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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center">    <br><b>EL CANAL TRANSOCE&Aacute;NICO<a name="nast"></a><a href="#ast">*</a></b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>THE TRANSOCEANIC CHANNEL</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Diego Mendoza</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> <a href="#nast">* </a><a name="ast"></a>Tomado de Mendoza, Diego. 1930. <i>Astillas de mi taller I . El canal interoce&aacute;nico</i>, Bogot&aacute;. Publicado inicialmente en 1901.</p> <hr>     <br>     <p align="justify">[&hellip;] No hemos salido los colombianos mejor librados en el trato con la gran Naci&oacute;n que no pocos de nuestros compatriotas apellidan hermana mayor de las rep&uacute;blicas hispanoamericanas. Puede que, a pesar de ser ella de otra raza y de ir llevada en la historia por otra onda del destino, tenga con nuestro pa&iacute;s parentesco de afinidad tan estrecho as&iacute;; mas es lo cierto que esa hermana tiene, o por lo menos ha abrigado hasta ahora, sentimientos muy poco fraternales por los miembros de los que, seg&uacute;n se dice, son de su propia familia.</p>     <p align="justify"> [&hellip;] No guardemos en la memoria las risue&ntilde;as esperanzas con que nutr&iacute;an su patriotismo los se&ntilde;ores Mallarino y Anc&iacute;zar a ra&iacute;z de la celebraci&oacute;n del tratado de 1846, ni las previsiones del se&ntilde;or P&eacute;rez cuando ese pacto ya hab&iacute;a fructificado. Hagamos cuenta que es hoy por primera vez cuando tenemos que sellar una transacci&oacute;n con los Estados Unidos, y consideremos que, con voluntad o sin ella, han sonado ya horas de abrumadora fatalidad.</p>     <p align="justify"> Habr&iacute;a sido el ideal que Colombia con sus propios capitales hubiera canalizado el Istmo, y bajo su salvaguardia lo hubiera ofrecido al comercio de todas las naciones en pie de igualdad y de neutralidad. Esto fue imposible, porque somos pobres y d&eacute;biles; el punto, visto as&iacute;, est&aacute; por tanto fuera de discusi&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Si la Compa&ntilde;&iacute;a francesa pudiera reunir hoy el capital necesario para dar fin a la obra dentro del t&eacute;rmino de la pr&oacute;rroga que &uacute;ltimamente le otorg&oacute; Colombia, el problema econ&oacute;mico quedar&iacute;a resuelto. Buneau-Varilla, en su odisea, les dicen: al ahorro franc&eacute;s, que d&eacute; el ejemplo contribuyendo con sus &oacute;bolos para reunir el capital necesario, que &eacute;l estima en quinientos millones de francos, por capital e intereses; a las grandes fortunas, que se acuerden que la &uacute;nica justificaci&oacute;n que ellas tienen en la democracia es la de ser &uacute;tiles a la colectividad; y a todos los franceses, que tengan la solidaridad del valor y el valor de la solidaridad por el bien p&uacute;blico.</p>     <p align="justify"> Creemos, as&iacute; y todo, que no habr&aacute; nada de esto; y que, aun cuando s&iacute; se reuniera el dinero que falta, todav&iacute;a quedar&iacute;a por resolver la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica.</p>     <p align="justify"> Y la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica es esta: los Estados Unidos, no satisfechos con el derecho que tienen, conforme al malhadado tratado de 1846, de pasar por el canal sus buques de guerra; ni satisfaci&eacute;ndoles tampoco las antiguas proposiciones de M. Maurice Hutin, Director de la Compa&ntilde;&iacute;a, que los ciudadanos norteamericanos, no el Gobierno, adquiriesen un inter&eacute;s pecuniario en la empresa, la cual se incorporar&iacute;a bajo las leyes del Estado de Nueva York; los Estados Unidos, o por lo menos una porci&oacute;n considerable de sus ciudadanos, tan considerable que bien puede imponerle al Gobierno su modo de ver la cuesti&oacute;n, lo que quieren es un canal oficial construido con fondos de la Naci&oacute;n. Ni m&aacute;s ni menos.</p>     <p align="justify"> Tiene otras faces el problema pol&iacute;tico: del lado de las otras potencias, el<i> status</i> internacional del canal; y para Colombia, sus derechos de propiedad y soberan&iacute;a sobre el territorio.</p>     <p align="justify"> Los Estados Unidos quieren &ldquo;ir aprisa sin atropellarse&rdquo;; nosotros debemos proceder lo mismo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Convencido M. Hutin de que la Compa&ntilde;&iacute;a no podr&aacute; reunir el capital que falta para darle cima a la empresa, desea enajenar la concesi&oacute;n. El comprador ser&iacute;a, para &eacute;l, en ese caso, el Gobierno de los Estados Unidos.</p>     <p align="justify">&iquest;Debe Colombia permitir el traspaso del privilegio a ese Gobierno? Si da el permiso para la enajenaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; debe estipular en cuanto a sus derechos pecuniarios en la empresa y en cuanto a sus derechos pol&iacute;ticos en Panam&aacute;?