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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[DEL FILO DE LA NAVAJA A LA CÁSCARA DE NUEZ: UN NUEVO EXAMEN DE LA DINÁMICA DE HARROD]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[FROM THE KNIFE’S EDGE TO THE NUT SHELL: A NEW ANALYSIS OF HARROD’S DYNAMIC]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Harrod’s research program was the first to integrate the central ideas of “magnum dynamics” into a mechanical framework of vector forces to endogenously explain cycles and growth. Mathematical economists ignored these points and Harrod’s original work was presented in textbooks as the Harrod-Domar growth model. The aim of this paper is to present Harrod’s dynamic and show that his real aim was to build a non linear cyclic growth model.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>DEL FILO DE </b><b>LA NAVAJA A LA C&Aacute;SCARA DE NUEZ: UN NUEVO EXAMEN DE LA DIN&Aacute;MICA DE HARROD </b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>FROM THE KNIFE’S EDGE TO THE NUT SHELL: A NEW ANALYSIS OF HARROD’S DYNAMIC</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>&Aacute;lvaro Mart&iacute;n Moreno Rivas*</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Profesor de las universidades Externado de Colombia y Nacional de Colombia, <a href="mailto:amoreno65@yahoo.es">amoreno65@yahoo.es</a> Agradezco al profesor Mauricio P&eacute;rez por su inter&eacute;s y su apoyo. A los profesores Homero Cuevas, Juli&aacute;n Libreros, Jaime Lozano y Hernando Matallana quienes discutieron conmigo algunas ideas iniciales. Del mismo modo, me beneficie de los comentarios de dos evaluadores an&oacute;nimos y del editor de la revista. Fecha de recepci&oacute;n: 31 de mayo de 2005, fecha de aceptaci&oacute;n: 28 de julio de 2005.</p> <hr>    <p align="justify"><B>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: Harrod, teor&iacute;a din&aacute;mica, crecimiento c&iacute;clico no lineal; JEL: O49&#93;</p>     <p align="justify">El programa de investigaci&oacute;n de Harrod fue uno de los primeros esfuerzos por integrar las ideas centrales de la “din&aacute;mica magna” en un esquema mec&aacute;nico de fuerzas vectoriales que explicara los fen&oacute;menos del ciclo y el crecimiento de manera end&oacute;gena. Los economistas matem&aacute;ticos ignoraron estas consideraciones, y su trabajo original qued&oacute; codificado en los libros de texto como el modelo de crecimiento Harrod-Domar. Este trabajo expone la teor&iacute;a din&aacute;mica de Harrod y muestra que su objetivo era construir un modelo de crecimiento c&iacute;clico no lineal. </p>     <p align="justify"><B>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Key words: Harrod, dynamic theory, non linear cyclic growth; JEL: O49&#93;</p>     <p align="justify">Harrod&rsquo;s research program was the first to integrate the central ideas of &ldquo;magnum dynamics&rdquo; into a mechanical framework of vector forces to endogenously explain cycles and growth. Mathematical economists ignored these points and Harrod&rsquo;s original work was presented in textbooks as the Harrod-Domar growth model. The aim of this paper is to present Harrod&rsquo;s dynamic and show that his real aim was to build a non linear cyclic growth model.</p> <hr>    <p align="right">En una de esas iron&iacute;as, muchas veces crueles, pero de todos modos impuesta por la fuerza de la historia, algunos finos pensadores ganan reconocimiento p&oacute;stumo solamente cuando sus int&eacute;rpretes los relacionan con un principio tan mal comprendido que las visiones verdaderas se convierten en sus contrarias.    <br>   <I>E. Gould</i></p>     <p align="right">Espero que no oigamos hablar m&aacute;s del &ldquo;filo de la navaja de Harrod&rdquo;.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   <I>R. Harrod</i></p>     <p align="justify">El programa de investigaci&oacute;n de Harrod fue uno de los primeros esfuerzos por integrar las ideas centrales de la &ldquo;din&aacute;mica magna&rdquo;<a href="#1"><sup>1</sup></a><a name="n1"></a> en un esquema mec&aacute;nico de fuerzas vectoriales que explicara los fen&oacute;menos del ciclo y el crecimiento de manera end&oacute;gena. Durante los a&ntilde;os de la &ldquo;alta teor&iacute;a&rdquo;<a name="n2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup> ya le era claro que el an&aacute;lisis convencional de la oferta y la demanda era inconsistente con la presencia del ahorro y la inversi&oacute;n, y que se necesitaba extender el poder intelectual de la teor&iacute;a del valor a un nuevo campo de an&aacute;lisis, al que denomin&oacute; din&aacute;mica econ&oacute;mica. El proceso de elaboraci&oacute;n de los &ldquo;nuevos axiomas&rdquo; y &ldquo;principios&rdquo; fue largo y dispendioso. Desde la publicaci&oacute;n de <i>El ciclo econ&oacute;mico</i> (1936) hasta su &uacute;ltimo libro, <i>Din&aacute;mica econ&oacute;mica</i> (1973), se esforz&oacute; para hacer entender a sus colegas, al parecer sin mayor &eacute;xito (Besomi, 1998), la urgencia y la necesidad de elaborar una teor&iacute;a no lineal para el an&aacute;lisis del ciclo y el crecimiento.</p>     <p align="justify"> Por un lado, se requer&iacute;a un lenguaje riguroso que permitiera definir el concepto de equilibrio en crecimiento constante, pues s&oacute;lo a partir de all&iacute; era posible desarrollar un esquema general que relacionara las fuerzas din&aacute;micas del sistema con el principio de la inestabilidad de la l&iacute;nea de avance. Esta era la base para estudiar el sistema como un todo y derivar el ciclo econ&oacute;mico del proceso de acumulaci&oacute;n de capital. Por otro lado, Harrod sab&iacute;a que su teor&iacute;a compet&iacute;a con los nuevos modelos din&aacute;micos desarrollados por los econometristas, que lograron derivar sendas oscilatorias alrededor de un equilibrio est&aacute;tico introduciendo rezagos temporales en un sistema de ecuaciones en diferencias. Su estrategia para ganar adeptos no consisti&oacute; en negar el valor explicativo de los modelos matem&aacute;ticos de sus colegas, sino en mostrar la prioridad del an&aacute;lisis continuo para explicar el ciclo, sin recurrir a hip&oacute;tesis como la existencia de imperfecciones o problemas de ajuste y demora (Harrod, 1936a).</p>     <p align="justify"> En el fondo, Harrod quer&iacute;a enfatizar que la prueba de la existencia de un equilibrio en movimiento y el an&aacute;lisis de su estabilidad anteceden a la explicaci&oacute;n de las fases del ciclo econ&oacute;mico. S&oacute;lo tiene sentido pasar a la etapa de explicaci&oacute;n de las fases del ciclo econ&oacute;mico despu&eacute;s de determinar las condiciones &ldquo;requeridas&rdquo; para la existencia del equilibrio din&aacute;mico y de demostrar formalmente su car&aacute;cter inestable. Aunque las respuestas que dio a estos problemas no fueron completamente satisfactorias, su convicci&oacute;n de que todo an&aacute;lisis verdaderamente din&aacute;mico se deber&iacute;a asociar a un cambio continuo conserva toda su validez<a name="n3"></a><sup><a href="#3">3</a></sup>. De hecho, la definici&oacute;n de un equilibrio din&aacute;mico coherente de <i>stock</i>-flujo en el modelo IS-LM &ndash;donde los niveles y las tasas de crecimiento de los flujos de gasto responden a los cambios de las hojas de balance&ndash; se puede derivar de la definici&oacute;n restringida de la din&aacute;mica de Harrod (Metcalfe y Steedman, 1991).</p>     <p align="justify"> Si bien es cierto que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha renovado el inter&eacute;s por la interpretaci&oacute;n original de la teor&iacute;a de Harrod<sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup>, a&uacute;n persiste la tendencia a aceptar la historia oficial, que sostiene que su modelo es una mera extensi&oacute;n del modelo keynesiano para el largo plazo (Lorente, 2004 y Thirlwall, 2000). Por supuesto, la historia no est&aacute; exenta de paradojas. Harrod reconoci&oacute; los m&eacute;ritos y la novedad del &ldquo;principio de la demanda efectiva&rdquo;, pero neg&oacute; que la <i>Teor&iacute;a general</i> fuera din&aacute;mica. Sostuvo que el an&aacute;lisis de su maestro a&uacute;n se manten&iacute;a preso en el campo de la est&aacute;tica, es decir, en el marco de la teor&iacute;a tradicional del valor (Harrod, 1936a). Y, en cambio, manifest&oacute; en varias ocasiones que su teor&iacute;a din&aacute;mica era una &ldquo;revoluci&oacute;n del pensamiento&rdquo;, o mejor, &ldquo;una nueva manera de pensar&rdquo;. Confiaba en que &ldquo;una vez que la mente se acostumbra a pensar en t&eacute;rminos de tendencias de crecimiento, la antigua formulaci&oacute;n est&aacute;tica de los problemas parece rancia, insulsa y est&eacute;ril&rdquo; (Harrod, 1939).</p>     <p align="justify"> Ser&iacute;a un grupo de disc&iacute;pulos de Keynes el que se encargar&iacute;a de liderar la contrarrevoluci&oacute;n harrodiana. Por un lado, sus integrantes desvirtuaron el &ldquo;principio de inestabilidad&rdquo; de la tasa de crecimiento garantizada mediante la flexibilizaci&oacute;n de la tasa de ahorro, que se obtuvo a partir de cambios en la distribuci&oacute;n del ingreso (Kaldor, 1955 y Pasinetti, 1967). Por el otro, escindieron la teor&iacute;a, hicieron del modelo una ecuaci&oacute;n de crecimiento de largo plazo y olvidaron el ciclo econ&oacute;mico como fuente y consecuencia de la acumulaci&oacute;n de capital. Al respecto, Robinson (1949) afirm&oacute;: </p>      <blockquote>    <p align="justify">su mundo es din&aacute;mico porque se producen transformaciones continuas con el transcurso del tiempo, pero es un mundo sin historia. Cada transformaci&oacute;n acaecida en el pasado fue digerida, por decirlo as&iacute;, en cuanto tuvo lugar. El tiempo sigue un curso homog&eacute;neo, y resulta irrelevante que consideremos un punto u otro de &eacute;ste.</p> </blockquote>     <p align="justify">El fracaso de la &ldquo;revoluci&oacute;n harrodiana&rdquo; fue contundente debido a su incapacidad para hacerse entender de sus contempor&aacute;neos y a las dificultades t&eacute;cnicas para establecer con rigor formal las relaciones no lineales expl&iacute;citas en la teor&iacute;a. Es cierto que sus ideas tuvieron cierta resonancia en la profesi&oacute;n, pero no como un esbozo de una teor&iacute;a din&aacute;mica sino como una met&aacute;fora del crecimiento de largo plazo (el filo de la navaja<sup><a name="n5"></a><a href="#5">5</a></sup>). En realidad, nuestro autor nunca pens&oacute; en algo as&iacute;. De elegir una met&aacute;fora, Harrod quiz&aacute; habr&iacute;a preferido observar el mundo desde una c&aacute;scara de nuez<sup><a name="n6"></a><a href="#6">6</a></sup>. La primera met&aacute;fora le pareci&oacute; inapropiada: en uno de sus &uacute;ltimos escritos sent&oacute; su protesta &ldquo;contra la expresi&oacute;n<i> filo de la navaja</i> porque no parece nada realista e incluso resulta absurda, y puede desviar la atenci&oacute;n del lector lejos de lo que se quiere decir acerca de la inestabilidad&rdquo; (Harrod, 1973).</p>     <p align="justify"> Al final, los economistas matem&aacute;ticos ignoraron estas consideraciones, y su trabajo original qued&oacute; codificado en los libros de texto como el modelo de crecimiento Harrod-Domar. Ello implic&oacute; ignorar por completo el principio de inestabilidad como origen del ciclo, separar el an&aacute;lisis de largo y corto per&iacute;odo<a name="n7"></a><sup><a href="#7">7</a></sup>, y reducir el problema de la din&aacute;mica econ&oacute;mica a la igualdad entre la tasa natural y la tasa garantizada de crecimiento (Besomi, 2001 y Hahn y Matthews, 1964). As&iacute;, la profesi&oacute;n no s&oacute;lo dejaba de lado el proyecto de establecer una teor&iacute;a din&aacute;mica, sino que borraba de la ense&ntilde;anza las implicaciones te&oacute;ricas de la existencia de desigualdades entre las tres tasas (actual, garantizada y natural) que conformaban la base de la explicaci&oacute;n no lineal del movimiento c&iacute;clico de la econom&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> El objetivo de este trabajo es presentar la teor&iacute;a din&aacute;mica de Harrod para mostrar que su verdadero inter&eacute;s fue construir un modelo de crecimiento c&iacute;clico no lineal. El ensayo se divide en tres secciones. En la primera se analizan los principios metodol&oacute;gicos que definen y demarcan el an&aacute;lisis est&aacute;tico y din&aacute;mico. En la segunda se examinan los elementos del modelo de ciclo econ&oacute;mico de 1936. En la tercera se derivan los teoremas fundamentales de existencia e inestabilidad del crecimiento garantizado y se muestra su pertinencia para el an&aacute;lisis de la din&aacute;mica del ciclo econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify"><b>EST&Aacute;TICA Y DIN&Aacute;MICA: UN ESBOZO INCONCLUSO</b></p>     <p align="justify">La elaboraci&oacute;n de una teor&iacute;a din&aacute;mica complementaria de la teor&iacute;a del valor y la distribuci&oacute;n (teor&iacute;a est&aacute;tica) fue uno de los principales problemas que preocuparon a Harrod a lo largo de su carrera intelectual. Consideraba que el punto de partida adecuado era la distinci&oacute;n entre est&aacute;tica y din&aacute;mica de la mec&aacute;nica cl&aacute;sica. Esta demarcaci&oacute;n era necesaria desde el punto de vista metodol&oacute;gico, pues los problemas del ciclo y el crecimiento estable no se pod&iacute;an abordar a partir de la oferta y la demanda. De hecho, consideraba que las soluciones del sistema de ecuaciones de la micro est&aacute;tica eran inconsistentes con la presencia del ahorro y la inversi&oacute;n, &ldquo;porque si se verifica cualquier ahorro neto, la cantidad de capital y la capacidad de aumento de la renta de la comunidad deben aumentar; pero el factor de aumento no aparece en los supuestos est&aacute;ticos&rdquo; (Harrod, 1936a). Es decir, la teor&iacute;a est&aacute;tica supone que los valores de equilibrio se mantienen constantes, siempre y cuando no se presenten perturbaciones en las condiciones fundamentales (preferencias, tecnolog&iacute;a, costos y oferta de recursos).