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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LA “CAJA NEGRA” DE LA GUERRA: ECONOMÍA POLÍTICA Y CONFLICTOS ARMADOS INTERNOS]]></article-title>
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<institution><![CDATA[,Observatorio del Manejo del Conflicto Universidad Externado de Colombia ]]></institution>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center">    <br><b>LA “CAJA NEGRA” DE LA GUERRA: ECONOM&Iacute;A POL&Iacute;TICA Y CONFLICTOS ARMADOS INTERNOS </b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>THE “BLACK BOX” OF WAR: POLITICAL ECONOMY AND NATIONAL ARMED CONFLICTS</b></p>     <p>    <br></p>     <p align="center"><i>Breaking the Conflict Trap.</i><i> Civil War and Development Policy</i>, World Bank, Washington, D.C., Oxford University Press, 2003.</p>     <p></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><i>Sistemas de Guerra. La econom&iacute;a pol&iacute;tica del conflicto en Colombia</i> de Nazih Richani, Bogot&aacute;, IEPRI, Editorial Planeta Colombiana, 2003.</p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Bernardo P&eacute;rez Salazar*</i></p>     <p align="justify"> * Director del Observatorio del Manejo del Conflicto, Facultad de Econom&iacute;a, Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, <a href="mailto:obsconflicto@uexternado.edu.co">obsconflicto@uexternado.edu.co</a> Fecha de recepci&oacute;n: 15 de septiembre de 2003, fecha de aceptaci&oacute;n: 22 de septiembre de 2003.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify">    <br> <b>CAMBIOS GLOBALES EN LA FISONOM&Iacute;A E INCIDENCIA DE LA GUERRA</b></p>     <p align="justify">La oleada reciente de libros y art&iacute;culos sobre pol&iacute;ticas para manejar conflictos violentos, refleja el inter&eacute;s que suscita entre los analistas el cambio en la fisonom&iacute;a e incidencia global de las guerras que ha tenido lugar a partir de la segunda mitad del siglo XX. Los conflictos internacionales decayeron en frecuencia y duraci&oacute;n. Son a&uacute;n muy visibles, como la invasi&oacute;n de Irak por Estados Unidos, pero su frecuencia es cada vez menor y su duraci&oacute;n rara vez va m&aacute;s all&aacute; de algunas semanas o meses. La mayor incidencia de la guerra en el mundo, hoy se escenifica en decenas de conflictos internos, en el Medio Oriente, el norte de &Aacute;frica y los pa&iacute;ses del &Aacute;frica subsahariana, Europa y Asia centrales, el sur y oriente de Asia, Ocean&iacute;a y Am&eacute;rica Latina. La duraci&oacute;n media de estos conflictos es de 7 a&ntilde;os y tiende a alargarse.</p>     <p align="justify">Algunos observadores sugieren que estos cambios en la fisonom&iacute;a e incidencia de la guerra responden a dos din&aacute;micas que obran en direcci&oacute;n contraria. Por un lado, el surgimiento de nuevos Estados-naci&oacute;n en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os, a ra&iacute;z de las dos olas mundiales de descolonizaci&oacute;n: una, durante el decenio de los 60 con la independencia nacional de las antiguas colonias brit&aacute;nicas y francesas, y otra, en los a&ntilde;os 90 con la desintegraci&oacute;n de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica. A la liberaci&oacute;n nacional siguen procesos de ajuste interno de las sociedades, muchos de los cuales derivan en conflictos internos violentos. Esta circunstancia, junto al persistente fraccionamiento de los Estados nacionales, puede crear condiciones para una mayor incidencia global de los conflictos internos, sobre todo en los pa&iacute;ses de ingresos m&aacute;s bajos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Seg&uacute;n las estad&iacute;sticas, estos pa&iacute;ses presentan la mayor incidencia de conflictos internos, en especial aquellos que experimentan procesos continuados de declive econ&oacute;mico y gran dependencia de recursos naturales y otros productos primarios. Estos pa&iacute;ses, donde habitan m&aacute;s de 1.000 millones de personas, enfrentan un riesgo de conflicto violento interno 15 veces mayor al de los pa&iacute;ses de ingresos m&aacute;s altos, riesgo que tiende a aumentar a medida que sus econom&iacute;as se deterioran.