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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p>    <br></p>     <p>       <center>     <font size="4"><b> Buena &eacute;tica y mala estrategia       </b></font>   </center> </p>     <p>       <center>     S. A. Cortright; y Michael Naughton     (2002). Rethinking the purpose of     business. Interdisciplinary essays     from catholic social tradition, Notre     Dame, University of Notre Dame   Press.   </center> </p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Yuri Gorbaneff</p>     <p>   Departamento de Administraci&oacute;n   Pontificia Universidad Javeriana   <a href="mailto:yurigor@javeriana.edu.co">yurigor@javeriana.edu.co</a></p>     <p><hr noshade size="1"></p>     <p>El libro trata sobre el papel que   desempe&ntilde;a la doctrina social cat&oacute;lica   en el mundo de los negocios.   Est&aacute; compuesto por cuatro partes.   La primera explica los fundamentos   de la doctrina social cat&oacute;lica.   La segunda critica el modelo de   maximizaci&oacute;n del valor para los   accionistas (<i>shareholder model</i>). La   tercera entabla el di&aacute;logo entre la   doctrina cat&oacute;lica y el modelo <i>stakeholder</i>   de la empresa. La cuarta   presenta algunas propuestas que   pretenden operacionalizar la doctrina cat&oacute;lica.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b><i> Doctrina social cat&oacute;lica</i></b></font></p>     <p>  La doctrina social de la Iglesia cat&oacute;lica   no es tan antigua como uno   piensa. El primer intento sistem&aacute;tico   de abordar la problem&aacute;tica   econ&oacute;mica y administrativa se hace   en “Rerum novarum”(1891) donde   se propone un c&oacute;digo de conducta   seg&uacute;n el cual la empresa no puede   tratar a los empleados como su servidumbre,   sino respetar su dignidad   humana; dar a cada empleado lo   justo; no sobrecargar a los empleados   por encima de sus posibilidades   f&iacute;sicas; no asignar tareas impropias   a la edad o g&eacute;nero; no aprovecharse   de la necesidad de otro; abstenerse   de reducir los ingresos de empleados   por fuerza, enga&ntilde;o o injusticia (Clark, 2002, p. 95) .</p>     <p>  El Papa P&iacute;o XI, en la enc&iacute;clica “Cuadragesimo anno”(1931), hace una t&iacute;mida aproximaci&oacute;n al concepto de la empresa y la propiedad. Su preocupaci&oacute;n central es aliviar la tensi&oacute;n social sin afectar la propiedad privada. Aceptando que la propiedad privada puede llevar algunas responsabilidades sociales, P&iacute;o XI proclama el derecho de propiedad como una instituci&oacute;n intocable. La soluci&oacute;n que &eacute;l ofrece a los conflictos sociales es enriquecer la relaci&oacute;n laboral con elementos de asociaci&oacute;n, o sociedad con los empleados (Cortright y Naughton. 2002, p. 5).</p>     <p>  La actitud cautelosa frente a la problem&aacute;tica   social caracteriz&oacute; al Vaticano   hasta despu&eacute;s de la segunda   guerra. Cuando en Alemania Occidental   se desarroll&oacute; el sistema de   coadministraci&oacute;n (<i>Mitbestimmung</i>:   participaci&oacute;n de trabajadores en las   juntas directivas de grandes empresas),   los cat&oacute;licos alemanes en su   congreso en 1949 evaluaron positivamente   esta pr&aacute;ctica, que seg&uacute;n   ellos estaba a tono con la doctrina   cat&oacute;lica y la ley natural, era necesaria   y deseable. Interesante que P&iacute;o   XII, siguiendo a P&iacute;o XI, crey&oacute; que   esto era un extremismo peligroso. &Eacute;l ten&iacute;a miedo de que la coadministraci&oacute;n fuera a privar a los capitalistas de su propiedad (Cortright y Naughton, 2002, p. 7).