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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>JAMES TOBIN (1918-2002)</b></p></font>     <p>    <br>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p><i>Jorge Iv&aacute;n Gonz&aacute;lez</i>*</p>     <p align="justify"> * Profesor de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad Externado de Colombia, Facultad de Econom&iacute;a, Calle 12 n<sup>o</sup>. 1-17 este, Bogot&aacute;, <a href="mailto:jivangonzalez@cable.net.co">jivangonzalez@cable.net.co</a>. Agradezco los comentarios y sugerencias de Alberto Supelano.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Tobin naci&oacute; en Champaign, Illinois, en 1918. Estudi&oacute; en la Universidad de Harvard. Particip&oacute; en la segunda guerra mundial, donde fue oficial de un destructor. En 1950 se vincul&oacute; a la Universidad de Yale, donde permaneci&oacute; hasta su muerte, en marzo pasado. Fue consejero econ&oacute;mico del presidente Kennedy entre 1961 y 1962. Regres&oacute; a la pol&iacute;tica en 1972 como asesor del candidato presidencial del partido dem&oacute;crata, George Stanley McGovern. Recibi&oacute; el premio Nobel en 1981.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sin ser un radical, Tobin siempre se preocup&oacute; porque la econom&iacute;a respondiera a los problemas de la sociedad. En los a&ntilde;os treinta, cuando empez&oacute; a estudiar econom&iacute;a, el desempleo en los Estados Unidos llegaba al 25%. M&aacute;s tarde recordar&iacute;a que “todo estudiante que le&iacute;a los peri&oacute;dicos no pod&iacute;a dejar de preocuparse por la econom&iacute;a”. Y al observar el panorama social actual, insist&iacute;a en que “deber&iacute;amos dedicar buena parte de nuestras energ&iacute;as, de nuestras pasiones, de nuestra inteligencia, a encontrar los medios de reducir las desigualdades, tanto en cada pa&iacute;s como entre los pa&iacute;ses” (Tobin, 1999, 2). Cre&iacute;a en lo p&uacute;blico y calific&oacute; de “ego&iacute;smo miope” a los intentos de trasladar “fondos p&uacute;blicos de la educaci&oacute;n p&uacute;blica a la ense&ntilde;anza privada” (ib&iacute;d, 5). En los ochenta fue un duro cr&iacute;tico de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de Reagan.</p>     <p align="justify">Vickrey (1997) considera que en lugar de utilizar t&eacute;rminos como ‘neo-keynesiano&rsquo;, ‘pos-keynesiano&rsquo;, o ‘nuevo-keynesiano&rsquo; se deber&iacute;a emplear la categor&iacute;a ‘transkeynesiano&rsquo;. Los prefijos <i>neo</i>, <i>pos</i> y <i>nuevo</i> tienen el inconveniente de que llevan a pensar que el pensamiento original de Keynes es asunto del pasado. En cambio, la categor&iacute;a transkeynesiano tiene una connotaci&oacute;n muy diferente: Keynes perdura. No hay un Keynes de ayer y un Keynes de hoy. El pensamiento de Keynes que fue v&aacute;lido ayer continua si&eacute;ndolo hoy. La vigencia de los planteamientos, las teor&iacute;as, las propuestas de Tobin son una manifestaci&oacute;n del transkeynesianismo<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. La aproximaci&oacute;n keynesiana a los problemas actuales sigue siendo pertinente gracias a que las hip&oacute;tesis e intuiciones de Keynes han sido desarrolladas por autores como Tobin.</p>     <p align="justify">El presente ensayo discute algunos de los temas que m&aacute;s llamaron la atenci&oacute;n de Tobin: a)&nbsp; las divergencias entre el ‘gran monetarismo&rsquo; y el ‘nuevo monetarismo&rsquo;, b)&nbsp; la percepci&oacute;n del corto y del largo plazo, c)&nbsp; la relaci&oacute;n entre <i>stocks</i> y flujos, d)&nbsp; la equivalencia ricardiana, e)&nbsp; la q de Tobin, f)&nbsp;el impuesto a las transacciones internacionales, g)&nbsp;la propuesta de los nuevos keynesianos y h)&nbsp;la curva de Phillips. Concluye con unas consideraciones generales sobre Tobin y el transkeynesianismo.</p>     <p align="justify"><b>EL GRAN MONETARISMO Y EL NUEVO MONETARISMO</b></p>     <p align="justify">En los a&ntilde;os cuarenta y cincuenta Tobin se interes&oacute; en los problemas monetarios, los mercados financieros, la relaci&oacute;n entre los salarios y el empleo, y el significado del ingreso absoluto y del ingreso relativo. Su perspectiva de an&aacute;lisis estuvo muy marcada por la teor&iacute;a de Keynes, cuyas teor&iacute;as defendi&oacute; activamente desde los a&ntilde;os cuarenta (Tobin 1948). En los sesenta y setenta se agudiz&oacute; la discusi&oacute;n entre ‘keynesianos&rsquo; y ‘monetaristas&rsquo;, en el marco del modelo IS-LM. Despu&eacute;s del art&iacute;culo de Hicks (1937), que desarroll&oacute; los elementos b&aacute;sicos del diagrama IS-LM, la pol&eacute;mica entre keynesianos y monetaristas se encerr&oacute; en un marco muy estrecho. Los keynesianos argumentaban que en virtud de la trampa de la liquidez la curva LM tiene pendiente horizontal y, por tanto, la pol&iacute;tica fiscal que ocasiona desplazamientos hacia la derecha de la curva IS tiene dos efectos positivos: aumenta el producto sin que ello conlleve crecimientos en la tasa de inter&eacute;s. Por su parte, los monetaristas dec&iacute;an que la demanda de moneda es inel&aacute;stica a la tasa de inter&eacute;s y por ello la curva LM es vertical y, entonces, los movimientos de IS hacia la derecha tienen dos consecuencias negativas: aumentan la tasa de inter&eacute;s y no incrementan el producto. Esta aproximaci&oacute;n ‘hidr&aacute;ulica&rsquo; a Keynes fue rechazada por Leijonhufvud, Clower y Tobin.</p>     <p align="justify">Leijonhufvud (1967, 1968) ayud&oacute; a restablecer la teor&iacute;a monetaria de Keynes. Gracias a su visi&oacute;n comprehensiva<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>, Leijonhufvud impuls&oacute; la reflexi&oacute;n sobre los aportes de Keynes por fuera del modelo IS-LM. Clower<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a> mostr&oacute; la necesidad de hacer expl&iacute;cita la mediaci&oacute;n monetaria, pues los modelos que s&oacute;lo tienen en cuenta las interacciones reales son muy restrictivos: reducen todas las transacciones al trueque<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>.</p>     <p align="justify">Tobin tambi&eacute;n polemiz&oacute; con los monetaristas, especialmente con Friedman y Lucas, desde una perspectiva que iba m&aacute;s all&aacute; del diagrama IS-LM<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. Diferenci&oacute; el gran monetarismo del nuevo monetarismo (Tobin, 1980, 57). Los representantes t&iacute;picos de ambas posiciones son Friedman (gran monetarismo) y Lucas (nuevo monetarismo)<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>LAS EXPECTATIVAS EN EL CORTO Y EN EL LARGO PLAZO</b></p>     <p align="justify">La distinci&oacute;n entre el corto y el largo plazo es de origen marshalliano, pero ha sido muy maltratada por los monetaristas, que la utilizan de manera <i>ad hoc</i>. Dependiendo de las conveniencias, el corto plazo se alarga o se acorta. Tobin se preocup&oacute; por diferenciar los impactos de las variables a lo largo del tiempo. Seg&uacute;n Tobin, el gran monetarismo afirma que en el largo plazo, los agentes econ&oacute;micos –cuyas expectativas son adaptativas– aprenden a diferenciar las fluctuaciones de las variables nominales de las variables reales<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Inicialmente, en el corto plazo, el trabajador puede aceptar un salario nominal m&aacute;s alto, convencido de que su ingreso ha mejorado pero, en el largo plazo, entiende que si los precios suben el salario pierde poder adquisitivo y, entonces, es posible que a la postre su situaci&oacute;n empeore. En otras palabras, en el largo plazo los agentes econ&oacute;micos eliminan la ilusi&oacute;n monetaria y no se dejan ‘enga&ntilde;ar&rsquo; por lo que sucede con las variables monetarias. En ausencia de ilusi&oacute;n monetaria, el individuo centra toda la atenci&oacute;n en el comportamiento de las variables reales. El hecho de que el gran monetarismo acepte que en el corto plazo puedan ocurrir algunas interacciones que son b&aacute;sicas en el an&aacute;lisis keynesiano marca una diferencia importante con el nuevo monetarismo, que no acepta la pertinencia de las relaciones keynesianas, ni siquiera en el corto plazo.