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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Hacia una perspectiva "glocal" del conflicto armado en Colombia: dinámicas y actores en los espacios transfronterizos y transnacionales]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Towards a "glocal" perspective of the armed conflict in Colombia: dinamics and actors in transboundary and transnational spaces]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In the attempt to develop a theoretical reflection about the latest changes in the colombian conflict, this article proposes a review of the reconfiguration of the spaces, the actors and their strategies of confrontation from academic positions that sustain the appearance of a new scene in which the socalled "glocal" dimension has come consolidating like explanatory model of the dramatic changes in the economy, technology and space-time brought by the phenomenon of globalisation. From this perspective, the armed conflict in Colombia is presented on these pages, not only like evident expression of the imbalances associated to conflicting and unequal configuration of contemporary global system, but as well, like a complex and dynamic event . On the one hand, the resources, the advantage of the new scenes of confrontation and the strength of the actors in the local scope, depend today more on the globalised flows of criminal character, and on the other, the dynamics of the internal war "is connected" of effective form with other wars of global dimension as they are the wars against the drug trafficking and the terrorism, impelled by the United States through its global policies of security. As a result of this new context, and taking like datum point the recent process from underflow and/or regionalisation from the conflict, the cross-border and transnational spaces are constituted in this proposal, the suitable places for the analysis of the complex interconnection between the local phenomena and the global phenomena that have come giving form to the new conditions of the war that is lived at the moment in the country.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">      <p>    <center>   <font size="4"><b>Hacia una perspectiva &quot;glocal&quot; del conflicto armado en Colombia: din&aacute;micas y actores en los espacios transfronterizos y transnacionales</b><sup><a href="#*">*</a></sup></font> </center></p>     <p>    <center>   <font size="3"><i>Towards a &quot;glocal&quot; perspective of the armed conflict in Colombia: dinamics and actors in transboundary and transnational spaces</i></font> </center></p>     <br>     <center><font size="3"><b>Silvia Cristina Mantilla Valbuena</b></font><sup><a href="#**">**</a></sup> </center>     <br>     <p>Recibido: 10/08/09    <br>  Aprobado evaluador interno: 30/08/09    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Aprobado evaluador externo: 03/09/09</p>      <p><sup><a name="**">**</a></sup> Polit&oacute;loga con &eacute;nfasis en Relaciones Internacionales y magistra en Estudios Latinoamericanos. Docente e investigadora de la Universidad Nacional de Colombia en el &aacute;rea de las Relaciones Internacionales, espec&iacute;ficamente en los &aacute;mbitos de seguridad nacional e internacional y en aspectos migratorios y fronterizos. Candidata a Ph.D del Doctorado Europeo en Migraciones y Conflictos en la Sociedad Global, Universidad de Deusto/Bilbao-Espa&ntilde;a. Correo electr&oacute;nico: silvix80@hotmail.com.</p>     <br>  <hr size="1">     <p><b>Resumen</b>    <br> En el intento por desarrollar una reflexi&oacute;n te&oacute;rica acerca de las m&aacute;s recientes transformaciones del conflicto armado en Colombia, el presente art&iacute;culo propone un an&aacute;lisis de la reconfiguraci&oacute;n de los espacios, los actores y sus estrategias de confrontaci&oacute;n a partir de las posturas acad&eacute;micas que sustentan la aparici&oacute;n de un nuevo escenario en que la denominada dimensi&oacute;n <i>glocal </i>se ha venido consolidando como modelo explicativo de los dram&aacute;ticos cambios econ&oacute;micos, tecnol&oacute;gicos y espacio-temporales tra&iacute;dos por el fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n.</p>     <p>Desde esta perspectiva, el conflicto colombiano es presentado en estas p&aacute;ginas no s&oacute;lo como expresi&oacute;n evidente de los desequilibrios asociados a la conflictiva e inequitativa configuraci&oacute;n del sistema global contempor&aacute;neo, sino a su vez como un evento cada vez m&aacute;s complejo y din&aacute;mico. Por un lado, los recursos, el aprovechamiento de los nuevos escenarios de confrontaci&oacute;n y la fortaleza de los actores en el &aacute;mbito local dependen hoy en mayor medida de los flujos globalizados de car&aacute;cter criminal, y por otro, la din&aacute;mica de la guerra interna se &quot;conecta&quot; de forma efectiva con otras guerras de dimensi&oacute;n global como son las guerras contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo, impulsadas por Estados Unidos a trav&eacute;s de sus pol&iacute;ticas globales de seguridad. Como resultado de este nuevo contexto, y tomando como punto de referencia el reciente proceso de desbordamiento y/o regionalizaci&oacute;n del conflicto, los espacios transfronterizos y transnacionales se constituyen en esta propuesta en los lugares id&oacute;neos para el an&aacute;lisis de la compleja interconexi&oacute;n entre los fen&oacute;menos locales y los fen&oacute;menos globales que han venido dando forma a las nuevas condiciones de la guerra que se vive actualmente en el pa&iacute;s.</p>     <p><b>Palabras clave autor</b>    <br>  Conflicto armado, globalizaci&oacute;n, glocalizaci&oacute;n, fronteras, narcotr&aacute;fico, crimen transnacional organizado, guerras globales, pol&iacute;ticas de seguridad.</p>     <p><b>Palabras clave o descriptores</b>    <br> Conflicto armado, Colombia, crimen organizado, filosof&iacute;a de la globalizaci&oacute;n.</p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<br><hr size="1">     <p><b>Abstract</b>    <br> In the attempt to develop a theoretical reflection about the latest changes in the colombian conflict, this article proposes a review of the reconfiguration of the spaces, the actors and their strategies of confrontation from academic positions that sustain the appearance of a new scene in which the socalled &quot;glocal&quot; dimension has come consolidating like explanatory model of the dramatic changes in the economy, technology and space-time brought by the phenomenon of globalisation.</p>     <p>From this perspective, the armed conflict in Colombia is presented on these pages, not only like evident expression of the imbalances associated to conflicting and unequal configuration of contemporary global system, but as well, like a complex and dynamic event . On the one hand, the resources, the advantage of the new scenes of confrontation and the strength of the actors in the local scope, depend today more on the globalised flows of criminal character, and on the other, the dynamics of the internal war &quot;is connected&quot; of effective form with other wars of global dimension as they are the wars against the drug trafficking and the terrorism, impelled by the United States through its global policies of security. As a result of this new context, and taking like datum point the recent process from underflow and/or regionalisation from the conflict, the cross-border and transnational spaces are constituted in this proposal, the suitable places for the analysis of the complex interconnection between the local phenomena and the global phenomena that have come giving form to the new conditions of the war that is lived at the moment in the country.</p>     <p><b>Key words author</b>    <br> Armed conflict, Globalization, Glocalization, Border, Drug Traffick, Transnational Organized Crime, Global Wars, Security Policies.</p>     <p><b>Key words plus</b>    <br> Armed Conflict Colombia, Organized Crime, Globalization, Philosophy.    <br></p>     <br>   <hr size="1">       ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <p><font size="3"><b>Introducci&oacute;n</b></font></p>     <p>Despu&eacute;s del fin de la Guerra Fr&iacute;a, y m&aacute;s espec&iacute;ficamente despu&eacute;s de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, se ha abierto una clara posibilidad de readecuar, renovar y reformular, desde una nueva dimensi&oacute;n internacional, el conjunto de teor&iacute;as que se han originado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas alrededor del fen&oacute;meno de la guerra y de los conflictos. Hoy en d&iacute;a probablemente no sea posible entender una guerra civil interna desestimando los factores globales y externos que cada vez tienen una mayor incidencia sobre cualquier aspecto de las dimensiones locales, ya que es precisamente en ese nuevo &aacute;mbito global en donde hemos encontrado una referencia expl&iacute;cita a un conjunto de variables que indiscutiblemente est&aacute;n modificando las condiciones, e incluso puede que la naturaleza misma de los actores y los escenarios en los que se libran las confrontaciones contempor&aacute;neas. Sin embargo, esta imperante preocupaci&oacute;n por atribuir una importancia excepcional al actual contexto de la globalizaci&oacute;n debe tener como trasfondo te&oacute;rico la necesidad por entender tal proceso, no precisamente como una din&aacute;mica del todo homog&eacute;nea y universalizante, sino como una pr&aacute;ctica excluyente que tiene fuertes repercusiones en la configuraci&oacute;n de los conflictos y las guerras del presente siglo.</p>     <p>El caso del conflicto armado que se vive actualmente en Colombia deber&iacute;a ser abordado y analizado desde las condiciones de este nuevo contexto, en la medida en que tanto desde el punto de vista te&oacute;rico y metodol&oacute;gico, como desde el punto de vista pr&aacute;ctico, resulta cada vez m&aacute;s dif&iacute;cil separar los &aacute;mbitos externo e interno en el an&aacute;lisis de la problem&aacute;tica, raz&oacute;n por la cual podr&iacute;amos deducir que tambi&eacute;n en este campo de estudio se estar&iacute;an configurando nuevas relaciones espaciales de estrecha interrelaci&oacute;n entre lo global y lo local.</p>     <p>Esta perspectiva, que podr&iacute;a llevarnos a situar el objeto de estudio en contextos y espacios novedosos, y desde unos actores y din&aacute;micas de guerra en constante transformaci&oacute;n, acent&uacute;a la importancia de la doble dimensi&oacute;n &quot;global-local&quot; del conflicto colombiano, sobre todo cuando adem&aacute;s de vernos obligados a analizar la tem&aacute;tica desde un enfoque que supere nuestros l&iacute;mites territoriales, tenemos a la vez, que &quot;resituar&quot; el an&aacute;lisis en otros escenarios que desde mediados de la d&eacute;cada de los noventa han adquirido cierto protagonismo como consecuencia del desbordamiento y/o regionalizaci&oacute;n del conflicto, es decir, en las &quot;zonas o espacios de frontera&quot; que comparte Colombia con sus pa&iacute;ses vecinos, y que se han transformado, desdibujado y a la vez &quot;aprovechado&quot; por parte de los m&uacute;ltiples actores involucrados en la guerra. En este caso, las fronteras tanto en su acepci&oacute;n jur&iacute;dica y administrativa, como desde su connotaci&oacute;n social y humana, se han convertido en espacios estrat&eacute;gicos y puntos de conexi&oacute;n en donde confluyen a la vez los distintos actores, din&aacute;micas y estrategias de confrontaci&oacute;n que se condensan en lo que, en un intento propositivo para el estudio del caso colombiano podr&iacute;amos comenzar a denominar como escenarios &quot;glocales&quot; de confrontaci&oacute;n.