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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[SOBRE LA NATURALEZA DEL CAPITAL, PRIMERA PARTE]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>SOBRE LA NATURALEZA DEL CAPITAL, PRIMERA PARTE*</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>ON THE NATURE OF CAPITAL, FIRST PART</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Thorstein Veblen</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Publicado en <i>Quarterly Journal of Economics</i>, vol. 22, agosto de 1908, p&aacute;gs. 517-542. Traducci&oacute;n de Luis Lorente y Alberto Supelano.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify">    <br><b>LA PRODUCTIVIDAD DE LOS BIENES DE CAPITAL</b></p>     <p align="justify">Es usual que la teor&iacute;a econ&oacute;mica se refiera al capital como a un conjunto de “bienes productivos”. Este t&eacute;rmino, y su equivalente “bienes de capital”, inmediatamente nos inducen a pensar en el equipo industrial, ante todo en los aparatos mec&aacute;nicos empleados en los procesos de la industria. Cuando la eficiencia productiva de &eacute;stos o de otras clases semejantes de bienes de capital se somete a un an&aacute;lisis detallado, no es inusual que se retroceda hasta la actividad productiva de los trabajadores; as&iacute;, los sistemas te&oacute;ricos com&uacute;nmente aceptados consideran que el trabajo individual es el factor productivo &uacute;ltimo. Las teor&iacute;as corrientes de la producci&oacute;n, como tambi&eacute;n las de la distribuci&oacute;n, est&aacute;n planteadas en t&eacute;rminos individualistas, en particular cuando estas teor&iacute;as se basan en premisas hedonistas, como com&uacute;nmente lo est&aacute;n.</p>     <p align="justify">Ahora bien, cualquier cosa que sea o no cierta de la conducta humana en alg&uacute;n otro campo, en el aspecto econ&oacute;mico el hombre nunca ha llevado una vida aislada ni autosuficiente como individuo, ni en la realidad ni en potencia. Hablando humanamente, tal cosa es imposible. Ni una persona individual, ni una familia, ni una estirpe pueden mantener su vida en aislamiento. Hablando en t&eacute;rminos econ&oacute;micos, ese es el rasgo caracter&iacute;stico de la humanidad que la separa de otras especies animales. La historia de la vida de la raza ha sido la historia de la vida de las comunidades humanas, de mayor o menor tama&ntilde;o, con mayor o menor solidaridad de grupo y con mayor o menor continuidad cultural a trav&eacute;s de generaciones sucesivas. Los fen&oacute;menos de la vida humana s&oacute;lo se presentan bajo esta forma.</p>     <p align="justify">Esta continuidad, consistencia o coherencia del grupo es de un car&aacute;cter inmaterial. Es una cuesti&oacute;n de conocimiento, de uso, de h&aacute;bitos de vida y de h&aacute;bitos de pensamiento, no una cuesti&oacute;n de continuidad o de contacto mec&aacute;nico, ni siquiera de consanguinidad. Donde quiera que encontremos una comunidad humana, tal como se encuentra por ejemplo, entre los pueblos de menores culturas, la encontraremos en posesi&oacute;n de algo que podemos designar como un cuerpo de conocimientos tecnol&oacute;gicos –conocimiento necesario y utilizable en la obtenci&oacute;n de los medios de vida– que comprende, al menos, algunas adquisiciones b&aacute;sicas como el lenguaje, el uso del fuego, los bordes cortantes, las estacas con punta, algunas herramientas para perforar, algunas variedades de cuerdas, correas o fibras, junto con alguna habilidad para hacer nudos y para hacer tejidos. Coordinado con este conocimiento de formas y de medios, existe tambi&eacute;n, de modo uniforme, un conocimiento de hecho del comportamiento f&iacute;sico de los materiales con que los hombres tienen que v&eacute;rselas para obtener sus medios de vida, muy superior a lo que cualquier individuo haya aprendido o pueda aprender con su experiencia particular. Esa informaci&oacute;n y pericia sobre los usos y medios de vida pertenece al grupo como un todo y, fuera de elementos tomados de otros grupos, es el producto de ese grupo en particular, si bien no producido por una sola generaci&oacute;n. Se le puede llamar el equipo inmaterial o, por una licencia del lenguaje, los bienes intangibles de la comunidad<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> y, en las &eacute;pocas primitivas por lo menos, &eacute;sta era, con mucho, la clase bienes o equipos de la comunidad m&aacute;s importante y de mayores consecuencias. Sin acceso a este acervo com&uacute;n de equipo inmaterial, no puede vivir ning&uacute;n individuo ni ninguna fracci&oacute;n de la comunidad, mucho menos a&uacute;n avanzar. Ese acervo de conocimientos y pr&aacute;cticas tal vez se posea de manera informal y poco r&iacute;gida, pero se mantiene como un bien com&uacute;n, por el grupo como un cuerpo en conjunto, en su capacidad colectiva, se podr&iacute;a decir; y es transmitido y aumentado en y por el grupo –sin que importe que esa transmisi&oacute;n se conciba en forma laxa y aleatoria– no por los individuos ni por l&iacute;neas de descendencia particulares.</p>     <p align="justify">El conocimiento requerido y la familiaridad con las formas y medios es un producto, quiz&aacute; un subproducto, de la vida de la comunidad en su conjunto, y s&oacute;lo pueden mantenerse y preservarse por la comunidad como un todo. Sea cual sea la verdad de la historia de la raza en las fases prehist&oacute;ricas que escapan a nuestra posibilidad de investigaci&oacute;n, parece ser cierto, para los grupos humanos y fases m&aacute;s primitivas de los que contamos con informaci&oacute;n, que la masa del conocimiento tecnol&oacute;gico pose&iacute;do por una comunidad, y necesario para su sostenimiento y para el sostenimiento de cada uno de sus miembros o subgrupos, es una carga demasiado grande para que pueda asumirla un individuo o estirpe cualquiera. Por supuesto, esto es verdadero, con mucho mayor rigor y consistencia, cuanto m&aacute;s avanzado sea el “estado de las artes industriales”. Tambi&eacute;n parece ser cierto, con una generalidad que es realmente sorprendente, que cuando una comunidad cultural se rompe o el n&uacute;mero de miembros disminuye en forma apreciable, su herencia tecnol&oacute;gica se deteriora y peligra, aunque haya sido peque&ntilde;a antes de ese hecho. De otra parte, parece ser cierto, con igual uniformidad, que cuando un miembro individual o cierta fracci&oacute;n de una comunidad que se encuentre en lo que denominamos un estadio inferior de desarrollo econ&oacute;mico, se saca de ella y se entrena e instruye en los usos de una tecnolog&iacute;a mayor y m&aacute;s eficiente, y se la lleva de nuevo a su comunidad original, tal individuo o fracci&oacute;n de la comunidad son incapaces de resistir las tendencias tecnol&oacute;gicas colectivas de su comunidad o, incluso, de reorientarlas en forma apreciable. Ese experimento tal vez pueda ocasionar leves, transitorias y gradualmente importantes consecuencias tecnol&oacute;gicas; pero &eacute;stas s&oacute;lo llegan a tener efectividad cuando se difunden y asimilan a lo largo de todo el cuerpo de la comunidad, y es muy reducida cuando adoptan la forma de una eficiencia excepcional del individuo o de la fracci&oacute;n sometida a ese entrenamiento excepcional. En materias tecnol&oacute;gicas, la herencia no circula a trav&eacute;s de los canales de la consanguinidad sino a trav&eacute;s de los de la tradici&oacute;n y la habituaci&oacute;n, que son necesariamente tan amplios como el esquema de vida de la comunidad. Incluso en una comunidad relativamente peque&ntilde;a y primitiva, la masa de detalles que abarcan sus conocimientos y sus pr&aacute;cticas es grande, demasiado grande para que cualquier individuo u hogar llegue a ser un experto competente en todos esos detalles; y sus ramificaciones se extienden y diversifican al mismo tiempo que influyen, en forma directa o indirecta, sobre la vida y el trabajo de cada miembro de la comunidad. Ni el patr&oacute;n o rutina de vida, ni el trabajo diario de cualquier individuo de la comunidad pueden permanecer iguales despu&eacute;s de introducir un cambio apreciable, para bien o mal, en cualquier rama del equipo tecnol&oacute;gico de la comunidad. Si la comunidad crece y adquiere las dimensiones de un pueblo civilizado moderno, y su equipo inmaterial crece proporcionalmente en magnitud y en variedad, cada vez ser&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil encontrar el nexo entre un cambio en alg&uacute;n detalle tecnol&oacute;gico y la fortuna de un miembro de la comunidad. Pero, por lo menos, se puede afirmar con cierta seguridad, que un incremento en el volumen y la complejidad de los conocimientos y pr&aacute;cticas tecnol&oacute;gicos no emancipa progresivamente a la vida y al trabajo de los individuos del dominio tecnol&oacute;gico.