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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI), Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The first part of this article is dedicated to the two big institutional changes in Colombia related directly with the system of parties that is took place in the period-the political reformation and the reelection-, with a brief reference to its respective prehistories. The second concentrate on what has happened inside the traditional parties. The third part is on the uribismo and the majorities about those that it has enjoyed in its first cuatrienio.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face ="Verdana"size"2">      <p align="right"><b>Articulo/dossier</b></p>      <p>    <center><font size="4"><b>Estrenando sistema de partidos </b></font></center></p>      <p>    <center><font size="3">Premiering Match System</font></center></p>      <p>&nbsp;</p>      <p><b>Francisco Guti&eacute;rrez San&iacute;n</b></p>      <p>  Profesor del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Colombia. El autor se a poya aqu&iacute; en su investigaci&oacute;n “Partidos pol&iacute;ticos en Colombia”, cofinanciada por Colciencias.</p>      <p>&nbsp; </p> <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESUMEN </b></p>      <p>La primera parte de este art&iacute;culo est&aacute; dedicada a los dos grandes cambios institucionales en Colombia relacionados directamente con el sistema de partidos, que tuvieron lugar en el per&iacute;odo –la reforma pol&iacute;tica y la reelecci&oacute;n--, con una breve referencia a sus respectivas prehistorias. La segunda se concentra en lo que ha ocurrido dentro de los partidos tradicionales. La tercera parte trata sobre el uribismo y las mayor&iacute;as de las que ha gozado en su primer cuatrienio. </p>      <p><b>Palabras clave:</b> sistemas de partidos, reforma pol&iacute;tica, Colombia </p>      <p>&nbsp;</p>  <hr size="1">      <p><b>SUMMARY </b></p>      <p>The first part of this article is dedicated to the two big institutional changes in Colombia related directly with the system of parties that is took place in the period-the political reformation and the reelection-, with a brief reference to its respective prehistories. The second concentrate on what has happened inside the traditional parties. The third part is on the uribismo and the majorities about those that it has enjoyed in its first cuatrienio. </p>      <p><b>Key Word:</b> systems of parties, politics, Colombia reforms </p>      <p>&nbsp;</p>  <hr size"1">      <p><b><font size="3">Introducci&oacute;n </font></b>    </ol>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Con respecto de los partidos, el cuatrienio de &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez ha sido tan agitado, que es dif&iacute;cil resumir en un solo texto todos los eventos y procesos significativos que han tenido lugar. En realidad, el tema de “los partidos en el gobierno de Uribe” se podr&iacute;a enfocar desde dos &aacute;ngulos claramente diferenciables. En primer lugar, preguntarse cu&aacute;l ha sido la pol&iacute;tica del presidente y de su equipo frente a los partidos, c&oacute;mo han intentado transformar (o preservar) el marco institucional y contextualizar su propia acci&oacute;n pol&iacute;tica. En segundo lugar, tratar de caracterizar los grandes cambios (si es que se han producido) que hacen que en algunos sentidos el sistema actual  sea cualitativamente diferente al de antes de 2002. Una y otra dimensi&oacute;n est&aacute;n interrelacionadas, de suerte que parece necesario tratarlas ambas, aun a costa de perder, por restricciones de espacio, detalles importantes a lo largo de la exposici&oacute;n. </p>      <p>El plan de ataque es el siguiente. La primera parte est&aacute; dedicada a los dos grandes cambios institucionales relacionados directamente con el sistema, que tuvieron lugar en el per&iacute;odo –la reforma pol&iacute;tica y la reelecci&oacute;n-, con una breve referencia a sus respectivas prehistorias. La segunda se concentra en lo que ha ocurrido dentro de los partidos tradicionales. Sigo la casi un&aacute;nime convenci&oacute;n de tratarlos en conjunto, aunque un lento proceso de digesti&oacute;n de una gran masa de material emp&iacute;rico me ha ido convenciendo de que ella (la convenci&oacute;n) probablemente sea errada <sup>1</sup>; a&uacute;n m&aacute;s, mostrar&eacute; que los azules y los rojos tienen trayectorias de evoluci&oacute;n diferenciadas y se enfrentan a tensiones distintas. La tercera parte trata sobre el uribismo. Diversos sondeos de opini&oacute;n han confirmado de manera un poco abrumadora las aplastantes mayor&iacute;as de las que ha gozado Uribe en su primer cuatrienio. En pol&iacute;tica nada est&aacute; escrito, pero su posici&oacute;n para las elecciones de 2006 es extremadamente favorable, sobre todo despu&eacute;s de la contundente, y no tan obvia, victoria en las parlamentarias de marzo . Es inevitable -y a eso se dedica la secci&oacute;n cuarta -referirse a la izquierda. Esto ya es s&iacute;ntoma de que algo ha cambiado. Reducida durante muchos a&ntilde;os a una fuerza puramente marginal –debido a su propia incapacidad, a cierres institucionales, a la represi&oacute;n, o a diversas combinaciones de los tres factores -ahora es una parte importante del panorama. Ha conquistado casi todos los premios gordos de los gobiernos subnacionales, con administraciones que van de lo decoroso a lo bueno, tiene una bancada parlamentaria de primer nivel, y juega en un contexto latinoamericano favorable. M&aacute;s a&uacute;n, la reforma pol&iacute;tica de 2003 la oblig&oacute; a unirse , y pronto, haciendo honor a su nombre, se convirti&oacute; en otro polo de atracci&oacute;n. En las conclusiones sugiero que ha habido una interesante re-ideologizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica colombiana. </p>      <p>El gran supuesto del que parto es que, en efecto, se produjo en 2002 el deshielo del sistema. Me refiero, claro, a la conocida tesis de Rokkan <sup>2</sup>. Seg&uacute;n ella, los sistemas europeos se constituyeron sobre grandes fracturas hist&oacute;ricas ( <i>cleavages </i>). Las sociedades europeas experimentaron profundas transformaciones sociales y tecnol&oacute;gicas despu&eacute;s de consolidados sus sistemas, pero en cambio &eacute;stos permanecieron relativamente estables. As&iacute;, los partidos y los sistemas “son m&aacute;s viejos que los electores”. Rokkan argumentaba que ese “congelamiento” era caracter&iacute;stico de los sistemas consolidados, y que se pod&iacute;a medir a trav&eacute;s por ejemplo de la fidelidad del voto de distintos sectores de la poblaci&oacute;n con determinados partidos (es decir, de patrones de voto estables). Diversos trabajos emp&iacute;ricos confirmaron la validez del concepto, aunque posteriormente qued&oacute; en claro que muchos de los sistemas se descongelaron en las d&eacute;cadas del ochenta y del noventa del siglo pasado <sup>3</sup>. En Colombia el proceso de deshielo ha tenido avances y retrocesos, pero creo que se puede sustentar que 2002 fue un salto cualitativo. Es algo que ya se ha anunciado antes, aunque creo que b&aacute;sicamente por las razones equivocadas. Explicar por qu&eacute; en efecto 2002 es un punto de quiebre y otras fechas anteriores –digamos 1970-no lo son, no es tan sencillo, y requiere un tratamiento aparte. Las fuerzas tradicionales cayeron sistem&aacute;ticamente en los 30 &uacute;ltimos a&ntilde;os en t&eacute;rminos de la porci&oacute;n de sillas que captan en el parlamento , y la principal fuerza del viejo sistema bipartidista –el liberalismo-fue perdiendo pie ante amplios sectores de la opini&oacute;n. El socio menor dej&oacute; de ser un partido nacional, y los rojos pronto podr&iacute;an dejar de serlo. </p>      <p><b>2. Los cambios institucionales</b> </p>      <p>Para entender las din&aacute;micas institucionales de este cuatrienio, vale la pena remontarse a un per&iacute;odo que a muchos parece ya la prehistoria: la Constituci&oacute;n de 1991. Uno de los objetivos de las diversas fuerzas que confluyeron en ella fue jubilar a la clase pol&iacute;tica tradicional. Con ese fin, apoy&aacute;ndose en un diagn&oacute;stico a la saz&oacute;n casi un&aacute;nime, se caracteriz&oacute; al sistema colombiano como cerrado y excluyente, y se le intent&oacute; abrir bajando las barreras a la entrada a nuevos competidores <sup>4</sup>. Sin embargo, en las elecciones parlamentarias de 1992 y 1994 se vio que el “viejo pa&iacute;s” era m&aacute;s persistente de lo que se cre&iacute;a. Los pol&iacute;ticos tradicionales a&uacute;n captaron la mayor&iacute;a de los votos, as&iacute; que por muchas razones los cambios