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<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ECONOMÍA INSTITUCIONAL Y CIENCIA ECONÓMICA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[INSTITUTIONAL ECONOMICS AND ECONOMIC SCIENCE]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article presents a comparative analysis of the approaches of institutional economics and Walrasian economics. After reviewing the differences between both perspectives, it argues that institutional economics is an alternative, however incomplete, to general equilibrium economics. It compares the way both tendencies conceive the individual, knowledge, efficiency and the economic order, to point out the differences. Some methodological discussion derived from these differences are indicated.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>ECONOM&Iacute;A INSTITUCIONAL Y CIENCIA ECON&Oacute;MICA*</b></p></font>     <p align="center">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>INSTITUTIONAL ECONOMICS AND ECONOMIC SCIENCE</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Jaime Lozano</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Este trabajo se benefici&oacute; ampliamente de los seminarios de Econom&iacute;a Institucional dictados por Jes&uacute;s Antonio Bejarano en la Universidad Externado de Colombia y en la Universidad Nacional durante los tres &uacute;ltimos a&ntilde;os. Agradecimientos para Colciencias por la financiaci&oacute;n de este trabajo dentro del programa de J&oacute;venes Investigadores. Se agradecen los comentarios de Mauricio P&eacute;rez, Ricardo Esquivel, Alberto Castrill&oacute;n y a todos los integrantes del Grupo de Econom&iacute;a Institucional de la Facultad de Econom&iacute;a del Externado.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">Este ensayo busca se&ntilde;alar las diferencias de perspectiva que hay entre la econom&iacute;a institucional y la ciencia econ&oacute;mica walrasiana, como parte de un intento por ilustrar la forma en que la econom&iacute;a institucional representa una alternativa, aunque incompleta, al enfoque convencional de la econom&iacute;a. La comparaci&oacute;n entre las concepciones de individuo, el conocimiento, la eficiencia y el orden econ&oacute;mico son las principales herramientas utilizadas para mostrar estas diferencias entre ambas perspectivas. Se se&ntilde;alan tambi&eacute;n algunas discusiones metodol&oacute;gicas derivadas de estas diferencias.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">This article presents a comparative analysis of the approaches of institutional economics and Walrasian economics. After reviewing the differences between both perspectives, it argues that institutional economics is an alternative, however incomplete, to general equilibrium economics. It compares the way both tendencies conceive the individual, knowledge, efficiency and the economic order, to point out the differences. Some methodological discussion derived from these differences are indicated. </p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>    <br>INTRODUCCI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Aunque en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha habido un consenso entre los economistas sobre la importancia de las instituciones para el an&aacute;lisis econ&oacute;mico, no existe mucho acuerdo en cuanto a la forma en que deben ser tratadas, ni las implicaciones de incorporarlas a &eacute;l. No de otra manera se puede explicar el crecimiento del n&uacute;mero de investigaciones en el &aacute;rea durante los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os; ni el panorama confuso que a nivel global se recoge ante la ausencia de un eje articulador de estas investigaciones.</p>     <p align="justify">Hay diferentes programas de investigaci&oacute;n que han intentado incorporar las instituciones aunque desde perspectivas metodol&oacute;gicas y te&oacute;ricas diferentes. No obstante el rescate de las instituciones no es un hecho reciente ni ha tenido poca relevancia en el pensamiento econ&oacute;mico del &uacute;ltimo siglo. A finales del siglo pasado institucionalistas norteamericanos como Veblen y Commons, influenciados en parte por el historicismo alem&aacute;n y el darwinismo, criticaron la concepci&oacute;n de individuo y la exclusi&oacute;n de las instituciones que el marginalismo propon&iacute;a como n&uacute;cleo de la econom&iacute;a. El pensamiento econ&oacute;mico dominante en Estados Unidos en las d&eacute;cadas de los veinte y treinta era institucionalista. No obstante su desarrollo como paradigma fue obstaculizado en gran parte por el advenimiento de la revoluci&oacute;n keynesiana y por la generalizaci&oacute;n formal de la econom&iacute;a como la ciencia de la elecci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Hodgson (1991, 1998) ha recuperado este legado institucionalista pero reconoce como una de sus principales limitaciones, heredada de ambas restricciones hist&oacute;ricas, la revoluci&oacute;n keynesiana y la definici&oacute;n de la econom&iacute;a como la ciencia de la elecci&oacute;n, su insuficiente y poco sistem&aacute;tico desarrollo te&oacute;rico. Su postura es mucho m&aacute;s constructiva que la de Williamson y Coase quienes, seg&uacute;n Hodgson, err&oacute;neamente identifican esta escuela con la recolecci&oacute;n de datos y la ausencia de teor&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Partiendo de estas cr&iacute;ticas al viejo institucionalismo Williamson recuper&oacute; las ideas de Coase sobre la empresa y los costos de transacci&oacute;n para darle nombre a lo que se conoce hoy como la nueva econom&iacute;a institucional. Es importante se&ntilde;alar que hacen parte de esta propuesta desarrollos tan diversos como los de la econom&iacute;a de los costos de transacci&oacute;n, los derechos de propiedad, el an&aacute;lisis econ&oacute;mico del derecho, la econom&iacute;a de la informaci&oacute;n, la econom&iacute;a de las organizaciones y la nueva historia econ&oacute;mica norteamericana. La mayor&iacute;a de estos autores considera que la nueva econom&iacute;a institucional es un desarrollo anal&iacute;tico complementario de la corriente principal.</p>     <p align="justify">En efecto, Coase (1998) ha se&ntilde;alado en un art&iacute;culo reciente que la nueva econom&iacute;a institucional es s&oacute;lo un avance parcial y complementario de la econom&iacute;a convencional. Seg&uacute;n &eacute;l, &eacute;sta se ha vuelto cada vez m&aacute;s abstracta y por eso ha estado tan distanciada de la realidad. A pesar de este enorme defecto Coase le reconoce un alto grado de &eacute;xito para explicar el funcionamiento de un sistema altamente descentralizado. Seg&uacute;n &eacute;l la teor&iacute;a es fuerte a pesar de ser d&eacute;bil en los hechos. Para acercarnos a la realidad Coase propone aplicar la caja de herramientas de los economistas al estudio del mundo con costos de transacci&oacute;n positivos, sin atacar frontalmente a la econom&iacute;a convencional. Esta postura la comparten Furubotn y Richter (1997) y Eggerston (1989) de manera clara. Para ellos el an&aacute;lisis de las instituciones es una extensi&oacute;n del an&aacute;lisis optimizador que involucra nuevas variables end&oacute;genas y una reformulaci&oacute;n de los supuestos utilizados convencionalmente.</p>     <p align="justify">Douglas North (1994a, 1996b) es mucho m&aacute;s claro con respecto a las limitaciones que encuentra en la econom&iacute;a neocl&aacute;sica, al se&ntilde;alar las consecuencias te&oacute;ricas que trajo consigo ignorar la importancia del tiempo y las instituciones en el an&aacute;lisis del mercado. Durante muchos a&ntilde;os el an&aacute;lisis de las econom&iacute;as subdesarrolladas se ha realizado suponiendo que el mercado funciona sin costos, se ha aceptado acr&iacute;ticamente la econom&iacute;a neocl&aacute;sica y se han ignorado los costos en t&eacute;rminos de pol&iacute;tica de las recomendaciones que se derivan de ella. En este sentido North cuestiona la efectividad de las pol&iacute;ticas para el desarrollo que recomiendan los economistas que no tienen en cuenta el desenvolvimiento econ&oacute;mico de estos pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify">El estudio tradicional de la <i>operaci&oacute;n</i> de los mercados ha sido utilizado habitualmente para la prescripci&oacute;n de pol&iacute;ticas, pero en general no se han tenido en cuenta las implicaciones anal&iacute;ticas de entender el <i>desenvolvimiento</i> econ&oacute;mico, es decir, la estructura institucional que sostiene a los mercados en cada pa&iacute;s o regi&oacute;n para poder formular opciones de pol&iacute;tica adecuadas. Las instituciones formales e informales son las que explican las diferencias de desempe&ntilde;o econ&oacute;mico entre diversos pa&iacute;ses y por consiguiente cu&aacute;les pol&iacute;ticas son m&aacute;s adecuadas. En este contexto queda claro el sentido de las cr&iacute;ticas de North al reduccionismo macroecon&oacute;mico y a la realizaci&oacute;n indiscriminada de privatizaciones en el Tercer Mundo como instrumentos de pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">Coase y North coinciden al se&ntilde;alar que la nueva econom&iacute;a institucional surgi&oacute; como resultado de las limitaciones de la econom&iacute;a est&aacute;tica y abstracta del equilibrio sin fricciones. Los cuestionamientos de North y de Coase muestran que las investigaciones actuales buscan trascender estas limitaciones acerc&aacute;ndose m&aacute;s a la realidad, rescatando la <i>especificidad</i> hist&oacute;rica de la din&aacute;mica organizacional y mostrando la importancia de estudiar la ley, las instituciones informales, las instituciones pol&iacute;ticas y los derechos de propiedad como base esencial para comprender el desempe&ntilde;o de los mercados.</p>     <p align="justify">Sin embargo lo que no ha sido muy claro es qu&eacute; tanto se aleja este programa de investigaci&oacute;n de la ciencia walrasiana y cu&aacute;les son las implicaciones te&oacute;ricas y metodol&oacute;gicas de pasar de estudiar la operaci&oacute;n del mercado, a trav&eacute;s de la teor&iacute;a tradicional de los precios, a estudiar su desenvolvimiento como sistema institucionalizado de intercambio.</p>     <p align="justify">En este art&iacute;culo se sostiene que las implicaciones de estos cambios de nivel de abstracci&oacute;n y de an&aacute;lisis constituyen una amplia agenda de investigaci&oacute;n que permite pensar en una visi&oacute;n alternativa de la econom&iacute;a, cercana a la econom&iacute;a pol&iacute;tica, entendida &eacute;sta como el estudio de las causas de la riqueza, y muy lejana de la concepci&oacute;n tradicional de la econom&iacute;a como la ciencia de la elecci&oacute;n<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p align="justify">El argumento es sencillo. La econom&iacute;a como disciplina pas&oacute; de ser el estudio de las causas de la riqueza a ser la ciencia de la elecci&oacute;n. En este tr&aacute;nsito la econom&iacute;a pol&iacute;tica dej&oacute; de lado las instituciones y se demarc&oacute; como disciplina cient&iacute;fica, como el estudio de la asignaci&oacute;n de recursos escasos a fines ilimitados. La econom&iacute;a comenz&oacute; a entenderse como la ciencia de la elecci&oacute;n, de la optimizaci&oacute;n de recursos escasos. El n&uacute;cleo de esta teor&iacute;a fue la noci&oacute;n de equilibrio walrasiano, que excluye las instituciones diferentes al sistema de precios como variables de estudio. Los resultados limitados de la ciencia walrasiana no permitieron referirse al mercado sino de una manera muy et&eacute;rea. Todo lo que no es susceptible de ser expresado con precios queda por fuera del an&aacute;lisis. La econom&iacute;a walrasiana es est&aacute;tica y su criterio de eficiencia paretiana es limitado para entender el desempe&ntilde;o de los mercados.</p>     <p align="justify">Dadas las limitaciones de la ciencia de la elecci&oacute;n, el reconocimiento de que el mercado es un sistema institucionalizado de intercambio ha llevado, de un lado a la identificaci&oacute;n de nuevas categor&iacute;as de an&aacute;lisis, entre las que se pueden destacar aquellas que se definen para explicar las relaciones entre el mercado econ&oacute;mico y el mercado pol&iacute;tico y, de otro lado, hacia una perspectiva anal&iacute;tica coherente sobre la organizaci&oacute;n econ&oacute;mica de la sociedad, ausente en la econom&iacute;a convencional y b&aacute;sica para la prescripci&oacute;n de pol&iacute;ticas.</p>     <p align="justify">En la primera parte del trabajo se mostrar&aacute; c&oacute;mo el programa de investigaci&oacute;n de la econom&iacute;a institucional puede inscribirse en la visi&oacute;n de la econom&iacute;a que recupera el estudio de la organizaci&oacute;n econ&oacute;mica para la producci&oacute;n de riqueza y el intercambio, en oposici&oacute;n a la perspectiva que define a la econom&iacute;a como la ciencia de la elecci&oacute;n. En la segunda parte se hablar&aacute; de la crisis de la concepci&oacute;n de la econom&iacute;a como la ciencia de la elecci&oacute;n y se mostrar&aacute;n las principales debilidades de la teor&iacute;a del equilibrio general y la econom&iacute;a del bienestar. Finalmente se se&ntilde;ala un camino alternativo, el de la econom&iacute;a institucional como base para superar las limitaciones del conocimiento econ&oacute;mico convencional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>1. DOS VISIONES DE ECONOM&Iacute;A</b></p>     <p align="justify">En general hay dos formas de entender las econom&iacute;as de mercado. La primera es a trav&eacute;s del modelo mecanicista del equilibrio general walrasiano, y la segunda es el modelo de interacci&oacute;n social que rescata la tradici&oacute;n smithiana. Las diferencias entre ambas perspectivas son claras. En el modelo walrasiano el problema central es la asignaci&oacute;n eficiente de recursos para satisfacer necesidades. La satisfacci&oacute;n de estas necesidades se entiende como el logro de un fin que debe ser alcanzado por todo individuo. Este fin es la optimalidad paretiana. El mecanismo que sirve como medio para que todos los individuos lleguen a &eacute;l es el sistema de precios. En este sentido el mercado se entiende como un medio que garantiza la coordinaci&oacute;n de las actividades individuales para la realizaci&oacute;n de ese fin, el mecanismo de precios ofrece la informaci&oacute;n necesaria para el beneficio de toda la sociedad. A la larga el problema econ&oacute;mico se reduce a un asunto de disponibilidad de informaci&oacute;n para el c&aacute;lculo de todos los individuos.