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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[CORRESPONDENCIA ENTRE JOHN MAURICE CLARK Y LIONEL ROBBINS<a name=nasterisco></a>]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">     <p align="center">    <br>   <b>CORRESPONDENCIA ENTRE JOHN MAURICE CLARK Y LIONEL ROBBINS</b><a name="nasterisco"></a><a href="#asterisco"><sup>*</sup></a></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>THE JOHN M. CLARK-LIONEL ROBBINS CORRESPONDENCE</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>John Maurice Clark</i>** (1884-1963) y <i>Lionel C. Robbins</i>*** (1898-1984)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> ** Hijo del famoso economista John Bates Clark, nació en Northampton, Massachussets, en noviembre de 1884. Fue profesor de las universidades de Colorado, Amherst, Chicago y Columbia. Se reconoce por su artículo “Business Acceleration and the Law of Demand” (1917), publicado en el <i>Journal of Political Economy</i>. Se interesó por la economía industrial y la economía del bienestar, haciendo énfasis en la importancia de la sicología y la ética en el análisis económico. Falleció en 1963, en Wesport, Connecticut.     <br> *** Reconocido por su libro <i>Essay on the Nature and Significance of Economic Science</i>, publicado en 1932, y sus aportes a la econom&iacute;a pol&iacute;tica, la metodolog&iacute;a y la historia de las ideas. Defini&oacute; la econom&iacute;a como &ldquo;la ciencia que estudia el comportamiento humano como una relaci&oacute;n entre medios escasos que tienen usos alternativos&rdquo;. Fue director del London School of Economics y trabaj&oacute; con Hayek, Hicks, Lerner, Kaldor y Scitovsky. </p> <hr>    <p align="center">* * *</p>     <p align="center"><b>ROBBINS A CLARK</b></p>     <p align="right">31 de enero de 1951</p>     <p align="justify">Profesor John Morris (sic) Clark,    <br>   Departamento de Econom&iacute;a,    <br>   Universidad de Columbia, Nueva York, USA    <br> Remitida amablemente</p>     <p align="justify">Estimado Profesor Clark, </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">He estado leyendo su muy interesante art&iacute;culo &ldquo;Medios econ&oacute;micos para qu&eacute; fines&rdquo; en el suplemento del <i>American Economic Review<a name="n1"></a></i><sup><a href="#1">1</a></sup>, y he advertido con alg&uacute;n pesar que usted selecciona lo que cree que son mis opiniones para tipificar el contraste entre lo que pretende en ese art&iacute;culo y la posici&oacute;n que rechaza.</p>     <p align="justify"> Me pregunto si podr&iacute;a encontrar tiempo para leer la copia adjunta de un discurso que pronunci&eacute; hace uno o dos a&ntilde;os en la Escuela de Econom&iacute;a<a name="n2"></a><sup><a href="#2">2</a></sup>. No puedo dejar de pensar que usted encontrar&iacute;a dif&iacute;cil argumentar que hab&iacute;a una grave diferencia entre su punto de vista y el punto de vista que yo defend&iacute;a all&iacute;. Como todos los que me conocen en la Escuela de Econom&iacute;a le asegurar&iacute;an, este punto de vista es el que he mantenido consistentemente desde que soy director del Departamento de Econom&iacute;a, antes de la fecha de publicaci&oacute;n de mi ensayo sobre metodolog&iacute;a.</p>     <p align="justify"> En realidad, creo que el &ldquo;abismo&rdquo; que nos separa es casi totalmente terminol&oacute;gico. Prefiero limitar el t&eacute;rmino &ldquo;econom&iacute;a&rdquo; a la parte positiva de lo que tenemos que decir para enfatizar m&aacute;s claramente la naturaleza del paso l&oacute;gico que damos cuando pasamos a la evaluaci&oacute;n de los valores y la pol&iacute;tica. Usted parece preferir usarlo en un sentido m&aacute;s amplio para cubrir toda el &aacute;rea de discusi&oacute;n que los economistas tienen el h&aacute;bito de abarcar cuando quieren poner en contacto su t&eacute;cnica especial con los problemas cotidianos.