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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>LA LIBERTAD NO</b><b> ES UN LUJO*</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>LIBERTY IS NOT LUXURY</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>Development as Freedom</i>, de Amartya Sen, Nueva York, Alfred A. Knopf, 1999</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Mauricio P&eacute;rez Salazar**</i></p>     <p align="justify">* Esta rese&ntilde;a fue elaborada antes de que apareciera en el mercado una versi&oacute;n del libro en espa&ntilde;ol titulado <i>Desarrollo y libertad</i>.    <br> ** Decano de la Facultad de Econom&iacute;a de la Universidad Externado de Colombia, <a href="mailto:mauricio.perez@uexternado.edu.co">mauricio.perez@uexternado.edu.co</a></p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>    <br>DESARROLLO Y DEMOCRACIA</b></p>     <p align="justify">Cuando era estudiante de pregrado tuve la fortuna de tomar el curso de desarrollo econ&oacute;mico de W. Arthur Lewis en la Universidad de Princeton. A finales de semestre, Lewis invit&oacute; a toda la clase a un t&eacute; en su casa. La idea era, me imagino, la de propiciar una discusi&oacute;n m&aacute;s informal entre nosotros sobre los temas que se estaban analizando en la c&aacute;tedra y los seminarios. El momento hist&oacute;rico –mediados de la d&eacute;cada de los setenta– y la etapa que atravesaba en mi propia formaci&oacute;n personal, hicieron inevitable una pregunta en esa tertulia.</p>     <p align="justify">“Profesor Lewis, muchos de los casos m&aacute;s exitosos en materia de desarrollo son pa&iacute;ses, como los del oriente asi&aacute;tico (y algunos latinoamericanos, entre ellos Brasil), donde no hay libertad pol&iacute;tica. &iquest;Cree usted que exista alguna contradicci&oacute;n entre desarrollo y democracia?”</p>     <p align="justify">El profesor Lewis recibi&oacute; mi pregunta con bondad, pero tambi&eacute;n con algo de perplejidad. Pens&oacute; un momento antes de contestarme, como si no estuviera muy seguro de su respuesta. Con un tono ligeramente dubitativo (algo no muy com&uacute;n en &eacute;l) dijo: “Lo m&aacute;s importante es que se asegure el respeto de las libertades civiles y sobre todo de las que permiten la operaci&oacute;n del mercado”. La frase de Lewis no me dej&oacute; muy satisfecho, y creo que a &eacute;l tampoco le gust&oacute; del todo<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sin embargo, no era un tema central de su indagaci&oacute;n como acad&eacute;mico y de alguna manera ten&iacute;a como trasfondo un problema emp&iacute;rico. La inestabilidad asociada a reg&iacute;menes democr&aacute;ticos no hab&iacute;a arrojado los mejores resultados en muchas partes del mundo en desarrollo. Algunos economistas, entonces y ahora, optaron por afirmar que su responsabilidad era puramente t&eacute;cnica, y que lo pol&iacute;tico no era de su incumbencia. El apelativo, de ordinario no muy elogioso, de “Chicago boy” alude en lo esencial a esta actitud.</p>     <p align="justify">El hecho de que el primer libro publicado por Amartya Kumar Sen, luego de que recibiera el Premio Nobel de Econom&iacute;a, lleve como t&iacute;tulo <i>Development as Freedom</i>, o sea, desarrollo como libertad, es indicativo de cuanto ha madurado la econom&iacute;a y hasta qu&eacute; punto ha superado la tara de ser, como dec&iacute;a Jes&uacute;s Antonio Bejarano, apol&iacute;tica, amoral y ainstitucional (Bejarano, 2000).</p>     <p align="justify">Equiparar el progreso econ&oacute;mico y el pol&iacute;tico no es de por s&iacute; novedoso. De hecho, hace un cuarto de siglo los alumnos del profesor Lewis hubi&eacute;ramos entendido como cosa obvia que sin cierto grado de prosperidad no era posible la libertad pol&iacute;tica, y que la democracia genuina era una especie de lujo que s&oacute;lo pod&iacute;a darse en pa&iacute;ses ricos.