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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[RELACIONES ENTRE DEMOCRACIA Y DESARROLLO EN LOS PAÍSES ANDINOS. UNA REFLEXIÓN DESDE LA ECONOMÍA POLÍTICA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Democratic governance during the last two decades in the Andean countries contrasts sharply with low levels of economic growth and the increase in unemployment and poverty. This essay argues that the Gordian knot of this paradox is the high level of inequality in income distribution. This inequality is the cause and consequence of the malfunctioning of the economic and the political system, since economic elites control political power and create institutions and policies that reflect the interests of the wealthy rather than the common interest. This creates a vicious circle in which &ldquo;controlled&rdquo; democracy reproduces and expands the inequalities that bore it.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>RELACIONES ENTRE DEMOCRACIA Y DESARROLLO EN LOS PA&Iacute;SES ANDINOS. UNA REFLEXI&Oacute;N DESDE LA ECONOM&Iacute;A POL&Iacute;TICA</b></p></font> <font face="Verdana" size="2">     <p>    <br></p>     <p align="center"><b>RELATIONS BETWEEN DEMOCRACY AND DEVELOPMENT IN THE ANDEAN COUNTRIES. A POLITICAL ECONOMY APPROACH</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>&Eacute;dgard Moncayo Jim&eacute;nez</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Economista, profesor e investigador independiente y consultor de Naciones Unidas, <a href="mailto:edgardmoncayo@yahoo.com">edgardmoncayo@yahoo.com</a> Fecha de recepci&oacute;n: 19 de mayo de 2005, fecha de aceptaci&oacute;n: 2 de marzo de 2006. </p> <hr>    <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: democracia, desarrollo, distribuci&oacute;n del ingreso, pol&iacute;tica econ&oacute;mica; JEL: H11, O15] </p>     <p align="justify">En los pa&iacute;ses andinos, la gobernabilidad democr&aacute;tica de los dos &uacute;ltimos decenios contrasta agudamente con los bajos niveles de crecimiento econ&oacute;mico y el aumento del desempleo y la pobreza. Este art&iacute;culo plantea que el nudo gordiano de esa paradoja es la gran desigualdad en la distribuci&oacute;n del ingreso. Causa y consecuencia del mal funcionamiento del sistema pol&iacute;tico y de la econom&iacute;a, porque las &eacute;lites econ&oacute;micas controlan el poder pol&iacute;tico, y crean instituciones y pol&iacute;ticas que reflejan el inter&eacute;s de los due&ntilde;os de la riqueza y no el inter&eacute;s com&uacute;n. As&iacute; se crea un c&iacute;rculo vicioso en el que la democracia &ldquo;controlada&rdquo; reproduce y ampl&iacute;a las desigualdades que la engendraron.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: democracy, development, income distribution, political economy; JEL: H11, O15] </p>     <p align="justify">Democratic governance during the last two decades in the Andean countries contrasts sharply with low levels of economic growth and the increase in unemployment and poverty. This essay argues that the Gordian knot of this paradox is the high level of inequality in income distribution. This inequality is the cause and consequence of the malfunctioning of the economic and the political system, since economic elites control political power and create institutions and policies that reflect the interests of the wealthy rather than the common interest. This creates a vicious circle in which &ldquo;controlled&rdquo; democracy reproduces and expands the inequalities that bore it.</p> <hr>     <blockquote>    <p align="right">El cesarismo del Bajo Imperio Romano me parece la forma m&aacute;s elevada de gobierno para el bienestar de las sociedades modernas.    <br>     Maquiavelo</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right">La industria no puede prescindir de la libertad y, tenedlo bien presente, la libertad en materia de industria engendra necesariamente las libertades pol&iacute;ticas; por ello se ha dicho que los pueblos m&aacute;s avanzados en materia de industria son tambi&eacute;n los m&aacute;s avanzados en materia de libertad.    <br>     Montesquieu<sup><a name="n1"></a><a href="#1">1</a></sup></p> </blockquote>     <p align="justify">En el informe <i>La democracia en Am&eacute;rica Latina. Hacia un democracia de ciudadanas y ciudadanos</i> elaborado por el PNUD, la intrincada relaci&oacute;n entre democracia y desarrollo econ&oacute;mico en la regi&oacute;n se resume en un tri&aacute;ngulo cuyos v&eacute;rtices son la democracia (electoral), la pobreza y la desigualdad. De acuerdo con ese informe, el avance de la democracia pol&iacute;tica en el &uacute;ltimo cuarto de siglo contrasta agudamente con el aumento de la pobreza y de la inequidad:</p>      <blockquote>    <p align="justify">El desarrollo de la democracia depende de que se ampl&iacute;e de manera decidida la ciudadan&iacute;a social, sobre todo a partir de la lucha contra la pobreza y la desigualdad, y de la creaci&oacute;n de empleos de buena calidad (PNUD, 2004, 26).</p> </blockquote>     <p align="justify">Para ampliar la ciudadan&iacute;a social, el PNUD propone: a) recuperar el equilibrio entre pol&iacute;tica y mercado, lo que supone una &ldquo;nueva estatalidad&rdquo;, es decir, un Estado que lleve a cabo pol&iacute;ticas redistributivas y establezca sistemas de protecci&oacute;n social basados en el principio de universalidad; b) pol&iacute;ticas redistributivas que no distorsionen el funcionamiento de los mercados para evitar el &ldquo;populismo&rdquo; macroecon&oacute;mico; c) crecimiento econ&oacute;mico sostenido con producci&oacute;n eficiente, innovaci&oacute;n en procesos y capital humano; d) limitar el poder de mercado de los grandes propietarios y empresas; e) construir espacios de autonom&iacute;a y pol&iacute;ticas activas frente a la globalizaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"> En &uacute;ltimas, esta propuesta busca establecer una causalidad circular virtuosa en la que la revalorizaci&oacute;n de la pol&iacute;tica, el perfeccionamiento de las instituciones democr&aacute;ticas y la legitimaci&oacute;n de una nueva estatalidad lleven a una econom&iacute;a din&aacute;mica e igualitaria y &eacute;sta, a su vez, opere de modo que se ampl&iacute;e la dimensi&oacute;n social de la democracia. La preocupaci&oacute;n central del PNUD es que la pobreza y la desigualdad debiliten las bases de la democracia latinoamericana e impidan el avance hacia estadios superiores. En lo que sigue se examinan estas interrelaciones en los pa&iacute;ses andinos.</p>     <p align="justify"><b>DEMOCRACIA POL&Iacute;TICA Y DESARROLLO ECON&Oacute;MICO</b></p>      <blockquote>    <p align="right">Entendemos por &eacute;lite del poder los c&iacute;rculos pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos y militares que, como un conjunto intrincado de camarillas que se entrelazan e imbrican, toman parte en las decisiones que tienen consecuencias nacionales.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     Wright Mills (1956)</p> </blockquote>     <p align="justify">De manera parad&oacute;jica, la tercera ola de democratizaci&oacute;n (Huntington, 1991) se inici&oacute; en los a&ntilde;os setenta, junto con la crisis del Estado de bienestar en las democracias avanzadas y con el fin de la ola expansiva de la econom&iacute;a internacional que sigui&oacute; a la Segunda Guerra Mundial.</p>     <p align="justify"> La oleada democratizadora fue universal. Comenz&oacute; en el sur de Europa, arras&oacute; los reg&iacute;menes totalitarios de Am&eacute;rica Latina a finales de los setenta y durante los ochenta, luego pas&oacute; a Asia y a la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica, y lleg&oacute; a &Aacute;frica a comienzos de los noventa. Hoy, 140 de los 194 pa&iacute;ses del mundo tienen reg&iacute;menes democr&aacute;ticos, entre ellos los latinoamericanos, excepto Cuba.</p>     <p align="justify"> No obstante, el advenimiento de la democracia no se ha traducido necesariamente en un aumento del nivel de ingresos y de bienestar de los pa&iacute;ses en los que se efectu&oacute; la transici&oacute;n. Esto, porque no existe una relaci&oacute;n causal autom&aacute;tica en la direcci&oacute;n democracia <font face="Symbol">&reg;</font> desarrollo, y tampoco parece haberla en el sentido contrario<sup><a name="n2"></a><a href="#2">2</a></sup>. Sobre la falta de relaciones causales unidireccionales Sen (2000, 24) dice:</p>      <blockquote>    <p align="justify">La direcci&oacute;n del v&iacute;nculo causal parece depender de muchas circunstancias, y mientras algunas investigaciones estad&iacute;sticas encuentran que la relaci&oacute;n es d&eacute;bilmente negativa, otras concluyen que es fuertemente positiva.</p>       <p align="justify">Si todos los estudios comparativos se consideran en conjunto, la hip&oacute;tesis de que no hay una relaci&oacute;n clara entre crecimiento econ&oacute;mico y democracia en ninguna direcci&oacute;n, emerge como la m&aacute;s plausible.</p> </blockquote>     <p align="justify">Si bien el desarrollo en el sentido m&aacute;s amplio exige gobernabilidad democr&aacute;tica, ello no significa que toda gobernabilidad democr&aacute;tica produzca desarrollo. De hecho, el mismo nivel de libertades democr&aacute;ticas puede coexistir con niveles muy diferentes de ingreso per c&aacute;pita (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>). M&aacute;s a&uacute;n, si se adopta una definici&oacute;n de desarrollo circunscrita al crecimiento (incluso con cierto goteo social), hay que reconocer que este desarrollo, seg&uacute;n lo demuestran los estudios hist&oacute;rico-emp&iacute;ricos, no ha dependido siempre de la naturaleza democr&aacute;tica del r&eacute;gimen pol&iacute;tico. Tales son los casos de Corea del Sur durante el r&eacute;gimen de Park Chung Hee, del Chile de Pinochet y de China en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os (Prats, 2004).