constitucionales no produjeron la anhelada “renovaci&oacute;n de las costumbres pol&iacute;ticas”. Pero esa capacidad de supervivencia coexist&iacute;a con un creciente malestar contra ellos. El gobierno Samper (1994-1998) presenci&oacute; un enorme esc&aacute;ndalo de narco-corrupci&oacute;n, que profundiz&oacute; el foso entre amplios sectores de la opini&oacute;n y los partidos. No es sorprendente, pues, que este per&iacute;odo se viera caracterizado por: a) la aparici&oacute;n de muchas nuevas fuerzas (explosi&oacute;n); b) la desestructuraci&oacute;n de las viejas, con una cantidad grande de pol&iacute;ticos tradicionales buscando nuevos horizontes y nichos electorales (implosi&oacute;n). Es decir, compitiendo con los tradicionales no hab&iacute;a una sino dos especies: pol&iacute;ticos “nuevos” y “transicionales” (ex-tradicionales que buscaban reinventarse, Guti&eacute;rrez, 2001). Una vez uno se ha apercibido de esta re-categorizaci&oacute;n b&aacute;sica, se da cuenta de que el gran ganador desde el fin del gobierno de Samper hasta hoy fueron los transicionales. Fueron ellos quienes rompieron el monopolio bipartidista. Fue Noem&iacute; San&iacute;n quien dio el primer campanazo de alerta con sus excelentes resultados en 1998; y fue Uribe quien finalmente salt&oacute; la barrera de la alternaci&oacute;n presidencial en 2002. De pronto, se vio que se pod&iacute;a aspirar a ganar cualquier elecci&oacute;n con un marbete diferente al del rojo o el azul. </p>      <p>En esta situaci&oacute;n in&eacute;dita, hab&iacute;a dos grandes estrategias en competencia. Por una parte, estaban los l&iacute;deres de <i>todas </i> las fuerzas representadas en el parlamento que, bajo el doble impacto de la explosi&oacute;n y la implosi&oacute;n, encontraban cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil solucionar los problemas de acci&oacute;n colectiva que enfrenta cualquier asociaci&oacute;n pol&iacute;tica. Aquellos pol&iacute;ticos pr&aacute;cticos que por diversas motivaciones –las posibles combinaciones entre estrategia, convicci&oacute;n y tradici&oacute;n—quer&iacute;an actuar en el marco de un partido sent&iacute;an que la hiper-fragmentaci&oacute;n colombiana era el terreno m&aacute;s hostil para desarrollar sus actividades. Y entre diversos sectores pol&iacute;ticos, sociales e intelectuales, se hab&iacute;a llegado a la conclusi&oacute;n de que la hiper-fragmentaci&oacute;n era nociva y muy peligrosa, y que la criminalizaci&oacute;n del sistema –que hab&iacute;a llegado a niveles intolerables—era al menos en parte producto de la irresponsabilidad y vulnerabilidad a la penetraci&oacute;n mafiosa de partidos altamente des-institucionalizados. En la medida en que esa gran reforma que fue la Constituci&oacute;n de 1991 no hab&iacute;a obtenido sus objetivos –jubilar a la “mala pol&iacute;tica” y volver a meter al sistema dentro de la legalidad—, desde el gobierno de Samper, y sobre todo del de Pastrana, se hicieron varias propuestas de reforma que por diversas razones terminaron abortando . As&iacute;, sobre todo en el liberalismo y en la izquierda, las voces en pro de una reforma pol&iacute;tica que forzara un m&iacute;nimo de cohesi&oacute;n se hicieron cada vez m&aacute;s fuertes. El proceso estuvo liderado por Rodrigo Rivera en el liberalismo y Antonio Navarro en la izquierda, entre otros, y fructific&oacute; en un acto legislativo de iniciativa parlamentaria que a la postre ser&iacute;a aprobado en 2003 y aplicado ya en las elecciones de ese a&ntilde;o. El instrumento introdujo varios cambios importantes: una nueva f&oacute;rmula electoral, voto preferente, umbral y listas &uacute;nicas por circunscripci&oacute;n para cada agrupaci&oacute;n. La reforma permit&iacute;a garantizar a los pol&iacute;ticos individuales un margen de maniobra –a trav&eacute;s del voto preferente—pero a la vez ofrec&iacute;a est&iacute;mulos reales en favor de la cohesi&oacute;n. </p>      <p>Por otra parte, el presidente ten&iacute;a frente a s&iacute; un panorama y un sistema de incentivos bastante diferentes. Primero, un aspecto central –posiblemente tan importante como la provisi&oacute;n de la seguridad—en el &eacute;xito de Uribe fue su capacidad de venderse como el candidato de la lucha contra la corrupci&oacute;n <sup>5</sup>. En sus “Cien puntos”, el programa de campa&ntilde;a, se destaca permanentemente la lucha contra la politiquer&iacute;a (un lenguaje que el presidente ha mantenido, con decreciente verosimilitud, hasta hoy), y se propone la reducci&oacute;n del parlamento. As&iacute;, aunque la reforma ten&iacute;a aspectos muy parecidos a los contenidos en el referendo, esto no puso de acuerdo a Uribe y al Congreso; se convirti&oacute; m&aacute;s bien en un nuevo motivo de tensi&oacute;n entre ellos. El referendo originalmente estaba redactado en un lenguaje que no dejaba lugar a dudas sobre qui&eacute;n era el culpable de los males nacionales (&iexcl;los pol&iacute;ticos!), aunque la Corte Constitucional y otros mecanismos de control produjeron la versi&oacute;n m&aacute;s equilibrada que finalmente se someti&oacute; al escrutinio ciudadano . Uribe, en suma, estaba interesado en denunciar y golpear al congreso y a la clase pol&iacute;tica, no en que ella se reformara, y esto implic&oacute; roces serios incluso con su propia bancada <sup>6</sup>. Entre la aprobaci&oacute;n del referendo y la de la reforma hubo una carrera estilo F&oacute;rmula 1, y ni al presidente ni a sus amigos les produjo mucha gracia el que a la postre ganara esta &uacute;ltima. </p>      <p>En segundo lugar, Uribe subi&oacute; al poder con el voto de tres nichos electorales . Captur&oacute; casi la totalidad del electorado azul, m&aacute;s de la mitad del liberal, y la mayor&iacute;a del independiente. Esto es notable, porque para las personas de origen liberal ha sido dif&iacute;cil acceder a la votaci&oacute;n independiente o conservadora y viceversa. En particular, Uribe demostr&oacute; que el gran problema que enfrenta en Colombia alguien que quiera mantener mayor&iacute;as presidenciales s&oacute;lidas -armar un discurso que apele simult&aacute;neamente al electorado tradicional y al independiente- era soluble . Pero precisamente por ello para &eacute;l es estrat&eacute;gicamente indeseable dejarse capturar por alguno de sus m&uacute;ltiples auditorios, esto es, circunscribirse al &aacute;mbito de una sola sigla. As&iacute; que se ha esforzado por mantener sus opciones abiertas; por ejemplo, nunca ha negado ser liberal, y tuvo el apoyo de numerosos movimientos y personas disidentes de origen liberal. De esta manera, el uribismo qued&oacute; atrapado entre dos grandes impulsos: el ideol&oacute;gico-discursivo, que denunciaba la corrupci&oacute;n, la frivolidad y la volatilidad de la vieja pol&iacute;tica, y que por consiguiente deb&iacute;a adherirse as&iacute; fuera verbalmente al modelo ideal de partido nacional cohesionado; y el estrat&eacute;gico, que exig&iacute;a que el presidente se colocara por encima (y a la vez lejos) de cada sigla particular . Uno y otro se manifestaron persistentemente a lo largo del cuatrienio. El gobierno se distanci&oacute; cuanto pudo de la reforma pol&iacute;tica parlamentaria, pero el ministro del Interior castig&oacute; severamente al partido conservador por haber impulsado, contra el querer de liberales e izquierdistas (m&aacute;s atra&iacute;dos por el modelo socialdem&oacute;crata), el voto preferente <sup>7</sup>. De hecho hubo debates p&uacute;blicos en el que varias de las figuras del entorno uribista discutieron si era conveniente o no crear un partido <sup>8</sup>. Durante todo el proceso de reelecci&oacute;n –el otro cambio vital en las reglas de juego electorales- el uribismo se dividi&oacute; entre los pro y anti partido. Los primeros lograron la formaci&oacute;n del Partido de la U , pero pronto se vio que no s&oacute;lo ser&iacute;a imposible cohesionar la profusi&oacute;n de bander&iacute;as uribistas bajo un marbete &uacute;nico, sino que el propio presidente preferir&iacute;a mantenerse a distancia, dejando que todos los arroyos confluyeran en su nombre . </p>      <p>En tercer lugar, e &iacute;ntimamente relacionado con lo anterior, el uribismo ha estado asociado con –y ha alimentado con entusiasmo a -una veta patri&oacute;tica muy cercana al sector privado que espera un <i>revival </i> colombianista (“los buenos somos m&aacute;s”) del cual el presidente ser&iacute;a el emblema <sup>9</sup>. Desde esta perspectiva, Uribe est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la pol&iacute;tica, no tanto porque &eacute;sta sea mezquina y corrupta, sino porque “la naci&oacute;n est&aacute; por encima de los partidos” . Partidizar a Uribe ser&iacute;a desnacionalizarlo. Por