</p>     <p align="justify">Por otro lado, obra el proceso de desarrollo econ&oacute;mico mundial, cuya influencia ben&eacute;fica actuar&iacute;a en sentido contrario. El acelerado crecimiento global de los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os ha llevado a que cerca de 4.000 millones de personas hoy vivan en pa&iacute;ses con un ingreso promedio de nivel medio o que al menos cuentan con pol&iacute;ticas e instituciones que les permitir&aacute;n alcanzarlo en un futuro no muy lejano. Si bien el riesgo de conflicto interno violento en estas sociedades es casi 4 veces mayor que en las de ingresos altos, este se ha reducido en los &uacute;ltimos 30 a&ntilde;os, pues en ese entonces era 5 veces mayor.</p>     <p align="justify">Los pa&iacute;ses de mayores ingresos, por su parte, habr&iacute;an alcanzado una paz interna estable en sus sociedades. Por ello, algunos observadores suponen que el crecimiento r&aacute;pido y continuo de los pa&iacute;ses de ingresos medios y bajos los llevar&aacute; a converger con la comunidad de pa&iacute;ses que disfrutan de riqueza, paz y estabilidad interna. El reto consiste en c&oacute;mo llevar el desarrollo a los pa&iacute;ses m&aacute;s pobres, que hoy padecen la mayor incidencia de guerras en el mundo y, en general, se muestran recalcitrantes a la diversificaci&oacute;n econ&oacute;mica y al crecimiento r&aacute;pido y sostenido.</p>     <p align="justify"><b> </b><b>CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA GUERRA</b></p>     <p align="justify">Este marco interpretativo de los cambios en la fisonom&iacute;a e incidencia de la guerra en los &uacute;ltimos 50 a&ntilde;os, es el que articula el informe final del proyecto “Econom&iacute;a de las guerras civiles, el crimen y la violencia”, que el grupo de investigaciones sobre el desarrollo del Banco Mundial, bajo la direcci&oacute;n de Paul Collier, concluy&oacute; en abril de 2003. Se titula <i>Breaking the Conflict Trap. Civil War and Development Policy</i>.</p>     <p align="justify">El informe sostiene que la comunidad internacional y los organismos multilaterales deben proponerse reducir la incidencia de los conflictos internos en los pa&iacute;ses de ingresos m&aacute;s bajos a la mitad de su nivel actual para 2015. Se&ntilde;ala que el sufrimiento humano y el impacto de otras externalidades negativas de las guerras, rara vez son tenidas en cuenta por los mandos y combatientes activos en sus c&aacute;lculos t&aacute;cticos o estrat&eacute;gicos. Sin embargo, los costos que debe soportar el grueso de la poblaci&oacute;n no combatiente como resultado de las guerras son pasmosos: desplazamientos forzosos, morbilidad, mortalidad y empobrecimiento general de la poblaci&oacute;n, escalamiento del gasto p&uacute;blico militar, el impacto econ&oacute;mico y social de los refugiados en los pa&iacute;ses fronterizos, y la creaci&oacute;n de territorios que escapan al control de cualquier gobierno reconocido y se convierten en santuarios del narcotr&aacute;fico, el crimen transnacional y el terrorismo global, entre muchos otros. Por todo ello, y dado el valor moral de la b&uacute;squeda de la paz mundial, el grupo del Banco Mundial justifica la atenci&oacute;n y la intervenci&oacute;n de la comunidad internacional para reducir la incidencia global de la guerra.</p>     <p align="justify">Propone algunos lineamientos de pol&iacute;tica para orientar la intervenci&oacute;n y lograr esta meta. Se trata de una agenda que no se puede dejar a la acci&oacute;n de mecanismos de coordinaci&oacute;n espont&aacute;nea y que justifica abordarse desde la econom&iacute;a pol&iacute;tica. Entre otras recomendaciones concretas sugiere elevar el monto y la duraci&oacute;n de la asistencia internacional a los pa&iacute;ses de ingresos m&aacute;s bajos; una coordinaci&oacute;n m&aacute;s directa entre la intervenci&oacute;n de las fuerzas multilaterales para mantener la paz y las agendas de asistencia internacional y reforma institucional y pol&iacute;tica; adoptar pautas para administrar en forma transparente los ingresos de la explotaci&oacute;n econ&oacute;mica de recursos naturales en los pa&iacute;ses con riesgo de guerra interna; y supervisi&oacute;n multilateral de los acuerdos de reducci&oacute;n del gasto militar entre pa&iacute;ses vecinos durante el posconflicto .