</p>     <p align="justify"> Eso no significa que en un mundo est&aacute;tico exista un &ldquo;equilibrio lapidario&rdquo; donde no pasa nada y los agentes est&aacute;n en reposo absoluto, a la manera de un objeto sobre una mesa. &ldquo;As&iacute;, un equilibrio est&aacute;tico no implica de ninguna manera un estado de ociosidad, sino un estado donde la actividad avanza uniformemente d&iacute;a a d&iacute;a y a&ntilde;o a a&ntilde;o, pero sin aumento o disminuci&oacute;n&rdquo; (Harrod, 1948). Por supuesto, ese mundo no es otro que la idealizaci&oacute;n formal que la teor&iacute;a neocl&aacute;sica ha hecho del para&iacute;so de Robinson Crusoe, en el que no existe acumulaci&oacute;n de capital y, mucho menos, avance continuo en t&eacute;rminos de bienestar. D&iacute;a tras d&iacute;a, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, todo transcurre sin cambios mayores, mientras que la sociedad se reproduce a s&iacute; misma, sin la huella que deja en cada nueva generaci&oacute;n el tiempo acumulado (capital).</p>     <p align="justify"> Por supuesto, Harrod consideraba &uacute;til el an&aacute;lisis est&aacute;tico y en varios de sus escritos lo defendi&oacute; de los cr&iacute;ticos. Por ejemplo, inicialmente trat&oacute; de integrar el an&aacute;lisis del ciclo econ&oacute;mico con la teor&iacute;a general del valor suponiendo la existencia de competencia imperfecta. Dicho supuesto le permiti&oacute; mostrar que el equilibrio est&aacute;tico era inestable y que las regularidades emp&iacute;ricas entre precios y producto o beneficios y costos se pod&iacute;an derivar de los cambios de la elasticidad de la demanda durante el auge y la recesi&oacute;n (Harrod, 1934a y 1936b). Aunque pens&oacute; que las doctrinas de la competencia imperfecta contribuir&iacute;an a desarrollar una explicaci&oacute;n causal y no psicol&oacute;gica del ciclo, luego abandon&oacute; esa idea y dej&oacute; de mencionarla en sus trabajos tard&iacute;os. Pero conserv&oacute; la idea de &ldquo;inestabilidad&rdquo; del equilibrio como presupuesto para explicar el ciclo sin recurrir a los &ldquo;errores persistentes&rdquo; o a las oleadas de &ldquo;pesimismo y optimismo&rdquo;.</p>     <p align="justify"> Mostr&oacute; que el m&eacute;todo est&aacute;tico se pod&iacute;a utilizar para analizar lo que pasa con los valores de equilibrio de las variables (precios y cantidades) cuando se producen cambios ex&oacute;genos y discontinuos en algunas de las condiciones fundamentales. Estos cambios eran de una sola vez y se pod&iacute;an examinar con los instrumentos de la oferta y la demanda.</p>      <blockquote>    <p align="justify">La manera de proceder es tomar ciertos elementos de la situaci&oacute;n como dados &ndash;p. ej. la lista de preferencias de los individuos por los bienes y servicios, los t&eacute;rminos en los que desean contribuir a su producci&oacute;n y el estado actual de la tecnolog&iacute;a- y considerar desconocidos otros elementos -como los precios de las mercanc&iacute;as y de los factores de producci&oacute;n, las mercanc&iacute;as que ser&aacute;n producidas y los factores que se emplear&aacute;n, y los m&eacute;todos de producci&oacute;n disponibles entre la variedad de t&eacute;cnicas. Si los elementos desconocidos fueran en verdad conocidos, se podr&iacute;a escribir un conjunto de ecuaciones que expresaran las variables desconocidas en funci&oacute;n de las conocidas. El objeto de este procedimiento deber&iacute;a ser mostrar c&oacute;mo los cambios en los datos fundamentales, deseos etc., gobiernan el curso de los eventos (Harrod, 1938a).</p> </blockquote>     <p align="justify">El mapa de la teor&iacute;a din&aacute;mica exig&iacute;a reelaborar los t&eacute;rminos, y un trabajo de cart&oacute;grafo para analizar y clasificar el campo econ&oacute;mico de manera comprehensiva y simult&aacute;nea. Adem&aacute;s, era necesario mostrar que los desarrollos paralelos derivados de la introducci&oacute;n de las expectativas y los rezagos en los modelos no eran propiamente un ejercicio de &iacute;ndole din&aacute;mica. En el primer caso, bastaba decir que en las ecuaciones est&aacute;ticas se pod&iacute;an introducir funciones para las expectativas y el an&aacute;lisis no cambiar&iacute;a sustancialmente<sup><a name="n8"></a><a href="#8">8</a></sup>. En cambio, los rezagos pod&iacute;an ser parte de la teor&iacute;a din&aacute;mica, pero su utilidad se manifestar&iacute;a en una segunda fase, cuando se analizara la &ldquo;sucesi&oacute;n de eventos&rdquo;. Lo primero era formular un cuerpo de leyes que relacionaran el incremento (o reducci&oacute;n) de las magnitudes econ&oacute;micas, y permitieran resolver el sistema de ecuaciones en presencia de cambios continuos de las condiciones fundamentales. &ldquo;Se deber&iacute;an formular nuevas ecuaciones para determinar el movimiento regular de las magnitudes econ&oacute;micas bajo la influencia del crecimiento de la poblaci&oacute;n, del ahorro, las invenciones etc.&rdquo; (Harrod 1938a).</p>     <p align="justify"> Siguiendo esa idea, Harrod critic&oacute; diversos modelos de ciclo econ&oacute;mico por su incapacidad para explicar y relacionar el comportamiento oscilante con la l&iacute;nea de avance. Afirm&oacute; que en sus primeros trabajos ten&iacute;a en mente la noci&oacute;n de que el sistema oscila alrededor de una tendencia de crecimiento estable, reconociendo que si bien no trataban directamente el problema del ciclo econ&oacute;mico le permitieron encontrar la clave para una teor&iacute;a din&aacute;mica en el sentido riguroso del t&eacute;rmino. A este respecto, en un art&iacute;culo sobre la pol&iacute;tica bancaria, mostr&oacute; la necesidad de partir de una econom&iacute;a que avanza regularmente a lo largo del tiempo:</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="justify">esta es una investigaci&oacute;n sobre las tasas de crecimiento en una sociedad que avanza regularmente, con miras a determinar qu&eacute; clase de sistema podr&iacute;a permitir la realizaci&oacute;n de sus plenas potencialidades de progreso, mientras se mantiene autoconsistente al interior (Harrod, 1934a).</p> </blockquote>     <p align="justify">El objeto de estudio de la teor&iacute;a din&aacute;mica cambiaba radicalmente. Mientras que el an&aacute;lisis est&aacute;tico se concentraba en el nivel de las variables, la teor&iacute;a din&aacute;mica se ocupaba de las tasas de crecimiento. As&iacute;, un sistema de ecuaciones se considera din&aacute;mico si la tasa de crecimiento es una inc&oacute;gnita. La met&aacute;fora que utiliz&oacute; para precisar su idea fue la de un tren en reposo o en movimiento que se observa cuando atraviesa un paso de nivel a una velocidad constante. &ldquo;Se trata, pues, de especificar con precisi&oacute;n las fuerzas que lo hacen avanzar a esta velocidad&rdquo; (Harrod, 1973). Por ello argument&oacute; que las ecuaciones de la teor&iacute;a din&aacute;mica hacen referencia a un instante del tiempo. Esta idea tiene implicaciones importantes en relaci&oacute;n con la constancia de los par&aacute;metros del sistema. Harrod jam&aacute;s sostuvo que la tasa de ahorro y la raz&oacute;n marginal capital-producto fueran invariables, por el contrario, las trat&oacute; como variables en una segunda etapa del an&aacute;lisis. No obstante, en un instante del tiempo se pueden considerar fijas y conocidas, para as&iacute; encontrar el valor de la variable desconocida: la tasa de crecimiento garantizada.</p>     <p align="justify"> En este punto es necesario resaltar lo que algunos analistas han se&ntilde;alado con raz&oacute;n. La contribuci&oacute;n de Harrod a la din&aacute;mica consta de dos partes: una primera, esencialmente formal, donde establece los axiomas fundamentales y demuestra el teorema de la inestabilidad del equilibrio din&aacute;mico; y, una segunda, el an&aacute;lisis del ciclo econ&oacute;mico y de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica. &ldquo;Esta distinci&oacute;n entre la din&aacute;mica econ&oacute;mica (primera parte) y el an&aacute;lisis del ciclo (segunda parte) es la que muchos de los lectores de Harrod no han sido capaces de discernir&rdquo; (Kregel, 1980). Por supuesto, el mismo Harrod contribuy&oacute; al malentendido, pues en sus trabajos posteriores a la Segunda Guerra Mundial se ocup&oacute; menos del ciclo y enfatiz&oacute; los aspectos del crecimiento:</p>      <blockquote>    <p align="justify">la noci&oacute;n de din&aacute;mica de Harrod tiene varias facetas: la distinci&oacute;n metodol&oacute;gica entre cambio continuo y discontinuo y la prioridad del an&aacute;lisis instant&aacute;neo, la caracterizaci&oacute;n ontol&oacute;gica del objeto por la presencia o ausencia de ahorro e inversi&oacute;n, la distinci&oacute;n anal&iacute;tica del nivel y la tasa de crecimiento del producto, y la faceta epist&eacute;mica con el postulado de inestabilidad (Besomi, 2001).</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>EL &ldquo;CICLO ECON&Oacute;MICO&rdquo; DE 1936: UN TR&Aacute;NSITO PROBLEM&Aacute;TICO A LA FORMALIZACI&Oacute;N</b>    <br>         <br> La necesidad de mostrar que sus ideas no s&oacute;lo eran originales sino que pod&iacute;an servir de base para elaborar una &ldquo;teor&iacute;a final&rdquo;<sup><a name="n9"></a><a href="#9">9</a></sup> &ndash;en el sentido de que integrara la teor&iacute;a del valor y de la distribuci&oacute;n y la din&aacute;mica econ&oacute;mica en un conjunto de principios y leyes econ&oacute;micas&ndash; defini&oacute; desde un principio la actitud intelectual de Harrod frente al saber convencional. Mientras Keynes afirm&oacute; que la teor&iacute;a cl&aacute;sica era apenas un caso particular de su teor&iacute;a general del empleo, pues &ldquo;las condiciones que supone son un caso extremo de todas las posiciones posibles de equilibrio&rdquo; y cuyas &ldquo;ense&ntilde;anzas enga&ntilde;an y son desastrosas si intentamos aplicarlas a los hechos reales&rdquo; (Keynes, 1936), Harrod no s&oacute;lo adopt&oacute; una posici&oacute;n menos combativa sino que prefiri&oacute; actuar en forma conciliatoria, sugiriendo que la teor&iacute;a din&aacute;mica del crecimiento c&iacute;clico se pod&iacute;a construir siguiendo los derroteros de la teor&iacute;a convencional del valor. De hecho, consider&oacute; que su libro <i>El ciclo econ&oacute;mico</i> apenas era un &ldquo;bosquejo de una teor&iacute;a&rdquo;, y que si bien &ldquo;su procedimiento era original, queda abierto el camino para tratar con mayor extensi&oacute;n la teor&iacute;a econ&oacute;mica desarrollada en estas l&iacute;neas&rdquo; (Harrod, 1936a).</p>     <p align="justify"> Harrod reconoci&oacute; la enorme influencia de la teor&iacute;a keynesiana de la demanda efectiva y el multiplicador en su pensamiento, pero neg&oacute; rotundamente que fuese una revoluci&oacute;n te&oacute;rica. En una rese&ntilde;a de la <i>Teor&iacute;a general</i> afirm&oacute;: &ldquo;en el sistema de Keynes aparecen todas las piezas antiguas, pero aparecen en diferentes lugares&rdquo; (Harrod, 1937). Coment&oacute; en forma similar el trabajo de los econometristas. La din&aacute;mica derivada de los rezagos era un resultado interesante, pero no daba una explicaci&oacute;n end&oacute;gena del ciclo, pues la soluci&oacute;n que propon&iacute;an surg&iacute;a de las imperfecciones del sistema, por ejemplo, de las rigideces y los errores de predicci&oacute;n. Y, como en la teor&iacute;a est&aacute;tica, una teor&iacute;a s&oacute;lida deber&iacute;a surgir de un mundo sin fricciones y sin supuestos <i>ad hoc</i> sobre la lentitud de los ajustes de las variables. Se pregunt&oacute; de manera lapidaria: &ldquo;&iquest;Pero no se trata de una teor&iacute;a prematura del <i>lag</i> de tiempo o de la fricci&oacute;n cuando las proposiciones fundamentales relativas a la velocidad y a la aceleraci&oacute;n est&aacute;n a&uacute;n sin formular?