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<journal-title><![CDATA[Estudios Socio-Jurídicos]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Medidas cautelares en los procesos arbitrales ¿Taxatividad o enunciación de las cautelas?: mandatory or optional]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[ABSTRACT Alternative methods, so-called, continue to take on greater strength in dispute resolution. They have taken on a preponderant role in the area of arbitration. For this reason, the possibility that cautious measures could be decreed by arbitrators is a matter of particular interest. This article concerns itself with presenting the fundamentals of such cautions; what is the legal regime; what treatment must follow if international and national arbitrations. Finally, it looks at the conclusions that may be drawn in this matter, seeking to test the central thesis of the author, namely that they conform to the Colombian juridical order. These means are merely stated and not required.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Medidas cautelares en los procesos arbitrales &iquest;Taxatividad o enunciaci&oacute;n de las cautelas?</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>Cautions measures in the arbitrar process: mandatory or optional?</b></font></p>      <p align="center"><B><I>Gabriel Hern&aacute;ndez Villarreal </I></b></p>     <p><sup>*</sup>Abogado egresado de la Universidad del Rosario, especializado en derecho procesal en la misma universidad, conjuez de la Sala Civil del tribunal Superior de Bogot&aacute;; conciliador extrajudicial en derecho, miembro del Instituto Colombiano de Derecho Procesal y director de la especializaci&oacute;n en derecho procesal de la Universidad del Rosario. Profesor en pregrado y posgrado. Correo electr&oacute;nico: <a href="mailto:ghernand@urosario.edu.co">ghernand@urosario.edu.co</a>. Bogot&aacute;, Colombia.</p>      <p>Recibido: 03 de agosto de 2006 Aprobado: 02 de febrero de 2007</p> <hr>     <p><B>RESUMEN </b></p>      <p>Cada vez adquieren mayor fuerza los denominados m&eacute;todos alternativos de soluci&oacute;n de conflictos. Dentro de estos el arbitraje ocupa un papel preponderante.</p>     <p>Por ese motivo, lo atinente a las medidas cautelares que pueden decretar los &aacute;rbitros se erige en un tema de particular inter&eacute;s para quienes intervienen en un proceso de esta naturaleza, y de ah&iacute; que este art&iacute;culo se ocupe de presentar el fundamento de las cautelas; cu&aacute;l es su r&eacute;gimen legal; qu&eacute; tratamiento tienen seg&uacute;n se trate de arbitraje nacional o internacional y, finalmente, a qu&eacute; conclusiones se puede llegar en torno a este asunto, tratando de probar &mdash;como es apenas obvio&mdash; la tesis central del autor, conforme a la cual en el ordenamiento jur&iacute;dico colombiano las aludidas medidas tienen una consagraci&oacute;n meramente enunciativa y no taxativa.</p>     <p><B>Palabras clave: </B>medidas cautelares, arbitraje, naturaleza jur&iacute;dica, taxatividad, enunciaci&oacute;n, innominadas, proceso, efectos.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>ABSTRACT </b></p>      <p>Alternative methods, so-called, continue to take on greater strength in dispute resolution. They have taken on a preponderant role in the area of arbitration.</p>     <p>For this reason, the possibility that cautious measures could be decreed by arbitrators is a matter of particular interest. This article concerns itself with presenting the fundamentals of such cautions; what is the legal regime; what treatment must follow if international and national arbitrations. Finally, it looks at the conclusions that may be drawn in this matter, seeking to test the central thesis of the author, namely that they conform to the Colombian juridical order. These means are merely stated and not required.</p>     <p><B>Key words:</B> cautious measures, arbitration, natural justice, enunciation, requisite, process, effects, unnamed.</p> <hr>     <p><B>INTRODUCCI&Oacute;N </b></p>      <p>Asaz conocido es el postulado conforme con el cual las medidas cautelares tienen por objeto proteger un derecho o una determinada situaci&oacute;n jur&iacute;dica,<sup><a name="nu1"></a><a href="#num1">1</a></sup> no obstante que para el momento en que se soliciten s&oacute;lo exista una apariencia o verosimilitud respecto de uno u otra.<sup><a name="nu2"></a><a href="#num2">2</a></sup> Pese a ello, y en lo que concierne a los procesos arbitrales, su viabilidad es relativamente reciente como quiera que los art&iacute;culos 2019 del C&oacute;digo de Comercio y 671, numeral 11, del C&oacute;digo de Procedimiento Civil de manera expresa prohib&iacute;an un pronunciamiento sobre el particular, por lo que la pr&aacute;ctica de las mismas s&oacute;lo es posible a ra&iacute;z de la expedici&oacute;n del Decreto 2279 de 1989, que en su art&iacute;culo 32 (hoy art&iacute;culo 152 del Decreto 1818 de 1998) estableci&oacute; esa opci&oacute;n.</p>      <p>En efecto y al tenor de lo reglado en la &uacute;ltima de las citadas normas, trat&aacute;ndose de asuntos que se ventilan por la v&iacute;a del proceso arbitral, es factible que a petici&oacute;n de cualquiera de las partes se decreten como medidas cautelares, la de la "inscripci&oacute;n del proceso en cuanto a los bienes sujetos a registro", as&iacute; como el "secuestro de bienes muebles"; siempre y cuando en ambos supuestos "la controversia recaiga sobre dominio u otro derecho real principal sobre bienes muebles o inmuebles, directamente o como consecuencia de una pretensi&oacute;n distinta, o sobre una universidad de bienes"<I>.</I> En otras palabras, en principio a los &aacute;rbitros les es permitido pronunciarse sobre las mismas dos cautelas que el art&iacute;culo 690 numeral 1&ordm;, literales a) y b) del C&oacute;digo de Procedimiento Civil contemplan como susceptibles de ser decretadas cuando de procesos ordinarios se trata.</p>      <p>Con todo, el aspecto que suscita debate y del que se ocupa precisamente este escrito, es el inherente a determinar si las aludidas medidas son taxativas o, por el contrario, tienen una connotaci&oacute;n tan solo enunciativa. Al respecto, la tesis que aqu&iacute; se defiende es la de que, habida cuenta que el arbitraje est&aacute; estructurado como un proceso judicial, a quienes se les inviste de la facultad de administrar justicia se les habilita tambi&eacute;n para que se pronuncien sobre cautelas diversas a las ya mencionadas, acatando, como es apenas obvio, las directrices que sobre esa materia y en cada caso concreto establecen las normas legales.</p>     <p>Por consiguiente, para el planteamiento y defensa de la aludida tesis se proceder&aacute; de la siguiente manera: en primer lugar expondr&eacute; &mdash;en t&eacute;rminos muy generales&mdash; cu&aacute;les son las posiciones que se han discutido alrededor del tema de la naturaleza jur&iacute;dica del arbitraje; en segundo t&eacute;rmino recordar&eacute; los fundamentos de las medidas cautelares, para pasar luego a comentar su regulaci&oacute;n en los procesos arbitrales, tanto nacionales como internacionales, y para finalizar consignar&eacute; las conclusiones que en mi concepto surgen despu&eacute;s de haber efectuado el anterior an&aacute;lisis.</p>     <p>En consecuencia, este texto es de car&aacute;cter conceptual y descriptivo en lo que ata&ntilde;e a la naturaleza jur&iacute;dica del arbitraje y a los fundamentos de las medidas cautelares; y anal&iacute;tico en lo relacionado con los aspectos que se derivan de su regulaci&oacute;n e implementaci&oacute;n en el orden nacional.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p><B>I. NATURALEZA JUR&Iacute;DICA DEL ARBITRAJE </b></p>      <p>Intensa ha sido la querella jur&iacute;dico-acad&eacute;mica que frente a este asunto<sup><a name="nu3"></a><a href="#num3">3</a></sup> ha tenido lugar entre quienes, de un lado, defienden la visi&oacute;n contractualista del arbitraje y en consecuencia sostienen que en esta materia "el derecho procesal es accesorio con relaci&oacute;n al derecho de las obligaciones y del contrato en general";<sup><a name="nu4"></a><a href="#num4">4</a></sup> y, del otro, aquellos que con un enfoque distinto arguyen que <I>"</I>median razones suficientes para fundamentar la naturaleza jurisdiccional"<sup><a name="nu5"></a><a href="#num5">5</a></sup> del proceso arbitral.<sup><a name="nu6"></a><a href="#num6">6</a></sup></p>      <p>Para los primeros, cuando afirman que el arbitraje es un contrato, lo que en realidad buscan es resaltar el hecho de que aqu&eacute;l, el arbitraje:</p>     <blockquote>     <p>no es, por encima de todas las cosas, o exclusivamente, un proceso o procedimiento (por lo que), no solamente las normas jur&iacute;dicas procesales o procedimentales, aquellas del Decreto 1818 del 7 de septiembre de 1998 y del C&oacute;digo de Procedimiento Civil, lo regulan. El r&eacute;gimen jur&iacute;dico del arbitraje tambi&eacute;n se halla en las normas jur&iacute;dicas sustantivas del C&oacute;digo Civil y del C&oacute;digo de Comercio.