</p>     <p align="justify"> En estas dos preguntas est&aacute; comprendida toda la cuesti&oacute;n, seg&uacute;n nuestro modo de ver.</p>     <p align="justify"> Si a un hombre solo se le llamara a resolverla, no creemos que tuviera las capacidades necesarias; pero si las tuviere &ndash;lo que por de contado no es imposible&ndash; juzgamos que no tendr&iacute;a el valor de asumir &eacute;l solo la responsabilidad.</p>     <p align="justify"> Y como es asunto de inter&eacute;s nacional, los colombianos estamos en el deber de contribuir con lo que cada cual pueda dar para ilustrar el juicio de nuestros compatriotas en punto de tama&ntilde;a gravedad y trascendencia.</p>     <p align="justify"> El primer aspecto de la cuesti&oacute;n pol&iacute;tica, esto es, la actitud que, con respecto al canal, quieren asumir los Estados Unidos, es un hecho que es necesario tener en cuenta, porque afecta a Colombia de modo muy serio, pero en el cual probablemente no tendremos arte ni parte.</p>     <p align="justify"> El segundo aspecto de la misma cuesti&oacute;n pol&iacute;tica s&iacute; es punto que concierne a Colombia, no porque sea potencia de ning&uacute;n orden, sino porque del <i>status</i> internacional que al canal se le d&eacute;, depende, hasta cierto punto, la conservaci&oacute;n de sus derechos pol&iacute;ticos en Panam&aacute;, y porque, en cierta manera, su propio decoro le exige que sostenga sus racionales puntos de vista, tales como aparecen de los actos que ha ejecutado y de las doctrinas que siempre ha profesado.</p>     <p align="justify"> La opini&oacute;n del expositor Calvo respecto de la situaci&oacute;n que conviene a los canales mar&iacute;timos, es que deben tener tanto por su naturaleza como por su destino la misma que tienen los estrechos, que son partes integrantes del mar; o, en otros t&eacute;rminos, que a los canales les es aplicable el principio de la libertad de los mares. Sup&oacute;ngase &ndash;dice por su parte Mr. Weld&ndash; que la Naturaleza, anticip&aacute;ndose a las necesidades del hombre, hubiera cortado el Istmo de la Am&eacute;rica Central, y que el paso fuera tan amplio, que resultara imposible para cualquier Estado adue&ntilde;arse de alguna de sus orillas, levantar en ellas fortalezas y dominar el estrecho. En tal caso el canal estar&iacute;a abierto para todos. &iquest;Tendr&iacute;a entonces de qu&eacute; quejarse ni aun el menos poderoso de los Estados alegando que la Naturaleza le hab&iacute;a hecho mal? Si, con todo, el hombre, dejado a sus propios recursos, abre el paso y resuelve que sea usado por todos en unos mismos t&eacute;rminos, &iquest;no ser&iacute;a justa su determinaci&oacute;n?</p>     <p align="justify"> La suposici&oacute;n de este autor nada deja qu&eacute; desear. Presc&iacute;ndase del acto del hombre y cont&eacute;mplese el canal como un don gratuito que un hombre o un conjunto de hombres hiciera u ofreciera a toda la humanidad, como si se tratase del viento o de cualquiera otra fuerza o elemento natural puesto por Dios a la disposici&oacute;n de todos; en un caso tal, ninguna naci&oacute;n, por poderosa que fuera, pretender&iacute;a monopolizar para ella sola el uso de lo que un hombre o un conjunto de hombres, o la Naturaleza, hab&iacute;a puesto al servicio com&uacute;n y gratuito de todos.</p>     <p align="justify"> Ahora: una v&iacute;a construida por el hombre exige la colaboraci&oacute;n de la inteligencia y el capital; y cuando hay esta concurrencia de servicios, la mira son las ganancias y el promover el bienestar moral y material; y como el uso libre no quiere decir el uso gratuito, lo que se paga por el hecho de pasar por el canal es la remuneraci&oacute;n de un servicio; lo que se cobra es el r&eacute;dito de un capital y la cuota parte que se destina a hacer perpetuo el capital fijo y a hacer fecundo el trabajo del hombre. Sin estos est&iacute;mulos la acci&oacute;n del progreso quedar&iacute;a herida de par&aacute;lisis; y no asegur&aacute;ndoles utilidades, no habr&iacute;a sociedad que gastara las cuantiosas sumas de dinero que obras como la del canal exigen.