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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align=center><b><font size="4"> El a&ntilde;o rojo.</font></b> <b><font size="4">Pol&iacute;tica, sociedad y cultura en 1968*</font></b></p>     <p><b> Rafael Hern&aacute;ndez**</b></p>      <p>* Originalmente publicado en ingl&eacute;s en <i>Revista, the Harvard Review of Latin  America </i>III, No. 11: 21-24. Invierno de 2009.</p>      <p>** Egresado de literatura francesa, Universidad de La Habana; Posgrado en ciencia  pol&iacute;tica y estudios latinoamericanos, Colegio de M&eacute;xico y la Universidad  Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico. Ha publicado numerosos libros y ensayos sobre  cultura y sociedad civil cubanas, pol&iacute;tica norteamericana, seguridad, migraci&oacute;n,  entre ellos: <i>The History of Havana</i>, Nueva York: Palgrave-McMillan, 2006  &#40;coautor con Dick Cluster&#41;; <i>Changes in Cuban Society since the Nineties </i> &#40;compiladores Joseph Tulchin, Lilian Bobea, Mayra Espina y Rafael Hern&aacute;ndez&#41;,  Rep&uacute;blica Dominicana, Washington, D.C: Wilson Center-FLACSO, 2005; <i>Cultura,  sociedad y cooperaci&oacute;n. Ensayos sobre la sociedad civil del Gran Caribe </i> &#40;compilado con Antonio Gaztambide&#41;, San Juan-La Habana: Centro Juan Marinello-Proyecto  Atlantea, UPR, 2003<i>; Ensayo cubano del siglo XX </i>&#40;compilado con Rafael  Rojas&#41;, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 2002<i>. </i>Su colecci&oacute;n de ensayos <i>Mirar a Cuba. Ensayos sobre cultura y sociedad civil </i>&#40;M&eacute;xico D.F: Fondo  de Cultura Econ&oacute;mica&#41; fue merecedora del Premio de la Cr&iacute;tica Cubana en el a&ntilde;o  2001. Actualmente se desempe&ntilde;a como director de <i>Temas</i>, revista cubana de  ciencias sociales y estudios culturales. Correo electr&oacute;nico:  <a href="mailto:rafaelmhdez@yahoo.com"> rafaelmhdez@yahoo.com</a>.</p>      <p align="right"><i>Yo he preferido hablar de cosas imposibles    <br> porque de lo posible se sabe demasiado.</i>    <br> <b>Silvio Rodr&iacute;guez,</b>    <br> &quot;Resumen de noticias&quot; &#40;20 de enero de 1970&#41;</p>  <hr size="1">      <br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Entender las secuencias del per&iacute;odo revolucionario como algo m&aacute;s que retroproyecciones del  presente, de sus temas recurrentes y h&aacute;bitos de pensamiento, requiere una  historia que rebase tanto los amaneramientos de las hagiograf&iacute;as como los de las  teleolog&iacute;as esc&eacute;pticas. Para algunos que no las vivieron, o s&oacute;lo lo hicieron  como espectadores distantes, las d&eacute;cadas de los sesenta y los setenta en Cuba se  aprecian apenas como anticipaciones de los prodigios o males posteriores, aun  los presentes. Esa historia necesaria no se debe confundir con la mera  recolecci&oacute;n positivista de hechos ni el recuento de testimonios personales, que  intentan reemplazar el an&aacute;lisis hist&oacute;rico, y que revelan una vasta ineptitud  para captar las m&aacute;s elusivas claves de una &eacute;poca, esto es, su conciencia social  y su cultura pol&iacute;tica.</p>      <p>Estas notas no se proponen narrar los avatares y pormenores de aquellos a&ntilde;os, ni suministrar  municiones a sus apologistas o detractores. S&oacute;lo intentan analizar su cultura y  su conciencia social como partes de una foto mayor –mejor ser&iacute;a decir de una <i> pel&iacute;cula mayor–</i>: la de nuestra real historia pol&iacute;tica y social.</p>      <br>    <p><b>Hacia 1968: el proceso pol&iacute;tico y la cultura socialistas</b></p>      <p>Al iniciarse 1968, apenas siete a&ntilde;os nos separaban del ataque de Playa Gir&oacute;n; cinco de la  crisis de los misiles; tres de que Cuba hab&iacute;a quedado pr&aacute;cticamente sola en el  hemisferio; dos del fin de la guerra civil en el Escambray; y apenas tres meses  de la muerte del Che Guevara en Bolivia.</p>      <p> En medio de la  situaci&oacute;n de mayor aislamiento diplom&aacute;tico y econ&oacute;mico de todo el per&iacute;odo  revolucionario, el pa&iacute;s estaba sometido a un asedio triple: la aguda amenaza que  representaba la impunidad de Estados Unidos en el cl&iacute;max de la guerra de  Vietnam, el ostracismo del resto de los gobiernos de la regi&oacute;n y, por &uacute;ltimo,  aunque no menos importante, las presiones para que la Revoluci&oacute;n se alineara  ante el conflicto chino-sovi&eacute;tico. El desaf&iacute;o de construir un socialismo  distinto y distante de los modelos sovi&eacute;tico y chino pon&iacute;a al m&aacute;ximo el esp&iacute;ritu  de defensa de la naci&oacute;n en su camino independiente, la vista fija en el ideal de  una sociedad superior.</p>      <p>Aquel encaminamiento en solitario se manten&iacute;a sobre la dram&aacute;tica certidumbre de que  Cuba ser&iacute;a la primera sociedad en experimentar formas comunistas de organizaci&oacute;n  y convivencia social. Un a&ntilde;o antes, en enero de 1967, Fidel hab&iacute;a anunciado que  en tres peque&ntilde;os pueblos rurales –San Andr&eacute;s de Caiguanabo, Banao y Gran Tierra–  se empezar&iacute;an a experimentar formas comunistas de vida y organizaci&oacute;n social.  Aquellas comunidades funcionar&iacute;an bajo un sistema de m&aacute;ximo bienestar y m&iacute;nimo uso  del mercado y el dinero, que &quot;tiene que ver mucho con la concepci&oacute;n general de  la forma en que nosotros queremos edificar el socialismo y de la forma en que  nosotros queremos edificar el comunismo&quot;.<sup><a href="#1" name="s1">1</a></sup> Naturalmente, en aquel ensayo de  comunismo, el Estado no ced&iacute;a sus funciones a la sociedad, sino al contrario,  las concentraba todas.</p>      <p>Aquella utop&iacute;a desafiante era algo m&aacute;s que un simple acto de voluntarismo o extremismo jacobino  –como podr&iacute;a juzgarse desde hoy–, era parte de toda una concepci&oacute;n del  socialismo, opuesta a la de los manuales sovi&eacute;ticos: &quot;en un mundo donde muchas  ideas reaccionarias ganan fuerza &#91;...&#93; aun bajo supuestas banderas  revolucionarias, aun esgrimiendo la terminolog&iacute;a marxista-leninista, nosotros  nos adentramos enarbolando ideas revolucionarias&quot;. San Andr&eacute;s de Caiguanabo no  era as&iacute; un mero falansterio ut&oacute;pico, sino un argumento en una intensa pol&eacute;mica  de ideas y teor&iacute;as sobre la revoluci&oacute;n socialista, en la que se involucraban no  s&oacute;lo la vanguardia pol&iacute;tica y los intelectuales org&aacute;nicos, sino numerosos  ciudadanos.</p>      <p>En efecto, la democratizaci&oacute;n del debate te&oacute;rico, junto a la articulaci&oacute;n entre el trabajo  intelectual y la praxis social, eran ejes centrales de aquella manera de pensar:</p>      <blockquote> No s&eacute;cu&aacute;ntas veces ustedes se han preguntado c&oacute;mo en la pr&aacute;ctica se puede llegar a una  distribuci&oacute;n comunista de los bienes que el hombre produce. Sobre eso hay muchas  teor&iacute;as, &#91;...&#93; y mucha bober&iacute;a &#40;RISAS&#41;. Ahora, nosotros tenemos que escribir la  nuestra. Esa teor&iacute;a nuestra no la va a escribir un cient&iacute;fico, no la va a  escribir una elite intelectual &#91;...&#93; La cultura dejar&aacute; de ser cuesti&oacute;n de elite  cuando pertenezca a todo el pueblo &#40;APLAUSOS PROLONGADOS&#41;.<sup><a href="#2" name="s2">2</a></sup> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Los que aplaud&iacute;an no eran cuadros del gobierno ni militantes del Partido, sino estudiantes,  profesores e intelectuales universitarios reunidos en la Escuela de Letras y  Arte, en agosto de 1967, quienes a la saz&oacute;n le&iacute;an y debat&iacute;an intensamente en  torno a aquellos mismos temas.</p>      <p>Como un producto directo de aquella cultura pol&iacute;tica predominante, y de la poderosa demanda de un  marxismo alternativo al sovi&eacute;tico generada por la pol&iacute;tica revolucionaria de  este per&iacute;odo, apareci&oacute; Pensamiento Cr&iacute;tico, en febrero de 1967, con el fin de  responder &quot;a la necesidad de informaci&oacute;n que sobre el desarrollo del pensamiento  pol&iacute;tico y social del tiempo presente tiene hoy la Cuba revolucionaria&quot;.