</p>     <p align="justify">El nuevo monetarismo desarrolla la hip&oacute;tesis de las expectativas racionales. Entre las expectativas adaptativas del gran monetarismo y las expectativas racionales del nuevo monetarismo hay dos diferencias. La primera tiene que ver con la informaci&oacute;n y la segunda, con la manera como se concibe el vaciamiento del mercado<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>. Cuando las expectativas son adaptativas, la informaci&oacute;n se reduce al comportamiento previo de la variable relevante. Cuando las expectativas son racionales, la informaci&oacute;n es completa porque no s&oacute;lo incluye la de la variable en consideraci&oacute;n sino tambi&eacute;n la de otras variables relacionadas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En cuanto al vaciamiento del mercado, Friedman y los te&oacute;ricos de las expectativas adaptativas reconocen que en el corto plazo hay imperfecciones y que la oferta no coincide con la demanda. El ajuste no se realiza de inmediato porque es necesario esperar hasta que los agentes econ&oacute;micos aprendan y modifiquen su comportamiento. Para el nuevo monetarismo no hay un proceso de aprendizaje. Puesto que en todo momento el agente econ&oacute;mico dispone de toda la informaci&oacute;n necesaria, el vaciamiento del mercado es continuo. El nuevo monetarismo deja un margen de maniobra muy reducido al gobierno, as&iacute; que ni siquiera en el corto plazo habr&iacute;a lugar para plantear la disyuntiva paro-inflaci&oacute;n. Y mantiene este criterio en cualquier circunstancia. No importa que el desempleo sea del 10%, o del 3%. Si algunas alteraciones de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica llegaran a confundir a los agentes econ&oacute;micos, los desajustes ser&iacute;an de muy corta duraci&oacute;n, ya que s&oacute;lo persisten mientras se disipa la confusi&oacute;n. El nuevo monetarismo se aleja totalmente del modelo IS-LM cuando afirma que ni siquiera en el corto plazo hay espacio para la pol&iacute;tica fiscal.</p>     <p align="justify">Mientras que no se alcance una de las dos situaciones extremas (LM horizontal o LM vertical), IS-LM representa las interacciones de corto plazo aceptadas por el gran monetarismo, y rechazadas por el nuevo monetarismo. En el corto plazo y en el contexto del modelo IS-LM, el gran monetarismo llega a conclusiones que Tobin aceptar&iacute;a, como por ejemplo la interacci&oacute;n entre variables monetarias y reales. Tobin y el gran monetarismo coinciden en que en el corto plazo no se cumple la ‘dicotom&iacute;a cl&aacute;sica&rsquo;, que supone la separaci&oacute;n entre variables monetarias y reales. En la dicotom&iacute;a cl&aacute;sica, las variables monetarias apenas son un reflejo, como el de un espejo, de las variables reales. En contra de la dicotom&iacute;a cl&aacute;sica, Tobin y el gran monetarismo consideran que dadas unas expectativas de corto plazo, lo que suceda con las variables monetarias tiene implicaciones inmediatas en la actividad real. Si el salario nominal sube, al d&iacute;a siguiente, y aun antes de que le hayan pagado al trabajador, el consumo aumenta y los planes de producci&oacute;n de los empresarios se modifican. Basta que el trabajador sepa que el nuevo salario ha sido aprobado para que su nivel de consumo aumente.</p>     <p align="justify">El distanciamiento de Tobin con respecto al gran monetarismo es notorio en el an&aacute;lisis del largo plazo. Para &eacute;l, los procesos son irreversibles e inciertos: los cambios que se producen en el corto plazo tienen consecuencias impredecibles en el largo plazo y los encadenamientos que se presentan en el corto plazo no se pueden echar para atr&aacute;s. Los procesos no se pueden revertir. El empresario que aumenta su producci&oacute;n contrata nuevos trabajadores que, a su vez, estimulan la demanda. Es posible que despu&eacute;s el empresario y el trabajador cambien sus expectativas, pero las decisiones previas ya generaron procesos irrepetibles. El comportamiento de una persona modifica inmediatamente las expectativas de los dem&aacute;s agentes, y este proceso genera interacciones de efectos inciertos.</p>     <p align="justify">La visi&oacute;n del gran monetarismo es muy distinta de la de Tobin. En el largo plazo, gracias al aprendizaje, los procesos son reversibles, en el sentido de que los agentes van corrigiendo sus errores. Despu&eacute;s de cierto tiempo, los trabajadores empiezan a percibir que la inflaci&oacute;n est&aacute; carcomiendo sus ingresos adicionales y que no tienen m&aacute;s remedio que reducir el consumo hasta los niveles previos al aumento salarial. Los empresarios que respondieron a la demanda inicial con mayor producci&oacute;n, acumulan inventarios que no pueden vender con la celeridad que hab&iacute;an previsto. Y a la postre, todos, empresarios y trabajadores, vuelven a producir y a consumir las cantidades originales. La moraleja de Friedman y del gran monetarismo es clara: si finalmente se regresa al punto de partida, no vale la pena generar falsas expectativas que dejan insatisfecho a todo el mundo.</p>     <p align="justify">Aunque Tobin critica al gran monetarismo, sus ataques se dirigen, ante todo, contra el nuevo monetarismo<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. Para &eacute;l, las expectativas no son racionales y por ello el vaciamiento del mercado no es continuo. Si las expectativas fueran racionales, tender&iacute;an a ser uniformes. Y en tal caso no habr&iacute;a transacciones, porque para que haya compra y venta, sobre todo en el mercado de activos financieros, es indispensable que las percepciones de los compradores y vendedores sean diferentes<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>. Hay indeterminaciones fundamentales, relacionadas con las limitaciones de informaci&oacute;n y con la imposibilidad de predecir las expectativas de los dem&aacute;s, que restan solidez a la hip&oacute;tesis de expectativas racionales<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>. Igual que Keynes, Tobin (1980, 50) afirma que la eficiencia marginal del capital es “sicol&oacute;gica tanto como tecnol&oacute;gica”, y que en la apreciaci&oacute;n subjetiva del valor futuro del capital, las diferencias entre inversionistas pueden ser considerables. Puesto que la varianza es amplia, unos compran activos f&iacute;sicos, otros adquieren activos financieros, otros demandan moneda, etc. No hay ninguna base para afirmar que las expectativas tienden a converger.</p>     <p align="justify">Tobin (1985) rechaza el ‘fiscalismo&rsquo; y el ‘monetarismo&rsquo; extremos. “Ambas pol&iacute;ticas trabajan. Las medidas fiscales y monetarias se pueden combinar a discreci&oacute;n, pero algunas combinaciones son mejores que las otras” (Tobin, 1985, 23). Esta afirmaci&oacute;n supone que las pol&iacute;ticas monetarias y fiscales son “t&eacute;cnica y pol&iacute;ticamente separables”. Cuando el banco central financia el d&eacute;ficit del gobierno en forma autom&aacute;tica, la pol&iacute;tica fiscal se confunde con la monetaria y, en tales circunstancias, las dos pol&iacute;ticas no se pueden diferenciar.</p>     <p align="justify">Piensa que la pol&iacute;tica fiscal aumenta la velocidad de la moneda. Las mayores tasas de inter&eacute;s y la menor liquidez estimulan la velocidad de circulaci&oacute;n del dinero. No es f&aacute;cil precisar cu&aacute;l es la combinaci&oacute;n &oacute;ptima de las pol&iacute;ticas monetaria y fiscal porque el fen&oacute;meno que se desea corregir obedece a factores de diversa &iacute;ndole, no siempre detectables. “Generalmente el banco central no tiene la capacidad para determinar si el aumento o las presiones a la baja de la tasa de inter&eacute;s se deben a la demanda de bienes o de moneda” (ib&iacute;d., 24). Los monetaristas insistir&aacute;n en que el choque es causado por la demanda de bienes. En cambio, los keynesianos se inclinar&aacute;n a pensar que el choque proviene de la demanda de moneda.</p>     <p align="justify">Tobin (1972) considera que Friedman no hace una distinci&oacute;n adecuada entre keynesianos y monetaristas: se equivoca cuando afirma que la diferencia entre ambas escuelas radica en que los primeros suponen precios fijos, mientras que los monetaristas suponen precios flexibles.</p>     <blockquote>    <p align="justify">El car&aacute;cter distintivo del monetarismo, tanto en las proposiciones como en las prescripciones, no depende de la flexibilidad de precios sino del supuesto de que la velocidad de circulaci&oacute;n de la moneda es insensible a la tasa de inter&eacute;s (Tobin, 1972, 852).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>STOCKS Y FLUJOS</b></p>     <p align="justify">La diferencia entre <i>stocks</i> y flujos es uno de los aspectos centrales de la reflexi&oacute;n de Tobin. La relaci&oacute;n entre <i>stocks</i> y flujos pone en primer plano la importancia del tiempo. Los multiplicadores keynesianos –dice Tobin– no act&uacute;an del mismo modo en cada momento. El impacto de la inversi&oacute;n p&uacute;blica es decreciente. Los rendimientos marginales son m&aacute;s peque&ntilde;os a medida que el <i>stock</i> de infraestructura p&uacute;blica va creciendo. En t&eacute;rminos del modelo IS-LM, esto significa que un mismo monto de inversi&oacute;n p&uacute;blica ocasiona desplazamientos de la curva IS hacia la derecha cada vez m&aacute;s peque&ntilde;os. Y el impacto diferencial de la pol&iacute;tica p&uacute;blica impide que los multiplicadores keynesianos se puedan aplicar mec&aacute;nicamente. El tama&ntilde;o del acervo de capital existente incide en la elasticidad del multiplicador. En otras palabras, los par&aacute;metros no son estables<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>.