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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL CARÁCTER CAMBIANTE DE LAS GUERRAS CIVILES 1800-2009]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <font face="verdana" size="2">       <p align="center" ><font size="4"><b> EL CAR&Aacute;CTER  CAMBIANTE DE LAS GUERRAS CIVILES 1800-2009</b></font></p>      <p><b> Stathis Kalyvas </b>es  profesor Arnold Wolfers de Ciencia Pol&iacute;tica y Director del programa Conflicto  Orden y Violencia del Departamento de Ciencia Pol&iacute;tica de la Universidad Yale,  New Haven, Estados Unidos. <i><u> <a href="mailto:stathis.kalyvas@yale.edu"> stathis.kalyvas@yale.edu</a></u></i></p> <hr size="1">     <p> Thexto de la  conferencia inaugural del Doctorado en Ciencia Pol&iacute;tica del Departamento de  Ciencia Pol&iacute;tica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los  Andes, dictada el 18 de septiembre de 2009 en el Auditorio Alberto Lleras  Camargo de la Universidad de los Andes.</p>       <p> Con pocas  excepciones, el estudio cuantitativo del reciente conflicto interno ha tenido  una tendencia hacia el per&iacute;odo posterior a 1945<sup><a   name="s1" href="#1">1</a></sup>. Existe una manera  adicional, sin embargo, en la cual la historia ha sido ignorada y tiene menos  relaci&oacute;n con el alcance cronol&oacute;gico de la investigaci&oacute;n actual y m&aacute;s con las  implicaciones conceptuales de este truncamiento cronol&oacute;gico. Al tratar las  guerras civiles como fundamentalmente homog&eacute;neas a trav&eacute;s de tiempo y del  espacio, los investigadores no se han percatado de examinar la evoluci&oacute;n y  transformaci&oacute;n en un cierto per&iacute;odo de las guerras civiles. Esta negligencia se  relaciona con sus caracter&iacute;sticas &quot;sobre el terreno&quot; y, quiz&aacute;s m&aacute;s importante,  las formas en las cuales se han entendido y conceptualizado tanto de parte de  actores como de observadores. Esta miop&iacute;a hist&oacute;rica ha producido un resultado  sorprendente: la dominaci&oacute;n de la asociaci&oacute;n emp&iacute;rica y conceptual de la  insurgencia, la guerra civil y la revoluci&oacute;n. Es, despu&eacute;s de todo, com&uacute;n para  referirse a la guerra civil y la insurgencia de manera intercambiable. Esta  asociaci&oacute;n es frecuentemente entendida como una constante universal, cuando, en  realidad, es hist&oacute;ricamente contingente.</p>      <p> Este ensayo es una  rectificaci&oacute;n en gran medida del car&aacute;cter a hist&oacute;rico de la investigaci&oacute;n  actual. Mediante la adopci&oacute;n de una perspectiva cronol&oacute;gica m&aacute;s amplia y  analizando las guerras civiles en los siglos XIX y XX, trazo la evoluci&oacute;n de las  guerras civiles, a trav&eacute;s del tiempo, tanto emp&iacute;rica como intelectualmente. Me  refiero a las l&iacute;neas generales de las caracter&iacute;sticas militares (&quot;la forma en  que se llevaron al terreno&quot;), as&iacute; como la manera en que han sido descritas y  comprendidas tanto por los observadores como por los participantes. Yo sostengo  que la forma en la cual se llevaron a cabo las guerras civiles est&aacute;  estrechamente relacionada con el modo en que han sido entendidas y  conceptualizadas.</p>      <p> Surgen dos ideas  fundamentales. En primer lugar, es posible distinguir tres grandes per&iacute;odos  hist&oacute;ricos correspondientes a los tres tipos generales de las guerras  civiles. Las guerras civiles eran principalmente las guerras convencionales en  el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX; eran primariamente las guerras  irregulares o insurgentes durante el per&iacute;odo despu&eacute;s de la Segunda Guerra  Mundial, y se han convertido en toda una mezcla de guerras tradicionales y de  &quot;baja tecnolog&iacute;a&quot; sim&eacute;tricas en la pos-Guerra Fr&iacute;a.</p>      <p> En una formulaci&oacute;n  diferente, la guerra irregular antes de la Segunda Guerra Mundial, y  especialmente durante el siglo XIX, <i>no se asociaba </i>principalmente con la  guerra civil. En su lugar, fue una de las principales caracter&iacute;sticas de las  guerras de conquista imperial y colonial, enfrentando a los ej&eacute;rcitos modernos  contra la resistencia de los pueblos nativos. En otras palabras, la asociaci&oacute;n  entre la guerra civil y la guerra irregular es un producto de la Segunda Guerra  Mundial y, especialmente, de la Guerra Fr&iacute;a.</p>      <p> En segundo lugar,  la asociaci&oacute;n de la guerra civil y la revoluci&oacute;n es un fen&oacute;meno del siglo XX.  Antes de &eacute;l, la revoluci&oacute;n fue concebida principalmente como un levantamiento de  las masas urbanas. &Eacute;ste era un proceso que requer&iacute;a la participaci&oacute;n de los  habitantes urbanos y los trabajadores de la industria por encima de los  campesinos. En la medida en que una revoluci&oacute;n tom&oacute; la forma de guerra civil, su  primera asociaci&oacute;n era con la guerra convencional y no con la irregular. En  contraste, la guerra irregular fue rechazada por los te&oacute;ricos revolucionarios y  activistas, hasta que Mao Zedong. Marx, Engels, Lenin y Trotsky, entre otros,  concibieron todos que la guerra de guerrillas era una forma menor de la lucha  armada no apta para los verdaderos revolucionarios y la clase obrera.</p>      <p> En resumen, las  guerras civiles han experimentado un notable —y poco estudiado hasta ahora—  proceso de transformaci&oacute;n en los &uacute;ltimos dos siglos; a su vez, esta  transformaci&oacute;n ha configurado la comprensi&oacute;n general y el estudio de la guerra  civil. Por lo tanto, la hostilizaci&oacute;n de las guerras civiles demuestra que  presunciones clave sobre el car&aacute;cter de las guerras civiles son s&oacute;lo variables y  no constantes, que necesitan ser problematizadas y exploradas emp&iacute;ricamente, m&aacute;s  que presumidas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Comienzo  proporcionando algunas definiciones clave. Luego ofrezco una breve rese&ntilde;a del  car&aacute;cter cambiante de las guerras intraestatales desde el comienzo del siglo  XIX, tras lo cual demuestro c&oacute;mo dicha transformaci&oacute;n est&aacute; relacionada con el  proceso paralelo de comprensi&oacute;n intelectual y conceptual de las guerras civiles.  La lente de an&aacute;lisis central de este trabajo es el concepto de guerra o  &quot;tecnolog&iacute;a de la rebeli&oacute;n&quot; (Kalyvas y Balcells 2009), que, a mi juicio,  funciona como un reemplazo conveniente de una serie de caracter&iacute;sticas clave,  incluidos la organizaci&oacute;n, la ideolog&iacute;a, los recursos y la violencia que  caracterizan a los conflictos particulares.</p>       <p><b>     <br> DEFINICIONES</b></p>      <p> La guerra civil  puede ser definida m&iacute;nimamente como la &quot;lucha armada dentro de los l&iacute;mites de  una entidad soberana reconocida, entre partes sujetas a una autoridad com&uacute;n al  inicio de las hostilidades&quot; (Kalyvas 2006). La intuici&oacute;n detr&aacute;s de esta  definici&oacute;n es mejor captada por la descripci&oacute;n de Charles Tilly (1978, 191) de  una situaci&oacute;n revolucionaria que implique reclamos mutuamente exclusivos a la  autoridad que producen una situaci&oacute;n de <i>soberan&iacute;a dividida </i>o <i>doble</i>.  Aunque guerra interna (o intraestatal) es, tal vez, un t&eacute;rmino m&aacute;s preciso, la  guerra civil es, de lejos, el m&aacute;s conocido. A ra&iacute;z de esta definici&oacute;n, la  resistencia armada contra la ocupaci&oacute;n militar despu&eacute;s de una invasi&oacute;n exitosa,  las guerras de secesi&oacute;n y las guerras de descolonizaci&oacute;n pueden considerarse  guerras civiles. Una consecuencia observable es que las partes rivales en estos  conflictos tienden a contratar personal entre la poblaci&oacute;n local misma. &quot;La  Revoluci&oacute;n Estadounidense fue una guerra civil&quot;, nos recuerda Shy (1976, 183),  porque &quot;en proporci&oacute;n a la poblaci&oacute;n, casi tantos americanos se dedicaron a la  lucha contra otros americanos durante la Revoluci&oacute;n, como lo hicieron durante la  Guerra Civil&quot;. En contraste, las guerras de conquista, incluida la conquista  imperial y colonial, se acercan m&aacute;s al tipo ideal de la guerra interestatal.  Cuando el territorio en cuesti&oacute;n carece de una soberan&iacute;a reconocida  internacionalmente o un aparato estatal moderno, la frontera entre las guerras  interestatales e intraestatales se hace borrosa. El choque armado inicial,  despu&eacute;s de la invasi&oacute;n, se puede considerar como el equivalente de una guerra  interestatal, mientras que el conflicto armado que estalla despu&eacute;s de que este  territorio ha sido conquistado puede ser pensado como la aproximaci&oacute;n de la  guerra civil.