</p>     <p align="justify">La tesis de Sen es bien distinta y mucho m&aacute;s cercana a las inquietudes de quienes hoy habitan las partes m&aacute;s pobres del mundo. El desarrollo y la libertad van de la mano, y es m&aacute;s f&aacute;cil lograr el primero cuando se tiene la segunda.</p>     <p align="justify">Esta obra de Sen, basada en un ciclo de conferencias inicialmente pronunciadas ante funcionarios del Banco Mundial, puede considerarse una s&iacute;ntesis de su pensamiento econ&oacute;mico. Aunque es de una riqueza conceptual y f&aacute;ctica sorprendente, su presentaci&oacute;n es f&aacute;cilmente accesible para lectores que no dominen los aspectos m&aacute;s t&eacute;cnicos de la econom&iacute;a. Cubre una amplia gama de temas, desde las bases filos&oacute;ficas de la econom&iacute;a hasta los sesgos informacionales de las pol&iacute;ticas de desarrollo. Es un ensayo cr&iacute;tico, en el mejor sentido de la palabra, y Sen muestra en &eacute;l una erudici&oacute;n que abarca mucho m&aacute;s que la literatura econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify"><b>MUERTOS DE HAMBRE, MUJERES DESAPARECIDAS Y ESCLAVOS PR&Oacute;SPEROS</b></p>     <p align="justify">Para iniciar el an&aacute;lisis de los argumentos de Sen tal vez sea &uacute;til rese&ntilde;ar varios de los problemas que han sido objeto de sus trabajos emp&iacute;ricos y que presenta en su texto.</p>     <p align="justify">El primero es el caso de las hambrunas, tal vez la manifestaci&oacute;n m&aacute;s aguda de privaci&oacute;n. Que una sociedad, sea cual sea su forma de organizaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, llegue al triste extremo de permitir que una proporci&oacute;n de sus integrantes carezca de acceso a los alimentos necesarios, ya no para prevenir la malnutrici&oacute;n sino para mantener la vida, es una se&ntilde;al terrible de fracaso. Cuando se llega a ese extremo, toda discusi&oacute;n sobre criterios de medici&oacute;n de pobreza sobra.</p>     <p align="justify">Con frecuencia se asume que las hambrunas son el resultado de factores perturbadores externos: las guerras, los desastres naturales imprevisibles que reducen de manera dr&aacute;stica la disponibilidad de alimentos. Quiz&aacute;s as&iacute; haya sido durante buena parte de la historia de la humanidad. Pero las hambrunas que interesan a Sen y que ocurrieron durante los siglos XIX y XX no se ajustan a esa tipolog&iacute;a. Lo tr&aacute;gico de estos casos es que la gente se ha muerto de hambre en medio de una relativa abundancia de alimentos.</p>     <p align="justify">T&oacute;mese, por ejemplo, la gran hambruna irlandesa de mediados del siglo XIX. Irlanda era entonces dependencia pol&iacute;tica de la Gran Breta&ntilde;a, el pa&iacute;s m&aacute;s rico del mundo. La ilustrada opini&oacute;n p&uacute;blica inglesa se preocupaba por la promoci&oacute;n de toda suerte de causas nobles, incluyendo la abolici&oacute;n de la esclavitud en tierras lejanas y la prevenci&oacute;n de la crueldad con los animales. Esa misma opini&oacute;n p&uacute;blica se mostr&oacute; indiferente mientras mor&iacute;an de hambre centenares de miles de irlandeses y millones m&aacute;s se ve&iacute;an obligados a emigrar. Al tiempo, Irlanda exportaba comida a Gran Breta&ntilde;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En varias hambrunas del siglo XX –la de Bengala en 1943, la de la provincia et&iacute;ope de Wollo en 1973, la de Bangladesh en 1974– se repite la misma historia. La disponibilidad de alimentos no disminuye (si se toman en cuenta lugares cercanos) o incluso crece; y de las zonas de hambruna salen comestibles a otras partes.</p>     <p align="justify">&iquest;Qu&eacute; pas&oacute;? A juicio de Sen, dos tipos de problemas se conjugan. Uno tiene que ver con la organizaci&oacute;n y las instituciones de la sociedad. Si no hay mecanismos que garanticen a todos un “t&iacute;tulo” (el original ingl&eacute;s es <i>entitlement</i> ) a una parte de sus recursos que permita la subsistencia f&iacute;sica m&iacute;nima, puede haber, literalmente, muertos de hambre.