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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ANÁLISIS ECONÓMICO DE LA VIOLENCIA EN COLOMBIA. UNA NOTA SOBRE LA LITERATURA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this note the theoretical approaches in economics that can be used as a framework to study the causes of violence in Colombia are referenced. Recent studies of Colombian economists are related in the framework of two theoretical approaches and possible paths of future studies are proposed are proposed.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>AN&Aacute;LISIS ECON&Oacute;MICO  DE LA VIOLENCIA EN COLOMBIA. UNA NOTA SOBRE LA LITERATURA</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">    <p align="right"><b>Astrid Mart&iacute;nez Ortiz*</b></p>     <p>* Profesora Asociada,  Directora del Centro de Investigaciones para el Desarrollo CID,  Universidad Nacional de Colombia</p><hr>     <p><b>Resumen</b></p>     <p><i>En esta nota se refieren los enfoques te&oacute;ricos en econom&iacute;a que pueden ser utilizados como marco de la indagaci&oacute;n acerca de las causas de la violencia en Colombia, se relacionan los trabajos recientes de los economistas colombianos, en el marco de dos aproximaciones te&oacute;ricas, y se formulan las posibles direcciones de la indagaci&oacute;n futura.</i></p>     <p><b>Abstract</b></p>     <p><i>In this note the theoretical approaches in economics that can be used as a framework to study the causes of violence in Colombia are referenced. Recent studies of Colombian economists are related in the framework of two theoretical approaches and possible paths of future studies are proposed are proposed.</i></p><hr />     <p>En esta nota<sup><a name="nr1"></a><a href="#1">1</a></sup> se refieren los enfoques te&oacute;ricos en econom&iacute;a, que pueden utilizarse como marco de la indagaci&oacute;n acerca de las causas de la violencia en Colombia. Se relacionan los trabajos recientes de los economistas colombianos, en el marco de dos aproximaciones te&oacute;ricas y se formulan las posibles direcciones de la indagaci&oacute;n futura.</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>COLOMBIA: ESTAD&Iacute;STICAS DE LA VIOLENCIA RECIENTE</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El crecimiento del narcotr&aacute;fico desde 1980 vino acompa&ntilde;ado de un aumento notable de los homicidios y los secuestros. Entre 48 pa&iacute;ses en desarrollo no africanos, Colombia mostr&oacute; la mayor tasa de homicidios intencionales con 77,S/lOO mil habitantes, en el per&iacute;odo 1986-89, seguido de Brasil, con 24,6/100 mil. En 1991, las muertes violentas ascendieron a 92,6/100 mil habitantes, el registro m&aacute;s alto del mundo y muy superior a los 28/100 mil habitantes del per&iacute;odo 1963-1983, qu e se pued e consid erar como el indicador de &eacute;pocas de paz.</p>     <p>En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os han venido aumentando los homicidios atribuibles al conflicto armado interno. Entre 1985 y 1998, el promedio anual de muertes causadas por el conflicto fue de 1420, con tendencia creciente. En ese per&iacute;odo hubo 14.000 acciones armadas: tomas de poblaciones, sabotajes, contactos entre los grupos armados y las fuerzas armadas, pirater&iacute;a y hostigamientos; hubo veinte mil muertos por el conflicto: de los cuales los civiles representaron 27 por ciento, las fuerzas armadas, 28 por ciento y los guerrilleros, 46 por ciento. Colombia ocupa los lugares 14 y 25, entre 73 casos con informaci&oacute;n sobre duraci&oacute;n y n&uacute;mero de muertes del conflicto armado interno. Al combinar duraci&oacute;n y n&uacute;mero de muertes, Colombia se compara s&oacute;lo con Afganist&aacute;n, Angola, Sud&aacute;n y Ruanda &#91;Echeverry y otros 2001&#93;.</p>     <p>Entre 1985 y 1998, el n&uacute;mero de secuestros informados se multiplic&oacute; por once y para el mismo per&iacute;odo, la cifra por cada mill&oacute;n de habitantes pas&oacute; de nueve a ochenta. Entre 1996 y 1999, los casos de secuestro fueron 6.444, de los cuales, 5.800 fueron hechos cometidos contra civiles y 644, contra personal de las fuerzas armadas. El 81 por ciento de los casos contra la poblaci&oacute;n civil tuvo una motivaci&oacute;n econ&oacute;mica &#91;Mej&iacute;a 2001&#93;. Las estad&iacute;sticas muestran un innegable aumento de los cr&iacute;menes violentos en Colombia en los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os. Se sabe que los indicadores no registran la totalidad de los delitos cometidos y no hay acuerdo sobre las razones que los motivaron y los agentes que los impulsaron.</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>LA ECONOM&Iacute;A IBA BIEN</b></font></p>     <p>En la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo veinte, Colombia vivi&oacute; profundas transformaciones institucionales, al igual que otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n latinoamericana. Cambiaron las reglas del juego en la econom&iacute;a y los empresarios debieron enfrentar un nuevo escenario nacional y mundial. El crecimiento econ&oacute;mico fue menos din&aacute;mico que en las d&eacute;cadas anteriores, pero se mantuvo positivo hasta finales del decenio, los indicadores sociales mejoraron durante los primeros ocho a&ntilde;os y sufrieron un brusco deterioro en los &uacute;ltimos dos a&ntilde;os, de tal manera que hubo un regreso de una d&eacute;cada en los indicadores de desarrollo humano. La apertura comercial no estuvo acompa&ntilde;ada de la devaluaci&oacute;n prevista, por razones que a&uacute;n no est&aacute;n completamente esclarecidas. La expectativa de unos ingresos extraordinarios, provenientes de las exportaciones futuras de petr&oacute;leo, a ra&iacute;z del megadescubrimiento petrolero de Cusiana en 1993; la afluencia de capitales, en el marco de normas que la favorecieron, inclusive el de capitales de colombianos en el exterior; y los ingresos por exportaciones ilegales pudieron contribuir a la revaluaci&oacute;n.</p>     <p>La desaceleraci&oacute;n econ&oacute;mica de los &uacute;ltimos a&ntilde;os se atribuye a m&uacute;ltiples causas. Algunos la atribuyen al necesario ajuste despu&eacute;s de una burbuja de consumo privado y p&uacute;blico, a lo largo de la d&eacute;cada; otros, a fuerzas de car&aacute;cter ex&oacute;geno a la econom&iacute;a; otros m&aacute;s, a la falta de gradualidad en la adopci&oacute;n de la primera ola de reformas estructurales. Inclusive, hay quienes afirman que los &eacute;xitos en el desmembramiento de los grandes carteles de la droga en la segunda mitad de los a&ntilde;os noventa pudieron influir en la reducci&oacute;n del crecimiento de la demanda agregada en la econom&iacute;a. En fin, las razones son complejas. Se requieren estudios, evaluaci&oacute;n y distancia en el tiempo y hacer an&aacute;lisis comparativos, para poder concluir sobre los factores de origen interno y externo y las ense&ntilde;anzas para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas. Aqu&iacute; se retiene apenas su ocurrencia. La reducci&oacute;n del dinamismo de la econom&iacute;a ha permitido descorrer el velo que manten&iacute;a oculta la situaci&oacute;n de grave deterioro de otros indicadores del comportamiento pol&iacute;tico y social en el pa&iacute;s. La existencia de ese velo es una de las razones por las que los economistas no hab&iacute;an estudiado la violencia y el crimen en Colombia.</p>     <p>Este estudio era un asunto de polit&oacute;logos y soci&oacute;logos, de violent&oacute;logos, y no porque la situaci&oacute;n social fuera la mejor. El narcoterrorismo de finales de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os ochenta mat&oacute; tres candidatos presidenciales y aterr&oacute; a la poblaci&oacute;n; la toma del Palacio de Justicia hecha por el M19 en 1985 tuvo un desenlace sangriento y dej&oacute; ac&eacute;fala la Corte Suprema de Justicia y los cr&iacute;menes cometidos en 1991 no han vuelto a superaren n&uacute;mero los registros posteriores Las agencias calificadoras de riesgo tambi&eacute;n ignoraron el riesgo que la delicada situaci&oacute;n de orden p&uacute;blico estaba gestando. El grado de inversi&oacute;n no se perdi&oacute; en el cuestionado gobierno de Samper Piza no (1994-1998); se perdi&oacute; cuando la incertidumbre producida por el escalamiento del conflicto armado aliment&oacute; unas expectativas negativas y hundi&oacute; a la econom&iacute;a en su peor recesi&oacute;n, en 1999.</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>LA TEOR&Iacute;A ECON&Oacute;MICA Y LA VIOLENCIA</b></font></p>     <p>La otra raz&oacute;n por la que los economistas no hab&iacute;an estudiado el crimen en Colombia se relaciona con la evoluci&oacute;n misma de la teor&iacute;a. Para la corriente principal, el hombre econ&oacute;mico maximiza su bienestar bajo unas restricciones, cuya legitimidad no cuestiona. Se elimina as&iacute; la posibilidad te&oacute;rica de que una parte importante de la poblaci&oacute;n emprenda actos de violencia contra el sistema &#91;L&oacute;pez 2000&#93;. Desde los a&ntilde;os setenta, nume rosos trabajos comenzaron a incluir en el esquema anal&iacute;tico de la co rriente principal el examen de las restricciones, de las instituciones y del comportamiento individual que pueden afectar las decisiones y las solu ciones de los sistemas en los que se toman esas decisiones.</p>     <p>Un primer grupo de aportes hace &eacute;nfasis en variables de car&aacute;cter sist&eacute;mico, para explicar el conflicto a partir del an&aacute;lisis de los desajustes estructurales de la sociedad y de la macroeconom&iacute;a. El desempleo, la desigual distribuci&oacute;n de ingreso y la inflaci&oacute;n generan penuria econ&oacute;mica &#91;Sneyder 1975 y Gupta 1977&#93; y la posibilidad de descontento de la poblaci&oacute;n. Tambi&eacute;n influye la incapacidad pol&iacute;tica de los gobiernos para satisfacer las demandas de la poblaci&oacute;n. Las variables sociosicol&oacute;gicas, relacionadas con la frustraci&oacute;n de los individuos generada por el entorno, se han utilizado para explicar en forma hol&iacute;stica otras causas del conflicto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los pensadores de la escuela institucionalista, John Commons, se concentra en el estudio de la ley, los derechos de propiedad y las organizaciones, su evoluci&oacute;n e impacto sobre el poder econ&oacute;mico y legal, las transacciones econ&oacute;micas y la distribuci&oacute;n de ingreso. A partir de all&iacute;, Commons, a diferencia de Veblen, concluye que la instauraci&oacute;n de instituciones es el resultado de un proceso formal e informal de resoluci&oacute;n de conflictos. El &eacute;xito de la instituci&oacute;n va a depender de la generaci&oacute;n de un valor razonable acordado al cese del conflicto.</p>     <p>La escuela neoinstitucionalista, cuyo pensador m&aacute;s destacado es Douglas North, comienza a adquirir la forma de un cuerpo te&oacute;rico, estructurado alrededor de aportes diversos. Entre ellos se destacan los trabajos sobre derechos de propiedad y ley com&uacute;n (Demsetz, Alchian), que analizan el proceso de elecci&oacute;n p&uacute;blica; la b&uacute;squeda de rentas p&uacute;blicas y las coaliciones distributivas (Olson), los estudios de las organizaciones, los costos de las transacciones (Coase, Williamson) y la teor&iacute;a de la agencia (jensen y Meckling) &#91;L&oacute;pez 2000&#93;.