaci&oacute;n se llega mediante un proceso teleol&oacute;gico, en el que la persona va construyendo su perfil de acuerdo con sus intereses y bajo la vast&iacute;sima influencia del medio. La formaci&oacute;n no consiste en un proceso en el cual se ofrece en primer lugar el objeto "formaci&oacute;n disciplinar", y a este se a&ntilde;ade luego el componente "est&eacute;tico" y luego el "pol&iacute;tico". De ah&iacute; el gran interrogante sobre c&oacute;mo resguardar el denominado "componente human&iacute;stico" en la educaci&oacute;n universitaria. De qu&eacute; manera ofrecer, por ejemplo, a un ingeniero, a un m&eacute;dico, una formaci&oacute;n humanista, sin que esto signifique la oferta de teor&iacute;as accesorias, que a lo sumo sirven para adquirir una cultura general.</p>      <p>Con base en lo anterior, al momento de realizar un balance sobre la introducci&oacute;n del concepto "calidad", y de los consiguientes principios de integralidad, flexibilidad, pertinencia, interdisciplinariedad, entre otros, en el contexto educativo, se pueden puntualizar lo siguiente:</p>      <p>En primer t&eacute;rmino, al considerar la "calidad" como un criterio fundamental de la evaluaci&oacute;n de la educaci&oacute;n, se gana una visi&oacute;n diferente de los procesos curriculares y administrativos, en la que prima la eficiencia y se pone de nuevo en cuesti&oacute;n el problema de la eficacia, es decir, se renueva la pregunta por la legitimidad y sentido del quehacer acad&eacute;mico. Esto lleva a que las instituciones cualifiquen sus procesos, a que ofrezcan mejores condiciones en diversos niveles tales como, la infraestructura, los procesos de gesti&oacute;n administrativa y curricular, lo cual redunda en beneficio de la comunidad acad&eacute;mica en general. Adem&aacute;s, la relaci&oacute;n de las instituciones educativas con el medio social al que pertenecen exige ser repensada y si es el caso reorientada.</p>      <p>En segundo lugar, se corren los siguientes peligros:</p>      <p>a. Centrar la formaci&oacute;n en las "competencias" puede conducir a una visi&oacute;n profesionalizante de la educaci&oacute;n, esto es, dirigida especialmente a responder a la demanda laboral de la sociedad, a formar expertos o especialistas, quienes muy probablemente no dispondr&aacute;n de un criterio suficiente para juzgar las consecuencias &eacute;ticas y pol&iacute;ticas de sus actos.</p>      <p>b. Restringir el sentido de la formaci&oacute;n o educaci&oacute;n humanista al contenido de un paquete de asignaturas inconexas con el corpus disciplinar degrada su ser propio, su funci&oacute;n cr&iacute;tica y reflexiva que le permite a los discentes acceder a horizontes m&aacute;s amplios que el saber disciplinar y tomar posici&oacute;n respecto de las consecuencias &eacute;ticas y pol&iacute;ticas de su quehacer profesional. Esto impide que los profesionales asuman actitudes de incondicionalidad y servilismo en relaci&oacute;n con el sistema pol&iacute;tico y econ&oacute;mico.</p>      <p>c. La educaci&oacute;n basada en competencias, que est&aacute; en pos de la eficacia plena, del &eacute;xito, conduce a la p&eacute;rdida del sentido de la "contingencia y de la finitud". Como lo hemos mostrado arriba la formaci&oacute;n no puede planificarse totalmente, de manera que el fracaso, "lo que resulta siendo", tambi&eacute;n hace parte del aprendizaje. Por eso, ante la visi&oacute;n de la formaci&oacute;n por "competencias" que privilegia una concepci&oacute;n de la temporalidad basada en la eficacia del aprendizaje mediante t&eacute;cnicas did&aacute;cticas que lo aseguren, habr&iacute;a que contraponer una visi&oacute;n de la temporalidad que privilegie el <i>kairos</i>: la visi&oacute;n del tiempo que est&aacute; abierta a la transformaci&oacute;n, al futuro y a la contingencia. Al respecto Smith advierte lo siguiente: "A&uacute;n m&aacute;s que eso, el Mito est&aacute; en el coraz&oacute;n de nuestro sentido de la tragedia y tiene la vital funci&oacute;n de recordarnos que no tenemos la potestad de lograrlo todo. Por naturaleza nos esforzamos en progresar, por construirnos baluartes (nuestras posesiones, nuestro proyecto de vida e incluso nuestras relaciones) contra los designios negativos del destino, pero el sentido de la tragedia puede rescatarnos de la peligrosa suposici&oacute;n de que podemos hacernos perfectos a nosotros mismos. No es que el desastre suceda simplemente por estar en el lugar y tiempo equivocados, es que somos propensos a confiar en demas&iacute;a (la <i>hubris</i> griega) en nuestras capacidades: nuestras proezas intelectuales y nuestra habilidad para hacer que el mundo responda a nuestra voluntad. La contingencia del mundo estriba en su poder para mostrarnos que nuestras expectativas son a menudo bald&iacute;as, especialmente donde est&aacute;n m&aacute;s firmemente ancladas y con las bases m&aacute;s racionales" (Smith, 2006, 2).