&rdquo; (Harrod, 1936a). En el prefacio a la edici&oacute;n espa&ntilde;ola, Harrod aclar&oacute; que su modelo no acud&iacute;a a un rezago en el tiempo, pues el mecanismo no lineal del multiplicador y el acelerador generaba los movimientos oscilantes de la econom&iacute;a alrededor de una l&iacute;nea de crecimiento inestable. El supuesto de competencia imperfecta jugar&iacute;a un papel importante aunque no esencial en la teor&iacute;a, y permitir&iacute;a poner &ldquo;la teor&iacute;a del valor en &iacute;ntimo contacto con los hechos&rdquo;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> La estructura del libro <i>El ciclo econ&oacute;mico</i> obedece a los principios metodol&oacute;gicos que Harrod desarroll&oacute; desde sus primeros escritos. Para explicar las fluctuaciones del producto primero hab&iacute;a que identificar los factores que determinan el nivel de la actividad econ&oacute;mica y luego estudiar las fuerzas que determinan las tasas de crecimiento o decrecimiento. El segundo paso implicaba introducir un grado de inestabilidad en el an&aacute;lisis, asociado a lo que podr&iacute;amos denominar equilibrio est&aacute;tico y equilibrio din&aacute;mico:</p>      <blockquote>    <p align="justify">El principio de inestabilidad, el corolario del postulado epist&eacute;mico de Harrod, penetra todo su razonamiento. Lo utiliz&oacute; dos veces en el trabajo sobre el mecanismo del ciclo econ&oacute;mico. Primero, le permiti&oacute; escapar del equilibrio est&aacute;tico e imaginar diferentes estados del sistema y, segundo, le permiti&oacute; escapar del equilibrio m&oacute;vil en avance y concebir el ciclo como una sucesi&oacute;n de alejamientos sistem&aacute;ticos de ese estado. Pero la introducci&oacute;n de la inestabilidad en el sistema est&aacute;tico tambi&eacute;n hizo necesario reformular los instrumentos tradicionales utilizados para determinar el equilibrio del producto (Besomi, 1997). </p> </blockquote>     <p align="justify">El primer cap&iacute;tulo presenta un desarrollo del equilibrio est&aacute;tico de lo simple a lo complejo. Para ello, Harrod debe traducir los conceptos convencionales del an&aacute;lisis marginalista, la utilidad y la tecnolog&iacute;a, a un sistema de fuerzas vectoriales que le permita establecer de manera intuitiva las condiciones de estabilidad, inestabilidad o neutralidad del equilibrio. Por ello comienza estableciendo los &ldquo;determinantes est&aacute;ticos&rdquo; en una econom&iacute;a de un solo agente y un bien. Luego extiende el modelo para &ldquo;n&rdquo; individuos que tienen las mismas restricciones y preferencias pero que pueden intercambiar bienes, lo que requiere suponer cierto grado de especializaci&oacute;n y divisi&oacute;n del trabajo. Despu&eacute;s introduce un nuevo factor de producci&oacute;n, el capital, y establece condiciones de producci&oacute;n capitalistas en sentido estrecho, es decir, los productores directos no tienen derechos de propiedad sobre los instrumentos de producci&oacute;n (el problema de la cooperaci&oacute;n). Por &uacute;ltimo, incorpora el sistema monetario, pues los salarios y los bienes se pagan en dinero y no en especie. Cabe se&ntilde;alar que este procedimiento de introducir el &ldquo;medio de pago&rdquo; es el uso est&aacute;ndar: con base en una econom&iacute;a de trueque se establecen las condiciones de complejidad que hacen necesario introducir la moneda<a name="n10"></a><sup><a href="#10">10</a></sup>.</p>     <p align="justify"> En la econom&iacute;a de Robinson Crusoe, Harrod identifica tres determinantes est&aacute;ticos del nivel de producci&oacute;n. El primero est&aacute; asociado con el sistema de preferencias y la ley de la utilidad marginal decreciente; el segundo, con las decisiones ocio-trabajo y la desutilidad marginal creciente del trabajo; y el &uacute;ltimo, con la potencia del trabajo y los rendimientos decrecientes del factor variable con una oferta de tierra fija.</p>      <blockquote>    <p align="justify">Hasta aqu&iacute; hemos considerando la pertinencia de los tres determinantes que gobiernan la acci&oacute;n de Crusoe: cu&aacute;nto desea una cosa, cu&aacute;nto trabajo tiene que realizar para obtenerla y cu&aacute;nto le disgusta ese trabajo. Si tasa esos valores su problema est&aacute; resuelto. Si de un a&ntilde;o a otro no ocurren cambios en estos valores, no se puede esperar que ocurra alg&uacute;n cambio en el nivel de su actividad. Ahora procedo a considerar la manera en que estas fuerzas mantienen ese nivel de actividad en equilibrio (Harrrod, 1936a).</p> </blockquote>     <p align="justify">No es dif&iacute;cil mostrar que las leyes establecidas se pueden considerar como &ldquo;fuerzas estabilizadoras&rdquo; o &ldquo;estabilizadores&rdquo;, pues su efecto sobre las acciones de Robinson por fuera de su situaci&oacute;n de equilibrio es de naturaleza centr&iacute;peta, es decir, lo regresan a su posici&oacute;n inicial, siempre y cuando no haya cambiado ninguna condici&oacute;n fundamental.</p>     <p align="justify"> El modelo se puede extender a una econom&iacute;a de producci&oacute;n e intercambio puro, donde los agentes producen bienes para el mercado. En este mundo surge un nuevo determinante asociado con los t&eacute;rminos en que los productores intercambian sus bienes. En competencia perfecta, los precios relativos no cambian; por tanto, no se puede asociar ninguna fuerza o ley a este nuevo determinante est&aacute;tico. La situaci&oacute;n se altera si se suponen rendimientos crecientes y la curva de demanda que enfrentan los productores no es perfectamente el&aacute;stica; en este caso aparece una nueva fuerza estabilizadora, pues el productor podr&aacute; recibir menos por su bien si intenta aumentar las ventas. De todos modos, para Harrod esto no modifica esencialmente el problema: el equilibrio sigue siendo estable. </p>     <p align="justify"> La diferencia entre una econom&iacute;a de un individuo y una econom&iacute;a de intercambio es que ahora se requiere establecer las condiciones de coherencia entre el equilibrio del productor individual y el equilibrio de la comunidad. Harrod dice que para que la comunidad en su conjunto est&eacute; en equilibrio, se requiere que cada individuo tambi&eacute;n lo est&eacute;. Ello implica definir de manera adecuada el equilibrio en movimiento: &ldquo;se define con la condici&oacute;n de que cada cual aumente su producci&oacute;n de manera que no se alteren los tipos de intercambio entre las mercanc&iacute;as&rdquo; (ib&iacute;d.). Ahora bien, en competencia perfecta no existe una cuarta fuerza estabilizadora (o desestabilizadora), pero cuando los mercados son imperfectos, &eacute;sta surge con toda su fuerza y hay que evaluar su efecto ya no sobre el equilibrio individual sino sobre el de la comunidad. El resultado del an&aacute;lisis es ambiguo, la fuerza estabilizadora podr&aacute; actuar o no dependiendo de lo que pase con los ingresos marginales en una econom&iacute;a en crecimiento estable, incluso el equilibrio llegar&aacute; a ser neutral si el aumento de los ingresos marginales compensa los efectos negativos de los tres determinantes est&aacute;ticos. Harrod no cree que este sea el resultado general, y prefiere asumir que el efecto estabilizador del cuarto determinante es dominante<sup><a name="n11"></a><a href="#11">11</a></sup>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Finalmente, Harrod aborda el problema de los determinantes est&aacute;ticos en una econom&iacute;a capitalista. En primer t&eacute;rmino, analiza las definiciones est&aacute;ndar del capitalismo. Reconoce que prefiere la definici&oacute;n convencional que asocia el t&eacute;rmino capitalismo con el uso de maquinaria y herramientas en la producci&oacute;n, pero no le permitir&iacute;a llegar a conclusiones muy diferentes a las del modelo de producci&oacute;n e intercambio. Entonces afirma:</p>      <blockquote>    <p align="justify">la raz&oacute;n por la que necesitamos la definici&oacute;n m&aacute;s estricta es que la determinaci&oacute;n de la propiedad afecta vitalmente las condiciones de los dos primeros estabilizadores. Si las herramientas son propiedad del hombre que trabaja con ellas, los dos estabilizadores mantienen su fuerza pr&iacute;stina (Harrod, 1936a). </p> </blockquote>     <p align="justify">Por supuesto, los problemas de coordinaci&oacute;n y del ciclo econ&oacute;mico quedan ligados a las relaciones de propiedad de los factores de producci&oacute;n.</p>      <blockquote>    <p align="justify">Y esto es importante, puesto que el nivel de actividad, en una comunidad moderna, est&aacute; determinado principalmente por la cantidad de trabajo que eligen los propietarios de las m&aacute;quinas u otras formas de capital. Desaparecen de la escena los dos primeros determinantes, y su lugar lo ocupa otro: los t&eacute;rminos en que los propietarios de capital fijo pueden obtener los otros factores de la producci&oacute;n (ib&iacute;d.).</p> </blockquote>     <p align="justify">A este nuevo determinante le atribuye una fuerza estabilizadora, la plasticidad de los costos primarios.</p>     <p align="justify"> Concluye, entonces, que en una econom&iacute;a capitalista existen tres determinantes est&aacute;ticos: 1) el tipo al que se pueden alquilar los factores productivos; 2) la capacidad o potencia de estos factores para producir, y 3) el tipo al que el empresario puede intercambiar sus productos; y tres fuerzas estabilizadoras: 1) la plasticidad de la remuneraci&oacute;n a los factores; 2) la ley de rendimientos decrecientes, y 3) la ley de la elasticidad decreciente de la demanda, en competencia imperfecta. Pero desconf&iacute;a del potencial estabilizador de los nuevos determinantes. La flexibilidad de los salarios no merece mucha confianza, los rendimientos decrecientes no se mantienen en la mayor parte de la industria y s&oacute;lo empiezan a ejercer su papel cuando se alcanza el pleno uso de la capacidad instalada, y la ley de la elasticidad decreciente no tiene s&oacute;lido respaldo emp&iacute;rico. De all&iacute; que observe: &ldquo;parece claro que la estabilidad en nuestra sociedad moderna ha venido a ser algo precario. Las fuerzas robustas y saludables que guiaron la vida de Crusoe aparecen ahora de manera atenuada y debilitada&rdquo; (Harrod, 1936a).</p>     <p align="justify"> Con la introducci&oacute;n del dinero aparece el cuarto determinante, el nivel general de precios. En cuanto a su papel estabilizador o desestabilizador lo importante es saber qu&eacute; ocurre realmente cuando se presentan cambios en la producci&oacute;n. Esto &ldquo;supone un cambio completo en el procedimiento&rdquo; (ib&iacute;d.). En vista de que no existen principios primarios para determinar el comportamiento de los precios, Harrod acude a la evidencia emp&iacute;rica. Su fuente fueron los estudios de Wesley Mitchell, el eminente economista norteamericano que hizo un trabajo monumental de recopilaci&oacute;n estad&iacute;stica de la econom&iacute;a de Estados Unidos, que le permiti&oacute; examinar en detalle las correlaciones de las variables econ&oacute;micas en las diversas fases del ciclo econ&oacute;mico. Este autor encontr&oacute; que los precios tend&iacute;an a incrementarse durante el auge y a reducirse durante la recesi&oacute;n. Harrod acept&oacute; esos resultados sin mayores reservas pues &ldquo;la evidencia es de mucho alcance y la proposici&oacute;n ha sido ampliamente aceptada por los economistas reconociendo su fuerza&rdquo; (ib&iacute;d.).</p>     <p align="justify"> Harrod atribuy&oacute; entonces una fuerza desestabilizadora a la variable monetaria, lo que no significa que en su modelo de ciclo econ&oacute;mico el dinero sea la causa primaria de los movimientos de la actividad a uno y otro lado del avance uniforme. La verdad es que para Harrod, el dinero juega un papel pasivo, que valida la din&aacute;mica de la fuerzas reales que generan la oscilaci&oacute;n: &ldquo;cuando las fuerzas todav&iacute;a no reveladas ordenan que la producci&oacute;n retroceda, el dinero es capaz de ejercer una fuerza desestabilizadora suficiente para dominar las fuerzas de los estabilizadores&rdquo; (ib&iacute;d.). Es decir, la variaci&oacute;n de los precios absolutos modifica las decisiones de producci&oacute;n de los empresarios y permite que la din&aacute;mica del ciclo se consolide, revelando correlaci&oacute;n serial en el producto. Para que ello sea as&iacute; se requiere que el equilibrio est&aacute;tico en una econom&iacute;a capitalista sea neutral, desestimando la condici&oacute;n de inestabilidad o estabilidad global (Besomi, 1997).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> De ese modo, la sumatoria vectorial de las fuerzas estabilizadoras y desestabilizadoras se debe compensar, lo que implica que &ldquo;la influencia desestabilizadora del dinero, incorporada en las alzas y bajas de los precios, se puede considerar como una medida de la potencia de las otras dos fuerzas estabilizadoras&rdquo; (Harrod, 1936a). A&uacute;n faltaba responder por qu&eacute; el dinero se conduce de esa manera. La respuesta se encuentra mediante el an&aacute;lisis de la interacci&oacute;n del multiplicador y el acelerador, y de los cambios en la velocidad del dinero. El mecanismo a trav&eacute;s del cual los cambios del sistema como un todo afectan las decisiones individuales es la alteraci&oacute;n del nivel de precios, por obra de los determinantes est&aacute;ticos y din&aacute;micos. Los primeros influyen en los agentes, y los segundos en el sistema como un todo. Como observa Besomi (1996a), &ldquo;este enfoque llev&oacute; a que Harrod pensara que la teor&iacute;a de la moneda deb&iacute;a proporcionar el enlace necesario entre las leyes de la est&aacute;tica y la din&aacute;mica&rdquo;.</p>     <p align="justify"> En el cap&iacute;tulo segundo introduce, entonces, el mecanismo autom&aacute;tico que genera el movimiento c&iacute;clico de la actividad econ&oacute;mica sobre el equilibrio de crecimiento estable. Las herramientas anal&iacute;ticas son bien conocidas: el acelerador y el multiplicador. La relaci&oacute;n &ndash;como Harrod denomina al acelerador&ndash; es una simple relaci&oacute;n aritm&eacute;tica entre el monto de la inversi&oacute;n agregada y la tasa de cambio del gasto de los hogares en bienes de consumo. Sin p&eacute;rdida de generalidad, supone que el coeficiente del acelerador es mayor que 1, lo que de acuerdo con la experiencia explicar&iacute;a por qu&eacute; la inversi&oacute;n fluct&uacute;a m&aacute;s que las variaciones del consumo en las fases extremas del ciclo. Harrod muestra que, en ausencia de cambio t&eacute;cnico, este mecanismo produce los cambios repentinos del auge a la recesi&oacute;n y viceversa.