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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="right"><b>REFLEXI&Oacute;N</b></p>      <p align="center"><font face="verdana" size="4"><b>PENSAMIENTOS &Eacute;TICOS EN EL CAUTIVERIO</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>MORAL THOUGHTS WHILE IN CAPTIVITY</b></font></p>     <p align="center"><font face="verdana" size="3"><b>PENSAMENTOS ETICOS NO CATIVEIRO</b></font></p>      <p align="center">WILLIAM P&Eacute;REZ MEDINA<sup><b>a</b></sup>*</p>      <p><sup><b>a</b></sup> Enfermero Auxiliar del Batall&oacute;n de Sanidad del Ej&eacute;rcito de Colombia</p>      <p>* Correspondencia: Tr 3 No. 49-00 Facultad de Medicina, Universidad Militar Nueva Granada</p>  <hr>      <p>Hubiese deseado tener otra especialidad militar, cuando los terroristas atacaron mi unidad y, en su persecuci&oacute;n, en medio del combate, resultaban heridos algunos de ellos, debiendo yo, como enfermero del Batall&oacute;n, brindarles los cuidados necesarios para preservarles la vida, a pesar de que momentos antes, ellos mismos hab&iacute;an asesinado a mis compa&ntilde;eros. Pensaba en ello y finalmente me dec&iacute;a: actuar as&iacute; es otra de las cosas que me hacen diferente de un terrorista y continuaba adelante con mi trabajo.</p>      <p>Pero la situaci&oacute;n cambi&oacute; de la noche a la ma&ntilde;ana cuando en medio de fuertes combates asesinaron a m&aacute;s de 80 compa&ntilde;eros y secuestraron otros 43, entre ellos yo, que tuve la suerte de vivir. Fue el inicio de una etapa de terror y sufrimiento que no se imagina uno a los 22 a&ntilde;os, menos aun que pod&iacute;a ser tan larga y que era posible soportarla. Con una cadena atada al cuello, amenazado constantemente por los terroristas y recibiendo todo tipo de humillaciones, se acerca a m&iacute; uno de esos personajes y me dice: "Perez, &iquest;Ser&aacute; que nos puede ayudar? es que tenemos un compa&ntilde;ero enfermo y no sabemos qu&eacute; hacer". No fue necesario en ese momento tener enfrente m&iacute;o a mi instructora, la Srta. Leonor, Enfermera Jefe y Directora de la Escuela de Enfermer&iacute;a del Hospital Militar Central donde me gradu&eacute; como Auxiliar de Enfermer&iacute;a, para saber de inmediato lo que ten&iacute;a que hacer. Ve&iacute;a su rostro firme dici&eacute;ndonos: "Recuerden siempre: primero el paciente, segundo el paciente, tercero el paciente y lo que sobre... tambi&eacute;n para el paciente".</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Sin embargo se me ven&iacute;an a la memoria las tantas veces que recib&iacute;amos vidrios en las comidas que nos daban, en la arena y en las puntillas que encontr&aacute;bamos dentro de los panes, en cuando encadenado a otro compa&ntilde;ero de secuestro me tocaba ir a hacer mis necesidades fisiol&oacute;gicas, en las cadenas al ba&ntilde;arme, en las cadenas al acostarme y en las cadenas al levantarme. Pero de nuevo me concentraba en las cosas que me hac&iacute;an diferente de ellos y en el compromiso que adquir&iacute; cuando me gradu&eacute; de enfermero y a pesar de los vidrios y de las cadenas, no dud&eacute; ni por un instante de lo que deb&iacute;a hacer: en el momento en que un terrorista se enfermaba ya no era m&aacute;s un terrorista, se convert&iacute;a en un paciente y le deb&iacute;a brindar los cuidados a mi alcance, a pesar del da&ntilde;o y del sufrimiento que nos causaban a nosotros y a nuestras familias.</p>     <p>Aqu&iacute; se presentaba tambi&eacute;n otro dilema, porque como auxiliar de enfermer&iacute;a no se est&aacute; autorizado sin una orden m&eacute;dica, para administrar ni siquiera una aspirina. Pero en la selva, antes de estar secuestrado y durante el cautiverio, las circunstancias llevan a que adem&aacute;s de enfermero, se act&uacute;e tambi&eacute;n de psic&oacute;logo, de confesor y hasta de m&eacute;dico. Hoy en d&iacute;a, ya en la libertad, indudablemente no me atrever&iacute;a a hacer cosa semejante, conozco perfectamente mis funciones y los l&iacute;mites que tengo. Pero en esos momentos, cuando se requiri&oacute; de mis servicios y me quitaban la cadena del cuello para llevarme en un bote a toda velocidad hasta donde estuviera el enfermo, sin pensarlo dos veces le brindaba al paciente las ayudas que mis conocimientos me permit&iacute;an. Y cuando me daban las gracias y adem&aacute;s me dec&iacute;an "Usted sabe que apreciamos lo que hace por nosotros, pero somos enemigos y nos toca tratarlo igual que al resto", recordaba como, durante los a&ntilde;os de cautiverio, tuve que presenciar que ellos mismos asesinaron a muchos de mis compa&ntilde;eros secuestrados y sab&iacute;a que llegado el momento, lo har&iacute;an tambi&eacute;n conmigo sin ning&uacute;n remordimiento.