eso, la verdadera reforma pol&iacute;tica del uribismo es la reelecci&oacute;n inmediata de presidente de la Rep&uacute;blica. </p>      <p>No sobra insistir en la gran novedad de esta iniciativa en el contexto de nuestra tradici&oacute;n republicana. La Constituci&oacute;n de 1991 hab&iacute;a dado un paso m&aacute;s all&aacute; de las pr&aacute;cticas dictadas por la tradici&oacute;n, y hab&iacute;a prohibido por completo la reelecci&oacute;n presidencial. Pero ya en el per&iacute;odo de Pastrana hab&iacute;a habido voces conservadoras a favor de ella, puestas en sordina por la precipitada ca&iacute;da del entonces presidente en los sondeos de opini&oacute;n. Con la enorme popularidad de Uribe, es natural que la idea hubiera revivido. Uribe dej&oacute; taimadamente que sus amigos la impulsaran, ya que el caudillo era indispensable e irremplazable . Era obvio que las mayor&iacute;as parlamentarias uribistas har&iacute;an pasar la propuesta, y lo que debe asombrar m&aacute;s bien son los tropiezos iniciales con los que se encontr&oacute; <sup>10</sup>. Es que, en efecto, varios c&oacute;digos fundamentales de la vida p&uacute;blica colombiana, sobre todo la no participaci&oacute;n de funcionarios en pol&iacute;tica, quedaban en cuesti&oacute;n . Un sector importante de la oposici&oacute;n jug&oacute; sus restos a una eventual declaratoria de inconstitucionalidad por parte de la Corte. La reacci&oacute;n de varios escuderos uribistas, incluidos el ministro de la pol&iacute;tica y parlamentarios tanto conservadores (Ciro Ram&iacute;rez) como de origen liberal (Mario Uribe), fue poner en tela de juicio el control constitucional y llamar a la poblaci&oacute;n a tomar cartas en el asunto. El presidente tuvo que pedir excusas –no ser&iacute;a ni la primera vez ni la &uacute;ltima-- ante la protesta airada de la Corte. Despu&eacute;s de una interminable espera, esta declar&oacute; la constitucionalidad del acto legislativo que introduc&iacute;a la reelecci&oacute;n inmediata . </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Vale la pena detenerse un instante en los efectos institucionales tanto de la reforma pol&iacute;tica como de la reelecci&oacute;n. La primera parece defenderse sola. El grado de descomposici&oacute;n y des-institucionalizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica colombiana en 2002 era, en efecto intolerable. La lista &uacute;nica es un gran progreso. El voto preferente m&aacute;s bien va en la otra direcci&oacute;n –desvertebra a los partidos y quita poder a una maquinaria exasperantemente d&eacute;bil-, pero hay que tener en cuenta que los pol&iacute;ticos pr&aacute;cticos que impulsaron el proceso se enfrentaban al doble problema de mantener la existencia de sus agrupaciones y solucionar sus problemas internos de acci&oacute;n colectiva. Es posible –por diferentes razones—que muy pocos candidatos est&eacute;n dispuestos ya a aceptar el “bol&iacute;grafo”, esto es, la imposici&oacute;n desde Bogot&aacute; de las decisiones cr&iacute;ticas, en particular el orden de los nombres en un sistema de listas bloqueadas y cerradas. Aunque fue el conservatismo el que con m&aacute;s ah&iacute;nco defendi&oacute; el voto preferencial –para los azules era literalmente un problema de vida o muerte, como se ver&aacute; en la pr&oacute;xima secci&oacute;n—se puede constatar f&aacute;cilmente que todas las agrupaciones han encontrado en &eacute;l la manera de solucionar sus complejas negociaciones internas . Pero todo esto pone al analista frente a una posici&oacute;n dif&iacute;cil. La mayor expectativa con respecto de la reforma era lograr disminuir el n&uacute;mero de listas, tanto por medios mec&aacute;nicos (prohibiendo a cada partido presentar m&aacute;s de una) como por medio de incentivos poderosos y claros (el establecimiento de un umbral para llegar al parlamento y el cambio a una f&oacute;rmula electoral menos proporcional que castigar&iacute;a con mayor severidad a las agrupaciones peque&ntilde;as). La consecuencia tambi&eacute;n ser&iacute;a doble. Primero, disminuir el n&uacute;mero de partidos. Algunos formadores de opini&oacute;n y acad&eacute;micos hab&iacute;an entrado en una suerte de subasta para ver qui&eacute;n pod&iacute;a contar m&aacute;s partidos en Colombia, pero al margen de aquella competencia m&aacute;s bien bizarra era obvio que en el pa&iacute;s hab&iacute;a una proliferaci&oacute;n barroca de siglas que, en lugar de ampliar el abanico de opciones, confund&iacute;an al elector. Segundo, cortar de tajo el problema de muchas listas por partido; la implosi&oacute;n de las grandes fuerzas en Colombia hab&iacute;a llegado a extremos inauditos. Al tratar de solucionar las fallas de acci&oacute;n colectiva entre los pol&iacute;ticos, la reforma les estaba ayudando a los partidos a cumplir varias de sus funciones vitales, entre ellas quiz&aacute;s la central, agregar preferencias. Sobre esto no hay ninguna duda. Sin embargo, los avances reales obtenidos a trav&eacute;s de la reforma en t&eacute;rminos de su capacidad de domesticar la tendencia a la fragmentaci&oacute;n no son tan f&aacute;ciles de evaluar. Contrariamente a las expectativas de los m&aacute;s entusiastas, se presentaron al Senado 20 listas, lo que muestra una “fragmentaci&oacute;n intr&iacute;nseca” persistente . Hubo, es cierto, algunas agregaciones interesantes: la fusi&oacute;n de Alas y Equipo Colombia, por ejemplo, que sin embargo termin&oacute; saliendo costosa (con la salida de varios congresistas del conglomerado inicial porque la uni&oacute;n les obligaba a hacer sacrificios); la adhesi&oacute;n de un grupo cristiano a Cambio Radical y, bastante espectacularmente, la unidad de la izquierda, que se ha mantenido por encima de m&uacute;ltiples divergencias. A la vez, un fen&oacute;meno que no exist&iacute;a en Colombia –y que era end&eacute;mico en Brasil y Ecuador—se ha manifestado con enorme virulencia: los cambios de camiseta. Hay pol&iacute;ticos que han entrado y salido de un mismo partido dos, tres y m&aacute;s veces (Juan Manuel Santos y Enrique Pe&ntilde;alosa son los casos m&aacute;s espectaculares y, si se me permite decirlo, irritantes <sup>11</sup>), o que han pasado por tres, cuatro o cinco bander&iacute;as en un tiempo cort&iacute;simo. Armando Benedetti fue serpista, miembro de Cambio Radical, y ahora del Partido de la U. Zulema Jattin, liberal, se volvi&oacute; uribista, despu&eacute;s form&oacute; un grupo parlamentario que volver&iacute;a al partido, finalmente se decant&oacute; por el uribismo. Rafael Pardo, liberal, uribista, liberal. Mar&iacute;a Emma Mej&iacute;a, liberal serpista, independiente (como candidata a la alcald&iacute;a de Bogot&aacute;), liberal, aspirante al Polo, ahora en proceso de b&uacute;squeda. Estas s&oacute;lo son muestras de una lista larga; si hace 20 a&ntilde;os era raro que un pol&iacute;tico hubiera pasado por dos partidos en toda su trayectoria, y casi imposible por tres, hoy en d&iacute;a el promedio de partidos por trayectoria debe de estar por encima de tres . Quiz&aacute;s quien mejor ejemplifique el nuevo comportamiento es la parlamentaria Roc&iacute;o Arias: primero liberal, si no estoy mal, se hizo elegir al congreso con su propia agrupaci&oacute;n, pas&oacute; despu&eacute;s al Partido de la U , fue expulsada por sus v&iacute;nculos p&uacute;blicos con los paramilitares, y a partir de entonces golpe&oacute; a las puertas de Colombia Democr&aacute;tica, Colombia Viva (creo), Convergencia Ciudadana, Dejen Jugar al Moreno, y el Movimiento Comunitario, desembocando en Dejen Jugar al Moreno. En el camino ofreci&oacute; sus servicios al Polo Democr&aacute;tico Alternativo . &iexcl;Se mostr&oacute; dispuesta a entrar a ocho partidos diferentes en menos de dos semanas! S&iacute;, es un caso extremo. Pero buena parte de los pol&iacute;ticos ha perdido toda noci&oacute;n de fidelidad con respecto de un partido, y al decidir en qu&eacute; lista entran act&uacute;an como individuos que escogen cuidadosamente los mejores platos en un men&uacute;. M&aacute;s a&uacute;n, uno podr&iacute;a preguntarse si con el voto preferente la fragmentaci&oacute;n de listas simplemente se maquill&oacute;. En realidad, en este terreno es dif&iacute;cil trazar la raya de un antes y un despu&eacute;s. Un primer criterio es el &iacute;ndice de dispersi&oacute;n electoral que se utiliza de manera est&aacute;ndar. En el (<a href ="#cu1">cuadro 1</a>)se muestra su evoluci&oacute;n entre 1970 hasta 2002. En la d&eacute;cada de los noventa fluctuamos entre tres y cuatro partidos efectivos; de alguna manera, esos eran los grandes “factores subyacentes” de nuestra competencia pol&iacute;tica (liberales, conservadores, independientes, fuerzas