</p>     <p align="justify">De otro lado, el proceso de interacci&oacute;n social requiere de un contexto de reglamentaci&oacute;n para que los agentes logren los fines que ellos mismos establecen. En este sentido el mercado no es un medio para alcanzar ning&uacute;n fin particular sino un contexto de organizaci&oacute;n que media para la consecuci&oacute;n de fines dis&iacute;miles <i>autodeterminados</i> por los individuos. Los intercambios expresan la realizaci&oacute;n voluntaria de estos fines, para la cual se requiere de una reglamentaci&oacute;n legal y pol&iacute;tica, y tambi&eacute;n de un sustento &eacute;tico central que garantice la cooperaci&oacute;n. Pero en este caso no hay un objetivo b&aacute;sico impuesto en el an&aacute;lisis que justifique la coordinaci&oacute;n informativa del mercado, como en el modelo walrasiano. El mercado se entiende como un sistema institucionalizado de intercambio de derechos de propiedad.</p>     <p align="justify"><b>1.1. LA CIENCIA ECON&Oacute;MICA COMO LA CIENCIA DE LA ASIGNACI&Oacute;N</b></p>     <p align="justify">Desde la publicaci&oacute;n de la obra de Robbins la disciplina econ&oacute;mica ha sido entendida como la ciencia que estudia la asignaci&oacute;n de recursos escasos a fines ilimitados. El punto importante de esta representaci&oacute;n lo constituye su fundamentaci&oacute;n en el principio general de elecci&oacute;n individual. Esta elecci&oacute;n, dirigida a la consecuci&oacute;n de un fin, la satisfacci&oacute;n de una necesidad, est&aacute; supeditada a la informaci&oacute;n dada por el mercado a trav&eacute;s de los precios y los recursos escasos con los que cuenta el individuo. Tenemos entonces una visi&oacute;n del mercado en t&eacute;rminos de informaci&oacute;n param&eacute;trica. El mecanismo de precios es el que garantiza que los individuos puedan tomar sus decisiones, hacer sus elecciones. Es decir, el sistema de precios cubre los requerimientos de informaci&oacute;n para que estas decisiones puedan ser tomadas. El resultado global, cuando el vector de precios es el adecuado, ser&aacute; eficiente en el sentido de Pareto si ninguno de los individuos desea cambiar su situaci&oacute;n, sea productor (optimaci&oacute;n paretiana en la producci&oacute;n) o consumidor (optimaci&oacute;n paretiana en la distribuci&oacute;n). Con esto la tarea de la econom&iacute;a se reducir&iacute;a al estudio de la asignaci&oacute;n eficiente de recursos escasos.</p>     <p align="justify">Pero veamos qu&eacute; hay detr&aacute;s de esta formulaci&oacute;n general, cu&aacute;l es la l&oacute;gica de esta perspectiva. Como lo advierte Buchanan (1979), la imposibilidad de satisfacer todas las demandas, dada la escasez de recursos, implica que los agentes est&aacute;n obligados a hacer elecciones. Por tanto un criterio de elecci&oacute;n debe construirse. En la econom&iacute;a walrasiana el valor definido por la utilidad constituye la base de este criterio, que queda complementado al enunciarse su maximizaci&oacute;n como el objetivo deseable para todos los individuos. De esta manera la mejor asignaci&oacute;n, la m&aacute;s eficiente, se logra asegurando un valor m&aacute;ximo cuando una unidad de cada recurso escaso ofrece un valor equivalente en todos los usos en el que es puesto. La forma simple de estas proposiciones es la que encontramos en los manuales donde se muestra c&oacute;mo el problema de maximizaci&oacute;n del valor-utilidad est&aacute; sujeto a una restricci&oacute;n de recursos escasos. Cuando este problema simple se soluciona para todos los individuos se dice que la econom&iacute;a se encuentra en un equilibrio general eficiente en el sentido paretiano.</p>     <p align="justify">Tenemos entonces un conjunto completo de enunciados fundamentados en el individualismo utilitarista usado para la construcci&oacute;n de un andamiaje te&oacute;rico, con un lenguaje especializado y unos problemas concretos que la comunidad de economistas deb&iacute;a solucionar. En este sentido quedaba claro cu&aacute;les eran los l&iacute;mites entre la econom&iacute;a y las dem&aacute;s ciencias sociales, pues ni los problemas de asignaci&oacute;n ni la coherencia mercantil de la sociedad (teor&iacute;a del equilibrio general) pod&iacute;an ser tratados por cualquier otra rama del conocimiento.</p>     <p align="justify">Desde esta perspectiva, las instituciones no son relevantes porque las preferencias y la tecnolog&iacute;a son ex&oacute;genas, hay un perfecto conocimiento de los precios y las cualidades de los bienes, los agentes no tienen ning&uacute;n problema para utilizar la informaci&oacute;n disponible y maximizar su bienestar. S&oacute;lo bajo estas condiciones se considera que el mecanismo de precios coordina las actividades de manera eficiente. Si las condiciones no se mantienen se habla de fallas de mercado, concepto que generalmente ha sido utilizado para justificar la intervenci&oacute;n del Gobierno y la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.</p>     <p align="justify">Las limitaciones de la ciencia de la elecci&oacute;n aqu&iacute; son claras, pues nada garantiza que el Estado solucione las fallas de manera eficiente. El criterio de Pareto no puede diferenciar entre una situaci&oacute;n con cierto tipo de intervenci&oacute;n estatal y una de otro tipo. Tampoco es claro en qu&eacute; sentido la eficiencia del mecanismo de precios puede ser interpretada como la eficiencia del mercado, como lo muestra el balance de las discusiones comparativas entre socialismo y capitalismo. La ciencia de la elecci&oacute;n puede utilizarse para analizar ambos sistemas de organizaci&oacute;n econ&oacute;mica, pero no para decidir cu&aacute;l tiene mayor eficiencia. En otras palabras, la ciencia walrasiana no puede distinguir sistemas descentralizados y centralizados de coordinaci&oacute;n de las actividades econ&oacute;micas y mucho menos ofrecer un concepto preciso de mercado.</p>     <p align="justify">Esta imposibilidad comparativa evidencia las limitaciones del criterio de eficiencia que resulta de excluir del an&aacute;lisis de la elecci&oacute;n a las instituciones. Tambi&eacute;n muestra la vaguedad del concepto tradicional de mercado, una categor&iacute;a central de la disciplina que como lo se&ntilde;ala Hodgson (1988) ha sido poco desarrollada, al ignorarse su naturaleza institucional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>1.2. LA ECONOM&Iacute;A COMO <i>OIKOS</i> Y COMO <i>CATALAXIA</i></b></p>     <p align="justify">Las diferencias entre la ciencia de la elecci&oacute;n y la econom&iacute;a institucional son relevantes en tanto encarnan dos visiones de la econom&iacute;a muy diferentes. El individuo en ambos casos se concibe en un marco de racionalidad instrumental en el cual logra sus fines con unos medios disponibles. La diferencia est&aacute; en qu&eacute; se entiende por fines y medios en ambos casos. Con la ciencia de la elecci&oacute;n siempre es posible mejorar la condici&oacute;n de los individuos, cuando hay fallas de informaci&oacute;n. Sin embargo, nada garantiza que el Estado necesariamente lo logre, porque &eacute;ste no puede conocer con claridad los fines individuales. El marco utilitarista no permite identificar qu&eacute; es lo que est&aacute; en juego con la intervenci&oacute;n estatal, simplemente no es posible verlo en el modelo walrasiano. El teorema de imposibilidad de Arrow muestra claramente esta debilidad.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Hayek (1973) y Buchanan (1989), la ciencia de la elecci&oacute;n es af&iacute;n con una visi&oacute;n est&aacute;tica del mundo, propia de la econom&iacute;a rural europea que antecedi&oacute; el desarrollo del capitalismo. La <i>oikonomia</i> representa la concepci&oacute;n centralizada de la econom&iacute;a del hogar, cuyas asignaciones de recursos eran dominadas por una sola cabeza. Esta noci&oacute;n derivada de Arist&oacute;teles supone que s&oacute;lo existe una fuente de determinaci&oacute;n de los fines, que se impone a todos los miembros del hogar. El objetivo es la subsistencia y no hay cabida para la b&uacute;squeda desenfrenada de la ganancia. Los fines est&aacute;n dados y no se determinan individualmente. El logro de una situaci&oacute;n &oacute;ptima es un asunto del due&ntilde;o de la casa y de nadie m&aacute;s.</p>     <p align="justify">La concepci&oacute;n del individuo en el marco del proceso de interacci&oacute;n social, que es el mercado, est&aacute; estrechamente ligada con una noci&oacute;n distinta de fines. Su autodeterminaci&oacute;n permite concebir leg&iacute;timamente la b&uacute;squeda insaciable de sus fines a trav&eacute;s del intercambio. Esta visi&oacute;n del mundo es din&aacute;mica en este sentido, y seg&uacute;n Hayek y Buchanan retoma una visi&oacute;n del mundo diferente llamada <i>catalaxia</i>, en la cual el intercambio es el eje central de an&aacute;lisis y no la informaci&oacute;n. La libre b&uacute;squeda de ganancia es la m&aacute;xima expresi&oacute;n de esta perspectiva. El objetivo no es ya la subsistencia sino la maximizaci&oacute;n de las ganancias. Esto supone una mayor igualdad de oportunidad en la autodeterminaci&oacute;n de los fines, y una mayor independencia de las normas morales y sociales para la realizaci&oacute;n de los intercambios.</p>     <p align="justify">En consecuencia, con la <i>catalaxia</i> se rescata el valor del individuo, la competencia y la realizaci&oacute;n libre de contratos, dejando a un lado los mecanismos jer&aacute;rquicos de asignaci&oacute;n de recursos, propios de la econom&iacute;a del hogar, dej&aacute;ndolo todo al mercado<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. Desde esta perspectiva es mucho m&aacute;s clara la concepci&oacute;n del mercado como una instituci&oacute;n social que en conjunci&oacute;n con el Estado, la ley, los contratos, y los derechos de propiedad permiten (o restringen) la realizaci&oacute;n de los intercambios voluntarios. La libertad garantiza una mayor movilidad de las actividades, su descentralizaci&oacute;n y por consiguiente una perspectiva din&aacute;mica del mundo, a diferencia de la econom&iacute;a de subsistencia en la cual no es l&iacute;cita la b&uacute;squeda permanente de mayores satisfacciones personales.</p>     <p align="justify">En pocas palabras, la <i>catalaxia</i> permite concebir al individuo en un contexto social en el cual para la realizaci&oacute;n de sus fines coopera con los dem&aacute;s individuos. No existe una determinaci&oacute;n externa de estos fines ni una definici&oacute;n arbitraria de su bienestar. En este sentido las preferencias s&oacute;lo se pueden entender end&oacute;genamente y no como un par&aacute;metro inicial del proceso de elecci&oacute;n. De otro lado, existe la posibilidad de incidir en la determinaci&oacute;n de las reglas de interacci&oacute;n, abri&eacute;ndole un espacio a la motivaci&oacute;n pol&iacute;tica dentro de las preferencias individuales, y mostrando la importancia de las relaciones entre el mercado pol&iacute;tico y el econ&oacute;mico, tema que se tocar&aacute; m&aacute;s adelante.</p>     <p align="justify">La concepci&oacute;n de la econom&iacute;a como un proceso reglamentado de interacciones sociales permite mostrar con claridad la importancia de la econom&iacute;a institucional como recuperaci&oacute;n de la preocupaci&oacute;n de Smith por la naturaleza y causas de la riqueza. La diferencia conceptual se&ntilde;alada por North entre el desempe&ntilde;o y la operaci&oacute;n de los mercados es importante porque permite mostrar cu&aacute;les son las diferencias entre la perspectiva institucional y la ciencia de la elecci&oacute;n. El asunto clave es la forma como se concibe el mercado, si bien como mecanismo de coordinaci&oacute;n de las acciones individuales o como un proceso de interacci&oacute;n social institucionalizado; el individuo, como calculador utilitarista o como agente inmerso en un contexto de reglas de comportamiento; la eficiencia como optimaci&oacute;n paretiana o como el logro adaptativo de los fines de los individuos.</p>     <p align="justify">En la literatura institucionalista hay posturas alternativas a estas nociones estrechas de individuo, eficiencia y mercado, que aunque no est&aacute;n totalmente desarrolladas (en particular la eficiencia, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante) ofrecen un camino m&aacute;s pertinente para la comparaci&oacute;n de marcos institucionales y para comprender el funcionamiento de la econom&iacute;a. La mayor&iacute;a de las propuestas sugieren que la formulaci&oacute;n de un criterio de eficiencia no puede ser independiente de la din&aacute;mica institucional pol&iacute;tica, replanteando la discusi&oacute;n sobre el papel del mercado y el del Estado. Esto obliga a ganar un poco m&aacute;s de especificidad en el an&aacute;lisis. Tambi&eacute;n sugieren una forma de concebir el mercado como instituci&oacute;n inmersa en un rompecabezas m&aacute;s grande de instituciones sociales que refuerzan o limitan el desarrollo de los intercambios.</p>     <p align="justify">Todas las propuestas institucionalistas han cuestionado directa o indirectamente los conceptos de individuo, el <i>status</i> del conocimiento y el tratamiento de la libertad que tiene la ciencia de la asignaci&oacute;n walrasiana. Las primeras dos limitaciones han sido reconocidas por Kirman (1989, 1995) tal vez el m&aacute;s importante te&oacute;rico del equilibrio general europeo y para quien ha sido lamentable la apropiaci&oacute;n acr&iacute;tica de las ideas walrasianas. La consecuencia de concebir aislados a los individuos conduce a una visi&oacute;n af&iacute;n con el conocimiento de los agentes que no permite enunciar proposiciones verificables emp&iacute;ricamente y mucho menos considerar el papel de las instituciones. En las siguientes secciones se mostrar&aacute; en qu&eacute; consisten estas limitaciones y c&oacute;mo la econom&iacute;a institucional busca superarlas.</p>     <p align="justify"><b>2. LA CRISIS DEL N&Uacute;CLEO DE LA TEOR&Iacute;A ECON&Oacute;MICA</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La elecci&oacute;n te&oacute;rica realizada entre los a&ntilde;os treinta y cuarenta defini&oacute; a la econom&iacute;a como la ciencia de la asignaci&oacute;n y gener&oacute; una bifurcaci&oacute;n en el pensamiento econ&oacute;mico tradicional entre sistemas te&oacute;ricos y el mundo real que estos sistemas supuestamente deb&iacute;an representar. Pero esta no fue la &uacute;nica consecuencia de esta elecci&oacute;n. La obsesi&oacute;n con la formalizaci&oacute;n walrasiana tuvo un impacto muy fuerte en la profesi&oacute;n, ya que la importancia del “rigor” matem&aacute;tico constituy&oacute; el criterio de validaci&oacute;n te&oacute;rica m&aacute;s importante, dejando a un lado la discusi&oacute;n acerca de su utilidad social o la posibilidad de validar emp&iacute;ricamente sus principales conclusiones.