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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA HISTORIA DE LA ECONOMÍA POSKEYNESIANA DESDE 1936]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center">    <br><b>LA HISTORIA DE LA ECONOM&Iacute;A POSKEYNESIANA DESDE 1936 </b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>THE HISTORY OF POST-KEYNESIAN ECONOMICS SINCE 1936</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center">de J. E. King, Edward Elgar, 2002.</p>     <p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>    <br></p>     <p><i>Lina Ochoa C.</i>*</p>     <p align="justify"> * Economista y estudiante de la Maestr&iacute;a de Ciencias Econ&oacute;micas de la Universidad Nacional de Colombia, <a href="mailto:lina_yo@hotmail.com">lina_yo@hotmail.com</a> Fecha de recepci&oacute;n: 12 de febrero de 2003, fecha de aceptaci&oacute;n: 28 de febrero de 2003.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Muchos son los elementos que han contribuido a formar el panorama actual de la teor&iacute;a y la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, y que continuamente suscitan interrogantes dif&iacute;ciles de responder. Esta obra de J. E. King ofrece una interesante visi&oacute;n que permite avanzar en dicha tarea intelectual. El libro expone el desarrollo de la teor&iacute;a poskeynesiana desde sus or&iacute;genes hasta la actualidad, eval&uacute;a los avances en sus principales campos de estudio y se&ntilde;ala las divergencias con la teor&iacute;a neocl&aacute;sica.</p>     <p align="justify">Aunque en el an&aacute;lisis se adoptan dos perspectivas generales –la cronol&oacute;gica en la primera mitad y la tem&aacute;tica en la segunda– la estructura del libro refleja la din&aacute;mica misma de las ideas poskeynesianas: no sigue una secuencia lineal, uniforme, progresiva, sino que estudia los distintos aspectos centr&aacute;ndose en temas y autores diferentes. Emplea la perspectiva cronol&oacute;gica para analizar las diversas reacciones que desencaden&oacute; la <i>Teor&iacute;a general</i> y mostrar c&oacute;mo se fueron diluyendo los rasgos caracter&iacute;sticos de la obra de Keynes en las diversas contribuciones a la s&iacute;ntesis neocl&aacute;sica. Y la perspectiva tem&aacute;tica para aclarar los grandes debates dentro de las corrientes heterodoxas, y entre &eacute;stas y la corriente neocl&aacute;sica. Tambi&eacute;n examina la evoluci&oacute;n de los estudios en los campos filos&oacute;fico y metodol&oacute;gico y en las &aacute;reas monetaria y financiera <i>.</i>Este enfoque permite identificar las distintas fases de desarrollo y enriquece la comprensi&oacute;n de los diversos temas.</p>     <p align="justify">El poskeynesianismo se estableci&oacute; en los a&ntilde;os 70 como una corriente de pensamiento alternativa a la teor&iacute;a neocl&aacute;sica. Si bien se nutri&oacute; de numerosos aportes a las teor&iacute;as del ciclo, del crecimiento y del capital elaboradas anteriormente, en esos a&ntilde;os hubo un ambiente favorable para que se difundiera esta opci&oacute;n como corriente alternativa al pensamiento neocl&aacute;sico.</p>     <p align="justify">Algunos desarrollos poskeynesianos se basaron en la <i>Teor&iacute;a general</i>, pero muchos otros, quiz&aacute;s la mayor&iacute;a, tuvieron or&iacute;genes muy diferentes, a veces anteriores a 1936, como es el caso de los primeros ensayos de Kalecki. Algunos autores consideran que la obra de Kalecki es m&aacute;s rica y m&aacute;s precisa que la obra de Keynes, y que sienta las bases para un an&aacute;lisis diferente, el cual han tratado de profundizar autores como M. Lavoie y L. Taylor. Aunque la figura de Keynes fue la m&aacute;s