<sup><a name="nu7"></a><a href="#num7">7</a></sup></p></blockquote>      <p>Desde esa perspectiva y como lo evidencia el tratadista Palacio, los autores que le asignan al arbitraje una naturaleza contractual generalmente lo encuadran "en la figura del mandato";<sup><a name="nu8"></a><a href="#num8">8</a></sup> mientras que sus contradictores estiman, en abierta discrepancia, que "a la luz del mandato no puede equipararse la labor y funci&oacute;n de los &aacute;rbitros, por cuanto el contenido del laudo no ejecuta instrucciones de las partes; tampoco hay punto de comparaci&oacute;n con la prestaci&oacute;n de servicios, pues en este no se tienen los poderes y facultades con las que se dota al &aacute;rbitro para que adelante y concluya el proceso."<sup><a name="nu9"></a><a href="#num9">9</a></sup></p>      <p>Es m&aacute;s, de tal intensidad ha sido la controversia suscitada entre algunos autores que pugnan por la tesis contractualista del arbitraje, como es el caso del destacado jurista Silva Romero,<sup><a name="nu10"></a><a href="#num10">10</a></sup> y quienes, como sucede con el ilustre profesor Ramiro Bejarano, le atribuyen una naturaleza jurisdiccional con contenido netamente procesal, que, a juicio de este &uacute;ltimo, aqu&eacute;l:</p>     <blockquote>     <p>sostiene cosas tan disparatadas como la de que el arbitraje no es un proceso, que las normas que lo regulan no son de orden p&uacute;blico, que el &aacute;rbitro no es juez, y que los fallos de la Corte Constitucional que declaran la constitucionalidad condicionada de una norma, como el C-037 de 1996, proferido respecto del art&iacute;culo 13 de la Ley 270 de 1996, son simples criterios auxiliares de interpretaci&oacute;n, desconociendo la cosa juzgada de tales decisiones consagradas en el art&iacute;culo 243 de la Carta Pol&iacute;tica, lo previsto en el art&iacute;culo 21 del Decreto 2067 de 1991, y adem&aacute;s multitud de decisiones de nuestro m&aacute;s alto tribunal constitucional.<sup><a name="nu11"></a><a href="#num11">11</a></sup></p></blockquote>      <p>En torno a este punto la jurisprudencia nacional ya tom&oacute; decidido partido por atribuirle al arbitraje un car&aacute;cter eminentemente procesal, y es as&iacute; como en sentencia C&ndash;1038 de 2002, que cont&oacute; con ponencia del doctor Eduardo Montealegre Lynett, la Corte Constitucional afirm&oacute; que "el arbitramento es un verdadero procedimiento judicial &mdash;en sentido material&mdash; y, como tal, est&aacute; sometido en todas sus etapas a la estricta aplicaci&oacute;n de las normas que regulan estas actuaciones (&hellip;) Se trata de un mecanismo en el que han de aplicarse con rigor las garant&iacute;as del debido proceso aplicables a toda actuaci&oacute;n judicial (&hellip;)"</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De manera an&aacute;loga y en consonancia con esta misma visi&oacute;n, ya la Corte Suprema de Justicia hab&iacute;a dicho que "un tribunal de arbitramento, sin duda alguna, profiere primordialmente actos jurisdiccionales (&hellip;)", y por eso:</p>    <blockquote>     <p>la naturaleza jurisdiccional del papel de los &aacute;rbitros se plasma en que aun cuando puedan ser escogidos por los contendores, no obran en nombre de &eacute;stos, no ostentan propiamente su representaci&oacute;n, sino que pronuncian sus decisiones como sujetos independientes de la voluntad de unos u y otros. Por tanto, el otorgamiento de poderes jurisdiccionales a los terceros designados como &aacute;rbitros, si bien se origina en un negocio jur&iacute;dico privado (el compromiso o la cl&aacute;usula compromisoria), emana de la ley. Y ello es as&iacute; porque el derecho objetivo vincula a dicho acto no s&oacute;lo efectos jur&iacute;dicos privados (entre las partes) sino tambi&eacute;n efectos jur&iacute;dicos p&uacute;blicos (entre el Estado y los &aacute;rbitros) que se concretan en la atribuci&oacute;n de funciones jurisdiccionales a estos &uacute;ltimos.<sup><a name="nu12"></a><a href="#num12">12</a></sup></p></blockquote>      <p>Sin embargo, resulta pertinente recordar que no siempre ha sido as&iacute;, pues, como en todo proceso deben existir unos requisitos subjetivos, objetivos y de actividad, en determinado momento de nuestra historia jur&iacute;dica se consider&oacute; que en relaci&oacute;n con los requisitos subjetivos, en concreto respecto del car&aacute;cter jurisdiccional de las cautelas, los &aacute;rbitros no pod&iacute;an decretarlas<sup><a name="nu13"></a><a href="#num13">13</a></sup> debido a que el arbitraje era visto como un m&eacute;todo alternativo de soluci&oacute;n de conflictos, exclusivamente, y de ah&iacute; que "todo lo relacionado con el orden p&uacute;blico y todo aquello que le corresponde de manera exclusiva e indelegable a la rama jurisdiccional, constituye materia vedada para la actividad de los &aacute;rbitros."<sup><a name="nu14"></a><a href="#num14">14</a></sup></p>      <p>En igual sentido, la m&aacute;s alta autorizada doctrina for&aacute;nea tambi&eacute;n se identificaba con estas restricciones, al decir que "quiz&aacute; por haber intuido que las medidas cautelares hacen relaci&oacute;n, m&aacute;s que a la tutela de los derechos subjetivos, a la polic&iacute;a del proceso, la jurisprudencia se ha manifestado reacia a admitir que se le pueda conferir a los &aacute;rbitros por los compromitentes el poder de conceder secuestros durante el juicio arbitral."<sup><a name="nu15"></a><a href="#num15">15</a></sup> En este campo se hac&iacute;a &eacute;nfasis en que "La adopci&oacute;n de medidas cautelares s&oacute;lo corresponde a los &oacute;rganos jurisdiccionales del Estado. Es com&uacute;nmente admitido que los &aacute;rbitros no pueden acordar medidas cautelares, ni siquiera cuando las partes les han conferido esta funci&oacute;n. Ello es debido a la similitud entre la medida cautelar y la ejecutiva, excluida de la jurisdicci&oacute;n arbitral por entra&ntilde;ar necesariamente la medida cautelar el ejercicio de una potestad de que carecen los &aacute;rbitros."<sup><a name="nu16"></a><a href="#num16">16</a></sup></p>      <p>Al parecer, en el fondo de estas apreciaciones lat&iacute;a subyacente la idea de que no siempre que a los particulares se les otorgaba la facultad de dirimir un conflicto se estaba en presencia de un proceso que implicaba el ejercicio de una atribuci&oacute;n jurisdiccional; situaci&oacute;n &eacute;sta que, cuando menos en lo que ata&ntilde;e a los &aacute;rbitros qued&oacute; superada y definida con la expedici&oacute;n de la Carta Pol&iacute;tica de 1991,<sup><a name="nu17"></a><a href="#num17">17</a></sup> y estatutos tales como el Decreto 2651 de 1991,<sup><a name="nu18"></a><a href="#num18">18</a></sup> la Ley 270 de 1996<sup><a name="nu19"></a><a href="#num19">19</a></sup> y el Decreto 1818 de 1998.<sup><a name="nu20"></a><a href="#num20">20</a></sup></p>      <p>Ciertamente, este c&uacute;mulo de disposiciones normativas y las jurisprudencias de los tribunales supremos en lo constitucional y en la jurisdicci&oacute;n ordinaria, dejaron en claro que el arbitraje s&iacute; es un proceso (de hecho, el art&iacute;culo 13 numeral 3&ordm; de la Ley 270 de 1996 determina que "Trat&aacute;ndose de arbitraje las leyes especiales de cada materia establecer&aacute;n las reglas del proceso"); que su naturaleza es jurisdiccional<sup><a name="nu21"></a><a href="#num21">21</a></sup> y no meramente contractual<sup><a name="nu22"></a><a href="#num22">22</a></sup> (sentencias C &ndash; 431 de 1995, C- 330 de 2000 y C &ndash; 1038 de 2002); y que los &aacute;rbitros tendr&aacute;n los mismos deberes, poderes "y facultades que para los jueces se consagran en el C&oacute;digo de Procedimiento Civil" (art&iacute;culo 114 inciso 2&ordm; de la Ley 23 de 1991).</p>      <p><B>II. FUNDAMENTO DE LAS MEDIDAS CAUTELARES </b></p>      <p>La cautela parte siempre de una apariencia del derecho o de una veros&iacute;mil situaci&oacute;n jur&iacute;dica<sup><a name="nu23"></a><a href="#num23">23</a></sup> conocida como <I>fumus boni iuris, </I>que en raz&oacute;n al peligro que implica la tardanza en la tramitaci&oacute;n del proceso<sup><a name="nu24"></a><a href="#num24">24</a></sup> o,<I> periculum in mora, </I>precipitan su adopci&oacute;n como mecanismo id&oacute;neo para evitar que la sentencia que ha de dictarse pueda quedar sin efectividad. Adicionalmente, en algunas legislaciones se incluye como requisito para la procedencia de las medidas cautelares el hecho de que la persona que ha de soportarlas d&eacute; la impresi&oacute;n de que se sustraer&aacute; del cumplimiento de la sentencia,<sup><a name="nu25"></a><a href="#num25">25</a></sup> y es ah&iacute; cuando se habla de la <I>suspectio debitoris.