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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[EL PAPEL DE LOS COSTES DE TRANSACCION EN LA FORMACION DE CONVENCIONES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper discusses the convention through replicator dynamics. The coordination arise due the efficient concept explain because the transaction cost is fundamental in the agent decision. The agent follow replicator dynamics and heritage rules that provide the necessary experience for solve the coordination problem.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font size="2" face="verdana">        <p align="right"><font size="4"><b>EL PAPEL DE LOS COSTES  DE TRANSACCION EN LA  FORMACION DE CONVENCIONES</b></font></p>      <p align="right">John James Mora</p>      <p align="right">Economista Universidad del Valle. Maestr&iacute;a en Econom&iacute;a Ambiental,  Universidad Aut&oacute;noma de Madrid. Jefe del Departamento de Econom&iacute;a, Universidad Icesi.  e&#45;mail:<a href="mailto:jjmora@icesi.edu.co">jjmora@icesi.edu.co</a></p>    <hr />        <p><b>RESUMEN</b></p>      <p>Este ensayo discute la convenci&oacute;n a  partir de la din&aacute;mica de r&eacute;plica. La  coordinaci&oacute;n surge a trav&eacute;s del concepto  de eficiencia explicando por qu&eacute;  los costes de transacci&oacute;n son fundamentales  en las decisiones de los  agentes. Cuando los agentes siguen  din&aacute;micas de r&eacute;plica existe una serie  de reglas &quot;heredadas&quot; que proveen  la experiencia que los jugadores  necesitan para alcanzar la coordinaci&oacute;n.  De esta forma la convenci&oacute;n  ser&aacute; una estrategia evolutivamente  estable.</p>      <p><b>ABSTRACT</b></p>      <p>This paper discusses the convention  through replicator dynamics. The coordination  arise due the efficient concept  explain because the transaction  cost is fundamental in the agent decision.  The agent follow replicator dynamics  and heritage rules that provide  the necessary experience for solve  the coordination problem.</p>      <p><b>Palabras Claves:</b> Convenciones, costes  de transacci&oacute;n, juegos evolutivos,  EEE, mutaci&oacute;n.</p>      <p><b>JEL Classification:</b> c71, c79.</p>    <hr />        ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="3"><b>INTRODUCCION</b></font></p>      <p>Dos conductores conducen en sentido  contrario. Con el fin de poder pasar  al otro lado deber&aacute;n tomar la decisi&oacute;n  de conducir a la izquierda o a la derecha.  Aunque cualquier decisi&oacute;n es  igual en t&eacute;rminos de las probabilidades,  los conductores eligen conducir  por la derecha<a href="#nota1"><sup>1</sup></a>. Dos individuos deciden  encontrarse en el centro de la ciudad  de Santiago de Cali (Colombia),  cualquier lugar tiene la misma probabilidad  para dicho encuentro. Independiente  de donde vivan, ya sea en  el norte o en el sur, ellos terminan  encontr&aacute;ndose en la iglesia la Ermita.  En Argentina cuando alguien desea  vender un coche coloca encima un  tarro<a href="#nota2"><sup>2</sup></a>.</p>      <p>¿Qu&eacute; tienen de com&uacute;n los anteriores  ejemplos? Que todos son expresiones  de una convenci&oacute;n. Una convenci&oacute;n es  una regularidad en el comportamiento  entre los miembros de una comunidad  en una situaci&oacute;n recurrente que  es una costumbre esperada y mutuamente  consistente &#91;Lewis (1969)&#93;.</p>      <p>El principal punto de discusi&oacute;n con  respecto a la convenci&oacute;n consiste en  c&oacute;mo alcanzar la coordinaci&oacute;n en torno  a un equilibrio. De hecho, la coordinaci&oacute;n  implica que las expectativas  y comportamientos trabajen para seleccionar  uno de n equilibrios<a href="#nota3"><sup>3</sup></a>. Para  Schelling (1960) los agentes pondr&aacute;n  m&aacute;s atenci&oacute;n a un equilibrio cuando  &eacute;ste es m&aacute;s conspicuo que los otros,  en lo que se conoce tambi&eacute;n como  puntos focales. Harsanyi y Selten  (1988) parten de que dados dos equilibrios  uno dominar&aacute; d&eacute;bilmente en  riesgo. Finalmente para Young (1992,  1993, 1995) las expectativas convergen  a un equilibrio a trav&eacute;s de efectos  de retroalimentaci&oacute;n positivos,  esto significa que juegos pasados a  trav&eacute;s de la retroalimentaci&oacute;n tienen  efectos sobre el comportamiento de  aquellos que juegan el juego ahora  debido a que las personas en el juego  tienen en cuenta sus decisiones anteriores.  De esta forma, un equilibrio  se alcanza ya que la din&aacute;mica del proceso  lo selecciona<a href="#nota4"><sup>4</sup></a>. La soluci&oacute;n que  apunta Young (1993) consiste en usar  din&aacute;micas estoc&aacute;sticamente estables<a href="#nota5"><sup>5</sup></a>  y un resultado se obtiene cuando hay  <i>dominio en riesgo</i> en el sentido de  Harsanyi y Selten (1988). As&iacute; una  convenci&oacute;n es estoc&aacute;sticamente estable  si domina en riesgo a una convenci&oacute;n  rival<a href="#nota6"><sup>6</sup></a>. Finalmente Van Huyck,  Battalio y Rankin (1996) reportan  resultados de un experimento de coordinaci&oacute;n  en el cual existen convenciones  basadas en etiquetas y en poblaciones,  encontrando que emergen  convenciones en comunidades con  una poblaci&oacute;n y etiquetas.</p>      <p>Si las expectativas convergen a un  equilibrio, una forma de explicar este  evento puede ser a trav&eacute;s de la imitaci&oacute;n:  Los agentes en un juego de  coordinaci&oacute;n tienden a imitar el comportamiento  de otros agentes, ya que  imitar disminuye los costes de transacci&oacute;n.  