</p>     <p>Debo decir que nunca busqu&eacute; beneficio propio y que hubiese sido inaceptable recibir concesiones cuando mis compa&ntilde;eros estaban peor cada d&iacute;a. Pero se tambi&eacute;n que el saberme &uacute;til para mis compa&ntilde;eros y tambi&eacute;n para los terroristas, me a ayud&oacute; a tener fortaleza y no perder las esperanzas. Como mis servicios eran solicitados constantemente, sobre todo para preguntarme cosas sobre la salud, me vi obligado a estudiar en los libros que ellos mismos me proporcionaban y que ahora agradezco, porque fue una situaci&oacute;n vital para conservar mi salud mental. Cuando alguno me preguntaba si yo no pensaba en dejarlos morir, o en colocarles un medicamento que les causara un da&ntilde;o peor, siempre respond&iacute;a que para un militar eso era inadmisible, pero la verdad, debo confesarlo, en esos momentos yo pensaba m&aacute;s como enfermero que como militar.</p>     <p>Despu&eacute;s de prestar la ayuda y otra vez encadenado, pensaba yo &iquest;Qu&eacute; es la &eacute;tica? &iquest;Acaso estaba yo obligado a brindarle asistencia a quienes me secuestraron, mucho menos en medio de la tortura diaria que me ocasionaban? &iquest;Los principios &eacute;ticos no tienen en cuenta el dolor de las v&iacute;ctimas? A veces solo, cuando me pon&iacute;a a reflexionar, me contestaba que no, que como ser humano v&iacute;ctima del terrorismo no ten&iacute;a ning&uacute;n tipo de deber hacia ellos. Pero por encima de la rabia y del abandono que llegaba sentir, me aferraba a los principios &eacute;ticos que debemos mantener los que escogimos trabajar en la conservaci&oacute;n de la vida y que en el caso m&iacute;o fueron aprendidos en la Escuela de Enfermer&iacute;a del Hospital Militar Central, en donde no s&oacute;lo me formaron como enfermero, sino como persona. All&iacute; me ense&ntilde;aron a ser un individuo capaz de servirle a la sociedad por encima del bien propio y es por eso que los premios y las condecoraciones que he recibido, se los dedico, porque ellas lo merecen, a todas y a cada una de las Instructoras de la Escuela de Enfermer&iacute;a, que con su paciencia y vocaci&oacute;n hicieron de mi un buen enfermero, o al menos un enfermero sensible al dolor ajeno, incapaz de dejar morir a alguien cuando est&aacute; en las manos evitarlo.</p>     <p>Con los principios &eacute;ticos que me inculcaron y con los conocimientos que adquir&iacute;, aprend&iacute; durante mi cautiverio en la selva que as&iacute; sea con las u&ntilde;as y con recursos m&iacute;nimos, tambi&eacute;n es posible salvar vidas cuando hay la disposici&oacute;n para hacerlo. Algunas veces nos acostumbramos a que si todos los recursos no est&aacute;n a la mano, nada puede hacerse; pero el mundo de la selva nos obliga a ser recursivos y si adem&aacute;s de eso se act&uacute;a con &eacute;tica, es posible ser &uacute;til, as&iacute; sea en el cautiverio. Podr&iacute;a contar m&aacute;s an&eacute;cdotas relacionadas con lo de ser recursivo pero necesitar&iacute;a muchas p&aacute;ginas. Lo importante para m&iacute; era decir en este escrito que el que tiene la verdadera vocaci&oacute;n de servir, jam&aacute;s debe pensar primero en si mismo cuando de salvar vidas humanas se trata. S&oacute;lo le agradezco a Dios que en su misericordia, haya tenido compasi&oacute;n de m&iacute;, porque s&eacute; que su mano estuvo en cada procedimiento que realic&eacute; y para &Eacute;l sea toda la honra.</p>     <p><b><i>Nota editorial:</i></b> El Sargento P&eacute;rez fue secuestrado el d&iacute;a 3 de marzo de 1998 a la edad de 22 a&ntilde;os en El Billar (Caquet&aacute;) y rescatado el 2 de julio de 2008 durante la Operaci&oacute;n Jaque, luego de 124 meses de cautiverio en las selvas de Colombia. </p>     <p></p>   </font>      ]]></body>
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