</p>     <p align="justify">La ampliaci&oacute;n del conocimiento tecnol&oacute;gico –que se conserva, usa y transmite en la vida de la comunidad– es desde luego un resultado de la experiencia de los individuos. Experiencia, experimentaci&oacute;n, h&aacute;bito, conocimiento e iniciativa son fen&oacute;menos de la vida individual y &eacute;sta es, necesariamente, la fuente de la que surge todo el patrimonio colectivo de la comunidad. La posibilidad de su crecimiento reside en la factibilidad de acumular el conocimiento obtenido a trav&eacute;s de la experiencia y la iniciativa individuales y, por tanto, depende de que un individuo aprenda de la experiencia de otro. Pero la iniciativa y las actividades tecnol&oacute;gicas individuales –tal y como se expresan, por ejemplo, en las invenciones y los descubrimientos de m&aacute;s y mejores formas de hacer las cosas– provienen del conocimiento acumulado en el pasado, al tiempo que lo ampl&iacute;an. La iniciativa individual no tiene ninguna oportunidad si no tiene como base el acervo com&uacute;n, y los logros de tal iniciativa carecen de efectos, excepto cuando se adicionan a ese inventario com&uacute;n. De modo que las invenciones o descubrimientos que as&iacute; se consiguen siempre incorporan tanto de lo que ya se ha hecho, que la contribuci&oacute;n creativa del inventor o descubridor es comparativamente trivial.</p>     <p align="justify">En cualquier fase conocida de la cultura, el inventario com&uacute;n de equipo tecnol&oacute;gico intangible es relativamente grande y complejo, esto es, frente a la capacidad individual de crearlo o usarlo, y la historia de su crecimiento y uso es la historia del desarrollo de la civilizaci&oacute;n material. Ese conocimiento de formas y medios se incorpora a los dispositivos materiales y a los procesos por medio de los cuales los miembros de la comunidad hacen su vida. La eficiencia tecnol&oacute;gica s&oacute;lo tiene efecto a trav&eacute;s de estos medios. Estos “dispositivos materiales” (bienes de capital, equipo material) son cosas tales como herramientas, recipientes, veh&iacute;culos, materias primas, edificios, diques y similares, incluyendo la tierra en uso; incluyen tambi&eacute;n, especialmente durante la mayor parte del desarrollo inicial, los minerales, las plantas y los animales &uacute;tiles. Decir que estos minerales, plantas y animales son &uacute;tiles –en otras palabras, que son bienes econ&oacute;micos– significa que han sido incorporados a la vida de la comunidad, a su conocimiento de usos y medios.</p>     <p align="justify">En los estadios relativamente primitivos de la cultura, las plantas y los minerales &uacute;tiles se usan, sin duda, en forma bruta; como, por ejemplo, se siguen utilizando el pescado y la madera. Sin embargo, en la medida en que son &uacute;tiles tambi&eacute;n deben ser, en forma inequ&iacute;voca, contabilizados dentro del equipo material (“bienes tangibles”) de la comunidad. Esto se ilustra bastante bien con la relaci&oacute;n entre los indios de las praderas y el b&uacute;falo o con la relaci&oacute;n entre los indios de la costa noroccidental y el salm&oacute;n; o con el uso de la flora silvestre por parte de comunidades tales como la de los indios Coahuila, los negros australianos o los Andamanes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pero con el correr del tiempo, la experiencia y la iniciativa, las plantas y los animales domesticados –es decir, mejorados– pasan a ocupar el lugar preponderante. Dentro de los expedientes tecnol&oacute;gicos de mayor rango encontramos, entonces, diversas especies y variedades de animales dom&eacute;sticos y, m&aacute;s particularmente a&uacute;n, diversos granos, frutos, tub&eacute;rculos y similares, todos ellos virtualmente creados por el hombre para el uso humano; tal vez una historia m&aacute;s escrupulosamente veraz dir&iacute;a que fueron creados, en su mayor parte, por las mujeres, durante extensos per&iacute;odos de selecci&oacute;n y cultivo cuidadosos. Por supuesto, estas cosas son &uacute;tiles porque los hombres han aprendido a usarlas y, en cuanto producto del aprendizaje, aprendieron a usarlas a lo largo de una prolongada y voluminosa experiencia y experimentaci&oacute;n, en la que cada paso se apoya en los logros acumulados en el pasado. Otras cosas que con el tiempo llegar&aacute;n a tener una utilidad mayor que &eacute;stas son todav&iacute;a in&uacute;tiles, econ&oacute;micamente no existen en los estadios anteriores de la cultura, porque los hombres de ese tiempo a&uacute;n no han aprendido.</p>     <p align="justify">Mientras que este equipo inmaterial de la industria –los bienes intangibles de la comunidad– en apariencia siempre ha sido relativamente grande y ha estado principalmente bajo el cuidado de la comunidad en conjunto; de otro lado, en los primeros estadios de la cultura humana, digamos en el primer noventa por ciento, el equipo material –los bienes tangibles– era relativamente insignificante y era pose&iacute;do en forma poco r&iacute;gida por individuos o grupos de hogares. Este equipo material es relativamente escaso en las primeras fases del desarrollo tecnol&oacute;gico y la forma de tenencia bajo la cual es pose&iacute;do, al menos en apariencia, es vaga e incierta. En una fase relativamente primitiva de desarrollo, y bajo condiciones normales de clima y ambiente, la posesi&oacute;n de los art&iacute;culos concretos (“bienes de capital”) necesarios para emplear el conocimiento com&uacute;n de bienes y medios es un asunto de poca importancia, al contrario del punto de vista usualmente sostenido por los economistas de la escuela cl&aacute;sica. Dado el conocimiento t&eacute;cnico y el entrenamiento comunes –y &eacute;stos son dados por la educaci&oacute;n y la habituaci&oacute;n de la vida cotidiana– la adquisici&oacute;n, construcci&oacute;n o usufructo del escaso equipo material necesario se resuelve como algo corriente de la vida diaria, m&aacute;s aun cuando este equipo material no incluye un inventario de animales dom&eacute;sticos o plantaciones de &aacute;rboles y vegetales domesticados. En circunstancias dadas, un esquema tecnol&oacute;gico relativamente primitivo puede incluir algunos equipos materiales relativamente grandes como, por ejemplo, los corrales trampa ( <i>piskun</i> ) para b&uacute;falos de los indios pies negros o las presas para salmones en los r&iacute;os habitados por los indios de la costa noroccidental. Esa clase de equipo material es pose&iacute;da y trabajada en forma colectiva, ya sea por la comunidad en conjunto o por subgrupos de tama&ntilde;o considerable. Bajo las condiciones ordinarias m&aacute;s usuales, parece que incluso despu&eacute;s de conseguir un avance relativamente grande en los cultivos agr&iacute;colas, el equipo industrial requerido no es una cuesti&oacute;n de gran importancia, particularmente en el caso de la tierra y los &aacute;rboles cultivados, como lo indican las nociones de propiedad laxas e insignificantes que prevalecen entre los pueblos que se hayan en ese estadio de la cultura. No se conoce un estadio de comunismo primitivo.