</p>     <p>Para North, las instituciones determinan el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de una sociedad, a partir de un conjunto de incentivos. Al introducir la dimensi&oacute;n temporal al an&aacute;lisis, se puede entender el cambio institucional. La experiencia acumulada por una sociedad, su aprendizaje colectivo, determina la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica y su existencia no siempre garantiza que una sociedad resuelva sus problemas. No siempre los arreglos que persisten en una econom&iacute;a son los m&aacute;s eficientes. <i>La path dependance</i> se manifiesta en la forma como ciertos' accidentes' iniciales determinan la senda sub&oacute;ptima y exc&eacute;ntrica en que puede evolucionar una econom&iacute;a &#91;Hodgson 1994&#93;. Muy buena parte de la senda de desarrollo de una sociedad est&aacute; condicionada, entonces, por su pasado. Para esta escuela, la violencia puede verse como parte del cambio institucional. North dice que los cambios violentos o discontinuos pueden aparecer cuando el contexto institucional hace imposible que los jugadores efect&uacute;en nuevos acuerdos y compromisos, de manera que se d&eacute; un nuevo arreglo institucional. En ese caso, la violencia puede ser la &uacute;nica salida. Un aspecto im portante para rescatar de este enfoque es su insistencia en la especificidad de cada caso hist&oacute;rico y la imposibilidad de una teor&iacute;a general.</p>     <p>Este enfoque ha dado lugar a una abundante literatura de la anatom&iacute;a de los conflictos.</p>     <p>Es posible clasificar y cuantificar los diferen tes conflictos, de acuerdo con sus caracter&iacute;sticas sociopol&iacute;ticas. Se analizan la intensidad y el n&uacute;mero de los conflictos, su duraci&oacute;n y localizaci&oacute;n. Se los relaciona con el crecimiento econ&oacute;mico y las magnitudes macroecon&oacute;micas. El conflicto va a incidir en la econom&iacute;a, seg&uacute;n este enfoque, de acuerdo con lo que los agentes crean sobre la duraci&oacute;n del conflicto. Si creen que es permanente, sus decisiones intertemporales se afectar&aacute;n y habr&aacute; un impacto sobre el tipo y ritmo de crecimiento de la econom&iacute;a, as&iacute; como sobre la acumulaci&oacute;n de capital, bajo las formas de capital f&iacute;sico, humano y social. Este &uacute;ltimo corresponde a la noci&oacute;n institucionalista del proceso de construcci&oacute;n de arreglos sociales, que permite ordenar las relaciones de poder y la econom&iacute;a en una sociedad. Cuando el conflicto vulnera la fortaleza de las instituciones resultantes de esos arreglos, se debilita el crecimiento de la econom&iacute;a.</p>     <p>Con respecto al capital f&iacute;sico, el conflicto puede destruirlo o impedir su formaci&oacute;n, mediante la reducci&oacute;n de la capacidad de la sociedad para absorber la tecnolog&iacute;a, o debido a la incertidumbre de los agentes. Como muestran Echeverry y otros &#91;2001&#93;, el conflicto puede alterar adem&aacute;s la senda de acumulaci&oacute;n &oacute;ptima del capital f&iacute;sico, a trav&eacute;s de su erosi&oacute;n, destrucci&oacute;n o reasignaci&oacute;n a otros usos. Se puede deteriorar su valor, se puede destruir f&iacute;sicamente o se puede reasignar a otros usos no &oacute;ptimos. Tambi&eacute;n puede ocurrir que se utilice con motivos de guerra o criminales, utilizaci&oacute;n que es posible, debido al debilitamiento de las instituciones.</p>     <p>Las decisiones de consumo y de inversi&oacute;n pueden cambiar ante la percepci&oacute;n que tengan los agentes sobre la duraci&oacute;n de su vida. El gobierno tambi&eacute;n puede no sentirse estimulado a ofrecer una adecuada provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos, porque subvalora el largo plazo, lo cual aumenta los costos de transacci&oacute;n. La fragilidad institucional y la incertidumbre pol&iacute;tica act&uacute;an como un impuesto a la inversi&oacute;n, que la desestimula y que reduce el crecimiento.</p>     <p> El conflicto tambi&eacute;n modifica la estructura de las finanzas p&uacute;blicas. El aumento del gasto militar puede requerir para su financiamiento mayores impuestos o mayor endeudamiento y desplazar al sector privado en la obtenci&oacute;n de recursos para financiar inversi&oacute;n productiva. Un conflicto puede alterar la forma como se utiliza el trabajo y propiciar la fuga de capital humano.</p>     <p>La evidencia emp&iacute;rica sugiere que aunque cada caso tiene una din&aacute;mica particular, es posible identificar elementos comunes de la reconstrucci&oacute;n de las sociedades, una vez terminado el conflicto. Los trabajos que analizan los dividendos de la paz muestran que la fase de posconflicto es de desbarajustes sociales, de reconstrucci&oacute;n de las instituciones y del tejido social y que por tanto, la recuperaci&oacute;n de la econom&iacute;a torna un tiempo y absorbe unos recursos, cuya magnitud depende de las caracter&iacute;sticas que haya tenido la confrontaci&oacute;n previa, en t&eacute;rminos de la capacidad de producci&oacute;n que haya destruido, de los impactos que haya tenido en el capital humano y las instituciones y de su duraci&oacute;n e intensidad.</p>     <p>Un segundo grupo de trabajos, inspirado en tesis neoinstitucionalistas y de bienes p&uacute;blicos y que tiene un enfoque metodol&oacute;gico microecon&oacute;mico, se pregunta por las razones que tiene un individuo para sumarse a una rebeli&oacute;n. La teor&iacute;a de la selecci&oacute;n racional propone en calidad de factores que explican esa motivaci&oacute;n variables como la pena y el dolor; la p&eacute;rdida y la ganancia, la recompensa y el castigo. La decisi&oacute;n de participar en una rebeli&oacute;n es tomada por el individuo en condiciones de incertidumbre; entonces, el an&aacute;lisis se basa en modelos de utilidad esperada. Cuando se introducen los bienes p&uacute;blicos en el modelo, aparece una contradicci&oacute;n con el principio de maximizaci&oacute;n del beneficio individual. El principio de no exclusi&oacute;n en el consumo de estos bienes crea el problema del 'pasajero clandestino', cuyo comportamiento ser&aacute; oportunista. Los agentes no tomar&aacute;n parte en la acci&oacute;n colectiva porque saben que se beneficiar&aacute;n de ella, aun sin haber participado en su financiamiento &#91;01- son 1971&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Tullock &#91;1971&#93; trata de resolver este problema incluyendo en la funci&oacute;n de u tilidad de los individuos que consideran la decisi&oacute;n de sumarse a un grupo rebelde no solamente la adquisici&oacute;n de bienes p&uacute;blicos, sino tambi&eacute;n la diversi&oacute;n que les proporciona la rebeli&oacute;n. Un enfoque alternativo &#91;Cupta 1990&#93; ve al individuo como alguien que optimiza objetivos individuales y sociales; el deseo de maximizar la utilidad del grupo lo lleva a participar en acciones colectivas, en procura de bienes p&uacute;blicos, sin entrar en contradicci&oacute;n con la b&uacute;squeda de su bienestar individual &#91;L&oacute;pez 2000&#93;.</p>     <p>El tercer grupo de aportes se refiere a la llamada econom&iacute;a del crimen, derivada de desarrollos del pensamiento de Cary Becker &#91;1968&#93;. Seg&uacute;n Becker, el criminal es un agente racional que toma la decisi&oacute;n de delinquir, como resultado de un an&aacute;lisis costo/beneficio, que incorpora la informaci&oacute;n sobre la probabilidad de ser castigado. El mercado de delitos<sup><a name="nr2"></a><a href="#2">2</a></sup> determina el <i>quantum</i> de crimen, a partir de una oferta de delitos de los delincuentes y de una demanda de protecci&oacute;n estatal o privada contra el crimen. Esta aproximaci&oacute;n lleva entonces al examen del sistema de justicia y del r&eacute;gimen de penas, esto es, al examen de las instituciones. Se supone que un aumento &oacute;ptimo del gasto p&uacute;blico en seguridad y justicia neutralizar&aacute; la influencia de un incremento de la violencia que afecte temporalmente la econom&iacute;a.</p>     <p>La econom&iacute;a del crimen explica los efectos permanentes de la criminalidad en una sociedad y las razones por las que un choque inicial se difunde y perdura como caracter&iacute;stica de una sociedad. La congesti&oacute;n de los procesos judiciales y del sistema carcelario puede llevar a un aumento de la impunidad y con &eacute;l, al de los incentivos para delinquir. La difusi&oacute;n del 'saber hacer', inclusive a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, educa a nuevas cohortes de delincuentes. De otro lado, se puede generar un efecto demostraci&oacute;n, sobretodo entre la poblaci&oacute;n joven que le d&eacute; un valor social a las actitudes y posesiones del delincuente. Para que todo esto se reproduzca, la condici&oacute;n necesaria es la existencia de ese choque criminal inicial.</p>     <p>Los estudios emp&iacute;ricos han documentado y contrastado con estas hip&oacute;tesis te&oacute;ricas, las estad&iacute;sticas criminales en diferentes pa&iacute;ses y momentos en el tiempo. Se verifica que la existencia de c&oacute;digos y normas es importante, pero que m&aacute;s all&aacute; de lo severas que sean las penas en un pa&iacute;s con los diferentes delitos, la verdadera disuasi&oacute;n proviene de la posibilidad de ser atrapado. Los criminales pueden ser m&aacute;s dados a asumir el riesgo que el resto de los ciudadanos y los castigos nominales pueden tener que ver no tanto con su decisi&oacute;n de delinquir, sino m&aacute;s bien con la probabilidad efectiva de ser sujeto de ese castigo.</p>     <p>Se constatan las hip&oacute;tesis de congesti&oacute;n y de contagio, no s&oacute;lo para los individuos, sino adem&aacute;s para las ciudades, las regiones y los pa&iacute;ses. M&aacute;s controvertida ha sido la evidencia sobre la relaci&oacute;n entre crecimiento econ&oacute;mico y criminalidad. Seg&uacute;n esta hip&oacute;tesis, en las fases iniciales del desarrollo, del despegue a la Rostov, o de la acumulaci&oacute;n originaria a la Carlos Marx, se da un aumento de la criminalidad por algo que podr&iacute;amos llamar la infancia de las instituciones. En zonas de colonizaci&oacute;n o cuando el despegue ha estado vinculado con la explotaci&oacute;n de productos mineros, metales preciosos y cultivos il&iacute;citos, la violencia ha sido notoria, en varias de sus manifestaciones, esto es, como aumento del crimen y como ausencia del monopolio del Estado sobre la coerci&oacute;n f&iacute;sica de las personas. Sin embargo, en estas fases se ha visto tambi&eacute;n c&oacute;mo aumentan, y en ocasiones superan, las rentabilidades de actividades legales, en relaci&oacute;n con las ilegales y por ello, los resultados no permiten llegar a conclusiones generales.</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>&iquest;QU&Eacute; HAN DICHO LOS ECONOMISTAS EN LOS &Uacute;LTIMOS A&Ntilde;OS SOBRE LA VIOLENCIA EN COLOMBIA?</b></font></p>     <p>El discurso inaugural de Armando Montenegro en el Seminario sobre Jus ticia y Seguridad, organizado por el Departamento Nacional de Planeaci&oacute; n en 1994, discurso titulado Justicia y Desarrollo, inaugura tambi&eacute;n una producci&oacute;n intelectual sobre la econom&iacute;a del crimen y el an&aacute;lisis institucional de la violencia en el pa&iacute;s. Otros aportes pioneros fueron los de Posada &#91;1994&#93;, Gait&aacute;n &#91;1995&#93;, Montenegro y Posada &#91;1995&#93; y Rubio &#91;1995&#93;. Despu&eacute;s vendr&iacute;an los estudios de Echeverry y Partow &#91;1998&#93;, Gaviria &#91;2001&#93;, Rubio &#91;1999&#93; y Alesina &#91;2001&#93;, entre otros.