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> El uso libre no implica tampoco el uso an&aacute;rquico, el uso incondicional, el uso ilimitado; es decir, el abuso en todas sus formas. La reglamentaci&oacute;n no hace sino asegurar para todos la coparticipaci&oacute;n regular del bien com&uacute;n; tiene por objetivo la conservaci&oacute;n de la cosa; y en obras artificiales se aseguran con aqu&eacute;lla para su due&ntilde;o los capitales empleados, hasta donde es esto posible. Proteger los intereses fiscales y comerciales del empresario es justamente el &uacute;nico medio de que el uso libre de lo que su inteligencia y su capital trajeron al acervo com&uacute;n del progreso y la felicidad tenga para todos los hombres una utilidad permanente. La v&iacute;a est&aacute; ah&iacute; para el servicio de todos: &eacute;se es el uso libre; todos deben pagar el usufructo de las cosas ajenas: &eacute;sa es la condici&oacute;n de justicia, &eacute;sa la prenda de equidad que nadie puede discutir. Ahora bien, y puestos los ojos en otra parte, el territorio ocupado por el canal &ndash;opini&oacute;n de Calvo a que no hay limitaci&oacute;n que hacer&ndash; no por haber sido transformado en estrecho artificial, deja de ser propiedad del Estado dentro de cuyos l&iacute;mites est&aacute;; ni el Estado por haber permitido la excavaci&oacute;n enajena la jurisdicci&oacute;n que antes ten&iacute;a.</p>     <p align="justify"> El &uacute;nico precedente que ilustra la cuesti&oacute;n del status de los canales es el referente al de Suez. No se pierda de vista desde luego que el hecho de ser construidos por una compa&ntilde;&iacute;a privada o por un gobierno, no le quita o no le debe quitar a la empresa su car&aacute;cter industrial. M&aacute;s a&uacute;n: la compa&ntilde;&iacute;a an&oacute;nima no tiene el poder de abusar en la misma extensi&oacute;n que un gobierno; y de ah&iacute; la necesidad, en el segundo caso, de rodear de mayor n&uacute;mero de garant&iacute;as el uso de las v&iacute;as interoce&aacute;nicas.</p>     <p align="justify"> Estudiemos ahora el precedente, y vamos haciendo con &eacute;l la comparaci&oacute;n respectiva.</p>     <p align="justify"> Se ha cre&iacute;do y se ha dicho que es muy diferente el car&aacute;cter de los dos canales: al de Suez se le dio un car&aacute;cter internacional; la concesi&oacute;n original tuvo en mira un canal neutral; fue una empresa privada de extranjeros de varias nacionalidades en territorio sometido a <i>control</i> internacional; y el gobierno que hizo la concesi&oacute;n era demasiado d&eacute;bil para darle la protecci&oacute;n debida, y estaba sometido &eacute;l mismo a vigilancia internacional.</p>     <p align="justify"> Quitando lo relativo al control a que ha estado sometido el Egipto, las condiciones de uno y otro nos parecen iguales. La empresa de Panam&aacute; ha sido hasta ahora una empresa privada de extranjeros de varias nacionalidades; la concesi&oacute;n original le dio al canal car&aacute;cter internacional; y el gobierno que la otorg&oacute; es d&eacute;bil para darle protecci&oacute;n adecuada. Este &uacute;ltimo hecho no necesita comprobaci&oacute;n; pero fue precisamente porque Colombia conoci&oacute; su impotencia para defender la obra, sus anexidades y dependencias, por lo que, en el contrato Salgar-Wyse, dio al canal el car&aacute;cter de neutral; esto es, lo puso al amparo de todas las potencias, a todas las interes&oacute; en su conservaci&oacute;n, y m&aacute;s todav&iacute;a, quiso alejar, quiso hacer imposible la lucha entre ellas en &eacute;l y por &eacute;l. Podr&iacute;amos decir que en la mente y en la mano de Colombia el canal que se abriera en su territorio deb&iacute;a ser un pan blanco para todas. Habr&iacute;a amasado un pan negro si otra cosa hubiera hecho. La objeci&oacute;n de la debilidad para quitarle aquel car&aacute;cter no ser&iacute;a fundada sino en el caso de que una naci&oacute;n poderosa quisiera excluir del uso del canal a otra u otras que lo fueran menos, y que &eacute;stas apelasen a Colombia por una seguridad que ella con sus solos recursos militares de tierra y mar no podr&iacute;a dar. Entonces s&iacute; aparecer&iacute;a patente su debilidad; antes no, porque en la paz y en la neutralidad no se presentan los actos salvajes de la civilizaci&oacute;n. La coparticipaci&oacute;n, si pac&iacute;fica, si fecunda, es de pan blanco de fraternidad, no de pan negro de mutuas agresiones.</p>     <p align="justify"> Si, estudiado el asunto, se llegaba a la convicci&oacute;n de que la apertura del canal era posible, econ&oacute;micamente hablando, los concesionarios formar&iacute;an una compa&ntilde;&iacute;a an&oacute;nima universal que se encargara de la ejecuci&oacute;n de la obra. Esto es decir que los extranjeros de toda nacionalidad tendr&iacute;an derecho de llevar al fondo social de la empresa sus ahorros, sus capitales, y a participar as&iacute; de sus ganancias o de sus p&eacute;rdidas. De forma que en este particular no ha habido diferencia entre las dos empresas.