</p>     <p align="justify"> En efecto, suponiendo que el avance normal llega a su fin en un punto, la producci&oacute;n de bienes de capital se empieza a desacelerar cuando los factores liberados en ese sector no encuentran ocupaci&oacute;n en el de bienes de consumo, y la actividad global debe disminuir. De modo que el ingreso de los agentes disminuye, y con &eacute;l los gastos en bienes de consumo. Los gastos de inversi&oacute;n se reducen abruptamente y la econom&iacute;a cae en la recesi&oacute;n<sup><a name="n12"></a><a href="#12">12</a></sup>. Harrod reconoci&oacute; que algunos factores pueden suavizar el gradiente de la inversi&oacute;n, y analiz&oacute; tres: 1) los cambios de las tasas de inter&eacute;s; 2) las variaciones de los precios relativos de los bienes de capital, y 3) las invenciones sesgadas hacia m&eacute;todos cada vez m&aacute;s indirectos. Pero mantuvo un agudo escepticismo acerca de su poder para eliminar el ciclo econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify"> Aunque Harrod present&oacute; el multiplicador del comercio exterior en 1933 en un manual de econom&iacute;a internacional, s&oacute;lo logr&oacute; entender el principio del multiplicador de la inversi&oacute;n despu&eacute;s de leer las pruebas de la <i>Teor&iacute;a general</i> en 1935, a lo que sin duda contribuy&oacute; su intensa correspondencia con Kahn sobre las implicaciones de la demanda efectiva (Besomi, 2000). El mecanismo del multiplicador fue inventado por Kahn, el alumno m&aacute;s brillante de Keynes en Cambridge. Keynes lo introdujo de manera diferente en la <i>Teor&iacute;a general</i>, pues tuvo que redefinir sus t&eacute;rminos para integrarlo en su teor&iacute;a de la determinaci&oacute;n del producto y el empleo por la demanda efectiva. La idea era simple. El multiplicador &ndash;que depende de la propensi&oacute;n al consumo&ndash; es el mecanismo que permite que las variaciones del ingreso generadas por un cambio en la inversi&oacute;n sean adecuadas para generar el ahorro que financia exactamente el gasto de inversi&oacute;n. A partir de all&iacute;, no era dif&iacute;cil proponer una explicaci&oacute;n causal que relacionara las variaciones del ingreso con la inversi&oacute;n y la acumulaci&oacute;n de capital<sup><a name="n13"></a><a href="#13">13</a></sup>. Al respecto, simplemente concluy&oacute; que: </p>      <blockquote>    <p align="justify">el secreto del ciclo econ&oacute;mico se puede revelar con el estudio de las conexiones mutuas entre el multiplicador y la relaci&oacute;n. La teor&iacute;a del multiplicador implica que el nivel de actividad no est&aacute; predeterminado de otra forma, y concuerda con las doctrinas concernientes al desestabilizador monetario (Harrod, 1936a).</p> </blockquote>     <p align="justify">As&iacute; como hizo con el acelerador, Harrod mostr&oacute; que los efectos del multiplicador sobre la actividad productiva pueden ser compensados por cambios en la propensi&oacute;n al consumo. Y argument&oacute;, con raz&oacute;n, que la propensi&oacute;n a ahorrar de los hogares aumentaba durante el auge, en consonancia con la ley psicol&oacute;gica de Keynes de que a medida que el ingreso aumenta, los gastos de consumo crecen en menor proporci&oacute;n. Este no es el &uacute;nico factor que incide en el valor del multiplicador. Tambi&eacute;n se puede generar una redistribuci&oacute;n del ingreso hacia los due&ntilde;os del capital, esto ocurre como consecuencia del poder de mercado que ganan los empresarios cuando empieza a operar la ley decreciente de la elasticidad de la demanda y la competencia se hace cada vez m&aacute;s imperfecta.</p>     <p align="justify"> Harrod no analiz&oacute; la interacci&oacute;n entre el multiplicador y el acelerador en t&eacute;rminos matem&aacute;ticos, ni intent&oacute; establecer relaciones funcionales formales que permitan examinar y mostrar claramente las relaciones no lineales impl&iacute;citas en la teor&iacute;a din&aacute;mica. En vez de ello, sigui&oacute; &ldquo;un procedimiento an&aacute;logo al que utiliz&oacute; para reinterpretar el an&aacute;lisis est&aacute;tico en t&eacute;rminos de un sistema de fuerzas&rdquo; (Besomi, 1997). Primero defini&oacute; el equilibrio din&aacute;mico como una tasa de crecimiento estable y constante.</p>      <blockquote>    <p align="justify">Un avance firme se define como aqu&eacute;l en que la relaci&oacute;n del crecimiento de la producci&oacute;n sobre el nivel previo es constante, lo que implica una serie geom&eacute;trica. Se deduce que el incremento proporcional de la inversi&oacute;n neta en un d&iacute;a dado, sobre el nivel de la inversi&oacute;n neta del d&iacute;a anterior, es igual a la adici&oacute;n proporcional al <i>stock</i> de bienes de capital disponible en este d&iacute;a (Harrod, 1936a).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Es claro que esta definici&oacute;n se limita al sistema como un todo, pues no aparecen las decisiones individuales de los empresarios ni las expectativas de los agentes econ&oacute;micos. De all&iacute; que este enfoque se pueda asociar con la idea de equilibrio en movimiento de la econom&iacute;a cl&aacute;sica y marxista, donde lo importante es que se cumplan las condiciones de reproducci&oacute;n del sistema<sup><a name="n14"></a><a href="#14">14</a></sup>. </p>     <p align="justify"> Luego identific&oacute; los &ldquo;determinantes din&aacute;micos&rdquo;, que definen el tipo de crecimiento de la producci&oacute;n: 1) la propensi&oacute;n al ahorro; 2) la distribuci&oacute;n del ingreso entre clases sociales, y 3) el volumen de capital empleado en la producci&oacute;n. Los dos primeros son restrictivos, es decir, reducen el multiplicador en el auge, mientras que el tercero induce un mayor gasto de inversi&oacute;n para sustituir las t&eacute;cnicas existentes por otras de car&aacute;cter m&aacute;s indirecto. Harrod considera que el equilibrio din&aacute;mico es inestable, pues no cree que la magnitud de las fuerzas restrictivas compense el incentivo positivo de la tercera.</p>      <blockquote>    <p align="justify">Para mantenerlo, no podemos confiar en los tres determinantes. Ser&iacute;a una feliz coincidencia que as&iacute; sucediese. Y &eacute;ste es el punto crucial del problema. Si hay alg&uacute;n descenso en el tipo de avance, debe ocurrir un retroceso. En este momento la relaci&oacute;n domina la situaci&oacute;n. Un retroceso en la l&iacute;nea de avance implica un retroceso en la inversi&oacute;n. Pero, entonces, de acuerdo con el multiplicador, el consumo debe descender. El retroceso, una vez iniciado implica retroceder hasta el fondo de la depresi&oacute;n, a menos que aparezca una poderosa fuerza que lo contrarreste (Harrod, 1936a).</p> </blockquote>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, es conveniente examinar el papel del dinero y los determinantes est&aacute;ticos y din&aacute;micos en la explicaci&oacute;n del ciclo. Harrod lo hace en un cap&iacute;tulo aparte, despu&eacute;s de desvirtuar la posibilidad de usar la tasa de inter&eacute;s y la pol&iacute;tica monetaria para eliminar el ciclo. En primer t&eacute;rmino, rechaza tajantemente la teor&iacute;a cuantitativa del dinero, a la que considera un &ldquo;curioso galimat&iacute;as&rdquo;. En su lugar, adopta un enfoque basado en los determinantes de la velocidad del dinero y anticipa que su teor&iacute;a de la fluctuaci&oacute;n es en s&iacute; misma la teor&iacute;a de la velocidad. A este respecto, cabe citar el siguiente p&aacute;rrafo:</p>      <blockquote>    <p align="justify">Las fuerzas mencionadas gobiernan el volumen de producci&oacute;n y el nivel de precios; &eacute;stos, a su vez, hacen que la velocidad del dinero sea tal cual es. O, mejor, determinan que la cantidad de dinero multiplicada por su velocidad de circulaci&oacute;n (MV) sea lo que es. Y la velocidad es resultado de la pol&iacute;tica bancaria, que determina la cantidad de dinero, y de las fuerzas mencionadas, incluido cualquier efecto de la pol&iacute;tica bancaria, por ejemplo, a trav&eacute;s del tipo de inter&eacute;s, en dichas fuerzas. As&iacute; ocurren las variaciones en la velocidad que le permiten al dinero actuar como lubricante del sistema y seguir el curso elegido. Especialmente, hacen que el dinero act&uacute;e como el archidesestabilizador que enfrenta las fuerzas estabilizadoras de los determinantes est&aacute;ticos, y que el nivel de producci&oacute;n se mueva ascendente y descendentemente, como describen los determinantes din&aacute;micos (Harrod, 1936a).</p> </blockquote>     <p align="justify">Aunque se podr&iacute;a hacer un an&aacute;lisis m&aacute;s detallado de la teor&iacute;a que se sintetiz&oacute; en las l&iacute;neas anteriores<a name="n15"></a><sup><a href="#15">15</a></sup>, aqu&iacute; basta destacar tres puntos. Primero, Harrod invierte la causalidad de la ecuaci&oacute;n cuantitativa del dinero: la direcci&oacute;n va de los precios a la oferta monetaria y no a la inversa. Segundo, los determinantes del nivel general de precios no son las fuerzas monetarias, sino las reales, condensadas en los determinantes est&aacute;ticos y din&aacute;micos. Tercero, si bien el dinero o el cr&eacute;dito no son el motor del crecimiento, son el lubricante que permite que el multiplicador y el acelerador operen sin fricciones. Es claro que el mecanismo que Harrod ide&oacute; entra&ntilde;a un alto grado de complejidad, y no linealidad. Uno de los primeros en reconocer su originalidad fue Hicks (1949), quien destac&oacute; la importancia de analizar el ciclo con base en una tendencia ascendente y la necesidad de introducir relaciones no lineales para respaldar el postulado de inestabilidad. Desde otra orilla, Goodwin (1988), un eminente pensador marxista, disc&iacute;pulo de Harrod en Oxford durante los a&ntilde;os treinta, coment&oacute; que las ideas que expuso en <i>El ciclo econ&oacute;mico</i>, un libro al que calific&oacute; como &ldquo;muy malo, pero profundamente original&rdquo;, conten&iacute;an la esencia del crecimiento c&iacute;clico; aunque, curiosamente, estas innovaciones te&oacute;ricas pasaron totalmente desapercibidas para sus cr&iacute;ticos m&aacute;s lucidos: Frisch, Tinbergen y el mismo Keynes.</p>     <p align="justify"><b>EL ENSAYO DE 1939 Y EL DILEMA DE LAS TRES TASAS: &iquest;ESBOZO DE GENERALIZACI&Oacute;N O FRACASO INTELECTUAL?</b></p>     <p align="justify">Harrod consider&oacute; que el ensayo de 1939 era el resultado de un proceso de refinamiento, reducci&oacute;n y parametrizaci&oacute;n de las ideas principales de <i>El ciclo econ&oacute;mico</i> (1936). En el ensayo sosten&iacute;a que hay continuidad entre las ideas esbozadas en <i>El ciclo econ&oacute;mico</i> y la exposici&oacute;n formal de su din&aacute;mica: &ldquo;se trata [...] de una combinaci&oacute;n del principio de aceleraci&oacute;n y la teor&iacute;a del multiplicador, y es el desarrollo y extensi&oacute;n de ciertos argumentos presentados en mi libro <i>The Trade Cycle</i>&rdquo; (Harrod, 1939). No obstante, en la nueva presentaci&oacute;n de la teor&iacute;a din&aacute;mica cambi&oacute; el &eacute;nfasis del problema y dedic&oacute; gran parte a demostrar el &ldquo;principio de la inestabilidad&rdquo;, relegando a un segundo plano el an&aacute;lisis del ciclo econ&oacute;mico<sup><a name="n16"></a><a href="#16">16</a></sup>. Dedic&oacute; los numerales 1 a 14 a establecer los puntos esenciales de la teor&iacute;a din&aacute;mica, y los restantes, 15 a 21, a esbozar el an&aacute;lisis de las fases del ciclo econ&oacute;mico y las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas para combatirlo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Adem&aacute;s, abandon&oacute; el lenguaje vectorial de fuerzas y minimiz&oacute; las referencias a los &ldquo;determinantes din&aacute;micos&rdquo;, propios de un an&aacute;lisis causal, para sustituirlos por un sistema param&eacute;trico de ecuaciones de crecimiento que permitiera determinar las inc&oacute;gnitas en un instante de tiempo<a name="n17"></a><sup><a href="#17">17</a></sup>. En este sentido, el principio de inestabilidad es un &ldquo;resultado&rdquo; y deja de ser un punto de partida, es decir, un &ldquo;postulado epist&eacute;mico&rdquo;. Al decir de Besomi (1996a): &ldquo;La transici&oacute;n entre los dos trabajos se puede resumir como un cambio de &eacute;nfasis del estudio de las <i>causas</i> al an&aacute;lisis de los <i>efectos</i> del ahorro y la inversi&oacute;n&rdquo;. La teor&iacute;a se presenta en un contexto abstracto y axiom&aacute;tico, con el objetivo de mostrar que el crecimiento de una econom&iacute;a de <i>laissez-faire</i> es &ldquo;muy inestable&rdquo; y, despu&eacute;s, retornar al mundo de movimientos secuenciales, es decir, del ciclo econ&oacute;mico, pues cualquier consideraci&oacute;n de c&oacute;mo act&uacute;an las fuerzas &ldquo;centr&iacute;fugas&rdquo; lleva al analista lejos del an&aacute;lisis din&aacute;mico e involucra &ldquo;cierto elemento de conjetura&rdquo; (Harrod, 1938b). </p>     <p align="justify"> El punto de partida del ensayo es la enumeraci&oacute;n de las proposiciones fundamentales que definen la base del sistema axiom&aacute;tico de la teor&iacute;a din&aacute;mica.</p>     <p align="justify"><i>Proposici&oacute;n 1</i></p>     <p align="justify">El nivel de ingreso de la comunidad es el principal determinante de la oferta de ahorro: S = sY, donde S es el ahorro de los hogares y las empresas, s la propensi&oacute;n media a consumir, y Y el ingreso.</p>     <p align="justify"><i>Proposici&oacute;n 2</i></p>     <p align="justify">La tasa de incremento del ingreso es un determinante de la demanda de ahorro, es decir, de la inversi&oacute;n. Formalmente, I = C<font face="Symbol">D</font>Y, donde I es la inversi&oacute;n, C la raz&oacute;n del incremento del capital por unidad de incremento del producto, y <font face="Symbol">D</font>Y la variaci&oacute;n del ingreso<sup><a name="n18"></a><a href="#18">18</a></sup>.