</p>     <p align="justify">Pero, a medida que el inventario com&uacute;n de conocimiento tecnol&oacute;gico crece en volumen, amplitud y eficiencia, el equipo material que sirve para poner en pr&aacute;ctica este conocimiento de formas y medios se hace cada vez mayor, m&aacute;s considerable en relaci&oacute;n con la capacidad de los individuos. Cuando el desarrollo tecnol&oacute;gico alcanza un nivel que requiere unidades relativamente grandes de equipo material para el uso efectivo en la industria o, en otros t&eacute;rminos, cuando la posesi&oacute;n del equipo material requerido se vuelve un asunto de gran importancia, de modo que pone en desventaja a los individuos que carecen de estos bienes materiales y coloca a sus poseedores en una posici&oacute;n de ventaja notoria, entonces interviene la fuerza, los derechos de propiedad empiezan a tomar una forma definida, los principios de la propiedad ganan fuerza y consistencia y los hombres empiezan a acumular bienes de capital y a tomar medidas para mantenerlos seguros.</p>     <p align="justify">Generalmente, un avance apreciable en las artes industriales es seguido o acompa&ntilde;ado por un incremento de poblaci&oacute;n. Puede que la dificultad para procurarse la subsistencia no sea mayor despu&eacute;s de ese incremento, incluso podr&iacute;a ser menor, pero como resultado hay una reducci&oacute;n relativa del &aacute;rea disponible, de las materias primas disponibles y, corrientemente, tambi&eacute;n una mayor accesibilidad de las diferentes partes de la comunidad. Se hace posible un control m&aacute;s amplio. Al mismo tiempo, se necesitan unidades de equipo material cada vez mayores para las actividades industriales. A medida que esta situaci&oacute;n se desarrolla, se va haciendo posible que el individuo con mayor fuerza usufruct&uacute;e el conocimiento com&uacute;n de formas y medios, apoder&aacute;ndose del material necesario, que puede ser relativamente escaso e indispensable para procurarse la subsistencia bajo el estado corriente de las artes industriales.<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> Circunstancias de espacio y n&uacute;mero impiden escapar a esta nueva situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. El conocimiento com&uacute;n de formas y medios no puede utilizarse, bajo las nuevas condiciones, sin contar con el equipo material adaptado al estado de las artes industriales de ese momento; y ese equipo material utilizable no es ya una cuesti&oacute;n insignificante que pueda conseguirse con la iniciativa y aplicaci&oacute;n artesanales. <i>Beati Posidentis</i>.</p>     <p align="justify">El &eacute;nfasis de la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, como podr&iacute;a decirse, puede recaer ahora sobre una u otra l&iacute;nea de bienes materiales, de acuerdo con las exigencias de clima, topograf&iacute;a, flora y fauna, densidad de la poblaci&oacute;n y similares. Igualmente, bajo la regla impuesta por las mismas exigencias, el crecimiento inicial de los derechos de propiedad y de los principios (h&aacute;bitos de pensamiento) de la propiedad privada recaer&aacute; sobre una u otra l&iacute;nea de bienes materiales, dependiendo de que una u otra proporcione una ventaja estrat&eacute;gica para aumentar la eficiencia tecnol&oacute;gica de la comunidad.</p>     <p align="justify">Si la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica –el estado de las artes industriales– es tal que el &eacute;nfasis estrat&eacute;gico recae sobre el trabajo manual, sobre la habilidad artesanal y, si al mismo tiempo, el crecimiento de la poblaci&oacute;n hace que la tierra sea relativamente escasa, o el contacto hostil con otras comunidades impide que los miembros de la comunidad se dispersen libremente sobre la tierra pr&oacute;xima, deber&iacute;amos esperar, entonces, que el crecimiento de la propiedad tome principalmente la direcci&oacute;n de la esclavitud o de alguna forma equivalente de servidumbre, consiguiendo as&iacute; un control ingenuo y directo del conocimiento de formas y medios.<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> En cambio, si el desarrollo ha seguido otro camino, y la comunidad ha llegado a un punto en que la b&uacute;squeda de la subsistencia es cuesti&oacute;n de aumentar los reba&ntilde;os y hatos, es razonable entonces esperar que esta clase de bienes materiales sea el sujeto principal de los derechos de propiedad. De hecho, parece que una cultura pastoril com&uacute;nmente tambi&eacute;n involucra cierto grado de servidumbre, junto con la propiedad de hatos y reba&ntilde;os.</p>     <p align="justify">En circunstancias diferentes, los aparatos mec&aacute;nicos de la industria o la tierra cultivable pueden ocupar la posici&oacute;n de ventaja estrat&eacute;gica, y adquirir el principal lugar en las consideraciones de los hombres como objetos de propiedad. En este sentido, la evidencia proporcionada por las culturas y comunidades primitivas conocidas (relativamente) parece indicar que los esclavos y el ganado tuvieron la primac&iacute;a como objetos de propiedad, en un per&iacute;odo primitivo de crecimiento de la civilizaci&oacute;n material, antes que la tierra o los instrumentos mec&aacute;nicos. Y parece igualmente evidente –de hecho, a&uacute;n m&aacute;s– que en conjunto la tierra precedi&oacute; al equipo material como eje de la propiedad privada y medio para aumentar la eficiencia industrial de la comunidad.</p>     <p align="justify">Es apenas en un per&iacute;odo muy posterior de la historia de la civilizaci&oacute;n material, que la propiedad privada de los equipos industriales, en el sentido m&aacute;s estricto en que esta frase se emplea com&uacute;nmente, se convierte en el m&eacute;todo dominante y t&iacute;pico para aumentar el equipo inmaterial. De hecho, este punto s&oacute;lo se ha alcanzado muy pocas veces incluso en forma parcial, y s&oacute;lo una vez con tal grado de finalidad como para hacerlo indiscutible. Se podr&iacute;a decir, con cierta imprecisi&oacute;n, que el poder ejercido mediante la propiedad de esclavos, ganado o tierra gana fuerza s&oacute;lo despu&eacute;s de que el desarrollo econ&oacute;mico ha recorrido cerca del noventa por ciento de su curso hasta hoy; podr&iacute;a decirse entonces, en forma semejante, que ha debido transcurrir el noventa y nueve por ciento de este curso de desarrollo, antes de que la propiedad de los equipos mec&aacute;nicos llegue a tener la primac&iacute;a indiscutible como base del dominio pecuniario. Esta instituci&oacute;n moderna del “capitalismo” –la propiedad predominante del capital industrial tal como lo conocemos– es, por cierto, una innovaci&oacute;n muy tard&iacute;a y, sin embargo, tan enraizada en nuestro esquema familiar de vida, que tenemos cierta dificultad para verlo en su perspectiva total y nos encontramos dudando entre negar su existencia o confirmarlo como un hecho natural previo a todas las instituciones humanas.