De esta forma se parte de que  la experiencia se hereda a trav&eacute;s de  imitar a las &quot;generaciones&quot; anteriores.  Este punto es de crucial importancia:  si las convenciones son resultado  del comportamiento de una poblaci&oacute;n entonces los nuevos jugadores,  que reciben informaci&oacute;n de los viejos  jugadores, deber&aacute;n adoptar la mejor  estrategia que usaron jugadores anteriores<a href="#nota7"><sup>7</sup></a>.  As&iacute;, la imitaci&oacute;n explicar&iacute;a  el proceso de elecci&oacute;n entre poblaciones  que participan en un juego.</p>      <p>Imitar el comportamiento es eficiente  siempre y cuando los beneficios  derivados de imitar dicho comportamiento  sean superiores a los costes  de transacci&oacute;n en que se incurre  cuando se elige dicha estrategia. Entonces,  revisar en cada momento la  diferencia en los pagos de las estrategias  puras puede ayudar a establecer  qu&eacute; proporci&oacute;n de agentes ha usado  dicha estrategia. Revisando en cada  momento esta diferencia, los jugadores  se dar&aacute;n cuenta cu&aacute;l estrategia  ser&aacute; un comportamiento esperado.</p>      <p>De esta forma dominar&aacute; la convenci&oacute;n  en la cual sean menores los costes  de transacci&oacute;n y &eacute;stos aumentar&aacute;n  o disminuir&aacute;n cuanto m&aacute;s agentes  decidan usar una convenci&oacute;n en  particular.</p>      <p>En este orden de ideas, la segunda  secci&oacute;n presenta la idea de las convenciones  en el marco de los juegos  evolutivos. Los resultados muestran  que si los pagos de usar una estrategia  son mayores que los costes de  transacci&oacute;n, existir&aacute;n incentivos de  usar &eacute;sta y que los costes de transacci&oacute;n  decrecen con respecto al n&uacute;mero  de personas que usan la estrategia.</p>      <p>Esta serie de condiciones determina  finalmente que la convenci&oacute;n sea una  estrategia evolutivamente estable,  EEE. De esta manera los costes de  transacci&oacute;n son fundamentales en  determinar las condiciones de estabilidad  &#91;<a href="#apendice1">ap&eacute;ndice 1</a>&#93;. En la tercera  secci&oacute;n se discute el efecto de una  mutaci&oacute;n sobre la convenci&oacute;n y en la  cuarta secci&oacute;n se presentan las conclusiones.</p>      <p><font size="3"><b>EL ORIGEN DE LA  CONVENCION: UN MODELO  SIMPLE</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La convenci&oacute;n es resultado de la coordinaci&oacute;n  de las expectativas o de los  comportamientos de un conjunto de  integrantes de una comunidad. Coordinar  las expectativas requiere que  los agentes est&eacute;n de acuerdo en torno  a usar alg&uacute;n principio para seleccionar  un equilibrio. Como se&ntilde;alan  Rankin, Van Huyck y Battalio (1997),  una convenci&oacute;n necesita que los integrantes  de una comunidad pongan  su atenci&oacute;n en alg&uacute;n concepto deductivo  derivado en parte de situaciones  similares en juegos pasados y que  usen dicho concepto para solucionar  el problema de coordinaci&oacute;n. En los  experimentos realizados por Rankin,  Van Huyck y Battalio (1997) una convenci&oacute;n  emerge cuando el comportamiento  de los sujetos es consistente  con la eficiencia m&aacute;s que la seguridad  o el dominio en riesgo. Siguiendo  los resultados de Rankin, Van Huyck  y Battalio (1997), se establecer&aacute; que  los jugadores ven la eficiencia en el  uso de una convenci&oacute;n cuando esta  disminuye los costes de transacci&oacute;n.</p>      <p>Seguir una convenci&oacute;n implica usar  reglas o normas que son &quot;heredadas&quot;  por nuevos miembros de una comunidad.  Aceptar el uso de normas implica  unificar los costes de transacci&oacute;n  en la elecci&oacute;n realizada. Si todos  los individuos se rigen bajo los mismos  patrones es eficiente imitar el  comportamiento de otros ya que  mientras m&aacute;s agentes usen una convenci&oacute;n  menores ser&aacute;n los costes de  transacci&oacute;n. Suponga que existe una  proporci&oacute;n &Phi; de jugadores que juegan  la estrategia I y una proporci&oacute;n (1 &#45; &Phi;)  que juegan la estrategia II. Cada estrategia  tiene asociados unos pagos  &alpha;, &beta; y unos costes de transacci&oacute;n &eta;:  ¿Cu&aacute;les ser&aacute;n los beneficios de seguir  una estrategia? Para responder esta  pregunta partamos de la siguiente  matriz de pagos:</p>      <p>    <center><a name="tabla1"><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02t1.jpg"></a></center></p>      <p>Definiendo E (II<sub>i</sub>) como los beneficios  esperados de seguir una estrategia,  entonces:</p>      <p><a name="ecua1"><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e1.jpg"></a></p>        <p>La proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n que elegir&aacute;  una estrategia mixta ser&aacute;:</p>      <p><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e2.jpg"></p>      <p>    <center><a name="grafica1"><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02f1.jpg"></a></center></p>          ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De la <a href="#grafica1">Gr&aacute;fica 1</a> se puede observar  c&oacute;mo los beneficios esperados se interceptan  en la proporci&oacute;n de la poblaci&oacute;n <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e3.jpg">  que elige  una estrategia mixta. As&iacute;, a medida  que aumentan los beneficios esperados  de seguir una estrategia, cuando  toda la poblaci&oacute;n la sigue, disminuyen  los beneficios esperados de seguir  la otra estrategia. Cuando la proporci&oacute;n  de la poblaci&oacute;n es igual a   <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e3.jpg">  la diferencia entre  usar una u otra estrategia se hace  cero. A partir de este valor la diferencia  se hace positiva, como se puede  observar en la <a href="#grafica2">Gr&aacute;fica 2</a>.