<a name="top1"></a><a href="#back1"><sup>1</sup></a></p>     <p>Hoy en d&iacute;a resulta indispensable, entonces, abordar el conflicto colombiano ya no exclusivamente en el sentido de la lucha o disputa interna entre actores pol&iacute;ticos que se enfrentan en lugares tradicionales y recurrentes, sino desde una perspectiva alternativa en que los actores y los espacios se modifican y se transforman a la luz de los nuevos cambios producidos por la globalizaci&oacute;n. As&iacute; pues, el presente art&iacute;culo tendr&aacute; por objetivo introducir el an&aacute;lisis del conflicto colombiano al nuevo contexto y a las condiciones propias de lo que podr&iacute;amos denominar como el actual entorno &quot;glocal&quot;; as&iacute; mismo, se buscar&aacute; establecer un alternativa te&oacute;rica que permita analizar la simultaneidad e interconexi&oacute;n entre las guerras globales contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo que se est&aacute;n librando actualmente en el pa&iacute;s,<a name="top2"></a><a href="#back2"><sup>2</sup></a> y las posibles reconfiguraciones tanto espaciales como de los actores, sus recursos y los m&eacute;todos de lucha, que estar&iacute;an ocurriendo en el nivel local alrededor de las zonas fronterizas, por ser &eacute;stas escenarios id&oacute;neos en los cuales confluyen las m&uacute;ltiples din&aacute;micas, actores e intereses que permiten efectuar la mencionada conexi&oacute;n &quot;glocal&quot;. Estas zonas deber&aacute;n ser entendidas, no obstante, no s&oacute;lo desde una perspectiva jur&iacute;dico-administrativa por la cr&iacute;tica situaci&oacute;n que se vive actualmente entre Colombia y sus pa&iacute;ses lim&iacute;trofes, sino como categor&iacute;as sociales y humanas que superan los l&iacute;mites territoriales y que tambi&eacute;n son fuente de gran conflictividad.</p>     <p>A modo de contextualizaci&oacute;n, el presente art&iacute;culo abordar&aacute; en primera instancia el panorama general referido al fen&oacute;meno de la guerra en el actual entorno de la globalizaci&oacute;n. A punto seguido se realizar&aacute;n algunas reflexiones que permitan situar al conflicto colombiano en medio de este nuevo contexto, para posteriormente proponer un an&aacute;lisis del mismo desde las versiones tanto &quot;extraterritorial&quot; como &quot;glocal&quot; de las zonas de frontera como espacios estrat&eacute;gicos en que actualmente se est&aacute; desarrollando la guerra y el conflicto armado, en estrecha conexi&oacute;n con otros factores y fen&oacute;menos propios del &aacute;mbito global. Finalmente, se dejar&aacute;n esbozadas algunas reflexiones en torno a la transformaci&oacute;n de los actores armados y sus m&eacute;todos de lucha en estos nuevos escenarios transfronterizos y transnacionales.</p>     <p><font size="3"><b>Guerras y globalizaci&oacute;n: caracter&iacute;sticas del nuevo contexto</b></font></p>     <p>Existe actualmente todo un debate te&oacute;rico y metodol&oacute;gico surgido de los cambios y transformaciones que han ocurrido despu&eacute;s del fin del comunismo en lo referente al fen&oacute;meno de la guerra en el sistema internacional. Actualmente es ya una generalidad aceptada que despu&eacute;s del fin de la confrontaci&oacute;n bipolar, que mantuvo desactivados o &quot;absorbidos&quot; los conflictos en buena parte del planeta en torno a la presi&oacute;n ejercida por las dos potencias imperantes, ocurri&oacute; la explosi&oacute;n de m&uacute;ltiples confrontaciones en diversas zonas del mundo, cuya caracter&iacute;stica primordial ser&iacute;a la aparici&oacute;n de conflictos ya no entre unos Estados y otros, sino al interior de los mismos; a su vez, el estallido tendr&iacute;a como una de sus causas y rasgos principales el resurgimiento de conflictos basados en problemas identitarios, &eacute;tnicos y religiosos.<a name="top3"></a><a href="#back3"><sup>3</sup></a></p>     <p>La aparici&oacute;n de una nueva teor&iacute;a sobre las guerras fue provocada en buena parte por este auge espectacular de confrontaciones que parec&iacute;an coincidir en muchas de sus peculiares caracter&iacute;sticas. En esta nueva teor&iacute;a, conocida de manera generalizada como la teor&iacute;a de las &quot;nuevas guerras&quot;, algunos analistas reconocidos,<a name="top4"></a><a href="#back4"><sup>4</sup></a> entre los cuales se destaca el papel de Mary Kaldor (2001), no dudaron en atribuir al fen&oacute;meno una serie de variables que presupon&iacute;an una transformaci&oacute;n aguda de las condiciones y las motivaciones que ahora operaban de manera distinta a las confrontaciones propias de una &eacute;poca anterior. Sin embargo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han ido apareciendo distintos estudios que han logrado desvirtuar a trav&eacute;s de evidencia hist&oacute;rica y emp&iacute;rica, esta nombrada distinci&oacute;n, y que han demostrado que casi ninguna de las variables y condiciones asociadas al estudio de las &quot;nuevas guerras&quot; han sido evidentes y definitivas.<a name="top5"></a><a href="#back5"><sup>5</sup></a></p> <ul>Pero a pesar de las discusiones acad&eacute;micas alrededor de esta problem&aacute;tica te&oacute;rica y metodol&oacute;gica, en lo que casi todos los estudios y enfoques parecen haber coincidido es en que la verdadera diferenciaci&oacute;n que ocurre en la &eacute;poca contempor&aacute;nea, respecto de las guerras y conflictos anteriores al fin de la Guerra Fr&iacute;a, se deriva de su abrumadora conexi&oacute;n con los flujos globales de recursos y los sistemas inform&aacute;ticos y tecnol&oacute;gicos propios del reciente escenario global, lo que por supuesto constituye un llamado a revisar el fen&oacute;meno de las guerras y de los conflictos contempor&aacute;neos a trav&eacute;s del reconocido proceso de la globalizaci&oacute;n.<a name="top6"></a><a href="#back6"><sup>6</sup></a> En este sentido, algunas de las propuestas te&oacute;ricas que han salido a la luz permitir&iacute;an desarrollar un modelo de an&aacute;lisis del fen&oacute;meno de la guerra que incluya aquellos factores relacionados con los avances tecnol&oacute;gicos y con los efectos espacio-temporales de la era global, por lo que resultar&iacute;a muy &uacute;til un acercamiento al conflicto desde la llamada <i>teor&iacute;a de la glocalizaci&oacute;n</i>, que en palabras de Natalia Ribas se define del siguiente modo: … En resumidas cuentas, el proceso de globalizaci&oacute;n (universalizaci&oacute;n, unificaci&oacute;n) se complementar&iacute;a con otro de fragmentaci&oacute;n (heterogeneizaci&oacute;n, individualizaci&oacute;n, particularizaci&oacute;n) que podr&iacute;a parecer a primera vista, antit&eacute;tico al anterior. Este doble proceso lo contemplamos no como una tensi&oacute;n, sino como una simbiosis, dos desarrollos que se interrelacionan y evolucionan paralelos y que solo en determinadas circunstancias se enfrentan directamente.     ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>En lo que concierne a los conflictos actuales, es evidente que esta din&aacute;mica de lo &quot;glocal&quot; se hace cada vez m&aacute;s presente por cuanto los recursos, las motivaciones, las estrategias, y a menudo los discursos y actores que justifican la guerra, se mueven en gran medida en un escenario global, pero a la vez, las confrontaciones y sus consecuencias pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y humanas contin&uacute;an ocurriendo en espacios locales delimitados y cada vez m&aacute;s aptos para reforzar la conexi&oacute;n entre una dimensi&oacute;n y otra. Al mismo tiempo, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas se ha venido fortaleciendo una nueva fuente de conflictos materializada en las actuales guerras globales contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo, que a menudo se yuxtaponen y en ciertas fases se complementan con otras guerras locales al interior de ciertos Estados, para dar paso a escenarios complejos de confrontaci&oacute;n en donde lo global y lo local se fusionan de manera paralela.</p>     <p>Debemos comenzar entonces por considerar que las dos tendencias en que se desarrollan las guerras de hoy, es decir, la tendencia local-intraestatal y la tendencia global, est&aacute;n fuertemente interconectadas y comparten en gran medida un conjunto de atributos y variables referidas a la gran influencia del contexto de la globalizaci&oacute;n. No obstante, resulta igualmente indispensable adoptar un enfoque cr&iacute;tico que permita explicar las causas y din&aacute;micas de las actuales guerras y conflictos desde una perspectiva m&aacute;s compleja y multidimensional, lo que supondr&iacute;a incluir una versi&oacute;n acad&eacute;mica que incluya no s&oacute;lo aquellos aspectos de la globalizaci&oacute;n que hoy se constituyen en medios efectivos para el desarrollo de la guerra, sino tambi&eacute;n, y de manera cr&iacute;tica, una revisi&oacute;n de sus causas asociadas. A continuaci&oacute;n se intentar&aacute; entonces realizar un acercamiento preliminar al an&aacute;lisis del conflicto colombiano desde los cambios y transformaciones que est&aacute;n ocurriendo alrededor del fen&oacute;meno de la guerra en el actual contexto global; lo anterior, teniendo siempre como trasfondo te&oacute;rico una visi&oacute;n cr&iacute;tica de los factores y los procesos que est&aacute;n provocando fuertes desequilibrios asociados a la profundizaci&oacute;n de la guerra y a la crisis humanitaria en el pa&iacute;s.</p>     <p><font size="3"><b>Repensando la din&aacute;mica del conflicto colombiano desde el nuevo entorno glocal</b></font></p>     <p>El conflicto colombiano es el ejemplo perfecto de un conflicto de gran complejidad en que se ha mantenido una continuaci&oacute;n temporal de la confrontaci&oacute;n a pesar de las distintas modulaciones del entorno exterior y de los cambios evidentes en el &aacute;mbito interno, pero que en los &uacute;ltimos tiempos ha manifestado nuevas caracter&iacute;sticas que permiten realizar una relectura de la guerra desde las nuevas teor&iacute;as y los nuevos contextos. Un primer acercamiento al tema podr&iacute;a llevarnos a afirmar que el &quot;conflicto interno&quot; ha dejado de ser exclusivamente interno, para avanzar hacia un estado en el que tambi&eacute;n es susceptible de considerarse como parte de un escenario global. En su trabajo sobre la guerra, el Estado y la globalizaci&oacute;n en Colombia, Jos&eacute; Aristiz&aacute;bal advierte al respecto:</p> <ul>Nuestra guerra se alimenta por todos los costados de dineros y armas que vienen de afuera. Tambi&eacute;n de afuera son en su mayor&iacute;a las ideolog&iacute;as que la avivan y las tecnolog&iacute;as y pol&iacute;ticas utilizadas para su desarrollo. M&aacute;s a&uacute;n, las explicaciones de algunos rasgos y virajes de la guerra que se libra en Colombia y que afectan la regi&oacute;n andino-amaz&oacute;nica, est&aacute;n m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras, escapan a su control y obedecen a intereses transnacionales que tienen que ver con el orden mundial posterior a la guerra fr&iacute;a y el modo de articulaci&oacute;n de Colombia con la econom&iacute;a globalizada. (2007, p. 95).    </ul>     <p>En medio de esta reconfiguraci&oacute;n espacial son cada vez m&aacute;s numerosas y complejas las vertientes que alimentan y dinamizan el conflicto colombiano, pues los actores armados, sus recursos estrat&eacute;gicos y sus pr&aacute;cticas de guerra en el &aacute;mbito local se redefinen y se retroalimentan constantemente en relaci&oacute;n con la dimensi&oacute;n global del crimen transnacional organizado, sobre todo en lo referido a los circuitos de tr&aacute;fico de dineros, drogas y armas ilegales. De este modo, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han venido modificando los contextos, los m&eacute;todos y los actores alrededor de la nueva configuraci&oacute;n global, lo que sugiere un reordenamiento espacial y estructural del conflicto que se refleja en las cada vez mayores dificultades para separar anal&iacute;tica, te&oacute;rica y metodol&oacute;gicamente al &aacute;mbito global del &aacute;mbito local.</p>     <p>Por otra parte, el conflicto colombiano se ha conectado, en medio de este complejo entorno, con otras guerras que tambi&eacute;n se libran en el &aacute;mbito global, como es el caso de las actuales guerras contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo que han sido impulsadas por Estados Unidos a nivel mundial; no obstante, en el tratamiento de este t&oacute;pico debe tenerse en cuenta que aunque el conflicto colombiano y la participaci&oacute;n de los actores armados en la guerra pueden analizarse desde las propuestas te&oacute;ricas m&aacute;s modernas, en la pr&aacute;ctica, la combinaci&oacute;n con la l&oacute;gica dominante de la seguridad estadounidense contin&uacute;a anclada a las relaciones jer&aacute;rquicas de poder y de dominaci&oacute;n en medio de un sistema estructural de car&aacute;cter desigual.