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<publisher-name><![CDATA[Fundación Universidad del Norte]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CONSIDERACIONES DE LA CORTE CONSTITUCIONAL ACERCA DEL PRINCIPIO DE CULPABILIDAD EN EL ÁMBITO SANCIONADOR ADMINISTRATIVO]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Universidad del Norte Grupo de Investigación en Derecho y Ciencia Política ]]></institution>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The culpability principle is one of the basis supporting the State sanctioning activity. This principle, as well as the others presiding the Public Administration sanctioning activity has a different application to what happens in the penal area given the interests and juridical goods to be protected. By this we would consider the possibility to open sanctioning processes against juridical persons on detriment of the culpability principle, which could even get up to accept independent responsibility in dependent of any culpability idea and the possibility for one person to be sanctioned instead of another one.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Principio de culpabilidad]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ 
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    <p align="center"><font size="4"><b>CONSIDERACIONES DE LA CORTE CONSTITUCIONAL ACERCA DEL PRINCIPIO DE CULPABILIDAD EN EL &Aacute;MBITO SANCIONADOR ADMINISTRATIVO<a href="#nota*"><sup>*</sup></a></b></font></p>

    <p><b>Mar&iacute;a Lourdes Ram&iacute;rez Torrado</b><sup><a href="#aff**">**</a></sup></p>

    <p><a name="aff**">**</a> Abogada. Candidata a doctora en Derecho Administrativo, Universidad Carlos III de Madrid; Mag&iacute;ster en Derechos Humanos por la Universidad Cat&oacute;lica de Lovaina (B&eacute;lgica). Profesora investigadora, adscrita al Grupo de Investigaci&oacute;n en Derecho y Ciencia Pol&iacute;tica (GIDECP), categor&iacute;a B de Colciencias, de la Universidad del Norte. Direcci&oacute;n postal: Universidad del Norte, km 5, v&iacute;a a Puerto Colombia, A.A. 1569, Barranquilla (Colombia).<a href="mailto:torrado@uninorte.edu.co">torrado@uninorte.edu.co</a>

<hr/>
                              
    <p><b>Resumen</b></p>
    <p><i>  El principio de culpabilidad es uno de los pilares que sustenta la actividad sancionadora del Estado. Esta m&aacute;xima, al igual que los otros principios que presiden la actividad sancionadora de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica, tiene una aplicaci&oacute;n diferente de lo ocurrido en el campo penal, dado los intereses y bienes jur&iacute;dicos que se persigue salvaguardar. Con ello nos referimos a la posibilidad de que se sigan procesos sancionadores a una persona jur&iacute;dica; a la merma del principio de culpabilidad, que puede llegar en ocasiones a aceptar la responsabilidad independiente de toda idea de culpa y a la viabilidad que se sancione a una persona por el hecho de otra. </i></p>
    <p><b>Palabras claves</b>: Principio de culpabilidad, persona jur&iacute;dica, responsabilidad objetiva.</p>


<hr/>


</p>
    <p><b>Abstract</b></p>
    <p>The culpability principle is one of the basis supporting the State sanctioning activity. This principle, as well as the others presiding the Public Administration sanctioning activity has a different application to what happens in the penal area given the interests and juridical goods to be protected. By this we would consider the possibility to open sanctioning processes against juridical persons on detriment of the culpability principle, which could even get up to accept independent responsibility in dependent of any culpability idea and the possibility for one person to be sanctioned instead of another one.</p>
    <p><b>Key words</b>: Culpability principle, juridical person, objective responsibility.</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Fecha de recepci&oacute;n</b>: 30 de enero de 2008
<br/><b>Fecha de aceptaci&oacute;n</b>: 15 de abril de 2008

<hr/>

    <p><font size="3"><b>INTRODUCCI&Oacute;N</b></font></p>

    <p>Esta investigaci&oacute;n presenta el desarrollo del principio de culpabilidad, dentro del contexto sancionador administrativo, en el seno de la Corte Constitucional colombiana durante el per&iacute;odo comprendido entre 1991 y 2007. La finalidad principal de este estudio es establecer las directrices generales de este postulado en el ejercicio del ius puniendi de la Administraci&oacute;n.</p>

    <p>De igual manera, los objetivos de esta investigaci&oacute;n son: determinar la posici&oacute;n mantenida por el m&aacute;ximo &oacute;rgano constitucional en lo concerniente al postulado de culpabilidad; establecer qu&eacute; tipo de culpa es la que se demanda para sancionar administrativamente a una persona; asimismo, conocer la principal diferencia en la aplicaci&oacute;n del principio, objeto de an&aacute;lisis, en el campo penal y administrativo; y por &uacute;ltimo, identificar aquellas cuestiones derivadas del ejercicio del postulado que si bien no han sido abordadas por la Corte Constitucional, son necesarias para definir los pilares de la m&aacute;xima.</p>

    <p>Para el logro de estos objetivos se recurri&oacute; al an&aacute;lisis de las decisiones tomadas por la alta Corte durante el per&iacute;odo se&ntilde;alado y a la doctrina internacional que se ha ocupado del postulado objeto de estas p&aacute;ginas.</p>

    <p><font size="3"><b>1. GENERALIDADES</b></font></p>

    <p>El principio de culpabilidad tiene asiento expreso en la Constituci&oacute;n nacional. El art&iacute;culo 29, por ejemplo, incluye no s&oacute;lo la potestad sancionadora del Estado, sino que establece igualmente los principios que rigen las actuaciones penales y administrativas. Entre estos postulados, con piso constitucional, se encuentra el de culpabilidad, que se refiere a la exigencia de dolo o culpa del infractor para la imposici&oacute;n de una sanci&oacute;n.</p>

    <p>La postura de la Corte Constitucional en relaci&oacute;n con la aplicaci&oacute;n de los principios del derecho penal al administrativo ha consistido en extender los postulados del primer orden al segundo, ya que el penal   fue primero en el tiempo, y por tanto su mayor nivel de desarrollo es incuestionado. Sin embargo, la aceptaci&oacute;n de la aplicaci&oacute;n de los principios de un campo a otro no implica que se haga de una forma autom&aacute;tica y sin ning&uacute;n tipo de consideraciones y matizaciones; por el contrario, ello demanda que se realice teniendo siempre en cuenta las divergencias que opera en cada sector<a href="#nota1"><sup>1</sup></a>.</p>

    <p>Esta demanda de una lectura no mec&aacute;nica de los principios de orden penal al derecho administrativo, y en el caso concreto del principio de culpabilidad, tiene su origen en el hecho de que el derecho administrativo es el encargado de prevenir los ataques m&aacute;s leves a ciertos bienes jur&iacute;dicos, mientras que el derecho penal se reserva para las agresiones m&aacute;s graves contra los mismos intereses jur&iacute;dicos (Bajo y Bacigalupo, 2001). Como lo se&ntilde;ala De Palma del Teso (1996), el objetivo del Derecho Administrativo Sancionador es la prevenci&oacute;n de las conductas que ponen en peligro o lesionan los bienes jur&iacute;dicos, para lo cual se da un paso atr&aacute;s y se lleva m&aacute;s all&aacute; la prevenci&oacute;n. Es decir, mientras que en el derecho administrativo se sancionan las conductas menos graves, que ponen en riesgo el respectivo bien, en el derecho penal se sancionan las conductas que da&ntilde;an o afectan de una manera m&aacute;s gravosa el mismo bien jur&iacute;dico. De lo que se colige que el derecho administrativo tiene una competencia anterior que el derecho penal, correspondi&eacute;ndole a aqu&eacute;l una misi&oacute;n preventiva y disuasoria de la conducta del sujeto, pues de persistir en su actuaci&oacute;n tendr&iacute;a que rendir cuentas no ya ante una autoridad administrativa sino tambi&eacute;n ante la justicia penal.</p>

    <p>La divergencia entre uno y otro orden nos conecta con otra diferencia clara entre el injusto penal y el injusto administrativo en lo relativo al principio de culpabilidad. Nos referimos a que en materia administrativa la exigencia de culpa no debe ser le&iacute;da como en el &aacute;mbito penal, donde las conductas dolosas reinan en la mayor&iacute;a de los tipos penales. As&iacute;:</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En el derecho penal, el il&iacute;cito doloso constituye la base por excelencia de las prohibiciones penales, mientras que el il&iacute;cito imprudente ocupa una posici&oacute;n subsidiaria respecto del primero. Existe dolo cuando existe voluntad para realizar el tipo antijur&iacute;dico, por el contrario, en la imprudencia no concurre esa voluntad sino que la realizaci&oacute;n del hecho antijur&iacute;dico deriva de la inobservancia del deber de cuidado personalmente exigible a su autor (Marina Jalvo, 1999, p. 22).</p>

