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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Situación, estrategias de formación y apuntes sobre la vida íntima de los militares colombianos hacia 1930]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present article proposes an exploration on four aspects of the Colombian Army previous to 1930: its real state, the influence of political and priests, some strategies for lining up and the intimate life of the military. Their deductions are proposed with base in an important and meticulous revision of files.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size=2>     <p align="right"> <b>ART&Iacute;CULOS</b></p>     <p>    <center>      <b><font size="4">Situaci&oacute;n, estrategias de formaci&oacute;n y apuntes sobre    <br> la vida &iacute;ntima de los militares colombianos hacia 1930</font></b><a name="top1"></a><a href="#back1"><sup>1</sup></a></center></p>    <br>     <center><font size="3"><i>Circumstances, lining up strategies and some issues about     <br>colombian soldiers&acute; intimate life around 1930</i></font> </center></p>    <br>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<center><b>Adolfo Le&oacute;n Atehort&uacute;a Cruz</b><sup><a href="#*">*</a></sup></center></p>     <br>     <p><sup><a name="*">*</a></sup>Profesor titular del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Pedag&oacute;gica Nacional. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:adolfoatehortua@cable.net.co">adolfoatehortua@cable.net.co</a>.</p>     <br>     <p>Art&iacute;culo recibido el 14 de febrero de 2009 y aprobado el 28 de abril de 2009.</p> <hr size=”1”>     <p><b>Resumen </b>    <br> El presente art&iacute;culo propone una exploraci&oacute;n sobre cuatro aspectos para el Ej&eacute;rcito colombiano anterior a 1930: su estado real, la influencia de pol&iacute;ticos y curas, algunas estrategias de formaci&oacute;n y la vida &iacute;ntima de los militares. Sus deducciones son propuestas con base en una importante revisi&oacute;n de archivos. </p>     <p><b>Palabras clave</b>    <br>   Ej&eacute;rcito de Colombia, hegemon&iacute;a conservadora, militares.</p>       <br> <hr size=”1”>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>Abstract</b>    <br> The present article proposes an exploration on four aspects of the Colombian Army previous to 1930: its real state, the influence of political and priests, some strategies for lining up and the intimate life of the military. Their deductions are proposed with base in an important and meticulous revision of files. </p>     <p><b>Keywords</b>    <br>  Colombian Army, hegemony, conservatism, military.</p>      <br> <hr size=”1”>     <br>     <p><b><font size="3">Presentaci&oacute;n </font></b></p>     <p>En 1930, el Ej&eacute;rcito de Colombia contaba con cinco brigadas, cuyos comandos se ubicaban en Bogot&aacute;, Barranquilla, Cali, Medell&iacute;n y Bucaramanga. Cada una de ellas contaba con tres batallones de infanter&iacute;a, algunas con un Grupo de Caballer&iacute;a o de Artiller&iacute;a y unidades de ferrocarrileros o zapadores. </p>     <p>Sin embargo, tal existencia y distribuci&oacute;n era en realidad te&oacute;rica. Las Brigadas carec&iacute;an del n&uacute;mero de efectivos necesarios para merecer tal t&iacute;tulo. Su dotaci&oacute;n y armamento se basaba en fusiles, la mayor&iacute;a en regular estado de funcionamiento, y no contaban con armas propias para una guerra regular y externa. Las unidades de ferrocarrileros e ingenieros exist&iacute;an de nombre, sin elementos t&eacute;cnicos adecuados ni instrucci&oacute;n suficiente. La localizaci&oacute;n de las unidades obedec&iacute;a m&aacute;s a la situaci&oacute;n de orden p&uacute;blico que a la disposici&oacute;n de defensa nacional frente a un enemigo de frontera, lo cual explicaba la existencia de fuertes batallones en Bogot&aacute;, Barranquilla, Cali, Medell&iacute;n, Bucaramanga y el L&iacute;bano, donde se suscitaban repetidas protestas populares o conatos de insurrecci&oacute;n, a cambio de escasa o ninguna presencia en la frontera sur del pa&iacute;s, en los llanos orientales o en cada una de sus costas. Se trataba, sin duda, de un ej&eacute;rcito dedicado a la represi&oacute;n de las movilizaciones populares que se apartaban del cauce impuesto por la hegemon&iacute;a. </p>     <p>El presente art&iacute;culo propone una exploraci&oacute;n sobre cuatro aspectos para el Ej&eacute;rcito anterior a 1930: su estado real, la influencia de pol&iacute;ticos y curas, las estrategias de formaci&oacute;n y la vida &iacute;ntima de los militares. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <p><b><font size="3">El deplorable estado del Ej&eacute;rcito </font></b></p>     <p>En los a&ntilde;os veinte, la econom&iacute;a del pa&iacute;s no fue boyante. Las dificultades originadas a ra&iacute;z de la primera guerra repercutieron sobre los cr&eacute;ditos, las importaciones y el valor de la moneda. Al reducirse el impuesto de aduana, el gasto p&uacute;blico se contrajo en perjuicio del empleo y de la inversi&oacute;n; el presupuesto nacional se afect&oacute; y el rubro destinado al Ministerio de Guerra sufri&oacute; serias restricciones. En 1920, por ejemplo, los regimientos militares de Cali, Neiva y Manizales suspendieron la celebraci&oacute;n del 20 de julio debido al &quot;estado lamentable y vergonzoso del uniforme de los soldados&quot; (El Tiempo, 23 de julio de 1920). El Ministerio decidi&oacute; suspender el nuevo reclutamiento y continuar con los soldados en servicio para ahorrarse la compra de nuevos equipos y uniformes (Informe del Ministro de Guerra al Congreso de la Rep&uacute;blica, 1925). La artiller&iacute;a, la marina y la ingenier&iacute;a de guerra carec&iacute;an en absoluto de elementos para su labor. La Escuela Superior de Guerra, cerrada en 1918 por falta de presupuesto, no pudo abrirse de nuevo en 1922, como lo intent&oacute; el presidente, ante la inestabilidad de la econom&iacute;a. Los profesores de la Escuela Militar prestaron su servicio sin sueldo hasta que, en 1922, el primer a&ntilde;o del curso general, se declar&oacute; en receso y disminuy&oacute; el n&uacute;mero de cadetes becados (El Tiempo, 20 de julio de 1922). Ni siquiera las vacantes en el Estado Mayor pod&iacute;an llenarse conforme lo ped&iacute;an los viejos generales. Episodio &uacute;nico en la historia de Colombia fue la sublevaci&oacute;n de la guarnici&oacute;n de Tunja, ocurrida en enero de 1922: en protesta por la falta de pagos, los soldados del regimiento Bol&iacute;var abandonaron el cuartel, hicieron disparos al aire y se enfrentaron con la polic&iacute;a (El Tiempo, 20 de enero de 1922). Para completar tan desolado panorama, fue descubierto e investigado por el Congreso de la Rep&uacute;blica un turbio manejo sobre los fondos destinados por el erario p&uacute;blico para el ej&eacute;rcito y la elaboraci&oacute;n de municiones<a name="top2"></a><a href="#back2"><sup>2</sup></a>. </p>     <p>Durante el transcurso de la hegemon&iacute;a conservadora, la situaci&oacute;n del ej&eacute;rcito fue lamentable en muchos aspectos. Diversos documentos de archivo dan cuenta del pat&eacute;tico estado en que se hallaba la tropa y del escaso inter&eacute;s que frente a ello demostraban los oficiales y el propio Ministerio. La falta de uniforme y de calzado, el aspecto l&uacute;gubre y antihigi&eacute;nico de cuarteles y dormitorios, convertidos en aut&eacute;nticas pocilgas, la alimentaci&oacute;n deficiente y un estado general que rayaba en la miseria eran la caracter&iacute;stica com&uacute;n de muchos batallones.</p>     <p>La desnudez del soldado es se&ntilde;alada por doquier. En algunas ocasiones debe acudir al papel peri&oacute;dico para protegerse del fr&iacute;o o abstenerse de salir a la calle por el ra&iacute;do extremo de su uniforme. La dotaci&oacute;n de alpargatas conferida al soldado de la &eacute;poca fue suspendida durante varios a&ntilde;os. No hay camas, no hay cobijas ni almohadas, no hay toallas ni elementos de aseo. </p> <ul>Las condiciones del alojamiento son tan re&ntilde;idas con elementales principios de la higiene, que todas las dependencias de la tropa dan la impresi&oacute;n de la miseria y del abandono por la carencia de muebles indispensables y por el deterioro de los que existen.    <br> La tropa viste harapos de telas delgadas en climas rigurosamente fr&iacute;os y presta servicio nocturno sin abrigo. [...] Marchan a la instrucci&oacute;n con el vestuario destrozado y ha sido preciso muchas veces, despu&eacute;s de un aguacero, ordenar que las compa&ntilde;&iacute;as pasen al reposo en los dormitorios mientras las ropas se secan, porque el soldado no tiene manera de mudarse.    <br> El soldado ejecuta la marcha de ejercicios sobre la planta desnuda de sus pies. La suela desapareci&oacute; hace mucho y del zapato s&oacute;lo conserva aquello que cubre la parte superior<a name="top3"></a><a href="#back3"><sup>3</sup></a>.    </ul>     <p> La desidia agrav&oacute; en diversas circunstancias la dif&iacute;cil condici&oacute;n de los soldados. Para entonces, los comandantes de cada batall&oacute;n pose&iacute;an autonom&iacute;a para manejar el presupuesto de su guarnici&oacute;n y disponer las inversiones conforme a su criterio. La destinaci&oacute;n de los dineros tomaba entonces las v&iacute;as de la corrupci&oacute;n y la indolencia: </p> <ul>   El batall&oacute;n carece en su mayor parte de colchones y almohadas, hay falta de camas y la tropa duerme en el suelo. Las pocas mesas de comedor est&aacute;n en mal&iacute;simo estado, lo mismo que la cocina de tropa y los calderos. En cambio, se compraron para el casino de oficiales una magn&iacute;fica vitrola, una vajilla lujosa y completa, retratos de los generales Soublette, Reyes y Gonz&aacute;lez Valencia y algunas cosas m&aacute;s que costaron, seg&uacute;n me informaron, bastante dinero<a name="top4"></a><a href="#back4"><sup>4</sup></a>.     </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las condiciones higi&eacute;nicas de los cuarteles deterioraban de manera tr&aacute;gica la salud de los soldados. Abundaban las enfermedades en los sistemas respiratorio y digestivo trasmitidas por contagio, las infecciones generales y las enfermedades de la piel. La alimentaci&oacute;n tampoco ayudaba a la salud y menos a&uacute;n la carencia de agua potable en la mayor&iacute;a de las instalaciones militares:</p> <ul>   La tropa est&aacute; casi desnuda. No hay vestuario. La confecci&oacute;n de los alimentos es mala, pues los calderos est&aacute;n hechos de remiendos y la estufa casi ca&iacute;da, de modo que siempre resulta la comida llena de holl&iacute;n y con sabor de humo. [...] No hay agua potable, s&oacute;lo un burro viejo que carga dos barriles de veinte botellas cada uno para proveer a trescientos hombres tray&eacute;ndola de la fuente que dista cuatro kil&oacute;metros del cuartel. La enfermer&iacute;a est&aacute; en malas condiciones, sin camas ni colchones ni elementos de los m&aacute;s necesarios. Hay epidemia de disenter&iacute;a producida por la mala calidad del agua. Predominan las enfermedades ven&eacute;reas y afecciones renales<a name="top5"></a><a href="#back5"><sup>5</sup></a>.    <br> Los soldados dorm&iacute;an a la intemperie, en el suelo desnudo. [...] El brusco cambio de temperatura, producido por las lluvias frecuentes que ca&iacute;an sobre el piso de cemento en el patio del cuartel, era causa de la neumon&iacute;a infecciosa que en poco d&iacute;as mat&oacute; a dieciocho soldados (Garc&iacute;a, 1916)<a name="top6"></a><a href="#back6"><sup>6</sup></a>.    <br> Cien o m&aacute;s hombres se amontonan unos sobre otros, en recintos que no tienen ventilaci&oacute;n y en guarniciones de clima ardiente. El oficial de servicio no puede visitar estos dormitorios durante la noche porque al entrar la atm&oacute;sfera que all&iacute; se respira es nauseabunda<a name="top7"></a><a href="#back7"><sup>7</sup></a>.     </ul>     <p>La corrupci&oacute;n agrav&oacute; una situaci&oacute;n en extremo complicada. Ten&iacute;a lugar en los peque&ntilde;os y bajos planos de la administraci&oacute;n, pero tambi&eacute;n en los m&aacute;s altos. Los libros de contabilidad no exist&iacute;an o estaban &quot;llenos de falsedades y errores&quot;. Los elementos de cuarteles, ranchos y casinos desaparec&iacute;an sin que fuera posible detectar al responsable<a name="top8"></a><a href="#back8"><sup>8</sup></a>. Las cr&iacute;as del ganado militar se convert&iacute;an en propiedad de los oficiales de remonta<a name="top9"></a><a href="#back9"><sup>9</sup></a>. El lucro particular usufructuaba la econom&iacute;a de los batallones y atentaba contra las raciones del soldado. Seg&uacute;n el Coronel Alejandro Uribe:</p> <ul>Algunos oficiales no quieren comprender que su misma categor&iacute;a los obliga a ser buenos y juzgan que, por el contrario, el grado los autoriza para dar malos ejemplos, para ser antihumanitarios, para descuidar al conscripto y a&uacute;n para arrebatarle el pan. Es &eacute;sta una de las causas del terror al servicio militar y del odio al ej&eacute;rcito<a name="top10"></a><a href="#back10"><sup>10</sup></a>.    </ul>     <p>El oficial subalterno, el suboficial y el soldado, eran forzados a firmar recibos de pago cuya especificaci&oacute;n era falsa. Seg&uacute;n Paul Gautier, las disposiciones gubernamentales para el manejo del dinero en las guarniciones militares se prestaban para que muchos oficiales cometieran &quot;actos de indelicadeza, reprobados te&oacute;ricamente pero no castigados pr&aacute;cticamente&quot;<a name="top11"></a><a href="#back11"><sup>11</sup></a>.</p>     <p>La contabilidad del Ministerio fue recusada por los medios de prensa y el Congreso en diversas ocasiones. La compra de armamento, vituallas y uniformes, la adquisici&oacute;n de elementos para la aviaci&oacute;n, la marina o la caballer&iacute;a del ej&eacute;rcito, as&iacute; como diversos contratos celebrados desde la cartera de guerra, fueron cuestionados por la falta de honorabilidad o por la ignorancia militar con que se realizaron. Una de las inversiones m&aacute;s criticadas, por ejemplo, fue la compra de maquinarias para la producci&oacute;n nacional de municiones. En raz&oacute;n del alto presupuesto destinado a ellas y al enorme valor de los insumos, los costos de fabricaci&oacute;n resultaron tres veces m&aacute;s onerosos que la importaci&oacute;n, con una calidad mucho m&aacute;s baja<a name="top12"></a><a href="#back12"><sup>12</sup></a>. Al final, en 1932, s&oacute;lo &quot;exist&iacute;a un verdadero hacinamiento de vainillas, desperdicios, fierro viejo y cosas por el estilo que daban al visitante una impresi&oacute;n penosa de desorden&quot; (Uribe, 1935, p. 21). Sin embargo, los se&ntilde;alamientos de la prensa, as&iacute; como las investigaciones del Congreso, s&oacute;lo obten&iacute;an en el mejor de los casos la renuncia o el cambio del ministro.</p>     <p>El atributo de los medios militares descend&iacute;a con el tiempo. Las armas envejec&iacute;an y no hab&iacute;a nuevas adquisiciones. Seg&uacute;n los informes confidenciales recibidos por el presidente Olaya al momento de su posesi&oacute;n, el &uacute;nico armamento efectivo del Ej&eacute;rcito consist&iacute;a en una dotaci&oacute;n de fusiles Mauser, modelo 1912, y en un centenar de ametralladoras Lewis. Los primeros se hallaban al borde extremo de su conservaci&oacute;n, &quot;a punto de partirse en pedazos por su uso diario intenso&quot;; las &uacute;ltimas s&oacute;lo serv&iacute;an &quot;para estudiar en ellas los inconvenientes t&eacute;cnicos que hacen nula una ametralladora&quot;<a name="top13"></a><a href="#back13"><sup>13</sup></a>.</p>     <p>La artiller&iacute;a contaba en total con dos bater&iacute;as de monta&ntilde;a que hab&iacute;an sido donadas por particulares luego de los sucesos de La Pedrera, en 1912. Aunque sus condiciones t&eacute;cnicas no se discut&iacute;an, la irrisoria cantidad de piezas que la compon&iacute;an dejaba en claro la &quot;penuria del Ej&eacute;rcito&quot;. &iquest;C&oacute;mo asistir a un combate con s&oacute;lo ocho ca&ntilde;ones?, se preguntaban algunos oficiales. En respuesta, opinaban que s&oacute;lo serv&iacute;an para el uso que ten&iacute;an: &quot;rodar en todas las procesiones y en todos los entierros&quot;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una comparaci&oacute;n contundente, que devela al mismo tiempo el grado de corrupci&oacute;n en el Ej&eacute;rcito, es presentada en un documento anal&iacute;tico entregado por el Mayor Silva Plazas a su regreso de Chile:</p> <ul>En el Ecuador, el presupuesto total de la naci&oacute;n es de doscientos millones de sucres, es decir, que reducido a moneda colombiana es apenas el presupuesto de guerra nuestro en 1927. Sin embargo, all&iacute; tienen todas las categor&iacute;as de establecimientos de instrucci&oacute;n militar, mantienen una numerosa misi&oacute;n italiana, tienen buen n&uacute;mero de oficiales en el extranjero y han logrado dotar a todas sus unidades de armas autom&aacute;ticas, material moderno de comunicaciones y de todos los elementos que exige la t&aacute;ctica moderna. En cambio nosotros, que hemos tenido hasta catorce millones de presupuesto, no tenemos sino media docena de ametralladoras viej&iacute;simas, cuatro ca&ntilde;oncitos -y eso porque nos los regalaron-<a name="top14"></a><a href="#back14"><sup>14</sup></a>.    </ul>     <p>La preparaci&oacute;n militar no era tampoco la m&aacute;s apropiada en las filas del Ej&eacute;rcito. Atentaban contra ella la falta de presupuesto y de elementos adecuados. No hab&iacute;a munici&oacute;n suficiente para las pr&aacute;cticas de tiro, tampoco fusiles id&oacute;neos ni pol&iacute;gonos. Las unidades desconoc&iacute;an por completo la munici&oacute;n de fogueo y los fusiles se reportaban &quot;con el &aacute;nima y las partes met&aacute;licas picadas por el &oacute;xido&quot;. En muchos casos, las instrucciones de infanter&iacute;a no se realizaban por ausencia de reglamentos impresos. No pocas guarniciones y cuarteles adaptados en viejos edificios carec&iacute;an de campos de ejercicio y deporte. La situaci&oacute;n era de tal gravedad que, en algunas ocasiones, los reclutas se licenciaban del servicio militar sin presentar revista o con una instrucci&oacute;n simplemente te&oacute;rica sobre el armamento y su uso<a name="top15"></a><a href="#back15"><sup>15</sup></a>. Muchos contingentes terminaban el servicio militar sin haber disparado nunca su fusil<a name="top16"></a><a href="#back16"><sup>16</sup></a>.</p>     <p>Finalmente, una mirada al manejo presupuestal de la &eacute;poca, as&iacute; como a la situaci&oacute;n real de las inversiones en el Ministerio de Guerra, permite concluir la d&eacute;bil importancia que el Ej&eacute;rcito, desde el punto de vista profesional, alcanzaba para los gobiernos conservadores. En primer lugar, el peso presupuestal del Ministerio no recae sobre las tropas, sobre los cuarteles ni sobre los armamentos. La burocracia administrativa ministerial contaba con salarios nada despreciables. Dos ejemplos, en los casos que fue posible establecer, parecen significativos. El Capell&aacute;n, en cualquiera de las unidades del Ej&eacute;rcito, ten&iacute;a un salario cercano, igual o a veces superior al devengado por el Director de las Normales Nacionales. Un aspecto ligeramente indicativo de la importancia superior que para el r&eacute;gimen ostentaba lo religioso sobre la educaci&oacute;n y lo laico. Sin embargo, mucho m&aacute;s asombroso es que el salario del portero del Ministerio de Guerra se equipar&oacute; siempre al de los profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Colombia y super&oacute; la asignaci&oacute;n recibida por el profesor-celador de las Normales y el Maestro de Instrucci&oacute;n Primaria. En todos los casos, se trata de un sargento o de un civil, apenas alfabeto, con mejores ingresos que un abogado docente, un normalista docente e interno y un maestro de escuela con conocimientos y responsabilidad superiores.</p>     <p>En segundo lugar, la observaci&oacute;n de los salarios de los oficiales del Ej&eacute;rcito, su evoluci&oacute;n y cambios, se&ntilde;ala con nitidez el tacto gubernamental sobre el salario de los altos mandos. A pesar de las reducciones sobre el presupuesto del Ministerio de Guerra y sobre el presupuesto general de tropas, los salarios de los oficiales, aunque pierden en t&eacute;rminos absolutos con respecto a 1900, se recuperan positivamente por encima de las deflaciones que padece el gasto central en guerra y tropas. Aunque la tendencia general de la Hegemon&iacute;a Conservadora entre 1914 y 1925 apunt&oacute; a la reducci&oacute;n real sobre los presupuestos de guerra y tropa, el salario de los oficiales no fue considerablemente afectado y, por el contrario, su cantidad registr&oacute; un aumento importante. Si al lado de ello estimamos la escasa o rid&iacute;cula inversi&oacute;n en cuarteles y armamento, es innegable que el Ej&eacute;rcito pudo concebirse m&aacute;s como una fuente de empleos y salarios, sobre todo para altos oficiales, que como aparato de fuerza t&eacute;cnico y profesionalizante<a name="top17"></a><a href="#back17"><sup>17</sup></a>.</p>     <br>     <p><b><font size="3">Pol&iacute;ticos y Curas: Una Influencia Determinante</font></b></p>     <p>Tras el triunfo electoral de Olaya Herrera, en 1930, un n&uacute;cleo importante de oficiales del Ej&eacute;rcito consider&oacute; propicio el momento para las transformaciones. Aunque algunos podr&iacute;an acreditar cierta ascendencia liberal en sus familias, no se trataba de oficiales comprometidos con las justas partidistas. Se trataba, sobre todo, de antiguos alumnos de las Misiones Chilenas que estimaban oportuno el ascenso de un presidente liberal, otrora republicano, para depurar al ej&eacute;rcito de los viejos vicios de la hegemon&iacute;a conservadora e impulsar la profesionalizaci&oacute;n que sus maestros anhelaron.</p>     <p>Este grupo de oficiales era liderado por el Coronel Alejandro Uribe, director de la Escuela Superior de Guerra, y contaba con la aquiescencia de Paul Gautier, profesor de la misma y antiguo miembro de la Misi&oacute;n Suiza, quien se hallaba residenciado en Colombia. De &eacute;l formaban parte el Coronel Jorge Mercado, el Teniente Coronel Luis Mar&iacute;a Casta&ntilde;eda y los Capitanes Luis Muelle Reyes y Carlos Matamoros, entre otros. Cada uno de ellos hizo llegar o aval&oacute; escritos confidenciales dirigidos al presidente electo, mediante los cuales se analizaba la situaci&oacute;n del Ej&eacute;rcito y se solicitaban medidas conducentes a la generaci&oacute;n de cambios fundamentales en la organizaci&oacute;n y destino de las fuerzas. Incluso oficiales de marcada simpat&iacute;a conservadora, como Amadeo Rodr&iacute;guez, o comprometidos con el r&eacute;gimen de la hegemon&iacute;a, como Adelmo Ruiz, manifestaron cierto respaldo a sus solicitudes<a name="top18"></a><a href="#back18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p>Una de las preocupaciones destacadas por los altos oficiales se&ntilde;alaba la intromisi&oacute;n y el poder de la pol&iacute;tica en el seno del Ej&eacute;rcito. Informaban que, si bien la inversi&oacute;n presupuestal presentaba un crecimiento sostenido a partir de 1926, el reclutamiento de soldados s&oacute;lo se efectuaba en zonas con raigambre electoral conservadora. En criterio del Coronel Uribe, los prop&oacute;sitos del ministro Ignacio Rengifo, adem&aacute;s de convertir al Ej&eacute;rcito en pilar represivo pero tambi&eacute;n electoral del r&eacute;gimen, apuntaban a crear un cuerpo militar &quot;propicio a su temperamento&quot;:</p> <ul>La intriga crece, los ascensos se hacen dadivosos, los piquetes, banquetes y mujeres menudean, el contrato apremia y el ministro, abaluartado en el peligro comunista, hace crecer el presupuesto mientras el ej&eacute;rcito carece de direcci&oacute;n y de material, abandona por completo el trabajo, y hasta el servicio de reclutamiento se convierte en propaganda electoral (Uribe, 1935).    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>El n&uacute;mero de oficiales superiores aumenta sin l&iacute;mite porque no hay selecci&oacute;n: &quot;se premia su entrega a los pol&iacute;ticos&quot;. Nuevos oficiales subalternos ingresan a filas sin pasar por la Escuela. Los grados de subteniente, teniente y capit&aacute;n se convierten en empleos que se ofertan en los directorios pol&iacute;ticos conservadores. No importa la incapacidad f&iacute;sica ni la falta de preparaci&oacute;n. Para &quot;conseguir puestos ventajosos o un ascenso inmerecido&quot;, importa la adulaci&oacute;n, la intriga y el chisme<a name="top19"></a><a href="#back19"><sup>19</sup></a>:</p> <ul>   Los ascensos resultan de la adulaci&oacute;n o de la protecci&oacute;n y casi nunca como consecuencia de un esfuerzo para mejorar la preparaci&oacute;n. No se hacen sino sobre la base del tiempo de servicio cumplido y los pocos oficiales estudiosos son v&iacute;ctimas del odio que profesan ciertos jefes para con aquellos que saben o quieren aprender algo. Este odio defiende la incapacidad notoria de los que ocupan los puestos importantes del ej&eacute;rcito y rigen sus destinos<a name="top20"></a><a href="#back20"><sup>20</sup></a>.     <br>   Del Ministerio salen decretos. Con sorpresa se observa que ciertos oficiales, generalmente conocidos como elementos mal&eacute;volos, torpes, chismosos y serviles, resultan ascendidos o mejorados de guarnici&oacute;n e impuestos a los comandos y cuerpos de oficiales que intenten rechazarlos. Existen nombres que llevan en s&iacute; mismos, la marca inconfundible de una protecci&oacute;n especial<a name="top21"></a><a href="#back21"><sup>21</sup></a>.    <br>     </ul>     <p>Algo similar sucede con los suboficiales. Su presencia en el ej&eacute;rcito, sus ascensos y traslados registran el peso de la pol&iacute;tica. Algunos s&oacute;lo existen nominalmente, es decir, nombrados para devengar el sueldo correspondiente, pero sin la obligaci&oacute;n de aparecer siquiera por el cuartel<a name="top22"></a><a href="#back22"><sup>22</sup></a>.