</p>     <p>En este sentido, cabr&iacute;a destacar como base te&oacute;rica para el estudio de cualquier guerra o conflicto armado, incluyendo el caso de Colombia, que mientras algunos actores como el Estado colombiano han perdido sus funciones tradicionales y su capacidad de acci&oacute;n como consecuencia del actual modelo econ&oacute;mico neoliberal y de las injustas condiciones de inserci&oacute;n en el proceso de la globalizaci&oacute;n &mdash;lo que estar&iacute;a llevando a estos territorios a convertirse en escenarios id&oacute;neos para el estallido de guerras civiles e internas&mdash;, la misma configuraci&oacute;n de la globalizaci&oacute;n ha tenido como efecto contrario el fortalecimiento de otros Estados que como en el caso de Estados Unidos a&uacute;n mantienen dr&aacute;sticamente el monopolio de la violencia, hoy en d&iacute;a usado para el prop&oacute;sito fundamental de la guerra en cualquier &aacute;mbito de la reciente configuraci&oacute;n mundial. Por tal motivo, la globalizaci&oacute;n debe ser entonces entendida no s&oacute;lo como un sistema deliberadamente interconectado, sino desde su perspectiva m&aacute;s cr&iacute;tica, como una &quot;globalizaci&oacute;n fragmentada&quot;<a name="top7"></a><a href="#back7"><sup>7</sup></a> que expresa las abrumadoras desigualdades econ&oacute;micas y sociales entre un n&uacute;mero cada vez m&aacute;s peque&ntilde;o de agentes dominantes que utilizan su poder&iacute;o pol&iacute;tico y militar en funci&oacute;n de sus propios intereses, y un n&uacute;mero cada vez m&aacute;s amplio de personas y regiones marginadas en el mundo entero que padecen las consecuencias negativas de este proceso.</p>     <p>Partiendo de las anteriores reflexiones te&oacute;ricas, el caso de la regionalizaci&oacute;n del conflicto hacia los territorios de frontera que comparte Colombia con sus pa&iacute;ses vecinos, en estrecha conexi&oacute;n con el desarrollo de las guerras globales contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo en el pa&iacute;s, permitir&aacute; identificar entonces algunas de las nuevas caracter&iacute;sticas de la guerra asociadas al denominado contexto &quot;glocal&quot;. Para esto, se deber&aacute; partir inicialmente de la afirmaci&oacute;n de que en Colombia se est&aacute; librando de manera simult&aacute;nea, sucesiva e interconectada, un conflicto interno &mdash;cada vez m&aacute;s alimentado por las fuentes ilegales de recursos globales&mdash; y una guerra global &mdash;que se materializa en los m&uacute;ltiples programas implementados en el pa&iacute;s para luchar contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo como son el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina&mdash;.<a name="top8"></a><a href="#back8"><sup>8</sup></a> En este nuevo escenario se presenta, de un lado, la rigidez, la simplificaci&oacute;n discursiva y la implementaci&oacute;n radical de las medidas que acompa&ntilde;an a las pol&iacute;ticas de seguridad norteamericanas, y de otro, la gran complejidad del conflicto colombiano y sus nuevos factores asociados al entorno din&aacute;mico pero perverso de la globalizaci&oacute;n, motivo por el cual resulta imprescindible plantear el debate sobre la inminente asimetr&iacute;a entre Estados Unidos como actor hegem&oacute;nico, y otros actores al interior de Colombia que han sido excluidos de los beneficios globales, pero incluidos en la l&oacute;gica perversa de la seguridad y en las redes ilegales del actual entorno global. Todo esto visto como una interconexi&oacute;n compleja, incoherente y contradictoria de actores, recursos y escenarios que ha terminado por intensificar el conflicto y la violencia profundizando la crisis social y humanitaria del pa&iacute;s.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>A punto seguido se situar&aacute; el an&aacute;lisis en los escenarios que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han potenciado esa interconexi&oacute;n entre lo local y lo global alrededor del conflicto, es decir, en las zonas de frontera que, en sus distintas dimensiones espaciales, se han configurado como espacios estrat&eacute;gicos para la continuaci&oacute;n y el desarrollo de la guerra. Del mismo modo, se intentar&aacute; aportar una alternativa te&oacute;rica para analizar la transformaci&oacute;n de los actores armados en relaci&oacute;n con sus actuales m&eacute;todos de lucha.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>Una mirada al conflicto en Colombia desde las versiones extraterritorial y glocal del concepto de frontera</b></font></p>     <p>Son m&uacute;ltiples las dimensiones de an&aacute;lisis para abordar fen&oacute;menos pol&iacute;ticos y sociales desde el concepto de <i>frontera</i>. Algunas versiones antropol&oacute;gicas y pol&iacute;ticas recientes en el estudio de esta categor&iacute;a representan una oportunidad para abordar la problem&aacute;tica de la guerra y del conflicto desde una perspectiva transnacional y desde la l&oacute;gica de lo &quot;glocal&quot;. Una primera versi&oacute;n del concepto de frontera que puede ser &uacute;til para comenzar a situar el conflicto colombiano en un escenario transnacional remite a las din&aacute;micas y l&oacute;gicas fronterizas que ocurren tanto &quot;dentro&quot; como &quot;entre&quot; los Estados o actores implicados en la guerra, aunque sin necesidad de aludir espec&iacute;ficamente a una confrontaci&oacute;n armada o a un territorio en particular. En este sentido, el an&aacute;lisis s&oacute;lo es v&aacute;lido si en primera instancia se entiende que la frontera, m&aacute;s all&aacute; de ser una realidad jur&iacute;dica y administrativa asociada a la conformaci&oacute;n del Estado-naci&oacute;n, es sobre todo una divisi&oacute;n mental y una categor&iacute;a humana. Al respecto, resulta de vital importancia la definici&oacute;n del autor Joan Pujadas cuando afirma que las fronteras constituyen una <i>construcci&oacute;n social</i>, tanto si nos referimos a las fronteras pol&iacute;ticas, estables y sacralizadas que separan a los Estados-naci&oacute;n, como a aquellas fronteras borrosas y no sancionadas legalmente que delimitan dominios ling&uuml;&iacute;sticos, regiones econ&oacute;micas o fen&oacute;menos culturales que pueden situarse como divisorias dentro de los Estados o a nivel transnacional (Pujadas y Mart&iacute;n, s/f).</p>     <p>En un primer acercamiento al caso colombiano, analizado desde esta <i>versi&oacute;n extraterritorial de la frontera</i>, encontramos, por ejemplo, que el conflicto armado interno, en relaci&oacute;n con las guerras globales contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo, no supone desde esta perspectiva la referencia a un espacio espec&iacute;fico y delimitado por una frontera en su sentido jur&iacute;dico y administrativo, sino que es, ante todo, la representaci&oacute;n de una frontera extraterritorial delimitada por las actuales relaciones de poder. Hastings Donnan ha afirmado en este sentido que la aproximaci&oacute;n antropol&oacute;gica a las fronteras supone el estudio del poder en y entre las naciones y Estados incluyendo las formas en las cuales versiones de ese poder se est&aacute;n intensificando o disminuyendo (Donan y Wilson, 1999, p. 4). De este modo, y desde un &aacute;mbito extraterritorial, en el caso colombiano la frontera entendida como categor&iacute;a mental y social aparece y desaparece en un doble sentido y de manera simult&aacute;nea; en primer lugar, desaparece porque la influencia, los mecanismos de intervenci&oacute;n asociados a las pol&iacute;ticas de seguridad y los efectos liberalizantes producidos por el fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n, han tra&iacute;do como resultado un debilitamiento evidente de la soberan&iacute;a del pa&iacute;s frente a Estados Unidos, y la consecuente incapacidad del Estado colombiano para asumir el conflicto desde otra respuesta diferente a la represi&oacute;n y a las medidas pol&iacute;ticas y militares impuestas por este actor hegem&oacute;nico. En segundo lugar, la frontera aparece porque, como menciona Pujadas, existe una realidad marcada por la acentuaci&oacute;n de los procesos de exclusi&oacute;n social entre pa&iacute;ses y regiones enteras, en un modelo en el que las fronteras, en su doble acepci&oacute;n de l&iacute;mites entre espacios y entre grupos sociales, se convierten en barreras infranqueables para sectores cada vez m&aacute;s amplios de la poblaci&oacute;n (Pujadas y Mart&iacute;n, s/f, p. 9).</p>     <p>En palabras de Donan, esta problem&aacute;tica remitir&iacute;a a que, por una parte, el Estado est&aacute; siendo subvertido en sus fronteras, que son a menudo v&iacute;ctimas del abuso de poder, pero, por otra parte, algunas veces esas mismas fronteras son agentes o fuentes de poder de algunos Estados, ya que han sido reforzadas ante el denominado proceso de globalizaci&oacute;n; para el autor, en este contexto las fronteras en sus diferentes dimensiones son hoy lugares de conflictos internacionales y de acomodaci&oacute;n de otros diferentes en sus respectivos Estados (Donan y Wilson, 1999, p. 5). Por tal motivo, las repercusiones del poder hegem&oacute;nico de Estados Unidos alrededor de los l&iacute;mites y fronteras tanto territoriales como extraterritoriales, y la propia l&oacute;gica del conflicto y de los actores armados en los espacios fronterizos que comparte Colombia con sus pa&iacute;ses vecinos, son aspectos que nos permiten conectar, en una primera instancia, las din&aacute;micas globales en que predominan el poder y la exclusi&oacute;n, con el desarrollo de una guerra local en el &aacute;mbito de la frontera jur&iacute;dica y territorial.</p>     <p>Pero desde una perspectiva m&aacute;s pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y territorial, las zonas de frontera interestatales en su versi&oacute;n <i>glocal</i> se constituyen hoy en los espacios potenciales y estrat&eacute;gicos para el anclaje de los procesos de liberalizaci&oacute;n e integraci&oacute;n de las sociedades y las econom&iacute;as de cara a la din&aacute;mica propia de la globalizaci&oacute;n. En muchos sentidos la frontera, tal y como se reconoc&iacute;a en su concepci&oacute;n cl&aacute;sica de salvaguardia de la soberan&iacute;a y divisi&oacute;n tajante entre los Estados, se est&aacute; transformando y desdibujando alrededor de un proceso dual en que &quot;lo global&quot; y &quot;lo local&quot; constituyen las dos caras de una misma moneda, es decir, que se est&aacute;n modificando en funci&oacute;n del denominado fen&oacute;meno de la &quot;glocalizaci&oacute;n&quot; o &quot;fragmegraci&oacute;n&quot;, un panorama que ha sido descrito por James Rosenau de la siguiente manera:</p> <ul>Es &eacute;sta la tensi&oacute;n entre fragmentaci&oacute;n e integraci&oacute;n, entre globalizaci&oacute;n y localizaci&oacute;n, entre descentralizaci&oacute;n y centralizaci&oacute;n. En todas partes del mundo, en comunidades, pa&iacute;ses y regiones, las fuerzas globalizadoras y localizadoras est&aacute;n fomentando a la vez la integraci&oacute;n y la fragmentaci&oacute;n. Y ellas no s&oacute;lo ocurren de forma simult&aacute;nea, sino que son tambi&eacute;n interactivas. Se nutren unas de otras, tanto as&iacute; que no parece exagerado afirmar que cada aumento en la globalizaci&oacute;n lleva consigo un aumento de localizaci&oacute;n, y viceversa. Desde una perspectiva fragmegrativa, el mundo se ve desprovisto de distinciones claras entre asuntos dom&eacute;sticos y externos, con el resultado de que los problemas locales pueden volverse transnacionales en cuanto a su alcance, mientras que los retos globales pueden tener repercusiones para las comunidades peque&ntilde;as.