notable de esta corriente desde el principio, y se intent&oacute; armar un programa coherente en torno a ella, con el tiempo se revel&oacute; la importancia de otros autores, cuyos aportes permitieron ampliar y matizar algunas ramas de an&aacute;lisis en las que Keynes no ahond&oacute; lo suficiente. Todo esto llev&oacute; a establecer varios postulados poskeynesianos, entre los que se incluyen el rechazo del axioma de sustituibilidad bruta<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>, del axioma de ergodicidad<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a> y del axioma de los reales, del cual se deriv&oacute; la idea de neutralidad del dinero<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>.</p>     <p align="justify">El estudio de la evoluci&oacute;n del poskeynesianismo fuera de Gran Breta&ntilde;a, que se expone en los cap&iacute;tulos 5, 6 y 11, muestra otras facetas interesantes. King muestra que hab&iacute;a un ambiente muy distinto del que se viv&iacute;a en Cambridge, el cual dio origen a preocupaciones te&oacute;ricas y pol&iacute;ticas muy diferentes. En Estados Unidos, los problemas del crecimiento y de la teor&iacute;a del capital pasaron a un segundo plano ante el inter&eacute;s por rescatar el an&aacute;lisis keynesiano de la teor&iacute;a monetaria. Los franceses y los italianos retomaron aspectos m&aacute;s cercanos a los de la econom&iacute;a pol&iacute;tica y desarrollaron la teor&iacute;a del circuito monetario. Otros autotes, como Paul Sweezy y Josef Steindl, estudiaron los determinantes de los m&aacute;rgenes de beneficio y del grado de monopolio desde la &oacute;ptica marxista de confrontaci&oacute;n de clases.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pero, a pesar de sus esfuerzos por construir nuevas herramientas te&oacute;ricas, los seguidores del proyecto poskeynesiano tropezaron una y otra vez con los viejos modos de pensamiento que hab&iacute;an adquirido en la ortodoxia neocl&aacute;sica. As&iacute; lo reflejan los intentos por expresar sus ideas mediante curvas de oferta y demanda y situaciones de equilibrio. De esa forma se cumpli&oacute; el famoso vaticinio de Keynes en el prefacio de su <i>Teor&iacute;a general</i><a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>, el m&aacute;s prof&eacute;tico de cuantos hubiera podido hacer. King corrobora a lo largo del libro los profundos conflictos intelectuales que vivieron Weintraub y Minsky en la d&eacute;cada de los 50, Joan Robinson en los 60, y Hicks en la d&eacute;cada de los 70.</p>     <p align="justify">Aunque la corriente poskeynesiana hizo cr&iacute;ticas v&aacute;lidas a la teor&iacute;a neocl&aacute;sica, sus diversas respuestas y enfoques han sido considerados d&eacute;biles por autores neocl&aacute;sicos como Solow y algunos heterodoxos, pues no han llevado a consolidar una alternativa unificada y coherente frente a la corriente neocl&aacute;sica. A&uacute;n existen desacuerdos en temas esenciales como la necesidad o no de microfundamentos, as&iacute; sean distintos a los microfundamentos neocl&aacute;sicos, y sobre la relaci&oacute;n entre an&aacute;lisis de corto plazo y an&aacute;lisis de largo plazo. Estos desacuerdos separan a los seguidores de Kalecki, Sraffa y Keynes, quienes han propuesto tres visiones diferentes acerca de cu&aacute;l debe ser el n&uacute;cleo de un nuevo proyecto te&oacute;rico, y en distintos momentos han dado una importancia diferente a las proposiciones afirmativas frente a las proposiciones negativas, es decir, a la formulaci&oacute;n de nuevos asertos te&oacute;ricos frente a las cr&iacute;ticas a otras visiones te&oacute;ricas.