</p>     <p align="justify"> Realmente no puedo creer que haya m&aacute;s que esto, y sospecho que la diferencia se debe explicar en t&eacute;rminos ambientales. Quiz&aacute;s si yo hubiese ense&ntilde;ado en universidades donde los estudiantes cursan econom&iacute;a como una materia independiente y se les permite omitir los cursos conjuntos de filosof&iacute;a pol&iacute;tica e historia, podr&iacute;a haber intentado idear definiciones que me dieran mayor libertad de acci&oacute;n, aunque no puedo dejar de pensar que, desde un punto de vista l&oacute;gico, &eacute;se habr&iacute;a sido un paso ligeramente retr&oacute;grado. Tal como es, despu&eacute;s de haber vivido toda mi vida en Oxford o Londres donde se hace &eacute;nfasis en la unidad de los estudios sociales mediante la integraci&oacute;n obligatoria de los cursos de pregrado y donde nunca se sugerir&iacute;a, ni por un momento, que los cursos de econom&iacute;a pura o aplicada son adecuados sin cursos adicionales en campos o materias afines para poner todo en l&iacute;nea, he estado m&aacute;s dispuesto a subrayar las diferencias l&oacute;gicas.</p>     <p align="justify"> Es indudable que usted tiene raz&oacute;n en recalcar que un curso de econom&iacute;a, en el sentido estricto que doy al t&eacute;rmino, es espiritualmente muy &aacute;rido si no se le da contenido con problemas contempor&aacute;neos en una u otra etapa mediante el tipo de preguntas m&aacute;s amplias que usted describe muy bien. Mi &uacute;nica diferencia con usted es que yo a&uacute;n dudo que para los estudiantes sea bueno adquirir el h&aacute;bito de exigir para sus juicios finales sobre estos tremendos problemas, que necesariamente involucran todo tipo de fragmentos y normas tomados de otras ramas del conocimiento, la autoridad de la t&eacute;cnica central que hist&oacute;ricamente se ha llamado ciencia econ&oacute;mica. Pero, repito, &eacute;ste es un punto muy trivial y realmente no hay ninguna diferencia sustancial entre su opini&oacute;n y la m&iacute;a acerca de c&oacute;mo se deben comportar los profesores de econom&iacute;a.</p>     <p align="justify"> Con sentimientos de consideraci&oacute;n. Recuerdo v&iacute;vidamente la grata semana que pasamos juntos en Ginebra hace tiempos, antes de la inundaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Atentamente, suyo</p>     <p align="justify"> Lionel Robbins</p>     <br>     <p align="center"><b>CLARK A ROBBINS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right">21 de febrero de 1951 </p>     <p align="justify">Profesor Lionel Robbins    <br>   Escuela de Econom&iacute;a y Ciencia Pol&iacute;tica    <br>   Houghton Street, Aldwych    <br>   Londres, WC 2, Inglaterra</p>     <p align="justify">Estimado Profesor Robbins: </p>     <p align="justify">Fue muy grato recibir la carta en la que indica que no hay ninguna diferencia sustancial entre nosotros. Estoy seguro de que si usted estuviera aqu&iacute; en persona me hipnotizar&iacute;a con su encanto y aceptar&iacute;a esa idea, al menos temporalmente. Pero despu&eacute;s, llegar&iacute;a el momento en que encontrar&iacute;a las obras de algunos de estos te&oacute;ricos modernos de la &ldquo;econom&iacute;a del bienestar&rdquo;, arrastr&aacute;ndose a trav&eacute;s del curso de los obst&aacute;culos metodol&oacute;gicos que usted les ha impuesto, y me temo que seguir&iacute;a acariciando la idea de que existen algunas diferencias entre las posiciones que sostengo firmemente y la posici&oacute;n que usted defendi&oacute; en <i>La naturaleza y el significado de la ciencia econ&oacute;mica</i><sup><a