</p>     <p align="justify">No obstante, lo s enormes costos y dificultades pr&aacute;cticas que enfrenta Estados Unidos en Afganist&aacute;n e Irak con una agenda muy similar a la que propone el informe, y la oleada de ataques terroristas luego de finalizada la fase de combate abierto en Irak, supuesto “nido terrorista” invadido para prevenir la amenaza que el r&eacute;gimen derrocado representaba para la paz mundial, invitan a polemizar con el informe del Banco Mundial.</p>     <p align="justify">En efecto, las encuestas de opini&oacute;n en los pa&iacute;ses isl&aacute;micos muestran que hay una gran simpat&iacute;a por la forma de gobierno de Estados Unidos, la libertad personal y la educaci&oacute;n, sobre todo entre los j&oacute;venes. Estos resultados contrastan, sin embargo, con los reportes de las Naciones Unidas acerca del ascenso del reclutamiento de voluntarios de Al Qaeda en 30 &oacute; 40 pa&iacute;ses como reacci&oacute;n a los preparativos de la guerra contra Irak (Atran, 2003). Es posible que gran parte de la motivaci&oacute;n que impulsa a los j&oacute;venes isl&aacute;micos a ingresar a las filas del terrorismo sea el rechazo a la unilateralidad de Estados Unidos y sus aliados, no el rechazo a las instituciones y a la pol&iacute;tica “de convergencia” que promueven.</p>     <p align="justify">El hecho de que los pa&iacute;ses m&aacute;s vulnerables a conflictos internos armados sean los mismos que se muestran recalcitrantes al crecimiento econ&oacute;mico y a adoptar las instituciones y pol&iacute;ticas de “convergencia”, invita a preguntar: las instituciones y marcos de pol&iacute;tica que promueven los organismos multilaterales como camino hacia la convergencia de estos pa&iacute;ses con los de altos ingresos &iquest;contribuyen a reducir o a elevar la incidencia de la violencia en los pa&iacute;ses de ingresos bajo y medios? En los pa&iacute;ses con mayor incidencia de guerras y m&aacute;s reacios al crecimiento econ&oacute;mico r&aacute;pido &iquest;se pueden separar las “agendas de reforma pol&iacute;tica e institucional para la convergencia” de la actual diplomacia unilateral estadounidense? &iquest;O en el contexto particular de esos pa&iacute;ses ambas pol&iacute;ticas son las dos caras de una misma moneda?</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pese a que en ninguna parte se plantean expl&iacute;citamente estos interrogantes, los investigadores del Banco Mundial reiteran la necesidad de coordinar esfuerzos multilaterales en la intervenci&oacute;n militar para mantener la paz y en la asistencia econ&oacute;mica para la reforma institucional y pol&iacute;tica en los pa&iacute;ses con mayor riesgo de guerra. La relevancia de esta recomendaci&oacute;n est&aacute; a la vista: justo despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de su informe, se hizo evidente en Irak la magnitud de los costos de mantener la paz en una situaci&oacute;n de posconflicto con fuerzas militares for&aacute;neas. Con cerca de 440.000 km 2, Irak apenas equivale a la tercera parte del territorio continental colombiano, y aun as&iacute;, algunos analistas militares calculan que ser&aacute; necesaria una fuerza de ocupaci&oacute;n del orden de 500.000 efectivos para garantizar la seguridad que requiere el reestablecimiento de los servicios p&uacute;blicos y las funciones b&aacute;sicas del gobierno.</p>     <p align="justify">El caso pone de presente el costo que implicar&aacute; enfrentar situaciones de posconflicto en las que persisten grupos armados haciendo uso de t&aacute;cticas de guerra irregular, hoy calificadas de manera indiferente como “terrorismo”. Estabilizar la paz en tales circunstancias ser&aacute; la principal dificultad de cualquier intervenci&oacute;n militar por parte de una fuerza multilateral. De acuerdo con los resultados de los modelos elaborados por el equipo responsable del informe, las probabilidades de lograr una paz estable en el contexto de pa&iacute;ses en posconflicto son precarias. Estad&iacute;sticamente, los pa&iacute;ses que logran poner fin a sus conflictos internos violentos, tienen un riesgo del 44% de entrar en guerra nuevamente dentro de un plazo de 5 a&ntilde;os. La causa puede ser que durante ese plazo no se modificaron las circunstancias que dieron lugar al conflicto, entre ellas, el bajo nivel de ingresos promedio, el declive continuado de la actividad econ&oacute;mica, la hostilidad de un pa&iacute;s vecino o el desplazamiento y desarraigo masivo de la poblaci&oacute;n. O bien, porque persisten oportunidades para financiar y organizar ej&eacute;rcitos privados con ingresos de recursos naturales o de bienes ilegales controlados por empresarios de la violencia.