<sup><a href="#3" name="s3">3</a></sup> Se  trataba de asimilar, de una manera cr&iacute;tica y provechosa, el llamado marxismo  occidental, y aun el pensamiento y las ciencias sociales no marxistas. La  vocaci&oacute;n de fomentar una cultura socialista no detr&aacute;s de una cortina de hierro o  de una muralla, sino en un intercambio constante con las ideas m&aacute;s avanzadas del  pensamiento social, la ciencia y la t&eacute;cnica marcaban el tipo de desarrollo  social que la modernidad de la Revoluci&oacute;n preconizaba.</p>      <p>No eran un secreto las profundas diferencias entre la l&iacute;nea del socialismo cubano, de un  lado, y la sovi&eacute;tica y la china, del otro. En su carta del 16 de abril de 1967 a  la Tricontinental, el Che Guevara las formular&iacute;a en t&eacute;rminos nada filos&oacute;ficos:  &quot;tambi&eacute;n son culpables los que en el momento de definici&oacute;n vacilaron en hacer de  Vietnam parte inviolable del territorio socialista &#91;...&#93; Y son culpables los que  mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo  por los representantes de las dos m&aacute;s grandes potencias del campo socialista&quot;.  Adem&aacute;s del fragmento archicitado de &quot;Crear dos, tres, muchos Vietnam es la  consigna&quot;, este mensaje se extiende en argumentos particulares contra el  divisionismo chino-sovi&eacute;tico:</p>      <blockquote>&#91;...&#93; no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, aun cuando  coincidamos a veces con algunos planteamientos de una u otra parte &#91;...&#93; En el  momento de la lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias  constituye una debilidad; &#91;...&#93; querer arreglarlas mediante palabras es una  ilusi&oacute;n &#40;Guevara 1977, p. 26 &#41;.</blockquote>      <p>Si los grandes eventos de la &eacute;pica revolucionaria de la primera mitad de los sesenta evocados  antes –Playa Gir&oacute;n, la Crisis de Octubre, la Limpia del Escambray– estaban  todav&iacute;a frescos, los conflictos internos e internacionales que les dieron lugar  segu&iacute;an en alta tensi&oacute;n. En 1966-1968, el terrorismo contra la Revoluci&oacute;n desde  bases en Florida y el Caribe manten&iacute;a una guerra no tan encubierta, con  sabotajes, ataques contra embarcaciones y embajadas cubanas, secuestros de  naves, etc. Si bien en 1962 John F. Kennedy se hab&iacute;a comprometido verbalmente a  no invadir la Isla, desde la base naval en Guant&aacute;namo se disparaba contra  soldados cubanos. Entre todas estas amenazas, la m&aacute;s importante proven&iacute;a, sin  embargo, en la percepci&oacute;n del liderazgo cubano, de la intervenci&oacute;n  norteamericana en Vietnam. &Eacute;sta no s&oacute;lo se manten&iacute;a impune, sino que escalaba  peligrosamente, seg&uacute;n la estrategia de <i>attrition war </i>del Pent&aacute;gono, que  pon&iacute;a todo su poder&iacute;o militar en la balanza –salvo el arma nuclear–, sin que los  sovi&eacute;ticos ni los chinos intervinieran, a pesar de sus supuestos compromisos con  la defensa de los vietnamitas. En el umbral de 1968, esa percepci&oacute;n identificaba  la guerra en el sudeste asi&aacute;tico como una amenaza creciente para la propia  Revoluci&oacute;n cubana, reforzada por la advertencia de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica de que no  volver&iacute;a a jugarse su propia seguridad en defensa de la de la Isla, como en 1962.</p>      <p>En esta tensa atm&oacute;sfera, la firma del acuerdo migratorio de 1966 con Estados Unidos, junto a  la promulgaci&oacute;n de la Ley de Ajuste Cubano por la administraci&oacute;n John-son,  hab&iacute;an dado paso al per&iacute;odo de mayor flujo migratorio que haya existido nunca  entre los dos pa&iacute;ses, que ascendi&oacute; a doscientas setenta mil personas hasta 1973.  Esta pol&iacute;tica, dise&ntilde;ada por Estados Unidos como alternativa al recurso militar  contra la Revoluci&oacute;n, encima del efecto acumulado del bloqueo y el aislamiento  internacional, agravaba la presi&oacute;n migratoria, y multiplicaba el proceso de  divisi&oacute;n familiar, al extenderse a otros grupos sociales, m&aacute;s all&aacute; de la clase  alta y media alta. En los t&eacute;rminos de la &eacute;poca, los que se iban, lo hac&iacute;an hacia  el campo del enemigo de la naci&oacute;n; la suerte estaba echada para los que se  quedaban en la Isla. De esta manera, la politizaci&oacute;n del proceso migratorio se  reproduc&iacute;a, e incluso se reforzaba, en medio de la polarizaci&oacute;n internacional y  nacional prevaleciente.</p>      <p>La soledad del socialismo cubano, en sentido geopol&iacute;tico e ideol&oacute;gico, respecto a los otros  pa&iacute;ses socialistas, a los gobiernos de Am&eacute;rica Latina y a la amenaza  norteamericana no era, sin embargo, una carrera sin acompa&ntilde;amiento. Hasta 1968,  la izquierda de casi todas partes apoyaba de manera generalizada la Revoluci&oacute;n  Cubana. En Europa se hab&iacute;a percibido originalmente como una revoluci&oacute;n &quot;sin  ideolog&iacute;a&quot;, que no hab&iacute;a llegado al poder liderada por un partido comunista  subordinado a Mosc&uacute;, sino por una guerrilla campesina, que hab&iacute;a abierto una v&iacute;a  socialista alternativa a la del estalinismo y los bloques del mundo bipolar.  Tanto en los pa&iacute;ses del Norte, como sobre todo en los del Sur, la extraordinaria  fuerza popular de la Revoluci&oacute;n Cubana, su capacidad de contestar al imperio  estadounidense y su encendida pr&eacute;dica revolucionaria influ&iacute;an en la  transformaci&oacute;n de todo el espectro  de la izquierda, al poner en el candelero la posibilidad de &quot;otras Cubas&quot;  mediante la lucha armada. En el Tercer Mundo, sobre todo en &Aacute;frica, la  Revoluci&oacute;n Cubana era una punta de lanza en la lucha contra el colonialismo y el  neocolonialismo, un aliado pol&iacute;tico e incluso militar,<sup><a href="#4" name="s4">4</a></sup> de considerable  significaci&oacute;n, a pesar de su tama&ntilde;o.</p>      <p>Naturalmente, todas estas miradas sobre la naturaleza del experimento cubano estaban marcadas  por las trayectorias hist&oacute;ricas y las culturas pol&iacute;ticas de cada regi&oacute;n y pa&iacute;s.  De cierta manera, cada uno de ellos se representaba <i>sus propias Cubas.</i></p>      <p>Comoquiera que fuese, sin embargo, hasta 1968, ese espectro progresista y de izquierda en el  mundo contrabalanceaba hasta cierto punto el efecto ideol&oacute;gico y cultural del  aislamiento. Si para entrar y salir de Cuba por avi&oacute;n hab&iacute;a disponibles  pr&aacute;cticamente s&oacute;lo dos conexiones –Ciudad M&eacute;xico y Praga–, esto no imped&iacute;a un  flujo cultural e informativo perpetuo y las visitas de miles de simpatizantes de  la Revoluci&oacute;n.</p>      <p>Renombrados intelectuales y artistas de todo el mundo, desde Jean-Paul Sartre y C. Wright  Mills, pasando por Graham Greene, Alan Ginsbergh, Julio Cort&aacute;zar y G&eacute;rard  Philipe, hasta Hans Magnus Enzensberger, Carlos Fuentes y Josephine Baker,  hab&iacute;an visitado la Isla.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Cuando la exposici&oacute;n francesa de arte moderno, el Sal&oacute;n de Mayo, se abri&oacute; gratuitamente en  La Rampa en julio de 1967, los cubanos comunes y corrientes se enfrentaron por  primera vez al <i>opart</i>, el cinetismo, el objetivismo y otras tendencias  art&iacute;sticas, a los m&oacute;viles de Alexander Calder, los autom&oacute;viles triturados del  franc&eacute;s C&eacute;sar Baldaccini, las obras de Jackson Pollock y Vasarely, junto a las  de cl&aacute;sicos como Picasso y Braque, y de casi doscientos artistas de la  vanguardia europea, pero tambi&eacute;n latinoamericana, norteamericana, china y  medioriental, sin contar la cubana. Ante miles de esos cubanos, m&aacute;s de cien  artistas y escritores pintaron e ilustraron durante horas un gigantesco mural de  tela en la fachada del Pabell&oacute;n Cuba. Ra&uacute;l Roa captaba el momento con su prosa  inconfundible:</p>      <blockquote>El Sal&oacute;n de Mayo abre sus arbitrarios vergeles –espl&eacute;ndida eclosi&oacute;n de colores, formas,  met&aacute;foras, candores, enigmas, levedades, gravitaciones y sabidur&iacute;as–  coincidiendo significativamente con la conmemoraci&oacute;n del XIV Aniversario del  Asalto al Cuartel Moncada, la apertura de la Primera Conferencia de la  Organizaci&oacute;n Latinoamericana de Solidaridad, el coro exultante de la Canci&oacute;n  Protesta, el crecimiento de la guerrilla de guerrillas en la Am&eacute;rica Latina, la  corajuda batalla de la poblaci&oacute;n negra norteamericana, la resistencia victoriosa  del pueblo vietnamita y los sonados triunfos de nuestros deportistas en los juegos  panamericanos.