<a name="top9"></a><a href="#back9"><sup>9</sup></a>    </ul>     <p>No obstante, la frontera, en su acepci&oacute;n territorial y como entidad cambiante y sujeta a esta reconfiguraci&oacute;n espacial, tambi&eacute;n es susceptible de adquirir un papel funcional a la &quot;l&oacute;gica perversa&quot; de la globalizaci&oacute;n y puede constituirse en espacio estrat&eacute;gico y punto nodal donde confluyen a su vez los movimientos il&iacute;citos de recursos y de actores que potencian y transforman los conflictos en un escenario de creciente inseguridad. El caso del conflicto colombiano y de las pol&iacute;ticas de seguridad que est&aacute;n siendo implementadas en algunas zonas lim&iacute;trofes con los dem&aacute;s pa&iacute;ses de la subregi&oacute;n andina, es altamente representativo de una nueva din&aacute;mica en que los distintos actores, recursos y estrategias de guerra se condensan en lo que podr&iacute;amos denominar un espacio de guerra &quot;global-local&quot;. La progresiva extensi&oacute;n del conflicto colombiano hacia las zonas fronterizas y las estrategias de consecuci&oacute;n de recursos en estos espacios funcionales al financiamiento y mantenimiento de la guerra por parte de los actores armados, reflejan un modo de &quot;conexi&oacute;n perversa&quot; entre estos espacios locales y un entorno global caracterizado por el flujo incontrolable de las redes del crimen transnacional organizado. Al respecto, el reconocido te&oacute;rico de la &quot;Sociedad Red&quot;, Manuel Castells, ha dado algunas pistas para empezar a entender el desarrollo de los conflictos actuales como consecuencia de los desequilibrios inherentes al sistema complejo de interconexiones en el reciente escenario global:</p> <ul>  ... las redes de capital, trabajo, informaci&oacute;n y mercados enlazaron, mediante la tecnolog&iacute;a, las funciones, las personas y las localidades del mundo, a la vez que desconectaban de sus redes a aquellas poblaciones y territorios desprovistos de valor e inter&eacute;s para la din&aacute;mica del capitalismo global. Ello condujo a la exclusi&oacute;n social y la irrelevancia econ&oacute;mica de segmentos de sociedades, &aacute;reas de ciudades, regiones y pa&iacute;ses enteros, que constituyen lo que denomino el &quot;cuarto mundo&quot;. El intento desesperado de algunos de estos grupos sociales y territorios por vincularse con la econom&iacute;a global, por escapar de la marginalidad, llev&oacute; a lo que denomino la &lt;conexi&oacute;n perversa&gt;, cuando el crimen organizado en todo el mundo se aprovech&oacute; de su situaci&oacute;n desesperada para fomentar el desarrollo de una econom&iacute;a criminal global, con el fin de satisfacer el deseo prohibido y suministrar mercanc&iacute;as il&iacute;citas a la demanda interminable de las sociedades e individuos ricos. (1998, p. 371).     </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De este modo, territorios como las zonas de frontera que comparte Colombia con sus pa&iacute;ses vecinos se han potenciado para dar cabida a dichas conexiones ilegales y perversas basadas en el tr&aacute;fico de armas, drogas y dineros ilegales, pero al mismo tiempo en estos escenarios se llevan a cabo otras guerras liderada por Estados Unidos a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas de seguridad que disponen recursos y programas de intervenci&oacute;n en espacios cada vez m&aacute;s difusos y complejos, alterando constantemente la din&aacute;mica espacial, humana y territorial de los actores en conflicto y de la poblaci&oacute;n civil.</p>     <p>Entre los casos m&aacute;s representativos de esta compleja situaci&oacute;n se encuentran fundamentalmente el de las fronteras que comparte Colombia con Venezuela y Ecuador, y en menor medida las fronteras que comparte con Brasil, Panam&aacute; y Per&uacute;. Al respecto, la reconocida investigadora Socorro Ram&iacute;rez ha aportado una idea general de la situaci&oacute;n que se vive en estas regiones en relaci&oacute;n con la presencia de los actores armados, las pr&aacute;cticas ilegales y las fuentes de financiaci&oacute;n, entre otros muchos aspectos. La autora ha argumentado, por ejemplo, que la naci&oacute;n m&aacute;s afectada actualmente por la situaci&oacute;n que se vive en las fronteras es Venezuela, por su proximidad a la zona de mayor presencia de actores armados ilegales y por efecto de las acciones del ELN (Ej&eacute;rcito de Liberaci&oacute;n Nacional) contra los oleoductos en Colombia, mientras que en Ecuador se presenta una situaci&oacute;n de aumento de tr&aacute;fico de armas, municiones y explosivos, tanto por la presi&oacute;n de irregulares colombianos como por la corrupci&oacute;n de diversos sectores ecuatorianos. Por su parte, el territorio fronterizo colombo-brasile&ntilde;o se ha constituido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en zona de tr&aacute;fico de precursores qu&iacute;micos y de lavado de dinero mediante la compra, por parte de narcotraficantes brasile&ntilde;os, de oro a ind&iacute;genas, colonos y buscadores ilegales en las zonas aur&iacute;feras de los departamentos de Vichada y Amazonas, y a trav&eacute;s de la provisi&oacute;n de armas y recursos a las guerrillas colombianas a cambio de droga y protecci&oacute;n. (Ram&iacute;rez, 2006, p. 140).</p>     <p>Aunque cada zona fronteriza que comparte Colombia con cada uno de sus pa&iacute;ses vecinos presenta sus propias din&aacute;micas y particularidades, es posible encontrar, no obstante, una tendencia generalizada en estos territorios al desbordamiento del conflicto armado y a las conexiones il&iacute;citas que establecen los distintos actores con el entorno globalizado del crimen transnacional organizado. Esto se debe fundamentalmente a que estas regiones se han caracterizado por el abandono hist&oacute;rico del Estado y por un aislamiento comercial y geogr&aacute;fico significativo que ha fomentado la expansi&oacute;n del negocio del narcotr&aacute;fico, entre otras muchas pr&aacute;cticas delictivas. En palabras de Alejandro Reyes y Francisco Thoumi:</p> <ul>Todas las &aacute;reas de cultivos il&iacute;citos situadas cerca de las fronteras comparten con los pa&iacute;ses vecinos los ecosistemas y los contextos sociales que facilitaron su expansi&oacute;n en Colombia. En todas ellas hay bosque primario, campesinado pobre, crimen organizado, debilidad del control estatal e inexperiencia con las consecuencias destructivas del narcotr&aacute;fico y la difusi&oacute;n del enriquecimiento il&iacute;cito. Casi todas las regiones fronterizas de los vecinos han sido usadas como santuario por las guerrillas para eludir confrontaciones con el ej&eacute;rcito colombiano. Es claro que los gobiernos vecinos preferir&iacute;an que esto no fuera as&iacute;, pero no reconocer este hecho es semejante a negar que un terremoto pueda tener consecuencias importantes en los pa&iacute;ses vecinos. (Reyes, Thoumi y Duica, 2006, p. 65).    </ul>     <p>Del mismo modo, y como ya se ha venido mencionando, una de las actividades m&aacute;s comunes en las regiones fronterizas hoy en d&iacute;a es la relacionada con el tr&aacute;fico de armas y el lavado de activos. Como un ejemplo altamente representativo de esta situaci&oacute;n encontramos que el caso de la zona fronteriza sur, que comprende fundamentalmente la zona colombo-ecuatoriana, la colombo-peruana y la colombo-brasile&ntilde;a, cuya mayor actividad est&aacute; ubicada en los departamentos colombianos de Nari&ntilde;o y Putumayo,<a name="top10"></a><a href="#back10"><sup>10</sup></a> es ampliamente representativo de la situaci&oacute;n actual pues en esta zona se encuentra una mayor cantidad de plantaciones de cultivos il&iacute;citos, as&iacute; como una presencia significativa y constante de los distintos actores en conflicto, especialmente de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), los paramilitares y las fuerzas y recursos militares del gobierno financiados por Estados Unidos. En este contexto, y en virtud de la gran ofensiva de las fuerzas del gobierno y de las pol&iacute;ticas de seguridad all&iacute; implementadas en el marco de la guerra global contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo, las FARC, en mayor medida, se han visto forzadas a reacomodar sus posiciones y a cruzar en muchas ocasiones las zonas de frontera para buscar guarnici&oacute;n temporal en los pa&iacute;ses lim&iacute;trofes,<a name="top11"></a><a href="#back11"><sup>11</sup></a> al mismo tiempo, las medidas de erradicaci&oacute;n de cultivos il&iacute;citos y fumigaciones implementadas por programas como el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina han producido un &eacute;xodo social de amplias magnitudes, representado en los miles de refugiados y desplazados que se acomodan en los Estados vecinos huyendo de la acci&oacute;n y las medidas de todos los actores que intervienen en el conflicto.<a name="top12"></a><a href="#back12"><sup>12</sup></a></p>     <p>Por otra parte, esta extensa frontera se ha constituido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en uno de los lugares de mayor entrada ilegal de armas, explosivos y municiones destinadas a las FARC,<a name="top13"></a><a href="#back13"><sup>13</sup></a> y adicionalmente ha jugado un papel importante en el proceso de lavado de activos en Colombia debido, por ejemplo, a que la dolarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a ecuatoriana y la aparici&oacute;n de casas de cambio a uno y otro lado de la frontera &mdash;sobre todo en el departamento de Nari&ntilde;o&mdash; ha facilitado la obtenci&oacute;n y control de dineros il&iacute;citos en un contexto de por s&iacute; caracterizado por el contrabando ilimitado y la flexibilidad en las trasferencias de dinero.<a name="top14"></a><a href="#back14"><sup>14</sup></a></p>     <p>As&iacute; mismo, encontramos que siguiendo los actuales lineamientos de seguridad del gobierno de los Estados Unidos, en estrecha cooperaci&oacute;n con el gobierno colombiano encabezado por el actual mandatario &Aacute;lvaro Uribe, se ha venido implementando en esta zona una ofensiva militar y una operaci&oacute;n antinarc&oacute;ticos sostenida por programas como el Plan Colombia, la Iniciativa Regional Andina y el denominado Plan Patriota, como pol&iacute;ticas estrat&eacute;gicas encaminadas a terminar con los grupos insurgentes y los cultivos il&iacute;citos presentes en estas regiones.<a name="top15"></a><a href="#back15"><sup>15</sup></a> Esta situaci&oacute;n ha convertido a la frontera en un espacio ideal para librar otras guerras de car&aacute;cter global, produciendo modificaciones y alteraciones en los movimientos de los distintos actores armados y sociales, y por tanto, profundizando y ampliando el ambiente de conflictividad en los &aacute;mbitos pol&iacute;ticos, sociales y de la seguridad entre Colombia y sus pa&iacute;ses vecinos.</p>     <p>Aunque el caso de la frontera sur es uno de los m&aacute;s representativos, en general, el contrabando, el narcotr&aacute;fico, el tr&aacute;fico de armas, el refugio de actores armados y los desplazamientos forzosos de la poblaci&oacute;n civil, entre muchos otros elementos adversos, son un hecho com&uacute;n al conjunto de las zonas fronterizas que cada vez adquieren una mayor relevancia para el an&aacute;lisis de las transformaciones del conflicto en relaci&oacute;n con los recientes procesos globales. Lo anterior sugiere que, en general, estas regiones se estar&iacute;an convirtiendo en lo que podr&iacute;amos denominar como espacios &quot;glocales&quot; perversos, altamente potenciales para la continuaci&oacute;n del conflicto armado y para el desarrollo de las m&uacute;ltiples actividades il&iacute;citas por parte de un conjunto de actores que desde un escenario local se desenvuelven cada vez con mayor fluidez al interior de las redes del crimen global organizado.</p>     <p>Veamos entonces los cambios que as&iacute; mismo estar&iacute;an ocurriendo en la configuraci&oacute;n de los actores en conflicto y su repercusi&oacute;n alrededor de este nuevo escenario de guerra. Al respecto resultar&iacute;a de especial relevancia evaluar la situaci&oacute;n de aquellos que como en el caso de las fuerzas estadounidenses y los grupos insurgentes &mdash;FARC y paramilitares&mdash;, se encuentran operando con mayor intensidad alrededor del nuevo panorama y se circunscriben de manera especial como dinamizadores de este complejo escenario &quot;glocal&quot;.</p>     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Los actores en guerra y sus nuevas estrategias: los grupos insurgentes y las fuerzas estadounidenses en los escenarios transfronterizo y transnacional</b></font></p>     <p><font size="3">Los grupos insurgentes y el crimen transnacional organizado</font></p>     <p>Los grupos insurgentes en Colombia, representados fundamentalmente por las FARC, el ELN y los grupos paramilitares, han sido definidos como grupos criminales y &quot;narcoterroristas&quot; por parte del gobierno estadounidense y del Estado colombiano, a partir de la reciente doctrina &quot;antiterrorista&quot; de la seguridad mundial. Tal denominaci&oacute;n, sin embargo, les exime de cualquier connotaci&oacute;n pol&iacute;tica o de un car&aacute;cter ideol&oacute;gico propio que pueda estar animando a estos grupos a mantenerse en el conflicto armado &mdash;especialmente en el problem&aacute;tico caso de la FARC como actores del conflicto&mdash;, y al mismo tiempo supone que el &uacute;nico factor que predomina en sus acciones es la criminalidad y la predaci&oacute;n o saqueo de recursos para el beneficio y el lucro privado.