</p>     <p align="justify">Hablar de la propiedad del equipo industrial como una instituci&oacute;n para monopolizar los bienes intangibles de la comunidad conlleva, inevitablemente, una nota de condena impl&iacute;cita aunque no deseada. Tal implicaci&oacute;n de m&eacute;rito o dem&eacute;rito es una circunstancia desfavorable para cualquier investigaci&oacute;n te&oacute;rica. Cualquier sesgo sentimental, ya sea de aprobaci&oacute;n o de desaprobaci&oacute;n, generado por tal censura impl&iacute;cita inevitablemente obstaculiza el desarrollo desapasionado de la argumentaci&oacute;n. Para mitigar hasta donde sea posible el efecto de esta nota discordante conviene retroceder por un momento a otras formas m&aacute;s primitivas y remotas de la instituci&oacute;n –como la esclavitud y la riqueza territorial– llegando a comprender los hechos modernos del capital industrial mediante una aproximaci&oacute;n indirecta y gradual.</p>     <p align="justify">Estas antiguas instituciones de propiedad, la esclavitud y la propiedad de la tierra, son materias de historia. Consideradas como factores dominantes en el esquema de vida de una comunidad, su cr&oacute;nica hist&oacute;rica est&aacute; completa, y no se requiere ning&uacute;n argumento para apoyar la afirmaci&oacute;n de que es una cr&oacute;nica del dominio econ&oacute;mico de los propietarios de los esclavos o de la tierra, seg&uacute;n sea el caso. El resultado de la esclavitud en su mejor d&iacute;a, o de la propiedad de la tierra en la &eacute;poca medieval o a comienzos de la era moderna fue el de hacer que la eficiencia industrial de la comunidad sirviera a las necesidades de los propietarios de esclavos, en el primer caso, y a las de los propietarios de la tierra, en el otro. El efecto de estas instituciones a este respecto ya no se pone en duda, excepto en forma tan espor&aacute;dica y apolog&eacute;tica que no debe detener nuestra argumentaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pero el hecho de que ese fuera el efecto directo e inmediato de esas instituciones de propiedad en su momento, de ning&uacute;n modo implica la condena instant&aacute;nea de tales instituciones. Es posible afirmar que la esclavitud y la riqueza territorial, cada una en su debido tiempo y ambiente cultural, sirvieron para mejorar la suerte del hombre y el avance de la cultura humana. Que esos argumentos tengan como fin demostrar los m&eacute;ritos de la esclavitud o de la propiedad de la tierra como un medio de avance cultural no nos interesa en nuestra actual investigaci&oacute;n, como tampoco los m&eacute;ritos de los argumentos que se esgrimen. Hacemos referencia a esta cuesti&oacute;n para recordar que cualquier resultado te&oacute;rico similar de un an&aacute;lisis de la productividad de los “bienes de capital” no debe admitirse por los m&eacute;ritos que revista en la controversia entre los cr&iacute;ticos socialistas del capitalismo y los portavoces de la ley y el orden.</p>     <p align="justify">La naturaleza de la riqueza territorial, en cuanto a teor&iacute;a econ&oacute;mica, especialmente en lo que se refiere a su productividad, ha sido examinada con las precauciones m&aacute;s celosas y la m&aacute;s tenaz l&oacute;gica durante el &uacute;ltimo siglo y ning&uacute;n estudioso de la econom&iacute;a puede seguir f&aacute;cilmente el curso de los argumentos mediante los cuales se ha desarrollado esa l&iacute;nea de teor&iacute;a econ&oacute;mica. Aqu&iacute;, s&oacute;lo es necesario modificar ligeramente el punto de vista para analizar la totalidad del argumento concerniente a la renta de la tierra en lo que ata&ntilde;e a nuestro tema. La renta tiene la naturaleza de una ganancia diferencial, que descansa sobre la ventaja diferencial, en cuanto a productividad se refiere, de la actividad industrial que se emplea sobre o en relaci&oacute;n con la tierra. Esta ventaja diferencial, asociada a una parcela de tierra dada, puede ser un diferencial con respecto a otra parcela, o con respecto a la actividad industrial que se emplea independientemente de la tierra. La ventaja diferencial asociada a la tierra agr&iacute;cola, es decir, en contraposici&oacute;n a la industria en conjunto, descansa sobre ciertas peculiaridades generales de la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. Entre ellas las siguientes: la especie humana, o la fracci&oacute;n que nos concierne, es numerosa en relaci&oacute;n con la extensi&oacute;n de su h&aacute;bitat; los m&eacute;todos para obtener el sustento, como se han desarrollado hasta ese momento –los usos y medios de vida– hacen uso de ciertos cultivos y animales dom&eacute;sticos. Aparte de tales condiciones, que se presuponen en las discusiones sobre la renta agr&iacute;cola, manifiestamente no podr&iacute;a haber ninguna ventaja diferencial asociada a la tierra y ninguna producci&oacute;n de renta. Con la creciente disponibilidad de medios de transporte, las tierras agr&iacute;colas de Inglaterra, por ejemplo, lo mismo que las de Europa en general, declinaron en valor, no porque llegaran a ser menos f&eacute;rtiles sino porque pod&iacute;a conseguirse exactamente el mismo resultado, en una forma m&aacute;s ventajosa, utilizando nuevos m&eacute;todos. Igualmente, las regiones donde se encontraba el s&iacute;lice y el &aacute;mbar, que son ahora territorio dan&eacute;s y sueco, en la zona pr&oacute;xima a la desembocadura al B&aacute;ltico, fueron, en la cultura neol&iacute;tica del norte de Europa, las tierras m&aacute;s favorecidas y valiosas dentro de esa regi&oacute;n cultural. Pero, con la llegada de los metales y la disminuci&oacute;n relativa del comercio del &aacute;mbar, llegaron a decaer en la escala de productividad y preferencias. Igualmente, en tiempos m&aacute;s recientes, con la aparici&oacute;n de la “industria” y el crecimiento de la tecnolog&iacute;a de las comunicaciones, la propiedad urbana ha ascendido, en contraste con la propiedad rural, y la tierra localizada en una posici&oacute;n ventajosa con respecto a los muelles y a los ferrocarriles ha adquirido un valor y una “productividad” que no puede atribu&iacute;rsele independientemente de estas novedades tecnol&oacute;gicas.</p>     <p align="justify">El argumento que sostienen los abogados de la tasa de impuestos &uacute;nica y otros economistas, en relaci&oacute;n con el “incremento no ganado” es suficientemente familiar pero, en general, sus implicaciones posteriores no han sido reconocidas. Se sostiene que el incremento no ganado es producido por el crecimiento de la comunidad, en n&uacute;mero y en sus artes industriales. El argumento parece ser s&oacute;lido, y es aceptado com&uacute;nmente, pero se ha pasado por alto que de este argumento se deriva la conclusi&oacute;n posterior de que todos los valores de la tierra y la productividad de la tierra, incluyendo las “caracter&iacute;sticas originales e indestructibles del suelo”, son una funci&oacute;n del estado de las artes industriales. Es s&oacute;lo dentro de la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica dada –el esquema corriente de formas y medios– que una parcela de tierra tiene los poderes productivos que en ese momento posee. En otras palabras, es &uacute;til s&oacute;lo porque, hasta donde, y en la forma en que los hombres han aprendido a utilizarla. Esto es lo que permite clasificarla en la categor&iacute;a econ&oacute;mica de “tierra”. Y la posici&oacute;n preferencial del terrateniente, como alguien que tiene derecho al “producto neto”, consiste en su derecho legal a decidir cu&aacute;ndo, hasta d&oacute;nde y en qu&eacute; t&eacute;rminos los hombres podr&aacute;n poner en pr&aacute;ctica sus conocimientos tecnol&oacute;gicos en aquellos aspectos relacionados con el uso de su parcela de tierra.