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<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[REVISIÓN CRÍTICA DE LOS APORTES DEL INSTITUCIONALISMO A LA TEORÍA Y LA PRÁCTICA DEL DESARROLLO]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[CRITICAL REVIEW OF INSTITUTIONALISM’S CONTRIBUTION TO THE THEORY AND PRACTICE OF DEVELOPMENT]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper analyzes institutionalism’s contributions to development theory, and shows the need for a greater integration for the creation of successful institutional development strategies. It identifies the levels of institutional analysis levels, highlighting its frequency of change, type of institution and function performed. It also examines the contributions of rational and social choice institutionalism, organization theory, historical institutionalism and sociological institutionalism. Finally, it emphasizes the importance for complementarities between schools for the challenges faced by development policies.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>REVISI&Oacute;N CR&Iacute;TICA DE LOS APORTES DEL INSTITUCIONALISMO A LA TEOR&Iacute;A Y LA PR&Aacute;CTICA DEL DESARROLLO</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><b>CRITICAL REVIEW OF INSTITUTIONALISM&rsquo;S CONTRIBUTION TO THE THEORY AND PRACTICE OF DEVELOPMENT</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Joan Oriol Prats</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Mag&iacute;ster en An&aacute;lisis Econ&oacute;mico, consultor del Instituto Internacional de Gobernabilidad de Catalu&ntilde;a, Barcelona, Espa&ntilde;a, <a href="mailto:joanoriol.prats@iigov.org">joanoriol.prats@iigov.org</a> Agradezco los comentarios de dos revisores an&oacute;nimos de la revista y el apoyo econ&oacute;mico del proyecto CICYT SEC2003-09773-C02-01/CPSO. La responsabilidad de este escrito corresponde &uacute;nicamente al autor. Fecha de recepci&oacute;n: 26 de mayo de 2006, fecha de modificaci&oacute;n: 9 de agosto de 2006, fecha de aceptaci&oacute;n: 31 de enero de 2007.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: institucionalismo, teor&iacute;a del desarrollo, elecci&oacute;n racional, JEL: B52, O10, O20]</p>     <p align="justify">A partir de los aportes del pensamiento institucionalista a la teor&iacute;a del desarrollo, este trabajo subraya la necesidad de una mayor integraci&oacute;n para elaborar estrategias de desarrollo institucional m&aacute;s efectivas. Identifica los niveles de an&aacute;lisis institucional, destacando la frecuencia del cambio, el tipo de instituci&oacute;n y la funci&oacute;n que desempe&ntilde;a. Revisa los aportes del institucionalismo de la elecci&oacute;n racional y social, la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n, el institucionalismo hist&oacute;rico y el institucionalismo sociol&oacute;gico. Y muestra la importancia de las complementariedades entre las escuelas para afrontar los desaf&iacute;os de las pol&iacute;ticas de desarrollo.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: institutionalism, development theory, rational choice, JEL: B52, O10, O20]</p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">This paper analyzes institutionalism&rsquo;s contributions to development theory, and shows the need for a greater integration for the creation of successful institutional development strategies. It identifies the levels of institutional analysis levels, highlighting its frequency of change, type of institution and function performed. It also examines the contributions of rational and social choice institutionalism, organization theory, historical institutionalism and sociological institutionalism. Finally, it emphasizes the importance  for complementarities between schools for the challenges faced by  development policies.</font></p> <font face="Verdana" size="2"><hr align="JUSTIFY">     <p align="justify">    <br><b>INSTITUCIONES, ORGANIZACIONES Y DESARROLLO</b></p>     <p align="justify"> Las reglas y organizaciones que intervienen en el ejercicio del poder influyen de manera significativa en el nivel de vida. Un n&uacute;mero creciente de estudios demuestra emp&iacute;ricamente la importancia de las instituciones en el desarrollo (Acemoglu et al., 2001, y Bardhan, 2005). La comprensi&oacute;n del funcionamiento de las instituciones y su relevancia para el desarrollo se apoya en distintas escuelas, con su propia concepci&oacute;n del cambio institucional, que subrayan problemas que dan lugar a propuestas pol&iacute;ticas distintas. Este art&iacute;culo muestra sus aportes a la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica del desarrollo, y destaca sus diferencias y sus complementariedades.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las instituciones son las reglas formales o informales que estructuran la interacci&oacute;n social, los incentivos y restricciones que dan forma a la interacci&oacute;n humana (North, 1990). Mientras que &ldquo;las instituciones son las reglas del juego, las organizaciones son los jugadores. Su interacci&oacute;n genera el cambio institucional” (North, 1997, 15). Instituciones y organizaciones componen el esquema b&aacute;sico del an&aacute;lisis institucional, en el que organizaciones (grupos de presi&oacute;n, administraci&oacute;n, gobierno, legislativo, plataformas ciudadanas) con distintas capacidades e intereses operan con incentivos y restricciones definidos institucionalmente. Las instituciones establecen los incentivos y las restricciones que gu&iacute;an la percepci&oacute;n, las preferencias y las decisiones de individuos y organizaciones. La distinci&oacute;n entre reglas y actores es b&aacute;sica para entender los procesos de formaci&oacute;n de preferencias y el cambio institucional.</p>     <p align="justify">Puesto que las instituciones y las organizaciones operan en diversos niveles y sectores, el alcance del concepto de instituci&oacute;n a veces reduce su precisi&oacute;n. Como se&ntilde;ala Portes (2005), las concepciones m&aacute;s econ&oacute;micas tienden a adoptar una visi&oacute;n muy simplificada y poco precisa que suele ignorar la teor&iacute;a sociol&oacute;gica de la cultura y la estructura social. La tradici&oacute;n sociol&oacute;gica subraya la importancia de los procesos de legitimidad social en el cambio institucional, mientras que el enfoque m&aacute;s econ&oacute;mico se centra en el c&aacute;lculo estrat&eacute;gico de actores con recursos diferentes. Este trabajo destaca la complementariedad entre los dos enfoques para entender los v&iacute;nculos entre los distintos niveles institucionales en que operan los actores.</p>     <p align="justify">Como veremos, el cambio institucional es fruto de la interacci&oacute;n entre instituciones y organizaciones en entornos de incertidumbre y competencia, y es un resultado incremental del alineamiento progresivo de incentivos provenientes de distintos niveles de instituciones. Gran parte de los fracasos de las reformas pol&iacute;ticas e institucionales se debe a la falta de comprensi&oacute;n de la secuencia entre cambio institucional, cambio organizativo y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.</p>     <p align="justify">El estudio de las instituciones y organizaciones forma un vasto, complejo y din&aacute;mico cuerpo de pensamiento en el que coexisten varios tipos de institucionalismo. Cada uno de ellos identifica problemas espec&iacute;ficos para explicar los bloqueos al desarrollo. Aqu&iacute; se presentan sus principales diferencias y puntos de encuentro y se enfatiza la complementariedad de sus enfoques para elaborar estrategias de desarrollo que se adapten a las caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas de los pa&iacute;ses. Primero se identifican los niveles de an&aacute;lisis institucional, atendiendo principalmente a la frecuencia del cambio, al tipo de instituci&oacute;n y a la funci&oacute;n que desempe&ntilde;a; en este punto se examina la interacci&oacute;n entre el nivel institucional y el nivel organizativo, as&iacute; como las principales diferencias de sus objetos de estudio. Luego se describen los aportes de las principales teor&iacute;as institucionales: el institucionalismo de elecci&oacute;n racional y social, la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n, el institucionalismo hist&oacute;rico y el institucionalismo sociol&oacute;gico. Por &uacute;ltimo, se destaca la complementariedad de estos enfoques para afrontar los desaf&iacute;os de las pol&iacute;ticas de reforma institucional, en especial de las pol&iacute;ticas de desarrollo.</p>     <p align="justify"> <b>NIVELES DE AN&Aacute;LISIS INSTITUCIONAL</b></p>     <p align="justify">No hay una manera &uacute;nica de establecer las funciones que cumplen las instituciones. Desde una perspectiva general, su funci&oacute;n es desarrollar las capacidades humanas y promover el desarrollo (Sen, 2000). Esta funci&oacute;n general se realiza a trav&eacute;s de las funciones espec&iacute;ficas de los distintos tipos de instituciones<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a> (North, 1990) en sus distintos niveles (Williamson, 2000). El cuadro 1 muestra los niveles, la frecuencia del cambio y sus funciones.</p>     <p align="justify">Cuadro 1     <br>Niveles de instituciones</p>     <p align="justify"> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a6c1.jpg">    <br><font size="1">Fuente: elaboraci&oacute;n propia a partir de Williamson (2000).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El desarrollo depende del funcionamiento del conjunto de la matriz institucional, compuesta por instituciones y organizaciones que cambian a distintas velocidades. La coordinaci&oacute;n entre actores e instituciones que operan en los distintos niveles es esencial para el desarrollo. Por un lado, existen funciones clave que requieren instituciones y actores que operan a distinto nivel. Por ejemplo, la estabilidad macroecon&oacute;mica no se logra &uacute;nicamente con un banco central independiente, sino tambi&eacute;n con las decisiones de las instituciones que regulan el mercado laboral y las instituciones pol&iacute;ticas que definen el presupuesto. Por otro lado, una misma instituci&oacute;n puede realizar funciones diferentes. Las instituciones pol&iacute;ticas pueden escoger a los representantes y controlar a los pol&iacute;ticos, pero tambi&eacute;n tomar decisiones parlamentarias y escoger a los miembros del gobierno. Eso mismo sucede con las instituciones econ&oacute;micas, que pueden establecer los derechos de propiedad y a la vez fomentar el ahorro y la inversi&oacute;n.</p>     <p align="justify">La cultura y la estructura social constituyen el primer nivel institucional. Aunque, como se&ntilde;ala Portes (2005), no son instituciones en sentido estricto, influyen en las instituciones informales o &ldquo;reglas sociales compartidas, normalmente no escritas, cuyo cumplimiento se garantiza a trav&eacute;s de sanciones ‘no oficiales&rsquo;” (Helmke y Levitsky, 2003, 12-13). Los elementos culturales se refieren a la religi&oacute;n, el lenguaje, las tradiciones, las costumbres, la &eacute;tica y las normas sociales; mientras que la estructura social se refiere a las clases sociales y al ejercicio del poder de facto. Este nivel es el fundamento de los dem&aacute;s y de las instituciones formales que los constituyen. Las instituciones formales son reglas codificadas, abiertas al conocimiento del p&uacute;blico, comunicadas por medios oficiales y cuyo cumplimiento es garantizado por medios oficiales. Las instituciones formales est&aacute;n circunscritas en la realidad social m&aacute;s amplia.