name="n3"></a><a href="#3">3</a></sup>. Podr&iacute;a escribir un libro m&aacute;s extenso que &eacute;se para desarrollar todos los puntos con los que, cuando lo le&iacute;, me sent&iacute; impulsado a disentir. Pero, al parecer, su &uacute;ltimo <i>El problema econ&oacute;mico en la paz y en la guerra</i><sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup> (que infortunadamente no he le&iacute;do, aunque he seguido la discusi&oacute;n sobre &eacute;l) no se ocupa de los obst&aacute;culos metodol&oacute;gicos que me molestaron en el libro anterior. Si aquellos son dogmas durmientes, me niego a despertarlos.</p>     <p align="justify"> Me pregunto si usted tiene una impresi&oacute;n totalmente correcta de la ense&ntilde;anza de la econom&iacute;a en esta universidad. En el pregrado de la Universidad de Columbia, y cada vez m&aacute;s en los pregrados de otras universidades, el soporte principal de las ciencias sociales es un curso interdepartamental que en Columbia se llama &ldquo;Instituciones sociales y econ&oacute;micas&rdquo;. Nos especializamos mucho en el trabajo de doctorado, aunque seguimos hablando de tratar de encontrar un remedio, y todos los estudiantes tienen el privilegio de recibir cursos ajenos a la econom&iacute;a. Pero sienten tanta presi&oacute;n para cubrir las secciones de econom&iacute;a que rara vez usan este privilegio. Puedo ver que hay dos aspectos en esa cuesti&oacute;n. Si se exige que el estudiante tome cursos de otras ciencias sociales adem&aacute;s de econom&iacute;a, y si en cada uno de esos cursos est&aacute; tan preocupado por mantenerse dentro de l&iacute;mites definidos, que los separan de otras materias, como suele suceder, me parece entonces que descuidar&aacute; tristemente las preguntas interdepartamentales realmente importantes. Si nuestro sistema funcionara con personas menos preocupadas por los l&iacute;mites de las disciplinas, esperar&iacute;a un mejor resultado exigi&eacute;ndoles simplemente que tomaran cursos igualmente definidos en otras disciplinas.</p>     <p align="justify"> Por ejemplo, cuando encuentro un supuesto sobre la elecci&oacute;n humana y tengo razones para pensar que es mala psicolog&iacute;a, voy donde los psic&oacute;logos (o donde otros) que pueden estar calificados para hablarme de las elecciones humanas, y trato de elaborar un supuesto mejor. Esto me parece m&aacute;s &uacute;til, y m&aacute;s cient&iacute;fico, que tratar de hablar con la gente de econom&iacute;a sin hacer ning&uacute;n supuesto psicol&oacute;gico, que es lo que parece que intentan hacer algunos te&oacute;ricos modernos. Y el resultado de ello es realmente poner mala psicolog&iacute;a en sus supuestos. De all&iacute; que tenga objeciones cuando alguien empieza a jalarme la falda del abrigo y a decirme &ldquo;Usted est&aacute; traspasando los l&iacute;mites de la econom&iacute;a&rdquo;. Mi objeci&oacute;n es que los traspaso de manera adecuada, buscando informaci&oacute;n de quienes est&aacute;n calificados, en vez de traspasarlos en forma err&oacute;nea, adoptando mis supuestos psicol&oacute;gicos inconscientes.</p>     <p align="justify"> El argumento es mucho m&aacute;s extenso. En un reciente libro de conferencias que se public&oacute; con el insatisfactorio t&iacute;tulo de <i>Gu&iacute;as para &eacute;pocas de cambio<a name="n5"></a></i><sup><a href="#5">5</a></sup>, desarroll&eacute; algunas de mis ideas en forma no t&eacute;cnica, y en una nota de pie de p&aacute;gina llam&eacute; la atenci&oacute;n de los economistas acerca del hecho de que no ten&iacute;an conciencia de la mayor&iacute;a de las posiciones te&oacute;ricas que aceptaban sobre la utilidad y temas afines<sup><a name="n6"></a><a href="#6">6</a></sup>. &iexcl;Quiz&aacute;s alg&uacute;n d&iacute;a, si los