</p>     <p align="justify">&iquest;Cu&aacute;les ser&aacute;n entonces la magnitud del esfuerzo y el horizonte temporal requeridos para que una intervenci&oacute;n multilateral logre estabilizar la paz, el crecimiento y la diversificaci&oacute;n econ&oacute;mica r&aacute;pida y sostenida en los pa&iacute;ses con mayor riesgo de guerra? La estimaci&oacute;n inicial del informe es de una a dos d&eacute;cadas, y recomienda que la asistencia econ&oacute;mica aumente gradualmente a partir de la segunda mitad de la primera d&eacute;cada, para evitar que alguna facci&oacute;n armada tenga incentivos para apoderarse del aparato estatal y capturar los fondos de cooperaci&oacute;n internacional.</p>     <p align="justify">Aun as&iacute;, este esfuerzo no ser&aacute; suficiente mientras los pa&iacute;ses de ingresos medios y bajos sigan expuestos a choques externos que afecten el valor de sus activos y el precio de su producto interno. Estos choques constituyen un factor decisivo en la generaci&oacute;n y reproducci&oacute;n de condiciones propicias para que los empresarios de la violencia emprendan la guerra con provecho para s&iacute;. Otro factor asociado con el surgimiento y la prolongaci&oacute;n de los conflictos armados internos, es la pol&iacute;tica represiva contra el narcotr&aacute;fico internacional impulsada por los pa&iacute;ses de altos ingresos desde hace m&aacute;s de 40 a&ntilde;os. Seg&uacute;n los autores, la criminalizaci&oacute;n y represi&oacute;n de la producci&oacute;n, comercio y consumo de drogas incentiva la guerra para crear territorios sin control de gobiernos reconocidos, donde se facilita el tr&aacute;fico de bienes ilegales. La ilegalidad de las actividades del narcotr&aacute;fico eleva el precio de las drogas en los mercados de los pa&iacute;ses de altos ingresos y, as&iacute;, se convierte en una fuente de ingresos estable y viable que los empresarios de la violencia aprovechan para sostener ej&eacute;rcitos privados.</p>     <p align="justify">Todas estas consideraciones y condiciones hacen dudar al lector de la viabilidad de reducir a la mitad la incidencia de las guerras en 2015. El informe deja la impresi&oacute;n de que el mundo est&aacute; abocado a lograr en un plazo razonable la convergencia entre los pa&iacute;ses con alta incidencia de guerra y los de altos ingresos, o padecer un surgimiento explosivo de territorios sin control de los gobiernos, en los que encontrar&iacute;an refugio y sost&eacute;n los empresarios de la violencia que hoy articulan el terrorismo internacional y amenazan con desestabilizar el orden mundial que conocemos.</p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de la experiencia iraqu&iacute;, posterior al derrocamiento de Saddam Hussein, cabe preguntar si es viable el llamado a dedicar fuerzas multilaterales e incrementar sustancialmente la asistencia internacional para reducir la incidencia de la guerra en el mundo. A todas luces se trata de una propuesta de coordinaci&oacute;n multilateral de esfuerzos econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos sin precedentes en condiciones inciertas. Para combatir a los empresarios de la violencia y al terrorismo global &iquest;no habr&aacute; alternativas distintas a la de consolidar a los pa&iacute;ses afectados por la guerra como Estados-nacionales, cuyas posibilidades de converger con los pa&iacute;ses de altos ingresos son aparentemente remotas? Y ante la tendencia al fraccionamiento de los Estados-naci&oacute;n, &iquest;es v&aacute;lido seguir agrupando y analizando las estad&iacute;sticas globales de incidencia de la guerra en la categor&iacute;a pol&iacute;tico-administrativa de “Estado-naci&oacute;n”?