</p>     <p align="justify"><i>Proposici&oacute;n 3</i></p>     <p align="justify">La demanda es igual a la oferta, es decir, el ahorro es igual a la inversi&oacute;n. Formalmente, I = S.</p>     <p align="justify"> Una vez establecidos los principios b&aacute;sicos, Harrod define las tres tasas de crecimiento.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 1</i></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sea C el valor del incremento del acervo del capital del per&iacute;odo dividido por el incremento del producto total efectivo. Sea s la fracci&oacute;n del ingreso que ahorran los individuos y las empresas durante el per&iacute;odo. Junto con las proposiciones 1 a 3 se obtiene C<font face="Symbol">D</font>Y = sY, de donde se deriva la expresi&oacute;n de la tasa de crecimiento efectiva: </p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v7n13/v7n13a5e1.jpg" width="92" height="46"> </p>     <p align="justify">Esta relaci&oacute;n no es m&aacute;s que una identidad, es decir, un truismo.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 2</i></p>     <p align="justify">Entendemos por tasa garantizada de crecimiento la tasa de crecimiento que deja a todas las partes satisfechas por no haber producido ni m&aacute;s ni menos que la cantidad correcta. En otros t&eacute;rminos, esta tasa genera un estado mental que lleva a que las partes emitan &oacute;rdenes que mantengan la misma tasa de crecimiento. Formalmente:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v7n13/v7n13a5e2.jpg" width="70" height="46"> </p>     <p align="justify">donde s<sub>d</sub> es la proporci&oacute;n del ingreso que los individuos y las empresas deciden ahorrar, C<sub>r</sub> es la cantidad de capital por incremento unitario del producto requerida por las condiciones tecnol&oacute;gicas y de otra &iacute;ndole. La tasa de crecimiento garantizada es una inc&oacute;gnita cuyo valor es determinado por las &ldquo;condiciones fundamentales&rdquo;<sup><a name="n19"></a><a href="#19">19</a></sup>.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 3 </i></p>     <p align="justify">La tasa natural de crecimiento es la tasa m&aacute;xima de crecimiento permitida por el aumento de la poblaci&oacute;n, la acumulaci&oacute;n de capital, el progreso t&eacute;cnico y la curva de preferencia de trabajo-ocio, con pleno empleo. En t&eacute;rminos formales: </p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v7n13/v7n13a5e3.jpg" width="118" height="50"> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">donde n es la tasa de crecimiento de la poblaci&oacute;n, x la tasa de crecimiento del cambio t&eacute;cnico, C<sub>r</sub> la cantidad de capital de todas las clases por incremento unitario del producto requerida por las &ldquo;circunstancias&rdquo;, y s<sub>0</sub> la tasa de ahorro necesaria para mantener a la econom&iacute;a en la senda de crecimiento con pleno empleo<sup><a name="n20"></a><a href="#20">20</a></sup>.</p>     <p align="justify"><i>Definici&oacute;n 4</i></p>     <p align="justify">La tasa garantizada de crecimiento que se obtiene en condiciones de pleno empleo corresponde a la tasa garantizada &ldquo;propia&rdquo; de la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify"> Antes de presentar el teorema de inestabilidad y una prueba informal, Harrod introduce los conceptos <i>ex ante</i> y <i>ex post</i>, terminolog&iacute;a que tom&oacute; del <i>Tratado del dinero</i> de Keynes (1930). Aunque estos conceptos se prestan para generar ruido en la interpretaci&oacute;n del problema, permitieron que Harrod derivara una regla de ajuste de los agregados del sistema. En efecto, para el Keynes del <i>Tratado</i> la inversi&oacute;n no necesariamente se iguala al ahorro <i>ex ante</i>. Por ejemplo, si la inversi&oacute;n supera al ahorro, el sistema se expande, y ocurre lo contrario cuando la desigualdad se invierte. Harrod no dud&oacute; en definir a C como una cantidad <i>ex post</i> &ndash;es decir, realizada&ndash; que incluye inventarios no deseados. Pero no estaba tan seguro de que se pudiera considerar a C<sub>r</sub> como una cantidad <i>ex ante</i>.</p>     <p align="justify"> De hecho, modific&oacute; la acepci&oacute;n del t&eacute;rmino, definiendo a C<sub>r</sub> como &ldquo;la adici&oacute;n de bienes de capital en cualquier per&iacute;odo que los productores consideran igual para el producto que manejan en ese per&iacute;odo&rdquo; (Harrod, 1939). Esto fue mal interpretado por algunos comentaristas<a name="n21"></a><sup><a href="#21">21</a></sup>. La verdad es que son dos conceptos diferentes. Mientras que la inversi&oacute;n <i>ex ante</i> est&aacute; relacionada con las esperanzas y expectativas de crecimiento de la demanda, que pueden o no realizarse, la inversi&oacute;n justificada est&aacute; relacionada con el incremento del producto actual. De all&iacute;, Harrod deriv&oacute; una regla simple: &ldquo;cuando la inversi&oacute;n <i>ex ante</i> excede a la inversi&oacute;n <i>ex post</i>, la inversi&oacute;n justificada es a&uacute;n mayor; cuando la inversi&oacute;n <i>ex ante</i> es menor que la inversi&oacute;n <i>ex post</i>, la inversi&oacute;n justificada es a&uacute;n menor&rdquo; (Harrod, 1951 y Kregel, 1980). Al parecer, Harrod eligi&oacute; este lenguaje arcano por su valoraci&oacute;n de las dos obras centrales de Keynes: en el <i>Tratado del dinero</i>, considera el equilibrio como un estado del sistema inestable e intenta construir una teor&iacute;a del ciclo econ&oacute;mico, mientras que en la <i>Teor&iacute;a general</i> supone estable el equilibrio de desempleo, lo que convierte a dicha obra en un tratado de la deficiencia de la demanda agregada o de la sobreproducci&oacute;n general. El primero contiene la esencia de la din&aacute;mica, el segundo es un an&aacute;lisis est&aacute;tico.</p>     <p align="justify"> A&uacute;n faltaba resolver una objeci&oacute;n al problema que planteaba Harrod. No era claro el significado de &ldquo;actuar de la misma manera&rdquo; bajo la senda de crecimiento equilibrado. A lo sumo, se hab&iacute;a dicho que la l&iacute;nea de producci&oacute;n trazada por la tasa garantizada de crecimiento era un equilibrio m&oacute;vil, pues representaba el nivel de producci&oacute;n en que los productores consideran que han obrado acertadamente y, por tanto, tienden a continuar en la misma l&iacute;nea de progreso. Los inventarios y el equipo disponible est&aacute;n exactamente en el nivel que satisface a los productores. &ldquo;Por supuesto, lo que se aplica al sistema en general puede no aplicarse a cada individuo por separado. Pero si un productor cree que ha producido de m&aacute;s u ordenado m&aacute;s, ello se compensar&aacute; por la experiencia contraria de igual importancia en otra parte del campo&rdquo; (Harrod, 1939).</p>     <p align="justify"> Esto supone que las tasas de crecimiento est&aacute;n sujetas a choques aleatorios, que se pueden considerar como desviaciones estacionarias que se anulan en el agregado. En respuesta a sus cr&iacute;ticos, Harrod reconoci&oacute; que este supuesto no estaba justificado y era un caso especial. Resolvi&oacute; el problema suponiendo un &ldquo;individuo representativo&rdquo; y, para evitar el <i>impasse</i>, se&ntilde;alado por Keynes, de la falta de una teor&iacute;a robusta de las decisiones de inversi&oacute;n, prefiri&oacute; separar el componente inducido de la inversi&oacute;n de la parte aut&oacute;noma. Al primero lo consideraba esencial para definir la tasa de crecimiento garantizada, y a la segunda la hac&iacute;a depender de factores de largo plazo. Y concluy&oacute;: &ldquo;la f&oacute;rmula que describe correctamente el estado de la mente de este empresario representativo se puede aplicar a la macroeconom&iacute;a&rdquo; (Harrod, 1951). Por supuesto, esta soluci&oacute;n no s&oacute;lo es inadecuada, sino que ri&ntilde;e con sus ideas anteriores. En sus primeros trabajos identific&oacute; el an&aacute;lisis est&aacute;tico con la microeconom&iacute;a y la din&aacute;mica con la macroeconom&iacute;a. Adem&aacute;s, incurre en la falacia de composici&oacute;n, que denunci&oacute; Keynes, de pretender derivar el comportamiento agregado de las acciones de los individuos<sup><a name="n22"></a><a href="#22">22</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Ahora podemos enunciar en forma de teorema las dos proposiciones m&aacute;s importantes del ensayo de 1939.</p>     <p align="justify"><i>Teorema de existencia</i></p>     <p align="justify">Dadas la proposiciones 1, 2 y 3, las definiciones 1 y 2 y los valores de s<sub>d</sub> y C<sub>r</sub> en un instante del tiempo, existe una G tal que G = G<sub>w</sub>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Harrod no ofreci&oacute; una prueba general del teorema, pero consider&oacute; que era posible demostrar la existencia de &ldquo;una l&iacute;nea de avance regular&rdquo;, para cualquier estado mental del empresario representativo, siempre y cuando se aceptaran dos supuestos sobre el comportamiento de los agentes: i) el empresario ordenar&aacute; m&aacute;s bienes de inversi&oacute;n si su <i>stock</i> y su equipo son menores que los requerimientos corrientes, y ii) el empresario ordenar&aacute; m&aacute;s si la tendencia ha sido creciente, al menos en los per&iacute;odos m&aacute;s recientes. Curiosamente, consideraba que no se requer&iacute;a la prueba de existencia para validar el principio de inestabilidad: &ldquo;incluso si existen estados mentales que representan una l&iacute;nea garantizada de avance imposible &ndash;y dudo esto&ndash; mi an&aacute;lisis de la inestabilidad puede a&uacute;n ser correcto&rdquo; (Harrod, 1951). Harrod carec&iacute;a de la formaci&oacute;n matem&aacute;tica adecuada para tratar sistemas no lineales. Los desarrollos de esta &aacute;rea de las matem&aacute;ticas eran a&uacute;n desconocidos para los economistas formados en la tradici&oacute;n europea. Los economistas empezar&iacute;an a familiarizarse con los m&eacute;todos de los sistemas din&aacute;micos no lineales a partir de los trabajos de Goodwin (1957), Kaldor (1940) y Hicks (1949) (ver Ichimura, 1964).</p>     <p align="justify"> Con sorprendente sencillez, Harrod mostr&oacute; que si G &gt; G<sub>w</sub>, puede ocurrir que s &gt; s<sub>d</sub> o que C &lt; C<sub>r</sub>, o ambas cosas. En el primer caso, el ahorro efectivo es mayor que el ahorro deseado por las familias y las empresas, esto indica que su ingreso fue mayor que el esperado, e incrementar&aacute;n su gasto en bienes de consumo e inversi&oacute;n. En el segundo caso, el<i> stock</i> de capital es menor que el requerido para sostener el ritmo de crecimiento, de modo que los agentes experimentan una reducci&oacute;n no deseada en sus inventarios, y aumentar&aacute;n sus pedidos de bienes finales y de producci&oacute;n. En ambos casos, la diferencia inicial entre G y G<sub>w</sub> se incrementaba sin que el sistema diera muestras de regresar a su equilibrio inicial. Robinson (1965) se&ntilde;al&oacute; un desliz en el argumento:</p>      <blockquote>    <p align="justify"> Estabilidad significa la capacidad de alcanzar una posici&oacute;n de equilibrio predeterminada a partir de un punto de partida arbitrario. Todo el planteamiento se desarrolla en t&eacute;rminos de tasas de crecimiento sin discutir las condiciones iniciales. El an&aacute;lisis de las tasas exigir&iacute;a descender de la generalidad de las ecuaciones para concentrarse en un punto particular del tiempo y considerar las caracter&iacute;sticas del stock de capital existente en ese momento.</p> </blockquote>     <p align="justify">No obstante, podemos enunciar el teorema de inestabilidad de la siguiente manera.</p>     <p align="justify"><i>Teorema de inestabilidad de una econom&iacute;a de laissez-faire</i></p>     <p align="justify">i) G<sub>w</sub> representa un equilibrio m&oacute;vil y uniforme para una econom&iacute;a de <i>laissez-faire</i>, ii) en ambos lados de la l&iacute;nea existe un &ldquo;campo&rdquo; donde operan fuerzas centr&iacute;fugas cuya magnitud var&iacute;a directamente con la distancia de cualquier punto a la l&iacute;nea garantizada. El alejamiento de la l&iacute;nea garantizada crea un incentivo para alejarse a&uacute;n m&aacute;s. En consecuencia, G<sub>w</sub> es un equilibrio muy inestable.