</p>      <p>    <center><a name="grafica2"><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02f2.jpg"></a></center></p>        <p>De esta forma, seguir una estrategia  depender&aacute; de la diferencia entre los  beneficios esperados. La raz&oacute;n es bastante  sencilla: Si la diferencia es positiva  existir&aacute;n incentivos de elegir  una estrategia, mientras que si es  cero no existir&aacute;n incentivos ya que  dar&iacute;a igual cualquier elecci&oacute;n. As&iacute;, de  las <a href="#ecua1">ecuaciones 1 y 2</a> se deduce:</p>      <p><a name="ecua4"><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e5.jpg"></a></p>      <p><a name="ecua5"><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e6.jpg"></a></p>      <p><a name="ecua6"><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e7.jpg"></a></p>        <p>Donde D (&Phi;) ser&aacute; la diferencia en los  beneficios esperados y est&aacute; en funci&oacute;n  de la poblaci&oacute;n &Phi;. A partir de las <a href="#ecua5">ecuaciones  5 y 6</a>, se deducen las siguientes  reglas:</p>      <p><b><i>Regla 1:</i></b> En un juego de convenciones  si los pagos derivados de usar una  estrategia exceden los costes de transacci&oacute;n,  existir&aacute;n incentivos de usar  &eacute;sta. En la <a href="#ecua5">ecuaci&oacute;n 5</a> se puede observar  c&oacute;mo los incentivos de usar  una estrategia son positivos en el caso  de que &alpha; + &Beta; &lt; &eta;&alpha; + &eta;&Beta; ya que si  &alpha; + &Beta; = &eta;&alpha; + &eta;&Beta; dar&aacute; lo mismo usar cualquier estrategia pues los incentivos  ser&aacute;n cero. De esta forma, si la diferencia  entre el uso de estrategias crece  con respecto a la poblaci&oacute;n y si los  costes de transacci&oacute;n son menores con  respecto a esta diferencia, la poblaci&oacute;n  se dar&aacute; cuenta de que usar una  estrategia en particular aumentar&aacute;  sus beneficios, raz&oacute;n por la cual terminar&aacute;  eligiendo una estrategia y,  por lo tanto, estableciendo una convenci&oacute;n.</p>      <p><b><i>Regla 2:</i></b> En un juego de convenciones  los costes de transacci&oacute;n decrecen  con respecto al n&uacute;mero de individuos  que usan una convenci&oacute;n. De  hecho si toda la poblaci&oacute;n usa la misma  estrategia entonces los costes de  transacci&oacute;n ser&aacute;n cero, ya que si  &Phi; = 1 la <a href="#ecua6">ecuaci&oacute;n 6</a> se hace cero.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De acuerdo con las dos reglas anteriores  es eficiente usar aquella estrategia  que tenga los menores costes de  transacci&oacute;n.</p>      <p>Si las estrategias evolucionan en el  tiempo, ¿es posible que una estrategia  se imponga y, por lo tanto, se convierta  en una convenci&oacute;n? Si un nuevo  individuo desea realizar alg&uacute;n intercambio  con esta poblaci&oacute;n, ¿es de  esperar que este nuevo individuo use  la estrategia I o la estrategia II?</p>      <p>Para resolver las anteriores preguntas  considere un conjunto de agentes  que tienen disponible un n&uacute;mero  finito de estrategias que consisten  en su elecci&oacute;n. El estado corriente  &Phi; = (&Phi;, 1 &#45; &Phi;) especifica la fracci&oacute;n  de &Phi; agentes eligiendo la estrategia  I y la fracci&oacute;n 1 &#45; &Phi; eligiendo la  estrategia II<a href="#nota8"><sup>8</sup></a>. El estado espacio es un  segmento lineal de dimensi&oacute;n unitaria  (o s&iacute;mplex) tal que &Phi; = &#123;(&Phi;, 1 &#45; &Phi;)<img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg">  R<sup>2</sup>: 0 &le; &Phi; &le; 1 &#125; . La interacci&oacute;n est&aacute; determinada  por los pagos dados en la  <a href="#tabla1">Tabla 1</a>, los cuales en un juego evolutivo  estar&aacute;n en funci&oacute;n de su propia  estrategia y del estado corriente de  la poblaci&oacute;n de agentes. Los pagos se  asumen lineales en su propia estrategia  y continuamente diferenciables  en el estado de la poblaci&oacute;n &#91;&Phi; <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg"> &Phi;&#93;.  El elemento final de la estructura din&aacute;mica  se especifica a partir de un  estado &Phi; que evoluciona en tiempo  continuo, donde la derivada en el tiempo,  <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e8.jpg"> = &part;&Phi;/&part;t, se representa por una  funci&oacute;n F: <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e10.jpg"> &Phi; R<sup>2</sup> tal que <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e8.jpg"> = F(&Phi;).</p>      <p>Este es un sistema aut&oacute;nomo de ecuaciones  diferenciales ordinarias donde  la curva de soluci&oacute;n &Phi; (t), dadas  las condiciones iniciales &Phi; (0) <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg"> &Phi;,  describe la evoluci&oacute;n de la poblaci&oacute;n  comenzando en alg&uacute;n estado de inter&eacute;s.</p>      <p><b><i>Estabilidad:</i></b> Sea &Phi;(t) el estado en  el tiempo t, un sistema din&aacute;mico admisible <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e14.jpg">  genera una curva  de soluci&oacute;n &uacute;nica &Phi; (t) dada una  condici&oacute;n inicial &Phi; (0) <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg"> &Phi;. Un estado  &Phi; es un punto fijo de F(&bull;) si todos los  componentes de F (&Phi;) son cero. El  estado &Phi; es un punto fijo en el sentido  que si &Phi; (0) es un punto fijo de F(&bull;)  entonces F(&Phi;(0)) = 0 y &Phi;(t) = &Phi;(0) <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e12.jpg"> t&gt;0.  