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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align=center><b><font size="4">Descifrar nuestra hostilidad pol&iacute;tica: historias, categor&iacute;as e intenciones</font> </b></p>      <p><b>&Iacute;ngrid J. Bol&iacute;var </b></p>      <p>Pregrado en Ciencia Pol&iacute;tica e Historia y Maestr&iacute;a en Antropolog&iacute;a Social de la Universidad  de los Andes. Actualmente es profesora asistente del Departamento de Ciencia  Pol&iacute;tica de la Universidad de los Andes. Entre sus &uacute;ltimas publicaciones se  encuentran: Discursos estatales y geograf&iacute;a del consumo de carne de res en  Colombia. En <i>El poder de la carne. Historia de ganader&iacute;as en la primera mitad  del siglo XX colombiano, </i>ed. Alberto Fl&oacute;rez, 231-289. Bogot&aacute;: Pontificia  Universidad Javeriana, 2008; y Reinados de belleza y nacionalizaci&oacute;n de las  sociedades latinoamericanas. <i>Revista Iconos </i>28: 71-80. Correo  electr&oacute;nico: <a href="mailto:ibolivar@uniandes.edu.co"> ibolivar@uniandes.edu.co</a>.</p>  <hr size="1">      <p>El texto presentado por &Aacute;ngela Mar&iacute;a Estrada y su preocupaci&oacute;n por los crecientes desencuentros  entre acad&eacute;micos, miembros de ONG, funcionarios p&uacute;blicos y activistas –a  prop&oacute;sito de las formas de apoyo psicosocial requerido por las v&iacute;ctimas del  conflicto armado colombiano– me suscitan varias reflexiones.</p>      <p>Las notas de campo y las entrevistas transcritas por Estrada muestran bien que la discusi&oacute;n sobre  la &quot;estrategia de apoyo psicosocial&quot; no puede separarse de las trayectorias  sociopol&iacute;ticas de actores espec&iacute;ficos. Actores <i>llamados a </i>o <i> interesados en </i>promover e implementar tales estrategias, ya sea desde la  denominada &quot;sociedad civil&quot; o desde el Estado. Escribo sociedad civil entre  comillas porque, como han mostrado varios autores &#40;Bobbio 1997; Lechner 1996a,  1996b&#41;, el t&eacute;rmino no es nada neutral o sencillamente descriptivo. M&aacute;s bien, la  dicotom&iacute;a Estado-Sociedad Civil tiene alcances diferenciables en filosof&iacute;a  pol&iacute;tica, en teor&iacute;a social y en discusiones pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas. Norbert  Lechner, por ejemplo, mostr&oacute; que en Am&eacute;rica Latina la sociedad civil ha sido  invocada con fines pol&iacute;ticos tan distintos como la lucha contra el  autoritarismo, el rechazo de la pol&iacute;tica y la reforma del Estado &#40;Lechner  1996a&#41;.</p>      <p>Estrada invoca la sociedad civil, pero en Colombia tal invocaci&oacute;n es parte ya de interesantes  debates acad&eacute;micos y pol&iacute;ticos. Debates que parten del hecho de que en muchas  regiones colombianas Estado y Sociedad Civil no son &quot;entidades&quot; o espacios de  relaci&oacute;n tan diferenciables como supone la distinci&oacute;n. Y no lo son porque, en  varias zonas, el Estado se monta y funciona a trav&eacute;s de las redes de poder  social que equ&iacute;vocamente podr&iacute;amos denominar sociedad civil. Este punto es de  crucial importancia porque ha demorado nuestra comprensi&oacute;n del tipo de Estado,  de pr&aacute;cticas pol&iacute;ticas y de relaci&oacute;n entra actores armados y sociedades  regionales que se han configurado en Colombia. Adem&aacute;s, no se trata de una  particularidad colombiana o siquiera latinoamericana sino de los efectos que  visiones homogeneizantes y poco hist&oacute;ricas de la historia del Estado en Europa han  tenido en las comprensiones prevalecientes del Estado y la pol&iacute;tica. Quienes han estudiado la  formaci&oacute;n del Estado en Europa y el Tercer Mundo contrastan precisamente el tipo  de relaciones que construyen Estado y &quot;sociedad civil&quot;.