</p>      <p> Muy parecido a la  guerra civil, el concepto de revoluci&oacute;n ha sido utilizado en una multiplicidad  de formas. En este trabajo sigo la intuici&oacute;n de la revoluci&oacute;n como un proceso  que produce un cambio pol&iacute;tico radical. Desde esta perspectiva, las guerras  civiles que producen s&oacute;lo un cambio de personal pol&iacute;tico no calificar&iacute;a como una  revoluci&oacute;n, mientras que las revoluciones triunfantes generalmente evitan el  descenso a la guerra civil.</p>      <p> Las guerras civiles  se han librado en una variedad de maneras. Yo distingo entre tres tipos b&aacute;sicos  de guerra o &quot;tecnolog&iacute;as de la rebeli&oacute;n&quot;, todos los cuales se ofrecen como tipos  ideales, dada la fluidez que tiende a caracterizar a estos conflictos: las  guerras convencionales, las irregulares y las sim&eacute;tricas no convencionales  (Kalyvas 2005).</p>      <p> Empezando con el  primer tipo, es importante resaltar que muchas guerras civiles se han llevado a  cabo de forma convencional. &Eacute;ste es un t&eacute;rmino que se refiere a la intervenci&oacute;n  militar directa o bien a trav&eacute;s de frentes bien definidos o por el choque de las  columnas armadas; una forma com&uacute;n de confrontaci&oacute;n en ese contexto es el gran  conjunto de batallas entre ej&eacute;rcitos opuestos organizados en  formaciones de batalla. Guerras Civiles Convencionales incluyen casos bien  conocidos como la Guerra Civil Estadounidense (1861-1865), la Guerra Civil Rusa  (1917-1923), la Guerra Civil Finlandesa (1918) y la Guerra Civil Espa&ntilde;ola  (1936-1939), e, igualmente los conflictos m&aacute;s recientes, como el conflicto de  Biafra en Nigeria (1967-1970), la guerra de Abjasia en Georgia (1992-1994), la  guerra en Alto Karabaj en Azerbaiy&aacute;n (1991-1994), y las guerras de Croacia y  Bosnia en la antigua Yugoslavia (1992-1995).</p>      <p> En contraste con  las guerras convencionales, que implican un sentido compartido de simetr&iacute;a entre  los bandos rivales, la guerra irregular o de guerrillas es una expresi&oacute;n de la  asimetr&iacute;a entre los estados y los rebeldes: aunque los rebeldes tienen la  capacidad militar para desafiar al Estado, carecen de la capacidad para  confrontarlo de una manera directa y frontal. Este tipo de guerra se caracteriza  por combates indirectos y de bajo nivel, a menudo dominados por la emboscada y  los asaltos. Los rebeldes evitan el combate directo con el ej&eacute;rcito m&aacute;s poderoso  del Estado y dependen del acoso y el sigilo. Guerras irregulares civiles  incluyen la Guerra de Independencia en Espa&ntilde;a (1807-1814), que introdujo el  t&eacute;rmino &quot;guerrilla&quot; al l&eacute;xico de la guerra, la Insurrecci&oacute;n Filipina contra ee.  uu. (1898-1902); varias guerras de resistencia contra la ocupaci&oacute;n alemana y  japonesa durante la Segunda Guerra Mundial, en lugares como Grecia, Yugoslavia,  China o Filipinas; las guerras anticoloniales, como la Guerra de Independencia  de Argelia (1954-1962), la Guerra de Independencia de Rodesia (1966-1979) y las  guerras en Angola (1961-1975), Mozambique (1962-1975) y Guinea Bissau  (1962-1974) contra los portugueses; las guerras secesionistas, como la Rebeli&oacute;n  Kurda en Irak (1980-1988), diversos grupos insurgentes en la India (por ejemplo,  Assam, 1966-1986) y Pakist&aacute;n (por ejemplo, de Beluchist&aacute;n, 1973-1977), y grupos  insurgentes de izquierda en contra de los gobiernos de derecha (por ejemplo, El  Salvador, 1979-1992; Per&uacute;, 1980-1996, y, m&aacute;s recientemente, Nepal, 1996-2006); y  viceversa, las insurgencias de la derecha contra los gobiernos de izquierda (la  Renamo en Mozambique, 1976-1992; los Contras en Nicaragua, 1981-1988).  &quot;Insurgencia&quot; es un t&eacute;rmino que a veces se utiliza para significar cualquier  tipo de rebeli&oacute;n. En este trabajo, me parece que es un sin&oacute;nimo de la guerra  &quot;irregular&quot; o &quot;de guerrillas&quot;. Desde esta perspectiva, las insurgencias  constituyen un subconjunto, m&aacute;s que un sin&oacute;nimo de guerras civiles.</p>      <p> Por &uacute;ltimo, algunas  guerras civiles no caben en la dicotom&iacute;a entre la guerra convencional y la  irregular: se alejan de las guerras irregulares en cuanto carecen de la  asimetr&iacute;a entre el Estado y los rebeldes que caracteriza a estos conflictos.  Cuando los estados no son capaces (o, en algunos casos, no quieren) de desplegar  una fuerza militar organizada contra los insurgentes mal equipados de forma  realista y sistem&aacute;tica, los dos lados coinciden en un bajo nivel de capacidad  militar. Esta debilidad mutua produce un tipo de guerra que a menudo es  comparada con la guerra  premoderna. Tales &quot;guerras sim&eacute;tricas y no convencionales&quot; surgen en contextos  de extrema debilidad del Estado, y se incluyen como ejemplos las guerras civiles  en L&iacute;bano (1975-1990), Somalia (1991-en curso), Congo-Brazzaville (1993-1997) y  la Rep&uacute;blica Centroafricana (1996-1997).</p>      <p> En resumen, el  examen de las guerras civiles desde la perspectiva de la guerra nos permite  observar la heterogeneidad sistem&aacute;tica en t&eacute;rminos de la guerra que las  caracteriza. A su vez, este tipo de captaci&oacute;n de desagregaci&oacute;n contiene  diferencias importantes entre las guerras civiles (Kalyvas 2005) y hace posible  ofrecer una visi&oacute;n general de la transformaci&oacute;n de las guerras civiles en el  tiempo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Armados con estas  definiciones, ahora mirar&eacute; al registro de los conflictos armados durante los  siglos XIX y XX para identificar los principales patrones. Para ello, me baso  principalmente en la lista de los conflictos producidos por el proyecto <i> Correlates of War </i>(cow, por su sigla en ingl&eacute;s)<sup><a   name="s2" href="#2">2</a></sup>.</p>       <p><b>     <br> EL SIGLO XIX</b></p>      <p> Es posible  distinguir durante el siglo XIX tres grandes tipos de conflictos que no eran  claramente guerras interestatales. La categor&iacute;a m&aacute;s grande se compone de las  guerras secesionistas que tienen lugar dentro de los imperios; la mayor&iacute;a de las  veces, &eacute;stas se libraron por medios convencionales. La segunda categor&iacute;a  comprende un n&uacute;mero menor de conflictos en los que el objetivo era el control  del centro; estos conflictos tomaron la forma de insurrecci&oacute;n urbana, se  entendieron como revoluciones, en lugar de guerras civiles, ya que no  involucraron combates a gran escala entre actores armados organizados. Por  &uacute;ltimo, un gran n&uacute;mero de guerras que se caracterizaron por la guerra irregular  tuvo lugar en el contexto de las guerras de expansi&oacute;n imperial y el  asentamiento. Estos conflictos son percibidos frecuentemente como guerras; sin  embargo, el t&eacute;rmino &quot;interestatal&quot; no tiene mucho sentido, ya que un lado estaba  generalmente conformado por nativos &quot;primitivos&quot; que carecieron de los s&iacute;mbolos  de la soberan&iacute;a moderna. De hecho, s&oacute;lo la primera categor&iacute;a de los conflictos,  las guerras secesionistas que tienen lugar dentro de los imperios, se adapta a  la definici&oacute;n de las guerras civiles explicada arriba.</p>      <p> Las &quot;revoluciones  nacionales&quot; o &quot;guerras de independencia&quot; en las Am&eacute;ricas se destacan tanto en  t&eacute;rminos de magnitud como en su importancia geopol&iacute;tica. Comenzando, justo antes  de la clausura del siglo XVIII, con la Guerra de Independencia de Estados Unidos  (1775-1783), estos conflictos se extendieron a Am&eacute;rica Central y Sudam&eacute;rica  desde 1808 hasta 1829, y condujeron al casi total desmantelamiento de los  imperios coloniales brit&aacute;nicos y espa&ntilde;oles en el  continente americano y la creaci&oacute;n de un gran n&uacute;mero de nuevos estados. Estas  guerras incluyen la Guerra de Independencia Argentina (1810-1818), la Guerra de  Independencia de M&eacute;xico (1810-1821), la Guerra de Independencia de Venezuela  (1811-1823), y la Guerra de Independencia de Chile (1810-1826), entre otras.  