</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 1<a name="g1"></a>    <br>   Ingreso y democracia* (2002)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a8g1.jpg" width="478" height="310">    <br> <font size="1">* El nivel de democracia va de 1 para el pa&iacute;s plenamente &ldquo;libre&rdquo; a 7 para el pa&iacute;s &ldquo;no libre&rdquo;. Fuente: Banco Mundial (2005a) y elaboraci&oacute;n del autor.</font></p>     <p align="justify">Es posible incluso, como sostiene Barro (1996), que la relaci&oacute;n entre democracia y desarrollo sea no lineal, es decir, que el avance de la democracia sea bueno para el crecimiento hasta cierto nivel moderado, m&aacute;s all&aacute; del cual es perjudicial. Si esto es cierto, el hecho de que los pa&iacute;ses m&aacute;s ricos del mundo sean los m&aacute;s democr&aacute;ticos debe reflejar una causalidad que va del ingreso a la democracia y no al rev&eacute;s. La democracia, m&aacute;s all&aacute; de cierto nivel, ser&iacute;a entonces un bien de lujo que los pa&iacute;ses ricos deciden consumir aun a costa de reducir su ingreso. Seg&uacute;n Barro, los pa&iacute;ses andinos, y los latinoamericanos en general, est&aacute;n en el umbral donde la democracia ya no parece ser importante para el crecimiento (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>).</p>     <p align="justify"> En t&eacute;rminos de crecimiento, las democracias de Rep&uacute;blica Dominicana y Chile han producido m&aacute;s desarrollo que las de Venezuela y Paraguay, por ejemplo (ver <a href="#c1">cuadro 1</a><a name="vc1"></a>).</p>     <p align="justify"><a href="#vc1">Cuadro 1</a><a name="c1"></a>    <br>   Clasificaci&oacute;n de 17 pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina por tasas de crecimiento </p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a8c1.jpg" width="516" height="512">    <br> <font size="1">Fuente: CEPAL y elaboraci&oacute;n del autor.</font></p>     <p align="justify">La explicaci&oacute;n de este fen&oacute;meno radica en que m&aacute;s all&aacute; de una concepci&oacute;n minimalista basada en la existencia de un sistema de elecciones libres y competitivas, o incluso de la noci&oacute;n m&aacute;s elaborada de &ldquo;poliarqu&iacute;a&rdquo;, la gobernabilidad democr&aacute;tica aut&eacute;ntica ha de tener unos atributos de los que carece la mayor&iacute;a de los reg&iacute;menes pol&iacute;ticos latinoamericanos (O&rsquo;Donnell, 2004)<a name="n3"></a><sup><a href="#3">3</a></sup>. De hecho, seg&uacute;n el &iacute;ndice de democracia de Freedom House, los pa&iacute;ses andinos s&oacute;lo son &ldquo;parcialmente libres&rdquo; (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a><a name="vg2"></a>).</p>     <p align="justify"><a href="#vg2">Gr&aacute;fica 2</a><a name="g2"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Evoluci&oacute;n del &iacute;ndice de democracia de los pa&iacute;ses andinos</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a8g2.jpg" width="479" height="319">    <br> <font size="1">Fuente: Country Reports (www.freedomhouse.org) y elaboraci&oacute;n propia.</font></p>     <p align="justify">Lo que ocurre es que bajo una aparente poliarqu&iacute;a se pueden ocultar democracias delegativas o controladas (o &ldquo;pactadas&rdquo;, como se califica a la de Bolivia) y un tipo espec&iacute;fico de capitalismo: el &ldquo;capitalismo de camarilla&rdquo;, que dista de ser una verdadera econom&iacute;a de mercado. Seg&uacute;n Krueger (2004), en este tipo de capitalismo los pol&iacute;ticos que detentan el poder y ciertos grupos de empresarios y representantes de los poderes f&aacute;cticos reconocen sus intereses comunes, y conciertan y act&uacute;an como compinches. No se equivocan, pues, los l&iacute;deres latinoamericanos cuando por abrumadora mayor&iacute;a opinan que los &ldquo;poderes f&aacute;cticos&rdquo; ocupan el primer lugar entre los factores de poder en la regi&oacute;n (PNUD, 2004, 161).</p>     <p align="justify"> El &ldquo;capitalismo de camarilla&rdquo; &ndash;que puede ser la &uacute;nica f&oacute;rmula viable de compromiso en una estructura sociopol&iacute;tica determinada&ndash; puede producir crecimiento, pero d&eacute;bil y necesariamente inequitativo; y generar reglas e instituciones, pero excluyentes para vastos sectores de la sociedad. El problema del fracaso econ&oacute;mico de la democracia puede consistir, entonces, en el error sem&aacute;ntico de llamar democr&aacute;ticos a reg&iacute;menes no autoritarios (Touraine, 1995, 236).</p>     <p align="justify"> Los s&iacute;ntomas del &ldquo;capitalismo de camarilla&rdquo; instalado en &ldquo;democracias de baja intensidad&rdquo; son muy visibles: autoridades pol&iacute;ticas de todo nivel (incluido el presidencial) acusadas de corrupci&oacute;n; denuncias de sobornos a legisladores y jueces para que decidan en determinado sentido; procesos y resultados electorales viciados; sucesiones o renuncias presidenciales prematuras; golpes de Estado; huelgas que paralizan la econom&iacute;a; amenazas de grupos al margen de la ley: guerrilleros, narcotraficantes y paramilitares.</p>     <p align="justify"> No es extra&ntilde;o entonces el caso de pa&iacute;ses que despu&eacute;s de completar la transici&oacute;n a la democracia dan marcha atr&aacute;s en el progreso hacia las libertades pol&iacute;ticas y civiles. &Eacute;sta fue la situaci&oacute;n de Per&uacute; durante la era Fujimori, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante.</p>     <p align="justify"> De lo que hemos expuesto se puede inferir que si bien la crisis social puede influir en el desprestigio de la democracia, no es posible negar que hunde sus ra&iacute;ces en las limitaciones y disfunciones del tipo de democracia que existe en la regi&oacute;n. Por ello, adem&aacute;s de la nueva agenda de desarrollo, se impone una reforma pol&iacute;tica que incluya los temas electorales, los partidos pol&iacute;ticos, la administraci&oacute;n de justicia y el control ciudadano de los actos pol&iacute;ticos, <i>inter alia</i> (Barreda y Costafreda, 2004). En otras palabras, es necesario &ldquo;democratizar la democracia&rdquo;, como propone Mart&iacute;nez (2004, 17).</p>     <p align="justify"> No basta, entonces, a&ntilde;adir inorg&aacute;nicamente derechos sociales y econ&oacute;micos a las cartas constitucionales, porque como bien dice Bobbio (1985, 31): &ldquo;con nada se corre m&aacute;s el riesgo de matar a la democracia que con el exceso de democracia&rdquo;.</p>     <p align="justify"><b>LA CRISIS SOCIAL</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>    <p align="right">El secreto est&aacute; en el n&uacute;cleo m&aacute;s interno del poder.    <br>     Elias Canetti (1977)</p> </blockquote>     <p align="justify">Entre 1991 y 2003, los pa&iacute;ses andinos &ndash;igual que la mayor&iacute;a de los latinoamericanos&ndash; sufrieron un fuerte deterioro de los indicadores de desarrollo social. El crecimiento del ingreso per c&aacute;pita fue raqu&iacute;tico (o nulo en algunos pa&iacute;ses), las tasas de desempleo superiores al 10% se volvieron la norma, aument&oacute; la pobreza y se agrav&oacute; la tendencia inveterada a la inequidad en la distribuci&oacute;n del ingreso.</p>     <p align="justify"> En un contexto tan complejo y desesperanzador, <i>el nudo gordiano parece estar en la inequidad en la distribuci&oacute;n del ingreso</i>, porque tiene un efecto negativo sobre el crecimiento y el sistema pol&iacute;tico. La desigualdad en la distribuci&oacute;n del ingreso afecta el crecimiento reduciendo la acumulaci&oacute;n de capital humano (por restricciones al acceso a la educaci&oacute;n) y la productividad (por insuficiencias de la demanda e impuestos redistributivos que desestimulan la acumulaci&oacute;n de capital f&iacute;sico) (Weil, 2004)<sup><a name="n4"></a><a href="#4">4</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Existe una clara regularidad emp&iacute;rica entre desigualdad y pobreza: a mayor coeficiente de Gini, mayores niveles de pobreza (ib&iacute;d.). Dicho de otra manera: para un nivel dado de ingreso, una mayor desigualdad suele implicar mayor pobreza. O peor a&uacute;n: para una tasa de crecimiento del ingreso dado, una mayor desigualdad usualmente implica una tasa menor de reducci&oacute;n de la pobreza<sup><a name="n5"></a><a href="#5">5</a></sup>.</p>     <p align="justify"> La desigualdad distributiva en Am&eacute;rica Latina, medida por el coeficiente de Gini, es la m&aacute;s alta del mundo (ver <a name="vc2"></a><a href="#c2">cuadro 2</a>) y dos pa&iacute;ses andinos, Bolivia y Colombia, est&aacute;n entre los de mayor concentraci&oacute;n (<a name="vg3"></a><a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>).</p>     <p align="justify"><a href="#vc2">Cuadro 2</a><a name="c2"></a>    <br>   Coeficientes de Gini por d&eacute;cadas    <br> (Distribuci&oacute;n del ingreso per c&aacute;pita por hogar)</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a8c2.jpg" width="578" height="316">    <br>   <font size="1">Fuente: De Ferranti et al. (2003).