</p>      <p>En los pa&iacute;ses centrales de Europa, el Estado emerge de los procesos sociales, representa el  triunfo de unos grupos sobre otros y &quot;logra&quot; ir separando –aunque siempre de  formas incipientes– los poderes burocr&aacute;ticos de las otras formas de poder  social. Por contraste, en el Tercer Mundo, el Estado funciona m&aacute;s como un  aparato administrativo que tiende a estar m&aacute;s o menos cooptado por l&oacute;gicas de  reproducci&oacute;n del poder social de grupos espec&iacute;ficos &#40;Mann 1997; Barkey y Parikh  1991&#41;. Esta perspectiva m&aacute;s hist&oacute;rica y sociol&oacute;gica sobre las relaciones entre  Estado y Sociedad Civil contrasta con las aproximaciones normativas y  organizativas vigentes hoy, y seg&uacute;n las cuales Colombia ser&iacute;a un pa&iacute;s con una  intensa sociedad civil, por cuanto hay un alto n&uacute;mero de organizaciones sociales  e incluso de acciones colectivas contestar&iacute;as.<sup><a    name="s1" href="#1">1</a></sup> Aspecto que, sin embargo, no  se puede negar y cuyo significado se torna a&uacute;n m&aacute;s importante si se compara el  mundo de las organizaciones sociales y de la acci&oacute;n colectiva organizada  colombianas y el de otros pa&iacute;ses de Centro y Suram&eacute;rica.</p>      <p>Otra cuesti&oacute;n al respecto, y que alude a &quot;quienes&quot; desde la &quot;sociedad civil&quot; intentan hacer qu&eacute;,  tiene que ver precisamente con el grado de organizaci&oacute;n, legitimidad y acceso al  Estado que tienen algunos de los actores de la sociedad civil &#40;empresarios,  prensa, Iglesia, academia e, incluso, algunas organizaciones no gubernamentales&#41;  frente a otros &#40;organizaciones comunales, &eacute;tnicas y de base&#41;.</p>      <p>Incluyo en mis comentarios esta discusi&oacute;n sobre &quot;sociedad civil&quot; porque atender a esas  diferencias y tener presente las distintas trayectorias pol&iacute;ticas de los actores  implicados en el desarrollo de una perspectiva de atenci&oacute;n psicosocial nos  ayudan a comprender algunas de las hostilidades detectadas por Estrada e,  incluso, la propia dificultad para dar un trato igual a los diferentes grupos de  v&iacute;ctimas.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En efecto, los desencuentros entre actores del movimiento de Derechos Humanos, funcionarios  p&uacute;blicos y acad&eacute;micos en torno al apoyo requerido por las v&iacute;ctimas tiene que ver  con diferentes trayectorias organizativas y sociopol&iacute;ticas de cada uno de estos  actores y a dis&iacute;miles visiones acerca de lo que est&aacute; en juego con el conflicto  armado entre guerrilla, paramilitares y Estado. Sin suponer que cada uno  constituye una entidad monol&iacute;tica o sin fisuras, s&iacute; podemos subrayar la relaci&oacute;n  del movimiento de Derechos Humanos con las redes organizativas profesionales de  la universidad p&uacute;blica, sensible o &quot;sensibilizada&quot; por temas y formas de  pol&iacute;tica cercana a la denominada izquierda. Las relaciones ambiguas de esa  izquierda con la academia y con las formas de acci&oacute;n colectiva y de movilizaci&oacute;n  pol&iacute;tica han sido exploradas por Mauricio Archila &#40;2003 y 2006&#41;, entre otros. Lo  que me interesa aqu&iacute; es subrayar que los desencuentros y la hostilidad  encontrados por Estrada hablan tambi&eacute;n de esas historias de largo plazo sobre  redes organizativas de izquierda, academia, proyecci&oacute;n y comprensi&oacute;n de la  movilizaci&oacute;n social y de la diferencia regional, entre otras