regionales) &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; en 2006? Sospecho que el n&uacute;mero efectivo de partidos aumentar&aacute;, y que el desaforado carrusel de cambio de camisetas va a continuar . En s&iacute;ntesis, la reforma ha producido avances sustanciales –como la lista &uacute;nica- pero sus efectos en t&eacute;rminos de fragmentaci&oacu    te;n no son tan obvios como han cre&iacute;do algunos analistas que hacen gala de un optimismo panglossiano. </p>     <p>&nbsp;</p>      <p>    <center><a name="cu1"><img src="img/revistas/anpol/v19n57/v19n57a06cu1.gif"></a></center></p>      <p>&iquest;Qu&eacute; decir de la reelecci&oacute;n? Mientras que para la galer&iacute;a se ofrec&iacute;a el argumento del car&aacute;cter irremplazable del presidente-caudillo –o, en una versi&oacute;n carente de un m&iacute;nimo de dignidad republicana, tambi&eacute;n del “padre” (que tanto hace falta a la naci&oacute;n al decir de Luis Carlos Restrepo)  -un conjunto de funcionarios y acad&eacute;micos desarroll&oacute; un discurso m&aacute;s articulado, que podr&iacute;a resumirse en tres grandes argumentos. Primero, tanto Uribe como la reelecci&oacute;n gozaban del apoyo ampliamente mayoritario de los colombianos; se trataba de apelar pues al pueblo, en el esp&iacute;ritu de la Constituci&oacute;n de 1991. Segundo, la reelecci&oacute;n es un mecanismo para promover el buen gobierno, en la medida en que ofrece un premio a quienes hayan hecho buenas presidencias, y de hecho tambi&eacute;n puede actuar como cohesionador del sistema. Tercero, es pr&aacute;ctica extendida en los pa&iacute;ses desarrollados. De los tres, de lejos es el primero el que me parece m&aacute;s fuerte. El segundo simplemente ignora tanto la existencia de los partidos como la cantidad de mecanismos que tienen las sociedades contempor&aacute;neas para recompensar o castigar a los gobernantes individuales. El tercero tampoco es muy impresionante (menos a&uacute;n en boca de gentes que cada vez que les conviene sacan a relucir el aforismo “no gobernamos para Dinamarca sino para Cundinamarca”). Pero el primero s&iacute;. Esa invocaci&oacute;n al pueblo puede ser oportunista, e implicar un sacrificio de liberalismo en aras de la democracia en el estilo t&iacute;pico de los hiper-presidencialismos del mundo andino. Pero un presidente que en el cuarto a&ntilde;o de su mandato tiene alrededor del 70% de apoyo –este es un resultado que aparece en todos los sondeos que yo conozco—es una realidad pol&iacute;tica contra la que muchos razonamientos y finuras jur&iacute;dicas pueden chocar y romperse en pedazos. </p>      <p>Como fuere, tanto la reforma como la reelecci&oacute;n han cambiado tangiblemente la forma en que se hace pol&iacute;tica en Colombia. &iquest;C&oacute;mo han procesado los partidos las nuevas realidades?</p>      <p><b>3. Los partidos tradicionales </b></p>      <p>Los tradicionales han venido en un declive continuo. Por ello, y por las oleadas de abandono hacia las filas uribistas, fueron muchas las voces que, siguiendo una venerable tradici&oacute;n, se apresuraron a enterrarlos. Pero es un acto reflejo apresurado, y adem&aacute;s unilateral. En varios sentidos, los tradicionales se han fortalecido “hacia adentro”, mientras segu&iacute;an debilit&aacute;ndose “hacia afuera”. </p>      <p>Comencemos con la que -pese a la estrepitosa derrota de marzo- todav&iacute;a puede considerarse la principal fuerza del sistema. El liberalismo lleg&oacute; al gobierno de Uribe doblemente golpeado. Hab&iacute;a perdido dos elecciones presidenciales seguidas, y en 2002 la mayor&iacute;a de los electores del partido se hab&iacute;an ido con el disidente Uribe (sobre diversas causas y consecuencias de esto, cfr. infra). Aunque al principio el oficialismo logr&oacute; reagruparse, varios expresidentes –notablemente L&oacute;pez Michelsen- manifestaron que lo l&oacute;gico es que se le dieran a Uribe “las llaves del partido”. Serpa se retir&oacute; de la escena dejando una direcci&oacute;n plural de diez miembros, a lo que sucedi&oacute; un amargo pulso por quedarse con el liberalismo. Hab&iacute;a tres posiciones: unificar al partido bajo la &eacute;gida de Uribe, unificar al partido tolerando la coexistencia de posiciones anti y pro uribistas (creo que durante largo tiempo fue la mayoritaria y que la favorec&iacute;an personas de vertiente samperista), y hacer la oposici&oacute;n a Uribe. Termin&oacute; imponi&eacute;ndose la &uacute;ltima –y arrastrando a buena parte de los que sosten&iacute;an la segunda, entre otras cosas por la militante pugnacidad de Uribe contra sus excompa&ntilde;eros-, y los liberales uribistas que no se automarginaron fueron expulsados. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cabe preguntarse c&oacute;mo el 40% de un partido logra sacar al 60%. Parte de la explicaci&oacute;n pasa por los cambios internos del liberalismo. &Eacute;ste ha sufrido un complicado proceso de modernizaci&oacute;n, que seg&uacute;n algunos comenz&oacute; en 1998, y que involucr&oacute; la convocatoria de una constituyente durante el gobierno de Pastrana y la realizaci&oacute;n de sendas elecciones internas que, aparte de contarse entre las m&aacute;s concurridas del mundo , aprobaron unos nuevos estatutos y eligieron nuevas autoridades. Quiz&aacute;s lo m&aacute;s caracter&iacute;stico de este proceso fue el papel clave que desempe&ntilde;o en &eacute;l el importante sector centroizquierdista liberal, que puso tanto el modelo mental de partido deseable –de masas, buscando acercarse al estilo socialdem&oacute;crata europeo -como una parte significativa de los cuadros dirigentes . No es casual por tanto que a lo largo de toda la campa&ntilde;a presidencial el liberalismo haya jugado con la idea de una alianza amplia anti-uribista con el Polo Democr&aacute;tico Alternativo. Por lo dem&aacute;s, la noci&oacute;n de fuerza social-dem&oacute;crata casa bastante bien con una rica y larga tradici&oacute;n dentro del liberalismo, y proporcionaba las razones y los m&eacute;todos para impulsar ese m&iacute;nimo de cohesi&oacute;n que los rojos necesitaban desesperadamente. En este modelo mental el acatamiento a la disciplina y a las autoridades internas era un criterio importante –en contraste con el per&iacute;odo de los baronatos de la d&eacute;cada de los ochenta- y por eso las expulsiones por no votar como las directivas hab&iacute;an dispuesto eran algo que ten&iacute;a sentido, aunque bastante nuevo en la historia liberal (un partido en el que “la libertad de disentir” fue durante d&eacute;cadas lo m&aacute;s parecido a una doctrina oficial). </p>      <p>Pero el liberalismo ha enfrentado en su proceso de transformaci&oacute;n y reajuste dos problemas serios. El primero es que es un partido con centro-izquierda, no de <i></i>centro izquierda . La mayor&iacute;a del electorado liberal est&aacute; con el uribismo; uno de los resultados aparentemente parad&oacute;jicos de la Encuesta de Legitimidad Institucional del Iepri de octubre de 2005 es que ser liberal est&aacute; –levemente—asociado con ser de derecha . Pero esto en realidad ya era claro en 2002. Entonces una porci&oacute;n mayoritaria del voto rojo se fue con Uribe <sup>12</sup> –algo que ser&iacute;a ratificado por nuestra Encuesta de Legitimidad-. Esas personas, por lo dem&aacute;s, no dejaron de sentirse liberales. Por eso –es f&aacute;cil olvidarlo, porque en Colombia suceden tantas cosas que uno pierde el hilo—casi todos los dirigentes que pueblan hoy las fuerzas uribistas intentaron por diversos medios mantener alg&uacute;n v&iacute;nculo con el liberalismo. Al fin y al cabo gentes como Germ&aacute;n Vargas y Luis Guillermo V&eacute;lez hab&iacute;an ocupado los cargos m&aacute;s altos dentro del partido. De hecho, bajo la &eacute;gida inefable de Turbay los liberales uribistas hicieron una intentona seria por tomarse el partido (y en rigor, como se vio arriba, eran mayor&iacute;a). Otros, como Zulema Jattin, llegaron a formar una asociaci&oacute;n de parlamentarios flotantes que buscaban volver. Incluso descontando a los uribistas –pues finalmente buscaron nuevos horizontes, pero nadie que conozca un poco la historia pol&iacute;tica de Colombia podr&iacute;a descartar de plano un regreso—lo que queda del partido tiene un trozo importante en el centro, y otro en la derecha. Ir&oacute;nicamente, hasta ahora lo que m&aacute;s claramente ha logrado heredar el liberalismo de la social-democracia es la conocida tensi&oacute;n entre militantes y “org&aacute;nicos”, por un lado, y pol&iacute;ticos profesionales y votantes, por el otro; los primeros se ponen sistem&aacute;ticamente m&aacute;s a la izquierda que los segundos <sup>13</sup>. Incluso sin tener en cuenta lo anterior, transformar al partido