</p>     <p align="justify">La lectura que hace Tobin de los v&iacute;nculos entre <i>stocks</i> y flujos es, por s&iacute; misma, una respuesta a la cr&iacute;tica de Lucas (1976)<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>. Lucas considera que con el paso del tiempo los determinantes estructurales de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica van cambiando. Por tanto, la efectividad de la pol&iacute;tica fiscal y monetaria no es homog&eacute;nea sino que depende de las circunstancias de cada coyuntura<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>. Los keynesianos se equivocan –dice Lucas– cuando aplican a la situaci&oacute;n actual un multiplicador que obtuvieron con una regresi&oacute;n de los datos pasados. Olvidan que los par&aacute;metros no son estables. Y concluye que la discrecionalidad de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica keynesiana no es posible porque el multiplicador, su instrumento fundamental, es construido bajo el supuesto err&oacute;neo de que hay estabilidad param&eacute;trica. La cr&iacute;tica de Lucas es v&aacute;lida cuando se aplica a las presentaciones sencillas del modelo IS-LM, pero pierde fuerza en el caso de versiones poco m&aacute;s sofisticadas, como la que propone Tobin. Es interesante observar, como lo hace Leslie (1993), que la cr&iacute;tica de Lucas tambi&eacute;n se aplica a los econometristas, de todas las tendencias, que suponen estabilidad param&eacute;trica en los modelos intertemporales<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>EQUIVALENCIA RICARDIANA</b></p>     <p align="justify">Los argumentos de Tobin contra el nuevo monetarismo se reflejan bastante bien en el debate sobre la ‘equivalencia Barro-Ricardo&rsquo; o, simplemente, ‘equivalencia ricardiana&rsquo;.</p>     <p align="justify">La equivalencia ricardiana es una extensi&oacute;n del teorema de Modigliani y Miller (1958, 1959, 1963), seg&uacute;n el cual en competencia perfecta, el costo del capital de las empresas es independiente de la forma como la firma consiga los recursos (deuda, emisi&oacute;n de acciones). Modigliani y Miller distinguen entre la maximizaci&oacute;n de las ganancias y la maximizaci&oacute;n del valor de la empresa. El industrial que busca maximizar la ganancia compra hoy la maquinaria, sin saber cu&aacute;l ser&aacute; su rentabilidad f&iacute;sica ni la ganancia que le proporcionar&aacute; el d&iacute;a de ma&ntilde;ana, cuando la firma est&eacute; en plena producci&oacute;n. Esta visi&oacute;n del riesgo es subjetiva. En cambio, la maximizaci&oacute;n del valor de la empresa en la Bolsa est&aacute; mediada por la objetividad que resulta de la din&aacute;mica del mercado burs&aacute;til. La demanda de una acci&oacute;n determinada crece porque su rentabilidad aumenta con respecto al promedio y, as&iacute;, los propietarios de la firma saben que el mercado valora positivamente su negocio. Cuando el mercado de capitales es perfecto resultan procesos de arbitraje compensatorios en virtud de los cuales para las empresas termina siendo indiferente obtener recursos mediante la emisi&oacute;n de acciones o a trav&eacute;s del endeudamiento. De modo que “el valor de mercado de cualquier firma es independiente de la estructura de su capital” (Modigliani y Miller, 1958, 269).</p>     <p align="justify">Barro (1974)<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a> aplica el principio de Modigliani y Miller a las modalidades de financiaci&oacute;n del Estado y concluye que en el largo plazo es indiferente que el Estado se financie con deuda (emisi&oacute;n de bonos) o impuestos. Buchanan (1976) llam&oacute; equivalencia ricardiana a la hip&oacute;tesis de Barro. De acuerdo con el principio ricardiano (o equivalencia ricardiana), en el largo plazo es indiferente financiar el d&eacute;ficit con impuestos o con deuda p&uacute;blica. Si el gobierno emite t&iacute;tulos de deuda p&uacute;blica, el ingreso de los tenedores de esos t&iacute;tulos aumenta porque adem&aacute;s del capital reciben intereses. Los ahorradores, que tienen expectativas racionales, saben que tarde o temprano el gobierno tendr&aacute; que aumentar los impuestos para pagar la deuda. Y previendo mayores impuestos, no gastan el ingreso adicional sino que lo guardan. El principio ricardiano obliga a pensar la pol&iacute;tica fiscal y monetaria con un horizonte intertemporal que incluso puede cubrir varias generaciones. Los agentes con expectativas racionales –dice Barro– tienen un horizonte infinito. Saben que si el gobierno no sube los impuestos durante la vida de la actual generaci&oacute;n, cobrar&aacute; la deuda a cualquiera de las generaciones siguientes. Los padres legan entonces el ingreso adicional a los hijos, que guiados por el mismo comportamiento racional de sus progenitores, tampoco gastan el dinero esperando que el gobierno aumente los impuestos. Y el proceso contin&uacute;a as&iacute;, <i>ad infinitum</i>, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Tobin cuestiona duramente la equivalencia ricardiana<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>. No acepta la argumentaci&oacute;n de Barro por varias razones. La primera se refiere a la sustituci&oacute;n de activos. La deuda p&uacute;blica no monetaria (bonos) tiene impacto directo sobre el mercado de capitales y las expectativas de los inversionistas. El esquema de Barro no permite diferenciar las modalidades de la deuda no monetaria y, adem&aacute;s, no capta las interacciones que se presentan en la conformaci&oacute;n de los portafolios una vez que el gobierno ha emitido deuda p&uacute;blica. El proceso que desencadena una emisi&oacute;n de t&iacute;tulos de deuda p&uacute;blica es irreversible. El principio ricardiano olvida que las expectativas de los individuos se reflejan en instituciones sociales complejas, que act&uacute;an con cierta autonom&iacute;a y cuyas acciones no se pueden revertir. Tobin dice que la equivalencia Barro-Ricardo ‘degrada&rsquo; las instituciones sociales, porque supone err&oacute;neamente que las preferencias de los individuos prevalecer&aacute;n, independientemente de que haya gobierno, empresas, intermediarios financieros, etc&eacute;tera.</p>     <p align="justify">La segunda raz&oacute;n se refiere a los incentivos para consumir hoy o para ahorrar con miras a pagar impuestos el d&iacute;a de ma&ntilde;ana. Tobin afirma que los acreedores del gobierno prefieren el consumo presente al consumo futuro. No cree que la sustituci&oacute;n intertemporal del consumo obedezca a una l&oacute;gica racional en un horizonte infinito. Y reitera la apreciaci&oacute;n de Keynes sobre la preferencia por el corto plazo en las decisiones de consumo<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>. El horizonte de los keynesianos es finito, de corto plazo, porque en la decisi&oacute;n de invertir influyen los ‘esp&iacute;ritus animales&rsquo; que nos habitan. Y desde esta perspectiva, los incentivos para consumir hoy prevalecen sobre las motivaciones para ahorrar, en espera de que las administraciones tributarias del futuro salden el d&eacute;ficit generado por la deuda p&uacute;blica actual. La teor&iacute;a de las expectativas racionales supone que una vez ha optado por renunciar a una parte del consumo presente, la persona no modifica su decisi&oacute;n a lo largo del tiempo. Los keynesianos no aceptan esta consistencia intertemporal de las preferencias<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>.</p>     <p align="justify">La tercera reflexi&oacute;n cr&iacute;tica de Tobin incluye consideraciones sobre la continuidad de la secuencia intergeneracional. La cadena se puede romper f&aacute;cilmente. Basta que no haya descendientes o que los padres sean indiferentes a la utilidad de los hijos. Los padres pueden disminuir las transferencias a sus hijos, simplemente, porque consideran que el futuro les deparar&aacute; una suerte mejor. La manera de tomar las decisiones en la familia es un tema complejo porque, primero, cada uno de los miembros tiene una percepci&oacute;n diferente del futuro y, segundo, el proceso de decisi&oacute;n en el hogar tiene todas las complicaciones inherentes a la elecci&oacute;n colectiva<a href="#20" name="n20"><sup>20</sup></a>. Si se consideran estos aspectos de manera conjunta es muy dif&iacute;cil que se mantenga la continuidad intertemporal que exige el principio ricardiano.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La cuarta cr&iacute;tica de Tobin se relaciona con las distorsiones del mercado de capitales. Para que el principio ricardiano se cumpla es necesario que no haya imperfecciones en el funcionamiento del mercado de capitales. En la realidad no sucede as&iacute;. Las rigideces que se presentan son de muy diverso tipo. Por ejemplo, para mencionar s&oacute;lo una clase de imperfecciones, es frecuente que el gobierno emita bonos, que debe suscribir obligatoriamente determinado tipo de inversionistas. Y, en general, las imperfecciones son mayores cuando se consideran de manera expl&iacute;cita las relaciones intertemporales.</p>     <p align="justify"><b>LA Q DE TOBIN</b></p>     <p align="justify">Las cr&iacute;ticas de Tobin al gran monetarismo y al nuevo monetarismo llevan el funcionamiento del sistema financiero al centro de la discusi&oacute;n. Su an&aacute;lisis pone en evidencia las diversas modalidades de activos financieros, y muestra que el impacto de los movimientos de capitales sobre la actividad econ&oacute;mica real es irreversible. De un lado, llama la atenci&oacute;n sobre la presencia de tendencias especulativas y, del otro, sobre la existencia de un mercado de capitales imperfecto. La conjunci&oacute;n de ambos factores, especulaci&oacute;n y mercados imperfectos, crea situaciones que no son compatibles con el equilibrio. Desde una perspectiva general, Tobin muestra que las relaciones macro son, por naturaleza, inestables. El nuevo monetarismo se equivoca cuando pretende solucionar los problemas causados por la volatilidad financiera mediante el recurso a las expectativas racionales.