</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En definitiva, la formaci&oacute;n humanista hace parte del n&uacute;cleo central de la formaci&oacute;n universitaria, pues sin ella no ser&iacute;a posible que el estudiante acceda a un estado de vida que le permita tener horizontes amplios y que a la vez le posibiliten comprometerse en la construcci&oacute;n del mundo social y pol&iacute;tico. Esto se realiza a trav&eacute;s de una actitud que permita mirar m&aacute;s all&aacute; de los propios intereses y vivir en t&eacute;rminos &eacute;ticos: construir un <i>ethos</i>, no solo universitario, sino tambi&eacute;n pol&iacute;tico, en el que se recupere la confianza m&iacute;nima y el respecto a la pluralidad, esto es, al vecino, al conciudadano para poder vivir en comunidad. La concepci&oacute;n de la educaci&oacute;n centrada exclusivamente en la cualificaci&oacute;n de sus procesos y en el servicio al sector empresarial, no contribuye a ello. La formaci&oacute;n "integral" es mucho m&aacute;s que la simple suma de contenidos disciplinares y su car&aacute;cter esencial tan solo se realiza en relaci&oacute;n con un aut&eacute;ntico <i>ethos</i> universitario que sepa poner en di&aacute;logo las diversas formas y m&eacute;todos disciplinares.</p>   <hr> <font face="verdana" size=2>      <p><b>Pie de P&aacute;gina</b></p>  <sup><a href="#nu1">1</a><a name="num1"></a></sup> El grado de satisfacci&oacute;n personal depende de cada quien y no puede ser impuesto desde fuera, pues este es un proceso que, a diferencia de la educaci&oacute;n institucionalizada o formal, no concluye en un punto definido, ni con resultados mensurables.    <br>  <sup><a href="#nu2">2</a><a name="num2"></a></sup> En este sentido, anota John Stuart Mill: "El l&iacute;mite superior del conocimiento humano no es saber solamente una cosa, consiste en combinar el conocimiento detallado de una o unas cuantas cosas con el conocimiento general de muchas cosas. Por conocimiento general no entiendo unas cuantas impresiones vagas (...). Tener un conocimiento general de un tema es conocer solamente sus verdades importantes, pero no en forma superficial sino a cabalidad, de modo que se tenga una concepci&oacute;n precisa de los principales aspectos del tema, dejando los detalles menores a quienes lo requieran debido a los prop&oacute;sitos de su ocupaci&oacute;n particular" (Mill, 2004, 216-217).    <br>  <sup><a href="#nu3">3</a><a name="num3"></a></sup> Para un mayor desarrollo del concepto de reconciliaci&oacute;n <i>cfr</i>. Vargas, 2008.    <br>      <br>  <hr>      <p>    <center><b>Referencias Bibliograf&iacute;a</b></center></p>      <!-- ref --><p>Adorno, T. (1967): "Erziehung nach Auschwitz", en: <i>Zum Bildungsbegriff der Gegenwart</i>, eds. Heinz-Joachim Heydorn, Wilhelm Gaede, Gernot Koneffke, Hans Rauschenberger, Ernst Sch&uuml;tte, 111-123. Frankfurt a. M.: Diesterweg-Verlag.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0120-4688201000010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arendt, H. (1993): <i>La Condici&oacute;n Humana</i>, Barcelona, Paid&oacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0120-4688201000010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Arist&oacute;teles (1970): <i>&Eacute;tica a Nic&oacute;maco</i>, Madrid, Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0120-4688201000010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bollnow, O. (1972): "Atrevimiento y problemas en la educaci&oacute;n", en: <i>Educaci&oacute;n</i>, T&uuml;bingen, pp. 16-30.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0120-4688201000010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Bustamante, G. (2004): "La moda de las competencias", en: <i>El concepto de competencia. Una mirada interdisciplinar</i>. Ed. Guillermo Bustamente, Volumen II, 11-36, Bogot&aacute;, Alejandr&iacute;a libros.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0120-4688201000010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Cabrera, K. y Gonz&aacute;lez, L.E. (2006): <i>Curr&iacute;culo universitario basado en competencias</i>, Barranquilla, Centro universitario de desarrollo andino, Universidad del Norte.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0120-4688201000010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Consejo Nacional de Acreditaci&oacute;n (CNA) (2003): <i>Lineamientos para los programa de acreditaci&oacute;n</i>, Bogot&aacute;, Consejo Nacional de Acreditaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0120-4688201000010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p>Dom&iacute;nguez, J. (2008): "Arte como <i>formelle Bildung</i> en el mundo moderno en la est&eacute;tica de Hegel", <i>Estudios de Filosof&iacute;a</i>, 37: 201-222,  <a href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0121-36282008000100010&lng=en&nrm=iso&tlng=es" target="_blank">http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0121-36282008000100010&lng=en&nrm=iso&tlng=es</a> (Recuperado el 18 de mayo de 2009).</p>      <!-- ref --><p>Gadamer, H.G. (1990): <i>Wahrheit und Methode</i>, T&uuml;bingen, J. C. B. Mohr.