Aunque se trata de conflictos que un analista contempor&aacute;neo caracterizar&iacute;a como  guerras civiles secesionistas, ser&iacute;a incorrecto seguir la confluencia com&uacute;n y  describirlas como guerras &eacute;tnicas. Estas guerras se libraron en gran medida  entre los colonos europeos y sus descendientes; aunque los ej&eacute;rcitos coloniales  y los independentistas reclutaron la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, su papel era  generalmente subordinado (Archer 2000; Costeloe 1986; Dom&iacute;nguez 1980). Una  caracter&iacute;stica com&uacute;n entre estas guerras fue que se libraron principalmente en  forma convencional, entre los ej&eacute;rcitos regulares que combatieron en batallas  campales, aunque los episodios de la guerra irregular tambi&eacute;n se llevaron a  cabo. De hecho, sus resultados se decidieron frecuentemente en las batallas  decisivas. Por ejemplo, la Batalla de Carabobo (24 de junio de 1821) condujo a  la independencia de Venezuela, y la Batalla de Boyac&aacute; (7 de agosto de 1819) fue  un paso clave en la independencia de Colombia. Tras la Independencia, los nuevos  estados americanos experimentaron una serie de guerras civiles: unos pocos  separatistas (la m&aacute;s importante fue la Guerra Civil Estadounidense, 1861-1865)  pero la mayor&iacute;a se trat&oacute; del control del centro.</p>      <p> Adem&aacute;s de los  imperios coloniales de los espa&ntilde;oles y los brit&aacute;nicos, el Imperio otomano  tambi&eacute;n se dedic&oacute; a una serie de guerras locales que pueden ser descritas como  separatistas o auton&oacute;micas. &Eacute;stas incluyen la Guerra de Independencia Griega  (1821-1828), la Primera Guerra Siria (1831-1832), la Revuelta de Bosnia (1841),  la Guerra de la Independencia de Valaquia (1848-1851)| y las insurrecciones  sucesivas de Creta (1866-1868, 1888-1889 y 1896-1897), entre muchas otras.  Claramente influenciada por las ideas de la Revoluci&oacute;n Francesa, la Guerra de  Independencia Griega fue un hito para el sureste de Europa: a diferencia de  anteriores rebeliones &quot;tradicionales&quot; que segu&iacute;an siendo locales y exigieron la  autonom&iacute;a, el levantamiento griego se convirti&oacute; en la primera rebeli&oacute;n otomana  en incluir una demanda expl&iacute;cita de la formaci&oacute;n de un nuevo Estado-Naci&oacute;n, y,  por lo tanto, en una guerra que podr&iacute;a ser caracterizada como secesionista y  &eacute;tnica<sup><a   name="s3" href="#3">3</a></sup>. A diferencia de las guerras americanas, en su mayor&iacute;a las  guerras que tuvieron lugar en el contexto del Imperio otomano se libraron tanto  a trav&eacute;s de la guerra irregular tradicional como de una combinaci&oacute;n de la guerra  irregular y convencional.</p>      <p> En contraste, las  guerras civiles que se llevaron a cabo por el control del centro fueron mucho  menos frecuentes durante el siglo XIX. Algunas fueron principalmente guerras  convencionales, como la Guerra Carlista de Espa&ntilde;a (1833-1839, 1846-1849,  1872-1876). La mayor&iacute;a, sin embargo, tom&oacute; la forma de la insurrecci&oacute;n urbana, y  fueron llamadas &quot;revoluciones&quot;. &Eacute;stas incluyeron los diversos levantamientos en  toda Europa en 1848 y, m&aacute;s notablemente, la Comuna de Par&iacute;s de 1871, que se  eleva por encima de la mayor&iacute;a de los levantamientos urbanos en t&eacute;rminos de  muertes.</p>      <p> Si las guerras  civiles secesionistas eran principalmente luchadas de manera convencional y las  guerras civiles por el control del centro tomaron la forma de insurrecci&oacute;n  urbana, &iquest;existe alg&uacute;n espacio para la guerra irregular? Resulta que en su gran  mayor&iacute;a las guerras irregulares durante el siglo XIX no fueron guerras civiles.  A veces llamados &quot;peque&ntilde;as guerras&quot;, estos conflictos tuvieron como rasgo la  guerra irregular utilizada principalmente por los pueblos nativos (sin &eacute;xito)  que resistieron la invasi&oacute;n de colonos y la conquista colonial. As&iacute;, muchas de  las guerras en las que el Imperio ruso intervino durante el siglo XIX eran  guerras de conquista imperial o de incorporaci&oacute;n, incluidos conflictos como la  Guerra Ruso-Georgiana (1816-1825), las Guerras Ruso-Circasianas (1829-1840) y la  Guerra Murid (1830-1859). Asimismo, la expansi&oacute;n hacia el oeste puso a Estados  Unidos en conflicto con las poblaciones nativas, produciendo las m&uacute;ltiples  Guerras Indias durante ese tiempo. Guerras similares fueron llevadas a cabo en  Am&eacute;rica del Sur. En cuanto a la implacable expansi&oacute;n de las potencias europeas  en Indochina, &Aacute;frica y Asia, &eacute;sta gener&oacute; un gran n&uacute;mero de conflictos contra los  pueblos nativos. Algunos ejemplos son las Guerras Brit&aacute;nico-Zul&uacute; (1879 y 1906),  las Guerras B&oacute;er (1880-1881, 1899-1902), las Guerras Francesas en Senegal  (1890-1891), Madagascar (1883-1885 y 1894-1895) e Indochina (1858-1863,  1885-1896), y la guerra contra EE. UU. en Filipinas (1898-1902). Los pueblos  nativos que resistieron las invasiones imperiales lucharon utilizando  fundamentalmente t&eacute;cnicas de guerrilla, aunque este t&eacute;rmino puede ser un nombre  poco apropiado, ya que muchos de estos conflictos eran, de hecho, poco  sofisticados, y equivocados los intentos de los nativos, que mal armados se  enfrentaban de manera m&aacute;s o menos frontal contra las fuerzas europeas, que eran  num&eacute;ricamente inferiores pero militarmente superiores, una decisi&oacute;n que a menudo  produjo una masacre en masa. No es de extra&ntilde;ar, entonces, que la guerra  irregular se asociara, en la mente de muchos observadores, con la guerra  primitiva y, m&aacute;s generalmente, con pueblos &quot;primitivos&quot; o &quot;incivilizados&quot;. En  resumen, se trata de un tipo de guerra ampliamente percibida como la  representaci&oacute;n del pasado, no del futuro.</p>      <p> Existe una  excepci&oacute;n interesante, importante y limitada a la asociaci&oacute;n de la guerra  irregular con la guerra primitiva: en algunos casos, la guerra irregular se  utiliz&oacute; en sociedades europeas &quot;avanzadas&quot; contra las tropas extranjeras  invasoras, a veces en el contexto de una guerra civil, y a veces en el contexto  de una guerra interestatal, pero tras la derrota del ej&eacute;rcito regular de un  Estado. Los levantamientos realistas en contra de la Revoluci&oacute;n Francesa, que se  llevaron a cabo en el oeste de Francia, conocidos como Chouannerie o Chuanes  (1794-1800); la guerra espa&ntilde;ola contra Napole&oacute;n, que dio al mundo el t&eacute;rmino  &quot;guerrilla&quot; (1808-1814), y la rebeli&oacute;n tirolesa contra las fuerzas de Francia y  Baviera (1809) fueron todos casos de un tipo de guerra que se&ntilde;al&oacute; una  modernizaci&oacute;n que abri&oacute; el camino de la antigua pr&aacute;ctica de la guerra irregular,  que ahora se llama Guerra Partisana. Este tipo de conflicto requer&iacute;a la  movilizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n en grupos rebeldes que combaten detr&aacute;s de la  primera l&iacute;nea contra un invasor o una ocupaci&oacute;n militar. El elemento moderno era  el fundamento ideol&oacute;gico y el car&aacute;cter masivo de esta movilizaci&oacute;n. La  Revoluci&oacute;n Francesa, con su movilizaci&oacute;n masiva, fue la inspiraci&oacute;n de un  &quot;Pueblo en Armas&quot;; la ideolog&iacute;a en cuesti&oacute;n era el nacionalismo. Fue Carl von  Clausewitz quien elabor&oacute; la idea de &quot;guerra popular en la Europa civilizada&quot;. En  el libro vi de <i>De la guerra</i>, sostuvo que la defensa comunitaria basada en  la resistencia popular espont&aacute;nea, utilizando t&eacute;cnicas de lucha indirecta,  podr&iacute;a ser un factor militar importante, siempre y cuando sea auxiliar de un  ej&eacute;rcito regular. &Eacute;sta era una afirmaci&oacute;n audaz, dado que la resistencia  organizada de las masas populares segu&iacute;a siendo un fen&oacute;meno muy limitado durante  el siglo XIX.</p>      <p> En resumen, una  visi&oacute;n general de los patrones de conflicto durante el siglo XIX sugiere que la  guerra civil, la guerra irregular y la revoluci&oacute;n fueron los fen&oacute;menos que se  distinguen de manera clara, tanto conceptual como emp&iacute;ricamente: las guerras  civiles, en su mayor&iacute;a, se libraron convencionalmente; las revoluciones en su  mayor&iacute;a tomaron la forma de levantamientos urbanos, y las guerras irregulares en  su mayor&iacute;a se caracterizaron como resistencia &quot;primitiva&quot; a la expansi&oacute;n  imperial o colonial.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>     <br> LA PRIMERA MITAD  DEL SIGLO XX</b></p>      <p> En muchos sentidos,  la primera mitad del siglo XX fue una continuidad: los patrones que caracterizan  al siglo XIX siguieron dominando, con un par de diferencias clave. En primer  lugar, la guerra irregular se utilizaba en algunas colonias, en un esfuerzo  in&uacute;til y poco frecuente para revertir el dominio colonial. En segundo lugar, la  guerra civil regres&oacute; a Europa, en la forma de la guerra convencional de gran  tama&ntilde;o.