<sup><a href="#5" name="s5">5</a></sup></blockquote>      <p>Este tipo de contacto con el arte de vanguardia de Occidente no era, sin embargo, un evento  aislado. Los mismos cubanos de a pie acud&iacute;an a ver pel&iacute;culas procedentes de una  mayor variedad de pa&iacute;ses que nunca antes –y que ahora–, obras de los m&aacute;s  sobresalientes cineastas, no exhibidas en cines de arte, sino en los circuitos  comerciales normales. Si m&aacute;s de doscientas de las trescientas ochenta pel&iacute;culas  que se estrenaron en los cines habaneros en 1960 hab&iacute;an sido norteamericanas, en  los a&ntilde;os sesenta se pudieron ver no s&oacute;lo numerosos filmes de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica  y los pa&iacute;ses del Este europeo –antes pr&aacute;cticamente desconocidos–, sino de Jap&oacute;n,  Italia, Francia, Inglaterra, Espa&ntilde;a, Am&eacute;rica Latina. En aquellos cines se  exhib&iacute;an las obras de Akira Kurosawa, Agnes Varda, Zoltan Fabri, Michelangelo  Antonioni, Tony Richardson, Orson Welles, Ka-neto Shindo, Francesco Rosi,  Andrzej Wajda, Ingmar Bergman, Milos Forman, Federico Fellini, Pier Paolo  Passolini, Miklos Jancso, Gillo Pontecorvo.<sup><a href="#6" name="s6">6</a></sup> Se hac&iacute;an largas colas  para ver <i>La muerte de un bur&oacute;crata </i>&#40;1966&#41;, de Tom&aacute;s Guti&eacute;rrez Alea; <i> Las aventuras de Juan Quin Quin </i>&#40;1967&#41;, de Julio Garc&iacute;a-Espinosa; <i>Luc&iacute;a </i>&#40;1968&#41;, de Humberto Sol&aacute;s; <i>Memorias del subdesarrollo </i>&#40;1968&#41;, de  Tom&aacute;s Guti&eacute;rrez Alea; y los documentales dedicados al centenario de la guerra de  independencia: La odisea del general Jos&eacute;&#40;1968&#41;, de Jorge Fraga; Hombres de Mal  Tiempo &#40;1968&#41;, de Alejandro Saderman; y los referidos a las guerras de  liberaci&oacute;n en &Aacute;frica, como Madina Boe &#40;1968&#41;, de Jos&eacute;Massip, sobre la  independencia de Guinea Bissau. El cine de entonces –que algunos consideran la  &eacute;poca de oro– combinaba una fuerte carga ideol&oacute;gica y una est&eacute;tica experimental  audaz, evidentes en los documentales de Santiago &Aacute;lvarez –Now &#40;1965&#41; y, sobre  todo, LBJ &#40;1968&#41;–, los filmes de Manuel Octavio G&oacute;mez, La primera carga al  machete &#40;1969&#41;, y Pastor Vega, De la guerra americana &#40;1969&#41;.</p>      <p>Al margen del acceso masivo a estos eventos espectaculares y a productos de &quot;alta cultura&quot;,  resulta reveladora la extraordinaria atenci&oacute;n que amplios sectores de la  poblaci&oacute;n, incluidos los m&aacute;s j&oacute;venes, m&aacute;s all&aacute; del mundo intelectual, acad&eacute;mico  y pol&iacute;tico, les prestaban a debates sobre asuntos te&oacute;ricos intrincados en el  campo de la pol&iacute;tica cultural, la est&eacute;tica, la ley del valor, y otras materias  igualmente &aacute;ridas, que en otras partes del mundo hubieran sido consideradas m&aacute;s  bien especializadas e impopulares. En 1968, eran recientes las grandes pol&eacute;micas  en el campo de la cultura y el pensamiento, incluida la que protagonizaran  varias figuras del liderazgo en torno a la teor&iacute;a econ&oacute;mica de la transici&oacute;n  &#40;Guevara 2004; Pogolotti 2007&#41;; y estaban muy frescas tambi&eacute;n las duras cr&iacute;ticas  del Che al realismo socialista, sus ir&oacute;nicas observaciones sobre el gusto de los  funcionarios convertido en pr&aacute;ctica de la pol&iacute;tica cultural, y sobre todo su  advertencia acerca de los peligros del autoritarismo en nombre del pueblo,  expresadas en <i>El socialismo y el hombre en Cuba </i>&#40;1965&#41;, el texto m&aacute;s  influyente en el debate sobre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica de la construcci&oacute;n  revolucionaria en aquellos a&ntilde;os.<sup><a href="#7" name="s7">7</a></sup></p>      <p>A pesar de la guerra con la contrarrevoluci&oacute;n, las amenazas externas, la creciente escasez, la  presi&oacute;n migratoria, las demandas sociales a&uacute;n pendientes, no s&oacute;lo los  intelectuales, sino los dirigentes y una gran parte del pueblo, atend&iacute;an y  resonaban con aquellas discusiones, como si en ellas se jugara el destino de la  naci&oacute;n. Asimismo, estaban atentos a las luchas sociales, incluso en Estados  Unidos, a pesar de los efectos aislantes del bloqueo. Malcolm X, Stokely  Carmichael, Angela Davis, Martin Luther King, Jr., y los dirigentes de los  Panteras Negras eran h&eacute;roes populares en la Isla.</p>      <p>La trascendencia de aquellos eventos y debates fuera del campo intelectual se explica no s&oacute;lo por  la democratizaci&oacute;n de los accesos a la educaci&oacute;n y la cultura, la alfabetizaci&oacute;n  y la creaci&oacute;n de una masa activa de lectores y espectadores, sino tambi&eacute;n por la  expansi&oacute;n de la esfera p&uacute;blica y la &iacute;ndole de la cultura pol&iacute;tica emergente. El  debate ideol&oacute;gico, el saber y la atenci&oacute;n a las &uacute;ltimas corrientes del arte y el  pensamiento conformaban un nuevo canon c&iacute;vico. Ser revolucionario implicaba  participar activamente en los espacios de la cultura, estar al tanto de lo que  pasaba en Cuba y en el mundo, &quot;superarse&quot; –verbo en desuso hoy, que significaba estar aprendiendo  constantemente, dentro y fuera de las escuelas–. Desde la pol&iacute;tica hasta la  producci&oacute;n agropecuaria, pasando por el arte, el esp&iacute;ritu de experimentaci&oacute;n se  abonaba en la modernidad revolucionaria y la puesta en obra de sus beneficios  para las mayor&iacute;as. &Eacute;sta era una revoluci&oacute;n en favor de los obreros y los  campesinos, de los hombres y mujeres humildes, pero su desarrollo implicaba  apropiarse de lo m&aacute;s avanzado del conocimiento, la ciencia, la t&eacute;cnica y la  cultura universales.</p>      <p>En paralelo con la fuerza centr&iacute;peta generada por el remolino revolucionario, y con la  pluralidad de actores e ideas que llegaban todos los d&iacute;as del mundo exterior,  tambi&eacute;n se desplegaba una fuerza centr&iacute;fuga no menos poderosa. Aunque totalmente  ajena a la lanzada por los chinos en 1966, y diferente por su sentido a la  proclamada en el Mayo franc&eacute;s de 1968, lo que estaba ocurriendo en Cuba era una  revoluci&oacute;n cultural. Esa revoluci&oacute;n no consist&iacute;a en una gran operaci&oacute;n de  bienestar social, sino en una movilizaci&oacute;n de ciudadanos comprometidos con la  transformaci&oacute;n de todo lo viejo, empezando por ellos mismos.</p>      <p>&Eacute;ste es el problema de las <i>Luc&iacute;a </i>&#40;1968&#41; en el filme hom&oacute;nimo de Humberto Sol&aacute;s.  Arrastradas por la pasi&oacute;n amorosa fuera del claustro del hogar, las Luc&iacute;as se  exponen a la intemperie de la historia, ante vientos que desgarran sus vidas  &iacute;ntimas y arrasan sus idilios, pero al mismo tiempo, las convierten en seres  reales, en la medida en que las liberan no s&oacute;lo de sus roles ancestrales, sino  de sus propias alienaciones, creencias y valores aprendidos. Al costo de perder  todo lo que tienen &#40;salvo en el <i>happy end </i>de la Luc&iacute;a obrera de los a&ntilde;os  sesenta&#41;, dejan de ser criaturas fr&aacute;giles para encontrarse a s&iacute; mismas en el  fondo de la desgracia, y sacar fuerzas para seguir adelante sin el apoyo del  var&oacute;n, frustradas en sus ilusiones, pero reales y actuantes en su conducta  vital. Las miradas que las tres mujeres le dirigen al espectador al final de  cada cuento reflejan los costos y dolores reales de esa transformaci&oacute;n. Le&iacute;do  desde aquel contexto hist&oacute;rico y cultural, el filme de Sol&aacute;s podr&iacute;a arrojar al  menos dos lecciones. La primera es que nadie ha dicho que el precio de la  libertad y la igualdad sea bajo; la segunda es que no hay que esperar que &eacute;stas  nos lleguen de afuera o de arriba, sino s&oacute;lo de nosotros mismos.