</p>     <p>  Juan XXIII en “Mater et magistra”(1961) avanz&oacute; un poco m&aacute;s en la   formulaci&oacute;n de la doctrina social.   Seg&uacute;n &eacute;l, la empresa es una comunidad   y debe empoderar a sus   miembros a participar en sus actividades.   Si es una comunidad, los   empleados deben ser tratados como   personas humanas y tener la posibilidad   de participar activamente en   los procesos organizacionales (Cortright y Naughton, 2002, p. 9).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>   El Papa que plante&oacute; la problem&aacute;tica   social como un tema importante   fue Juan Pablo II. En “Laborem   exercens”(1981) &eacute;l explic&oacute; que la   persona humana ocupa un lugar   superior en el mundo porque fue   hecha a la imagen y semejanza de   Dios. De aqu&iacute; su derecho a utilizar   la naturaleza para desarrollarse   como persona. Las personas consiguen   controlar la naturaleza a trav&eacute;s   del trabajo. El trabajo se lleva   a cabo en organizaciones para hacerlo   m&aacute;s eficiente. La forma m&aacute;s   com&uacute;n de organizaci&oacute;n es una   empresa. De aqu&iacute; que la empresa   es el principal mecanismo para alcanzar   el dominio de la naturaleza.   Para comprender correctamente   el papel de la empresa, hay que   introducir el concepto del regalo.   Personas que llevan a cabo la actividad   econ&oacute;mica utilizan dos tipos   de objetos: los que el Creador dio   como recursos naturales y los que   heredamos de anteriores generaciones   que utilizaron los recursos   naturales. Por esta raz&oacute;n cada generaci&oacute;n   tiene la deuda tanto con   el Creador como con las generaciones   anteriores. Ahora viene lo   principal. Como el Creador dio   los recursos naturales para el uso   de todos, estos recursos tienen “el   destino universal”. Es universal   en el sentido de que esta herencia   debe beneficiar a toda la generaci&oacute;n   actual y tiene que ser transmitida a la siguiente.</p>     <p>  A partir del axioma de la creaci&oacute;n,   Juan Pablo II construye su comprensi&oacute;n   de la propiedad. Si los recursos   son obsequio de Dios, la propiedad   tiene un estatus especial. La propiedad   no es ning&uacute;n derecho absoluto.   La maximizaci&oacute;n de valor para   los accionistas es rechazada. La empresa   no es simplemente un nudo   de contratos e intereses, sino una   comunidad de personas. Si es vista   de otra manera, inevitablemente   va a negar la vocaci&oacute;n humana   al trabajo e impedir el desarrollo   humano (Cortright y Naughton,   2002, pp. 10-11). Juan Pablo II se   apresura a asegurar que no se opone   a la propiedad privada, sino que   pretende cargarla con la responsabilidad   social en aras del bien com&uacute;n,   especialmente en beneficio   de los miembros m&aacute;s d&eacute;biles de la   sociedad (Cortright y Naughton, 2002, p. 11)</p>     <p>  De la teor&iacute;a de la propiedad se deriva   de manera natural la visi&oacute;n   cat&oacute;lica a la ganancia. Juan Pablo   II en “Centesimus annus”afirma   que la ganancia es un indicador   de gesti&oacute;n, pero no el &uacute;nico. La   ganancia es un bien instrumental   y debe estar al servicio no de agentes   individuales, como accionistas   o empleados, sino al servicio del   bien com&uacute;n. En caso contrario, la   ganancia va a corromper al que la   persigue (Cortright y Naughton, 2002, p. 12).</p>     <p>  En la lucha contra el capitalismo   salvaje, lo que propone la Iglesia   no es el socialismo que en la pr&aacute;ctica   es capitalismo de Estado, sino   una sociedad de trabajo, empresa   y participaci&oacute;n libre. Tal sociedad   no est&aacute; dirigida contra el mercado,   pero demanda que el mercado sea   controlado por la sociedad y el Estado   para garantizar que las necesidades   b&aacute;sicas de la sociedad sean   satisfechas (Gates, 2002, p. 278). El   catolicismo promueve la equidad,   que se considera buena para los   ricos y los pobres. La sociedad en conjunto gana de la mayor equidad.