</p>      <p> Varias rebeliones  se presentaron en las colonias adquiridas durante el per&iacute;odo anterior. El m&eacute;todo  de lucha, as&iacute; como el resultado, sin embargo, no se modificaron. No obstante,  debido al hecho de que estas rebeliones se llevaron a cabo dentro de los  territorios que formaban parte de los imperios coloniales europeos, estos  conflictos pueden ser descritos como guerras civiles. De este modo, Alemania  enfrenta el Levantamiento Hotentote (1903-1908) y la rebeli&oacute;n de Maji Maji  (1905-1907); Francia, el levantamiento de Marruecos de 1916-1917; Italia, la  rebeli&oacute;n de Sanusi en Libia (1920-1931), y as&iacute; sucesivamente.</p>      <p> El &aacute;rea principal  de diferenciaci&oacute;n entre los dos per&iacute;odos es el regreso de la guerra civil de  Europa, principalmente en la forma de guerras importantes, que reflejan grandes  divisiones ideol&oacute;gicas y que se libraron sobre todo de manera convencional. La  Revoluci&oacute;n Rusa y la Guerra Civil (1917-1921), la Revoluci&oacute;n Alemana  (1918-1919), la Guerra Civil de Finlandia (1918), y, por supuesto, la Guerra  Civil espa&ntilde;ola (1936-1939) son los casos m&aacute;s notables. Obviamente, los tres  primeros casos est&aacute;n directamente vinculados a la Primera Guerra Mundial, un  factor que explica el grado de militarizaci&oacute;n y el tipo de lucha. Las guerras  civiles no europeas de mayor importancia durante el mismo per&iacute;odo incluyen la  Revoluci&oacute;n Mexicana (1910-1920) y la Guerra Civil china, que comenz&oacute; en 1927  como un conflicto complejo, multifac&eacute;tico, con la participaci&oacute;n de varios  ej&eacute;rcitos de se&ntilde;ores de la guerra, de los cuales los comunistas eran  inicialmente s&oacute;lo uno de menor importancia. Por &uacute;ltimo, la Guerra de  Independencia de Irlanda (1919-1921) se destaca como una guerra de secesi&oacute;n, que  se libr&oacute; con una combinaci&oacute;n de terrorismo urbano y las t&aacute;cticas de la  insurgencia.</p>       <p><b>     <br> LA SEGUNDA MITAD  DEL SIGLO XX</b></p>      <p> La guerra civil  sufri&oacute; un cambio estructural masivo durante y despu&eacute;s de la Segunda Guerra  Mundial. Este cambio puede atribuirse a tres desarrollos fundamentales. El  primero de ellos se puede encontrar en la Guerra Civil china. Mao Zedong lleg&oacute; a  la conclusi&oacute;n de que la guerrilla podr&iacute;a ser un instrumento importante para los  revolucionarios, especialmente cuando la insurrecci&oacute;n urbana y la guerra  convencional no estaban disponibles. Igual de importante, tambi&eacute;n &eacute;l fue capaz  de teorizar (y, m&aacute;s tarde, de popularizar) su experiencia y convertirla en una  doctrina de guerra de guerrillas. El &eacute;xito de los comunistas chinos contra la  ocupaci&oacute;n japonesa y su victoria sobre sus enemigos Nacionalistas en 1949 le dio  a la doctrina mao&iacute;sta de la &quot;guerra popular revolucionaria&quot; un enorme prestigio  y credibilidad instant&aacute;nea.</p>      <p> El segundo  desarrollo fue la realizaci&oacute;n de que la combinaci&oacute;n del marxismo revolucionario  y el nacionalismo en el contexto de las ocupaciones del Eje durante la Segunda  Guerra Mundial podr&iacute;a dar lugar a movimientos guerrilleros robustos, mientras se  extend&iacute;a la influencia de los partidos comunistas m&aacute;s all&aacute; de su limitada base  de trabajo de clase. Dicho de otro modo, la transformaci&oacute;n de los partidos  comunistas en organizaciones &quot;abarcatodo&quot; con una base fuerte campesina podr&iacute;a  lograrse mediante la guerra de guerrillas, m&aacute;s que el electoralismo simple o la  movilizaci&oacute;n de masas y las protestas urbanas. La experiencia de Yugoslavia,  Grecia, China o Vietnam, entre otros, fue vista como la validaci&oacute;n de este  punto. La raz&oacute;n por la cual los comunistas resultaron ser usuarios tan exitosos  de la guerra irregular se ubic&oacute; en su <i>know-how </i>de la actividad  clandestina, el vac&iacute;o de poder y la dislocaci&oacute;n social provocada por la guerra y  la ocupaci&oacute;n, y la estrategia del  &quot;frente popular&quot; del comunismo de entreguerras, que cre&oacute; la ilusi&oacute;n de una  coalici&oacute;n pol&iacute;tica y social enorme.</p>      <p> La tercera novedad  fue la Revoluci&oacute;n Cubana, en 1958-1959. La capacidad de un peque&ntilde;o grupo de  combatientes de la guerrilla —encabezados por j&oacute;venes idealistas, como Fidel  Castro y Ernesto &quot;Che&quot; Guevara— para derrocar a una autocracia corrupta, a pesar  de sus v&iacute;nculos con Estados Unidos, e implementar un cambio social a gran escala  en una naci&oacute;n poscolonial perif&eacute;rica demostr&oacute; ser una fuente de inspiraci&oacute;n  global e indic&oacute; que la guerrilla no era simplemente un instrumento para la  revoluci&oacute;n, sino el instrumento por excelencia de la revoluci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Estos tres factores  —junto con la disponibilidad de material de apoyo amplio entregado por urss,  China, Cuba y sus aliados a muchas organizaciones rebeldes en todo el mundo—  convirtieron la guerra irregular en el tipo dominante de guerra en el per&iacute;odo  posterior a la Segunda Guerra Mundial. Kalyvas y Balcells (2009) encuentran que  la guerra de guerrillas es el 66% de todas las guerras civiles entre 1944 y  1990, con las guerras convencionales muy por detr&aacute;s (27%). En otras palabras,  fue s&oacute;lo durante este per&iacute;odo que las guerras civiles se asociaron con las  guerras de guerrillas ejecutadas en nombre de la revoluci&oacute;n.</p>      <p> Al examinar las  guerras irregulares de este per&iacute;odo, es f&aacute;cil observar que un gran n&uacute;mero de  conflictos, incluidos muchos de los m&aacute;s importantes, fue librado por los  rebeldes que reclamaron cierto grado de fidelidad a la ideolog&iacute;a marxista. Estos  conflictos incluyen la Guerra Civil griega (1946-1949), la insurgencia Vietminh  contra los franceses en Vietnam (1946-1954), la insurgencia malaya (1950-1960),  la guerra de Vietnam (1959-1975), la guerra de Camboya (en 1970-1975), la  insurgencia jvp de Sri Lanka (1987-1989), las guerras de independencia en Angola  (1961-1975), Mozambique (1962-1975), Guinea-Bissau (1962-1974) y Rodesia  (1966-1979), y las insurrecciones en Venezuela (1963-1965), Nicaragua  (1978-1979), Per&uacute; (1980-1999), Guatemala (1970-1971, 1978-1984), El Salvador  (1979-1992) y Colombia (1964-presente), entre otros. Otra caracter&iacute;stica de  muchos de estos conflictos es que los rebeldes fueron capaces de mezclar la  ideolog&iacute;a marxista y el nacionalismo con &eacute;xito; los llamados &quot;Movimientos de  liberaci&oacute;n nacional&quot; dieron una oportunidad para la expansi&oacute;n de la atracci&oacute;n de  estos movimientos. Por el contrario, la ideolog&iacute;a marxista ten&iacute;a muy poco que  ver con las guerras civiles convencionales que se libraron durante ese per&iacute;odo.</p>      <p> El poder de la  doctrina de la guerrilla marxista era tal, que influy&oacute; en el pensamiento  estrat&eacute;gico de sus adversarios. De hecho, la lucha contra la insurgencia  marxista de los a&ntilde;os 1970 y 1980 fue lanzada frecuentemente por los ex  insurgentes marxistas (por ejemplo, Jonas Savimbi en Angola y Ed&eacute;n Pastora en  Nicaragua). En su descripci&oacute;n de estas insurgencias, Radu (1990, 14) se&ntilde;ala que  &quot;algunos de los insurgentes anticomunistas de mayor &eacute;xito hoy en d&iacute;a han sido  influenciados por las estrategias de la insurgencia comunista&quot;, que tambi&eacute;n  habla de &quot;la paradoja de los m&eacute;todos comunistas siendo utilizados contra los  reg&iacute;menes comunistas, y hace referencia a la llamada profunda del leninismo, en  particular, en sus encarnaciones en el Thercer Mundo&quot;.</p>      <p> En resumen, la  relaci&oacute;n que se forj&oacute; durante la Guerra Fr&iacute;a hizo que los conceptos de guerra  civil, guerra de guerrillas y revoluci&oacute;n fueran t&eacute;rminos intercambiables para  muchos observadores y participantes. Vale la pena, por tanto, examinar  exactamente c&oacute;mo la tradicional guerra de guerrillas se transform&oacute; en una guerra  popular y c&oacute;mo lleg&oacute; a dominar las guerras civiles.