</p>     <p align="justify">Todo este razonamiento sobre el incremento no ganado puede aplicarse, con ligeros cambios de frases, al caso de los “bienes de capital”. Los yacimientos daneses de s&iacute;lice fueron de primordial importancia econ&oacute;mica, durante un milenio o algo as&iacute;, en la edad de piedra; y los instrumentos de s&iacute;lice pulida de aquel tiempo eran entonces “bienes de capital” de inestimable importancia para la civilizaci&oacute;n y pose&iacute;an una “productividad” tan enorme, que puede decirse que la vida de la humanidad en ese mundo se balanceaba sobre el filo de esas magn&iacute;ficas hachas de s&iacute;lice pulida. Todo esto subsisti&oacute; durante su &eacute;poca tecnol&oacute;gica. Los yacimientos de s&iacute;lice, los m&eacute;todos mec&aacute;nicos y los “bienes de capital” asociados al s&iacute;lice eran valiosos y productivos entonces, pero no antes ni despu&eacute;s de esa &eacute;poca. En una situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica cambiada, los bienes de capital de ese tiempo se convirtieron en objetos de museo y su lugar en la econom&iacute;a humana fue ocupado por artefactos tecnol&oacute;gicos que incorporan otro “estado de las artes industriales”, resultado de posteriores y diferentes fases de la experiencia humana. As&iacute; como el hacha de s&iacute;lice pulida, los utensilios de metal y similares que la desplazaron gradualmente de la econom&iacute;a de la cultura occidental fueron el producto de una larga experiencia y un aprendizaje gradual de usos y medios. Las hachas de hierro, igual que las de s&iacute;lice, incorporan el mismo y antiguo recurso tecnol&oacute;gico de un eje cortante, as&iacute; como el uso de un mango y la eficiencia debida al peso de la herramienta. Y en el caso de la una y de la otra, consideradas en una perspectiva hist&oacute;rica y desde el punto de vista de la comunidad en su conjunto, el conocimiento de usos y medios incorporados en esos utensilios era de enorme importancia y de grandes consecuencias. La construcci&oacute;n o adquisici&oacute;n de los “bienes de capital” concretos era simplemente un f&aacute;cil resultado. Tom&aacute;s Mun dir&iacute;a que “no costaban nada m&aacute;s que trabajo”.</p>     <p align="justify">Sin embargo, se podr&iacute;a argumentar que cada art&iacute;culo concreto de los “bienes de capital” era el producto del trabajo de alg&uacute;n hombre y, como tal, cuando se usaban, su productividad no era nada m&aacute;s que la productividad indirecta, posterior y diferida del trabajo de quien los construy&oacute;. Pero, en ese caso, la productividad del constructor s&oacute;lo era una funci&oacute;n del equipo tecnol&oacute;gico inmaterial a su alcance, el cual, a su vez, era el lento destilado espiritual de la experiencia e iniciativa inmemorial de su comunidad. Para el productor o el propietario individual, para quien el acervo de equipo inmaterial acumulado por la comunidad estaba abierto por ser de conocimiento p&uacute;blico, el costo de los bienes materiales concretos era el trabajo involucrado en construirlos o conseguirlos y hacer efectivo su acceso a esos conocimientos. Para su vecino, que no hab&iacute;a construido o adquirido esa porci&oacute;n de “bienes productivos”, pero para quien los recursos de la comunidad, materiales o inmateriales, estaban abiertos en los mismos t&eacute;rminos inmediatos, la situaci&oacute;n podr&iacute;a parecer pr&aacute;cticamente id&eacute;ntica. No tendr&iacute;a motivo de queja, ni tendr&iacute;a ocasi&oacute;n para hacerlo. Sin embargo, como recurso para mantener la vida de la comunidad y como factor para el avance material de la civilizaci&oacute;n, la situaci&oacute;n en su conjunto tiene un sentido completamente diferente.</p>     <p align="justify">Hasta cuando los “bienes de capital” requeridos para satisfacer las necesidades tecnol&oacute;gicas del momento fueron lo suficientemente sencillos como para ser construidos por el hombre corriente, con una diligencia y una habilidad razonables, el hecho de que alguien recurriera al inventario com&uacute;n de bienes inmateriales no estorbaba a nadie, y de ello no surg&iacute;a ninguna ventaja o desventaja diferencial. La situaci&oacute;n econ&oacute;mica corresponder&iacute;a aproximadamente a la teor&iacute;a cl&aacute;sica de un sistema de libre competencia –“el simple y obvio sistema de libertad natural”– que descansa sobre la premisa de igual oportunidad. En una forma groseramente aproximada, tal situaci&oacute;n tuvo lugar en la vida industrial de Europa Occidental durante la transici&oacute;n de los tiempos medievales a la era moderna, cuando la artesan&iacute;a y la empresa “industrial” desplazaron a la propiedad territorial como principal factor econ&oacute;mico. Dentro del “sistema industrial”, como algo distinto de las clases privilegiadas no industriales, un hombre con una cantidad m&oacute;dica de diligencia, iniciativa y vigor pod&iacute;a abrirse camino de una manera tolerable, sin ventajas especiales bajo la forma de derechos prescriptivos o de medios ya acumulados. El principio de igual oportunidad, sin duda, s&oacute;lo se cumpl&iacute;a en forma dudosa y aproximada, pero las condiciones a este respecto llegaron a ser tan favorables que los hombres llegaron a persuadirse a s&iacute; mismos, a lo largo del siglo XVIII, de que habr&iacute;a una distribuci&oacute;n sustancialmente equitativa de oportunidades si se eliminaban todas las prerrogativa diferentes a la propiedad privada de los bienes. Pero este estado de aproximaci&oacute;n a un sistema tecnol&oacute;gico factible de igual oportunidad fue tan precario y transitorio que, mientras que el movimiento liberal que converg&iacute;a hacia esta gran reforma econ&oacute;mica a&uacute;n tomaba fuerza, la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica ya hab&iacute;a excedido la posibilidad de ese esquema de reforma. Despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n industrial ya no era cierto, ni siquiera en la forma burdamente aproximada en que pudo haberlo sido poco antes, que la igualdad ante la ley, exceptuando los derechos de propiedad, pudiera significar igual oportunidad para todos. En las industrias l&iacute;deres, que empezaban a marcar la pauta para todo el sistema econ&oacute;mico centrado en el mercado, la unidad de equipo industrial que se requer&iacute;a en esta nueva era tecnol&oacute;gica era mucho mayor de lo que cualquier hombre pudiera alcanzar con sus propios esfuerzos haciendo libre uso del conocimiento com&uacute;n de formas y medios. Y el crecimiento de la empresa de negocios progresivamente hizo que la situaci&oacute;n del productor peque&ntilde;o y anticuado fuera cada vez m&aacute;s precaria. Pero los te&oacute;ricos especulativos de aquel tiempo todav&iacute;a consideraban los fen&oacute;menos de la vida econ&oacute;mica corriente a la luz de las tradiciones artesanales y las preconcepciones de los derechos naturales asociados con ese sistema y a&uacute;n persegu&iacute;an el ideal de la “libertad natural” como objetivo del desarrollo econ&oacute;mico y finalidad de la reforma econ&oacute;mica. Ellos se guiaban por los principios (h&aacute;bitos de pensamiento) surgidos en una situaci&oacute;n anterior, tan eficazmente que les imped&iacute;an ver que la regla de iguales oportunidades que pretend&iacute;an establecer era tecnol&oacute;gicamente obsoleta.<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a> Durante los cien o m&aacute;s a&ntilde;os de influencia de las teor&iacute;as de los derechos naturales sobre la ciencia econ&oacute;mica, el crecimiento del conocimiento tecnol&oacute;gico ha seguido avanzando sin cesar y, concomitantemente, la industria en gran escala ha crecido cada vez m&aacute;s y dominado progresivamente el terreno. Este r&eacute;gimen de industria en gran escala es lo que los socialistas y algunos otros llaman “capitalismo”. As&iacute; usado, “capitalismo” no es un t&eacute;rmino n&iacute;tido ni estricto, pero es suficientemente definido como para que sea &uacute;til para diversos prop&oacute;sitos. En su aspecto tecnol&oacute;gico, la caracter&iacute;stica de este capitalismo es que la aplicaci&oacute;n industrial requiere una unidad de equipo material mucho mayor de la que un individuo puede alcanzar con su propio trabajo y mucho mayor de la que cualquier persona puede utilizar por s&iacute; misma.