</p>     <p>Echand&iacute;a &#91;1992,1999&#93;, Bejarano y otros &#91;1997&#93; y Reyes &#91;1999&#93; documentaron los aspectos regionales de la violencia, incluidos en varios de los trabajos mencionados anteriormente. Sarmiento y Becerra &#91;1998&#93; y L&oacute;pez y Garc&iacute;a &#91;1999&#93; indagan hasta qu&eacute; punto variables como la desigualdad econ&oacute;mica y la exclusi&oacute;n pol&iacute;tica y social explican la violencia en Colombia. Estos dos &uacute;ltimos trabajos se inscriben en una vertiente, cuyo mayor exponente es el estudio realizado por la Comisi&oacute;n de Estudios de la Violencia en 1987, que ve la violencia como un fen&oacute;meno complejo y multicausal, en el que tienen un peso grande las variables relacionadas con la estructura econ&oacute;mica y las instituciones. La distribuci&oacute;n inequitativa de la riqueza, del ingreso y de las oportunidades ha producido la exclusi&oacute;n de amplios grupos y regiones de la poblaci&oacute;n, en las decisiones pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales, con el agravante de que el Estado no tiene presencia en vastas zonas del pa&iacute;s. Esta tradici&oacute;n re&uacute;ne trabajos que van desde la publicaci&oacute;n del estudio sobre la Violencia, de Monse&ntilde;or Guzm&aacute;n, Eduardo Uma&ntilde;a y Orlando Fals Borda, a principio de la d&eacute;cada de los a&ntilde;os sesenta, hasta algunos de las art&iacute;culos incluidos en las compilaciones realizadas por Jaime Arocha y otros &#91;1998&#93;, Camacho y Leal &#91;1999&#93; ylasdel DNPy el Banco Mundial &#91;Solimanoyotros 1999&#93;; pasando por el muy citado estudio de Libardo Sarmiento y Osear Fresneda &#91;1988&#93;, sobre pobreza y violencia. Los art&iacute;culos de Consuelo Corredor, Dar&iacute;o Restrepo, Fernando Cubides y Carlos Miguel Ortiz, publicados en Mart&iacute;nez &#91;2001&#93;, se pueden situar en el marco de esta aproximaci&oacute;n.</p>     <p><font face="verdana" size="3"><b>ALGUNOS ESTUDIOS</b></font></p>     <p>En el marco de la teor&iacute;a institucional y de la literatura de anatom&iacute;as del conflicto, Juan Carlos Echeverry, Natalia Salazar y Ver&oacute;nica Navas &#91;2001&#93; ofrecen un conjunto de 'hechos estilizados', que permiten comparar el conflicto colombiano con otros conflictos armados internos, CAI, en el mundo. Entre las muchas contribuciones de este estudio, se destaca una primera, que consiste en proponer una definici&oacute;n de conflicto interno armado:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p>La definici&oacute;n que consideramos m&aacute;s completa y sencilla se fundamenta en el enfrentamiento entre grupos organizados, que resulta en un n&uacute;mero considerable de muertos. Esta estructura implica la movilizaci&oacute;n de grupos de acuerdo con una motivaci&oacute;n espec&iacute;fica que puede ser expl&iacute;cita o impl&iacute;cita la cual se traduce en actividades delictivas con un prop&oacute;sito definido. Por lo' tanto la violencia no es considerada como un objetivo en s&iacute; mismo, sino corno un instrumento para alcanzar un determinado fin pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico. Por lo general el conflicto est&aacute; relacionado con la b&uacute;squeda o la preservaci&oacute;n del poder &#91;Echeverry y otros 2001, 83&#93;.</p></blockquote>     <p>Con tal definici&oacute;n se puede ganar rigor en ,trabajo; posteriores, ya que es frecuente que se hable indistintamente de 'guerra', 'violencla' , crimen' y 'conflicto', para designar la misma realidad: el conflicto armado &iacute;nterno que desangra a Colombia.</p>     <p>En este art&iacute;culo se hace una rese&ntilde;a de los conflictos internos en el munÂ­do, entre los a&ntilde;os 1950 y 1998; se identifican las caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas del origen y motivaci&oacute;n de cada conflicto; se analiza el impacto del CAI sobre las variables macroecon&oacute;micas y sobre el crecimiento econ&oacute;mico; con este marco se eval&uacute;a el conflicto colombiano en el contexto internacional. Los resultados muestran una relaci&oacute;n negativa entre la duraci&oacute;n del conflicto y la p&eacute;rdida de crecimiento-a mayor duraci&oacute;n del conflicto, menor p&eacute;rdida de crecimiento. Esta p&eacute;rdida se establece en relaci&oacute;n con el crecimiento de la regi&oacute;n circundante y con el crecimiento de largo plazo. El n&uacute;mero de muertes, esto es, la intensidad del conflicto,no parece incidir sobre la p&eacute;rdida de crecimiento; los conflictos' persisten', es decir, una vez comienzan, perduran, y si se superan, solo es temporalmente; se observa reincidencia del CAI.</p>     <p>En el caso colombiano, se encuentra que el CAl es uno de los m&aacute;s largos e intensos del mundo. Sin embargo, la p&eacute;rdida anual de crecimiento es baja, comparada con el crecimiento de otros pa&iacute;ses de la regi&oacute;n<sup><a name="nr3"></a><a href="#3">3</a></sup> no obstante, este registro anual puede subestimar el efecto; en el largo plazo, la econom&iacute;a se aleja en forma permanente de su senda de crecimiento de largo plazo. Adem&aacute;s, el deterioro institucional causada por la extensi&oacute;n del conflicto acent&uacute;a su efecto negativo sobre el crecimiento de largo plazo.</p>     <p>Adem&aacute;s de estas conclusiones generales, se hacen numerosas referencias singulares a las hip&oacute;tesis m&aacute;s verificadas en la literatura; A manera de ilustraci&oacute;n, los autores dicen que "parece haber una relaci&oacute;n entre la existencia de conflictos armados y el grado de desarrollo del pa&iacute;s" . De acuerdo con el &iacute;ndice de desarrollo humano, IDH, de 1998, el41 por CIento de los pa&iacute;ses clasificados en la mitad inferior del &iacute;ndice ,experimentaron al menos un conflicto interno a lo largo de la ultima d&eacute;cada, mientras que tan s&oacute;lo el 15 por ciento de los pa&iacute;ses en la mitad superior experimentaron guerras en el mismo per&iacute;odo. El Instituto Internacional de Investigaci&oacute;n y Paz de Estocolmo concluye que existe un umbral, en relaci&oacute;n con el nivel de ingresos del pa&iacute;s, a partir del cual no ocurren conflictos armados civiles.</p>     <p>Pero la relaci&oacute;n de causalidad entre la existencia de CAI y el ritmo de crecimiento del pa&iacute;s que lo experimenta no est&aacute; probada. Echeverry y otros &#91;2001&#93; afirman, citando a Collier que:</p>     <blockquote>    <p>Estudios econom&eacute;tricos concluyen que existe una relaci&oacute;n de causalidad en ambos sentidos entre el crecimiento del PIB y la existencia de conflictos armados siendo m&aacute;s fuerte en la direcci&oacute;n de un bajo crecimiento como causante del conflicto &#91;1998, 90&#93;.</p></blockquote>     <p>De otra parte, se afirma que el conflicto colombiano, de acuerdo con la definici&oacute;n y las cifras registradas por los organismos internacionales, aparece como de intensidad mediana, pero el n&uacute;mero de muertos por esta causa en Colombia est&aacute; subestimado, porque s&oacute;lo "una parte de las muertes rurales son clasificadas como resultantes del conflicto y las debidas a acciones del narcotr&aacute;fico est&aacute;n excluidas" &#91;Echeverry y otros 2001, 91&#93;. Los autores comparten la idea de Echand&iacute;a &#91;1999&#93;, acerca de que hay una estrecha relaci&oacute;n entre guerrilla, narcotr&aacute;fico, violencia urbana y violencia rural y que por ello Colombia tiene un conflicto de alta intensidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este trabajo ubica el conflicto colombiano en un contexto regional y mundial y deja abiertas numerosas preguntas, que con seguridad motivar&aacute;n trabajos posteriores. Entre ellos, cabe mencionar la relaci&oacute;n entre conflicto y gasto social; la relaci&oacute;n entre conflicto, crimen y libertades civiles; la forma como un entorno de incertidumbre y desconfianza social eleva los costos de transacci&oacute;n y la relaci&oacute;n del conflicto con la competitividad internacional de Colombia.</p>     <p>Carlos Esteban Posada y Francisco Gonz&aacute;lez presentan, desde el punto de vista microecon&oacute;mico, una explicaci&oacute;n del crecimiento notorio de los homicidios y el secuestro y de la criminalidad en general, medida por la relaci&oacute;n del&iacute;tos/poblac&iacute;&oacute;n.<sup><a name="nr4"></a><a href="#4">4</a></sup> <i>pari passu</i> el crecimiento del gasto en defensa, justicia y seguridad (DJS), en la d&eacute;cada de los a&ntilde;os noventa. Tambi&eacute;n examinan las condiciones bajo las que se obtendr&aacute; un resultado &oacute;ptimo, al elevar o reducir el gasto en DJS y c&oacute;mo establecer una complementareidad -en el margen- entre magnitud y eficiencia del gasto. Los autores aceptan que hay diferencias entre los conceptos de la violencia pol&iacute;tica y la criminalidad, pero trabajan con un agregado del gasto DJS, en vista de la dificultad de separar las acciones atribuibles a cada una de ellas en el pa&iacute;s y, por ende, los gastos orientados a controlar sus manifestaciones.</p>     <blockquote>    <p>La primera &#91;la violencia pol&iacute;tica&#93; siempre es colectiva, ataca un orden social y sus promotores pretenden ofrecer, a la postre, un bien p&uacute;blico; la segunda &#91;la criminalidad&#93; se puede definir por la carencia de los atributos anteriores. Con todo, en Colombia, y al menos desde principios de los a&ntilde;os ochenta, la l&iacute;nea divisoria es bastante tenue y fluctuante &#91; &hellip; &#93; y, adem&aacute;s, las acciones guerrilleras han contribuido a congestionar la labor de la polic&iacute;a y a la justicia y a generar, entonces, externalidades positivas a la industria del delito com&uacute;n &#91; &hellip;&#93; en consecuencia se utiliza un modelo en el cual los gastos de defensa, justicia y seguridad se agrupan en uno solo ya que los objetivos de tal gasto, aunque distintos en principio, convergen en la pr&aacute;ctica colombiana en uno s&oacute;lo: tratar de proteger a la sociedad civil de los atentados contra la Vida, la libertad individual y el patrimonio &#91;Posada y Gonz&aacute;lez 2001, 135&#93;</p></blockquote>     <p><b>El gasto en defensa externa se considera constante y carente de inter&eacute;s para el an&aacute;lisis en el margen.</b></p>     <p>Se aclara que el ejercicio no es un modelo del crimen, sino un modelo de las consecuencias del crimen sobre el gasto &oacute;ptimo en DJS. Es una adaptaci&oacute;n del modelo de un agente racional-optimizador-, representativo de 'la sociedad civil' o de los constituyentes primarios. Se hacen supuestos sobre el horizonte de planeaci&oacute;n, sobre la capacidad de razonamiento y de decisi&oacute;n del agente ante las acciones criminales y sobre la capacidad de los criminales de influir en el DJS. El ahorro -lo que no se consume en protecci&oacute;n- se gasta en crear mayor capacidad productiva. La riqueza material es &uacute;nicamente el capital productivo de una sociedad y no se desgasta. El DJS s&oacute;lo se gasta para reparar las p&eacute;rdidas causadas por la criminalidad. La utilidad del agente representativo depende del consumo y de la tranquilidad que le da un cierto gasto en seguridad y justicia. El problema del agente representativo es hacer m&aacute;ximo el valor presente de sus utilidades peri&oacute;dicas. El DJS se financia plenamente con impuestos de suma fija. Se cumple la condici&oacute;n de transversalidad: el valor presente de los gastos del agente representativo es igual al valor pre sente de sus ingresos netos de impuestos.</p>     <p>El gasto real en DJS en Colombia ha crecido desde 1950 en t&eacute;rminos absolutos y en relaci&oacute;n con el PIB. Este gasto creci&oacute; entre 1950 y 1955 Y entre 1958 y 1971; descendi&oacute; hasta 1977; despu&eacute;s creci&oacute; hasta un pico en 1997: 4,64 por ciento del PIB -cifras de ejecuci&oacute;n presupuestal, diferente a caja, en cabeza del Ministerio de Justicia, la Fiscal&iacute;a, la rama judicial, la polic&iacute;a y la defensa nacional. El crecimiento de este gasto fue mayor que el de otros componentes del consumo p&uacute;blico y mayor que el del consumo privado,as&iacute; que su participaci&oacute;n en el consumo ha aumentado. Esto obedece de acuerdo con la predicci&oacute;n' ambigua' del modelo, al crecimiento de la criminalidad, en particular, al aumento de los homicidios.</p>     <p>Con respecto a la eficiencia, se analizan dos tipos de indicadores: los de eficiencia intr&iacute;nseca, basados en procedimientos del c&oacute;digo penal: a Sentencias condenatorias/sumarios iniciados; b. resoluciones de acusaci&oacute;n/providencias de calificaci&oacute;n; y c. personas aprehendidas/delitos con truciacion de sumario, para el periodo 1971-1993. Estos indicadores de eficiencia intr&iacute;nseca mejoraron desde mediados de los a&ntilde;os ochenta En cambio, el indicador de eficiencia extrinseca, la relaci&oacute;n entre el n&uacute;mero de homicidios y el de personas capturadas, cae desde 1982. De la misma manera, desde 1984, cae el indicador de ineficiencia aparente: numero total de delitos/monto total de OJS en pesos constantes.