</p>      <p> El punto de partida  es reconocer que, a pesar de la tradicional guerra de guerrillas y la moderna  insurgencia, &eacute;stas comparten elementos comunes, que tambi&eacute;n difieren en muchos  aspectos. Como explica Beckett (2001, VIII), la guerra de guerrillas tradicional  se entend&iacute;a generalmente como una forma de lucha puramente militar que utilizaba  la t&aacute;ctica cl&aacute;sica de <i>hit and run </i>(ataque sorpresa y fuga), y ha sido  empleada por los grupos ind&iacute;genas, donde un ej&eacute;rcito convencional, o bien hab&iacute;a  sido derrotado o nunca hab&iacute;a existido. Sostiene que rara vez los practicantes  principalmente poco sofisticados mostraban alguna comprensi&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del  potencial de los modelos irregulares del conflicto, en la forma en que se hizo  com&uacute;n despu&eacute;s de 1945, cuando la guerrilla se convirti&oacute; en &quot;revolucionaria&quot; y  fue llamada &quot;la insurgencia.&quot; De hecho, este per&iacute;odo coincide con un cambio  notable en los resultados de las guerras irregulares: mientras que  aproximadamente antes de la Segunda Guerra Mundial los estados, los &quot;actores  fuertes&quot; y &quot;grandes poderes&quot; de forma rutinaria derrotaron a los ej&eacute;rcitos  irregulares, este patr&oacute;n se invirti&oacute; despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, con  insurgentes probablemente cada vez m&aacute;s capaces de forzar un &quot;empate&quot; o derrotar  a sus enemigos m&aacute;s fuertes (Lyall y Wilson 2009; Arregu&iacute;n-Toft 2001). Para  distinguir las t&eacute;cnicas de guerrillas tradicionales de la versi&oacute;n muy politizada  de las guerrilleras irregulares que fue perfeccionada por los rebeldes  izquierdistas durante el per&iacute;odo de la Guerra Fr&iacute;a, designo a este &uacute;ltima  &quot;insurgencia robusta&quot;.</p>      <p> Kalyvas y Balcells  (2009) identifican tres canales a trav&eacute;s de los cuales la guerra de guerrillas  tradicional se convirti&oacute; en la guerra popular revolucionaria: el apoyo material,  las creencias, la doctrina y la organizaci&oacute;n.</p>      <p> En primer lugar,  mientras que la guerra de guerrillas tradicional depend&iacute;a de la movilizaci&oacute;n de  recursos locales con el apoyo ocasional de un Estado vecino, las insurgencias  robustas de la Guerra Fr&iacute;a se beneficiaron del apoyo amplio y multifac&eacute;tico de  las superpotencias. Es de conocimiento com&uacute;n que un objetivo central de la  pol&iacute;tica exterior sovi&eacute;tica era entrenar y motivar, directamente o a trav&eacute;s de  intermediarios, a los insurgentes en ciernes en todo el mundo en desarrollo. La  Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica proporcion&oacute; armas y entrenamiento a grupos insurgentes de la  izquierda inmediatamente despu&eacute;s del inicio de la Guerra Fr&iacute;a (los  beneficiarios iniciales, incluidos los chinos y los comunistas griegos), y se  convirti&oacute; al Thercer Mundo en una prioridad de la pol&iacute;tica exterior en la d&eacute;cada  de 1950. Una vez que China se volvi&oacute; comunista, entr&oacute; en la batalla, mientras  que varios sustitutos (en particular, Cuba, Libia y la Organizaci&oacute;n de  Liberaci&oacute;n de Palestina) desempe&ntilde;aron un papel importante tanto en la formaci&oacute;n  como en el apoyo. De hecho, la asistencia material se ampli&oacute; significativamente  despu&eacute;s de mediados de los cincuenta. Al mismo tiempo, el concepto de &quot;guerras  subsidiarias&quot; es una descripci&oacute;n pobre de la pol&iacute;tica sovi&eacute;tica, ya que s&oacute;lo  hace &eacute;nfasis en la perfusi&oacute;n mec&aacute;nica de los recursos materiales de los  movimientos rebeldes; frecuentemente, ni siquiera implica una relaci&oacute;n puramente  instrumental entre los rebeldes oportunistas que fingen creer en el socialismo,  a fin de recibir armas sovi&eacute;ticas. Aunque el oportunismo estaba presente, no  agota la gama de motivaciones, y aunque el apoyo material, generalmente, estaba  centrado en las armas, se extendi&oacute; a m&uacute;ltiples formas de asistencia,  capacitaci&oacute;n, y en muchos casos, a la presencia sobre el terreno de asesores.  M&aacute;s importante a&uacute;n, la asistencia y el apoyo se canalizan a trav&eacute;s de los  movimientos sociales transnacionales. Miles de activistas radicales hab&iacute;an  construido contactos suprarregionales e, incluso, redes mundiales, mientras se  entrenaban en los campos y universidades militares financiados por la Uni&oacute;n  Sovi&eacute;tica, la m&aacute;s famosa de las cuales fue la &quot;Universidad de la Amistad de los  Pueblos Patrice Lumumba&quot;, en Mosc&uacute;. La centralidad de los movimientos sociales  ayuda a diferenciar la insurgencia robusta de la guerra de guerrillas  tradicional. Mientras que esta &uacute;ltima se basaba en la movilizaci&oacute;n de los  sentimientos sobre todo conservadores y/o el patrocinio local, tribal y de redes  de parentesco, la primera movilizaba a las antiguas redes revolucionarias  transnacionales; &eacute;stas se vincular&iacute;an con las redes tradicionales de las zonas  rurales, y asumir&iacute;an el liderazgo. &Eacute;ste es un punto subrayado por Carl Schmitt  (2007, 30), que distingue entre dos tipos ideales de combatientes irregulares:  los tradicionales &quot;defensores del hogar defensivo-aut&oacute;ctonos&quot; y los &quot;activistas  agresivos revolucionarios internacionales&quot;. La guerra de guerrillas  revolucionaria moderna, argumenta, alcanz&oacute; su m&aacute;xima expresi&oacute;n cuando se  conectan estos dos (Schmitt 2007, 30).</p>      <p> El segundo  mecanismo est&aacute; relacionado con las creencias, particularmente, las de los  cuadros de nivel medio que constitu&iacute;an el v&iacute;nculo cr&iacute;tico entre los l&iacute;deres  rebeldes y las masas en el terreno. Despu&eacute;s de todo, la Guerra Fr&iacute;a fue tambi&eacute;n  una competencia ideol&oacute;gica en el plano mundial, cuyos marcos cognitivos e  ideolog&iacute;as &quot;despertaron apasionados compromisos ideol&oacute;gicos entre los  combatientes, tanto nacional como internacionalmente&quot; (Hironaka 2005, 123).  Creencias que importaban de tres maneras. En primer lugar, como ideas sobre el  cambio radical: la percepci&oacute;n de que un modelo contrahegem&oacute;nico de organizaci&oacute;n  pol&iacute;tica y social estaba disponible y alcanzable captur&oacute; la imaginaci&oacute;n de  millones de personas. Las ideas  espec&iacute;ficas, as&iacute; como las etiquetas utilizadas, variaban, pero generalmente se  inclu&iacute;an conceptos como el de la liberaci&oacute;n nacional, la descolonizaci&oacute;n, el  desarrollismo, el &quot;tercermundismo&quot; y el marxismo. En segundo lugar, las  creencias son importantes como fuente de motivaci&oacute;n tanto individual como  colectiva: dinamizaron la energ&iacute;a de muchos de los primeros movilizadores que  estaban dispuestos a invertir un esfuerzo tremendo, un riesgo significativo y  enormes privaciones, para la causa de la revoluci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, las creencias  importaban como percepciones sobre la viabilidad de un cambio radical a trav&eacute;s  de la lucha armada: actores subordinados o d&eacute;biles podr&iacute;an retar exitosamente a  los actores m&aacute;s fuertes si se enteraban exactamente de c&oacute;mo implementar la  tecnolog&iacute;a de insurgencia robusta. Un cambio radical se convirti&oacute; en una  cuesti&oacute;n de formaci&oacute;n, que, a su vez, requer&iacute;a la doctrina correcta.</p>      <p> El &uacute;ltimo  componente de la insurgencia robusta era la doctrina organizacional. La ecuaci&oacute;n  de la teor&iacute;a revolucionaria con los principios de organizaci&oacute;n de la guerra  irregular fue una innovaci&oacute;n importante, cuyo avance mundial lleg&oacute; con la  Revoluci&oacute;n Cubana, &quot;que puso la estrategia de la guerrilla en las primeras  p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos del mundo&quot; (Hobsbawm 1996, 438). En un texto de 1973,  Wolin (354) observ&oacute; c&oacute;mo &quot;el modo de pensamiento militar casi ha suplantado a la  forma pol&iacute;tica en los c&iacute;rculos revolucionarios. Adonde uno mire &#91;...&#93; encuentra  debates sofisticados de la t&aacute;ctica, la potencia de fuego, la guerra de  guerrillas, y t&eacute;cnicas de combate&quot;. Los escritos de Mao Zedong, el &quot;Che&quot;  Guevara, R&eacute;gis Debray y Amilcar Cabral, entre otros, fueron ampliamente  difundidos y le&iacute;dos por miles de activistas y simpatizantes en el mundo en  desarrollo, especialmente entre los j&oacute;venes urbanos educados. Todos se&ntilde;alaron la  posibilidad de un cambio global, pol&iacute;tico y radical que se iniciar&iacute;a en la  periferia y adoptar&iacute;a la forma de una revoluci&oacute;n emprendida por la guerra de  guerrillas. Los ejemplos de China, Cuba y Vietnam sugirieron que, a pesar de  algunos reveses, la guerra de guerrillas era un camino posible y exitoso para el  cambio pol&iacute;tico y social. Para los movimientos de guerrillas de izquierda era  importante invitar a cientos de periodistas y activistas de todo el mundo, con  el fin de socializarlos en las formas de la lucha armada.