</p>     <p align="justify">La cultura y la estructura social cambian muy lentamente, durante per&iacute;odos de transici&oacute;n que suelen durar cerca de cien a&ntilde;os. Esto se debe a que la poblaci&oacute;n supone dadas la cultura y la estructura social y rara vez las pone en duda. Adem&aacute;s, el cambio tiene costos excesivos en t&eacute;rminos de coordinaci&oacute;n. Como veremos, el estudio de estas instituciones ha sido abordado sobre todo desde los institucionalismos sociol&oacute;gico e hist&oacute;rico, aunque un n&uacute;mero cada vez mayor de estudios combina el an&aacute;lisis hist&oacute;rico con t&eacute;cnicas de la escuela de la elecci&oacute;n racional, como los de Greif (1994 y 1997).</p>     <p align="justify">Conviene tener presente que la estructura social no surge del vac&iacute;o sino que depende de la trayectoria hist&oacute;rica de cada pa&iacute;s y de su dotaci&oacute;n territorial inicial. Engerman y Sokoloff (1997 y 2002) muestran que los tipos de cultivo influyeron de manera significativa en el nivel de desigualdad y la calidad de las instituciones, mientras que Acemoglu et al. (2001) muestran que el tipo de recursos f&iacute;sicos y humanos influy&oacute; en las instituciones que promovieron los colonizadores. La historia y el territorio son dos factores importantes para entender la estructura social, cuyos valores y costumbres tambi&eacute;n dependen de otros elementos como la religi&oacute;n y la composici&oacute;n &eacute;tnica.</p>     <p align="justify">En el segundo nivel figuran las instituciones relativas a las reglas formales del juego en sentido amplio. Estas definen el contexto institucional en el que los actores interact&uacute;an y toman decisiones (instituciones pol&iacute;ticas, jur&iacute;dicas y econ&oacute;micas). Las instituciones pol&iacute;ticas rigen la adopci&oacute;n de decisiones colectivas vinculantes y, por tanto, generan normas. Las jur&iacute;dicas garantizan los derechos de propiedad y las econ&oacute;micas dan estabilidad a los mercados.</p>     <p align="justify">El contexto institucional es la expresi&oacute;n de la estructura social. Para que sean eficaces, las instituciones jur&iacute;dicas, deben ser aceptadas y legitimadas socialmente. Sin esa aceptaci&oacute;n es muy costoso garantizar el cumplimiento de las normas. Lo mismo sucede con las instituciones pol&iacute;ticas, cuya estabilidad depende en gran medida de su legitimidad social. Cuando el contexto institucional no se ajusta a la estructura social existen graves problemas de apropiaci&oacute;n social de la norma y, en &uacute;ltimas, se crean instituciones disfuncionales. La eficacia con que las instituciones cumplen su funci&oacute;n depende de su afinidad con la estructura social. Sin embargo, los cambios en el contexto institucional son m&aacute;s frecuentes y r&aacute;pidos que los cambios en las instituciones informales y la cultura. Los cambios en el contexto institucional son relativamente escasos y est&aacute;n limitados parcialmente por la adaptaci&oacute;n a las instituciones sociales. El horizonte temporal de las principales instituciones pol&iacute;ticas, jur&iacute;dicas y econ&oacute;micas es de diez a cien a&ntilde;os, mientras que el de las instituciones sociales es de cien o m&aacute;s a&ntilde;os. Esta diferencia de velocidad del cambio provoca desajustes entre la estructura social y el contexto institucional. Cuando &eacute;ste avanza demasiado r&aacute;pido, sin esperar los cambios sociales necesarios, puede surgir inestabilidad e ineficacia debido a la falta de legitimidad social del contexto institucional.</p>     <p align="justify">En el tercer nivel est&aacute;n las reglas que se crean en el contexto institucional. Este es el nivel habitual de toma de decisiones y el de mayor interacci&oacute;n entre reglas y actores, por ello Williamson lo denomina nivel de gobernancia. La gobernancia define los arreglos institucionales a partir de los cuales se toman decisiones de pol&iacute;tica y se crean nuevas organizaciones: empresas, agencias reguladoras independientes, nuevas dependencias ministeriales, empresas p&uacute;blicas y privadas. En este nivel se dise&ntilde;an y ejecutan las decisiones p&uacute;blicas (como las pol&iacute;ticas sociales o econ&oacute;micas) y se definen las estructuras para el intercambio de bienes, servicios y trabajo a trav&eacute;s de contratos y mecanismos de resoluci&oacute;n de conflictos.</p>     <p align="justify">Los cambios en estas estructuras son m&aacute;s r&aacute;pidos que los cambios en el contexto institucional. Williamson (2000) sugiere un horizonte temporal de largo plazo de cinco a diez a&ntilde;os, pero a veces puede ser menor. Los arreglos institucionales est&aacute;n en interacci&oacute;n continua con el contexto institucional. Los actores del contexto institucional (gobierno, legislativo, corte suprema, y banco central) interact&uacute;an continuamente con los actores de los arreglos institucionales (administraci&oacute;n p&uacute;blica y de justicia, y empresas medianas y peque&ntilde;as). Muchos de los actores que definen el contexto institucional tambi&eacute;n intervienen en los arreglos institucionales, y viceversa. Por ejemplo, el gobierno influye en forma determinante en los arreglos institucionales, y muchas empresas grandes influyen de manera informal en el contexto institucional. Otros, como los partidos pol&iacute;ticos, intervienen en ambos niveles.</p>     <p align="justify">En el cuarto nivel figuran las instituciones que regulan la asignaci&oacute;n de recursos y las decisiones de compra, venta y producci&oacute;n. La organizaci&oacute;n de los mercados (monopolios, oligopolios), los servicios p&uacute;blicos y las relaciones entre y dentro de las empresas determinan precios, salarios, costos y cantidades intercambiadas. Este nivel est&aacute; sometido a fuertes imperfecciones que exigen una sincron&iacute;a progresiva y constante de los incentivos de los actores (gobierno, administraci&oacute;n, empresas y ciudadanos) para lograr resultados m&aacute;s eficientes y productivos. Esto lleva a que el cambio institucional sea m&aacute;s frecuente, inferior a un a&ntilde;o.</p>     <p align="justify">La divisi&oacute;n en niveles ordena los tipos de instituciones y actores, y muestra su estrecha interrelaci&oacute;n. La adopci&oacute;n de nuevas instituciones requiere la sincron&iacute;a entre los distintos niveles. Por ejemplo, las sociedades sin tradici&oacute;n de propiedad privada que han explotado sus recursos en forma comunitaria tienen dificultades para acoger las instituciones econ&oacute;micas capitalistas de Europa occidental. Como las instituciones relativas a la estructura social cambian m&aacute;s despacio, esto restringe el cambio en el contexto y los arreglos institucionales, que se deben adaptar a los fundamentos sociales en los que se circunscriben. A su vez, las pol&iacute;ticas se deben adaptar a la estructura social y al contexto institucional. Los per&iacute;odos de r&aacute;pido cambio social llevan normalmente a cambios en otros niveles. Por tanto, el cambio institucional es end&oacute;geno y depende de la acci&oacute;n de actores sometidos a los distintos niveles institucionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El cambio institucional no se produce &uacute;nicamente de arriba hacia abajo. Los cambios en los arreglos institucionales pueden producir cambios en los niveles superiores. Como se&ntilde;ala Greif (1994), el paso de contratos familiares –o entre personas de un mismo grupo &eacute;tnico– a contratos entre “extranjeros” gener&oacute; presiones para cambiar las instituciones que defin&iacute;an los derechos de propiedad y las relaciones contractuales. Joskow (2004) se&ntilde;ala que las decisiones de producci&oacute;n de las empresas que provocan una excesiva contaminaci&oacute;n pueden contribuir a dise&ntilde;ar mecanismos que protejan el medio ambiente. Las interacciones que llevan al cambio institucional pueden ser diversas, pero la velocidad, el car&aacute;cter y la asimilaci&oacute;n del cambio dependen del ajuste entre los niveles institucionales. Detectar las principales resistencias e identificar adecuadamente los tiempos de la reforma son elementos esenciales en el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas.</p>     <p align="justify">El institucionalismo se concentr&oacute; inicialmente en los niveles m&aacute;s bajos o micro de la jerarqu&iacute;a institucional (niveles 3 y 4), hoy un creciente n&uacute;mero de trabajos emp&iacute;ricos se concentra en los niveles superiores o macro (niveles 1 y 2). Adem&aacute;s, diversos trabajos se ocupan de la interacci&oacute;n entre niveles micro y macro, lo que enriquece la comprensi&oacute;n del origen y el cambio de las instituciones. Estas investigaciones han avanzado paralelamente con poca comunicaci&oacute;n mutua, lo que repercute negativamente en el dise&ntilde;o de estrategias de desarrollo institucional. A continuaci&oacute;n se examinan algunos aportes del institucionalismo al estudio del desarrollo.</p>     <p align="justify"><b>APORTES DEL INSTITUCIONALISMO AL DESARROLLO</b></p>     <p align="justify">El estudio de las instituciones tiene larga tradici&oacute;n, mayor incluso que la de los estudios del desarrollo, y se remonta a los trabajos de Cl&iacute;stenes sobre la democracia hace 2.500 a&ntilde;os (Whitehead, 2005). M&aacute;s recientemente, las bases te&oacute;ricas del an&aacute;lisis institucional hunden sus ra&iacute;ces en las teor&iacute;as econ&oacute;micas que surgieron en reacci&oacute;n a la corriente neocl&aacute;sica y al conductismo prevaleciente en las ciencias sociales durante la primera mitad de siglo XX. Esta secci&oacute;n sintetiza algunos de sus aportes a la teor&iacute;a del desarrollo desde la segunda mitad de siglo XX y destaca las principales diferencias entre escuelas.</p>     <p align="justify">Las nuevas formas de entender las instituciones han permitido superar los supuestos neocl&aacute;sicos tradicionales de los mercados perfectos y el “planificador benevolente” (Dixit, 1996), la identificaci&oacute;n conductista entre preferencias reales y preferencias observadas (Immergut, 1996), y la visi&oacute;n funcionalista del surgimiento de las instituciones como respuesta organizativa &oacute;ptima al entorno (Acemoglu, 2003). Aunque el institucionalismo recoge el rigor emp&iacute;rico del an&aacute;lisis conductista y el valor de los precios relativos de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica, no utiliza todos sus supuestos ni comparte todas sus conclusiones, sino que incorpora nuevos argumentos de trabajos te&oacute;ricos y emp&iacute;ricos posteriores.