</I><sup><a name="nu26"></a><a href="#num26">26</a></sup> Ahora bien, como de acuerdo con la premisa que impera en materia de cautelas, &eacute;stas buscan asegurar los efectos de una sentencia futura debido a la lentitud con que se adelanta el proceso, entonces el verdadero fundamento de las mismas es el <I>periculum in mora, </I>cuyas nefastas consecuencias se pretenden conjurar permitiendo que se adopten desde la presentaci&oacute;n de la demanda, e incluso con anterioridad a &eacute;sta, si ello garantiza la efectividad futura del derecho que invoca el peticionario.</p>      <p>En tal virtud, limit&aacute;ndonos a las medidas cautelares en los procesos arbitrales, a primera vista dar&iacute;a la impresi&oacute;n que las cautelas no tienen mayor relevancia, precisamente porque si algo caracteriza a estas actuaciones es su celeridad, cuando menos si se compara con el tiempo que demanda tramitar un asunto ante los dem&aacute;s jueces. Igualmente, tampoco se justificar&iacute;a la necesidad de implementarlas, porque si el arbitraje es el resultado del mutuo acuerdo al que llegaron las partes para dirimir su conflicto, no parece razonable concluir que, mientras se surte el proceso, entre ellas medie alg&uacute;n perverso inter&eacute;s de sustraerse a los resultados del laudo o de disponer indebidamente del bien objeto de la controversia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Empero y no obstante estas observaciones, en los procesos arbitrales la posibilidad del decreto y pr&aacute;ctica de las mencionadas medidas s&iacute; conserva toda su entidad jur&iacute;dica, por lo que a quienes as&iacute; razonan habr&iacute;a que decirles que no todas las cautelas se toman basadas en el <I>periculum in mora, </I>sino en el da&ntilde;o concreto que pueden causar otras cautelas, tal como ocurre en el caso de las cauciones. En efecto, estas &uacute;ltimas constituyen tambi&eacute;n una medida cautelar que recae sobre el demandante y que busca proteger al demandado del da&ntilde;o que le puedan causar aquellas, mas no porque el proceso sea lento sino por el peligro de da&ntilde;o espec&iacute;fico, no gen&eacute;rico, que puede llegar a sufrir quien tuvo que soportar la medida.<sup><a name="nu27"></a><a href="#num27">27</a></sup></p>      <p>As&iacute; mismo, estimo que a la par con el <I>periculum in mora, </I>inherente a toda actuaci&oacute;n procesal por expedita que &eacute;sta sea, en presencia de asuntos arbitrales tendr&iacute;amos que considerar otro fundamento que no es propio de las cautelas patrimoniales sino de las personales, y que consiste en el <I>periculum in damni</I>; conforme con el cual, de no darle v&iacute;a libre a las cautelas se podr&iacute;an generar da&ntilde;os p&uacute;blicos y privados derivados de un laudo que se torne ilusorio en sus efectos. En este caso, los da&ntilde;os p&uacute;blicos quedar&iacute;an evidenciados &mdash;respecto del Estado&mdash; en que ver&iacute;a menoscabada su confianza e <I>imperium</I> si las personas a las que se les habilita para solucionar una controversia no pudieran ejecutar su propia decisi&oacute;n. De manera an&aacute;loga y ante la orfandad cautelar, los particulares enfrentar&iacute;an &mdash;y de hecho ocurre&mdash; unos da&ntilde;os privados que terminar&iacute;an por afectar sus derechos reconocidos en la providencia que le ponga fin al proceso, pues, luego de haber invertido tiempo y dinero llevando a cabo una actuaci&oacute;n de esta naturaleza, se encontrar&iacute;an con que no podr&iacute;an materializarlos por la ausencia de bienes que garantizaran su efectivo reconocimiento.</p>      <p>Por &uacute;ltimo, y en esto sigo al profesor Bejarano Guzm&aacute;n, el que exista un pacto arbitral no puede ser raz&oacute;n suficiente para aseverar que la solicitud de cautelas se torna inane, toda vez que en no pocas ocasiones, si bien las partes se encuentran enfrentadas en un tribunal de arbitramento, alguna de ellas se ha resistido a su tramitaci&oacute;n, y de ah&iacute; que aunque los contendientes pudieron estar de acuerdo al suscribir un contrato en involucrar el pacto arbitral, esa puede no ser necesariamente la misma postura al momento de surgir el conflicto, en cuyo caso no solo toman sentido sino que se hacen necesarias las medidas cautelares.<sup><a name="nu28"></a><a href="#num28">28</a></sup></p>      <p><B>III. R&Eacute;GIMEN LEGAL DE LAS MEDIDAS CAUTELARES EN LOS PROCESOS ARBITRALES </b></p>      <p><B>En el arbitraje nacional</B></p>     <p>El estatuto arbitral, inicialmente en el art&iacute;culo 32 del Decreto 2279 de 1989, y despu&eacute;s en el art&iacute;culo 152 del Decreto 1818 de 1998, de manera expresa consagra dos medidas cautelares:<sup><a name="nu29"></a><a href="#num29">29</a></sup> la inscripci&oacute;n del proceso y el secuestro de bienes muebles.</p>      <p>Salvo por la obvia observaci&oacute;n en el sentido de que esas normas hablan de "inscripci&oacute;n del proceso" y no de "inscripci&oacute;n de la demanda", y de que para decretar esa medida no se exija prestar cauci&oacute;n; en los dem&aacute;s aspectos tales cautelas son id&eacute;nticas a las que proceden en los procesos declarativos que se ventilan ante los jueces ordinarios y cuya regulaci&oacute;n legal se encuentra en el art&iacute;culo 690 numeral 1&ordm;, literales a) y b) del C&oacute;digo de Procedimiento Civil.</p>     <p>Esta circunstancia ha llevado a sostener al grueso de la doctrina, en una posici&oacute;n que es avalada por la mayor&iacute;a de los &aacute;rbitros, que en materia de cautelas que informan a este proceso, la regulaci&oacute;n del Decreto 2279 de 1989 es taxativa, lo que supone entonces que por fuera de las mencionadas no existe la posibilidad de que se decreten otras. As&iacute;, por ejemplo, en opini&oacute;n de Julio Benetti:</p>     <blockquote>     <p>(&hellip;) cualquier medida cautelar es restrictiva de la libertad de las personas o de la libre circulaci&oacute;n de los bienes, y ello permite afirmar que las cautelas son taxativas (&hellip;) Dentro de este orden de ideas, si el legislador hubiera deseado dotar al &aacute;rbitro de facultades para adoptar cualquier medida cautelar, le habr&iacute;a bastado con derogar el numeral 9&ordm; del art&iacute;culo 2019 del C&oacute;digo de Comercio en que exist&iacute;a prohibici&oacute;n expresa en el arbitraje, sin necesidad de dictar la norma que se comenta; o simplemente decir que en esta cuesti&oacute;n se aplicar&iacute;a el C&oacute;digo de Procedimiento Civil, como lo hizo la ley arbitral respecto de otros temas (&hellip;) en el supuesto de que en nuestro derecho la cautela fuera la regla general en cualquier proceso.<sup><a name="nu30"></a><a href="#num30">30</a></sup></p></blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Connotados &aacute;rbitros como Nicol&aacute;s Gamboa Morales<sup><a name="nu31"></a><a href="#num31">31</a></sup> y Ramiro Bejarano Guzm&aacute;n,<sup><a name="nu32"></a><a href="#num32">32</a></sup> entre otros, han expuesto una argumentaci&oacute;n contraria: consideran que la regulaci&oacute;n a la que se refiere el art&iacute;culo 32 del Decreto 2279 de 1989 no ten&iacute;a por objeto prohibir las dem&aacute;s medidas cautelares, sino reglamentar las de inscripci&oacute;n de la demanda y el secuestro de bienes muebles, en esas dos espec&iacute;ficas situaciones.</p>      <p>Por mi parte y en raz&oacute;n a que me alineo con la corriente <I>procesalista </I>del arbitraje colombiano, no s&oacute;lo comparto el punto de vista expresado en el p&aacute;rrafo precedente (como quiera que esa es la tesis alrededor de la cual gira este escrito), sino que, adem&aacute;s, apoyado en el dise&ntilde;o procesal de este tipo de asuntos y a la luz de los pronunciamientos constitucionales y de la integraci&oacute;n de normas que hay que aplicar debido al bloque de constitucionalidad, sin lugar a dudas afirmo que los &aacute;rbitros est&aacute;n facultados para decretar las medidas cautelares previstas en los procesos ordinarios, y en todos aquellos otros en los que la naturaleza de la controversia y las normas legales as&iacute; lo permitan.</p>     <p>Para corroborar este aserto, habr&iacute;a que empezar por recordar que el art&iacute;culo 2&ordm; del otrora Decreto 2651 de 1991, conocido como de descongesti&oacute;n de despachos judiciales, contemplaba la posibilidad de que en los procesos en que no se hubiera proferido sentencia de primera o &uacute;nica instancia, las partes, de com&uacute;n acuerdo, le pod&iacute;an pedir al juez que su controversia se sometiera al tr&aacute;mite de la conciliaci&oacute;n, y que si &eacute;sta fracasaba o fuere parcial, "a posterior arbitramento"; petici&oacute;n que incluso era susceptible de ser formulada "en los procesos de ejecuci&oacute;n en los que se (hubieran) propuesto excepciones de m&eacute;rito."