liberal en una fuerza m&aacute;s ideol&oacute;gica en la que el electorado siga a los dirigentes en el proceso de modernizaci&oacute;n puede ser dif&iacute;cil. Una forma de ver esto es a trav&eacute;s de la composici&oacute;n del partido. Un estudio cuantitativo de los datos de los candidatos en las super-elecciones de 1997 revela resultados simples, pero interesantes . Clasificados por oficio, los candidatos liberales estaban distribuidos as&iacute;: abogados, 10%; comerciantes, 20%; agricultores y ganaderos, 8.5%; administradores, 7%, y de ah&iacute; para abajo. No hab&iacute;a pr&aacute;cticamente ning&uacute;n l&iacute;der social . Uno se imaginar&iacute;a que esta fuerza de comerciantes, abogados, ganaderos y administradores no es necesariamente de derecha, pero s&iacute; eminentemente pragm&aacute;tica, orientada hacia los resultados electorales concretos, y m&aacute;s bien resistente, siquiera de manera pasiva, a un proceso que pretende ideologizar al partido . </p>      <p>El segundo problema es que el pa&iacute;s se ha corrido a la derecha. Se trata una vez m&aacute;s de un fen&oacute;meno que han identificado varios sondeos de opini&oacute;n y analistas. M&aacute;s a&uacute;n, la importante minor&iacute;a de izquierda que hay en el pa&iacute;s podr&iacute;a mantener sus convicciones y simult&aacute;neamente seguir siendo uribista. Por extra&ntilde;o que parezca a la delgad&iacute;sima capa de letrados interesados en la pol&iacute;tica, &eacute;ste podr&iacute;a ser un fen&oacute;meno m&aacute;s bien frecuente . Una de las razones para ello es que el centro-izquierda liberal no ha logrado presentarse ante amplios sectores de opini&oacute;n como una opci&oacute;n modernizadora genuina; miles de votantes los consideran quiz&aacute;s cercanos de los sectores populares, pero atrasados. </p>      <p>Despu&eacute;s de varios ires y venires, la respuesta roja a su relativo aislamiento fue elegir al expresidente C&eacute;sar Gaviria como director &uacute;nico (pese a una reticencia inicial de Horacio Serpa y, sobre todo, de su base radicalizada, pues cuando Gaviria regres&oacute; al escenario pol&iacute;tico trat&oacute; inicialmente de adoptar una posici&oacute;n equidistante tanto del uribismo como del centro-izquierda liberal). La escogencia de Gaviria fue afortunada en muchos sentidos. Se trata de un pol&iacute;tico de talla continental, con un fino y probado olfato y con una extraordinaria capacidad de supervivencia . M&aacute;s a&uacute;n, como muy pocos pol&iacute;ticos Gaviria puede al mismo tiempo hablar al pa&iacute;s neoliberal y a la oposici&oacute;n (como gestor de la Constituci&oacute;n de 1991, con su &eacute;nfasis en la diversidad y la democracia) como uno de los suyos. Como director del partido –y convencido de la necesidad de partidos fuertes—Gaviria se orient&oacute; r&aacute;pidamente hacia una oposici&oacute;n frontal que tal vez no estaba en sus c&aacute;lculos iniciales y que es m&aacute;s bien producto de la filosof&iacute;a gubernamental de “si no est&aacute;s conmigo est&aacute;s contra mi”. Entre varios logros est&aacute; el haber obtenido el regreso de varios pesos pesados al liberalismo, sin haber antagonizado a los amigos de Serpa. Esto no es poco, si se recuerdan las agudas divergencias sobre la manera de escoger candidato a la presidencia que estuvieron a punto de hacer estallar en pedazos el congreso liberal del 2005. A la vez, Gaviria resulta inaceptable para varios sectores cr&iacute;ticos de las pol&iacute;ticas neoliberales que implement&oacute; en su gobierno. Como fuere, alrededor de Gaviria se reactiv&oacute; en el liberalismo la pol&iacute;tica de los expresidentes. Ella se hab&iacute;a venido a menos en la d&eacute;cada de los ochenta debido al predominio de las barones electorales (somos “como muebles viejos”, declar&oacute; alguna vez con <i>pathos </i> at&iacute;pico L&oacute;pez Michelsen), y con la ulterior municipalizaci&oacute;n del liberalismo pareci&oacute; haberse ido para siempre. Pero en pol&iacute;tica, m&aacute;s a&uacute;n en la colombiana, es mejor no descartar los retornos. Gaviria encabeza ahora la direcci&oacute;n del partido; L&oacute;pez ha vuelto a las plazas a agitar, al parecer con alg&uacute;n &eacute;xito, el trapo rojo; Samper intriga desde bambalinas, y pasa por ser una suerte de eminencia gris de esa franja, del mismo color, de pol&iacute;ticos semi-uribistas. Todo esto parece estar asociado de manera m&aacute;s bien transparente tanto con la reforma pol&iacute;tica como con el esfuerzo modernizador-centralizador del partido. Cuando &eacute;ste se desvertebr&oacute; completamente, los expresidentes dejaron de ser un recurso significativo; ahora, cuando se recompone –cierto, con una base electoral sustancialmente menor—reaparecen, sobre todo en el tradicional papel de demiurgos capaces de enfrentar serios problemas de acci&oacute;n colectiva insolubles para los que est&aacute;n m&aacute;s metidos en la pol&iacute;tica del d&iacute;a a d&iacute;a. &iexcl;Una vez m&aacute;s se necesita alguien en la c&uacute;pula para confeccionar las listas! . Si bien ser&iacute;a una simplificaci&oacute;n grosera afirmar que la modernizaci&oacute;n liberal es s&oacute;lo cosm&eacute;tica, no deja de ser una iron&iacute;a que su resultado m&aacute;s visible sea hasta el momento no un nuevo dise&ntilde;o para la casa sino el retorno de los muebles viejos. </p>      <p>En s&iacute;ntesis, hay mucho m&aacute;s liberalismo que votos liberales (pues estos se han dispersado). Las elecciones de marzo mostraron que, en cambio, hay m&aacute;s votos conservadores que conservatismo. Y esto, sin que los ex-presidentes dieran una mano; pues los conservadores no cuentan con ese recurso. Como se ver&aacute; en seguida, ninguno de sus dos expresidentes (Belisario Betancur y Andr&eacute;s Pastrana) constituye un activo. Su capital identitario est&aacute; m&aacute;s deteriorado que el del liberalismo, y sus esperanzas de reconquista de los pol&iacute;ticos que se han ido son menores. N&oacute;tese que los emigrantes del liberalismo dejan las puertas abiertas a un retorno, y afirman de diversas maneras que son “en el fondo” o “filos&oacute;ficamente” liberales, mientras que los m&aacute;s importantes del conservatismo (Noem&iacute; San&iacute;n, un poco menos enf&aacute;ticamente Luis Alfredo Ramos) quemaron puentes . Esto sugiere que la etiqueta conservadora ya no vende bien (i.e., cada vez es menos racional apegarse a ella). M&aacute;s a&uacute;n, el conservatismo dej&oacute; de ser un partido nacional. En esas condiciones, es dif&iacute;cil predicarle que abandone su “complejo de minor&iacute;a” . </p>      <p>Nadie duda que el conservatismo obtuviera un notable &eacute;xito en las parlamentarias. La diferencia entre lo que se pod&iacute;a esperar de los sondeos y el resultado real. La diferencia entre lo que han dicho sistem&aacute;ticamente los sondeos de opini&oacute;n (un encogimiento fuerte de las identidades conservadoras), lo que se pod&iacute;a colegir de otras fuentes, y los resultados de marzo, es de unos 300.000 votos . Puede tener dos explicaciones complementarias. Primero, hay poderosos nichos conservadores, muy aglomerados territorialmente (“grumos azules”), que no quedan reflejados en las encuestas pero que se expresan electoralmente. Creo que esto es bastante veros&iacute;mil. Segundo, el conservatismo se vio “arrastrado” hacia arriba por el nombre de Uribe, lo que lo reactiv&oacute; –mostrando, de paso, el acierto de las estrategias de Holgu&iacute;n. Es decir, muchos uribistas a secas escogieron a los azules como lo hubieran hecho con cualquier otro partido que apoyara al presidente. Le atribuir&iacute;a de manera impresionista un 50% de peso a cada explicaci&oacute;n. Pero en todo caso el conservatismo arrib&oacute; segundo, lejos de un partido con algunos pocos meses de existencia. </p>      <p>Vale la pena preguntarse por qu&eacute; el corrimiento hacia la derecha del electorado colombiano s&oacute;lo favoreci&oacute; parcialmente al conservatismo. Creo que hay b&aacute;sicamente dos razones, aunque no puedo sustentar emp&iacute;ricamente sino una. La primera es que, por estrategia electoral <sup>14</sup>; una argumentaci&oacute;n m&aacute;s detallada se encuentra en preparaci&oacute;n), los azules desarrollaron en los ochenta una propuesta de paz mucho m&aacute;s agresiva que la de los liberales. Y eso dio durante dos d&eacute;cadas r&eacute;ditos electorales reales, lo que demuestra que la estrategia era buena –el partido conservador obtuvo grandes &eacute;xitos con sus candidatos pacifistas, y en cambio tuvo mal desempe&ntilde;o con halcones o con personalidades que daban se&ntilde;ales confusas como Lloreda. En la medida en que en 2002 el