    <p>A diferencia de ello, en el derecho administrativo sancionador, la imprudencia es la protagonista<a href="#nota2"><sup>2</sup></a>, porque como lo ha rese&ntilde;ado el Tribunal Supremo espa&ntilde;ol,&quot;la actividad infractora, en la materia que nos ocupa, puede ser cometida intencionalmente o por negligencia, que se da cuando el sujeto activo de la infracci&oacute;n act&uacute;a sin la debida precauci&oacute;n&quot;<a href="#nota3"><sup>3</sup></a>, que consiste en no hacer lo necesario para cumplir con un deber (Carretero y Carretero, 1995), y se caracteriza por la falta de voluntad de generar un resultado en concreto y la ausencia de diligencia para evitarlo<a href="#nota4"><sup>4</sup></a> (Garc&iacute;a G&oacute;mez, 2004); mientras que el dolo est&aacute; relegado a un papel secundario (De Palma del Teso , 1996).</p>

    <p>Pese a las divergencias que se derivan de la aplicaci&oacute;n de los principios de uno a otro orden, por las caracter&iacute;sticas propias de ambos &aacute;mbitos, ello no impide que el concepto propio de culpabilidad no opere en el contexto administrativo, pues como lo dispone el art&iacute;culo 29 de nuestra Constituci&oacute;n, la m&aacute;xima de culpabilidad tiene plena vigencia en las actuaciones administrativas: &quot;El debido proceso se aplicar&aacute; a toda clase de actuaciones judiciales y administrativas. (&hellip;) Toda persona se presume inocente mientras no se la haya declarado judicialmente culpable&quot;.</p>




    <p>De este modo, la culpabilidad se instituye como uno de los pilares sobre los que se debe fundamentar el ejercicio de la actividad sancionadora (C- 226/1996;C- 720/2006). Y asimismo, en un derecho fundamental garantizado por el Estado de derecho<a href="#nota5"><sup>5</sup></a>. De manera para que nazca la responsabilidad administrativa es necesario que la infracci&oacute;n se haya realizado con dolo, o por lo menos con culpa o imprudencia (Gamero y Fern&aacute;ndez, 2005), pues el principio de culpabilidad es una &quot;pieza b&aacute;sica del ordenamiento punitivo&quot; (Lozano Cutanda , 2003, p. 355). La Corte, refiri&eacute;ndose al derecho disciplinario, exige la culpa para que opere el aparato sancionador de la Administraci&oacute;n: &quot;La jurisprudencia especializada reconoce que la regla general sancionatoria es el castigo de la culpa&quot;(C- 181/1996).</p>

    <p>En definitiva, la culpa se erige como una condici&oacute;n para que pueda imponerse una sanci&oacute;n y junto a otras exigencias, como son: &quot;la tipificaci&oacute;n legal preexistente al acto que se imputa, (&hellip;) la manifestaci&oacute;n clara de la antijuricidad del hecho y de la imputabilidad de la conducta&quot;(C690/1996).</p>

    <p><font size="3"><b>2. REFLEXIONES DE LA CORTE CONSTITUCIONAL SOBRE
EL PRINCIPIO DE CULPABILIDAD</b></font></p>

    <p><font size="3"><b>2.1. Observaciones generales</b></font></p>

    <p>Como se expondr&aacute; en los apartados siguientes, el principal inter&eacute;s de la Corte, respecto al principio de culpabilidad, ha sido el de determinar las excepciones de la aplicaci&oacute;n de la m&aacute;xima en la actividad sancionadora administrativa, haciendo referencia al &aacute;mbito cambiario y ciertos asuntos de relevancia tributaria, y no el de establecer unos par&aacute;metros claros de la aplicaci&oacute;n de este principio en el contexto sancionador administrativo. Muestra de este panorama es la ausencia de pronunciamientos por    parte de la Corte en temas importantes como la exoneraci&oacute;n de la responsabilidad en caso de fuerza mayor o caso fortuito, error, el an&aacute;lisis del principio en las personas jur&iacute;dicas y la solidaridad.</p>

    <p><font size="3"><b>2.2. Tipo de culpa</b></font></p>

    <p>El principal inter&eacute;s por parte de la Corte ha sido el an&aacute;lisis de la quiebra del postulado en materia sancionadora. Es decir, el establecimiento de los casos en que es viable la responsabilidad administrativa sin que concurra el elemento culposo. Para ello, la Corte ha establecido como regla general la aplicaci&oacute;n del principio de culpabilidad en este &aacute;mbito y ha estudiado caso por caso los eventos en que es aceptable la exclusi&oacute;n de aqu&eacute;lla<a href="#nota6"><sup>6</sup></a>.</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A continuaci&oacute;n se presentan las principales consideraciones del int&eacute;rprete constitucional en relaci&oacute;n con las modalidades de culpa: subjetiva y objetiva, en la actuaci&oacute;n administrativa sancionadora.</p>


    <p><font size="3"><b>2.2.1. Consideraciones acerca de la culpa subjetiva</b></font></p>

    <p>La Corte ha manifestado en reiteradas ocasiones, en relaci&oacute;n con el ejercicio del <i>ius puniendi</i> del Estado, la demanda de la culpabilidad como elemento necesario que debe concurrir para la imposici&oacute;n de una sanci&oacute;n. La exigencia que la conducta sea culposa como presupuesto para la imposici&oacute;n de una sanci&oacute;n se debe a consideraciones de dignidad humana y de culpabilidad, contempladas en la Carta Magna (arts. 1&ordm; y 29) as&iacute;: &quot;Est&aacute; proscrita toda forma de responsabilidad objetiva en materia sancionadora&quot; (C- 597/1996). Ello, sumado a la tradici&oacute;n que existe, desde la &eacute;poca de la Corte Suprema de Justicia, 1982, de extender los principios del derecho penal al campo administrativo, hace que la concurrencia de culpa se erija como una condici&oacute;n sin la que no es posible predicar responsabilidad, pues toda idea de un proceso sancionador sin culpa resulta &quot;desproporcionado y violatorio de los principios de equidad y justicia tributarios la consagraci&oacute;n de una responsabilidad sin culpa en este campo&quot; (C- 616/2002).</p>

    <p>La Corte insiste m&aacute;s en la demanda de la culpa como elemento necesario para la imposici&oacute;n de una sanci&oacute;n cuando sostiene que este requisito debe aplicarse ineludiblemente, m&aacute;xime si de lo que se trata es de una decisi&oacute;n que atenta contra los intereses de los administrados<a href="#nota7"><sup>7</sup></a>.</p>

    <p>La exigencia de la culpabilidad para imponer la sanci&oacute;n administrativa tiene una relaci&oacute;n muy estrecha con otro precepto constitucional como lo es la presunci&oacute;n de inocencia. Postulado, este &uacute;ltimo, que tiene lugar en el ejercicio de la actividad sancionadora de la Administraci&oacute;n. As&iacute; lo ha sostenido la Corte al manifestar: &quot;La previsi&oacute;n constitucional de que todo acusado tiene derecho a que lo presuma inocente, mientras no se compruebe que es culpable, conforme a las leyes preexistentes al acto que se le imputa&quot; (T-1160/2004).</p>


    <p><font size="3"><b>2.2.2. Reflexiones acerca de la culpa objetiva en el
poder sancionador administrativo</b></font></p>

    <p> La aceptaci&oacute;n de la culpa objetiva por parte de la Corte, si bien tiene ocurrencia en la actividad del ius puniendi del Estado, opera solamente de forma excepcional, consecuencia ello de los derechos de libertad y dignidad humana (C-616/2002).</p>

    <p>La Corte Constitucional ha aceptado excepcionar el principio de culpabilidad, dando paso con ello a la responsabilidad objetiva, en el &aacute;mbito cambiario (A-014/1999; C-506/2002; C-10/2003). Los motivos que el int&eacute;rprete de la Carta invoca, para la imposici&oacute;n de una responsabilidad objetiva, est&aacute;n relacionados con el mantenimiento y salvaguarda del orden p&uacute;blico<a href="#nota8"><sup>8</sup></a>. A parte del r&eacute;gimen de cambios, en el que se excluye la culpa como condici&oacute;n necesaria para la aplicaci&oacute;n de una sanci&oacute;n<a href="#nota9"><sup>9</sup></a>, la Corte ha dado v&iacute;a para la merma de aplicaci&oacute;n del principio de culpabilidad en el campo tributario. As&iacute;, el alto tribunal ha sostenido que en ciertos casos el principio de buena fe, vinculado   muy estrechamente con el de culpabilidad, ser&aacute; morigerado en virtud de que el individuo haya &quot;olvidado&quot; la declaraci&oacute;n de sus obligaciones tributarias (C- 160/1998).</p>