</font></p>     <p align="justify"><a href="#vg3">Gr&aacute;fica 3</a><a name="g3"></a>    <br>   Coeficiente de Gini en 15 pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, 2002 </p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a8g3.jpg" width="515" height="303">    <br> <font size="1">a/medici&oacute;n de 2001, b/medici&oacute;n de 2003, c/medici&oacute;n de 2001, d/medici&oacute;n de 2001.    <br>   Fuente: CEPAL (2004), elaboraci&oacute;n del autor.</font></p>     <p align="justify">Aunque se ha agravado, es claro que esta situaci&oacute;n no es nueva. As&iacute; ha sido desde que existen estas mediciones y, seg&uacute;n algunas teor&iacute;as recientes, el problema arranca de mucho m&aacute;s atr&aacute;s, de la &eacute;poca colonial. Conforme a la teor&iacute;a del &ldquo;pecado original&rdquo;, desarrollada entre otros por Acemoglu (2002 y 2004a), Easterly y Levine (2003) y Engerman y Sokoloff (1997 y 2005), la geograf&iacute;a de Am&eacute;rica Latina (calidad de las tierras y salubridad del clima) indujo una modalidad de colonizaci&oacute;n basada en el mestizaje y en la formaci&oacute;n de una econom&iacute;a extractiva que concentr&oacute; la riqueza y gener&oacute; estructuras institucionales controladas por las &eacute;lites. En contraste, en las ex colonias brit&aacute;nicas (Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda) la geograf&iacute;a favoreci&oacute; un proceso colonizador que cre&oacute; instituciones que favorecieron el desarrollo<sup><a name="n6"></a><a href="#6">6</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Siguiendo este razonamiento, la concentraci&oacute;n originaria de la riqueza se puede explicar por la incapacidad latinoamericana para crear sociedades democr&aacute;ticas con estabilidad y crecimiento econ&oacute;mico. Pero, el &ldquo;exceso de desigualdad&rdquo; en Am&eacute;rica Latina con respecto al resto del mundo no se puede explicar por una causa &uacute;nica. M&aacute;s bien, como sostienen De Ferranti et al. (2003, 23):</p>      <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Parece haberse originado en la poderosa interacci&oacute;n entre las distribuciones desiguales en capital humano (como la escolaridad formal) y en el mercado laboral, en los cuales los retornos al capital humano son usualmente altos. A pesar de que esta combinaci&oacute;n de factores explica mucho, el exceso de desigualdad se basa tambi&eacute;n en tendencias sociales, como la mayor proclividad de los latinoamericanos a casarse con personas de similar condici&oacute;n educacional (y quiz&aacute;s econ&oacute;mica). Tambi&eacute;n tiene que ver con la acci&oacute;n gubernamental: en promedio, los Estados latinoamericanos recaudan menos impuestos que otros. En t&eacute;rminos internacionales gastan menos en rubros con incidencia progresiva, como la educaci&oacute;n primaria. Adicionalmente, los sistemas de pensiones y otras transferencias tienden a ser m&aacute;s regresivas en Am&eacute;rica Latina que en otras partes del mundo.</p> </blockquote>     <p align="justify">Esta cita vincula la desigualdad con determinantes econ&oacute;micos, sociol&oacute;gicos y pol&iacute;ticos que, conectados con los condicionantes hist&oacute;ricos ya mencionados, configuran la causalidad circular entre riqueza, ingreso y poder, mediada por las instituciones, que ha operado hist&oacute;ricamente en las sociedades latinoamericanas. En este sentido, North et al. (2002, 290) explican as&iacute; el v&iacute;nculo entre desigualdad y sistema pol&iacute;tico:</p>      <blockquote>    <p align="justify"> [en sociedades altamente desiguales] las experiencias y los intereses de los ciudadanos divergen marcadamente, [as&iacute;] muchas sociedades se caracterizan por una falta de consenso. &Eacute;stas, por tanto, seguramente no respetar&aacute;n los derechos econ&oacute;micos, pol&iacute;ticos y personales asociados a una democracia liberal y una econom&iacute;a de mercado.</p> </blockquote>     <p align="justify">Una expresi&oacute;n de la falta de consenso es la &ldquo;pugna redistributiva&rdquo;. La desigualdad se traduce en una demanda de redistribuci&oacute;n que no llega a producirse porque, en las sociedades desiguales con &ldquo;capitalismos de camarilla&rdquo;, el poder pol&iacute;tico est&aacute; controlado por los due&ntilde;os de la riqueza, que obviamente no est&aacute;n interesados en redistribuirla. Ceder implicar&iacute;a perder su posici&oacute;n de privilegio en la sociedad.</p>     <p align="justify"> El bloqueo de la presi&oacute;n redistributiva genera, a su vez, inestabilidad pol&iacute;tica y eventualmente crimen y delincuencia, como han demostrado Muller (1995a y 1995b) y Alesina y Perotti (1996), desde la perspectiva econ&oacute;mica, y Lipset (1994), desde la de la ciencia pol&iacute;tica. Y para continuar con los encadenamientos perversos: la inestabilidad y la violencia afectan la inversi&oacute;n y, por ende, el crecimiento (Rodr&iacute;guez, 2003).</p>     <p align="justify"> Se genera as&iacute; el c&iacute;rculo vicioso antes aludido, en el que la democracia &ldquo;d&eacute;bil&rdquo; reproduce y ampl&iacute;a las desigualdades econ&oacute;micas que la engendraron (Engerman y Sokoloff, 1997). El fen&oacute;meno de la &ldquo;rebeli&oacute;n de las &eacute;lites&rdquo;<a name="n7"></a><sup><a href="#7">7</a></sup> explica porqu&eacute; en Am&eacute;rica Latina no es muy aplicable el &ldquo;teorema del votante mediano&rdquo; (Downs, 1957 y Metzler y Scout, 1981), seg&uacute;n el cual cuanto m&aacute;s bajo sea el ingreso del votante mediano, mayor ser&aacute; la tendencia redistributiva del Estado. Y esto llevar&iacute;a a aumentar la carga tributaria. En la regi&oacute;n, por el contrario, aunque no han faltado episodios de &ldquo;populismo fiscal&rdquo;, cuanto mayor es la desigualdad menor es el recaudo fiscal (Mac&iacute;as-Aymar, 2004).</p>     <p align="justify"> Mucho m&aacute;s pertinente para la realidad regional es el enfoque de la Elecci&oacute;n P&uacute;blica (Olson, 1965 y Buchanan y Tullison, 1972), que sostiene que el Estado no es un elemento ex&oacute;geno y neutral en su acci&oacute;n reguladora de la vida econ&oacute;mica, sino un agente con intereses concretos propios (particulares, corporativos y partidistas).</p>     <p align="justify"><b>ENTRE LA DEMOCRACIA &ldquo;D&Eacute;BIL&rdquo; Y LA CRISIS SOCIAL: LOS MECANISMOS DE TRANSMISI&Oacute;N</b></p>      <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right">En Am&eacute;rica Latina casi nada es lo que parece ser porque, en muchos &aacute;mbitos, prevalece claramente la informalidad institucional en contradicci&oacute;n a veces con la formalidad a la que anula y sustituye en los hechos.    <br>     Prats (2004)</p> </blockquote>     <p align="justify">En las secciones anteriores se estableci&oacute; que el factor com&uacute;n entre la debilidad de la democracia y la crisis socioecon&oacute;mica en Am&eacute;rica Latina es el exceso de desigualdad. En esta secci&oacute;n se hacen expl&iacute;citos algunos eslabonamientos causales entre estos tres elementos, con especial referencia a los pa&iacute;ses andinos. Como ya se advirti&oacute;, la inequidad distributiva es un rasgo hist&oacute;rico estructural de las sociedades latinoamericanas y la resultante de acontecimientos m&aacute;s recientes, entre ellos las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas adoptadas durante los &uacute;ltimos dos decenios, especialmente en los a&ntilde;os noventa.</p>     <p align="justify"> Hoy en d&iacute;a est&aacute; fuera de discusi&oacute;n que las reformas estructurales (Consenso de Washington) se tradujeron no s&oacute;lo en tasas de crecimiento m&aacute;s bajas e inestables que las del promedio hist&oacute;rico, sino que exacerbaron los desequilibrios sociales. Sin embargo, para los prop&oacute;sitos de este trabajo interesa hacer expl&iacute;citas las pol&iacute;ticas que agravaron el problema distributivo. Cabe destacar las siguientes: a) apertura comercial, a trav&eacute;s del aumento de la brecha entre trabajadores calificados y no calificados; entre territorios exportadores y no exportadores, y entre zonas urbanas y rurales; b) operaciones de salvataje financiero, para conjurar crisis bancarias cuyo alt&iacute;simo costo se ha financiado con impuestos m&aacute;s altos y reducci&oacute;n del gasto social; c) reformas tributarias con &eacute;nfasis en impuestos regresivos; d) gasto p&uacute;blico proc&iacute;clico que reduce el gasto social per c&aacute;pita cuando m&aacute;s se necesita; e) privatizaciones cuyos efectos positivos sobre la cobertura han sido neutralizados por los aumentos de tarifas; f) gasto social ineficiente, que a pesar de su monto creciente no logra mejoras significativas en educaci&oacute;n, salud y reducci&oacute;n de la pobreza.</p>     <p align="justify"> Vale la pena, entonces, preguntarse con Grindle:</p>      <blockquote>    <p align="justify">&iquest;Porqu&eacute; los gobiernos escoger&iacute;an y mantendr&iacute;an pol&iacute;ticas que han demostrado ser ineficaces para el desarrollo econ&oacute;mico? &iquest;Porqu&eacute; algunos gobiernos escogen alterar las pol&iacute;ticas y las estrategias de desarrollo en forma significativa mientras que otros se adhieren a pol&iacute;ticas que son econ&oacute;mica, social y pol&iacute;ticamente destructivas? [&hellip;] &iquest;C&oacute;mo las instituciones moldean las oportunidades de la reforma? (2002, 341).