</p>     <p align="justify"><b>LA “CAJA NEGRA” DE LA GUERRA</b></p>     <p align="justify">Casi simult&aacute;neamente con el informe del Banco Mundial, se public&oacute; en Colombia la traducci&oacute;n de otro libro que usa la econom&iacute;a pol&iacute;tica para el an&aacute;lisis y la recomendaci&oacute;n de pol&iacute;ticas que pongan fin a la guerra en Colombia: <i>Sistemas de guerra. La econom&iacute;a pol&iacute;tica del conflicto en Colombia</i>, un estudio emp&iacute;rico realizado a finales de la d&eacute;cada de los 90 en Colombia por Nazih Richani, venezolano de nacimiento de origen liban&eacute;s.</p>     <p align="justify">Este estudio parte de premisas afines a las del Banco Mundial. Argumenta que la din&aacute;mica de los conflictos armados internos tiende a modificar la composici&oacute;n de los activos de la sociedad, pues reduce el valor de los que son productivos en &eacute;pocas de paz e incrementa el de los que son &uacute;tiles a los empresarios de la violencia. Entre estos &uacute;ltimos, activos f&iacute;sicos (armamentos), humanos (destreza en el uso de las armas y aplicaci&oacute;n de la doctrina militar), y organizacionales (estructuras de mando militar y nexos comerciales con proveedores de insumos b&eacute;licos y compradores de recursos naturales y bienes ilegales).</p>     <p align="justify">A diferencia de los investigadores del Banco Mundial, que centran su atenci&oacute;n en estad&iacute;sticas que reflejan las causas y desenlaces de las guerras para realizar an&aacute;lisis cuantitativos comparativos, Richani explora el proceso que va desde el inicio del conflicto violento hasta su conclusi&oacute;n definitiva, proceso que se pasa por alto la mayor&iacute;a de los estudios, como si fuese una “caja negra”. Su inter&eacute;s se centra en observar los patrones de uso de la violencia organizada de los protagonistas del conflicto armado colombiano, los mecanismos particulares de transformaci&oacute;n de las relaciones de poder y las interacciones a trav&eacute;s de las cuales se modifican los objetivos y estrategias de los antagonistas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Su hip&oacute;tesis es que ciertas estructuras de poder y arreglos institucionales contribuyen a perpetuar el uso de la violencia organizada durante largos per&iacute;odos. Estos “sistemas de guerra” surgen debido al fracaso de las instituciones encargadas de mediar, arbitrar o tramitar conflictos entre grupos sociales y pol&iacute;ticos antag&oacute;nicos. Las guerras que se prolongan son aquellas en las que los antagonistas logran establecer una “econom&iacute;a pol&iacute;tica positiva” a su favor, a trav&eacute;s de la cual acumulan activos pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos, a los que no habr&iacute;an tenido acceso en otras condiciones. Mientras se mantenga un equilibrio militar estable entre las partes, un acuerdo de paz puede ser costoso para ambas, pues dejan de beneficiarse del sistema de guerra. Hasta tanto esas condiciones no cambien, tendr&aacute;n incentivos para reproducir las circunstancias que les permiten operar como empresarios de la violencia.</p>     <p align="justify">Richani inicia su an&aacute;lisis identificando el eje alrededor del cual, seg&uacute;n presume, gira el conflicto colombiano: la lucha por el derecho a la propiedad de la tierra. Propone valorar el grado de efectividad de las medidas que las autoridades competentes han adoptado para mitigarlo. Adem&aacute;s, sugiere algunos indicadores para medir la acumulaci&oacute;n o p&eacute;rdida de activos pol&iacute;ticos (variaci&oacute;n de la extensi&oacute;n de las zonas bajo control pol&iacute;tico, de la capacidad para influir en el proceso pol&iacute;tico y reconocimiento pol&iacute;tico nacional e internacional), econ&oacute;micos (variaci&oacute;n de la capacidad de captar rentas para financiar el gasto militar y del nivel de ingresos personales de combatientes y mandos militares) y militares (frecuencia de enfrentamientos mayores y variaci&oacute;n de la composici&oacute;n de las bajas en combate, n&uacute;mero de municipios bajo control territorial de cada contendiente, tipo de armamento utilizado, y otros m&aacute;s).