cuestiones. Estrada  y su equipo est&aacute;n interesados en las ret&oacute;ricas con que diferentes actores  sociales acogen la tarea de montar una estrategia psicosocial. Ellos muestran  c&oacute;mo, en torno a esa obligaci&oacute;n legal recientemente impuesta, los actores  reeditan peligrosas polarizaciones. Mi punto simplemente es recalcar que en las  hostilidades de hoy se actualizan y resignifican tensiones profesionales y  sociales que a&uacute;n est&aacute;n por estudiarse y que, como mencion&eacute; antes, tienen que ver  con la historia de la institucionalizaci&oacute;n de las ciencias sociales, la  universidad p&uacute;blica, la izquierda y las formas de intervenci&oacute;n del Estado en  temas &quot;sociales&quot;.</p>      <p>Una segunda cuesti&oacute;n que quisiera recalcar tiene que ver con el &quot;anhelo&quot; de una estrategia  psicosocial compartida. En efecto, a primera vista, todos podr&iacute;amos coincidir en  el anhelo de una &quot;estrategia de apoyo psicosocial&quot; altamente &quot;t&eacute;cnica&quot;,  &quot;profesional&quot;, basada en conocimientos &quot;expertos&quot; y, por eso mismo,  supuestamente separada de vericuetos e historias pol&iacute;ticas. Una forma de  &quot;intervenci&oacute;n psicosocial&quot; que no discrimine entre v&iacute;ctimas, que sea de acceso  general y que no favorezca las formas  de contraposici&oacute;n pol&iacute;tica entre los grupos en pugna. S&iacute;. Podr&iacute;amos coincidir en  ese anhelo. El problema arranca cuando recordamos que ese anhelo tiende a  ignorar o, por lo menos, a subestimar las ambigüedades de la vida social y las  dif&iacute;ciles relaciones entre formas de conocimiento, formas de poder y experiencia  social.</p>      <p>Me explico mejor.  Estrada expresa su preocupaci&oacute;n por la hostilidad y la polarizaci&oacute;n que  encuentra en las relaciones entre los miembros de las ONG y los funcionarios  p&uacute;blicos, a prop&oacute;sito del tipo de atenci&oacute;n que se debe dar a personas v&iacute;ctimas  del conflicto o de la situaci&oacute;n de guerra que atraviesa el pa&iacute;s. La autora  recuerda, adecuadamente, que tal hostilidad se enmarca en un conflicto pol&iacute;tico  m&aacute;s amplio en el cual el gobierno del presidente Uribe ha presionado por la  redefinici&oacute;n social y pol&iacute;tica sobre qui&eacute;nes son los actores en disputa, el tipo  de disputa en juego y las posibles salidas. Incluso, Estrada llama la atenci&oacute;n  sobre la creciente importancia pol&iacute;tica que cobra el &quot;lenguaje&quot; en las  relaciones entre las partes. Algunos lectores podr&iacute;an encontrar en esas  referencias del texto de Estrada solamente una semblanza de polarizados espacios  pol&iacute;ticos, de tercos y politizados integrantes de organizaciones no  gubernamentales, de concernidos funcionarios p&uacute;blicos y de &quot;especialistas&quot; de lo  &quot;psicosocial&quot; buscando hacer bien su trabajo. Aqu&iacute; no quiero poner en duda la  existencia de tales espacios pol&iacute;ticos marcados por la hostilidad, y menos a&uacute;n  dudar de la entrega y decisi&oacute;n con que activistas, funcionarios y expertos  asumen su tarea de velar por las v&iacute;ctimas, aun cuando, con frecuencia, terminen  &quot;enfrentados&quot; unos con otros. No quiero hacer eso, no porque no me preocupe,  sino porque nos lleva por el camino de la culpabilizaci&oacute;n de las personas y no  por el de la identificaci&oacute;n de las condiciones que pueden hacernos m&aacute;s libres y  responsables al hacer lo que hacemos, ya sea en condici&oacute;n de activista,  funcionario o investigador.