</p> </blockquote>     <p align="justify">Aunque para responder estos interrogantes existen varios enfoques te&oacute;ricos, la perspectiva m&aacute;s af&iacute;n a nuestra discusi&oacute;n es la de la nueva econom&iacute;a institucional, liderada por North y otros autores. North comienza as&iacute; su tratado cl&aacute;sico sobre las instituciones:</p>      <blockquote>    <p align="justify">Las instituciones [formales e informales] son las reglas del juego de una sociedad o, m&aacute;s formalmente, las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacci&oacute;n humana. Por consiguiente, estructuran incentivos en el intercambio humano, pol&iacute;tico, social o econ&oacute;mico. El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo, por lo cual es la clave para entender el cambio hist&oacute;rico (1990, 10).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Y m&aacute;s adelante a&ntilde;ade:</p>      <blockquote>    <p align="justify">Las instituciones no son necesariamente o ni siquiera son usualmente creadas para ser socialmente eficientes; m&aacute;s bien ellas, o al menos las reglas formales, son creadas para servir los intereses de aquellos con el poder de fortaleza de negociaci&oacute;n para dise&ntilde;ar las reglas (ib&iacute;d., 12).</p> </blockquote>     <p align="justify">Se puede inferir que las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas est&aacute;n condicionadas por las instituciones (Persson, 2001) y &eacute;stas, a su vez, por los intereses de las &eacute;lites que controlan el poder. Seg&uacute;n Acemoglu et al. (2004b, 1-2):</p>      <blockquote>    <p align="justify">Las instituciones econ&oacute;micas de la sociedad, como los derechos de propiedad y la estructura de los mercados, son de primordial importancia para los resultados econ&oacute;micos. Las instituciones econ&oacute;micas son importantes porque afectan la estructura de los incentivos econ&oacute;micos en la sociedad [&hellip;] las sociedades con instituciones econ&oacute;micas que facilitan y promueven la acumulaci&oacute;n de factores, la innovaci&oacute;n y la asignaci&oacute;n eficiente de factores, prosperar&aacute;n.</p> </blockquote>     <p align="justify"> Surge una pregunta: &iquest;cu&aacute;les son, entonces, las instituciones relevantes para el desarrollo? Si bien la construcci&oacute;n de indicadores tropieza con problemas de disponibilidad y calidad de la informaci&oacute;n y las definiciones corren el riesgo de ser tautol&oacute;gicas, en el sentido de que consideran instituciones &ldquo;buenas&rdquo; a las que tienen los pa&iacute;ses exitosos, en la literatura acad&eacute;mica existe un alto grado de consenso en cuanto a que las instituciones que m&aacute;s inciden en el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico son las siguientes (Kaufman et al., 2003): voz y rendici&oacute;n de cuentas, estabilidad pol&iacute;tica, efectividad del gobierno, imperio de la ley, calidad de la regulaci&oacute;n y control de la corrupci&oacute;n.</p>     <p align="justify"> Las comparaciones internacionales sobre la calidad de las instituciones arrojan resultados que colocan sistem&aacute;ticamente a los pa&iacute;ses andinos por debajo de 0 en una escala de -3 a 3. No obstante, en varios casos los niveles andinos de calidad institucional est&aacute;n por encima del patr&oacute;n que corresponde a su nivel de ingreso per c&aacute;pita (ver <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a><a name="vg4"></a>).</p>     <p align="justify"> Constatando que las instituciones andinas son de baja calidad y siguiendo en busca de relaciones causales, cabe preguntar ahora cu&aacute;l es la explicaci&oacute;n de este fen&oacute;meno. Como entes sociales, las instituciones son end&oacute;genas, es decir, resultado de las caracter&iacute;sticas del sistema pol&iacute;tico que las producen. A su vez, como ya se dijo, est&aacute;n condicionadas en cierta medida por factores relativamente ex&oacute;genos como la geograf&iacute;a, la historia, la cultura y la etnia, pero fundamentalmente por la forma en que se distribuye el poder.</p>     <p align="justify"><a href="#vg4">Gr&aacute;fica 4</a><a name="g4"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Instituciones (gobernabilidad) promedio e ingreso per c&aacute;pita PPP, 2004</p>     <p align="justify"> <img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a8g4.jpg" width="510" height="283">    <br> <font size="1">Fuente: Banco Mundial (2005a y 2005b), elaboraci&oacute;n del autor.</font></p>     <p align="justify">En este punto, se comienza a cerrar el circuito de causalidades viciosas que este trabajo se propone evidenciar. En efecto, si en los sistemas pol&iacute;ticos de los pa&iacute;ses andinos el poder est&aacute; concentrado en unos pocos grupos, por lo que su nivel democr&aacute;tico es de &ldquo;baja intensidad&rdquo; y su capitalismo de &ldquo;compinches&rdquo;, es l&oacute;gico que las instituciones resultantes reflejen intereses particularistas y no el bien com&uacute;n (Panizza, 1999). Adem&aacute;s, seg&uacute;n Rodrik (2000), la democracia pol&iacute;tica es la <i>meta-instituci&oacute;n</i> necesaria para construir buenas instituciones. A una conclusi&oacute;n similar llegan Acemoglu et al. (2004b, 72):</p>      <blockquote>    <p align="justify">Los eventos [analizados en el trabajo] ilustran los distintos elementos de nuestro marco anal&iacute;tico. En particular, muestran la utilidad de concebir las instituciones pol&iacute;ticas y la distribuci&oacute;n de los recursos econ&oacute;micos como las principales variables de un sistema din&aacute;mico que determina la distribuci&oacute;n del poder pol&iacute;tico y, a trav&eacute;s de este canal, las instituciones econ&oacute;micas y los resultados econ&oacute;micos.</p> </blockquote>     <p align="justify">En los pa&iacute;ses andinos &ndash;como en el resto de Am&eacute;rica Latina&ndash; se dio adem&aacute;s la circunstancia de que las flamantes democracias de los a&ntilde;os ochenta abrazaron con entusiasmo las pol&iacute;ticas del Consenso de Washington (Torre, 1998 y Ocampo, 2004, 300), sin tener en cuenta el grado de preparaci&oacute;n de las instituciones ni prevenir sus perniciosos efectos redistributivos. Algunos analistas han observado ir&oacute;nicamente que, de haber seguido el catecismo neoliberal, ni Alemania ni Estados Unidos jam&aacute;s se hubieran industrializado (Edwards, 1999).</p>     <p align="justify"> John Williamson, el c&eacute;lebre codificador del Consenso de Washington, escribi&oacute; recientemente:</p>      <blockquote>    <p align="justify">es necesario decir que lo que fue conocido ampliamente como Consenso de Washington &ndash;la versi&oacute;n predicada en esos tiempos por algunas de las instituciones financieras internacionales y las agencias del gobierno de Estados Unidos y que fue <i>entusiastamente respaldada por gran parte de la &eacute;lite latinoamericana</i>&ndash; es de hecho culpable del entusiasmo descuidado por la liberalizaci&oacute;n en la cuenta de capital.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">mi versi&oacute;n del Consenso de Washington se qued&oacute; corta como manifiesto para guiar la pol&iacute;tica econ&oacute;mica en los a&ntilde;os noventa. Este fracaso en advertir a los pa&iacute;ses acerca de algunos de los riesgos que encontraron <i>descuid&oacute; las reformas institucionales, y estuvo estrechamente enfocado en el crecimiento</i> (2003, 393-394, &eacute;nfasis a&ntilde;adido).</p> </blockquote>     <p align="justify">Frente al supuesto agotamiento del modelo de sustituci&oacute;n de importaciones, el camino de la liberalizaci&oacute;n, la desregulaci&oacute;n y la privatizaci&oacute;n no era el &uacute;nico disponible para reactivar el crecimiento. Ah&iacute; estaba, por ejemplo, la experiencia de los pa&iacute;ses del Sureste Asi&aacute;tico y de otros que, sin renunciar a un papel activo del Estado, desencadenaron procesos virtuosos de acumulaci&oacute;n de capital f&iacute;sico y humano con redistribuci&oacute;n de activos y de ingresos.</p>     <p align="justify">&iquest;Porqu&eacute; entonces Carlos Andr&eacute;s P&eacute;rez, que impuls&oacute; en su primer gobierno (1974-1979) un capitalismo de Estado en Venezuela, y V&iacute;ctor Paz Estensoro, uno de los l&iacute;deres hist&oacute;ricos de la legendaria revoluci&oacute;n nacional en la Bolivia de los a&ntilde;os cincuenta, adoptaron las mismas pol&iacute;ticas econ&oacute;micas de Pinochet, en la d&eacute;cada de los setenta, y de Fujimori, despu&eacute;s del autogolpe de 1992? &iquest;Porqu&eacute;, adem&aacute;s, las &eacute;lites empresariales &ndash;que se hab&iacute;an beneficiado del modelo ISI&ndash; apoyaron las pol&iacute;ticas neoliberales a sabiendas de que algunas de sus fracciones podr&iacute;an resultar perdedoras?</p>     <p align="justify"> La respuesta a estos interrogantes no es, ciertamente, la simplista que pone la carga en las imposiciones de la dupla FMI-Banco Mundial, puesto que &ndash;como indica Phillipps (1998)&ndash; las clases dirigentes latinoamericanas abrazaron alegremente las condiciones exigidas por dichos organismos. No s&oacute;lo eso, sino que luego amarraron las reformas a trav&eacute;s de acuerdos internacionales con Estados Unidos.