    <p>Desde la creaci&oacute;n de la Corte, este &oacute;rgano se ha pronunciado en diversas oportunidades acerca de la cuesti&oacute;n, y ha afirmado que la aplicaci&oacute;n de este tipo de responsabilidad se har&aacute; caso por caso, y de acuerdo con las caracter&iacute;sticas de la norma que lo contempla (C616/2002). Para fundamentar su posici&oacute;n, y con ello exceptuar la aplicaci&oacute;n de la responsabilidad objetiva, el juez constitucional ha centrado la aplicaci&oacute;n de esta responsabilidad en cuatro cuestiones en particular.</p>

    <p>La primera de ellas, la defendida en un primer momento en 1992, est&aacute; relacionada con la relajaci&oacute;n de los principios del derecho penal, caso del postulado de culpabilidad, en la &oacute;rbita del derecho administrativo sancionador, dado que se trata de &aacute;mbitos de diversa naturaleza<a href="#nota10"><sup>10</sup></a>.</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El siguiente argumento esgrimido para eximir del juicio de culpabilidad en la actividad sancionatoria est&aacute; relacionado con la presunci&oacute;n  de culpabilidad, en caso de incumplir ciertos deberes legales. La decisi&oacute;n C-690/1996, si bien reconoce la excepcionalidad de la responsabilidad objetiva en el dominio del derecho administrativo sancionador, admite en su texto la objetividad de ciertas disposiciones en el campo tributario<a href="#nota11"><sup>11</sup></a>.</p>

    <p>En concordancia con el argumento anterior, y en el mismo &aacute;mbito tributario, la Corte se pronunci&oacute; en 2002 sobre el particular. En esta ocasi&oacute;n admiti&oacute; la inversi&oacute;n de la carga probatoria en cabeza del administrado en aquellas circunstancias en que se presenten los supuestos contemplados en la norma<a href="#nota12"><sup>12</sup></a>.</p>

    <p>De todas formas, la aplicaci&oacute;n de la responsabilidad objetiva, aunque excepcional, no conlleva a que en los casos de imposibilidad absoluta, cuando opere la figura del caso fortuito o la fuerza, se pueda demandar la responsabilidad del administrado<a href="#nota13"><sup>13</sup></a>.</p>

    <p>Por &uacute;ltimo anotamos que en 2002 la Corte realiz&oacute; un estudio m&aacute;s profundo sobre el principio de culpabilidad desprovisto de toda idea de culpa. Nos referimos a la decisi&oacute;n C-616/2002, que no s&oacute;lo corrobora su posici&oacute;n en relaci&oacute;n con la excepcionalidad de la responsabilidad objetiva sino que da un paso adelante, y entrega los requisitos que deben concurrir para que dicha responsabilidad tenga lugar:</p>

    <p>En efecto, las sanciones por responsabilidad objetiva se ajustan a la Carta siempre y cuando (i) carezcan de la naturaleza de sanciones que la doctrina llama &lsquo;rescisorias&rsquo;, es decir, de sanciones que comprometen de manera espec&iacute;fica el ejercicio de derechos y afectan de manera directa o indirecta a terceros; (ii) tengan un car&aacute;cter meramente monetario; y (iii) sean de menor entidad en t&eacute;rminos absolutos (tal como sucede en el caso de las sanciones de tr&aacute;nsito) o en t&eacute;rminos relativos (tal como sucede en el r&eacute;gimen cambiario, donde la sanci&oacute;n corresponde a un porcentaje del monto de la infracci&oacute;n, o en el caso del decomiso, en el que la afectaci&oacute;n se limita exclusivamente a la propiedad sobre el bien cuya permanencia en el territorio es contraria a las normas aduaneras).</p>

    <p><font size="3"><b>2.3. Caso de las relaciones regidas por el derecho disciplinario</b></font></p>

    <p>En los supuestos en que la actividad sancionadora de la Administraci&oacute;n se ejerza en la &oacute;rbita disciplinaria<a href="#nota14"><sup>14</sup></a>, la Corte ha hecho algunas precisiones sobre el particular. En primer lugar, el int&eacute;rprete constitucional ha estudiado si en este campo del derecho administrativo sancionador tiene    lugar la aplicaci&oacute;n del principio de culpabilidad<a href="#nota15"><sup>15</sup></a> o, por el contrario, esta m&aacute;xima debe leerse de otra forma dada a los intereses en juego y los deberes que se imponen al administrado. En este sentido, la Corte ha sido enf&aacute;tica en demandar el cumplimiento del principio de culpabilidad en el campo del derecho disciplinario (C- 181/2002; C- 728/2000). En apoyo de su decisi&oacute;n, el &oacute;rgano constitucional ha sostenido que la conducta infractora debe ser culpable para que se pueda imponer una sanci&oacute;n<a href="#nota16"><sup>16</sup></a>.</p>

    <p>La decisi&oacute;n (C- 948/2002) nos aclara m&aacute;s sobre el particular cuando sostiene que en relaci&oacute;n con la culpa grave o muy grave la Corte demanda:</p>

    <p>Obs&eacute;rvese que se considera culpa grav&iacute;sima en primer t&eacute;rmino la ignorancia supina, que define el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Espa&ntilde;ola como &quot;la que procede de negligencia en aprender o inquirir lo que puede y debe saberse&quot;. Es decir que se considera como culpa grav&iacute;sima la negligencia del servidor que pese a tener el deber de instruirse a efectos de desempe&ntilde;ara la labor encomendada decide no hacerlo. Otro tanto puede decirse de la definici&oacute;n de culpa grave, en la que se incurre por inobservancia del cuidado necesario que cualquier persona del com&uacute;n imprime a sus actuaciones, conducta que no es la que corresponde esperar de una persona que ejerce funciones p&uacute;blicas, a quien, por lo dem&aacute;s, se le exige un particular nivel de responsabilidad.</p>

    <p>Con lo que la imposici&oacute;n de la sanci&oacute;n disciplinaria ser&aacute; procedente solamente si el infractor ha actuado dolosa o culposamente. </p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En definitiva, para exigir la responsabilidad del administrado, &eacute;ste debi&oacute; actuar con culpa o dolo, y al infractor se le debe sancionar solamente luego de cumplir las exigencias del debido proceso.</p>

    <p>De otra parte, la Corte ha analizado en dos oportunidades la constitucionalidad de la disposici&oacute;n contemplada en el art&iacute;culo 14 del C&oacute;digo Disciplinario &Uacute;nico cuando afirma que &quot;En materia disciplinaria queda proscrita toda forma de responsabilidad objetiva y las faltas s&oacute;lo son sancionables a t&iacute;tulo de dolo o culpa&quot;. Al respecto la Corte se ha preguntado si es acorde con la Constituci&oacute;n que la ley en menci&oacute;n haya dejado a discreci&oacute;n de la autoridad determinar si una conducta es calificada como dolosa o culposa, debido ello al tipo de esquema que emple&oacute; el C&oacute;digo disciplinario de &quot;numerus apertus&quot;. En relaci&oacute;n con ello la Corte ha hecho las siguientes aclaraciones: &quot;de modo que en principio a toda modalidad dolosa de una falta disciplinaria le corresponder&aacute; una de car&aacute;cter culposo&quot; (C- 155/2002). Excepto en los casos en que no sea posible darle cabida a la culpa porque la infracci&oacute;n incluya expresiones tales como &quot;a sabiendas&quot;, &quot;de mala fe&quot;, &quot;con la intenci&oacute;n de&quot; etc. &quot;En otros t&eacute;rminos, el dolo o la culpa son elementos constitutivos de la acci&oacute;n, son sus elementos subjetivos estructurales. De all&iacute; que sea la propia ontolog&iacute;a de la falta la que determina si la acci&oacute;n puede ser cometida a t&iacute;tulo de dolo o de culpa o, lo que es lo mismo, que la estructura de la conducta sancionada defina las modalidades de la acci&oacute;n que son admisibles&quot; (C- 181/2002). Pero el int&eacute;rprete ser&aacute; el encargado de determinar qu&eacute; tipos disciplinarios permiten la modalidad culposa, partiendo &quot;del sentido general de la prohibici&oacute;n y del valor que busca ser protegido, deducir qu&eacute; tipos disciplinarios permiten ser vulnerados con cualquiera de los factores generadores de la culpa&quot; (C- 155/2002).</p>

    <p><font size="3"><b>2.4. Causales de exoneraci&oacute;n de la responsabilidad</b></font></p>