</p>      <p>Pues bien, pese a que en un primer momento y como resultado de una acci&oacute;n de tutela (Sentencia T-057 de 1995, magistrado ponente Eduardo Cifuentes Mu&ntilde;oz), la sala tercera de revisi&oacute;n de la Corte Constitucional adujo que los &aacute;rbitros no pod&iacute;an conocer de procesos ejecutivos; luego, con base en una decisi&oacute;n adoptada por la sala plena de esa corporaci&oacute;n, en la que se pronunci&oacute; acerca de la demanda de inexequibilidad del citado art&iacute;culo 2&ordm; del Decreto 2651 de 1991, recogi&oacute; el criterio anterior y concluy&oacute; que los tribunales de arbitramento s&iacute; son competentes para tramitar procesos ejecutivos<sup><a name="nu33"></a><a href="#num33">33</a></sup> y, desde luego, para decretar los embargos y secuestros a que hubiere lugar<sup><a name="nu34"></a><a href="#num34">34</a></sup> (Sentencia C&ndash;294 de 1995, magistrado ponente Jorge Arango Mej&iacute;a).</p>      <p>Siendo as&iacute;, con fluidez se colige que la facultad conferida a los &aacute;rbitros en materia de cautelas se extiende tambi&eacute;n a los procesos ejecutivos, situaci&oacute;n &eacute;sta que conserva plena vigencia por cuanto aunque la Corte Constitucional en Sentencia C&ndash;1140 del 30 de agosto de 2000 declar&oacute; inexequibles los art&iacute;culos 35 , 36 y 37 de la Ley 546 de 1999; en ese fallo no se desautoriz&oacute; el tr&aacute;mite del proceso ejecutivo ante los &aacute;rbitros, sino que simplemente se estimaron contrarias a la Carta las normas demandadas, bajo el entendido de que como el deudor de un cr&eacute;dito hipotecario no gozaba de la prerrogativa de discutir el pacto arbitral, su adherencia al mismo no era producto de la voluntad consensuada.</p>     <p>Naturalmente que de la ejecuci&oacute;n del laudo propiamente dicha s&oacute;lo puede conocer la justicia ordinaria conforme a las reglas generales (art&iacute;culo 129 de la Ley 446 de 1998 y 165 del Decreto 1818 de 1998), pero ese es otro tema que no le resta a tan particulares jueces la facultad en comento, pues "al decretar el &aacute;rbitro medidas cautelares, lo &uacute;nico que est&aacute; haciendo es uso del poder de coerci&oacute;n con miras a lograr la efectividad de su decisi&oacute;n; (y) al hacerlo, en ning&uacute;n momento est&aacute; usurpando una competencia que no le corresponda en forma privativa y excluyente a la justicia ordinaria."<sup><a name="nu35"></a><a href="#num35">35</a></sup></p>      <p>Igualmente y teniendo en cuenta que a trav&eacute;s de un proceso arbitral se pueden decidir todo tipo de controversias susceptibles de transacci&oacute;n,<sup><a name="nu36"></a><a href="#num36">36</a></sup> si el conflicto versa, por ejemplo, sobre competencia desleal (cuyo tr&aacute;mite es el abreviado y no el ordinario), el tribunal que conozca del asunto podr&iacute;a decretar como medida cautelar y con base en el art&iacute;culo 31 de la Ley 256 de 1996, que cese provisionalmente la realizaci&oacute;n del acto constitutivo de dicha competencia; o disponer de cualquier otra medida cautelar que resulte pertinente.<sup><a name="nu37"></a><a href="#num37">37</a></sup></p>      <p>Lo mismo es factible predicar de disputas jur&iacute;dicas que involucren los derechos de autor, casos estos en los que con fundamento en la Ley 23 de 1982, modificada por la Ley 44 de 1993, los &aacute;rbitros podr&iacute;an decretar el secuestro preventivo de otra obra o declarar interdicta o en suspenso la representaci&oacute;n, ejecuci&oacute;n o exhibici&oacute;n de una obra que vaya a hacerse en p&uacute;blico sin la autorizaci&oacute;n de su autor (art&iacute;culos 244 y 245 de la Ley 23 de 1982).</p>      <p>Para continuar con los ejemplos y en lo que concierne a controversias sobre propiedad intelectual, la Decisi&oacute;n 486 de 2000 permite que a la autoridad nacional competente, que bien podr&iacute;a ser un tribunal de arbitramento si mediara, verbigracia un compromiso, se le pueda pedir como medidas cautelares, entre otras, las enlistadas en el art&iacute;culo 246.</p>     <p>Algunas de esas cautelas son el cese inmediato de los actos que constituyan la presunta infracci&oacute;n; el retiro de los productos resultantes de esa misma infracci&oacute;n; la constituci&oacute;n por el presunto infractor de una garant&iacute;a suficiente, etc., eventos todos estos en los que la contienda, ni versa sobre dominio u otro derecho real principal que afecte bienes muebles o inmuebles, tal como es la hip&oacute;tesis del literal a) del art&iacute;culo 32 del Decreto 2279 de 1989; ni se ventilan siempre por la v&iacute;a del proceso ordinario.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Y es que si la facultad con que cuentan los &aacute;rbitros para decretar medidas cautelares se restringiera a los dos precisos casos del art&iacute;culo 32 del Decreto 2279 de 1989, se menoscabar&iacute;an principios constitucionales como el de la eficacia de la tutela jurisdiccional efectiva al que ya se ha referido la Corte Constitucional, no de manera directa sino al hablar de la "eficacia y eficiencia de la administraci&oacute;n p&uacute;blica en general (&hellip;) &#91;y&#93; (&hellip;) tambi&eacute;n al principio &lsquo;de efectividad de los derechos y garant&iacute;as&rsquo;."<sup><a name="nu38"></a><a href="#num38">38</a></sup> Conforme a este principio, todas las personas tienen derecho al otorgamiento de instrumentos legales que permitan sanear y superar los impedimentos y deficiencias de forma que obstaculizan el proceso, de tal suerte que el juez pueda contar con el poder suficiente para la ejecuci&oacute;n de la sentencia.<sup><a name="nu39"></a><a href="#num39">39</a></sup></p>      <p>Por supuesto que se conculcar&iacute;a tambi&eacute;n el principio del debido proceso, en la medida en que el n&uacute;cleo fundamental de este es el libre acceso a la administraci&oacute;n de justicia, entendido desde una perspectiva real, material, efectiva y no simplemente nominal que es, en &uacute;ltimas, la que surgir&iacute;a de un proceso arbitral en el que, no obstante estar dadas todas las condiciones f&aacute;ctico jur&iacute;dicas para el decreto y pr&aacute;ctica de las cautelas, se limitara su aplicaci&oacute;n con el argumento de que no se trata de un proceso ordinario, o de que, si&eacute;ndolo, la controversia no versa sobre dominio u otro derecho real principal.</p>      <p>La invocaci&oacute;n del debido proceso en estos asuntos emerge de la propia Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica, que en el art&iacute;culo 93 hace referencia a las normas que integran lo que se ha dado en llamar el <I>bloque de constitucionalidad</I>, del que hacen parte los art&iacute;culos de los tratados de derechos humanos ratificados por Colombia cuando se trate de derechos reconocidos por la Constituci&oacute;n.</p>     <p>Integran ese bloque de constitucionalidad, en sentido estricto: <I>(i) </I>el Pre&aacute;mbulo, <I>(ii) </I>el articulado constitucional, <I>(iii) </I>los tratados de l&iacute;mites ratificados por Colombia, <I>(iv) </I>los tratados de derecho humanitario, <I>(v) </I>los tratados ratificados por Colombia que reconocen derechos intangibles, <I>(vi) </I>los art&iacute;culos de los tratados de derechos humanos ratificados por Colombia, cuando se trate de derechos reconocidos por la Carta y <I>(vii)</I>, en cierta medida la doctrina elaborada por los tribunales internacionales en relaci&oacute;n con esas normas internacionales, al menos como criterio relevante de interpretaci&oacute;n.<sup><a name="nu40"></a><a href="#num40">40</a></sup></p>      <p>Por lo tanto, como la tendencia de los sistemas actuales es hacer del derecho a la jurisdicci&oacute;n y al procedimiento un derecho fundamental; y como la tutela jurisdiccional efectiva y el debido proceso tienen ese car&aacute;cter, en presencia de procesos arbitrales y por virtud del bloque de constitucionalidad, resulta ineludible aplicar la Convenci&oacute;n Interamericana Sobre Cumplimiento de Medidas Cautelares, la cual fue aprobada por la Ley 42 del 17 de septiembre de 1986 y cuyo alcance es el siguiente:</p>     <blockquote>     <p>Las autoridades jurisdiccionales de los Estados Partes en esta Convenci&oacute;n dar&aacute;n cumplimiento a las medidas cautelares que, decretadas por jueces o tribunales de otro Estado Parte, competentes en la esfera internacional, tengan por objeto: a) El cumplimiento de medidas necesarias para garantizar la seguridad de personas, tales como custodia de hijos menores o alimentos provisionales. b) El cumplimiento de medidas necesarias para garantizar la seguridad de los bienes inmuebles y muebles, inscripci&oacute;n de demanda y administraci&oacute;n e intervenci&oacute;n de empresas.</p> </blockquote>     <p>Desde mi punto de vista, la referencia que la citada convenci&oacute;n hace a las medidas cautelares decretadas por jueces o tribunales de otro Estado, no puede ser entendida en el sentido formal de que s&oacute;lo cobija a quienes tienen la condici&oacute;n de jueces ordinarios, pues, sabido es que los &aacute;rbitros participan de esa misma calidad, al punto de que al decir del art&iacute;culo 12 del Decreto 2279 de 1989, estos particulares que ejercen la funci&oacute;n p&uacute;blica de administrar justicia "est&aacute;n impedidos y son recusables por las mismas causales previstas en el C&oacute;digo de Procedimiento Civil para los jueces."