</p>     <p align="justify">&iexcl;Cu&aacute;n interesante resulta esto para el an&aacute;lisis del ciclo econ&oacute;mico!, afirmar&iacute;a Harrod con entusiasmo. La demostraci&oacute;n de la inestabilidad del equilibrio garantizado depende crucialmente de que s<sub>d</sub> y C<sub>r</sub> no sean afectadas por cambios en G, es decir, de que permanezcan constantes en un instante del tiempo. Aqu&iacute; tampoco ofreci&oacute; una demostraci&oacute;n rigurosa. Harrod procedi&oacute; a encontrar la condici&oacute;n para la que un incremento marginal de la tasa de ahorro (s<sub>m</sub>), inducido por una desviaci&oacute;n de la tasa efectiva de crecimiento con respecto a la tasa garantizada, no modifique el &ldquo;principio de inestabilidad&rdquo;. Encontr&oacute; que esa condici&oacute;n era:</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v7n13/v7n13a5e4.jpg" width="69" height="36"> </p>     <p align="justify">&ldquo;As&iacute; pues, la condici&oacute;n de la inestabilidad requiere que la fracci&oacute;n de ingreso marginal ahorrada no sea mayor que la fracci&oacute;n del ingreso total ahorrada multiplicada por el ingreso total y dividida por el incremento del ingreso garantizado en 6 meses&rdquo; (Harrod, 1939). Harrod termin&oacute; la primera parte de su ensayo mostrando que su teor&iacute;a se pod&iacute;a generalizar. De hecho, extendi&oacute; el an&aacute;lisis incorporando la inversi&oacute;n aut&oacute;noma o de largo plazo y las exportaciones netas. En este contexto, la ecuaci&oacute;n de la tasa de crecimiento garantizada se expresa como:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v7n13/v7n13a5e5.jpg" width="230" height="50"> </p>     <p align="justify">donde i es la relaci&oacute;n entre importaciones e ingreso, k es la inversi&oacute;n a largo plazo asociada con el nivel de ingreso, K es la inversi&oacute;n aut&oacute;noma de largo plazo y E son las exportaciones. En este punto, reconoci&oacute; que el principio de inestabilidad se puede debilitar, es decir, que la tasa de crecimiento garantizada no ser&iacute;a necesariamente un equilibrio muy inestable. M&aacute;s tarde retom&oacute; el tema de la estabilidad (Ardo, 1973). Pero en esta ocasi&oacute;n consider&oacute; que la idea de un equilibrio m&oacute;vil no se pod&iacute;a asociar con el delgado y pulido &ldquo;filo de una navaja&rdquo;, e imagin&oacute; una situaci&oacute;n algo diferente: una pelota en una ladera de hierba; una alternativa equivalente ser&iacute;a una canica en la parte superior de una c&aacute;scara de nuez. Un leve soplo, o mejor, un parpadeo estoc&aacute;stico, no la sacar&iacute;a del equilibrio inestable; el rozamiento, la resistencia del aire exigir&iacute;an una fuerza a&uacute;n mayor.</p>     <p align="justify"> Para Harrod (1973): </p>      <blockquote>    <p align="justify">estar sobre el filo de una navaja es un caso extremo de equilibrio inestable. Nunca suger&iacute; que la tasa de crecimiento justificada tuviera una inestabilidad tan extrema. Al contrario, en mi primera formulaci&oacute;n, suger&iacute;, a t&iacute;tulo de simple ejemplo, que el tiempo de reacci&oacute;n necesario para que un aumento o disminuci&oacute;n de los bienes de capital ejerciera su influencia sobre la corriente de pedidos pod&iacute;a ser de seis meses. &iexcl;No se puede decir que estamos sobre el filo de una navaja si se tarda seis meses para movernos! </p> </blockquote>     <p align="justify">En cuanto al problema de la unicidad de la tasa de crecimiento garantizada, Harrod acept&oacute; que pod&iacute;an existir tasas m&uacute;ltiples acordes con los &ldquo;determinantes din&aacute;micos&rdquo;, pero rest&oacute; importancia a este problema afirmando que &ldquo;la existencia de m&uacute;ltiples equilibrios en la macrodin&aacute;mica no es tan grave pues su n&uacute;mero es m&aacute;s peque&ntilde;o que en la microest&aacute;tica&rdquo; (Harrod, 1970). Esta acotaci&oacute;n sobre el n&uacute;mero de equilibrios es interesante, pero le habr&iacute;a bastado decir que en un instante de tiempo los valores s<sub>d</sub> y C<sub>r</sub> est&aacute;n dados y, por tanto, determinan un valor &uacute;nico de la tasa de crecimiento garantizada.</p>     <p align="justify">Hasta ahora no se ha dicho qu&eacute; significado se da al &ldquo;dilema de Harrod&rdquo; en este escrito. Los libros de texto lo suelen asociar con la divergencia entre la tasa de crecimiento garantizada y la tasa natural. Es decir, con el hecho de que es poco probable que la econom&iacute;a transite por una senda de crecimiento estable con pleno empleo. Sin embargo, nuestra exposici&oacute;n ha mostrado que Harrod no pretend&iacute;a analizar econom&iacute;as concretas, al menos en la primera parte de su teor&iacute;a din&aacute;mica. Su objetivo era m&aacute;s modesto: probar que el capitalismo de <i>laissez-faire</i> se encuentra en equilibrio inestable. A ello dedica gran parte del ensayo de 1939 y sendos cap&iacute;tulos de sus libros posteriores, <i>Hacia una econom&iacute;a din&aacute;mica</i> (1948) y <i>Din&aacute;mica econ&oacute;mica</i> (1973).</p>     <p align="justify"> El dilema de Harrod se refiere a los problemas que surgen por la divergencia de las &ldquo;tres tasas&rdquo;. Considera siete combinaciones factibles que se pueden reunir en dos subconjuntos. En el primero, G<sub>w</sub> &gt; G<sub>n</sub>, es decir, la tasa de ahorro es mayor que la requerida para garantizar el pleno empleo y la introducci&oacute;n de innovaciones tecnol&oacute;gicas. En estas circunstancias el conflicto entre inflaci&oacute;n y desempleo en el corto plazo es latente (G &gt; G<sub>w</sub>); la pol&iacute;tica fiscal correcta en el largo plazo es generar d&eacute;ficit fiscales o desahorro para reducir G<sub>w</sub> y acercarla a G<sub>n</sub>, garantizando as&iacute; que la econom&iacute;a crezca a una tasa regular. Asocia esta situaci&oacute;n con la tesis del estancamiento y es el dilema de los pa&iacute;ses desarrollados. En el segundo, G<sub>w</sub> &lt; G<sub>n</sub>, es decir, la tasa de ahorro es insuficiente para garantizar el crecimiento de la econom&iacute;a a la de pleno empleo. En este caso, toda pol&iacute;tica expansiva de corto plazo que se mantenga durante alg&uacute;n tiempo entra en conflicto con el equilibrio de largo plazo y la amenaza inflacionaria es efectiva en los casos en que G &gt; G<sub>w</sub>. Estas condiciones son propias de los pa&iacute;ses en desarrollo. Aunque Harrod propone aumentar el ahorro y la inversi&oacute;n p&uacute;blica, concluye que &ldquo;el ideal de conseguir una pol&iacute;tica perfecta, una especie de ajuste de precisi&oacute;n, que evite un crecimiento del paro, por una parte, y que no provoque, por otra, una inflaci&oacute;n de precios por tir&oacute;n de demanda, no tiene ninguna base en la teor&iacute;a econ&oacute;mica&rdquo; (Harrod, 1973).</p>     <p align="justify"> Aqu&iacute; vale la pena hacer una referencia a la historia de la mec&aacute;nica cl&aacute;sica. El gran matem&aacute;tico franc&eacute;s Henri Poincar&eacute; tuvo que enfrentar un acertijo parecido: el problema de los tres cuerpos. La soluci&oacute;n del sistema de ecuaciones implic&oacute; el reconocimiento de las relaciones no lineales y la transici&oacute;n al caos. El problema de la &ldquo;tres tasas&rdquo; es tambi&eacute;n un rompecabezas con una estructura no lineal que genera oscilaciones end&oacute;genas alrededor de un equilibrio m&oacute;vil o l&iacute;nea de avance inestable, es decir, el ciclo econ&oacute;mico es un aspecto del proceso de crecimiento y la acumulaci&oacute;n de capital. El ciclo y la tendencia no se pueden separar, son las dos caras de una misma moneda: el principio de la inestabilidad. A pesar de ello, &ldquo;aunque importante en relaci&oacute;n con el ciclo econ&oacute;mico, es s&oacute;lo una peque&ntilde;a parte de la teor&iacute;a del crecimiento, que me he esforzado por desarrollar, y, como es obvio, s&oacute;lo una peque&ntilde;a parte de la teor&iacute;a del crecimiento&rdquo; (Harrod, 1973).</p>     <p align="justify"> El procedimiento de Harrod es similar al que siguen los f&iacute;sicos para resolver el problema de los tres cuerpos<sup><a name="n23"></a><a href="#23">23</a></sup> . En primer lugar, introduce en el sistema un techo y un piso que limitan las oscilaciones de la tasa de crecimiento efectiva (G). El techo est&aacute; definido por el crecimiento de la poblaci&oacute;n y el cambio t&eacute;cnico, es decir, por la tasa de crecimiento natural (G<sub>n</sub>). El piso se establece cuando la tasa de crecimiento garantizada especial cae por debajo de la efectiva; bajo estas condiciones, la tasa de ahorro deseada puede llegar a reducirse, empujando G<sub>w</sub> por debajo de G, lo que detiene la ca&iacute;da. En el momento en que la tasa garantizada especial sobrepasa a la efectiva durante el descenso econ&oacute;mico, todo est&aacute; listo para el relanzamiento. En segundo lugar, define dos &aacute;mbitos de an&aacute;lisis. La divergencia entre G y G<sub>w</sub> determina la din&aacute;mica del ciclo econ&oacute;mico de corta duraci&oacute;n, mientras que la desigualdad entre G<sub>w</sub> y G<sub>n</sub> determina la del ciclo de onda larga de Kondratieff (Harrod, 1957 y 1948). En tercer lugar, levanta el supuesto de constancia de s<sub>d</sub> y C<sub>r</sub> a lo largo del tiempo. Ahora la tasa de crecimiento efectiva puede afectar los valores de la tasa de ahorro deseada y de la inversi&oacute;n requerida. As&iacute;, la tasa de crecimiento garantizada (G<sub>w</sub>) puede variar a lo largo de las fases del ciclo. De all&iacute; que podamos definir a G como la &ldquo;tasa de crecimiento perturbadora&rdquo;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Una situaci&oacute;n est&aacute;ndar podr&iacute;a ser la siguiente. Supongamos que la tasa de crecimiento propia es superior a la tasa de crecimiento natural, es decir, G<sub>w</sub> &gt; G<sub>n</sub>. En este caso, la econom&iacute;a est&aacute; condenada a caer en una depresi&oacute;n cr&oacute;nica con desempleo rampante. En efecto, como G no puede sobrepasar a G<sub>n</sub>, es inferior a G<sub>w</sub>, lo que lleva a que los agentes reduzcan sus compras de bienes de consumo y capital, y lanza la econom&iacute;a al fondo de la recesi&oacute;n. &ldquo;Entonces la diferencia hacia abajo continuar&aacute; hasta que la tasa garantizada, determinada por los miembros del lado derecho de la ecuaci&oacute;n, tambi&eacute;n se muevan hacia abajo&rdquo; (Harrod, 1939). Pero esto s&oacute;lo se logra con un fuerte incremento del desempleo. Los economistas neocl&aacute;sicos dir&iacute;an que la pol&iacute;tica adecuada para resolver el problema es muy simple: reducir los salarios. As&iacute; las empresas contratar&iacute;an m&aacute;s trabajadores. Pero este no es el caso. Esa pol&iacute;tica redistribuye ingresos de los trabajadores a los capitalistas y aumenta el valor del dinero (reduce precios), lo que eleva la tasa de ahorro deseada, y como C<sub>r</sub> no se ve afectada, la tasa de crecimiento garantizada aumenta y se aleja mucho m&aacute;s de la tasa efectiva (G), acentuando la pendiente de la ca&iacute;da.</p>     <p align="justify"> Harrod muestra que en este caso el problema es un exceso de ahorro; por tanto, la manera de resolver el dilema es un d&eacute;ficit fiscal permanente que reduzca la tasa de ahorro y la tasa de crecimiento garantizada. La disminuci&oacute;n de la tasa de inter&eacute;s ayudar&iacute;a, pues reduce los incentivos al ahorro y promueve la inversi&oacute;n. Todo lo cual disminuye la tasa de crecimiento garantizada. En la fase de recuperaci&oacute;n puede suceder que la econom&iacute;a no alcance el pleno empleo &#8213;es decir, que G no iguale a G<sub>n</sub>&#8213; por las dificultades para transferir trabajo y capitales entre sectores, o por demoras, de modo que si G<sub>w</sub> es mayor que G<sub>n</sub>, G se reducir&aacute; antes de alcanzar la tasa de crecimiento &oacute;ptima (G<sub>n</sub>). As&iacute;, &ldquo;el ahorro es una virtud y resulta beneficioso mientras G<sub>w</sub> sea inferior a G<sub>n</sub>. Aunque es desastroso que G<sub>w</sub> sea superior a G<sub>n</sub>, no es bueno que est&eacute; muy por debajo, pues en tal caso, aunque podemos tener frecuentes movimientos de expansi&oacute;n y una tendencia frecuente a aproximarse al pleno empleo, este alto nivel de empleo ser&aacute; de car&aacute;cter inflacionario y, por tanto, malsano&rdquo; (Harrod, 1948).    <br>   Podemos decir entonces que el dilema de Harrod consiste en que la &ldquo;regla de oro&rdquo; o el &ldquo;caso feliz&rdquo; en el que G = G<sub>w</sub> = G<sub>n</sub> no se garantiza en una econom&iacute;a de libre mercado, sin intervenciones y fricciones. El ciclo econ&oacute;mico es un resultado sub&oacute;ptimo del funcionamiento inestable de los mercados; y las pol&iacute;ticas fiscal y monetaria son instrumentos id&oacute;neos para corregir las desviaciones entre las tres tasas. El arte de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica consiste en asignar a cada instrumento el objetivo para el que tiene ventaja comparativa. La pol&iacute;tica monetaria ser&iacute;a m&aacute;s adecuada para corregir desigualdades entre G y G<sub>w</sub>, y la pol&iacute;tica fiscal para corregir las desviaciones entre G<sub>w</sub> y G<sub>n</sub>.</p>     <p align="justify"> Harrod reconoci&oacute; dos objetivos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica: i) garantizar que la demanda corriente de bienes finales sea suficiente para que los empresarios hagan los pedidos requeridos por las condiciones de acumulaci&oacute;n, y ii) asegurar que la tasa de ahorro de la econom&iacute;a se ajuste a la que es definida por la tasa de crecimiento natural. El primero es un problema de corto plazo, cuya soluci&oacute;n exige que los instrumentos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica se manipulen con el fin de minimizar las desviaciones de la tasa de crecimiento efectiva con respecto a la tasa de crecimiento garantizada; el segundo es propiamente el dilema de largo plazo, donde se requiere mantener alineada la tasa de crecimiento garantizada con la tasa crecimiento &oacute;ptima (natural) de la econom&iacute;a (Harrod, 1939 y 1964).</p>     <p align="justify"> Sin embargo, el manejo de instrumentos convencionales como las pol&iacute;ticas fiscal y monetaria no est&aacute; exento de costos y conflictos. Las autoridades econ&oacute;micas no pueden eludir el dilema de escoger entre desempleo e inflaci&oacute;n, pues la manipulaci&oacute;n del gasto agregado conduce tarde o temprano a una escalada de precios o a un desempleo rampante, dada la alta precariedad del equilibrio en movimiento. Por ello Harrod sostiene que antes de decidir se requiere conocer la &ldquo;cantidad de sufrimiento humano&rdquo; que ocasiona un incremento del paro del 1% por encima del nivel friccional, y la &ldquo;cantidad de sufrimiento&rdquo; que un incremento de la inflaci&oacute;n del 1% ocasiona a las personas con rentas fijas<a name="n24"></a><a href="#24"><sup>24</sup></a>; adem&aacute;s, las autoridades deben conocer la relaci&oacute;n estructural entre la inflaci&oacute;n y el desempleo, es decir, qu&eacute; porcentaje de inflaci&oacute;n tiene que soportar la sociedad para reducir el desempleo, en el 1% por ejemplo (Harrod, 1973).