    <p>La extensi&oacute;n de los principios del derecho penal al campo administrativo, y con ello la aplicaci&oacute;n del principio de culpabilidad al &aacute;mbito administrativo, conlleva que las causales de exclusi&oacute;n de la responsabilidad administrativa operen en dicho orden<a href="#nota17"><sup>17</sup></a>. As&iacute; las cosas,   para que una autoridad pueda declarar culpable a una persona no basta con que exista un nexo psicol&oacute;gico entre el sujeto y el hecho t&iacute;pico, sino que adem&aacute;s, como lo se&ntilde;alan Gonz&aacute;lez P&eacute;rez y Gonz&aacute;lez Navarro (1999), es indispensable que la persona haya actuado en circunstancias de normalidad. Esta ausencia de normalidad se refiere a que el sujeto no haya actuado de una forma libre, sino que, por el contrario, haya procedido constre&ntilde;ido a realizar determinado acto; o cuando se presentan circunstancias de fuerza mayor; o en los eventos en que se produzca la comisi&oacute;n de la infracci&oacute;n por un error (Lozano Cutanda, 2003) que tenga la naturaleza de invencible<a href="#nota18"><sup>18</sup></a>. De tal manera que si alguna de estas hip&oacute;tesis determinan la actuaci&oacute;n contraria a derecho, el sujeto no puede ser declarado culpable administrativamente.</p>

    <p>A continuaci&oacute;n se presentan las dos causales de exoneraci&oacute;n de la responsabilidad sobre las que la Corte se ha pronunciado.</p>

    <p><font size="3"><b>2.4.1. La fuerza mayor</b></font></p>

    <p>La Corte Constitucional se ha pronunciado en cuanto a las causales para eximir la responsabilidad, sin embargo no lo ha hecho de forma amplia, por el contrario, ha limitado su an&aacute;lisis a la fuerza mayor o caso fortuito como eximente de la culpabilidad<a href="#nota19"><sup>19</sup></a>.</p>

    <p>La Corte ha apuntado sobre este asunto que no es necesario que exista una disposici&oacute;n en la legislaci&oacute;n correspondiente que lo respalde. As&iacute; lo comprendi&oacute; en su momento (C-690/1996) cuando sostuvo que en  Las normas acusadas no establecen el caso fortuito o la fuerza mayor como excusa al incumplimiento del deber de presentar la declaraci&oacute;n tributaria, (&hellip;) Sin embargo, ello no quiere decir que esa potestad sancionadora no tenga l&iacute;mites, pues ella debe adecuarse a la Constituci&oacute;n, y en particular al debido proceso (CP, art. 29) y los principios que gobiernan el sistema tributario (CP art., 363)<a href="#nota20"><sup>20</sup></a>.</p>

Otra cosa es que por el hecho de que no se sancione la persona por
existir una causal de exoneraci&oacute;n de la responsabilidad, el administrado
no est&eacute; obligado a cumplir con el deber que da lugar a la infracci&oacute;n
administrativa. En este sentido, la Corte ha sido enf&aacute;tica en diferenciar:
una cosa es que la fuerza mayor exonera a la persona de que se le imponga
una sanci&oacute;n y otra muy distinta que el individuo deba responder a la
Administraci&oacute;n por las obligaciones en cuesti&oacute;n<a href="#nota21"><sup>21</sup></a>.

    <p><font size="3"><b>2.4.2. El error</b></font></p>

    <p>En relaci&oacute;n con el error y sus implicaciones en cuanto al principio de culpabilidad, la Corte Constitucional se ha referido a &eacute;l como &quot;falta de   correspondencia entre el pensamiento del agente y la realidad&quot;<a href="#nota22"><sup>22</sup></a> que no permite que el individuo sea sancionado cuando &eacute;ste adolece del elemento intencional.</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Son dos las cuestiones, muy relacionadas entre s&iacute;, que despiertan m&aacute;s inter&eacute;s. Y nos referimos con ello al postulado universal de que la ignorancia de la ley no es excusa para su inobservancia y, por otro lado, al grado de culpa que es exigible a las personas profesionales o t&eacute;cnicas que violan el ordenamiento que los obliga. El primer punto es el que m&aacute;s genera comentarios en la doctrina por su oposici&oacute;n al principio <i>ignorantia legis non excusat</i>, de plena operatividad en el derecho penal, porque &quot;este principio en lo penal tiene solamente como efecto una inversi&oacute;n de la carga de la prueba (el que haya padecido error debe demostrarlo), pero no supone una desvirtuaci&oacute;n de la eficacia de la ausencia de conocimiento&quot; (Quintero Olivares, 1991, p. 268). Y en cambio en el campo administrativo la interpretaci&oacute;n del principio &quot;la ignorancia de la ley no es excusa para su incumplimiento&quot; es vital, dado la compleja, dispersa y vasta legislaci&oacute;n sectorial (Rebollo Puig, 1989), que dificulta al administrador la posibilidad de conocer todas las disposiciones normativas que debe cumplir.</p>

    <p>Adem&aacute;s, como es conocido, en el campo administrativo sancionador el principio de legalidad es modulado, acept&aacute;ndose con ello las remisiones a otras normas para que complementen el injusto administrativo (De Palma del Teso, 1996). Esta modulaci&oacute;n de la prohibici&oacute;n de la ignorancia de la ley como excusa para su inobservancia debe ser le&iacute;da junto con el deber de conocimiento de informaci&oacute;n que tienen ciertas personas en virtud de su profesi&oacute;n.</p>


    <p>De este modo, la lectura del error como causal de exclusi&oacute;n de la responsabilidad no admite una sola interpretaci&oacute;n; por el contrario, tal como ha sido denunciado por la propia doctrina, es necesario detenernos en la calidad del infractor para decidir si estamos o no en presencia de un error eximente de la culpabilidad, ya que no es lo mismo el nivel de conocimiento que se espera de una persona conocedora de la materia en cuesti&oacute;n que el de un simple ciudadano que por falta de informaci&oacute;n viola el ordenamiento<a href="#nota23"><sup>23</sup></a>. En este sentido se ha pronunciado Quintero Olivares (1991):</p>

    <p>En muchas actividades sectoriales (por ejemplo: tr&aacute;fico rodado, sanidad, construcci&oacute;n, transportes, etc.), los que participan en ellas tienen un conocimiento de las reglas dictadas por la Administraci&oacute;n muy superior al que seguramente tienen del derecho general. De manera, pues, que el problema del conocimiento en relaci&oacute;n con las infracciones administrativas puede circunscribirse en realidad a las infracciones generales (comisibles por cualquier ciudadano) en relaci&oacute;n de supremac&iacute;a general (p. 269).</p>

    <p>En estos eventos es dif&iacute;cilmente aceptable que los individuos que en virtud de su arte oficio o profesi&oacute;n desconozcan las normas que lo regulan invoquen esta causal de justificaci&oacute;n. Este error, como lo se&ntilde;alan Carretero P&eacute;rez y Carretero S&aacute;nchez (1995), es dif&iacute;cil aceptarlo cuando se trate de profesionales, porque, como lo subraya Rebollo Puig (1989), &quot;cabe hablar de un muy estrecho campo de error invencible en cualquier profesional de una actividad alimentaria con respecto a las normas que regulan su actividad&quot; (p.657). En todo caso, como lo expone De Palma del Teso (1996), &quot;no es posible establecer de forma general el l&iacute;mite exacto a partir del cual se considerar&aacute; el error invencible. Se habr&aacute; de tener en cuenta en cada caso, la intensidad del deber de conocimiento impuesto al sujeto y el grado de diligencia que le era exigible&quot; (p. 173).</p>



    <p><font size="3"><b>2.5. Persona Jur&iacute;dica</b></font></p>

    <p>La Corte se ha manifestado en cuanto a la posibilidad que las personas jur&iacute;dicas sean sujetos pasivos de la imposici&oacute;n de una sanci&oacute;n (C145/1993), pero desafortunadamente no ha entrado en detalles sobre el particular. Aunque ello no impide que se presenten a continuaci&oacute;n los siguientes comentarios.</p>

    <p>Una particularidad del elemento de culpabilidad en materia administrativa es la admisi&oacute;n de la responsabilidad de las personas jur&iacute;dicas frente al antiguo postulado: <i>universitas delinquere non potest</i> (Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a y Fern&aacute;ndez, 2004). El levantamiento del velo corporativo es una doctrina que ha tenido amplia aceptaci&oacute;n porque, entre otras razones, es proclive a la ruptura del hermetismo de la persona jur&iacute;dica y encaminada a evitar que el empleo de la figura otorgue ventajas injustificadas en detrimento de bienes o derechos ajenos, sean &eacute;stos privados o p&uacute;blicos. En estas situaciones, &quot;debe atenderse a la realidad de las relaciones jur&iacute;dicas y a la finalidad de las disposiciones legales, evitando, mediante la pr&aacute;ctica de la penetraci&oacute;n judicial en el <i>substratum</i> personal de la entidad o sociedad a la que la Ley confiere personalidad jur&iacute;dica, una instrumentaci&oacute;n inadecuada de esta figura&quot; (Bermejo Vera, 1991, p. 89). Con ello se produce una disgregaci&oacute;n entre el autor material de la infracci&oacute;n y el responsable de la misma. Indudablemente, la autor&iacute;a material recae sobre las personas f&iacute;sicas, pero la responsabilidad recae en la persona jur&iacute;dica (Betancor Rodr&iacute;guez , 2001).</p>