</p>      <p> A pesar de su  &eacute;nfasis en la acci&oacute;n, la guerra irregular nunca fue una t&aacute;ctica militar simple,  similar a &quot;fuerzas especiales&quot; insurgentes abriendo su camino al poder. En  cambio, los empresarios rebeldes se enteraron de que la clave del &eacute;xito resid&iacute;a  en la formaci&oacute;n paciente de una organizaci&oacute;n pol&iacute;tica muy estructurada, por lo  general un partido, en el control de un brazo armado disciplinado. El objetivo  era adquirir y gobernar el territorio. Por un lado, la organizaci&oacute;n garantiz&oacute; la  disciplina, ya que la ausencia de la misma implicaba que los rebeldes nunca  podr&iacute;an aspirar a soportar, a&uacute;n m&aacute;s, a derrotar, la superioridad militar del  Estado. Por el otro lado, el territorio constitu&iacute;a un recurso clave para la  lucha armada. La administraci&oacute;n  eficaz y la movilizaci&oacute;n de masas en las zonas liberadas fueron bases esenciales  para el desarrollo de la lucha armada en condiciones de inferioridad militar.  Esto equivale a la construcci&oacute;n del Estado revolucionario (Kalyvas 2006), que  estuvo ausente en la guerra de guerrillas tradicional.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> En resumen, durante  la Guerra Fr&iacute;a una convergencia de apoyo material, creencias y principios  organizativos de la insurgencia se volvi&oacute; fuerte en una tecnolog&iacute;a fable y  eficaz de la rebeli&oacute;n, que se reflej&oacute; en la ecuaci&oacute;n de la guerra civil, la  guerra de guerrillas y la revoluci&oacute;n. Las creencias se mantuvieron y se  reprodujeron por medio de ejemplos de guerras irregulares exitosas que se  basaron en estos principios de organizaci&oacute;n; a su vez, tanto la difusi&oacute;n de las  creencias como la aplicaci&oacute;n de los principios organizativos requer&iacute;an  capacitaci&oacute;n, asistencia y armas. Aunque era posible para cada uno de estos  factores funcionar por s&iacute; solo (algunos grupos insurgentes de izquierda fueron  capaces de salir adelante e, incluso, tener &eacute;xito a pesar de la falta de apoyo  externo, mientras que algunos grupos insurgentes de derecha se basaron m&aacute;s en la  ayuda externa y menos en las creencias), la combinaci&oacute;n de los tres era  fundamental en el nivel global y explica la transformaci&oacute;n de la guerra civil en  la segunda mitad del siglo XX.</p>       <p><b>     <br> EL AMANECER DEL  SIGLO XXI</b></p>      <p> Puesto que la  conexi&oacute;n entre la guerra civil, la guerra de guerrillas y la revoluci&oacute;n fue  producto de la Guerra Fr&iacute;a, es l&oacute;gico que su fin debiera haber interpuesto  alteraciones importantes en el car&aacute;cter de la guerra civil, desconect&aacute;ndola  tanto de la guerra de guerrillas como de la revoluci&oacute;n. De hecho, la evidencia  emp&iacute;rica sugiere un declive secular de la guerra irregular.</p>      <p> El fin de la Guerra  Fr&iacute;a fue acogido favorablemente por los optimistas como una bendici&oacute;n que  traer&iacute;a la apertura global, la democracia y la paz. Al mismo tiempo, los  pesimistas advirtieron una anarqu&iacute;a mundial inminente, una era de conflictos  &eacute;tnicos e inestabilidad. Al acercarnos al vig&eacute;simo aniversario del final de la  Guerra Fr&iacute;a, vale la pena hacer un balance de las consecuencias de este  acontecimiento trascendental para el conflicto violento. Lo primero que cabe  se&ntilde;alar es que la guerra civil aument&oacute; inmediatamente despu&eacute;s del final de la  Guerra Fr&iacute;a. Los observadores y los analistas estaban influidos al comienzo por  este pico inicial. Muchos pensaron que el final de la Guerra Fr&iacute;a significaba  una &quot;anarqu&iacute;a que viene&quot; a trav&eacute;s de la erupci&oacute;n de &quot;nuevas guerras&quot; que  &quot;rompieron los sue&ntilde;os de la pos-Guerra Fr&iacute;a&quot; (M&uuml;nkler 2005; Kaplan 2000; Kaldor  1999). A ra&iacute;z de esta ola de predicciones apocal&iacute;pticas, y despu&eacute;s de que la  tasa del principio de las guerras civiles hab&iacute;a regresado al promedio que tuvo  durante la Guerra Fr&iacute;a, muchos investigadores concluyeron, como Fearon y Laitin  (2003, 77-78), que &quot;la prevalencia de la guerra civil en la d&eacute;cada de 1990 <i>no </i>se debi&oacute; al final de la Guerra Fr&iacute;a y a cambios asociados en el sistema  internacional&quot;. M&aacute;s recientemente, sin embargo, la  observaci&oacute;n de una tendencia a la baja en las guerras civiles tiene una  sensibilidad renovada producida sobre el final de la Guerra Fr&iacute;a (Cramer 2007,  53): y con raz&oacute;n. Por ejemplo, los investigadores asociados con el Human  Security Centre han caracterizado esta disminuci&oacute;n como una mejora  &quot;extraordinaria y contraria a la intuici&oacute;n en la seguridad mundial&quot;. Se nota que  en 2003 hab&iacute;a 40% menos de los conflictos que hab&iacute;a en 1992, y que los  conflictos m&aacute;s mort&iacute;feros (aquellos con 1000 o m&aacute;s de muertes en batalla) han  disminuido en casi 80%. Tambi&eacute;n agregaron que el fin de la Guerra Fr&iacute;a fue el  factor individual m&aacute;s importante en esta disminuci&oacute;n e identificaron a la  intervenci&oacute;n internacional como el mecanismo clave: porque las dos  superpotencias pusieron fin a su inter&eacute;s en &quot;guerras subsidiar&iacute;as&quot; en el mundo  en desarrollo, las Naciones Unidas, al igual que otros organismos  internacionales, gobiernos donantes y organizaciones no gubernamentales, fueron  libres para desempe&ntilde;ar un nuevo papel de seguridad global, que inclu&iacute;a una  diplomacia activa, el mantenimiento y establecimiento de la paz, evitando as&iacute;  que nuevos conflictos tuvieran lugar, y buscando la intermediaci&oacute;n en los  acuerdos de paz, para poner fin a los que ya hab&iacute;an estallado (Human Security  Centre 2005).</p>      <p> &iquest;Qu&eacute; hay de la  transformaci&oacute;n de la guerra civil? Como se mencion&oacute; anteriormente, la tesis de  &quot;nueva guerra&quot; se basa en la expectativa de que las guerras civiles pod&iacute;an ser  menos ideol&oacute;gicas y m&aacute;s desorganizadas, una predicci&oacute;n que fue impugnada tanto  por razones conceptuales como emp&iacute;ricas (Kalyvas 2001). El hecho de que no haya  contraste entre las &quot;nuevas guerras&quot; y &quot;viejas&quot;, sin embargo, no significa que  el fin de la Guerra Fr&iacute;a no tuvo ning&uacute;n efecto sobre la guerra. De hecho, un  examen de los patrones globales confirma que el car&aacute;cter de la guerra civil ha  cambiado una vez m&aacute;s, y de una manera bastante dram&aacute;tica.</p>      <p> La evidencia  emp&iacute;rica sugiere que, tras el final de la Guerra Fr&iacute;a (y hasta 2004), las  guerras civiles sufrieron otro cambio notable. El v&iacute;nculo entre la revoluci&oacute;n,  la guerra de guerrillas y la guerra civil, que por la d&eacute;cada de 1980 parec&iacute;a  natural para la mayor&iacute;a de los observadores, dej&oacute; de reflejar la realidad.  Ahora, las guerras convencionales llegaron a ser dominantes (48% de los casos),  con las guerras sim&eacute;tricas no convencionales (las guerras de baja tecnolog&iacute;a)  coincidiendo con guerras irregulares en un 26% (Kalyvas y Balcells 2009). Las  guerras convencionales de la pos-Guerra Fr&iacute;a inclu&iacute;an las guerras yugoslavas de  Croacia y de Bosnia (1991-1992), y varias guerras possovi&eacute;ticas, incluidos los  conflictos en Transnistria (1992), Tayikist&aacute;n (1992-1997), Georgia (1988-1993) y  Azerbaiy&aacute;n (1991-1994). En cambio, las guerras sim&eacute;tricas no convencionales  caracterizan principalmente a &Aacute;frica subsahariana, en conflictos como los de  Liberia (1989-1996 y 1999-2003), Somalia (1991-), Sierra Leona (1991-2002) y el  Congo Brazzaville (1997-1999). &iquest;Qu&eacute; explica esta transformaci&oacute;n masiva?