</p>     <blockquote>    <p align="justify">Los mercados financiero y de capital son en el mejor de los casos coordinadores muy imperfectos del ahorro y la inversi&oacute;n. Y sospecho que esta deficiencia no se remedia con las expectativas racionales. El fracaso de la coordinaci&oacute;n es una fuente b&aacute;sica de inestabilidad macroecon&oacute;mica, y la oportunidad para poner en pr&aacute;ctica pol&iacute;ticas de estabilizaci&oacute;n (Tobin, 1981, 31).</p> </blockquote>     <p align="justify">En esta frase, Tobin hace expl&iacute;cito el v&iacute;nculo entre la inestabilidad financiera y el tiempo. Adem&aacute;s, pone en duda la capacidad de las expectativas racionales para corregir la falta de coordinaci&oacute;n inherente a los mercados financieros. En estas condiciones es muy probable que no se llegue a una situaci&oacute;n de equilibrio<a href="#21" name="n21"><sup>21</sup></a>. La informaci&oacute;n asim&eacute;trica, el fracaso de la coordinaci&oacute;n, la volatilidad, la incertidumbre, etc., ponen en tela de juicio principios b&aacute;sicos del nuevo monetarismo como: la ausencia de ilusi&oacute;n monetaria, la dicotom&iacute;a cl&aacute;sica, la neutralidad del dinero, la equivalencia ricardiana.</p>     <p align="justify">La q de Tobin relaciona el valor de mercado y los costos de reposici&oacute;n de los bienes durables<a href="#22" name="n22"><sup>22</sup></a>. Puesto que los mercados financieros y burs&aacute;tiles no son perfectos, y dada la tendencia de las personas a especular, es muy probable que el valor de mercado se distancie de los costos de reposici&oacute;n. Tobin rechaza las teor&iacute;as que extienden los alcances de la dicotom&iacute;a cl&aacute;sica para suponer que el mercado burs&aacute;til es un reflejo neutro del mundo real. Si el futuro es incierto y la informaci&oacute;n es limitada, es muy probable que el valor de mercado no refleje los costos de reposici&oacute;n de los activos f&iacute;sicos.</p>     <p align="justify">En condiciones ideales, cuando el valor de mercado es igual a los costos de reposici&oacute;n, q tiende a uno. La relaci&oacute;n q es una <i>proxy</i> del grado de especulaci&oacute;n de los mercados financiero y burs&aacute;til y ayuda a las empresas a tomar la decisi&oacute;n de invertir en el mercado financiero o en la compra de activos f&iacute;sicos.</p>     <p align="justify"><b>EL IMPUESTO TOBIN</b></p>     <p align="justify">En 1971 Nixon declar&oacute; la inconvertibilidad de los d&oacute;lares por oro, destruyendo el v&iacute;nculo que ataba las transacciones monetarias a una realidad f&iacute;sica, expresada en oro. En palabras de Brunhoff (1973), Nixon ‘rompi&oacute; las anclas&rsquo;. Tobin tambi&eacute;n observ&oacute; que el abandono de las paridades fijas podr&iacute;a desencadenar din&aacute;micas especulativas muy perjudiciales, que debilitar&iacute;an el sistema financiero. A comienzos de los setenta propuso un impuesto a todas las transacciones internacionales. El impuesto a las transacciones ya hab&iacute;a sido propuesto por Keynes (1936) en el cap&iacute;tulo XII de la <i>Teor&iacute;a General</i>, y Tobin aplic&oacute; esa idea a los mercados de divisas. El impuesto ser&iacute;a algo similar a echar arena a las ruedas de una carreta para disminuir su velocidad. Pero –aclara Tobin– hay arena ‘buena&rsquo; y arena ‘mala&rsquo;. La arena buena entorpece la rueda de la especulaci&oacute;n. La arena mala obstaculiza la rueda de la inversi&oacute;n productiva. Tobin calcul&oacute; que las transacciones internacionales diarias suman US$1,3 billones, y muy pocas “tienen que ver con capitales productivos” (1999, 3). Un impuesto del 0,1% es arena buena porque golpea la especulaci&oacute;n sin hacerle mayor da&ntilde;o a la inversi&oacute;n productiva<a href="#23" name="n23"><sup>23</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Siguiendo a Keynes, Tobin es consciente de que la especulaci&oacute;n financiera no puede ser completamente eliminada. A las personas les gusta demandar dinero para especular y esto es inevitable. Pero, por lo menos, el impuesto evita que la especulaci&oacute;n crezca sin ning&uacute;n control.</p>     <p align="justify">La idea del impuesto a las operaciones financieras internacionales ha sido ampliamente difundida por Attac (Asociaci&oacute;n por una Tasa a las Transacciones Financieras), uno de los movimientos antiglobalizaci&oacute;n m&aacute;s activos. Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s, Tobin segu&iacute;a convencido de la necesidad de regular los flujos de los capitales internacionales<a href="#24" name="n24"><sup>24</sup></a>. Aunque fue cr&iacute;tico de muchas pol&iacute;ticas del Fondo Monetario Internacional<a href="#25" name="n25"><sup>25</sup></a>, y de la absolutizaci&oacute;n que a veces se hace del mercado<a href="#26" name="n26"><sup>26</sup></a>, no se sent&iacute;a c&oacute;modo con los m&eacute;todos de Attac ni con la forma como esa organizaci&oacute;n impulsa su propuesta del impuesto a las transacciones internacionales. En una entrevista que public&oacute; <i>Der Spiegel</i> llam&oacute; ‘revoltosos de la antiglobalizaci&oacute;n&rsquo;, que ‘abusan de mi nombre&rsquo; a los miembros de Attac.</p>     <p align="justify">El principal objetivo del impuesto no es recoger plata para los pobres sino frenar la especulaci&oacute;n financiera. En su opini&oacute;n, los movimientos antiglobalizaci&oacute;n le dan m&aacute;s importancia a los recursos obtenidos con el impuesto. Para &eacute;l, estos dineros son apenas un ‘subproducto&rsquo;. Fue pesimista acerca de la aceptaci&oacute;n del impuesto a las transacciones internacionales.</p>     <blockquote>    <p align="justify">No soy optimista. No creo que a la comunidad financiera, incluidos los ministerios de finanzas y los bancos centrales de los grandes pa&iacute;ses, le parezcan interesantes estos textos. Incluso cuando alguna personalidad en el poder se refiere de manera acertada a ese instrumento, como hizo Fran&ccedil;ois Mitterrand, la idea no ir&aacute; m&aacute;s all&aacute; del Ministerio de Finanzas. Y ah&iacute; no la apoyar&aacute;n, y tampoco en el FMI. A la gente no le gusta pagar impuestos. Piensan que se trata de una interferencia en las leyes del mercado (Tobin, 1999, 4).</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>LOS NUEVOS KEYNESIANOS</b></p>     <p align="justify">Para Tobin, “la macroeconom&iacute;a ha sido un campo espec&iacute;fico de la teor&iacute;a econ&oacute;mica s&oacute;lo desde la publicaci&oacute;n, en 1936, de la <i>Teor&iacute;a general de la ocupaci&oacute;n, el inter&eacute;s y el dinero de Keynes</i>” (Tobin, 1989, 62). La obra de Keynes sienta las bases de la reflexi&oacute;n macroecon&oacute;mica.</p>     <p align="justify">Tobin tambi&eacute;n critica a los nuevos keynesianos<a href="#27" name="n27"><sup>27</sup></a>. No aprueba su intento de superar las debilidades de Keynes “derivando rigideces de los microfundamentos” (ib&iacute;d., 66). El programa de investigaci&oacute;n de los nuevos keynesianos va en direcci&oacute;n equivocada y nada tiene que ver con la propuesta de Keynes. Los nuevos keynesianos cometen el error de aceptar los t&eacute;rminos del debate tal y como son planteados por los ‘contrarrevolucionarios neocl&aacute;sicos&rsquo;, que por principio son antikeynesianos. La discusi&oacute;n contempor&aacute;nea “exagera el papel de las rigideces de precios” (ib&iacute;d.) y los nuevos keynesianos caen en esta trampa. No s&oacute;lo se equivocan en el tema –las rigideces de precios– sino que cometen el error adicional de pretender microfundarlas.</p>     <p align="justify">Para Tobin la microfundamentaci&oacute;n es una ‘contrarrevoluci&oacute;n metodol&oacute;gica&rsquo;. Dice que va dirigida “no s&oacute;lo contra Keynes, sino contra toda la macroeconom&iacute;a” (ib&iacute;d., 63). La microfundamentaci&oacute;n es un “error metodol&oacute;gico, que ha causado un enorme da&ntilde;o” (Tobin, 1993, 129).</p>     <p align="justify">Los nuevos keynesianos –contin&uacute;a Tobin– no han entendido el prop&oacute;sito de la obra de Keynes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">el gran logro de la <i>Teor&iacute;a General</i> es la teor&iacute;a de la demanda efectiva. Keynes observ&oacute; que los desequilibrios de la demanda se presentan porque, con frecuencia, las cantidades vendidas en el mercado pueden ser menores que las cantidades que los agentes desear&iacute;an comprar a los precios vigentes. Esta intuici&oacute;n es m&aacute;s profunda que el aserto de que los salarios y los precios son ‘r&iacute;gidos&rsquo;. Le recomiendo a los nuevos keynesianos que observen que la investigaci&oacute;n sobre los desequilibrios de la demanda efectiva es m&aacute;s fruct&iacute;fera e importante que el estudio del impacto macroecon&oacute;mico derivado del costo real que tiene cambiar los precios del men&uacute;, la listas de precios o los cat&aacute;logos (Tobin, 1989, 76).