    <p>En cuanto a la operatividad del principio de culpabilidad en el campo concreto de las personas morales, esto no implica, de ninguna manera, que el &oacute;rgano constitucional haya suprimido la exigencia del elemento culposo del juicio de culpabilidad, sino, en cambio, que &eacute;ste debe ser exigido de una manera diversa. As&iacute;, pues, la construcci&oacute;n que se debe hacer de la imputabilidad de la autor&iacute;a de la infracci&oacute;n de la persona jur&iacute;dica radica en la propia naturaleza de la ficci&oacute;n jur&iacute;dica a la que responden estos sujetos.</p>

    <p>Falta en ellos el elemento volitivo en sentido estricto, pero no la capacidad de infringir las normas a las que est&aacute;n sometidos. Capacidad de infracci&oacute;n    y, por ende, reprochabilidad directa que deriva del bien jur&iacute;dico protegido por la norma sea realmente eficaz, y por el riesgo que, en consecuencia, deba asumir la persona jur&iacute;dica que est&aacute; sometida al cumplimiento de dicha norma (Calero Rodr&iacute;guez, 1995, p. 964).</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>O como lo ha explicado la doctrina:</p>

    <p>En un sentido estricto y literal, las personas jur&iacute;dicas no pueden ser culpables, ni tampoco inocentes. No nacen ni mueren ni compran ni venden, pero el Derecho finge todo ello. Puesto que de esta ficci&oacute;n jur&iacute;dica se trata, la responsabilidad con culpa de estas personas jur&iacute;dicas tiene que explicarse de una manera distinta a la culpa y la inocencia de una persona f&iacute;sica (Lozano Cutanda, 1992, p. 224).</p>

    <p><font size="3"><b>2.6. Responsabilidad solidaria</b></font></p>

    <p>En materia administrativa, las infracciones pueden ser producto de la acci&oacute;n de una persona o de varios individuos, que pueden originar la imposici&oacute;n de una o m&aacute;s sanciones de acuerdo con la estipulaci&oacute;n que haga la respectiva ley. Lo com&uacute;n es que a una infracci&oacute;n del ordenamiento administrativo le corresponda una sanci&oacute;n, es decir que a cada persona que viole las prescripciones normativas se le imponga una carga punitiva, que puede revestir diferentes formas. Sin embargo, las normas pueden: o bien imponer a cada uno de los individuos infractores una sanci&oacute;n administrativa, o bien pueden sancionar a un solo sujeto, y con ello entender satisfecha la responsabilidad de los otros part&iacute;cipes de la infracci&oacute;n, y a la persona que respondi&oacute; le queda el derecho a repetir frente a los otros (Quintero Olivares, 1991).</p>

    <p>La cuesti&oacute;n principal sobre la que gira la pol&eacute;mica doctrinal es la relativa a la exigencia del elemento de culpa para imponer la respectiva sanci&oacute;n, pues se podr&iacute;a pensar que dada la aceptaci&oacute;n de la responsabilidad solidaria se est&aacute; prescindiendo de la idea de culpa.</p>

    <p>En el primer supuesto que se cita -caso de una ley que imponga varias sanciones a todas y cada una de las personas participantes en la violaci&oacute;n del ordenamiento jur&iacute;dico- se observa el inter&eacute;s del legislador de ser especialmente contundente con las acciones nocivas al bien jur&iacute;dico   en cuesti&oacute;n, pues no se contenta con que una sola persona responda, sino que demanda que cada sujeto que tuvo alguna incidencia en la comisi&oacute;n de la infracci&oacute;n responda independientemente (Nieto Garc&iacute;a, 2005). Esta hip&oacute;tesis resulta menos compleja que las que se analizan a continuaci&oacute;n, debido a que la autoridad tendr&aacute; una mayor oportunidad de revisar cada una de las conductas e imponer una sanci&oacute;n.</p>

    <p>En el segundo supuesto -caso que se imponga una sanci&oacute;n a un individuo y con ello se comprenda satisfecha la responsabilidad de los otros individuos- el panorama no es tan evidente. En este contexto, en el seno de la doctrina cient&iacute;fica se han suscitado muchas suspicacias, porque en opini&oacute;n de algunos, el empleo de la instituci&oacute;n de la solidaridad va en detrimento del principio de culpabilidad que rige en el derecho administrativo sancionador (Bajo y Bacigalupo, 2001); y por otro lado existe otro grupo que, encabezado por el Tribunal Constitucional espa&ntilde;ol, se encuentra convencido de que esta figura no ri&ntilde;e en absoluto con el mandato constitucional de culpabilidad para el ejercicio de la actividad punitiva.</p>

    <p>En opini&oacute;n de los primeros, las figuras de solidaridad y el principio de culpabilidad no conviven pac&iacute;ficamente. As&iacute;, encontramos posiciones tan radicales como la de Nieto Garc&iacute;a (2005), quien est&aacute; convencido de que &eacute;sta es una de &quot;las cuestiones m&aacute;s contradictoras y desde luego m&aacute;s enigm&aacute;ticas del Derecho Administrativo Sancionador&quot;(p. 427), o lo expresado por Garc&iacute;a de Enterr&iacute;a (2004), quien duda de la constitucionalidad de esta figura jur&iacute;dica en el campo del administrativo sancionador. En el mismo sentido, la objeci&oacute;n de Cobo Olvera (2002), quien considera que</p>

    <p>La responsabilidad solidaria, como forma eficaz de garantizar el cumplimiento de obligaciones contractuales o extracontractuales, no puede penetrar en el &aacute;mbito del Derecho sancionador porque, de lo contrario, se derrumbar&iacute;a el fundamento del sistema punitivo, seg&uacute;n el cual cada uno responde de sus propios actos, sin que quepa, con el fin de una m&aacute;s eficaz tutela de los intereses p&uacute;blicos, establecer responsabilidad alguna sancionable solidariamente por actos ajenos (p. 652).</p>


    <p>Sin embargo, la posici&oacute;n acabada de mencionar ha sido rechazada por otro sector de la doctrina, cuando manifiesta que el hecho que se admita este tipo de responsabilidad en el &aacute;mbito administrativo sancionador no ri&ntilde;e de ning&uacute;n modo con la obligaci&oacute;n de la aplicaci&oacute;n de los principios que presiden la actividad. En este sentido, Zornoza P&eacute;rez (1992) sostiene:</p>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El car&aacute;cter predominantemente civil de esta forma de responsabilidad solidaria no debe impedir, como antes afirm&aacute;bamos, la aplicaci&oacute;n de los principios fundamentales del ordenamiento sancionador, y dado que la extensi&oacute;n de responsabilidad que contemplamos es la sanci&oacute;n prevista para los causantes o colaboradores en infracciones tributarias, su aplicaci&oacute;n s&oacute;lo ser&aacute; posible si concurre el requisito subjetivo de la culpabilidad, entendida aqu&iacute; como conciencia y voluntad de cooperar en la realizaci&oacute;n del hecho antijur&iacute;dico (p. 195).</p>

    <p>Seg&uacute;n nuestro modo de ver las cosas, el examen de culpabilidad para ser superado deber&aacute; rebasar dos niveles: el primero, referido a la culpabilidad que se exige al autor material del hecho u omisi&oacute;n, y el segundo, el que se le realice al garante, sin que en ninguno de ellos est&eacute; presente ninguna causal de exclusi&oacute;n de la responsabilidad.</p>

    <p>Para la defensa de este tipo de culpabilidad nos apoyamos en la tesis de la responsabilidad <i>in vigilando e in eligiendo</i>, seg&uacute;n la cual el garante o responsable solidario debe responder por aquellas personas que est&aacute;n a su cargo no generen da&ntilde;o alguno (Garc&iacute;a Manzano, et al., 1993). Como lo ha manifestado De Palma del Teso (1996), las responsabilidades que se le exigen al garante no se demandan por las acciones de otros, como podr&iacute;a suceder en el caso de las consecuencias de la responsabilidad civil, sino que se exigen por las acciones u omisiones del mismo garante, por haber omitido el deber legal de prevenirlo, y no haber cooperado para que el autor material de la infracci&oacute;n no haya actuado dolosa o negligentemente. Y por una raz&oacute;n de conveniencia pr&aacute;ctica, pues por &quot;la naturaleza de las conductas constitutivas de muchas infracciones y tambi&eacute;n por la dificultad pr&aacute;ctica de probar la culpabilidad en el caso de infracciones en masa (...), muchas conductas il&iacute;citas carecer&iacute;an de sanci&oacute;n si as&iacute; se hiciera. De ah&iacute; que el legislador y la jurisprudencia, en general, hayan sido muy prudentes&quot; (S&aacute;nchez Mor&oacute;n, 2005, p. 666 ).</p>