</p>     <p>Se concluye que ha existido una respuesta &oacute;ptima ante el aumento de la criminalidad en Colombia. Los incrementos aut&oacute;nomos de la eficiencia del gasto, antes de un descenso de la criminalidad, debidos a esfuerzos de los funcionarios, conducen a un aumento del nivel &oacute;ptimo de tal gasto. El modelo. puede verse como la explicaci&oacute;n de las condiciones en las que no es pertinente suponer la existencia de un <i>trade</i>-<i>off</i>-dilema- entre el nivel y la eficiencia del gasto DJS. Si la eficiencia del gasto se estanca, puede no ser &oacute;ptimo continuar elev&aacute;ndolo. Para reducir sustancialmente el crimen. la sociedad deber&aacute; aceptar un aumento en DJS, si observa un aumento de su eficiencia.</p>     <p>El modelo de un agente representativo que maximiza en nombre de la sociedad el gasto en justicia, seguridad y defensa le permite a los autores hacer una aplicaci&oacute;n para el caso de da&ntilde;os sobre el capital material y vidas infinitas y para extenderlo al da&ntilde;? sobre el capital humano y con vidas finitas. El modelo muestra que si crece la criminalidad, la sociedad prefenra un gasto mayor, siempre y cuando aumente la eficiencia de ese gasto. En el caso de Colombia, la eficiencia ha sido baja en la lucha contra el homicidio y los secuestros y la sociedad podr&iacute;a estar dispuesta a elevar el gasto en DJS, si mejora la eficiencia de ese gasto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un art&iacute;culo de Alejandro Gaviria &#91;2001&#93;, realizado en el marco de la econ&oacute;mia del crimen, busca una explicaci&oacute;n del crecimiento del crimen en Colombia. Para ello, elabora tres modelos de externalidades. En el primero, los criminales hacen m&aacute;s atractivo el crimen para quienes viven a su alrededor, porque con sus acciones congestionan el sistema de ejecuci&oacute;nn de la ley y reducen la probabilidad de la aprehensi&oacute;n y el castigo. En el segundo, se incorporan los conocirruentos de los criminales y la forma como estos conocimientos se difunden. En el tercero, el contacto permanente entre diferentes cohortes etarias de criminales erosiona la moral y modifica los valores sociales. Se encuentra que hay evidencia emp&iacute;rica que le da validez a las tesis enunciadas.</p>     <p>Daniel Mej&iacute;a, en un trabajo realizado para obtener su t&iacute;tulo de Maestr&iacute;a en la Universidad de los Andes (2001), modela la negociaci&oacute;n que se da, cuando alguien es secuestrado, entre sus parientes o amigos y los secuestradores. Cada pago aumenta la percepci&oacute;n de &eacute;xito del secuestrador sobre el pr&oacute;ximo secuestro. Si quien negocia es la sociedad o el planificador central benevolente y toma la decisi&oacute;n de negociar o no negociar, "la regla que sigue incorpora la externalidad que genera &#91; &hellip; &#93; y la decisi&oacute;n tomada es &oacute;ptima desde el punto de vista social'. Como conclusi&oacute;n principal, el modelo predice que mientras la sociedad no 'internalice' la externalidad negativa que est&aacute; generando cuando paga un secuestro, el n&uacute;mero de secuestros no caer&aacute; y que las medidas de pol&iacute;tica son dos: o se aumenta el gasto p&uacute;blico disuasivo o se proh&iacute;be el pago de secuestros.</p>     <p>Ricardo Rocha, en su libro sobre veinticinco a&ntilde;os de narcotr&aacute;fico en Colombia &#91;2001&#93; comienza su aporte a la reflexi&oacute;n de las causas de la escalada del crimen en el pa&iacute;s con una pregunta: &iquest;Por qu&eacute; Colombia? Esta es una pregunta central. La econom&iacute;a del crimen ense&ntilde;a que el choque criminal inicial se difunde, pero queda por explicar qu&eacute; produce ese choque criminal inicial. Su respuesta es que hay varias explicaciones:</p>     <blockquote>    <p>la geograf&iacute;a, el medio ambiente, la tradici&oacute;n del contrabando, los estrechos lazos econ&oacute;micos v culturales con los pa&iacute;ses consumidores, la informalidad de la econom&iacute;a y en particular de las transacciones internacionales, las dotaciones de factores, los reducidos costos de transporte y de incautaci&oacute;n, la demanda externa y el precario control estatal de vastas zonas del pa&iacute;s &#91;223&#93;</p></blockquote>     <p>En seguida, el autor analiza las relaciones del narcotr&aacute;fico con la din&aacute;mica econ&oacute;mica, con el sector rural y con el crimen y las etapas por las que ha pasado la relaci&oacute;n entre narcotr&aacute;fico y sociedad.</p>     <p>El trabajo de Montenegro, Posada y Piraquive &#91;2001&#93; se inscribe, seg&uacute;n sus propias palabras, en la visi&oacute;n de que las causas objetivas de la violencia y el crimen en Colombia son el narcotr&aacute;fico y las bonanzas -la econom&iacute;a de la frontera- y no las relacionadas con la pobreza y la desigual distribuci&oacute;n del ingreso. Esas causas tienen "un gran potencial" para generar violencia en forma persistente. La hip&oacute;tesis central es que el aumento del narcotr&aacute;fico y las bonanzas econ&oacute;micas -banano, petr&oacute;leo, esmeraldas, hoja de coca y coca&iacute;na y oro-, durante los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os, aumentaron los incentivos del crimen y llevaron al colapso del sistema judicial penal, lo que a su vez reforz&oacute; la criminalidad y el mismo narcotr&aacute;fico.</p>     <p>Un primer grupo de ejercicios econom&eacute;tricos, despu&eacute;s de descartar el modelo de determinaci&oacute;n simult&aacute;nea de las variables tasa de homicidios y eficiencia de la justicia, por no haber obtenido resultados satisfactorios, analiza el caso internacional, para 107 pa&iacute;ses, con regresiones uniecuacionales. Se busca examinar las relaciones entre violencia y desarrollo econ&oacute;mico y entre violencia y eficiencia de la justicia. Con respecto a la primera relaci&oacute;n, se intenta verificar si se da el interesante ciclo previsto por la teor&iacute;a, en el sentido de que a bajos niveles de ingreso per c&aacute;pita, el crimen crece junto con el crecimiento econ&oacute;mico; a niveles intermedios de ese ingreso, el crimen evoluciona bajo patrones que se consideran normales y para niveles del ingreso per c&aacute;pita altos, la criminalidad puede volver a aumentar.</p>     <p>Acerca de la relaci&oacute;n entre la violencia y la justicia, la hip&oacute;tesis es que el nivel de la violencia debilita el sistema de justicia y que una mayor eficiencia de la justicia disminuye la violencia. Los resultados, que requieren, como dicen los autores, tomarse con precauci&oacute;n, en raz&oacute;n a que el m&eacute;todo no es el de la simultaneidad, indican que son 'plausibles' las siguientes hip&oacute;tesis: 1) existe una relaci&oacute;n no lineal entre el desarrollo econ&oacute;mico y la violencia, medida por el n&uacute;mero de homicidios, 2) existen relaciones rec&iacute;procas negativas, m&aacute;s o menos contempor&aacute;neas, entre violencia y eficiencia de la justicia; 3) existe una relaci&oacute;n rezagada y positiva entre homicidios y eficiencia de la justicia y 4) existe <i>path dependance</i> en la evoluci&oacute;n hist&oacute;rica del crimen: el nivel de hoy depende del de ayer e influye en el de ma&ntilde;ana, <i>in crescendo</i>.</p>     <p>Un segundo grupo de ejercicios econom&eacute;tricos eval&uacute;a el caso colombiano. Para ello, se realizan an&aacute;lisis de series de tiempo de estad&iacute;sticas agregadas y de corte transversal, con datos de todos los departamentos del pa&iacute;s. Se quiere verificar la validez de las siguientes hip&oacute;tesis: 1) los indicadores de crecimiento y de riqueza est&aacute;n relacionados positivamente con la violencia, 2) el narcotr&aacute;fico tiene una relaci&oacute;n positiva con la violencia, 3) la pobreza no explica la criminalidad, 4) hay paih dependancc en la din&aacute;mica de la violencia y 5) la eficiencia de la justicia es determinante en el control y reducci&oacute;n de la criminalidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Se encuentra suficiente evidencia de la relaci&oacute;n positiva entre violencia y narcotr&aacute;fico, y entre violencia y debilidad del sistema de justicia. Los resultados, en palabras de los autores,</p>     <blockquote>    <p>deben entenderse como relaciones generales que nada dicen sobre la forma particular en que interact&uacute;an fen&oacute;menos sociales tan complejos como los que estamos analizando. En segundo lugar, en el campo normativo, este tipo de estudios apenas bosqueja la direcci&oacute;n de lo que debe hacerse para reducir la violencia. La falla de la justicia, ante el desarrollo del narcotr&aacute;fico, es s&oacute;lo una de las manifestaciones de las deformaciones sociales y pol&iacute;ticas causadas por este fen&oacute;meno &#91;Montenegro y otros 2001,264&#93;</p></blockquote>     <p>Adem&aacute;s, un grupo amplio de la sociedad debe ser el que proponga las salidas. Por &uacute;ltimo, "este estudio muestra una faceta del problema, con seguridad omite y simplifica muchos aspectos que requieren mayor precisi&oacute;n y an&aacute;lisis" &#91;Montenegro y otros 2001, 264&#93;.</p>     <p>Un comentario final sobre el estudio: no se demuestra que la violencia es explicada por las bonanzas econ&oacute;micas, algunas de ellas relacionadas con exportaciones ilegales, hip&oacute;tesis de trabajo muy atractiva y sobre la que hay evidencia internacional,<sup><a name="nr5"></a><a href="#5">5</a></sup> pero que se deja de lado en el desarrollo de los ejercicios. Los hallazgos de Alfredo Sarmiento y Lyda Becerra &#91;1998&#93;, que constataron la existencia de una relaci&oacute;n positiva entre transferencias fiscales a las regiones y n&uacute;mero de homicidios, sugieren una de las rutas que se pueden seguir, al igual que el trabajo de Montenegro y Posada &#91;1995&#93;.</p>     <p>Fabio S&aacute;nchez y &#91;airo N&uacute;&ntilde;ez &#91;2001&#93; se preguntan por los determinantes del crimen violento en siete grandes ciudades y municipios de Colombia, entre 1980 y 1998. En particular, se preguntan cu&aacute;les son los factores que explican la tasa de homicidios. Quieren verificar si las hip&oacute;tesis relacionadas con las 'causas objetivas' contribuyen a explicar su dinamismo o si, por el contrario, variables como el narcotr&aacute;fico o la presencia de organizaciones criminales y grupos armados tienen una mayor pertinencia estad&iacute;stica yeconom&eacute;trica.</p>     <p>Los ejercicios econom&eacute;tricos se realizan a partir de los datos compilados en una base que incluye indicadores socioecon&oacute;micos, de desempe&ntilde;o de la justicia y de presencia de grupos armados. Los resultados permiten a los autores afirmar que para las siete ciudades principales, la explicaci&oacute;n fundamental de la tasa de homicidios fue el narcotr&aacute;fico y, en menor medida, la ineficiencia del aparato judicial, Los resultados de un modelo de panel para 700 municipios colombianos mostraron que las tasas de homicidios &lsquo;est&aacute;n relacionadas &#91; &hellip; &#93; con las variables socioecon&oacute;micas (pobreza, desigualdad y exclusi&oacute;n pol&iacute;tica<sup><a name="nr6"></a><a href="#6">6</a></sup>) y &#91;&hellip; &#93; con &#91; &hellip; &#93; las variables de presencia de actores armados, presencia de narcotr&aacute;fico y eficiencia de la justicia" &#91;308&#93;. Cuando se realiza un ejercicio adicional para explicar el origen de las diferencias en las tasas de homicidios entre grupos de municipios, se encuentra que el 90 por ciento de ellas se explica por la presencia de actores armados, por la ineficiencia de la justicia, por la intensidad del narcotr&aacute;fico y por la interacci&oacute;n entre grupos armados y narcotr&aacute;fico. La recomendaci&oacute;n de pol&iacute;tica que se deriva de este an&aacute;lisis es que si bien la reducci&oacute;n de la pobreza y la desigualdad son objetivos deseables, no es a trav&eacute;s del logro de estos prop&oacute;sitos como se reducir&aacute; la violencia.