</p>     <p>  La desigualdad econ&oacute;mica excesiva   entre personas produce conflictos   y es contraria a la paz dentro de las   sociedades y a la paz internacional   (Clark, 2002, p. 95). De ah&iacute; que   los cat&oacute;licos favorecen la pol&iacute;tica   de salario m&iacute;nimo y mejores condiciones   de comercio para los pa&iacute;ses pobres (Clark, 2002, p. 96)</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b><i> Cr&iacute;tica de cl&aacute;sicos</i></b></font></p>     <p>  Los autores del volumen hacen una   cr&iacute;tica del enfoque dominante que   es la maximizaci&oacute;n de la riqueza   de los due&ntilde;os (<i>shareholders</i>) (Freedman,   1962, p. 133). La aplicaci&oacute;n   del modelo produce el desgaste   social, una de las manifestaciones   del cual es la alienaci&oacute;n de los empleados.   La alienaci&oacute;n se produce   cuando la gerencia persigue el objetivo   de maximizar las ganancias   sin preocuparse por la dignidad   humana (Cortright y Naughton,   2002, p. 12). De esta manera se   invierten los medios y los fines.   Cuando una persona no reconoce   en s&iacute; misma ni en las otras el valor   y la grandeza de la persona humana,   ella se priva de la posibilidad   de entrar en relaciones de solidaridad   y comunidad con otros, para   lo que Dios la cre&oacute; (Cortright y Naughton, 2002, p. 13).</p>     <p>  La doctrina cat&oacute;lica, como muestran   Alford y Naughton en el ensayo “Beyond the shareholder model of the firm”, sugiere a los gerentes ir m&aacute;s all&aacute; de los indicadores financieros. Se puede llamar tal enfoque la teor&iacute;a de bien com&uacute;n de la empresa. El modelo de bien com&uacute;n diferencia dos tipos de bienes: los instrumentales (ganancias) y los excelentes, o inherentes (desarrollo humano y de la comunidad). La teor&iacute;a cl&aacute;sica ofrece una descripci&oacute;n de la empresa s&oacute;lo desde la &oacute;ptica de bienes instrumentales, no excelentes (Alford y Naughton, 2002, pp. 35-36). Claro que si una empresa no crea bienes instrumentales suficientes, no se puede hablar de los excelentes. Pero bienes excelentes marcan el grado de humanismo de la organizaci&oacute;n La ganancia es un objetivo deseable porque es la condici&oacute;n necesaria para el desarrollo de la empresa como un todo. Sin embargo, la persecuci&oacute;n solamente de bienes instrumen tales no puede ser un objetivo &eacute;tico. Recordemos que el bien com&uacute;n organizacional es el desarrollo humano integral dentro de la organizaci&oacute;n, de tal manera que respete el orden adecuado entre los bienes instrumentales y excelentes (Alford y Naughton 2002, p. 38). La teor&iacute;a cl&aacute;sica s&oacute;lo promueve la racionalidad instrumental, y por eso invierte las relaciones entre los bienes instrumentales y excelentes. De esta manera la teor&iacute;a cl&aacute;sica distorsiona el concepto del destino universal de bienes y elimina la posibilidad de que las personas crezcan en virtud en el trabajo. Los propietarios se apropian de los beneficios del capital pero pierden su integridad como personas (Alford y Naughton, 2002, p. 42).</p>     <p>  Recurriendo a la dial&eacute;ctica, Peter   Koslowsky, en “The shareholder value   principle and the purpose of the   firm”, muestra que la instrumentalizaci&oacute;n   de la empresa entra&ntilde;a un   riesgo para ella misma. En la teor&iacute;a   cl&aacute;sica, el rendimiento se crea   porque la empresa produce bienes   y servicios &uacute;tiles a la comunidad.   