</p>      <p>Precisamente, el texto de Estrada me hace revivir mi propia dificultad para aclararme y para  articular mi experiencia como funcionaria de una ONG que tiene a cargo procesos  de formaci&oacute;n pol&iacute;tica y, en menor medida, de intervenci&oacute;n &quot;psicosocial&quot; con mi  pr&aacute;ctica como investigadora de temas de violencia pol&iacute;tica y formaci&oacute;n del  Estado. Mi trabajo durante m&aacute;s de diez a&ntilde;os en una ONG me mostr&oacute; que las formas  de &quot;intervenir&quot; y de &quot;apoyar&quot; desde lo psicosocial o desde la formaci&oacute;n pol&iacute;tica  o desde la implementaci&oacute;n de proyectos productivos no es s&oacute;lo una forma de  apoyar. Es tambi&eacute;n una manera de promover, disipar y gestionar determinados  modos de experimentar el mundo y de juzgar las relaciones sociopol&iacute;ticas en las  que viven otros. En calidad de funcionarios de una ONG o de activistas sociales de una determinada organizaci&oacute;n  nos encontramos promoviendo espec&iacute;ficas formas de pensar el mundo y de juzgar  las relaciones sociales. Formas que, como cient&iacute;ficos sociales o como  investigadores de temas de violencia pol&iacute;tica y formaci&oacute;n del Estado, podemos  reconocer como &quot;burguesas&quot;, &quot;liberales&quot;, &quot;individualistas&quot;, &quot;ahist&oacute;ricas&quot;  &#40;Archila y Bol&iacute;var 2003; Bol&iacute;var 2003; Bol&iacute;var 2006&#41;.</p>      <p>As&iacute; sucede con el tema de la salud mental y el apoyo psicosocial. Ambas &quot;categor&iacute;as&quot; se han  establecido y afianzado como formas de pensar las relaciones humanas en  contextos pol&iacute;ticos m&aacute;s o menos &quot;pacificados&quot; o m&aacute;s o menos caracterizados por  el monopolio de la violencia y la consecuente individuaci&oacute;n. Sin negar las  diferentes perspectivas dentro de lo que se denomina &quot;apoyo psicosocial&quot; o  &quot;salud mental&quot;, puede afirmarse que bajo ambas referencias suele hacerse de los  eventos de violencia eso: eventos, anomal&iacute;as, relaciones deshumanizadoras.  Circunstancias traum&aacute;ticas que desde afuera del individuo o de los grupos los  amenazan no s&oacute;lo en su integridad f&iacute;sica, sino tambi&eacute;n en su integridad mental.</p>      <p>El recorrido que hago puede parecer obvio pero tal obviedad no es m&aacute;s que la muestra del exitoso  olvido que los integrantes de las sociedades contempor&aacute;neas han tejido sobre la  violencia como un fen&oacute;meno social. Varios autores &#40;Escalante 1991 y 1992; Elias  1994&#41; se han ocupado de mostrar que en otras sociedades, tiempos o espacios de  relaci&oacute;n la violencia puede parecer &quot;tan natural como una hambruna, tan natural  como una sequ&iacute;a&quot;. Los autores coinciden en que es el esfuerzo estatal por  monopolizar la violencia lo que permite que ella emerja como acto diferenciable  y del que son responsables unos actores. Me detengo en esta discusi&oacute;n porque las  perspectivas actuales sobre &quot;apoyo psicosocial&quot; tienden a ignorar ese car&aacute;cter  de la violencia como proceso y fen&oacute;meno social que articula grupos e intereses,  y a convertirla solamente en un acto &quot;da&ntilde;ino&quot; de unos sobre otros. Acto que  genera trauma, dolor y problemas mentales. Entre nosotros, ya Iv&aacute;n Orozco ha  comentado algunas de las consecuencias que est&aacute; teniendo la transformaci&oacute;n  creciente del estudio de la violencia, de aproximaciones hist&oacute;rico-b&eacute;licas que  reconocen el car&aacute;cter de instrumento pol&iacute;tico que aqu&eacute;lla tuvo o ten&iacute;a hacia  comprensiones de la violencia m&aacute;s centradas en sus &quot;efectos&quot; sobre las v&iacute;ctimas.