</p>     <p align="justify">Teniendo en cuenta lo anterior, cuando hablamos de la crisis del n&uacute;cleo de la teor&iacute;a econ&oacute;mica estamos haciendo referencia a, en primer lugar, las dificultades por las que ha atravesado la teor&iacute;a del equilibrio general (TEG), tanto para mostrar su utilidad como para demostrar su coherencia te&oacute;rica. No se trata solamente de reconocer las dificultades formales por las que ha atravesado el programa para mostrar la existencia, unicidad y estabilidad del equilibrio sino de reconocer la inutilidad del modelo de competencia perfecta. Algunos problemas de coherencia han surgido ante la imposibilidad de fundar las proposiciones de la teor&iacute;a en los supuestos b&aacute;sicos planteados como punto de partida.</p>     <p align="justify">Parte de esta incoherencia puede entenderse por la exclusi&oacute;n de toda institucionalidad en su punto de partida, al considerar una sociedad de individuos aislados como supuesto b&aacute;sico de todas las proposiciones tradicionales.</p>     <p align="justify"><b>2.1. LAS LIMITACIONES DE LA TEG</b></p>     <p align="justify">Como lo se&ntilde;ala De Vill&eacute; (1990), la TEG tiene como puntos de partida la descripci&oacute;n de una nomenclatura de bienes e individuos que genera el espacio de los intercambios posibles. La econom&iacute;a convencional representa la coherencia de esta sociedad a trav&eacute;s de la idea de equilibrio. S&oacute;lo si existe el equilibrio la econom&iacute;a en su conjunto puede ser descrita como el resultado coherente del conjunto de relaciones cuantitativas, garantizando as&iacute; el orden de la sociedad.</p>     <p align="justify">La TEG parte entonces de una sociedad sin lazos diferentes a los que el mercado ofrece. El fundamento del orden lo constituye la libre interacci&oacute;n de sujetos econ&oacute;micos que no requieren de un contrato social diferente a garantizar la libertad de realizar intercambios. La ausencia de toda instituci&oacute;n es patente y queda reforzada al excluir del punto de partida toda relaci&oacute;n entre los individuos, pues se supone que por naturaleza son independientes.</p>     <p align="justify">El orden de la sociedad mercantil se pretende explicar a trav&eacute;s de un equilibrio general de los mercados bajo una estructura de competencia perfecta. Este modelo tradicional de mercado est&aacute; caracterizado por una serie de supuestos que deber&iacute;an garantizar, en principio, la existencia de un equilibrio. En t&eacute;rminos formales esta tarea la consolid&oacute; el modelo Arrow-Debreu, desarrollado en los a&ntilde;os cincuentas<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p align="justify">Para que la TEG sea coherente es necesario poder demostrar que el mercado y s&oacute;lo el mercado, y no otra “instituci&oacute;n” social, es realmente capaz de conducir a la econom&iacute;a hacia un estado de equilibrio. Sin embargo, ni la agregaci&oacute;n ni las condiciones de informaci&oacute;n que implica el subastador ni el dinero se pueden explicar a partir de estas premisas, por tanto el mundo matem&aacute;ticamente posible que representa la TEG no se puede derivar en forma te&oacute;rica de su conjunto de hip&oacute;tesis<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>.</p>     <p align="justify">La hip&oacute;tesis com&uacute;n que ha sido utilizada para superar este problema es suponer que el agregado de la econom&iacute;a se comporta como un individuo. Sin embargo, a pesar de que este supuesto soluciona simult&aacute;neamente los impasses enfrentados por los problemas de existencia, unicidad y estabilidad, y que anal&iacute;ticamente (l&eacute;ase matem&aacute;ticamente) tiene toda validez, te&oacute;ricamente no tiene ninguna justificaci&oacute;n. La causa principal de este hecho es el supuesto de <i>independencia</i> de los individuos que no permite identificar el equilibrio que existe con una estructura del sistema basada en tal supuesto. La exclusi&oacute;n de lo institucional se ve reflejada tanto en la hip&oacute;tesis de nomenclatura como en el supuesto de independencia individual. La incoherencia de la TEG se hace expl&iacute;cita ante la imposibilidad de probar la estabilidad del equilibrio sin recurrir a supuestos <i>ad hoc</i> cuya formulaci&oacute;n no es posible realizar partiendo de tales premisas individualistas<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p align="justify">En particular este es el caso de los supuestos de comportamiento de la funci&oacute;n exceso de demanda que se requieren para que no haya problemas de agregaci&oacute;n, que no tienen justificaci&oacute;n. En el mismo sentido, en teor&iacute;a, no es posible admitir que el agregado se comporte como un individuo ya que no es posible justificarlo a trav&eacute;s del <i>conocimiento</i> del comportamiento individual. Por tal raz&oacute;n, Firman ha propuesto su urgente abandono no s&oacute;lo como supuesto en la TEG, sino como herramienta de la macroeconom&iacute;a contempor&aacute;nea que lo ha utilizado de manera irresponsable<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pero este no es el &uacute;nico problema de incoherencia de la teor&iacute;a. Las condiciones de informaci&oacute;n tampoco son derivables del comportamiento individualista; en 1968, Roy Radner (1968) estudiando la TEG en condiciones de incertidumbre reconoci&oacute; que la demanda informacional del subastador era excesiva para un sistema walrasiano completamente especificado, en el que puede existir un n&uacute;mero demasiado grande de estados posibles de la econom&iacute;a dependiendo del n&uacute;mero de bienes y de las condiciones espacio temporales. Este serio problema de dimensiones, se&ntilde;alado tambi&eacute;n por Arrow (1987), puede conducir a que no exista un modelo de equilibrio general completo en el que se requieran mercados para todas las contingencias en todos los per&iacute;odos futuros. Esto no deber&iacute;a sorprendernos si tenemos en cuenta las cr&iacute;ticas del modelo walrasiano se&ntilde;aladas por Hayek con respecto a su incapacidad de explicar la adquisici&oacute;n y comunicaci&oacute;n de conocimiento entre los individuos.</p>     <p align="justify">En respuesta a estas deficiencias los economistas han acudido a la teor&iacute;a de juegos para superar algunas de las dificultades. En realidad una de las principales ventajas del uso de esta herramienta matem&aacute;tica ha sido la posibilidad que ofrece de abandonar el individualismo metodol&oacute;gico en su versi&oacute;n fuerte y los problemas que tra&iacute;a consigo su utilizaci&oacute;n. La teor&iacute;a de juegos ha superado, en parte, las limitaciones que el modelo walrasiano encontraba en t&eacute;rminos de la independencia de los individuos, aunque el precio de este logro ha sido una fuerte cr&iacute;tica al concepto de eficiencia de los mercados competitivos.</p>     <p align="justify">La expresi&oacute;n habitual de esta cr&iacute;tica ha sido el dilema del prisionero, que muestra una situaci&oacute;n clara en la que la toma de decisiones depende exclusivamente del grado de confianza o conocimiento previo que hay entre los jugadores. En esta situaci&oacute;n un comportamiento coordinado es el m&aacute;s eficiente en el sentido de Pareto, pero el resultado no es un equilibrio. Generalmente, si el juego es finito, el equilibrio se lograr&aacute; en una situaci&oacute;n en la que el que no coordina se ve beneficiado por la coordinaci&oacute;n del otro. Este equilibrio es Pareto inferior, y al parecer es en el que la sociedad se encuentra m&aacute;s a menudo.</p>     <p align="justify">En este marco conceptual es posible identificar la mayor&iacute;a de las situaciones sociales con mayor riqueza que con un enfoque en el que los individuos son independientes. Puede imaginarse una situaci&oacute;n en la que los individuos se comportan de forma ego&iacute;sta en su m&aacute;s fina expresi&oacute;n. Es decir, no hay ninguna coerci&oacute;n externa sobre ellos ni conciencia de una acci&oacute;n colectiva, y partimos de una situaci&oacute;n multipersonal que supone relaciones directas persona a persona. En una situaci&oacute;n dilema del prisionero los individuos act&uacute;an movidos por su propio inter&eacute;s. La ausencia de mecanismos de coordinaci&oacute;n los obliga a considerar la cooperaci&oacute;n como la mejor estrategia; los individuos se involucran en la producci&oacute;n de un bien p&uacute;blico, en el sentido de que cada uno de ellos tendr&iacute;a que contribuir a la producci&oacute;n de un bien que se supone es el resultado generalmente deseado del proceso social. Pero en esta situaci&oacute;n el individuo no tiene incentivos para contribuir, pues de todos modos sea cual sea la forma como act&uacute;e, se ver&aacute; beneficiado por la producci&oacute;n de tal bien.</p>     <p align="justify">En el mismo sentido un individuo puede beneficiarse gracias a la confiabilidad de esta instituci&oacute;n, pues podr&iacute;a aprovecharse de que los dem&aacute;s sigan las reglas sin necesidad de seguirlas. Esta es simplemente la constataci&oacute;n de algo bien conocido en la literatura econ&oacute;mica: “en un mundo de maximizadores de utilidad racionales y ego&iacute;stas el bien p&uacute;blico normalmente no ser&aacute; producido. En consecuencia, una instituci&oacute;n […] normalmente no ser&aacute; creada bajo estas condiciones”<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>.</p>     <p align="justify">Sin embargo, la situaci&oacute;n cambia si el juego se da de forma infinitamente repetida. Axelrod (1984) demostr&oacute; que el costo de oportunidad de la ausencia de coordinaci&oacute;n se vuelve mayor que el beneficio alcanzable de jugar coordinados. En el largo plazo, si los individuos tienen memoria, aprenden a coordinar, pues pueden darse cuenta de que siempre es mejorable la situaci&oacute;n en que ninguno de los dos confiesa, y que adoptar una regla Pareto-&oacute;ptima los beneficia a ambos. En este sentido el juego deja de ser un dilema del prisionero al abrirse la posibilidad de constituir un sistema de sanciones (estrategia tit por tat u ojo por ojo). De esta manera la teor&iacute;a de juegos ofrece una explicaci&oacute;n del surgimiento (y evoluci&oacute;n) de las instituciones algo imposible dentro del marco convencional<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p align="justify">Los resultados posibles a partir de la teor&iacute;a de juegos abren un mundo de posibilidades que el modelo walrasiano dejaba por fuera. La multiplicidad de equilibrios dificulta la explicaci&oacute;n del orden econ&oacute;mico a trav&eacute;s del concepto de equilibrio porque no es posible diferenciar los equilibrios normativamente con una caracter&iacute;stica que ofrezca el modelo. Las reglas del juego son establecidas por el analista y no existe ning&uacute;n protocolo que permita dilucidar con claridad cu&aacute;les reglas son apropiadas en cada caso.</p>     <p align="justify">Estos planteamientos encuentran dificultades cuando se tienen en cuenta m&aacute;s de dos individuos o cuando los juegos tienen jugadas simult&aacute;neas. Adem&aacute;s de representar fuertes cr&iacute;ticas a los supuestos de racionalidad tradicional, los nuevos planteamientos sobre racionalidad acotada han inducido fuertes discusiones sobre lo que se entiende por conocimiento de los jugadores, y la forma en que pueden tener en cuenta las estrategias de los dem&aacute;s jugadores sin conocer sus creencias. En realidad, como lo se&ntilde;ala Binmore, el conocimiento de los economistas acerca de las posibilidades abiertas con la teor&iacute;a de juegos es muy limitado actualmente aunque tenga un futuro prometedor<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p align="justify">De cualquier modo, al abrirle un espacio a equilibrios no-walrasianos (Nash) las posibilidades de explicar la coherencia de la sociedad mercantil a nivel global parecen desaparecer, pues nada garantiza que los equilibrios alcanzados sean walrasianos. Las ventajas de pasar de un individualismo metodol&oacute;gico fuerte a uno d&eacute;bil no parecen ser suficientes para lograr una explicaci&oacute;n adecuada de c&oacute;mo funcionan los sistemas de mercado, ante las m&uacute;ltiples alternativas que representan numerosos equilibrios posibles. Sin embargo, ser&iacute;a injusto desconocer los avances que la teor&iacute;a de juegos ofrece con respecto a la ciencia de la elecci&oacute;n, en tanto recupera la importancia de la cooperaci&oacute;n y tambi&eacute;n, as&iacute; no sea expl&iacute;citamente, la importancia de la confianza y las percepciones que tienen los individuos de los dem&aacute;s.</p>     <p align="justify"><b>3. LA ECONOM&Iacute;A INSTITUCIONAL COMO ALTERNATIVA A LA CRISIS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En las secciones anteriores se han mostrado las limitaciones de una visi&oacute;n de la econom&iacute;a que ha dominado la profesi&oacute;n la mayor&iacute;a de este siglo. Las categor&iacute;as claves en esta perspectiva son el equilibrio walrasiano, la eficiencia paretiana, y la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n social teleol&oacute;gica<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>.</p>     <p align="justify">Las limitaciones de esta visi&oacute;n residen en dos fundamentos centrales. En primer lugar, en la concepci&oacute;n teleol&oacute;gica de la econom&iacute;a en la cual se supone que existe alguna forma de centralizar y difundir la informaci&oacute;n para coordinar el comportamiento de los individuos, y en segundo lugar, en el supuesto de independencia de los individuos que supone que el mercado es el &uacute;nico mecanismo de integraci&oacute;n de los individuos.</p>     <p align="justify">Los fundamentos utilitaristas de la ciencia de la asignaci&oacute;n tienen demasiada pobreza informativa como para poder distinguir entre sistemas de organizaci&oacute;n centralizados y descentralizados. Por tal raz&oacute;n, la representaci&oacute;n walrasiana del mercado a trav&eacute;s del mecanismo de precios es muy limitada y de poco valor explicativo. Seg&uacute;n Hayek (1973) y Buchanan (1989) la ciencia walrasiana se mont&oacute; sobre una noci&oacute;n de econom&iacute;a incapaz de explicar las ventajas y los beneficios de un sistema descentralizado de intercambio voluntario.</p>     <p align="justify">En lugar de esta visi&oacute;n es posible delimitar una visi&oacute;n diferente y coherente que integre las instituciones y que probablemente remplace a la econom&iacute;a walrasiana en el pr&oacute;ximo siglo. Seg&uacute;n esta perspectiva, el mundo econ&oacute;mico no puede ser entendido como un estado de permanencia sino como un proceso evolutivo de aprendizaje cultural. La eficiencia en este escenario din&aacute;mico tiene un car&aacute;cter adaptativo que no se puede entender en t&eacute;rminos de informaci&oacute;n sino como el resultado de la adaptaci&oacute;n de los agentes a los contextos en los que se desenvuelven las interacciones sociales.