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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font size="4" face="Verdana"><b>Con el Diablo Adentro: Pandillas, Tiempo Paralelo Y Poder.<a href="#(1)">(1)</a></b></font></p> <font size="2" face="Verdana">     <p><b> Blas Zubir&iacute;a Mutis</b></p>     <p>Voy a comenzar con una larga cita, seleccionada de diversos trozos del  texto, que ejemplifica bien el tono y la importancia acad&eacute;mica y social que  tiene el libro que hoy estamos presentando. <i>&quot;La  pandilla desconcierta y atemoriza. El espectáculo de muchachos entregados el  día entero a la esquina no provoca sino eso, perturbación y miedo. Están ahí  todos los días, atraídos por un impulso cuyo magnetismo se resiste a ser  descifrado. Regresan una y otra vez, devotos y leales. (...)La pandilla se  abandona a un tiempo sin límites ni trabas (...) la pandilla es una forma de  habitar la ciudad (...) A lo largo de su atormentada historia la humanidad conoce  de anomias y violencias, herejías e insurreccione., Empero el fenómeno  pandillero se cuece en otro fuego (...) Uno de los protagonistas de estas paginas  lo enuncia con elocuencia &quot;Había una china con un gomelito. El chino se quedó  mirándome. Como uno mantiene ofendido, mantiene con el diablo adentro, le dije:  &quot;fue que se enamoró de lo mío, pirobo? Y le pelé el yerro.</i>&quot;...</p>     <p>He seleccionado este trozo porque en &eacute;l encuentro varias claves  importantes que se mantienen a lo largo del libro y que quisiera resaltar en un  primer momento. Lo primero, la sensibilidad po&eacute;tica y social del lenguaje. El  bello texto que hoy estamos presentando y, les aseguro que el adjetivo no es  gratuito, porque a pesar del rigor en el manejo de los conceptos, la erudici&oacute;n  en el recorrido te&oacute;rico del fen&oacute;meno, el rigor en el an&aacute;lisis metodol&oacute;gico, el  autor no descuida el lenguaje, un lenguaje bello y metaf&oacute;rico que con  sensibilidad social y precisi&oacute;n etnogr&aacute;fica describe el universo complejo y  contradictorio de la pandilla a la vez que reflexiona pausada y met&oacute;dicamente  desde la ciencia social. El profesor Carlos Mario Perea cuida, a lo largo de su  exposici&oacute;n, que un tema tan delicado, tan dif&iacute;cil de abordar, tan cercano por  su misma naturaleza a la crudeza de lo que relata tal como lo relatan sus  propios actores centrales -los pandilleros- de trasmutar por medio del lenguaje  lo que ha identificado en su meticuloso estudio. Intenta, y sobre todo lo  logra, algo as&iacute; como exorcizar con su propio lenguaje un elemento central que  &eacute;l mismo reitera como conclusi&oacute;n importante cuando anota: &quot;el pandillero es un  digno representante del mundo actual. La pobreza de su palabra es la  precariedad de nuestros s&iacute;mbolos&quot;. Y rescato la frase. Perm&iacute;tanme repetirla,  por la resonancia y la belleza que encierra: <i>&quot;la pobreza de su palabra es la precariedad de nuestros símbolos&quot;. </i></p>     <p>A lo largo de todo el texto se encuentra un lenguaje que trata de  retratar de manera fiel una realidad compleja, dolorosa, dif&iacute;cil, pero lo hace  con sensibilidad, con una capacidad de trasmitir tanto una idea compleja &quot;el  parce personifica la grieta por donde se resquebraj&oacute; el pacto que rigi&oacute; la  sociedad durante largo tiempo; al mundo contempor&aacute;neo ya no le preside la  ficci&oacute;n de un arreglo colectivo, donde habr&iacute;a un lugar para cada uno de sus  ciudadanos&quot;, o una constataci&oacute;n dolorosa y desalentadora: &quot;El parce abandona el  orden instituido, lo hace porque al otro lado le espera el universo criminal,  uno que le proporciona sentido, soluciones econ&oacute;micas y poder&quot;.  