</p>     <p align="justify"> Ni la hay tampoco en el car&aacute;cter que a la obra le dio la primitiva concesi&oacute;n. El Gobierno de la Rep&uacute;blica declara neutrales para todo tiempo los puertos de uno y otro extremo del canal y las aguas de &eacute;ste de uno y otro mar; y, en consecuencia, en caso de guerra entre otras naciones o entre alguna o algunas de &eacute;stas y Colombia, el tr&aacute;nsito por el canal no se interrumpir&aacute; por tal motivo; y los buques mercantes y los individuos de todas las naciones del mundo podr&aacute;n entrar en dichos puertos y transitar por el canal, sin ser molestados o detenidos. En general, cualquier buque podr&aacute; transitar libremente sin ninguna distinci&oacute;n, exclusi&oacute;n o preferencia de personas o nacionalidades, mediante el pago de los derechos y la observancia de los reglamentos establecidos por la compa&ntilde;&iacute;a concesionaria para el uso de dicho canal y sus dependencias. Except&uacute;anse las tropas extranjeras, que no podr&aacute;n pasar sin permiso del Congreso colombiano.</p>     <p align="justify"> As&iacute; se expresa el art&iacute;culo 5.o del contrato de concesi&oacute;n firmado en Bogot&aacute; el 20 de marzo de 1878.</p>     <p align="justify"> Se diferenciar&iacute;an los dos canales, esto es, el de Suez tendr&iacute;a car&aacute;cter neutral, y el de Am&eacute;rica ser&iacute;a exclusivamente nacional, si este &uacute;ltimo fuera empresa de un gobierno americano y se construyera en territorio sometido a su jurisdicci&oacute;n exclusiva; o si, al verificarse el traspaso del privilegio de la Compa&ntilde;&iacute;a a un gobierno, Colombia permitiera que ese gobierno le quitara a la v&iacute;a la calidad que ella misma le dio; o si, por &uacute;ltimo, el Gobierno adquirente, haci&eacute;ndose due&ntilde;o del territorio por donde se excave el canal, anexase sin condici&oacute;n, y sin limitaciones en favor de otros pa&iacute;ses, la faja de terreno necesario no s&oacute;lo para el canal sino tambi&eacute;n para sus anexidades, dependencias, estaciones de carb&oacute;n, etc., etc. En cualquiera de estos casos la v&iacute;a interoce&aacute;nica no tendr&iacute;a car&aacute;cter internacional. Se construir&iacute;a en Panam&aacute;, pero en territorio de la Uni&oacute;n Norteamericana.[&hellip;] </p>     <p align="justify"> Estos precedentes podr&iacute;an servir acaso para fijar el status internacional del canal de Am&eacute;rica; pero perm&iacute;tase a nuestra solicitud patri&oacute;tica temer lo contrario, esto es, que ese canal y su territorio adyacente pierdan la condici&oacute;n que nuestro pa&iacute;s ha querido darles, pues no es aventurado ni atrevido temer que, siendo el canal de Panam&aacute; abierto por el Gobierno de los Estados Unidos, &eacute;stos, a poco andar, se olviden de que construyeron la obra como empresarios privados, y asuman, por s&iacute; y ante s&iacute;, el car&aacute;cter de due&ntilde;os exclusivos de ella como Gobierno, y como Gobierno acaso el m&aacute;s fuerte de la tierra. En tal evento, Colombia, la pobre y generosa Colombia, nada tendr&iacute;a que hacer, nada podr&iacute;a hacer fuera de llevar con cristiana paciencia por toda la longitud del tiempo la cruz de su miserable destino. Acord&eacute;monos de que el tratado de garant&iacute;a de 1846 ha sido ya parte de los le&ntilde;os de esa cruz; que los Estados Unidos se han servido de &eacute;l contra nosotros en toda ocasi&oacute;n; y de que el mundo, este buen mundo tan cristiano en las palabras y tan imp&iacute;o en las obras, que deja sacrificar al d&eacute;bil y no tiene piedad para el vencido, ver&aacute; con ojos indiferentes la inmolaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Si Colombia permitiere el traspaso del privilegio sin que previamente se fije el <i>status</i> internacional del canal, no tendr&aacute; luego voz ni voto en la cuesti&oacute;n; habr&aacute; desaparecido, y el punto ser&aacute; discutido y ser&aacute; resuelto, si el caso llegare, sin su acuerdo.</p>     <p align="justify"> No hay para la grave cuesti&oacute;n que la pr&oacute;xima Asamblea Nacional tiene que resolver, dato u opini&oacute;n despreciable, ni antecedente que no merezca tenerse en cuenta.[&hellip;] </p>     <p align="justify"> Sea que se entre por la senda peligrosa de tratar con el Gobierno de los Estados Unidos, o sea que se espere el curso natural de los sucesos para rodearles, en &eacute;poca de m&aacute;s serenidad, de atm&oacute;sfera m&aacute;s propicia, precisa que llamemos la atenci&oacute;n a dos hechos de importancia excepcional.</p>     <p align="justify"> La Ley 78 de 1880 facult&oacute; al Poder Ejecutivo para entrar en negociaciones con la Compa&ntilde;&iacute;a del ferrocarril de Panam&aacute;, a fin de declararla exenta de la obligaci&oacute;n que contrajo de prolongar el ferrocarril por el lado del Pac&iacute;fico hasta las islas de Naos, Culebra, Perico y Flamenco, con tal que dicha Compa&ntilde;&iacute;a diera al Gobierno una suma suficiente en compensaci&oacute;n. El producto l&iacute;quido de la negociaci&oacute;n ten&iacute;a destino especial.