</p>     <p align="justify">En lugar de hablar de un mecanismo de mercado, el mercado se entiende como un proceso creativo de aprendizaje. En lugar de un sistema de se&ntilde;ales perfecto a trav&eacute;s de los precios se tiene la imposibilidad de centrar la informaci&oacute;n y el conocimiento disponible. Los agentes se equivocan porque su conocimiento del contexto siempre es parcial, pero acumulan informaci&oacute;n y aprenden a trav&eacute;s del tiempo. El orden espont&aacute;neo surge de las acciones individuales pero no de las intenciones humanas. Simplemente un sistema descentralizado de asignaci&oacute;n de recursos es m&aacute;s eficiente que uno centralizado, porque la naturaleza del conocimiento es dispersa. El conocimiento est&aacute; descentralizado por naturaleza y es imposible de recoger.</p>     <p align="justify">Con este nuevo concepto de eficiencia informativa es posible distinguir entre sistemas de organizaci&oacute;n econ&oacute;mica. El capitalismo se logra caracterizar al poder distinguir los dos sistemas puros, uno totalmente descentralizado y otro centralizado, en los cuales <i>el conocimiento</i> es la variable central que explica la asignaci&oacute;n de recursos. Si bien &eacute;ste constituye un paso adelante para reconocer la relevancia de las instituciones, el concepto de sistemas puros de organizaci&oacute;n tambi&eacute;n es limitado. Como veremos en seguida, una consecuencia de esta propuesta es que el problema comparativo de sistemas pierde relevancia. Su lugar es ocupado por el problema del cambio institucional, b&aacute;sico para el replanteamiento del desarrollo econ&oacute;mico</p>     <p align="justify"><b>3.1. EL ORDEN ESPONT&Aacute;NEO</b></p>     <p align="justify">El descontento de Hayek con la perspectiva del equilibrio se basa precisamente en la insuficiencia de &eacute;sta para ofrecer una teor&iacute;a que explicara ese vac&iacute;o existente entre los individuos, los precios y la elecci&oacute;n que apuntan a la consecuci&oacute;n de un fin. En otras palabras, se trata claramente de las limitaciones que trajo consigo el curso que tom&oacute; la revoluci&oacute;n subjetivista. El ignorar c&oacute;mo los individuos tomaban sus decisiones y la forma como ten&iacute;an en cuenta para ello los precios, constitu&iacute;a una de las principales dudas con respecto a los enunciados de la ciencia econ&oacute;mica. En particular, Hayek (1948) sosten&iacute;a que las tautolog&iacute;as en las que consist&iacute;a el an&aacute;lisis formal del equilibrio s&oacute;lo pod&iacute;an adquirir alg&uacute;n contenido explicativo si se incorporaban enunciados definidos sobre c&oacute;mo <i>el conocimiento</i> era adquirido y comunicado por los individuos.</p>     <p align="justify">Para Hayek era prioritario indentificar cu&aacute;l era la caracter&iacute;stica esencial que diferencia un sistema de organizaci&oacute;n econ&oacute;mica centralizado de uno descentralizado. El resultado de su indagaci&oacute;n fue la generalizaci&oacute;n de la conocida idea de mano invisible con el concepto de orden espont&aacute;neo, inspirado en gran parte en sus estudios neurof&iacute;sicos de la mente. La forma como se conceptualiza el conocimiento es central en sus argumentos. Para Hayek el problema es explicar c&oacute;mo un sistema descentralizado puede concebirse como un proceso de interacci&oacute;n social coordinado, es decir, c&oacute;mo se explica el orden de su estructura.</p>     <p align="justify">Para comprender este proceso es indispensable pensar en una regularidad diferente a los individuos que sirva como soporte o, si se quiere, como sistema de comunicaciones para la coordinaci&oacute;n y el aprendizaje de las actividades humanas. Hayek (1973) define as&iacute; un orden como “un estado del mundo en el cual una multiplicidad de elementos de varios tipos est&aacute;n relacionados los unos con los otros de tal forma que podemos aprender de nuestra familiaridad con alguna parte espacial o temporal del todo, para formar expectativas correctas con respecto a las dem&aacute;s partes o al menos expectativas que tienen una gran posibilidad de ser correctas”<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sin embargo, una vez se tiene clara la existencia de este referente espacio temporal que soporta el aprendizaje individual la pregunta que surge es de d&oacute;nde proviene. Si se trata de un sistema descentralizado no es posible atribuirle ninguna autor&iacute;a, pues tal orden es el resultado de la interacci&oacute;n humana pero no del dise&ntilde;o intencional de alg&uacute;n individuo. La raz&oacute;n es que sencillamente es imposible que un solo agente tenga suficiente informaci&oacute;n y conocimiento de las necesidades de los individuos y de los mecanismos institucionales para conducirlos racionalmente a la realizaci&oacute;n de sus expectativas, al cumplimiento de sus fines. En el fondo lo que est&aacute; en juego es el reconocimiento de la naturaleza dispersa y escasa del conocimiento humano, que hace imposible que un planeador central moldee intencionalmente la sociedad.</p>     <p align="justify">Esta idea de <i>espontaneidad</i> se opone a la de <i>organizaci&oacute;n</i>, seg&uacute;n la cual el orden si se entiende como el resultado del control de las acciones individuales a trav&eacute;s de un mecanismo de autoridad. Si bien Hayek no niega la existencia de estas organizaciones, considera que su papel es importante en pocos casos, pues las dificultades cognoscitivas no permiten que sus actividades tengan gran escala. En este sentido Hayek reconoce la existencia y complementariedad de dise&ntilde;os espont&aacute;neos y artificiales en toda sociedad, pero no acepta que una organizaci&oacute;n sea capaz de remplazar el orden espont&aacute;neo. Las organizaciones est&aacute;n articuladas a ese gran orden global y espont&aacute;neo con el cual Hayek identifica “la sociedad”. El gobierno lo concibe como una organizaci&oacute;n que tiene, por consiguiente, amplias limitaciones para remplazarla.</p>     <p align="justify">No obstante, Hayek reconoce la necesidad del gobierno en el mantenimiento del orden espont&aacute;neo. En efecto, “aunque es concebible que el orden espont&aacute;neo que llamamos sociedad exista sin el gobierno, si el m&iacute;nimo de <i>reglas</i> (para regular la producci&oacute;n de riqueza) requerido para la formaci&oacute;n de tal orden es supervisado sin un aparato organizado para su cumplimiento, en la mayor&iacute;a de las circunstancias la organizaci&oacute;n que llamamos gobierno llega a ser indispensable para el objetivo de asegurar que aquellas <i>reglas</i> sean obedecidas”.</p>     <p align="justify">Hayek reconoce la importancia de las instituciones, entendidas aqu&iacute; como reglas de comportamiento, para el mantenimiento del mismo orden espont&aacute;neo. Precisamente la naturaleza de estas reglas le sirve tambi&eacute;n para distinguir a&uacute;n m&aacute;s a la sociedad del gobierno, porque para &eacute;l las organizaciones est&aacute;n estructuradas a trav&eacute;s del conjunto de reglas y asignaciones de tareas particulares que la cabeza de la organizaci&oacute;n impone a cada uno de los agentes involucrados. En cambio las reglas que sostienen el orden espont&aacute;neo son iguales para todo el mundo y no son atribuibles a ninguna cabeza central.</p>     <p align="justify">Estas ideas si bien sugieren un criterio para distinguir entre sociedad y gobierno tienen un problema importante al dejar sin explicaci&oacute;n cu&aacute;les son los mecanismos que garantizan el establecimiento de las reglas de juego que sostienen el orden espont&aacute;neo. En lugar de atribuir su naturaleza a la voluntad intencional de un individuo o al inter&eacute;s de una organizaci&oacute;n, Hayek acude a las tradiciones conservadoras para mostrar qu&eacute; tipo de reglas es el adecuado. Esta afirmaci&oacute;n debilita los argumentos de Hayek que buscaban negar la posibilidad de construir un dise&ntilde;o racional adecuado para la sociedad. Al rescatar una tradici&oacute;n est&aacute; reconociendo la discrecionalidad pol&iacute;tica de las organizaciones.</p>     <p align="justify">En realidad, a pesar de que la visi&oacute;n de Hayek acerca del mercado como proceso evolutivo de aprendizaje est&aacute; cimentada en su noci&oacute;n de evoluci&oacute;n cultural como un proceso de descubrimiento, de selecci&oacute;n competitiva entre reglas e instituciones, en el cual el conocimiento de sistemas de reglas alternativos y la capacidad de solucionar problemas son acumulados en el tiempo, no reconoce el impacto que la competencia pol&iacute;tica tiene sobre la evoluci&oacute;n y el alcance de estas reglas.</p>     <p align="justify">El resultado de esta discusi&oacute;n es que si bien es v&aacute;lido afirmar que el gobierno no puede remplazar a la sociedad, no lo es pensar que las reglas que gobiernan el orden espont&aacute;neo son independientes del dise&ntilde;o que las organizaciones buscan para lograr sus objetivos. Como lo advierte North (1996a), en un marco de evoluci&oacute;n institucional es la pol&iacute;tica la que define las trayectorias institucionales, y es precisamente la tensi&oacute;n entre las organizaciones y las reglas la que dirige esta trayectoria.</p>     <p align="justify">La eficiencia asignativa que se deriva del concepto de orden espont&aacute;neo no hace diferencia entre estas variedades institucionales, resultado de la tensi&oacute;n entre reglas y organizaciones, porque su naturaleza conceptual hace referencia a un orden global, sin especificar c&oacute;mo se determinan las configuraciones institucionales y organizacionales m&aacute;s adecuadas para su sostenimiento. Es m&aacute;s, como lo se&ntilde;alan los desarrollos de la econom&iacute;a de las organizaciones, la distinci&oacute;n entre la eficiencia de mecanismos centralizados y descentralizados de asignaci&oacute;n de recursos es est&eacute;ril cuando su aplicaci&oacute;n pasa de orden global a uno espec&iacute;fico, como el de las organizaciones (Stiglitz, 1991).</p>     <p align="justify">Estas dificultades tambi&eacute;n provienen de la manera como Hayek concibe el conocimiento. Como su inter&eacute;s es la utilizaci&oacute;n eficiente del mismo, el autor no se detiene a realizar un an&aacute;lisis riguroso de diferentes tipos de conocimiento y sus implicaciones para la estabilidad del orden (espont&aacute;neo o no). La primera es que no todo conocimiento es disperso e imposible de transferir. Si bien existe un tipo de conocimiento que no es transferible ni codificable, el conocimiento t&aacute;cito, seg&uacute;n Michael Polanyi, esto no quiere decir que todo conocimiento tenga que ser as&iacute;. Un ejemplo de esto puede ser la difusi&oacute;n tecnol&oacute;gica del Internet o el sistema pol&iacute;tico. En segundo lugar, el conocimiento tiene un origen social que no se puede reducir a un aprendizaje aut&oacute;nomo individual. La creaci&oacute;n de h&aacute;bitos de pensamiento y acci&oacute;n son una clara muestra de ello cuando se adquieren gracias a las tradiciones y costumbres. Como lo se&ntilde;ala Hodgson (1988, 1999), al negar esto Hayek estar&iacute;a negando, como los neocl&aacute;sicos, la posibilidad de considerar la tecnolog&iacute;a y las preferencias individuales como variables end&oacute;genas.</p>     <p align="justify">Es posible que esta limitaci&oacute;n de la idea de conocimiento provenga de la analog&iacute;a que Hayek (1978) hac&iacute;a entre el proceso de descubrimiento cient&iacute;fico y el que se realiza en el mercado. Por esta raz&oacute;n Buchanan y Vanberg (1994) han criticado esta ambig&uuml;edad de la noci&oacute;n de mercado como proceso de descubrimiento. En su lugar proponen entender al mercado como un proceso creativo de aprendizaje en el cual la realidad no se descubre sino que se crea como resultado de las elecciones individuales, equivocadas o no. A pesar de las diferencias de enfoque, esta postura creativa la comparte Hodgson (1999).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No obstante estas limitaciones ser&iacute;a injusto desechar totalmente el concepto de orden espont&aacute;neo. Su gran virtud ha sido mostrar que es imposible que alg&uacute;n individuo u organizaci&oacute;n sea capaz de recoger la informaci&oacute;n necesaria sobre los fines de los individuos y proporcionar un mecanismo de coordinaci&oacute;n de tales objetivos. No existe una entidad humana que pueda remplazar a la sociedad descentralizada. El Estado no puede remplazarla.</p>     <p align="justify">Esta ense&ntilde;anza de Hayek ha logrado diferenciar el capitalismo del socialismo, logrando un mayor grado de especificidad, aunque insuficiente que el de la ciencia walrasiana. Sin embargo, sus cr&iacute;ticas al racionalismo constructivista han mostrado ser ambiguas al defender la absolutizaci&oacute;n del mercado<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>. Hayek reconoce el papel central que cumple el dise&ntilde;o de ciertas instituciones, la ley, los contratos, la moneda para el desempe&ntilde;o del mercado. Sin embargo, para que estas instituciones operen adecuadamente se necesita una fuerte presencia del Estado.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, ni la cr&iacute;tica a un sistema centralizado de asignaci&oacute;n de recursos, ni el orden espont&aacute;neo sugieren que en niveles locales de interacci&oacute;n social no puedan existir otros mecanismos diferentes al mercado. M&aacute;s a&uacute;n, como lo mostraron Braudel (1979) y Polanyi (1989), la evidencia hist&oacute;rica documenta con claridad la forma como los mercados fueron construidos gracias a un inter&eacute;s o una complicidad estatal dirigida a su consolidaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">El reconocimiento de la importancia de estas instituciones en las cuales el mercado est&aacute; inmerso sugiere tambi&eacute;n que deben existir algunas inmersiones en las cuales el mercado funcione mejor. De aqu&iacute; se derivan dos consecuencias esenciales para la econom&iacute;a institucional. La primera es que la econom&iacute;a institucional, fuera de diferenciar entre sistemas centralizados y descentralizados de organizaci&oacute;n econ&oacute;mica, es capaz de identificar diferentes configuraciones del capitalismo, teniendo en cuenta su especificidad hist&oacute;rica. En segundo lugar, surge la necesidad de discriminar entre estas configuraciones cu&aacute;les son las m&aacute;s adecuadas para el desempe&ntilde;o del mercado. O, con mayor precisi&oacute;n, cu&aacute;l es el criterio de eficiencia con el que se puede y dise&ntilde;ar evaluar el cambio institucional.