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<journal-title><![CDATA[Universitas Philosophica]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA["¿PARA QUÉ FILOSOFÍA?", SI "EL PENSAR ESTÁ EN LO SECO"]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p><font size="4">    <center><b>&quot;&iquest;PARA QU&Eacute; FILOSOF&Iacute;A?&quot;, SI &quot;EL PENSAR EST&Aacute; EN LO SECO&quot;</b></center></font></p>     <p align="center">Guillermo Hoyos V&aacute;squez</p>     <p>comenzar&eacute; por aclarar el t&iacute;tulo, del cual debo la primera parte a la Escuela de Frankfurt, teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad, y la segunda a Mart&iacute;n Heidegger. Tratar&eacute; luego &#8212;&iquest;tarea imposible?&#8212; de reconciliar estos dos modos de pensar, volviendo al sentido del pensar en Kant y a las cosas mismas que pensamos en nuestra cotidianidad de acuerdo con la fenomenolog&iacute;a de Edmundo Husserl, maestro de Heidegger y part&iacute;cipe de la cr&iacute;tica al positivismo de los frankfurtianos, para proponer que la filosof&iacute;a puede servir para reencantar al mundo de la vida y a la sociedad civil, necesariamente desencantados por los modernos procesos de racionalizaci&oacute;n.</p> <hr>     <p><b>1. &iquest;Para qu&eacute; todav&iacute;a filosof&iacute;a?</b></p>     <p>Es la pregunta de Theodor Adorno y de J&uuml;rgen Habermas, y en cierto modo, de cada uno de nosotros al iniciar cada semestre.</p>     <p>La cr&iacute;tica de la raz&oacute;n, ciertamente en sentido kantiano, implica para Habermas ocuparse de la pregunta que se hiciera Adorno ya en 1962 y que &eacute;l repite casi 9 a&ntilde;os m&aacute;s tarde en la Radio del Estado de Hessen, el 4 de enero de 1971: &iquest;para qu&eacute; todav&iacute;a filosof&iacute;a? &#8212;<i>Wozu noch Philosophie?&#8212; </i>(Habermas, 1971a: 11-36). El texto, confiesa Habermas, pretende &quot;ofrecer un inventario mucho m&aacute;s sobrio a diferencia de la respuesta nost&aacute;lgica de Adorno, que al despedirse de la metaf&iacute;sica, sin embargo quiere conservarle fidelidad&quot; (2009: 14). No es el lugar para resumir las tesis de Adorno, y basta indicar c&oacute;mo para &eacute;l la filosof&iacute;a cuanto m&aacute;s in&uacute;til tanto m&aacute;s filosof&iacute;a: &quot;Porque no sirve para nada, por eso no est&aacute; a&uacute;n caduca la filosof&iacute;a; y ni de ello siquiera le ser&iacute;a l&iacute;cito reclamarse, si es que no quiere ciegamente repetir su culpa, la posici&oacute;n de s&iacute; misma por s&iacute; misma&quot; (1972: 23).</p>     <p>Habermas anota c&oacute;mo desde los a&ntilde;os 70 se volvi&oacute; moda comprender a la &quot;cr&iacute;tica de la raz&oacute;n&quot; no desde el doble sentido del genitivo objetivo, es decir, en cuanto se critica a la raz&oacute;n, y subjetivo, esto es, en cuanto la raz&oacute;n es la que critica, &quot;sino como cr&iacute;tica unilateral del sentido <i>necesariamente </i>falso de una autocomprensi&oacute;n fundamentalista de la raz&oacute;n&quot;. Frente a estas tesis postmodernas defiende Habermas, como lo acabamos de mencionar, &quot;la cr&iacute;tica de la raz&oacute;n en el sentido kantiano de la <i>auto</i>-ilustraci&oacute;n acerca del uso correcto, es decir, limitado autocr&iacute;ticamente, de la raz&oacute;n&quot; (2009: 16).</p>     <p>En su ensayo, Habermas hace una presentaci&oacute;n de los movimientos filos&oacute;ficos del momento y eval&uacute;a sus posibilidades de reconstruir el sentido aut&eacute;ntico del filosofar. Se destaca su preocupaci&oacute;n por las relaciones entre filosof&iacute;a y teor&iacute;as de la ciencia. La filosof&iacute;a debe ocuparse de una cr&iacute;tica al positivismo cient&iacute;fico, tanto en el &aacute;rea de las ciencias duras como, sobre todo, en el de las ciencias blandas<sup><a name="s1" href="#1">1</a></sup>; y debe fomentar cada vez m&aacute;s un sentido de racionalidad complejo y amplio, en el que quepan tanto las unas como las otras. En esta l&iacute;nea ir&aacute;n todos sus trabajos relacionados con su libro <i>L&oacute;gica de las ciencias sociales. </i>Tambi&eacute;n, ya entonces, percibe el significado para la sociedad actual del asunto de las religiones y de las ideolog&iacute;as extremas, tem&aacute;tica retomada recientemente en su libro <i>Entre naturalismo y religi&oacute;n. </i>Pero, sin duda, su mejor respuesta a la pregunta de Adorno acerca de la utilidad de la filosof&iacute;a es su propio desarrollo de la filosof&iacute;a cr&iacute;tica, en su primera etapa, en torno a su libro y su ensayo <i>Conocimiento e inter&eacute;s </i>con un acento epistemol&oacute;gico y, sobre todo, en la segunda a partir del cambio de paradigma, posici&oacute;n de la cual los debates p&uacute;blicos frente a la sociedad &#8212;en libreto propositivo pragm&aacute;tico&#8212; son el mejor testimonio de una filosof&iacute;a cr&iacute;tica en di&aacute;logo con los discursos m&aacute;s opuestos entre s&iacute;: los de la ciencia y los de la religi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es importante, desde un principio, se&ntilde;alar c&oacute;mo precisamente <i>La teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa </i>comienza con la siguiente caracterizaci&oacute;n de filosof&iacute;a:</p> <ul>     <p>La racionalidad de las opiniones y de las acciones es un tema que tradicionalmente se ha venido tratando en filosof&iacute;a. Puede incluso decirse que el pensamiento filos&oacute;fico nace de la reflexivizaci&oacute;n de la raz&oacute;n encarnada en el conocimiento, en el habla y en las acciones. El tema fundamental de la filosof&iacute;a es la raz&oacute;n. La filosof&iacute;a se viene esforzando desde sus or&iacute;genes por explicar el mundo en su conjunto, la unidad en la diversidad de los fen&oacute;menos, con principios que hay que buscar en la raz&oacute;n y no en la comunicaci&oacute;n con una divinidad situada allende el mundo y, en rigor, ni siquiera remont&aacute;ndose al fundamento de un cosmos que comprende naturaleza y sociedad. El pensamiento griego no busca ni una teolog&iacute;a ni una cosmolog&iacute;a &eacute;tica en el sentido de las grandes religiones universales, sino una ontolog&iacute;a. Si las doctrinas filos&oacute;ficas tienen algo en com&uacute;n, es su intenci&oacute;n de pensar el ser o la unidad del mundo por v&iacute;a de una explicitaci&oacute;n de las experiencias que hace la raz&oacute;n en el trato consigo misma (Habermas, 1992: 15).</p>     </ul>     <p>Pensar el mundo como totalidad mediante la explicitaci&oacute;n de la experiencia de la raz&oacute;n en el trato consigo misma. Esta concepci&oacute;n de filosof&iacute;a puede inspirarnos en nuestro preguntar acerca del uso y utilidad de la filosof&iacute;a hoy. En un ensayo de la &eacute;poca, a la vez que invita a desmitificar al Kant de la teor&iacute;a cr&iacute;tica del conocimiento como maestro de maestros, propone las tareas de la filosof&iacute;a en relaci&oacute;n con los diversos saberes vali&eacute;ndose de la bella met&aacute;fora de un &#39;m&oacute;vil&#39;: &quot;&iquest;C&oacute;mo pueden ser abiertas, &#8212;se pregunta&#8212; sin que se lastime su propio sentido de racionalidad, las esferas de la ciencia, de la moral y del arte, que se encuentran como encapsuladas en formas de culturas de expertos? &iquest;C&oacute;mo se pueden relacionar de nuevo estas esferas con las tradiciones empobrecidas del mundo de la vida, de modo que las &aacute;reas disociadas de la raz&oacute;n vuelvan a encontrar en la pr&aacute;ctica comunicativa cotidiana un equilibrio?&quot;. La respuesta desde la teor&iacute;a del actuar comunicacional es: &quot;La filosof&iacute;a podr&iacute;a por lo menos ayudar a animar el juego equilibrado, que ha llegado a total quietud entre lo cognitivo-instrumental, lo moral-pr&aacute;ctico y lo est&eacute;tico-expresivo, como quien pone de nuevo en movimiento un m&oacute;vil, que se ha trabado persistentemente&quot; (Habermas, 1985: 28).</p>     <p>Esta met&aacute;fora del m&oacute;vil apunta en la misma direcci&oacute;n que la de Heidegger en su <i>Carta sobre el humanismo, </i>que inspira la segunda parte del t&iacute;tulo de esta lecci&oacute;n inaugural: el pensar est&aacute; en lo seco.</p>     <p>La cr&iacute;tica heideggeriana a los tres tipos de humanismo, a saber: cristianismo, marxismo y existencialismo &#8212;que despu&eacute;s del holocausto pretenden seguir siendo vigentes y de cierta manera prevenir que nuevas barbaries atenten contra lo humano&#8212;, consiste especialmente en desvirtuar un punto de partida para la caracterizaci&oacute;n del ser humano que no se base en su propio sentido de ser mismo, que para Heidegger no es otro que el pensar la verdad del ser, es decir, abrirse al ser en la casa del pensar que es el lenguaje. Pero esta pregunta por la verdad del ser, la pregunta de la fenomenolog&iacute;a, que es precisamente la que define al ser humano, a su existir en cuanto <i>Dasein, </i>se ha olvidado desde hace mucho, desde los or&iacute;genes de la filosof&iacute;a como ciencia primera en Grecia. Al ser olvidada ha perdido sentido, se la considera no pertinente, no &uacute;til, no necesaria para el hombre contempor&aacute;neo, dado que su sentido de ser es cada vez m&aacute;s el de la ciencia, la t&eacute;cnica, la tecnolog&iacute;a, la innovaci&oacute;n, la productividad, la eficiencia, la competitividad. T&eacute;rminos de una l&oacute;gica lineal que no requieren, y de hecho no son referidos, al sentido de &quot;sociedad&quot;. Es necesario por tanto analizar la situaci&oacute;n originaria de la filosof&iacute;a y de la ciencia en Grecia para poder volver a poner la pregunta acerca de lo que hace al ser humano ser tal, como quien existe en la morada del ser, el lenguaje, que lo faculta para pensar pregunt&aacute;ndose y abri&eacute;ndose a la verdad del ser.</p>     <p>Escribe Heidegger:</p> <ul>     <p>Para que aprendamos a experimentar puramente la citada esencia del pensar, lo que equivale a llevarla a cabo, nos tenemos que liberar de la interpretaci&oacute;n t&eacute;cnica del pensar. Los inicios de esa interpretaci&oacute;n se remontan a Plat&oacute;n y Arist&oacute;teles. En ellos, el pensar mismo vale como una <i>t&eacute;chne, </i>esto es, como el procedimiento de la reflexi&oacute;n al servicio del hacer y fabricar. Pero aqu&iacute;, la reflexi&oacute;n ya est&aacute; vista desde la perspectiva de la <i>praxis </i>y la <i>po&iacute;esis. </i>Por eso, tomado en s&iacute; mismo, el pensar no es &laquo;pr&aacute;ctico&raquo;. La caracterizaci&oacute;n del pensar como <i>theor&iacute;a </i>y la determinaci&oacute;n del conocer como procedimiento &laquo;te&oacute;rico&raquo; suceden ya dentro de la interpretaci&oacute;n &laquo;t&eacute;cnica&raquo; del pensar. Es un intento de reacci&oacute;n que trata de salvar todav&iacute;a cierta autonom&iacute;a del pensar respecto al actuar y el hacer. Desde entonces, la &laquo;filosof&iacute;a&raquo; se encuentra en la permanente necesidad de justificar su existencia frente a las &laquo;ciencias&raquo;. Y cree que la mejor manera de lograrlo es elevarse a s&iacute; misma al rango de ciencia. Pero este esfuerzo equivale al abandono de la esencia del pensar. La filosof&iacute;a se siente atenazada por el temor a perder su prestigio y valor si no es una ciencia. En efecto, esto se considera una deficiencia y supone el car&aacute;cter no cient&iacute;fico del asunto. En la interpretaci&oacute;n t&eacute;cnica del pensar se abandona el ser como elemento del pensar. Desde la Sof&iacute;stica y Plat&oacute;n es la &laquo;l&oacute;gica&raquo; la que empieza a sancionar dicha interpretaci&oacute;n. Se juzga al pensar seg&uacute;n una medida que le es inadecuada. Este juzgamiento se asemeja al procedimiento que intenta aquilatar la esencia y virtud del pez en vista del tiempo y modo en que es capaz de vivir en lo seco de la tierra. Hace tiempo, hace demasiado tiempo, que el pensar est&aacute; en lo seco. &iquest;Se puede pues llamar &laquo;irracionalismo&raquo; al empe&ntilde;o por reconducir el pensar a su elemento? (1981: 66-67).</p>     </ul>     <p><b>2. El pensar est&aacute; en lo seco porque el cerebro no piensa<i> (Das Gehirn &#39;denkt&#39; nicht)<sup><a name="s2" href="#2">2</a></sup></i></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En la tradici&oacute;n de la fenomenolog&iacute;a tanto de Heidegger como, sobre todo, de Husserl, y de la teor&iacute;a cr&iacute;tica de la sociedad, la cr&iacute;tica al positivismo &#8212; no a la ciencia positiva&#8212;, apuntan a develar que la definici&oacute;n del hombre desde un naturalismo cientifista est&aacute; a la base de la crisis de la sociedad. Es miope considerar que este tipo de cr&iacute;tica, la de la Escuela de Frankfurt y la de la fenomenolog&iacute;a, no es pertinente hoy en los temas de filosof&iacute;a y sociedad. En la actual discusi&oacute;n con las neurociencias se enfatiza su recorte del sentido de libertad del ser humano y de la idea de responsabilidad como respuesta moral a su insociable sociabilidad, es decir a la conflictividad y problematicidad del hombre en sociedad. No quiere decir, como parecen a veces sugerirlo los partidarios del naturalismo, que el pensar al liberarse de la ciencia tenga que recaer de nuevo en las arenas movedizas de la metaf&iacute;sica. Recientemente se ha ocupado Habermas de la responsabilidad y de la libertad de la voluntad en discusi&oacute;n con cierto naturalismo reduccionista, al que le manifiesta enf&aacute;ticamente que el cerebro no piensa, en respuesta a su programa fundamental:</p> <ul>     <p>En una revista, que lleva el t&iacute;tulo program&aacute;tico <i>Gehirn und Geist </i>(cerebro y esp&iacute;ritu), publicaron once especialistas en neurociencias un pretencioso manifiesto, que llam&oacute; mucho la atenci&oacute;n en c&iacute;rculos m&aacute;s amplios que los de la mera competencia en la lucha por recursos de investigaci&oacute;n<sup><a name="s3" href="#3">3</a></sup>. Los autores anuncian &#39;que en tiempo previsible&#39; se podr&aacute;n aclarar y preveer a partir de procesos f&iacute;sico-qu&iacute;micos del cerebro los eventos ps&iacute;quicos como afecciones y sentimientos, pensamientos y decisiones. Por ello es obligatorio tratar el problema de la libertad de la voluntad hoy ya como una &#39;de las grandes preguntas de las neurociencias&#39;. Los especialistas en neurolog&iacute;a esperan de los resultados de sus investigaciones una revisi&oacute;n muy profunda de nuestra autocomprensi&oacute;n: &#39;Con respecto a lo que tiene que ver con nuestra imagen de nosotros mismos nos esperan en casa, por tanto, en tiempo previsible conmociones considerables&#39; (2009: 271).</p>     </ul>     <p>Este planteamiento nos recuerda la conferencia de Habermas al recibir el premio Kyoto en el 2004, intitulada &quot;Libertad y deterninismo&quot; (2005a: 155-186), en la que ya suger&iacute;a la propuesta de un &quot;naturalismo d&eacute;bil&quot; de las ciencias sociales, en un audaz di&aacute;logo entre Kant y Darwin, posici&oacute;n que acaba de consolidar en su discusi&oacute;n con los especialistas en neurociencias de la Revista <i>Cerebro y Esp&iacute;ritu </i>y que sin duda puede tomarse como posible respuesta a la &uacute;ltima amenaza a la filosof&iacute;a y a la sociedad misma, a saber, la esperanza en un renovado positivismo, que sigue apost&aacute;ndole al reduccionismo de la ciencia, la tecnolog&iacute;a y la innovaci&oacute;n, la competitividad, la modernizaci&oacute;n dominante, ahora de la mano de las ciencias cognitivas.</p>     <p>El semanario de Hamburgo, <i>Die Zeit<sup><a name="s4" href="#4">4</a></sup> (El Tiempo), </i>narra que para sus 50 a&ntilde;os, no hace mucho, la canciller alemana Angela Merkel quiso ponerse a la moda y, en lugar de brindar a sus prominentes invitados, como se acostumbra, m&uacute;sica o entretenimiento, present&oacute; a Wolf Singer, el mismo con quien discute actualmente Habermas en defensa de la libertad humana frente al determinismo. La se&ntilde;ora Merkel quiso celebrar su cumplea&ntilde;os con algunos datos del avance cient&iacute;fico y &eacute;stos los ten&iacute;a muy bien preparados el experto en neurociencias: &quot;el hombre no posee una voluntad libre, afirm&oacute; el cient&iacute;fico, en realidad es conducido por neuronas. El hombre ya est&aacute; determinado en sus decisiones entre el bien y el mal&quot;. Al d&iacute;a siguiente los magos de la s&aacute;tira en Hamburgo, no se sabe si porque se los hab&iacute;a suplantado, comentaron: la clase pol&iacute;tica alemana estaba exultante y pudo dormir tranquila al o&iacute;r que los alemanes no hab&iacute;an matado millones de jud&iacute;os, que hab&iacute;an sido sus neuronas. Por qu&eacute; precisamente entonces las neuronas hab&iacute;an obrado as&iacute; y no de otra forma, lo ignora todav&iacute;a hoy el profesor Singer.</p>     <p><b>3. Pensar el mundo de la vida y la sociedad civil</b></p>     <p>Podemos ahora responder a la pregunta del t&iacute;tulo: la filosof&iacute;a sirve para retornar el pensar a su elemento.</p>     <p>La utilidad de la filosof&iacute;a en la tradici&oacute;n de la Escuela de Frankfurt es la cr&iacute;tica, la misma que motiva a Heidegger a reconducir el pensar a su elemento &#8212;para nosotros las cosas mismas&#8212;, para lo cual sugerimos volver a la cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura de Kant, para quien m&aacute;s all&aacute; o m&aacute;s ac&aacute; del conocimiento, especialmente del cient&iacute;fico, con base en la experiencia espacio temporal, tiene sentido para el hombre pensar: pensar la libertad, el mundo como totalidad, la identidad y la responsabilidad personal, el sumo bien como lo incondicionado de lo condicionado, &aacute;mbito de la religi&oacute;n y de utop&iacute;as sociales libertarias.</p>     <p>Las ideas de la raz&oacute;n son al pensar lo que el agua es al pez. El pensar y el ser no pueden reducirse al mero conocer de las ciencias, no s&oacute;lo por nuestra inclinaci&oacute;n casi de inercia a dar raz&oacute;n de lo indeterminado de lo determinado en el horizonte de horizontes del sentido de ser, como sugiere Kant, sino porque las ideas nos abren ut&oacute;picamente al uso pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n en las esferas de la historia, la sociedad, la moral y el arte. El uso pr&aacute;ctico de la raz&oacute;n se alcanza por una v&iacute;a negativa, la de la cr&iacute;tica:</p> <ul>     <p>Si se echa una ligera ojeada a esta obra, &#8212;dice Kant acerca de su <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</i>&#8212; se puede quiz&aacute; entender que su utilidad es s&oacute;lo <i>negativa: </i>nos advierte que jam&aacute;s nos aventuremos a traspasar los l&iacute;mites de la experiencia con la raz&oacute;n especulativa. Y, efectivamente, &eacute;sta es su primera utilidad. Pero tal utilidad se hace inmediatamente <i>positiva </i>&#91;...&#93; Ello se ve claro cuando se reconoce que la raz&oacute;n pura tiene un uso pr&aacute;ctico (el moral) absolutamente necesario, uso en el que ella se ve inevitablemente obligada a ir m&aacute;s all&aacute; de los l&iacute;mites de la sensibilidad &#91;...&#93; Negar a esta labor de la cr&iacute;tica su utilidad <i>positiva </i>equivaldr&iacute;a a afirmar que la polic&iacute;a no presta un servicio <i>positivo </i>por limitarse su tarea primordial a impedir la violencia que los ciudadanos pueden temer unos de otros, a fin de que cada uno pueda dedicarse a sus asuntos en paz y seguridad (Kant, 1978: B XXV, 24-25).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>La utilidad de la filosof&iacute;a consiste por tanto en reconocer el valor, sentido, l&iacute;mites y extensi&oacute;n del conocimiento cient&iacute;fico, liber&aacute;ndonos as&iacute; de especulaciones y dogmatismos sin fundamento experiencial y abri&eacute;ndonos al horizonte de sentido en el que podamos resolver razonablemente la inclinaci&oacute;n natural de la raz&oacute;n a la metaf&iacute;sica. La reciente interpretaci&oacute;n fenomenol&oacute;gica de la cosa en s&iacute; del kantismo, propuesta por J&uuml;rgen Habermas (1971b: 203-270, especialmente: 232-234), busca explicitar un sentido del mundo de la vida, abierto intersubjetivamente por la comunicaci&oacute;n, para tematizar tambi&eacute;n un sentido ut&oacute;pico de sociedad. El mundo de la vida como el lugar de la detrascendentalizaci&oacute;n de la raz&oacute;n se convierte entonces en horizonte de sentido para contextualizar hermen&eacute;uticamente la comprensi&oacute;n, y se nos ofrece a la vez como fuente inagotable de recursos para validar nuestras pretensiones de verdad, de lo correcto y de lo veraz y aut&eacute;ntico. Con esto se resuelve la problem&aacute;tica planteada por Kant en el paso de la anal&iacute;tica a la dial&eacute;ctica, en el que se enfatiza c&oacute;mo la ciencia moderna avanza con seguridad y objetividad hasta los l&iacute;mites de la experiencia; pero c&oacute;mo, a la vez, no se puede negar que para el hombre, m&aacute;s all&aacute; o m&aacute;s ac&aacute; de lo que puede conocer gracias a la experiencia y a las ciencias apoyadas en el entendimiento humano como funci&oacute;n de la raz&oacute;n, tiene sentido pensar lo que no puede conocer, para retornar el pensar a su elemento. Nos encontramos ante el reto del pensamiento postmetaf&iacute;sico. Hist&oacute;rica y culturalmente el hombre sigue preguntando por el mundo como totalidad (cosmolog&iacute;a), por la libertad humana como fuente de responsabilidad (moral), por la naturaleza del alma en la psicolog&iacute;a y en la antropolog&iacute;a, por Dios o el absoluto en la religi&oacute;n y en la historia. Hoy d&iacute;a siguen vigentes algunas de esas preguntas, puesto que la ciencia, la t&eacute;cnica y la tecnolog&iacute;a no son todo, as&iacute; a veces lo pretendan, no nos hacen s&oacute;lo ellas felices, no concuerdan siempre con nuestros &uacute;ltimos ideales de vida; tienen sus l&iacute;mites: en el horizonte del desarrollo tecnol&oacute;gico el hombre se asoma a situaciones de no retorno; el mismo sentido de solidaridad respecto a generaciones venideras, bien pudiera ser considerado como vestigio metaf&iacute;sico. Pero sobre todo, los asuntos relacionados con la sociedad y la soluci&oacute;n de la insociable sociabilidad del ser humano como tarea, como esperanza normativa, no siempre parece que pudieran ser resueltos en t&eacute;rminos puramente cient&iacute;ficos ni tampoco s&oacute;lo por especialistas. Es el reto del pensar para no fil&oacute;sofos en su experiencia cotidiana, formulado como &quot;el principio esperanza&quot; (Bloch, 2004, 2006 y 2007), &quot;el principio responsabilidad&quot; (Jonas, 1995) o hacia la paz perpetuamente.</p>     <p>Es, por tanto, definitiva la distinci&oacute;n kantiana, enfatizada oportuna y acertadamente por John Rawls, entre entendimiento <i>(Verstand) </i>y raz&oacute;n <i>(Vernunft), </i>teniendo en cuenta que no se contradicen, ni se complementan, sino que el entendimiento es una funci&oacute;n de la raz&oacute;n, seguramente la m&aacute;s importante como lugar de los conceptos y categor&iacute;as, instancia de la racionalidad, que a su vez no pueden confundirse con las ideas de la raz&oacute;n, instancia de lo razonable. Es posible relacionar el sentido kantiano de las ideas como el &aacute;mbito de lo &quot;incondicionado de lo condicionado&quot; con el mundo de la vida <i>(Lebenswelt), </i>tematizado por la fenomenolog&iacute;a no s&oacute;lo a la base del conocimiento cient&iacute;fico sino como lugar de la experiencia humana y de una subjetividad trascendental, ahora detrascendentalizada lengu&aacute;jica y comunicacionalmente. El mundo de la vida como horizonte de horizontes es el referente fundamental de la fenomenolog&iacute;a, all&iacute; donde ella se apropia &quot;de las cosas mismas&quot;, sustituto ontol&oacute;gico de la &quot;cosa en s&iacute;&quot; y del <i>a priori </i>kantiano. Por ello, Edmund Husserl en sus reflexiones en torno a la crisis de las ciencias puede decir con toda raz&oacute;n que &quot;el <i>factum&quot; </i>es &quot;el <i>a priori&quot;: </i>es en la facticidad del mundo de la vida donde se contextualizan y se constituyen todos nuestros conocimientos, no s&oacute;lo los de las ciencias duras, sino tambi&eacute;n los de las blandas y de las humanidades y las artes.</p>     <p>El retorno del pensar a su elemento es volver al mundo de la vida en el que se pierde en lo indeterminado de lo determinado, en lo incondicionado de lo condicionado la cosa en s&iacute;, el noumeno, y en el que se resuelve en el tiempo y en el espacio nuestra inclinaci&oacute;n natural a la metaf&iacute;sica. Para eso seguimos todav&iacute;a y seguiremos haciendo filosof&iacute;a, as&iacute; en el diario pensar pareciera ser in&uacute;til.</p>     <p>En otras palabras: se trata de radicalizar el redescubrimiento de la <i>doxa </i>a la base de la <i>episteme </i>en el mundo de la vida mediante la detrascendentalizaci&oacute;n de la raz&oacute;n, es decir, de la intersubjetividad de la fenomenolog&iacute;a en partitura dialogal (Hoyos, 2009: 405-422). Es el cambio de paradigma de la filosof&iacute;a de la conciencia y de la reflexi&oacute;n a la teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa como filosof&iacute;a del presente. Se busca desarrollar una teor&iacute;a discursiva en la epistemolog&iacute;a, la &eacute;tica dialogal, la pol&iacute;tica deliberativa y el derecho democr&aacute;tico. En el di&aacute;logo de los saberes se ha concretado su discurso en asuntos de opini&oacute;n p&uacute;blica y medios de comunicaci&oacute;n, en temas de bio&eacute;tica y recientemente en el debate acerca de las neurociencias y su influjo en la acci&oacute;n humana.</p>     <p>En su discusi&oacute;n con Wolf Singer ha enfatizado Habermas, en su conferencia de Kyoto, que &quot;sin la intersubjetividad del comprender ninguna objetividad del saber&quot; (2005a: 177), reafirmando con ello el estatuto epistemol&oacute;gico y metodol&oacute;gico del actuar comunicacional en sus tres momentos: el cambio de paradigma de la filosof&iacute;a de la conciencia y del di&aacute;logo del alma consigo misma, del mon&oacute;logo de la reflexi&oacute;n a la comunicaci&oacute;n y el di&aacute;logo. Su confrontaci&oacute;n con un naturalismo reduccionista se da en el medio, entre &eacute;ste y la religi&oacute;n, el otro extremo que amenaza hoy la filosof&iacute;a y la sociedad, si deviene fundamentalismo.</p> <ul>     <p>No est&aacute; en cuesti&oacute;n el que todas las operaciones del esp&iacute;ritu humano sean totalmente dependientes de sustratos org&aacute;nicos. La controversia se fija m&aacute;s bien en el sentido de la naturalizaci&oacute;n del esp&iacute;ritu. Una comprensi&oacute;n naturalista adecuada de la evoluci&oacute;n cultural, tiene que poder dar raz&oacute;n tanto de la constituci&oacute;n intersubjetiva del esp&iacute;ritu, como del car&aacute;cter normativo de sus operaciones orientadas por normas (Habermas, 2005b: 7).</p>     </ul>     <p>Esto en cuanto a la propuesta de un naturalismo d&eacute;bil.</p>     <p>&iquest;Y en cuanto a la religi&oacute;n? En el extremo opuesto al naturalismo se encuentra hoy la revitalizaci&oacute;n inesperada y la politizaci&oacute;n de comunidades creyentes y tradiciones religiosas. Una sociedad postsecular tiene que poder reconocer los l&iacute;mites del racionalismo moderno y de su concepci&oacute;n antimetaf&iacute;sica (que no es lo mismo que postmetaf&iacute;sica), secular, laicista, &quot;atea&quot; o antirreligiosa del mundo, del hombre y de la historia.</p> <ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No est&aacute; en cuesti&oacute;n el hecho de que cualquier posibilidad de formaci&oacute;n pol&iacute;tica tenga que realizarse en el marco de un universo sin alternativas desde el punto de vista del desarrollo de la ciencia, la t&eacute;cnica y la econom&iacute;a, como se ha ido conformando en Occidente. Lo controvertido es m&aacute;s bien la interpretaci&oacute;n correcta de las secuelas de una secularizaci&oacute;n marcada por un tipo de racionalidad cultural y social propio de Occidente, al que las religiones atribuyen cada vez m&aacute;s la causa de la crisis mundial de valores (Habermas, 2005b: 7-8).</p>     </ul>     <p>De la misma manera que aceptamos del naturalismo su cuestionamiento de la metaf&iacute;sica hasta llegar a proponer un naturalismo &quot;d&eacute;bil&quot;, debemos revisar la posici&oacute;n de la modernidad respecto a la religi&oacute;n y a otros metarrelatos que acumulan cr&iacute;ticas al racionalismo Occidental, adverso a las creencias de la gente y que algunas veces recorta las libertades de los creyentes de diversa &iacute;ndole en el espacio p&uacute;blico. La propuesta de una sociedad postsecular reconoce la presencia de las creencias religiosas o de metarrelatos de diversa &iacute;ndole en la sociedad civil y acepta por tanto el que se expresen libremente en el espacio p&uacute;blico, con tal de que se sometan a procesos democr&aacute;ticos en el momento de pretender influir en formas de vida guiadas por el inter&eacute;s com&uacute;n de la poblaci&oacute;n y protegidas por el Estado de derecho. No se trata de volver atr&aacute;s en la conquista de la separaci&oacute;n entre Iglesia y Estado, sino que se busca aprovechar los recursos ut&oacute;picos de los creyentes en el espacio de las relaciones entre sociedad y Estado, que manifiestan hoy ciertos fen&oacute;menos preocupantes de marchitamiento en las comunidades en las que la comprensi&oacute;n, la cultura del perd&oacute;n y la solidaridad parecen irse agotando por los principios ego&iacute;stas del neoliberalismo y de la competitividad.</p>     <p><b>Conclusi&oacute;n</b></p>     <p>En los inicios del siglo pasado se dio el debate entre los fil&oacute;sofos que reclamaban &quot;volver a Kant&quot;. Los neokantianos cre&iacute;an poder resolver la exigencia de la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura </i>en el sentido de pensar m&aacute;s all&aacute; o m&aacute;s ac&aacute; del conocer, en el desarrollo de las ciencias naturales y las ciencias del esp&iacute;ritu, aquellas basadas en la observaci&oacute;n emp&iacute;rica y en el principio de causalidad como el que organiza la experiencia; &eacute;stas basadas en la actitud del participante y en la comprensi&oacute;n <i>(Verstehen </i>vs. <i>Kausalerkl&auml;rung). </i>Se propone el axioma de la neutralidad valorativa para poder homologar las ciencias del esp&iacute;ritu, llamadas hoy ciencias sociales y humanas, en su metodolog&iacute;a y en su estatuto te&oacute;rico a las ciencias de la naturaleza. Es el proyecto de racionalizaci&oacute;n a partir del conocimiento cient&iacute;fico para lograr el desencantamiento del mundo. Los fenomen&oacute;logos proponemos volver a las cosas mismas para retornar el pensar a su elemento, para comprender cada vez mejor en toda su complejidad y conflictividad, tambi&eacute;n con la ayuda de la ciencia, gracias a la sensibilidad moral y a la dimensi&oacute;n est&eacute;tica, nuestro mundo y nuestra sociedad. Pensamos que para eso es &uacute;til la filosof&iacute;a.</p>     <p>Con motivo del bicentenario de la muerte de Kant en el 2004, John McDowell, autor del libro <i>Mind and Wo</i><i>rld </i><i>(Mente y mundo) </i>&#8212;y la mente s&iacute; piensa&#8212; llam&oacute; al autor de la <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura, </i>el m&aacute;s grande &#8212;&quot;Kant ist der Gr&ouml;&beta;te&quot;&#8212; (2000: 24), porque de su mano es posible reencantar el mundo, necesariamente desencantado por la ciencia y la tecnolog&iacute;a, de suerte que nos volvamos a sentir en el mundo de la vida como en casa.</p> <hr>     <p><b>Pie de p&aacute;gina</b></p>     <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup>A quienes todav&iacute;a se irritan por los t&eacute;rminos de esta distinci&oacute;n quiero remitirlos al lugar en el que Habermas manifiesta expresamente su reserva frente al estilo reduccionista de muchos discursos de una <i>&#39;harten&#39; Wissenschaft </i>(ciencia dura), en relaci&oacute;n con los de las <i>&#39;weichen&#39; Disziplinen </i>(disciplinas blandas). Son t&eacute;rminos del mismo Habermas en sus <i>Philosophische Texte, Band 5 </i>(2009: 23, 262 y 324).    <br> <sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup>(Habermas, 2009: 262).    <br> <sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup>Habermas cita el n&uacute;mero 6/2004 de la Revista e indica que en los n&uacute;meros 7-8/2005 se encuentra la respuesta de los psic&oacute;logos. Como puede observarse, la problem&aacute;tica de la financiaci&oacute;n de proyectos de investigaci&oacute;n no es s&oacute;lo la fomentada en Colombia por COLCIENCIAS.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a href="#s4" name="4">4</a></sup>Tanja D&uuml;ckers en: <i>Die ZEIT </i>online, 11.2.2009.</p> <hr>     <p><b>Referencias</b></p>     <!-- ref --><p>Adorno, T. W. (1963). Wozu noch Philosophie. En <i>Eingriffe. </i>Frankfurt: Suhrkamp. (En espa&ntilde;ol: 1972. Justificaci&oacute;n de la filosof&iacute;a. En <i>Filosof&iacute;a y superstici&oacute;n. </i>Madrid: Alianza / Taurus).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0120-5323201000010001200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bloch, E. (2007). <i>El principio esperanza &#91;3&#93;. </i>F. Gonz&aacute;lez Vic&eacute;n (trad.). Madrid: Trotta editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S0120-5323201000010001200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bloch, E. (2006). <i>El principio esperanza &#91;2&#93;. </i>F. Gonz&aacute;lez Vic&eacute;n (trad.). Madrid: Trotta editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S0120-5323201000010001200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Bloch, E. (2004). <i>El principio esperanza &#91;1&#93;. </i>F. Gonz&aacute;lez Vic&eacute;n (trad.). Madrid: Trotta editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S0120-5323201000010001200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Habermas, J. (2009). <i>Philosophische Texte, Band 5, Kritik de Vernunft. </i>Frankfurt: Suhrkamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S0120-5323201000010001200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (2009). Das Sprachspiel verantwortlicher Urheberschaft und das Problem der Willensfreiheit. <i>Wie l&auml;sst sich der epistemische Dualismus mit einem ontologischen Monismus vers&ouml;hnen? </i>En <i>Philosophische Texte, Band 5, Kritik de Vernunft. </i>Frankfurt: Suhrkamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S0120-5323201000010001200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (2005a). Freiheit und Determinismus. En <i>Zwischen Naturalismus und Religion </i>(155-186). Frankfurt: Suhrkamp. (En espa&ntilde;ol: 2006. En <i>Entre naturalismo y religi&oacute;n. </i>Barcelona: Paid&oacute;s).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0120-5323201000010001200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (2005b). <i>Zwischen Naturalismus und Religion. </i>Frankfurt: Suhrkamp.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0120-5323201000010001200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (1992). <i>Teor&iacute;a de la acci&oacute;n comunicativa, </i>tomo I. Madrid: Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0120-5323201000010001200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Habermas, J. (1985). <i>Conciencia moral y acci&oacute;n comunicativa. </i>Barcelona: Pen&iacute;nsula.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0120-5323201000010001200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (1971a). Einleitung: Wozu noch Philosophie? En <i>Philosophischpolitische Profile </i>(11-36). Frankfurt: Suhrkamp. (En espa&ntilde;ol: 2000. En <i>Perfiles filos&oacute;ficos pol&iacute;ticos. </i>Madrid: Taurus).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0120-5323201000010001200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Habermas, J. (1971b). Von den Weltbildern zur Lebenswelt. En <i>Philosophischpolitische </i>(203-270). Frankfurt: Suhrkamp. (En espa&ntilde;ol: 2000. En <i>Perfiles filos&oacute;ficos pol&iacute;ticos. </i>Madrid: Taurus).    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0120-5323201000010001200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Heidegger, M. (1981). <i>Carta sobre el humanismo. </i>Buenos Aires: Ediciones del 80.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0120-5323201000010001200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Hoyos, G. (2009). Fenomenolog&iacute;a y humanismo. En <i>Acta fenomenol&oacute;gica latinoamericana. Volumen III (Actas del IV Coloquio Latinoamericano de Fenomenolog&iacute;a) </i>(405-422). Lima/Morelia, M&eacute;xico: C&iacute;rculo Latinoamericano de Fenomenolog&iacute;a.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0120-5323201000010001200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>Jonas, H. (1995). <i>El principio de responsabilidad: ensayo de una &eacute;tica para la civilizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. </i>Barcelona: Herder.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0120-5323201000010001200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Kant, I. (1978). <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura. </i>Madrid: Alfaguara.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0120-5323201000010001200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>McDowell, J. (2000). Kant ist der Gr&ouml;bte. John Mc Dowell im Gespr&auml;ch mit Marcus Willaschek. En <i>Information Philosophie </i>(28). Jahrgang, 1, L&ouml;rrach, M&auml;rz.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0120-5323201000010001200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p> </font>      ]]></body><back>
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