momento era de mano dura, los conservadores, que estaban muy identificados con la paz con la guerrilla, no estaban en buena posici&oacute;n para captar las nuevas tendencias. La segunda, creo, es que –m&aacute;s fortuitamente—el conservatismo en el gobierno es el partido de las crisis econ&oacute;micas; los dos grandes bajones en el ritmo de crecimiento colombiano en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os fueron durante Belisario y Pastrana. Este &uacute;ltimo resumi&oacute; en grado eminente todo lo que ahora rechazan los electores: concesiones a la guerrilla, inseguridad, crisis econ&oacute;mica. Con Belisario retirado de la pol&iacute;tica, y Pastrana pasando de una oposici&oacute;n sin electores a triples saltos mortales burocr&aacute;ticos , el conservatismo tuvo que hacer en este cuatrienio una pol&iacute;tica sin expresidentes. </p>      <p>No es la &uacute;nica diferencia con el partido liberal. Mientras que &eacute;ste buscaba un dif&iacute;cil compromiso modernizador entre el centro-izquierda, los pragm&aacute;ticos y los neoliberales, el conservatismo se orient&oacute; patentemente hacia la derecha pura y dura, bebiendo de largas tradiciones hist&oacute;ricas  pero tambi&eacute;n respondiendo a un obvio imperativo estrat&eacute;gico: ve all&iacute; donde est&aacute;n los electores. M&aacute;s a&uacute;n, los votos del conservatismo resultaron en el cuatrienio pasado muy importantes en el Congreso, lo que le da capacidad de presionar al presidente. Eso podr&iacute;a parecer una exageraci&oacute;n, habida cuenta de la gran fuerza del uribismo, pero no lo es. T&eacute;ngase en cuenta que el presidente afront&oacute; varias rebeliones por parte de su bancada, y que por otra parte muchas de las propuestas clave para el gobierno requer&iacute;an supermayor&iacute;as, puesto que eran actos legislativos. Y adem&aacute;s, en las comisiones importantes las cosas rara vez estuvieron decididas de antemano. As&iacute;, el conservatismo, junto con los puestos en el gabinete (comenzando por el ministerio del Interior), obtuvo acceso a la n&oacute;mina por v&iacute;as menos formales. Para recordar s&oacute;lo el caso m&aacute;s conocido, la reelecci&oacute;n pas&oacute; en la comisi&oacute;n respectiva gracias a que el gobierno logr&oacute; cambiar en el &uacute;ltimo momento el voto de la representante Yidis Medina. Pero no se necesita acudir a las an&eacute;cdotas rocambolescas para saber lo que pas&oacute;: los conservadores reclamaron sus puestos con desenvoltura, a la luz del d&iacute;a. Por lo dem&aacute;s, lo hab&iacute;an hecho tambi&eacute;n bajo Samper, quiz&aacute;s con m&aacute;s entusiasmo pero, sin duda, con menos &eacute;xito. As&iacute;, convirti&eacute;ndose en la vanguardia del uribismo, los conservadores cre&iacute;an obtener votos, puestos y espacios en un gobierno que caracterizaban como de corte conservador. La referencia hist&oacute;rica obvia, que sali&oacute; a relucir varias veces, era Rafael N&uacute;&ntilde;ez. Por un momento, pues, coincid&iacute;an el coraz&oacute;n y el inter&eacute;s. A la postre, se descubri&oacute; que no eran tan sencillo. Como expliqu&eacute; arriba, los conservadores no estaban en posici&oacute;n de obtener todos los r&eacute;ditos del giro derechista del electorado colombiano. M&aacute;s a&uacute;n, el enorme poder electoral del uribismo ha dado origen a fuerzas que est&aacute;n en capacidad de competir con los conservadores en territorios donde jam&aacute;s hubieran so&ntilde;ado con entrar los liberales (Equipo Colombia, para poner el ejemplo m&aacute;s obvio). Con toda importancia que tiene el resultado de marzo, no se puede olvidar que en muchas partes del pa&iacute;s el partido ya no presenta candidato propio; con esta van dos elecciones presidenciales en las que tampoco lo hace , para no hablar ya de la alcald&iacute;a de Bogot&aacute;, en la que pr&aacute;cticamente desde 1994 qued&oacute; borrado del mapa (o no ha presentado candidatos, o ha participado con personajes dudosos y electoralmente debil&iacute;simos). </p>      <p>El partido no se ha mantenido inerte frente a esta tendencia preocupante que, de persistir un par de a&ntilde;os, lo empujar&iacute;a a los m&aacute;rgenes del sistema. Su gran carta es el presidente; &iquest;y qui&eacute;n podr&iacute;a dudar que sea por el momento el as de la baraja? Ahora bien: &iquest;qui&eacute;nes son sus miembros? Es dif&iacute;cil saberlo . Pero por su &uacute;ltima consulta interna sabemos al menos cu&aacute;ntos son. Vale la pena resaltar que tambi&eacute;n en este caso se movilizaron cientos de miles de electores. Por este resultado, un c&aacute;lculo burdo pero no descabellado permitir&iacute;a decir que en principio el piso de personas muy cercanas al conservatismo es 250.000, y el techo 950.000. Como se ve, la diferencia entre el techo y los votos no es muy grande, y podr&iacute;a deberse en buena medida a uribistas (no necesariamente azules). </p>      <p>Tambi&eacute;n sabemos aproximadamente c&oacute;mo se organizan. En este per&iacute;odo los conservadores ha hecho varias convenciones, y se han mostrado muy activos en la labor de reagrupar sus fuerzas. Respondiendo de manera diferente a un desaf&iacute;o que comparten con los liberales, han desarrollado una divisi&oacute;n del trabajo entre notables y “emergentes”, “presentables” y “representables”. Si Carlos Holgu&iacute;n se lamentaba no hace mucho de que el partido de Caro y Ospina hab&iacute;a degenerado en el de Ciro y Carlina , hoy han demostrado se capaces de llegar a un arreglo estable. Sin embargo, esa divisi&oacute;n del trabajo entre “presentables” en las c&aacute;maras y “representables” en las provincias podr&iacute;a llegar a ser costosa. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>4. El nuevo campo uribista </b></p>      <p>Los conservadores apoyan al presidente, pero la mayor&iacute;a de los votos uribistas est&aacute;n concentrados en partidos nuevos. El desaf&iacute;o que enfrentan es completamente distinto al de liberales y conservadores: a menos de que sean simples fachadas de proyectos personalistas, tendr&aacute;n que esforzarse en construir organizaci&oacute;n pol&iacute;tica, formar cuadros y generar identidad entre sus bases. Tienen los votos, pero no las estructuras ni, en muchos casos, las propuestas. Es un privilegio poder observar con alg&uacute;n detenimiento este per&iacute;odo “tel&uacute;rico”, de construcci&oacute;n. </p>      <p>Lo primero que sorprende del uribismo es su enorme fragmentaci&oacute;n. &iquest;A qu&eacute; se debe? En parte, como dije antes, a la renuencia de Uribe a concentrar sus apuestas en uno solo de sus muchos caballos. &iquest;Hay m&aacute;s? Numerosos observadores han hecho &eacute;nfasis en las peque&ntilde;as luchas personales, las mezquindades, la carencia de ideolog&iacute;a, etc. Sin arriesgar opiniones sobre los m&eacute;todos de lucha dentro del uribismo, cualquier observaci&oacute;n sin prejuicios revela que las diferencias tienen mucho de fondo. Se pueden identificar al menos dos grandes fracturas. En la medida en que la abrumadora mayor&iacute;a de uribistas proviene de los partidos tradicionales, es interesante notar que el origen sigue marcando bastante el comportamiento pol&iacute;tico: s&oacute;lo muy ocasionalmente los ex-liberales y los ex-conservadores se mezclan . La segunda es la presencia de los paramilitares y el crimen organizado. Desde el comienzo, ha habido en el uribismo muchas personas con nexos sobre todo con los paramilitares pero tambi&eacute;n con otros criminales; las &uacute;ltimas denuncias y expulsiones lo demostraron m&aacute;s all&aacute; de toda duda razonable. Esto tiene que ver con el car&aacute;cter “transicional” de los uribistas, con el cambio de preferencias de los criminales mismos, pero tambi&eacute;n con dimensiones ideol&oacute;gicas y estrat&eacute;gicas. Muchos de los llegados al uribismo –incluidos varios de los que m&aacute;s abiertamente han estado cerca de las autodefensas o del narcotr&aacute;fico—provienen de los partidos tradicionales e hicieron una parte importante de su carrera ah&iacute;. Cambiaron la chapa, pero mantuvieron sus viejos nexos. Diversos trabajos <sup>15</sup> muestran elocuentemente que hasta bien entrada la d&eacute;cada de los noventa los paramilitares con pretensiones pol&iacute;ticas, salvo veleidades marginales –Morena -le apostaban a los tradicionales. Pero por muchas razones absorbieron –tambi&eacute;n ellos -el esp&iacute;ritu de la &eacute;poca, y empezaron a inclinarse crecientemente por las fuerzas alternativas. Buena parte del importante sector con nexos paramilitares del liberalismo se fue al campo uribista; pero tambi&eacute;n los propios paramilitares hab&iacute;an