</p>     <p align="justify"><b>3.2. EL PROBLEMA DEL DISE&Ntilde;O INSTITUCIONAL</b></p>     <p align="justify">Douglas North ha se&ntilde;alado ampliamente las limitaciones del criterio de eficiencia asignativa para estudiar el cambio institucional y para proponer pol&iacute;ticas para el desarrollo del Tercer Mundo. Su teor&iacute;a del cambio institucional incluye un concepto de eficiencia adaptativa muy diferente al paretiano, y ubica en el mercado pol&iacute;tico las posibilidades de que las sociedades dise&ntilde;en instituciones m&aacute;s favorables para el crecimiento econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">Como es conocido, su teor&iacute;a del cambio institucional sugiere que la tensi&oacute;n entre las organizaciones y las instituciones es la que determina la direcci&oacute;n del cambio institucional. Las instituciones son las reglas de juego de una sociedad, compuestas de reglas formales (leyes y regulaciones) e informales (convenciones, normas de comportamiento, c&oacute;digos autoimpuestos de conducta), y sus sistemas de cumplimiento.</p>     <p align="justify">Las organizaciones, bien sean pol&iacute;ticas o econ&oacute;micas, compiten para transformar las instituciones de la manera que m&aacute;s les convenga a sus intereses. El conjunto de instituciones formales genera externalidades de red y complementariedades que hacen que el cambio institucional sea <i>path dependent</i>  y tambi&eacute;n incremental. Esto quiere decir que las organizaciones buscar&aacute;n mantener el <i>statu quo</i> que les interesa o lo modificar&aacute;n cuando el sistema de reglas no les permita resolver sus conflictos o realizar sus objetivos. Consecuentemente la inercia de ciertas reglas puede resultar de la competencia entre las organizaciones que tienen que invertir y calificarse para poder consolidar un proceso que genere externalidades de red entre las organizaciones, favorables para el cambio institucional (North, 1993, 1996a).</p>     <p align="justify">Esta teor&iacute;a del cambio institucional depende de c&oacute;mo las organizaciones forman redes y se complementan para transformar las reglas formales. Los incentivos para hacerlo dependen de sus fines y la forma de percibir el cumplimiento de las reglas, o sea, si las instituciones las favorecen o no. Las organizaciones perciben en el grado de cumplimiento de los contratos y la especificaci&oacute;n de los derechos de propiedad si las reglas los favorecen. Si no es as&iacute; las organizaciones buscar&aacute;n a trav&eacute;s de la acci&oacute;n colectiva y el mercado pol&iacute;tico el cambio institucional. Cuando las instituciones propenden hacia un mayor crecimiento econ&oacute;mico se hablar&aacute; entonces de eficiencia adaptativa institucional.</p>     <p align="justify">Este criterio de eficiencia institucional, sin embargo, no es un criterio independiente de juicios de valor. Las teor&iacute;as del cambio institucional sugieren diversas trayectorias evolutivas que dependen de los encajonamientos de instituciones formales e informales. La diversidad de estas trayectorias implica diferentes escenarios de perdedores y ganadores con respecto a una trayectoria de crecimiento particular. Por tanto, este criterio de eficiencia adaptativa deber&iacute;a tener en cuenta cu&aacute;les organizaciones e individuos ganan o pierden con esa trayectoria institucional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La ausencia de neutralidad del criterio de eficiencia institucional es una idea que se encuentra en otras teor&iacute;as del cambio institucional que aqu&iacute; no ser&aacute;n tratadas. Lo importante es se&ntilde;alar que a pesar de esta situaci&oacute;n la mayor&iacute;a de ellas le atribuye al mercado pol&iacute;tico o a las instituciones pol&iacute;ticas la determinaci&oacute;n de una trayectoria institucional particular. Los fines y las metas de las organizaciones dependen de las instituciones informales, la ideolog&iacute;a, los valores, las costumbres, las normas sociales y los modelos mentales. El resultado, por tanto, es que el estudio del desempe&ntilde;o del mercado no es independiente de la pol&iacute;tica ni de la cultura ni de las tradiciones y h&aacute;bitos de las sociedades.</p>     <p align="justify">La consecuencia clara es que la evaluaci&oacute;n institucional de pol&iacute;ticas requiere que se hagan expl&iacute;citos los objetivos que el gobierno de turno considere pertinentes. S&oacute;lo as&iacute; es posible tener un criterio de &eacute;xito institucional coherente con los puntos de partida de la pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify">Una consecuencia de mayor importancia es que el &eacute;xito de las pol&iacute;ticas dependa de la historia particular de la sociedad que est&eacute; bajo estudio. En este sentido North (1996) y Bhaskar (1997) sostienen que los trasplantes institucionales de los pa&iacute;ses ricos al Tercer Mundo son a todas luces inadecuados, dado que no existe un conocimiento apropiado de las relaciones entre el mercado pol&iacute;tico y el econ&oacute;mico, o de la din&aacute;mica organizacional.</p>     <p align="justify">Un ejemplo particular que muestra la construcci&oacute;n de criterios de eficiencia en el sentido se&ntilde;alado es el caso de la econom&iacute;a constitucional. Buchanan ha sido cr&iacute;tico de los planteamientos de Hayek que se refieren a la eficiencia de las instituciones. Este autor, a pesar de estar de acuerdo con gran parte de los planteamientos de Hayek, como la necesidad de tomar el enfoque catal&aacute;ctico como eje central de la disciplina, dejando a un lado la econom&iacute;a de la asignaci&oacute;n-maximizaci&oacute;n-valor-utilidad<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>, toma ciertas distancias con respecto a las dudas expresadas sobre el “racionalismo constructivista”. Lo importante es que Buchanan al realizar estas cr&iacute;ticas y se&ntilde;alar su posici&oacute;n hace expl&iacute;cita su predilecci&oacute;n pol&iacute;tica por un individualismo contractualista.</p>     <p align="justify">Las diferencias entre Hayek y Buchanan son importantes. Si bien ambos dedicaron gran parte de su carrera a criticar el Estado de bienestar, sus propuestas para reformar el orden social difieren radicalmente. Seg&uacute;n el an&aacute;lisis institucional de Buchanan, el proceso de evaluaci&oacute;n de un sistema social no puede elaborarse desde una perspectiva teleol&oacute;gica utilitarista como la de la ciencia de la asignaci&oacute;n walrasiana. Pero tampoco es posible construir un criterio externo a los individuos, este criterio s&oacute;lo puede venir del consenso.</p>     <p align="justify">Es decir, la &uacute;nica posible evaluaci&oacute;n de un estado social debe provenir del consenso de los agentes, no de la imposici&oacute;n de un valor o fin particular de alg&uacute;n agente privilegiado, porque esto va en contra de la libertad. La existencia de un contrato o constituci&oacute;n es la que garantiza que exista un criterio de selecci&oacute;n del orden social m&aacute;s apropiado. Es el acuerdo alrededor de unas reglas el que las hace eficientes, y no al contrario.</p>     <p align="justify">La idea del consenso le da espacio a una especie de racionalismo constructivista, inaceptable para Hayek desde todo punto de vista. Para Buchanan la posibilidad de un dise&ntilde;o racional de las normas es central para la producci&oacute;n de bienes p&uacute;blicos. Aunque acepta el concepto de orden espont&aacute;neo, s&iacute; cree que sea posible transformar las reglas que restringen el comportamiento del Estado si no se cuenta con un <i>statu quo</i> coherente con los beneficios que la <i>catalaxia</i> ofrece. Este criterio constituye su punto de referencia para evaluar escenarios institucionales alternativos (Buchanan y Brennan, 1997).</p>     <p align="justify">Si la eficiencia depende del funcionamiento de la pol&iacute;tica considerando toda su estructura organizacional (votantes, pol&iacute;ticos, bur&oacute;cratas, parlamento, grupos de inter&eacute;s), y de las reglas de juego consensuadas, debe quedar claro que no es posible separar el mercado del mercado pol&iacute;tico. En t&eacute;rminos muy simples, se trata de entender que el desempe&ntilde;o institucional de una econom&iacute;a s&oacute;lo se puede evaluar teniendo en cuenta c&oacute;mo el gobierno ejecuta la pol&iacute;tica cotidianamente, encarnando lo que para &eacute;l est&aacute; m&aacute;s cercano a una noci&oacute;n de inter&eacute;s p&uacute;blico.</p>     <p align="justify"><b>3.3. VARIEDADES DE CAPITALISMO</b></p>     <p align="justify">La discusi&oacute;n sobre el cambio institucional muestra la diversidad de trayectorias institucionales que hay en el capitalismo. Como lo ha reconocido North, realmente es muy poco lo que se sabe sobre la eficiencia institucional, al menos para proponer opciones de pol&iacute;tica. Sin embargo, lo que s&iacute; es indudable es que no existe un dise&ntilde;o institucional ideal que tenga mayor eficiencia que cualquier otra configuraci&oacute;n hist&oacute;rica. Las instituciones son una mezcla de reglas formales, informales, y sus grados de cumplimiento; su encajonamiento determina el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico a lo largo del tiempo. La variedad hist&oacute;rica en cuanto a valores, tradiciones, normas sociales y sistemas de cumplimiento determina diversas trayectorias institucionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Esta es una de las razones por las cuales no es posible concebir un dise&ntilde;o institucional privilegiado en t&eacute;rminos de eficiencia institucional. El hecho de que existan trayectorias variadas hacia la riqueza en el mundo anglosaj&oacute;n, Europa continental y Asia es una muestra de ello.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, como lo ha se&ntilde;alado Bhaskar, el &eacute;xito de un cambio institucional debe ser evaluado teniendo en cuenta la postura ideol&oacute;gica y los objetivos de quien promueve la pol&iacute;tica. S&oacute;lo as&iacute; es posible mostrar con claridad su grado de &eacute;xito y a qui&eacute;n perjudica o beneficia su realizaci&oacute;n. En este sentido puede entenderse por qu&eacute; North (1994) considera que los procesos de privatizaci&oacute;n no son la panacea para los pa&iacute;ses pobres.</p>     <p align="justify">Hay algunas concepciones que se han difundido por el mundo que llegan a afirmar que el modelo que se ha de seguir es el angloamericano (por la flexibilidad de sus mercados, la mayor&iacute;a de firmas son grandes corporaciones y su control est&aacute; dirigido por los accionistas). Tambi&eacute;n se sugiere, en el mismo sentido, que la globalizaci&oacute;n conducir&aacute; a una convergencia unificadora del capitalismo, en la cual todos los pa&iacute;ses homogenizar&aacute;n tecnolog&iacute;as, valores, servicios, productos y formas de organizaci&oacute;n hacia un solo tipo de capitalismo.</p>     <p align="justify">Es importante se&ntilde;alar que no hay ning&uacute;n sustento te&oacute;rico ni hist&oacute;rico para estas afirmaciones. La teor&iacute;a walrasiana supone que el “mecanismo de mercado” es la &uacute;nica instituci&oacute;n que integra a los individuos, luego ignora otros mecanismos de coordinaci&oacute;n como las organizaciones y las redes sociales. Las ideas de Hayek sugieren un poco m&aacute;s de especificidad al diferenciar el gobierno de la sociedad y reconocer la importancia de las organizaciones para sostener las reglas de juego que le dan sentido al intercambio. Sin embargo, se queda corto al negarles a las organizaciones un poder discrecional para explicar los cambios institucionales (racionalismo constructivista). Los institucionalistas reconocen la existencia de tres tipos de coordinaci&oacute;n de las actividades sociales que explican diversos resultados en la asignaci&oacute;n de recursos. La base de esta proposici&oacute;n rompe con la idea de individuos independientes de la TEG y con su car&aacute;cter est&aacute;tico y ainstitucional.</p>     <p align="justify">En efecto, cuando se reconoce que el mercado no es el integrador de la sociedad sino que est&aacute; inmerso en un complejo institucional es f&aacute;cil identificar en el comportamiento de los agentes la base para entender las fronteras entre estas instituciones: mercados, jerarqu&iacute;as y redes. Como lo muestra el <a href="#c1">cuadro 1</a>, las diferencias son claras en los conceptos de coordinaci&oacute;n aunque esto no implica negar que en muchos casos hay mezclas y complementariedades importantes. En el cuadro se puede apreciar que las fronteras entre cooperaci&oacute;n y competencia son las que configuran los resultados de coordinaci&oacute;n de las redes. Las relaciones no se pueden reducir a contratos establecidos porque las normas sociales y el grado de confianza entre las organizaciones pueden ser a&uacute;n m&aacute;s determinante que los t&eacute;rminos contractuales. En esto puede incidir los valores que tienen los agentes y su confluencia con los grados de reciprocidad entre las partes que favorecen sus intereses.</p>     <p align="justify">Las redes muestran la importancia de las relaciones sociales de largo plazo que si son estables pueden en muchos casos ser m&aacute;s importantes que los precios en la toma de decisiones. Hay que se&ntilde;alar que no es necesario pensar que las ideas de jerarqu&iacute;as y redes se apliquen s&oacute;lo a las relaciones entre las organizaciones econ&oacute;micas. En efecto, como lo muestran March y Olsen (1997), la estabilidad de las organizaciones pol&iacute;ticas depende del conjunto de normas, tradiciones y costumbres que existen en el sistema pol&iacute;tico. Su comportamiento si bien puede explicarse como la construcci&oacute;n de rutinas, su fundamentaci&oacute;n proviene de la relaci&oacute;n que las organizaciones tienen con el entorno, con la forma como definen sus preferencias y como perciben la confianza.</p>     <p align="justify">Tambi&eacute;n es importante identificar a las asignaciones estatales como un caso jer&aacute;rquico particular en el cual la competencia se diluye, el efecto de los precios disminuye y es la autoridad leg&iacute;tima la que termina definiendo procesos de asignaci&oacute;n de recursos. Esto es el resultado de la competencia de intereses de las organizaciones y puede entenderse como una competencia pol&iacute;tica en la cual las redes sociales, como el clientelismo, pueden ser fundamentales para crear confianza y actuar colectivamente.</p>     <p align="justify">Las variedades de capitalismo son el resultado de las diferentes configuraciones que estas formas de coordinaci&oacute;n pueden tener. Una caracter&iacute;stica clave del capitalismo japon&eacute;s es la ausencia de un liderazgo organizacional como se entiende en Occidente, debido a la forma particular de entender el poder en esta naci&oacute;n. Tanto en la pol&iacute;tica como en los negocios los mecanismos de lealtad hacen difuso el margen de discreci&oacute;n en la toma de decisiones porque siempre son compartidas. Por ejemplo, como lo se&ntilde;alan Groenewegen (1997), Inou&eacute; y Yamada (1995) las complicadas redes de intereses relacionados son las que gu&iacute;an las tomas de decisiones con respecto a las decisiones en el este de Asia.