Sensibilidad po&eacute;tica y social del lenguaje  que se reitera una y otra vez, como cuando concluye: &quot;La pandilla no es otro,  es un extremo de nosotros. Ciertamente se nutre del talante de los nuevos  tiempos, tanto de aquello que ha sido arrasado como de eso que viene a  sustituirlo. La pobreza de su palabra es la precariedad de nuestros s&iacute;mbolos;  la languidez de sus conexiones es la postraci&oacute;n del v&iacute;nculo, y el oprobio de su  poder&iacute;o es el arrasamiento de lo colectivo. La pandilla desconcierta y  atemoriza. Lo hace porque el espect&aacute;culo de muchachos entregados el d&iacute;a entero  a la esquina dramatiza la tragedia de nuestro tiempo. Por eso provoca repudio,  perturbaci&oacute;n y miedo&quot;.</p>     <p>Lo segundo, la permanente referencia hist&oacute;rica. El trabajo nos permite  comprender el devenir del fen&oacute;meno pandillero. No se centra &uacute;nica y  exclusivamente en el presente, ni analiza el fen&oacute;meno en el contexto actual,  sino que asumiendo bien aquella sugerencia metodol&oacute;gica de Norbert El&iacute;as, el  profesor Carlos Mario Perea indaga en el fen&oacute;meno desde una perspectiva  procesual: nos indica los antecedentes hist&oacute;ricos de la pandilla, sus  variaciones en el tiempo, sus peculiaridades en el hoy. Asume la sugerencia  metodol&oacute;gica que no brinda Norbert El&iacute;as, cuando nos recomienda a los soci&oacute;logos  que no nos quedemos apresados en el presente. De hecho, para el profesor Carlos  Mario Perea hacerlo as&iacute; no es ninguna dificultad por su doble vocaci&oacute;n y  formaci&oacute;n de historiador y soci&oacute;logo, que en &uacute;ltimas es una sola: su vocaci&oacute;n  de humanista.</p>     <p>Pues bien, esta perspectiva hist&oacute;rica tiene adem&aacute;s otro acierto  metodol&oacute;gico importante: la mirada comparativa -sin ser un estudio  estrictamente comparativo como &eacute;l mismo nos lo advierte. No s&oacute;lo analiza diacr&oacute;nicamente  el proceso, sino que establece una geograf&iacute;a extensa del fen&oacute;meno, tanto en  Am&eacute;rica como en Europa. Por supuesto que las referencias a las tres ciudades en  Colombia donde se adelant&oacute; el estudio (Bogot&aacute;, Neiva y Barranquilla) as&iacute; como a  M&eacute;xico y Centroam&eacute;rica, son m&aacute;s s&oacute;lidas y mejor documentadas, pero la extensa  indagaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica que como aparato de erudici&oacute;n soporta la investigaci&oacute;n  le permite no descuidar los procesos vividos en los Estados Unidos o en Europa.</p>     <p>En tercer lugar, en el texto est&aacute; presente la voz viva de los  pandilleros, de esos que en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n no tienen voz. Tanto la  narraci&oacute;n desgarradora de An&iacute;bal, el pandillero barranquillero que perteneci&oacute; a  los Archis, a los Babillos y despu&eacute;s a los Alacrancitos, el que fue abandonado  por su padre y luego por su madre, el que conoc&iacute;a la realidad de los Meza, ese  cuerpo de seguridad privada que persigui&oacute; a pandilleros en las barriadas  populares de la ciudad, la realidad de los grupos paramilitares reclutando  j&oacute;venes o de los guerrilleros &quot;que tambi&eacute;n hacen limpieza en las calles, (pues)  no les gustan los bandidos&quot;; o esa otra voz, la voz de Salom&eacute; que desde los 9  a&ntilde;os comenz&oacute; a andar con las pandillas bogotanas, a robar para paliar el  hambre, a ser solidaria con los parce que ca&iacute;an en desgracia y pisaban los  terrenos de la c&aacute;rcel, son s&oacute;lo ejemplo de las m&uacute;ltiples voces, que a trav&eacute;s de  las historias de vida y las entrevistas en profundidad adelantadas durante la  investigaci&oacute;n nos acercan a ese mundo doloroso e inevitable de las urbes contempor&aacute;neas. </p>     <p>Y ese acercamiento es un vivo ejemplo de lo que debe ser hoy un estudio  social. Un estudio social planteado en tres niveles claros de an&aacute;lisis. Un  primer nivel, necesario e ineludible de la constataci&oacute;n del hecho, donde el  profesor Carlos Mario Perea nos muestra con cifras el n&uacute;mero de pandillas, su  conformaci&oacute;n, su