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0120-4688201000010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hegel, G.W.F. (1986a). "Gymnasialreden". En: <i>Heidelberger Schriften</i> (1808- 1817). Frankfurt: Suhrkamp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0120-4688201000010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&mdash;(1986b): <i>Fr&uuml;he Schriften</i>, Frankfurt, Suhrkamp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0120-4688201000010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&mdash;(1997): <i>Berliner Antrittsrede</i>, en: <i>Berliner Schriften</i> (1818-1831), Hamburg, Felix Meiner Verlag.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0120-4688201000010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Hoyos, G., Serna Arango, J. y Guti&eacute;rrez, E.F. (2007): <i>Borradores para una filosof&iacute;a de la educaci&oacute;n</i>, Bogot&aacute;, Siglo del Hombre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0120-4688201000010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>J&auml;ger, W. (1992): <i>Paideia: los ideales de la cultura griega</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0120-4688201000010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Lessing, D. (2001): "Discurso al recibir el premio pr&iacute;ncipe de Asturias",  <a href="http://fundacionprincipedeasturias.org/multimedia/83/" target="_blank">http://fundacionprincipedeasturias.org/multimedia/83/</a>  (Recuperado el 15 de julio de 2009).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0120-4688201000010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mann, T. (2002): <i>Jos&eacute; y sus hermanos. Las historia de Jacob</i>, Madrid, Punto de lectura.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0120-4688201000010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Mill, J.S. (2004): "Contenido y alcance de la educaci&oacute;n liberal", <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i>, 6, No. 11: 209-228.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0120-4688201000010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Misas, G. (2004): <i>La educaci&oacute;n superior en Colombia. An&aacute;lisis y estrategias para su desarrollo</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0120-4688201000010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Orozco, L.E. (2003): "La calidad de la educaci&oacute;n. M&aacute;s all&aacute; de toda ambig&uuml;edad", en: <i>Educaci&oacute;n superior, calidad y acreditaci&oacute;n</i>, Consejo Nacional de Acreditaci&oacute;n, Tomo I, 121-134, Bogot&aacute;, Consejo Nacional de Acreditaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0120-4688201000010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Osorio, O. (2008): <i>El cronista y el espejo</i>, Cali, Botella y Luna.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0120-4688201000010000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Scheler, M. (1947): <i>Bildung und Wissen</i>, Frankfurt am Main, G. Schulte.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0120-4688201000010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Simmel, G. (2001): "La aventura", en: <i>Sobre la aventura</i>, Barcelona, Pen&iacute;nsula.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0120-4688201000010000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Smith, R. (2006): "Abstracci&oacute;n y finitud: educaci&oacute;n, azar y democracia", <a href="http://200.26.134.109:8080/endeporte/hermesoft/portal/home_1/rec/arc_1512.pdf" target="_blank">http://200.26.134.109:8080/endeporte/hermesoft/portal/home_1/rec/arc_1512.pdf</a> (Recuperado el 15 de mayo de 2009).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0120-4688201000010000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Steiner, G. (2008): "&iquest;El fin de las humanidades?", <i>El Heraldo</i>, 29 de julio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0120-4688201000010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vargas Bejarano, J.C. (2008): "Reconciliaci&oacute;n como perd&oacute;n: una aproximaci&oacute;n a partir de Hannah Arendt", en: <i>Praxis filos&oacute;fica</i>, Nueva serie No 26, enerojunio de 2008, pp. 111-129.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0120-4688201000010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vargas Guill&eacute;n, G. (2007): "Efectos de formaci&oacute;n y constituci&oacute;n de subjetividad", en: <i>Formaci&oacute;n y Subjetividad</i>, Bogot&aacute;, Universidad Pedag&oacute;gica Nacional, pp. 165-187.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0120-4688201000010000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vergara, F.A. (1988): "Paideia", <i>Universitas Philosophica</i>, 11-12, pp. 153-168.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0120-4688201000010000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Vierhaus, R. (2002): "Formaci&oacute;n (Bildung)", <i>Separata Revista Educaci&oacute;n y Pedagog&iacute;a</i>, XIV, No. 33: 7-67.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0120-4688201000010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>Waldenfels, B. (1998): "La pregunta por lo extra&ntilde;o", <i>Logos Anales del Seminario de Metaf&iacute;sica</i>, 1: 85-98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0120-4688201000010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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