</p>     <p align="justify">En Europa continental la toma de decisiones pol&iacute;ticas est&aacute; vinculada a la diversidad de intereses. Si la sociedad quiere preservar instituciones espec&iacute;ficas que representan valores espec&iacute;ficos concernientes a la equidad, la naturaleza de la toma de decisiones, su velocidad o cambio, entonces esta sociedad debe hacer sus valores expl&iacute;citos y decidir qu&eacute; cambios se aceptan y qu&eacute; cambios no. Esto no niega la posibilidad de incorporar modelos prestados de otras regiones sino que limita su aplicaci&oacute;n dependiendo de la puja de intereses y a qui&eacute;n favorece o no esa incorporaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">La evidencia de estas variedades de capitalismo sugiere que no hay argumentos para sostener que la reciente crisis del sistema financiero del este de Asia haya sido causada por no tener el mismo sistema norteamericano<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>. La ca&iacute;da de la confianza y la llegada de una parte baja del ciclo econ&oacute;mico no son suficiente argumento para descartar la estructura de estos sistemas financieros, m&aacute;s a&uacute;n cuando, como lo se&ntilde;ala Aglietta (1995), existe un consenso en que es altamente riesgoso no contar con una instituci&oacute;n internacional que regule la volatilidad financiera y los efectos nocivos y desbordados de la especulaci&oacute;n sobre el comercio internacional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="c1"></a>Cuadro 1</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v1n1/v1n1a6c1.jpg"></p>     <p align="justify">Los pa&iacute;ses ex socialistas son otra muestra de diversidad institucional y de las limitaciones conceptuales de los economistas sobre el funcionamiento y evoluci&oacute;n de los mercados y de las instituciones que lo sostienen. La ausencia de una mentalidad acumuladora, de las relaciones salariales, y del respeto de los derechos de propiedad son otras muestras del vac&iacute;o institucional que hay, b&aacute;sico para los intercambios de mercado (Koslowski 1994, Chavance 1995 y Boyer 1995).</p>     <p align="justify">Estos son s&oacute;lo algunos ejemplos que buscan ilustrar la diversidad institucional y tambi&eacute;n las limitaciones del concepto de mercado tradicional. La evidencia emp&iacute;rica da soporte a las tesis institucionalistas sobre la variedad de v&iacute;as hacia el crecimiento econ&oacute;mico y tambi&eacute;n para mostrar las limitaciones del concepto tradicional de mercado<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>. Esto obliga a reconocer la relevancia de las formas alternativas de coordinaci&oacute;n que las redes y las jerarqu&iacute;as tienen y, sobre todo, que el mercado est&aacute; inmerso institucionalmente.</p>     <p align="justify">Las limitaciones de la econom&iacute;a positiva son las que explican en gran parte las debilidades de los conceptos de eficiencia. Al parecer existe una gran diversidad de convenciones posibles para organizar la actividad productiva y tambi&eacute;n una gran diversidad de posibles test econ&oacute;micos que se establecen convencionalmente para determinar si una actividad econ&oacute;mica es viable o “eficiente”<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>.</p>     <p align="justify">De la discusi&oacute;n anterior se puede concluir que la econom&iacute;a institucional no s&oacute;lo propone nuevas categor&iacute;as de an&aacute;lisis y nuevos problemas sino que sugiere un replanteamiento &eacute;tico de la posici&oacute;n de los economistas. El hecho de que el dise&ntilde;o institucional derivado de las pol&iacute;ticas s&oacute;lo pueda ser evaluado haciendo expl&iacute;citos los objetivos del gobierno o de las organizaciones en competencia conduce a un replanteamiento de las fronteras entre las disciplinas que obliga a exigir en la formaci&oacute;n de economistas una perspectiva amplia de las diversas posturas &eacute;ticas y los diferentes objetivos que entran en juego en la disputa por el cambio institucional. De otra manera no ser&aacute; posible contribuir a que las consecuencias de las decisiones de pol&iacute;tica sean claras y, por consiguiente, f&aacute;ciles de asumir por los ciudadanos.</p>     <p align="justify">La racionalidad de los agentes no se entiende desde este punto de vista como algo separado de las motivaciones no ego&iacute;stas porque la competencia organizacional requiere la persuasi&oacute;n para generar redes de refuerzo para la acci&oacute;n colectiva. La organizaci&oacute;n de los sistemas de producci&oacute;n no siempre es independiente de los objetivos pol&iacute;ticos, como lo muestra el caso de Jap&oacute;n, y los grados de confianza y cooperaci&oacute;n entre organizaciones son determinantes para tener los resultados deseados, tanto en las reglas de juego como en la producci&oacute;n de riqueza.</p>     <p align="justify">Las propuestas del viejo institucionalismo y el nuevo son similares en muchos puntos al analizar el cambio institucional. El punto de mayor convergencia es el estudio de los procesos de aprendizaje liderados por North y Hodgson, en los cuales los modelos mentales y la construcci&oacute;n de h&aacute;bitos de comportamiento determinan las posibilidades de los agentes y las organizaciones de calificarse para competir. El evolucionismo en oposici&oacute;n al mecanicismo es la analog&iacute;a que mejor describe las distancias entre los institucionalismos y la ciencia de la elecci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Como se puede ver en el <a href="#c2">cuadro 2</a>, el estudio de la variedad de capitalismos requiere de categor&iacute;as nuevas y de una perspectiva din&aacute;mica para entender el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico, y saber cu&aacute;les son las consecuencias de tener desarrollos tan divergentes de las econom&iacute;as<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>.</p>     <p align="justify">Al definir a las instituciones como v&iacute;nculo micro-macro, el institucionalismo ayuda a comprender cu&aacute;les son los riesgos que tiene la reducci&oacute;n del an&aacute;lisis de pol&iacute;tica al equilibrio macroecon&oacute;mico. Suponer que el mercado existe y que solamente hay que liberarlo es el primer error que cometieron los economistas cuando recomendaron a los pa&iacute;ses en transici&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="c2"></a>Cuadro 2    <br> Variedades de an&aacute;lisis y variedades de capitalismo</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v1n1/v1n1a6c2.jpg"></p>     <p align="justify"><b>3.4. IMPLICACIONES METODOL&Oacute;GICAS: DATOS SIN TEOR&Iacute;AS VS. TEOR&Iacute;AS SIN DATOS</b></p>     <p align="justify">En el mismo cuadro se puede identificar uno de los problemas de reconocer esta variedad institucional. Los economistas ortodoxos terminan calificando estas investigaciones como un asunto de recolecci&oacute;n de datos sin argumentaci&oacute;n te&oacute;rica. En este ensayo se argumentar&aacute; que esta opini&oacute;n carece de soporte y que la alternativa que representa la econom&iacute;a institucional implica cambios metodol&oacute;gicos que cuestionan la noci&oacute;n tradicional de teor&iacute;a, y la relevancia de la especificidad hist&oacute;rica para entender c&oacute;mo se desempe&ntilde;an las econom&iacute;as.</p>     <p align="justify">En las secciones anteriores se se&ntilde;al&oacute; la responsabilidad que se le puede otorgar a la formalizaci&oacute;n walrasiana en la crisis de la econom&iacute;a, en la p&eacute;rdida de relevancia de gran parte del conocimiento econ&oacute;mico contempor&aacute;neo. La primac&iacute;a del an&aacute;lisis deductivo y el modelaje como m&eacute;todo predilecto de explicaci&oacute;n de los fen&oacute;menos econ&oacute;micos puede explicarse en gran parte por las tensiones metodol&oacute;gicas que surgen por la imposibilidad de experimentar en las ciencias sociales.</p>     <p align="justify">Las particularidades de la econom&iacute;a como ciencia social la imposibilitaron para desarrollar experimentaciones como las de la f&iacute;sica. Ante semejante constataci&oacute;n la b&uacute;squeda de proposiciones significativas y confiables para la econom&iacute;a s&oacute;lo era posible mediante un m&eacute;todo estricto de control l&oacute;gico que garantizara lo que m&aacute;s adelante se llam&oacute; la rigurosidad (robustez) de las proposiciones te&oacute;ricas. Este m&eacute;todo era el deductivo. En este sentido la referencia a los criterios utilizados por la matem&aacute;tica ofrec&iacute;a una respuesta adecuada ante la imposibilidad de realizar experimentos en nuestra disciplina. Seg&uacute;n Debreu, la construcci&oacute;n de un criterio adecuado para distinguir entre conocimiento econ&oacute;mico cient&iacute;fico y no cient&iacute;fico inevitablemente ten&iacute;a que pasar por la formalizaci&oacute;n walrasiana.</p>     <p align="justify">Algunos autores han identificado las limitaciones de la formalizaci&oacute;n como una tensi&oacute;n permanente, que se traduce en una relaci&oacute;n inversa entre la b&uacute;squeda de precisi&oacute;n y el acercamiento a la verdad (formal) de las proposiciones de los economistas. Mayer sostiene que simplemente es arbitrario suponer que la informaci&oacute;n emp&iacute;rica no genera conocimiento econ&oacute;mico y que la especulaci&oacute;n formal s&iacute; lo hace. A pesar de no ser un cr&iacute;tico de la econom&iacute;a neocl&aacute;sica el autor se&ntilde;ala uno de los puntos centrales que explican de cierta manera el fracaso del viejo institucionalismo, al construir una teor&iacute;a sistem&aacute;tica. El reconocimiento de la dimensi&oacute;n emp&iacute;rica realizado por estos institucionalistas siempre ha sido calificado de descriptivo y poco anal&iacute;tico. Esta es una de las debilidades que ha heredado el neoinstitucionalismo, como lo ha se&ntilde;alado Hodgson<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p align="justify">Sin embargo, esta cr&iacute;tica que acusa al viejo institucionalismo por creer en datos sin teor&iacute;a no ha sido exclusiva de este enfoque de las instituciones como lo constata la fuerte cr&iacute;tica metodol&oacute;gica que Posner le hizo a Coase. Posner acusa a Coase de antite&oacute;rico por no haber desarrollado una teor&iacute;a general de los costos de transacci&oacute;n. Aunque Coase reconoce esta limitaci&oacute;n, considera que ha sido mal interpretado por Posner, tanto as&iacute; que no se ha animado a debatir con rigor el tema.</p>     <p align="justify">Como lo se&ntilde;ala Maki, este es simplemente un indicador del impacto metodol&oacute;gico que tiene la econom&iacute;a institucional en la pr&aacute;ctica de los economistas. Coase y North han propuesto un mayor acercamiento al mundo real que implica un uso de la informaci&oacute;n emp&iacute;rica que, como lo recuerda Kirman, la econom&iacute;a walrasiana ha negado. Pero existen muchas resistencias todav&iacute;a para asumir el reto que esto representa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En este sentido, tal vez sea acertado reconocer, como lo advierte Hodgson<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>, que el an&aacute;lisis institucional implica dejar a un lado una noci&oacute;n de teor&iacute;a general, en pro de una teor&iacute;a espec&iacute;fica, de las variedades institucionales que sostienen la operaci&oacute;n de los mercados. Una implicaci&oacute;n importante de esto, como lo se&ntilde;al&oacute; North en su reciente visita a Colombia, es que los economistas deber&iacute;an aprender a dejar a un lado la primac&iacute;a del razonamiento deductivo y a perderle el miedo a un razonamiento inductivo y conjetural, af&iacute;n con el estudio evolutivo de las instituciones<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>. Esto no implica no tener teor&iacute;a sino que las herramientas nuevas para esta tarea hasta ahora se est&aacute;n desarrollando.</p>     <p align="justify">Estos cuestionamientos a la teoricidad de la econom&iacute;a institucional al parecer van en la misma v&iacute;a que los que Elster encuentra para todas las ciencias sociales. Seg&uacute;n &eacute;l, en ciencias sociales no se tienen teor&iacute;as generales como en las ciencias naturales. Las limitaciones de los dos paradigmas dominantes de este siglo han colocado las opciones metodol&oacute;gicas en dos polos muy estrechos, como los que muestra el siguiente cuadro.</p>     <p align="justify"><a name="c3"></a>Cuadro 3    <br> Dos paradigmas cl&aacute;sicos</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v1n1/v1n1a6c3.jpg"></p>     <p align="justify">La tensi&oacute;n entre lo anal&iacute;tico y lo descriptivo encaja perfectamente para explicar la inutilidad de hablar de leyes generales en ciencias sociales. Elster sostiene que es mucho m&aacute;s adecuado hablar de mecanismos que de teor&iacute;as. Un mecanismo es un patr&oacute;n causal que se produce con frecuencia, que se reconoce f&aacute;cilmente y que surge en condiciones generalmente desconocidas. Nos permiten explicar, pero no predecir. Al menos en el sentido de las ciencias naturales<a href="#21" name="n21"></a>.</p>     <p align="justify">El razonamiento inductivo se mezcla con el conjetural y deductivo para la formulaci&oacute;n de estos patrones causales. El uso de los supuestos de racionalidad acotada que intentan involucrar fines distintos al ego&iacute;smo y una determinaci&oacute;n end&oacute;gena de las preferencias y las creencias son los instrumentos anal&iacute;ticos que permiten explicar los eventos, en conjunci&oacute;n con la informaci&oacute;n disponible.</p>     <p align="justify">No sostendr&eacute; que este tipo de an&aacute;lisis es compatible con la econom&iacute;a institucional porque eso no es lo importante aqu&iacute;. S&oacute;lo pretendo se&ntilde;alar que las resistencias a confiar en teor&iacute;as no generales carecen de fundamento en tanto siempre ha existido un amplio poder explicativo en las ciencias sociales que proviene de la conjunci&oacute;n de m&eacute;todos de razonamiento y no de la primac&iacute;a de uno solo.</p>     <p align="justify">En una nota reciente Eggertsson propone una caracterizaci&oacute;n de la econom&iacute;a institucional como programa de investigaci&oacute;n que recoge parte de la discusi&oacute;n anterior sobre las implicaciones de la especificidad hist&oacute;rica en la construcci&oacute;n te&oacute;rica. Siguiendo una l&iacute;nea de parsimonia en la estructuraci&oacute;n de teor&iacute;as, Eggertsson sostiene que si bien el n&uacute;cleo de la econom&iacute;a institucional es una extensi&oacute;n del modelo neocl&aacute;sico, la desviaci&oacute;n &oacute;ptima del modelo b&aacute;sico var&iacute;a con <i>el nivel de an&aacute;lisis</i> y con el tipo de variables que se van a endogenizar. Sin embargo, la presencia del modelo es reconocible en todos estos niveles de an&aacute;lisis, a excepci&oacute;n del estudio del cambio institucional, en el cual las instituciones informales tal vez deban ser abordadas con herramientas alternativas al modelo b&aacute;sico.