</p>     <p align="justify"> La cuesti&oacute;n entonces es m&aacute;s compleja, y al respecto Tornell y Esquivel (1995) han elaborado un modelo te&oacute;rico, cuyo mensaje central resume Rodr&iacute;guez:</p>      <blockquote>    <p align="justify"> las disputas pol&iacute;ticas al interior de los grupos dominantes pueden resultar como una consecuencia del deterioro end&oacute;geno de la econom&iacute;a. Antes de la erupci&oacute;n de las disputas, una coalici&oacute;n de grupos (sindicatos, industriales, militares y partidos pol&iacute;ticos) gozan de privilegios rent&iacute;sticos. Una reforma ocurre cuando un grupo unilateralmente renuncia a estos privilegios.</p>       <p align="justify">Tal sacrificio implica una p&eacute;rdida econ&oacute;mica inmediata para el grupo reformista. Ning&uacute;n grupo querr&aacute; proceder as&iacute; mientras est&eacute; disfrutando de altos beneficios provenientes de sus privilegios rent&iacute;sticos. Pero en la medida en que el ejercicio simult&aacute;neo de actividades rent&iacute;sticas produce un deterioro econ&oacute;mico end&oacute;geno, un grupo puede tener el incentivo para renunciar a sus derechos, si tal acci&oacute;n debilita otros grupos de la coalici&oacute;n. La raz&oacute;n es que si ellos no ceden sus privilegios, entonces otros grupos de la coalici&oacute;n podr&iacute;an impulsar una reforma que los deje en peor situaci&oacute;n. Por consiguiente, los industriales estar&aacute;n dispuestos a liberalizar el comercio no porque ellos prefieran la apertura comercial al <i>statu quo</i>, sino porque prefieren la liberalizaci&oacute;n a la expropiaci&oacute;n por parte de los grupos laborales. La liberalizaci&oacute;n del comercio ser&aacute; apoyada por los industriales porque al debilitar la clase trabajadora evitan una situaci&oacute;n que eventualmente podr&iacute;a ser peor (2003, 34).</p> </blockquote>     <p align="justify"><a href="#vg5">Gr&aacute;fica 5</a><a name="g5"></a>    <br> Reformas estructurales, distribuci&oacute;n del ingreso y gobernabilidad</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">  <img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a8g5.jpg" width="588" height="709">    <br> <font size="1">Fuente: * DNP (2004), promedios m&oacute;viles trimestrales; ** PNUD (2004), el indicador fluct&uacute;a entre 0 (min) y 1 (m&aacute;x); *** Freedomhouse (2003), el indicador fluct&uacute;a entre 0 (min) y 1(m&aacute;x); **** Kaufman et al. (2003), el indicador fluct&uacute;a entre 0 (min) y 1 (m&aacute;x), y # Banco Mundial (2004); elaboraci&oacute;n del autor.</font></p>     <p align="justify">La explicaci&oacute;n de Tornell (de dos males el menor) es consistente con los hechos estilizados de las reformas, como se observa en la <a name="vg5"></a><a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a>. Mientras que el &iacute;ndice de reformas estructurales ascendi&oacute; persistentemente durante la d&eacute;cada de los ochenta en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses latinoamericanos (con excepci&oacute;n de Bolivia), los correspondientes a la de distribuci&oacute;n del ingreso (coeficiente de Gini) y a la calidad de la democracia se mantuvieron en sus niveles precarios o incluso se deterioraron.</p>     <p align="justify"><b>RASGOS DEL SISTEMA POL&Iacute;TICO DE LOS PA&Iacute;SES ANDINOS</b></p>     <p align="justify">En los &uacute;ltimos tres lustros han ocurrido acontecimientos pol&iacute;ticos en el &aacute;mbito andino que no favorecen la profundizaci&oacute;n de la democracia. El caso de Per&uacute;, el m&aacute;s notorio, fue descrito as&iacute; por Pease:</p>      <blockquote>    <p align="justify">El tipo de democracia que ten&iacute;amos permiti&oacute; que se instaurara un r&eacute;gimen autoritario mafioso que llev&oacute; al extremo el poder que de por s&iacute; ten&iacute;a el presidente en la democracia delegativa peruana [&hellip;] la estructura de las decisiones fue dirigida por un grupo mafioso que tomaba las decisiones autoritariamente. Este grupo mafioso [...] realiz&oacute; un desmonte de los controles horizontales y manipul&oacute; los verticales, la corrupci&oacute;n se constituy&oacute; as&iacute; en la otra cara del autoritarismo. La democracia delegativa fue propicia para generar un c&iacute;rculo vicioso: a menos controles, mayor corrupci&oacute;n; y al haber corrupci&oacute;n la mafia disolvi&oacute; los controles que subsist&iacute;an (2003, 99-150).</p> </blockquote>     <p align="justify">Y m&aacute;s adelante a&ntilde;adi&oacute;:</p>      <blockquote>    <p align="justify">Fujimori desde la presidencia liquida los dem&aacute;s poderes [el Congreso, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal de Garant&iacute;as Constitucionales, la Contralor&iacute;a, la Fiscal&iacute;a de la Naci&oacute;n, etc.] y controles con el autogolpe del 5 de abril; tras la intervenci&oacute;n de la OEA se genera un r&eacute;gimen autoritario civil- militar que construye una coalici&oacute;n dominante que encabeza la dupla mafiosa Fujimori-Montecinos; y que integra a la c&uacute;pula militar recompuesta, los servicios de inteligencia [&hellip;] los grandes empresarios, los due&ntilde;os de la televisi&oacute;n y parte de la prensa, tecn&oacute;cratas que establecen la vinculaci&oacute;n con los impulsores del Consenso de Washington (ib&iacute;d., 382).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En Bolivia, la renuncia del presidente S&aacute;nchez de Lozada en noviembre de 2003 &ndash;presionado por una violenta revuelta social (guerra del gas)&ndash; se&ntilde;al&oacute; los l&iacute;mites del gobierno de la &ldquo;democracia pactada&rdquo;, que estaba vigente desde 1985, y del modelo neoliberal introducido por el propio S&aacute;nchez de Lozada, como ministro de Econom&iacute;a del Presidente Paz Estenssoro en 1985<a name="n8"></a><sup><a href="#8">8</a></sup>. Junto con el ocaso de los modelos pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, en la actual coyuntura boliviana surgen dos vectores nuevos: el resurgimiento de los movimientos sociales y &eacute;tnicos, y la agudizaci&oacute;n de los conflictos regionales (Basset, 2004).</p>     <p align="justify"> Una situaci&oacute;n parcialmente similar se presenta en Venezuela, donde el ascenso al poder del presidente Ch&aacute;vez &ndash;en enero de 1999&ndash; marc&oacute; el final del modelo de democracia pactada que estableci&oacute; el Pacto de Punto Fijo<a name="n9"></a><sup><a href="#9">9</a></sup>, vigente desde 1950. La agon&iacute;a del &ldquo;puntofijismo&rdquo; comenz&oacute; en marzo de 1993, con la renuncia forzada del presidente P&eacute;rez, acusado entonces de malversaci&oacute;n de fondos.</p>     <p align="justify"> El programa del gobierno de Ch&aacute;vez &ndash;quien ya sufri&oacute; un intento de golpe de Estado en enero de 2002&ndash;, que se autodenomina &ldquo;Proyecto Bolivariano&rdquo;, contiene una serie de elementos que representan una ruptura con el modelo neoliberal entronizado en el segundo gobierno de Carlos Andr&eacute;s P&eacute;rez (1989-1993)<sup><a href="#10">10</a></sup><a name="n10"></a>, como las leyes de democratizaci&oacute;n de la propiedad y la producci&oacute;n (tierras, pesca y agricultura), la participaci&oacute;n social en la elaboraci&oacute;n de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, el manejo estatal de los hidrocarburos, el aumento del gasto social del Estado y la autonom&iacute;a de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica internacional.</p>     <p align="justify"> No obstante, el proyecto de la Quinta Rep&uacute;blica conserva elementos de la ortodoxia neoliberal heredados de los reg&iacute;menes anteriores, y no ha logrado consolidar una pol&iacute;tica social acorde con el discurso pol&iacute;tico<sup><a name="n11"></a><a href="#11">11</a></sup> ni, en general, un modelo de desarrollo alternativo global y coherente<sup><a name="n12"></a><a href="#12">12</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Adem&aacute;s, asociada a la idea bolivariana est&aacute; la noci&oacute;n del papel central del estamento militar (y la unidad c&iacute;vico-militar) en todo el proceso que, junto con el car&aacute;cter unipersonal del liderazgo, le dan un car&aacute;cter autoritario incongruente con el avance de la democracia<a name="n13"></a><sup><a href="#13">13</a></sup>.</p>     <p align="justify"> Un modelo de &ldquo;democracia pactada&rdquo; tambi&eacute;n estuvo vigente constitucionalmente en Colombia entre 1958-1972, habi&eacute;ndose prolongado <i>de facto</i> hasta 1991, cuando una nueva constituci&oacute;n termin&oacute; con el monopolio de los partidos liberal y conservador, y ampli&oacute; la participaci&oacute;n a todas las franjas del espectro pol&iacute;tico. Colombia es una de las democracias electorales m&aacute;s antiguas del continente &ndash;los militares s&oacute;lo se han tomado el poder en dos ocasiones desde la independencia a comienzos del siglo XIX&ndash; y fue el pa&iacute;s de la regi&oacute;n latinoamericana que mejor naveg&oacute; por el mar picado de la &ldquo;d&eacute;cada perdida&rdquo; de los ochenta.</p>     <p align="justify"> No obstante, a lo largo de toda su vida republicana, Colombia ha sido cruelmente afectada por los conflictos armados internos. Casi una veintena de guerras civiles en el siglo XIX y en la actualidad un ciclo de violencia pol&iacute;tica que, habiendo comenzado en los a&ntilde;os cincuenta, es ya el m&aacute;s viejo del mundo, constituyen el oscuro pasivo de la democracia colombiana. El problema se agrav&oacute; desde mediados de los a&ntilde;os ochenta, con el incremento de las actividades del narcotr&aacute;fico<sup><a name="n14"></a><a href="#14">14</a></sup>, y parece haber llegado &ndash;durante la administraci&oacute;n Uribe&ndash; a un punto que los expertos en resoluci&oacute;n de conflictos llaman un &ldquo;empate mutuamente doloroso&rdquo; (Pizarro, 2004).