</p>     <p align="justify">Es relevante constatar la persistencia de instituciones ineficientes que no responden de manera &oacute;ptima al contexto. Los problemas de acci&oacute;n colectiva y de compromiso permiten que perduren instituciones ineficientes, a pesar de que otras instituciones lograr&iacute;an mejores resultados para el conjunto de la poblaci&oacute;n (Roland, 2004). A su vez, la difusi&oacute;n internacional de pol&iacute;ticas e instituciones mediante procesos de emulaci&oacute;n y coerci&oacute;n lleva a que el cambio institucional en muchos lugares no se adapte al contexto social y pol&iacute;tico, lo que dificulta a&uacute;n m&aacute;s el funcionamiento de las instituciones (Henisz et al., 2005). Estas consideraciones provienen de distintas corrientes institucionalistas y son complementarias.</p>     <p align="justify">El institucionalismo se construye progresivamente a partir de refutar, recoger y crear elementos de an&aacute;lisis que expliquen mejor la realidad en que act&uacute;an las organizaciones y las personas. Tiene una vocaci&oacute;n interdisciplinaria que ayuda a analizar objetos de estudio que se consideraban independientes. Bajo su paraguas se han estudiado los sistemas electorales, el control entre poderes, el sistema judicial, la pol&iacute;tica monetaria y educativa, la familia, las organizaciones civiles y otros &aacute;mbitos vinculados tradicionalmente a los estudios de derecho, econom&iacute;a y ciencia pol&iacute;tica. As&iacute; ofrece un marco de an&aacute;lisis com&uacute;n e incrementa los puentes de di&aacute;logo entre perspectivas antes separadas. Esto explica por qu&eacute; el an&aacute;lisis institucional utiliza argumentos de los cl&aacute;sicos de la ciencia pol&iacute;tica o econ&oacute;mica (como Jean-Jacques Rousseau o Adam Smith), enfoques te&oacute;ricos que se ven&iacute;an fraguando desde finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, y desarrollos te&oacute;ricos posteriores a la segunda mitad del siglo pasado.</p>     <p align="justify">Esta larga tradici&oacute;n dificulta la clasificaci&oacute;n de los diferentes enfoques. Aunque se han hecho diversas propuestas para clasificarlos (Nielsen, 2003; Peters, 1999; Shepsle, 1999; DiMaggio, 1998; Immergut, 1996; Rutherford, 1996, y Langlois, 1989), la evoluci&oacute;n del institucionalismo y su creciente interdisciplinariedad impiden una clasificaci&oacute;n compacta y consistente. El cuadro 2 propone una con el &aacute;nimo de ordenar los principales hallazgos y herramientas te&oacute;ricas, y destacar la integraci&oacute;n progresiva entre escuelas.</p>     <p align="justify">Se consideran cuatro grandes enfoques que se distinguen por la definici&oacute;n de instituci&oacute;n, el nivel de an&aacute;lisis, la concepci&oacute;n del surgimiento y el cambio de las instituciones, y los problemas que identifican. Se incluyen los aportes de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional y social, la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n, el institucionalismo hist&oacute;rico y el institucionalismo sociol&oacute;gico. Como veremos, las fronteras entre estos enfoques son cada vez m&aacute;s difusas debido a la creciente interdisciplinariedad e integraci&oacute;n de las perspectivas anal&iacute;ticas. Ello hace que sus l&iacute;mites sean tambi&eacute;n cada vez m&aacute;s difusos, aunque sigan siendo relevantes.</p>     <p align="justify">Cuadro 2     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>Escuelas institucionalistas</p>     <p align="justify"> <img src="/img/revistas/rei/v9n16/v9n16a6c2.jpg">    <br><font size="1">Fuente: elaboraci&oacute;n propia.</font></p>     <p align="justify"><b>T<small>EOR&Iacute;AS DE LA ELECCI&Oacute;N RACIONAL Y LA ELECCI&Oacute;N SOCIAL</small></b></p>     <p align="justify">Despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial, la obra de von Neumann y Morgenstern (1944) dio a luz la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional, a la que luego se denomin&oacute; teor&iacute;a de juegos. El aporte te&oacute;rico de la escuela de la elecci&oacute;n racional es ante todo metodol&oacute;gico, da nuevas herramientas para entender la interacci&oacute;n entre actores con una l&oacute;gica matem&aacute;tica. La teor&iacute;a de juegos parte de la acci&oacute;n estrat&eacute;gica de actores (organizaciones o personas) que buscan maximizar sus preferencias considerando las de los dem&aacute;s. A partir de su programa de maximizaci&oacute;n, cada actor deriva sus respuestas o estrategias &oacute;ptimas ante cada estrategia posible de los dem&aacute;s actores que intervienen en el juego. Los actores calculan racionalmente los beneficios y costos de cada estrategia posible teniendo en cuenta las del resto y optan por la de mayor utilidad esperada. El conjunto de estrategias &oacute;ptimas de cada jugador da lugar a uno o varios equilibrios<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p align="justify">En teor&iacute;a de juegos, las instituciones son fruto del inter&eacute;s mutuo de los actores, que acuerdan unos objetivos mutuamente ventajosos. Las preferencias son ex&oacute;genas, est&aacute;n preestablecidas y, por tanto, quedan fuera del modelo que se utiliza para explicar un resultado observado ex ante. Por ello, la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional tiene dificultades para explicar el cambio institucional, puesto que la racionalidad que explica un resultado s&oacute;lo puede explicar uno distinto si cambia la ordenaci&oacute;n de las preferencias de los individuos y los induce a actuar de otra manera. Estos cambios en la ordenaci&oacute;n de preferencias (par&aacute;metros) no se explican en el marco de la teor&iacute;a de juegos, “lo que reduce enormemente su capacidad para analizar el cambio institucional” (Mirowski, 1986, 252-255).</p>     <p align="justify">Al comienzo la teor&iacute;a de juegos se aplic&oacute; al estudio de las decisiones econ&oacute;micas de los individuos en el mercado, el marco de an&aacute;lisis se perfeccion&oacute; con la introducci&oacute;n de juegos din&aacute;micos, con informaci&oacute;n imperfecta e incompleta. Despu&eacute;s se utiliz&oacute; tambi&eacute;n para explicar las decisiones de empresas, organizaciones empresariales y sindicatos. Su aplicaci&oacute;n a las instituciones pol&iacute;ticas se inici&oacute; con el trabajo de Downs (1957), quien estudi&oacute; el comportamiento pol&iacute;tico adoptando las premisas de la maximizaci&oacute;n individual de la utilidad. El trabajo de Knight (1992) ampli&oacute; el an&aacute;lisis de la elecci&oacute;n racional a la creaci&oacute;n de instituciones sociales. As&iacute; pues, utiliza postulados micro p ara explicar el comportamiento de sistemas de car&aacute;cter m&aacute;s macro.</p>     <p align="justify">Quiz&aacute;s la aplicaci&oacute;n m&aacute;s inmediata de la teor&iacute;a de juegos al estudio del desarrollo sea el “dilema del prisionero”, a partir del cual se justifica la necesidad del Estado para evitar que individuos guiados meramente por su inter&eacute;s propio desaten una guerra de “todos contra todos” que impida el bienestar general. En ausencia de instituciones formales, este dilema expresa el estado de naturaleza descrito por Hobbes, en el que la ausencia de un mecanismo que evite el oportunismo y garantice la cooperaci&oacute;n genera inseguridad y violencia. Situaci&oacute;n que justifica la aparici&oacute;n del Estado –o de instituciones pol&iacute;ticas formales– que mediante un contrato social imponga los castigos necesarios para evitar la “traici&oacute;n entre los hombres”.</p>     <p align="justify">La teor&iacute;a de juegos ha demostrado que el hombre puede cooperar en ausencia de instituciones formales, a trav&eacute;s de la repetici&oacute;n y la generaci&oacute;n de capital reputacional, que fomenta la cooperaci&oacute;n sin intervenci&oacute;n de terceras partes. La teor&iacute;a de juegos repetidos (Fundeberberg y Tirole, 1991) muestra que cuando la relaci&oacute;n tiene un largo horizonte temporal, las personas tienen m&aacute;s incentivos para sacrificar el beneficio de corto plazo por el de largo plazo. La antropolog&iacute;a ofrece evidencia emp&iacute;rica de que la ausencia de Estado no conduce necesariamente a la situaci&oacute;n de violencia e inseguridad perpetuas que pronosticaba Hobbes. Las sociedades pueden crear entornos de seguridad y cooperaci&oacute;n por s&iacute; mismas en ausencia del Estado (Almond y Coleman, 1960). Gluckman (1955) muestra que las estructuras sociales basadas en el parentesco dan la seguridad requerida para evitar el conflicto social.</p>     <p align="justify">En ausencia de instituciones formales, el oportunismo se restringe con sanciones colectivas, que los miembros de la comunidad aplican a trav&eacute;s de mecanismos como el ostracismo social o castigos f&iacute;sicos. Por ejemplo, el dilema conocido como la “tragedia del ejido” (<i>tragedy of the commons</i>) se puede evitar mediante sanciones colectivas de un grupo reducido de actores que interact&uacute;an de manera continua y descubren sus intereses compartidos en el uso de un bien de propiedad com&uacute;n, como la pesca en un r&iacute;o (Ostrom et al., 1994).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">No obstante, la teor&iacute;a de juegos aplicada ha evidenciado las limitaciones de la ausencia de instituciones formales para el desarrollo. Aunque se puede sobrevivir sin violencia cuando no existen instituciones formales, la prosperidad requiere instituciones que promuevan una mayor inversi&oacute;n en actividades productivas y un mejor marco de intercambio. Como se&ntilde;ala Dixit (2004), a medida que el comercio y la especializaci&oacute;n aumentan, crece el n&uacute;mero de personas que realizan intercambios, es m&aacute;s dif&iacute;cil recurrir a sanciones colectivas y es necesario crear instituciones econ&oacute;micas formales para transmitir informaci&oacute;n sobre comportamientos oportunistas, resolver conflictos e imponer sanciones.</p>     <p align="justify">A su vez, las instituciones pol&iacute;ticas formales permiten resolver las dificultades para compaginar seguridad y prosperidad (Bates, 2000 y 2005a). En ausencia de un Estado que garantice la seguridad con el monopolio de la violencia, los diferentes actores o grupos deben destinar recursos excesivos para proteger su propiedad y emitir se&ntilde;ales que indiquen su capacidad de protecci&oacute;n. Estas se&ntilde;ales muchas veces implican adquirir otras propiedades en forma violenta. Adem&aacute;s, en este contexto, la mejor manera de evitar la tentaci&oacute;n de ser objeto de un robo es que no valga la pena, es decir, no acumular demasiada riqueza, lo que genera incentivos perversos para el desarrollo (Bates, 2005b). Las instituciones pol&iacute;ticas, al garantizar el monopolio de la violencia por el Estado, permiten superar la fase tribal y destinar mayores recursos a actividades productivas.</p>     <p align="justify">La teor&iacute;a de juegos ha mostrado tambi&eacute;n que el monopolio de la violencia por el Estado lleva al “problema del compromiso”, tambi&eacute;n llamado “dilema pol&iacute;tico fundamental”, que enfatiza que quien es suficientemente poderoso para crear las reglas del juego tambi&eacute;n lo es para violarlas (Weingast, 1995). En esta l&oacute;gica, las instituciones pol&iacute;ticas no cuentan con mecanismos suficientemente poderosos para garantizar el cumplimiento de los acuerdos. Las leyes se pueden cambiar para sustituir acuerdos antiguos. As&iacute; es muy complicado generar incentivos para la inversi&oacute;n, puesto que siempre existe la tentaci&oacute;n de expropiar a quien ya ha invertido e incurre en un costo irrecuperable. En muchos pa&iacute;ses en desarrollo, donde el control pol&iacute;tico de los gobernantes es d&eacute;bil y las instituciones democr&aacute;ticas est&aacute;n en proceso de consolidaci&oacute;n, este problema es muy grave.