impulsado sus redes de car&aacute;cter regional, que ahora le apostaron al proyecto de Uribe. El uribismo s&oacute;lo se ha distanciado de esta influencia nefasta bajo enorme presi&oacute;n, a rega&ntilde;adientes y de manera parcial, como correctamente han se&ntilde;alado algunos comentaristas <sup>16</sup>. Pero todo esto choc&oacute; con aquellos equipos y dirigentes pol&iacute;ticos –tan importantes para el proyecto de Uribe-- que hab&iacute;an llegado a la conclusi&oacute;n de que la extradici&oacute;n y la defensa de la ley y el orden eran indispensables. En realidad, la Ley de Justicia y Paz y el din&aacute;mico ajuste de las relaciones entre autodefensas y sistema desorganizaron al campo uribista, y empujaron a algunos pol&iacute;ticos de vuelta a sus partidos de origen, mientras que obligaban a otros a tomar distancia cr&iacute;tica con respecto de lo que estaba ocurriendo. En la medida en que, por ejemplo, Germ&aacute;n Vargas Lleras tiene sospechas fundadas de que los atentados contra su vida podr&iacute;an provenir de las toldas de las autodefensas (por su apoyo a la extradici&oacute;n), esta fractura ya super&oacute; hace rato el nivel puramente verbal y de “conversaciones entre caballeros”; est&aacute; marcada con sangre y fuego. M&aacute;s a&uacute;n, el hecho de que la fuerte presencia criminal enturbie las relaciones con los Estados Unidos tiene consecuencias pr&aacute;cticas pero tambi&eacute;n emocionales e identitarias . </p>      <p>&iquest;Van a durar los marbetes uribistas? Es temprano para decirlo. Un proceso darwiniano producir&aacute; la muerte de algunos (como la del Nuevo Partido de Rafael Pardo), y quiz&aacute;s la consolidaci&oacute;n de otros. Diversas evidencias sugieren que por mucho el proyecto que ha alcanzado m&aacute;s organicidad es Cambio Radical, aunque el Partido de la U podr&iacute;a obtener una votaci&oacute;n m&aacute;s copiosa seg&uacute;n los sondeos (esto se cumpli&oacute;). Como fuere, la huella de Uribe en el sistema colombiano puede durar lustros, y no se necesita ser un lince para predecir que habr&aacute; empresarios pol&iacute;ticos tratando de organizar y capitalizar aquella influencia. </p>      <p><b>5. La izquierda </b></p>      <p>Sobre la izquierda colombiana en el gobierno de Uribe se pueden hacer dos preguntas contrapuestas: &iquest;Por qu&eacute; le ha comenzado a ir bien ahora, despu&eacute;s de una larga historia de fracasos? Y: &iquest;por qu&eacute; no le ha ido mejor? Pues en efecto este cuatrienio parece dise&ntilde;ado ex profeso para oxigenar a la izquierda, cosa que no han dejado de advertir diversos observadores. Como nunca antes, es un gobierno casi exclusivamente del sector privado; su pol&iacute;tica econ&oacute;mica y su discurso tambi&eacute;n van en esa direcci&oacute;n. Al calor de su gran popularidad, Uribe ha abandonado los seguros de vida policlasistas que los partidos tradicionales mantuvieron con tanto cuidado. Es dif&iacute;cil imaginar un ambiente m&aacute;s propicio para la consolidaci&oacute;n de la izquierda. </p>      <p>La izquierda actual es resultado de un proceso de maduraci&oacute;n que, en retrospectiva, no parece tan lento. Despu&eacute;s de los acuerdos de paz, el M-19 entendi&oacute; que hab&iacute;a que atenerse a la palabra empe&ntilde;ada y abandon&oacute; verticalmente el chantaje armado, incluso despu&eacute;s del asesinato de su principal l&iacute;der. Aunque electoralmente capaz, con un par de resultados espectaculares –las elecciones a Asamblea Constituyente, por ejemplo— la AD-M 19 tuvo un desempe&ntilde;o parlamentario muy pobre, y sus divisiones internas la desbarataron. En la presidencia de Samper la izquierda se dividi&oacute; entre pro y anti-samperistas (Navarro adopt&oacute; la posici&oacute;n de que no se pod&iacute;a defender a una administraci&oacute;n sospechosa), pero se fue consolidando un liderazgo que despu&eacute;s se fortaleci&oacute; y adquiri&oacute; experiencia de gobierno en las elecciones subnacionales. Como en el caso del liberalismo, la izquierda se vio favorecida por la confluencia de su proceso de modernizaci&oacute;n y la reforma pol&iacute;tica, que generaron diversos mecanismos de cohesi&oacute;n. Desde 2002 hasta hoy, se establecieron varios hitos: la consolidaci&oacute;n del Polo Democr&aacute;tico Independiente y de Alternativa Democr&aacute;tica despu&eacute;s de que se escindieran, el gran trabajo parlamentario de ambas, el triunfo espectacular en las elecciones subnacionales de 2003, y el acuerdo que llev&oacute; a la candidatura &uacute;nica, y a la sigla com&uacute;n (Polo Democr&aacute;tico Alternativo) de la izquierda en 2006. Como mecanismo de gesti&oacute;n de los problemas entre los diversos componentes del PDA se form&oacute; la Mesa de Unidad. </p>      <p>Precisamente el mayor triunfo de la izquierda fue haber mantenido su unidad. &iquest;Pero cu&aacute;nta gasolina tiene este in&eacute;dito sentido de supervivencia de la izquierda colombiana? Escindida como est&aacute; en dos alas –una m&aacute;s centrista, otra m&aacute;s afirmativa-, el espectro de la divisi&oacute;n siempre ha estado presente. Ya afront&oacute; una (entre el Polo y Alternativa), pero se evit&oacute; el riesgo del canibalismo. S&oacute;lo perdi&oacute; unos pocos dirigentes en el proceso de construcci&oacute;n de sus estructuras (Javier C&aacute;ceres ). En el momento en que escribo estas l&iacute;neas atraviesa su peor crisis, con las relaciones entre el Polo y Lucho Garz&oacute;n completamente deterioradas, y con la posibilidad real de que el mayor logro obtenido (una unidad b&aacute;sica) se desbarate . N&oacute;tese que sin el voto preferente el PDA hubiera sido inviable. Aun as&iacute; la izquierda estuvo dispuesta a ir hasta el borde la ruptura para dirimir qui&eacute;n quedar&iacute;a en el primer rengl&oacute;n de la lista al Senado lo que, en una lista abierta, no ten&iacute;a ninguna significaci&oacute;n pr&aacute;ctica. </p>      <p>El precedente es malo, pero no necesariamente insuperable. Toda fuerza nueva afronta crisis y debe pasar por procesos de aprendizaje. Para poder afrontar aquellas, la izquierda tendr&aacute; que aprender a manejar al menos dos tensiones cruciales. Por un lado, entre la construcci&oacute;n de su propia identidad y el desarrollo de la amplia pol&iacute;tica de alianzas que todos los sectores de la oposici&oacute;n (al menos los que tienen de dos dedos de frente para arriba) saben es indispensable para enfrentar a un fen&oacute;meno de la talla de Uribe. T&iacute;picamente, la izquierda ha dado bandazos entre la p&eacute;rdida de la iniciativa pol&iacute;tica en aras de tranquilizar a los posibles adversarios y un sectarismo primitivo. Por otro lado, entre la tarea de largo plazo (construir un partido moderno) y las exigencias inmediatas (levantar votos). Parad&oacute;jicamente, el gran activo de la izquierda –su equipo “gal&aacute;ctico” de congresistas -es su gran debilidad. Porque el PDA es b&aacute;sicamente una red parlamentaria y de opini&oacute;n, que adem&aacute;s territorialmente est&aacute; muy basada en Bogot&aacute;. En 2002 la izquierda hab&iacute;a colonizado algunos de los temas que acaparan la atenci&oacute;n de los medios, pero casi no hab&iacute;a logrado mover gente alrededor de las consignas sociales que le han dado &eacute;xitos en el resto de Am&eacute;rica Latina <sup>17</sup>. No creo que la situaci&oacute;n haya cambiado mucho. As&iacute;, se ha dado un salto cualitativo y construido un valioso capital; pero las ra&iacute;ces son poco profundas, y los discursos no casan muy bien con los auditorios que se conquistan. Nueva paradoja: para administrar esta tensi&oacute;n el PDA podr&iacute;a servirse de un cambio muy profundo –y quiz&aacute;s no tan obvio—que est&aacute; teniendo lugar en el sistema y que tiene su m&aacute;xima expresi&oacute;n en Uribe: en la medida en que la gran pol&iacute;tica se concentra en el Ejecutivo, la vida p&uacute;blica colombiana se ha desparlamentarizado un poco. Varios de los pesos pesados del liberalismo no volver&aacute;n al congreso en el pr&oacute;ximo per&iacute;odo; est&aacute;n en la consulta interna. Luis Alfredo Ramos sali&oacute; de la lista de Equipo Colombia; Claudia Blum de la de Cambio Radical. No hablemos ya de independientes que son figuras nacionales como Antanas Mockus y Noem&iacute; San&iacute;n. Los dirigentes de la pol&iacute;tica est&aacute;n saliendo del congreso, y si los astros est&aacute;n en buena posici&oacute;n, eso podr&iacute;a significar m&aacute;s divisi&oacute;n de trabajo entre los equipos dirigentes, por tanto m&aacute;s aparato y m&aacute;s organizaci&oacute;n, esto es, una cierta recomposici&oacute;n de la vida partidista. </p>      <p>Habr&iacute;a que