</p>     <p align="justify"> El 6 de noviembre de 1900, el Jefe Militar de Panam&aacute;, se&ntilde;or Carlos Alb&aacute;n, declar&oacute; exenta de la obligaci&oacute;n de prolongar el ferrocarril hasta las islas mencionadas a la Compa&ntilde;&iacute;a, por la suma de $200.000 en oro americano. Este acto fue aprobado el 15 de diciembre siguiente por los se&ntilde;ores Jos&eacute; Manuel Marroqu&iacute;n, Guillermo Quintero C., Carlos Mart&iacute;nez Silva, Pedro Antonio Molina, Jos&eacute; Domingo Ospina C., Miguel Abad&iacute;a M&eacute;ndez y Enrique Restrepo Garc&iacute;a, quienes funcionaban ese d&iacute;a como Vicepresidente de la Rep&uacute;blica el primero y como sus ministros los dem&aacute;s.</p>     <p align="justify"> El Gobierno anterior hab&iacute;a dictado, con fecha 23 de abril, un decreto con la firma del se&ntilde;or Manuel A. Sanclemente, como Presidente, y de los se&ntilde;ores Rafael M. Palacio, Carlos Cuervo M&aacute;rquez, Carlos Calder&oacute;n, Jos&eacute; Santos, Marco F. Su&aacute;rez y Marceliano Vargas, como sus ministros, en el cual se facultaba para conceder a la Compa&ntilde;&iacute;a nueva del Canal de Panam&aacute; una pr&oacute;rroga de seis a&ntilde;os para concluir y dar al servicio p&uacute;blico la obra, con tal que le diera 5.000.000 de francos en oro franc&eacute;s.</p>     <p align="justify"> Los proyectos que sobre este asunto cursaron en las c&aacute;maras en 1898, no alcanzaron a ser leyes de la Rep&uacute;blica, conforme puede verse en las actas respectivas; de manera que el contrato de pr&oacute;rroga que se celebr&oacute; no tiene valor legal. Este asunto ser&aacute; objeto en su oportunidad de decisi&oacute;n judicial de la Corte Suprema. Lo primero que un contratante avisado averigua son los poderes del negociador. Cuando se publique el informe de la misi&oacute;n encomendada al se&ntilde;or doctor Nicol&aacute;s Esguerra, trataremos el punto con m&aacute;s extensi&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Volviendo al tema principal de este cap&iacute;tulo, haremos algunas otras observaciones.</p>     <p align="justify"> El se&ntilde;or Enrique Cort&eacute;s<a name="n1"></a><sup><a href="#1">1</a></sup> dice que &ldquo;la inclinaci&oacute;n al dominio del Continente latinoamericano por la raza anglosajona se ha mantenido latente y con manifestaciones m&aacute;s o menos aparentes desde hace largos a&ntilde;os&rdquo;. Cita las palabras de Cecil Rhodes: &ldquo;La direcci&oacute;n expansiva natural de los Estados Unidos es hacia la Am&eacute;rica del Sur&rdquo;, y dice tambi&eacute;n: &ldquo;Imposible ser&iacute;a predecir, si este movimiento se acent&uacute;a, qu&eacute; forma tomar&aacute; y cu&aacute;l ser&aacute; su resultado. Pero es innegable que ello est&aacute; en la corriente de los acontecimientos y de las leyes hist&oacute;ricas, y que vale la pena que los hombres de Estado, y m&aacute;s a&uacute;n, los pueblos todos de Hispanoam&eacute;rica se preocupen en tiempo de este asunto y se preparen a un conflicto que m&aacute;s o menos tarde puede suscitarse&rdquo;. Luego agrega: &ldquo;El conflicto puede ser dilatad&iacute;simo y con variados caracteres: algunos de ellos en forma violenta, los dem&aacute;s en la forma de anexi&oacute;n, compra o protecci&oacute;n pol&iacute;tica o por invasi&oacute;n industrial o comercial&rdquo;. La cuesti&oacute;n del canal interoce&aacute;nico es una de las formas de ese conflicto. Los Estados Unidos lo comprar&aacute;n, lo proteger&aacute;n, y por &eacute;l pasar&aacute;n sus ej&eacute;rcitos de invasi&oacute;n industrial y comercial. Viene al caso la manera como estudia Mr. Emory R. Johnson, citado por Murat Halstead<sup><a name="n2"></a><a href="#2">2</a></sup>, la dicha cuesti&oacute;n:</p>      <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las masas continentales del globo en su mayor parte est&aacute;n situadas en el hemisferio septentrional, y los principales pa&iacute;ses industriales en la zona templada del Norte. Durante siglos las naciones que industrialmente se han desarrollado m&aacute;s han sido las del oeste y sur de Europa: y de ellas como de un centro ha partido la corriente comercial hacia el Asia y la Am&eacute;rica. El comercio con las regiones ecuatoriales y las zonas templadas de Suram&eacute;rica, &Aacute;frica y Australia es un movimiento de importancia secundaria. El volumen del comercio que toma la direcci&oacute;n de la longitud se aumenta, y continuar&aacute; creciendo a medida que se desarrollen los pa&iacute;ses que quedan al sur del Ecuador; pero siempre ser&aacute; peque&ntilde;o en comparaci&oacute;n del tr&aacute;fico internacional que sigue los paralelos de latitud. Aunque el comercio del mundo sigue principalmente esta &uacute;ltima direcci&oacute;n, el tr&aacute;fico mar&iacute;timo entre los pa&iacute;ses del Atl&aacute;ntico y del Pac&iacute;fico septentrionales ha tomado, hasta &eacute;poca reciente, curso hacia el Sur por la interposici&oacute;n continental. La barrera natural de tierra era uniforme desde el Oc&eacute;ano &Aacute;rtico hasta el grado treinta y cinco de latitud Sur en el hemisferio oriental, y existe todav&iacute;a hoy hasta los cincuenta grados en el hemisferio americano. Basta mirar el mapa para comprender que en la vecindad del Tr&oacute;pico de C&aacute;ncer la barrera de cada hemisferio es muy angosta. Los oc&eacute;anos y los mares Caribe y Mediterr&aacute;neo forman una corona alrededor de la tierra. Europa rompi&oacute; la barrera que desviaba el comercio de su natural curso cuando abri&oacute; el canal de Suez en 1869. La barrera &iacute;stmica que la Naturaleza interpuso en el camino natural del comercio americano, existe a&uacute;n, y hasta que no se rompa, las industrias de los Estados Unidos estar&aacute;n seriamente amenazadas por la competencia europea. Los m&aacute;s decididos partidarios del canal de Nicaragua en el momento presente son los pueblos del Sur de la Uni&oacute;n. Las industrias del Sur son principalmente extractivas; su cultivo principal es el algod&oacute;n, y su producci&oacute;n es m&aacute;s abundante de lo que exigen las f&aacute;bricas europeas y americanas. Ans&iacute;an por aumentar sus mercados en las naciones orientales, donde hay una gran demanda del algod&oacute;n en bruto y de las telas de algod&oacute;n. Las minas de carb&oacute;n y de hierro, las f&aacute;bricas en que se trabaja este metal y las manufacturas de algod&oacute;n son industrias que se desarrollan r&aacute;pidamente en el Sur; el pueblo de esta regi&oacute;n fabrica lo que no se consume en su propio territorio; por lo que el comercio exterior es esencial al fomento de sus industrias extractivas y manufactureras.</p> </blockquote>     <p align="justify">Lo trascrito es, pues, decisivo; y sea el de Nicaragua o el de Panam&aacute;, la cuesti&oacute;n del canal es vital para los Estados Unidos; y, ora por la violencia o por la compra, adquirir&aacute;n la empresa. Cuando el 16 de abril de 1899 nos permitimos decir que el d&iacute;a en que los yanquis llegaran al Istmo de Panam&aacute; dir&iacute;an como Mac-Mahon en la torre de Malakoff: <i>J&rsquo;y suis j&rsquo;y reste</i>, se nos replic&oacute; que &eacute;se era un temor pueril. Los acontecimientos nos sacar&aacute;n verdaderos en porvenir no remoto. &iquest;Por qu&eacute;? Porque fuera de las necesidades econ&oacute;micas, la nov&iacute;sima pol&iacute;tica internacional de los Estados Unidos, si medra, los conduce fatalmente a la expansi&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; otra cosa puede esperarse de un pueblo que dice por boca de Murat Halstead: &ldquo;Puerto Rico, la m&aacute;s encantadora de las joyas del mar, es nuestra, sin disputa; y Cuba por necesidad ser&aacute; nuestra, porque la Rep&uacute;blica cubana es un fantasma de la fiebre que se desvanecer&aacute; como los fantasmas&rdquo;?. Cierto que en una de las conferencias que la comisi&oacute;n de la convenci&oacute;n constituyente de Cuba tuvo con el Ministro de Guerra de los Estados Unidos, como el Presidente de ella expusiese que si &eacute;stos se cre&iacute;an con el derecho de intervenir en las cuestiones de la Isla y ten&iacute;an fuerza para realizar la intervenci&oacute;n, no tendr&iacute;an necesidad de solicitar el consentimiento de los cubanos; y como el se&ntilde;or Domingo M&eacute;ndez Capote, uno de los miembros de la Comisi&oacute;n, dijese que de nada valdr&iacute;a ese consentimiento si los Estados Unidos no ten&iacute;an fuerza bastante para realizar su objeto, ya que en las cuestiones internacionales la fuerza es la <i>ultima ratio</i>, el Secretario contest&oacute; que &ldquo;eso era tan s&oacute;lo una verdad parcial, y que si la fuerza es la &uacute;ltima raz&oacute;n, es tambi&eacute;n verdad que ella no informa ni inspira siempre el Derecho Internacional, pues si no se respetara siempre la legitimidad de ciertos derechos, habr&iacute;an dejado ya de existir naciones como Suiza, B&eacute;lgica y Holanda. Hay, pues, que respetar ciertos derechos, que son la &uacute;nica fuerza de los peque&ntilde;os, para no aparecer como enemigos del g&eacute;nero humano. Un peque&ntilde;o Estado atrincherado tras derechos de todos reconocidos, es un peque&ntilde;o Estado que dispone de una fuerza que todos los grandes estados respetan&rdquo;. Muy cierto que se expres&oacute; as&iacute;; pero, &iquest;qui&eacute;n nos asegura, de un lado, que las palabras de un Secretario sean el sentimiento de un pueblo, y c&oacute;mo, de otro, podr&iacute;amos equipararnos con naciones como Suiza o B&eacute;lgica, donde se ha refugiado la libertad humana en sus formas m&aacute;s puras?