</p>     <p align="justify">En los a&ntilde;os sesenta, los avances de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional dieron luz a la escuela de la elecci&oacute;n social, que aplic&oacute; la elecci&oacute;n racional al estudio de las decisiones de grupo (Arrow, 1963, y Sen, 1970). En especial, estos trabajos mostraron las dificultades de la agregaci&oacute;n social de las preferencias individuales. El teorema de imposibilidad de Arrow mostr&oacute; que, en ciertas circunstancias, es imposible encontrar una regla de decisi&oacute;n social que cumpla unos principios b&aacute;sicos de consistencia y justicia<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Pero el dilema de acci&oacute;n colectiva m&aacute;s relevante para el desarrollo fue planteado por Olson (1965), quien mostr&oacute; que las decisiones p&uacute;blicas que afectan a una mayor&iacute;a desorganizada pueden ser capturadas por organizaciones peque&ntilde;as mejor organizadas e intereses m&aacute;s fuertes en los resultados de la decisi&oacute;n. Este enfoque se ha utilizado para estudiar la capacidad de las grandes empresas para capturar decisiones del gobierno o de las agencias reguladoras, as&iacute; como la captura de instituciones pol&iacute;ticas por una &eacute;lite reducida o grupos corporativos. Por ejemplo, Stigler (1971) elabor&oacute; una teor&iacute;a de la regulaci&oacute;n econ&oacute;mica en la que grupos de inter&eacute;s m&aacute;s concentrados y m&aacute;s beneficiados en la decisi&oacute;n influ&iacute;an en las decisiones legislativas y de gobierno que m&aacute;s les incumb&iacute;an mediante la financiaci&oacute;n de partidos pol&iacute;ticos, la oferta de futuros puestos de trabajo bien remunerados, regalos personales de gran cuant&iacute;a y otras f&oacute;rmulas menos “elegantes”. La gran desigualdad que existe en muchos pa&iacute;ses en desarrollo facilita la presi&oacute;n de grupos con fuertes intereses concentrados. Esto explica los frecuentes bloqueos de las &eacute;lites pol&iacute;ticas al cambio institucional y la captura de las decisiones p&uacute;blicas por grupos de inter&eacute;s.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A TEOR&Iacute;A DE LA ORGANIZACI&Oacute;N: TEOR&Iacute;AS DE LA AGENCIA Y DE LOS COSTOS DE TRANSACCI&Oacute;N</small></b></p>     <p align="justify">Los supuestos de racionalidad que utilizan las teor&iacute;as de la elecci&oacute;n social y racional para explicar la capacidad y el comportamiento de los individuos en el d&iacute;a a d&iacute;a de las organizaciones en las que operan en tiempo real son demasiado fuertes. Herbert Simon (1991) subray&oacute; las limitaciones computacionales para procesar informaci&oacute;n y propuso una “racionalidad limitada”. Su trabajo fue acompa&ntilde;ado por el de otros autores que resaltaron los problemas del funcionamiento eficiente de los mercados y, por tanto, el incumplimiento de los supuestos neocl&aacute;sicos. Esos trabajos dieron forma a la Nueva Econom&iacute;a Institucional, que recog&iacute;a la herencia del institucionalismo econ&oacute;mico de Veblen (1909), Commons (1934) y Coase (1937)<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. Fue especialmente relevante el Teorema de Coase, que se&ntilde;ala que el mercado s&oacute;lo es eficiente en ausencia de costos de transacci&oacute;n. Aunque pasara inadvertido durante mucho tiempo, el teorema se&ntilde;ala que los modelos econ&oacute;micos neocl&aacute;sicos s&oacute;lo funcionan en ausencia de fricciones en los mercados. A la luz del trabajo de Coase (1937), el estudio de la organizaci&oacute;n empresarial liderado por Williamson (1975 y 1985) analiz&oacute; el nacimiento de las organizaciones como medio para minimizar los costos de transacci&oacute;n, es decir, los costos de supervisar y garantizar el cumplimiento de los acuerdos. Se argument&oacute; que cuando es costoso verificar el cumplimiento de los acuerdos, debido a problemas de informaci&oacute;n o a la existencia de activos espec&iacute;ficos, la organizaci&oacute;n empresarial es superior al mercado como f&oacute;rmula de intercambio, porque reduce el oportunismo y aumenta la eficiencia.</p>     <p align="justify">La obra de Williamson, junto a la de Milgrom y Roberts (1991), entre otras, llevaron a una teor&iacute;a de la agencia que ayudaba a entender los incentivos que las organizaciones daban a los trabajadores. La unidad de an&aacute;lisis de la teor&iacute;a de la agencia y de los costos de transacci&oacute;n es el contrato entre el principal (que ostenta el poder o la propiedad del bien) y el agente (designado por el principal para realizar la acci&oacute;n o acciones de su inter&eacute;s). Como cada parte tiene informaci&oacute;n distinta, existen asimetr&iacute;as que dan lugar a ineficiencias en el intercambio econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">Estas asimetr&iacute;as de informaci&oacute;n son mayores en los niveles institucionales m&aacute;s altos. Por ejemplo, en el intercambio pol&iacute;tico donde la medici&oacute;n de los insumos y los productos es m&aacute;s complicada por su car&aacute;cter intr&iacute;nseco (Wilson, 1989). Siguiendo a Dixit (1996) podemos decir que el impacto de la informaci&oacute;n en el intercambio puede provenir de tres hechos: una ventaja precontractual para alguna de las partes (selecci&oacute;n adversa, que genera costos de se&ntilde;alizaci&oacute;n que muestren la alternativa eficiente); la inobservabilidad de las acciones del agente (riesgo moral u oportunismo, que genera costos de monitoreo y de establecimiento de incentivos, y la no verificabilidad de la informaci&oacute;n por terceros, que genera costos de auditor&iacute;a o una interpretaci&oacute;n err&oacute;nea. Los problemas de informaci&oacute;n m&aacute;s estudiados e importantes para los costos de transacci&oacute;n pol&iacute;ticos son los de selecci&oacute;n adversa<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a> y de riesgo moral<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify">Besley (2005) y Persson y Tabellini (1990) usan ambas teor&iacute;as para analizar el contrato pol&iacute;tico entre los ciudadanos –“el principal”– y el gobierno –“el agente”. Tambi&eacute;n se utilizan formulaciones alternativas, como la que considera al gobierno como “principal” y a la administraci&oacute;n como “agente”; o a la administraci&oacute;n como “agente” y al gobierno como “principal” (Laffont y Tirole, 1998). M&aacute;s recientemente, se ha estudiado la existencia de m&uacute;ltiples principales y agentes que realizan m&uacute;ltiples tareas (Dixit, 1999).</p>     <p align="justify">En la actualidad, las perspectivas de la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n y la teor&iacute;a de juegos est&aacute;n unidas intr&iacute;nsecamente por el marco com&uacute;n de la teor&iacute;a de la agencia. La principal diferencia estriba en el mayor uso de modelos formales por la teor&iacute;a de juegos y el mayor acercamiento de la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n al institucionalismo sociol&oacute;gico. As&iacute;, muchos de los problemas detectados por la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n son abordados por la teor&iacute;a de juegos y viceversa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Uno de los principales problemas de la aplicaci&oacute;n de la teor&iacute;a de los costos de transacci&oacute;n a los estudios del desarrollo es la inconsistencia temporal de las pol&iacute;ticas. Problema debido a que las pol&iacute;ticas que son &oacute;ptimas antes de llegar a un acuerdo no lo son despu&eacute;s de lograr el acuerdo. Este problema, detectado por Kydland y Prescott (1977) en pol&iacute;tica monetaria, ha sido detectado en otros &aacute;mbitos, como la regulaci&oacute;n (Dixit, 1996) o el crecimiento econ&oacute;mico (Barro, 2000). Y se relaciona &iacute;ntimamente con el problema del compromiso descrito por la teor&iacute;a de juegos. Las dificultades del poder pol&iacute;tico para comprometerse ex ante obligan a utilizar mecanismos que reduzcan los incentivos para el oportunismo. Como se&ntilde;ala Acemoglu (2003), el problema del compromiso implica un “teorema pol&iacute;tico de Coase”, pues el mercado pol&iacute;tico no tiene mecanismos reales para garantizar el cumplimiento de los acuerdos. La teor&iacute;a de juegos y la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n se encuentran en este aspecto.</p>     <p align="justify">Para superar las dificultades de establecer compromisos cre&iacute;bles se recurre a tres mecanismos: el “capital reputacional”, la delegaci&oacute;n y la existencia de m&uacute;ltiples actores con capacidad de veto. Ya se aludi&oacute; a la interacci&oacute;n continua y a la reputaci&oacute;n al destacar la importancia del dilema del prisionero.</p>     <p align="justify">La delegaci&oacute;n es la f&oacute;rmula m&aacute;s extendida para resolver el problema de consistencia temporal de las pol&iacute;ticas. El ejemplo cl&aacute;sico es la delegaci&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria al banco central para evitar los incentivos oportunistas para que el gobierno aproveche econ&oacute;mica y electoralmente la inflaci&oacute;n (Rogoff, 1985). La delegaci&oacute;n resuelve el problema del compromiso reduciendo la capacidad de los participantes para modificar la pol&iacute;tica ex post, a la vez que descarga de tiempo y esfuerzo las tareas de los principales, que ya no deben dedicar tantas horas a tomar decisiones (Horne, 1995).</p>     <p align="justify">La existencia de m&uacute;ltiples actores con capacidad de veto, como los que crea la estructura de separaci&oacute;n de poderes, aumenta la necesidad de bloqueos mutuos en la toma de decisiones y, por tanto, dificulta el cumplimiento de los compromisos (Shepsle, 1986, y Tsebelis, 2002). No obstante, el aumento de actores con capacidad de veto no siempre es pol&iacute;ticamente ben&eacute;fico y un n&uacute;mero muy alto puede bloquear las decisiones pol&iacute;ticas (Alesina y Rosenthal, 1995). Como se&ntilde;alan Cox y McCubbins (1987), existe un equilibrio entre el mayor compromiso que generan estos actores y su capacidad para bloquear e impedir la toma de decisiones.</p>     <p align="justify">Los costos de transacci&oacute;n y los problemas de asimetr&iacute;as de informaci&oacute;n, inconsistencia temporal y m&uacute;ltiples principales son mayores en los pa&iacute;ses en desarrollo (Dixit, 1999). La construcci&oacute;n de instituciones es m&aacute;s complicada debido a los problemas para garantizar el cumplimiento de los acuerdos y medir y verificar el desempe&ntilde;o. Esto tambi&eacute;n lleva a que muchos de los mecanismos para solucionar los problemas organizativos no funcionen en esos pa&iacute;ses. La independencia de los organismos reguladores, el control a la discrecionalidad del ejecutivo y otras f&oacute;rmulas organizativas no han tenido el &eacute;xito que han logrado en otros pa&iacute;ses. El porqu&eacute; formas organizativas diferentes funcionan de manera diferente en lugares diferentes es un reto del an&aacute;lisis institucional de vital importancia para el &eacute;xito de las reformas pol&iacute;ticas e institucionales.