stalinistas lo permiten, pueda intentar hacer esa tarea m&aacute;s formalmente, en cuyo caso la gente dir&aacute;: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; interesante! Pero eso no es teor&iacute;a&rdquo;, y volver&aacute; a la ortodoxia te&oacute;rica: es decir, lo har&aacute;n as&iacute; a menos que yo tenga &eacute;xito para marcar el punto de que &eacute;ste es un tipo de teor&iacute;a m&aacute;s leg&iacute;timo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Me temo que he sido m&aacute;s argumentativo de lo que pretend&iacute;a cuando empec&eacute; esta carta. Una vez m&aacute;s, aprecio mucho haber conocido sus opiniones sobre estos temas y tener la oportunidad de leer su discurso de 1949.</p>     <p align="justify">Atentamente, </p>     <p align="justify">John M. Clark </p>     <br>     <p align="center"><b>ROBBINS A CLARK</b></p>     <p align="right">1.&deg; de marzo de 1951 </p>     <p align="justify">Profesor J. M. Clark,    <br>   Facultad de Ciencia Pol&iacute;tica,    <br>   Universidad de Columbia,    <br>   New York,    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Estados Unidos</p>     <p align="justify">Estimado profesor Clark, </p>     <p align="justify">Muchas gracias por su amable e interesante carta. </p>     <p align="justify"> Comparto su desaliento por las extravagancias de algunos economistas del bienestar modernos. Pero protesto porque no soy culpable de haberles impuesto ese curso de obst&aacute;culos particular. Todo lo que dije fue que debemos reconocer la diferencia l&oacute;gica entre los juicios que contienen la palabra &ldquo;es&rdquo; y los juicios que contienen el t&eacute;rmino &ldquo;debe ser&rdquo;. Pero si recuerdo correctamente el <i>peche (sic) de jeunesse</i> [pecado de juventud] al que usted se refiere, hab&iacute;a una frase que dec&iacute;a espec&iacute;ficamente &ldquo;nuestros axiomas metodol&oacute;gicos no contienen ninguna prohibici&oacute;n de intereses ajenos. Todo lo que pretenden es que nada se gana invocando las sanciones de uno para reforzar las conclusiones de los dem&aacute;s&rdquo;<a name="n7"></a><sup><a href="#7">7</a></sup>. </p>     <p align="justify"> Mi actitud hacia los economistas del bienestar ha sido consistentemente la de protestar contra su p&eacute;rdida de actividad en el intento de construir una casa a mitad de camino, que tiene la apariencia de neutralidad pero que de hecho contiene impl&iacute;citamente toda clase de presunciones &eacute;ticas que ser&iacute;an mucho m&aacute;s potentes si se enunciaran directamente, y en mi propia pr&aacute;ctica nunca he tenido ninguna inhibici&oacute;n a este respeto. </p>     <p align="justify"> Es decir, despu&eacute;s de advertir a mis lectores que me ocupaba de temas que involucran juicios de valor, proced&iacute; a buscar ayuda donde la encontrara.</p>     <p align="justify"> Es mezquino contestar una carta como la suya regal&aacute;ndole un libro, pero me gustar&iacute;a convencerlo de mi <i>bona fides</i> a este respecto. Por ello, con esta carta le env&iacute;o una copia de mis conferencias sobre <i>El problema econ&oacute;mico en la paz y en la guerra</i>, que usted dice no haber le&iacute;do. Mi excusa final para hacerlo es que despu&eacute;s de todo es un libro peque&ntilde;o y se puede leer f&aacute;cilmente en la cama en tres cuartos de hora.