</p>     <p align="justify">Cabe destacar que aqu&iacute; no se requiere la presencia de fallas de mercado. La competencia perfecta, el &oacute;ptimo de Pareto y el equilibrio pueden darse en medio de la hambruna. Otro factor son pol&iacute;ticas coyunturales equivocadas, o la ausencia de ellas. Aumentar la oferta de alimentos no sirve de mucho cuando los demandantes potenciales no tienen con qu&eacute; comprarlos. La falta de una prensa libre que llame la atenci&oacute;n al problema, y de una forma de gobierno que sea sensible al clamor de los afectados hace posible que no pase nada.</p>     <p align="justify">Las hambrunas producen im&aacute;genes y relatos horripilantes y hoy la opini&oacute;n p&uacute;blica global las percibe como un problema que requiere acci&oacute;n sin que importe mucho d&oacute;nde ocurran. Es bien distinto el caso de otro de los problemas que Sen trae a consideraci&oacute;n, el de las mujeres desaparecidas.</p>     <p align="justify">Por su contextura biol&oacute;gica, las mujeres son m&aacute;s robustas y resistentes a las enfermedades que los hombres. Ello hace que en sociedades avanzadas, donde las posibilidades de acceso a servicios de salud son sim&eacute;tricas para los dos g&eacute;neros, sea normal que la poblaci&oacute;n incluya, aproximadamente 105 mujeres por cada 100 hombres. Incluso en el &Aacute;frica negra, en condiciones de tasas de fecundidad muy altas y una escasa provisi&oacute;n de esos servicios, se encuentra una relaci&oacute;n de 102 mujeres por 100 hombres. Pero en muchas partes del mundo la relaci&oacute;n es inversa. En Bangladesh, China y Asia occidental s&oacute;lo se hallan 94 mujeres por cada cien hombres. En la India, 93, y en Pakist&aacute;n, apenas 90.</p>     <p align="justify">La explicaci&oacute;n causal es bien sencilla. En tales pa&iacute;ses hay un fuerte sesgo cultural en contra de las mujeres, que se refleja, entre otros hechos, en un menor acceso a la educaci&oacute;n y al mercado laboral. Ese perjuicio se extiende a las preferencias de los padres acerca del g&eacute;nero de sus hijos, pues ciertas costumbres (el dote matrimonial de las hijas, en la India, y una noci&oacute;n fuertemente patrilineal de las responsabilidades familiares, en la China ) hacen que la ni&ntilde;a se perciba como una responsabilidad onerosa. Versiones de prensa indican la existencia de una discriminaci&oacute;n reproductiva en contra de fetos femeninos en la China, donde se dan al tiempo la limitaci&oacute;n legal al n&uacute;mero de ni&ntilde;os, la facilidad de acudir al aborto y la existencia de t&eacute;cnicas que permiten determinar el g&eacute;nero del feto en una etapa temprana.</p>     <p align="justify">Sin embargo, esas condiciones no son generalizadas en otros pa&iacute;ses asi&aacute;ticos. All&iacute;, la historia de las mujeres desaparecidas puede equipararse en buena medida con un genocidio infantil silencioso y taimado, y que nunca llega a los noticieros de televisi&oacute;n. No es necesario que se “asesinen” las ni&ntilde;as. Tratos como el descuido o la distribuci&oacute;n desigual de alimentos dentro de la familia tienen efectos equivalentes. La magnitud del fen&oacute;meno de las mujeres desaparecidas se ha estimado entre 60 y 100 millones. Como punto de comparaci&oacute;n, las v&iacute;ctimas de la segunda guerra mundial, incluidas las del holocausto, no fueron m&aacute;s de 50 millones de seres humanos.</p>     <p align="justify">Un tercer caso se refiere a la situaci&oacute;n de los esclavos negros en el sur de los Estados Unidos antes de la guerra civil. Sus niveles de consumo, sus expectativas de vida eran comparables e incluso superiores a los de obreros blancos (y libres). Sin embargo, los negros aborrec&iacute;an la esclavitud y arriesgaban sus vidas para fugarse. Luego de la emancipaci&oacute;n, ni siquiera el ofrecimiento de ingresos que duplicaban su “remuneraci&oacute;n” como esclavos fue suficiente para persuadirlos a aceptar condiciones de trabajo similares a las de la preguerra.