Un estado &Phi;* es un punto fijo estable  de F(&bull;) si F(&Phi;*) = 0 y &eacute;ste tiene un  conjunto abierto D <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e9.jpg"> &Phi; tal que  &Phi;(t) <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e10.jpg"> &Phi;* cuando t <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e10.jpg"> &infin; y &Phi;(0) <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg"> D.  La uni&oacute;n de todas las curvas de soluci&oacute;n  que llevan hacia &Phi;* cuando t <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e10.jpg"> &infin;  se denominar&aacute; la base de atracci&oacute;n  de &Phi;* y se denota B<sub>A</sub>(&Phi;*). Finalmente  una estrategia es evolutivamente  estable, EEE, siempre que &Phi;*  B<sub>A</sub>(&Phi;*).</p>        <p><b><i>Proposici&oacute;n 1:</i></b> Un sistema din&aacute;mico  provee una explicaci&oacute;n de la adopci&oacute;n  por parte de los agentes de una  convenci&oacute;n si dado un estado inicial  &Phi;(0) cuya curva de soluci&oacute;n &Phi;(t) <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg">  B<sub>A</sub>(&Phi;*), la din&aacute;mica, despu&eacute;s de cierta  transici&oacute;n cuando &Phi; es consistente  con un equilibrio, lleva a que los  agentes adopten una estrategia que  se convierte en un comportamiento  recurrente, es decir, adopten una convenci&oacute;n.</p>      <p><b><i>Demostraci&oacute;n:</i></b> Ver ap&eacute;ndice.</p>      <p>Si los miembros de una comunidad  usan la experiencia de jugadores anteriores  e imitan su comportamiento  usar&aacute;n las reglas 1 y 2. Estas reglas  proveer&aacute;n la experiencia que los jugadores  necesitan para coordinarse,  pues revisando en cada momento la  diferencia de los pagos en estrategias  puras los jugadores se dar&aacute;n cuenta  de cu&aacute;l estrategia ser&aacute; un comportamiento  esperado. As&iacute; en el tiempo, la  poblaci&oacute;n usar&aacute; din&aacute;micas de r&eacute;plica.  Se puede establecer que la ecuaci&oacute;n  de din&aacute;mica de r&eacute;plica correspondiente  ser&aacute;:</p>      <p><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e15.jpg"></p>      <p>Si los agentes imitan el comportamiento  y la experiencia heredada se  hace a trav&eacute;s de las reglas 1 y 2, es  posible establecer que si la poblaci&oacute;n  usa la estrategia &beta;, &beta; en una proporci&oacute;n <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e16.jpg">  y la estrategia &alpha;, &alpha; en una proporci&oacute;n  1&#45;<img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e16.jpg">, entonces un nuevo individuo  usar&aacute; aquella estrategia que  usa la mayor parte de la poblaci&oacute;n.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>    <center><a name="grafica3"><a href="/img/revistas/eg/v17n78/n78a02f3.jpg" target="_blank">GRAFICA 3</a></a></center></p>      <p>  De la <a href="#grafica3">Gr&aacute;fica 3</a> se puede observar que  a la izquierda de <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e16.jpg"> los agentes usan  la estrategia II, II y a la derecha de <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e16.jpg">  la estrategia I, I. Si la proporci&oacute;n  inicial de jugadores que escoge I,I es  superior a  <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e16.jpg">, entonces la poblaci&oacute;n  usar&aacute; como convenci&oacute;n I,I. De hecho,  cuando &alpha; = &Beta; =&eta;<sub>&Beta;</sub> = 1 y &eta;&alpha;= 0 el 100% de  las veces un nuevo individuo usar&aacute;  la estrategia I,I y el 0% de las veces  usar&aacute; la estrategia II,II. Por otro  lado, si &alpha; = &Beta; = 1 y &eta;<sub>&Beta;</sub> = &eta;&alpha; = 0.5 las estrategias  I,I y II, II se usar&aacute;n el 50%.</p>      <p>Bajo el cumplimiento de la proposici&oacute;n  1 una estrategia se convertir&aacute; en  una convenci&oacute;n ya que los nuevos individuos  usar&aacute;n aquella estrategia  que la poblaci&oacute;n en su mayor&iacute;a ha  elegido.</p>      <p>Aunque podr&iacute;a asumirse que el cumplimiento  de la proposici&oacute;n 1 es garant&iacute;a  suficiente de un comportamiento  de equilibrio de NASH, en  cumplimiento de la proposici&oacute;n 1 de  Ritzberger y Volgelsberger (1990), de  que s&oacute;lo estrictos equilibrios son asint&oacute;ticamente  estables y que estos implican  din&aacute;micas de selecci&oacute;n mon&oacute;tonamente  agregadas &#91;Samuelson y  Zhang (1992) teorema 4 y corolario  1&#93;, aqu&iacute; deber&aacute; demostrarse la siguiente  proposici&oacute;n<a href="#nota9"><sup>9</sup></a>:</p>      <p><b><i>Proposici&oacute;n 2:</i></b> Una convenci&oacute;n es  robusta &#91;CR&#93; si satisface el criterio de  estabilidad de Lyapunov.</p>      <p><b><i>Demostraci&oacute;n:</i></b> Ver ap&eacute;ndice.</p>      <p>Finalmente, si una convenci&oacute;n es  asint&oacute;ticamente estable en alguna  din&aacute;mica mon&oacute;tona F(&bull;), entonces  BA(&Phi;*) contiene un equilibrio de  NASH &#91;Bomze(1986), Nachbar (1990),  Friedman (1991), Swinkels (1993),  Bj&ouml;rnerstedt y Weibull (1996)&#93;.</p>      <p><font size="3"><b>¿ES ESTABLE UNA  CONVENCION ANTE  MUTACIONES?</b></font></p>      <p>Supongamos que la informaci&oacute;n que  proviene de la interacci&oacute;n sufre alguna  mutaci&oacute;n, de tal forma que el comportamiento  de los agentes se modifica  de alguna manera por dicha mutaci&oacute;n.  ¿Resistir&aacute; la convenci&oacute;n ante  esta mutaci&oacute;n en la informaci&oacute;n?</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El problema consiste, en forma intuitiva,  en qu&eacute; tanto se aleja la din&aacute;mica  resultante del equilibrio de NASH  o si esta nueva din&aacute;mica hace parte  de la base de atracci&oacute;n del equilibrio.</p>      <p>Como demuestran N&ouml;ldeke y Samuelson  (1993), si el soporte del l&iacute;mite de  la distribuci&oacute;n de todas las din&aacute;micas  de mutaci&oacute;n es un estado absorbente,  entonces para un tama&ntilde;o de  poblaci&oacute;n N al menos existir&aacute;n dos  mutaciones que pertenezcan a la base  de atracci&oacute;n. Este resultado es importante  en los siguientes t&eacute;rminos: Suponga  una mutaci&oacute;n &lambda; de tal forma  que la din&aacute;mica de r&eacute;plica para una  poblaci&oacute;n sea <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e8.jpg"> = f(&Phi;) + &lambda; g(&Phi;). La  cuesti&oacute;n importante radica en qu&eacute; sucede  cuando &lambda; <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e10.jpg"> &infin;, esto es, g(&Phi;) <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e10.jpg"> 0  &oacute; g(&Phi;) <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e10.jpg"> &infin;. De los resultados de N&ouml;ldeke  y Samuelson se establece que  alguna din&aacute;mica con mutaci&oacute;n puede  ser atra&iacute;da por B<sub>A</sub>(&Phi;*) pero no todas.  De esta forma ante una mutaci&oacute;n,  el resultado aqu&iacute; mostrado s&oacute;lo  se mantiene en tanto la mutaci&oacute;n que  han experimentado los agentes sea  una transformaci&oacute;n mon&oacute;tona de la  funci&oacute;n f(&Phi;) ya que aqu&iacute; se ha demostrado  &#91;Proposiciones 1 y 2&#93; que  &Phi; <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg"> B<sub>A</sub>(&Phi;*)<a href="#nota10"><sup>10</sup></a>. En otras palabras, si la  mutaci&oacute;n consiste en alguna transformaci&oacute;n  de aquella estrategia que  ha dado mejores resultados y los  agentes tienen en cuenta tan s&oacute;lo esta  estrategia, esta har&aacute; parte de la base  de atracci&oacute;n de las trayectorias de  equilibrio.</p>      <p><font size="3"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>      <p>Las condiciones por medio de las cuales  una convenci&oacute;n domina es un problema  abierto, en tanto el principal  punto de discusi&oacute;n con respecto a la  convenci&oacute;n consiste en c&oacute;mo alcanzar  la coordinaci&oacute;n en torno a un solo  equilibrio. Young, H.P. (1993) usa din&aacute;micas  estoc&aacute;sticamente estables  siguiendo la idea de dominio en riesgo  de Harsanyi y Selten (1988). Sin  embargo, en los experimentos realizados  por Rankin, Van Huyck y  Battalio (1997) una convenci&oacute;n emerge  cuando el comportamiento de los  sujetos es consistente con la eficiencia  m&aacute;s que con la seguridad o el dominio  en riesgo. Siguiendo los resultados  de Rankin et al (1997) el uso  del concepto de eficiencia explicar&iacute;a  por qu&eacute; los costes de transacci&oacute;n son  importantes para coordinar los agentes en torno a una estrategia y, por lo  tanto, en establecer una convenci&oacute;n.</p>      <p>Si las expectativas convergen a un  equilibrio, una forma de explicar este  evento puede ser a trav&eacute;s de la imitaci&oacute;n:  los agentes en un juego de coordinaci&oacute;n  tienden a imitar el comportamiento  de otros agentes ya que  es eficiente en tanto disminuyen los  costes de transacci&oacute;n. As&iacute;, imitar el  comportamiento ser&aacute; la mejor regla  de comportamiento siempre y cuando  los beneficios derivados de imitar  dicho comportamiento sean superiores  a los costes de transacci&oacute;n en que  se incurre cuando se elige una estrategia.  Entonces, revisar en cada momento  la diferencia en los pagos de  las estrategias puras puede ayudar a  establecer qu&eacute; proporci&oacute;n de agentes  ha usado dicha estrategia. Al revisar  en cada momento esta diferencia, los  jugadores se dar&aacute;n cuenta de cu&aacute;l  estrategia ser&aacute; un comportamiento  esperado.</p>      <p>De esta forma dominar&aacute; aquella  convenci&oacute;n cuyos costes de transacci&oacute;n  sean los menores y estos aumentar&aacute;n  o disminuir&aacute;n cuanto m&aacute;s  agentes decidan usar una convenci&oacute;n  en particular.</p>      <p>Ya que la convenci&oacute;n es resultado de  la coordinaci&oacute;n de las expectativas o  de los comportamientos de un conjunto  de integrantes de una comunidad,  seguir una convenci&oacute;n implica usar  reglas que son &quot;heredadas&quot; por nuevos  miembros de una comunidad. De  esta forma es posible deducir dos tipos  de &quot;reglas&quot; que pueden ser transmitidas  de una vieja generaci&oacute;n a los  nuevos integrantes, a saber, <b><i>Regla  1</i></b>: En un juego de convenciones si los  pagos derivados de usar una estrategia  exceden los costes de transacci&oacute;n  existir&aacute;n incentivos de usar &eacute;sta.  <b><i>Regla 2:</i></b> En un juego de convenciones  el coste de transacci&oacute;n decrece  con respecto al n&uacute;mero de individuos  que usan una convenci&oacute;n.</p>      <p>Estas reglas proveen la experiencia  que ayuda a solucionar el problema  de coordinaci&oacute;n. De esta forma, si la  mayor&iacute;a de convenciones y normas  que actualmente usamos han sido el  resultado de c&oacute;mo ha evolucionado la  interacci&oacute;n entre los agentes, conocer  c&oacute;mo evoluciona una estrategia  nos muestra qu&eacute; tanto conocemos  sobre la evoluci&oacute;n de la convenci&oacute;n.