</p>     <p align="justify"> Lo que usted dice acerca del problema actual de la ense&ntilde;anza en Columbia me interesa much&iacute;simo. He reflexionado a&uacute;n m&aacute;s sobre las posibles razones de nuestras ligeras diferencias de actitud y he llegado a la conclusi&oacute;n de que mi supuesto optimista de que no existe ninguna dificultad grave para promover el matrimonio entre disciplinas diferentes puede surgir del hecho de que desde hace treinta a&ntilde;os no he realizado mi honrosa labor en esta universidad en econom&iacute;a, sino en pol&iacute;tica. Empec&eacute; como uno de los primeros alumnos de Laski y durante dos a&ntilde;os dediqu&eacute; la mayor parte de mi tiempo a lecturas intensas en historia, psicolog&iacute;a y filosof&iacute;a pol&iacute;tica, al mismo tiempo que asist&iacute;a, m&aacute;s o menos como un extra&ntilde;o, al honroso seminario de Cannan. El que eventualmente haya pasado a otro campo y convertido a la econom&iacute;a en mi inter&eacute;s principal obedeci&oacute; directamente al hecho de que pensaba que iluminar&iacute;a los problemas de pol&iacute;tica que estaba estudiando en el otro campo. Y debe creerme que no hago alarde de esto para ganar un punto a mi favor en esta discusi&oacute;n cuando le digo que la ambici&oacute;n de toda mi vida ha sido llegar a escribir un libro titulado <i>Filosof&iacute;a pol&iacute;tica</i> desde el punto de vista de un <i>economista</i>.</p>     <p align="justify"> Igual que muchas ambiciones, no espero que ella se cumpla. Pero &eacute;sta ha sido ciertamente la estrella polar que gu&iacute;a mi peregrinaje econ&oacute;mico. La naturaleza y el significado siempre pretendieron ser una especie de manifiesto preliminar ideado para evitar la cr&iacute;tica de que yo no sab&iacute;a d&oacute;nde estaba realmente la frontera entre las diferentes disciplinas. Pero uno debe prestar atenci&oacute;n a la reacci&oacute;n de otras personas, y debo considerar que su interpretaci&oacute;n de esta obra, as&iacute; como la de tantas otras personas que me agradan y a quienes respeto, es una indicaci&oacute;n de que expuse mi tema con tal &eacute;nfasis que su efecto ha sido el de transmitir una impresi&oacute;n diferente.</p>     <p align="justify">Sinceramente suyo, </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Lionel Robbins </p>     <br>     <p align="center"><b>CLARK A ROBBINS</b></p>     <p align="right">14 de marzo de 1951</p>     <p align="justify">Profesor Lionel Robbins    <br>   Escuela de Econom&iacute;a y Ciencia Pol&iacute;tica    <br>   Houghton Street, Aldwych    <br>   Londres, WC 2, Inglaterra </p>     <p align="justify">Estimado Profesor Robbins: </p>     <p align="justify">Estoy anonadado por su respuesta a mi carta y especialmente por el gasto del correo a&eacute;reo, que debe haber establecido un r&eacute;cord. Y le&iacute; el libro, aunque no en tres cuartos de hora en la cama.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Todo el asunto tiende a reafirmarme en una conclusi&oacute;n a la que llegu&eacute; hace muchos a&ntilde;os, que la teor&iacute;a econ&oacute;mica es el tema en el que personas que no discrepan materialmente en las cosas que realmente importan (<i>es decir, en las conclusiones acerca del mundo</i>) se las arreglan para discrepar irrevocablemente acerca del marco conceptual que elaboran, y del sistema de clasificaci&oacute;n en que desean organizar sus reflexiones. Esto parece ser especialmente cierto en el alcance y el m&eacute;todo de la teor&iacute;a. Advierto especialmente que en estas tres conferencias usted cruza los l&iacute;mites sin detenerse a avisar al lector: &ldquo;En este punto, dejo de hablar con la autoridad de la ciencia econ&oacute;mica, y empiezo a hablar con otra capacidad menos autorizada&rdquo;. En cuanto a la posici&oacute;n que adopta en estas conferencias, mis diferencias se pueden plantear como cuestiones de grado, aunque tengo la persistente sospecha de que son m&aacute;s profundas: por ejemplo, tomando en sana consideraci&oacute;n modificaciones tan importantes del tipo de clasificaci&oacute;n de valores que surge de los mercados libres, durante &eacute;pocas de paz, m&aacute;s o menos igualmente