</p>     <p align="justify"><b>E<small>L INSTITUCIONALISMO HIST&Oacute;RICO</small></b></p>     <p align="justify">El institucionalismo hist&oacute;rico va unido a los nombres de North y Thomas (1973), los primeros en mostrar la importancia de las instituciones en el crecimiento econ&oacute;mico. North (1981 y 1990) defini&oacute; las instituciones como restricciones e incentivos que gu&iacute;an la acci&oacute;n humana e incluy&oacute; a las instituciones pol&iacute;ticas (sistemas electorales), econ&oacute;micas (que definen los derechos de propiedad) y sociales (que rigen la ideolog&iacute;a y los modelos mentales) en su an&aacute;lisis.</p>     <p align="justify">El institucionalismo hist&oacute;rico adopta una perspectiva amplia de las instituciones y oscila entre dos vertientes; la primera define las instituciones como valores, rutinas o modelos mentales que influyen en el comportamiento de los actores; la segunda, las concibe como reglas formales que surgen en la pugna de intereses contrarios (Thelen y Steinmo, 1992). Esta doble perspectiva hace del institucionalismo hist&oacute;rico un movimiento ecl&eacute;ctico que recoge teor&iacute;as desarrolladas en otros &aacute;mbitos. Por ejemplo, North (1990) utiliza la teor&iacute;a neocl&aacute;sica de los precios relativos para explicar los incentivos para el cambio institucional. La confluencia entre el institucionalismo hist&oacute;rico y la teor&iacute;a de juegos tambi&eacute;n se observa cuando se destaca el problema del compromiso para explicar las diferencias hist&oacute;ricas en el desarrollo de Am&eacute;rica del Norte y del Sur (North, Summerhill y Weingast, 2000) o las implicaciones del surgimiento del parlamentarismo en Gran Breta&ntilde;a (North y Weingast, 1989).</p>     <p align="justify">Pese a su amplitud y diversidad, el enfoque hist&oacute;rico de las instituciones tiene tres elementos comunes: se centra en las pugnas distributivas, explica la formaci&oacute;n de las preferencias y destaca la dependencia de la trayectoria. En primer lugar, aborda la pugna de poder en la construcci&oacute;n de instituciones, mediante un an&aacute;lisis contingente y multicausal que destaca las singularidades nacionales. As&iacute;, no cree que las mismas fuerzas generen los mismos resultados independientemente del lugar, sino que su efecto es mediado por el contexto y las fuerzas heredadas de la historia.</p>     <p align="justify">En segundo lugar, adopta una visi&oacute;n end&oacute;gena de la formaci&oacute;n de los intereses de los diferentes actores<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Por un lado, las instituciones y la pol&iacute;tica crean intereses mediante el reconocimiento de grupos espec&iacute;ficos que a veces adquieren funciones gubernamentales. Por ejemplo, la creaci&oacute;n de grupos de inter&eacute;s que surgen al amparo de determinadas reglas, como las leyes proteccionistas, el reconocimiento de colegios profesionales o la creaci&oacute;n de cuerpos de funcionarios especializados. Las pol&iacute;ticas y las instituciones pueden fomentar o desincentivar la movilizaci&oacute;n de los intereses reconociendo la legitimidad de las demandas populares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En tercer lugar, subraya la dependencia de la trayectoria. Un suceso hist&oacute;rico, como la colonizaci&oacute;n espa&ntilde;ola de Am&eacute;rica Latina, puede tener efectos de largo plazo por su influencia en las estrategias y expectativas de los actores (North, Summerhill y Weingast, 2000). Las ra&iacute;ces de la dependencia de la trayectoria dependen del concepto de instituciones que se tiene en cuenta. En este punto, el institucionalismo hist&oacute;rico se integra con otros tipos, en especial con el de la elecci&oacute;n racional y el sociol&oacute;gico, de los que obtiene los principios te&oacute;ricos que explican din&aacute;micas hist&oacute;ricas de persistencia.</p>     <p align="justify">Desde la &oacute;ptica de la elecci&oacute;n racional, como se&ntilde;ala Bardhan (2000), aunque un cambio institucional sea ben&eacute;fico para el conjunto, pueden existir fuertes resistencias por la incertidumbre sobre el reparto de los beneficios futuros. Adem&aacute;s, es posible que ese cambio no se lleve a cabo porque nadie est&aacute; dispuesto a perder en t&eacute;rminos relativos, es decir, a ganar menos que los dem&aacute;s y, por tanto, a perder poder para obtener privilegios en el largo plazo. Desde la &oacute;ptica sociol&oacute;gica, las instituciones persisten porque muchas convenciones y rutinas no pueden ser objetivo expl&iacute;cito de elecci&oacute;n individual. Como las instituciones se consideran dadas, casi siempre escapan a la revisi&oacute;n cr&iacute;tica, no se ponen en duda y persisten hasta que un gran acontecimiento o el aprendizaje social genera el cambio.</p>     <p align="justify">La dependencia de la trayectoria implica que pueden persistir instituciones ineficientes debido a problemas inherentes al cambio institucional. A diferencia de visiones m&aacute;s funcionalistas, el institucionalismo hist&oacute;rico subraya que las instituciones no surgen para mejorar la eficiencia social u organizativa sino como resultado de la lucha de poder entre actores con intereses contrarios. La creaci&oacute;n de instituciones es, por tanto, un proceso lento sometido a bloqueos y resistencias que debilitan la capacidad de desarrollo del pa&iacute;s.</p>     <p align="justify"><b>E<small>L INSTITUCIONALISMO SOCIOL&Oacute;GICO</small></b></p>     <p align="justify">A diferencia de las vertientes cuya ascendencia es m&aacute;s econ&oacute;mica, el institucionalismo sociol&oacute;gico subraya las limitaciones cognitivas de las personas y entiende que las instituciones reproducen en forma reflexiva comportamientos prescritos socialmente. Las instituciones surgen entonces de la estructura y los valores sociales e influyen en ellos a trav&eacute;s de los h&aacute;bitos y las rutinas asociadas. A diferencia de la elecci&oacute;n racional, las instituciones no s&oacute;lo afectan el c&aacute;lculo estrat&eacute;gico de los actores, sino tambi&eacute;n su orden de preferencias, que se construyen socialmente siguiendo una “l&oacute;gica de apropiaci&oacute;n”.</p>     <p align="justify">El enfoque sociol&oacute;gico se centra en las instituciones informales, no codificadas, cuyo cumplimiento no se garantiza por medios legales. Estas instituciones reducen la incertidumbre y fomentan la cooperaci&oacute;n en entornos de alto riesgo que no han creado mecanismos formales para generar confianza en el intercambio (DiMaggio y Louch, 1998). Se crean a trav&eacute;s de la repetici&oacute;n y la reputaci&oacute;n y son complementarias de las instituciones formales, que contribuyen a garantizar el cumplimiento de los contratos en contextos de gran incertidumbre y asimetr&iacute;as de informaci&oacute;n (March y Olsen, 1989).</p>     <p align="justify">A diferencia de la teor&iacute;a de la organizaci&oacute;n, la sociolog&iacute;a econ&oacute;mica sostiene que muchas instituciones econ&oacute;micas no responden a razones de eficiencia o minimizaci&oacute;n de los costos de transacci&oacute;n, sino que son fruto de la construcci&oacute;n social<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>. Son especialmente importantes los trabajos de Granovetter (1985), que muestran que las relaciones personales y de parentesco explican la formaci&oacute;n de conglomerados industriales en M&eacute;xico. Las instituciones econ&oacute;micas son construidas socialmente y responden a relaciones familiares y grupos de poder que se organizan a trav&eacute;s de redes de confianza para reducir los riesgos asociados a sus actividades.</p>     <p align="justify">Las instituciones siguen entonces un proceso de “apropiaci&oacute;n” social en el que las decisiones se adaptan m&aacute;s a los convencionalismos –o a la forma natural de hacer las cosas– que a una racionalidad instrumental de medios y fines. As&iacute;, las decisiones no se toman para lograr objetivos precisos sino para indicar que se persiguen esos objetivos en forma adecuada. La apropiaci&oacute;n de las decisiones est&aacute; determinada por su conformidad con aquello que una red social supone dado.</p>     <p align="justify">La apropiaci&oacute;n se produce mediante la identificaci&oacute;n y el reconocimiento, que son m&aacute;s probables cuanto m&aacute;s densa sea la instituci&oacute;n. Tambi&eacute;n hacen posible adaptar las instituciones de los pa&iacute;ses l&iacute;deres y las que proponen comunidades epistemol&oacute;gicas o de expertos internacionales. Esto indica que las instituciones son correctas y evitan escapar a lo que se considera “normal” o m&aacute;s conveniente (Meyer y Rowan, 1977).</p>     <p align="justify">Desde la perspectiva sociol&oacute;gica, el cambio institucional es de largo plazo y en el medio plazo ocurre a trav&eacute;s de procesos de difusi&oacute;n e isomorfismo, en los que las instituciones de un pa&iacute;s, Estado, provincia o ciudad dependen de las que existen en otros. La difusi&oacute;n de estas pol&iacute;ticas no se debe &uacute;nicamente a la din&aacute;mica nacional, las presiones e influencias externas tambi&eacute;n cumplen un papel clave en el proceso. Los mecanismos de difusi&oacute;n son esencialmente cuatro: la imitaci&oacute;n (o emulaci&oacute;n), el aprendizaje, la coerci&oacute;n y la competencia (Simmons et al., 2004). Estos mecanismos se han utilizado para explicar los procesos de privatizaci&oacute;n (Henisz et al., 2005), democratizaci&oacute;n e instituciones como las agencias reguladoras (Gilardi, 2005). Dichos procesos de isomorfismo est&aacute;n interrelacionados y tambi&eacute;n comparten puntos con las teor&iacute;as de la elecci&oacute;n racional, de la organizaci&oacute;n y el institucionalismo hist&oacute;rico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La fuerza principal de la emulaci&oacute;n (o isomorfismo mim&eacute;tico o por imitaci&oacute;n) es la incertidumbre. Cuando no es claro cu&aacute;l forma organizativa es la mejor, es m&aacute;s probable la imitaci&oacute;n. La percepci&oacute;n de que algunas formas organizativas dan buenos resultados aumenta la legitimidad de su adaptaci&oacute;n en otros sitios. Esta forma de difusi&oacute;n est&aacute; muy vinculada a la que se produce por aprendizaje. Un pa&iacute;s muchas veces adopta instituciones o pol&iacute;ticas que funcionan en otro. Este proceso reduce los costos de analizar el problema y buscar la soluci&oacute;n, y aprovecha la experiencia de otros pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify">El isomorfismo coercitivo se deriva de las presiones (o la persuasi&oacute;n) directas e indirectas que ejercen las organizaciones sobre otras organizaciones m&aacute;s grandes de las que dependen o con las que tienen contacto. Otras fuerzas coercitivas surgen de expectativas culturales presentes en la sociedad. Las presiones que ejercen la Uni&oacute;n Europea, la OCDE o el Banco Mundial sobre la administraci&oacute;n p&uacute;blica de sus Estados miembros son un ejemplo de ello (Henisz et al., 2005).