En este sentido la empresa cl&aacute;sica,   como en Adam Smith, tambi&eacute;n   realiza el bien com&uacute;n. Pero la maximizaci&oacute;n   de rendimientos se logra   no s&oacute;lo con la producci&oacute;n de bienes   y servicios &uacute;tiles, sino tambi&eacute;n   con la especulaci&oacute;n y la evasi&oacute;n. De   aqu&iacute; que la atenci&oacute;n de los gerentes   necesariamente se desplaza de   la producci&oacute;n a la especulaci&oacute;n El   logro del bien com&uacute;n a trav&eacute;s de la   mano invisible deja de ser autom&aacute;tico   (Koslowsky, 2002, p. 112). Lo   comprueban casos de Enron, Parmalat, Yukos y otros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>  <i>Leitmotive</i> del libro es que la mano   invisible se encarga de producir   los bienes, pero socialmente hablando   deja detr&aacute;s de s&iacute; el paisaje   lunar. Robert Kennedy, en el ensayo “The virtue of solidarity and the purpose of the firm”desde la teolog&iacute;a muestra que por si sola la sociedad no protege la dignidad humana. Por ejemplo, la solidaridad no surge de manera espont&aacute;nea. La causa, seg&uacute;n los cat&oacute;licos, es el pecado original. Por eso la justicia no es una condici&oacute;n habitual en la sociedad. La justicia es algo que tiene que ser construido y mantenido. De ah&iacute; la necesidad de practicar la solidaridad de manera consciente (Kennedy, 2000, p. 59). Es dif&iacute;cil discutir con este planteamiento general. Los problemas empiezan cuando se pretende operacionalizarlo. Por ejemplo, el mismo Kennedy muestra que la caracter&iacute;stica m&aacute;s importante de la empresa es la interdependencia; es decir, los problemas de la comunidad tambi&eacute;n son problemas de la empresa. Y concluye que las empresas deben participar en la soluci&oacute;n de problemas sociales como el desempleo, la falta de bienes y servicios y de oportunidades. Lamentablemente es f&aacute;cil demostrar que es una propuesta poco realista.</p>     <p>  Atacando la teor&iacute;a cl&aacute;sica en su   punto d&eacute;bil, Clark argumenta que   la econom&iacute;a cl&aacute;sica no es una ciencia   positiva ni est&aacute; libre de juicios   de valor (Clark, 2002, p. 84) La teor&iacute;a   escogida por los investigadores   determina si un suceso se va tomar   en cuenta como un hecho relevante,   o como el ruido, predetermina   la forma como se van a clasificar   las observaciones, cu&aacute;l es el criterio   de la aceptabilidad de hip&oacute;tesis. La   misma teor&iacute;a cl&aacute;sica se ve obligada   a recurrir a los valores para que el   mercado funcione. Por ejemplo, sin   la confianza el contrato impl&iacute;cito   no puede funcionar Esta cr&iacute;tica de   Tavis (2002, p. 225) es caracter&iacute;stica   por cierta tendencia sectaria. &Eacute;l confunde la teor&iacute;a econ&oacute;mica cl&aacute;sica (el contrato completo con la informaci&oacute;n perfecta y sim&eacute;trica) con la institucionalista (el contrato incompleto e impl&iacute;cito, la informaci&oacute;n asim&eacute;trica). Como resultado, Tavis reparte golpes tanto a los adversarios declarados (cl&aacute;sicos), como a los amigos potenciales (institucionalistas).</p>     <p>  Resumiendo las diferencias del enfoque   cl&aacute;sico y la doctrina cat&oacute;lica,   se puede afirmar que mientras los   cl&aacute;sicos estudian la empresa como   es en la realidad, los cat&oacute;licos piensan   en c&oacute;mo debe ser la empresa   para promover el bien com&uacute;n.   Como dec&iacute;a Le&oacute;n XIII, no hay nada   m&aacute;s pr&aacute;ctico que estudiar c&oacute;mo es   el mundo para proponer remedios   de sus males (Clark, 2002, p. 97).   