</p>     <p align="justify">Los tres tienen relaci&oacute;n con la desigualdad: entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres y entre libres y esclavos. Tienen tambi&eacute;n que ver con la esquiva noci&oacute;n de bienestar. El an&aacute;lisis de Sen muestra que en muchos casos los problemas que enfrenta la econom&iacute;a desbordan las posibilidades de soluciones “t&eacute;cnicas”, que en &uacute;ltimas son aparentemente &oacute;ptimas por las restricciones en la informaci&oacute;n que se tiene en cuenta por las exigencias de su misma metodolog&iacute;a. El problema est&aacute; dado porque los economistas no hacen las preguntas correctas, o porque se abstienen de hacer las preguntas que deber&iacute;an hacerse.</p>     <p align="justify"><b>MERCADOS Y ESTADO, UNA VEZ M&Aacute;S</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sen nos recuerda que el debate sobre las bondades relativas de los mercados y de la acci&oacute;n estatal suele ser pendular, y que en d&eacute;cadas recientes ha prevalecido la posici&oacute;n que favorece las primeras. Sin embargo, prosigue:</p>     <blockquote>    <p align="justify">La necesidad de un escrutinio cr&iacute;tico de las preconcepciones usuales en materia pol&iacute;tica y econ&oacute;mica nunca ha sido mayor. Los prejuicios de hoy (en favor del mecanismo puro del mercado) requieren de investigaci&oacute;n cuidadosa y sostendr&iacute;a, deben ser rechazados en parte. Pero tenemos que evitar la resurrecci&oacute;n de las locuras de ayer que rehusaban ver los m&eacute;ritos –inclusive la necesidad inevitable– de los mercados… Mi ilustre compatriota Gautama Buddha tal vez ten&iacute;a demasiada predisposici&oacute;n a ver la necesidad universal del “camino medio” (aunque no lleg&oacute; a hacer una discusi&oacute;n espec&iacute;fica del mecanismo de mercado) pero algo hay que aprender en sus discursos sobre el no extremismo que pronunci&oacute; hace 2500 a&ntilde;os (Sen, 1999, 112).</p> </blockquote>     <p align="justify">La defensa m&aacute;s usual del mecanismo del mercado se basa en criterios de eficiencia. Esos argumentos no son deleznables, y las dificultades enfrentadas por las econom&iacute;as centralmente planificadas son una demostraci&oacute;n palpable de su validez. Es imposible igualar la capacidad de los mercados como medio para la transmisi&oacute;n de informaci&oacute;n &uacute;til para la toma de decisiones econ&oacute;micas y otras formas de organizaci&oacute;n de la producci&oacute;n y de la distribuci&oacute;n tienen problemas insolubles, de informaci&oacute;n tambi&eacute;n, ligados a la existencia de relaciones del tipo principal-agente.</p>     <p align="justify">Para Sen los mercados tienen en su favor una raz&oacute;n mucho m&aacute;s poderosa, de car&aacute;cter &eacute;tico. Los mercados por la forma como operan favorecen m&aacute;s la libertad y autonom&iacute;a en la toma de decisiones acerca de su bienestar por los individuos. Ese argumento fue reconocido por el mismo Marx en su descripci&oacute;n del capitalismo. Como lo ilustra la experiencia de la abolici&oacute;n de la esclavitud en los Estados Unidos, el marco del mercado puede ser preferido como un asunto de dignidad humana. Sen cita m&uacute;ltiples casos donde la posibilidad de vincularse a los mercados laborales, por fuera de estructuras tradicionales de servidumbre, ha tenido efectos emancipadores. La intervenci&oacute;n estatal es muchas veces una mampara detr&aacute;s de la cual se esconden intereses particulares, y Sen se&ntilde;ala que esta inquietud era uno de los motivos principales que ten&iacute;a Adam Smith para desconfiar de ella. Cita tambi&eacute;n a Wilfredo Pareto, quien defini&oacute; con precisi&oacute;n la caza de rentas (o <i>rent-seeking</i> ) antes de que existiera el t&eacute;rmino:</p>     <blockquote>    <p align="justify">Si una medida A causa la p&eacute;rdida de un franco a mil personas, y una ganancia de mil francos a un individuo, el segundo le dedicar&aacute; mucha energ&iacute;a mientras que los segundos la resistir&aacute;n d&eacute;bilmente. Al final, es probable que tenga &eacute;xito la persona interesada en ganarse los mil francos por medio de A. (Sen, 1999,122)</p> </blockquote>     <p align="justify">Pero no por eso debe olvidarse la existencia de bienes p&uacute;blicos, de externalidades y de comportamientos particulares que son racionales en el sentido estrecho pero que implican p&eacute;rdidas sociales. Un caso de especial inter&eacute;s son las actividades p&uacute;blicas que contribuyen a formar capacidades, siendo el ejemplo por excelencia el de la educaci&oacute;n p&uacute;blica. Los logros de la Rep&uacute;blica Popular China en materia de indicadores sociales que no guardan correspondencia con su ingreso per c&aacute;pita, para no hablar de las tasas de crecimiento registradas luego con una cautelosa apertura econ&oacute;mica, no hubieran sido concebibles sin la previa inversi&oacute;n p&uacute;blica en la masificaci&oacute;n de la educaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Tomando cohortes anteriores de pa&iacute;ses del este Asi&aacute;tico que han emprendido el sendero del desarrollo, lo mismo puede decirse del Jap&oacute;n Meiji y de la Corea de Park. Aun cuando los mercados funcionen bien, como mercados, son muchas las &aacute;reas de la actividad humana donde hay interacci&oacute;n que no es y no puede mediatizarse por ellos. Hay cosas que deben estar por fuera del comercio (por ejemplo, la justicia) para que el comercio pueda existir. Adam Smith, que vivi&oacute; en una &eacute;poca cuando florec&iacute;a la especulaci&oacute;n, defendi&oacute; los controles a la usura porque estimaba que ello limitar&iacute;a el acceso de los “proyectistas” irresponsables (promotores, dir&iacute;amos nosotros) al mercado de capitales.</p>     <p align="justify">La conclusi&oacute;n de Sen respecto de este debate es muy del “camino medio” de su compatriota Gautama Buddha. Reconoce que el peso de la evidencia indica la conveniencia de pol&iacute;ticas fiscales prudentes y conservadoras; pero a la vez, insiste en que la estabilidad macroecon&oacute;mica es un medio y no un fin, y que debe balancearse con otras prioridades, como el asegurar que s&iacute; haya oportunidades sociales que no existir&iacute;an en la ausencia de la intervenci&oacute;n estatal.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>LIBERTAD, AGENCIA Y EL BANCO MUNDIAL</b></p>     <p align="justify">Es diciente el hecho de que la audiencia original de los planteamientos contenidos en este libro fueran funcionarios del Banco Mundial. Esta instituci&oacute;n ha sido la fuente de inspiraci&oacute;n de muchas de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que se aplican hoy en pa&iacute;ses en desarrollo.</p>     <p align="justify">Si bien los enfoques en la orientaci&oacute;n del Banco Mundial han cambiado a lo largo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, se pueden identificar dos constantes de ese estilo de hacer pol&iacute;ticas. Por una parte, est&aacute; la aplicaci&oacute;n de la teor&iacute;a econ&oacute;mica a problemas espec&iacute;ficos de desarrollo. De hecho, Sen es apenas uno de los eminentes economistas del desarrollo que han trabajado como consultores en la instituci&oacute;n<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p align="justify">Por la otra, el Banco se ha preocupado por generalizar en el mundo en desarrollo lo que percibe en un momento dado como las “mejores pr&aacute;cticas” en cada &aacute;mbito de pol&iacute;tica. Dicho en otros t&eacute;rminos, la filosof&iacute;a del Banco Mundial es la de que una pol&iacute;tica particular que haya sido exitosa en Zimbabwe tambi&eacute;n deber&iacute;a aplicarse en Albania.