</p> </blockquote>     <p align="justify">Los nuevos keynesianos no abordan el problema esencial. El centro de la preocupaci&oacute;n de Keynes no es la rigidez de precios sino los desequilibrios entre la oferta y la demanda agregadas. En lugar de continuar centr&aacute;ndose en las rigideces de precios, deber&iacute;an volver los ojos hacia los desequilibrios entre las cantidades ofrecidas y demandadas, y as&iacute; se aproximar&iacute;an m&aacute;s al esp&iacute;ritu de Keynes.</p>     <p align="justify">Los nuevos keynesianos han propuesto la hip&oacute;tesis de los ‘costos de men&uacute;&rsquo;<a href="#28" name="n28"><sup>28</sup></a>, con el fin de expresar en el lenguaje de la econom&iacute;a un principio b&aacute;sico de la teor&iacute;a del caos: en ciertas condiciones, las perturbaciones peque&ntilde;as desencadenan procesos end&oacute;genos que terminan en transformaciones radicales. Mientras que los precios de los alimentos cambian todos los d&iacute;as, la carta del restaurante no se modifica. Si todos los precios fueran flexibles, lo m&aacute;s l&oacute;gico ser&iacute;a que las variaciones de los precios de los alimentos se reflejaran en la carta. Pero, a juicio del propietario del restaurante, si las variaciones de los precios son peque&ntilde;as no se justifica cambiar el costo del men&uacute;. Los nuevos keynesianos piensan que estas rigideces de precios, aunque peque&ntilde;as, pueden ir desencadenando desequilibrios ca&oacute;ticos. A Tobin (1993, 132) le parece que la hip&oacute;tesis de los costos de men&uacute; no tiene ning&uacute;n asidero en la realidad ni es keynesiana. En su opini&oacute;n, “Keynes se hubiera re&iacute;do al escuchar que los costos del men&uacute; tienen la capacidad suficiente para generar la Gran Depresi&oacute;n o cualquier otra p&eacute;rdida econ&oacute;mica sustancial” (Tobin, 1993, 132).</p>     <p align="justify"><b>LA CURVA DE PHILLIPS O EL ‘DILEMA CRUEL&rsquo;</b></p>     <p align="justify">Tobin (1966) llama ‘dilema&rsquo; cruel a la disyuntiva inflaci&oacute;n-desempleo, porque los gobiernos se ven en la penosa obligaci&oacute;n de inclinar la balanza hacia uno de los dos males. En los a&ntilde;os sesenta y setenta, la curva de Phillips fue el centro de apasionadas disputas que tocaban aspectos te&oacute;ricos b&aacute;sicos y alternativas de pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Al recibir el premio Nobel, Friedman (1976) discuti&oacute; la curva de Phillips despu&eacute;s de analizar los alcances del m&eacute;todo en econom&iacute;a. Tanto en las ciencias sociales, como en las naturales –dijo– “ning&uacute;n experimento est&aacute; controlado por completo”. Y en ambas es imposible evitar la “interacci&oacute;n entre el observador y lo observado”. Friedman critic&oacute; la percepci&oacute;n keynesiana de la curva de Phillips desde una perspectiva te&oacute;rica general. No se trata solamente de hacer un juicio cr&iacute;tico a la pol&iacute;tica econ&oacute;mica keynesiana sino de cuestionar principios fundamentales relacionados con las expectativas, la incertidumbre, el significado de la moneda, la validez de la dicotom&iacute;a cl&aacute;sica, etc.</p>     <p align="justify">Friedman aplic&oacute; la hip&oacute;tesis de expectativas adaptativas a la curva de Phillips y concluy&oacute; que la sustituci&oacute;n entre paro e inflaci&oacute;n s&oacute;lo tiene sentido en el corto plazo, puesto que en el largo plazo deja de ser una opci&oacute;n v&aacute;lida de pol&iacute;tica econ&oacute;mica. Sin ilusi&oacute;n monetaria, en el largo plazo, el desempleo alcanza la ‘tasa natural&rsquo;, que corresponde al equilibrio real de la econom&iacute;a. Y una vez se llega a este nivel, el desempleo se puede modificar &uacute;nicamente porque cambian las condiciones reales, no importa lo que pase con las variables monetarias.</p>     <p align="justify">Friedman y el gran monetarismo, argumenta Tobin, no aclaran cu&aacute;nto dura el corto plazo; el per&iacute;odo de adaptaci&oacute;n y de aprendizaje de los agentes econ&oacute;micos puede ser lo suficientemente largo para que los cambios iniciales en las variables monetarias terminen reflej&aacute;ndose en transformaciones de las variables reales. Mientras dure el corto plazo, el gobierno tiene margen de acci&oacute;n, y la pol&iacute;tica discrecional (fiscal y monetaria) puede lograr sus objetivos. En el caso de la curva de Phillips, el gobierno puede conseguir sus prop&oacute;sitos si sabe aprovechar el diferencial entre tasa de desempleo actual y tasa de desempleo natural. En el corto plazo, la sustituci&oacute;n entre inflaci&oacute;n y desempleo es una alternativa factible de pol&iacute;tica econ&oacute;mica. En el largo plazo, la curva de Phillips es vertical y Friedman salva la dicotom&iacute;a cl&aacute;sica. Tobin no acepta la manera en que el gran monetarismo pasa del corto al largo plazo. Los procesos que tienen lugar en el corto plazo generan din&aacute;micas impredecibles, sin que haya ninguna garant&iacute;a de que en el largo plazo haya convergencia.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s de considerar pertinente la curva de Phillips, Tobin critica la NAIRU (“non accelerating inflation rate of unemployment”). Piensa que en la pr&aacute;ctica no hay una diferencia significativa entre la NAIRU y la ‘tasa natural&rsquo; de desempleo de Friedman.</p>     <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la pr&aacute;ctica no creo que haya ninguna diferencia significativa. Quiz&aacute;s lo que ten&iacute;a en mente Modigliani cuando acu&ntilde;&oacute; el t&eacute;rmino NAIRU, era equivalente a la idea que ten&iacute;a Friedman de la tasa natural de desempleo, como soluci&oacute;n al sistema general de ecuaciones de equilibrio de Walras –una proposici&oacute;n que ni &eacute;l ni nadie ha probado. Es una completa especulaci&oacute;n (Tobin, 1993, 130).</p> </blockquote>     <p align="justify">Tobin compara la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de Wim Duisenberg, presidente del Banco Central Europeo, con la de Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal. Entre ambos banqueros hay una diferencia fundamental. Mientras que Duisenberg piensa que no es responsable de la econom&iacute;a real, porque su misi&oacute;n es combatir la inflaci&oacute;n, Greenspan siempre ha dicho que la Reserva Federal “no se limita a mantener la estabilidad de los precios. Tambi&eacute;n se siente responsable del crecimiento y de los puestos de trabajo”.</p>     <p align="justify"><b>TOBIN Y EL TRANSKEYNESIANISMO</b></p>     <p align="justify">Dentro del keynesianismo, uno de los cr&iacute;ticos m&aacute;s duros de Tobin es Davidson (1978, 227), para quien era un “keynesiano bastardo” que, igual que autores como Hicks y Patinkin, no fue capaz de llevar hasta sus &uacute;ltimas consecuencias la revoluci&oacute;n keynesiana. Es cierto que su lectura de Keynes no es tan radical como la que propone Davidson. Pero gracias a que no se fue tan lejos como Davidson, Tobin permaneci&oacute; en un terreno en el que pudo interpelar a Friedman y al monetarismo.</p>     <p align="justify">Tobin ayuda a entender el mundo contempor&aacute;neo con lentes transkeynesianos. Los temas que he mencionado son apenas la punta del <i>iceberg</i> de la compleja y rica obra de Tobin. Ahora que el nuevo monetarismo pretende erigirse no s&oacute;lo en la corriente principal, sino en la corriente &uacute;nica, es refrescante repasar las cr&iacute;ticas de Tobin. El nuevo monetarismo y su pariente cercano, la teor&iacute;a del ciclo real de los negocios, padecen una debilidad fundamental: su simplismo anal&iacute;tico. La lectura de los hechos de hoy con una mirada transkeynesiana significa pensar la complejidad de la realidad econ&oacute;mica a partir del tiempo y de la moneda. Y estas dos dimensiones, profundamente keynesianas, siempre inspiraron las reflexiones de Tobin.</p>     <p align="justify">Cuando Vickrey reclama una reflexi&oacute;n transkeynesiana, dice que el concepto tiene un significado similar al que se le atribuye en la vida real a nociones como el ‘tren transalpino&rsquo;. El tren atraviesa los Alpes sin que sea necesario especificar en qu&eacute; momento lo hace. No importa que sea ayer, hoy o ma&ntilde;ana. El tren siempre est&aacute; atravesando los Alpes y &eacute;sa es su raz&oacute;n de ser. M&aacute;s all&aacute; de las diferentes lecturas de Keynes, hay por los menos dos elementos constitutivos de su pensamiento que permanecen: la concepci&oacute;n intertemporal del dinero y su convicci&oacute;n de que el desequilibrio es una caracter&iacute;stica inherente a las econom&iacute;as de mercado. No obstante las profundas diferencias entre las escuelas keynesianas, ambos principios son el sustrato com&uacute;n que permite mirar los hechos econ&oacute;micos actuales a la luz del transkeynesianismo. La obra de Tobin nos ayuda a comprender mejor la dimensi&oacute;n temporal de la moneda y nos permite conocer los l&iacute;mites de las nociones de equilibrio desarrolladas por el gran y el nuevo monetarismo.