Mientras los cl&aacute;sicos creen que el   objetivo de la gerencia es maximizar   la riqueza de los propietarios,   los cat&oacute;licos creen que esta pol&iacute;tica   no es correcta porque se invierten   los medios y fines. La ganancia   para ellos no es sino un medio para   lograr el bien com&uacute;n. Mientras los   cl&aacute;sicos aceptan cualquier estrategia   de recursos humanos dentro de   la ley, los cat&oacute;licos creen que la persona   tiene que ser el objetivo, no   s&oacute;lo el medio, para la empresa. El   sistema econ&oacute;mico debe servir a la   persona (Clark, 2002, p. 98). Mientras   para los cl&aacute;sicos, las asociaciones   de empleados distorsionan el   mercado laboral, para los cat&oacute;licos   es una herramienta v&aacute;lida para   defender sus intereses en el mercado   con la informaci&oacute;n asim&eacute;trica.   Mientras para los cl&aacute;sicos la propiedad   es sagrada y las restricciones   al derecho de propiedad generan   ineficiencias, para los cat&oacute;licos la   propiedad no es absoluta y tiene la   responsabilidad social. M&aacute;s a&uacute;n, la   justificaci&oacute;n de la misma existencia   de la propiedad privada consiste en   que la propiedad privada sirve mejor   al bien com&uacute;n, seg&uacute;n Tom&aacute;s de   Aquino (Clark, 2002, p. 99).</p>     <p>  Kennedy tiene raz&oacute;n cuando afirma   que el paradigma cl&aacute;sico de la empresa es poderoso porque sistem&aacute;ticamente   ignora sus propias   consecuencias negativas (empleo   inestable, mala distribuci&oacute;n de   riqueza, procesos da&ntilde;inos para el   medio ambiente, productos da&ntilde;inos,   trabajo deshumanizado). Pero   detr&aacute;s del modelo cl&aacute;sico est&aacute; algo   m&aacute;s que la malicia ind&iacute;gena. Est&aacute;   la l&oacute;gica de la acci&oacute;n com&uacute;n que la   teor&iacute;a de juegos populariz&oacute; en el   dilema de prisioneros. Si una sola   empresa act&uacute;a de manera &eacute;tica, tiene   riesgo de perder. Si todas las empresas   act&uacute;an de manera &eacute;tica, van   a ganar todas. Como la sociedad   no tiene mecanismos para garantizar   la aprobaci&oacute;n universal de las   normas de solidaridad y equidad,   es racional no insistir mucho en   practicarlas. La cr&iacute;tica del modelo   cl&aacute;sico podr&iacute;a ganar si los cat&oacute;licos   se mantuvieran en di&aacute;logo con los   institucionalistas.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b><i>  Linealidad del planteamiento</i></b></font></p>     <p>  Para ser relevantes a los pensadores   cat&oacute;licos, son demasiado lineales.   Si el capitalismo salvaje es el   enemigo, es pr&aacute;ctico unirse con   todos los que se oponen al modelo   <i>shareholder</i>, no importa si se   combate desde diferentes trincheras.   De hecho, la doctrina cat&oacute;lica   comparte algunos elementos nada   menos que con el marxismo, por   ejemplo la teor&iacute;a de la alienaci&oacute;n.   Pero existe m&aacute;s preocupaci&oacute;n por   diferenciarse del socialismo que por buscar puntos comunes.</p>     <p>  La misma actitud distante se observa   respecto a la teor&iacute;a de los   <i>stakeholders</i>. Un buen ejemplo es   Domenec Mele, quien en su ensayo “Not only shareholder interests”emprende un ataque al modelo <i>shareholder</i>. Un ataque acad&eacute;micamente impecable, pero t&aacute;cticamente inoportuno. &Eacute;l muestra que los modelos <i>shareholder</i> y <i>stakeholder</i> no se contradicen porque ambos buscan la ganancia del individuo. La diferencia es poca. Los partidarios del modelo de <i>shareholder</i> afirman que la utilidad se maximiza atendiendo los