</p>     <p align="justify">La influencia del Banco, por supuesto, no se debe en forma exclusiva a la calidad de las pol&iacute;ticas que recomienda; es m&aacute;s un producto de la condicionalidad de sus pr&eacute;stamos, que con frecuencia es vista por los pa&iacute;ses “beneficiarios” como una imposici&oacute;n. Quienes han tenido la oportunidad de participar en negociaciones con el Banco Mundial a veces se preguntan si &eacute;ste no estar&aacute; tratando de convertir a la econom&iacute;a en una ciencia experimental, en la cual las naciones en desarrollo har&iacute;an el papel de conejillos de Indias.</p>     <p align="justify">A otro nivel, el estilo paternalista del Banco Mundial no es ajeno a la manera como se formulan pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y en especial pol&iacute;ticas sociales a nivel nacional. El tecn&oacute;crata sentado en su c&oacute;moda oficina en la capital decide cu&aacute;les son las necesidades que deben ser atendidas y c&oacute;mo el Estado, directa o indirectamente, debe atenderlas. Con frecuencia, &eacute;l percibe las influencias externas como una indeseable interferencia en su labor t&eacute;cnica, incontaminada con la “pol&iacute;tica” que puede reflejar la vocer&iacute;a de los interesados en la pol&iacute;tica respectiva.</p>     <p align="justify">Ese es el punto que inquieta a Sen. Sea en el marco de una relaci&oacute;n entre pa&iacute;ses o instituciones donantes y pa&iacute;ses recipientes de ayuda, o sea en el marco de la relaci&oacute;n entre el Estado y sus ciudadanos, &iquest;es v&aacute;lido tratar a los pobres como objetos y no como sujetos de un proceso de desarrollo? Su respuesta es negativa. Para Sen, la agencia es indispensable para el logro del desarrollo. En sus palabras:</p>     <blockquote>    <p align="justify">El uso del t&eacute;rmino “agencia” requiere algo de clarificaci&oacute;n. La expresi&oacute;n “agente” a veces se usa en la literatura de la econom&iacute;a y de la teor&iacute;a de los juegos para denominar una persona que act&uacute;a a instancias de otro (quiz&aacute;s orientado por un “principal”) y cuyos logros se deben evaluar a la luz de los fines de otro (el principal). Uso el t&eacute;rmino “agente” no en ese sentido, sino en el m&aacute;s tradicional y m&aacute;s noble de alguien que act&uacute;a y causa cambios, y cuyos logros se pueden valorar en t&eacute;rminos de sus propios valores y objetivos aunque los evaluemos (o no) en t&eacute;rminos de alg&uacute;n otro criterio externo... Esto incide sobre muchos asuntos de pol&iacute;tica p&uacute;blica, desde los estrat&eacute;gicos, tales como la tentaci&oacute;n generalizada de formuladores de pol&iacute;tica de usar la “focalizaci&oacute;n” (para una “entrega ideal” a una poblaci&oacute;n supuestamente inerte), hasta asuntos fundamentales, tales como la disasociaci&oacute;n entre el manejo del gobierno y el proceso democr&aacute;tico de escrutinio y rechazo (y el ejercicio participativo de derechos pol&iacute;ticos y civiles) (Sen, 1999, 18-19).</p> </blockquote>     <p align="justify">Sen desarrolla dos argumentos a favor de un enfoque de pol&iacute;tica que no reduzca a sus beneficiarios a una condici&oacute;n inerte. Uno de ellos es el de la eficiencia. Hacer de las mujeres pobres en pa&iacute;ses de desarrollo protagonistas de su propio destino, por medio de la educaci&oacute;n, de esquemas de cr&eacute;dito y de la participaci&oacute;n laboral, ha resultado mucho m&aacute;s eficaz para la mejora en indicadores sociales que el incremento del gasto p&uacute;blico. Sociedades que discriminan a las mujeres tienen menos &eacute;xito en la b&uacute;squeda del desarrollo social que aquellas que no lo hacen.