</p>     <p> El estudio de las reformas institucionales en Colombia, dirigido por Alberto Alesina &#91;2001), incluye un documento sobre crimen y prevenci&oacute;n del crimen en Colombia, de Steven Levitt y Mauricio Rubio, cuyo enfoque es fundamentalmente el de la econom&iacute;a del crimen. La variable principal a ser explicada es el n&uacute;mero de homicidios. Lasvariables que la explican son dos: la primera, el comercio de drogas. Ese mercado se caracteriza porque sus agentes no pueden hacer cumplir los contratos por las v&iacute;as legales y lo hacen mediante la violencia. Estos agentes, de otro lado, no pueden competir, como se compite en otros mercados, mediante la propaganda y los precios. Por fin, la pr&aacute;ctica de estos criminales contagia el irrespeto por la ley a la sociedad que los acoge. La segunda causa es la fragilidad del sistema punitivo en Colombia.</p>     <p> Las relaciones entre el n&uacute;mero de asesinatos y el n&uacute;mero de arrestos, entre este y el n&uacute;mero de condenados y la duraci&oacute;n del per&iacute;odo efectivo de permanencia en prisi&oacute;n son la base de la construcci&oacute;n de un indicador de castigo efectivo en Colombia, que es igual a un d&eacute;cimo del de Estados Unidos,<sup><a name="nr7"></a><a href="#7">7</a></sup> Un aumento del castigo en un 10 por ciento reduce el crimen en 2 por ciento. Llevar el castigo a los niveles de Estados Unidos reducir&iacute;a las tasas de criminalidad en un 50 por ciento, con un ahorro de m&aacute;s de 10.000 muertos al a&ntilde;o.</p>     <p>Las otras dos causas que se le atribuyen a la violencia en Colombia, la actividad guerrillera y la pobreza y la desigualdad de la distribuci&oacute;n del ingreso, en palabras de Alesina, no resisten del todo la prueba de consistencia l&oacute;gica de los argumentos, ni la de la evidencia estad&iacute;stica. La relaci&oacute;n entre homicidios y presencia de la guerrilla es d&eacute;bil. Se constata una relaci&oacute;n entre presencia guerrillera y terrorismo -debe referirse a los atentados a la infraestructura- y secuestros. La tasa de homicidios, excepcionalmente alta en Colombia, no puede explicarse por la desigual distribuci&oacute;n del ingreso o por la pobreza, porque esos indicadores no son tan diferentes de los de otros pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A partir de este diagn&oacute;stico se formulan unas propuestas. Se debe investigar m&aacute;s sobre el crimen y contar con mejor informaci&oacute;n. Se debe luchar contra la corrupci&oacute;n entre los militares e investigar la infiltraci&oacute;n de la Fiscal&iacute;a. Se deben establecer cuerpos elite para luchar contra el secuestro y el homicidio; adem&aacute;s, se les debe dotar de recursos. Se debe imponer la obligatoriedad del fallo y garantizar la seguridad de los jueces. Por &uacute;ltimo, habr&iacute;a que aumentar la capacidad de las prisiones y separar a los criminales, seg&uacute;n la gravedad de los cr&iacute;menes cometidos.</p>     <p>En s&iacute;ntesis estos estudios emp&iacute;ricos sobre la violencia en Colombia, cuyo enfoque es el neoinstitucionalismo y la econom&iacute;a del crimen, han aportado otras perspectivas para comprender la din&aacute;mica del conflicto y para elaborar pol&iacute;ticas. Sin embargo, la 'prueba econom&eacute;trica' de la tesis central de estos estudios, que descarta o le atribuye muy escaso poder de explicaci&oacute;n a las variables relacionadas con la pobreza y la desigualdad y que se lo atribuye a la debilidad de las instituciones de control social y al narcotr&aacute;fico, dista mucho de haberse alcanzado. Los modelos de ecuaciones simult&aacute;neas no han arrojado resultados satisfactorios. La informaci&oacute;n a&uacute;n es precaria. Las variables que se utilizan como 'proxis' de la violencia son insuficientes para captar sus manifestaciones. Las variables que se utilizan para explicarla, como la presencia de grupos armados y narcotr&aacute;fico, son manifestaciones de la misma violencia y deber&iacute;an estar aliado izquierdo de las ecuaciones. Las variables que aproximan categor&iacute;as como participaci&oacute;n pol&iacute;tica y fortaleza del aparato judicial admiten mejoras. En suma, no puede afirmarse que estas tesis son incontrovertibles, porque han resistido la prueba de la verificaci&oacute;n emp&iacute;rica y econom&eacute;trica. En todo caso, las tesis deben ser consistentes, desde el punto de vista l&oacute;gico y desde el momento mismo de la especificaci&oacute;n del modelo. As&iacute; que la discusi&oacute;n est&aacute; abierta y el camino para nuevos trabajos est&aacute; indicado.</p>     <p>Una segunda aproximaci&oacute;n es la que se ha hecho alrededor de las llamadas causas objetivas de la violencia.<sup><a name="nr8"></a><a href="#8">8</a></sup> La desigualdad ser&iacute;a la explicaci&oacute;n de la inconformidad y del conflicto en el pa&iacute;s. Esta hip&oacute;tesis se conoce en la literatura internacional como la de 'privaci&oacute;n relativa'.</p>     <p>En <i>Violencia y equidad</i>, Alfredo Sarmiento &#91;1999&#93; afirma el car&aacute;cter multidimensional de la violencia en Colombia y la pertinencia de un enfoque pluridisciplinario. con el prop&oacute;sito de realizar recomendaciones de pol&iacute;tica. La persistencia de la violencia en Colombia, que se da a pesar de haber sido superada en periodos determinados, a trav&eacute;s de pactos pol&iacute;ticos y sociales, se explica porque el sistema pol&iacute;tico ha excluido a amplias capas de la poblaci&oacute;n, al tiempo que los grupos de intereses particulares se han apropiado de los bienes p&uacute;blicos y han marginado de los servicios sociales a la mayor parte de la poblaci&oacute;n. En este sentido, el r&eacute;gimen ha sido inequitativo. Inspirado en A. Sen y en J. Rawls, define la igualdad como "potencialidad de desarrollo humano en actividades y posibilidades de realizaci&oacute;n, en el acceso y disfrute a un conjunto de bienes sociales", en condiciones de 'isonornia', de igualdad de los individuos ante la ley. Esa capacidad efectiva, en un contexto de libertad, es el derecho m&aacute;s vulnerado por la violencia. Por ello, aun si se supiera que bajo el dominio de los grupos armados reinar&iacute;a el orden y la justicia, la soluci&oacute;n es indeseable, porque se hace bajo la coerci&oacute;n y el miedo. A la luz de este enfoque, los an&aacute;lisis que explican la violencia por el simple incumplimiento de la norma &#91;Rubio 1999&#93; desconocen que ese incumplimiento es, m&aacute;s bien, el resultado de la falta de la democracia y de la equidad. Tampoco es valido, dice, atribuir el origen de la violencia a la miseria y recomendar, en consecuencia, mayor gasto social en las zonas violentas, no s&oacute;lo porque la evidencia muestra otra cosa, sino porque el mensaje estimular&iacute;a la demanda de servicios sociales por v&iacute;as violentas.</p>     <p>El estudio emp&iacute;rico utiliza el &iacute;ndice de calidad de vida, ICY, para medir el nivel de riqueza y la desigualdad. Este &iacute;ndice se construye a partir de la encuesta de calidad de vida y agrupa doce variables en cuatro grupos: el acceso y disfrute de bienes f&iacute;sicos; el acceso y disfrute de capital humano; el acceso a servicios p&uacute;blicos domiciliarios y la composici&oacute;n de la familia. El test emp&iacute;rico busca probar que la violencia, medida como tasa de homicidio, se explica como resultado de la combinaci&oacute;n de varios factores: la riqueza medida por el ICV; la inequidad de la distribuci&oacute;n -coeficiente Gini-; la escolaridad promedio del hogar; la participaci&oacute;n pol&iacute;tica -participaci&oacute;n en la elecci&oacute;n para alcaldes-; la capacidad de gasto estatal, por habitante, en el municipio y la presencia o no de actores armados.</p>     <p>Los hallazgos del estudio de Sarmiento confirman los de Fernando Ca&iacute;t&aacute;n &#91;1995&#93;, en el sentido de que no son los municipios m&aacute;s pobres los m&aacute;s violentos de Colombia, sino aquellos donde la riqueza ha crecido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Lo que se encuentra es una relaci&oacute;n positiva entre violencia y desigualdad, definida en el nivel de los cuatro grupos de factores del ICV y una relaci&oacute;n negativa entre violencia y capital humano, resultado que coincide con el de Juan Luis Londono &#91;1998&#93;. La indiferencia en las elecciones y la presencia de grupos armados tambi&eacute;n mostraron influencia positiva sobre la violencia.</p>     <p>Fernando Cubides &#91;2001&#93; y Carlos Miguel Ortiz &#91;2001&#93;, en dos art&iacute;culos que resultan de un proceso colectivo de reflexi&oacute;n, con otros analistas de la Universidad Nacional, economistas, soci&oacute;logos e historiadores, nos ofrecen, el primero, un an&aacute;lisis del di&aacute;logo entre la econom&iacute;a y la sociolog&iacute;a, en la interpretaci&oacute;n de las violencias colombianas, y un examen, el segundo, de la evoluci&oacute;n de la violencia en m&aacute;s de mil municipios colombianos: en unos, desde 1959 y en otros, desde 1980.</p>     <p>En el primer art&iacute;culo se discuten las tesis de los economistas que califican de sociol&oacute;gicas las explicaciones de la violencia relacionadas con las 'causas objetivas' y se critican las conclusiones de sus trabajos, en particular, las de Fabio S&aacute;nchez y las de Mauricio Rubio.</p>     <p>Dice el autor que es dif&iacute;cil reconocerse en algunos enfoques que se le atribuyen a la explicaci&oacute;n sociol&oacute;gica de la violencia, por cuanto hace tiempo que la sociolog&iacute;a abandon&oacute; ese "modelo de causalidad unilineal que terminaba eximiendo al individuo de la responsabilidad, a cambio de imput&aacute;rsela a la sociedad en su conjunto" &#91;335&#93;. Tambi&eacute;n se ha zanjado la discusi&oacute;n acerca de la explicaci&oacute;n de las tasas de homicidios por la pobreza o la desigualdad, o la pretensi&oacute;n de diferenciar en forma n&iacute;tida la violencia pol&iacute;tica, de la violencia com&uacute;n o que tiene motivos banales. En forma enf&aacute;tica les hace saber a los economistas que "desde su formulaci&oacute;n inicial por Weber, la teor&iacute;a de la acci&oacute;n social apunta a su ra&iacute;z individual, no es concebible sin referencia al actor individual" y que por lo tanto, aunque no lo dice expl&iacute;citamente, no se puede oponer la sociolog&iacute;a a la econom&iacute;a, atribuy&eacute;ndole a la sociolog&iacute;a cl&aacute;sica una visi&oacute;n colectivista y a la econom&iacute;a una visi&oacute;n individualista de la sociedad, como hace Mauricio Rubio, en su art&iacute;culo titulado <i>Rebeldes y criminales</i>, de 1998.</p>     <p>Critica el autor, adem&aacute;s, la inferencia que se hace del hecho de que la proporci&oacute;n de muertos pertenecientes a la guerrilla y a las fuerzas militares dentro del total de homicidios en el pa&iacute;s sea peque&ntilde;a, en el sentido de concluir que la guerrilla no tiene peso como agente organizado de la violencia. Hace una interesante referencia a la l&iacute;nea de trabajo de Jes&uacute;s Antonio Bejarano, quien de manera paciente y perseverante calcul&oacute; los costos econ&oacute;micos de la violencia, lo que contribuy&oacute;, junto con otros estudios, como los de Daniel P&eacute;caut y el del Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, a fundamentar una posici&oacute;n de los empresarios, en favor de la negociaci&oacute;n, porque "la paz es rentable".