</p>     <p align="justify"> [Antes] dijimos algo de lo que hay que poner de manifiesto acerca de los peligros que amenazan a las rep&uacute;blicas de Centro y Sur Am&eacute;rica. Hay buenas razones que explican, si no justifican, la lentitud en el curso de sus progresos. Ninguna se ha librado del azote de la guerra civil; pero la guerra misma no es causa de su debilidad, empobrecimiento y anarqu&iacute;a, sino efecto de causas m&aacute;s hondas y lejanas. Sus pueblos no se han curado todav&iacute;a de la enfermedad colonial, y en cada una de sus luchas intestinas podr&iacute;a ver el observador imparcial, como factor principal&iacute;simo, el despotismo espa&ntilde;ol que envenen&oacute; desde el puro principio las fuentes de la vida americana. Para apartar aquellos peligros ha habido quien aconseje el establecimiento de la paz armada; que se proceda, sin p&eacute;rdida de tiempo, en cada rep&uacute;blica, a la formaci&oacute;n de la milicia nacional, a la adquisici&oacute;n de parques suficientes para armar la Naci&oacute;n entera, al establecimiento de sociedades de tiro en cada parroquia, a crear academias militares, a proceder al estudio de la defensa del territorio y de las costas y los r&iacute;os, y, por &uacute;ltimo, a convenir en un plan com&uacute;n de defensa entre los varios grupos geogr&aacute;ficos del Centro y del Sur<sup><a name="n3"></a><a href="#3">3</a></sup>. Esto es, que abandonemos las labores de la educaci&oacute;n popular; descuidemos el cultivo de nuestros campos; dejemos desiertas nuestras minas, sin un ferrocarril nuestras soledades, sin barcos nuestros r&iacute;os; el Gobierno en manos de los soldados, tan incapaces siempre para las labores del gobierno cient&iacute;fico; y presentemos el espect&aacute;culo de pueblos que trabajan para conseguir fusiles y ca&ntilde;ones; y como nadie nos atacar&aacute;, volveremos estas armas contra nosotros mismos, o moveremos guerra a nuestros vecinos para desmembrarles sus territorios y arrebatarles el lote de riqueza natural que Dios les dio. Ya se ha visto el uso que se ha hecho de la victoria de americanos sobre americanos: ahogado el derecho, proscrita la justicia, y proclamado el principio de que &ldquo;el derecho nace de la victoria, que es la ley suprema de las naciones&rdquo;<sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup>. Si esto decimos de nosotros mismos, con la vara que midamos a nuestros hermanos, con esa misma seremos medidos el d&iacute;a del vencimiento si el peligro tomara la forma que hiciera necesaria la militarizaci&oacute;n de la patria. Pero no cobrar&aacute; esa forma. La teor&iacute;a es otra, la pr&aacute;ctica correr&aacute; pareja. Hay, seg&uacute;n la clasificaci&oacute;n de Salisbury, naciones vivientes y naciones moribundas. Viven y prosperan los Estados Unidos; perecen o perecer&aacute;n sus vecinos. &ldquo;Para fundar una naci&oacute;n &ndash;dice Murat Halstead&ndash; lo primero que se necesita es pueblo probo y capaz, activo en buenas obras, animoso y emprendedor; rico en vitalidad; tierras que alimenten su poblaci&oacute;n y que medre por medio de las industrias&rdquo;. Ese pueblo se forma en la escuela, en el campo, en el taller, bajo los auspicios de la paz honrosa para gobernantes y gobernados. En la guerra y por la guerra, nunca dio fruto la probidad, nadie cosech&oacute; &aacute;nimo, ninguno vio la fecundidad de esta buena madre la tierra, las trojes no se llenaron de buenas obras, ni la vitalidad engendr&oacute; prole. Por todos los caminos las hileras de tumbas sin nombre en lugar de los rieles paralelos por donde caminen la libertad y la vida. Medr&oacute; la muerte, muri&oacute; el brazo de la industria. Acons&eacute;jese m&aacute;s bien la formaci&oacute;n de la milicia de los trabajadores y la adquisici&oacute;n de herramientas y m&aacute;quinas suficientes para armar la naci&oacute;n entera; el establecimiento de sociedades de temperancia en cada parroquia; la creaci&oacute;n de escuelas de artes y oficios; el estudio del territorio, de las costas y los r&iacute;os para sacar de ellos todo el provecho posible, y concertar un plan com&uacute;n para guardar la paz internacional y organizar el intercambio. As&iacute; seremos m&aacute;s fuertes y m&aacute;s respetados. Lo otro es pura ilusi&oacute;n. Nunca podr&iacute;amos competir con los extra&ntilde;os en fuerzas terrestres y navales. Poblaciones diseminadas en ampl&iacute;simos territorios, no podr&iacute;an defenderse. Tenemos grupos civilizados a largas distancias, entre quienes no hay unidad y concierto: por eso es tan f&aacute;cil la tiran&iacute;a; concepto grandioso del derecho en todas sus figuraciones humanas, e ideas mezquinas de los deberes del hombre sobre la tierra. Por todo esto el peligro es grande, pero no vendr&aacute; sino por lenta o r&aacute;pida infiltraci&oacute;n, por invasi&oacute;n pac&iacute;fica, por suave, por consentida anexi&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Halagados con la riqueza, el progreso, muchos le dar&aacute;n a esa forma de la conquista la bienvenida; los que no quieran que en su rama endeble haya injerto, querr&aacute;n m&aacute;s savia, m&aacute;s jugo propio, crecer en la propia tierra y con la propia sangre. Es necesario que queramos vivir; y viviendo, demostremos que s&iacute; somos dignos de la existencia y de la responsabilidad de nuestros propios actos, porque para algo distinto de ser absorbidos hemos sido puestos en esta tierra, que otros conquistaron, y que nosotros debemos aprender a defender por el trabajo y por la honra.