</p>     <p>El apoyo de personas pol&iacute;ticas o influyentes constituye garant&iacute;a de &eacute;xito<a name="top23"></a><a href="#back23"><sup>23</sup></a>. Se acude a &eacute;l para ingresar a la Escuela Militar, para garantizar privilegios sobre el alf&eacute;rez, para obtener la asignaci&oacute;n del subteniente al arma que desea, para lograr la ubicaci&oacute;n del oficial en una unidad militar pr&oacute;xima a sus intereses y para alcanzar los ascensos y destinaciones subsiguientes. La vida militar se impregna de pol&iacute;tica:</p> <ul>El oficial que carece de influencia es destinado a las guarniciones m&aacute;s alejadas sin que nadie se preocupe de estimular y aprovechar las dotes particulares que muchas veces &eacute;l posee<a name="top24"></a><a href="#back24"><sup>24</sup></a>.    </ul>     <p>Pero no s&oacute;lo ello. Seg&uacute;n el Capit&aacute;n Muelle, &quot;el gobierno desconf&iacute;a de todo elemento que no inspire sus procedimientos en determinadas tendencias partidistas&quot;:</p> <ul>Las consecuencias se traducen en traslados a las peores guarniciones, en la denegaci&oacute;n de justicia a&uacute;n en asuntos de elemental humanidad (enfermedades o calamidades dom&eacute;sticas), en la demora indefinida de sus ascensos, en la ausencia absoluta de su nombre para todo aquello que signifique una distinci&oacute;n o mejoramiento, aunque sus m&eacute;ritos lo coloquen por encima de sus compa&ntilde;eros<a name="top25"></a><a href="#back25"><sup>25</sup></a>.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Las quejas y denuncias que en su momento elevaron los oficiales ante el presidente Olaya pueden corroborarse con una desprevenida revisi&oacute;n de archivo. Por ejemplo, no son excepcionales las ocasiones en que un oficial se dirige a otro utilizando el patron&iacute;mico de &quot;copartidario&quot;. Se estila dicho apelativo para solicitar consideraciones especiales con otros subalternos, para invocar la omisi&oacute;n de sanciones o clamar favores por fuera del servicio. Tampoco son excepcionales las recomendaciones de pol&iacute;ticos reconocidos para impedir el traslado de un oficial a una guarnici&oacute;n lejana o indeseada. La &quot;lealtad al conservatismo&quot; se recuerda cuando se intenta obtener del Ministerio una prerrogativa o cuando se persigue un ascenso. Haber sido efectivo del ej&eacute;rcito gubernamental durante la Guerra de los Mil D&iacute;as se considera m&eacute;rito suficiente para justificar cualquier derecho y demandar privilegios <a name="top26"></a><a href="#back26"><sup>26</sup></a>.</p>     <p>Un caso bastante ilustrativo sucede con el Teniente Marco Duarte, retirado del servicio en 1929 por su &quot;inclinaci&oacute;n a la bebida, pernoctar fuera del cuartel y mantener relaciones il&iacute;citas con mujeres p&uacute;blicas&quot;. El Teniente presenta ante el Ministerio la recomendaci&oacute;n de un congresista, quien certifica que el oficial &quot;es adicto a la causa e hijo de muy buenos servidores de ella&quot;. Tambi&eacute;n exhibe la constancia de uno de sus comandantes superiores, quien lo califica como &quot;conservador de sepa, tuerca y tornillo&quot;. El Jefe de la Secci&oacute;n de Personal del Ministerio de Guerra ordena agregar copia de estas notas a la hoja de vida del oficial, argumentando que &quot;son honrosas para el se&ntilde;or Teniente Duarte&quot; y poco despu&eacute;s se dispone su reintegro a filas. El expediente es nuevamente sometido a estudio bajo la presidencia de Olaya y se subrayan con enorme realce las certificaciones anexas. El nuevo ministro ordena, entonces, su retiro definitivo del Ej&eacute;rcito<a name="top27"></a><a href="#back27"><sup>27</sup></a>.</p>     <p>Las recomendaciones de los curas no son tampoco desde&ntilde;ables. La pr&aacute;ctica religiosa y la asidua asistencia a misa se acreditan para generar confianza entre los superiores. Sirven, sobre todo, cuando el oficial es acusado de llevar una vida imp&iacute;a o de acudir con frecuencia a las &quot;mujeres p&uacute;blicas&quot;. Surten similares efectos que aquellas de los pol&iacute;ticos. Se utilizan para el ingreso a la Escuela Militar y para evadir traslados enojosos. Se esgrimen para obtener privilegios o reintegros. Un oficio remitido por un desconocido p&aacute;rroco al Ministro Ignacio Rengifo, as&iacute; como el resultado que produjo, proporciona una clara muestra sobre el poder influyente de los curas y sobre el destino pol&iacute;tico que se confiere Ej&eacute;rcito:</p> <ul>Aun cuando no tengo el honor de conocerlo personalmente, convencido de que mi carta tendr&aacute; buena acogida, desde luego que nos acerca la misma fe, los mismos principios y que defendemos las mismas instituciones, cada uno en la esfera que la Divina Providencia nos ha designado, no he vacilado en dirigirme a Usted en demanda de un servicio por el cual anticipo mis agradecimientos y le prometo de antemano mi eterna gratitud.    <br> Es el caso que en esta parroquia vive el Capit&aacute;n Fernando Ponce, persona a quien conozco a fondo y que puedo por tanto garantizarlo como un cristiano celoso por el cumplimiento de sus deberes morales y civiles. Seg&uacute;n me ha dicho el Capit&aacute;n Ponce, se retir&oacute; del ej&eacute;rcito voluntariamente y ha sido siempre su deseo volver al servicio. Me permito encarecerle el nombramiento de este oficial, quien ya ha hecho la respectiva solicitud en la forma reglamentaria.    <br> Lo recomiendo especialmente porque conozco de manera &iacute;ntima su modo de pensar acerca de las perniciosas ideas que con tanto perjuicio de la Iglesia y de la patria nos llenan de pavor. Hoy m&aacute;s que nunca vemos en el Ej&eacute;rcito la salvaguarda de la religi&oacute;n, de la patria y de la sociedad. Mas, para que nuestro ej&eacute;rcito cumpla con esta augusta misi&oacute;n, es indispensable que su cuerpo de oficiales sea de toda confianza y de principios muy arraigados. Notamos esta selecci&oacute;n en sus nombramientos, cosa que nos llena de confianza en Usted, de ah&iacute; el porqu&eacute; de mi atrevida recomendaci&oacute;n que Usted sabr&aacute; disculpar<a name="top28"></a><a href="#back28"><sup>28</sup></a>.     </ul>     <p>La carta produjo un resultado indiscutible: el Capit&aacute;n Ponce fue readmitido en el Ej&eacute;rcito y se le ascendi&oacute; a Mayor.</p>     <p>Desde luego, la influencia de la Iglesia en la vida nacional era insoslayable. Para algunos autores, por ejemplo, la intervenci&oacute;n del Arzobispo Primado de Colombia, Bernardo Herrera Restrepo, fue definitiva para la creaci&oacute;n de la Escuela Militar y la contrataci&oacute;n de la Primera Misi&oacute;n Chilena en 1907 (Rodr&iacute;guez, 1993, p. 311). Pero lo era tambi&eacute;n para la escogencia presidencial, como oper&oacute; hasta 1930. En esa fecha, la dirigencia conservadora no ten&iacute;a un solo candidato: ten&iacute;a siete. El autoritario arzobispo Herrera hab&iacute;a muerto y el nuevo arzobispo primado, Ismael Perdomo, quiso congraciarse con la elite pol&iacute;tica: reconoci&oacute; a todos los candidatos como viables y cat&oacute;licos y dej&oacute; la escogencia en manos de la mayor&iacute;a conservadora del Congreso.</p>     <p>Fue un paso en falso. Cada uno de los candidatos sinti&oacute; que, por primera vez despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, la elecci&oacute;n depend&iacute;a de sus copartidarios y no de una bendici&oacute;n. Poco despu&eacute;s, el arzobispo dej&oacute; sentir sus vetos. El primer perjudicado fue el ex presidente Jos&eacute; Vicente Concha, cuya candidatura no era grata a Estados Unidos por su posici&oacute;n frente al tratado sobre Panam&aacute;. Luego, a solicitud del Congreso, el arzobispo Perdomo renov&oacute; sus votos por Alfredo V&aacute;squez Cobo, pero la decisi&oacute;n de un nutrido grupo de conservadores fue proclamar al poeta Guillermo Valencia por encima de las sotanas<a name="top29"></a><a href="#back29"><sup>29</sup></a>. El presidente Abad&iacute;a hizo tambi&eacute;n su &quot;gui&ntilde;o&quot; por Valencia. No olvidaba que V&aacute;squez Cobo, ministro de guerra de Rafael Reyes, hab&iacute;a ordenado su destierro al penal de Acac&iacute;as, en el Meta.