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El otro, y el m&aacute;s fundamental, tiene que ver con la pregunta de si la libertad es un valor intr&iacute;nseco o instrumental. Sen defiende con vehemencia la proposici&oacute;n de que los individuos y las sociedades son mejores en cuanto m&aacute;s libres, y que en &uacute;ltimas el desarrollo s&oacute;lo puede entenderse como el avance de la libertad. Los fines que identificamos con el desarrollo son los mismos que dan mayor amplitud de acci&oacute;n a los individuos, y en eso no es f&aacute;cil distinguir entre las restricciones derivadas de &oacute;rdenes pol&iacute;ticos restrictivos y de las que se desprenden de las carencias materiales.</p>     <p align="justify">Otro argumento de Sen que contribuye a definir los alcances y objetivos de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas es el de las capacidades ( <i>capabilities</i>, en el original). La capacidad de una persona es la libertad sustantiva de lograr un determinado estilo de vida. Sen sugiere que una buena sociedad es aquella que maximiza las capacidades de sus integrantes, y que parte importante de ese proceso es permitir a los individuos elegir de la mejor forma posible el estilo de vida que quieren tener. No es m&aacute;s que el principio socr&aacute;tico: la buena vida es el desarrollo de lo mejor de las potencialidades de cada quien, y la buena sociedad es aquella que lo facilita.</p>     <p align="justify">Vuelvo a la pregunta hecha al profesor Lewis, si la democracia es compatible con el desarrollo. La respuesta de Sen es muy clara: no s&oacute;lo es compatible, es indispensable. Entre otras razones, porque s&oacute;lo un sistema pol&iacute;tico libre permite las posibilidades de agencia individual, porque s&oacute;lo un sistema pol&iacute;tico libre garantiza el escrutinio de las actividades del Estado que impide aberraciones como las hambrunas. Sin embargo, se&ntilde;ala Sen que en algunos campos sistemas democr&aacute;ticos han arrojado resultados inferiores a los autoritarios. No hay hambrunas en la India pero la China ha sido mucho m&aacute;s exitosa en la erradicaci&oacute;n del analfabetismo.</p>     <p align="justify">A pesar de los aportes de Sen y del enfoque de la elecci&oacute;n social que ha preconizado, sigue abierto el debate sobre c&oacute;mo el proceso pol&iacute;tico puede y debe optimizar el bienestar social. No hay respuestas ciertas, pero por lo menos tenemos una certeza. La libertad no es un lujo que s&oacute;lo puedan darse los ricos.</p>     <p align="justify">    <br><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Sen llama la atenci&oacute;n al hecho de que “Varios economistas… han destacado la importancia de la libertad de elegir como criterio de desarrollo… W. A. Lewis afirmo en su c&eacute;lebre obra <i>La teor&iacute;a del desarrollo econ&oacute;mico</i> que el prop&oacute;sito del desarrollo es ampliar ‘la gama de la elecci&oacute;n humana&rsquo;. Sin embargo, despu&eacute;s de hacer este punto…, Lewis en &uacute;ltimas decide concentrar su an&aacute;lisis s&oacute;lo en el ‘crecimiento del producto <i>per c&aacute;pita</i>&rsquo;, con base en el argumento de que esto ‘da al hombre mayor control sobre su medio ambiente y por lo tanto aumenta su libertad&rsquo;” (Sen, 1999, 290).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Como puede apreciarse en Meiers, Gerald y Seers, Dudley (1984), no hay eminencia de la econom&iacute;a del desarrollo que no haya sido consultor del Banco Mundial.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Bejarano, Jes&uacute;s Antonio, “Los nuevos dominios de la ciencia econ&oacute;mica”, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i>, N&ordm; 34, 2000.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">2. Meier, Gerald; Seers, Dudley, compiladores. <i>Pioneers in Development</i>, Washington, Oxford University Press and the World Bank, 1984.</p>     <p align="justify">3. Sen, Amartya K., <i>Development as Freedom</i>, New York, Alfred A. Knopf, 1999.</p> </font>      ]]></body>
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