</p>     <p align="justify">Tan pronto como aparece el r&eacute;gimen capitalista, en este sentido, deja de ser cierto que el propietario del equipo industrial (o quien lo controle), en cualquier caso dado, sea o pueda ser el mismo que lo produce, en cualquier sentido ingenuo del t&eacute;rmino “producci&oacute;n”. Este se halla en la necesidad de adquirir su propiedad o control mediante alg&uacute;n otro expediente diferente del trabajo productivo industrial. La actividad industrial requiere una acumulaci&oacute;n de riqueza y, excluyendo la fuerza, el fraude y la herencia, el m&eacute;todo de adquirir esa acumulaci&oacute;n de riqueza es, necesariamente, alguna forma de negociaci&oacute;n, es decir, alguna forma de empresa de negocios. La riqueza se acumula, en el campo industrial, de las ganancias de los negocios; es decir, de las ganancias de un negocio ventajoso.<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a> Considerando la totalidad de la situaci&oacute;n, observando el cuerpo de las empresas de negocios en su conjunto, el negocio ventajoso a partir del cual pueden surgir las ganancias y, por tanto, del cual se derivan las acumulaciones del capital es, en &uacute;ltimo an&aacute;lisis, una negociaci&oacute;n entre quienes poseen (o controlan) la riqueza industrial y aqu&eacute;llos cuyo trabajo aprovecha esta riqueza en la industria productiva. Esta negociaci&oacute;n para contratar –generalmente un convenio de salarios– se lleva a cabo conforme a la norma de la libre contrataci&oacute;n y se concluye de acuerdo con el juego de la demanda y la oferta, como lo han puesto de manifiesto muchos escritores.</p>     <p align="justify">En la visi&oacute;n tecnol&oacute;gica del capital aqu&iacute; planteada, las relaciones entre las dos partes de la negociaci&oacute;n –el capitalista empleador y la clase trabajadora– tienen lugar como sigue. M&aacute;s o menos rigurosamente, la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica obliga a una cierta escala y m&eacute;todo en las diferentes l&iacute;neas de la industria.<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a> En efecto, la industria s&oacute;lo se puede mantener recurriendo a la escala y el m&eacute;todo requeridos por la tecnolog&iacute;a, y &eacute;stos requieren un equipo material de cierta (y gran) magnitud; mientras que el equipo material de la magnitud requerida sea propiedad exclusiva del capitalista empleador, <i>de hecho</i>  se encontrar&aacute; fuera del alcance del hombre com&uacute;n.</p>     <p align="justify">Un cuerpo correspondiente de equipo inmaterial –conocimiento y pr&aacute;cticas de usos y medios– es igualmente requerido bajo las reglas de las mismas exigencias tecnol&oacute;gicas. En parte, este equipo inmaterial es aplicado en la construcci&oacute;n del equipo material que poseen los capitalistas empleadores y, en parte, en la forma en que este equipo material se usa en los procesos posteriores de la industria. El cuerpo de equipo inmaterial que se aplica en cualquier l&iacute;nea de la industria es relativamente muy grande y, si se somete a un an&aacute;lisis exhaustivo, es virtualmente igual a la totalidad del cuerpo de experiencia acumulado por la comunidad hasta ese momento. La adopci&oacute;n libre de este inventario com&uacute;n de sabidur&iacute;a tecnol&oacute;gica debe ejercerse durante la construcci&oacute;n y el uso subsiguiente del equipo material; aunque ninguna persona domine o emplee por s&iacute; misma m&aacute;s que una fracci&oacute;n insignificante del equipo inmaterial que se incorpora en la instalaci&oacute;n u operaci&oacute;n de cualquier bloque dado de equipo material.</p>     <p align="justify">El propietario del equipo material –el capitalista empleador– es, en el caso t&iacute;pico, ignorante de cualquier fracci&oacute;n apreciable del equipo inmaterial incorporado en la construcci&oacute;n y uso subsiguiente del equipo material que posee o controla. Su conocimiento y entrenamiento, en lo que aqu&iacute; concierne, es un conocimiento de los negocios no de la industria.<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a> La escasa habilidad tecnol&oacute;gica que tiene o necesita para sus negocios es de car&aacute;cter general, absolutamente superficial e in&uacute;til en lo que ata&ntilde;e a la eficiencia del trabajo; tampoco cuenta en la organizaci&oacute;n de los procesos de trabajo. Por tanto, en sus negocios requiere el servicio de personas que tengan un dominio competente de la forma en que opera el equipo tecnol&oacute;gico inmaterial, y es con estas personas con las que establece negociaciones de contrataci&oacute;n. En t&eacute;rminos generales, la medida en que &eacute;stas son &uacute;tiles para los fines de aqu&eacute;l est&aacute; dada por su competencia tecnol&oacute;gica. No se emplea ning&uacute;n trabajador que no posea alg&uacute;n dominio parcial de los conocimiento tecnol&oacute;gicos requeridos –los imb&eacute;ciles son in&uacute;tiles en proporci&oacute;n a su imbecilidad– e incluso los trabajadores no adiestrados o “poco inteligentes” se usan relativamente poco, aunque posean ciertas habilidades en detalles industriales de uso com&uacute;n, como ocurre con la gran mayor&iacute;a en t&eacute;rminos absolutos. El “trabajador com&uacute;n” es, en realidad, un trabajador altamente entrenado y muy eficiente en comparaci&oacute;n con el hombre com&uacute;n que se extrae de la comunidad &uacute;nicamente por su aspecto f&iacute;sico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En manos de estos trabajadores –la comunidad industrial, los portadores del equipo tecnol&oacute;gico inmaterial– los bienes de capital pose&iacute;dos por el capitalista se convierten en “medios de producci&oacute;n”. Sin ellos, o en las manos de hombres que no sepan usarlos, los bienes en cuesti&oacute;n ser&iacute;an simplemente materiales en bruto, algo enloquecedores y estorbosos por hab&eacute;rseles dado la forma que ahora los convierte en “bienes de capital”. Cuanto m&aacute;s eficaces sean los trabajadores en su dominio de los recursos tecnol&oacute;gicos involucrados, cuanto mayor sea la facilidad con que son capaces de ponerlos en pr&aacute;ctica, tanto m&aacute;s productivos ser&aacute;n los procesos en los cuales los trabajadores utilizan los bienes de capital de su empleador. As&iacute; tambi&eacute;n, cuanto m&aacute;s competente sea el trabajo de “supervisi&oacute;n”, la capacidad de supervisar y coordinar el trabajo en relaci&oacute;n con la calidad, la velocidad, el volumen, tanto m&aacute;s importante ser&aacute; en la eficiencia productiva agregada. Pero este trabajo de coordinaci&oacute;n es una funci&oacute;n de la capacidad para supervisar la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica en conjunto y de la destreza para proporcionar a un proceso de la industria sus requerimientos aprovechando los efectos de otros. Sin esa necesaria y sagaz correlaci&oacute;n de los procesos industriales y su adaptaci&oacute;n a las demandas de la situaci&oacute;n industrial en su conjunto, el equipo material involucrado no tendr&iacute;a sino una insignificante eficiencia y s&oacute;lo contar&iacute;a muy poco como bien de capital. La eficiencia del control ejercido por el jefe de taller, el ingeniero, el supervisor, o cualquiera que sea el t&eacute;rmino que se use para designar al experto tecnol&oacute;gico que controla y coordina los procesos productivos, determina hasta d&oacute;nde el equipo material en cuesti&oacute;n puede efectivamente ser considerado como un “bien de capital”.