</p>      <p>Con base en lo expresado anteriormente, se soslayar&iacute;an los derechos fundamentales al procedimiento y a la tutela jurisdiccional efectiva, si se le cercenara a los &aacute;rbitros la posibilidad de que con amplitud decreten las medidas cautelares que la naturaleza del asunto permita, arguyendo que ello s&oacute;lo es factible para quienes formal y materialmente tienen el car&aacute;cter de jueces, y que la taxatividad, como caracter&iacute;stica propia de las medidas cautelares, impide extenderlas a situaciones no contempladas en el art&iacute;culo 32 del Decreto 2279 de 1989.</p>      <p>En efecto, que los &aacute;rbitros en ejercicio de sus funciones se asimilen a los jueces ordinarios es algo que la normatividad arbitral ya prev&eacute;, por lo que mal puede generarse discusi&oacute;n en ese sentido. Y en cuanto a la taxatividad, no debemos olvidar que &eacute;sta difiere de la nominaci&oacute;n y de la enunciaci&oacute;n, como quiera que se est&aacute; en presencia de la taxatividad cuando la ley dispone que en un determinado proceso son viables las medidas cautelares &mdash;cualesquiera que sean&mdash;, mientras que la nominaci&oacute;n de ellas tiene que ver con que se se&ntilde;alen, a t&iacute;tulo meramente enunciativo, cu&aacute;les resultan viables.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para sustentar esta afirmaci&oacute;n, basta recordar que el art&iacute;culo 959 del C&oacute;digo Civil dispone que si se demanda el dominio u otro derecho real constituido sobre un inmueble, el poseedor seguir&aacute; gozando de &eacute;l hasta la sentencia definitiva, pero "el actor tendr&aacute; derecho de provocar todas las providencias necesarias para evitar todo deterioro de la cosa y de los muebles y semovientes anexos a ella y comprendidos en la reivindicaci&oacute;n, si hubiere justo motivo de temerlo, o las facultades del demandado no ofrecieren suficiente garant&iacute;a."</p>     <p>Con esa norma se acredita la aseveraci&oacute;n que se viene haciendo, pues la taxatividad se deriva del hecho de que conforme al art&iacute;culo 690 del C&oacute;digo de Procedimiento Civil, en los procesos reivindicatorios procede la inscripci&oacute;n de la demanda o el secuestro de los bienes muebles &mdash;seg&uacute;n se persigan bienes inmuebles o de esta &uacute;ltima clase&mdash;; aunque seg&uacute;n el art&iacute;culo 959 del C&oacute;digo Civil tambi&eacute;n son de recibo otro tipo de cautelas &mdash;las innominadas&mdash; que no otra cosa significa la expresi&oacute;n en el sentido de que el actor tendr&aacute; derecho de provocar todas las providencias necesarias para evitar el deterioro del bien.</p>     <p>Para concluir este ac&aacute;pite y con el fin de ser a&uacute;n m&aacute;s descriptivo, la Ley 472 de 1998 sobre acciones populares, en el art&iacute;culo 25 establece la <I>taxatividad </I>de las medidas cautelares, al preceptuar que es posible su decreto de oficio o a solicitud de parte. La <I>enunciaci&oacute;n </I>se evidencia en el listado que, sin ver exhaustivo, aparece en los literales a), b), c) y d) de esa norma y, finalmente, el que no todas las cautelas son <I>nominadas </I>se desprende del art&iacute;culo 15 de la Ley 446 de 1998 cuando dice:</p>     <blockquote>     <p>Los posesorios especiales previstos en el C&oacute;digo Civil y las acciones populares, actualmente reguladas por la ley, se tramitar&aacute;n mediante el procedimiento abreviado, en dos instancias. En estos procesos, adem&aacute;s de las medidas cautelares contenidas en el art&iacute;culo 450 del C&oacute;digo de Procedimiento Civil, se podr&aacute;n practicar las dem&aacute;s que el juez estime pertinentes para proteger los derechos amenazados (las cursivas son m&iacute;as).</p></blockquote>      <p>Por consiguiente, trayendo esas consideraciones a los procesos arbitrales estimo que, al igual que lo sostuvo el tribunal de arbitramento de Inversora Ulloza Ltda. contra Inversiones Fresno S.A. y C&iacute;a. S. en C., la expresi&oacute;n "podr&aacute;n decretarse medidas cautelares" es una norma general y absoluta que consagra la admisi&oacute;n de tales medidas en todo proceso arbitral, y que aunque el legislador fija el procedimiento a seguir en los supuestos en que la controversia recaiga sobre dominio u otro derecho real principal, no significa que limite a esos casos las medidas cautelares susceptibles de ser decretadas en los procesos arbitrales, sino que se concretan a reglamentar una situaci&oacute;n especial, ya que la palabra "cuando" con que se inicia la redacci&oacute;n del art&iacute;culo 32 (hoy 152 del Decreto 1818 de 1998):</p>     <blockquote>     <p>es necesario interpretarla en el sentido de que el legislador consider&oacute; oportuno fijar reglas con respecto a determinado caso, sin que por el solo hecho de no referirse a otros eventos deba deducirse la aceptaci&oacute;n de apenas una sola medida cautelar. La palabra &lsquo;cuando&rsquo; bien puede ser reemplazada por la expresi&oacute;n &lsquo;en el caso en que&rsquo;, entre los muchos otros que a juicio del legislador no requer&iacute;an el se&ntilde;alamiento de procedimientos o reglamentos especiales. Y es que constituir&iacute;a una falta de sind&eacute;resis pensar que la ley restringi&oacute; las medidas cautelares a una sola, siendo que a trav&eacute;s del proceso arbitral pueden dirimirse los m&aacute;s variados e innumerables conflictos o controversias, distintos de los que versan sobre dominio u otro derecho real principal radicados en muebles e inmuebles (&hellip;).<sup><a name="nu41"></a><a href="#num41">41</a></sup></p></blockquote>      <p><B>En el arbitraje internacional </b></p>      <p>Por oposici&oacute;n a lo que ocurre en Colombia, en el &aacute;mbito internacional s&iacute; existe una marcada tendencia mayoritaria acerca de la posibilidad de que los &aacute;rbitros puedan decretar medidas cautelares con mayor discrecionalidad, tal como se desprende de su legislaci&oacute;n y de los reglamentos de arbitraje.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En primer lugar, en lo que concierne al campo legislativo, la Ley de Enjuiciamiento Civil Espa&ntilde;ola consagra en su art&iacute;culo 23 que "Salvo acuerdo en contrario de las partes, los &aacute;rbitros podr&aacute;n, a instancias de ellas, adoptar las medidas cautelares que estimen necesarias respecto del objeto del litigio (&hellip;)." Similar pronunciamiento se encuentra en la Ley inglesa de arbitraje de 1996 y en la sueca de 1999, al disponer esta &uacute;ltima que "Salvo que las partes hayan acordado lo contrario, los &aacute;rbitros pueden, a solicitud de una parte, decidir que, durante el tr&aacute;mite arbitral, la parte contraria debe asumir ciertas medidas cautelares para asegurar la pretensi&oacute;n objeto del arbitraje (&hellip;)"</p>     <p>Por su parte, aunque la Ley federal de arbitraje o FAA que rige en los Estados Unidos no regula de manera directa los poderes de los &aacute;rbitros a este respecto, el grueso de las cortes norteamericanas s&iacute; han reconocido &mdash;amparadas en la FAA&mdash; el poder que tienen los tribunales arbitrales para decretar este tipo de medidas, supeditado, eso s&iacute;, a que ello de alguna manera est&eacute; contemplado en el pacto arbitral.<sup><a name="nu42"></a><a href="#num42">42</a></sup></p>      <p>En segundo t&eacute;rmino y en lo que ata&ntilde;e a la otra fuente<sup><a name="nu43"></a><a href="#num43">43</a></sup> de donde se derivan las facultades de los &aacute;rbitros en materia de cautelas (la primera es la legislaci&oacute;n internacional aplicable), encontramos los reglamentos de arbitraje de la Comisi&oacute;n Interamericana de Arbitraje Comercial (CIAC); de la C&aacute;mara de Comercio Internacional (CCI); de la Comisi&oacute;n de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional (CNUDMI o, como es m&aacute;s conocida por su sigla en ingl&eacute;s, Uncitral); de la Asociaci&oacute;n Americana de Arbitraje (AAA), y de la Corte de Arbitraje Internacional de Londres (LCIA), entre otros.</p>      <p>El com&uacute;n denominador en esos reglamentos es el de que, a menos que las partes pacten lo contrario, los &aacute;rbitros est&aacute;n dotados de amplias facultades para decretar las medidas cautelares que mejor tutelen los derechos y bienes involucrados en la controversia sometida a su consideraci&oacute;n.</p>      <p>As&iacute;, por ejemplo, el reglamento Uncitral &mdash;y lo mismo contemplan, en esencia, los dem&aacute;s citados reglamentos&mdash;, al regular el tema en el art&iacute;culo 26 numeral 1&ordm; dispone:</p>    <blockquote>     <p>A petici&oacute;n de cualquiera de las partes, el tribunal arbitral podr&aacute; tomar todas las medidas provisionales que considere necesarias respecto del objeto en litigio, inclusive medidas destinadas a la conservaci&oacute;n de los bienes que constituyen el objeto del litigio, como ordenar que los bienes se depositen en manos de un tercero o que se vendan los bienes perecederos.