</p>     <p>Esta tendencia, a su vez coherente con las presunciones de la conocida teor&iacute;a de las &quot;nuevas guerras&quot;, obvia las condiciones hist&oacute;ricas y los factores que pueden estar asociados a la participaci&oacute;n de dichos actores en el conflicto armado, motivo por el cual otras posturas pol&iacute;ticas y acad&eacute;micas han preferido ampliar el marco de an&aacute;lisis y entender los conflictos de hoy, no como eventos surgidos &uacute;nicamente de la racionalidad econ&oacute;mica y predatoria, sino, por ejemplo, como una combinaci&oacute;n entre las necesidades, las convicciones y la codicia de quienes participan en las confrontaciones.<a name="top16"></a><a href="#back16"><sup>16</sup></a></p>     <p>Pero mientras las necesidades y las convicciones de los actores deber&iacute;an ser tenidas en cuenta como elementos presentes para evitar su &quot;despolitizaci&oacute;n&quot; y posterior &quot;criminalizaci&oacute;n&quot;, es en la codicia, o m&aacute;s precisamente en la forma en que se financian las guerras de hoy, donde estos actores se han transformado a la par de la evoluci&oacute;n del sistema global de car&aacute;cter criminal; por tanto, es a partir de estas nuevas condiciones que pueden encontrarse nuevas luces para el an&aacute;lisis, sobre todo en aquellos casos en que la econom&iacute;a de la guerra est&aacute; cada vez m&aacute;s estrechamente conectada con circuitos econ&oacute;micos internacionales de car&aacute;cter ilegal, como es el caso del conflicto colombiano.</p>     <p>Desde esta perspectiva, resulta indispensable observar las transformaciones de los actores ilegales de cara al nuevo contexto global y a las oportunidades ofrecidas por los mercados il&iacute;citos, pero inicialmente, el debate se debe centrar en un contexto en el cual, como anota Aline Leboeuf, los Estados delicuescentes s&oacute;lo &quot;controlan&quot; su mapa territorial y no los territorios que dicho mapa les asigna, de tal manera que los espacios vac&iacute;os de control efectivo (las denominadas zonas grises) hacen posible la existencia de nuevas formas de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica que tienen una relaci&oacute;n distinta con el territorio (Leboeuf, 2005).</p>     <p>El caso de la guerra en las zonas fronterizas del pa&iacute;s ha sido muy representativo en este sentido, en la medida en que estos territorios apartados del centro urbano se han convertido en amplias &quot;zonas grises&quot; en que predominan otras formas de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y social basadas en la marginaci&oacute;n, la violencia y la ilegalidad. En este contexto, las fuerzas del orden han sido b&aacute;sicamente impuestas por los grupos paramilitares y por la insurgencia &mdash;en especial por las FARC&mdash;, quienes han aprovechado la potencialidad de las zonas de fronteras para producir, distribuir y gerenciar el negocio las drogas ilegales debido a la ausencia del Estado y a la flexibilidad de estas zonas para establecer redes y circuitos econ&oacute;micos de car&aacute;cter ilegal hacia el interior y hacia el exterior, todo esto como el m&eacute;todo m&aacute;s eficaz para financiar sus ej&eacute;rcitos de guerra locales. En principio, los enfrentamientos entre ambos grupos se han dado principalmente para controlar el territorio con el fin de capturar las rentas del negocio del narcotr&aacute;fico; sin embargo, y de manera parad&oacute;jica, el circuito ilegal de las drogas y la din&aacute;mica de la participaci&oacute;n de los actores alrededor de esta actividad, ha dado paso a una situaci&oacute;n de ambig&uuml;edad y ha establecido un nuevo orden en que a pesar de su hist&oacute;rica y r&iacute;gida confrontaci&oacute;n, guerrillas y paramilitares se han &quot;aliado&quot; t&aacute;citamente alrededor del negocio de las drogas:</p> <ul>La coca se ha convertido en una verdadera industria en regiones como el litoral Pac&iacute;fico de Nari&ntilde;o. Al darse cuenta de que la proximidad a las fronteras les permite utilizar rutas m&aacute;s cortas hasta la costa con menos riesgo de intercepci&oacute;n por parte de las autoridades, las AUC y las FARC han llegado a un modus operandi (una excepci&oacute;n en su relaci&oacute;n por lo general mala) que permite que uno de los grupos controle las zonas de cultivo y que el otro controle el negocio de exportaci&oacute;n. No se producen confrontaciones armadas siempre y cuando ninguno de los grupos rompa las reglas. Cualquier civil que no acepte este arreglo es considerado objetivo militar por uno u otro bando. (Reyes et al., 2006, p. 68).    </ul>     <p>En tal sentido, se ha evidenciado que la necesidad de contar con un flujo constante de drogas y dineros ilegales ha inducido a guerrillas y paramilitares a moderar e incluso a interrumpir las hostilidades rec&iacute;procas y a sustituirlas por una divisi&oacute;n de funciones y de territorios articulados a las mismas empresas narcotraficantes, raz&oacute;n por la que en casi todas las regiones de conflicto no existen confrontaciones entre los dos bandos, sino una clara delimitaci&oacute;n de zonas de influencia.<a name="top17"></a><a href="#back17"><sup>17</sup></a></p>     <p>Observamos de este modo que el funcionamiento del mercado ilegal en conexi&oacute;n con los circuitos internacionales de la droga ha requerido y ha producido una modificaci&oacute;n significativa del posicionamiento de los actores en medio del conflicto pol&iacute;tico, pues aunque exista &mdash;y a&uacute;n hoy existe&mdash; una condici&oacute;n hist&oacute;rica de r&iacute;gidas confrontaciones armadas y profundas diferencias pol&iacute;ticas entre paramilitares y guerrillas, su relaci&oacute;n con las nuevas fuentes de financiaci&oacute;n les han hecho adaptables y flexibles a las condiciones del mercado ilegal; de ah&iacute; que no sea del todo posible en medio del conflicto actual establecer una divisi&oacute;n o jerarquizaci&oacute;n tajante entre estos grupos ilegales puesto que se presenta una tendencia hacia la fluidez en sus modos de operar reflejadas en sus conexiones o acuerdos impl&iacute;citos y en su ambig&uuml;edad como actores pol&iacute;ticos y armados alrededor del control del negocio ilegal de las drogas. En este sentido, ambos actores terminan reproduciendo una l&oacute;gica de cooperaci&oacute;n inusual, pero muy funcional a las exigencias del entorno global, ya que ambos grupos se organizan en torno al sistema de provisi&oacute;n de drogas a empresas especializadas en la exportaci&oacute;n y distribuci&oacute;n al exterior, que a su vez conforman alianzas y redes con empresas de otros pa&iacute;ses involucrados en el tr&aacute;nsito y el consumo (Reyes et al., 2006, p. 67).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Como resultado de esta nueva l&oacute;gica, los actores armados en nuestro pa&iacute;s han venido modificado claramente su ubicaci&oacute;n espacial y territorial, aprovechando las denominadas &quot;zonas grises&quot; a uno y otro lado de las fronteras con los pa&iacute;ses vecinos, llegando incluso al punto de ubicarse e instalarse estrat&eacute;gicamente en territorios vecinos para evadir a las autoridades nacionales y establecer contactos internacionales con otros individuos o grupos pol&iacute;ticos.<a name="top18"></a><a href="#back18"><sup>18</sup></a> Esta nueva situaci&oacute;n modifica las din&aacute;micas del conflicto y las sit&uacute;a en un contexto ya no exclusivamente nacional, sino que involucra a otros actores y territorios, aportando nuevas dimensiones a una guerra que cada vez y con mayor claridad va dejando de ser un asunto interno y desvinculado de la realidad regional e internacional.</p>     <p>En general, las denominadas &quot;redes criminales de narcoterroristas&quot; que coexisten en la zona de frontera deben comenzar a ser analizadas desde una perspectiva que supere los enfoques tradicionales en el estudio de conflictos, sobre todo aquellos que buscan una jerarquizaci&oacute;n o delimitaci&oacute;n clara entre los actores que intervienen en la confrontaci&oacute;n, pues aunque en muchos sentidos las divisiones y diferencias permanecen, cada vez existe una mayor complejidad y fluidez en los modos de operar de estas redes que ha sido propiciada en buena medida por la compleja din&aacute;mica de los circuitos ilegales de car&aacute;cter global. No obstante, y aunque los modos de financiamiento y su conexi&oacute;n con el entorno global supongan un eje central a la transformaci&oacute;n de estos actores, el debate debe centrarse en un an&aacute;lisis a&uacute;n m&aacute;s amplio en que se considere, en primer lugar, la gran funcionalidad de los entornos marginados a la proliferaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de las organizaciones criminales &quot;en red&quot;, y en segundo lugar, las condiciones que llevan a que estando altamente penalizado y criminalizado por Estados Unidos como potencia mundial, el negocio de las drogas contin&uacute;e siendo al mismo tiempo una fuente poderosa de recursos para algunos grupos que se han apoderado de un control local y territorial, en un contexto de excesiva marginaci&oacute;n y de ausencia del Estado.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>Estados Unidos y su propia arma biol&oacute;gica en la guerra: el caso de las fumigaciones</b></font></p>     <p>En el caso espec&iacute;fico de la guerra contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo en Colombia, Estados Unidos ha actuado como un actor poderoso en medio del conflicto, y en un contexto de clara asimetr&iacute;a econ&oacute;mica, pol&iacute;tica y militar. El Comando Sur y el Pent&aacute;gono asumieron la concepci&oacute;n, doctrina, planeaci&oacute;n e implementaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas antidrogas frente al conflicto armado colombiano, y los militares estadounidenses est&aacute;n ensayando tecnolog&iacute;as y tomado decisiones sobre el curso de la guerra a&eacute;rea y terrestre en el propio terreno de operaciones y desde las bases militares del pa&iacute;s (Aristiz&aacute;bal, 2007, p. 170). Adicionalmente, su intervenci&oacute;n all&iacute; ha estado ligada a la intensificaci&oacute;n de la guerra por parte de las fuerzas armadas del Estado colombiano durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, y como tal su presencia ha mantenido los par&aacute;metros de la guerra militar,<a name="top19"></a><a href="#back19"><sup>19</sup></a> pero esta condici&oacute;n en s&iacute; misma tambi&eacute;n se ha modificado en torno a lo que Mary Kaldor ha definido como la &quot;guerra espect&aacute;culo&quot;, que es la guerra que lleva a cabo principalmente Estados Unidos y que implica guerra a larga distancia, utilizaci&oacute;n de aviones ultramodernos y tecnolog&iacute;a de misiles, para prevenir bajas en las filas propias (Kaldor, 2003, p. 84).</p>     <p>Para Kaldor, gracias a la &quot;guerra espect&aacute;culo&quot;, las estructuras heredadas de la Guerra Fr&iacute;a retienen su poder, en un contexto en el que los ciudadanos estadounidenses ya no aceptan las condiciones del anterior pacto: la disponibilidad a morir en la guerra. El motivo, como anota la autora, radica en que satisface una confluencia de intereses: las necesidades de los cient&iacute;ficos, los ingenieros y las empresas que proporcionan la infraestructura del poder&iacute;o militar estadounidense; as&iacute; mismo, esta &quot;guerra espect&aacute;culo&quot; permite la continuidad de la guerra imaginaria caracter&iacute;stica de la Guerra Fr&iacute;a, no implica bajas norteamericanas y puede verse por televisi&oacute;n y demostrar la firmeza y el poder del gobierno de Estados Unidos.<a name="top20"></a><a href="#back20"><sup>20</sup></a></p>     <p>En efecto, la guerra que se lleva a cabo en la zona fronteriza del sur del pa&iacute;s es en alguna medida un ejemplo de la intervenci&oacute;n militar de Estados Unidos bajo este sistema, que aunque no supone una guerra de intensidad militar como la que ha tenido lugar en Medio Oriente &mdash;Afganist&aacute;n e Irak&mdash;, en que se utilizan los misiles y los aviones ultramodernos para el bombardeo y la posterior ocupaci&oacute;n del territorio, s&iacute; evidencia la presencia de las fuerzas estadounidenses y de sus recursos militares aportados para la guerra que libran las fuerzas del Estado, y para las fumigaciones a&eacute;reas.<a name="top21"></a><a href="#back21"><sup>21</sup></a> Estas estrategias mantienen a este actor a una distancia capaz de prevenir bajas en sus filas, pero a la vez suponen un importante insumo para la guerra interna, as&iacute; como una responsabilidad mayor en sus efectos devastadores.