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el segundo art&iacute;culo, a partir de un seguimiento de cifras en ejes diacr&oacute;nicos para m&aacute;s de mil municipios, en unos, desde 1959, en otros, desde 1980 y en todos, hasta 1997, se clasifican los municipios, de acuerdo con la violencia que experimenten. Esa violencia se caracteriza con cinco indicadores: tasa de homicidios, tasa de secuestro, presencia de grupos guerrilleros o de grupos paramilitares, cultivo de coca o amapola y compra de tierras por el narcotr&aacute;fico. Se constata que, en primer lugar, los municipios violentos no est&aacute;n aislados y comparten macroprocesos, como el de la colonizaci&oacute;n; que los municipios violentos que estaban en la fase de la colonizaci&oacute;n en la &eacute;poca de la Violencia -la de los a&ntilde;os cincuenta- contin&uacute;an siendo violentos, mientras los que eran violentos en los a&ntilde;os cincuenta y ten&iacute;an en esa &eacute;poca un agrupamiento social tradi cional, se convirtieron en pac&iacute;ficos, d&eacute;cadas m&aacute;s tarde; en tercer lugar, que en todos los municipios violentos hay presencia de grupos armados, pero los delitos no provienen de ellos. Entonces, se pregunta, cu&aacute;l es la raz&oacute;n de la relaci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, constata que esos municipios eran violentos antes de la llegada de los grupos armados.</p>     <p>La conclusi&oacute;n del trabajo de Carlos Miguel Ortiz es que la llegada de los grupos armados a las zonas de colonizaci&oacute;n, donde est&aacute; concentrado el mayor n&uacute;mero de municipios violentos, pudo verse como reductora de la violencia, lo que pudo contribuir a su implantaci&oacute;n. Con el tiempo,los grupos armados e, inclusive, las fuerzas armadas del Estado habr&iacute;an sido presos de la "l&oacute;gica de la atomizaci&oacute;n social, del predominio de las estrategias individuales &#91; &hellip; &#93; de la vandalizaci&oacute;n tanto de los prop&oacute;sitos 'revolucionarios' como de la acci&oacute;n del Estado, en el caso de los militares y polic&iacute;as". Entonces, el hecho de ser zonas de frontera y la debilidad del tejido social pueden ser el objeto que merezca ser estudiado en el terreno de la investigaci&oacute;n de por qu&eacute; son violentos los municipios violentos.</p>     <p>Dar&iacute;a Indalecio Restrepo &#91;2001&#93; presenta un avance de su investigaci&oacute;n sobre la descentralizaci&oacute;n y la desintegraci&oacute;n del Estado entre 1970 y 2000, en Colombia. En este art&iacute;culo, el autor afirma que las modificaciones en las "formas de organizaci&oacute;n espacial del Estado" y del r&eacute;gimen pol&iacute;tico en Colombia han resultado de pactos y de guerras y que hoyes necesario elucidar las "claves territoriales de la guerra y la paz". Sostiene que los cambios en la forma de organizaci&oacute;n espacial, en particular, del proceso de descentralizaci&oacute;n han coincidido en el tiempo con el debilitamiento del r&eacute;gimen pol&iacute;tico y con la apertura econ&oacute;mica.</p>     <p>En <i>Desarrollo y paz</i>, Consuelo Corredor &#91;2001&#93; realiza unas reflexiones sobre los temas sustantivos y la metodolog&iacute;a de la forma como se deben abordar y negociar los asuntos relacionados con el desarrollo social, en particular, los contemplados en la agenda de 12 puntos y 47 subtemas de la negociaci&oacute;n del Gobierno Nacional con las Pare-El; de manera tal que se sienten las bases de una paz duradera. Estos puntos se agrupan en tres: estructura econ&oacute;mica y social, derechos humanos y relaciones internacionales y democracia y estructura pol&iacute;tica del Estado. La amplitud de la agenda exige un estudio de la literatura disponible sobre el desarrollo en Colombia, sobre el problema rural, la pobreza, el mercado laboral y el gasto p&uacute;blico, en especial, el gasto social. Los trabajos sobre el conflicto armado que se han hecho en Colombia, seg&uacute;n la autora,</p>     <blockquote>    <p>se&ntilde;alan diversos factores socioecon&oacute;micos que se han ido configurando a lo largo de la historia del pa&iacute;s, que constituyen serias restricciones para el ejercicio de los derechos fundamentales, restricciones que se traducen en una precaria ciudadan&iacute;a, de la que est&aacute;n excluidos amplios sectores de la poblaci&oacute;n &#91;Corredor 2001, 393&#93;.</p></blockquote>     <p>Responde impl&iacute;citamente a la visi&oacute;n alternativa afirmando que las desigualdades regionales y sociales son 'escenarios aptos' para que surjan conflictos armados y conflictos sociales, aunque no necesariamente constituyan 'la' causa de la violencia.</p>     <p>Absal&oacute;n Machado &#91;2001&#93; se refiere a "uno de los problemas cl&aacute;sicos en la evoluci&oacute;n del sector rural que no ha sido resuelto" y que es una preocupaci&oacute;n para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas en situaciones de conflicto y de posconflicto: &eacute;en qu&eacute; consiste lo campesino? &iquest;C&oacute;mo luchar contra la pobreza rural? Los pocos estudios en Colombia muestran una econom&iacute;a campesina en proceso de modernizaci&oacute;n y un grupo de minifundistas al margen, frente a quienes el reto consiste en superar la pobreza y mejorar sus ingresos. Las estrategias de desarrollo rural deben examinar con cuidado, en el caso colombiano y en el marco de las negociaciones de paz, la pulverizaci&oacute;n del minifundio que puede resultar de una reforma agraria basada en el reparto de tierras. El proceso no es el mismo en todas partes y habr&iacute;a que estratificar regionalmente la econom&iacute;a rural. Todo esto llevar&iacute;a a la reestructuraci&oacute;n del minifundio, a la reubicaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n, a procesos de industrializaci&oacute;n urbana, al desarrollo de las organizaciones campesinas, entre otros desarrollos necesarios para el dise&ntilde;o de una estrategia de modernizaci&oacute;n campesina. De otra parte, se constata que el modelo de desarrollo agr&iacute;cola empobrece y que debe discutirse un modelo " m&aacute;s end&oacute;geno e incluyente", que no expulse m&aacute;s pobres del campo y que no sea independiente del modelo de la econom&iacute;a como un todo. Encuentra aqu&iacute; un gran desaf&iacute;o para los analistas y, en especial, para los economistas.</p>     <p>En suma, la cr&iacute;tica a los estudios que ven en las variables objetivas la explicaci&oacute;n de la violencia actual en Colombia es que si bien se constata una correlaci&oacute;n, no se prueba una relaci&oacute;n de causalidad, ya que otros pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica tienen una distribuci&oacute;n del ingreso similar a la colombiana y no tienen insurgencia armada.</p>     <p>Cabe m&aacute;s bien formular la hip&oacute;tesis opuesta para el caso colombiano: la violencia es la causa de la desigualdad. La escuela de la movilizaci&oacute;n de los recurso: y la del. proceso pol&iacute;tico, derivadas de la nueva econom&iacute;a pol&iacute;tica, podnan explicar mejor la salida violenta que se le ha dado a la lucha por los bienes p&uacute;blicos en Colombia &#91;G&oacute;mez 2001&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font face="verdana" size="3"><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></font></p>     <p>La comprensi&oacute;n de las causas del conflicto armado interno en Colombia es una necesidad sentida de los colombianos y las colombianas. Los econ&oacute;mistas ortodoxos han ofrecido recientemente explicaciones que contribuyen a su explicaci&oacute;n. Estos trabajos se suman a los realizados por economistas sociales, soci&oacute;logos, sic&oacute;logos, periodistas, literatos, crimin&oacute;logos e historiadores y a las representaciones art&iacute;sticas, como las que nos ofrece Fernando Botero, en sus dos &uacute;ltimas series de pinturas sobre la violencia en Colombia.</p>     <p>En esta nota, se presentan las contribuciones de economistas que tienen versiones opuestas de esta realidad social. Los economistas del crimen ofrecen una gran evidencia emp&iacute;rica y un an&aacute;lisis, apoyado en herramientas de verificaci&oacute;n econom&eacute;trica, de las relaciones de causalidad basadas en las hip&oacute;tesis que explican el crecimiento del crimen en Colombia con la existencia de incentivos al delito. Hacen &eacute;nfasis en los choques criminales iniciales, causados por la expansi&oacute;n del narcotr&aacute;fico en Colombia, por la forma como se congestiona el sistema que imparte justicia, por el fen&oacute;meno de contaminaci&oacute;n de los valores y por la existencia de grupos or garuzados de criminales, que debilitan la estructura institucional del pa&iacute;s. Su gran aporte al an&aacute;lisis es el respaldo emp&iacute;rico de todas y cada una de sus afirmaciones -aunque ella no necesariamente constituye la prueba de su validez absoluta y de la invalidez de las tesis opuestas- y la llamada de atenci&oacute;n sobre los aspectos relacionados con los incentivos, las motivaciones individuales y el gasto en defensa, seguridad y justicia, que deben tenerse en cuenta para el dise&ntilde;o de una pol&iacute;tica de Estado frente a la sensaci&oacute;n -y realidad- creciente de indefensi&oacute;n de los ciudadanos desarmados de Colombia. Es necesario observar que se puede caer en el desconocimiento o en la reducci&oacute;n de la importancia de la guerrilla y los paramilitares en la violencia en Colombia y el hecho de que -a&uacute;n en los terrenos del derecho penal- estos actores no pueden tratarse como apenas delincuentes comunes, en medio de una negociaci&oacute;n de paz con el Estado.</p>     <p>En la orilla opuesta est&aacute;n quienes se preguntan por el origen de los choques criminales y de la existencia y vigencia de la guerrilla e insisten en atribu&iacute;rselo a las condiciones de exclusi&oacute;n pol&iacute;tica, a la que condujo el pacto del Frente Nacional; a la petici&oacute;n de una 'reparaci&oacute;n hist&oacute;rica' que hacen las Farc-EP como lo hace notar Jos&eacute; Fernando Isaza:<sup><a name="nr9"></a><a href="#9">9</a></sup> a la existencia de unas condiciones de acceso a las oportunidades de ascenso social muy limitadas y de unas muy desiguales distribuciones de ingreso y de riqueza, que si bien, seg&uacute;n algunos analistas de esta corriente, no explican la violencia, s&iacute; constituyen 'terrenos aptos' para la confrontaci&oacute;n y el conflicto. Lo que este enfoque no logra explicar es por qu&eacute; la desigualdad y la pobreza deben llevar necesariamente al contlicto armado o al crimen y por qu&eacute; lo har&iacute;an en Colombia y no en otros pa&iacute;ses que tienen similares inequidades y exclusiones.</p>     <p>En todo caso, unos y otros trabajos han permitido llegar a unas conclusiones que contribuyen al conocimiento de las causas de la violencia en Colombia y deber&aacute;n aportar a la discusi&oacute;n en las mesas de negociaci&oacute;n de la paz y al dise&ntilde;o de las pol&iacute;ticas de gasto social y de seguridad y defensa.</p>     <p>Hoy parece estar claro que los colombianos y colombianas no somos, todos y todas, violentas; que la violencia ha estado localizada en el tiempo, en unos per&iacute;odos y en el espacio, en unas regiones de colonizaci&oacute;n, de frontera, en zonas estremecidas por los boom s provenientes de los descubrimientos del petr&oacute;leo, de la explotaci&oacute;n de minerales, como el caso de las esmeraldas; de la explotaci&oacute;n de econom&iacute;as de enclave de agricultura comercial, como en el caso del banano en Urab&aacute;. Es claro que existe el peligro de difusi&oacute;n de la violencia a trav&eacute;s del contagio de la 'cultura mafiosa', expresi&oacute;n acu&ntilde;ada por Luis Jorge Caray, que no opera si no es porque hay un debilitamiento objetivo de las instituciones, al que puede haber contribuido el ataque agresivo contra el papel del Estado, que sigui&oacute; al consenso de Washington en 1991. Y hay consenso tambi&eacute;n en que el narcotr&aacute;fico es el gran catalizador del ascenso del poder militar de los grupos armados en Colombia, durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, y que el conflicto armado interno, localizado en unas zonas como las mencionadas, avanza hacia las ciudades, algunas de las cuales fueron violentamente afectadas por el narcoterrorismo, a finales de la d&eacute;cada del ochenta y a principios de los a&ntilde;os noventa.