</p></blockquote>      <p>Como se observa, la regla que impera en el escenario internacional del arbitraje es la de la medida cautelar gen&eacute;rica, con apoyo en la cual el juzgador puede decretar, adem&aacute;s de las que por mera enunciaci&oacute;n se citan en esos reglamentos, cualquier otra que "asegure de la forma m&aacute;s adecuada el cumplimiento de la decisi&oacute;n definitiva", seg&uacute;n la afortunada redacci&oacute;n del art&iacute;culo 629 del C&oacute;digo Procesal Civil del Per&uacute;, que resulta muy ilustrativa para estos menesteres.</p>      <p><B>CONCLUSIONES </b></p>  <ol type="1">    <li>Una aplicaci&oacute;n restrictiva de las medidas cautelares hace cada vez m&aacute;s ilusorios los efectos de un laudo, porque limitar su aplicaci&oacute;n a los puntuales eventos del Decreto 2279 de 1989 ser&iacute;a dejar por fuera un importante n&uacute;mero de asuntos que, aunque son tramitados y decididos por &aacute;rbitros, no siempre se dilucidan mediante el proceso ordinario sino, como ya se vio, el abreviado o el verbal de mayor y menor cuant&iacute;a. Incluso, es perfectamente viable que ante una controversia que determine la apertura de un proceso divisorio (que no es ni ordinario ni abreviado), las partes celebren un compromiso y opten porque su conflicto lo dirima un tribunal de arbitramento en el que, sin lugar a dudas, es procedente la inscripci&oacute;n de la demanda como medida cautelar.</li>     ]]></body>
<body><![CDATA[<li>La hip&oacute;tesis del art&iacute;culo 32 del Decreto 2279 de 1989 es meramente enunciativa, no taxativa, puesto que si al decir de la Corte Constitucional en las sentencias de exequibilidad que tuve ocasi&oacute;n de referenciar, los &aacute;rbitros no s&oacute;lo pueden tramitar procesos ejecutivos sino adem&aacute;s decretar medidas cautelares en ellos, con mayor raz&oacute;n contar&aacute;n con esa amplia prerrogativa a la hora de decidir asuntos de estirpe netamente declarativa.</li>     <li>La taxatividad, que es una caracter&iacute;stica propia de las medidas cautelares, s&oacute;lo lo es en el entendido de que el legislador autoriz&oacute; su pr&aacute;ctica en los procesos arbitrales, mas no significa que estas cautelas se tengan que circunscribir al registro de la demanda y el secuestro de bienes muebles; ya que en el art&iacute;culo 32 del Decreto 2279 de 1989 (hoy art&iacute;culo 152 del Decreto 1818 de 1998), lo que en verdad se consagr&oacute; es la <I>medida cautelar gen&eacute;rica, </I>conforme con la cual, adem&aacute;s de las que enunciativamente all&iacute; se citan, tambi&eacute;n es factible decretar cualquier otra que asegure en forma adecuada el cumplimiento del laudo.</li>     <li>El valor del arbitraje, como pronto y eficaz m&eacute;todo alternativo de soluci&oacute;n privada de un conflicto, radica tambi&eacute;n y en gran medida en que se dote a quienes tienen la facultad de dirimirlo, de unos instrumentos que aseguren el objeto de la disputa, de suerte tal que dicho objeto no se frustre a la hora de pronunciar y pretender ejecutar el laudo.</li>     <li>Insisto en que los &aacute;rbitros s&iacute; est&aacute;n facultados para conocer de procesos ejecutivos y de pronunciarse sobre las respectivas medidas cautelares, debido a que la Corte Constitucional en las sentencias C294 de 1995 y C-431 del mismo a&ntilde;o as&iacute; expresamente lo declar&oacute;. Otra cosa es que haya discrepancias acerca de la manera como se implementar&iacute;an esas facultades, puesto que al parecer la normatividad actual no prev&eacute; un espec&iacute;fico procedimiento que puedan seguir los &aacute;rbitros para llevar a cabo tales ejecuciones, dado que las leyes vigentes parten del supuesto de que ellos conocer&iacute;an de controversias de car&aacute;cter declarativo.</li>     <li>Es esta &uacute;ltima circunstancia la que ha permitido que en la pr&aacute;ctica forense judicial se entronice la idea de que en los procesos ejecutivos no es procedente invocar la excepci&oacute;n previa de compromiso o cl&aacute;usula compromisoria (art&iacute;culo 97, numeral 3&ordm; del C&oacute;digo de Procedimiento Civil), en el entendido, no tanto de que a los &aacute;rbitros les est&eacute; vedada la posibilidad de conocer de ejecuciones judiciales, sino porque consideran que mientras no se expida la ley que implemente el aludido procedimiento, esa prerrogativa seguir&aacute; siendo posible s&oacute;lo en forma nominal.</li>     <li>El derecho a la tutela jurisdiccional efectiva se expresa en la posibilidad de lograr que la sentencia logre su cometido, en el sentido de que adem&aacute;s de resolver el conflicto materialice la decisi&oacute;n que all&iacute; se tome, pues, de lo contrario, el proceso no puede considerarse realmente concluido. Tan es as&iacute;, que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (bloque de constitucionalidad), ha decantado su jurisprudencia en virtud de la cual se da por finalizado el caso, si y s&oacute;lo si, el Estado cumple cabalmente lo dispuesto en el fallo.</li>    </ol>     <p>Por consiguiente, si la tutela jurisdiccional efectiva forma parte de los derechos fundamentales, y estos a su vez integran el bloque de constitucionalidad, trat&aacute;ndose de medidas cautelares es insoslayable la aplicaci&oacute;n de la Ley 42 de 1986 y, en consecuencia, sus efectos deben irradiarse para todo tipo de procesos, incluyendo, por supuesto, los arbitrales.</p> <hr>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <P><sup><a name="num1"></a><a href="#nu1">1</a></sup>Garc&iacute;a Sarmiento, Eduardo, Medidas cautelares, introducci&oacute;n a su estudio, 2&ordf; ed., Temis, Ediciones    Jur&iacute;dicas Radar, Bogot&aacute;, 2005, p. 10.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num2"></a><a href="#nu2">2</a></sup>Es el denominado Fumus boni iuris o, "humo de buen derecho" de que habla Ramiro J. Podetti en su      obra Tratado de las medidas cautelares.    <br> <sup><a name="num3"></a><a href="#nu3">3</a></sup>Para los interesados en profundizar acerca de este tema les sugiero que consulten el libro colectivo que sobre El contrato de arbitraje editaron la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario y la empresa Legis Editores S.A., Bogot&aacute;, 2005, que tuvo como    director y coordinador acad&eacute;mico a los doctores Eduardo Silva Romero y Fabricio Mantilla Serrano,    respectivamente, y en el que participaron prestigiosos profesores como Christian Larroumet, Charles    Jarrosson, Eduardo Zuleta Jaramillo, Ramiro Bejarano Guzm&aacute;n, Alejandro Venegas Franco y Hern&aacute;n    Fabio L&oacute;pez Blanco, entre muchos otros.    <br> <sup><a name="num4"></a><a href="#nu4">4</a></sup>Silva Romero, Eduardo, Reflexiones sobre el contrato de arbitraje &mdash; Algunas confusiones conceptuales      en derecho colombiano, publicado en Estudios de derecho civil &mdash; obligaciones y contratos &mdash;Libro      homenaje a Fernando Hinestrosa, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, D.C., 2003, pp. 284 y s.s.    <br> <sup><a name="num5"></a><a href="#nu5">5</a></sup>Palacio Lino, Enrique, Derecho procesal civil, Procesos arbitrales y universales, t.IX, Abeledo &ndash; Perrot,        Buenos Aires, 1988, pp.26 y s.s.    <br> <sup><a name="num6"></a><a href="#nu6">6</a></sup>Bejarano Guzm&aacute;n, Ramiro, Procesos declarativos, 3&ordf; ed., Temis, Bogot&aacute;, 2005, Proceso arbitral, p.431.    <br> <sup><a name="num7"></a><a href="#nu7">7</a></sup>ilva Romero, Eduardo, "Introducci&oacute;n", en El contrato de arbitraje, Universidad Colegio Mayor de    Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario y Legis, Bogot&aacute;, 2005, XVI y XVII.    <br> <sup><a name="num8"></a><a href="#nu8">8</a></sup>Palacio, Lino Enrique, op. cit., pp. 26-30.    <br> <sup><a name="num9"></a><a href="#nu9">9</a></sup>Bejarano Guzm&aacute;n, Ramiro, op. cit., p. 431.    <br> <sup><a name="num10"></a><a href="#nu10">10</a></sup>Silva Romero, Eduardo, art&iacute;culo intitulado "El sistema de arbitraje", publicado en la revista Foro del Jurista de la C&aacute;mara de Comercio de Medell&iacute;n, abril de 2002.    <br> <sup><a name="num11"></a><a href="#nu11">11</a></sup>Bejarano Guzm&aacute;n, Ramiro, ponencia sobre las "Falacias del arbitraje nacional y sugerencias para su reforma", publicada en el libro - memorias del XXIII Congreso Colombiano de Derecho procesal, organizado por el Instituto Colombiano de Derecho Procesal, 2002, pp. 69 y 70.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num12"></a><a href="#nu12">12</a></sup>Colombia, Corte Suprema de Justicia, Sentencia No. 42 del 21 de marzo de 1991, magistrado ponente Pedro Trujillo Escobar.    <br> <sup><a name="num13"></a><a href="#nu13">13</a></sup>"Si las partes no tienen la potestad de embargar, tampoco se la pueden dar a los &aacute;rbitros, por virtud del compromiso arbitral, porque nadie da lo que no tiene. El Estado ha tolerado expresamente que los arbitradores diriman contienda jur&iacute;dica de los particulares, o que &eacute;stos deleguen en ellos la facultad de soluci&oacute;n, pero dicha generosidad o tolerancia no puede entenderse m&aacute;s all&aacute; de lo expreso". Laudo proferido por un tribunal de arbitramento integrado por los doctores Dar&iacute;o Echand&iacute;a, Antonio Rocha y Ricardo Hinestrosa Daza, citado por el tratadista Quiroga Cubillos en el libro Procesos y medidas cautelares, y tomado a su vez del profesor Emilio J. Duque Echeverri.    <br> <sup><a name="num14"></a><a href="#nu14">14</a></sup>Duque Echeverri, Emilio J., Del arbitramento mercantil, Bedout, Medell&iacute;n, 1974, p. 117, citado por Quiroga Cubillos, H&eacute;ctor Enrique, en su obra Procesos y medidas cautelares, 2&ordf; edici&oacute;n, 1991, Okey Impresores, p. 42.    <br> <sup><a name="num15"></a><a href="#nu15">15</a></sup>Calamandrei, Piero, Introducci&oacute;n al estudio sistem&aacute;tico de las providencias cautelares, traducci&oacute;n de Sent&iacute;s Melendo, Bibliograf&iacute;a Argentina, Santiago, Buenos Aires, 1945, p. 141.    <br> <sup><a name="num16"></a><a href="#nu16">16</a></sup>Serra Dom&iacute;nguez, Manuel y Ramos M&eacute;ndez, Francisco, Las medidas cautelares en el proceso civil, Industrias Gr&aacute;ficas M. Pareja, Barcelona, 1974, p. 19.    <br> <sup><a name="num17"></a><a href="#nu17">17</a></sup>Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica de Colombia, art&iacute;culo 116 inciso 4&ordm;: "Los particulares pueden ser investidos transitoriamente de la funci&oacute;n de administrar justicia en la condici&oacute;n de conciliadores o en la de &aacute;rbitros habilitados por las partes para proferir fallos en derecho o en equidad, en los t&eacute;rminos que determine la ley".    <br> <sup><a name="num18"></a><a href="#nu18">18</a></sup>Decreto 2651 de 1991, art&iacute;culo 11: "En raz&oacute;n del pacto arbitral los &aacute;rbitros quedan investidos transitoriamente de la funci&oacute;n de administrar justicia (&hellip;)"    <br> <sup><a name="num19"></a><a href="#nu19">19</a></sup>Ley 270 de 1996, Estatutaria de la Administraci&oacute;n de Justicia, art&iacute;culo 13 numeral 3&ordm;: "Ejercen funci&oacute;n jurisdiccional, los particulares actuando como conciliadores o &aacute;rbitros habilitados por las partes, en asuntos susceptibles de transacci&oacute;n, de conformidad con los procedimientos se&ntilde;alados en la ley. Trat&aacute;ndose de arbitraje las leyes especiales de cada materia establecer&aacute;n las reglas del proceso (...)".    <br> <sup><a name="num20"></a><a href="#nu20">20</a></sup>Decreto 1818 de 1998, art&iacute;culo 1: "Los particulares pueden ser investidos transitoriamente de la funci&oacute;n de administrar justicia en condici&oacute;n de (&hellip;) &aacute;rbitros habilitados por las partes para proferir fallos (&hellip;)".    <br> <sup><a name="num21"></a><a href="#nu21">21</a></sup>En t&eacute;rminos por dem&aacute;s contundentes, la jurisprudencia constitucional sostuvo que "Por consiguiente, y seg&uacute;n lo dej&oacute; expuesto esta misma Corporaci&oacute;n en sentencia No. C-294 de 1995, a la luz del art&iacute;culo 116 de la Carta Pol&iacute;tica, todas las elucubraciones sobre la funci&oacute;n arbitral, como lo es la naturaleza p&uacute;blica o privada, o si los &aacute;rbitros son verdaderos jueces, etc., quedan reducidas al &aacute;mbito acad&eacute;mico. Es as&iacute; como la norma transcrita no deja lugar a dudas, en el sentido seg&uacute;n el cual los particulares en su condici&oacute;n de &aacute;rbitros, administran justicia, en los t&eacute;rminos que determine la ley". (Sentencia C- 431 de 1995, magistrado ponente Hernando Herrera Vergara).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num22"></a><a href="#nu22">22</a></sup>Para la Corte Constitucional "no obstante que el arbitramento se origina en un negocio jur&iacute;dico privado, por virtud de la habilitaci&oacute;n de las partes &mdash;una vez se ha llegado a acuerdo entre las partes&mdash;, quien le otorga la facultad de administrar justicia a los particulares en la condici&oacute;n de &aacute;rbitros, es la misma Constituci&oacute;n Pol&iacute;tica" (Sentencia C-431/95, magistrado ponente Hernando Herrera Vergara).    <br> <sup><a name="num23"></a><a href="#nu23">23</a></sup>Garc&iacute;a Sarmiento, Eduardo, op. cit., p.19.    <br> <sup><a name="num24"></a><a href="#nu24">24</a></sup>Chiovenda, Jos&eacute;, Derecho procesal civil, t. I, Reus, Madrid, p. 281.    <br> <sup><a name="num25"></a><a href="#nu25">25</a></sup>Quiroga Cubillos, H&eacute;ctor Enrique, op.cit., p. 49. En Alemania, por ejemplo, el C&oacute;digo de Procedimiento Civil estima que para la viabilidad de la medida cautelar es necesario evidenciar la existencia del cr&eacute;dito o acci&oacute;n para reclamar de la contraparte una suma de dinero en met&aacute;lico; y adem&aacute;s la existencia de una    causa que haga temer al solicitante de la medida, que al no tomarse &eacute;sta se frustrar&aacute; o dificultar&aacute; la    ejecuci&oacute;n del fallo (art&iacute;culos 916-935).    <br> <sup><a name="num26"></a><a href="#nu26">26</a></sup>Chiovenda, Jos&eacute;, Ib&iacute;d.    <br> <sup><a name="num27"></a><a href="#nu27">27</a></sup>Quiroga Cubillos, op. cit., p. 34.    <br> <sup><a name="num28"></a><a href="#nu28">28</a></sup>Bejarano Guzm&aacute;n, Ramiro, Procesos declarativos, 3&ordf; edici&oacute;n, Temis, Bogot&aacute;, p. 473.    <br> <sup><a name="num29"></a><a href="#nu29">29</a></sup>"En el proceso arbitral, a petici&oacute;n de cualquiera de las partes, podr&aacute;n decretarse medidas cautelares con sujeci&oacute;n a las reglas que a continuaci&oacute;n se indican: Al asumir el tribunal su propia competencia, o en el curso del proceso, cuando la controversia recaiga sobre dominio u otro derecho real principal sobre bienes muebles o inmuebles, directamente o como consecuencia de una pretensi&oacute;n distinta, o sobre una universalidad de bienes, podr&aacute; decretar las siguientes medidas cautelares: a) La inscripci&oacute;n del proceso en cuanto a los bienes sujetos a registro, para lo cual se librar&aacute; oficio al registrador en que conste el objeto del proceso, el nombre de las partes y las circunstancias que sirvan para identificar los inmuebles y dem&aacute;s bienes. Este registro no excluye los bienes del comercio, pero quienes los adquieran con posterioridad estar&aacute;n sujetos a los efectos del laudo arbitral. Si el laudo fuere favorable a quien solicit&oacute; la medida, en &eacute;l se ordenar&aacute; la cancelaci&oacute;n de los actos de disposici&oacute;n y administraci&oacute;n efectuados despu&eacute;s de la inscripci&oacute;n del proceso, siempre que se demuestre que la propiedad subsiste en cabeza de la parte contra quien se decret&oacute; la medida, o de un causahabiente suyo. En caso de que el laudo le fuere desfavorable, se ordenar&aacute; la cancelaci&oacute;n de la inscripci&oacute;n. LIT (a), INC. 4&ordm; - Modificado. L23/91, art.110. Si el tribunal omitiere las comunicaciones anteriores, la medida caducar&aacute; autom&aacute;ticamente transcurridos tres (3) meses desde la ejecutoria del laudo o de la providencia del tribunal superior que decida definitivamente el recurso de anulaci&oacute;n. El registrador a solicitud de parte proceder&aacute; a cancelarla. b) El secuestro de los bienes muebles. La diligencia podr&aacute; practicarse en el curso del proceso a petici&oacute;n de una de las partes; para este fin, el interesado deber&aacute; prestar cauci&oacute;n que garantice los perjuicios que puedan causarse. Podr&aacute;n servir como secuestre los almacenes generales de dep&oacute;sito, las entidades fiduciarias, y las partes con las debidas garant&iacute;as. PAR. El tribunal podr&aacute; durante el proceso, a solicitud de terceros afectados, levantar de plano las anteriores medidas, previo traslado por tres (3) d&iacute;as a las partes. Si hubiere hechos que probar, con la petici&oacute;n o dentro del traslado, se acompa&ntilde;ar&aacute; prueba siquiera sumaria de ellos".    <br> <sup><a name="num30"></a><a href="#nu30">30</a></sup>Benetti Salgar, Julio, El arbitraje en el derecho colombiano, Temis, Bogot&aacute;, 2001, pp. 180 y 181.    <br> <sup><a name="num31"></a><a href="#nu31">31</a></sup>Gamboa Morales, Nicol&aacute;s, "Arbitraje y medidas cautelares", en El contrato de arbitraje, Universidad del    Rosario - Facultad de Jurisprudencia y Legis, Bogot&aacute;, 2005.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num32"></a><a href="#nu32">32</a></sup>Bejarano Guzm&aacute;n, Ramiro, op. cit., pp. 473 y 474.    <br> <sup><a name="num33"></a><a href="#nu33">33</a></sup>Sentencia C-294 de 1995, magistrado ponente Arango Mej&iacute;a Jorge. En este fallo se asever&oacute; que "Los &aacute;rbitros, habilitados por las partes, en los t&eacute;rminos que determine la ley, puedan administrar justicia para decidir conflictos surgidos en torno a obligaciones exigibles ejecutivamente, as&iacute; est&eacute; en tr&aacute;mite el proceso ejecutivo, o no haya comenzado a&uacute;n. As&iacute; lo establece inequ&iacute;vocamente el inciso cuarto del art&iacute;culo 116 de la Constituci&oacute;n". En esa misma providencia se sostuvo igualmente que "Hay que recordar que corresponde al legislador, en virtud del mandato del art&iacute;culo 29 de la Constituci&oacute;n, y especialmente en su inciso segundo, fijar las formas propias de cada juicio, es decir, las normas procesales, y se&ntilde;alar el juez o tribunal competente para cada clase de asuntos. Por consiguiente, si el legislador dispone que ante los &aacute;rbitros habilitados por las partes en conflicto, se diriman asuntos propios del proceso de ejecuci&oacute;n y establece las reglas de este proceso arbitral, en nada quebranta la Constituci&oacute;n".    <br> <sup><a name="num34"></a><a href="#nu34">34</a></sup>Mediante Sentencia C&ndash;431 del 28 de septiembre de 1995, magistrado ponente Herrera Vergara Hernando, la Corte Constitucional declar&oacute; exequible el art&iacute;culo 32 del Decreto 2279 de 1989, que le confiere a los &aacute;rbitros la facultad de decretar medidas cautelares, y en lo que respecta al inciso 2&ordm; del Decreto 2651 de 1991 (sobre procesos ejecutivos), resolvi&oacute; estarse a lo dispuesto en la Sentencia C294 de 1995.    <br> <sup><a name="num35"></a><a href="#nu35">35</a></sup>Corte Constitucional, Sentencia C-431 de 1995, magistrado ponente Herrera Vergara Hernando.    <br> <sup><a name="num36"></a><a href="#nu36">36</a></sup>Como lo record&oacute; la Corte Constitucional en la sentencia en antes citada, s&oacute;lo est&aacute;n "excluidas del arbitramento cuestiones relativas al estado civil o las que tengan que ver con derecho de incapaces o derechos sobre los cuales la ley proh&iacute;ba a su titular disponer".    <br> <sup><a name="num37"></a><a href="#nu37">37</a></sup>Ley 250 de 1996, art&iacute;culo 31: "Comprobada la realizaci&oacute;n de un acto de competencia desleal, o la inminencia de la misma, el juez (&hellip;) podr&aacute; ordenar la cesaci&oacute;n provisional del mismo y decretar las dem&aacute;s medidas cautelares que resulten pertinentes."    <br> <sup><a name="num38"></a><a href="#nu38">38</a></sup>Ram&iacute;rez G&oacute;mez, Jos&eacute; Fernando, Principios constitucionales del derecho procesal, Se&ntilde;al Editora,    Medell&iacute;n, 1999, p. 229.    <br> <sup><a name="num39"></a><a href="#nu39">39</a></sup>Ram&iacute;rez G&oacute;mez, Jos&eacute; Fernando, op. cit., p. 230.    <br> <sup><a name="num40"></a><a href="#nu40">40</a></sup>Uprimny Yepes, Rodrigo, "Bloque de constitucionalidad, derechos humanos y nuevo procedimiento penal", en Reflexiones sobre el nuevo sistema procesal penal, Consejo Superior de la Judicatura, Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla, Bogot&aacute;, 2004.    <br> <sup><a name="num41"></a><a href="#nu41">41</a></sup>Decisi&oacute;n que tuvo como &aacute;rbitros a Hugo Rold&aacute;n Villa, Humberto Raffo Rivera y Francisco Chaves Cajiao, citada por Ramiro Bejarano Guzm&aacute;n, en Procesos declarativos, 3&ordf; edici&oacute;n, Temis, Bogot&aacute;, 2005, p. 473.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup><a name="num42"></a><a href="#nu42">42</a></sup>Gamboa Morales, Nicol&aacute;s, "Arbitraje y medidas cautelares", en El contrato de arbitraje, Universidad    Colegio Mayor de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario y Legis, Bogot&aacute;, 2005, pp. 594 y ss.    <br> <sup><a name="num43"></a><a href="#nu43">43</a></sup>Gamboa Morales, Nicol&aacute;s, op. cit. p.602. Como atinadamente lo precisa este destacado autor, a las      convenciones internacionales no se les da el alcance de fuentes, "pues poco o nada es lo que ellas      expresan sobre el poder de los &aacute;rbitros para decretar medidas cautelares, como puede evidenciarse,      por ejemplo, de una revisi&oacute;n de los Convenciones de Nueva York (1958) y de Panam&aacute; (1975)."</P>     <hr>     <p><B>BIBLIOGRAF&Iacute;A </b></p>      <!-- ref --><p>Bejarano Guzm&aacute;n, Ramiro, <I>Procesos declarativos</I>, 3&ordf; edici&oacute;n, Temis, Bogot&aacute;, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-0579200700010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>"Falacias del arbitraje nacional y sugerencias para su reforma", en <I>Memorias del XXIII Congreso Colombiano de derecho procesal,</I> I.C.D.P., Bogot&aacute;, 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-0579200700010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Benneti Salgar, Julio, <I>El arbitraje en el derecho colombiano</I>, Temis, Bogot&aacute;, 2001.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-0579200700010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Calamandrei, Piero, <I>Introducci&oacute;n al estudio sistem&aacute;tico de las providencias cautelares,</I> traducci&oacute;n de Santiago Sent&iacute;s Melendo, Bibliograf&iacute;a Argentina, Buenos Aires, 1945.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-0579200700010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Chiovenda, Jos&eacute;, <I>Derecho procesal civil</I>, Tomo I, Reus, Madrid, 1922.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-0579200700010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Duque Eheverry, Emilio J, <I>Del arbitramento mercantil</I>, Bedout, Medell&iacute;n, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-0579200700010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Gamboa Morales, Nicol&aacute;s, "Arbitraje y medidas cautelares," en <I>El contrato de arbitraje</I>, Universidad del Rosario, Facultad de Jurisprudencia y Legis, Bogot&aacute;, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-0579200700010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Garc&iacute;a Sarmiento, Eduardo, <I>Medidas cautelares, introducci&oacute;n a su estudio,</I> 2&ordf; ed., B Temis, Ediciones Jur&iacute;dicas Radar, Bogot&aacute;, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-0579200700010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Mantilla Serrano, Fabricio y Silva Romero, Eduardo, <I>El contrato de arbitraje</I>, Universidad del Rosario, Facultad de Jurisprudencia y Legis, Bogot&aacute;, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-0579200700010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Palacio, Lino Enrique, <I>Derecho procesal civil</I>, Tomo IX, "Procesos arbitrales y universales", Abeledo Perrot, Buenos Aires, 1998.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-0579200700010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Podetti, Ramiro J., <I>Tratado de las medidas cautelares</I>, Ediar, Buenos Aires, 1958.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-0579200700010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Quiroga Cubillos, H&eacute;ctor Enrique<I>, Procesos y medidas cautelares</I>, 2&ordf; edici&oacute;n, Okey Impresores, Bogot&aacute;, 1991.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-0579200700010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Ram&iacute;rez G&oacute;mez, Jos&eacute; Fernando, <I>Principios constitucionales del derecho procesal</I>, Se&ntilde;al Editora, Medell&iacute;n, 1999.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-0579200700010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Serra Dom&iacute;nguez, Manuel y Ramos M&eacute;ndez, Francisco, <I>Las medidas cautelares en el proceso civil</I>, Industrias Gr&aacute;ficas M. Pareja, Barcelona, 1974.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-0579200700010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Silva Romero, Eduardo, "El sistema de arbitraje", en <I>Revista Foro del Jurista, </I>C&aacute;mara de Comercio de Medell&iacute;n, abril de 2002.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-0579200700010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Silva Romero, Eduardo, <I>Reflexiones sobre el contrato de arbitraje</I>, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, 2005.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-0579200700010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Uprimny Yepes, Rodrigo, "Bloque de constitucionalidad, derechos humanos y nuevo procedimiento penal"<I>, </I>en <I>Reflexiones sobre el nuevo sistema penal, </I>Consejo Superior de la Judicatura, Escuela Judicial Rodrigo Lara Bonilla, Bogot&aacute;, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-0579200700010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>     <!-- ref --><p>Vel&aacute;squez G&oacute;mez, Juan Guillermo, <I>Los procesos ejecutivos y medidas cautelares</I>, 12&ordf; edici&oacute;n, Librer&iacute;a Jur&iacute;dica S&aacute;nchez, R., Bogot&aacute;, 2004.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-0579200700010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --></p>  </font>      ]]></body><back>
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<surname><![CDATA[Bejarano Guzmán]]></surname>
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