</p>      <p> El fin de la Guerra  Fr&iacute;a fue un golpe tremendo tanto para los estados como para los rebeldes que  perdieron el apoyo de las superpotencias. El golpe fue particularmente doloroso  para los rebeldes revolucionarios. Al privarlos del apoyo abundante de las  superpotencias, al destruir la creencia de que el cambio social pod&iacute;a salir del  ca&ntilde;&oacute;n de una pistola y al socavar las redes transnacionales en que se apoyaban,  el fin de la Guerra Fr&iacute;a seleccion&oacute;, por decirlo as&iacute;, estos rebeldes al cabo de  la historia. Ahora, estados relativamente d&eacute;biles que hab&iacute;an sido vulnerables en  la guerra irregular, f&aacute;cilmente podr&iacute;a disuadir a los rebeldes de baja calidad.  En contraste, los estados m&aacute;s d&eacute;biles, privados de cualquier apoyo de las  superpotencias, se vieron mucho m&aacute;s expuestos a los rebeldes, pero m&aacute;s a los  oportunistas que a los revolucionarios. En resumen, el final de la Guerra Fr&iacute;a  divorci&oacute; la guerra civil tanto de la guerra irregular como de la revoluci&oacute;n. En  cierto modo, Collier (2007) no necesariamente estaba equivocado cuando describi&oacute;  a todos los rebeldes como saqueadores avaros, en lugar de ser buscadores de la  justicia; &eacute;l ten&iacute;a en mente un subconjunto de las guerras civiles que resultaron  ser particularmente visibles en el &Aacute;frica subsahariana durante la pos-Guerra  Fr&iacute;a. Su error consisti&oacute; en generalizar lo que fue, una vez m&aacute;s, un fen&oacute;meno  hist&oacute;rica y geogr&aacute;ficamente limitado.</p>       <p><b>     <br> EL FUTURO DE LA  GUERRA CIVIL</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p> Las guerras civiles  han experimentado considerables transformaciones en los &uacute;ltimos dos siglos.  Estas transformaciones reflejan la evoluci&oacute;n de la din&aacute;mica geopol&iacute;tica e  ideol&oacute;gica; a su vez, han dado forma a la manera como los eruditos y los actores  han pensado la guerra civil. La relaci&oacute;n entre la guerra civil y la revoluci&oacute;n  ha sido hist&oacute;ricamente variable. Estos dos conceptos no se asociaron hasta el  comienzo del siglo XX, especialmente, a partir de la llegada de la Revoluci&oacute;n  Rusa y la Guerra Civil. La Segunda Guerra Mundial conect&oacute; tanto la guerra civil  como la revoluci&oacute;n con la guerra de guerrillas, y la Guerra Fr&iacute;a consolid&oacute; dicha  conexi&oacute;n, que todav&iacute;a est&aacute; presente en nuestro mapa mental. Por &uacute;ltimo, el final  de la Guerra Fr&iacute;a condujo al divorcio de la guerra civil tanto de la guerra  irregular como de la revoluci&oacute;n. La Guerra Civil est&aacute; asociada con las formas no  convencionales y sim&eacute;tricas de lucha, y parece haber perdido sus ambiciones  revolucionarias. En una formulaci&oacute;n diferente, las formas de la revoluci&oacute;n ya no  son expresadas por la guerra civil. En resumen, este panorama hist&oacute;rico ha  puesto de manifest&oacute; importantes transformaciones tanto en t&eacute;rminos de c&oacute;mo las  guerras civiles se han librado en el terreno como en t&eacute;rminos de c&oacute;mo han sido  conceptualizadas por los estudiosos y los participantes. &iquest;Cu&aacute;les son las  consecuencias de estas transformaciones para el futuro?</p>      <p> Este an&aacute;lisis  sugiere que el tiempo de la insurgencia robusta puede pertenecer al pasado  hist&oacute;rico. Como su predecesor revolucionario —la insurrecci&oacute;n urbana de masas  modelada siguiendo la Revoluci&oacute;n Francesa—, la insurgencia fuerte depend&iacute;a  hist&oacute;ricamente de un contexto internacional caracterizado por la  bipolaridad y la competencia ideol&oacute;gica mundial. Las guerras civiles futuras son  menos propensas a ser guerras irregulares que se llevan a cabo en nombre del  cambio revolucionario.</p>      <p> Esto no significa  que la guerra irregular desaparecer&aacute;. Un examen de las guerras irregulares  civiles de la pos-Guerra Fr&iacute;a sugiere que es probable que sean de dos tipos  principales. El primero se compone de guerras perif&eacute;ricas, menores, similares a  lo que Fearon (2004) llama insurgencias de los &quot;hijos de la tierra&quot; (por  ejemplo, en Aceh, en Indonesia o en el sur de Tailandia); estas insurgencias  &eacute;tnicas perif&eacute;ricas se&ntilde;alan un retorno de la guerra de guerrillas tradicionales,  en lugar de la insurgencia robusta; no amenazan el poder en el centro y pueden  ser contenidas o resueltas sin grandes repercusiones internacionales. El segundo  tipo de guerra irregular consiste en insurgencias que muestran una visi&oacute;n  islamista radical (por ejemplo, Egipto, Argelia, Irak, Chechenia, Afganist&aacute;n,  Pakist&aacute;n). Estas guerras tienden a agruparse en el Medio Oriente-&Aacute;frica del  Norte. Debido a la participaci&oacute;n de ee. uu. en Irak y Afganist&aacute;n, las guerras  irregulares han recibido considerable atenci&oacute;n justificada; a su vez, esto ha  contribuido a la percepci&oacute;n de que la insurgencia es un fen&oacute;meno transhist&oacute;rico.</p>      <p> El primer punto  digno de destacar es que, a pesar de su importancia, las insurgencias islamistas  radicales no son representativas de las tendencias m&aacute;s amplias de los conflictos  (Kalyvas y Balcells 2009). El segundo punto es que el islam radical es hoy en  d&iacute;a el &uacute;nico movimiento revolucionario mundial. Visto desde este &aacute;ngulo, no es  sorprendente que se haya tratado de resucitar la insurgencia robusta. El islam  radical combina, de manera &uacute;nica hasta ahora en la era de la pos-Guerra Fr&iacute;a, un  movimiento social transnacional (junto con los campos de entrenamiento  obligatorio), las creencias revolucionarias, tanto en el sentido de una lucha  mundial contra la ideolog&iacute;a hegem&oacute;nica como la disposici&oacute;n a tomar las armas  para luchar contra ella, y una doctrina de organizaci&oacute;n de la guerrilla  revolucionaria formulada por Abu Mus&#39;ab al-Suri, el &quot;Che&quot; Guevara de la yihad.  Su obra maestra, <i>La llamada global a la resistencia isl&aacute;mica</i>, ha  aumentado la atracci&oacute;n del yihadismo hacia nuevas audiencias, especialmente  entre los musulmanes j&oacute;venes, cultos y occidentalizados que parecen estar m&aacute;s  motivados por una mezcla de radicalismo de izquierda y militante nacionalismo  panisl&aacute;mico que por la religiosidad (Lia 2008, 27).</p>      <p> Sin embargo, de los  tres elementos que marcaron el ascenso de la insurgencia robusta durante la  Guerra Fr&iacute;a, el yihadismo a&uacute;n carece del apoyo de un patrocinador externo de  gran alcance. El resultado ha sido una ola de derrotas militares, que ha  obligado a los estrategas del islam radical, incluido Al-Suri, a recomendar el  abandono de la insurgencia y virar hacia el terrorismo transnacional urbano (Lia  2008). Este cambio sugiere una interesante analog&iacute;a entre la estrategia del  islamismo radical y la de los anarquistas europeos a finales del siglo XIX y la  de los europeos  izquierdistas radicales en la d&eacute;cada de 1970: el terrorismo, una analog&iacute;a que  podr&iacute;a confirmar el divorcio entre la guerra civil y la revoluci&oacute;n. Adem&aacute;s, y en  la medida en que sea posible extrapolar la experiencia pasada, las campa&ntilde;as  terroristas han tenido poco &eacute;xito.</p>      <p> Desde una  perspectiva pol&iacute;tica, este an&aacute;lisis sugiere que si la disminuci&oacute;n de las guerras  civiles resulta duradera, y si se debe, de hecho, a la disminuci&oacute;n secular de  las guerras irregulares, tenemos razones para ser optimistas. A diferencia las  anteriores, los rebeldes en las guerras no convencionales y las sim&eacute;tricas  convencionales son m&aacute;s f&aacute;ciles de vencer, o al menos de contener, por una fuerza  internacional bien organizada. Estos conflictos no son lodazales de la guerrilla  y los rebeldes no tienen la capacidad de poner una grave resistencia a largo  plazo. El peor resultado es la persistencia de conflictos cr&oacute;nicos de baja  intensidad en las periferias de los estados d&eacute;biles, en oposici&oacute;n a las guerras  de mayor intensidad de desgaste que amenazan el poder en el centro. Esto no es  para minimizar este tipo de inestabilidad, pero es mucho m&aacute;s f&aacute;cil de manejar  que las guerras civiles irregulares de la Guerra Fr&iacute;a, a trav&eacute;s de un &eacute;nfasis en  las habilidades de la construcci&oacute;n del Estado y la inversi&oacute;n a largo plazo en el  fortalecimiento institucional y el desarrollo econ&oacute;mico.</p>      <p> Por &uacute;ltimo, este  an&aacute;lisis tiene una implicaci&oacute;n importante sobre la manera en que estudiamos las  guerras civiles. Los analistas siempre tienen la tentaci&oacute;n de generalizar a  partir de los casos que mejor conocen y del contexto hist&oacute;rico que los rodea.  