</p>      <p>Aquella cultura pol&iacute;tica tambi&eacute;n se expresaba, por otra parte, en valores eminentemente  austeros, estilos semimilitares y actitudes estoicas, que rechazaban como  superfluo y aburguesado todo lo que tuviera un efecto de desv&iacute;o del patr&oacute;n  riguroso del civismo socialista:</p>      <p>&quot;estudio, trabajo, fusil&quot;. El llamado a asumir posiciones ideol&oacute;gicamente definidas como  parte de aquel patr&oacute;n abarcaba los medios art&iacute;sticos y literarios, incluso en  los credos est&eacute;ticos. As&iacute;, el debate de entonces sobre la propiedad del uso del  lenguaje en la literatura, incluidas las &quot;malas palabras&quot;, se desplegaba en un  choque de posturas no solamente &quot;art&iacute;sticas&quot; o &quot;intelectuales&quot;, sino ideol&oacute;gicas  &#40;Hern&aacute;ndez 1999&#41;. Esta tensi&oacute;n atraviesa el manifiesto de los poetas de <i>El  Caim&aacute;n Barbudo </i>&#40;1966&#41;, en defensa de un discurso po&eacute;tico que se apropiara de  todas las palabras, cultas y populares, &quot;buenas&quot; y &quot;malas&quot;, con fines creativos.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Este grupo de j&oacute;venes escritores encarnaba una generaci&oacute;n que hablaba desde la Revoluci&oacute;n,  reclamando confundirse con ella, sin el &quot;pecado original&quot; &#40;Guevara 1965&#41; de los  que escrib&iacute;an sobre el proceso revolucionario, sino como parte suya. Al tiempo  que convocaba a una concepci&oacute;n de la poes&iacute;a social que asimilara todos los  temas, incluidos los m&aacute;s &iacute;ntimos, rechazaba como &quot;mala poes&iacute;a&quot; la que &quot;se  impregna de una metaf&iacute;sica de segunda mano, para situar al hombre fuera de su  circunstancia&quot;. Resulta revelador que los j&oacute;venes &quot;caimanes&quot;, claramente  opuestos a los c&aacute;nones del realismo socialista, consideraran necesario hacer  expl&iacute;cita su posici&oacute;n ideol&oacute;gica en un manifiesto literario, e identificarse  generacionalmente como hijos directos de la Revoluci&oacute;n, al tiempo que juzgaban a  los &quot;otros&quot;, los que se distanciaban y los que pretend&iacute;an pasar por escritores y  artistas revolucionarios sin serlo, como &quot;malos escritores&quot;. A reserva de  discutir si los aludidos ser&iacute;an reconocidos hoy escritores de m&eacute;rito o no, la  cuesti&oacute;n relevante respecto a la &eacute;poca es que un grupo de j&oacute;venes intelectuales  antidogm&aacute;ticos, que se planteaba la renovaci&oacute;n del lenguaje, consideraba  proscritos del aut&eacute;ntico canon art&iacute;stico-literario a esos otros, porque no eran,  para decirlo con palabras del Che, &quot;aut&eacute;nticamente revolucionarios&quot; y portaban  el &quot;pecado original&quot; de cargar con valores burgueses, lo que a la larga los  descalificaba como verdaderos creadores art&iacute;sticamente leg&iacute;timos.</p>      <p>El problema de un personaje como Sergio, el protagonista de <i>Memorias del subdesarrollo </i> &#40;1968&#41; de Tom&aacute;s Guti&eacute;rrez Alea, desde el punto de vista de los nuevos valores,  no es su actitud inconforme hacia el antiguo r&eacute;gimen y hacia la Revoluci&oacute;n, ni  la naturaleza corrosiva de sus disquisiciones sobre los rezagos, alienaciones y  prejuicios que perviven en la cultura popular, ni siquiera la sofisticaci&oacute;n de  sus divagaciones intelectuales, sus gustos refinados y alta cultura, ni desde  luego, su clase social, sino su falta de conexi&oacute;n real con esa realidad, su mirada  telesc&oacute;pica al margen de los acontecimientos, su desencanto y pasividad carentes  de todo compromiso, su manera contemplativa –&quot;metaf&iacute;sica&quot;, dir&iacute;an los  &quot;caimanes&quot;– de colocarse ante los problemas, revelada en una lucidez totalmente  est&eacute;ril. En contraste con la exactitud de muchos de sus juicios, su discurso  padece un d&eacute;ficit de legitimidad fundamental en los t&eacute;rminos de aquella cultura:  no toma partido ni hace nada por cambiar el mundo. A lo largo del filme, la  condici&oacute;n fantasmal de su vida y actos no hace sino agudizarse; al final, Sergio  es s&oacute;lo una voz y unos ojos que miran sin ver ni entender, pues simplemente ha  dejado de existir. Es el arquetipo del <i>hombre viejo.</i></p>      <p>Aunque no tuvo el impacto de p&uacute;blico que acogi&oacute; a <i>Luc&iacute;a</i>, la obra de Alea –cuya lectura  actual corresponder&iacute;a, como es natural, a un entorno sociocultural e ideol&oacute;gico  radicalmente diferente– ilustra como en una nuez las contradicciones y modos de  representaci&oacute;n social propios de aquel momento.</p>      <br>    <p><b>1968: amenazas y radicalismos</b></p>      <p>1968 no fue bautizado por gusto el A&ntilde;o del Guerrillero Heroico. En rigor, el arco clim&aacute;tico  de 1968 se abre con la muerte del Che en octubre de 1967. Esa dedicatoria no  ten&iacute;a tanto que ver con el impulso real a la mayor&iacute;a de los proyectos de  liberaci&oacute;n nacional en Am&eacute;rica Latina –Venezuela, Per&uacute;, Brasil, Guatemala,  Nicaragua, Bolivia–, que a estas alturas hab&iacute;an sido derrotados o estaban en  franco repliegue; sino sobre todo con la significaci&oacute;n de la muerte del Che para  el socialismo cubano. Aquel duelo hab&iacute;a sumido a la sociedad entera en una  extra&ntilde;a mezcla de dolor, compromiso y fiereza, s&oacute;lo comparable por su dramatismo  con el de las p&eacute;rdidas de la guerra de liberaci&oacute;n, pero esta vez sin el j&uacute;bilo  final del triunfo alcanzado. Ning&uacute;n acontecimiento en la historia del libro en  Cuba podr&iacute;a compararse con la edici&oacute;n masiva del <i>Diario del Che en Bolivia</i>,<sup><a href="#8" name="s8">8</a></sup>  por su hondo impacto en la conciencia nacional, su lectura generalizada entre  los m&aacute;s diferentes grupos sociales, su difusi&oacute;n internacional casi instant&aacute;nea  por encima de barreas mercantiles y pol&iacute;ticas. Para la mayor&iacute;a de los cubanos,  ser dignos de su ejemplo no se presentaba entonces como una consigna, sino como  una condici&oacute;n moral insoslayable, que contribu&iacute;a a estrechar el nudo entre ideas  y conductas, teor&iacute;a y pr&aacute;ctica, ideolog&iacute;a comunista y patriotismo, nacionalismo  y solidaridad revolucionaria.</p>      <p>En aquel a&ntilde;o l&iacute;mite, Cuba experimentaba en toda su gravedad el compromiso entre pensamiento y  acci&oacute;n. Junto a los factores ya mencionados –la percepci&oacute;n de creciente amenaza  de Estados Unidos y de inconsecuencia sovi&eacute;tica, la presi&oacute;n migratoria y sus  efectos polarizadores–, los efectos acumulados del bloqueo econ&oacute;mico y el  insuficiente resultado de los grandes planes econ&oacute;micos agravaban la escasez y  sus secuelas indeseables. Acompa&ntilde;ada s&oacute;lo de intelectuales progresistas y  movimientos de izquierda, presionada por las dos grandes potencias socialistas,  la necesidad de mantenerse fiel al camino elegido se presentaba en aquella  situaci&oacute;n altamente cr&iacute;tica, como clave para la aglutinaci&oacute;n del consenso  revolucionario. Ese consenso inclu&iacute;a como valor pol&iacute;tico central el principio de  la igualdad y la justicia social.</p>      <p>El orden vigente desde la primera mitad de la d&eacute;cada ya hab&iacute;a alcanzado el control estatal  centralizado sobre pr&aacute;cticamente todos los medios de producci&oacute;n y servicios  –salvo peque&ntilde;os talleres de manufactura, bodegas, puestos de frutas,  tintorer&iacute;as, talleres–. La pol&iacute;tica social –instrumento principal de la justicia  social– se dirig&iacute;a a preservar la igualdad, mediante un orden fuertemente  homogeneizador, que repart&iacute;a derecho al trabajo, salud, educaci&oacute;n, acceso  cultural y muy baratos servicios p&uacute;blicos, entretenimientos, transporte, gastos  de vivienda, seg&uacute;n un criterio no simplemente igualitario, sino uniformemente  nivelador.