</p>     <p align="justify">Tampoco hay consenso sobre la clasificaci&oacute;n de las escuelas. Algunos consideran que el poskeynesianismo es suficientemente amplio y da cabida a los seguidores de Kalecki, Sraffa y Keynes; otros consideran que a pesar de los aspectos comunes, existe una clara separaci&oacute;n. Adem&aacute;s, hay elementos comunes con los institucionalistas, marxistas y austriacos, lo que hace a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil establecer fronteras n&iacute;tidas y rasgos distintivos. Este inconveniente se refleja en el uso del lenguaje, algunos hablan de econom&iacute;a poscl&aacute;sica, otros de econom&iacute;a radical y otros de poskeynesianismo en un sentido muy amplio y general. King adopta la taxonom&iacute;a de Harcourt y Hamouda (1988) y considera a kaleckianos, sraffianos y keynesianos como integrantes del poskeynesianismo. Lavoie (1992) o Sawyer (1989) usan otros t&eacute;rminos y otros criterios de clasificaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Es claro que en este libro hay una diferencia de &eacute;nfasis con respecto a otras obras, que puede incomodar a algunos seguidores de esta corriente. Lo que el autor incluy&oacute; y la forma como lo hizo, da pie para controversias. En particular, es sorprendente que en todo el libro no se encuentre una sola menci&oacute;n a las tasas propias de inter&eacute;s, un concepto central para autores, como Kregel, que consideran que sin &eacute;l no se puede entender nada de la obra de Keynes.</p>     <p align="justify">King tambi&eacute;n tiene un profundo desacuerdo con Kregel acerca de la incorporaci&oacute;n del dinero en los trabajos pioneros del poskeynesianismo de la d&eacute;cada de los 50. Para Kregel (1985), el escenario acad&eacute;mico de Cambridge en los a&ntilde;os 30 fue un ambiente en el que se gestaron dos momentos importantes para la teor&iacute;a econ&oacute;mica: una revoluci&oacute;n en la teor&iacute;a del valor que dio pie a los trabajos sobre competencia imperfecta elaborados por Kaldor, Harrod, Robinson, y otros m&aacute;s, y la revoluci&oacute;n monetaria que Keynes, apoyado en Sraffa (1932), intent&oacute; llevar a cabo.</p>     <p align="justify">Debido a la pronta incorporaci&oacute;n del trabajo de Keynes en el esquem&aacute;tico marco IS-LM de Hicks y Hansen, y el abandono de los aspectos monetarios en la ola de estudios sobre crecimiento derivados del modelo Harrod-Domar, Kregel afirma que el dinero pas&oacute; a un segundo plano en los albores del poskeynesianismo, y que la revoluci&oacute;n monetaria esbozada en la <i>Teor&iacute;a general</i> no se pudo desarrollar a cabalidad.</p>     <p align="justify">En su an&aacute;lisis del papel del dinero, King se concentra en Kahn y en Robinson, sobre todo en <i>La acumulaci&oacute;n de capital</i>, y muestra que el dinero no fue tan ajeno a los primeros poskeynesianos. Incluso muestra a Robinson, a pesar de sus confusiones, como una pionera de la idea de la endogeneidad del dinero y de la teor&iacute;a del circuito monetario, que se esbozaron t&iacute;midamente en <i>La acumulaci&oacute;n de capital</i>. Tambi&eacute;n muestra que Kaldor, aunque no en sus trabajos sobre crecimiento, tuvo una clara preocupaci&oacute;n por la pol&iacute;tica monetaria, en su informe al Radcliffe Committee en 1958. Kahn, quien tambi&eacute;n particip&oacute; en este comit&eacute; de estudio de la pol&iacute;tica monetaria en el Reino Unido, expuso una visi&oacute;n que difiere de la teor&iacute;a cuantitativa tradicional.</p>     <p align="justify">En opini&oacute;n de King, la pol&iacute;tica monetaria fue otro de los tantos temas en que los economistas de la &eacute;poca sufrieron de cierta confusi&oacute;n y ambig&uuml;edad conceptual. Pero, dejando de lado a los neocl&aacute;sicos que asimilaron la versi&oacute;n hicksiana de Keynes, no se puede afirmar que el dinero estuvo presente, de una u otra forma, en los primeros estudios poskeynesianos.