</p>      <p>Estas transformaciones conceptuales, unidas al olvido de la reciente emergencia de la  violencia como fen&oacute;meno social diferenciable, inciden en la hostilidad que Estrada  rese&ntilde;a. Abogados, psic&oacute;logos y activistas pueden acercarse cuando condenan la  violencia por amenazar las libertades y la salud mental de los individuos. Sin  embargo, m&aacute;s all&aacute; de la condena, la tarea de comprensi&oacute;n de los lazos entre  actores armados, sociedades regionales y redes pol&iacute;ticas aguarda. Trabajar por  esa comprensi&oacute;n no implica ignorar la existencia de victimas y los efectos  psicosociales de la guerra. No podemos ignorar tales cuestiones, pero tampoco  podemos consagrarlas como punto de partida del an&aacute;lisis o de la discusi&oacute;n.</p>      <p>Quisiera ser capaz de poner entre comillas la existencia de v&iacute;ctimas y de da&ntilde;os psicosociales. No  porque no crea que existen sino porque no quiero esencializarlos y porque no  quiero que las categor&iacute;as anal&iacute;ticas y los modos de presencia a que ellas me  invitan me hagan s&oacute;lo corroborar semejante encuentro. Aunque quisi&eacute;ramos que no  hubiera distinci&oacute;n entre las v&iacute;ctimas, en alg&uacute;n punto, la distinci&oacute;n la hace la  vida. Pero la distinci&oacute;n no es entre personas sino entre situaciones y procesos  que hacen que personas de las zonas rurales tiendan a ser sistem&aacute;ticamente  ofendidas y menospreciadas por actores armados con distintos tipos de  intenciones –algunas buenas–. De aquellas de las que est&aacute; empedrado el camino al  cielo y que pueden reproducirse apaciblemente en el mundo de nuestras categor&iacute;as  acad&eacute;micas.</p>      <p>Gracias a la profesora Estrada por redescubrir para nosotros que, como dec&iacute;a un poeta  espa&ntilde;ol, &quot;en la casa donde falta el pan, todos ri&ntilde;en y todos tienen raz&oacute;n&quot;.  Activistas, miembros de ONG, psic&oacute;logos, expertos, v&iacute;ctimas, pol&iacute;ticos. Todos  ri&ntilde;en. Todos tienen raz&oacute;n. Se los consagra como punto de partida del an&aacute;lisis.  No hay duda de que la guerra tiene unos efectos, pero una comprensi&oacute;n hist&oacute;rica  y pol&iacute;tica del conflicto recalca que la violencia no s&oacute;lo es externa o impacta  la salud mental de unos individuos que son afectados. La violencia, en cuanto  atributo de las relaciones sociales, tambi&eacute;n configura sujetos. </p>  <hr size="1">  <b> Comentarios</b>      <p><sup><a name="1">1</a></sup> En esta direcci&oacute;n se orientan tanto la profesora Estrada como el discurso p&uacute;blico  promovido por las organizaciones no gubernamentales. Mi punto no es negar la  existencia de este dinamismo organizativo o incluso de la movilizaci&oacute;n social en  Colombia, sino recordar que uno y otro est&aacute;n inscritos en procesos pol&iacute;ticos  mucho m&aacute;s ambiguos y de largo plazo.</p>  <hr size="1">      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>REFERENCIAS</b></p>      <!-- ref --><p>1. Archila, Mauricio. 2003. <i>Idas y venidas. Vueltas y Revueltas. Protestas sociales en  Colombia, 1958-1990. </i>Bogot&aacute;: Icanh - Cinep.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000024&pid=S0123-885X201000020001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Archila, Mauricio. 2006. <i>La izquierda hoy. Reflexiones sobre su identidad. Informe de  investigaci&oacute;n del proyecto Izquierda y nociones de vida buena en Colombia. </i> Bogot&aacute;: Cinep - Mimeo de Investigaci&oacute;n.