</p>     <p align="justify">Esta afirmaci&oacute;n de Eggertsson puede interpretarse como un reconocimiento formal de la necesidad de la especificidad en el an&aacute;lisis institucional, una especificidad que no consiste en tener mayor informaci&oacute;n recolectada sino en tener conceptos y categor&iacute;as adecuados para construir teor&iacute;as o conjeturas sobre c&oacute;mo se desempe&ntilde;an las econom&iacute;as.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p align="justify">La econom&iacute;a institucional, aunque hasta ahora se est&aacute; desarrollando, puede considerarse como una <i>alternativa a la ciencia walrasiana</i>. La ciencia de la asignaci&oacute;n, referente b&aacute;sico general de la econom&iacute;a ortodoxa, es incapaz de explicar el funcionamiento del capitalismo en sus m&uacute;ltiples expresiones institucionales.</p>     <p align="justify">El estudio de las relaciones entre el mercado y el Estado es un buen ejemplo para detectar la pobreza de los an&aacute;lisis de asignaci&oacute;n sobre la institucionalidad. Sin embargo, el problema de fondo que se esconde detr&aacute;s de esta alternativa es el de los l&iacute;mites entre la econom&iacute;a y las dem&aacute;s ciencias sociales. As&iacute; lo constatan la multiplicidad de an&aacute;lisis que reconocen la importancia de diversos mecanismos de coordinaci&oacute;n de las actividades econ&oacute;micas. La construcci&oacute;n de teor&iacute;as generales parece estar d&aacute;ndoles espacio a teor&iacute;as espec&iacute;ficas que no se reducen a la acumulaci&oacute;n de datos sino que han sido &uacute;tiles para identificar las restricciones y los mecanismos de refuerzo que impulsan o detienen el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">El reconocimiento de que el mercado es una instituci&oacute;n permite avanzar hip&oacute;tesis m&aacute;s plausibles para comprender c&oacute;mo funcionan los soportes institucionales que sostienen el orden econ&oacute;mico. La importancia de la din&aacute;mica pol&iacute;tica es central para evaluar la eficiencia de un dise&ntilde;o institucional particular. Esto sugiere adem&aacute;s un acercamiento entre la &eacute;tica y la econom&iacute;a como base para entender el sentido del cambio institucional, los costos de transacci&oacute;n y la importancia de los valores, las ideolog&iacute;as y los h&aacute;bitos de comportamiento en el dise&ntilde;o institucional.</p>     <p align="justify">Las fronteras entre la cooperaci&oacute;n y la competencia, entre el Estado y el mercado, entre el inter&eacute;s p&uacute;blico y el privado definen un espacio esencial para el desarrollo de la econom&iacute;a del futuro. La econom&iacute;a institucional, aunque apenas en desarrollo, llenar&aacute; estos espacios consolidando una ciencia m&aacute;s &uacute;til y mejor capacitada que la ciencia tradicional. La reversi&oacute;n de su proceso de demarcaci&oacute;n parece ser la clave para esta tarea, y constituye la &uacute;nica esperanza para tener un conocimiento econ&oacute;mico m&aacute;s adecuado y relevante para la transformaci&oacute;n de la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">    <br><b>NOTAS AL PIE </b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. En este trabajo se entender&aacute; el t&eacute;rmino ciencia de la elecci&oacute;n o de la asignaci&oacute;n siguiendo los planteamientos de Robbins que definieron a la econom&iacute;a como la ciencia que estudia la asignaci&oacute;n de recursos escasos a fines ilimitados. En este sentido se entiende que la ciencia econ&oacute;mica tiene como n&uacute;cleo la teor&iacute;a walrasiana del equilibrio general, incluyendo sus ramificaciones normativas en la econom&iacute;a del bienestar.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Desde esta perspectiva, el mercado es eficiente aunque no en el sentido paretiano. Sin embargo, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante, este concepto de eficiencia no es muy informativo y tiene algunas limitaciones al absolutizar el mercado.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Desde entonces, dada la prueba de existencia del equilibrio, dos problemas constituyeron el centro de atenci&oacute;n dentro de la econom&iacute;a matem&aacute;tica. Estos son la existencia y la estabilidad del equilibrio. En pocas palabras, el primero intenta garantizar que dadas unas condiciones param&eacute;tricas existe la posibilidad l&oacute;gica de establecer una coincidencia entre los planes de todos los individuos, sean productores o consumidores. Una vez establecida esta coherencia de la sociedad mercantil, el problema es mostrar que la situaci&oacute;n no cambiar&iacute;a si los precios var&iacute;an, es decir, la situaci&oacute;n debe ser estable, y, de otro lado, debe garantizarse que la econom&iacute;a tienda a ese equilibrio, pues de otra manera no tendr&iacute;a sentido hablar de coherencia social. Algunos autores como De Vill&eacute; sostienen que el subastador es la instituci&oacute;n b&aacute;sica del equilibrio general. Pero su postura no se concentra en el punto de partida.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. En efecto, la &uacute;nica forma de llegar a resultados de estabilidad ha sido a trav&eacute;s de supuestos incompatibles con las hip&oacute;tesis de comportamiento individual. Efectivamente, el supuesto a cerca de las relaciones agregadas, seg&uacute;n el cual al nivel agregado todos los bienes son sustitutos brutos, es incompatible con la microfundamentaci&oacute;n de una racionalidad individual subyacente. V&eacute;ase Kirman (1989, 1995).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. El punto que queremos rescatar es que el hecho de que la econom&iacute;a estudie las relaciones sociales cuantitativas no debe excluir <i>necesariamente</i> a las instituciones como elementos explicativos fundamentales. En este sentido la imposibilidad de que el dinero no haya podido ser incluido en la TEG constituye una de las fuertes debilidades que tiene el enfoque walrasiano.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Basado en esta cr&iacute;tica, Kirman (1989, 1992, 1995, 1997) ha propuesto, desde hace casi una d&eacute;cada, en una serie de art&iacute;culos, el abandono de la versi&oacute;n fuerte del individualismo metodol&oacute;gico. Debe recordarse que el individualismo metodol&oacute;gico en su versi&oacute;n fuerte se distingue de su versi&oacute;n d&eacute;bil porque considera al mercado como la &uacute;nica instituci&oacute;n o mecanismo de interacci&oacute;n y coordinaci&oacute;n entre los agentes: es decir, s&oacute;lo existen los individuos, nada de instituciones diferentes al mercado. En la versi&oacute;n d&eacute;bil es posible explicar fen&oacute;menos sociales, instituciones, comportamientos colectivos, y no s&oacute;lo el mercado siempre y cuando se d&eacute; cuenta de ellos partiendo de las decisiones de los individuos.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Elsner. <i>Op. Cit</i>., 1989.</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. “La emergencia de la regla es, en principio, un proceso evolutivo y estoc&aacute;stico que depende de la historia concreta de las interacciones y de la importancia de las instituciones futuras, con probabilidades posiblemente crecientes de que en alg&uacute;n punto en el tiempo los individuos reaccionen a un comportamiento coordinado con uno igual”, <i>ibid</i>., p. 198.</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Es importante se&ntilde;alar que el enfoque formal de la teor&iacute;a de juegos no es el mismo que el del modelo Arrow-Debreu. El formato definici&oacute;n –axioma-prueba-teorema– no parece ser el adecuado para las reflexiones actuales sobre la manera como los agentes conocen y conforman sus preferencias y sus creencias. As&iacute; lo advierte K. Binmore (1993).</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. Me refiero a toda la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n social que antecedi&oacute; la apertura a la &eacute;tica que lider&oacute; Sen.</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a> F. Hayek (1973), Vol. 1, p. 36. Debe quedar claro que el tipo de orden contemplado por Hayek no es una respuesta al problema hobbesiano del orden social. El orden espont&aacute;neo no tiene nada que ver con la consecuci&oacute;n de un estado social pac&iacute;fico en el cual la seguridad de las personas y su propiedad son aseguradas. Es decir, no se trata de una explicaci&oacute;n coercitiva y alternativa del orden social, seg&uacute;n la cual los impulsos de los hombres tienen que ser restringidos por el monopolio de la fuerza para garantizar su permanencia. Debido a que Hayek no identifica el orden con los mecanismos de control social, no es posible yuxtaponer orden a ausencia de cooperaci&oacute;n, desintegraci&oacute;n o caos pol&iacute;tico. En este sentido, nadie es el responsable de garantizar su provisi&oacute;n, entendi&eacute;ndola, si se quiere, como un bien p&uacute;blico.</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. El racionalismo constructivista es el nombre que Hayek acu&ntilde;&oacute; para describir la interpretaci&oacute;n cartesiana del poder de la raz&oacute;n y de la acci&oacute;n humana para dise&ntilde;ar la sociedad. Su concepto de orden espont&aacute;neo se basa en parte en negar esta postura.</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. Para Buchanan esta propuesta implica dar un giro en la econom&iacute;a hacia un paradigma nuevo contractualista. En efecto el autor propone:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">“... exorcizar el paradigma de la maximizaci&oacute;n del lugar dominante que ocupa en nuestra caja de herramientas; a dejar de definir nuestra disciplina, nuestra ciencia, en t&eacute;rminos del l&iacute;mite de la escasez; a que cambiemos la misma definici&oacute;n, incluso el propio nombre de nuestra ciencia; a dejar de preocuparnos tanto acerca de la asignaci&oacute;n de recursos y de la eficiencia a concentrarnos en los or&iacute;genes, las propiedades y las instituciones del <i>intercambio</i>, consideradas en t&eacute;rminos amplios...”.</p>       <p align="justify">M&aacute;s adelante nos invita a retomar la perspectiva catal&aacute;ctica reconociendo su fertilidad: “La manera de aproximarse a la econom&iacute;a que he preconizado y sigo preconizando era llamada por alguno de sus proponentes decimon&oacute;nicos “catal&aacute;ctica”, la ciencia de los intercambios ... Esta manera de ver la econom&iacute;a, como tema de investigaci&oacute;n, llama nuestra atenci&oacute;n directamente sobre el <i>proceso</i> de intercambio, comercio o acuerdo contractual. Asimismo, introduce necesariamente en los inicios de la discusi&oacute;n el principio de un orden o coordinaci&oacute;n espont&aacute;nea, que es, como he sugerido a menudo, quiz&aacute; el &uacute;nico principio real de la teor&iacute;a econ&oacute;mica como tal” (Buchanan, 1989).</p> </blockquote>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. La discusi&oacute;n sobre las virtudes del Stakeholder (Alemania y Jap&oacute;n) vs Shareholder (angloamericano) ilustran estas diferencias. Ver Referencias en G. Hodgson. <i>Op. Cit</i>., 1999, p. 151.</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Para un an&aacute;lisis de las limitaciones del concepto de mercado y de contratos aplicado al mercado laboral en el mismo sentido v&eacute;ase S. Bowles y H. Gintis (1993).</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. R. Salais y M. Storper (1997), citado por Hodgson (1999).</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. V&eacute;ase Hodgson. <i>Op. Cit.</i> (1998) y A. Denzau y D. North (1983).</p>     <p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. Hodgson, G. (1991).</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. Hodgson, G. (1998) <i>Op. Cit</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#n20" name="20">20</a>. “North: Qu&eacute; premio Nobel” entrevista para la Revista <i>Dinero</i>, junio 16 de 1998.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n21" name="21">21</a>. Elster, J. (1997), p. 179; y Elster (1989).</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Aglietta, M. “Le Syst&egrave;me Mon&eacute;taire International”, en R. Boyer y Y. Saillard, <i>Th&eacute;orie de la r&eacute;gulation l‘&eacute;tat des savoirs</i>, &Eacute;ditions la D&eacute;couverte, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996199900010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Arena, R. “De l’usage de l´histoire dans la formulation des hypothéses de la theorie économique, Economie et Histoire: nouvelles approches”, <i>Revue Économique</i>, Vol. 42, Nº 2, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996199900010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Arrow, K. <i>Social Choice and Individual Values</i>, New York, Wiley, 1951.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996199900010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Arrow, K. “Economic Theory and the hypothesis of rationality”, <i>New Palgrave. A Dictionary of Economics</i>, T. II., 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996199900010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Axelrod, R. <i>La evoluci&oacute;n de la cooperaci&oacute;n</i>, Alianza Editorial, 1984.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996199900010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Bhaskar, V. “The Political Coase Theorem: Indentifying Differences between Neoclassical and Critical Institutionalism”, <i>Journal of Economic Issues</i>, septiembre, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996199900010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Benetti, C y J. Cartelier. “L‘économie comme science: la permanence d‘une conviction mal partagée”,  en A. D’Autumme y J. Cartelier, eds., <i>L’économie devient-elle une science dure?