</p>     <p align="justify"> Pero tal vez el an&aacute;lisis m&aacute;s interesante de Harrod sobre la &ldquo;efectividad de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica&rdquo; es cuando describe la naturaleza de los conflictos entre objetivos de corto y de largo plazo. Para ello parte de la ecuaci&oacute;n de crecimiento &oacute;ptimo, asignando a la pol&iacute;tica fiscal el papel de asegurar que la tasa de ahorro deseada se adec&uacute;e a lo que exige la tasa de crecimiento natural, mientras que a la pol&iacute;tica monetaria le corresponde hacer lo propio con la relaci&oacute;n marginal capital producto: s<sub>0</sub> = G<sub>n</sub>C<sub>r</sub></p>     <p align="justify"> La efectividad de esta combinaci&oacute;n de pol&iacute;ticas no est&aacute; garantizada. En efecto, si el gobierno fija la tasa de ahorro en s0, bien sea generando d&eacute;ficit o super&aacute;vit, es posible que el &ldquo;temperamento&rdquo; del empresario representativo sea tal que sus &oacute;rdenes no se ajusten a los niveles requeridos para que el sistema crezca a su tasa natural. En este caso, es posible que se presente una deficiencia en la demanda y que los productores acumulen inventarios no deseados; esto implica que s<sub>0</sub> = G (&lt;G<sub>n</sub>) C, y por tanto, C &gt; C<sub>r</sub>, que expresa sin m&aacute;s pre&aacute;mbulos la amenaza de recesi&oacute;n. Las autoridades pueden corregir esta deficiencia de demanda aumentando el d&eacute;ficit fiscal o reduciendo el super&aacute;vit p&uacute;blico, lo que disminuye la tasa de ahorro, digamos a s<sub>e</sub> &lt; s<sub>0</sub>, y entonces s<sub>e</sub> (&lt;s<sub>0</sub>) = G<sub>n</sub>C; ahora la econom&iacute;a crece a su tasa natural, pero C &gt; C<sub>r</sub>, lo que indica que existen presiones inflacionarias. En este punto, Harrod muestra que existe un nivel intermedio entre estos dos casos extremos, de modo que la pol&iacute;tica fiscal se puede ajustar para que no haya presiones inflacionarias, lo que se expresa como s<sub>i</sub> (&lt;s<sub>0</sub>) = GC<sub>r</sub>; es decir, para evitar la presi&oacute;n de demanda, el gobierno debe sacrificar algunos puntos de crecimiento econ&oacute;mico (G &lt; G<sub>n</sub>). La pol&iacute;tica monetaria se puede analizar de manera similar, s&oacute;lo que este instrumento afecta la relaci&oacute;n marginal capital producto y la tasa de ahorro. Aunque Harrod desconfiaba de la eficacia de la tasa de inter&eacute;s para modificar dichas variables, reconoci&oacute; que la pol&iacute;tica monetaria pod&iacute;a incidir en la din&aacute;mica de la econom&iacute;a, sobre todo cuando los mercados de cr&eacute;dito no eran perfectos (Harrod, 1964).</p>     <p align="justify"> Adem&aacute;s, sostuvo que las pol&iacute;ticas monetarias y fiscales eran insuficientes para garantizar la compatibilidad entre objetivos de corto y largo plazo. Por un lado, la inflaci&oacute;n de costos no se pod&iacute;a resolver con acciones sobre la demanda agregada, y se requer&iacute;a un nuevo instrumento: &ldquo;la pol&iacute;tica de ingresos&rdquo;. Por el otro, los problemas de coordinaci&oacute;n a nivel agregado s&oacute;lo se pod&iacute;an resolver mediante la &ldquo;planificaci&oacute;n indicativa&rdquo;; un mecanismo por medio del cual el gobierno y el sector privado se compromet&iacute;an con una tasa de crecimiento viable o factible, establecida en un proceso de consulta y revisi&oacute;n de las estimaciones iniciales del &oacute;rgano planificador, para que se tuvieran en cuenta las diferentes condiciones en que act&uacute;an los empresarios y los sectores productivos.</p>     <p align="justify"> Por supuesto, &eacute;sta es solamente una teor&iacute;a parcial. Un modelo de ciclo general deber&iacute;a incluir &ndash;a los ojos de Harrod&ndash; los factores monetarios, los rezagos, los perfiles psicol&oacute;gicos y los conflictos distributivos. En definitiva, el modelo de Harrod fue un ejercicio incompleto de formalizaci&oacute;n y en cierto modo un fracaso intelectual. C&oacute;mo no terminar con las palabras lapidarias de Joseph K., a quien tambi&eacute;n se le neg&oacute; el derecho al debido proceso: &ldquo;&iquest;quedaban objeciones que hab&iacute;an olvidado? Seguro que quedaba alguna. La l&oacute;gica es ciertamente inconmovible, pero a una persona que quiere vivir no le opone resistencia. &iquest;D&oacute;nde estaba el juez? &iquest;D&oacute;nde estaba el alto tribunal? Tengo algo que decir. Levanto las manos&rdquo;. Sin duda no todo qued&oacute; dicho, ni en el fondo del Leteo. Al respecto, queda como testimonio la invitaci&oacute;n del mismo Harrod en uno de los &uacute;ltimos p&aacute;rrafos de <i>Din&aacute;mica econ&oacute;mica</i> (1973):</p>      <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Terminar&eacute; resumiendo lo que, desde cualquier punto de vista, deber&iacute;a ser la preocupaci&oacute;n de los economistas en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os. En primer lugar, y sobre todo, necesitamos un conjunto de axiomas b&aacute;sicos de la din&aacute;mica econ&oacute;mica, generalmente aceptados, del mismo nivel de calidad que los conjuntos que en el campo de la microest&aacute;tica formularon Alfred Marshall y Pareto, posteriormente modificados por la teor&iacute;a de la competencia imperfecta. En segundo lugar, necesitamos un conjunto de axiomas generalmente aceptados, deducidos de los anteriores, para la pol&iacute;tica econ&oacute;mica de los diversos pa&iacute;ses. Las declaraciones oficiales sobre los motivos para iniciar las diversas medidas suelen estar completamente fuera de l&iacute;nea con la din&aacute;mica econ&oacute;mica moderna [...] Por &uacute;ltimo, necesitamos establecer m&eacute;todos para enjuiciar las tendencias actuales de los hechos relacionados con la teor&iacute;a din&aacute;mica y sus aplicaciones pr&aacute;cticas. Hasta la fecha, las explicaciones sobre los motivos de sus actos presentadas por las m&aacute;s altas autoridades, parecen muy poco satisfactorias<sup><a name="n25"></a><a href="#25">25</a></sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify"><B>    <br>NOTAS AL PIE </b></p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>. Baumol (1951) denomina as&iacute; a los modelos de acumulaci&oacute;n de los economistas cl&aacute;sicos. </p>     <p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a>.  Per&iacute;odo comprendido entre 1926 y 1939 (Shackle, 1967).</p>     <p align="justify"> <a href="#n3">3</a><a name="3"></a>. Tinbergen (1937) neg&oacute; que el modelo generara ciclos. Afirm&oacute; que las soluciones de la ecuaci&oacute;n de Harrod s&oacute;lo produc&iacute;an movimientos monot&oacute;nicos. Rose (1959) aleg&oacute; que el modelo de Harrod ten&iacute;a un rezago impl&iacute;cito y que el campo de fuerzas a lado y lado de la tasa garantizada era centr&iacute;peto y no centr&iacute;fugo como afirmaba su autor. Shaikh (1991) corrigi&oacute; la definici&oacute;n de producto neto y demostr&oacute; que la tasa de crecimiento garantizada es estable.</p>     <p align="justify"><a href="#n4">4</a><a name="4"></a>.  Kregel (1980), Asimakopulos (1985) y Besomi (1996a).</p>     <p align="justify"><a href="#n5">5</a><a name="5"></a>. El t&eacute;rmino fue acu&ntilde;ado por Solow (1956).</p>     <p align="justify"><a href="#n6">6</a><a name="6"></a>.  Esta idea surgi&oacute; de la lectura del libro de Hawking (2001).</p>     <p align="justify"><a href="#n7">7</a><a name="7"></a>.  Esta separaci&oacute;n se fundamenta en el teorema de superposici&oacute;n en modelos lineales, seg&uacute;n el cual se puede separar el ciclo de la tendencia y luego sumarlos. En modelos no lineales el teorema no se aplica y la descomposici&oacute;n entre ciclo y tendencia es inv&aacute;lida (Goodwin, 1957).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n8">8</a><a name="8"></a>. &ldquo;Las expectativas son siempre uno de los determinantes del equilibrio est&aacute;tico. Un cambio aislado en las expectativas no es diferente en principio de un cambio aislado en los gustos&rdquo; (Harrod, 1948).</p>     <p align="justify"><a href="#n9">9</a><a name="9"></a>.  Este sentido de &ldquo;teor&iacute;a final&rdquo; se deriva del trabajo de Weinberg (1992), Premio Nobel de F&iacute;sica.</p>     <p align="justify"><a href="#n10">10</a><a name="10"></a>. Sobre este punto, ver Benetti (1990).</p>     <p align="justify"><a href="#n11">11</a><a name="11"></a>. &ldquo;Se arguy&oacute; anteriormente que hay fundamento para suponer que la competencia imperfecta est&aacute; asociada con la ley de elasticidad decreciente de la demanda. Si esto es correcto, entonces, en condiciones de competencia imperfecta, el sistema de intercambio determina un cuarto estabilizador del nivel de actividad de la comunidad en conjunto&rdquo; (Harrod, 1936a).</p>     <p align="justify"> <a href="#n12">12</a><a name="12"></a>.  El argumento se puede extender para explicar la salida de una depresi&oacute;n. Para ello hay que tomar en cuenta los gastos de reposici&oacute;n del stock de capital. Sin aumento del consumo, las industrias de bienes de capital pueden iniciar un incremento de producci&oacute;n para reponer las m&aacute;quinas y equipo depreciado.</p>     <p align="justify"><a href="#n13">13</a><a name="13"></a>. El esquema se puede consultar en Besomi (1997).</p>     <p align="justify"><a href="#n14">14</a><a name="14"></a>.  Besomi (1995 y 1997) se&ntilde;ala que Harrod no fue plenamente consciente de las implicaciones de la coexistencia de dos conjuntos de fuerzas que operan sobre los individuos y sobre el sistema, de ah&iacute; su confusi&oacute;n acerca del papel de las expectativas en la determinaci&oacute;n del equilibrio en movimiento. Fazzari (1985) introduce la hip&oacute;tesis de expectativas racionales en el modelo de Harrod sin que los resultados de inestabilidad cambien sustancialmente.</p>     <p align="justify"><a href="#n15">15</a><a name="15"></a>.  Besomi (1997) la examina en detalle.</p>     <p align="justify"><a href="#n16">16</a><a name="16"></a>.  Este proceder se acentu&oacute; en sus publicaciones posteriores (Harrod, 1948, 1960, 1963 y 1973).</p>     <p align="justify"><a href="#n17">17</a><a name="17"></a>. &ldquo;En din&aacute;mica, las ecuaciones m&aacute;s importantes hacen referencia a un momento determinado del tiempo&rdquo; (Harrod, 1973).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n18">18</a><a name="18"></a>.  Harrod despreci&oacute; la importancia del tiempo, es decir, asumi&oacute; que las diferencias entre un per&iacute;odo y otro no eran importantes. Este supuesto fue el origen de la controversia con Keynes entre 1937 y 1938. Ver Besomi (1995, 1996a y 1996b).</p>     <p align="justify"><a href="#n19">19</a><a name="19"></a>.  Como dice Harrod (1973): &ldquo;Definimos como Gw el valor de G que es compatible con la igualdad de s y sd y de C y Cr. Excepto en el caso, poco probable, de que exista un intervalo de indeterminaci&oacute;n, ya sea de sd o de Cr, habr&aacute; un &uacute;nico valor de G, la tasa de crecimiento de la econom&iacute;a, que es compatible con que la gente ahorre lo que quiere ahorrar y tenga los bienes de capital que necesita para sus propios fines. A este valor de G lo he denominado tasa de crecimiento justificada&rdquo;.</p>     <p align="justify"><a href="#n20">20</a><a name="20"></a>.  Harrod (1973) define a Gn como la tasa de crecimiento socialmente &oacute;ptima. &ldquo;Hay dos determinantes del valor de Gn: la tasa de crecimiento de la poblaci&oacute;n y la tasa de mejoramiento de la tecnolog&iacute;a disponible para la producci&oacute;n de bienes y servicios. No se debe introducir en este punto la tasa de crecimiento del equipo de capital: esto ser&iacute;a poner la carreta delante de los bueyes&rdquo;.</p>     <p align="justify"><a href="#n21">21</a><a name="21"></a>. Ver, por ejemplo, Alexander (1950).</p>     <p align="justify"><a href="#n22">22</a><a name="22"></a>.&ldquo;Hemos dado a nuestra teor&iacute;a el nombre de &lsquo;Teor&iacute;a general&rsquo;. Por este medio hemos querido observar que ten&iacute;amos en mente, ante todo, el funcionamiento del sistema econ&oacute;mico, visto de conjunto, y abordamos los ingresos globales, los beneficios globales, la producci&oacute;n global, el empleo global y el ahorro global, m&aacute;s que los ingresos, los beneficios, la producci&oacute;n, el empleo, la inversi&oacute;n y el ahorro, de industrias, empresas o individuos considerados de manera aislada. Y pretendemos demostrar que se han cometido graves errores al extender al sistema tomado en su conjunto conclusiones que hab&iacute;an sido establecidas de manera correcta al considerar una sola parte del sistema tomada aisladamente&rdquo; (Keynes, 1939).