</p>     <p align="justify"><b>    <br>   NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. “Tobin era uno de esos te&oacute;ricos de la econom&iacute;a cuya influencia era tal que muchos que nunca hab&iacute;an o&iacute;do hablar de &eacute;l eran sin embargo disc&iacute;pulos suyos. Fue adem&aacute;s un personaje p&uacute;blico, durante un tiempo el defensor m&aacute;s prominente de una ideolog&iacute;a que podr&iacute;amos llamar keynesianismo de libre mercado, la creencia de que los mercados son una buena cosa, pero que como mejor funcionan es con el gobierno preparado para limitar sus excesos. En cierto modo, Tobin fue el Nuevo Dem&oacute;crata original; es ir&oacute;nico que algunas de sus ideas esencialmente moderadas hayan sido secuestradas &uacute;ltimamente por extremistas de la derecha y de la izquierda” (Krugman 2002, 1).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. En opini&oacute;n de Skidelsky (1993, 87), Leijonhufvud es “uno de los pocos economistas” que se han tomado el trabajo de analizar el conjunto de la obra de Keynes, y por ello ha captado los lazos que unen <i>El tratado sobre la moneda</i> (Keynes, 1930) y la <i>Teor&iacute;a general</i> (Keynes, 1936).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Ver, Clower (1960, 1965, 1967, 1977), Clower y Howitt (1995a, 1995 b), Clower y Leijonhufvud (1975).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Hines (1971) muestra de qu&eacute; manera Clower y Leijonhufvud contribuyeron a una ‘revalorizaci&oacute;n&rsquo; de la econom&iacute;a keynesiana.</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Para Davidson (1978), la cr&iacute;tica de Tobin al modelo IS-LM es muy t&iacute;mida. Piensa que IS-LM se debe dejar de lado porque no incluye en forma expl&iacute;cita el tiempo, la moneda ni la incertidumbre y, en este sentido, no es keynesiano.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Adem&aacute;s, Tobin asocia el nuevo monetarismo con la ‘nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica&rsquo;. En la clasificaci&oacute;n de Snowdon, Vane y Wynarczyk (1994), el gran monetarismo corresponder&iacute;a a la ‘ escuela monetarista ortodoxa&rsquo; y el nuevo monetarismo a la ‘ nueva escuela cl&aacute;sica&rsquo;.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Son variables nominales o monetarias, el salario nominal, la tasa de inter&eacute;s nominal, la tasa de cambio nominal, el ingreso nominal, etc. Son variables reales, la cantidad de producto, el n&uacute;mero de trabajadores, la cantidad de bienes, los activos f&iacute;sicos como el volumen de capital, etc. Expresiones como salario ‘real&rsquo; (salario nominal/&iacute;ndice de precios), ingreso real (ingreso nominal/&iacute;ndice de precios), etc., son variables reales en la medida en que tienen una relaci&oacute;n de equivalencia directa con el mundo real o, para usar un t&eacute;rmino de Bentham (1801), con la ‘materialidad&rsquo; de la riqueza. Para Bentham es fundamental diferenciar la riqueza ‘material&rsquo; de la que no lo es. Tambi&eacute;n diferencia entre renta ‘verdadera&rsquo; y renta ‘pecuniaria&rsquo;. “Por renta verdadera entiendo las cosas en s&iacute; mismas... Por renta pecuniaria entiendo lo que todo el mundo comprende –el dinero empleado por los individuos para la compra de cosas que componen su renta verdadera” (Bentham, 1801, 87). El salario real tiene una equivalencia directa con la materialidad de la riqueza porque informa sobre el poder adquisitivo.</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Los mercados se ‘vac&iacute;an&rsquo; cuando hay equilibrio entre oferta y demanda. Es posible que dicho equilibrio se presente sin que haya pleno empleo. Si &eacute;ste fuera el caso, la tasa de desempleo ser&iacute;a la tasa natural.</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. “la nueva macroeconom&iacute;a cl&aacute;sica, una construcci&oacute;n intelectualmente ingeniosa que no describe las sociedades en las que vivimos” (Tobin, 1980, 67).</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. “Las transacciones –si no con pasta dent&iacute;frica, sin duda con instrumentos financieros– se producen en su mayor parte debido a la existencia de discrepancias. Esto significa que las expectativas de los compradores o vendedores marginales son las que importan en la determinaci&oacute;n de los precios en los mercados al contado y de futuros. Un dicho americano, que viene a prop&oacute;sito, afirma que “deben existir diferencias de opini&oacute;n para organizar carreras de caballos” porque de otra forma no habr&iacute;a apuestas” (ib&iacute;d, 48).</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. Sobre la informaci&oacute;n limitada en econom&iacute;a, ver Arrow (1951, 1965, 1974), Rubinstein (1978) y Simon (1986, 1997).</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. Piensa Tobin (1980, 97) que Keynes no se preocupa demasiado por la diferencia entre <i>stock</i> y flujo porque considera que “los flujos alteran tan lentamente a los <i>stocks</i> que la omisi&oacute;n de las variaciones del <i>stock</i> no tiene importancia”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. Ver, tambi&eacute;n Lucas (1980) y Leslie (1993).</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. “Lucas argumenta que los modelos macroecon&oacute;micos existentes no se pueden utilizar para estudiar los efectos de los cambios de la pol&iacute;tica <i>econ&oacute;mica porque la forma en que los agentes privados (empresas y consumidores) responden a las variaciones de la renta y de los precios dependen de los tipos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica que se est&aacute;n siguiendo</i>. Lucas afirma que en todos los modelos macroecon&oacute;micos existen problemas de este tipo. No afirma que nunca ser&aacute; posible utilizar estos modelos para estudiar la pol&iacute;tica econ&oacute;mica; s&oacute;lo que los modelos existentes no se pueden utilizar con ese fin” (Dornbusch y Fischer, 1992, 533).</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Las implicaciones econom&eacute;tricas de la cr&iacute;tica de Lucas son analizadas por Maddala (1992, 389 y ss.). La econometr&iacute;a ha tratado de superar la cr&iacute;tica de Lucas con los ‘modelos de par&aacute;metros variables&rsquo;.</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. Ver, adem&aacute;s, Barro (1976, 1989, 1996). Bailey (1962, 162) ya hab&iacute;a mencionado los elementos constitutivos de la equivalencia ricardiana. Barro (1974, 1096) reconoce de manera expl&iacute;cita el aporte de Bailey.</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. Buchanan (1976) critica a Barro, entre otras razones, porque desconoce las interacciones pol&iacute;ticas y los conflictos de intereses que surgen con cualquier forma de financiaci&oacute;n del presupuesto. Para otra perspectiva cr&iacute;tica, ver Feldstein (1982).</p>     <p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. “una proporci&oacute;n importante de las familias, aun en las sociedades opulentas, tiene restricciones de liquidez as&iacute; como de riqueza. Los horizontes de sus planes de consumo son m&aacute;s cortos que la duraci&oacute;n de sus vidas, y evidentemente que la duraci&oacute;n de las vidas de sus descendientes” (Tobin, 1980, 78).</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. Entre quienes piensan que las preferencias no son consistentes a lo largo del tiempo, podemos mencionar a Elster (1982, 1983), quien muestra que dadas unas restricciones, el individuo adapta sus preferencias. Se trata del fen&oacute;meno de las ‘uvas amargas&rsquo;. En la f&aacute;bula de La Fontaine, el zorro no puede alcanzar las uvas y renuncia a consumirlas porque le parece que est&aacute;n ‘amargas&rsquo;. Esta reacci&oacute;n reduce la ‘disonancia cognitiva&rsquo;, un t&eacute;rmino acu&ntilde;ado por Festinger (1962, 1964). El comportamiento opuesto al de las ‘uvas amargas&rsquo; es el de Ulises frente a las sirenas (Elster, 1979). Ulises sabe que cuando escuche el canto de las sirenas no podr&aacute; cambiar sus preferencias, y para no ceder al encanto decide amarrarse al m&aacute;stil. En vista de que no puede modificar sus preferencias, Ulises se impone restricciones. Piattelli-Palmarini (1994) trae a colaci&oacute;n numerosos ejemplos e ilustraciones de la vida cotidiana para poner en evidencia la irracionalidad del comportamiento individual y la inconsistencia intertemporal de las preferencias.</p>     <p align="justify"><a href="#n20" name="20">20</a>. En su obra cl&aacute;sica sobre la elecci&oacute;n colectiva, Arrow (1951b) comenta que la toma de decisiones en el hogar es un tema que merece tanta atenci&oacute;n como la elecci&oacute;n social en la esfera pol&iacute;tica. En uno de los cap&iacute;tulos de <i>Desarrollo como Libertad</i>, Sen (1999) analiza el problema de la ‘mujer faltante&rsquo;, en la actual sociedad china. El estricto control natal y las facilidades para abortar han creado condiciones que llevan a las parejas chinas a plantearse de manera expl&iacute;cita la opci&oacute;n entre el ni&ntilde;o o la ni&ntilde;a. Como la mayor&iacute;a prefieren ni&ntilde;os, se genera un fuerte desbalance demogr&aacute;fico. Sobre el tema de las decisiones intrafamiliares, ver, adem&aacute;s, Barro y Becker (1989), Becker (1981), Bourguignon y Mart&iacute;nez (1996), Harriss (1986), McElroy (1990) y Sen (1981).