</i>, Colección Grands Débats, Paris, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996199900010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Bergson, A. “Socialist Economics”, H. Ellis, ed., <i>A Survey of Contemporary Economics</i>, 1948. Citado por Janos Kornai, 1992. <i>The Socialist System. The Political Economy of Communism</i>, Oxford University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996199900010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Bhoehm, S. “Spontaneous Order” en G. Hodgson, et. al. <i>The Elgar Companion to Institutional and Evolutionary Economics</i>, Edward Elgar, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996199900010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Binmore, K. “Foundations of Game Theory”, <i>Advances in Economic Theory-Six World Congress</i>, Basic Blacwell, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996199900010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Boettke, P. “What is wrong with neoclassical economics (and what is Still wrong with Austrian Economics)”, en F. Foldvary, ed., <i>Beyond Neoclassical Economics</i>, Edward Elgar Publishing, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996199900010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Bowles, S y H. Gintis. “The Revenge of Homo economicus: Contested Exchange and the Revival of Political Economy”, <i>Journal of Economics perspectives</i>, invierno, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996199900010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Bradach, J y R. Eccles. “Price, Authority, and trust: from ideal types to plural forms”, en G. Thompson, et al. <i>Markets, Hierarchies and Networks</i>, Sage Publications, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996199900010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Braudel, F. <i>Civilizaci&oacute;n Material y Capitalismo</i>, T. II, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996199900010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Buchanan, J. “Is Economics the Science of Choice?”, <i>What Should Economist Do?</i>, Indianapolis, Liberty Press, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996199900010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Buchanan, J. “Perspectivas de la elecci&oacute;n p&uacute;blica”, <i>Ensayos de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica</i>, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996199900010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Buchanan, J. y G. Brenan. <i>La Raz&oacute;n de las Normas</i>, Folio, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996199900010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Buchanan, J. y V. Vanberg. “The market as a Creative Process”, en D. Hausman (ed.). <i>The Philosophy of Economics</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996199900010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Buchanan, J. “The State of Economics”, <i>Six Nobel Laureates</i>, Cap. 5. 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996199900010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Clark, Ch. “Equilibrium for what? Reflections on social order in economics”, <i>Journal of Economic Issues</i>, marzo, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996199900010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Coase, R. “El problema del coste social”, <i>La empresa, el mercado y la ley</i>, Madrid, Alianza Editorial, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996199900010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Coase, R. “The New Institutional Economics”, <i>American Economic Review</i>, Vol. 88, N&ordm; 2, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996199900010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Colander, D. “New Institutionalism, Old Institutionalism and Distribution Theory”, <i>Journal of Economic Issues</i>, junio, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996199900010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. D’Autumme, A. y J. Cartelier. <i>L’économie devient-elle une science dure?</i>, Colección Grands Débats, Paris, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996199900010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. De Vill&eacute;, Ph. “Comportements concurrentiels et &eacute;quilibre g&eacute;n&eacute;ral: de la n&eacute;cessit&eacute; des institutions”, <i>Economie Appliqu&eacute;e</i>, XLIII, N&ordm; 3, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996199900010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Debreu, G. “Theoretic models: mathematical form and economic content”, <i>Econometrica</i>, N&ordm; 54, 1986, p. 1261.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996199900010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Dumenil, G y D. Lévy. “L‘économie doit-elle être une science ‘dure’?”, A. D’Autumme y J. Cartelier, eds., <i>L’économie devient-elle une science dure?</i>, Colección Grands Débats, Paris, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996199900010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Dupuy, J. P. <i>El sacrificio y la envidia: el liberalismo frente a la justicia social</i>, Gedisa, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996199900010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Elsner, W. “Adam Smith’s Model of the Origins and Emergence of Institutions: The Modern Findings of The Classical Approach”, <i>Journal of Economic issues</i>, Nº 1, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996199900010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Elster, J. <i>Egonomics</i>, Gedisa. 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996199900010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Elster, J. <i>El cemento de la sociedad. Las paradojas del orden social</i>, Gedisa, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996199900010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Groenewegen, J. “Institutions of Capitalism: American, European and Japanese Sistems Compared”, <i>Journal of Economic Issues</i>, N&ordm; 2, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996199900010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Hayek, F. “Competition as a Discovery Procedure”, <i>New Studies&iquest; in Philosophy, Politics, Economics and the History of Ideas</i>, Chicago, University of Chicago Press, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996199900010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Hayek, F. <i>Law, Legislation and Liberty: A new statement of the liberal principles of justice and political economy</i>, Vol. 1, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-5996199900010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Hayek, F. <i>Individualism and Economic Order</i>, Chicago, University of Chicago Press, 1948.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996199900010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Hayek, F. “Individualism: True and False”, <i>Individualism and Economic Order</i>, Routledge and Kegan Paul, 1949.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-5996199900010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Hicks, J. <i>Valor y Capital</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1977.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996199900010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Hodgson, G. <i>Economics and Utopia</i>. Routledge, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-5996199900010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Hodgson, G. “The Approach of Institutional Economics”, <i>Journal of Economic Literature</i>, marzo, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0124-5996199900010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Hodgson, G. “Institutional Economics: Surveying the Old and the New”, mimeo, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0124-5996199900010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Hodgson, G. <i>Economics and Institutions</i>, Polity Press, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0124-5996199900010000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Hodgson, G., W. Samuels y M. Tool. <i>Companion to Institutional and Evolutionary Economics</i>, London, Edward Elgar, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-5996199900010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Hodgson, G. “Institutional economics: legacy and new directions” en U. Himmelstrand, ed., <i>Interfaces in economic and social analysis</i>, London, Routledge, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0124-5996199900010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Inoué, Y y Th. Yamada. “Japon. Démithifier la Régulation”, en R. Boyer y Y. Saillard. <i>Théorie de la régulation l‘état des savoirs</i>, Éditions la Découverte, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-5996199900010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Kirman, A. “Interaction and Markets”, <i>Southern European Economics Discussion Series</i>, N&ordm; 166, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0124-5996199900010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Kirman, A. “L‘evolution de la theorie économique”, A. D’Autumme y J. Cartelier, eds., <i>L’économie devient-elle une science dure?</i>, Colección Grands Débats, Paris, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0124-5996199900010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. Kirman, A. “What or whom does the representative individual represent?”, <i>Journal of Economic Perspectives</i>, Vol. 6, primavera, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0124-5996199900010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. Kirman, A. “The intrinsic limits of modern economic theory: The emperor has no clothes”, <i>The Economic Journal</i> 99, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000232&pid=S0124-5996199900010000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Koslowski, R. “Instituciones de mercado, reforma en Europa del Este y teor&iacute;a econ&oacute;mica”, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i>, N&ordm; 20, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0124-5996199900010000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. March, J. y J. Olsen. “El redescubrimiento de las instituciones”, <i>Serie Nuevas Lecturas de Pol&iacute;tica y Gobierno</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0124-5996199900010000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Mill, John Stuart. “Sobre la definici&oacute;n de Econom&iacute;a Pol&iacute;tica”, <i>Sobre algunas cuestiones disputadas en econom&iacute;a pol&iacute;tica y sobre el m&eacute;todo de investigaci&oacute;n</i>, Alianza Universidad, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0124-5996199900010000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">52. North, D. “Where have we been and where are we going?”, St. Louis, University of Washington, mimeo, 1996a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0124-5996199900010000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">53. North. “No sólo de macroeconomía vive el hombre”, <i>Estrategia Económica y Financiera</i>, junio 30, 1996b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000237&pid=S0124-5996199900010000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">54. North, D. “El desempe&ntilde;o econ&oacute;mico a lo largo del tiempo”, <i>El Trimestre Econ&oacute;mico</i>, N&ordm; 244, 1994a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0124-5996199900010000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">55. North, D. “Privatization, Incentives and Economic Performance”, St. Louis, Universidad de Washington, mimeo, 1994b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0124-5996199900010000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">56. North, D. <i>Instituciones, cambio institucional y desempe&ntilde;o econ&oacute;mico</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1993a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0124-5996199900010000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">57. North D. “The New Institutional Economics and Development”, Universidad de Washington, mimeo, 1993b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0124-5996199900010000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">58. North, D. “Five Propositions about Institutional Change”, St. Louis, University of Washington, mimeo, 1993c.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0124-5996199900010000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">59. P&eacute;rez, J. A. “Econom&iacute;a y Sociolog&iacute;a”, <i>Socioeconom&iacute;a</i>, Madrid, Trotta, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0124-5996199900010000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">60. Polanyi, K. <i>La Gran Transformaci&oacute;n</i>, Ediciones La Piqueta, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0124-5996199900010000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">61. Polanyi, K. “El doble significado de lo econ&oacute;mico”, <i>El sustento del hombre</i>, Biblioteca Mondadori, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000245&pid=S0124-5996199900010000600061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">62. Powell, W. “Neither market nor hierarchy: networks forms of organization”, en G. Thompson, et al., <i>Markets, Hierarchies and Networks</i>, Sage Publications, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0124-5996199900010000600062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">63. Prasch, R. “The origins of the A Priori Method in Classical Political Economy A Reinterpretation”, <i>Journal of Economic Issues</i>, diciembre, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0124-5996199900010000600063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">64. Przeworski, A. “Una mejor democracia, una mejor econom&iacute;a”, <i>Revista Claves de Raz&oacute;n Pr&aacute;ctica</i>, N&ordm; 70, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000248&pid=S0124-5996199900010000600064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">65. Przeworski, A. <i>Democracia y Mercado</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000249&pid=S0124-5996199900010000600065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">66. Radner, R. “Competitive equilibrium under uncertainty”, <i>Econometrica</i> N&ordm; 36, 1968, pp. 31-58.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0124-5996199900010000600066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">67. Robbins, L. <i>Ensayo sobre la naturaleza y significaci&oacute;n de la ciencia econ&oacute;mica</i>, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica (original en ingl&eacute;s de 1932), 1951.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0124-5996199900010000600067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">68. Salais, R. y M. Storper. <i>Worlds of Production: the Action Frameworks of the Economy</i>, Cambridge University Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000252&pid=S0124-5996199900010000600068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">69. Thompson, G., J. Frances, R. Levacic y J. Mitchell. <i>Markets, Hierarchies and Networks</i>, Sage Publications. 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000253&pid=S0124-5996199900010000600069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">70. Vanberg, V. “Hayek, Friedrich A”, en G. Hodgson, et. al. <i>The Elgar Companion to Institutional and Evolutionary Economics</i>, Edward Elgar, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0124-5996199900010000600070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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