    <p>En esta figura de la responsabilidad solidaria, al igual que en la aceptaci&oacute;n de la culpabilidad de las personas jur&iacute;dicas es en la que m&aacute;s se observan las diferencias entre la aplicaci&oacute;n de los principios del orden penal al derecho administrativo. Porque en primer lugar una interpretaci&oacute;n estricta del principio de culpabilidad en el campo administrativo en lo referente a la arista del principio de personalidad de las penas equivaldr&iacute;a a dejar sin piso una serie de infracciones contempladas en la legislaci&oacute;n administrativa, y de paso, y lo m&aacute;s importante, que una serie de acciones y omisiones que se presentan en el seno de la sociedad y que atentan contra valores importantes para la convivencia de la comunidad quedar&iacute;an sin ning&uacute;n tipo de regulaci&oacute;n.</p>

    <p>Se hace una observaci&oacute;n a lo expresado en lo relativo a que para que pueda operar la solidaridad de la responsabilidad administrativa debe tratarse siempre de una obligaci&oacute;n que pueda ser avaluable en dinero, es decir, en las multas. Ello, porque es imposible que una sanci&oacute;n de otro tipo pueda ser saldada por uno de los individuos y luego pueda aquel que la sald&oacute; repetir contra los dem&aacute;s. Es decir, existe una imposibilidad de cuantificar las otras sanciones administrativas que no tienen una traducci&oacute;n econ&oacute;mica, y por ende, no es posible que aquellos que asumieron la obligaci&oacute;n exijan la devoluci&oacute;n a los otros autores de la infracci&oacute;n<a href="#nota24"><sup>24</sup></a>.</p>

    <p><font size="3"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>

    <p>Una vez revisados y analizados los lineamientos m&aacute;s sobresalientes de la postura de la Corte Constitucional colombiana en lo concerniente al principio de culpabilidad, se concluye que</p>
<ul>
    <li>El principio de culpabilidad se erige en pilar sobre el que descansa
la actividad sancionadora de la Administraci&oacute;n. De este modo, la
actuaci&oacute;n u omisi&oacute;n del infractor debe ser, en principio, culpable.
Sin embargo, no se puede pasar por alto lo expresado por la Corte
en cuanto a la excepci&oacute;n del principio en los &aacute;mbitos tributario y
cambiario.</li>

    <li>El principio de culpabilidad en el ejercicio de la actividad sancionadora de la Administraci&oacute;n P&uacute;blica tiene plena aplicabilidad tanto
en las relaciones de sujeci&oacute;n general como en las sanciones que se
imponen en el seno de una relaci&oacute;n de sujeci&oacute;n especial.</li>

    <li>La lectura que se realiza del postulado en cuesti&oacute;n no es id&eacute;ntica
a la interpretaci&oacute;n de la m&aacute;xima en el campo penal. Con ello nos
referimos a que el principio admite ciertas excepciones en el ejercicio de la potestad administrativa para sancionar; caso de la posibilidad de imponer sanciones a personas jur&iacute;dicas o la aplicaci&oacute;n
de instituciones jur&iacute;dicas como la solidaridad.</li>