</p>     <p align="justify"><a href="#n21" name="21">21</a>. “Keynes dijo dos cosas que a mi modo de ver tienen un valor permanente y deben hacer parte de la reflexi&oacute;n de cualquier persona sobre la forma como la econom&iacute;a trabaja. Primero, insisti&oacute; en que la incertidumbre conduce a la volatilidad. La especulaci&oacute;n es como una balanza, que funciona a trav&eacute;s de una extrema volatilidad en otros mercados. Segundo, hizo &eacute;nfasis en que la volatilidad financiera tiene repercusiones no s&oacute;lo en los precios sino tambi&eacute;n en el ingreso y el producto” (Skidelsky, 1993, 88).</p>     <p align="justify"><a href="#n22" name="22">22</a>. “La relaci&oacute;n entre el valor de mercado y los costos de reposici&oacute;n es una medida que capta el impacto de los mercados financieros sobre las compras de bienes y servicios, especialmente de bienes durables. Sin mucha imaginaci&oacute;n, a esta relaci&oacute;n la he llamado q. Una pareja de ex alumnos irreverentes me regal&oacute; una camiseta muy llamativa que en la parte de adelante tend&iacute;a la leyenda ‘q es todo lo que importa&rsquo;, y en la parte de atr&aacute;s la identificaci&oacute;n ‘Yale School&rsquo;. De acuerdo, q no es <i>todo</i> lo que importa, pero importa” (Tobin, 1978, 4). Para Phelps (1990) la q de Tobin es la relaci&oacute;n entre el precio sombra real del capital instalado y el costo marginal real del capital.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n23" name="23">23</a>. Para un inversionista que compre maquinaria y que realice, por decir algo, tres transacciones internacionales en un a&ntilde;o, la incidencia de un impuesto del 0,1% es marginal. En cambio, para quien especula en el mercado y hace transacciones frecuentes, el impuesto representa un costo significativo.</p>     <p align="justify"><a href="#n24" name="24">24</a>. Ver Eichengreen, Tobin y Wyplosz (1995) y Tobin (1998).</p>     <p align="justify"><a href="#n25" name="25">25</a>. “Frente a la crisis financiera de Asia tengo una certeza: los remedios propuestos por las personas del Fondo Monetario Internacional, y por quienes participan en este consenso de los expertos de Washington, son desastrosos. Se le est&aacute; pidiendo a las v&iacute;ctimas de la crisis que aumenten la tasa de inter&eacute;s, que sigan una pol&iacute;tica monetaria severa y que restauren la confianza en la econom&iacute;a; es decir, &iexcl;que restablezcan la confianza agudizando la recesi&oacute;n! Para restablecer la confianza en la moneda, se proponen recetas que conducen directamente a la recesi&oacute;n” (Tobin, 1998).</p>     <p align="justify"><a href="#n26" name="26">26</a>. “Es fundamental luchar contra la idea de que el mercado lo har&aacute; todo bien, de que en cualquier circunstancia todo ir&aacute; mejor si no se entorpece la libertad del mercado. Me parece incre&iacute;ble que en el momento de ofrecer ayuda, una de las condiciones que imponen las organizaciones financieras internacionales a los pa&iacute;ses en dificultades es que liberalicen a&uacute;n m&aacute;s sus mercados financieros cuando, precisamente, los problemas han tenido su origen en el hecho de que los mercados ya eran demasiado abiertos” (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify"><a href="#n27" name="27">27</a>. Los dos tomos editados por Mankiw y Romer (1991) re&uacute;nen art&iacute;culos de los ‘nuevos keynesianos&rsquo;.</p>     <p align="justify"><a href="#n28" name="28">28</a>. Ver, por ejemplo, Caplin y Spulber (1987) y Mankiw (1991).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Arrow, Kenneth. “Alternative Approaches to the Theory of Choice in Risk-Taking Situations”, <i>Econometrica</i> 19, 4, octubre, 1951a, pp. 404-437. Reproducido en Arrow, Kenneth. <i>Collected Papers of Kenneth Arrow. Individual Choice under Certainty and Uncertainty</i>, vol. 3, Belknap Press, Cambridge, Harvard University Press, 1984, pp. 5-41.</p>     <p align="justify">2. Arrow, Kenneth. <i>Social Choice and Individual Values</i>, New York, Wiley, 1963, 1951b, pp. 1-91.</p>     <p align="justify">3. Arrow, Kenneth. <i>Aspects of the Theory of Risk-Bearing</i>, Yrj&ouml; Jahnssoin S&auml;&auml;ti&ouml;, Helsinki, lecture 2, 1965. Reproducido como “The Theory of Risk Aversion”, Arrow, Kenneth, <i>Collected Papers of Kenneth Arrow. Individual Choice under Certainty and Uncertainty</i>, vol. 3, Cambridge, Belknap Press, Harvard University Press, 1984, pp. 147-171.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">4. Arrow, Kenneth. “Limited Knowledge and Economic Analysis”, <i>American Economic Review</i> 64, 1, marzo, 1974, pp. 1-10.</p>     <p align="justify">5. Bailey, Martin. <i>National Income and the Price Level: A Study in Macroeconomic Theory</i>, 1962, New York, MacGraw Hill, 1971.</p>     <p align="justify">6. Barro, Robert. “Are Government Bonds Net Wealth?”, <i>Journal of Political Economy</i>82, 6, noviembre-diciembre, 1974, pp. 1095-1117.</p>     <p align="justify">7. Barro, Robert. “Perceived Wealth in Bonds and Social Security and the Ricardian Equivalence Theorem: Reply to Feldstein and Buchanan”, <i>Journal of Political Economy</i> 84, 2, abril, 1976, pp. 343-350.</p>     <p align="justify">8. Barro, Robert. “The Ricardian Approach to Budget Deficits”, <i>Journal of Economic Perspectives</i> 3, 2, primavera, 1989, pp. 37-54.</p>     <p align="justify">9. Barro, Robert. “Reflections on Ricardian Equivalence”, <i>Working Paper Series</i> 5502, marzo, 1996, Washington, National Bureau of Economic Research.</p>     <p align="justify">10. Barro, Robert y Becker, Gary. “Fertility Choice in a Model of Economic Growth”, <i>Econometrica</i> 57, 2, marzo, 1989, pp. 481-501.</p>     <p align="justify">11. Becker, Gary. <i>A Treatise on the Family</i>, 1981, Cambridge, Harvard University Press, 1998.</p>     <p align="justify">12. Bentham, Jeremy. 1801. “La verdadera alarma. Un punto de vista sobre el papel moneda, sus buenos y malos efectos, sus remedios y su relaci&oacute;n con la riqueza real”, Stark, W., 1952, editor, <i>Escritos econ&oacute;micos. Jeremy Bentham</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1965, pp. 73-156.</p>     <p align="justify">13. Bourguignon, Fran&ccedil;ois y Mart&iacute;nez, M. <i>Decomposition of the Change in the Distribution of Primary Family Incomes: A Microsimulation Approach Applied to France, 1979-1989</i>, Paris, mimeo, 1996.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">14. Brunhoff Suzanne. <i>La pol&iacute;tica monetaria</i>, 1973, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1978.</p>     <p align="justify">15. Buchanan, James. “Barro on the Ricardian Equivalence Theorem”, <i>Journal of Political Economy</i> 84, 2, abril, 1976, pp. 337-342.</p>     <p align="justify">16. Caplin, Andrew y Spulber, Daniel. “Menu Cost and the Neutrality of Money”, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 102, noviembre, 1987, pp. 703-725. Reproducido en Mankiw, Gregory, y Romer, David., editores, <i>New Keynesian Economics</i>, vol. 1, Cambridge, MIT Press, 1991, pp. 87-109.</p>     <p align="justify">17. Clower, Robert. “Keynes and the Classics: A Dynamical Perspective”, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 74, 2, mayo, 1960, pp. 318-323.</p>     <p align="justify">18. Clower, Robert. “The Keynesian Counter-Revolution: A Theoretical Appraisal”, Clower, Robert, editor, <i>Monetary Theory</i>, Baltimore, Penguin, 1965.</p>     <p align="justify">19. Clower, Robert. “A Reconsideration of the Microfundamentations of Monetary Theory”, <i>Western Economic Journal</i> 6, 1, diciembre, 1967, pp. 202-212.</p>     <p align="justify">20. Clower, Robert. “The Anatomy of Monetary Theory”, <i>American Economic Review</i> 67, 1, febrero, 1977, pp. 206-212.</p>     <p align="justify">21. Clower, Robert y Howitt, Peter. “Les fondements de l&rsquo;&eacute;conomie”, D&rsquo;Autume, Antoine y Cartelier, Jean, editores, <i>L&rsquo;Economie Devient-Elle une Science Dure?</i>, Par&iacute;s, Economica, 1995a, pp. 18-37.</p>     <p align="justify">22. Clower, Robert y Howitt, Peter. “La Monnaie, les March&eacute;s et Coase”, D&rsquo;autume, Antoine y Cartelier, Jean, editores, <i>L&rsquo;Economie Devient-Elle une Science Dure?</i>, Par&iacute;s, Economica, 1995b, pp. 199-215.</p>     <p align="justify">23. Clower, Robert y Leijonhufvud, Axel. “The Coordination of Economic Actitivies: A Keynesian Perspective”, <i>American Economic Review</i> 65, 2, mayo, 1975, pp. 182-188.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">24. Davidson, Paul. <i>Money and the Real World</i>, New York, MacMillan, 1978.</p>     <p align="justify">25. Dornbusch, Rudiger y Fischer, Stanley. <i>Macroeconom&iacute;a</i>, Madrid, MacGraw Hill, 1992.</p>     <p align="justify">26. Eichengreen, Barry; Tobin, James y Wyplosz, Charles. “Two Cases for Sand in the Wheels on International Finance”, <i>Economic Journal</i> 105, 428, enero, 1995, pp. 162-172.