</p>     <p align="justify"> Las libertades civiles y pol&iacute;ticas en Colombia han oscilado &uacute;ltimamente al vaiv&eacute;n de la evoluci&oacute;n de la lucha del Estado contra la insurrecci&oacute;n armada y el narcotr&aacute;fico. Al per&iacute;odo de apertura y di&aacute;logo del presidente Pastrana (1998-2002) sigui&oacute; el de &ldquo;tolerancia cero&rdquo; de la administraci&oacute;n actual, que tiene sin embargo altos costos en t&eacute;rminos del respeto a los derechos humanos y de subordinaci&oacute;n de todos los objetivos de la acci&oacute;n gubernamental (incluida la pol&iacute;tica internacional) a la agenda de seguridad militar. Si a lo anterior se suma el proyecto de reelecci&oacute;n inmediata del presidente Uribe, se va configurando claramente una tendencia hacia un presidencialismo &ldquo;imperial&rdquo;, o por lo menos autoritario, en el cual se desdibuja la cl&aacute;sica separaci&oacute;n de poderes que constituye la m&eacute;dula de los sistemas democr&aacute;ticos (Vargas, 2004).</p>     <p align="justify"> Por ello, nada m&aacute;s pertinente en las actuales circunstancias de la vida colombiana que la recomendaci&oacute;n del PNUD (2003, 397-398):</p>      <blockquote>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Parece una realidad de Perogrullo y sin embargo necesita explicaci&oacute;n: la condici&oacute;n <i>sine qua non</i> de un proceso de paz es la voluntad, o cuando menos de dialogar para saber si es posible negociar. Hay quienes creen que llegar a eso supone derrotar al enemigo, vale decir, que haya capitulaci&oacute;n en vez de acuerdo; pero aqu&iacute; hablamos de acortar la guerra y de disminuir el da&ntilde;o, o sea de acuerdos en alguna medida &ndash;ojal&aacute; en gran medida&ndash; voluntarios<a name="n15"></a><sup><a href="#15">15</a></sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify"> Finalmente, en este somero repaso de la coyuntura pol&iacute;tica andina cabe un breve comentario sobre Ecuador. En este pa&iacute;s, despu&eacute;s de la destituci&oacute;n del presidente Bucaram en 1997 por &ldquo;incapacidad mental para gobernar&rdquo; ha habido hasta hoy cinco presidentes, dos de ellos (Jamil Mahuad y Lucio Guti&eacute;rrez) obligados a renunciar. Todos estos gobiernos (incluido el del coronel Lucio Guti&eacute;rrez)<sup><a name="n16"></a><a href="#16">16</a></sup>, a pesar de la creciente insatisfacci&oacute;n popular, han mantenido una orientaci&oacute;n neoliberal en sus pol&iacute;ticas econ&oacute;micas, que llegaron al extremo de la dolarizaci&oacute;n plena de la econom&iacute;a en 2000.</p>     <p align="justify"> Claro que la ca&iacute;da de los gobiernos de S&aacute;nchez de Lozada en Bolivia y Guti&eacute;rrez en Ecuador, precipitada por movimientos populares, puede estar marcando el fin de los autoritarismos neoliberales elegidos por voto popular en la regi&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>      <blockquote>    <p align="justify">Cuando usted ha eliminado lo imposible, lo que queda, no importa cu&aacute;n improbable, debe ser la verdad.    <br>     Sherlock Holmes</p> </blockquote>     <p align="justify">Este trabajo ha mostrado que en las complejas relaciones entre democracia y desarrollo econ&oacute;mico no hay lugar para explicaciones monocausales ni unidireccionales. Se trata, m&aacute;s bien, de un intrincado circuito de causalidad circular que se retroalimenta din&aacute;micamente a distintos niveles y velocidades. No obstante, el nudo gordiano parece estar en la distribuci&oacute;n del ingreso, la variable con mayor impacto cruzado sobre todas las dem&aacute;s<a name="n17"></a><sup><a href="#17">17</a></sup>. Otra conclusi&oacute;n importante es que la democracia y el desarrollo econ&oacute;mico tienen cierta autonom&iacute;a, que hace posible actuar sobre los dos procesos con relativa independencia. Es decir, los bajos niveles de ingreso no son un obst&aacute;culo insalvable para el avance de la democracia, ni el buen desempe&ntilde;o econ&oacute;mico asegura autom&aacute;ticamente su profundizaci&oacute;n. El v&iacute;nculo que une las dos dimensiones son las instituciones de calidad y las pol&iacute;ticas redistributivas.</p>     <p align="justify"> Por instituciones de calidad no entendemos simplemente las ordenadas y eficientes, sino sobre todo &ndash;en el sentido rawlsiano&ndash; las justas. Y seg&uacute;n Rawls (1971): si las instituciones b&aacute;sicas de la sociedad no son justas, deben ser &ldquo;reformadas o abolidas&rdquo;. Estas ideas se representan en la <a href="#g6">gr&aacute;fica 6</a><a name="vg6"></a>.</p>     <p align="justify"><a href="#vg6">Gr&aacute;fica 6</a><a name="g6"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>   Causalidad circular acumulativa entre democracia y desarrollo en los pa&iacute;ses andinos </p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v8n14/v8n14a8g6.jpg" width="480" height="288">    <br> <font size="1">Fuente: elaboraci&oacute;n del autor.</font></p>     <p align="justify"><b>    <br>   NOTAS AL PIE</b> </p>     <p align="justify"><a href="#n1">1</a><a name="1"></a>. Joly (1582), libro escrito originalmente en franc&eacute;s en 1864, como una feroz diatriba contra el r&eacute;gimen de Napole&oacute;n III.</p>     <p align="justify"><a href="#n2">2</a><a name="2"></a>.  En los a&ntilde;os cincuenta, la teor&iacute;a de la modernizaci&oacute;n hizo &eacute;nfasis en la relaci&oacute;n inversa (Lipset, 1959), postulando una direcci&oacute;n causal desarrollo-democracia (la &ldquo;ecuaci&oacute;n optimista&rdquo;), posteriormente muy controvertida.</p>     <p align="justify"><a href="#n3">3</a><a name="3"></a>.  Desde otro &aacute;ngulo anal&iacute;tico, O&rsquo;Donnell (2004) se&ntilde;ala las falencias y limitaciones del Estado latinoamericano.</p>     <p align="justify"><a href="#n4">4</a><a name="4"></a>.  Quien advierte que no existe consenso acad&eacute;mico en relaci&oacute;n con los efectos negativos de la desigualdad sobre el crecimiento. Una revisi&oacute;n completa de esta literatura concluye que los efectos negativos de la desigualdad sobre el crecimiento son mayores cuando los mercados de capitales son imperfectos. Ver Aghion et al. (1999).</p>     <p align="justify"><a href="#n5">5</a><a name="5"></a>.  Para un an&aacute;lisis te&oacute;rico y emp&iacute;rico exhaustivo de estas relaciones en el caso de Centroam&eacute;rica, ver Paes de Barros (2005).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n6">6</a><a name="6"></a>.  El ingreso per c&aacute;pita no aument&oacute; durante todo el siglo XIX en Am&eacute;rica Latina, mientras que el de Estados Unidos creci&oacute; entre cuatro y seis veces (Haber, 2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n7">7</a><a name="7"></a>.  Parafraseando el t&iacute;tulo de la famosa obra de Ortega y Gasset en la que se advert&iacute;a que <i>La rebeli&oacute;n de las masas</i> amenazaba el orden social y las tradiciones civilizadoras de la cultura occidental, C. Lash escribi&oacute; <i>La rebeli&oacute;n de las &eacute;lites</i>. En este libro p&oacute;stumo, el c&eacute;lebre cr&iacute;tico cultural enjuicia a las &eacute;lites del poder que, al aislarse en sus redes y enclaves, abandonan a los dem&aacute;s estamentos sociales, dividen a la naci&oacute;n y traicionan la idea de una democracia concebida para todos los ciudadanos (Lash, 1996, 2).</p>     <p align="justify"><a href="#n8">8</a><a name="8"></a>.  El modelo surgi&oacute; en 1985 como resultado de un acuerdo pol&iacute;tico entre el presidente Paz Estensoro y la principal fuerza de oposici&oacute;n, el Partido Nacional (encabezado por Hugo Banzer) para asegurar la &ldquo;gobernabilidad&rdquo; y suavizar las pugnas con el Congreso. Dicho sistema se utiliz&oacute; antes en Colombia (Frente Nacional, 1958-1974) y en Venezuela (Pacto de Punto Fijo). Esto ocurri&oacute; antes de la promulgaci&oacute;n del manifiesto del Consenso de Washington, como resultado de la correlaci&oacute;n interna de fuerzas en Bolivia. El proceso cont&oacute; con la asesor&iacute;a del economista estadounidense Jeffrey Sachs.</p>     <p align="justify"><a href="#n9">9</a><a name="9"></a>.  Acordado en la localidad de Punto Fijo por los dos partidos mayoritarios de Venezuela: el Dem&oacute;crata Cristiano (COPEI) y Acci&oacute;n Popular (AP).</p>     <p align="justify"><a href="#n10">10</a><a name="10"></a>.  El presidente P&eacute;rez fue elegido para el cuatrienio 1989-1994, pero en 1993 fue obligado a renunciar por la raz&oacute;n mencionada.</p>     <p align="justify"><a href="#n11">11</a><a name="11"></a>.  Para una evaluaci&oacute;n de la pol&iacute;tica social, ver Maingon (2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n12">12</a><a name="12"></a>.  Es sintom&aacute;tico que algunos cr&iacute;ticos tilden al gobierno de Ch&aacute;vez de &ldquo;populismo macroecon&oacute;mico&rdquo;, otros de comunista y otros de neoliberal. Ver, respectivamente, Malav&eacute; (2004), G&oacute;mez (2003) y Vera (2001). </p>     <p align="justify"><a href="#n13">13</a><a name="13"></a>.  Para un an&aacute;lisis ponderado (a pesar del t&iacute;tulo) de las caracter&iacute;sticas del proyecto bolivariano, ver Lander (2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n14">14</a><a name="14"></a>.  Stiglitz atribuye la escalada de la violencia a los efectos perversos de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas que se han traducido en desempleo y pobreza (Stiglitz, 2003).