</p>     <p align="justify">A lo largo de todo este funcionamiento del trabajador y del supervisor, las finalidades de negocio del capitalista permanecen siempre como tel&oacute;n de fondo, y el grado de &eacute;xito que espera de su empresa de negocios depende, manteniendo igual lo dem&aacute;s, de la eficiencia con la que estos t&eacute;cnicos realizan los procesos industriales en los que ha invertido. Sus arreglos laborales con estos trabajadores –los portadores del equipo inmaterial involucrado– permiten que el capitalista oriente los procesos a los que se adec&uacute;an sus bienes de capital en su propio beneficio, al costo de la deducci&oacute;n del producto agregado de tales procesos que los trabajadores sean capaces de demandar a cambio de su trabajo. El volumen de esta deducci&oacute;n se determina por la puja competitiva con otros capitalistas que puedan hacer uso de la mismas l&iacute;neas de eficiencia tecnol&oacute;gica, en la forma en que ha sido planteada por quienes escriben sobre salarios.</p>     <p align="justify">Con la concebible consolidaci&oacute;n de todos los activos materiales bajo una misma administraci&oacute;n de negocios, de modo que se elimine la puja competitiva entre los empleadores, es obvio que la empresa resultante dominar&aacute; la totalidad de las fuerzas de la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, s&oacute;lo con la deducci&oacute;n necesaria para la subsistencia de la poblaci&oacute;n trabajadora. En tal caso, esta subsistencia se reducir&iacute;a al nivel m&aacute;s econ&oacute;mico, tal y como se ver&iacute;a desde el punto de vista del empleador. El empleador (capitalista) ser&iacute;a, de hecho, el poseedor de la totalidad del conocimiento de usos y medios de la comunidad, excepto hasta donde ese cuerpo de equipo inmaterial sirva tambi&eacute;n en los quehaceres dom&eacute;sticos de la poblaci&oacute;n trabajadora. Qu&eacute; tan cerca a ese estado final puede llegar a aproximarse la actual situaci&oacute;n econ&oacute;mica es un asunto de opini&oacute;n. Tambi&eacute;n hay lugar para que se pregunte ampliamente si, en el actual r&eacute;gimen de negocios que implica la competencia entre diversas empresas, las condiciones son m&aacute;s o menos favorables a la poblaci&oacute;n trabajadora de lo que podr&iacute;an llegar a ser en el caso de una consolidaci&oacute;n total de las empresas que haya eliminado toda competencia y colocado la propiedad de los bienes materiales bajo el control de un monopolio absoluto. En respuesta a este interrogante no pueden ofrecerse m&aacute;s que vagas conjeturas.</p>     <p align="justify">Pero en relaci&oacute;n con la cuesti&oacute;n del monopolio y el uso del equipo inmaterial de la comunidad, debe tenerse en cuenta que la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica, tal como hoy se da, no admite una monopolizaci&oacute;n completa de los recursos tecnol&oacute;gicos de la comunidad, aunque se llegara a presentar una monopolizaci&oacute;n completa del total de propiedades materiales existentes. A&uacute;n existe un amplio rango de procesos industriales en los que no se pueden aplicar los m&eacute;todos a gran escala y que no presuponen una gran unidad de equipo material o no implican una coordinaci&oacute;n tan rigurosa con la industria a gran escala como para sacarlos del dominio del uso discrecional de las personas que no poseen una riqueza material apreciable. T&iacute;picos de tales l&iacute;neas de trabajo, que por ahora no se pueden someter a la monopolizaci&oacute;n, son los detalles de la rutina del trabajo dom&eacute;stico a que se aludi&oacute; antes. En efecto todav&iacute;a es posible, para una porci&oacute;n apreciable de la poblaci&oacute;n, “ganarse la vida”, m&aacute;s o menos precariamente, sin recurrir a los procesos en gran escala que son controlados por los propietarios de los activos materiales. Este precario margen de libre acceso al conocimiento com&uacute;n de usos y medios parece ser lo que obstaculiza un ajuste m&aacute;s estrecho de los salarios al “m&iacute;nimo subsistencia” y la propiedad virtual del equipo inmaterial por parte de los propietarios del equipo material.</p>     <p align="justify">De lo que se ha dicho hasta aqu&iacute; se desprende que todos los activos tangibles<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a> deben su productividad y su valor a los recursos industriales inmateriales que ellos incorporan o cuya propiedad permite que sus due&ntilde;os los absorban. Estos recursos industriales y materiales son necesariamente un producto de la comunidad, el residuo inmaterial de la experiencia de la comunidad, pasada y presente, el cual no puede existir por fuera de la vida de la comunidad y el cual s&oacute;lo puede transmitirse bajo el cuidado de la comunidad en su conjunto. Quienes dan gran importancia a la productividad del capital podr&iacute;an objetar que los bienes tangibles de capital en s&iacute; mismos tienen un valor y una eficiencia productiva espec&iacute;fica, si no independiente de los procesos industriales en que se utilizan, entonces, por lo menos, como un prerrequisito para esos procesos y, por consiguiente, que como condici&oacute;n material previa para esos procesos establecen una relaci&oacute;n causal con el producto industrial. Sin embargo, estos bienes materiales son en s&iacute; mismos un producto del ejercicio pasado del conocimiento tecnol&oacute;gico, retrocediendo as&iacute; hacia hasta el principio. Lo que se involucra en el equipo material, que no es de naturaleza inmaterial o espiritual, y que no es un residuo inmaterial de la experiencia de la comunidad, es &uacute;nicamente la materia en bruto con la que se construyen los artefactos industriales, donde el &eacute;nfasis recae totalmente en el t&eacute;rmino “bruto”.</p>     <p align="justify">El tema se aclara con lo que le ocurre a un aparato mec&aacute;nico que se vuelve obsoleto a causa de a un avance tecnol&oacute;gico y es desplazado por un nuevo aparato que incorpora un nuevo proceso. Ese artefacto va a parar al “mont&oacute;n de la basura”, en sentido literal. El recurso tecnol&oacute;gico espec&iacute;fico que incorporaba deja de ser efectivo en la industria, en competencia con los m&eacute;todos mejorados. Deja de ser un activo inmaterial. Cuando es, de esta manera, eliminado, su recept&aacute;culo material deja de tener valor como capital. Deja de ser un activo material. “Los poderes originales e indestructibles” de los constituyentes materiales de los bienes de capital, para adaptar la frase de Ricardo, no hacen que estos constituyentes sean bienes de capital; por supuesto, esos poderes originales e indestructibles, por s&iacute; mismos, de ning&uacute;n modo confieren a los objetos en cuesti&oacute;n la caracter&iacute;stica de ser bienes econ&oacute;micos. Los materiales en bruto –tierra, minerales y similares– pueden, desde luego, ser una propiedad valiosa y pueden ser contabilizados dentro de los activos de una empresa. Pero el valor que as&iacute; tienen es una funci&oacute;n del uso esperado en que pueden emplearse, y &eacute;ste es una funci&oacute;n de la situaci&oacute;n tecnol&oacute;gica en la cual se anticipa que ser&aacute;n &uacute;tiles.