</p>      <p>En marzo de 1968 –casi diez a&ntilde;os despu&eacute;s de iniciada la Revoluci&oacute;n y afirmarse como socialista–,  se nacionalizar&iacute;an los peque&ntilde;os mercados y talleres de manufactura privados: m&aacute;s  de dos mil quinientos de estos establecimientos s&oacute;lo en la capital. Únicamente  los taxistas que dispon&iacute;an de sus carros viejos, los m&eacute;dicos graduados antes de  1959 que conservaron sus consultas y todos los peque&ntilde;os agricultores ejercer&iacute;an  en adelante el trabajo por cuenta propia.</p>      <p>Limitarse a apreciar la Ofensiva Revolucionaria por sus consecuencias negativas en aquellos  a&ntilde;os, como un mero error de pol&iacute;tica econ&oacute;mica, una decisi&oacute;n excesivamente  radical o una expresi&oacute;n de idealismo revolucionario, soslaya el contexto  pol&iacute;tico e ideol&oacute;gico que la origin&oacute;; tildarla de resabio ortodoxo  marxista-leninista, ver en ella una anticipaci&oacute;n de los a&ntilde;os setenta, o m&aacute;s a&uacute;n,  caracterizarla desde el actual debate sobre pol&iacute;tica econ&oacute;mica como un disparate  ostensible, trastoca el an&aacute;lisis hist&oacute;rico. Aquella Ofensiva fue un fen&oacute;meno  coherente con la cultura pol&iacute;tica prevaleciente y la circunstancia particular del socialismo cubano. La pol&iacute;tica igualitarista que desemboca en la Ofensiva ya hab&iacute;a hecho gratuitos los servicios de c&iacute;rculos infantiles, suministro  de agua, tel&eacute;fonos p&uacute;blicos, asistencia a eventos deportivos, peaje en el t&uacute;nel de La Habana; hab&iacute;a derogado  impuestos y rebajado el costo del transporte p&uacute;blico. Ser&iacute;a as&iacute; el &uacute;ltimo golpe  contra lo que se percibi&oacute; entonces como rezagos del viejo orden atravesados en  el camino escogido hacia el socialismo, en cuya perspectiva tolerar las fuentes  de desigualdad se representaba como una debilidad pol&iacute;tica inadmisible. En  adelante, el pa&iacute;s entero se ir&iacute;a disponiendo para el zafarrancho de combate de  la zafra de los Diez Millones, la meta econ&oacute;mica por alcanzar.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si formalmente el Che hab&iacute;a podido criticar a la URSS y a China en su Mensaje de 1967, sin  comprometer la posici&oacute;n del gobierno cubano, esa discrepancia emerger&iacute;a en la  pol&iacute;tica oficial, de manera especialmente conspicua, en tres singulares momentos  de 1968: el proceso contra la Microfracci&oacute;n, la cr&iacute;tica p&uacute;blica de Fidel a los  manuales de marxismo-leninismo y la reacci&oacute;n de Cuba ante la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica  a Checoslovaquia.</p>      <p>El detallado informe presentado los d&iacute;as 24-26 de enero por el comandante Ra&uacute;l Castro ante el  pleno del CC del PCC sobre las actividades de conspiraci&oacute;n pol&iacute;tica emprendidas  durante cuatro a&ntilde;os por una treintena de ex militantes del Partido Socialista  Popular, dirigida por An&iacute;bal Escalante, tuvo un formidable impacto en la opini&oacute;n  p&uacute;blica. Resurg&iacute;a el viejo fantasma del sectarismo, denunciado en marzo de 1962  por el propio Fidel, esta vez bajo la forma de un caballo de Troya prosovi&eacute;tico,  dedicado a generar divisionismo en las filas de la direcci&oacute;n revolucionaria,<sup><a href="#9" name="s9">9</a></sup>  en circunstancias especialmente delicadas para el pa&iacute;s. Inconformes con el rumbo  independiente –y, a sus ojos, aventurero– de la estrategia fidelista, sus  objeciones principales no iban tanto dirigidas al modelo econ&oacute;mico y sus  deficiencias como a la presencia e influencia de la peque&ntilde;a burgues&iacute;a en la  direcci&oacute;n pol&iacute;tica. Para Escalante y los suyos, la l&iacute;nea peque&ntilde;oburguesa se  hab&iacute;a entronizado en la pol&iacute;tica revolucionaria, mediante el peso decisivo de  figuras como Armando Hart &#40;entonces secretario organizador del Partido Comunista de Cuba&#41;, Hayd&eacute;e  Santamar&iacute;a, Marcelo Fern&aacute;ndez, Ra&uacute;l Roa, Celia S&aacute;nchez, quienes no representaban  los intereses de la clase obrera, ausente en el Comit&eacute;Central, y carente de  capacidad para imponer una l&iacute;nea proletaria. La Micro –como se le llamaba  popularmente– no constitu&iacute;a una tendencia cr&iacute;tica que se manifestara  abiertamente dentro de las filas revolucionarias,<sup><a href="#10" name="s10">10</a></sup> sino una actividad  encubierta, que se ejerc&iacute;a tambi&eacute;n con aliados dentro del campo socialista, en  particular, funcionarios o v&iacute;nculos de los partidos comunistas de la Uni&oacute;n  Sovi&eacute;tica, Checoslovaquia y la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica Alemana, a quienes se les  trasmit&iacute;a la conveniencia de desencadenar &quot;una presi&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica por  parte de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica que obligase a la Revoluci&oacute;n a acercarse a ese pa&iacute;s&quot;  &#40;Castro 1968c, 19&#41;. Naturalmente, discrepaban radicalmente de la l&iacute;nea de  pensamiento y la estrategia de lucha representadas por el Che Guevara.</p>      <p>El anuncio de que la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica reduc&iacute;a sus ventas de petr&oacute;leo a Cuba en ese mismo mes de  enero parec&iacute;a otorgarle a la Micro un papel instrumental en el intento de forzar  a Cuba por el camino del socialismo y la pol&iacute;tica sovi&eacute;ticos, al servirle de  fuente de legitimaci&oacute;n del lado cubano. Aunque no estuviera en su intenci&oacute;n, por  sus efectos, aquella disidencia prosovi&eacute;tica converg&iacute;a peligrosamente con la  l&iacute;nea estrat&eacute;gica principal de la pol&iacute;tica de Estados Unidos hacia Cuba,  dirigida no tanto al derrocamiento militar encadenado a las operaciones  encubiertas, sino a la subversi&oacute;n pol&iacute;tica. No por casualidad, la posteridad de  la Micro la proyectar&iacute;a a la larga como cantera de grupos disidentes inspirados  por aquel fermento de &quot;viejos sectarios&quot;<sup><a href="#11" name="s11">11</a></sup> que en su momento apoyaron a An&iacute;bal  Escalante en 1967, o directamente descendientes de aqu&eacute;llos.</p>      <p>En el mismo discurso donde se anunciaba la Ofensiva Revolucionaria, Fidel arremet&iacute;a de  nuevo, desde la escalinata de la Universidad de La Habana, contra los manuales  de marxismo-leninismo sovi&eacute;ticos, a los que calific&oacute; de &quot;anacr&oacute;nicos&quot;, por abrir  un &quot;enorme abismo&quot; entre &quot;las concepciones generales y la pr&aacute;ctica, entre la  filosof&iacute;a y la realidad&quot;, y proveer representaciones equivocadas sobre &quot;c&oacute;mo se  debe construir el comunismo&quot;. El antimanualismo no se refer&iacute;a a la pr&aacute;ctica de usar textos pedag&oacute;gicos para la ense&ntilde;anza, sino a una  manera de pensar el socialismo, por la cual se suscitaban desavenencias con  algunos pa&iacute;ses que &quot;tienden a mirar como oveja descarriada al pueblo que no siga  el caminito trillado&quot; &#40;Castro 1968c&#41;.