</p>     <p align="justify"><a href="#n15">15</a><a name="15"></a>. El gobierno del presidente Uribe adelanta negociaciones con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), que combaten ilegalmente a la insurgencia armada.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n16">16</a><a name="16"></a>.  El presidente Lucio Guti&eacute;rrez lleg&oacute; al poder en octubre de 2002, encabezando una coalici&oacute;n del izquierdista Partido Popular Socialista y el movimiento indigenista Nuevo Pa&iacute;s-Pachakutik, y fue un participante activo en el golpe de Estado contra el presidente Mahuad en enero de 2000.</p>     <p align="justify"><a href="#n17">17</a><a name="17"></a>.  No hay espacio aqu&iacute; para examinar en detalle las acciones para atacar el problema de la desigualdad, pero en este tema el Banco Mundial, la CEPAL, el PNUD y la CAF (en el contexto andino) han hecho importantes contribuciones.</p> <hr>    <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <p align="justify">1. Acemoglu, D. &ldquo;Reversal of Fortune: Geography and Institutions in the Making of Modern World Income Distribution&rdquo;, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 118, 2002. </p>     <p align="justify">2. Acemoglu, D. et al. &ldquo;The Colonial Origins of Comparative Development: An Empirical Investigation&rdquo;, <i>American Economic Review</i> 91, 5, 2004a. </p>     <p align="justify">3.  Acemoglu, D. et al. &ldquo;Institutions as the Fundamental Cause of Long-Run Growth&rdquo;, <i>NBER Working Paper</i> 10481, 2004b. </p>     <p align="justify">4.  Aghion, P. et al. &ldquo;Inequality and Economic Growth: Perspective of the New Growth Theories&rdquo;, <i>Journal of Economic Literature</i> 28, 1999. </p>     <p align="justify">5.  Alesina, A. y R. Perotti. &ldquo;Income Distribution, Political Instability and Investment&rdquo;, <i>European Economic Review</i> 40, 1996. </p>     <!-- ref --><p align="justify">6.  Banco Mundial. <i>World Income Inequality Database</i>, <a href="http://www.worldbank.org" target="_blank">www.worldbank.org</a>, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200600010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7.  Banco Mundial. <i>World Development Indicators</i>, <a href="http://www.worldbank.org" target="_blank">www.worldbank.org</a>, 2005a. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996200600010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8.  Banco Mundial. <i>Governance Matters IV</i>, <a href="http://www.worldbank.org" target="_blank">www.worldbank.org</a>, 2005b. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996200600010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">9.  Barreda, M. y A. Costafreda. &ldquo;La democracia importa, pero con base en la igualdad&rdquo;, C. Binetti y F. Carrillo, eds., <i>&iquest;Democracia con desigualdad? Una mirada de Europa hacia Am&eacute;rica Latina</i>, Bogot&aacute;, BID, Uni&oacute;n Europea y Alfaomega, 2004. </p>     <p align="justify">10.  Barro, R. &ldquo;Democracy and Growth&rdquo;, <i>Journal of Economic Growth</i> 1, 1, 1996. </p>     <p align="justify">11.  Basset, Y. &ldquo;El derrumbe del modelo boliviano de gobernabilidad&rdquo;, <i>An&aacute;lisis Pol&iacute;tico</i> 51, 2004, IEPRI, Universidad Nacional de Colombia.</p>     <!-- ref --><p align="justify">12.  Binetti, C. y F. Carrillo, eds. <i>&iquest;Democracia con desigualdad? Una mirada de Europa hacia Am&eacute;rica Latina</i>, Bogot&aacute;, BID, Uni&oacute;n Europea y Alfaomega, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996200600010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13.  Bobbio, N. <i>El futuro de la democracia</i>, Madrid, Plaza &amp; Jan&eacute;s, 1985. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996200600010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14.  Buchanan, J. y R. Tullison. <i>Theory of Public Choice: Political Applications of Economics</i>, University of Michigan Press, 1972. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996200600010000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15.  Canetti, E. <i>Die gerettete Zunge. Geschichte einer Jugend</i>, 1977. Traducido al espa&ntilde;ol como <i>La lengua absuelta: autorretrato de infancia</i>, Barcelona, Muchnik Editores, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996200600010000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16.  CEPAL. <i>Panorama social de Am&eacute;rica Latina 2003-2004</i>, Santiago de Chile, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996200600010000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17.  De Ferranti, D. et al. <i>Inequality in Latin America and The Caribbean: Breaking with History</i>, Washington D. C., The World Bank, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996200600010000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18.  DNP. <i>Estad&iacute;sticas hist&oacute;ricas de Colombia</i>, www.dnp.gov.co, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996200600010000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19.  Downs, A. <i>An Economic Theory of Democracy</i>, Nueva York, Harper, 1957. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996200600010000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">20  Easterly, W. y R. Levine. &ldquo;Tropics, Germs and Crops: How Endowments Influence Economic Development&rdquo;, <i>Journal of Monetary Economics</i> 50, 1, 2003. </p>     <!-- ref --><p align="justify">21.  Edwards, M. <i>Future Positive. International Cooperation in the 21st Century</i>, London, Earthscan, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996200600010000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">22.  Engerman, S. y K. Sokoloff. &ldquo;Factor Endowments, Institutions and Differential Growth Rates among New World Economies&rdquo;, S. Haber, ed., <i>How Latin America Fell Behind</i>, Stanford, Stanford University Press, 1997. </p>     <p align="justify">23.  Engerman, S. y K. Sokoloff. &ldquo;Colonialism, Inequality and Long-run Paths of Development&rdquo;, <i>NBER Working Paper 11057</i>, Cambridge, Mass, 2005. </p>     <!-- ref --><p align="justify">24.  Freedomhouse. <i>Freedom and Democracy Indicators</i>, <a href="http://www.freedomhouse.org" target="_blank">www.freedomhouse.org</a>, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996200600010000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25.  Gargarella, R. <i>Las teor&iacute;as de la justicia despu&eacute;s de Rawls. Un breve manual de filosof&iacute;a pol&iacute;tica</i>, Buenos Aires, Paid&oacute;s, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996200600010000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">26.  G&oacute;mez, E. &ldquo;La unidad de la oposici&oacute;n&rdquo;, <i>El Universal</i>, 4 de mayo, Caracas, 2003. </p>     <p align="justify">27.  Grindle, M. &ldquo;En busca de lo pol&iacute;tico: la econom&iacute;a de la formulaci&oacute;n de pol&iacute;ticas de desarrollo&rdquo;, G. Meier y J. Stiglitz, eds., <i>Fronteras de la econom&iacute;a del desarrollo. El futuro en perspectiva</i>, Bogot&aacute;, Banco Mundial y Alfaomega, 2002. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">28.  Haber, S., ed.<i> Crony Capitalism and Economic Growth in Latin America, Theory and Evidence</i> 48, Hoover Institution Press, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996200600010000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29.  Huntington, S. <i>The Third Wave. Democratization in the Late Twentieth Century</i>, Norman, OK, University of Oklahoma Press. Publicado en espa&ntilde;ol como: <i>La tercera ola. La democratizaci&oacute;n a finales del siglo XX</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 1991. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996200600010000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30.  Joly, M. <i>Di&aacute;logo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu</i>, 2.&ordf; ed. en espa&ntilde;ol, Barcelona, Muchnik, 1982. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996200600010000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31.  Kaufman, D., et al. <i>Governance Matters III: Governance Indicators for 1996-2002</i>, The World Bank, disponible en Internet, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996200600010000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">32.  Krueger, A. &ldquo;Why Crony Capitalism is bad for Economic Growth?&rdquo;, S. Haber, ed., <i>Crony Capitalism and Economic Growth in Latin America, Theory and Evidence</i> 48, Hoover Institution Press, 2004. </p>     <p align="justify">33.  Lander, E. &ldquo;Venezuela: la b&uacute;squeda de un proyecto contrahegem&oacute;nico&rdquo;, A. E. Cece&ntilde;a, comp., <i>Hegemon&iacute;as y emancipaciones en el siglo XXI</i>, Buenos Aires, CLACSO, 2004. </p>     <!-- ref --><p align="justify">34.  Lash, C. <i>La rebeli&oacute;n de las &eacute;lites y la traici&oacute;n a la democracia</i>, Barcelona, Paid&oacute;s, 1996&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996200600010000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">35. Lipset, S. M. &ldquo;Some Social Requisites of Democracy: Economic Development and Political Legitimacy&rdquo;, <i>American Political Science Review</i> 53, 1959. </p>     <p align="justify">36.  Lipset, S. M. &ldquo;The Social Requisites of Democracy Revisited&rdquo;, <i>American Sociological Review</i> 59, 1, 1994. </p>     <p align="justify">37.  