</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, la teor&iacute;a de la competencia se&ntilde;ala que muchas veces los gobiernos escogen instituciones que permiten atraer m&aacute;s inversi&oacute;n o reducir los costos de sus empresas. La difusi&oacute;n es en este caso una respuesta estrat&eacute;gica a las regulaciones de otros pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify">Es importante se&ntilde;alar que los grupos de expertos suelen difundir instituciones y pol&iacute;ticas, y definir sus condiciones y m&eacute;todos de trabajo. Las organizaciones surgen en procesos de profesionalizaci&oacute;n de personas con educaci&oacute;n similar, fuertemente unidas, que a menudo trabajan en red. Estos grupos de trabajo a veces se convierten en grupos de presi&oacute;n que promueven f&oacute;rmulas institucionales determinadas.</p>     <p align="justify">El principal problema que enfrenta la sociolog&iacute;a en el &aacute;mbito del desarrollo es la falta de acoplamiento que suelen producir los procesos de difusi&oacute;n institucional. Este desajuste es producto de la imitaci&oacute;n de instituciones que no se complementan con los valores y normas sociales. La sociedad no se apropia de las instituciones porque &eacute;stas son parte de un proceso de difusi&oacute;n que, en el caso de los pa&iacute;ses en desarrollo, muchas veces se deriva de presiones coercitivas.</p>     <p align="justify">Bolivia, Ecuador o Guinea Ecuatorial, con niveles de desarrollo cercanos a los de los pa&iacute;ses desarrollados en el siglo pasado, tienen instituciones formales id&eacute;nticas o semejantes. Pero los pa&iacute;ses desarrollados las construyeron a lo largo de su proceso de desarrollo; p. ej., a principios de siglo muchos no ten&iacute;an los niveles de democracia o protecci&oacute;n de derechos civiles y pol&iacute;ticos que hoy tiene la mayor&iacute;a de pa&iacute;ses en desarrollo.</p>     <p align="justify">El sistema electoral, la relaci&oacute;n de poderes, la garant&iacute;a de los derechos de propiedad y la manera de garantizar la estabilidad monetaria en muchos pa&iacute;ses e n desarrollo son muy similares a los de los pa&iacute;ses desarrollados. Pero estas instituciones funcionan de manera muy diferente, y algunas de manera contraria en contextos diferentes. Esto tiene fuertes implicaciones para el desarrollo.</p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p align="justify">Los diversos enfoques de las instituciones destacan problemas con importantes implicaciones para las pol&iacute;ticas de desarrollo y la reforma institucional. Cada escuela adopta un marco de an&aacute;lisis y enfatiza unos mecanismos concretos para explicar la persistencia de instituciones ineficaces y los mecanismos que bloquean el cambio institucional. La combinaci&oacute;n de los distintos institucionalismos es clave para entender el complejo funcionamiento de las instituciones y emprender procesos de reforma institucional m&aacute;s eficaces.</p>     <p align="justify">La integraci&oacute;n entre la elecci&oacute;n racional y las teor&iacute;as de la agencia y los costos de transacci&oacute;n y, luego, con el institucionalismo hist&oacute;rico gener&oacute; un marco de an&aacute;lisis cada vez m&aacute;s reconocido de los determinantes del cambio institucional. El di&aacute;logo entre escuelas es clave para entender el acercamiento entre instituciones con diferente velocidad de cambio y los incentivos que mueven a los actores. La superaci&oacute;n de los problemas de compromiso y de acci&oacute;n colectiva requiere un ajuste adecuado de las reformas institucionales a la estructura social, y de las pol&iacute;ticas a la capacidad institucional.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El institucionalismo sociol&oacute;gico muestra que los procesos de isomorfismo institucional –fruto de la coerci&oacute;n y la emulaci&oacute;n– generan instituciones que no se adaptan a la estructura social y resultan nocivas para el desarrollo. Las reformas no pueden desconocer el momento hist&oacute;rico ni el contexto social e institucional.</p>     <p align="justify">El debate sobre la construcci&oacute;n de instituciones en el &aacute;mbito nacional y las recomendaciones de los organismos internacionales se ha concentrado en el dise&ntilde;o de sistemas electorales, la formaci&oacute;n de agencias reguladoras y la creaci&oacute;n de bancos centrales independientes. Rodrik (2003 y 2004) se&ntilde;ala que, en t&eacute;rminos de desarrollo, lo realmente importante no son las <i>formas</i> sino las <i>funciones</i> de las instituciones. Subraya que ciertas <i>formas</i> no garantizan un funcionamiento o resultado determinados, y que en el estudio del impacto de las instituciones sobre el desarrollo se debe tener m&aacute;s en cuenta la <i>funci&oacute;n</i> que la <i>forma</i>. Esta l&iacute;nea de pensamiento se basa en la experiencia de los pa&iacute;ses con m&aacute;s &eacute;xito en el desarrollo (China, India y los del Sudeste Asi&aacute;tico), que adoptaron f&oacute;rmulas poco convencionales que se alejan de la “ortodoxia institucional”.</p>     <p align="justify">No obstante, el an&aacute;lisis de la <i>forma</i> favorece la recomendaci&oacute;n de pol&iacute;ticas, pues propone una respuesta concreta para un problema institucional. La <i>forma</i> de las instituciones hace referencia a sus reglas concretas y espec&iacute;ficas o a la f&oacute;rmula organizativa. La <i>forma</i> es el “instrumento” para lograr la funci&oacute;n, y las diversas funciones se pueden cumplir con formas o tipos de instituciones diferentes. Por ejemplo, el control pol&iacute;tico de los gobernantes o el cumplimiento de los contratos se puede lograr con sistemas parlamentarios o presidencialistas, o con procedimientos jur&iacute;dicos basados en la doctrina francesa o inglesa. Es f&aacute;cil decir que un pa&iacute;s necesita un Estado de derecho, una burocracia profesional y una regulaci&oacute;n adecuada de los mercados, pero es m&aacute;s complicado explicar c&oacute;mo lograr estos objetivos y qu&eacute; dise&ntilde;os institucionales concretos adoptar.</p>     <p align="justify">N o hay garant&iacute;a de que las instituciones que han fomentado el crecimiento de los pa&iacute;ses desarrollados promuevan el desarrollo en otro pa&iacute;s. Las pol&iacute;ticas de desarrollo institucional que meramente “trasplantan” instituciones de unos a otros no pueden garantizar que siempre funcionen adecuadamente sin que importe el contexto en el que se circunscriben. Una misma <i>funci&oacute;n</i> se puede cumplir con <i>formas</i> de instituciones diferentes en sociedades diferentes. En Europa, el Estado de bienestar suministra la seguridad mientras que en Estados Unidos lo hace el mercado; en el Este Asi&aacute;tico la suministran las empresas, y en muchos pa&iacute;ses en desarrollo depende de la familia (Chang, 2005).</p>     <p align="justify">Las instituciones que operan a nivel macro tienen per&iacute;odos de cambio m&aacute;s largos y reglas m&aacute;s abstractas que las instituciones micro. La sincron&iacute;a entre instituciones macro y micro requiere dar especial consideraci&oacute;n a la secuencia de las reformas. Sin esta sincron&iacute;a se pueden producir crisis de legitimidad y conflictos sociales. Esto muestra la importancia de la secuencia de las pol&iacute;ticas de reforma institucional. Seg&uacute;n Stiglitz (2002), los problemas de secuenciaci&oacute;n de las reformas agravaron la crisis asi&aacute;tica pues la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses liberaliz&oacute; la econom&iacute;a sin desarrollar antes la infraestructura institucional necesaria. Giavazzi y Tabellini (2005) muestran emp&iacute;ricamente que una apertura econ&oacute;mica anterior a la liberalizaci&oacute;n pol&iacute;tica facilita la consolidaci&oacute;n de la democracia. La liberalizaci&oacute;n econ&oacute;mica requiere el desarrollo previo de un r&eacute;gimen estable de derechos de propiedad para dar un marco cre&iacute;ble para la inversi&oacute;n. La credibilidad institucional es, a su vez, el paso previo para consolidar los derechos pol&iacute;ticos y sociales b&aacute;sicos. Despu&eacute;s de la Segunda Guerra Mundial las transiciones democr&aacute;ticas m&aacute;s exitosas fueron precedidas por reformas econ&oacute;micas que extendieron el alcance del mercado y la integraci&oacute;n internacional. La experiencia rusa tambi&eacute;n muestra los problemas de secuenciaci&oacute;n que se derivan de la liberalizaci&oacute;n pol&iacute;tica en ausencia de una econom&iacute;a con fundamentos institucionales s&oacute;lidos.</p>     <p align="justify">Aunque no hay reglas legales espec&iacute;ficas para alcanzar resultados econ&oacute;micos determinados ni formas institucionales que garanticen el buen funcionamiento de las instituciones, el an&aacute;lisis institucional contribuye a entender mejor el proceso de las reformas, y a establecer el qu&eacute; y el c&oacute;mo de las pol&iacute;ticas de reforma. La agenda de investigaci&oacute;n del nuevo institucionalismo tiene que profundizar la explicaci&oacute;n de los problemas y obst&aacute;culos de la reforma institucional, y la comprensi&oacute;n de la interacci&oacute;n entre los niveles de instituciones formales e informales. La integraci&oacute;n del an&aacute;lisis de las instituciones informales, y sus formas de interacci&oacute;n, con las reglas formales permitir&aacute; entender por qu&eacute; las mismas instituciones han dado resultados tan dispares en distintos pa&iacute;ses. El funcionamiento de una instituci&oacute;n depende de la combinaci&oacute;n de formalidad e informalidad y del ajuste entre niveles institucionales. La consolidaci&oacute;n del estudio de la interacci&oacute;n entre niveles y formas institucionales puede tener importantes implicaciones pr&aacute;cticas para el desarrollo.</p>     <p align="justify"><b>    <br>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. North (1990) las clasifica en instituciones legislativas y ejecutivas (mecanismos formales para escoger a quienes legislan y toman decisiones, as&iacute; como sus relaciones mutuas); instituciones judiciales (mecanismos formales para escoger a los jueces y determinar la estructura interna del sistema judicial y las formas de resolver conflictos); costumbres y normas informales ampliamente aceptadas que restringen la acci&oacute;n de los individuos y las instituciones; ideolog&iacute;as e intereses sociales contrarios, y capacidad administrativa del pa&iacute;s, recursos humanos fundamentalmente.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Para una revisi&oacute;n de la teor&iacute;a de juegos, ver Gibbons (1992).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Ausencia de un dictador, principio de transitividad, eficiencia paretiana, omisi&oacute;n de alternativas irrelevantes y principio de completitud o dominio no restringido.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Para una excelente revisi&oacute;n y comparaci&oacute;n del nuevo y el viejo institucionalismo, ver Rutherford (1996).