</p>      <p>Los acontecimientos culturales de ese a&ntilde;o muestran la extensi&oacute;n de la superficie de  contacto, pero tambi&eacute;n las zonas de diferenciaci&oacute;n fundamentales, alcanzadas con  la izquierda intelectual de Europa y Estados Unidos, y tambi&eacute;n de Am&eacute;rica  Latina. Apenas dos semanas antes del proceso contra la Microfracci&oacute;n, entre el 4  y el 12 de enero, medio millar de artistas, fil&oacute;sofos, literatos y ensayistas,  provenientes de setenta pa&iacute;ses del mundo, se hab&iacute;an reunido en el Congreso  Cultural de La Habana. No fue un encuentro de militantes revolucionarios en  apoyo a Cuba, sino un foro donde resonaban tendencias intelectuales e  ideol&oacute;gicas diversas, dentro del amplio espectro del marxismo y el pensamiento  cr&iacute;tico occidentales, incluidas las de los propios cubanos participantes. Como  tal, este evento resultaba consistente con las premisas que hab&iacute;an inspirado el  Sal&oacute;n de Mayo, no s&oacute;lo en su diversidad, sino en la idea del compromiso pol&iacute;tico  del intelectual, ambas compartidas entonces por los representantes de aquella  izquierda occidental y los de la Revoluci&oacute;n. En su clausura, Fidel destacar&iacute;a la  coincidencia sobre los principales problemas del imperialismo y la revoluci&oacute;n en  el mundo por parte de aquel grupo heterog&eacute;neo, que, sin embargo, expresaba &quot;una  conciencia universal de lucha&quot; y de justicia. &quot;&iquest;D&oacute;nde estaban las vanguardias  revolucionarias? –preguntaba Fidel– &iquest;En qu&eacute;sector fue donde m&aacute;s profundo  impacto tuvo la muerte del Che Guevara? ¡Fue precisamente entre los trabajadores  intelectuales!&quot;. Alab&oacute; &quot;la ponencia de un grupo de sacerdotes cat&oacute;licos&quot;  presentes en el evento, que sosten&iacute;an la armon&iacute;a entre cristianismo y marxismo,  en una &eacute;poca en que no se hablaba de teolog&iacute;a de la liberaci&oacute;n; critic&oacute;  duramente &quot;el anquilosamiento&quot; del marxismo dogm&aacute;tico negador del aut&eacute;ntico  pensamiento marxista, que deb&iacute;a comportarse &quot;como una fuerza revolucionaria y no  como una iglesia seudorrevolucionaria&quot;. Conclu&iacute;a subrayando la importancia del  Congreso para el pueblo cubano, que &quot;ha ido ampliando cada vez m&aacute;s sus  conocimientos, su informaci&oacute;n, sus horizontes revolucionarios&quot; &#40;Castro 1968b&#41;.</p>      <p>El principio del fin de la luna de miel de aquella izquierda intelectual con Cuba fue la postura  cubana ante la invasi&oacute;n sovi&eacute;tica a Checoslovaquia, en agosto de 1968. Un grupo  importante de ella reaccionar&iacute;a ante la parte del discurso de Fidel el 23 de  agosto que apoyaba la invasi&oacute;n del Pacto de Varsovia, pero ignorando su otra dimensi&oacute;n  –la cr&iacute;tica al socialismo establecido en el bloque socialista–, as&iacute; como la  reafirmaci&oacute;n de la perspectiva de un socialismo tercermundista:</p>      <blockquote>&#91;...&#93; &iquest;ser&aacute;n enviadas tambi&eacute;n las divisiones del Pacto de Varsovia a Vietnam si los  imperialistas yanquis acrecientan su agresi&oacute;n contra ese pa&iacute;s y el pueblo de  Vietnam solicita esa ayuda? &#91;...&#93; &iquest;se enviar&aacute;n las divisiones del Pacto de  Varsovia a Cuba si los imperialistas yanquis atacan a nuestro pa&iacute;s, o incluso,  ante la amenaza de ataque de los imperialistas yanquis a nuestro pa&iacute;s, si  nuestro pa&iacute;s lo solicita? &#40;Castro 1968d&#41;.</blockquote>      <p>A reserva de coincidir o no, entonces y ahora, con la decisi&oacute;n de apoyar aquella intervenci&oacute;n  sovi&eacute;tica, este discurso sorprendente desafiaba a la vez al socialismo real y a  los reflejos de la izquierda europea condicionados por el fantasma de Stalin. La  Cuba de aquella izquierda, construida a partir de sus traumas, deseos y  proyecciones, la de la utop&iacute;a libertaria, las barbas y los estilos informales,  el laboratorio del comunismo puro, chocar&iacute;a finalmente con las contradicciones,  conflictos e impurezas del mundo real.</p>      <p>La visi&oacute;n cubana sobre el debilitamiento del campo socialista y la amenaza de Estados Unidos se  consolid&oacute; en aquel verano de 1968, a partir de un contexto internacional  transformado de manera muy adversa para la Isla. En efecto, las luchas del  movimiento estudiantil en Francia, Alemania, Estados Unidos y, m&aacute;s tarde,  M&eacute;xico, y del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos, que alcanzaban  su cl&iacute;max ese mismo a&ntilde;o, se precipitar&iacute;an en la derrota e, incluso, la  eliminaci&oacute;n f&iacute;sica de sus principales l&iacute;deres. Una representaci&oacute;n de esa visi&oacute;n  cubana de entonces acerca de estos acontecimientos se puede encontrar en un  filme como <i>LBJ</i>, de Santiago &Aacute;lvarez, donde los asesinatos de John y  Robert Kennedy, as&iacute; como de Martin Luther King, se perciben como hitos de una  conspiraci&oacute;n desde el poder, ligada a la continuaci&oacute;n de la guerra en Vietnam.  Lo mismo ocurrir&iacute;a con el movimiento negro m&aacute;s radical, Malcolm X y los Panteras  Negras. Con ellos, se cancelaban tambi&eacute;n las expectativas cubanas de cambio en  los pa&iacute;ses centrales, y de fortalecimiento de los movimientos revolucionarios en  todo el mundo.</p>      <p>El s&iacute;ndrome de la fortaleza sitiada afect&oacute; la atm&oacute;sfera de diversidad cultural y contactos con el  exterior prevaleciente, que se empez&oacute; a resentir en la medida en que se hicieron  m&aacute;s r&iacute;gidas las definiciones <i>adentro </i>y <i>afuera</i>. En consecuencia, se  multiplicaron y exacerbaron las prohibiciones. Como es notorio, se recrudeci&oacute; la  proscripci&oacute;n del contacto con los emigrados y la desconfianza en los  extranjeros, la m&uacute;sica rock y hasta el jazz, supuestamente asociados con la  cultura imperialista, lo mismo que las barbas, las melenas y las minifaldas.  Identificados como taras del pasado capitalista, la discriminaci&oacute;n y el rechazo  ya existentes contra el homosexualismo y la fe religiosa se profundizaron. Un  puritanismo ateo, extra&ntilde;o a la cultura tradicional cubana, lleg&oacute; a imperar en  las estaciones de radio y las escuelas, los peri&oacute;dicos y aun el discurso  pol&iacute;tico.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Un par de semanas antes de ganar Richard Nixon las elecciones en Estados Unidos, en octubre de  1968, se desat&oacute; la tormenta en torno a los libros premiados en el concurso  literario de la Uni&oacute;n de Escritores y Artistas de Cuba. Una lectura serena de  aquellas obras, adem&aacute;s del premio de cuentos de la Casa de las Am&eacute;ricas de  1967,<sup><a href="#12" name="s12">12</a></sup> desde el presente no permite justificar ni entender el conflicto que  se suscit&oacute; entonces. S&oacute;lo la extrema tensi&oacute;n reinante y el complejo entramado de  fuerzas que atravesaban aquella coyuntura, la agravaci&oacute;n de la polarizaci&oacute;n  pol&iacute;tica y la percepci&oacute;n de amenaza a la Revoluci&oacute;n explican que la construcci&oacute;n  de estas obras como instrumentos de una peligrosa disidencia en el campo  intelectual no s&oacute;lo tuviera lugar, sino resonancia. Aunque la pieza teatral de  Ant&oacute;n Arrufat, y el libro de cuentos de Norberto Fuentes se limitan a abordar  conflictos de conciencia y actitudes que corresponden con una representaci&oacute;n  art&iacute;stica problem&aacute;tica de la &eacute;pica revolucionaria, y si bien muchos de los  poemas de <i>Fuera de juego </i>s&oacute;lo se dedican a ironizar con el socialismo  este-europeo, la coyuntura pol&iacute;tica y las actitudes de sus principales actores  propiciaron la emergencia del conflicto.<sup><a href="#13" name="s13">13</a></sup> En medio de aquel escenario adverso  y de grandes convocatorias nacionales, el escepticismo amargo de los versos de  Padilla, junto a su notorio histrionismo pol&iacute;tico, conformaban un blanco  perfecto para los que, acicateados por el abierto antisovietismo del poeta, lo  atacaban en toda la l&iacute;nea, pintando sus poemas como &quot;derrotistas&quot; y  construy&eacute;ndolo como figura &quot;al servicio de la contrarrevoluci&oacute;n&quot;.</p>      <p>Estas notas no tienen el espacio ni la intenci&oacute;n de adentrarse en la intrahistoria de lo que  vino a conocerse luego como &quot;el caso Padilla&quot;. Como en las tragedias griegas,  los antagonistas se necesitaban mutuamente: al margen de sus m&eacute;ritos literarios,  el histrionismo antisovi&eacute;tico del poeta encarnaba de manera caricaturesca las  tendencias &quot;peque&ntilde;o-burguesas&quot; –cuyo poder la Micro hab&iacute;a contestado en t&eacute;rminos  pol&iacute;ticos–, y en particular, las &quot;debilidades&quot; del intelectual  &quot;peque&ntilde;o-burgu&eacute;s&quot;, a quien el propio Che Guevara hab&iacute;a achacado no ser  verdaderamente revolucionario. La ineptitud pol&iacute;tica y el &quot;vedetismo&quot; de  intelectuales como Padilla servir&iacute;an la mesa a los que no eran prosovi&eacute;ticos de  partido, pero s&iacute; de cultura y mentalidad. A ella se podr&iacute;an sentar cuando, a  ra&iacute;z de la zafra de los Diez Millones, la cultura socialista de los sesenta  experimentara una profunda resaca, y los vientos de la pol&iacute;tica real la  encaminaran por nuevos rumbos.