</p>     <p align="justify">27. Elster, Jon. <i>Ulysses and the Sirens. Studies in Rationality and Irrationality</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1979.</p>     <p align="justify">28. Elster, Jon. “Sour Grapes - Utilitarianism and the Genesis of Wants”, Sen, Amartya y Williams, Bernard, editores, <i>Utilitarianism and Beyond</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1982, pp. 219-238.</p>     <p align="justify">29. Elster, Jon. <i>Uvas amargas. Sobre la subversi&oacute;n de la racionalidad</i>, 1983, Barcelona, Pen&iacute;nsula, 1988.</p>     <p align="justify">30. Feldstein, Martin. “Government Deficits and Aggregate Demand”, <i>Journal of Monetary Economics</i>, febrero, 1982.</p>     <p align="justify">31. Festinger, Leon. <i>Cognitive Dissonance</i>, San Francisco, Freeman, 1962.</p>     <p align="justify">32. Festinger, Leon. <i>Conflict, Decision and Dissonance</i>, California, Stanford University Press, 1964.</p>     <p align="justify">33. Friedman, Milton. “Nobel Lecture: Inflation and Unemployment”, <i>Journal of Political Economy</i> 85, 3, junio, 1976, pp. 451-472. Reproducido como “Lectura Nobel: inflaci&oacute;n y desempleo”, <i>Los Premios Nobel de Econom&iacute;a</i>1969-1977, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1978, pp. 313-341.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">34. Harriss, B. “The Intra-Family Distribution of Hunger in South Asia”, Dreze, Jacques y Sen, Amartya, editores, <i>Hunger and Public Policy</i>, New York, Oxford University Press, 1986.</p>     <p align="justify">35. Hicks, John. “Mr. Keynes and the ‘Classics&rsquo;; A Suggested Interpretation”, <i>Econometrica</i> 5, 2, abril, 1937, pp. 147-159. Reproducido como “Keynes y los Cl&aacute;sicos”, Hicks, John, <i>Ensayos Cr&iacute;ticos sobre Teor&iacute;a Monetaria</i>, Barcelona, Ariel, 1975, pp. 152-169.</p>     <p align="justify">36. Hines, A. G. <i>Revalorizaci&oacute;n de la econom&iacute;a keynesiana</i>, 1971, Argentina, Siglo XXI, 1974.</p>     <p align="justify">37. Keynes, John Maynard. <i>A Treatise on Money, The Collected Writings of John Maynard Keynes</i>, London, MacMillan, 1930.</p>     <p align="justify">38. Keynes, John Maynard. <i>Teor&iacute;a general de la ocupaci&oacute;n, el inter&eacute;s y el dinero</i>, 1936, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1976.</p>     <p align="justify">39. Krugman, Paul. “Echaremos de menos a Tobin”, <i>El Pa&iacute;s</i>, 13 marzo, 2002.</p>     <p align="justify">40. Leijonhufvud, Axel. “Keynes and the Keynesians: A Suggested Interpretation”, <i>American Economic Review</i> 57, 2, mayo, 1967, pp. 401-410.</p>     <p align="justify">41. Leijonhufvud, Axel. <i>On Keynesian Economics and the Economics of Keynes: A Study of Monetary Theory</i>, New York, Oxford University Press, 1968.</p>     <p align="justify">42. Leslie, Derek. <i>Advanced Macroeconomics. Beyond IS/LM</i>, New York, MacGraw Hill, 1993.</p>     <p align="justify">43. Lucas, Robert. “Econometric Policy Evaluation: A Critique”, Brunner, Karl y Meltzer, Allan, editores, <i>The Phillips Curve and Labor Markets</i>, Carnegie-Rochester Conference on Public Policy, no. 1, Cambridge, 1976, pp. 19-46.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">44. Lucas, Robert. “Methods and Problems in Business Cycle Theory”, <i>Studies in Business Cycle Theory</i>, Cambridge, MIT Press, 1980, pp. 271-296.</p>     <p align="justify">45. Maddala, G. S. <i>Introduction to Econometrics</i>, Maxwell, New York, MacMillan, 1992.</p>     <p align="justify">46. Mankiw, Gregory. “Small Menu Costs and Large Business Cycles: A Macroeconomic Model of Monopoly”, Mankiw, Gregory y Romer, David, editores, <i>New Keynesian Econo</i>mics, vol. 1, Cambridge, MIT Press, 1991, pp. 29-58.</p>     <p align="justify">47. Mankiw, Gregory y Romer, David, editores. <i>New Keynesian Economics</i>, vol. 1, 2, Cambridge, MIT Press, 1991.</p>     <p align="justify">48. McElroy, Marjorie. “The Empirical Content of Nash-Bargained Household Behavior”, <i>Journal of Human Resources</i> 25, 4, 1990, pp. 559-583. Reproducido en Folbre, Nancy, editora, <i>The Economics of the Family</i>, Cambridge, Edward Elgar, 1996, pp. 203-227.</p>     <p align="justify">49. Modigliani, Franco y Miller, Merton. “The Cost of Capital, Corporation Finance and the Theory of Investment”, <i>American Economic Review</i> 48, 3, junio, 1958, pp. 261-297.</p>     <p align="justify">50. Modigliani, Franco y Miller, Merton. “The Cost of Capital, Corporation Finance and the Theory of Investment: Reply”, <i>American Economic Review</i>, 49, 4, septiembre, 1959, pp. 655-669.</p>     <p align="justify">51. Modigliani, Franco y Miller, Merton. “Corporate Income Taxes and the Cost of Capital: A Correction”, <i>American Economic Review</i>, 53, 3, junio, 1963, pp. 433-443.</p>     <p align="justify">52. Phelps, Edmund. <i>Seven Schools of Macroeconomic Thought</i>, Oxford, Clarendon, 1990.</p>     <p align="justify">53. Piattelli-Palmarini, Massino. <i>Inevitable Illusions. How Mistakes of Reason Rule Our Minds</i>, New York, Wiley, 1994.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">54. Rubinstein, Ariel. <i>Modeling Bounded Rationality</i>, Cambridge, MIT Press, 1998.</p>     <p align="justify">55. Sen, Amartya. “Family and Food: Sex Bias in Poverty”, Bardhan P. y Srinivasan, T., editores, <i>Rural Poverty in South Asia</i>, 1981. Reproducido en Sen Amartya, 1984, <i>Resources, Values and Development</i>, Cambridge, Harvard University Press, 1997, pp. 346-368.</p>     <p align="justify">56. Sen, Amartya. <i>Development as Freedom</i>, New York, Alfred Knopf, 1999.</p>     <p align="justify">57. Simon, Herbert. “Rationality in Psychology and Economics”, <i>Journal of Business</i> 59, 4, octubre, 1986, pp. S209-S224. Reproducido en Simon, Herbert. <i>Models of Bounded Rationality. Empirically Grounded Economic Reason</i>, vol. 3, Cambridge, MIT Press, 1997, pp. 367-386.</p>     <p align="justify">58. Simon, Herbert. <i>Models of Bounded Rationality. Empirically Grounded Economic Reason</i>, vol. 3, Cambridge, MIT Press, 1997.</p>     <p align="justify">59. Skidelsky, Robert. Entrevista transcrita en Snowdon, Brian, Vane Howard y Wynarczyk, Peter, <i>A Modern Guide to Macroeconomics. An Introduction to Competing Schools of Thought</i>, 1993, Cambridge, Edward Elgar, 1994, pp. 79-88.</p>     <p align="justify">60. Snowdon, Brian, Vane Howard y Wynarczyk, Peter. <i>A Modern Guide to Macroeconomics. An Introduction to Competing Schools of Thought</i>, Cambridge, Edward Elgar, 1994.</p>     <p align="justify">61. Tobin, James. “The Fallacies of Lord Keynes&rsquo; <i>General Theory</i>: Comment”, <i>Quarterly Journal of Economics</i>, 62, 5, noviembre, 1948, pp. 763-770.</p>     <p align="justify">62. Tobin, James. “The Cruel Dilemma”, Phillips, Almarin, editor, <i>Price Issues in Theory, Practice, and Policy</i>, 1966, Pennsylvania, University of Pennsylvania Press, 1967. Reproducido en Tobin, James, <i>Essays in Economics</i>, <i>Volume 2. Consumption and Econometrics</i>, 1975, Cambridge, MIT Press, 1987, pp. 3-10.</p>     <p align="justify">63. Tobin, James. “Friedman&rsquo;s Theoretical Framework”, <i>Journal of Political Economy</i> 80, 5, septiembre-octubre, 1972, pp. 852-863.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">64. Tobin, James. “Monetary Policies and the Economy: The Transmission Mechanism”, <i>Southern Economic Journal</i>, 44, 3, enero, 1978, pp. 421-431. Reproducido en Tobin, James, <i>Essays in Economics. Volume 3. Theory and Policy</i>, Cambridge, MIT Press, 1982, pp. 3-13.</p>     <p align="justify">65. Tobin, James. <i>Acumulaci&oacute;n de activos y actividad econ&oacute;mica</i>, 1980, Madrid, Alianza, 1986.</p>     <p align="justify">66. Tobin, James. “Nobel Lecture: Money and Finance in the Macroeconomic Process”, 1981, <i>Journal of Money, Credit and Banking</i> 14, 2, mayo, 1982, pp. 171-204. Reproducido en Tobin, James, <i>Essays in Economics. Volume 4. National and International</i>, Cambridge, MIT Press, 1996, pp. 23-66.</p>     <p align="justify">67. Tobin, James. “Monetarism: An Ebbing Tide?”, <i>The Economist</i>, abril 27, 1985, pp. 23-26.</p>     <p align="justify">68. Tobin, James. “The State of Economic Science”, Sichel, Werner, editor, <i>The State of</i> <i>Economic Science.</i> <i>Views of Six Nobel Laureates</i>, W. E. Upjohn Institute for Employment Research, Michigan, Kalamazoo, 1989, pp. 61-76.</p>     <p align="justify">69. Tobin, James. Entrevista transcrita en Snowdon, Brian, Vane Howard, Wynarczyk, Peter, 1993, <i>A Modern Guide to Macroeconomics. An Introduction to Competing Schools of Thought</i>, Cambridge, Edward Elgar, 1994, pp. 124-136.</p>     <p align="justify">70. Tobin, James. “Entrevista a James Tobin”, <i>Le Monde</i>, 17 de noviembre, 1998.</p>     <p align="justify">71. Tobin, James. <i>James Tobin: el tributo a la justicia</i>, entrevista realizada por Kohut, John; Boukhari, Sophie y Ambarasan, Ethirajan, <i>El Correo de la Unesco</i>, Washington, 1999.</p>     <p align="justify">72. Vickrey, William. “A Trans-Keynesian Manifesto (Thoughts about an Asset-Based Macroeconomics)”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 19, 4, 1997, pp. 495-510.</p> </font>      ]]></body>
</article>