Mac&iacute;as-Aymar, I. &ldquo;&iquest;La desigualdad de ingresos limita la calidad de la democracia? Primeros resultados&rdquo;, C. Binetti y F. Carrillo, eds., <i>&iquest;Democracia con desigualdad? Una mirada de Europa hacia Am&eacute;rica Latina</i>, Bogot&aacute;, BID, Uni&oacute;n Europea y Alfaomega, 2004. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">38.  Maingon, T. &ldquo;Pol&iacute;tica social en Venezuela 1999-2003&rdquo;, <i>Cuadernos del CENDES</i> 55, 2004, Caracas, Universidad Central de Venezuela.</p>     <p align="justify">39. Malav&eacute;, H. &ldquo;Venezuela recesiva: diagn&oacute;stico de un lustro perdido (1999-2004)&rdquo;, <i>Nueva Econom&iacute;a</i> 21-22, 2004, Caracas, Academia Nacional de Ciencias Econ&oacute;micas.</p>     <p align="justify">40  Mart&iacute;nez, H. &ldquo;Prefacio de la Directora regional para Am&eacute;rica Latina y el Caribe del PNUD&rdquo;, <i>La democracia en Am&eacute;rica Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos</i>, Buenos Aires, PNUD, 2004. </p>     <p align="justify">41.  Metzler, A. H. y F. R. Scout. &ldquo;A Rational Theory of the Size of the Government&rdquo;, <i>Journal of Political Economy</i> 89, 1981. </p>     <p align="justify">42.  Muller, E. N. &ldquo;Economic Determinants of Democracy&rdquo;, <i>American Sociological Review</i> 53, 1, 1995a. </p>     <p align="justify">43  Muller, E. N. &ldquo;Income Inequality and Democratization, Reply to Bollen and Jackman&rdquo;, <i>American Sociological Review</i> 60, 6, 1995b. </p>     <!-- ref --><p align="justify">44.  North, D. <i>Institutions, Institutional Change and Economic Performance</i>, Cambridge, Mass., Cambridge University Press. Publicado en espa&ntilde;ol como: <i>Instituciones, cambio institucional y desempe&ntilde;o econ&oacute;mico</i>, M&eacute;xico D. F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1990. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0124-5996200600010000800044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">45.  North, D. et al. &ldquo;Orden, desorden y cambio econ&oacute;mico: Latinoam&eacute;rica vs. Norteam&eacute;rica&rdquo;, <i>Revista Instituciones y Desarrollo</i> 12-13, 2002.</p>     <p align="justify">46. O&rsquo;Donell, G. &ldquo;Acerca del Estado contempor&aacute;neo en Am&eacute;rica Latina contempor&aacute;nea: diez tesis para discusi&oacute;n&rdquo;, PNUD, <i>La democracia en Am&eacute;rica Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos. Contribuciones para el debate</i>, Nueva York, Aguilar et al, 2004. </p>     <p align="justify">47.  Ocampo, J. A. &ldquo;Econom&iacute;a y democracia&rdquo;, PNUD, <i>La democracia en Am&eacute;rica Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos. Contribuciones para el debate</i>, Nueva York, Aguilar et al, 2004. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">48.  Olson, M. <i>The Logic of Collective Action: Public Goods and the Theory of Groups</i>, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1965. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000233&pid=S0124-5996200600010000800048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49.  Paes de Barros, R. <i>Crecimiento con equidad. La lucha contra la pobreza en Centroam&eacute;rica</i>, Bogot&aacute;, PNUD, IPEA y Alfaomega, 2005. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000234&pid=S0124-5996200600010000800049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50.  Panizza, U. <i>Political Determinants for Institutional Quality</i>, Washington D. C., BID, 1999. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000235&pid=S0124-5996200600010000800050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51.  Pease G., H. <i>La autocracia fujimorista. Del Estado intervencionista al Estado mafioso</i>, Lima, Pontificia Universidad Cat&oacute;lica y Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000236&pid=S0124-5996200600010000800051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">52.  Persson, T. &ldquo;Do Political Institutions Shape Economic Policy?&rdquo;, <i>NBER Working Paper</i> 8214, 2001. </p>     <!-- ref --><p align="justify">53. Phillips, N. <i>Globalization and the Paradox of Sate Power. Perspectives from Latin America</i>, Centre for the Study of Globalization and Regionalization (CSGR), University of Warwick, disponible en internet, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000238&pid=S0124-5996200600010000800053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">54. Pizarro, E. &ldquo;Una luz al final del t&uacute;nel. Balance estrat&eacute;gico del conflicto armado en Colombia&rdquo;, <i>Nueva Sociedad</i> 192, 2004, Caracas.</p>     <!-- ref --><p align="justify">55.  PNUD. <i>El conflicto, callej&oacute;n con salida. Informe Nacional del Desarrollo Humano. Colombia 2003</i>, Bogot&aacute;, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000240&pid=S0124-5996200600010000800055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">56. PNUD.<i> La democracia en Am&eacute;rica Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos. Contribuciones para el debate</i>, Buenos Aires, Aguilar et al, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000241&pid=S0124-5996200600010000800056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">57.  Prats, J.&ldquo;Gobernabilidad para el desarrollo. Propuesta de un marco conceptual y anal&iacute;tico&rdquo;, C. Binetti y F. Carrillo, eds., <i>&iquest;Democracia con desigualdad? Una mirada de Europa hacia Am&eacute;rica Latina</i>, Bogot&aacute;, BID, Uni&oacute;n Europea y Alfaomega, 2004. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">58.  Rawls, J. <i>A Theory of Justice</i>, Cambridge, Harvard University Press, 1971. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000243&pid=S0124-5996200600010000800058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">59. Rodr&iacute;guez, F. &ldquo;The Political Economy of Latin American Economic Growth&rdquo;, World Bank Global Development Network Research Project, 2003. </p>     <p align="justify">60.  Rodrik, D. &ldquo;Institutions for High-quality Growth: What They are and How to Acquire Them&rdquo;, <i>NBER Working Paper</i> 7540, 2000. </p>     <!-- ref --><p align="justify">61.  Sen, A. <i>Development and Freedom</i>, New York, Random House. Publicado en espa&ntilde;ol como <i>Desarrollo y libertad</i>, Bogot&aacute;, Planeta, 2000. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000246&pid=S0124-5996200600010000800061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">62.  Solimano, A. <i>Governance Crisis and the Andean Region: A Political Economy Analysis</i>, Santiago de Chile, CEPAL, 2003. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000247&pid=S0124-5996200600010000800062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">63.  Stiglitz, J. &ldquo;Hacia una econom&iacute;a sostenible. Conflicto y post-conflicto en Colombia&rdquo;, Seminario organizado por la Fundaci&oacute;n Agenda Colombia, 2003. </p>     <p align="justify">64.  Tornell, A. y G. Esquivel. &ldquo;The Political Economy of Mexico&rsquo;s Entry into NAFTA&rdquo;, <i>NBER Working Paper</i> 5322, 1995. </p>     <!-- ref --><p align="justify">65. Torre, J. C. <i>El proceso pol&iacute;tico de las reformas econ&oacute;micas en Am&eacute;rica Latina</i>, M&eacute;xico D. F., Paid&oacute;s, 1998. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000250&pid=S0124-5996200600010000800065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">66.  Touraine, A. <i>&iquest;Qu&eacute; es la democracia?</i>, M&eacute;xico D. F., Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1995. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000251&pid=S0124-5996200600010000800066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify">67.  Vargas, A. &ldquo;El gobierno de &Aacute;lvaro Uribe: proyecto y resultados. Pol&iacute;ticas, estrategias y doctrinas&rdquo;, <i>Nueva Sociedad </i>192, 2004, Caracas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">68.  Vera, L. &ldquo;El balance es neoliberal&rdquo;, <i>Venezuela Anal&iacute;tica</i>, 23 de julio, disponible en Internet: <a href=" //www.analitica.com/ve/economia/opinión/1338346.asp" target="_blank"> //www.analitica.com/ve/economia/opinión/1338346.asp</a>, 2001. </p>     
<!-- ref --><p align="justify">69. Weil, D. <i>Economic Growth, Boston</i>, Addison-Wesley, 2004. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000254&pid=S0124-5996200600010000800069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">70.  Williamson, J. <i>Despu&eacute;s del Consenso de Washington. Relanzando el crecimiento y las reformas en Am&eacute;rica Latina</i>, Lima, Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Publicado en ingl&eacute;s como <i>After the Washington Consensus. Restoring Growth and Reform in Latin America</i>, Washington D. C., Institute for International Economics, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000255&pid=S0124-5996200600010000800070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">71.  Wright Mills, C. <i>The Power Elite</i>, 1956, New York, Oxford University Press. Publicado en espa&ntilde;ol como <i>La &eacute;lite del poder</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1.&ordf; ed. 1957.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000256&pid=S0124-5996200600010000800071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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