<sup><a href="#14" name="s14">14</a></sup></p>      <br>    <p><b>Palabras finales</b></p>      <p>Librada a sus propias fuerzas, bajo la gravitaci&oacute;n de un sistema mundial en tensi&oacute;n negativa,  en aquel 1968 la velocidad de la Revoluci&oacute;n entrar&iacute;a en una aceleraci&oacute;n  ins&oacute;lita. El liderazgo cubano y una gran masa de hombres y mujeres  revolucionarios se lanzaban detr&aacute;s de un futuro en el que cre&iacute;an. Resulta  imposible entender el arco de apenas nueve meses que subtiende el Congreso  Cultural de La Habana y el &quot;caso Padilla&quot; sin tener en cuenta la densidad de  aquellas circunstancias hist&oacute;ricas y el tempo de los acontecimientos pol&iacute;ticos y  culturales que hicieron eclosi&oacute;n aquel a&ntilde;o descomunal y contradictorio. En &eacute;l  concurrieron l&iacute;neas de fuga que se hab&iacute;an ido trenzando en la pol&iacute;tica, la  sociedad y la cultura desde 1959, y aun antes; de &eacute;l se derivaron din&aacute;micas que  transformar&iacute;an el socialismo cubano en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, y se estructurar&iacute;an  contradicciones culturales que no lo han abandonado. Aunque la presente es una  sociedad muy distinta, algunos de aquellos problemas siguen subyaciendo al  debate de ideas en el pensamiento y la cultura.</p>      <p>Aunque vendr&iacute;an luego otros tiempos, con fuertes notas grises, y hasta negras, para la cultura,  la ideolog&iacute;a y el pensamiento, &eacute;stos no ser&iacute;an, sin embargo, homog&eacute;neos, sino  m&aacute;s bien entreverados con otros colores y tonos. A pesar de los desmanes del  Quinquenio gris, del espectro del realismo socialista que flot&oacute; sobre las artes,  del dogmatismo instaurado en el pensamiento social, de los  calcos este-europeos impresos en los aparatos ideol&oacute;gicos, los estilos de los  medios de comunicaci&oacute;n y otras instituciones del sistema, el desarrollo social y  cultural del socialismo cubano no se estanc&oacute;. La revoluci&oacute;n educacional, el  acceso cada vez m&aacute;s amplio al consumo cultural, el continuo aumento del nivel de  vida, la movilidad ascendente y el sostenido acceso social igualitario, las  expediciones a &Aacute;frica y la profundizaci&oacute;n de una pol&iacute;tica exterior  tercermundista, el fin del aislamiento y la recuperaci&oacute;n de los v&iacute;nculos con  Am&eacute;rica Latina y el Caribe, la inserci&oacute;n econ&oacute;mica con el bloque socialista en  condiciones ventajosas, el apoyo estatal a la creaci&oacute;n art&iacute;stica y literaria, el  desarrollo y multiplicaci&oacute;n de las instituciones cient&iacute;ficas, e incluso parte de  la producci&oacute;n art&iacute;stica –como el cine–,<sup><a href="#15" name="s15">15</a></sup> traer&iacute;an un nuevo impulso al  proyecto socialista, fortalecer&iacute;an su consenso y ampliar&iacute;an su base cultural.</p>     <p> De hecho, sin  embargo, un a&ntilde;o te&ntilde;ido de un color tan abarcador, intenso y dram&aacute;tico como aquel  1968, no volver&iacute;a a darse despu&eacute;s. Nunca m&aacute;s imperar&iacute;a en toda la sociedad  cubana aquel rojo desafiante, sin tregua ni medias tintas, desmesurado, duro,  tr&aacute;gico, brillante. </p>  <hr size="1">      <br>    <p><b> Comentarios </b></p>      <p><sup><a href="#s1" name="1">1</a></sup> Fidel argumentaba frente a &quot;los que piensan que si les damos gratis todos estos  servicios ahora a los campesinos, los campesinos se volver&aacute;n holgazanes&quot;. V&eacute;ase  Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz &#40;1967a&#41;, en la  inauguraci&oacute;n de las obras de San Andr&eacute;s de Caiguanabo, Pinar del R&iacute;o, el 28 de  enero de 1967, <a target="blank" href="http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f040867e.html"> http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f040867e.html</a>.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s2" name="2">2</a></sup> Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz &#40;1967b&#41;, en la Escuela  de Filosof&iacute;a y Letras de la Universidad de La Habana, el 4 de agosto de 1967, <a target="blank" href="http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f040867e.html"> http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f040867e.html</a>.</p>      <p><sup><a href="#s3" name="3">3</a></sup><i> Pensamiento Cr&iacute;tico </i>No. 1, febrero de 1967.</p>      <p><sup><a href="#s4" name="4">4</a></sup> Por ejemplo, la expedici&oacute;n militar cubana al mando de Efigenio Ameijeiras en  apoyo al gobierno de Argelia en 1963 y la presencia de tropas al mando del Che  Guevara en la guerrilla de liberaci&oacute;n del Congo en 1965. V&eacute;ase Piero &#40;2004&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s5" name="5">5</a></sup> Fragmentos del discurso de Ra&uacute;l Roa citados por Salvador Bueno &#40;1967&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s6" name="6">6</a></sup> En 1968, se exhibieron pel&iacute;culas de Glauber Rocha, William Klein, Alain Resnais,  Marco Bellochio, Carlos Saura, Clive Donner. V&eacute;ase Douglas &#40;1996&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s7" name="7">7</a></sup> Me refiero a problem&aacute;ticas como la del papel de la conciencia en la  construcci&oacute;n socialista, el hombre nuevo, la relaci&oacute;n masa-vanguardia, la  cr&iacute;tica a las concepciones del realismo socialista y a la burocracia, la  eliminaci&oacute;n de los &quot;rezagos del capitalismo&quot;, entre otros. Ninguno de los  problemas emergentes en la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de la segunda mitad de los  sesenta, sin embargo, puede achacarse, en rigor, a la aplicaci&oacute;n de las ideas  del Che.</p>      <p><sup><a href="#s8" name="8">8</a></sup> Esta primera edici&oacute;n circul&oacute; gratuitamente el 1 de julio de 1968.</p>      <p><sup><a href="#s9" name="9">9</a></sup> Aunque en su mayor&iacute;a los encartados no eran militantes del Partido Comunista  de Cuba, manten&iacute;an estrechos v&iacute;nculos con dirigentes que hab&iacute;an militado en el  Partido Socialista Popular, y se consideraban una especie de &quot;familia&quot;, cuyo Don  era An&iacute;bal Escalante. Esta red inclu&iacute;a a altos funcionarios de la Academia de  Ciencias, los sindicatos, los &oacute;rganos de prensa, algunos organismos de la  administraci&oacute;n central y entidades econ&oacute;micas. V&eacute;ase &quot;Informe del Comandante  Ra&uacute;l Castro, presidente de la Comisi&oacute;n de las FAR y de Seguridad del Estado del  Comit&eacute;Central, ante la reuni&oacute;n de este organismo del Partido&quot;, <i>El Militante  Comunista. Suplemento Especial. Reuni&oacute;n del CC del PCC los d&iacute;as 24-25-26 de  enero de 1968, </i>A&ntilde;o del Guerrillero Heroico, p. 17.</p>      <p><sup><a href="#s10" name="10">10</a></sup> &quot;&#91;...&#93; no se trataba de simples cr&iacute;ticas u opiniones discrepantes, &#91;...&#93; ya se  empezaban a ver los primeros g&eacute;rmenes que denotaban actividades conspirativas&quot;  &#40;Castro 1968c, 18&#41;.</p>      <p><sup><a href="#s11" name="11">11</a></sup> Entre los nombres que menciona el Informe de Ra&uacute;l se encuentran algunos, como el  de Ricardo Bofill, surgidos de las mismas filas sectarias que las de otros  dirigentes de los grupos disidentes actuales.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><sup><a href="#s12" name="12">12</a></sup> <i>Fuera de juego</i>, de Heberto Padilla, y <i>Los siete contra Tebas, </i>de  Ant&oacute;n Arrufat, se publicar&iacute;an con un pr&oacute;logo de la presidencia de la UNEAC; el  premio Casa de cuento de 1967, <i>Condenados de Condado</i>, de Norberto  Fuentes, circular&iacute;a tambi&eacute;n a fines de 1968.