que en &eacute;pocas de guerra. Cosas como esa plantean el problema algo diferente de las razones externas y objetivas para la planeaci&oacute;n y la zonificaci&oacute;n de las ciudades que, si bien recuerdo, es la principal excepci&oacute;n en &eacute;pocas de paz al veredicto del mercado en su tratamiento. <i>Estos reducen el distanciamiento de la &ldquo;soberan&iacute;a del consumidor&rdquo;<a name="n8"></a></i><sup><a href="#8">8</a></sup><i> a un nivel cualitativamente diferente</i>. </p>     <p align="justify"> Pienso que a&uacute;n podemos tener un buen argumento sobre el alcance de la econom&iacute;a como ciencia y la relaci&oacute;n entre &eacute;sta y los juicios de valor, o entre los problemas de lo que es y lo que debe ser. Podr&iacute;a usar como prueba el pasaje donde usted dice que toda pol&iacute;tica que trate a los individuos como si fueran desiguales le causa repugnancia moral. Hay tres o cuatro puntos en esa afirmaci&oacute;n que me gustar&iacute;a tratar de manera diferente, y menos simple, introduciendo m&aacute;s pasos en la transici&oacute;n de los enunciados factuales a los juicios &eacute;ticos. Expresar&iacute;a de esta manera una de estas etapas: los problemas dif&iacute;ciles exigen decidir entre valores que son cualitativamente diferentes entre s&iacute; y que no se pueden resolver totalmente dando primac&iacute;a a un valor y reduciendo todos los dem&aacute;s a medios subordinados. De modo que usted est&aacute; en una situaci&oacute;n en la que est&aacute; seguro de que ciertas cosas son deseables, o al menos seriamente deseables para personas que las consideran valores fundamentales y no &ldquo;gustos particulares&rdquo;; pero surgen conflictos entre estos valores. El paso factual decisivo para sacar la conclusi&oacute;n es el examen de las alternativas que existen realmente. Con frecuencia esto es suficiente para resolver el problema. Los juicios acerca de lo que se debe hacer, en cuanto difieren de las ideas acerca de los fines deseables particulares, dependen del conocimiento de las alternativas, y las normas &eacute;ticas en este sentido evolucionan cuando cambia la comprensi&oacute;n de las alternativas que existen. As&iacute;, el estudio de los hechos y los juicios &eacute;ticos se influyen mutuamente. Es decir, lo hacen cuando tienen la oportunidad de establecer contactos. Pero si uno procede a partir de la hip&oacute;tesis de que son planos independientes que nunca se pueden tocar, se excluye la posibilidad de contactos. Esto tiende a la actitud de que los juicios acerca de lo que se debe hacer no se basan en los hechos o en la raz&oacute;n. Recuerdo los dos &uacute;ltimos cap&iacute;tulos de <i>La econom&iacute;a de la empresa</i>, de H. Davenport como ejemplo de lo que tengo en mente<a name="n9"></a><sup><a href="#9">9</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Para plantear otro punto, la compra en un mercado es un &ldquo;hecho&rdquo;. Pero si no se va m&aacute;s all&aacute; de eso, no tiene m&aacute;s significado econ&oacute;mico que la gravedad espec&iacute;fica de un pedazo de piedra. El problema real surge cuando se acepta como evidencia de una preferencia, en la escala de preferencias de alguien, mientras que se excluyen otras evidencias. Como evidencia de esta clase de preferencias, la compra en un mercado es insuficiente para que sea la base exclusiva de lo que pretende ser un juicio &ldquo;cient&iacute;fico&rdquo; autorizado. La <i>conclusi&oacute;n</i> no es un hecho sino una hip&oacute;tesis, junto con la hip&oacute;tesis acerca de la importancia relativa de las cosas para personas diferentes. (A prop&oacute;sito, alguien hace la mayor&iacute;a de las compras en los mercados en nombre de una familia y, por consiguiente, involucra comparaciones interpersonales). Me parece que el hecho de que John Smith no sea la misma persona cuando hace una compra y, un tiempo despu&eacute;s, en una situaci&oacute;n diferente, cuando gasta otra parte de su presupuesto mensual, significa que la aceptaci&oacute;n de las comparaciones intrapersonales como elemento final, y la total exclusi&oacute;n de las comparaciones interpersonales, no est&aacute; de acuerdo con los hechos. Pienso que tenemos que utilizar las hip&oacute;tesis m&aacute;s razonables que podamos en ambas &aacute;reas.