</p>     <p align="justify">Uno de los debates m&aacute;s interesantes, y quiz&aacute;s el que m&aacute;s ayud&oacute; a legitimar la cr&iacute;tica a la teor&iacute;a neocl&aacute;sica, fue el de la teor&iacute;a del capital y la funci&oacute;n de producci&oacute;n agregada. King dedica un cap&iacute;tulo a este episodio, concentr&aacute;ndose en el an&aacute;lisis que hizo Joan Robinson en su <i>Acumulaci&oacute;n de capital</i>. Tambi&eacute;n comenta la cr&iacute;tica al marginalismo basada en la introducci&oacute;n del progreso t&eacute;cnico en los modelos de crecimiento y en la obra de Sraffa <i>Producci&oacute;n de mercanc&iacute;as por medio de mercanc&iacute;as</i>. Sin embargo, deja en segundo lugar la confrontaci&oacute;n entre las dos escuelas de Cambridge. Esta omisi&oacute;n no permite apreciar por qu&eacute; se fortaleci&oacute; particularmente la cr&iacute;tica poskeynesiana en la d&eacute;cada de los 70. Harcourt (1972) es la referencia cl&aacute;sica para entender este impasse que en su momento admitieron los neocl&aacute;sicos.</p>     <p align="justify">En todos los cap&iacute;tulos, el autor tiene el buen tino de mostrar a los lectores que por medio de la evoluci&oacute;n de las publicaciones acad&eacute;micas se pueden leer los cambios de orientaci&oacute;n de las diversas escuelas te&oacute;ricas. Los <i>journals</i> son, al fin y al cabo, el medio a trav&eacute;s del cual se publican y divulgan los resultados de las investigaciones y las posturas pol&iacute;ticas de quienes all&iacute; escriben. Y por esa raz&oacute;n, son quiz&aacute;s el medio m&aacute;s adecuado y decisivo para establecer mecanismos de control y selecci&oacute;n dentro de la profesi&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Desde el auge y el declive del <i>Economic Journal</i> de Cambridge (Inglaterra) en la d&eacute;cada de los 30, el advenimiento del <i>American Economic Review</i> en la &eacute;poca dorada de la s&iacute;ntesis neocl&aacute;sica, y, luego, la b&uacute;squeda de veh&iacute;culos alternativos –como el <i>Cambridge Journal of Economics</i>, <i>Economie Apliqu&eacute;e</i> y otros que intentan reclamar la atenci&oacute;n del lector– las publicaciones acad&eacute;micas han tenido &eacute;pocas de esplendor y decadencia, y en conjunto van hilando una historia de las confrontaciones te&oacute;ricas, pol&iacute;ticas e ideol&oacute;gicas que habla casi por s&iacute; sola.</p>     <p align="justify">Para el poskeynesianismo, las &uacute;ltimas tres d&eacute;cadas atestiguan la aparici&oacute;n de un amplio espectro de temas que a&uacute;n despiertan grandes interrogantes. A medida que se profundiza en ellos aparecen nuevas preguntas. Esto ha dado pie a la especializaci&oacute;n, a la divisi&oacute;n social del trabajo entre los economistas, y ha llevado a entender que en la <i>Teor&iacute;a general</i>, a diferencia de lo que muchos optimistas cre&iacute;an al principio, hay muchas m&aacute;s preguntas que respuestas.