</p>     <p>Hay consenso tambi&eacute;n en que se requiere fortalecer la sociedad civil, defender los derechos humanos, 'humanizar el conflicto', no abandonar la atenci&oacute;n a los grupos desfavorecidos, mientras se espera la resoluci&oacute;n del conflicto; fortalecer las instituciones y el sistema de justicia y rescatar para el Estado el monopolio de la fuerza de coerci&oacute;n sobre los ciudadanos.</p>     <p>Es necesario a&uacute;n m&aacute;s trabajo. Los economistas se aventuran en terrenos extra&ntilde;os. Su conocimiento de la sociolog&iacute;a, la ciencia pol&iacute;tica y el derecho penal es escaso y as&iacute; deber&iacute;an reconocerlo, humildemente.</p>     <p>Las disputas ideol&oacute;gicas de los economistas contempor&aacute;neos ahora se dan tambi&eacute;n alrededor del conflicto armado, de sus causas y posibles salidas y se caracterizan por el manique&iacute;smo que le atribuye Marco Palacios a la cultura pol&iacute;tica de los colombianos y cuyo origen estar&iacute;a, siguiendo a Lynch en la "escisi&oacute;n fundamental", en el per&iacute;odo borb&oacute;nico, entre el "superblanco peninsular" que ejerci&oacute; dominaci&oacute;n excluyente y el resto de los individuos, con independencia de que fueran blancos, mestizos, negros, indios o mulatos. Despu&eacute;s vendr&iacute;a el sectarismo entre bolivarianos y santanderistas, m&aacute;s tarde vendr&iacute;a el enfrentamiento de Camilo Torres contra las elites y hoy dir&iacute;amos, el de Ch&aacute;vez -el presidente de Venezuela- contra la oligarqu&iacute;a bogotana y, en nuestro campo, el de los economistas neoliberales contra los estructuralistas. Se podr&iacute;a intentar superar este manique&iacute;smo que impide la inteligencia de los procesos, la apreciaci&oacute;n de los matices de la realidad y la construcci&oacute;n de m&iacute;nimos consensos, de las bases de una identidad nacional.</p>     <p>Hay una realidad en Colombia, que la hace diferente de otros pa&iacute;ses. No basta decir que hay narcotr&aacute;fico y grupos armados, que la eficiencia de la justicia es baja, que el pie de fuerza es precario, para tener las bases de la soluci&oacute;n de la violencia en Colombia. De la misma manera, no basta con decir que las inequidades son grandes y que no ha habido inclusi&oacute;n pol&iacute;tica y social. La negociaci&oacute;n de paz en curso revela la voluntad del Estado y de la sociedad colombiana, de darle una salida pol&iacute;tica a un conflicto cuya importancia se reconoce. Se acepta que el interlocutor no es un delincuente sino, en las palabras Hobsbawn, citado por Mauricio Rubio, un 'bandido social', un 'individuo' de extracci&oacute;n popular, que se <i>rebela</i> contra el soberano injusto". El resto de la cita, "y que cuenta con un ampl&iacute;o apoyo entre las clases campesinas", podr&iacute;a ser objeto de mayor discusi&oacute;n &#91;Rubio 1998, 121&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La construcci&oacute;n de consensos y de an&aacute;lisis que rescaten lo que tienen de valioso las diferentes perspectivas puede contribuir a la b&uacute;squeda de la soluci&oacute;n definitiva al conflicto.</p>     <p>NOTAS AL PIE</p>     <p><a href="#nr1">1</a><a name="1"></a>  Esta es una versi&oacute;n modificada de la nota edi torial del libro Mart&iacute;nez &#91;2001&#93;: <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto.</i></p>     <p><a href="#nr2">2</a><a name="2"></a>  Ehrlich &#91;1996&#93;. Algunas personas traducen la palabra <i>offenses</i> como <i>ofensas</i>. Por el contexto, parece m&aacute;s apropiado el t&eacute;rmino <i>delito o crimen</i>.</p>     <p><a href="#nr3">3</a><a name="3"></a> El per&iacute;odo de an&aacute;lisis 1950-1995 no incluye los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os de la d&eacute;cada pasada, que mostraron un crecimiento muy bajo, &iacute;nclusive negativo en un a&ntilde;o,y una intensificao&oacute;n del conflicto armado.</p>     <p><a href="#nr4">4</a><a name="4"></a> En Colombia, nos recuerdan los autores, los delitos se clasifican como sigue: delitos contra la vida e integridad personal y contra el patrimonio, contra la libertad y el pudor sexual, contra la libertad individual (secuestro, etc.), contra la administraci&oacute;n p&uacute;blica, contra la administraci&oacute;n de justicia, contra la seguridad p&uacute;blica, contra el orden econ&oacute;mico y social, contra la fe p&uacute;blica y "otros t&iacute;tulos".</p>     <p><a href="#nr5">5</a><a name="5"></a> En el libro Echeverrv y otros &#91;2001&#93; hav abundantes referencias a la bibliograf&iacute;a relacionada con esta hip&oacute;tesis.</p>     <p><a href="#nr6">6</a><a name="6"></a> Cuyo <i>proxy</i> pnrticipaci&oacute;n electoral.</p>     <p><a href="#nr7">7</a><a name="7"></a> En la presentaci&oacute;n de este estudio, realizada por Mauricio Rubio en febrero de 2001 en Bogot&aacute;, &eacute;l afirm&oacute; que ha venido cambiando su posici&oacute;n sobre la recomendaci&oacute;n de hacer m&aacute;s severas las penas, como elemento de disuasi&oacute;n del criminal. La diferencia de duraci&oacute;n de sentencia para asesinatos entre Colombia -catorce a&ntilde;os- y Estados Unidos -veinte a&ntilde;os- no es tan grande. Lo que importa como factor de disuasi&oacute;n es la probabilidad de captura y de conducci&oacute;n a juicio, que en Estados Unidos es de 65 por ciento yen Colombia, de s&oacute;lo 11 por ciento.</p>     <p><a href="#nr8">8</a><a name="8"></a> La noci&oacute;n de objetividad o de subjetividad en este contexto no es tan f&aacute;cil de determinar. Para Collier &#91;2001&#93;, quienes encuentran en la desigualdad y la pobreza las causas del descontento social y la motivaci&oacute;n de la lucha de los rebeldes tienen una explicaci&oacute;n subjetiva de las 'guerras civiles'. Estas son definidas como aquellas que explican 1.000 homicidios o m&aacute;s por a&ntilde;o. El autor encuentra en su an&aacute;lisis de 47 guerras civiles entre 1965 y 1999 en el mundo que lo que explica esas guerras es que la acci&oacute;n de los rebeldes fue financieramente viable. Las variables con poder de predicci&oacute;n de ocurrencia de las guerras civiles son 'objetivas', son caracter&iacute;sticas econ&oacute;micas tales como la alta dependencia de las exportaciones de los bienes primarios, los bajos ingresos medios, el crecimiento lento y las grandes di&aacute;sporas. Sin embargo, no es tan contundente el razonamiento contra la desigualdad como una condici&oacute;n necesaria -as&iacute; no sea suficiente, ni exclusiva- del conflicto. Cuando este au tor acepta por ejemplo que el bajo nivel de escolaridad si explica y predice el contlicto, &eacute;c&oacute;mo elude el hecho de que este bajo nivel es una expresi&oacute;n y refuerzo de la desigualdad? Por otra parte, abunda la evidencia emp&iacute;rica reciente, realizada por los mismos organismos multilaterales, de que si bien la pobreza no ha tenido un poder de explicaci&oacute;n alto como causa de los cont1ictos armados, no ocurre lo mismo con la desigualdad, la que ha demos trado tener un alto poder explicativo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#nr9">9</a><a name="9"></a> El comentario de Isaza se refiere a la guasa con que la opini&oacute;n colombiana recibi&oacute; el discurso de Manuel Marulanda, jefe m&aacute;ximo de las Pare en la instalaci&oacute;n de la mesa de negociaciones de paz con el gobierno de Andr&eacute;s Pastrana, con respecto al bombardeo del ej&eacute;rcito contra un reducto de combatientes "con escopetas de listo". dice Izasa, en 1964. La opini&oacute;n retuvo apenas la menci&oacute;n del jefe guerrillero al robo de las gallinas.</p><hr>     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>&#91;1&#93; Alesina, Alberto. 2001. "Las instituciones en Colombia", <i>Cambio</i>, Alfaomega, abril.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-4772200100010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;2&#93; Arocha, Jaime, Cubides, Fernando y Jimeno, Myriam. compiladores. 1998. <i>Las violencias: inclusi&oacute;n reciente</i>, Facultad de Ciencias Humanas, CES, Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-4772200100010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;3&#93; Becker, Gary. 1968. "Crime and Punisment: An Economic Approach"; <i>Journal of Political Economy</i>, 76, 2,169 - 217.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-4772200100010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;4&#93; Bejarano, Jes&uacute;s Antonio y otros. 1997. <i>Colombia, inseguridad, Violencia y desempe&ntilde;o econ&oacute;mico en las &aacute;reas rurales</i>, Fonade - Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0121-4772200100010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;5&#93; Burki, S. J., Aiyer, S. y Homrnes, R., editores. 1998. <i>Poverty &amp; lnequality: Annual World Bank Conference on Development in Latin America and the Caribbean</i>. Proceedings.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0121-4772200100010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;6&#93; Camacho, Alvaro y Leal, Francisco. 1999. <i>Armar la paz es desarmar la guerra</i>, Iepri -Universidad Nacional, Fescol, Cerec, Bogot&aacute; .&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-4772200100010000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;7&#93; C&aacute;mara de Comercio de Bogot&aacute;. 1996. <i>Estudio prospectivo de seguridad</i>, Misi&oacute;n Siglo XXI, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-4772200100010000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;8&#93; Clavijo, Sergio. 1997. "Situaci&oacute;n de la justicia en Colombia: incidencia sobre el gasto p&uacute;blico e indicadores de desempe&ntilde;o", <i>Justicia y desarrollo</i>, Debates, 1, agosto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0121-4772200100010000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;9&#93; Cohen J y G. Tita. 1998. "Diffusion in Homicide: Exploring a General Method for Detecting Spatial diffusion processes", <i>Journal of Quantitative Criminology</i>. XV, 4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0121-4772200100010000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;10&#93; Collier, P 1999. "On Economic Causes of Civil War", Centre for the Study of African Economies, <i>Oxford Development</i> 51, 1, versi&oacute;n en espa&ntilde;ol editada en <i>El Malpensante</i>, 1 de mayo - 15 de junio 15 de 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-4772200100010000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;11&#93; Comisi&oacute;n de Estudios sobre la Violencia. 1987. <i>Colombia. Violencia y democracia.</i> Colciencias, Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0121-4772200100010000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;12&#93; Corredor, Consuelo. 2001. "Principales problemas socioecon&oacute;rn&iacute;cos relacionados con el conflicto interno", Mart&iacute;nez, Astrid, editora. 2001. <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto</i>, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0121-4772200100010000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;13&#93; Cubides, Fernando. 2001. "El di&aacute;logo econom&iacute;a-sociolog&iacute;a en la interpretaci&oacute;n de las violencias colombianas", Mart&iacute;nez, Astrid, editora, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto</i>. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas. Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-4772200100010000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;14&#93; Dane y Ministerio de Justicia y de Derecho. 1996. <i>La justicia colombiana en cifras 1937-1994</i>, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-4772200100010000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;15&#93; Davoodi, Hamid, Benedict, Clements, Schiff, Ierald y Debaere, Peter. 1999. "Military Spending, the Peace Dividend and Fiscal Adjusternent", <i>IMF Working Paper</i> (WP/99/87), julio.