</p>     <p align="justify"><a href="#n23">23</a><a name="23"></a>. &ldquo;Es com&uacute;n abordar el problema de los tres cuerpos de la siguiente forma. Nos concentramos en el movimiento de M2 de tal forma que renunciamos a estudiar en detalle el movimiento de M3. Esto significa que no se proceder&aacute; a integrar la ecuaci&oacute;n diferencial de M3 en relaci&oacute;n con M1 y sometida a la atracci&oacute;n gravitacional de M2. Se supone, en su lugar, que la trayectoria de M3 est&aacute; completamente descrita por el problema de dos cuerpos. Entonces, el estudio del movimiento de M2 en torno a M1 se har&aacute; considerando que M3 afecta el movimiento de M2, pero &eacute;sta no afecta el movimiento de M3. La masa M3 se llama &ldquo;masa perturbadora&rdquo; del sistema. A pesar de esta enorme suposici&oacute;n, las ecuaciones diferenciales siguen siendo imposibles de resolver de manera anal&iacute;tica&rdquo; (Portilla, 2000).</p>     <p align="justify"><a href="#n24">24</a><a name="24"></a>. Hoy se conoce como tasa de sacrificio de la pol&iacute;tica monetaria.</p>     <p align="justify"><a href="#n25">25</a><a name="25"></a>.  En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, varios autores han reinterpretado o desarrollado, en forma novedosa, el enfoque de la demanda: ver Lorente (2004), Nell (2000) y Barbosa-Filho (1999). Tambi&eacute;n han analizado los efectos de la pol&iacute;tica fiscal (Moudud, 2002), y el an&aacute;lisis de Harrod se ha integrado con el modelo de Von Neumann en un contexto general de an&aacute;lisis multisectoriales y crecimiento de equilibrio balanceado (Goodwin y Punzo, 1987, y Punzo, 1988).</p> <hr>    <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b></p>     <p align="justify">1. Alexander, S. &ldquo;Mr Harrod&rsquo;s Dynamic Model&rdquo;, <i>Economic Journal</i> 71, 1950, pp. 724-739.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> 2. Asimakopulos, A. &ldquo;Harrod on Harrod: The Evolution of a Line of Steady Growth&rdquo;, <i>History of Political Economy</i> 17, 4, 1985, pp. 619-635.</p>     <!-- ref --><p align="justify"> 3. Barbosa-Filho, N. H. <i>A Note on the Theory of Demand-led Growth</i>, CEPA, New School for Social Research, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996200500020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4.  Baumol, W. <i>Din&aacute;mica econ&oacute;mica</i>, 1951, Barcelona, Marcombo, 1959. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200500020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"> 5.  Benetti, C. <i>Moneda y teor&iacute;a del valor</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200500020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">6.  Besomi, D. &ldquo;From the Trade Cycle to the Essay in Dynamic Theory: The Harrod-Keynes Correspondence, 1937-1938&rdquo;, <i>History of Political Economy</i> 27, 2, 1995, pp. 309-343.</p>     <p align="justify">7.  Besomi, D. &ldquo;The Making of Harrod&rsquo;s Dynamics&rdquo;, Doctoral Thesis, Loughborogh University, 1996a. </p>     <p align="justify">8. Besomi, D. &ldquo;An Additional Note on the Harrod-Keynes Correspondence&rdquo;, <i>History of Political Economy</i> 28, 2, 1996b, pp. 281-294.</p>     <p align="justify">9.  Besomi, D. &ldquo;Statics and Dynamics in Harrod&rsquo;s Trade Cycle&rdquo;, <i>Review of Political Economy</i> 9, 2, 1997, pp. 181-209. </p>     <p align="justify">10. Besomi, D. &ldquo;Failing to Win Consent: Harrod&rsquo;s Dynamic in the Eyes of His Readers&rdquo;, G. Rampa, L. Stella y A. P. Thirwall, eds., <i>Economic Dynamics, Trade, and Growth: Essays on Harrodian Themes</i>, London, MacMillan, 1998, pp. 38-88.</p>     <p align="justify">11. Besomi, D. &ldquo;On the Spread of an Idea: The Strange Case of Mr. Harrod and the Multiplier&rdquo;, <i>History of Political Economy</i> 32, 2, 2000, pp. 347-379.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">12. Besomi, D. &ldquo;Harrod&rsquo;s Dynamics and the Theory of Growth: The Story of a Mistaken Attribution&rdquo;, <i>Cambridge Journal of Economics</i> 25, 2001, pp. 79-96.</p>     <p align="justify">13. Besomi, D. &ldquo;Harrod, Hansen, and Samuelson on the Multiplier-acceleration Model: A Further Note&rdquo;, <i>History of Political Economy</i> 35, 2, 2003, pp. 305-322.</p>     <p align="justify">14.  Fazzari, S. M. &ldquo;Keynes, Harrod, and the Rational Expectations Revolution&rdquo;,<i> Journal of Poskeynesian Economics</i> 8, 1, 1985, pp. 66-80.</p>     <p align="justify">15.  Frisch, R. &ldquo;On the Notion of Equilibrium and Disequilibrium&rdquo;, <i>The Review of Economic Studies</i> 3, 2, 1936, pp. 100-105.</p>     <p align="justify">16.  Goodwin, R. &ldquo;Un modelo de crecimiento c&iacute;clico&rdquo;, L. A. Rojo, <i>Lecturas sobre la teor&iacute;a econ&oacute;mica del desarrollo</i>, 1957, Madrid, Editorial Gredos, 1966.</p>     <p align="justify">17.  Goodwin, R. &ldquo;The Multiplier/Accelerator Discretely Revisited&rdquo;, Ricci an Velupillai, eds., <i>Growth Cycles and Multesectorial Economics Tradition</i>, Springer-Verlag, 1988.</p>     <!-- ref --><p align="justify">18.  Goodwin, R. y L. Punzo. <i>The Dynamics of a Capitalist Economy</i>, Basil Blackwell, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996200500020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">19.  Hahn, F. H. y C. O. Matthews. &ldquo;The Theory of Economic Growth: A Survey&rdquo;, <i>Survey of Economic Theory</i> 2, 1964, American Economic Association, Royal Economic Society, 1965.</p>     <!-- ref --><p align="justify">20. Harrod, R. F. <i>Hacia una econom&iacute;a din&aacute;mica</i>, 1948, Madrid, Tecnos, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996200500020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Harrod, R. F. <i>Econom&iacute;a Internacional</i>, 1933, Madrid, Sociedad de Estudios y Publicaciones, 1963. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996200500020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">22. Harrod, R. F. &ldquo;The Expansion of Credit in an Advancing Community&rdquo;, <i>Economica</i> 1, 1934a, pp. 287-299.</p>     <p align="justify">23. Harrod, R. F. &ldquo;Doctrines of Imperfect Competition&rdquo;, <i>The Quarterly Journal of Economics</i> 48, 3, 1934b, pp. 442-480.</p>     <!-- ref --><p align="justify">24. Harrod, R. F. <i>El ciclo econ&oacute;mico</i>, 1936a, Madrid, Aguilar, 1960. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996200500020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">25.  Harrod, R. F. &ldquo;Imperfect Competition and the Trade Cycle&rdquo;, <i>The Review of Economic Statistics</i> 18, 2, 1936b, pp. 84-88.</p>     <p align="justify">26.  Harrod, R. F. &ldquo;Keynes y la teor&iacute;a tradicional&rdquo;, R. Lekachman, <i>Teor&iacute;a general de Keynes. Informe de tres d&eacute;cadas</i>, 1937, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1974. </p>     <p align="justify">27.  Harrod, R. F. &ldquo;Scope and Method of Economics&rdquo;, <i>The Economic Journal</i> 48, 191, 1938a, pp. 383-412.</p>     <p align="justify">28.  Harrod, R. F. &ldquo;An Essay in Dynamic Theory: 1938 Draft&rdquo;, <i>History of Political Economy</i> 28, 2, 1938b, pp. 253-275.</p>     <p align="justify">29. Harrod, R. F. &ldquo;La teor&iacute;a din&aacute;mica&rdquo;, A. Sen, <i>Econom&iacute;a del crecimiento</i>, 1939, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1979.</p>     <p align="justify">30. Harrod, R. F. &ldquo;Notes on Trade Cycle Theory&rdquo;, <i>The Economic Journal</i> 61, 242, 1951, pp. 261-275.</p>     <p align="justify">31.  Harrod, R. F. &ldquo;Professor Fellner on Growth and Unemployment&rdquo;, <i>Kiklos</i> 10, 1957, pp. 1-17.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">32.  Harrod, R. F. &ldquo;Second Essay in Dynamic Theory&rdquo;, <i>The Economic Journal</i> 70, 278, 1960, pp. 277-293.</p>     <p align="justify">33. Harrod, R. F. &ldquo;Themes in Dynamic Theory&rdquo;, <i>The Economic Journal</i> 73, 1963, pp. 401-421.</p>     <p align="justify">34.  Harrod, R. F. &ldquo;Are Monetary and Fiscal Policies Enough?&rdquo;, <i>The Economic Journal</i> 74, 296, 1964, pp. 903-915. </p>     <p align="justify">35.  Harrod, R. F. &ldquo;Harrod after Twenty-one Years&rdquo;, <i>The Economic Journal</i> 80, 319, 1970, pp. 731-737.</p>     <!-- ref --><p align="justify">36. Harrod, R. F. <i>Din&aacute;mica econ&oacute;mica</i>, 1973, Madrid, Alianza Editorial, 1979.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996200500020000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">37.  Harrod, R. F. &ldquo;Pure Theory of Growth Economics&rdquo;, <i>Zeitschrifr f&uuml;r National&ouml;konomie</i> 34, 1974, pp. 241-247. </p>     <!-- ref --><p align="justify">38.  Hawking, S. <i>El Universo en una c&aacute;scara de nuez</i>, Barcelona, Cr&iacute;tica-Planeta, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996200500020000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">39. Heller, C. &ldquo;A s&iacute;ntese Teor&iacute;a Geral do Emprego, dos juros e da moeda segundo Roy Harrod em Mr. Keynes and traditional theory&rdquo;, 1999, mimeo.</p>     <!-- ref --><p align="justify">40. Hicks, J. R. <i>Una aportaci&oacute;n a la teor&iacute;a del ciclo econ&oacute;mico</i>, 1949, Madrid, Aguilar, 1963.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996200500020000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">41.  Ichimura, S. &ldquo;Hacia una teor&iacute;a general macroecon&oacute;mica y no lineal de las fluctuaciones econ&oacute;micas&rdquo;, K. Kurihara, <i>Econom&iacute;a Poskeynesiana</i>, Madrid, Aguilar, 1964. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">42. Kaldor, N. &ldquo;A Model the Trade Cycle&rdquo;, F. Targetti y A. P Thirlwall, eds., <i>The Essential Kaldor</i>, 1940, Duckworth, 1989.</p>     <p align="justify">43.  Kaldor, N. &ldquo;Alternatives Theories of Distribution&rdquo;, F. Targetti y A. P Thirlwall eds., <i>The Essential Kaldor</i>, 1955, Duckwort, 1989.</p>     <p align="justify">44. Keynes, J. M. <i>A Treatise on Money</i>, 1930, The Collected Writings of John Maynard Keynes, vol. 5, MacMillan St. Martin&rsquo;s Press, 1971.</p>     <!-- ref --><p align="justify">45. Keynes, J. M. <i>La teor&iacute;a general del empleo, el inter&eacute;s y el dinero</i>, 1936, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-5996200500020000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">46. Keynes, J. M. <i>Th&eacute;orie Gen&eacute;ral de l&rsquo;emploi, de l&rsquo;int&eacute;ret et de la monnaie</i>, 1939, Paris, Payot, 1969.</p>     <p align="justify">47. Kregel, J. A. &ldquo;Economic Dynamic and the Theory of Steady Growth: An Historical Essay on Harrod&rsquo;s Knife-edge&rdquo;, <i>History of Political Economy</i> 12, 1, 1980, pp. 97-123.</p>     <p align="justify">48. Lorente, L. &ldquo;Modelos de crecimiento una interpretaci&oacute;n keynesiana&rdquo;, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i> 40, 2004, pp. 29-53.</p>     <p align="justify">49.  Metcalfe, J. S. y I. Steedman. &ldquo;Mr Harrod and The Classics&rdquo;, <i>The Joan Robinson Legacy</i>, M. E., Sharpe Inc. England, 1991. </p>     <p align="justify">50. Moudud, J. K. &ldquo;State Policies and the Warranted Growth Rate&rdquo;, Working Paper 349, Instituto Levy, 2002.</p>     <p align="justify">51. Nell, E. J. &ldquo;Notes on the Transformational Growth of Demand&rdquo;, New School for Social Research, 2000, mimeo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">52. Pasinetti, L. <i>Crecimiento econ&oacute;mico y distribuci&oacute;n de la renta</i>, 1967, Madrid, Alianza Editorial, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0124-5996200500020000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">53. Portilla, J. G. &ldquo;El movimiento de los cuerpos celestes&rdquo;, <i>Astronom&iacute;a para todos</i>, Bogot&aacute;, Universidad Nacional de Colombia, 2000.</p>     <p align="justify">54. Punzo, L. &ldquo;Harrodian Macrodynamics in Generalized Coordinates&rdquo;, Ricci y Velupillai, eds., <i>Growth Cycles and Multesectorial Economics Tradition</i>, Springer-Verlag, 1988.</p>     <p align="justify">55. Robinson, J. &ldquo;La din&aacute;mica de Harrod&rdquo;, <i>Escritos Econ&oacute;micos</i> 2, 1949, pp. 185-204.</p>     <p align="justify">56. Robinson, J. &ldquo;El filo de la navaja de Harrod&rdquo;, <i>Escritos Econ&oacute;micos</i> 4, 1965, pp. 74-78.</p>     <p align="justify">57. Rose, H. &ldquo;The Possibility of Warranted Growth&rdquo;,<i> The Economic Journal</i> 69, 274, 1959, pp. 313-332.</p>     <!-- ref --><p align="justify">58.  Shackle, G. L. S. <i>The Years of High Theory. Invention &amp; Tradition in Economic Thought 1926-1939</i>, Cambridge University Press, 1967.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000239&pid=S0124-5996200500020000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">59.  Shaikh A. &ldquo;Wandering around the Warranted Path: Dynamic Nonlinear Solutions to Harrodian Knife-edge&rdquo;, E. Nell y W. Semmler, eds.,<i> Nicholas Kaldor and Mainstream Economics. Confrontation or Convergence</i>, MacMillan Press, 1991. </p>     <p align="justify">60.  Solow, R. &ldquo;A Contribution to the Theory of Economic Growth&rdquo;, <i>Quarterly Journal of Economics </i>70, 1956, pp. 65-94. </p>     <!-- ref --><p align="justify">61. Thirlwall, A. P. <i>La naturaleza del crecimiento econ&oacute;mico. Un marco alternativo para comprender el desempe&ntilde;o de las naciones</i>, 2000, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000242&pid=S0124-5996200500020000500061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">62.  Tinbergen, J. &ldquo;Review of Harrod R. F. (1936)&rdquo;, <i>Weltwirtschaftliche Archiv</i> 45, 3, 1937, pp. 89-91.</p>     <!-- ref --><p align="justify">63. Weinberg, S. <i>El sue&ntilde;o de una teor&iacute;a final</i>, Barcelona, Cr&iacute;tica-Grijalbo, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000244&pid=S0124-5996200500020000500063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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