</p>     <p align="justify">Con este instrumental anal&iacute;tico, Richani pretende explicar la distribuci&oacute;n del poder entre los bandos en conflicto y la manera como los cambios en esa distribuci&oacute;n afectan el comportamiento de los actores, sus activos, estrategias y metas. El an&aacute;lisis de los cambios lo lleva a distinguir diferentes etapas en el ciclo de vida del sistema de guerra. Las guerras se acortan cuando una de las partes sufre una p&eacute;rdida irreversible de sus activos, situaci&oacute;n que Richani denomina “econom&iacute;a pol&iacute;tica negativa”. Si los contendientes alcanzan paralelamente una “econom&iacute;a pol&iacute;tica positiva”, as&iacute; sea asim&eacute;trica, pueden estimar que el precio de una soluci&oacute;n negociada es demasiado alto, sobre todo si implica reformas que desvaloricen sus activos de empresarios de la violencia, y adem&aacute;s, redistribuyan el poder y los activos en favor de terceros. No obstante, siempre existe la posibilidad de que un escalamiento del conflicto ocasione un incremento sustancial de los costos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, sociales y militares de los actores principales, y esto puede llevar a una situaci&oacute;n de “econom&iacute;a pol&iacute;tica negativa”, que eventualmente favorezca la mediaci&oacute;n y el arreglo negociado.</p>     <p align="justify">Para el lector conocedor de nuestro pa&iacute;s ser&aacute;n evidentes, a veces incluso irritantes, las dificultades pr&aacute;cticas para desarrollar esta propuesta metodol&oacute;gica. Los indicadores dise&ntilde;ados para medir los cambios en la acumulaci&oacute;n y p&eacute;rdida de activos requieren informaci&oacute;n cuantitativa de muy dif&iacute;cil acceso y quiz&aacute; poco confiable. Para documentar sus argumentos, Richani recurri&oacute; entonces a entrevistas con empresarios, organizaciones sindicales, cultivadores de productos il&iacute;citos, mineros, mandos de grupos armados ilegales, personal militar y servidores p&uacute;blicos. Como es natural en un trabajo que depende tanto de estas fuentes y m&eacute;todos, el lector encontrar&aacute; muchas interpretaciones parciales –por ejemplo, que las FARC luchan para dar a los campesinos el derecho a la propiedad rural– y errores f&aacute;cticos de fechas y personajes, como una referencia a Carlos Lleras Restrepo como Presidente de Colombia en 1973.</p>     <p align="justify">Con todo, el an&aacute;lisis de Richani de la evoluci&oacute;n del conflicto colombiano recoge elementos de incontestable relevancia como los conflictos agrarios, los problemas debidos a la concentraci&oacute;n de la propiedad y la pobreza rural, as&iacute; como los extensos territorios rurales bajo control de grupos armados ilegales. Pero este an&aacute;lisis simplifica en demas&iacute;a la naturaleza del conflicto colombiano, y deja en el lector la impresi&oacute;n de que Colombia es un pa&iacute;s agrario. Deja por fuera los conflictos laborales y sociales urbanos, as&iacute; como los conflictos por la distribuci&oacute;n de recursos de poder, frente a los que el Estado colombiano se ha mostrado incapaz de jugar un rol activo e imparcial.</p>     <p align="justify">Hacia el final del libro, el autor intenta una interpretaci&oacute;n sobre la coyuntura que llev&oacute; a las conversaciones de paz entre el gobierno de Pastrana y las FARC en el Cagu&aacute;n: el c&oacute;modo <i>impasse</i> al que hab&iacute;an llegado las Fuerzas Militares colombianas, en desarrollo de la “doctrina de la contenci&oacute;n”, y la guerrilla, con la expansi&oacute;n de la narcoeconom&iacute;a en las zonas de colonizaci&oacute;n de su influencia y que les permit&iacute;a disfrutar de respectivas “econom&iacute;as pol&iacute;ticas positivas”, se rompi&oacute; con la aparici&oacute;n de la competencia representada por los paramilitares y el crimen organizado en el mercado de rentas de protecci&oacute;n a partir de mediados de los a&ntilde;os 90. La consecuencia fue el escalamiento violento del conflicto y sus costos concomitantes para todas las partes, reflejados en la degradaci&oacute;n del conflicto: combatientes