</p>     <p>El partido se dividi&oacute; y tambi&eacute;n lo hizo la Iglesia. El arzobispo de Medell&iacute;n pidi&oacute; apoyar a Valencia y los curas de pueblo se sintieron autorizados para tener su propio candidato. No obstante, las intrigas del presidente Abad&iacute;a en Roma hicieron variar la posici&oacute;n del arzobispo Perdomo. Poco despu&eacute;s apoyaba a Valencia y ped&iacute;a la unidad del clero y de la Iglesia. Es m&aacute;s, declar&oacute; obligatorio para todos los cat&oacute;licos votar por Valencia. Los sublevados, entonces, fueron los vasquiztas. Con el apoyo de ocho obispos, ofrecieron cortarse las manos o votar por Olaya antes que votar por Valencia. Ismael Perdomo cambi&oacute; una vez m&aacute;s de posici&oacute;n y pidi&oacute; a Valencia declinar a favor de V&aacute;squez Cobo. Al final, no hubo candidato leg&iacute;timo del partido conservador y no se pudo derrotar a Olaya. V&aacute;squez, un general retirado con enorme influencia en el Ej&eacute;rcito, reconoci&oacute; de inmediato el triunfo liberal. Como corolario, el poder de la Iglesia, antes omnipotente, empez&oacute; a defeccionar sobre el Estado.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <p><b><font size="3">Estrategias para modelar conductas </font></b></p>     <p>La Segunda Misi&oacute;n Chilena implant&oacute; en el Ej&eacute;rcito colombiano un sistema de evaluaci&oacute;n semestral sobre los oficiales, que pretend&iacute;a seguir aspectos como cualidades profesionales, vocaci&oacute;n o esp&iacute;ritu militar, aptitudes para el mando, capacidad resolutiva, iniciativa, inteligencia, ilustraci&oacute;n, cooperaci&oacute;n, perseverancia, resistencia, conducta, disciplina y cumplimiento del deber. Cada seis meses, el oficial superior calificaba a todos los oficiales subalternos bajo su responsabilidad y remit&iacute;a sus notas a las hojas de vida de cada uno de ellos en el Ministerio de Guerra. El sistema permit&iacute;a contar con diversas apreciaciones sobre el oficial al momento de su ascenso, pero serv&iacute;a igualmente para centralizar toda la informaci&oacute;n sobre los oficiales en el Ministerio, forjando un sistema de vigilancia y control bastante eficaz entre los uniformados.</p>     <p>El sistema cumpli&oacute;, adem&aacute;s, un papel fundamental con respecto a la subordinaci&oacute;n. El oficial superior notificaba su evaluaci&oacute;n al subalterno y obten&iacute;a de &eacute;ste, en forma t&aacute;cita o concreta, un compromiso de trabajo para mejorar las &quot;fallas&quot; que le eran se&ntilde;aladas. Pero, por otro lado, se convirti&oacute; en mecanismo de presi&oacute;n y &quot;depuraci&oacute;n&quot; por parte de mayores, coroneles y generales leales a la hegemon&iacute;a, sobre los cadetes reci&eacute;n egresados, tenientes y capitanes &quot;sospechosos&quot; de mantener simpat&iacute;as con la oposici&oacute;n al r&eacute;gimen. En este sentido, se agregaron a las evaluaciones otros aspectos como lealtad, trato a los subordinados, porte militar, situaci&oacute;n econ&oacute;mica y &quot;ejercicio de la religi&oacute;n cat&oacute;lica, apost&oacute;lica y romana&quot;.</p>     <p>Este &uacute;ltimo t&oacute;pico se convirti&oacute;, precisamente, en punto clave para detectar y diferenciar a los oficiales de ascendencia liberal con aquellos de ascendencia conservadora y obtener o impulsar el retiro de los primeros. Una nota seg&uacute;n la cual el oficial superior consideraba que el subalterno &quot;dice ser cat&oacute;lico, apost&oacute;lico y romano pero practica poco los preceptos de la iglesia&quot;, pod&iacute;a anteceder la baja del implicado o el aplazamiento de un ascenso<a name="top30"></a><a href="#back30"><sup>30</sup></a>. En otras ocasiones, una nota similar, o aquella que advert&iacute;a el &quot;descuido de los deberes eclesi&aacute;sticos&quot;, serv&iacute;a para que en el semestre siguiente el oficial cuestionado acudiera cumplidamente a misa y practicara confesi&oacute;n, comuni&oacute;n y amistad con el capell&aacute;n, a efecto de superar cualquier llamado de atenci&oacute;n.</p>     <p>Sin embargo, no s&oacute;lo ello se exig&iacute;a. Tambi&eacute;n se hac&iacute;a constar la &quot;indiferencia frente a la religi&oacute;n&quot;, &quot;no obligar a sus oficiales a o&iacute;r misa con la tropa para dar ejemplo&quot;, &quot;no inculcar los mandamientos de la religi&oacute;n cat&oacute;lica, apost&oacute;lica y romana entre los soldados&quot; o el sostener &quot;relaciones il&iacute;citas sin pasar por la bendici&oacute;n sacerdotal&quot;. En 1922, por ejemplo, un &quot;comentario poco comedido&quot;, que el oficial Agust&iacute;n Mercado supuestamente hizo sobre &quot;un acto religioso&quot;, fue suficiente para solicitar su retiro, el cual fue decretado por el Ministro Ignacio Rengifo a&ntilde;os despu&eacute;s<a name="top31"></a><a href="#back31"><sup>31</sup></a>.</p>     <p>La situaci&oacute;n opuesta, asimismo, pod&iacute;a dar envite a la carrera militar. Roberto Perea, el primer cadete en alcanzar el grado de General, recibi&oacute; felicitaciones por su &quot;constante pr&aacute;ctica cat&oacute;lica, apost&oacute;lica y romana&quot;, por &quot;cumplir con sus deberes religiosos&quot; y observar una &quot;conducta moral ejemplar dentro y fuera del cuartel&quot;. A esas atribuciones se sumaron &quot;un notable amor por la carrera de las armas&quot;, &quot;acendradas virtudes de la subordinaci&oacute;n y la lealtad&quot; y un &quot;respeto sin tacha por los superiores&quot;: &quot;le apasiona el servicio&quot;, &quot;es exagerado en el cumplimiento de las &oacute;rdenes que recibe&quot; y &quot;cumple los mandatos en forma escrupulosa y con buena voluntad&quot; fueron algunas de las anotaciones que obtuvo entre 1912 y 1927<a name="top32"></a><a href="#back32"><sup>32</sup></a>.</p>     <p>Las observaciones lograban eco entre los oficiales inferiores. Tan pronto se les acusaba de algo, la permanencia en el servicio exig&iacute;a que al semestre siguiente se hiciera todo cuanto tuvieran a su alcance para hacer notar sus prop&oacute;sitos de mejor&iacute;a. As&iacute; se contrarrestaba el &quot;abuso del licor&quot;, el &quot;poco entusiasmo por la carrera&quot;, el &quot;abandono del estudio&quot;, el &quot;escaso conocimiento de los reglamentos&quot;, la &quot;pereza&quot;, la &quot;seriedad&quot;, la &quot;honradez&quot; y la &quot;falta de modales&quot;, entre otros. Anotaciones como &quot;le falta energ&iacute;a&quot;, &quot;funda su orgullo en exceso de atenciones&quot;, &quot;moroso en los trabajos que se le conf&iacute;an&quot;, &quot;inclinado al licor&quot;, &quot;da molestias y quejas&quot;, &quot;poco entusiasta en la carrera&quot;, &quot;indiferente y abandonado&quot;, &quot;no se interesa por la buena marcha de su compa&ntilde;&iacute;a&quot;, &quot;le falta actividad&quot;, &quot;inteligencia apenas regular&quot;, entre otras, abrumaban algunas hojas de vida militares. Un a&ntilde;o despu&eacute;s, las circunstancias cambiaban: &quot;se esfuerza por cumplir&quot;, &quot;ha mejorado su voluntad para el trabajo&quot;, &quot;es ordenado y trabaja para lograr su cometido&quot;, &quot;es prudente y en&eacute;rgico&quot;, &quot;estudia los reglamentos&quot;, &quot;es muy aficionado al estudio de la historia nacional&quot;<a name="top33"></a><a href="#back33"><sup>33</sup></a>.</p>     <p>No obstante, tambi&eacute;n se hac&iacute;a seguimiento a hechos como &quot;criticar las &oacute;rdenes de los superiores&quot;, &quot;hablar de pol&iacute;tica y sociedades secretas&quot;, &quot;criticar a las autoridades&quot;, &quot;hablar mal del gobierno&quot;, &quot;propalar murmuraciones contra superiores y compa&ntilde;eros&quot;, &quot;alardear con mujeres p&uacute;blicas&quot;, o &quot;malgastar sus ingresos&quot;. En estos casos proced&iacute;a el confinamiento y la sanci&oacute;n, &quot;formar al oficial antes de ascenderlo&quot; <a name="top34"></a><a href="#back34"><sup>34</sup></a>, &quot;trasladarlo o retirarlo de las filas&quot;:</p> <ul>El Teniente es un inconveniente para la disciplina de esta unidad. Todo lo hace con disgusto o no lo hace. Mucho me temo que de un momento a otro ocurra con &eacute;l algo grave, dada la situaci&oacute;n de rabia que lo domina. &Eacute;l no respeta a nadie ni en ausencia ni en presencia. Es su &iacute;ndole, su estado normal es rebelde en todo y para todo. La obediencia no se ha hecho para &eacute;l<a name="top35"></a><a href="#back35"><sup>35</sup></a>.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En suma, la calificaci&oacute;n semestral no persegu&iacute;a la problematizaci&oacute;n, cuestionamiento y deliberaci&oacute;n en torno a las acciones desarrolladas por el oficial en su proceso de formaci&oacute;n. Por el contrario, la verticalidad de los juicios de valor emitidos por los superiores se convert&iacute;a en patr&oacute;n o criterio de realidad simplificada en torno al cual se buscaba el control y la sujeci&oacute;n del individuo. La evaluaci&oacute;n se orientaba m&aacute;s hacia la construcci&oacute;n de informaci&oacute;n con el prop&oacute;sito de modelar, clasificar, seleccionar o sancionar, que a la indagaci&oacute;n reflexiva, sistem&aacute;tica, rigurosa y &eacute;tica sobre la realidad, para potenciar su desarrollo.</p>     <br>     <p><b><font size="3">Aspectos de la vida &iacute;ntima </font></b></p>     <p>La evaluaci&oacute;n tambi&eacute;n desempe&ntilde;&oacute; un importante papel con respecto a la vida &iacute;ntima de los militares y su seguimiento. La homosexualidad, en particular, fue sancionada con el retiro inmediato del Ej&eacute;rcito, sin que fuera &uacute;til la militancia pol&iacute;tica o la recomendaci&oacute;n de alg&uacute;n dirigente conservador<a name="top36"></a><a href="#back36"><sup>36</sup></a>. En ciertos eventos, no obstante, el oficial logr&oacute; aplazar la medida o negar los cargos cuando las pruebas no parec&iacute;an determinantes. Uno de estos casos ocurri&oacute;, precisamente, con uno de los cadetes fundadores de la Escuela. En 1914, una anotaci&oacute;n en su hoja de vida sostuvo que:</p> <ul>Decires sordos le hacen alg&uacute;n cargo contra su conducta moral, que se opone a las leyes de la naturaleza, pero no ha habido ni siquiera indicio que permita confirmar esa voz que se oye en el silencio de los fueros internos.    </ul>     <p>Un a&ntilde;o despu&eacute;s, en 1915, el mismo superior apunt&oacute; que el oficial gustaba &quot;tener relaciones con mujeres p&uacute;blicas sin hacer mayor esfuerzo por ocultarlo&quot;. &quot;Es escrupuloso en las horas del servicio y culto con las damas y subordinados&quot;. El oficial se retir&oacute; voluntariamente en 1923, pero se reintegr&oacute; a&ntilde;os m&aacute;s tarde hasta que, en 1935, fue acusado por una decena de soldados, quienes argumentaron haber sido irrespetados u obligados a sostener con &eacute;l relaciones sexuales clandestinas. El delatado neg&oacute; los cargos, pero acept&oacute; haber examinado a algunos de ellos &quot;para verificar si presentaban enfermedades ven&eacute;reas&quot;. Su superior solicit&oacute; someterlo a un &quot;Tribunal de Honor Militar&quot;, pero el oficial present&oacute; su retiro inmediato<a name="top37"></a><a href="#back37"><sup>37</sup></a>.</p>     <p>Al lado de la homosexualidad, a los oficiales superiores y a los sacerdotes les preocupaba el contacto que j&oacute;venes oficiales establecieran con &quot;mujeres p&uacute;blicas&quot;. Destacados en lejanas guarniciones, aislados de sus c&iacute;rculos sociales y familiares, los reci&eacute;n graduados subtenientes acud&iacute;an con regularidad a escandalosos burdeles para licenciar el estricto acuartelamiento a que eran sometidos durante su formaci&oacute;n como cadetes.</p>     <p>En este caso, inquietaba a la instituci&oacute;n la indisciplina del novel oficial, la afici&oacute;n por el licor, el mal ejemplo para la tropa y el alto &iacute;ndice de s&iacute;filis y enfermedades ven&eacute;reas existente en los cuarteles. Los capellanes de cada guarnici&oacute;n, a su vez, llamaban la atenci&oacute;n por la moral y sancionaban el car&aacute;cter p&uacute;blico que, en ocasiones, asum&iacute;an los devaneos: &quot;Conducta regular. Entrat&aacute;ndose de su vida &iacute;ntima, tiene poco respeto por sus compa&ntilde;eros. Dice ser cat&oacute;lico pero practica poco los preceptos de la iglesia&quot;<a name="top38"></a><a href="#back38"><sup>38</sup></a>.</p>     <p>Sin embargo, intranquilizaba m&aacute;s la posibilidad real de que algunas de estas relaciones se convirtieran en permanentes:</p> <ul>Vivi&oacute; alg&uacute;n tiempo frente a los cuarteles con una mujer p&uacute;blica y hac&iacute;a alardes de poseerla. Se serv&iacute;a de su ordenanza para fiscalizar la conducta de ella. Dice ser cat&oacute;lico pero si lo fuera no manifestar&iacute;a tanta indiferencia en ese sentido<a name="top39"></a><a href="#back39"><sup>39</sup></a>.    </ul>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La uni&oacute;n libre, denominada &quot;relaci&oacute;n il&iacute;cita&quot;, era otro motivo de gran preocupaci&oacute;n. A los curas les impacientaba por el &quot;contenido inmoral y pecaminoso&quot;, &quot;ajeno a los preceptos cat&oacute;licos y a las buenas costumbres&quot; que, en su criterio, conten&iacute;a dicha relaci&oacute;n. A los oficiales superiores, adem&aacute;s de lo anterior, les alarmaba el peso que una condici&oacute;n de tal &iacute;ndole ofrec&iacute;a sobre la carrera militar del joven oficial y sus continuos traslados. Frente a ello, cinco casos hallados en las hojas de vida de diversos militares ilustran las decisiones de los implicados. En primer lugar, se encuentra el oficial que, una vez amonestado, decide romper cualquier v&iacute;nculo:</p> <ul>Se le recomend&oacute; abandonar esa mala causa por ser un inconveniente moral y social. Esto se repiti&oacute; varias veces: se resta prestigio al Ej&eacute;rcito y se ofende a la sociedad. El asunto termin&oacute; hace meses. Fue una cuesti&oacute;n pasajera y ya no existe. Hoy el subteniente observa muy buena conducta moral y social. [...] Hago constar que su conducta es muy buena, tanto p&uacute;blica como privada.    </ul>     <p>En segundo lugar, est&aacute; el oficial que, por todos los medios, intenta ocultar la situaci&oacute;n sin definirla:</p> <ul>Dice el capell&aacute;n que vive con una mujer p&uacute;blicamente, a pesar de ser amonestado por sus superiores. La causa fue alejada por traslado de ella a C&uacute;cuta a donde el Teniente quer&iacute;a estar viajando.    </ul>     <p>En este caso, es el Capell&aacute;n quien se encarga de efectuar el seguimiento e informa al Comandante de la Guarnici&oacute;n:</p> <ul>Hab&iacute;a alejado a la concubina pero hay informes fidedignos de que la trajo de nuevo al barrio de Zulia y de que la visita diariamente, de lo cual han dado cuenta las gentes del barrio y empiezan a reclamar contra este estado de cosas.    </ul>     <p>El propio Capell&aacute;n pidi&oacute; al alcalde recibir el testimonio de varios vecinos que dieron cuenta del hecho en actas remitidas al General Comandante de la Divisi&oacute;n. Este declar&oacute; que &quot;han sido in&uacute;tiles las medidas tomadas para la correcci&oacute;n del calificado y que la sociedad y el clero de Pamplona se quejan de la conducta de este oficial&quot;. Por consiguiente, solicit&oacute; al Ministerio &quot;dictar alguna providencia en este asunto que tanto desdice de los oficiales&quot;. La situaci&oacute;n concluy&oacute; con el retiro del oficial, quien acudi&oacute; a las recomendaciones de influyentes pol&iacute;ticos conservadores para obtener su reintegro. Este se obtuvo en 1928 con la promesa jurada de que su relaci&oacute;n sentimental hab&iacute;a sido liquidada.</p>     <p>En tercer lugar, no falta el oficial que, sin terminar su relaci&oacute;n, decide iniciar otra m&aacute;s formal para calmar la ira de superiores y curas:</p> <ul>El capit&aacute;n tra&iacute;a una mujer con la cual manten&iacute;a relaciones il&iacute;citas. Con tal motivo le llam&eacute; la atenci&oacute;n signific&aacute;ndole que era preciso abandonara esta causa, inconveniente desde todo punto de vista, especialmente desde el moral y social, exigi&eacute;ndole su terminaci&oacute;n para el buen nombre del regimiento y el ej&eacute;rcito en general. El capit&aacute;n ofreci&oacute; poner de su parte los medios para llevar a efecto lo que se le exig&iacute;a. D&iacute;as despu&eacute;s me signific&oacute; que como primera providencia, la mujer en cuesti&oacute;n saldr&iacute;a de esta ciudad a otra poblaci&oacute;n y entiendo que as&iacute; se hizo, pero parece que ella viene en ocasiones a esta localidad, encontr&aacute;ndose aqu&iacute; en la actualidad. A mi conocimiento no ha llegado noticia alguna de ostensibles esc&aacute;ndalos sobre el particular, lo que me hace suponer que el capit&aacute;n procede con reserva en este asunto. &Uacute;ltimamente he observado que el capit&aacute;n fomenta relaciones con una se&ntilde;orita con prop&oacute;sito de matrimonio, seg&uacute;n parece.    </ul>     <p>En cuarto lugar, se tiene al oficial que prefiere ser retirado del ej&eacute;rcito antes que romper con su amor&iacute;o:</p> <ul>Se le ha impuesto reprensi&oacute;n simple, arresto de cuarenta y ocho horas, reprensi&oacute;n severa por desobedecer la orden del Ministerio de que ciertos oficiales deben pernoctar en el cuartel, pero ha sido imposible. El oficial contin&uacute;a dando p&eacute;simo ejemplo a sus subalternos y sembrando descontento entre elementos civiles. Su retiro est&aacute; m&aacute;s que motivado.    ]]></body>
<body><![CDATA[</ul>     <p>Finalmente, aunque menos presente, ocurre el caso del oficial que decide contraer matrimonio. Arrastra, sin embargo, la censura de sus superiores y se le cercena su carrera militar hacia el futuro<a name="top40"></a><a href="#back40"><sup>40</sup></a>. El matrimonio, en s&iacute; mismo, no era tampoco institucionalmente deseable para los oficiales j&oacute;venes.</p>     <p>En criterio de los superiores, el car&aacute;cter imprevisto y poco planeado de estas uniones importunaba la vida del oficial y truncaba su carrera. A esa edad, plagada de inexperiencia, no exist&iacute;a el juicio ni la sensatez acertadas para la selecci&oacute;n de esposa. Ni el grado ni el sueldo se correspond&iacute;an con las exigencias del matrimonio y el servicio reclamaba, adem&aacute;s, la presencia del oficial de d&iacute;a y de noche con su tropa. Por esa raz&oacute;n, Paul Gautier propon&iacute;a al presidente Olaya &quot;tratar de prohibir el matrimonio por lo menos a los subtenientes&quot;<a name="top41"></a><a href="#back41"><sup>41</sup></a>, en tanto que Alejandro Uribe advert&iacute;a:</p> <ul>Si bien la ley no puede impedir el matrimonio del individuo, s&iacute; puede colocar como condici&oacute;n para ser oficial subalterno que &eacute;ste sea soltero o, al menos, hacer efectiva la condici&oacute;n del permiso por medio de la cual la autoridad puede celar que el matrimonio llene ciertos requisitos de orden social y militar, y que la novia tenga algunos recursos que impidan malos procederes futuros por parte del oficial<a name="top42"></a><a href="#back42"><sup>42</sup></a>.    </ul>     <p><b><font size="3">Conclusiones </font></b></p>     <p>Antes de 1930, la situaci&oacute;n del Ej&eacute;rcito Nacional en t&eacute;rminos de profesionalidad y modernizaci&oacute;n era realmente cr&iacute;tica. Org&aacute;nicamente era un ej&eacute;rcito d&eacute;bil, competente para pasar por las armas cualquier conflicto con trabajadores inermes, pero poco apto para enfrentar un enemigo de envergadura en el pa&iacute;s o en sus fronteras.</p>     <p>La alta oficialidad no se reputaba entre las m&aacute;s acreditadas de Suram&eacute;rica. Derrotada la Reforma Militar, la cantidad de oficiales superiores aument&oacute; sin selecci&oacute;n y no pocos mandos subalternos ingresaron a las filas sin adelantar estudios en la reci&eacute;n creada Escuela Militar. No obstante, una caracter&iacute;stica hizo a la oficialidad colombiana particularmente distinta frente a otras del continente: era en esencia conservadora y capitalina, ajena a los entornos e intereses provinciales y de espalda a los confines del pa&iacute;s. Los altos mandos no abandonaron sus deferencias para con los notables del r&eacute;gimen y no vivieron tentaciones ideol&oacute;gicas para romper con los clis&eacute;s conservadores y clericales. Con la anuencia de los viejos generales, los grados militares se convirtieron en empleos ofertados por los jefes y directorios pol&iacute;ticos conservadores bajo la influencia de la iglesia, sin importar la incapacidad f&iacute;sica o la falta de preparaci&oacute;n. El tr&aacute;fico de influencias, el clientelismo y el nepotismo, aparecieron en cada ascenso, en cada traslado o nombramiento. El apoyo de pol&iacute;ticos y curas constituy&oacute; garant&iacute;a de &eacute;xito en la carrera militar.</p>     <p>Con la participaci&oacute;n de semejantes mandos, el poder civil pudo extirpar con facilidad cualquier brote reformista entre los j&oacute;venes oficiales. La selecci&oacute;n en el ingreso a la Escuela Militar se hizo rigurosa. La extracci&oacute;n social y la recomendaci&oacute;n pol&iacute;tica, las referencias escolares y eclesi&aacute;sticas, la vigilancia permanente y una fianza onerosa suscrita por la familia, eran suficientes para garantizar el comportamiento de cada alf&eacute;rez. La ascendencia del r&eacute;gimen y del partido se mantuvo sobre los oficiales, cuyo control se reforz&oacute; por medio de diversas estrategias para modelar conductas.</p>     <p>La situaci&oacute;n general de los soldados y suboficiales en Colombia no estuvo tampoco dispuesta para el apoyo de los pocos oficiales inconformes. A principios del siglo XX, el esp&iacute;ritu de cuerpo y la conciencia militar eran reducidos. En los cantones primaba todav&iacute;a el esp&iacute;ritu de partido y la influencia religiosa; la devoci&oacute;n frente a los mandos superiores y el respeto al r&eacute;gimen como corolario de la Guerra de los Mil D&iacute;as.</p>     <p>El servicio obligatorio se asociaba con la mala fortuna o el castigo porque la misma condici&oacute;n de los reclutas era lamentable. El manejo desacertado del presupuesto, la corrupci&oacute;n desaforada en el Ministerio de Guerra, as&iacute; como el escaso inter&eacute;s que con respecto al Ej&eacute;rcito Nacional demostraron los altos funcionarios del Estado, dieron cuenta de la pat&eacute;tica condici&oacute;n en que se conden&oacute; a la tropa. La preparaci&oacute;n militar no fue tampoco la m&aacute;s apropiada en las filas del Ej&eacute;rcito. En forma inveros&iacute;mil, algunos contingentes de reclutas pasaron por el servicio sin conocer un arma. No hab&iacute;a fusiles id&oacute;neos para la pr&aacute;ctica de tiro, tampoco munici&oacute;n y mucho menos campos de pol&iacute;gono.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pese a las leyes sobre servicio militar, el reclutamiento continu&oacute; efectu&aacute;ndose de acuerdo con las necesidades pol&iacute;ticas. Los reclutas fueron sustra&iacute;dos de las zonas conservadoras cuando se necesit&oacute; trasladar su voto de una regi&oacute;n a otra, amarrar su decisi&oacute;n electoral o reprimir con &eacute;xito la protesta social. En cambio, fueron extra&iacute;dos de las zonas liberales cuando fue preciso impedir su voto, castigar su militancia o &quot;enderezar&quot; sus conductas.</p>     <p>La explicaci&oacute;n acerca de las ambig&uuml;edades de la hegemon&iacute;a conservadora con respecto al proceso de profesionalizaci&oacute;n de los militares puede encontrar all&iacute; su fundamento: el Ej&eacute;rcito Nacional fue un elemento m&aacute;s para posar en la balanza de las correlaciones de fuerza e inclinar su fiel.</p>     <p>En ese sentido, los gobiernos centrales se hicieron prisioneros de su propia ambivalencia. Por una parte, insist&iacute;an en la necesidad de sustraer a los militares de la pr&aacute;ctica electoral, pero, por otra, no lograban imponerse sobre los intereses de caudillos y caciques regionales que los atrapaban en su l&oacute;gica tradicional. Por un lado, parec&iacute;an dispuestos a aprobar una ley de servicio militar obligatorio, pero, por otro, su voluntad era trascendida por la pr&aacute;ctica cotidiana de la pol&iacute;tica local. Por una parte, se mostraban dispuestos a impulsar la profesionalizaci&oacute;n entre los uniformados, a contratar misiones extranjeras que impulsaran su formaci&oacute;n y los modernizaran, pero, por otra, vislumbraban la conveniencia de un ej&eacute;rcito leal a su partido y a su r&eacute;gimen.</p>     <br> <hr size=”1”>     <p><font size="3"><b>Notas</b></font></p>     <p><a name="back1"></a><a href="#top1">1</a> Situation, strategies of formation and point about the intimate life of the military ones, before 1930 &iquest;?</p>     <p><a name="back2"></a><a href="#top2">2</a> V&eacute;ase El Tiempo, 27 de febrero, 9 de marzo, 24 de marzo y 4 de abril de 1923.</p>     <p><a name="back3"></a><a href="#top3">3</a> Luis Muelle Reyes. &quot;Justicia. Situaci&oacute;n t&eacute;cnica y moral en que se hallaba el Ej&eacute;rcito el d&iacute;a de la transmisi&oacute;n de mando, 7 de agosto de 1930&quot;. Documento confidencial remitido al Presidente Olaya Herrera. Archivo General de la Naci&oacute;n (en adelante agn), Fondo Academia Colombiana de Historia (fach), Caja 04, Carpeta 17, Rollo 3.</p>     <p><a name="back4"></a><a href="#top4">4</a> Jos&eacute; Mar&iacute;a Tobar. &quot;Comandante del Batall&oacute;n de Tren Soublette, al Ministerio de Guerra, 1916&quot;. Archivo General del Ministerio de Defensa de Colombia (en adelante AGMDC), Registro 16796.</p>     <p><a name="back5"></a><a href="#top5">5</a> Ib&iacute;d.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back6"></a><a href="#top6">6</a> Observaci&oacute;n de Laureano Garc&iacute;a Rojas en el Comando del Regimiento C&oacute;rdova, acantonado en Santa Marta.</p>     <p><a name="back7"></a><a href="#top7">7</a> Muelle, fol. 100, p. 32 del documento.</p>     <p><a name="back8"></a><a href="#top8">8</a> Tobar, Registro 16796.</p>     <p><a name="back9"></a><a href="#top9">9</a> Muelle, fol. 118, p. 50 del documento.</p>     <p><a name="back10"></a><a href="#top10">10</a> Alejandro Uribe G. &quot;Labor que es necesario realizar en el Ej&eacute;rcito&quot;. Documento confidencial remitido al Presidente Olaya Herrera en agosto de 1930. agn, fach, Caja 04, Carpeta 17, Rollo 3, fol. 184, p. XVII del documento.</p>     <p><a name="back11"></a><a href="#top11">11</a> Paul Gautier. &quot;Informe sobre el Estado del Ej&eacute;rcito&quot;. Documento confidencial remitido al Presidente Olaya Herrera, agn, fach, Caja 04, Carpeta 17, Rollo 3, fol. 158, p. 12 del documento.</p>     <p><a name="back12"></a><a href="#top12">12</a> Consciente de la autonom&iacute;a y del grado de rebeld&iacute;a que importantes sectores sociales cobraban en pol&iacute;tica por medio de la huelga y de los movimientos populares, Ospina dirigi&oacute; las inversiones militares hacia imperiosas necesidades del momento. Una de sus decisiones consisti&oacute; en contratar con la Western Cartridge Company cuatro millones de cartuchos y enviar dos funcionarios para perfeccionar conocimientos en la manufactura de los mismos, as&iacute; como en la producci&oacute;n de herramienta para esta labor. Luego se contrat&oacute; al norteamericano Victor L. Davis como t&eacute;cnico especialista, pero se fracas&oacute; de manera rotunda cuando se intent&oacute; producir la misma munici&oacute;n en Colombia.</p>     <p><a name="back13"></a><a href="#top13">13</a> Muelle, fol. 83, p. 15 del documento.</p>     <p><a name="back14"></a><a href="#top14">14</a> Jos&eacute; Miguel Silva Plazas. &quot;Documento privado remitido a la Presidencia de la Rep&uacute;blica, agosto 11 de 1930&quot;, agn, fach, Caja 04, Carpeta 17, Rollo 3, fol. 228, p. 1 del texto.</p>     <p><a name="back15"></a><a href="#top15">15</a> Tobar, Registro 16796.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back16"></a><a href="#top16">16</a> Muelle, fol. 104, p. 36 del documento.</p>     <p><a name="back17"></a><a href="#top17">17</a> Obs&eacute;rvese, al respecto, Leyes del Presupuesto General de la Naci&oacute;n, Diarios Oficiales y Documentos Biblioteca Esteban Jaramillo, Contralor&iacute;a General de la Rep&uacute;blica.</p>     <p><a name="back18"></a><a href="#top18">18</a> V&eacute;anse los documentos confidenciales en agn, fach, Caja 04, Carpeta 17, Rollo 3, fol. 64 y ss.</p>     <p><a name="back19"></a><a href="#top19">19</a> Ib&iacute;dem, fol. 172, p. V del documento.</p>     <p><a name="back20"></a><a href="#top20">20</a> Gautier, fol. 149, p. 3 del texto.</p>     <p><a name="back21"></a><a href="#top21">21</a> Muelle, fol. 113, p.45 del texto.</p>     <p><a name="back22"></a><a href="#top22">22</a> Ib&iacute;d., fol. 120, p. 52 del texto.</p>     <p><a name="back23"></a><a href="#top23">23</a> Gautier, fol. 148, p. 2 del texto.</p>     <p><a name="back24"></a><a href="#top24">24</a> Muelle, fol. 109, p. 31 del texto.</p>     <p><a name="back25"></a><a href="#top25">25</a> Ibidem, fol. 110, pp. 41 y 42 del texto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back26"></a><a href="#top26">26</a> AGMDC, Registros 16796, 50342.</p>     <p><a name="back27"></a><a href="#top27">27</a> Ib&iacute;d., Registro 37502.</p>     <p><a name="back28"></a><a href="#top28">28</a> Presb&iacute;tero Peregrino Segura al Ministro de Guerra Ignacio Rengifo, 18 de septiembre de 1928. AGMDC, Hoja de Vida del Capit&aacute;n Fernando Ponce.</p>     <p><a name="back29"></a><a href="#top29">29</a> La muerte sorprendi&oacute; a Jos&eacute; Vicente Concha el 8 de diciembre de 1929, como embajador de Colombia en Roma. Sus partidarios se plegaron a la candidatura de Guillermo Valencia.</p>     <p><a name="back30"></a><a href="#top30">30</a> AGMDC, Registro 65562.</p>     <p><a name="back31"></a><a href="#top31">31</a> AGMDC, Registro 55841.</p>     <p><a name="back32"></a><a href="#top32">32</a>AGMDC, Registro 2257.</p>     <p><a name="back33"></a><a href="#top33">33</a> V&eacute;ase, por ejemplo,AGMDC, Registro 41975.</p>     <p><a name="back34"></a><a href="#top34">34</a>AGMDC, Registro 46897.</p>     <p><a name="back35"></a><a href="#top35">35</a>AGMDC, Registro 38220.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="back36"></a><a href="#top36">36</a>AGMDC, Registro 50545</p>     <p><a name="back37"></a><a href="#top37">37</a> AGMDC, Registro 65562.</p>     <p><a name="back38"></a><a href="#top38">38</a> AGMDC, Registro 55841.</p>     <p><a name="back39"></a><a href="#top39">39</a> Ib&iacute;d.</p>     <p><a name="back40"></a><a href="#top40">40</a> Sobre los casos en referencia pueden observarse, por ejemplo, los registros 57943 y 37501 en AGMDC.</p>     <p><a name="back41"></a><a href="#top41">41</a> Gautier, op. cit., fol. 164, p. 18 del documento.</p>     <p><a name="back42"></a><a href="#top42">42</a> Uribe, op. cit. fol. 179, p. XII del documento.</p>     <br> <hr size=”1”>     <br>     <p><font size="3"><b>Bibliograf&iacute;a</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>1. &Aacute;lvarez, V. (Brigadier General) y Giraldo, H. (Mayor). (1997). <i>Escuela Militar de Cadetes General Jos&eacute; Mar&iacute;a C&oacute;rdova. Noventa a&ntilde;os de historia</i>. Bogot&aacute;: Litograf&iacute;a Arco.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0123-4870200900010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Atehort&uacute;a, A. (1994). <i>Estado y Fuerzas Armadas en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Tercer Mundo-Universidad Javeriana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0123-4870200900010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Berm&uacute;dez, G. (1982). <i>El poder militar en Colombia. De la Colonia al Frente Nacional</i>. Bogot&aacute;: Editorial Am&eacute;rica Latina.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0123-4870200900010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Garc&iacute;a, L. (1916). <i>Al Excelent&iacute;simo Se&ntilde;or Presidente de la Rep&uacute;blica</i>. Pamplona: Imprenta de la Di&oacute;cesis.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0123-4870200900010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Icenhour, J. (1976). <i>The military in Colombia Politics</i>. Dissertation Ph.D., The George Washington University.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0123-4870200900010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Informe del Ministro de Guerra al Congreso de la Rep&uacute;blica. (1925). Bogot&aacute;: Imprenta Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0123-4870200900010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Leal, F. (1984). <i>Estado y pol&iacute;tica en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Siglo XXI Editores-Cerec.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0123-4870200900010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Mury, W. (1975).<i> L&#39;arm&eacute;e colombienne. Etude d&#39;une institution militaire dans ses rapports avec la soci&eacute;t&eacute; en transition, 1930-1974</i>. Tesis de Doctorado, Universidad de Par&iacute;s.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0123-4870200900010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Rodr&iacute;guez, J. J. (1993). El Ej&eacute;rcito del siglo XX. De Reyes a L&oacute;pez. La Reforma Militar. En <i>Historia de las Fuerzas Militares de Colombia</i>. Bogot&aacute;: Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0123-4870200900010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Rueda Vargas, T. (1944). <i>El Ej&eacute;rcito Nacional</i>. Bogot&aacute;: Librer&iacute;a Colombiana, Camacho Rold&aacute;n y Editorial Antena.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0123-4870200900010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Uribe, C. (1935). <i>La verdad sobre la guerra</i>. Bogot&aacute;: Editorial Cromos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0123-4870200900010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Valencia, A. (comp). (1996). <i>Historia de las Fuerzas Armadas en Colombia</i>. Bogot&aacute;: Editorial Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0123-4870200900010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p><b>Archivos consultados </b>    <br> Archivo General de la Naci&oacute;n. Bogot&aacute;, Colombia. AGN.     <br>Archivo de la Presidencia de la Rep&uacute;blica. Bogot&aacute;, Colombia. apr.    <br> Archivo General del Ministerio de Defensa. Bogot&aacute;, Colombia. Anac.     <br>Museo de la Escuela Militar de Cadetes. Bogot&aacute;, Colombia. memc.</p>     <p><b>Prensa </b>    <br> <i>El Espectador</i>. Bogot&aacute;, 1920-1930.     <br><i>El Liberal</i>. Bogot&aacute;, 1930.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br><i>El Nuevo Tiempo</i>. Bogot&aacute;, 1922-1934.    <br> <i>El Siglo</i>. Bogot&aacute;, 1920-1958.     <br><i>El Tiempo</i>. Bogot&aacute;, 1920-1930.</p> </font>      ]]></body><back>
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