intereses de los propietarios, con arreglo a la ley. Los proponentes del modelo <i>stakeholder</i> dicen que la mejor manera de maximizar la utilidad es atendiendo los intereses de los grupos afectados, incluidos los propietarios. Hay que atender los intereses de los grupos afectados porque esto permite maximizar la ganancia de la empresa (Mele, 2002, p. 190). Ninguno de los dos plantea el bien com&uacute;n. El bien com&uacute;n es lo que sirve para la prosperidad individual dentro de la comunidad (Mele, 2002, p. 194). No es suma de intereses individuales, no es el inter&eacute;s de la mayor&iacute;a. Es algo que trasciende los intereses individuales. Es un bien en que todos podemos participar, aunque no en igual medida (Mele, 2002, p. 194). Mele y otros insisten en que el pensamiento social cat&oacute;lico ofrece un enfoque distintivo y sustantivo a la econom&iacute;a, negocios y organizaciones, mejor fundamentado que el modelo <i>stakeholder</i>. Probablemente es as&iacute;, pero sigue siendo una cr&iacute;tica poco oportuna porque si alguna teor&iacute;a de la empresa se acerca a la cat&oacute;lica, es el modelo de <i>stakeholders</i>.</p>     <p>  Los pensadores cat&oacute;licos dejan por   fuera de su campo visual el institucionalismo,   que es otro aliado   natural, dispuesto a escuchar a los   cat&oacute;licos. La excepci&oacute;n honrosa es   Clark, quien en una ocasi&oacute;n comenta   favorablemente a Coase.</p>     <p>&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b><i> Qu&eacute; hacer</i></b></font></p>     <p>  Jeff Gates hace un interesante ejercicio   de generar propuestas de pol&iacute;tica   en “Reengineering ownership   for common good”. &Eacute;l se basa en   la idea de Juan XXIII en “Mater et   magistra”sobre el progreso econ&oacute;mico.   Juan XXIII dice que el crecimiento   debe acompa&ntilde;arse por el   progreso social, de tal manera que   todas las clases puedan participar   de la mayor productividad, y que la   prosperidad econ&oacute;mica de una naci&oacute;n   no se mide por sus activos totales   sino por la divisi&oacute;n equitativa   de riqueza. Por eso los empleados   deber&iacute;an gradualmente obtener la   propiedad en su empresa (Gates,   2002, p. 265). El autor analiza la   realidad del mercado y muestra   emp&iacute;ricamente que el capitalismo   americano a trav&eacute;s de la mano invisible   no crea una mayor equidad   sino todo lo contrario: concentra   la propiedad. Pero esto no tiene   por qu&eacute; ocurrir, y la sociedad tiene   herramientas adecuadas para   impedirlo. (Gates, 2002, p. 284).   Gates podr&iacute;a haber enriquecido la   discusi&oacute;n de la opci&oacute;n de empleado-   copropietario si hubiera entablado   el di&aacute;logo con los marxistas   e institucionalistas que estudiaron   la experiencia de la Yugoslavia de   Tito (Furubotn y Richter, 1998) .   El sistema de cogesti&oacute;n yugoslavo   permit&iacute;a la propiedad de los trabajadores   sobre su empresa. Esto con   frecuencia se traduc&iacute;a en la toma   de decisiones sub&oacute;ptimas, dictadas   por los intereses de corto plazo de   los empleados.</p>     <p>  James Murphy y David Pyke, en   el ensayo “Human work and the   challenges of job design”, muestran   que el enfoque cat&oacute;lico podr&iacute;a humanizar   el trabajo promoviendo el   <i>trade-off</i> entre el trabajo y el ocio.   En nuestra sociedad hay una confusi&oacute;n   sobre el trabajo. El trabajo,   como el sexo, es al mismo tiempo   resaltado y subvalorado. A juzgar   por las horas que dedicamos al   trabajo, el trabajo es nuestro &iacute;dolo   (Murphy y Pyke, 2002, p. 290).   