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. La selecci&oacute;n adversa se presenta cuando una de las partes tiene una ventaja de informaci&oacute;n antes de llegar a un acuerdo sobre el intercambio, es decir, tiene informaci&oacute;n privada. Esta ventaja proviene del mayor conocimiento del agente sobre alguna variable ex&oacute;gena o el entorno en que se desarrolla la actividad. El uso de esta ventaja da lugar a problemas de selecci&oacute;n adversa que permiten que el agente obtenga un ingreso mayor del que obtendr&iacute;a en una negociaci&oacute;n en un mercado perfecto con igual informaci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. El riesgo moral en una relaci&oacute;n de agencia se produce una vez establecido el acuerdo y se deriva de la incapacidad del principal para observar las acciones del agente. Este problema proviene de la mayor informaci&oacute;n del agente sobre variables end&oacute;genas, entre ellas el nivel de esfuerzo de la organizaci&oacute;n en selecci&oacute;n de personal, desarrollo tecnol&oacute;gico o calidad del producto. El principal no puede observar estas variables y ello da lugar a comportamientos oportunistas, como comprar materiales a precios elevados o pagar m&aacute;s de lo debido a los trabajadores.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Para el institucionalismo hist&oacute;rico es importante la distinci&oacute;n entre preferencias e intereses. Como se&ntilde;ala Immergut (1996, 12), “mientras que los intereses est&aacute;n organizados en torno a demandas pol&iacute;ticas que tienen expresi&oacute;n p&uacute;blica, las preferencias son visiones privadas de los individuos que pueden ser fijas, variables o contradictorias”. Con esta distinci&oacute;n, se tildar&iacute;a de socialmente determinista al argumento de que las instituciones afectan a las preferencias (y no a los intereses), por ello el institucionalismo hist&oacute;rico pone el acento en la influencia de las instituciones sobre los intereses de ciertos colectivos, en las ventajas de ciertas decisiones de pol&iacute;tica para grupos de inter&eacute;s y en la definici&oacute;n de intereses mutuos no personales. Todo ello sin que la influencia de las instituciones lleve a una resocializaci&oacute;n de los individuos, como sostiene el determinismo social.</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Aqu&iacute; se puede citar el estudio de McNamara (2002), quien argumenta que la delegaci&oacute;n de la pol&iacute;tica monetaria en bancos centrales independientes no se debe tanto a los beneficios en t&eacute;rminos de mayor credibilidad para una pol&iacute;tica antiinflacionista, sino a su valor simb&oacute;lico en el contexto institucional m&aacute;s amplio.</p> <hr align="JUSTIFY">     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Acemoglu, D. “Why Not a Political Coase Theorem? Social Conflict, Commitment and Politics”, <i>Journal of Comparative Economics</i> 31, 2003, pp. 620-652.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000120&pid=S0124-5996200700010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Acemoglu, D.; S. Johnson y J. Robinson. “The Colonial Origins of Comparative Development: An Empirical Investigation”, <i>American Economic Review</i> 91, 5, 2001, pp. 1369-1401.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000121&pid=S0124-5996200700010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Almond, G. y J. Coleman, eds. <i>The Politics of the Developing Areas</i>, Princeton, Princeton University Press, 1960.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000122&pid=S0124-5996200700010000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Alesina, A. y H. Rosenthal. <i>Partisan Politics, Divided Government, and the Economy</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000123&pid=S0124-5996200700010000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Arrow, K. <i>Social Choice and Individual Values</i>, New York, Wiley, 1963.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000124&pid=S0124-5996200700010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Bardhan, P. <i>Scarcity, Conflicts and Cooperation: Essays in the Political and Institutional Economics of Development</i>, Cambridge, MA, MIT Press, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000125&pid=S0124-5996200700010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Bardhan, P. “Understanding Underdevelopment: Challenges for Institutional Economics from the Point of View of Poor Countries”, <i>Journal of Institutional and Theoretical Economics</i> 156, 2000, pp. 216-235.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000126&pid=S0124-5996200700010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Bates, R. <i>Prosperity and Violence</i>, New York, W.W. Norton, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000127&pid=S0124-5996200700010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Bates, R. “The Role of the State in Development”, B. Weingast y D. Wittman, eds., <i>Oxford Book of Political Economy</i>, New York, Oxford University Press, 2005a.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996200700010000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Bates, R. “Political Reform”, <i>CID Working Paper</i> 114, 2005b.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996200700010000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Besley, T. <i>Principal Agents. The Political Economy of Good Government</i>, Oxford, Oxford University Press, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996200700010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Campbell, J. Institutional Change and Globalization, Princeton, Princeton University Press, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996200700010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Chang, H. “Understanding the Relationship between Institutions and Economic Development. Some Key Theoretical Issues”, art&iacute;culo presentado en la conferencia de WIDER, 17-18 de junio, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996200700010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Coase, R. “The Nature of the Firm”, <i>Economica</i> 4, 1937, pp. 1-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996200700010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Commons, P. <i>The Legal Foundations of Capitalism</i>, New York, MacMillan, 1924.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996200700010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Commons, J. R. <i>Institutional Economics</i><i>: </i><i>It's Place in Political Economy</i>, 1934, Madison, The University of Wisconsin Press, 1961.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200700010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Cox, G. y M. McCubbins. <i>Legislative Leviathan</i>, 1987, Berkeley, University of California Press, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200700010000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. DiMaggio, P. “The New Institutionalisms: Avenues of Collaboration”, <i>Journal of Institutional and Theoretical Economics</i> 154, 1998, pp. 696-697.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200700010000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. DiMaggio, P. y H. Louch. “Socially Embedded Consumer Transactions: For What Kinds of Purchases Do People Most Often Use Networks?”, <i>American Sociological Review</i> 63, 1998, pp. 619-637.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200700010000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. DiMaggio, P. y W. Powell. “The Iron Cage Revisited: Institutional Isomorphisms and Collective Rationality in Organizational Fields”, <i>American Sociological Review</i> 48, 1983.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996200700010000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Dixit, A. <i>The Making of Economic Policy. A Transaction-Cost Politics Perspective</i>, Cambridge, MA, MIT Press, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200700010000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Dixit, A. <i>Lawlessness and Economics: Alternative Modes of Governance</i>, Princeton, Princeton University Press, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200700010000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Dixit. A. <i>Some Lessons from Transaction-Cost Politics for Less-Developed Countries</i>, art&iacute;culo presentado en la Conferencia de la Sociedad Econom&eacute;trica Latinoamericana, Canc&uacute;n y M&eacute;xico D. F., agosto, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200700010000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Downs, A. <i>An Economic Theory of Democracy</i>, New York, Harper and Row, 1957.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200700010000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Engerman, S. y K. Sokoloff. “Factor Endowments, Institutions, and Differential Paths of Growth among New World Economies: A View from Economic Historians of the United States?”, S. Haber, ed., <i>How Latin America Fell Behind</i>, Stanford, CA, Stanford University Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200700010000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Engerman, S. y K. Sokoloff. “Factor Endowments, Inequality, and Paths of Development among New World Economics”, <i>NBER Working Paper</i> 9259, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200700010000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Fundenberg, D. y J. Tirole. <i>Game Theory</i>, Cambdrige, MIT Press, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200700010000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Giavazzi, F. y G. Tabellini. “Economic and Political Liberalizations”, <i>Journal of Monetary Economics</i> 52, 2005, pp. 1297-1330.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200700010000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Gibbons, R. <i>Un primer curso de teor&iacute;a de juegos</i>, Barcelona, Antoni Bosch, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996200700010000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Gilardi, G. “The Institutional Foundations of Regulatory Capitalism: The Diffusion of Independent Regulatory Agencies in Western Europe”, Annals of the American Academy of Political and Social Science 598, 2005, pp. 84-101.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996200700010000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Gluckman, M. <i>The Judicial Process among the Barotse of Northern Rhodesia</i>, Manchester, Manchester University Press, 1955.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996200700010000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Granovetter, M. “Economic Action and Social Structure: The Problem of Embeddedness”, <i>American Journal of Sociology </i>91, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996200700010000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Greif, A. “Cultural Beliefs and the Organization of Society: A Historical and Theoretical Reflection on Collectivist and Individualist Societies”, <i>Journal of Political Economy</i> 102, 1994, pp. 912-950.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996200700010000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Greif, A. “On the Interrelations and Economic Implications of Economic, Social, Political and Normative Factors: Reflections from Two Late Medieval Societies”, J. Drobak y J. Nye, eds., <i>The Frontiers of the New Institutional Economics</i>, San Diego, CA, Academic Press, 1997, pp. 57-84.