</p>     <p align="justify"> Espero haber logrado transmitir algunas de las ideas que tengo en mente, pero me temo que no he transmitido porqu&eacute; me parecen tan importantes. Es muy interesante saber que toda la vida ha tenido la ambici&oacute;n de escribir una obra que cruce los l&iacute;mites entre disciplinas. A esa luz, es bastante ir&oacute;nico que su definici&oacute;n de l&iacute;mites se haya convertido en el canon autorizado para un grupo de te&oacute;ricos que consagran todas sus facultades a impedir que se crucen los l&iacute;mites. Aunque ir&oacute;nico, me temo que era un destino manifiesto. Espero que cumpla sus ambiciones, y que no se tarde demasiado tratando de hacer una tarea totalmente acabada y definitiva. Una pregunta que me intriga un tanto es, &iquest;si usted define el campo de la ciencia pol&iacute;tica desde dentro de ese campo, los l&iacute;mites entre &eacute;l y la econom&iacute;a estar&iacute;an en el mismo lugar que cuando define el l&iacute;mite de la econom&iacute;a desde dentro de ella misma? &iquest;O habr&iacute;a una &ldquo;tierra de nadie&rdquo;? Quiz&aacute;s la &ldquo;tierra de nadie&rdquo; se incluir&iacute;a en <i>Filosof&iacute;a pol&iacute;tica</i>, como un campo distinto del de la ciencia pol&iacute;tica. Pero si hay una distinci&oacute;n all&iacute;, &iquest;por qu&eacute; en econom&iacute;a no se hace la misma distinci&oacute;n entre ciencia econ&oacute;mica y filosof&iacute;a econ&oacute;mica? En todo caso, espero que escriba ese libro.</p>     <p align="justify">Con mis mejores deseos.</p>     <p align="justify">Muy sinceramente suyo. </p>     <p align="justify">John M. Clark </p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE </b></p>     <p align="justify"><a name="asterisco"></a><a href="#nasterisco">*</a> Estas cartas fueron publicadas y editadas por Luca Fiorito en &ldquo;The John M. Clark-Lionel Robbins Correspondence. Four Unpublished Letters&rdquo;, <i>History of Economic Ideas</i> 6, 3, 1998, pp. 175-187. Agradecemos al profesor Fiorito su autorizaci&oacute;n para la publicaci&oacute;n en espa&ntilde;ol. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. Fecha de recepci&oacute;n: 18 de febrero de 2005; fecha de aceptaci&oacute;n: 16 de septiembre de 2005.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a name="1"></a><a href="#n1">1</a>.  Clark, John Maurice. 1949. &ldquo;Economic Means-To What Ends? A Problem in the Teaching of Economics&rdquo;, <i>American Economic Review</i>, December, pp. 34-51.</p>     <p align="justify"><a name="2"></a><a href="#n2">2</a>.  Robbins, Lionel. 1949. &ldquo;The Economist in the Twentieth Century: An Oration Delivered on the 53rd Anniversary of the Foundation of the London School of Economics&rdquo;, <i>Economica</i>, May, pp. 93-105.</p>     <p align="justify"> <a name="3"></a><a href="#n3">3</a>. Robbins, Lionel. 1932. <i>An Essay on the Nature and Significance of Economic Science</i>, Third Edition, New York, New York University Press, 1984.</p>     <p align="justify"><a name="4"></a><a href="#n4">4</a>.  Robbins, Lionel. 1947. <i>Economic Problem in Peace and War</i>, London, Macmillan.</p>     <p align="justify"> <a name="5"></a><a href="#n5">5</a>. Clark, John Maurice. 