La tarea de la doctrina cat&oacute;lica es   crear tales estructuras de trabajo   que promuevan el desarrollo humano   de manera individual y colectiva   (Murphy y Pyke, 2002, p.   293). El mecanismo, como lo reconocen   los autores, no puede ser   una reducci&oacute;n legislativa de las horas   de trabajo. Se tiene que buscar   un mecanismo de incentivos para que los mismos empleados puedan   hacer un trueque entre el salario y   el tiempo libre. Esto es posible solamente   haciendo transparente el   mercado laboral que t&iacute;picamente   presenta asimetr&iacute;as de informaci&oacute;n   y altos costos de transacci&oacute;n.   El aliado natural en esta tarea es el   institucionalismo que ni siquiera se   menciona en el ensayo.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b><i>  Conclusiones</i></b></font></p>     <p>  Los acad&eacute;micos cat&oacute;licos no est&aacute;n   a la altura de la tarea impuesta por   Juan XXIII en “Mater et magistra”.   El Papa dec&iacute;a que la doctrina social   deb&iacute;a ser plasmada en la realidad,   y no s&oacute;lo formulada (Cortright y   Naughton, 2002, p. 259). Nuestra   comprensi&oacute;n de la empresa puede   mejorar si adoptamos un enfoque   m&aacute;s hol&iacute;stico y realista de la actividad   humana, desarrollado por   la tradici&oacute;n cat&oacute;lica social (Clark,   2002, p. 81). Pero en la realidad la   mayor&iacute;a de las personas, incluidas   las cat&oacute;licas, no est&aacute;n al tanto de la   doctrina social de la Iglesia, y no la   conectan con los negocios ni con la pol&iacute;tica econ&oacute;mica.</p>     <p>  Una de las causas, seg&uacute;n los editores,   es la reticencia de la Iglesia misma   de proponer “una tercera v&iacute;a”con soluciones concretas. Seg&uacute;n   Juan Pablo II, el mensaje social del   Evangelio no es una teor&iacute;a sino un   motivo de acci&oacute;n. La doctrina social   cat&oacute;lica va a ganar la credibilidad   del testimonio de acciones m&aacute;s   que como resultado de su propia   l&oacute;gica interna y consistencia (Cortright y Naughton, 2002, p. 261).</p>     <p>&iquest;Qu&eacute; puede hacer la comunidad   acad&eacute;mica cat&oacute;lica para promover   la doctrina social de la Iglesia? En   vez de preocuparse por la pureza   doctrinal, los pensadores cat&oacute;licos   deber&iacute;an preocuparse por entablar   el di&aacute;logo con todas las corrientes   que desde diferentes perspectivas   tratan de hacer nuestra sociedad   digna de la persona humana.</p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="3"><b><i> Bibliograf&iacute;a</i></b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>  Freedman, Milton (1962). <i>Capitalism and freedom</i>.   Chicago: U. of Chicago Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000053&pid=S0121-5051200600020001600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  Cortright, S. A. y Naughton, Michael (2002).   Rethinking the purpose of business. <i>Interdisciplinary   essays from catholic social   tradition</i>. Notre Dame, University of Notre   Dame Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000054&pid=S0121-5051200600020001600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  Furubotn, Erik y Richter, Rudolf (1998). <i>Institutions   and economic theory</i>. Ann Arbor, U. of   Michigan Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000055&pid=S0121-5051200600020001600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>  Gorbaneff, Yuri (2003). <i>Herramientas para la   econom&iacute;a institucional</i>. Bogot&aacute;, Pontificia   Universidad Javeriana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S0121-5051200600020001600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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