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-5996200700010000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Greif, A. “Self-enforcing Political Systems and Economic Growth: Late Medieval Genoa”, <i>Analytic Narratives</i>, Princeton, Princeton University Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996200700010000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Hall, P. y R. Taylor. “Political Science and the Three New Institutionalisms”, <i>Political Studies</i> 44, 1996, pp. 936-957.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-5996200700010000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Helmke, G. y S. Levitsky. “Informal Institutions and Comparative Politics. A Research Agenda”, trabajo preparado para la conferencia “Instituciones informales y la pol&iacute;tica en Am&eacute;rica Latina”, Indiana, Kellogg Institute for International Studies, University of Notre Dame, 24-25 de abril, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996200700010000600037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Henisz, W.; A. Bennet y F. Mauro. “Market-Oriented Infrastructure Reforms, 1977- 1999”, <i>American Sociological Review</i> 70, 2005, pp. 871-897.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996200700010000600038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Horne, M. <i>The Political Economy of Public Administration</i>, New York, Cambridge University Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996200700010000600039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Immergut, E. “The Normative Roots of the New Institutionalism: Historical-institutionalism and Comparative Political Studies”, B. Arthur y S. Wolfgang, eds., <i>Beitr&auml;ge zur Theorieentwicklung in der Politik- und Verwaltungswissenschaft</i>, Baden-Baden, Nomos Verlag, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-5996200700010000600040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Joskow, P. <i>New Institutional Economics: A Report Card</i>, Budapest, ISNIE Presidential Address, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996200700010000600041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Kirjassa, G. y M. Hodgson. <i>The Economics of Institutions</i>, Cheltenham, Edward Elgar, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-5996200700010000600042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Kydland, F. y E. Prescott. “Rules Rather than Discretion: The Inconsistency of Optimal Plans”, <i>Journal of Political Economy</i> 85, 1977, pp. 473-490.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996200700010000600043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Knack, S. y P. Keefer. “Institutions and Economic Performance: Cross Country Tests Using Alternative Institutional Measures”, <i>Economics and Politics</i> 7, 1995, pp. 207-227.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996200700010000600044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Knight, J. <i>Institutions and Social Conflict</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996200700010000600045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Laffont, J. y J. Tirole. <i>A Theory of Incentives in Procurement and Regulation</i>, Cambridge, MIT Press, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996200700010000600046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. Langlois, R. “What Was Wrong with the Old Institutionalism (And What is Still Wrong with the New)?”, <i>Review of Political Economy</i> 1, 3, 1989, pp. 270-298.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996200700010000600047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. March, J. y J. Olsen. <i>Rediscovering Institutions</i>, New York, Free Press, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996200700010000600048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. March, J. y J. Olsen. <i>Democratic Governance</i>, New York, Free Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996200700010000600049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. McNamara, K. “Rational Fictions: Central Bank Independence and the Social Logic of Delegation”, <i>West European Politics</i> 25, 1, 2002, pp. 47-76.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996200700010000600050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Meyer, H. y B. Rowan. “Institutionalized Organizations: Formal Structure as Myth and Ceremony”, <i>American Journal of Sociology</i> 83, 1977, pp. 340-363.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996200700010000600051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">52. Milgrom, P. y J. Roberts. <i>Economics, Organization and Management</i>, New York, Prentice Hall, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996200700010000600052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">53. Mirowski, P. “Institutions as a Solution Concept in a Game Theory Context”, P. Mirowski, ed., <i>The Reconstruction of Economic Theory</i>, Boston, Kluwer, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996200700010000600053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">54. Moe, T. “The New Economics of Organization”, <i>American Journal of Political Science</i> 28, 1984, pp. 739-777.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-5996200700010000600054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">55. Nielsen, K. “Review of Institutionalism Approaches in the Social Sciences: Typology, Dialogue, and Future Prospects”, <i>Research Paper</i> 7/01, Department of Social Sciences Roskilde University, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-5996200700010000600055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">56. North, D. <i>Structure and Change in Economic History</i>, New York, Norton, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-5996200700010000600056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">57. North, D. “The New Institutional Economics”, <i>Journal of Institutional and Theoretical Economics</i> 142, 1986, pp. 230-237.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996200700010000600057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">58. North, D. <i>Institutions, Institutional Change and Economic Performance</i>, New York, Cambridge University Press, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-5996200700010000600058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">59. North, D. “Introduction”, J. Drobak y J. Nye, eds., <i>The Frontiers of the New Institutional Economics</i>, London, Academic Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996200700010000600059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">60. North, D. y B. Weingast. “Constitutions and Commitment: The Evolution of Institutions Governing Public Choice in 17th Century England”, <i>Journal of Economic History</i> 49, 1989, pp. 803-832.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000179&pid=S0124-5996200700010000600060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">61. North, D.; W. Summerhill y B. Weingast. “Order, Disorder, and Economic Change: Latin America vs. North America”, B. Bueno de Mesquita y H. Root, eds., <i>Governing for Prosperity</i>, New Haven, Yale University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000180&pid=S0124-5996200700010000600061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">62. North, D. y R. Thomas. <i>The Rise of the Western World</i>, New York, Norton, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000181&pid=S0124-5996200700010000600062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">63. Olson, M. <i>The Logic of Collective Action</i>, Cambridge, MA, Harvard University Press, 1965.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000182&pid=S0124-5996200700010000600063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">64. Osborne, M. y A. Rubinstein. <i>A Course in Game Theory</i>, Cambridge, MIT Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996200700010000600064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">65. Ostrom, E. <i>Governing the Commons</i>, New York, Cambridge University Press, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996200700010000600065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">66. Ostrom, E.; R. Gardner y J. Walker. <i>Rules, Games and Common-Pool Resources</i>, Michigan, University of Michigan Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200700010000600066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">67. Persson, T. y G. Tabellini. <i>Political Economics</i>, Cambridge, MIT Press, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200700010000600067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">68. Peters, G. <i>Institutional Theory in Political Science. The ‘New Institutionalism'</i>, London, Routledge, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996200700010000600068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">69. Portes, A. “Institutions and Development:&nbsp;A Conceptual Re-Analysis”, <i>CMD Working Paper</i> 05-08, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996200700010000600069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">70. Pratt, J. y R. Zeckhauser. <i>Principals and Agents</i>, Boston, Harvard Business School Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996200700010000600070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">71. Riker, W. <i>The Theory of Political Coalitions</i>, New Haven, Yale University Press, 1962.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996200700010000600071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">72. Rodrik, D., ed. <i>In Search of Prosperity: Analytical Narratives on Economic Growth</i>, Princeton, Princeton University Press, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200700010000600072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">73. Rodrik, D.  “Rethinking Economic Growth in Developing Countries”, The Luca d'Agliano Lecture, mimeo, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996200700010000600073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">74. Rogoff, K. “The Optimal Degree of Commitment to an Intermediate Monetary Target”, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 100, 4, 1985, pp. 1169-1190.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996200700010000600074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">75. Roland, G. “Understanding Institutional Change: Fast-moving and Slow-moving Institutions”, <i>Studies in Comparative International Development</i> 38, 4, 2004, pp. 109-131.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996200700010000600075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">76. Rutherford, M. <i>Institutions in Economics. The Old and the New Institutionalism</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996200700010000600076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">77. Sen, A. <i>Desarrollo y libertad</i>, Barcelona, Planeta, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996200700010000600077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">78. