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<journal-title><![CDATA[Historia Crítica]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LOS APUNTES Y CUENTAS DE LA HACIENDA COCONUCO &#40;1770-1850&#41;: LAS PRÁCTICAS DE LEER Y ESCRIBIR EN UNA HACIENDA ESCLAVISTA COLOMBIANA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[READING AND WRITING IN A COLOMBIAN SLAVE-BASED HACIENDA: NOTES AND ACCOUNTS FROM HACIENDA COCONUCO &#40;1770-1850&#41;]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article attempts to understand the social uses of reading and writing in Hacienda Coconuco, between 1770 and 1850, and how they illustrate a particular social and administrative organization. The study is based on the analysis of primary sources, particularly the correspondence between members of the Arboleda and Mosquera families located in the Mosquera Collection of the Central Archive of Cauca.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <font face="verdana" size="2">      <p align="center" ><font size="4"><b>LOS APUNTES Y CUENTAS DE LA HACIENDA COCONUCO &#40;1770-1850&#41;. LAS PR&Aacute;CTICAS DE LEER Y ESCRIBIR EN UNA HACIENDA ESCLAVISTA COLOMBIANA</b><sup><a  name=s*  href="#*">*</a></sup></font></p>      <p ><b>Catalina Ahumada Escobar    <br> </b>Historiadora y mag&iacute;ster en Sociolog&iacute;a de la Universidad del  Valle, Cali, Colombia. Profesora en el &aacute;rea de investigaci&oacute;n de la Universidad  Aut&oacute;noma de Occidente en Cali, Colombia. Sus intereses de investigaci&oacute;n se  centran en la historia social y cultural colombiana durante los siglos xvin y  xix. <a  href="mailto:catalinaae@yahoo.com"> catalinaae@yahoo.com</a>.</p> <hr size="1">     <p ><b>RESUMEN</b></p>      <p >El siguiente art&iacute;culo presenta una aproximaci&oacute;n a los usos  sociales de la lectura y escritura en la Hacienda Coconuco entre 1770 y 1850,  aspectos que dan cuenta de una organizaci&oacute;n social y administrativa determinada.  Este estudio se funda­ment&oacute; en el an&aacute;lisis documental de fuentes prima­rias,  particularmente de la correspondencia familiar de los Arboleda y Mosquera  coleccionada en el Fondo Mosquera del Archivo Central del Cauca.</p>      <p ><b>PALABRAS CLAVE</b>    <br> Lectura, escritura, correspondencia, comunicaci&oacute;n, hacienda, Colombia.</p> <hr size="1">      <p align="center" ><font size="3"><b>READING AND WRITING IN A COLOMBIAN SLAVE-BASED HACIENDA: NOTES AND ACCOUNTS FROM HACIENDA COCONUCO &#40;1770-1850&#41;</b></font></p>      <p ><b>ABSTRACT</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p >This article attempts to understand the social uses of reading  and writing in Hacienda Coconuco, between 1770 and 1850, and how they illustrate  a particular social and administrative organization. The study is based on the  analysis of primary sources, particularly the correspondence between members of  the Arboleda and Mosquera families located in the Mosquera Collection of the  Central Archive of Cauca.</p>      <p ><b>KEY WORDS</b>    <br> Reading, writing, correspondence, communication, hacienda, Colombia.</p>      <p >Art&iacute;culo recibido: 5 de abril de 2010; aprobado: 12 de julio  de 2010; modificado: 22 de julio de 2010.</p> <hr size="1">      <p >La configuraci&oacute;n administrativa y social de la Hacienda Coconuco entre 1770 y 1850 revela un aspecto propio en su organizaci&oacute;n guiado por las pr&aacute;cticas de leer y escribir. Estas habilidades, apropiadas en diferentes grados o diversas formas, muestran una jerarquizaci&oacute;n social a partir de los usos de la escritura en el ordenamiento productivo y las relaciones sociales<sup><a  name=s1  href="#1">1</a></sup>. Una interpretaci&oacute;n de esta organizaci&oacute;n se puede realizar a partir de la elaboraci&oacute;n de las cuentas y apuntes de la hacienda que materializadas en los libros o papeles sueltos de diverso tipo, constituyeron el medio principal de reconocimiento y registro de las relaciones establecidas entre las figuras sociales vinculadas a la hacienda.</p>     <p>El ejercicio de escribir y leer en el uso administrativo fue llevado a cabo principalmente por el hacendado, sus familiares y el mayordomo, que en su funci&oacute;n de dirigentes deb&iacute;an velar por el buen manejo de los recursos. Desde esta perspectiva, la realizaci&oacute;n de los apuntes y cuentas present&oacute; una distinci&oacute;n entre los grupos sociales dominantes y subordinados a partir del uso de la escritura. Se debe aclarar, sin embargo, que si bien esta actividad estaba mediada por la apropiaci&oacute;n de las habilidades de leer y escribir que deb&iacute;an manifestar sus portadores, estas pr&aacute;cticas tambi&eacute;n fueron apropiadas y exteriorizadas de diferentes formas por los grupos subordinados, como lo hicieron efectivamente algunos esclavos, ind&iacute;genas y los otros trabajadores de la hacienda.</p>     <p><b>    <br>1. LOS USOS DE LA LECTURA Y ESCRITURA</b></p>     <p>En el sistema de comunicaci&oacute;n de la Hacienda Coconuco, los usos de la escritura y la lectura fueron la base central de informaci&oacute;n, supervisi&oacute;n y dirigencia. Un elemento importante en esta organizaci&oacute;n fueron las instrucciones dadas por el hacendado para que el mayordomo las llevara a cabo. &Eacute;ste deb&iacute;a interpretar de forma adecuada todas las indicaciones que su patr&oacute;n le encomendaba sobre c&oacute;mo proceder con los subordinados y todas las labores que se deb&iacute;an realizar para la producci&oacute;n<sup><a  name=s2  href="#2">2</a></sup>. Entre estas disposiciones, el mayordomo deb&iacute;a realizar varias diligencias relacionadas con el ejercicio de leer y escribir, y una de ellas era precisamente la de informar y comunicar cualquier tipo de novedad, como lo recomiendan las instrucciones de Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera al mayordomo Tom&aacute;s Mar&iacute;a en 1842: &quot;Cada seis meses informar&aacute; &eacute;sta y una noticia de los aumentos y p&eacute;rdidas que hayan y dar&aacute; cuenta a mi mujer, y a m&iacute; me mandar&aacute; una noticia exacta de todo cada mes en el primer correo de la 1<sup>a</sup> semana dando cuenta del mes pasado&quot;<sup><a  name=s3  href="#3">3</a></sup>.</p>     <p>El ejercicio de la escritura tambi&eacute;n se puso en pr&aacute;ctica con el manejo del libro de cuentas de la hacienda, en el que adem&aacute;s se realizaron algunas operaciones b&aacute;sicas de suma y resta. En estos libros se llevaba el registro de las cosechas, salida de productos, las ventas, los pagos, las deudas y se anotaba toda diligencia que deb&iacute;a conocer el propietario, quien cumpl&iacute;a la funci&oacute;n de revisar y fiscalizar. Por ejemplo, en la realizaci&oacute;n de la liquidaci&oacute;n del mayordomo Marcelino Paz en 1836, el hacendado Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera recurri&oacute; al libro de cuentas para verificar el c&aacute;lculo correcto de este gravamen:</p> <ul>&quot;De cuenta del trigo de 1832,1833 y 1834 ha sacado seg&uacute;n est&aacute; apuntado de su letra en los libros treinta y ocho fanegas cuatro y medio almudes de trigo, incluyo fanegas diez almudes de la &uacute;ltima liquidaci&oacute;n. Por lo tanto rechazo dos errores del papel de Paz: 1. Que no ha recibido m&aacute;s que 13 fanegas y 2. Que no ha tomado nada por 1834. &#91;...&#93; Seg&uacute;n la liquidaci&oacute;n que hicimos en 24 de enero de 1835 solamente se le quedaron debiendo despu&eacute;s de los animales que saco dos potros y una potranca que est&aacute;n contramarcados &#91;.&#93;. En el libro llevado por Paz esta puesta tambi&eacute;n la liquidaci&oacute;n hecha por m&iacute; que no repugno y la combinada escribiendo de su letra&quot;<sup><a  name=s4  href="#4">4</a></sup>.    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>El libro de cuentas representaba la racionalizaci&oacute;n de los recursos de forma escrita, ya que permit&iacute;a controlar la mano de obra y organizar la producci&oacute;n. En la Hacienda Coconuco este registro se presenta desde el a&ntilde;o 1770, seg&uacute;n el &quot;cuaderno en donde se assientan los frutos de las dos Haciendas Coconuco y Poblaz&oacute;n desde 17 de julio de 1770, q. juro a Dios Nstro. Sr. Y una se&ntilde;al de +, ser ciertas y verdaderas las partidas de cargo y descargo en &eacute;l contenidas&quot;<sup><a  name=s5  href="#5">5</a></sup>. Estas operaciones contables sin lugar a dudas fueron continuadas en los siguientes a&ntilde;os, aunque a&uacute;n no se conoce con exactitud su existencia y ubicaci&oacute;n. Aun as&iacute;, es posible observar que en el manejo de libro de cuentas se asientan diversos tipos de registros que, por una parte, se&ntilde;alan varias formas de lectura y escritura, y por otra, indican otros modos de relaci&oacute;n con los grupos sociales subordinados. Una muestra es la escritura de rayas, sistema de registro de la jornada laboral de los ind&iacute;genas: una raya equival&iacute;a a un d&iacute;a de trabajo. As&iacute;, en un libro de rayas se anotaban los servicios de los ind&iacute;genas y en otro libro se traduc&iacute;a num&eacute;ricamente su valor. As&iacute;, el mayordomo o el encargado de las cuentas deb&iacute;a conocer, apropiar y traducir por medio de la escritura, estas formas de representaci&oacute;n.</p>     <p>Con el paso de los a&ntilde;os el libro de cuentas adquiere mayor complejidad por el uso m&aacute;s detallado de las premisas contables, como se puede observar en las instrucciones dejadas por el hacendado al mayordomo Tom&aacute;s Mar&iacute;a en 1842:</p> <ul>&quot;Llevar&aacute; un libro a cuentas corrientes para cada hacienda y deber&aacute; hacer con los productos de cada una los gastos precisos, y los productos l&iacute;quidos los entregar&aacute; cada mes a uno de mis cu&ntilde;ados los SS. Vicente &oacute; Manuel Esteban Arboleda &#91;...&#93;. Es urgente y necesario liquidar las cuentas de los indios de Coconuco para saber los que se les debe y hacer los pagos. La liquidaci&oacute;n se debe hacer hasta el mes de diciembre del presente a&ntilde;o inclusive, y hay que cargar a los indios el arrendamiento de las tierras conforme lo cobro a saber. &#91;...&#93; Pero debe ponerse en los libros de las haciendas el gasto seg&uacute;n se hagan abriendo una cuenta corriente en caudales como diario en donde se asientan todas las entradas y salidas de las tres fincas, y en la data de los pagos&quot;<sup><a  name=s6  href="#6">6</a></sup>.    </ul>     <p>Tener el manejo y control de los libros de la hacienda simbolizaba adem&aacute;s la custodia del poder y el resguardo de la propiedad de forma escrita, y en este sentido los apuntes y libros ten&iacute;an un acceso restringido. Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera lo anot&oacute; claramente en las instrucciones para el mayordomo Jos&eacute; Mar&iacute;a Agredo en 1823: &quot;Los libros y apuntes de la hacienda no los dejar&aacute; U. ver de nadie&quot;<sup><a  name=s7  href="#7">7</a></sup>.</p>     <p>Otra actividad para la que se hac&iacute;a uso de la escritura era en la realizaci&oacute;n del inventario, generalmente cuando se reemplazaba a un individuo por otro para que asumiera la mayordom&iacute;a. Bajo este compromiso se contaban y entregaban de forma escrita todos los bienes y recursos que formaban parte de la propiedad. Asimismo, los mayordomos ten&iacute;an la funci&oacute;n de realizar el inventario peri&oacute;dicamente o en el momento que fuera ordenado por el hacendado. En las instrucciones para Tom&aacute;s Mar&iacute;a Mosquera en 1842, el hacendado mandaba:</p> <ul>&quot;Llevar&aacute; un inventario exacto de cada una de ellas tanto de las tierras con expresi&oacute;n de los potreros cercados, cercas de paredes y de &aacute;rboles, como de esclavos y de los manumitidos, de los ganados, vacuno y lanar y de las casas, herramientas, muebles y enseres, de los caballos, mulas y yeguas, pollinos, y dem&aacute;s animales, y los remitir&aacute; a mi mujer la Sra. Mariana Arboleda y dejar&aacute; otro en su poder&quot;<i><sup><a  name=s8  href="#8">8</a></sup></i>.    </ul>     <p>En algunas ocasiones esta diligencia tambi&eacute;n la realizaba el hacendado, si ve&iacute;a necesario realizar el inventario directamente. &Eacute;ste funcionaba como un mecanismo para saber y conocer el estado de los productos y recursos de la hacienda, lo que indicaba que, el no tener soporte escrito de este conteo, era una falta de control sobre la propiedad. Mariana Arboleda le notific&oacute; a su esposo en 1843 que el mayordomo Tom&aacute;s Mar&iacute;a no hab&iacute;a registrado ning&uacute;n movimiento productivo, ante lo cual la se&ntilde;ora resaltaba la necesidad de tener y leer los apuntes. Lo cierto era que Tom&aacute;s Mar&iacute;a no llevaba organizados los libros de las cuentas, y esto significaba el desconocimiento y una desafortunada organizaci&oacute;n y administraci&oacute;n de Coconuco, como ella lo percib&iacute;a:</p>     <p>&quot;T&uacute; dices &#91;Tom&aacute;s Cipriano&#93; que Tom&aacute;s te a mandado all&aacute; las cuentas, pero a m&iacute; me entrego los libros en blanco, seguramente porque ya te hab&iacute;a mandado all&aacute; las cuentas, pero me parece que deb&iacute;a haber dejado ac&aacute; un apunte para &eacute;l mismo saber lo que manejaba, y porque en las haciendas se deben llevar libros de cuentas para saber los productos, y lo que se muere, a los menos me parece a m&iacute; as&iacute;; por lo que he visto que tu siempre llevas libros de cuentas no es que yo haya querido exigir que Tom&aacute;s me d&eacute; cuentas, &uacute;nicamente lo hice para poder saber lo que faltaba y hacerle cargo a los negros como tu ordenas &#91;.&#93; no obstante ya dejo libros arreglados donde encontrar&aacute;s apuntado todo lo que yo encontr&eacute; y lo que dejo por inventario &#91;...&#93;&quot;<sup><a  name=s9  href="#9">9</a></sup>.</p>     <p>Un aspecto importante para resaltar en este escenario son los efectos de la carencia de individuos con habilidades de leer y escribir para que se hicieran cargo de la hacienda. Esto desestabilizaba el habitual funcionamiento, pues no se realizaba una adecuada supervisi&oacute;n, registro y control de la producci&oacute;n, as&iacute; como el manejo y vigilancia de las labores de los negros esclavos y los oficios que deb&iacute;an desempe&ntilde;ar los indios y dem&aacute;s trabajadores. Esta condici&oacute;n ocasionaba tambi&eacute;n una cierta fisura en la relaci&oacute;n establecida con el hacendado por su incumplimiento en la entrega de los suplementos, raciones y pagos convenidos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Aunque estas ausencias se presentaron generalmente por cortos intervalos de tiempo, mientras se cambiaba un individuo por otro que asumiera la mayordom&iacute;a, una dif&iacute;cil situaci&oacute;n se present&oacute; en la Hacienda Coconuco en 1842. Durante este tiempo Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera se encontraba fuera de Popay&aacute;n, y su esposa Mariana, quien desde hac&iacute;a alg&uacute;n tiempo se hab&iacute;a encargado de la direcci&oacute;n de la hacienda, hab&iacute;a viajado a Bogot&aacute; desde 1841 para asistir al matrimonio de su hija Amalia con Pedro Alc&aacute;ntara Herr&aacute;n, Presidente de la Rep&uacute;blica de la Nueva Granada de ese momento &#40;1841-1845&#41;. Por ese motivo, Tom&aacute;s Cipriano apoder&oacute; a sus primos Vicente y Manuel Esteban Arboleda para que gobernaran sus propiedades, y destin&oacute; a su hijo natural, Tom&aacute;s Mar&iacute;a Mosquera, para que se hiciera cargo de sus haciendas Coconuco, San Ignacio y la Mina de la Teta. Seg&uacute;n las instrucciones, Tom&aacute;s Mar&iacute;a deb&iacute;a asumir la mayordom&iacute;a de Coconuco. Sin embargo, este mandato fue vagamente cumplido. Tom&aacute;s Mar&iacute;a decidi&oacute; distanciarse de la hacienda, que estuvo sin la supervisi&oacute;n de un mayordomo como &eacute;l mismo lo notificaba: &quot;Sobre Coconuco estoy cansado de decirle a Don Manuel que ponga mayordomo porque esos negros no pueden hacer nada, los indios no quieren trabajar porque no se les paga ni hay plata con que rayarlos&quot;<sup><a  name=s10  href="#10">10</a></sup>.</p>     <p>Despu&eacute;s de casi dos a&ntilde;os de ausencia, Mariana Arboleda regres&oacute; a Popay&aacute;n en marzo de 1843, motivada en parte por organizar las propiedades de Tom&aacute;s Cipriano. Y en este contexto, Mariana resaltaba: &quot;&#91;...&#93; ya que hice el sacrificio de venirme es un deber m&iacute;o tratar de arreglar todos tus intereses para que no se acaben de arruinar&quot;<sup><a  name=s11  href="#11">11</a></sup>. De esta manera, se hac&iacute;a evidente la necesaria presencia del mayordomo para que cumpliera todas las disposiciones del hacendado. Este hecho fue remediado despu&eacute;s de que Mariana dirigiera la hacienda y dejara convenido un nuevo mayordomo antes de su regreso a Bogot&aacute; para el recibimiento de su primer nieto:</p> <ul>&quot;&#91;...&#93; me veo en la necesidad de poner un mayordomo para que cuide de esta hacienda porque estoy segura que si quedan solos los negros, seguir&aacute;n los robos y desordenes como antes y ser&iacute;a in&uacute;til todas las medidas que he tomado para que esto no se acaba de animar. &#91;...&#93; Al que dejo es a Ignacio Sarria de Timb&iacute;o, y mi hermano Joaqu&iacute;n me dice es hombre de bien y honrado, en esta semana le entregar&eacute; todo por inventario dej&aacute;ndole instrucciones por escrito para que se cumplan las mismas que t&uacute; has dado&quot;<sup><a  name=s12  href="#12">12</a></sup>.    </ul>     <p>En la relaci&oacute;n escrita entre el hacendado y el mayordomo, las dos partes mostraban habilidades expl&iacute;citas, en diferente grado, de leer, escribir y contar. No obstante, entre el hacendado y los dem&aacute;s subordinados tambi&eacute;n se establec&iacute;an ciertas relaciones a partir del uso de la escritura, sin que la apropiaci&oacute;n de estas destrezas fuera imprescindible. Un ejemplo se puede descubrir en el control y sujeci&oacute;n de los esclavos. En la segunda d&eacute;cada del siglo xix, durante las guerras de independencia, los hacendados crearon estrategias para proteger a los esclavos, creando un pasaporte para aquellos transe&uacute;ntes que bajo sus mandatos deb&iacute;an pasar por los lugares afectados<sup><a  name=s13  href="#13">13</a></sup>. En este contexto, el hacendado de Coconuco otorg&oacute; a ciertos esclavos un documento escrito para que sirviera de salvoconducto. Don Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera se lo recomendaba a Tom&aacute;s Cipriano en 1821: &quot;Remito a este negro Gregorio &#91;...&#93;, llevando carta para el mayordomo del Jaguar a fin de que lo auxilie y bueno ser&aacute; que le facilites un pasaporte para su mayor seguridad en el camino&quot;<sup><a  name=s14  href="#14">14</a></sup>. Si bien no sabemos con seguridad las habilidades del negro esclavo Gregorio para descifrar algunos trazos, s&iacute; es posible establecer que a partir del documento escrito se constitu&iacute;a otra forma de relaci&oacute;n entre el hacendado y el esclavo.</p>     <p>Otro ejemplo se presenta en las concesiones de libertad. Ante las peticiones y ruegos de algunos esclavos, el hacendado acced&iacute;a a estas s&uacute;plicas acordando un pago en dinero o en especie por su valor. A cambio, el propietario les otorgaba un recibo o documento escrito que aseguraba su nueva condici&oacute;n de libre, aunque este individuo siguiera laborando en la hacienda o en las dem&aacute;s propiedades del hacendado. Este hecho se puede advertir cuando Joaqu&iacute;n Mosquera le comunica a Tom&aacute;s Cipriano en 1835 ciertas diligencias realizadas en su nombre:</p> <ul>&quot;Aqu&iacute; se me ha aparecido un negro Jos&eacute; Antonio con el objeto de tratar sobre la libertad de su hija Clemencia que dice perte-necerte; y me ha movido a que por tu ausencia lo resuelva, con tal pesadez que por salir de &eacute;l he hecho lo siguiente. He recibido ciento veinticinco ps. En mata a buena cuenta del precio de Clemencia y tambi&eacute;n diez y seis cames de oro de jornales de la misma; d&aacute;ndole un recibo que expresa esto mismo hasta que pueda verte y arregle contigo los t&eacute;rminos del contrato&quot;<sup><a  name=s15  href="#15">15</a></sup>.    </ul>     <p>En pocas palabras, se puede observar que los usos de la escritura en la Hacienda Coconuco estaban relacionados con la organizaci&oacute;n administrativa a partir del control de los productos, recursos y mano de obra de forma escrita. En primer lugar, el permanente intercambio epistolar se&ntilde;ala el principal recurso de comunicaci&oacute;n, pues esta correspondencia se establec&iacute;a entre el hacendado, la familia y los dem&aacute;s grupos sociales. En segundo lugar, las instrucciones escritas representaron un mecanismo importante de direcci&oacute;n y de mando, en las que ciertas disposiciones implicaban algunas tareas para leer, escribir y contar. Tales labores escritas en su conjunto conformaron el corpus documental de las cuentas y apuntes de la propiedad. Por &uacute;ltimo, las diferentes formas de relaci&oacute;n entre el hacendado y los grupos sociales subordinados se hacen evidentes a partir del uso de documentos escritos como medios de sujeci&oacute;n, dependencia y dominaci&oacute;n, como es el caso de los salvoconductos y documentos de libertad para los esclavos, los libros de rayas para los ind&iacute;genas y los contratos de trabajo para los otros individuos que prestaron sus servicios en la hacienda. Estos ejemplos dan cuenta de una configuraci&oacute;n estructurada en las pr&aacute;cticas de leer y escribir, habilidades que fueron apropiadas en diferentes grados y formas por los grupos sociales vinculados en la hacienda.</p>     <p><b>    <br>2. SABER LEER Y ESCRIBIR</b></p>     <p>La valoraci&oacute;n otorgada a las habilidades de leer y escribir en la hacienda estaba relacionada con la posibilidad de acceder, por una parte, a las formas de comunicaci&oacute;n escrita con la figura del hacendado o sus familiares, quienes s&oacute;lo se hac&iacute;an presentes en la hacienda ocasionalmente. Y por otra parte, para asegurar un lugar en la jerarqu&iacute;a social de la organizaci&oacute;n productiva a partir de los usos de la escritura.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Comunicarse con el hacendado de forma escrita representaba para los subordinados estar en contacto directo con el amo, padre, se&ntilde;or y patr&oacute;n de la hacienda, aquel &quot;ser superior, due&ntilde;o de gran cantidad de tierras y numerosos sirvientes, dominante, preponderante, protector y paternalista&quot;<sup><a  name=s16  href="#16">16</a></sup>. Si bien los individuos pod&iacute;an presentarse directamente ante &eacute;l o ante los integrantes de la familia, como generalmente lo hicieron, en ocasiones el traslado a Popay&aacute;n o al lugar donde se encontraban los hacendados no era posible, as&iacute; que comunicarse con la figura de m&aacute;ximo poder por medio de mensajes escritos significaba la posibilidad de acceder de otra forma a su protecci&oacute;n, beneficencia y justicia. Un ejemplo lo ilustra el mayordomo Jos&eacute; Mar&iacute;a Agredo en 1823, quien le solicit&oacute; a Tom&aacute;s Cipriano que fuera su fiador de una de sus deudas, seg&uacute;n le escrib&iacute;a: &quot;Mi m&aacute;s venerados son viendo su buen coraz&oacute;n que tiene u. para con los pobres se me hace preciso mortificarlo a fin de que salga de mi fiador u&quot;<sup><a  name=s17  href="#17">17</a></sup>.</p>     <p>Otro caso de singular importancia es la carta remitida por el esclavo Ignacio Mosquera, que sin la habilidad de escribir se vali&oacute; del mayordomo para comunicarle a su amo, en abril de 1825, sobre la triste situaci&oacute;n que enfrentaba por el destierro de uno de sus hijos, como lo aseguraba el mayordomo Jos&eacute; del Saltos:</p> <ul>&quot;Sr. su criado Ignacio y Mar&iacute;a su mujer ha venido para esta hacienda a valerse de mi, sabiendo que U. me tiene un cari&ntilde;o muy raso, q le liberte a su hijo Juan Isidro q lo llevaron desterrado para Cartagena, es un solo llorar as&iacute; la madre como su padre, yo de mi parte le ruego y encarezco q le haga esa caridad y se enmiende libertarlo de por dios le pido p q se abatido de un infeliz sirviente suyo. Va el papel de mis manos de la exclamaci&oacute;n a manos de u. Su mas humilde y atento q. SMA. Jos&eacute; del Saltos&quot;<sup><a  name=s18  href="#18">18</a></sup>.    </ul>     <p>El mayordomo, resaltando el cari&ntilde;o que percib&iacute;a del hacendado, le adjunta un mensaje que conten&iacute;a las s&uacute;plicas del esclavo:</p> <ul>&quot;Amo y Padre y Sr. de todos sus criados benefactor de todos insolventes; no s&eacute; c&oacute;mo he tenido el valor de explicar mi sufrimiento tan grande que tengo el hallarme sin la compa&ntilde;&iacute;a de mi amado hijo Juan Isidro q lo quitaron como quitar una &aacute;guila un pollo q doloroso quedar&iacute;a yo como su madre vieja q eso ser&aacute; parte q yo me quedo solo sin mi mujer por q en breve se me muere de la mesma pesadumbre q tiene; &#91;...&#93;, considere amo y Sr. q dolor tendr&eacute;, y sin tener a quien volver mis afligidos ojos llenos de l&aacute;grimas; Amo y Sr. Le explicar&eacute; los motivos q hallaron en mi hijo de mi coraz&oacute;n nacido de mi lomo. Q mejor hubiera sido q viera sido yo el desterrado y yo como soy esclavo me vieron zafado mis Amos o como diera me hubiera muerto cuando y no q me hallo sin mi hijo vivir muriendo &#91;.&#93;, cuando pas&eacute; onde mi Amo Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera ya era tarde ya camino p el callej&oacute;n y no hubo remedio no hubo otro motivo; &#91;.&#93;, su m&aacute;s atento y humilde criado que SMA Ignacio Mosquera&quot;<sup><a  name=s19  href="#19">19</a></sup>.    </ul>     <p>Los favores, ruegos y pedidos de forma escrita tambi&eacute;n fueron remitidos por otros esclavos y libres, que sin conocer con seguridad si eran de su pu&ntilde;o y letra, se valieron de los mensajes escritos para dirigirse al hacendado, como lo presenta la carta enviada por el esclavo Jos&eacute; Antonio Mosquera en febrero de 1845, solicit&aacute;ndole a Tom&aacute;s Cipriano el pago de un caballo:</p> <ul>&quot;Mi muy respetad&iacute;simo se&ntilde;or amo: ahora que vino Smd. y estuvo en la mina de la Teta, no pude ir a hablar con Smd. por estar enfermo y hallarme algo aparte de la mina en un ato de mi amo Joaqu&iacute;n; y como s&eacute; que todav&iacute;a est&aacute; Smd. en Popay&aacute;n, y no siendo posible ir yo mismo me atrevo a escribir a Smd. estas letras diciendo: que el caballo bayo que Smd. llev&oacute; cuando vino con mi Sra. Mariana, y me dijo dejaba orden que me lo pagasen, no lo han hecho hasta ahora. Yo suplico a Smd. encarecidamente que antes que se vaya d&eacute; orden al Sr. minero Santiago Valencia, para que me lo pague, pues lo tratamos con Smd. en cuarenta pesos. Smd. me perdona este atrevimiento y disponga de su afmo. Criado que desea servirlo y SMB. Jos&eacute; Antonio Mosquera&quot;<sup><a  name=s20  href="#20">20</a></sup>.    </ul>     <p>La correspondencia escrita tambi&eacute;n pod&iacute;a proceder de largas distancias con el motivo de favorecerse y ampararse de los auxilios del hacendado. En 1826, Josefa Mosquera desde Panam&aacute; le solicit&oacute; a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, personificado como su amo y se&ntilde;or, un salvoconducto para su pronto regreso a Popay&aacute;n:</p> <ul>&quot;Amo y Sr. M&iacute;o de mi atenci&oacute;n, por esta paso nuevamente a besarle a su merced, pies y manos, como siempre su m&aacute;s humilde criado y despu&eacute;s a que me corra mi diligencia para que el Sr. Gobernador Pol&iacute;tico me d&eacute; para mi pasaporte para irme para la de Popay&aacute;n yo y mi cu&ntilde;ado, Ylario, pues nos hallamos careciendo de la vista de nuestra familia pues yo volv&iacute; antes Sr. Juez Pol&iacute;tico presentando un corto memorial y me responde dici&eacute;ndome que en 8 d&iacute;as no estaba mi tardanza para salir de esta ciudad y por tanto he determinado, el poner a su merced estas cuatro letras para que por vida de su merced me mire en caridad y justicia por vida de mi Sa. Da. Mar&iacute;a Manuela y mi amo Dn. Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera y de mi Sra. La esposa de su merced y las banderas de Colombia y espero la respuesta de su merced para mi gobierno&quot;<sup><a  name=s21  href="#21">21</a></sup>.    </ul>     <p>Desde esta perspectiva, el uso de la escritura como medio de comunicaci&oacute;n entre el hacendado y los servidores de la hacienda revela una forma de paternalismo de forma escrita, es decir, una relaci&oacute;n entre el hacendado figurado como se&ntilde;or y padre simb&oacute;lico y los individuos bajo su protecci&oacute;n y servicio<sup><a  name=s22  href="#22">22</a></sup>. Roland Anrup establece que en el caso de los colonos o runas de las haciendas cuzque&ntilde;as, era una costumbre referirse al patr&oacute;n llam&aacute;ndolo papay o taita, palabras que pueden traducirse por &#39;padre m&iacute;o&#39;. En este sentido, seg&uacute;n el autor, la paternidad estaba ligada al hecho de hablar, en tanto que el &quot;paternalismo profundo del r&eacute;gimen se&ntilde;orial de la hacienda serrana aparece cuando el hacendado y el campesino se hablan y enfrentan&quot;<sup><a  name=s23  href="#23">23</a></sup>. En nuestro caso a&ntilde;adiremos que el paternalismo en la Hacienda Coconuco tambi&eacute;n se hizo manifiesto en la representaci&oacute;n del hacendado como amo, padre, se&ntilde;or y patr&oacute;n por medio de letras y signos del lenguaje escrito.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Ahora bien, hacer uso de este mecanismo de relaci&oacute;n y comunicaci&oacute;n nos remite a pensar en las formas de acceder a las habilidades de leer y escribir, matices que nos pueden dar idea sobre las valoraciones y percepciones de dichas pr&aacute;cticas<sup><a  name=s24  href="#24">24</a></sup>. En el grupo de los hacendados, podr&iacute;amos advertir el uso constante de la documentaci&oacute;n escrita, aspecto que evidencia sus destrezas para leer y escribir, aunque el nivel de su dominio fuera diferenciado. Don Jos&eacute; Mar&iacute;a Mosquera se educ&oacute; en el Real Colegio Seminario de Popay&aacute;n, recibiendo el 3 de mayo de 1767 el grado de Maestro en Artes; Tom&aacute;s Cipriano, seg&uacute;n Diego Castrill&oacute;n, recibi&oacute; su primera formaci&oacute;n acad&eacute;mica de sus progenitores, &quot;la continu&oacute; en la escuela p&uacute;blica de Joaqu&iacute;n Basto &#91;...&#93;, para terminarla bajo la tutela del maestro Luna y pasar luego como alumno de Latinidades en el Real Colegio Seminario, como todos los j&oacute;venes de las familias notables de la &eacute;poca&quot;<sup><a  name=s25  href="#25">25</a></sup>.</p>     <p>No cabe duda que gran parte de los conocimientos necesarios para saber leer y escribir fueron asequibles a los hombres de la familia hacendada, ya sea asistiendo a escuelas y colegios o a partir de maestros particulares. De hecho, no s&oacute;lo era notable en la familia Mosquera el buen manejo del espa&ntilde;ol, sino tambi&eacute;n del ingl&eacute;s, franc&eacute;s, lat&iacute;n e italiano, seg&uacute;n se hace referencia en sus biograf&iacute;as, y que se manifiesta en la circulaci&oacute;n de libros y gacetas en la hacienda. Joaqu&iacute;n Mosquera le comunicaba a Tom&aacute;s Cipriano en 1835: &quot;Con Pedro te remito un buen paquete de correspondencia, y entre ella va uno de peri&oacute;dicos europeos que te remite Manuel Mar&iacute;a. A m&iacute; me ha enviado el Morning Chronicle y cuando acabes los que te remito, env&iacute;amelos y cambiaremos&quot;<sup><a  name=s26  href="#26">26</a></sup>.</p>     <p>No obstante, podemos anotar algunas particularidades en el caso de las mujeres integrantes de la familia hacendada. La educaci&oacute;n de las mujeres fue precaria con relaci&oacute;n a los hombres durante la Colonia, y s&oacute;lo despu&eacute;s de la Independencia, seg&uacute;n Patricia Londo&ntilde;o, fue apareciendo la idea de que hab&iacute;a que educarlas<sup><a  name=s27  href="#27">27</a></sup>. A pesar de esto, en la primera mitad del siglo xix su acceso a la lectura y escritura fue limitado. Por ejemplo, el hacendado Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera tuvo dos hijos con su esposa Mariana: An&iacute;bal, nacido en 1824, y Amalia, nacida en 1825. An&iacute;bal Mosquera desde muy temprana edad estuvo alejado de su madre, asistido en sus primeros a&ntilde;os por su t&iacute;a Vicenta, y m&aacute;s tarde, despu&eacute;s de asistir a la escuela en Popay&aacute;n, fue enviado a Londres a estudiar. El caso de Amalia fue diferente: todo el tiempo estuvo viajando y acompa&ntilde;ando a su madre entre Popay&aacute;n y la Hacienda Coconuco. En 1837, cuando Amalia ten&iacute;a once a&ntilde;os de edad, Mariana sac&oacute; a relucir sus impresiones sobre la importancia de que su hija aprendiera a leer y escribir. Esto implicaba que Mariana deb&iacute;a pensar si se quedaba con su hija en la hacienda o en la ciudad, dos lugares de condiciones dis&iacute;miles en cuanto al acceso a la educaci&oacute;n: &quot;Lo &uacute;nico que me har&aacute; estar en Popay&aacute;n ser&aacute; el inter&eacute;s que Amalia aprenda alguna cosa para que no se quede tan ignorante como la mam&aacute; pues aqu&iacute; &#91;la hacienda Coconuco&#93; es imposible que aprenda a escribir o hacer cuentas y me causa mucho dolor verla tan atrasada&quot;<sup><a  name=s28  href="#28">28</a></sup>.</p>     <p>Mariana en muchas ocasiones le escribi&oacute; a Tom&aacute;s Cipriano que su inter&eacute;s era el de vivir en la Hacienda Coconuco y s&oacute;lo ir a Popay&aacute;n de visita; sin embargo, al parecer Mariana valoraba m&aacute;s el hecho de que su hija aprendiera a leer y escribir, lo que la motiv&oacute; a tomar otras medidas: distanciarse de Amalia cuando ella deb&iacute;a asistir a la hacienda:</p> <ul>&quot;&#91;...&#93; pero tendr&eacute; que ir por unos pocos d&iacute;as &#91;a la hacienda&#93; y me volver&eacute; ac&aacute; &#91;Popay&aacute;n&#93; porque pienso dejar aqu&iacute; a Amalia con alguna persona de compa&ntilde;&iacute;a para no perder esta ocasi&oacute;n de que aprenda alguna cosa pues Rojas a empezado a ense&ntilde;arle el trabajo, Morera viene todos los d&iacute;as a ense&ntilde;arle a escribir y Mario Antonio me ha ofrecido venir a darle lecciones del franc&eacute;s &uacute;nico motivo que me obliga a privarme de la vida tan agradable del campo, cada d&iacute;a me gusta m&aacute;s estar de ciudadana pero todo es preciso&quot;<sup><a  name=s29  href="#29">29</a></sup>.    </ul>     <p>La hija del hacendado pudo adquirir las habilidades de leer y escribir con la ayuda de maestros e instructores establecidos en Popay&aacute;n, recursos de los que no dispon&iacute;an en la hacienda, pues seg&uacute;n Mariana, &quot;Amalia est&aacute; muy aplicada en el dibujo me da esperanzas de que aprender&aacute; muy pronto, las planas est&aacute;n ya muy regulares, y todos los d&iacute;as da una lecci&oacute;n de memoria en la aritm&eacute;tica que en Coconuco no consegu&iacute;a esto, y siempre me ir&eacute; sola a Coconuco sufrir&eacute; algunos d&iacute;as sola por tal que aprenda alguna cosa&quot;<sup><a  name=s30  href="#30">30</a></sup>. Los temores del hacendado no tardaron en llegar, pues a veces podr&iacute;a ser mejor la idea de sacrificar estos conocimientos a la idea de que le despertaran a Amalia su coraz&oacute;n, situaci&oacute;n de la que tal vez, si estaba resguardada con su madre en la hacienda. Pero Mariana, muy resueltamente le contest&oacute; a Tom&aacute;s Cipriano al respecto:</p> <ul>&quot;Sobre lo que me dices de Amalia creo que tu no debes tener un cuidado, pues siempre ha estado a mi lado y me parece que conserva puro su coraz&oacute;n, yo no me descuido con mis hijos pues es el deber de una madre consagrase enteramente a cuidar de sus hijos y familia, no s&eacute; si me equivocare pero creo que hago cuanto esta de mi parte pero tambi&eacute;n te dir&eacute; que para conservarle la pereza del coraz&oacute;n a Amalia, no es necesario tenerla toda la vida en el campo priv&aacute;ndola de que aprenda algunas cosas que con el tiempo le ser&aacute;n &uacute;tiles, y m&aacute;s cuando ella tiene disposiciones y capacidad para aprender, porque se le ha de estorbar que haga uso del talento que Dios le ha dado, si haber tiempo puede aprender lo que se le ense&ntilde;e y puede conservar su coraz&oacute;n puro, si yo tuviera proporci&oacute;n de ense&ntilde;arle en el campo nunca vivir&iacute;a en la ciudad pues bien sabes que yo prefiero la vida del campo, pero esto no es posible&quot;<sup><a  name=s31  href="#31">31</a></sup>.    </ul>     <p>Para Mariana la hacienda resultaba un impedimento para el aprendizaje de la escritura, lectura y otros conocimientos que s&oacute;lo se podr&iacute;an encontrar en el centro urbano. Aunque la vida en el campo le parec&iacute;a a ella m&aacute;s placentera, &eacute;sta no se comparaba con la necesidad que de que su hija adquiriera este tipo de habilidades. Tales destrezas le podr&iacute;an servir para m&aacute;s adelante y de paso no ser&iacute;a tan &quot;ignorante&quot; como ella se consideraba. Es importante resaltar este aspecto, pues seg&uacute;n Patricia Londo&ntilde;o, &quot;s&oacute;lo algunas voces aludieron a las ventajas que la educaci&oacute;n podr&iacute;a significar en cuanto a la realizaci&oacute;n personal a las propias mujeres&quot;<sup><a  name=s32  href="#32">32</a></sup>. Desde la perspectiva de Mariana la escritura y lectura le podr&iacute;an servir a su hija Amalia para administrar y asistir las haciendas y dem&aacute;s propiedades, c&oacute;mo ella misma lo realizaba.</p>     <p>En otro escenario, es pertinente recrear las formas de adquirir estas habilidades por parte de los mayordomos, pues saber leer y escribir constitu&iacute;a un requisito fundamental para su labor, y adem&aacute;s establec&iacute;an una importante diferenciaci&oacute;n social entre los dem&aacute;s servidores de la hacienda. As&iacute;, aunque un individuo conociera los oficios agropecuarios, era necesaria dicha condici&oacute;n. Por esta raz&oacute;n Jorge no era apto para administrar la hacienda, no s&oacute;lo porque su posici&oacute;n de esclavo se lo impidiera, sino especialmente porque no sab&iacute;a escribir. As&iacute; lo se&ntilde;ala Mariana Arboleda a Tom&aacute;s Cipriano despu&eacute;s de la salida del mayordomo Marcelino Paz en febrero de 1838:</p> <ul>&quot;Yo me mantengo en esta hacienda donde pienso permanecer hasta que tu regreses de Bogot&aacute; y si acaso voy a Popay&aacute;n pasar la semana Santa y me volver&eacute; en la pascua; porque ciertamente no podr&aacute; asistir esta hacienda Jorge solo, por no saber escribir y yo podr&eacute; llevar apuntes de todo por menor para cuando tu vengas a arreglar tus cuentas, a lo menos creo que no dejo nada sin apuntar, pues me he dedicado solamente a atender en las cosas de esta hacienda&quot;<sup><a  name=s33  href="#33">33</a></sup>.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Igualmente resultaba dif&iacute;cil encontrar a alguien que dominara estas pr&aacute;cticas y asumiera el papel de mayordomo, como lo comunic&oacute; Mariana unos meses despu&eacute;s: &quot;Estoy desesperada por irme para Coconuco pues no s&eacute; c&oacute;mo andar&aacute;n las cosas all&aacute; y ahora que Jorge esta en Paletara ser&aacute; pero, no ha sido posible conseguir una persona que sea aparente para que lleve los apuntes y pienso irme de que mejore el tiempo aunque sea por quince d&iacute;as&quot;<sup><a  name=s34  href="#34">34</a></sup>.</p>     <p>En este contexto es importante aproximarnos a las formas de acceso a la lectura y escritura por parte de los mayordomos, tomando como muestra el caso de Tom&aacute;s Mar&iacute;a Mosquera, mayordomo de las haciendas Coconuco y San Ignacio entre 1837 y 1843. Tom&aacute;s Mar&iacute;a Mosquera presentaba la particularidad de ser hijo natural de Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, pero este ejemplo puede se&ntilde;alar una de las maneras de aprender de los grupos subordinados vinculados a la hacienda.</p>     <p>Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera le encarg&oacute; a su hermano Manuel Mar&iacute;a el traslado de Tom&aacute;s Mar&iacute;a, de nueve a&ntilde;os de edad, hacia la mina de la Teta. El desplazamiento se llev&oacute; a cabo por medio de un encargado. Al respecto, Manuel Mar&iacute;a le informaba a Tom&aacute;s Cipriano:</p> <ul>&quot;El 28 por la noche Lleg&oacute; a esta mina Tomasito, como habr&aacute;s sabido por Rafael Arboleda; a quien considero hoy all&aacute;. -El mozo que Rafael remiti&oacute; por mi encargo a traerlo fue hasta las Juntas, por no haberse encontrado con Vicente Micolta que hab&iacute;a ya pasado a Caly con el muchacho; pero habiendo regresado inmediatamente ha cumplido con su compromiso recibi&eacute;ndolo en Caly y entreg&aacute;ndomelo aqu&iacute;&quot;<sup><a  name=s35  href="#35">35</a></sup>.    </ul>     <p>La idea del hacendado, al parecer, era la de establecer a Tom&aacute;s Mar&iacute;a en una de las haciendas para que se instruyera bajo el amparo de su hermano Manuel Mar&iacute;a, quien har&iacute;a las veces de instructor y maestro. Seg&uacute;n las impresiones de Manuel Mar&iacute;a, &quot;Tomasito manifiesta regular viveza e inocencia, y puede lograr en breve tiempo lo que necesita para borrar algunos resabios de educaci&oacute;n, apenas conoce imperfectamente las letras y le he puesto el abecedario en la manos para que no pierda los momentos pues tiene sus nueve a&ntilde;os largos&quot;<sup><a  name=s36  href="#36">36</a></sup>. En este mensaje se evidencia, por una parte, la disposici&oacute;n de Manuel Mar&iacute;a para trasmitir sus conocimientos, y por otra, que a pesar de que Tom&aacute;s Mar&iacute;a hab&iacute;a estado por fuera del c&iacute;rculo de la familia hacendada, no era totalmente ajeno a algunos trazos escritos. Sin embargo, la situaci&oacute;n de Tom&aacute;s deb&iacute;a ser manejada con prudencia, como se anotaba m&aacute;s adelante: Tomasito, &quot;me conversa bastante aunque con mucha lentitud y en el tonito de pirringo: te llama expl&iacute;citamente su pap&aacute;, yo le hecho mis advertencias sobre no conversar con los criaditos, pero supongo que todos conocer&aacute;n quien es&quot;<sup><a  name=s37  href="#37">37</a></sup>.</p>     <p>De la mina de la Teta, Manuel Mar&iacute;a Mosquera se traslad&oacute; con Tom&aacute;s Mar&iacute;a a la Hacienda Garc&iacute;a, lugar donde comenz&oacute; a darle las primeras lecciones de lectura y escritura. No obstante, a veces requer&iacute;a demasiado acompa&ntilde;amiento, pues era un poco perezoso en la adquisici&oacute;n de este tipo de competencias, como lo expresaba Manuel Mar&iacute;a:</p> <ul>&quot;Tom&aacute;s sigue leyendo pero me cuesta mucho vencer su gigante pereza: a veces tengo que gru&ntilde;ir ya como un viejo maestro de escuela, y por bastante tiempo no saldr&aacute; de s&iacute;labas. En orden de educaci&oacute;n religiosa no sabe sino persignarse a medias, y como esto no est&aacute; en mis principios ni estoy montado a la Rousseau, me duele verlo tan sin noci&oacute;n de religi&oacute;n&quot;<sup><a  name=s38  href="#38">38</a></sup>.    </ul>     <p>Tom&aacute;s Mar&iacute;a fue adquiriendo las habilidades de leer y escribir en las haciendas donde se crio, y su propio instructor y maestro fue el hacendado. Este aspecto muestra a las haciendas como zona de instrucci&oacute;n y a los hacendados como los instructores. M&aacute;s tarde, Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera encarg&oacute; a Tom&aacute;s Mar&iacute;a de la Hacienda San Ignacio, que hab&iacute;a adquirido en 1837, y as&iacute; &eacute;l comenz&oacute; a desempe&ntilde;arse como mayordomo, haciendo uso de las destrezas para comunicarse de forma escrita con el hacendado y con la se&ntilde;ora, y llevar las cuentas de la hacienda. Es importante resaltar que a pesar de la incomodidades que pasaba Tom&aacute;s en San Ignacio, evidentes en la solicitud de ropa &quot;porque estoy escaso de todo&quot;<sup><a  name=s39  href="#39">39</a></sup>, y de solicitar una cuchara, una servilleta y un candelero<sup><a  name=s40  href="#40">40</a></sup>, seg&uacute;n escrib&iacute;a, Tom&aacute;s Mar&iacute;a manifest&oacute; un inusual inter&eacute;s por leer, o por lo menos, por tener libros. En su contestaci&oacute;n a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera en julio de 1838, quien le aconsejaba aprender el oficio de carpinter&iacute;a y ofrecerle algunas herramientas, Tom&aacute;s Mar&iacute;a escrib&iacute;a firmemente: &quot;En cuanto me dice U. si continuo trabajando en la carpinter&iacute;a no he continuado por el motivo de no haber con quien aqu&iacute; donde estoy. Pero si U. quiere hacerme ese regalo en lugar de fierro tr&aacute;igame unos buenos libros como una buena geograf&iacute;a&quot;<sup><a  name=s41  href="#41">41</a></sup>.</p>     <p>Con el viaje de Mariana a Bogot&aacute; con motivo del matrimonio de su hija Amalia en 1839, Tom&aacute;s Mar&iacute;a fue tambi&eacute;n encargado de la Hacienda Coconuco, oficio que desempe&ntilde;&oacute; hasta el regreso de Mariana en 1843, pues por irregularidades en la administraci&oacute;n y desavenencias con los familiares del hacendado, como se anot&oacute; en l&iacute;neas atr&aacute;s, Tom&aacute;s Mar&iacute;a decidi&oacute; irse para Bogot&aacute; y enlistarse en el ej&eacute;rcito. As&iacute; termin&oacute; su labor como mayordomo de Coconuco.</p>     <p><b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> CONSIDERACIONES FINALES</b></p>     <p>En la configuraci&oacute;n social de la Hacienda Coconuco, los usos de la escritura muestran una forma de relaci&oacute;n entre los diferentes grupos sociales. Por una parte, las habilidades de leer y escribir evidencian una jerarquizaci&oacute;n en la organizaci&oacute;n administrativa a partir de la racionalizaci&oacute;n y control de los recursos de forma escrita. En esta din&aacute;mica, los administradores y encargados de la hacienda, es decir, en el hacendado, sus familiares y mayordomos, aseguraron el dominio de leer, escribir y contar para mantener un regular funcionamiento de la unidad productiva, as&iacute; como la autoridad y control de los grupos subordinados. En este contexto, el papel que cumpli&oacute; Mariana Arboleda en su rol de potentada y administradora fue fundamental en la organizaci&oacute;n de Coconuco, pues el saber leer y escribir le aseguraron a ella la direcci&oacute;n y manejo de la hacienda. Adem&aacute;s, como lo evidencia ella misma, la adquisici&oacute;n de estas habilidades por parte de su hija, significar&iacute;an un futuro &uacute;til y favorable en algunas funciones administrativas en el manejo de las propiedades.</p>     <p>Por otra parte, el uso regular de la comunicaci&oacute;n escrita manifiesta de cierta manera la relaci&oacute;n paternalista establecida entre el hacendado y los grupos sociales bajo su servicio y mando, aunque las habilidades de leer y escribir fueran apropiadas de diversa forma y en diferente grado<sup><a  name=s42  href="#42">42</a></sup>. En las escrituras emerge el reconocimiento de la autoridad figurada en el amo, padre, se&ntilde;or y patr&oacute;n de la hacienda, al tiempo que se ratifica la posici&oacute;n social del remitente. Por medio de letras, palabras y frases se reafirman las lealtades y compromisos hacia el hacendado y su familia, y de igual manera se pide y espera su retribuci&oacute;n y beneficencia. En la comunicaci&oacute;n escrita se plasma la dependencia y los v&iacute;nculos afectivos entre el patr&oacute;n y el servidor. Hacia la figura del hacendado se muestra respeto y admiraci&oacute;n, as&iacute; como el temor por medio de la sujeci&oacute;n y humillaci&oacute;n.</p> <hr size="1">     <p><b>Comentarios</b></p>     <p ><sup><a href="#s*"  name="*">*</a></sup> Este art&iacute;culo es resultado de la investigaci&oacute;n  del trabajo de grado &quot;Hacienda Coconuco. Aspectos Socia­les y Culturales  1770-1850&quot;, para optar el t&iacute;tulo de mag&iacute;ster en Sociolog&iacute;a, Universidad del  Valle, Facultad de Ciencias Sociales y Econ&oacute;micas, Departamento de Sociolog&iacute;a,  2010.</p>      <p ><sup><a href="#s1"  name="1">1</a></sup>. Ren&aacute;n Silva en su estudio sobre alfabetizaci&oacute;n,  cultura y sociedad en el siglo xvin, advierte que en el reexamen de la propia  noci&oacute;n de alfabetizaci&oacute;n, se reconoce la idea &quot;de que no exist&iacute;a una separaci&oacute;n  absoluta entre saber leer y escribir y no saber, si no que se trataba siempre  de un problema de grados de conocimiento de una t&eacute;cnica e instrumento cultural,  grados que pod&iacute;an ir desde la ignorancia total de cualquier habilidad en esos  dos dominios, hecho m&aacute;s bien raro en una comunidad en donde hubiera ya alguna  minor&iacute;a alfabetizada, hasta la habilidad desplegada con toda suficiencia que se  podr&iacute;a encontrar, en el otro extremo, en un hombre o mujer de letras, en una  sociedad con una cultura intelectual estabilizada en torno a la comunicaci&oacute;n  escrita&quot;. Ren&aacute;n Silva, &quot;Alfabetizaci&oacute;n, cultura y sociedad. La experiencia del  siglo xviii en el virreinato de Nueva Granada&quot;, Historia Cr&iacute;tica, Autores  invitados, p&aacute;gina Web (2008): 8.</p>      <p ><sup><a href="#s2"  name="2">2</a></sup>. Le&oacute;n Helguera, &quot;Coconuco datos y documentos para  la historia de una gran hacienda: 1823, 1842 y 1876&quot;, Anuario de Historia Social  y de la Cultura 10 (1980): 189-203.</p>      <p ><sup><a href="#s3"  name="3">3</a></sup>. Le&oacute;n Helguera, &quot;Coconuco datos y documentos&quot;,  199.</p>      <p ><sup><a href="#s4"  name="4">4</a></sup>. Archivo Central del Cauca (en adelante acc),  Fondo Mosquera, Glosar al papel de Marcelino Paz en que para pagarme m&aacute;s de  doscientos pesos que me debe de dinero sumando prestado ha formado, Tom&aacute;s  Cipriano de Mosquera, noviembre 28 de 1836.</p>      <p ><sup><a href="#s5"  name="5">5</a></sup>. acc, Colonia-Civil, 1770- Sig. 5269.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a href="#s6"  name="6">6</a></sup>. Le&oacute;n Helguera, &quot;Coconuco datos y documentos&quot;,  200.</p>      <p ><sup><a href="#s7"  name="7">7</a></sup>. L&eacute;on Helguera, &quot;Coconuco datos y documentos&quot;,  196.</p>      <p ><sup><a href="#s8"  name="8">8</a></sup>. Le&oacute;n Helguera, &quot;Coconuco datos y documentos&quot;,  199.</p>      <p ><sup><a href="#s9"  name="9">9</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda a  Tom&aacute;s Cipriano de Mos­quera, agosto 14 de 1843.</p>      <p ><sup><a href="#s10"  name="10">10</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Tom&aacute;s Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, junio 7 de 1842.</p>      <p ><sup><a href="#s11"  name="11">11</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, abril 11 de 1843.</p>      <p ><sup><a href="#s12"  name="12">12</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, agosto 21 de 1843.</p>      <p ><sup><a href="#s13"  name="13">13</a></sup>. &quot;En el momento de la insurrecci&oacute;n de Quito en  1809, para defenderse de la infiltraci&oacute;n subversiva en un flanco que se cre&iacute;a  muy vulnerable, el cabildo de Cali dispuso que quienes viajaran a las regiones  mineras de las costa deb&iacute;an proveerse de un pasaporte&quot;, Germ&aacute;n Colmenares,  &quot;Castas, patrones de poblamiento y conflictos sociales&quot;, Varia. Selecci&oacute;n de  textos (Bogot&aacute;: TM Editores, 1998), 106.</p>      <p ><sup><a href="#s14"  name="14">14</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Jos&eacute; Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, noviembre 20 de 1821.</p>      <p ><sup><a href="#s15"  name="15">15</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Joaqu&iacute;n Mosquera  a Tom&aacute;s Cipriano de Mos­quera, diciembre 5 de 1835.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a href="#s16"  name="16">16</a></sup>. Roland Anrup, El taita y el toro, En torno a la  configuraci&oacute;n patriarcal del r&eacute;gimen hacendario cuzque&ntilde;o (Estocolmo:  Departamento de Historia, Universidad de Gotemburgo-Instituto de Estudios  Latinoamericanos, Universidad de Estocolmo, 1990), 37.</p>      <p ><sup><a href="#s17"  name="17">17</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Jos&eacute; Mar&iacute;a Agredo  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, abril 7 de 1823.</p>      <p ><sup><a href="#s18"  name="18">18</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Jos&eacute; del Saltos a  Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, abril 6 de 1825.</p>      <p ><sup><a href="#s19"  name="19">19</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Ignacio Mosquera  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, abril 6 de 1825.</p>      <p ><sup><a href="#s20"  name="20">20</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Jos&eacute; Antonio  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, febrero de 1845.</p>      <p ><sup><a href="#s21"  name="21">21</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Josefa  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, octubre 20 de 1826.</p>      <p ><sup><a href="#s22"  name="22">22</a></sup>. &quot;El paternalismo se construye sobre puentes de  met&aacute;foras, asociando padres y jefes, padres y l&iacute;deres. Padre y patr&oacute;n, padre y  hacendado son asociados; y as&iacute; el uno cambia la significaci&oacute;n del otro. Una vez  que el concepto &#39;patr&oacute;n&#39; es ligado al concepto de &#39;padre&#39; se transforma y es  provisto de un sentido de poder que el solo t&eacute;rmino patr&oacute;n jam&aacute;s podr&iacute;a poseer.&quot;  Roland Anrup, El taita y el toro, 67.</p>      <p ><sup><a href="#s23"  name="23">23</a></sup>. Roland Anrup, El taita y el toro, 67.</p>      <p ><sup><a href="#s24"  name="24">24</a></sup>. Un estudio importante sobre este tema durante  el siglo xvin es el de Ren&aacute;n Silva, &quot;Alfabetizaci&oacute;n, cultura y sociedad&quot;, 1-46.</p>      <p ><sup><a href="#s25"  name="25">25</a></sup>. Diego Castrill&oacute;n Arboleda, El General Tom&aacute;s C.  de Mosquera. Suplemento del cat&aacute;logo al centenario de la muerte del General  Tom&aacute;s C. de Mosquera, Tomo i, n.<sup>o</sup> 72 (Popay&aacute;n: Instituto de  Investigaciones Hist&oacute;ricas &quot;Jos&eacute; Mar&iacute;a Arboleda&quot;, Archivo Central del Cauca,  1978), 2.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a href="#s26"  name="26">26</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Joaqu&iacute;n  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, diciembre 29 de 1835.</p>      <p ><sup><a href="#s27"  name="27">27</a></sup>. Patricia Londo&ntilde;o Vega, &quot;Educaci&oacute;n femenina en  Colombia, 1780-1880.&quot;, Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico vol: 31 (37) (1994),  21-58.</p>      <p ><sup><a href="#s28"  name="28">28</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, febrero 20 de 1837.</p>      <p ><sup><a href="#s29"  name="29">29</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, abril 4 de 1837.</p>      <p ><sup><a href="#s30"  name="30">30</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, abril 11 de 1837.</p>      <p ><sup><a href="#s31"  name="31">31</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, mayo 2 de 1837.</p>      <p ><sup><a href="#s32"  name="32">32</a></sup>. Patricia Londo&ntilde;o Vega, &quot;Educaci&oacute;n femenina en  Colombia, 1780-1880&quot;, 21-58.</p>      <p ><sup><a href="#s33"  name="33">33</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, febrero 4 de 1838.</p>      <p ><sup><a href="#s34"  name="34">34</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Mariana Arboleda  a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, junio 12 de 1838.</p>      <p ><sup><a href="#s35"  name="35">35</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Manuel Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, mayo 1 de 1828.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p ><sup><a href="#s36"  name="36">36</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Manuel Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, mayo 1 de 1828.</p>      <p ><sup><a href="#s37"  name="37">37</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Manuel Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, mayo 1 de 1828.</p>      <p ><sup><a href="#s38"  name="38">38</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Manuel Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, mayo 24 de 1828.</p>      <p ><sup><a href="#s39"  name="39">39</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Tom&aacute;s Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, marzo 19 de 1837.</p>      <p ><sup><a href="#s40"  name="40">40</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Tom&aacute;s Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, diciembre 17 de 1837.</p>      <p ><sup><a href="#s41"  name="41">41</a></sup>. acc, Fondo Mosquera, carta de Tom&aacute;s Mar&iacute;a  Mosquera a Tom&aacute;s Cipriano de Mosquera, julio 8 de 1838.</p>      <p ><sup><a href="#s42"  name="42">42</a></sup>. &quot;La relaci&oacute;n paternalista implica una  dial&eacute;ctica de autoridad coercitiva y afecto. Ella puede consistir  simult&aacute;neamente en un juego de autocracia y obligaciones, crueldad y bondad,  opresi&oacute;n y benevolencia.&quot; Roland Anrup, El taita y el toro, 101.</p>   <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>     <p ><b>Fuentes</b> &nbsp;</b><b>primarias</b></p>     <!-- ref --><p >Archivo Central del Cauca - acc. Archivo Mosquera.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-1617201000030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p ><b>Fuentes secundarias</b></p>     <!-- ref --><p >Anrup, Roland. El taita y el toro. En torno a la configuraci&oacute;n  patriarcal del r&eacute;gimen hacendario cuzque&ntilde;o. Estocolmo: Departamento de Historia,  Universidad de Gotemburgo. Instituto de Estudios Latinoamericanos, Universidad  de Estocolmo, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-1617201000030000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Castro Carvajal, Beatriz, editora. Historia de la vida  cotidiana en Colombia. Bogot&aacute;: Grupo Editorial Norma, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-1617201000030000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Chevalier, Fran&ccedil;ois. La formaci&oacute;n de las grandes propiedades  en M&eacute;xico. Tierra y sociedad en los siglos xvi-xvn. M&eacute;xico: Fondo de Cultura  Econ&oacute;mica, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-1617201000030000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Colmenares, Germ&aacute;n. Haciendas de los jesuitas en el Nuevo  Reino de Granada. Bogot&aacute;: Tercer Mundo Editores, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-1617201000030000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Colmenares, Germ&aacute;n. &quot;Castas, patrones de poblamiento y  conflictos sociales&quot;. En: Varia, Selecci&oacute;n de textos. Selecci&oacute;n de textos,  Germ&aacute;n Colmenares, Obra Completa. Bogot&aacute;: TM Editores, 1998, 101-142.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-1617201000030000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Colmenares, Germ&aacute;n. &quot;El tr&aacute;nsito a sociedades campesinas de  dos sociedades esclavistas en la nueva granada: Cartagena-Popay&aacute;n. 1780-1850&quot;.  En Memoria del Primer congreso departamental de Historia. Neiva, ahh, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-1617201000030000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Colmenares, Germ&aacute;n. Cali: terratenientes, mineros y  comerciantes, &quot;Sociedad y Econom&iacute;a en el Valle del Cauca&quot;. Tomo 1. Bogot&aacute;: Banco Popular y Universidad  del Valle, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-1617201000030000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Colmenares, Germ&aacute;n. Popay&aacute;n: una sociedad esclavista,  1680-1800, &quot;Historia econ&oacute;mica y social de Colombia&quot;. Tomo 11. Medell&iacute;n: La  Carreta, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-1617201000030000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >D&iacute;az de Zuluaga, Zamira. Guerra y econom&iacute;a en las haciendas.  Popay&aacute;n, 1780-1830, &quot;Sociedad y Econom&iacute;a en el Valle del Cauca&quot;. Tomo 11.  Bogot&aacute;: Biblioteca Banco Popular, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-1617201000030000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Elias, Norbert. La sociedad Cortesana. M&eacute;xico: Fondo de  Cultura Econ&oacute;mica, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-1617201000030000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Escorcia, Jos&eacute;. &quot;Haciendas y estructura agraria en el Valle  del Cauca, 1810-1850&quot;. Anuario de Historia Social y de la Cultura 10 &#40;1982&#41;: 119-133.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-1617201000030000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Florescano, Enrique coordinador. Haciendas, latifundios y  plantaciones en Am&eacute;rica Latina. M&eacute;xico: Siglo xxi Editores, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-1617201000030000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Freyre, Gilberto. Casa Grande y Senzala. Formaci&oacute;n de la  familia brasile&ntilde;a bajo el r&eacute;gimen de econom&iacute;a patriarcal. Buenos Aires: Emec&eacute; Editores, 1933.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-1617201000030000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Helguera, Le&oacute;n. &quot;Coconuco: Datos y documentos para la  historia de una gran hacienda caucana&quot;, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura 10  &#40;1980&#41;: 189-203.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-1617201000030000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Lofstrom, William. La vida &iacute;ntima de Tom&aacute;s Cipriano de  Mosquera &#40;1798-1830&#41;. Bogot&aacute;: El &Aacute;ncora Editores, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-1617201000030000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Londo&ntilde;o Vega, Patricia. &quot;Educaci&oacute;n femenina en Colombia,  1780-1880&quot;. Bolet&iacute;n Cultural y Bibliogr&aacute;fico 31 &#40;37&#41; &#40;1994&#41;: 21-58.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-1617201000030000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Mayor Mora, Alberto. Cabezas duras y dedos inteligentes.  Estilo de vida y cultura t&eacute;cnica de los artesanos colombianos del siglo xix.  Medell&iacute;n: Hombre Nuevo Editores, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-1617201000030000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Meisel, Adolfo. &quot;Esclavitud, mestizaje y haciendas en la  provincia de Cartagena: 1533-1851&quot;. 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La  experiencia del siglo xviii en el virreinato de Nueva Granada&quot;. Historia Cr&iacute;tica, Autores invitados, p&aacute;gina  Web &#40;2008&#41;: 1-46.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-1617201000030000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p >Tovar Pinz&oacute;n, Hermes. Grandes empresas agr&iacute;colas y ganaderas.  Su desarrollo en el siglo xviii. Bogot&aacute;: Cooperativa de Profesores de la Universidad Nacional  de Colombia. 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