</p>      <p>Finalmente, el efecto de una mutaci&oacute;n  depende de c&oacute;mo evoluciona el  comportamiento de la poblaci&oacute;n en  t&eacute;rminos de la revisi&oacute;n de sus estrategias.  Aqu&iacute; se supone que una mutaci&oacute;n  en el comportamiento de la  poblaci&oacute;n que provenga del comportamiento  inicial de la poblaci&oacute;n, esto  es, que provenga de experiencias de  los agentes, llevar&aacute; la din&aacute;mica a la  base de atracci&oacute;n. En &uacute;ltimas, si la  mutaci&oacute;n se hace sobre la experiencia  y los agentes incorporan esta experiencia  en la revisi&oacute;n de sus expectativas,  entonces se alcanza un equilibrio  de NASH.</p>      <p><font size="3"><a name="apendice1">APENDICE</a></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b><i>Demostraci&oacute;n de la Proposici&oacute;n 1</i></b></p>      <p>En la v&iacute;a de demostrar esta proposici&oacute;n  consideraremos que una convenci&oacute;n  puede verse como una estrategia  evolutivamente estable, EEE, en  un juego que tiene dos o m&aacute;s estrategias  evolutivamente estables. La idea  consiste en que una convenci&oacute;n es  una de dos o m&aacute;s reglas de comportamiento.  De esta forma, en cumplimiento  de la propiedad de estabilidad  din&aacute;mica, deberemos demostrar que  las ra&iacute;ces en (0) y (1) correspondientes  a la elecci&oacute;n de las estrategias I y  II so n evolutivamente estables, EEE,  y que la ra&iacute;z <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e16.jpg">es inestable:</p>      <p>Sea F(&Phi;) = &part;&Phi;/&part;t = <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e8.jpg"></p>      <p><img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e19.jpg"></p>      <p>a las convenciones II y I respectivamente  ser&aacute;n estables siempre que  &alpha; &gt; &eta;&alpha; y &Beta; &gt; &eta;&Beta;. Por otro lado <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e20.jpg">  ser&aacute; inestable si &alpha; &gt; &eta;&alpha; y &Beta; &gt; &eta;&Beta;. De las  condiciones 8 &#45; 11 se deduce que las  convenciones asociadas a las ra&iacute;ces (0)  y (1) son estables ya que F(&Phi;*) = 0 y  &part;F(&Phi;*)/&part;&Phi; &lt; 0 lo cual cumple con la  propiedad de estabilidad.</p>        <p>Dado que las ra&iacute;ces (0) y (1) son estables,  la poblaci&oacute;n escoger&aacute; alguna,  dependiendo de los costes de transacci&oacute;n;  esto significa que si &alpha; &gt; &Beta; y &eta;<sub>&alpha;</sub> &le; &eta;<sub>&Beta;</sub>  se escoger&aacute; como convenci&oacute;n I,I y  cuando &alpha; &gt; &Beta; y &eta;<sub>&alpha;</sub> &ge; &eta;<sub>&Beta;</sub> se escoger&aacute; como  convenci&oacute;n II,II. De esta forma, una  de estas ra&iacute;ces se convertir&aacute; en una  convenci&oacute;n, en tanto la din&aacute;mica lleva  a uno de los dos estados y por consiguiente  ser&aacute; una regularidad en el  comportamiento de los integrantes de  una comunidad en una situaci&oacute;n recurrente.</p>        <p><b><i>Demostraci&oacute;n de la Proposici&oacute;n 2:</i></b></p>      <p>Suponga que existe una funci&oacute;n continuamente  diferenciable y definida  positiva V(&Phi;): D R<sup>n</sup> <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e10.jpg"> R, siendo D  un conjunto abierto que contiene al  origen y sea &part;V/&part;&Phi; negativa semidefinida  para alg&uacute;n &Phi; <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg"> D. Entonces,  existe una soluci&oacute;n al sistema &part;&Phi;/&part;t  = F(&Phi;) que es asint&oacute;ticamente estable.  En particular sea V(&Phi;) = 1/2&Phi;<sup>2</sup> entonces  &part;V(&Phi;)/&part;t = (&part;V/&part;&Phi;)(&part;&Phi;/&part;t) =  &Phi;F(&Phi;). Dado que F&acute; (&Phi;*) &lt; 0 &#91;demostraci&oacute;n  de la proposici&oacute;n 1&#93; y F (&Phi;*) = 0,  de esto se sigue que F es decreciente  en todo &Phi;* <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg"> &Beta;<sub>A</sub>(&Phi;*). Por lo tanto, una  soluci&oacute;n &Phi;* del sistema &part;&Phi;/&part;t = F(&Phi;)  que sea asint&oacute;ticamente estable conducir&aacute;  a una convenci&oacute;n robusta  &#91;CR&#93;.</p>        <p><b>NOTAS AL PIE DE P&Aacute;GINA</b></p>      <p><a name="nota1">1. </a>Al final de la Revoluci&oacute;n francesa se decret&oacute; que los carruajes en Par&iacute;s deb&iacute;an ser conducidos por la  derecha, mientras que la parte oeste de Austria junto con Alemania, Suiza e Italia adoptaron la convenci&oacute;n  de conducir por la derecha en el siglo XIX, el resto de Austria tan solo lo hizo a finales de 1920.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="nota2">2. </a>El tarro no posee ninguna marca o se&ntilde;al que indique la venta del coche. El solo hecho de colocar el tarro  es una se&ntilde;al de la venta del coche.</p>      <p><a name="nota3">3. </a>En torno a la coordinaci&oacute;n que se alcanza en &quot;torneos&quot; existe una interesante discusi&oacute;n acerca del Tit&#45;for&#45;  Tat presentado por Axelrod en Binmore (1997).</p>      <p><a name="nota4">4. </a>Igual resultado se puede derivar del trabajo de Sugden (1986).</p>      <p><a name="nota5">5. </a>Usadas originalmente en su trabajo con Foster [ver Foster y Young (1990) y Young (1993)] y desarrolladas  a partir del trabajo de Freidlin y Wentzel (1984) y Kandori, Mailath y Rob (1993).</p>      <p><a name="nota6">6. </a>En Mora (1998) se discute la idea de que una convenci&oacute;n domine a otra cuando se supera un determinado  umbral.