composici&oacute;n por edad y sexo, su tipo de armamento y su tipo de  acciones delictivas, as&iacute; como variados elementos sobre nivel educativo de los  pandilleros, vida en pareja, relaciones sociales. Nos constata con cifras oficiales,  las situaciones sociales de criminalidad que se viven en las tres ciudades  colombianas: la tasa de homicidio y de lesiones y la tasa de delitos contra el  patrimonio, entre otros indicadores. Nos constata adem&aacute;s que el fen&oacute;meno sin  ser novedoso ha tenido sus diferencias sustanciales en el tiempo y en el  espacio. Nos lleva de la mano para ilustrarnos sobre los Pachuchos, esos  extravagantes sujetos de origen mexicano que desafiaban todo sentido de  pulcritud en las calles de los &Aacute;ngeles en la d&eacute;cada de los cuarenta o las maras  actuales que azotan en grueso n&uacute;mero a los peque&ntilde;os pa&iacute;ses centroamericanos.</p>     <p>Un segundo nivel de an&aacute;lisis, donde lo societal, como valoraci&oacute;n de los  actores que viven y relatan la situaci&oacute;n que viven, se hace presente. Ese nivel  que permite entender las diversas miradas que confluyen en el fen&oacute;meno, las  diversas valoraciones que se hacen del mismo: las miradas y valoraciones de los  propios pandilleros, con sus racionalidades, sus justificaciones, sus intentos  de mantenerse en &quot;ese tiempo paralelo&quot; en que viven; y la mirada y las  valoraciones a veces impotente, a veces violenta, de los otros ciudadanos, las  v&iacute;ctimas de las pandillas o la mirada y las valoraciones de los gobiernos  locales o nacionales que quieren enfrentar el fen&oacute;meno violento con m&aacute;s  violencia de gobiernos que quieren ignorarlo, tal vez como prueba de su propia  incapacidad para enfrentar el problema desde otra perspectiva y tratar de  resolverlo. Los ejemplos est&aacute;n all&iacute; cuando escuchamos la voz de los  pandilleros, justificando el crimen, el goce de lo il&iacute;cito en el disfrute de la  droga, la necesidad de reafirmarse en un territorio. O cuando nos enteramos de  la pol&iacute;tica utilizada en M&eacute;xico durante la d&eacute;cada de los 90 con los operativos  DISPAN -dispersi&oacute;n de pandillas- y &Aacute;guila,   actos coordinados de distintas fuerzas policiales, adem&aacute;s de granaderos,  caballer&iacute;a y patrullas para asesinar a j&oacute;venes pandilleros o de la declaraci&oacute;n  p&uacute;blica de un exalcalde nuestro cuando afirm&oacute; que en Barranquilla no exist&iacute;an  las pandillas, a pesar que hubo en su momento todo un espect&aacute;culo &quot;de  desmovilizaci&oacute;n y acuerdo de no agresi&oacute;n entre ellos&quot; promovido incluso con un  partido de f&uacute;tbol en el metropolitano. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y un tercer nivel de an&aacute;lisis, sin lugar a dudas, el m&aacute;s importante de  todos, donde el profesor Carlos Mario Perea apoy&aacute;ndose no s&oacute;lo desde la  sociolog&iacute;a y la tradici&oacute;n viva de autores como Manuel Castell, Ulrich Beck,  Zygmunt Bauman, Mijail Bajt&iacute;n o Alain Touraine, sino tambi&eacute;n desde esas otras  fronteras como la antropolog&iacute;a, la pol&iacute;tica, la filosof&iacute;a recurre a estudios  hist&oacute;ricos o contempor&aacute;neos para explicar el fen&oacute;meno pandillero. Aqu&iacute; el  an&aacute;lisis te&oacute;rico y epistemol&oacute;gico se soporta en autores de todas las latitudes:  europeos, latinoamericanos, mexicanos y colombianos, conforman una referencia  permanente a la reflexi&oacute;n te&oacute;rica que solidamente soporta el texto. All&iacute; est&aacute;  todo el aparataje de erudici&oacute;n que lo demuestra: en la sola introducci&oacute;n se  cuentan 62 referencias de pie de paginas, todas pertinentes, precisas,  esclarecedoras, que contienen no s&oacute;lo los elementos propios del tercer nivel de  an&aacute;lisis, es decir, el an&aacute;lisis te&oacute;rico de los autores que soportan las tesis  principales del libro, sino que contienen todos esos elementos que hemos  se&ntilde;alado: del lenguaje metaf&oacute;rico de la voz del pandillero; del aparataje metodol&oacute;gico  que permite la construcci&oacute;n de un discurso complejo y de una etnograf&iacute;a  valiosas; del soporte cuantitativo que muestra el manejo de las cifras o la  contrastaci&oacute;n comparativa con otros realidades.