</p>     <p align="justify">Todo esto parece subvalorar, o tal vez pasar por alto, los hechos f&iacute;sicos de la industria y la naturaleza f&iacute;sica de los bienes. No existe, desde luego, ning&uacute;n inter&eacute;s en subvalorar la importancia de los bienes materiales o del trabajo manual. Los bienes a los cuales nos referimos en esta investigaci&oacute;n son los productos de un trabajo entrenado que se ejerce sobre los materiales disponibles, pero el trabajo debe ser calificado, en un sentido amplio, para que sea trabajo, y los materiales deben estar disponibles para que sean materiales industriales. Y tanto la eficiencia del trabajo entrenado como la disponibilidad de los objetos materiales en cuesti&oacute;n son una funci&oacute;n del” estado de las artes industriales”.</p>     <p align="justify">Sin embargo, el estado de las artes industriales depende de las caracter&iacute;sticas de la naturaleza humana, f&iacute;sicas, intelectuales y espirituales, y del car&aacute;cter del medio ambiente material. Es con estos elementos que se conforma la tecnolog&iacute;a humana y esta tecnolog&iacute;a es eficiente s&oacute;lo en la medida en que se encuentra con las condiciones materiales apropiadas y opera, pr&aacute;cticamente, con las fuerzas materiales requeridas. Las fuerzas brutas del animal humano son un factor indispensable en la industria, como lo son tambi&eacute;n las caracter&iacute;sticas f&iacute;sicas de los objetos materiales con los que opera la industria. Y parece absurdo preguntar cu&aacute;nto de estos productos de la industria o cu&aacute;nto de su productividad debe imputarse a estas fuerzas brutas, humanas y no humanas, en contraste con los factores espec&iacute;ficamente humanos que producen la eficiencia tecnol&oacute;gica. Ni es necesario entrar aqu&iacute; en una cuesti&oacute;n de tal importancia, puesto que la investigaci&oacute;n gira en torno de las relaciones productivas del capital con la industria, es decir, las relaciones del equipo material y su propiedad con los comportamientos de los hombres que act&uacute;an con el ambiente f&iacute;sico en el que la raza ha sido colocada. La cuesti&oacute;n de los bienes de capital (incluyendo la de su propiedad y, por tanto, incluyendo la cuesti&oacute;n de la inversi&oacute;n) es un asunto de c&oacute;mo la humanidad, como una especie de animales inteligentes, aprovecha las fuerzas brutas que est&aacute;n a su disposici&oacute;n. Es un asunto de c&oacute;mo el agente humano se ocupa de sus medios de vida y no de c&oacute;mo las fuerzas del medio ambiente se ocupan del hombre. Cuestiones de este &uacute;ltimo tipo recaer&iacute;an bajo la denominaci&oacute;n de ecolog&iacute;a, una rama de las ciencias biol&oacute;gicas que se interesa en la variabilidad adaptable de las plantas y los animales. La investigaci&oacute;n econ&oacute;mica se incluir&iacute;a en este tipo de ciencias si la respuesta humana a las fuerzas del medio ambiente s&oacute;lo fuera instintiva y variacional, sin incluir nada semejante a una tecnolog&iacute;a. Pero en ese caso, no habr&iacute;a que preguntarse qu&eacute; es el capital o qu&eacute; son los bienes de capital o qu&eacute; es el trabajo. Tales preguntas no surgen en relaci&oacute;n con los animales no humanos.</p>     <p align="justify">En una investigaci&oacute;n sobre la productividad del trabajo podr&iacute;an presentarse algunas dudas sobre la participaci&oacute;n o el lugar de las fuerzas brutas del organismo humano en la teor&iacute;a de la producci&oacute;n; pero en relaci&oacute;n con el capital no se presenta ese problema, excepto hasta donde esas fuerzas est&eacute;n involucradas en la producci&oacute;n de los bienes de capital. Como un par&eacute;ntesis, m&aacute;s o menos af&iacute;n a la presente investigaci&oacute;n sobre el capital, debe observarse que un an&aacute;lisis de los poderes productivos del trabajo deber&iacute;a, en apariencia, tener en cuenta las energ&iacute;as brutas de la humanidad (las energ&iacute;as nerviosa y muscular) como fuerzas materiales colocadas a la disposici&oacute;n del hombre por circunstancias que est&aacute;n fuera del control humano y que, en gran parte, no son te&oacute;ricamente diferentes de las fuerzas nerviosas y musculares proporcionadas por los animales dom&eacute;sticos.</p>     <p align="justify"><b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Desde luego, el t&eacute;rmino “bienes” no debe tomarse en forma literal en este asunto. El t&eacute;rmino, propiamente, corresponde a un concepto pecuniario no a un concepto industrial o tecnol&oacute;gico y denota propiedad tanto como valor, y debe ser usado en este sentido literal cuando, en un art&iacute;culo posterior, se analicen la propiedad y la inversi&oacute;n. En relaci&oacute;n con lo que estamos discutiendo se usa en forma figurada, por falta de un t&eacute;rmino m&aacute;s apropiado, con el fin de darle cierta connotaci&oacute;n de valor y de utilidad, sin que por ello implique propiedad.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Los motivos de explotaci&oacute;n y de emulaci&oacute;n juegan, sin duda, un papel importante para que surja la pr&aacute;ctica de la propiedad y se establezcan los principios sobre los que &eacute;sta descansa; pero este juego de motivos y el concomitante crecimiento de las instituciones no pueden discutirse aqu&iacute;. Ver Veblen (1994) cap&iacute;tulos 1, 2 y 3.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Ver Niebore (1900).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Para una discusi&oacute;n m&aacute;s amplia de este tema, ver Veblen (1899-1900; 1904, cap. 4).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Marx (1867) sostiene que la “acumulaci&oacute;n primitiva” de la cual surgi&oacute; el capitalismo es un hecho de fuerza y fraude. Sombart (1928) sostiene que el origen debe haber sido la riqueza territorial; Ehrenberg y otros cr&iacute;ticos de Sombart se inclinan por la opini&oacute;n de que la fuente m&aacute;s importante fue la usura y el comercio en peque&ntilde;a escala, <i>Zeit Alter der Fugger</i>, caps. 1 y 2.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. La frase “m&aacute;s o menos” cubre cierto margen de tolerancia con respecto a la escala y el m&eacute;todo, que puede variar m&aacute;s apreciablemente en unas l&iacute;neas de la industria que en otras, y que no podemos definir o describir en forma m&aacute;s adecuada dentro del espacio aqu&iacute; disponible, como deber&iacute;a hacerse. El requisito de escala y m&eacute;todo es forzado por la competencia. La fuerza y alcance de este ajuste competitivo tampoco pueden tratarse aqu&iacute;, pero la aceptaci&oacute;n corriente del hecho nos dispensa de los detalles.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Ver Veblen (1904, cap. 3).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. El t&eacute;rmino “bienes tangibles” se utiliza aqu&iacute; en el sentido de equipo &uacute;til de bienes de capital, considerados como una posesi&oacute;n valiosa que produce ingresos a su propietario.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">1. Marx, K. <i>El Capital</i>, Libro I, Cap. 24, 1867, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, M&eacute;xico, 1946.</p>     <p align="justify">2. Niebore, H.J. <i>Slavery as an Industrial System</i>, Martinus Nijhoff, The Hague, 1900.</p>     <p align="justify">3. Sombart, W. <i>Der Moderne Kapitalismus</i>, Libro II, Parte II, Cap. 12, 1928.</p>     <p align="justify">4. Veblen, T. <i>Theory of Business Enterprise</i>, 1904, Augustus M. Kelley Publishers, Cap. 3. Existe edici&oacute;n en espa&ntilde;ol de Eudeba, 1965.</p>     <p align="justify">5. Veblen, T.<i> Theory of the Leisure Class</i>, Penguin USA Paper, Cap&iacute;tulos 1-3, 1899. Existe edici&oacute;n en espa&ntilde;ol del Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1963.</p>     <p align="justify">6. Veblen, T. “The preconceptions of economic science”, <i>Quarterly Journal of Economics</i>, julio, 396-426; enero, 1899-1900, 204-269.</p> </font>      ]]></body>
</article>