dados de baja, asesinatos selectivos y masacres de poblaci&oacute;n civil, y la intensificaci&oacute;n de secuestros y atentados contra la infraestructura del pa&iacute;s. Todo ello habr&iacute;a llevado a la descomposici&oacute;n de las “econom&iacute;as pol&iacute;ticas positivas”, que nutrieron el enfrentamiento armado durante d&eacute;cadas, y habr&iacute;a creado en Colombia condiciones similares a las que propiciaron el Acuerdo de Taif de 1989, que puso fin a una guerra civil que se prolongaba desde 1975 en el L&iacute;bano. Concluye su an&aacute;lisis planteando dos interrogantes perentorios:</p>     <blockquote>    <p align="justify">&iquest;los principales actores sociales y pol&iacute;ticos sabr&aacute;n capitalizar la madurez del momento? o &iquest;la creciente intervenci&oacute;n militar de Estados Unidos (<i>sic</i>) generar&aacute; nuevas condiciones para la prolongaci&oacute;n de un sistema de guerra agonizante? (ib&iacute;d., 237-238).</p> </blockquote>     <p align="justify">Como sucedieron los hechos, las conversaciones del Cagu&aacute;n no llegaron a nada y la guerra continu&oacute;. Los costos del escalamiento de mediados de los 90 evidenciaron una grave crisis humanitaria, pero no redujeron la rentabilidad empresarial de los violentos. Para esta nueva fase el gobierno colombiano cuenta adem&aacute;s con una importante asistencia militar de Estados Unidos, que desde 2002 ya no tiene la restricci&oacute;n de utilizarla exclusivamente contra el narcotr&aacute;fico. Pero Estados Unidos, apretado militar y financieramente por la “guerra contra el terrorismo”, supo descargar el grueso de los costos sobre los colombianos. El aumento del pie de fuerza y la mayor operatividad de las Fuerzas Militares han exigido un incremento sustancial del gasto p&uacute;blico en seguridad y defensa, cuya financiaci&oacute;n est&aacute; programada hasta 2006 con reformas tributarias e impuestos extraordinarios.</p>     <p align="justify">La guerra en Colombia parece resistirse a las tipificaciones, los modelos prospectivos y las recomendaciones de pol&iacute;tica que se derivan de estos dos enfoques de econom&iacute;a pol&iacute;tica. La intuici&oacute;n en que coinciden ambos estudios, y quiz&aacute; la m&aacute;s aplicable al caso colombiano, es que el continuo incremento del gasto p&uacute;blico en seguridad y defensa suele ser ineficaz para controlar las rebeliones, pues estos incrementos son percibidos como una se&ntilde;al de “mala fe” del gobierno en su compromiso de obrar imparcialmente en los conflictos por la distribuci&oacute;n del poder. El equipo del Banco Mundial lo expresa con su ret&oacute;rica habitual:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify"><b> </b>En tanto la literatura que intenta explicar las guerras civiles se ha centrado de manera desproporcionada en las motivaciones, hay que anotar que las circunstancias en las que los grupos rebeldes son militar y financieramente viables suelen ser relativamente raras. Hirshleifer (2001) ha avanzado una proposici&oacute;n deprimente, el teorema de Maquiavelo, seg&uacute;n el cual ninguna oportunidad ventajosa para explotar a alguien se desprecia. Aun cuando muchas rebeliones no son motivadas por el deseo de explotar a alguien, una proposici&oacute;n cercana a esta puede ser v&aacute;lida en la pr&aacute;ctica: ninguna oportunidad con viabilidad militar y financiera para promover una agenda pol&iacute;tica mediante la rebeli&oacute;n se desprecia (Banco Mundial, 2003, 89).</p> </blockquote> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Atran, S. “&iquest;Who Wants to be a Martyr?”, <i>New York Times</i>, 5 de mayo, 2003.</p>     <p align="justify">2. Banco Mundial. <i>Breaking the Conflict Trap. Civil War and Development Policy</i>, Washington D.C., World Bank-Oxford University Press, 2003.</p>     <p align="justify">3. Hirshleifer, J. <i>The Dark Side of the Force. Economic Foundations of Conflict Theory,</i> Cambridge, U. K., Cambridge University Press, 2001.</p>     <p align="justify">4. Richani, N. <i>Sistemas de guerra. La econom&iacute;a pol&iacute;tica del conflicto en Colombia.</i> Bogot&aacute;, IEPRI, Planeta Colombiana, 2003.</p> </font>      ]]></body>
</article>