1949. <i>Guideposts in Time of Change: Some Essentials for a Sound American Economy</i>, six lectures delivered at Amherst College in the winter of 1947-48 on the Merrill Foundation, New York, Harper.</p>     <p align="justify"> <a name="6"></a><a href="#n6">6</a>. Clark se refiere a la nota al pie de la p&aacute;gina 68: &ldquo;El lector familiarizado con la literatura de la teor&iacute;a econ&oacute;mica reconocer&aacute; que los dos p&aacute;rrafos anteriores son una negaci&oacute;n de los principales supuestos en los que se basa la econom&iacute;a te&oacute;rica general o abstracta que se ocupa de la utilidad o la elecci&oacute;n del individuo, desde Bentham, pasando por Jevons, hasta incluir los supuestos impl&iacute;citos, aunque no admitidos, en el enfoque de la &lsquo;curva de indiferencia&rsquo; que hoy goza de favor. La posici&oacute;n que se toma en el cuarto p&aacute;rrafo siguiente diverge de la opini&oacute;n de que los economistas deben abjurar de todas las &lsquo;comparaciones interpersonales&rsquo;, excepto, valga se&ntilde;alar, aquellas que est&aacute;n incorporadas en la distribuci&oacute;n existente de los ingresos y las compras existentes, comparaciones que hacen las unidades familiares y no los individuos. Esta parece ser una perversi&oacute;n te&oacute;rica del principio v&aacute;lido de que los economistas, en cuanto &lsquo;cient&iacute;ficos&rsquo;, deben ser neutrales en estos asuntos, y se deben guiar por las valoraciones prevalecientes. En la pr&aacute;ctica, esta perversi&oacute;n lleva a aceptar las valoraciones del mercado, que son notoriamente sesgadas, como es f&aacute;cil demostrar. Sostengo que hay otras valoraciones que tienen m&aacute;s validez para este prop&oacute;sito, y que el economista que realmente quiere ser neutral debe tenerlas en cuenta. Obviamente, la fundamentaci&oacute;n detallada de estas cr&iacute;ticas negativas requerir&iacute;a un tratado, y aqu&iacute; est&aacute; fuera de lugar. El punto principal que estoy sugiriendo es un m&eacute;todo sustituto para tratar estos problemas, que no se puede reconocer f&aacute;cilmente como &lsquo;teor&iacute;a&rsquo;, pero que se base en el an&aacute;lisis te&oacute;rico, y que, con toda su indefinici&oacute;n, parece acercarse m&aacute;s a la meta de neutralidad objetiva que los economistas se han impuesto&rdquo; (Clark 1949, nota 68). Ver, tambi&eacute;n, pp. 50-52.</p>     <p align="justify"><a name="7"></a><a href="#n7">7</a>.  En el mismo pasaje, Robbins escribe: &ldquo;Ni a&uacute;n menos se implica que los economistas no se deben ocupar de cuestiones &eacute;ticas, as&iacute; como el argumento de que la bot&aacute;nica no es est&eacute;tica no significa que los bot&aacute;nicos no deben tener opiniones propias acerca del arreglo de los jardines. Por el contrario, es muy deseable que los economistas especulen duradera y ampliamente sobre estos asuntos, puesto que s&oacute;lo de esta manera estar&aacute;n en condiciones de apreciar las implicaciones de los fines <i>dados</i> de los problemas que se les presentn para que los solucionen. No podemos estar de acuerdo con J. S. Mill en que &lsquo;no es posible que un hombre sea buen economista si no es nada m&aacute;s&rsquo;. Pero podemos estar de acuerdo al menos en que no puede ser tan &uacute;til como podr&iacute;a serlo&rdquo; [Robbins (1932) 1984, 149-150, cursivas en el original].</p>     <p align="justify"><a name="8"></a><a href="#n8">8</a>.  Las frases en cursivas fueron a&ntilde;adidas por John M. Clark en los m&aacute;rgenes de la carta.</p>     <p align="justify"><a name="9"></a><a href="#n9">9</a>.  Davenport, Herbert Joseph. 1919. The Economics of Enterprise, New York, Macmillan.</p> </font>      ]]></body>
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