</p>      <p><a name="nota7">7. </a>En Levine (1995) y Fudenberg y Levine (1996) se plantean algunas implicaciones te&oacute;ricas de la din&aacute;mica  de r&eacute;plica. Para Levine (1995) las din&aacute;micas deben surgir &quot;naturalmente&quot; de los modelos en vez de imponerse.  Las convenciones pueden ser un ejemplo de c&oacute;mo se provee de &quot;experiencia&quot; a los nuevos jugadores  a trav&eacute;s de normas o reglas.</p>      <p><a name="nota8">8. </a>Estas ideas siguen la tradici&oacute;n de los modelos de din&aacute;mica de r&eacute;plica de Maynard Smith (1982) y Taylor  (1979). Para Borges y Sarin (1994) existe un &quot;reforzamiento positivo&quot; de las acciones cuando los jugadores  usan din&aacute;mica de r&eacute;plica. Binmore y Samuelson (1995), Friedman (1991), Cressman (1992) y  Samuelson (1991) muestran las diferentes propiedades de este tipo de modelos.</p>      <p><a name="nota9">9. </a>La convergencia a un estado estacionario desde un estado interior inicial implica un equilibrio de NASH  [Nachbar (1990), Bomze (1986)]. En juegos con m&aacute;s de dos poblaciones Ritzberger y Weibull encuentran  que pocos equilibrios son robustos, lo cual muestra que pocos juegos poseen equilibrios asint&oacute;ticamente  estables. Por esta raz&oacute;n, Ritzberger y Weibull (1995) desarrollan el concepto de selecci&oacute;n que preserva su  signo (SPS), el cual es un equilibrio robusto si satisface el criterio de estabilidad de Lyapunov, es decir, un  equilibrio es robusto si el Lyapunov es estable en alguna SPS. Esta propiedad garantiza que cuando  fracciones peque&ntilde;as de la poblaci&oacute;n sufren cambios que generan choques peque&ntilde;os al estado la estabilidad  asint&oacute;tica no se altera.</p>      <p><a name="nota10">10. </a>Este resultado se deriva de la proposici&oacute;n 1 de Bj&ouml;rnerstedt y Weibull (1995), enunciada tambi&eacute;n por  Bomze (1986), Nachbar (1990), Fridman (1991), Hofbauer y Weibull (1996). Se deduce entonces que si  &Phi;&acute; <img src="img/revistas/eg/v17n78/n78a02e4.jpg"> &Phi; es estable en alguna din&aacute;mica mon&oacute;tona de una poblaci&oacute;n, entonces &Phi;&acute; tambi&eacute;n pertenece a un  equilibrio de NASH [ver tambi&eacute;n Kandory et al (1993)].</p>        <hr />        <p><font size="3"><b>BIBLIOGRAFIA</b></font></p>        ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p>AXELROD, R. (1984). The evolution of  cooperation. Basic Books, N.Y.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0123-5923200100010000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>AXELROD, R. (1997). The complexity of cooperation:  Agent&#45;based models of  competition and collaboration,  Princeton, Princeton University  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0123-5923200100010000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BINMORE, K. (1998). Revisi&oacute;n del libro  &quot;The complexity of cooperation:  Agent&#45;based models of competition  and collaboration&quot;, Robert  Axelrod, Princeton, New Jersey:  Princeton University Press  (1997).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0123-5923200100010000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BINMORE, K. y L. SAMUELSON. (1992). &quot;Evolutionary  stability in repeated  games played by finite automata&quot;, Journal of economic theory,  vol. 57, n&uacute;m. 2, pp. 278&#45;305.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0123-5923200100010000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BJ&Ouml;RNERSTEDT, J. y J. WEIBULL.  (1996). &quot;Nash equilibrium and  evolution by imitation&quot;, en Arrow  K, J., E. Colombatto y Ch. Schmidt  (comps.). The rationality  foundations of economics, Macmillan  London.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0123-5923200100010000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BOMZE, I.M. (1986). &quot;Non&#45;cooperative  two&#45;person games in biology: A  classification&quot;, International  journal of game theory, 15, pp.  31&#45;57.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0123-5923200100010000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>BORGES, T. and R. SARIN. (1993).  &quot;Learning through reinforcement  and replicator dynamics&quot;,  Laser&#45;script.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0123-5923200100010000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>CRESSMAN, R. (1992). The stability  concept of evolutionary game  theory: a dynamic approach, Lectures  notes in biomathematics  94, Springer Verlag.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0123-5923200100010000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FOSTER, D y H.P. YOUNG. (1991). &quot;Cooperation  in the short and in the  long run&quot;, Games economic behavior,  n&uacute;m. 3, pp. 145&#45;156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0123-5923200100010000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FREIDLIN, M. and A. WENTZEL.  (1984). Random perturbations of  dynamical systems, New York:  Springer Verlag.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0123-5923200100010000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>FRIEDMAN, D. (1991). &quot;Evolutionary  games in economics&quot;, Econom&eacute;trica,  vol. 59, n&uacute;m. 3, pp. 637&#45;  666.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0123-5923200100010000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>HARSANYI, J. and R, SELTEN. (1988).  