Por lo tanto, era natural que los analistas del per&iacute;odo de la Guerra Fr&iacute;a  equipararan la guerra civil con la guerra de guerrillas y la revoluci&oacute;n. Del  mismo modo, es natural que los economistas del desarrollo en la pos-Guerra Fr&iacute;a  equipararan la guerra civil con las guerras de baja tecnolog&iacute;a oportunistas  libradas en el &Aacute;frica subsahariana. Es precisamente porque esta tendencia llega  tan naturalmente que debemos ser muy cautelosos con ella. Este ensayo constituye  un paso en esta direcci&oacute;n.</p>  <hr size="1">      <p><b>Comentarios</b></p>      <p><sup><a  href="#s1" name="1">1</a></sup>  Las excepciones incluyen Arregu&iacute;n-Toft 2001, Lyall y Wilson 2009 y Wimmer y Min  2006. Los dos primeros autores, sin embargo, se centran en las insurgencias, m&aacute;s  que en las guerras civiles, mientras que el tercero se centra en todas las  guerras, tanto interestatales como intraestatales.</p>      <p><sup><a  href="#s2" name="2">2</a></sup>  Mi intenci&oacute;n es proporcionar una visi&oacute;n general de las principales tendencias,  m&aacute;s bien que una visi&oacute;n sistem&aacute;tica. Para un an&aacute;lisis sistem&aacute;tico enfocado en el  per&iacute;odo 1944-2004, ver Kalyvas y Balcells 2009.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a  href="#s3" name="3">3</a></sup>  El t&eacute;rmino &quot;&eacute;tnico&quot; es interpretado ampliamente para incluir las divisiones  religiosas. La pen&iacute;nsula It&aacute;lica tambi&eacute;n experiment&oacute; una serie de conflictos  internos que, en relaci&oacute;n con una guerra interestatal, condujo a la unificaci&oacute;n  de Italia en 1871.</p>   <hr size="1">     <p><b>Referencias</b></p>      <!-- ref --><p> Archer, Christon I.,  ed. 2000. <i>The wars of independence in Spanish America</i>. Wilmington: Scholarly Resources.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0121-5612200900020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Arregu&iacute;n-Toft, Ivan.  2001. How the weak win wars. A theory of asymmetric conflict. <i>International Security </i>26 (1):  93-128.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0121-5612200900020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Beckett, Ian F. W.  2001. <i>Modern insurgencies and counter-insurgencies: Guerrillas</i> <i>and their opponents since 1750</i>.  Londres, Nueva York: Routledge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0121-5612200900020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Collier, Paul. 2007. <i>The bottom billion: Why the poorest countries are failing and</i> <i>what can be done about it<b>. </b></i> Oxford: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0121-5612200900020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Costeloe, Michael P.  1986. <i>Response to revolution: Imperial Spain and the Spanish American  revolutions, 1810</i><i>–1840</i>.  Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0121-5612200900020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Cramer, Chirstopher.  2007. <i>Violence in developing countries: War, memory</i>. Bloomington: Indiana  University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0121-5612200900020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Dom&iacute;nguez, Jorge I.  1980. <i>Insurrection or loyalty: The breakdown of the Spanish American empire</i>.  Cambridge: Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0121-5612200900020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Fearon, James. 2004.  Why do some civil wars last so much longer than others? <i>Journal of Peace  Research </i>41 (3): 275-302.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000082&pid=S0121-5612200900020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Fearon, James D. y  Laitin, David D. 2003. Ethnicity, insurgency, and civil war. <i>American  Political Science Review </i>97 (1): 75-86.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000083&pid=S0121-5612200900020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Hironaka, Ann. 2005. <i>Neverending wars: The international community, weak States, and the  perpetuation of civil war</i>. Cambridge: Harvard University press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000084&pid=S0121-5612200900020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Hobsbawm, Eric. 1996. <i>The age of the extremes: A history of the Tird World, 1914</i><i>–1991</i>.  Nueva York: Vintage.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000085&pid=S0121-5612200900020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Human Security  Centre. 2005. The human security report 2005: War and peace in the 21st century.  Nueva York: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000086&pid=S0121-5612200900020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Kaldor, Mary. 1999. <i>New and old wars: Organized violence in a global era</i>. Stanford: Stanford  University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000087&pid=S0121-5612200900020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Kalyvas, Stathis N.  2001. &#39;New&#39; and &#39;old&#39; civil wars: A valid distinction? <i>World Politics </i>54  (1): 99-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000088&pid=S0121-5612200900020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Kalyvas, Stathis N.  2005. Warfare in civil wars. En <i>Rethinking the nature of war</i>, eds.  Isabelle Duyvesteyn y Jan Angstrom, 88-108. Abingdon: Frank Cass.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0121-5612200900020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Kalyvas, Stathis. N.  2006. <i>The logic of violence in civil war</i>. Nueva York: Cambridge University  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0121-5612200900020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Kalyvas, Stathis N. y  Laia Balcells. 2009. International system and technologies of rebellion: How the  Cold War shaped internal conflict. Documento sin publicar, Yale University.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0121-5612200900020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Kaplan, Robert D.  2000. <i>The coming anarchy: Shattering the dreams of the post Cold War</i>.  Nueva York: Random House.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0121-5612200900020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Lia, Brynjar. 2008. <i>Architect of global Jihad. The life of Al Qaeda strategist Abu Mus</i><i>&#39;ab  al-Suri</i>.  Nueva York: Columbia University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0121-5612200900020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Lyall, Jason y Isaiah  Wilson. 2009. Rage against the machines. Explaining outcomes in  counterinsurgency wars. <i>International Organization </i>63 (1): 67-106.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0121-5612200900020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> M&uuml;nkler, Herfried.  2005. <i>The new wars</i>. Cambridge: Polity Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0121-5612200900020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Radu, Michael. 1990.  Introduction. En <i>The new insurgencies: Anti-communist guerrillas in the Tird  World</i>, ed. Michael Radu, 1-93. New Brunswick: Transaction.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0121-5612200900020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Schmitt, Carl. 2007. <i>Theory of the partisan</i>. Nueva York: Thelos Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0121-5612200900020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Shy, John. 1976. <i>A  people numerous and armed: Reflections on the military struggle for American  independence</i>. Nueva York: Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0121-5612200900020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Tilly, Charles. 1978. <i>From mobilization to revolution</i>. Nueva York: McGraw-Hill.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0121-5612200900020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Wimmer, Andreas y  Brian Min. 2006. From empire to nation-States: Explaining wars in the modern  world. <i>American Sociological Review </i>71 (6): 867-897.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0121-5612200900020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> Wolin, Sheldon. 1973.  The politics of the study of revolution. <i> Comparative Politics </i> 5 (3): 1062-1082.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0121-5612200900020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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<given-names><![CDATA[Christon I]]></given-names>
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