</p>      <p><sup><a href="#s13" name="13">13</a></sup> Apenas un mes antes se hab&iacute;a denunciado –en una nota firmada por el canciller  Ra&uacute;l Roa– a un diplom&aacute;tico mexicano que espiaba para la CIA, y que manten&iacute;a  estrechos v&iacute;nculos con figuras del mundo art&iacute;stico e intelectual. V&eacute;ase &quot;Nota  del MINREX de Cuba&quot; [sobre Humberto Carrillo Col&oacute;n], <i>Granma, </i>3 de septiembre de 1968.</p>      <p><sup><a href="#s14" name="14">14</a></sup> El &quot;caso Padilla&quot; reemerger&iacute;a en 1971, aunque ya como parte de una  configuraci&oacute;n de fuerzas y un escenario dom&eacute;stico e internacional completamente  nuevos, que lo potenciar&iacute;an a una escala superior.</p>      <p><sup><a href="#s15" name="15">15</a></sup> El cine cubano de los a&ntilde;os setenta y ochenta incluy&oacute; filmes sobre asuntos  pol&eacute;micos, como <i>Ustedes tienen la palabra </i>&#40;Manuel Octavio G&oacute;mez, 1973&#41;, <i>De cierta manera </i>&#40;Sara G&oacute;mez,1973-1977&#41;, <i>Retrato de Teresa </i>&#40;Pastor  Vega, 1979&#41;, <i>Cecilia </i>&#40;Humberto Sol&aacute;s, 1981&#41;, <i>Techo de vidrio </i> &#40;Sergio Giral, 1982&#41;, <i>Lejan&iacute;a </i>&#40;Jes&uacute;s D&iacute;az, 1985&#41;.</p>  <hr size="1">      <br>    <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p> 1. Arrufat,  Ant&oacute;n. 1969. <i>Los siete contra Tebas. </i>La Habana: Editorial Uni&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000089&pid=S0123-885X200900020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 2. Castro,  Fidel. 1967a. <i>Discurso pronunciado por el comandante en la inauguraci&oacute;n  de las obras de San Andr&eacute;s de Caiguanabo, Pinar del R&iacute;o, el 28 de enero de 1967, </i> <a target="blank" href="http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f280167e.html"> http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f280167e.html</a> &#40;Recuperado el 30 de octubre, 2008&#41;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000090&pid=S0123-885X200900020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 3. Castro,  Fidel. 1967b. <i>Discurso pronunciado por el comandante en la Escuela de Filosof&iacute;a  y Letras de la Universidad de La Habana, el 4 de agosto de 1967, </i> <a target="blank" href="http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f040867e.html"> http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1967/esp/f040867e.html</a> &#40;Recuperado el 31 de octubre, 2008&#41;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000091&pid=S0123-885X200900020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 4. Castro,  Fidel. 1968a. <i>Discurso en el acto conmemorativo del  XI aniversario de  las acciones del 13 de marzo de 1957, 13 de marzo de 1968, </i> <a target="blank" href="http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f130368e.html"> http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f130368e.html</a>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000092&pid=S0123-885X200900020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 5. Castro,  Fidel. 1968b. <i>Discurso pronunciado por el Comandante en la clausura del  Congreso Cultural de La Habana, en el Teatro Chaplin, el 12 de enero de 1968, </i> <a target="blank" href="http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f120168e.html"> http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1968/esp/f120168e.html</a>    &#40;Recuperado el 28 de octubre, 2008&#41;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000093&pid=S0123-885X200900020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 6. Castro,  Ra&uacute;l. 1968c. Informe del Comandante Ra&uacute;l Castro, presidente de la Comisi&oacute;n de  las FAR y de Seguridad del Estado del Comit&eacute;Central, ante la reuni&oacute;n de este  organismo del Partido. <i>El Militante Comunista. Suplemento Especial. Reuni&oacute;n  del CC del PCC los d&iacute;as 24-25-26 de enero de 1968, </i>A&ntilde;o del Guerrillero  Heroico. Febrero.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000094&pid=S0123-885X200900020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Douglas,  Mar&iacute;a Eulalia. 1996. <i>La tienda negra: el cine en Cuba, 1897-1990. </i>La  Habana: Cinemateca de Cuba.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000095&pid=S0123-885X200900020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 8. Fuentes,  Norberto. 1968. <i>Condenados de Condado</i>. La Habana: Casa de las Am&eacute;ricas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000096&pid=S0123-885X200900020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 9. Gleijeses,  Piero. 2004. <i>Misiones en conflicto. La Habana, Washington y  &Aacute;frica 1959-  1976. </i>La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000097&pid=S0123-885X200900020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 10. Guevara,  Ernesto Che. 1965. <i>El socialismo y el hombre en Cuba, </i> <a target="blank" href="http://www.pca.org.ar/librosprop/PDF/che-obrasescogidas"> http://www.pca.org.ar</a>  &#40;Recuperado el 28 de octubre, 2008&#41;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000098&pid=S0123-885X200900020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Guevara, Ernesto Che. <i>1968. Diario del Che en Bolivia. </i>La Habana: Editora  Pol&iacute;tica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0123-885X200900020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Guevara, Ernesto Che. 1977. Mensaje a la Tricontinental [16 de abril de 1967].  <a target="blank" href="http://www.pca.org.ar/librosprop/PDF/che-obrasescogidas"> http://www.pca.org.ar</a>  &#40;Recuperado el 28 de octubre, 2008&#41;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0123-885X200900020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Guevara, Ernesto Che. 2004. <i>El gran debate sobre la econom&iacute;a  en Cuba 1963-1964. </i> La Habana: Ciencias Sociales.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0123-885X200900020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Hern&aacute;ndez, Rafael. 1999. Sobre el discurso. En <i>Mirar a Cuba, </i>118-125. La Habana:  Editorial Letras Cubanas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0123-885X200900020000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Padilla, Heberto. 1969. <i>Fuera de juego</i>. La Habana: Editorial Uni&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0123-885X200900020000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Pogolotti, Graziella. 2007. <i>Pol&eacute;micas  culturales de los 60. Selecci&oacute;n e introducci&oacute;n. </i> La Habana: Letras Cubanas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0123-885X200900020000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Sin autor. 1966. Nos pronunciamos. <i>El Caim&aacute;n Barbudo </i> opus 1: 11.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0123-885X200900020000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Sin autor. 1967. <i>Pensamiento Cr&iacute;tico </i>No. 1, febrero.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0123-885X200900020000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>    <p><b>PRENSA CONSULTADA</b></p>      <!-- ref --><p>19. Bueno, Salvador. 1967. Sal&oacute;n de Mayo. <i>Bohemia, </i>4 de agosto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0123-885X200900020000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Castro, Fidel. 1968d. An&aacute;lisis de los acontecimientos en Checoslovaquia. <i>Ediciones  COR </i>16, 23 de agosto.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0123-885X200900020000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba &#40;MINREX&#41;. 1968. Nota del MINREX de Cuba [sobre  Humberto Carrillo Col&oacute;n]. <i>Granma</i>, 3 de septiembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0123-885X200900020000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>PEL&Iacute;CULAS</b></p>      <!-- ref --><p>22. Guti&eacute;rrez Alea, Tom&aacute;s. 1968. <i>Memorias del subdesarrollo</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000114&pid=S0123-885X200900020000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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