</p>     <p align="justify"> Viven siempre en nuestra memoria sendos pensamientos enunciados por dos personajes de nuestra raza, que ocuparon lugares visibles en la pol&iacute;tica de sus respectivos pa&iacute;ses. Al contemplar la debilidad de la patria espa&ntilde;ola, dec&iacute;a C&aacute;novas del Castillo en el Congreso de los Diputados, que las naciones a quienes en punto a organizaci&oacute;n militar y mar&iacute;tima tanto les falta, no tienen m&aacute;s que una pol&iacute;tica que seguir, si al propio tiempo son poseedoras de grandes y ambicionados territorios, y es la pol&iacute;tica del<i> statu quo</i>, que les conviene para conservar siquiera lo que han heredado de sus padres; es la pol&iacute;tica defensiva, dispuesta a ser todo lo en&eacute;rgico que la defensa exija, pero sin comprometerse en aventuras que, sobre los desastres que tal vez pudieran traer, traer&iacute;an para la conciencia el eterno remordimiento de haberlos merecido. Y Tom&aacute;s Cuenca al defender el contrato que firm&oacute; como Secretario de Hacienda en 1866 para la excavaci&oacute;n del canal, dijo que no era solicitando de Corte en Corte la protecci&oacute;n de los gobiernos fuertes, siempre cara cuando no peligrosa, como podremos asegurar nuestra independencia y la integridad de nuestro territorio. Es por la pr&aacute;ctica constante de una conducta justa e imparcial; es aprovechando las ventajas naturales de nuestro suelo sin ofender los derechos de utilidad inocente de los dem&aacute;s pa&iacute;ses; es otorg&aacute;ndoles con mano liberal las franquicias necesarias para el libre y r&aacute;pido tr&aacute;nsito de su comercio. Dando al comercio del mundo facilidades en el Istmo colombiano, cuya mejora no pueda esperar de la posesi&oacute;n de &eacute;l por ning&uacute;n otro soberano, pondremos la fuerza de las grandes potencias al servicio de nuestra debilidad. Hacer que el comercio universal repruebe el despojo de nuestro territorio por otro Gobierno, es la pol&iacute;tica del sentido com&uacute;n y el mejor tratado en resguardo de la integridad nacional. Los gobiernos fuertes mirar&aacute;n como una ventaja para ellos que el paso por el Istmo americano est&eacute; pose&iacute;do por una naci&oacute;n d&eacute;bil como Colombia, de la que no temer&aacute;n el abuso; pero el protectorado bajo cualquier forma y para cualquier efecto que sea, abrir&iacute;a a los gobiernos extranjeros la puerta de la intervenci&oacute;n en nuestros asuntos propios, y podr&iacute;a servir de principio a una pol&iacute;tica que a la larga nos ser&iacute;a funesta.</p>     <p align="justify">&iexcl;C&oacute;mo olvidarlos! Ya sabemos la ineficacia de los patri&oacute;ticos esfuerzos que se han hecho para obtener la garant&iacute;a colectiva de las potencias para resguardo de nuestra propiedad y soberan&iacute;a en el Istmo de Panam&aacute;; y no se habr&aacute; olvidado en que ha venido a parar el protectorado de la Naci&oacute;n norteamericana para lo mismo. No ha llegado el caso de que una naci&oacute;n europea quiera ponernos el pie en aquella garganta, ni de que, contra la amenaza, los ca&ntilde;ones del art&iacute;culo 35 del tratado de 1846 ofrezcan dejar o&iacute;r su voz, pero s&iacute; de que del garante no haya habido quien nos defienda.</p>     <p align="justify">&iquest;Qui&eacute;n tendr&aacute; el valor de verificar la entrega? &iquest;Qui&eacute;n se sentir&aacute; capaz de comprometerse en aventuras que, sobre los desastres que pudieran traer, traer&iacute;an para la conciencia el eterno remordimiento de haberlos merecido?</p>     <p align="justify">    <br>   <b>NOTAS AL PIE </b></p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>. <i>El peligro americano, repertorio colombiano</i>, n.<sup>o</sup> 2, vol. XX , junio, 1899. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a>. <i>The History of American Expansion</i>, pp. 593-594. </p>     <p align="justify"> <a href="#n3">3</a><a name="3"></a>. C&eacute;sar Zumeta: <i>El Continente enfermo</i>. </p>     <p align="justify"> <a href="#n4">4</a><a name="4"></a>. Nota del Ministro chileno Abraham Konig al Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia. </p> </font>      ]]></body>
</article>