terminar diciendo que la izquierda es m&aacute;s que el PDA. Uno de los esfuerzos conscientes de la Constituci&oacute;n de 1991 fue politizar la diversidad. Los ind&iacute;genas (por ejemplo ASI) han jugado un papel mucho m&aacute;s importante que su peso demogr&aacute;fico, y han confluido en varios temas importantes con las fuerzas de izquierda. Pero s&oacute;lo “en general”. Cambio Radical meti&oacute; en su lista a un ind&iacute;gena. Otras formas de diversidad han tenido comportamientos diferentes. Por ejemplo, Uribe supo captar la simpat&iacute;a de la mayor&iacute;a de los partidos cristianos, con una ret&oacute;rica que favorec&iacute;a pol&iacute;ticas no seculares en punto a la sexualidad y la educaci&oacute;n –aparte de los consabidos gajes para materializar las simpat&iacute;as, como la embajada de Brasil para Claudia Rodr&iacute;guez de Castellanos (60). Como dije arriba, algunos cristianos se incorporaron al uribismo; otros dirigentes tambi&eacute;n fueron cooptados. Sin embargo, tampoco aqu&iacute; todo es color de rosa. No s&oacute;lo un partido religioso se mantuvo refractario durante todo el per&iacute;odo (el MIRA). A finales del a&ntilde;o pasado y comienzos de &eacute;ste el cabildeo cat&oacute;lico empuj&oacute; al gobierno a sacar una disposici&oacute;n que cambiaba la regulaci&oacute;n de los contenidos de las materias de educaci&oacute;n religiosa, aparentemente en favor de las mayor&iacute;as. Esto produjo una fuerte reacci&oacute;n por parte de los cristianos no cat&oacute;licos, y una negociaci&oacute;n que el ministerio de educaci&oacute;n manej&oacute; con pinzas. </p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><font size="3">Conclusiones</font></b> </p>      <p>La experiencia sugiere tres conclusiones. Primero, pese a su enorme peso, el uribismo no es todopoderoso. Precisamente porque tiene un apoyo tan amplio debe hacer un delicado equilibrio entre partidarios suyos que a menudo tienen intereses contrapuestos. Segundo, tal vez estamos presenciando el regreso de la ideolog&iacute;a. Todas las fuerzas importantes que est&aacute;n en la liza est&aacute;n ideol&oacute;gicamente fraccionadas. Los liberales entre centro-izquierda, centro y derecha (sin contar la importante porci&oacute;n de rojos uribistas). Los conservadores entre la tradici&oacute;n pro-paz y moderada (Juan Camilo Restrepo, Jos&eacute; Gregorio Hern&aacute;ndez) y la mayoritaria, que redescubri&oacute; el conservatismo puro y duro. La izquierda, pero tambi&eacute;n los cristianos, entre moderados y militantes. M&aacute;s a&uacute;n, muchos de los grandes debates p&uacute;blicos del per&iacute;odo han tenido un fuerte contenido ideol&oacute;gico. Los que hizo la izquierda, ciertamente. Los que protagoniz&oacute; el partido liberal -recogiendo una parte de su historia -a favor de un Estado laico, en defensa de los derechos de los homosexuales y de la flexibilizaci&oacute;n de la legislaci&oacute;n sobre el aborto (61). Los que propici&oacute; Uribe sobre el cambio de modelo de Estado, sobre todo con ocasi&oacute;n del referendo. Esta ideologizaci&oacute;n del debate, empero, ha estado acompa&ntilde;ada –y esta es la tercera conclusi&oacute;n -por niveles enormes de confusi&oacute;n y fluidez. Las reformas institucionales ofrecieron incentivos para la cohesi&oacute;n y centraron un poco la competencia, pero los saltos mortales, la debilidad de las identidades, los cambios de camiseta y la confusi&oacute;n est&aacute;n a la orden del d&iacute;a. Incluso entre los que permanecen dentro de un mismo partido las volteretas pueden ser muy abruptas. L&oacute;pez Michelsen comenz&oacute; pidi&eacute;ndole al liberalismo que le diera las llaves del partido a Uribe y ahora hace campa&ntilde;a contra &eacute;l. Gaviria lleg&oacute; al pa&iacute;s tratando de impulsar una pol&iacute;tica de apoyo cr&iacute;tico al presidente, y ahora es uno de sus m&aacute;s fuertes contradictores. En cambio Turbay Ayala y Juan Manuel Santos comenzaron atacando a la reelecci&oacute;n y terminaron formando movimientos que la apoyaban (Patria Nueva y el Partido de la U , respectivamente) con el apasionamiento del converso. &iquest;Ser&aacute; exagerado decir que Uribe resume muy bien todas estas tensiones y bandazos? Porque &eacute;l, como nadie, ha logrado encarnar las aspiraciones e identidades m&aacute;s dis&iacute;miles, cambiando de opini&oacute;n y adapt&aacute;ndose a las circunstancias m&aacute;s r&aacute;pido que sus amigos y adversarios. De esta permanente hu&iacute;da hacia adelante del sistema y su protagonista no se podr&aacute; decir, al menos, que es aburrida. </p>      <p><b><font size="3">REFERENCIAS</font></b></p>       <!-- ref --><p>1. Hoskins y Swanson, A Political party leadership in Colombia @ , en <i>Comparative Politics, </i> no. 6, 1974, pp. 395-423. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S0121-4705200600020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Rokkan Stein, Peter Flora, Stein Kuhnle, Derek Urwin, <i>State formation, nation building, and mass politics in Europe </i>, Oxford University Press, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S0121-4705200600020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Lauri Karvonen, Kuhnle Stein (eds.), <i>Party systems and voter alignment revisited, </i> Routledge, London , 2001, pp. 27-45. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S0121-4705200600020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Guti&eacute;rrez, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S0121-4705200600020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Gary Hoskin, Rodolfo Mas&iacute;as, Miguel Garc&iacute;a (Compiladores): &quot;Colombia 2002. Elecciones, comportamiento electoral y democracia&quot;, Uniandes-Fundaci&oacute;n Konrad Adenauer, Registradur&iacute;a Nacional, Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, Bogot&aacute;, 2003, pp. 87-114. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0121-4705200600020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6.&quot;Se acabaron mayor&iacute;as Uribistas&quot;, en <i>El Tiempo, </i>21 de noviembre de 2003, p. 1-3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0121-4705200600020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. “Londo&ntilde;o, a limar asperezas”, en <i>El Tiempo, </i>3 de mayo de 2003, p. 1-6. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0121-4705200600020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. “Si a la reelecci&oacute;n, pero sin un partido uribista”, en <i>El Pa&iacute;s, </i>4 de febrero de 2004, p. A5. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0121-4705200600020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. La palabra “Colombia” por lo dem&aacute;s se encuentra en la mayor&iacute;a de los marbetes que apoyan a Uribe. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0121-4705200600020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10.“Se hundi&oacute; la reelecci&oacute;n”, en <i>El Tiempo, </i> 29 de octubre de 2003, p. 1-3. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0121-4705200600020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11.  Sartori Giovanni, <i>Partidos y sistemas de partidos </i>, Alianza, Madrid 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0121-4705200600020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12.Guti&eacute;rrez , 2003, Ob. Cit. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0121-4705200600020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13.Tsebelis George, <i>Nested games. Rational choice in comparative politics </i>, University of California Press , Berkeley , Los Angeles , Oxford , 1990. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0121-4705200600020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14.Guti&eacute;rrez , 2003, Ob. Cit.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0121-4705200600020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Medina Gallego Carlos, <i>Autodefensas, paramilitares y narcotr&aacute;fico en Colombia, origen, desarrollo y consolidaci&oacute;n: el caso Puerto Boyac&aacute; </i>, Bogot&aacute;, Documentos Period&iacute;sticos, 1990. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0121-4705200600020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Daniel Coronell, “Los traslados”, en <i>Revista Semana, </i> 6 de febrero de 2006, p. 11. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0121-4705200600020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17.Guti&eacute;rrez , 2003, ob. Cit. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0121-4705200600020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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