    ]]></body>
<body><![CDATA[<li> Otra de las cuestiones que ha sido abordada por la Corte Constitucional
en relaci&oacute;n con este principio est&aacute; relacionada con la posibilidad
de aplicar las causales de exoneraci&oacute;n de la culpa. El alto tribunal
se ha detenido a reflexionar sobre la posibilidad de que el proceso
sancionador no sea viable cuando exista fuerza mayor o caso
fortuito.</li>
    </ul>
<hr>
    <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>
    <p><a name="nota*">*</a> Este art&iacute;culo es resultado de la investigaci&oacute;n doctoral &quot;La potestad sancionadora de la administraci&oacute;n&quot;, financiada con los recursos de la beca Desarrollo Profesoral de la Universidad del Norte.</p>
    <p><a name="nota1">1</a> <i>C-160/1998: Los principios del derecho penal no son aplicables en su totalidad a la   potestad sancionadora de la administraci&oacute;n, espec&iacute;ficamente, en materia tributaria. Sin embargo, la administraci&oacute;n debe observar el debido proceso antes de imponer las sanciones que la ley ha previsto para las infracciones tributarias de car&aacute;cter sustancial y formal, de manera tal que le permitan al administrado defenderse en debida forma.</i></p>
    <p><a name="nota2">2</a> Sentencia del Tribunal Supremo espa&ntilde;ol 2220/1985 de 22 de abril: <i>porque en la esfera del Derecho Administrativo sancionador en esta materia no se requiere una conducta dolosa, sino simplemente irregular en la observancia de las normas.</i></p>
    <p><a name="nota3">3</a> Sentencia del Tribunal Supremo espa&ntilde;ol 7447/1997 de 22 de octubre, F.J. 2 A.</p>
    <p><a name="nota4">4</a> Sentencia del Tribunal Supremo espa&ntilde;ol 7713/1999, de 20 de septiembre, F.J. 2 y 3: <i>La Sala, ponderando el expediente administrativo y los alegatos de las partes, aprecia en los demandantes que al menos obraron con negligencia, pues no cabe apreciar que s&oacute;lo existan unas apreciaciones subjetivas entre la entidad y la Inspecci&oacute;n del Banco de Espa&ntilde;a (&hellip;) Los recurrentes ostentaban cargos de alta direcci&oacute;n, lo que unido a su evidente negligencia determina su culpabilidad.</i></p>
    <p><a name="nota5">5</a> C- 720/2006: <i>La sujeci&oacute;n que debe el derecho disciplinario a la Constituci&oacute;n implica que adem&aacute;s de garantizar los fines del Estado Social de Derecho, debe reconocer los derechos fundamentales que rigen nuestro ordenamiento jur&iacute;dico, siendo la culpabilidad uno de ellos, seg&uacute;n lo consagrado en el art&iacute;culo 29 Superior, en virtud del cual &quot;Toda persona se presume inocente mientras no se le haya declarado judicialmente culpable&quot;.</i></p>
    <p><a name="nota6">6</a> Resulta interesante lo contemplado en las decisiones de la Corte Constitucional en lo relativo al examen de la legislaci&oacute;n internacional en materia del principio de culpabilidad en el orden internacional. C-616/2002: <i>En cuanto al principio de culpabilidad en materia de sanciones administrativas, se observan dos grupos de pa&iacute;ses: (a) aquellos reg&iacute;menes que requieren siempre de la culpa para la imposici&oacute;n de sanciones administrativas, y (b) aquellos en los cuales es permitida excepcionalmente la responsabilidad objetiva. De una parte, en Alemania, la ley afirma que el principio de culpabilidad exige intenci&oacute;n o negligencia como fundamento de toda sanci&oacute;n administrativa. A su vez, la ley italiana manifiesta: &quot;Cada uno es responsable de sus propios actos u omisiones, ya sean intencionales o resulten de un comportamiento negligente &#91;...&#93;. En la hip&oacute;tesis que la violaci&oacute;n resulte de un error de hecho, el autor s&oacute;lo es responsable hasta que el error le sea imputable&quot;. As&iacute; mismo, el Tribunal Constitucional espa&ntilde;ol afirm&oacute; que la responsabilidad objetiva ser&iacute;a inadmisible. No obstante, la ley espa&ntilde;ola establece que &quot;S&oacute;lo pueden ser inflingidas sanciones a personas f&iacute;sicas o morales que sean responsables, a&uacute;n a t&iacute;tulo de simple inobservancia&quot;. La expresi&oacute;n &quot;simple inobservancia&quot; constituir&iacute;a un criterio de imputaci&oacute;n diferente y menos riguroso que la intenci&oacute;n y la negligencia. De otra parte est&aacute;n los pa&iacute;ses en los que se acepta excepcionalmente la responsabilidad objetiva. As&iacute;, la ley portuguesa establece la posibilidad de sanciones &quot;independientemente del car&aacute;cter reprochable del acto&quot;. En el mismo sentido, el Consejo Constitucional Franc&eacute;s no menciona la regla llamada de la &quot;personalidad de las penas&quot; en la lista de principios que deben siempre regir las sanciones administrativas.</i></p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota7">7</a> Cuando, por ejemplo, en la decisi&oacute;n T-145/1993 la Corte Constitucional esta  bleci&oacute;: <i>Si la decisi&oacute;n afecta negativamente al administrado priv&aacute;ndolo de un bien o de un derecho: revocaci&oacute;n de un acto favorable, imposici&oacute;n de una multa, p&eacute;rdida de un derecho o de una leg&iacute;tima expectativa, modificaci&oacute;n de una situaci&oacute;n jur&iacute;dica de car&aacute;cter particular y concreto, etc., en tales casos, la p&eacute;rdida de la situaci&oacute;n jur&iacute;dico-administrativa de ventaja debe ser consecuencia de una conducta ilegal y culposa.</i></p>
    <p><a name="nota8">8</a> C- 10/2003. As&iacute;, la Corte justifica la aplicaci&oacute;n de la responsabilidad sin culpa: <i>En desarrollo de este objetivo que el Estado impone deberes a quienes ejecuten actos, contratos y operaciones en el mercado cambiario, cuyo control, para que sea oportuno y eficaz, demanda total objetividad por parte de la administraci&oacute;n, lo cual no se lograr&iacute;a si la efectividad del r&eacute;gimen sancionatorio en esta materia dependiera de la demostraci&oacute;n de factores subjetivos como el dolo y la culpa.</i></p>
    <p><a name="nota9">9</a> Un caso en el cual se aprecia que el principio de culpabilidad navega entre dos aguas, la culpabilidad objetiva y subjetiva, es la relacionada con las pruebas en el r&eacute;gimen tributario. Al respecto, la Corte ha disminuido la intensidad de la actividad probatoria encaminada a probar la culpa del administrado. <i>La disminuci&oacute;n de la actividad probatoria de la Administraci&oacute;n encaminada a probar la culpa del sancionado: es decir, a partir de ciertas circunstancias debidamente probadas, ha estimado que puede presumirse la culpa y que corresponde al sancionado demostrar la exonerante de culpabilidad</i> (C-506/2002). Y ello en consideraci&oacute;n a ciertas prerrogativas de que es titular el Estado, ya que le permite a &eacute;ste que se presuma que en cierto tipo de conductas existe culpa o dolo. En este evento, la no presentaci&oacute;n de la declaraci&oacute;n fiscal hace presumir la existencia de culpa o dolo, sin que con ello se viole o desconozca la presunci&oacute;n de inocencia, que <i>lo anterior no implica una negaci&oacute;n de la presunci&oacute;n de inocencia, la cual ser&iacute;a inconstitucional, pero constituye una disminuci&oacute;n de la actividad probatoria exigida al Estado, pues ante la evidencia del incumplimiento del deber de presentar la declaraci&oacute;n tributaria, la administraci&oacute;n ya tiene la prueba que hace razonable presumir la culpabilidad del contribuyente</i> (C- 690/1996; C- 506/2002).</p>
    <p><a name="nota10">10</a> C- 599/1992: Tambi&eacute;n existen razones que distinguen entre uno y otro ordenamiento, con base en los principios instrumentales de rango constitucional que permiten reconocer la existencia de ordenes jur&iacute;dicos parciales, con sus propias reglas, que no se aplican por extensi&oacute;n a todo el sistema jur&iacute;dico, como es el caso de los principios inspiradores y rectores de la normatividad sustantiva y procedimental del Derecho Penal. En este sentido, debe advertirse que lo que supone el art&iacute;culo 29 de la Carta, en su primer inciso, no es que las reglas del debido proceso penal se apliquen a todas las actuaciones judiciales o administrativas o de car&aacute;cter sancionatorio; en verdad, lo que se propone el constituyente es que en todo caso de actuaci&oacute;n administrativa exista un proceso debido, que impida y erradique la arbitrariedad y el autoritarismo, que haga prevalecer los principios de legalidad y de justicia social, as&iacute; como los dem&aacute;s fines del Estado, y que asegure los derechos constitucionales, los intereses leg&iacute;timos y los derechos de origen legal y convencional de todas las personas. Cabe advertir que el tema del que se ocupan las normas acusadas es el del establecimiento de un procedimiento de car&aacute;cter policivo y econ&oacute;mico, que persiga objetivamente las infracciones al r&eacute;gimen cambiario, que no puede confundirse con los procedimientos administrativos de car&aacute;cter correccional o policivo o disciplinario. El establecer por v&iacute;a de la regulaci&oacute;n legal correspondiente que las infracciones cambiarias no admiten la exclusi&oacute;n de la responsabilidad por ausencia de culpabilidad o de imputabilidad del infractor, o lo que es lo mismo, se&ntilde;alar que la responsabilidad por la comisi&oacute;n de la infracci&oacute;n cambiaria es de &iacute;ndole objetiva, como lo disponen en las partes acusadas los art&iacute;culos 19 y 21 del Decreto 1746 de 1991, no desconoce ninguna norma constituciona.</p>
    <p><a name="nota11">11</a> As&iacute; se pronunci&oacute; la Corte en la C- 690/1996: <i>Finalmente, en general es razonable suponer que ha actuado de manera dolosa o negligente quien ha incumplido un deber tributario tan claro como es la presentaci&oacute;n de la declaraci&oacute;n tributaria en debida forma, (&hellip;). Por consiguiente, teniendo en cuenta que las sanciones impuestas en caso de no presentaci&oacute;n de la declaraci&oacute;n tributaria son de orden monetario, que el cumplimiento de este deber es esencial para que el Estado pueda cumplir sus fines, y conforme al principio de eficiencia, la Corte considera que una vez probado por la administraci&oacute;n que la persona f&aacute;cticamente no ha presentado su declaraci&oacute;n fiscal, entonces es admisible que la ley presuma que la actuaci&oacute;n ha sido culpable, esto es, dolosa o negligente. Lo anterior no implica una negaci&oacute;n de la presunci&oacute;n de inocencia, la cual ser&iacute;a inconstitucional, pero constituye una disminuci&oacute;n de la actividad probatoria exigida al Estado, pues ante la evidencia del incumplimiento del deber de presentar la declaraci&oacute;n tributaria, la administraci&oacute;n ya tiene la prueba que hace razonable presumir la culpabilidad del contribuyente</i>.</p>
    <p><a name="nota12">12</a> <i>De este modo, la Corte afirm&oacute;: A partir de ciertas circunstancias debidamente probadas, ha estimado que puede presumirse la culpa y que corresponde al sancionado demostrar la exonerante de culpabilidad</i> (C-506/2002). A lo que a&ntilde;adi&oacute;, l&iacute;neas m&aacute;s adelante: <i>La Corte debe reiterar que una vez que est&aacute; probada la inexactitud o extemporaneidad de las declaraciones tributarias, o su falta absoluta de presentaci&oacute;n, la imposici&oacute;n subsiguiente de sanciones administrativas no desconoce la presunci&oacute;n general de inocencia. La sola demostraci&oacute;n de esas circunstancias constituye un fundamento probatorio s&oacute;lido para proceder a su aplicaci&oacute;n, sin perjuicio del derecho que asiste al sancionado de demostrar las eximentes que, como la fuerza mayor o el caso fortuito, descartan la culpa en el cumplimiento de los deberes tributarios</i>.</p>
    <p><a name="nota13">13</a> Es decir, la presunci&oacute;n que se establece en la ley admite prueba en contrario y puede ser exonerado de la culpa en los eventos en que al administrado le sea imposible cumplir con los preceptos legales. As&iacute;, <i>en efecto, al margen de que en materia sancionatoria cambiaria no se pueda efectuar un juicio de culpabilidad sobre la conducta del infractor, no ser&iacute;a justo ni equitativo que la administraci&oacute;n pretendiera aplicar sanciones sin tomar en cuenta la presencia de situaciones extremas de car&aacute;cter objetivo que en dado caso eximir&iacute;an de responsabilidad a quien haya infringido el estatuto de cambios</i> (C- 10/2003).</p>
    <p><a name="nota14">14</a> C- 818/2005: <i>La Corte ha establecido que el derecho disciplinario es una rama esencial en el funcionamiento de la organizaci&oacute;n estatal, pues se encuentra orientado a regular el comportamiento disciplinario de su personal, fijando los deberes y obligaciones de quienes lo integran, limitando el alcance de sus derechos y funciones, consagrando prohibiciones y previendo un estricto r&eacute;gimen de inhabilidades, incompatibilidades, impedimentos y conflictos de intereses, que al ser desconocidos, involucran, si es del caso, la existencia de una falta disciplinaria, de sus correspondientes sanciones y de los procedimientos constituidos para aplicarlas.</i></p>
    <p><a name="nota15">15</a> C- 720/2006: <i>Si la raz&oacute;n de ser de la falta disciplinaria es la infracci&oacute;n de unos deberes, para que se configure violaci&oacute;n por su incumplimiento, el servidor p&uacute;blico infractor s&oacute;lo puede ser sancionado si ha procedido dolosa o culposamente, pues como ya se dijo, el principio de la culpabilidad tiene aplicaci&oacute;n no s&oacute;lo para las conductas de car&aacute;cter delictivo sino tambi&eacute;n en las dem&aacute;s expresiones del derecho sancionatorio</i>.</p>
    <p><a name="nota16">16</a> <i>La culpabilidad es la misma responsabilidad plena, la cual comporta un juicio de exigibilidad en virtud del cual se le imputa al servidor estatal la realizaci&oacute;n de un comportamiento disciplinario contrario a las normas jur&iacute;dicas que lo rigen, dentro de un proceso que se ha de adelantar con la observancia de las reglas constitucionales y legales que lo regulan, garantizando siempre un debido proceso y el ejercicio pleno del derecho de defensa que le asiste al imputado</i> ( C-310/1997).</p>
    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota17">17</a> Ley 599/2000, art&iacute;culo 32. Relativa a la ausencia de responsabilidad.</p>
    <p><a name="nota18">18</a> Sentencia del Tribunal Supremo 2461/1989 de 7 de diciembre F.J.2: <i>que no consta en las actuaciones el m&aacute;s m&iacute;nimo elemento de convicci&oacute;n que permita afirmar que E., S. A., conociera o debiera conocer la irregular extracci&oacute;n por A., ni por consiguiente que actuaran en convivencia o como coautor de tal il&iacute;cita extracci&oacute;n.</i></p>
    <p><a name="nota19">19</a> En la C- 690/96 sostuvo: <i>sin embargo, el principio de culpabilidad quedar&iacute;a anulado con grave afectaci&oacute;n del debido proceso administrativo, y principalmente del derecho a ser o&iacute;do, si no se le permite al contribuyente presentar elementos de descargo que demuestren que su conducta no ha sido culpable, por ejemplo, por cuanto no le era posible presentar personalmente la declaraci&oacute;n por haberse encontrado secuestrado en ese tiempo, por lo cual &eacute;sta fue presentada por un agente oficioso. Estos descargos no son entonces simples negativas de la evidencia, sino pruebas certeras que demuestran el advenimiento de hechos ajenos a la culpa de la persona obligada a declarar, las cuales deben ser tomadas en consideraci&oacute;n por la Administraci&oacute;n, puesto que como ya se indic&oacute; en esta sentencia, resulta contrario al debido proceso, a la dignidad humana y a la equidad y justicia tributarias (CP, art., 1&ordm;, 29 y 363) sancionar a la persona por el s&oacute;lo hecho de incumplir el deber de presentar la declaraci&oacute;n fiscal, cuando la propia persona ha demostrado que el incumplimiento no le es imputable sino que es consecuencia de un caso fortuito o una fuerza mayor</i>. A esto ha agregado la Corte que el principio de caso fortuito o fuerza mayor tiene aplicaci&oacute;n incluso en los casos en que no se haga un juicio de culpabilidad. Es decir, en los eventos en que se aplique responsabilidad objetiva nada impide que tales postulados tengan vigencia, pues de todas maneras la instituci&oacute;n de fuerza mayor y caso fortuito no pierden su vigencia como factores eximentes de responsabilidad, ya que nadie se encuentra obligado a lo imposible (C- 10/2003).</p>
    <p><a name="nota20">20</a> C- 690/1996: <i>En s&iacute;ntesis de todo lo expuesto, el estudio de la responsabilidad del contribuyente en materia tributaria, en cuanto hace referencia al incumplimiento del deber de colaboraci&oacute;n con el financiamiento y el gasto p&uacute;blico, excluye la imposici&oacute;n de sanciones por el mero resultado, sin atender la conducta ajena a la culpa del contribuyente, toda vez que lo impone el derecho individual del debido proceso, el principio de la dignidad humana y el valor del orden justo que se materializa en los principios constitucionales de la justicia y la equidad tributarias. Sin embargo, la Corte debe realizar una necesaria precisi&oacute;n</i> (C- 231/2003).</p>
    <p><a name="nota21">21</a> C- 690/1996: <i>Simplemente la Corte considera que las garant&iacute;as constitucionales que se derivan del debido proceso administrativo llevan una flexibilidad en el momento de estudiar la sanci&oacute;n (&hellip;). Sin embargo, la Corte debe realizar una necesaria precisi&oacute;n. El acaecimiento de sucesos que constituyen la fuerza mayor o caso fortuito y que impiden la presentaci&oacute;n oportuna de la obligaci&oacute;n tributaria en las condiciones exigidas por la ley, no implica condonaci&oacute;n de los deberes, ni el perd&oacute;n estatal del pago de la obligaci&oacute;n tributaria.</i></p>
    <p><a name="nota22">22</a> C- 160/98. En consecuencia, resulta improcedente que se sancione a los contribuyentes por la comisi&oacute;n de errores en las informaciones que &eacute;stos deben remitir a la administraci&oacute;n, cuando los mismos no han sido deliberados, pues ello desconoce el principio de culpabilidad. M&aacute;s aun cuando los contribuyentes est&aacute;n obligados a remitir estas informaciones en medios magn&eacute;ticos, previamente dise&ntilde;ados por las autoridades tributarias, hecho que puede acarrear errores, sin que se tenga la intenci&oacute;n de enviar un dato falso.</p>
    <p><a name="nota23">23</a> <i>Pensemos en da&ntilde;os ocasionados a determinadas especies flor&iacute;sticas o faun&iacute;sticas -en especial cuando se trata de reptiles, peces o anfibios- que la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n desconoce que se trata de especies protegidas por estar en peligro de extinci&oacute;n, o la emisi&oacute;n por veh&iacute;culos de motor de contaminantes a la atm&oacute;sfera de forma que supere los niveles de emisi&oacute;n legalmente admitidos.</i> CALVO CHARRO, M. (1999, p. 121).</p>
    <p><a name="nota24">24</a> Sentencia del Tribunal Constitucional espa&ntilde;ol 76/1990 de 26 de abril de 1990, F.J. 4 B: <i>Puesto que no es lo mismo responder solidariamente cuando lo que est&aacute; en juego es la libertad personal -en la medida en que la pena consista en la privaci&oacute;n de dicha libertadque hacerlo a trav&eacute;s del pago de una cierta suma de dinero en la que se concreta la sanci&oacute;n tributaria, siempre prorrateable a posteriori entre los distintos responsables individulales</i>.</p>
<hr/>
    <p><font size="3"><b>Referencias</b></font></p>