<a name="top22"></a><a href="#back22"><sup>22</sup></a></p>     <p>En este sentido, la guerra global contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo en territorio colombiano es muestra de las condiciones irregulares de los nuevos conflictos, donde se emplean estrategias de guerra multidimensionales en un contexto en que los &aacute;mbitos externo e interno se diluyen y la misma participaci&oacute;n de los actores es fluida e impersonal. El caso de las fumigaciones a&eacute;reas con glifosato en esta zona es el ejemplo de la utilizaci&oacute;n de un m&eacute;todo que aunque en el pa&iacute;s no es nada nuevo,<a name="top23"></a><a href="#back23"><sup>23</sup></a> actualmente se est&aacute; intensificado y se ha combinado con muchos otros factores que sugieren nuevos elementos para el an&aacute;lisis; de este modo, y ante las condiciones cambiantes del conflicto y de la guerra, es posible identificar a Estados Unidos como un actor cuyas estrategias y l&oacute;gicas de lucha &quot;a distancia&quot; &mdash;que no se ci&ntilde;en a las tradicionales formas de hacer la guerra&mdash; producen igualmente hechos y efectos violentos en un contexto de amplia confrontaci&oacute;n, pues no s&oacute;lo ha tenido una incidencia directa, sino que ha contribuido a la intensificaci&oacute;n del conflicto entre las fuerzas del Estado &mdash;ahora m&aacute;s fuertes y mejor financiadas&mdash; y los actores armados insurgentes que responden con estrategias cada vez m&aacute;s violentas &mdash;especialmente sobre la poblaci&oacute;n civil&mdash; para demostrar su poder&iacute;o y mantener el control territorial.</p>     <p>En cuanto a las fumigaciones llevadas a cabo por las fuerzas estadounidenses, el tema ha sido objeto de un intenso debate pol&iacute;tico respecto a los efectos que esta estrategia produce sobre el medio ambiente y sobre las poblaciones rurales de esta zona ampliamente ocupada por cultivos il&iacute;citos. Aunque a&uacute;n no han sido cient&iacute;ficamente demostrados los efectos perversos que tienen las fumigaciones sobre el ecosistema y las poblaciones de la zona, algunas instituciones del gobierno como la Defensor&iacute;a del Pueblo o la Contralor&iacute;a de la Naci&oacute;n, y un n&uacute;mero significativo de ONG, acad&eacute;micos, grupos de presi&oacute;n y pobladores afectados han denunciado que el glifosato produce efectos nocivos en el ambiente y en la salud de los habitantes de esta zona &mdash;traducidos en enfermedades respiratorias, dermatol&oacute;gicas e intoxicaciones, entre otras&mdash;, y en sus posibilidades diarias de supervivencia, pues buena parte de sus cultivos legales son igualmente fumigados y muchos han tenido que desplazarse y refugiarse en el pa&iacute;s vecino por esta y otras razones asociadas a la fumigaci&oacute;n.<a name="top24"></a><a href="#back24"><sup>24</sup></a></p>     <p>Sin embargo, las entidades del Estado y las estrategias estadounidenses que llevan a cabo estas pol&iacute;ticas insisten en este m&eacute;todo a pesar de la experiencia innegable de su fracaso en t&eacute;rminos de reducci&oacute;n de los cultivos il&iacute;citos, por lo que seg&uacute;n un informe del Transnacional Institute, insistir en fumigar es se&ntilde;al de que las fumigaciones han sobrepasado el inter&eacute;s antinarc&oacute;ticos, para representar un inter&eacute;s especialmente pol&iacute;tico en justificar la presencia policial y militar de Estados Unidos en esta regi&oacute;n, y un inter&eacute;s econ&oacute;mico, debido a las utilidades monetarias de empresas estadounidenses como Monsanto y Dyncorp que se reparten este lucrativo negocio (Transnacional Institute, 2007, p. 2).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De este modo, Estados Unidos, desde una pol&iacute;tica y un discurso globalizado, ha mantenido una influencia decisiva sobre el conflicto colombiano en el &aacute;mbito local; sin embargo, sus estrategias lejos de producir una real modificaci&oacute;n sobre las condiciones o la presencia de los dem&aacute;s actores en conflicto, contribuye al recrudecimiento de la confrontaci&oacute;n y produce consecuencias sociales y humanitarias de car&aacute;cter violento, donde la poblaci&oacute;n civil es finalmente la m&aacute;s afectada. En t&eacute;rminos generales, los m&eacute;todos de lucha &quot;a distancia&quot; que son utilizados en la zona fronteriza colombo-ecuatoriana favorecen la impunidad de este actor en guerra, y remiten a la parad&oacute;jica idea de la utilizaci&oacute;n de las fumigaciones como un &quot;arma biol&oacute;gica&quot; que a pesar de haberse constituido en una estrategia para desestabilizar a los enemigos &quot;narcoterroristas&quot;, es una vez m&aacute;s el reflejo de sus propios intereses pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, cuyo &uacute;nico efecto real ha sido la violencia ejercida sobre la poblaci&oacute;n civil.</p>     <br>     <p><font size="3"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p>El caso del conflicto colombiano es hoy un claro ejemplo del complejo escenario en que se presentan simult&aacute;neamente las dos dimensiones de la guerra en sus vertientes local y global, pues por una parte las condiciones de la confrontaci&oacute;n armada en los escenarios locales e internos se encuentran cada vez m&aacute;s asociadas a los crecientes flujos de la econom&iacute;a criminal globalizada, y por otra, en estos territorios se lleva a cabo, igualmente, una guerra de dimensi&oacute;n global en contra del narcotr&aacute;fico y el terrorismo fuertemente financiada e implementada por Estados Unidos en el pa&iacute;s. Esta doble dimensi&oacute;n, sumada a las actuales din&aacute;micas del proceso de la globalizaci&oacute;n, ha producido la modificaci&oacute;n de los espacios, los actores y sus estrategias de guerra en medio de un escenario en que no es posible separar el &aacute;mbito interno del externo, y donde la guerra no implica necesariamente una confrontaci&oacute;n directa ni un repertorio de acciones en sentido tradicional.</p>     <p>Para el caso colombiano, y desde las posibles modificaciones en la dimensi&oacute;n espacial del conflicto, las zonas de frontera con los pa&iacute;ses vecinos se han convertido en espacios estrat&eacute;gicos y puntos de conexi&oacute;n en donde confluyen a la vez los distintos actores, din&aacute;micas y estrategias de guerra que se condensan en lo que podr&iacute;amos denominar un espacio de guerra global-local. Es as&iacute; como las regiones fronterizas, que deber&iacute;an constituirse en espacios id&oacute;neos para la profundizaci&oacute;n del intercambio comercial, econ&oacute;mico y humano y para el aprovechamiento de las condiciones de la globalizaci&oacute;n, se han convertido hoy en espacios &quot;glocales&quot; perversos donde tienen lugar las m&uacute;ltiples actividades il&iacute;citas asociadas al negocio de las armas y las drogas ilegales, as&iacute; como el recrudecimiento del conflicto armado y el desarrollo de las guerras globales impulsadas por Estados Unidos.</p>     <p>En cuanto a la participaci&oacute;n de Estados Unidos en la guerra que se vive en la zona fronteriza colombo-ecuatoriana, se puede afirmar que las pol&iacute;ticas de seguridad implementadas en el marco de la lucha contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo en la frontera est&aacute;n produciendo una modificaci&oacute;n importante en el recorrido espacial y territorial de algunos actores y factores del conflicto. Debido al intenso programa de fumigaciones a&eacute;reas y de erradicaci&oacute;n de cultivos il&iacute;citos realizado por las fuerzas estadounidenses en el sur de Colombia, las regiones y territorios fronterizos en estas zonas se est&aacute;n viendo afectados por los desplazamientos espaciales de cultivos il&iacute;citos, de grupos armados y de la poblaci&oacute;n civil, lo que supone el desbordamiento de los problemas de seguridad colombianos hacia los dem&aacute;s pa&iacute;ses lim&iacute;trofes, especialmente hacia Ecuador, Per&uacute; y Brasil.</p>     <p>Por su parte, los grupos insurgentes se encuentran cada vez m&aacute;s conectados a las redes criminales de car&aacute;cter global, y sus pr&aacute;cticas y estrategias de guerra dependen hoy en gran medida de los incontrolables flujos il&iacute;citos transnacionales que pasan por estas zonas fronterizas, motivo por el cual el estudio del conflicto colombiano no s&oacute;lo se debe limitar a la estricta problem&aacute;tica interna de car&aacute;cter estructural, sino que debe incluir tambi&eacute;n el an&aacute;lisis m&aacute;s amplio de las condiciones marginales del nuevo contexto de la globalizaci&oacute;n y de sus repercusiones en las sociedades m&aacute;s vulnerables.</p>     <p>Un an&aacute;lisis alternativo del conflicto en Colombia desde la perspectiva de las guerras globales contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo, debe llevarnos entonces a concluir que los par&aacute;metros bajo los cuales se deben analizar las nuevas condiciones de esta confrontaci&oacute;n necesitan de una perspectiva que supere los enfoques tradicionales en el estudio de las guerras y conflictos recientes. Cada vez existe una mayor complejidad y fluidez en los modos de operar de los actores y una modificaci&oacute;n de los espacios y escenarios derivados de la reconfiguraci&oacute;n del proceso global-local; no obstante, el debate fundamental deber&aacute; centrarse en un an&aacute;lisis a&uacute;n m&aacute;s amplio en que se considere la gran funcionalidad de los entornos marginados a la proliferaci&oacute;n y consolidaci&oacute;n de los grupos insurgentes, as&iacute; como en un profundo cuestionamiento de los discursos, pr&aacute;cticas y representaciones de los actores hegem&oacute;nicos que juegan su propio papel en el desarrollo de las guerras contempor&aacute;neas.</p>     <br> <hr size=”1”>     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><sup><a name="*">*</a></sup> Art&iacute;culo de reflexi&oacute;n que hace parte del resultado de una investigaci&oacute;n realizada para obtener el Diploma de Estudios Avanzados Europeo (DEA), que fue otorgado a la autora en septiembre de 2007. Parte del art&iacute;culo tambi&eacute;n est&aacute; siendo incluida en la elaboraci&oacute;n de la tesis doctoral.</p>     <p><a name="back1"></a><a href="#top1">1</a> En la &uacute;ltima d&eacute;cada las zonas fronterizas de Colombia han sido aprovechadas especialmente por grupos guerrilleros y paramilitares como corredores estrat&eacute;gicos para el control de drogas, armas y otros bienes de contrabando ilegales, as&iacute; como para el efectivo control territorial de recursos asociados a la producci&oacute;n de coca y cultivos il&iacute;citos, en un contexto de clara ausencia estatal. Al mismo tiempo, en estos escenarios (m&aacute;s espec&iacute;ficamente en la zona fronteriza sur del pa&iacute;s) se han instalado las fuerzas estadounidenses para intervenir con sus recursos militares en nombre de la denominada &quot;guerra global contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo&quot;, raz&oacute;n por la cual estos espacios se han constituido en territorios muy din&aacute;micos y representativos de las transformaciones m&aacute;s recientes del conflicto colombiano.</p>     <p><a name="back2"></a><a href="#top2">2</a> Actualmente, la guerra global contra el narcotr&aacute;fico y el terrorismo est&aacute; generando fuertes repercusiones pol&iacute;ticas, sociales y humanitarias a nivel nacional, regional y local en diferentes lugares del mundo que representan una amenaza a la seguridad internacional; en este sentido, el caso de la guerra que se libra en Colombia se encuentra fuertemente relacionado con la intervenci&oacute;n pol&iacute;tica, econ&oacute;mica y militar que est&aacute; avalada por el discurso globalizado de la seguridad estadounidense, hecho que representa una oportunidad para ampliar el marco de an&aacute;lisis y plantear reformulaciones a las teor&iacute;as en boga.</p>     <p><a name="back3"></a><a href="#top3">3</a> En un art&iacute;culo sobre la aparici&oacute;n de la sociedad civil global, Mary Kaldor argumenta que las redes de actores armados de las guerras de hoy generan un discurso com&uacute;n, a menudo basado en una identidad compartida, &eacute;tnica o religiosa, y que lo que mantiene unidas a estas redes b&eacute;licas es, por lo general, una ideolog&iacute;a pol&iacute;tica extremista, unida a movimientos nacionalistas y religiosos. (Kaldor, 2003, p. 82).</p>     <p><a name="back4"></a><a href="#top4">4</a> Entre los exponentes m&aacute;s importantes de esta nueva teor&iacute;a se encuentran: Kaldor (2001), Holsti (1996), Duffield (2001) y Gray (1997).