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-4772200100010000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;16&#93; Echand&iacute;a, Camilo. 1999. <i>El conflicto armado y las manifestaciones de violencia en las regiones de Colombia,</i> Presidencia de la Rep&uacute;blica, Oficina del Alto Comisionado para la Paz, Observatorio de Violencia, tomo 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-4772200100010000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;17&#93; Echeverry, Juan Carlos y Partow, Zeinab. 1996. "Por que la justicia no responde al crimen: el caso de la coca&iacute;na en Colombia", C&aacute;rdenas, M y R. Steiner, editores, <i>Corrupci&oacute;n crimen y justicia. Una perspectiva econ&oacute;mica,</i> TM. Editores, Lacea.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0121-4772200100010000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;18&#93; Echeverry, Juan Carlos, Salazar, Natalia y Navas, Ver&oacute;nica. 2001. "El conflicto colombiano en el marco internacional", Mart&iacute;nez, Astrid, editora, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0121-4772200100010000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;19&#93; Ehrlich, Isaac. 1973. "Participation in Illegitimate Activities: A Theoretical and Empirical Investigation", <i>Journal of Political Economy,</i> 1,3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-4772200100010000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;20&#93; Ehrlich, Isaac. 1996. "Crime, Punishment and the Market for Offenses", <i>Journal of Economic Perspectives</i>, 10, 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0121-4772200100010000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;21&#93; Fajnzylber, Pablo, Ledennan, Daniel y Loayza, Norman. 1998.<i> "Determinants of Crime Rates in Latin America and the World",</i> Banco Mundial, Washington.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0121-4772200100010000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;22&#93; Gait&aacute;n, Fernando. 1995. "Una indagaci&oacute;n sobre las causas de la violencia en Colombia". Deas, Malcom y Fernando Gait&aacute;n, <i>Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia,</i> Fonade-DNP, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0121-4772200100010000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;23&#93; Gaviria, Alejandro. 2001. "Rendimientos crecientes y la evoluci&oacute;n del crimen violento: el caso colombiano". Mart&iacute;nez, Astrid, editora. 2001, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0121-4772200100010000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;24&#93; Giha, Janeth, Riveros, H&eacute;ctor y Soto, Andr&eacute;s. 1999. "El gasto militar en Colombia: aspectos macroecon&oacute;micos y microecon&oacute;micos", <i>Revista de la CEPAL</i>, 69, separata.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0121-4772200100010000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;25&#93; Gleaser, Edward. 1999. "Why is There More Crime in Cities?, <i>Journal of Political Economy</i>, 107,6,2, Universidad de Chicago.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0121-4772200100010000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;26&#93; G&oacute;mez, Carlos Mario. 2001. "Econom&iacute;a y violencia en Colombia". Mart&iacute;nez, Astrid, editora, (2001) <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0121-4772200100010000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;27&#93; Gonz&aacute;lez, C&eacute;sar. 2001. "Desaf&iacute;os institucionales de una naci&oacute;n en el posconflicto", Mart&iacute;nez, Astrid, editora, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Univer sidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0121-4772200100010000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;28&#93; Granada, Camilo. 1997. "La evoluci&oacute;n del gasto en seguridad y defensa en Colombia, 1950-1994, <i>Reconocer la guerra para construir la paz,</i> Cerec-Uniandes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0121-4772200100010000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;29&#93; Gupta, Dipak. 1977. "Socio-economic Costs of Unemployment and lncome Inequality: a Cross National Study 1948-1967", PhD Dissertation University of Pittsburg.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0121-4772200100010000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;30&#93; Gupta, Dipak. 1990. <i>The Economics of Political Violence</i>, Praeger.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0121-4772200100010000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;31&#93; Hodgson, George. 1994. <i>Economics and Evolution,</i> Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0121-4772200100010000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;32&#93; Lapan, Harvey y Sandler, Todd. 1988. "To Bargain or not to Bargain: That is the Question", <i>American Economic Review,</i> 78,2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0121-4772200100010000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;33&#93; Londo&ntilde;o, Juan Luis. "Epidemiolog&iacute;a econ&oacute;mica de la violencia urbana". Cartagena marzo 14 de 1998&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0121-4772200100010000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;34&#93; L&oacute;pez, Cecilia y Garc&iacute;a, Arturo. 1999. "Los costos ocultos de la paz en Colombia", Solimano, Andr&eacute;s y otros, editores, <i>Ensayos sobre paz y desarrollo. El caso de Colombia y la experiencia internacional,</i> Banco Mundial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0121-4772200100010000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;35&#93; L&oacute;pez, Enrique. 2000. "Conflicto y desarrollo econ&oacute;mico", sin publicar&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0121-4772200100010000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;36&#93; Machado, Absal&oacute;n. 2001. "Campesinado y pobreza rural", Mart&iacute;nez, Astrid, editora, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0121-4772200100010000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;37&#93; Mart&iacute;nez, Astrid, editora. 2001. <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0121-4772200100010000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;38&#93; Mej&iacute;a, Daniel. 2001. "El secuestro en Colombia: una aproximaci&oacute;n econ&oacute;mica en un marco de teor&iacute;a de juegos", Martinez, Astrid, editora, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0121-4772200100010000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;39&#93; Montenegro, Armando y Posada, Carlos Esteban. 1995. "Criminalidad en Colombia", <i>Coyuntura Econ&oacute;mica,</i> XXV, 1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0121-4772200100010000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;40&#93; Montenegro, Armando, Posada, Carlos Esteban y Piraquive, Gabriel. 2001. "Violencia, criminalidad y justicia: otra mirada desde la econom&iacute;a", Mart&iacute;nez, Astrid, editora, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0121-4772200100010000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;41&#93; Moser, Caroline. 1998. "La violencia en Colombia", Solimano, Andr&eacute;s y otros, 1999,<i> Ensayos sobre Paz y Desarrollo. El caso de Colombia y la experiencia internacional,</i> Banco Mundial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0121-4772200100010000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;42&#93; Olson, Marcus. 1971. <i>The Logic of Collective Action,</i> Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0121-4772200100010000900042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;43&#93; Orozco, Iv&aacute;n. 1992. <i>Combatientes, rebeldes y terroristas: guerra y derechos en Colombia,</i> Temis. 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" El gasto en defensa, justicia y seguridad", Mart&iacute;nez, Astrid, editora, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0121-4772200100010000900045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;46&#93; Posada, Carlos Esteban. 1994. "Modelos econ&oacute;micos de la criminalidad y la posibilidad de una din&aacute;mica prolongada", <i>Planeaci&oacute;n y Desarrollo,</i> XXV&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0121-4772200100010000900046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;47&#93; Ramos, Jorge y Garrido, Daira. 1995. "Gasto estatal y administraci&oacute;n de justicia en Colombia", <i>Borradores semanales de econom&iacute;a,</i> Banco de la Rep&uacute;blica, 45, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0121-4772200100010000900047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;48&#93; Rangel, Alfredo. 1998. <i>Colombia: guerra en el fin de siglo,</i> Tercer Mundo, Universidad de los Andes, Facultad de Ciencias Sociales, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0121-4772200100010000900048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;49&#93; Restrepo, Dar&iacute;o. 2001. 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"Rebeldes y criminales", Arocha, Jaime y otros, compiladores, <i>Las violencias: inclusi&oacute;n reciente,</i> Facultad de Ciencias Humanas, CES, Universidad Nacional de Colombia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0121-4772200100010000900050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;51&#93; Rubio, Mauricio. 1995. <i>Crimen y Crecimiento en Colombia,</i> Coyuntura Econ&oacute;mica, 25, 1, marzo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0121-4772200100010000900051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;52&#93; Rubio, Mauricio. 1999. <i>Crimen e impunidad,</i> Tercer Mundo - Cede, Universidad de los Andes, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0121-4772200100010000900052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;53&#93; S&aacute;nchez, Fabio y N&uacute;&ntilde;ez, Jairo, 2001. "Determinantes del crimen violento en Colombia en un pa&iacute;s altamente violento: el caso de Colombia", Mart&iacute;nez, Astrid, editora, <i>Econom&iacute;a, crimen y conflicto,</i> Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Econ&oacute;micas, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0121-4772200100010000900053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;54&#93; Sandler, Todd y Hartley, Keith. 1995. <i>The Economics of Defense,</i> Cambridge University Press,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0121-4772200100010000900054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;55&#93; Sarmiento, Alfredo. 1999. "Violencia y Equidad", documento no publicado, Misi&oacute;n Social, DNP.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0121-4772200100010000900055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;56&#93; Sarmiento, Alfredo y Lidia Marina Becerra. 1998. "An&aacute;lisis de las relaciones entre violencia y equidad", <i>Archivos de Macroeconom&iacute;a</i> (DNP), documento 93, agosto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0121-4772200100010000900056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;57&#93; Sneyder. D, 1975. "Institutional Setting and Industrial Conflict", <i>American Sociological Review</i> 40,449-535.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0121-4772200100010000900057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;58&#93; Solimano, A. y otros, editores. 1999. <i>Ensayos sobre paz y desarrollo. El caso de Colombia y la experiencia internacional,</i> Banco Mundial,&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0121-4772200100010000900058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&#91;59&#93; Tullock, G. 1971. "The Paradox of Revolution", Public Choice, II, 89-99.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0121-4772200100010000900059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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