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000025&pid=S0123-885X201000020001400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Archila, Mauricio e &Iacute;ngrid Bol&iacute;var. 2003. Introducci&oacute;n. En <i>Conflictos, poderes e  identidades en el Magdalena Medio, 1990-2001</i>, eds. Mauricio Archila, &Iacute;ngrid  Bol&iacute;var, &Aacute;lvaro Delgado y Martha Garc&iacute;a, 9-36. Bogot&aacute;: Colciencias -  Cinep.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000026&pid=S0123-885X201000020001400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Barkey Karen y Parikh Sunita. 1991. Comparative Perspectives on The State. <i> Annual Review of Sociology </i>17: 523-549.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000027&pid=S0123-885X201000020001400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Bobbio, Norberto. 1997. <i>Estado, gobierno y sociedad. Por una teor</i><i>&iacute;a  general de la pol&iacute;tica. </i>M&eacute;xico D.F.: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000028&pid=S0123-885X201000020001400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Bol&iacute;var, &Iacute;ngrid. 2003. Transformaciones de la pol&iacute;tica: atribuci&oacute;n causal, movilizaci&oacute;n  social y configuraci&oacute;n del Estado en el Magdalena Medio. En <i>Conflictos,  poderes e identidades en el Magdalena Medio, </i> eds. Mauricio  Archila, &Iacute;ngrid Bol&iacute;var, &Aacute;lvaro Delgado y Martha Garc&iacute;a, 373-465.  Bogot&aacute;: Cinep.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000029&pid=S0123-885X201000020001400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p> 7. Bol&iacute;var,  &Iacute;ngrid. 2006. <i>La legitimidad de los actores armados en Colombia</i>.  <a href="http://www.institut-gouvernance.org/es/analyse/fiche-analyse-250.html" target="blank"> http://www.institut-gouvernance.org/es/analyse/fiche-analyse-250.html</a>  &#40;Recuperado el 30 de junio de 2010&#41;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000030&pid=S0123-885X201000020001400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Elias, Norbert. 1994. <i>Los alemanes</i>. M&eacute;xico D.F.: Editorial Mora.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000031&pid=S0123-885X201000020001400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Escalante, Fernando. 1992. <i>Ciudadanos imaginarios</i>. <i>Memorial de los afanes y  desventuras de la virtud y apolog&iacute;a del vicio triunfante en la Rep&uacute;blica Mexicana –Tratado de Moral P&uacute;blica–</i>.  M&eacute;xico D.F.: El Colegio de M&eacute;xico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000032&pid=S0123-885X201000020001400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Escalante, Fernando. 1991. <i>La pol&iacute;tica  del terror. Apuntes para una teor&iacute;a del terrorismo. </i> M&eacute;xico D.F.: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000033&pid=S0123-885X201000020001400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Lechner,  Norbert. 1996a. La problem&aacute;tica invocaci&oacute;n de la sociedad civil. <i>Revista Foro </i>28: 24-33.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000034&pid=S0123-885X201000020001400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Lechner,  Norbert. 1996b. &iquest;Por qu&eacute; la pol&iacute;tica ya no es lo que fue? <i>Revista Foro </i> 29: 7-15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000035&pid=S0123-885X201000020001400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Mann, Michael.  1997. <i>Las fuentes del poder social II</i>. <i>El desarrollo de las clases y  los Estados nacionales, 1760-1914</i>. Madrid: Alianza Editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000036&pid=S0123-885X201000020001400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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