</p>     <p><a name="back5"></a><a href="#top5">5</a> As&iacute;, por ejemplo, frente a algunas de las variables que se toman como evidencia para proponer la teor&iacute;a de las nuevas guerras existen ya algunos estudios hist&oacute;ricos y pol&iacute;ticos que desvirt&uacute;an muchas de sus premisas fundamentales. A este esfuerzo se suman otras investigaciones que revisan el debate de las nuevas guerras a trav&eacute;s de una evaluaci&oacute;n emp&iacute;rica de algunas variables de an&aacute;lisis relacionadas con la intensidad de las atrocidades que son atribuidas a este nuevo tipo de guerras. Como ejemplo de ello Erik Melander, &Ouml;berg Magnus y Jonathan May, han presentado evidencia estad&iacute;stica para comprobar la debilidad de al menos tres supuestos formulados por la teor&iacute;a de las nuevas guerras: 1. El incremento en el n&uacute;mero de guerras despu&eacute;s del fin de la guerra fr&iacute;a; 2. El incremento en la intensidad de las batallas, y 3. El aumento en el n&uacute;mero de civiles desplazados o asesinados en guerra. Finalmente, a partir del uso de m&uacute;ltiples t&eacute;cnicas de regresi&oacute;n, los analistas encuentran que las variables mencionadas no est&aacute;n apoyadas en datos reales, y que incluso existe una tendencia evidente de los datos a mostrar, por el contrario, una efectiva disminuci&oacute;n tanto en el n&uacute;mero de guerras despu&eacute;s de la era bipolar, como en su intensidad y en el n&uacute;mero de desplazados y muertos producidos hasta la actualidad. En este y en muchos otros sentidos, las viejas guerras civiles no ser&iacute;an entonces tan diferentes de las &quot;nuevas&quot; como lo parece. Para una revisi&oacute;n de los trabajos acad&eacute;micos que desvirt&uacute;an la teor&iacute;a de las nuevas guerras v&eacute;ase: Kalyvas, 2001), Melander, Magnus y Hall (2006), Di John (2002), Bethani (2006) y Zartman (2000).</p>     <p><a name="back6"></a><a href="#top6">6</a> Dos propuestas te&oacute;ricas interesantes en este sentido son las desarrolladas por Aline Leboeuf con su teor&iacute;a de los &quot;conflictos fluidos&quot; y John Arquilla y David Ronfeldt con su teor&iacute;a de la &quot;guerra red&quot;. (V&eacute;ase Leboeuf (2005), y Arquilla y Ronfeldt (1996)).</p>     <p><a name="back7"></a><a href="#top7">7</a> Entre las concepciones cr&iacute;ticas de la globalizaci&oacute;n ha aparecido la noci&oacute;n de &quot;globalizaci&oacute;n fragmentada&quot;, desarrollada en buena medida por grupos sociales y acad&eacute;micos latinoamericanos entre los cuales se encuentra de manera representativa el Movimiento Zapatista de Liberaci&oacute;n Nacional de M&eacute;xico. Esta perspectiva te&oacute;rica surge como una alternativa para el an&aacute;lisis de la globalizaci&oacute;n en torno a las negativas consecuencias pol&iacute;ticas, econ&oacute;micas y sociales generadas por este proceso en el mundo subdesarrollado.</p>     <p><a name="back8"></a><a href="#top8">8</a> Frente a la amenaza de las drogas il&iacute;citas, y bajo la certeza del acceso de los grupos insurgentes al negocio del narcotr&aacute;fico como importante recurso de financiamiento econ&oacute;mico y militar, el Congreso de los Estados Unidos dise&ntilde;&oacute; en la d&eacute;cada de los 90 una primera estrategia de fortalecimiento de las fuerzas armadas, contenci&oacute;n del narcotr&aacute;fico y defensa de la democracia denominada el Plan Colombia. En la medida en que esta estrategia ha fracasado en sus intentos por erradicar y disminuir las plantaciones de cultivos il&iacute;citos en el pa&iacute;s, adem&aacute;s de haber ocasionado una grave crisis de seguridad que se desbord&oacute; hacia los pa&iacute;ses vecinos, el Plan Colombia tuvo que ser revaluado por la administraci&oacute;n del presidente de los Estados Unidos George W. Bush para dar paso a lo que hoy en d&iacute;a se denomina como la Iniciativa Regional Andina (IRA), una estrategia de car&aacute;cter integral que pretende abordar la preocupaci&oacute;n de estos pa&iacute;ses por la expansi&oacute;n de los cultivos il&iacute;citos, el narcotr&aacute;fico, el conflicto y el desplazamiento de personas a trav&eacute;s de sus porosas fronteras.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back9"></a><a href="#top9">9</a> Este concepto fue desarrollado inicialmente en Rosenau (1983). Para una formulaci&oacute;n m&aacute;s reciente y elaborada, v&eacute;ase Rosenau (1994) y tambi&eacute;n el art&iacute;culo de este autor &quot;Cambio y complejidad: desaf&iacute;o para la comprensi&oacute;n en el campo de las relaciones internacionales&quot; (1997).</p>     <p><a name="back10"></a><a href="#top10">10</a> El Putumayo fue primero un lugar de llegada y tr&aacute;nsito de la base de coca importada del Per&uacute; y Bolivia a comienzos de los a&ntilde;os 80 y luego, cuando la producci&oacute;n entr&oacute; en crisis en esos pa&iacute;ses, en regi&oacute;n productora de coca&iacute;na de dicha d&eacute;cada. La mayor&iacute;a de su territorio hace parte de la cuenca amaz&oacute;nica y colinda con Ecuador y Per&uacute;, en una frontera que facilita el tr&aacute;nsito de personas y bienes, l&iacute;citos e il&iacute;citos. (Reyes et al., 2006, p. 9).</p>     <p><a name="back11"></a><a href="#top11">11</a> Como resultado del aumento de las operaciones de las Fuerzas Armadas ecuatorianas en la frontera con Colombia, en enero de 2005 fueron identificados aproximadamente 25 pasos fronterizos ilegales, en la franja compartida por la provincia de Sucumb&iacute;os y el departamento del Putumayo. Este hallazgo puso en evidencia, una vez m&aacute;s, la vulnerabilidad de la zona fronteriza frente a los diferentes factores de inseguridad (v&eacute;ase el informe de la Fundaci&oacute;n Seguridad y Democracia (s/f, p. 11)).</p>     <p><a name="back12"></a><a href="#top12">12</a> Entre 1995 y 2004, 64 de los 79 municipios fronterizos de Colombia expulsaron al 11,69% de los desplazados en todo el pa&iacute;s y recibieron el 12,25% del total nacional. Las zonas cercanas a Venezuela registraron 70,84% de las expulsiones y 76,35% de las recepciones; las vecinas a Ecuador 20,26% de las recepciones y 26,29% de las expulsiones, y las de Panam&aacute;, 4,05% de las expulsiones y 1,5% de las recepciones en municipios fronterizos (Ram&iacute;rez, 2006, p. 136).</p>     <p><a name="back13"></a><a href="#top13">13</a> Los 586 kil&oacute;metros de frontera con Ecuador tienen varios sitios porosos por los que ingresan especialmente explosivos y munici&oacute;n. Una de las rutas m&aacute;s usadas es Ipiales-Guayaquil. En septiembre de 2006 las autoridades ecuatorianas confiscaron 25.000 cartuchos para armas cortas, 3.500 cartuchos para fusil y cinco cohetes antia&eacute;reos con sistemas de seguridad. En general, casi todas las fronteras de Colombia se han convertido hoy en un espacio id&oacute;neo para el tr&aacute;fico y el comercio transnacional de armas, especialmente en las fronteras con Per&uacute; y Brasil. En total, 153.103 armas ilegales y 764.161 municiones fueron incautadas por las autoridades colombianas entre 2004 y 2006, y se considera que las l&iacute;neas fronterizas son las principales rutas de material b&eacute;lico que, regularmente, es canjeado por droga (v&eacute;ase: &quot;Colombia es un im&aacute;n para tr&aacute;fico de armas&quot; (2007)).</p>     <p><a name="back14"></a><a href="#top14">14</a> En el ambiente de las zonas fronterizas de Colombia el contrabando siempre se ha aceptado como parte del paisaje econ&oacute;mico de la regi&oacute;n, especialmente en las zonas paname&ntilde;a y ecuatoriana. En este caso la necesidad de lavar activos, es decir, de disfrazar su origen, muchas veces no ha existido pues quienes han acumulado dinero ilegalmente, no han tenido que utilizar un proceso de lavado para disfrutar sus capitales debido a que las normas sociales permiten invertirlos sin riesgo de confiscaci&oacute;n y expropiaci&oacute;n (Reyes et al, 2006, p. 83).</p>     <p><a name="back15"></a><a href="#top15">15</a> Dos de estos tres programas hacen parte de una estrategia hemisf&eacute;rica de Estados Unidos para acabar con el narcotr&aacute;fico y el terrorismo en Latinoam&eacute;rica, fundamentalmente en Colombia y los pa&iacute;ses de la regi&oacute;n andina como principal fuente de estas amenazas. El costo del Plan Colombia fue estimado en 7.500 millones de d&oacute;lares y los Estados Unidos deb&iacute;an aportar una ayuda de 3.500 millones de d&oacute;lares. Desde el a&ntilde;o 2000 hasta el 2005, los Estados Unidos entregaron 2.600 millones y la Uni&oacute;n Europea 335,9 millones de euros. Para ayudar a los pa&iacute;ses andinos, la administraci&oacute;n Bush pidi&oacute; 882 millones de d&oacute;lares en el a&ntilde;o fiscal 2002 para el financiamiento de asuntos internacionales, con el fin de establecer instituciones democr&aacute;ticas y ayudar al desarrollo, al igual que para programas contra las drogas il&iacute;citas en los siete pa&iacute;ses incluidos en la iniciativa: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Panam&aacute;, Per&uacute; y Venezuela. En el 2007, la ayuda de Estados Unidos para Colombia fue de 700 millones de d&oacute;lares, dinero que en gran parte fue invertido en el Plan Patriota, la estrategia del aliado presidente colombiano &Aacute;lvaro Uribe para atacar la retaguardia estrat&eacute;gica de las FARC. Cabe decir que en t&eacute;rminos generales m&aacute;s de la mitad del porcentaje de las ayudas estadounidenses se destinan a la estrategia militar (Faivre y D&rsquo;Arcier 2005).</p>     <p><a name="back16"></a><a href="#top16">16</a> Esta teor&iacute;a es propuesta por Zartman (2005).</p>     <p><a name="back17"></a><a href="#top17">17</a> En palabras del investigador Francisco Thoumi: &quot;Como las guerrillas ejerc&iacute;an influencia en regiones de colonizaci&oacute;n, se convirtieron en aparatos armados para regular y obtener rentas en las &aacute;reas de cultivos il&iacute;citos. Como los paramilitares coparon las regiones guerrilleras y controlaron las mallas urbanas y las v&iacute;as de comunicaci&oacute;n, se transformaron en aparatos de seguridad de los laboratorios y rutas del narcotr&aacute;fico. Como el Estado destruy&oacute; en los a&ntilde;os noventa los grandes carteles que desarrollaron una red vertical del negocio relativamente integrada, la nueva generaci&oacute;n de narcotraficantes se fragment&oacute; en muchas peque&ntilde;as empresas especializadas, que acopian la coca&iacute;na y la hero&iacute;na producidas bajo el control de guerrillas y paramilitares y las venden al exterior&quot; (Reyes et al., 2006).</p>     <p><a name="back18"></a><a href="#top18">18</a> Este hecho qued&oacute; plenamente demostrado con la incursi&oacute;n y ataque del 1&ordm; de marzo de 2008 por parte de las fuerzas armadas y de inteligencia colombianas en territorio fronterizo ecuatoriano, donde se identific&oacute; y bombarde&oacute; un campamento de las FARC en el cual se encontraba el segundo al mando de este grupo, el vocero Ra&uacute;l Reyes, un ecuatoriano y un grupo de mexicanos que hab&iacute;an participado en el Segundo Congreso Continental Bolivariano y se encontraban de visita en el campamento de las FARC. Esta incursi&oacute;n, que produjo la muerte de la mayor&iacute;a de quienes estaban en el campamento, y la del mismo Reyes, desencaden&oacute; una grave crisis regional y hemisf&eacute;rica a nivel de los pa&iacute;ses vecinos y de la OEA que a&uacute;n se encuentra latente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back19"></a><a href="#top9">19</a> En el &aacute;mbito externo, la naturaleza de Estados Unidos como actor en la guerra se sigue rigiendo predominantemente por la tradicional acci&oacute;n e intervenci&oacute;n represiva de car&aacute;cter militar en todos aquellos pa&iacute;ses o regiones del mundo en que se han identificado redes de terroristas o de narcoterroristas. Cabe decir, sin embargo, que como la mayor&iacute;a de ej&eacute;rcitos, el de Estados Unidos est&aacute; organizado para combatir a otros Estados y no para enfrentarse a &quot;enemigos difusos&quot;, y por ello ha tenido que transformar parte de sus estrategias para combatir al enemigo desde m&eacute;todos m&aacute;s impersonales; no obstante, la continuidad anacr&oacute;nica en su naturaleza de actor militarista e interventor sigue teniendo efectos sociales y econ&oacute;micos perversos para estos pa&iacute;ses y territorios, sumidos ya hist&oacute;ricamente en el caos, la violencia y la pobreza.</p>     <p><a name="back20"></a><a href="#top20">20</a> Mary Kaldor considera que lejos de incrementar el entusiasmo por los valores democr&aacute;ticos, la guerra sin bajas demuestra que la vida de un estadounidense vale mucho m&aacute;s que cualquier otra, y refuerza la imagen de Estados Unidos como un mat&oacute;n global (2003, p. 86).</p>     <p><a name="back21"></a><a href="#top21">21</a> La presencia de Estados Unidos en esta guerra que se libra en la frontera se refleja sobre todo en la instalaci&oacute;n de la base militar de Manta en Ecuador que est&aacute; ocupada por militares norteamericanos, y en las aeronaves de fumigaci&oacute;n y parte de la seguridad para la ejecuci&oacute;n de las operaciones que son proporcionadas y fiscalizadas por el gobierno estadounidense a trav&eacute;s de su Oficina de Asuntos Narc&oacute;ticos en Bogot&aacute;. Para una informaci&oacute;n m&aacute;s completa sobre el tema,<i> v&eacute;ase </i>Gonz&aacute;lez (2006).</p>     <p><a name="back22"></a><a href="#top22">22</a> Jos&eacute; Aristiz&aacute;bal defiende esta posici&oacute;n cuando afirma que las guerras o intervenciones de Estados Unidos eran m&aacute;s cl&aacute;sicas o convencionales; hoy son m&aacute;s difusas y contra la poblaci&oacute;n. Antes, lo corriente era que los marines desembarcaran o invadieran directamente. En el presente, la tendencia es buscar intervenciones con el t&iacute;tulo de &quot;humanitarias&quot; y en las que participen fuerzas armadas de otros pa&iacute;ses. Tambi&eacute;n crece el uso de mercenarios a trav&eacute;s de compa&ntilde;&iacute;as privadas de seguridad, como en Colombia (2007, p. 154).</p>     <p><a name="back23"></a><a href="#top23">23</a> El primer periodo (1978-1990) se subdivide en tres etapas. Primero fumigaciones experimentales de marihuana durante de Julio C&eacute;sar Turbay (1978-1982); segundo, fumigaciones masivas de marihuana y algunas experimentales de coca durante el mandato de Belisario Betancourt (1982- 1986); tercero, fumigaciones discontinuas de marihuana y coca durante el gobierno de Virgilio Braco (1986-1990). El segundo periodo de la historia de las fumigaciones se subdivide en dos, primero, la adopci&oacute;n de la pol&iacute;tica durante el gobierno de C&eacute;sar Gaviria (1990-1994) y segundo, la intensificaci&oacute;n de las fumigaciones en los gobiernos de Ernesto Samper (1994-1998), Andr&eacute;s Pastrana (1998-2002) y &Aacute;lvaro Uribe V&eacute;lez (2002-2006). Este &uacute;ltimo gobierno reelecto para el periodo (2006-2010) presenta hist&oacute;ricamente los niveles m&aacute;s altos de fumigaci&oacute;n, as&iacute; como las cifras m&aacute;s altas de cultivos il&iacute;citos productivos (Gonz&aacute;lez, 2006, p. 15).</p>     <p><a name="back24"></a><a href="#top24">24</a> El a&ntilde;o 2003 fue muy representativo de esta situaci&oacute;n. Se sabe por ejemplo que en este periodo se produjo la expulsi&oacute;n de por lo menos 27.000 personas de las zonas en donde se realizaron las fumigaciones. Aproximadamente el 80% de los desplazamientos ocurridos en zonas de fumigaci&oacute;n se produjo en los departamentos de Putumayo, Caquet&aacute;, Guaviare, Norte de Santander y Cesar que son regiones donde se han implementado los operativos militares m&aacute;s grandes en el marco de la pol&iacute;tica de seguridad democr&aacute;tica del gobierno de Uribe (&quot;Holocausto&quot; en Catatumbo y &quot;Libertad&quot; en Cundinamarca). En Colombia dos de cada cinco desplazados cuyas declaraciones son rechazadas, y no ingresan al sistema de registro &uacute;nico del gobierno, son rechazadas porque mencionan fumigaciones como causal de desplazamiento. V&eacute;ase el informe de la Consultor&iacute;a para los Derechos Humanos y el desplazamiento &#91;Codhes&#93; (2004, p. 9).</p>     <br> <hr size=”1”>     <br>     <p><font size="3"><b>Referencias bibliogr&aacute;ficas</b></font></p>     <!-- ref --><p>1. Aristiz&aacute;bal, J. (2007). M<i>etamorfosis. Guerra, Estado y globalizaci&oacute;n en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Desde Abajo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0122-4409200900020001000001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Arquilla, J., y Ronfeldt, D. (1996). <i>The Advent of Netwar</i>. Santa M&oacute;nica: Nacional Defense Research Institute.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0122-4409200900020001000002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Bethani L. (2006). Explaining the Severity of civil Wars. <i>Journal of Conflict Resolution</i>, 50, (2), 276-289.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0122-4409200900020001000003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Castells, M. (1998). Conclusi&oacute;n: entender nuestro mundo. En M. Castells, <i>La era de la informaci&oacute;n econom&iacute;a, sociedad y cultura, el fin del milenio</i> (Vol. III, pp. 369-394). Madrid, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0122-4409200900020001000004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Codhes&#93; (2004, p. 9). <i>Fumigaci&oacute;n de cultivos de uso il&iacute;cito y vulneraci&oacute;n de derechos humanos en la frontera colombo -ecuatoriana</i>. Quito, Julio de 2004&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0122-4409200900020001000005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Colombia es un im&aacute;n para tr&aacute;fico de armas. (2007, 20 de abril). En El Pa&iacute;s &#91;En l&iacute;nea&#93;, 2-A. Recuperado el 27 de febrero de 2008 de <a href="http://www.elpais.com.co/paisonline/ notas/Abril082007/armas.html" target="_blank">http://www.elpais.com.co/paisonline/ notas/Abril082007/armas.html</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0122-4409200900020001000006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Di John, J. (2002). Mineral resource abundance and violent political conflict: a critical assessment of the Rentier State Model. London, Crisis State Program, working paper no. 20. Recuperado el 23 de febrero de 2008 de <a href="http://www.crisisstates. com/download/wp/lowres/WP20.pdf" target="_blank">http://www.crisisstates. com/download/wp/lowres/WP20.pdf</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0122-4409200900020001000007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Donan, H., y Wilson, Th. (1999). <i>Borders, Frontiers of Identity, Nation and State</i>. Oxford: Berg.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0122-4409200900020001000008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Duffield M. (1997). <i>Global Gobernance and the New Wars: The mergining of development and securit</i>y. London: Zed, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0122-4409200900020001000009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Gray, Ch. (1997). <i>Postmodern War: The New Politics of Conflict</i>. New York: Guilford Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0122-4409200900020001000010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Faivre, H.,   y D&#39;Arcier, F. (2005). Del plan Colombia al plan patriota: impacto del conflicto armado colombiano en el ecuador,   an&aacute;lisis de una estrategia de seguridad subregional. <i>Revista Complutense de Historia de Am&eacute;rica</i>, (31), 215-230. Recuperado el 12 de febrero de 2008 de <a href="http://www.ucm.es/BUCM/revistas/ghi/11328312/%20articulos/RCHA0505110215A.PDF" target="_blank">http://www.ucm.es/BUCM/revistas/ghi/11328312/     articulos/RCHA0505110215A.PDF</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0122-4409200900020001000011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Fundaci&oacute;n Seguridad y Democracia (s/f). <i>Colombia y Ecuador: dos visiones de seguridad, una frontera</i>. Recuperado el 1&ordm; de febrero de 2008 de <a href="http://www.seguridadydemocracia. org/docs/pdf/seguridadRegional/visionesSeguridadFrontera. pdf" target="_blank">http://www.seguridadydemocracia. org/docs/pdf/seguridadRegional/visionesSeguridadFrontera. pdf</a>. (p. 11).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0122-4409200900020001000012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Gonz&aacute;lez, S. (2006). <i>El programa de erradicaci&oacute;n de cultivos il&iacute;citos mediante aspersi&oacute;n a&eacute;rea de glifosato: hacia la clarificaci&oacute;n de la pol&iacute;tica y su debat</i>e. Bogot&aacute;: Editorial Universidad del Rosario.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0122-4409200900020001000013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Holsti, K. (1996).<i> The State, War and the State of War</i>. Cambridge: University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0122-4409200900020001000014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Kaldor M. (2003). Haz la ley y no la guerra: la aparici&oacute;n de la sociedad civil global. En M. Castells y N. Serra (Eds.), <i>Guerra y Paz en el siglo XXI una perspectiva europea</i> (pp. 67-98). Barcelona: Kriterios Tusquets.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0122-4409200900020001000015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Kaldor M. (2001). <i>Las nuevas guerras, violencia organizada en la era global</i>. Madrid: Tusquets.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0122-4409200900020001000016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Kalyvas, S. (2001). &quot;New&quot; and &quot;old&quot; civil Wars. A valid distinction? <i>World Politics</i>, 54 (1), 99-118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0122-4409200900020001000017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Leboeuf, A. (2005). Los conflictos fluidos, conceptos y escenarios. <i>Politique &Eacute;trang&egrave;r</i>e, septembre. Recuperado el 15 de febrero de 200 de <a href="http://www.diplomatie.gouv. fr/fr/IMG/pdf/0404-LEBOEUF-ES-2.pdf" target="_blank">http://www.diplomatie.gouv. fr/fr/IMG/pdf/0404-LEBOEUF-ES-2.pdf</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0122-4409200900020001000018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Melander, E., Magnus, &Ouml;, y Hall, J. (2006). <i>The &quot;New Wars&quot; Debate Revisited: An Empirical Evaluation of the Atrociousness of &quot;New Wars&quot;</i>. Uppsala: Uppsala Universitet Department of Peace and Conflict.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0122-4409200900020001000019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Pujadas, J., y Mart&iacute;n, E. (1999). Movilizaci&oacute;n &eacute;tnica, ciudadan&iacute;a, transnacionalizaci&oacute;n y redefinici&oacute;n de fronteras: una introducci&oacute;n al tema. En Autoras (Comps.), <i>Globalizaci&oacute;n, fronteras culturales y pol&iacute;ticas y ciudadan&iacute;a</i> (pp. 7-16), Santiago de Compostela, Actas del VIII congreso de antropolog&iacute;a (vol. 1).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0122-4409200900020001000020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Ram&iacute;rez, S. (2006). La ambigua regionalizaci&oacute;n del conflicto colombiano. En F. Guti&eacute;rrez, G. S&aacute;nchez et al., <i>Nuestra guerra sin nombre. Transformaciones del conflicto en Colombia</i> (pp. 121-166). Bogot&aacute;: IEPRI/ Norma.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0122-4409200900020001000021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Reyes, A., Thoumi, F., y Duica L. (2006). <i>El narcotr&aacute;fico en las relaciones fronterizas de Colombia</i>. Bogot&aacute;: Centro de Estudios y Observatorio de Drogas y Delito de la Universidad del Rosario / Direcci&oacute;n Nacional de Estupefacientes del Ministerio del Interior y de Justicia. Recuperado el 3 de enero de 2008 de <a href="http://www. urosario.edu.co/FASE1/economia/CEODD/docs/DNE_informe_definitivo.pdf" target="_blank">http://www. urosario.edu.co/FASE1/economia/CEODD/docs/DNE_informe_definitivo.pdf</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0122-4409200900020001000022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Rosenau J. (1997). Cambio y complejidad: desaf&iacute;o para la comprensi&oacute;n en el campo de las relaciones internacionales. <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i>, (32), 106-199.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0122-4409200900020001000023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Rosenau, J. (1983). Fragmegrative Challenges to National Security. En T. Heynes (Ed.), <i>Understanding U.S. Strategy: A Reader</i>. Washington D.C.: National Defense University.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0122-4409200900020001000024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Rosenau J. (1994). 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