A general theory of equilibrium  selection in games, Cambridge,  Mass: MIT Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-5923200100010000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>KANDORY, M., G, MAILATH and. R.  ROB. (1993). &quot;Learning, mutation  and long run equilibrium in  games&quot;, Econom&eacute;trica, vol. 61,  pp. 29&#45;56.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0123-5923200100010000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LEVINE, D.K. y D. FUDEMBERG.  (1996). Learning and evolution in  games, Laser&#45;script, Jul. 30. UCLA,  <a href="http://levine.sscnet.ucla.edu/papers/japan.html" target="_blank">http://levine.sscnet.ucla.edu/papers/japan.html</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0123-5923200100010000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>LEWIS. D. (1969). Convention: A  philosophical study, Cambridge,  Mass: Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0123-5923200100010000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MAYNARD SMITH, J. (1982). Evolution  and the theory of games. Cambridge,  Cambridge University  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0123-5923200100010000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>MORA, J.J. (1998). &quot;Elecci&oacute;n de tecnolog&iacute;a  entre el principal y el  agente en un contexto evolutivo&quot;,  Estudios econ&oacute;micos, vol. 13,  n&uacute;m. 2, jul.&#45;dec. pp. 225&#45;247  (M&eacute;xico).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0123-5923200100010000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>NACHBAR, J.H. (1990). &quot;&acute;Evolutionary&acute;  selection dynamics in games:  convergence and limit properties&quot;, International journal of  game theory, 19, pp. 50&#45;90.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0123-5923200100010000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>N&Ouml;LDEKE, G. y SAMUELSON, L. (1993).  &quot;An evolutionary analysis of backward and forward induction&quot;. Games and economic behavior,  5, pp: 425&#45;454.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0123-5923200100010000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RITZBERGER, K. y J. WEIBULL. (1995).  &quot;Evolutionary selection in normal&#45;  form games&quot;, Econom&eacute;trica,  vol. 63, n&uacute;m. 6, pp. 1371&#45;1400.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000112&pid=S0123-5923200100010000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>RITZBERGER, K. y K, VOGELSBERGER. (1990).  &quot;The Nash field&quot;, IAS Research  report, n&uacute;m. 263, Vienna.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000113&pid=S0123-5923200100010000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SAMUELSON, L. (1997). Evolutionary  games and equilibrium selection,  The MIT press, Cambridge.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-5923200100010000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SAMUELSON, L. y J. ZHANG. (1992). &quot;Evolutionary  stability in asymmetric  games&quot;, Journal of economic theory,  vol. 57, n&uacute;m. 2, pp. 363&#45;91.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000115&pid=S0123-5923200100010000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SCHELLING, T.C. (1960). The strategy  of conflict, Cambridge, Mass:  Harvard University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000116&pid=S0123-5923200100010000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>SUDGEN, R. (1989). &quot;Spontaneous order&quot;, Journal of economics perspectives,  Fall, n&uacute;m. 3, pp. 85&#45;97.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000117&pid=S0123-5923200100010000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>TAYLOR, P.D. (1979). &quot;Evolutionarily  stable strategies with two types  of players&quot;, Journal of applied  probability, vol. 16, pp. 76&#45;83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000118&pid=S0123-5923200100010000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>VAN HUYCK, J.B., R.C. BATTALIO, and  R.O. BEIL. (1996). &quot;On the origin  of conventions: evidence from coordination  games&quot;, Laser script,  June.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000119&pid=S0123-5923200100010000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>VAN HUYCK, J.B. (1997). &quot;Strategic similarity and  emergent conventions: Evidence  from scrambled payoff perturbed  stag hunt games&quot;, Laser script,  July.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0123-5923200100010000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>WEIBULL, J. (1995). Evolutionary  game theory. Cambridge, Mas.:  MIT&#45;Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0123-5923200100010000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>WEIBULL, J. and HOFBAUER, J. (1996), &quot;Evolutionary  selection against dominated  strategies&quot;, Journal of economic  theory, vol. 71. pp. 558&#45;  573.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0123-5923200100010000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>YOUNG, H.P. (1996). &quot;The economics  of conventions&quot;, Journal of economics  perspectives, vol. 10,  n&uacute;m. 2, pp. 105&#45;22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0123-5923200100010000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>YOUNG, H.P. (1993). &quot;The evolution of conventions&quot;. Econom&eacute;trica, vol. 61.  n&uacute;m. 1, pp. 57&#45;87.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0123-5923200100010000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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