    <!-- ref --><p>BAJO, M. y BACIGALUPO, S. (2001). <i>Derecho penal econ&oacute;mico.</i> Madrid: Centro de Estudios Ram&oacute;n Areces.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0121-8697200800010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BERMEJO VERA, J. et al., (2001). <i>Derecho Administrativo</i>. Parte especial. Madrid: Civitas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0121-8697200800010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BETANCOR RODR&Iacute;GUEZ, A. (2001). <i>Instituciones de derecho ambiental</i>. Madrid: La Ley.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0121-8697200800010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CALERO RODR&Iacute;GUEZ, J. (1995). <i>R&eacute;gimen jur&iacute;dico de las costas espa&ntilde;olas</i>. Pamplona: Aranzadi.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0121-8697200800010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CALVO CHARRO, M. (1999). <i>Sanciones medioambientales</i>. Madrid: Marcial Pons.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0121-8697200800010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CARRETERO P&Eacute;REZ, A. y CARRETERO S&Aacute;NCHEZ, A. (1995). <i>Derecho administrativo sancionador</i>. Madrid: Editoriales de Derecho Reunidas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0121-8697200800010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>COBO OLVERA, T. (2002). <i>R&eacute;gimen jur&iacute;dico de las administraciones p&uacute;blicas. 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Valencia: Tirant lo blanch.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0121-8697200800010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GAMERO CASADO, E. y FERN&Aacute;NDEZ RAMOS, S. (2005). <i>Manual b&aacute;sico administrativo</i>. Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0121-8697200800010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GARC&Iacute;A DE ENTERR&Iacute;A, E. y FERN&Aacute;NDEZ, T. (2004). <i>Curso de derecho administrativo II</i>. 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(1993). <i>Comentario sistem&aacute;tico a la Ley de R&eacute;gimen Jur&iacute;dico de las Administraciones P&uacute;blicas y del Procedimiento Administrativo Com&uacute;n.</i> Madrid: Carperisi.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0121-8697200800010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>GONZ&Aacute;LEZ P&Eacute;REZ, J. y GONZ&Aacute;LEZ NAVARRO, F. (1999). <i>Comentarios a la Ley de Regimen Jur&iacute;dico de las Administraciones P&uacute;blicas y Procedimiento Administrativo Com&uacute;n</i>. 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Madrid: Dykinson.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0121-8697200800010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MARINA JALVO, B. (1999). <i>El r&eacute;gimen disciplinario de los funcionarios p&uacute;blicos.</i> (Fundamentos y regulaci&oacute;n sustantiva). Valladolid: Lex Nova.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0121-8697200800010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>NIETO GARC&Iacute;A, A. (2005). <i>Derecho administrativo sancionador</i>. Madrid: Tecnos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0121-8697200800010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>QUINTERO OLIVARES, G. (1991). La autotutela, los l&iacute;mites al poder sancionador de la administraci&oacute;n p&uacute;blica y los principios inspiradores del derecho penal. <i>Revista de administraci&oacute;n p&uacute;blica</i>, 126, p. 253-293.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0121-8697200800010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>REBOLLO PUIG, M. 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(Los principios constitucionales del derecho sancionador). Madrid: Civitas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0121-8697200800010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[BAJO]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
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