</p>     <p align="justify">El libro de King sintetiza los principales aspectos hist&oacute;ricos de la corriente poskeynesiana durante m&aacute;s de medio siglo. Esta obra sigue la misma l&iacute;nea de recuento hist&oacute;rico y biogr&aacute;fico que ha caracterizado su trabajo de muchos a&ntilde;os. Al presentar los avances que se han logrado y los errores que se han cometido hasta la fecha, el libro permite entrever cu&aacute;l puede ser el futuro de esta disidencia intelectual y qu&eacute; se puede esperar de ella. Su lectura ser&aacute; de gran utilidad para quienes tienen en su mente un mapa borroso e ideol&oacute;gicamente sesgado de lo que constituye la heterodoxia en el pensamiento econ&oacute;mico. Ojal&aacute; contribuya a enriquecer el debate y a eliminar los desafortunados y muy extendidos reduccionismos anal&iacute;ticos en los que se encasillan nuestros c&iacute;rculos de opini&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE </b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. El rechazo del axioma de sustituibilidad bruta implica que el dinero-cr&eacute;dito –como capital financiero– no es sustituible por otros factores de producci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. En un ambiente erg&oacute;dico, las realizaciones pasadas de las variables, es decir, las series hist&oacute;ricas, proporcionan informaci&oacute;n &uacute;til y confiable para predecir su comportamiento futuro. Esto implica la existencia de distribuciones de probabilidad objetivas para todas las variables estudiadas.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Este es el aspecto central del an&aacute;lisis de Keynes, seg&uacute;n Davidson (1984). Otros autores, con orientaci&oacute;n sraffiana o kaleckiana han dado m&aacute;s &eacute;nfasis a otros aspectos, como el rechazo de la competencia perfecta o de la idea del equilibrio.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. “La redacci&oacute;n de este libro ha sido, para el autor, una prolongada lucha en la que trat&oacute; de escapar de las formas habituales de expresi&oacute;n, y as&iacute; debe ser su estudio para la mayor parte de los lectores, si el intento del autor tiene &eacute;xito: un forcejeo para huir de la tiran&iacute;a de las formas de expresi&oacute;n y de pensamiento habituales. Las ideas aqu&iacute; desarrolladas tan laboriosamente son en extremo sencillas y deber&iacute;an ser obvias. La dificultad reside no en las ideas nuevas, sino en rehuir las viejas que entran rondando hasta el &uacute;ltimo pliegue del entendimiento de quienes se han educado en ellas, como la mayor&iacute;a de nosotros” (prefacio a la <i>Teor&iacute;a general de la ocupaci&oacute;n, el inter&eacute;s y el dinero</i>, p&aacute;g. VIII).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">1. Davidson, P. “Reviving Keynes&rsquo;s Revolution”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 6, 4, verano, 1984, pp. 561-575.</p>     <p align="justify">2. Harcourt, G. C. <i>Some Cambridge Controversies in the Theory of Capital</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1972.</p>     <p align="justify">3. Harcourt, G. C. y Hamouda, O. “Post-keynesianism: from Criticism to Coherence?”, <i>Bulletin of Economic Research</i> 40, 1, 1988, pp. 1-33.</p>     <p align="justify">4. Keynes, J. M. <i>Teor&iacute;a general de la ocupaci&oacute;n, el inter&eacute;s y el dinero</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1936.</p>     <p align="justify">5. King, J. E. <i>A History of Post Keynesian Economics Since 1936</i>, Edward Elgar, 2002.</p>     <p align="justify">6. Kregel, J. “Hamlet Without the Prince: Cambridge Macroeconomics Without Money”, <i>American Economic Review </i><i>Papers and Proceedings</i> 75, 2, 1985, pp. 133-139.</p>     <p align="justify">7. Lavoie, M. <i>Foundations of Post Keynesian Economic Analysis</i>, Aldershot, Edward Elgar, 1992.</p>     <p align="justify">8. Sawyer, M. <i>The Challenge of Radical Political Economy</i>, Londres, Harvester Wheatsheaf, 1989.</p>     <p align="justify">9. Sraffa, P. “Dr. Hayek on Money and Capital”, <i>Economic Journal</i> 42, 165, 1932, pp. 42-53.</p> </font>      ]]></body>
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