</p>     <p>La estructura del texto da cuenta de todos estos elementos y de manera anal&iacute;tica,  es decir, descomponiendo el problema pandillero en sus partes constitutivas  para entenderlo mejor, le explica al lector por qu&eacute; los pandilleros viven no  s&oacute;lo &quot;con el diablo adentro&quot; como metaf&oacute;ricamente lo se&ntilde;ala el t&iacute;tulo del  libro, sino en un tiempo paralelo, como nos lo refuerza el subtitulo, para  indicarnos que el pandillero abandona los circuitos que arman la vida  corriente, y como nos dice el autor, para &eacute;l &quot;las reclamaciones de la vida de  todos los d&iacute;as desaparecen, no los asedian los apuros de la eficiencia ni las  urgencias de la productividad. El reloj, la peque&ntilde;a pero portentosa m&aacute;quina que  disciplin&oacute; la modernidad, ve desquiciadas su manecillas ante el ensimismamiento  pandillero: el tiempo es su tiempo, uno puesto al margen de las convenciones  sociales y adultas&quot;.</p>     <p>Esa misma estructura obedece a preguntas centrales que gu&iacute;an el  an&aacute;lisis: &iquest;c&oacute;mo se produce el tiempo paralelo? La respuesta se da identificando  tres catalizadores: el gesto pandillero, lo joven y el universo criminal, que  se desarrolla en la primera secci&oacute;n del libro. La segunda pregunta clave: &iquest;en  qu&eacute; sociedad se vuelve factible la abstracci&oacute;n de lo social reflejada por la  pandilla? Es respondida a partir de lo que el profesor Carlos Mario Perea llama  los mediadores, aquello que constituye lo social y que vuelven a ser una  triada: el s&iacute;mbolo y el deseo; el v&iacute;nculo y la desocializaci&oacute;n, el poder y el  p&aacute;nico, que conforman la segunda parte del texto. No voy a hondar en cada uno  de los componentes porque entonces no tendr&iacute;amos tiempo para darle la palabra  al historiador de la Universidad Nacional  de Colombia, al Doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional  Aut&oacute;noma de M&eacute;xico; al soci&oacute;logo que ha dedicado su vida acad&eacute;mica a indagar  sobre la violencia y el conflicto urbano en la sociedad contempor&aacute;nea con una  mirada comparativa que enriquece el an&aacute;lisis, al profesor asociado del  Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional,  al autor de libros &quot;Porque la sangre es esp&iacute;ritu&quot;, &quot;Imaginario y Discurso  Pol&iacute;tico&quot;, &quot;&iquest;Qu&eacute; nos une? J&oacute;venes, v&iacute;nculo y sentido&quot; y a su m&aacute;s reciente obra  &quot;Con el diablo adentro&quot;, pero sobre todo al ser humano calido, riguroso,  comprometido con esta realidad conflictiva que estudia y empe&ntilde;ado en que el  conocimiento que genera regrese a la sociedad misma en que se produce, para que  con el an&aacute;lisis cient&iacute;fico se pueda coadyuvar en la b&uacute;squeda de soluciones a  los complejos problemas que la moldean y a la construcci&oacute;n de un orden social  menos injusto, menos regido por los principios ego&iacute;stas del lucro econ&oacute;mico  impuesto por la racionalidad depredadora del neoliberalismo hegem&oacute;nico, m&aacute;s  cercano a la solidaridad humana que permita hacer un gran exorcismo a todos  esos j&oacute;venes de nuestras barriadas populares en las grandes ciudades y que ellos  tengan oportunidades reales, v&aacute;lidas de expulsar ese diablo que tienen adentro.</p> <HR size="1">     <p><b>COMENTARIOS</b></p>     <p>1. <a name="(1)"></a>Carlos Mario Perea, Editorial Siglo XXI,  M&eacute;xico, ISBN-10 968-23-2689-3, 2007.</p> </font>      ]]></body>
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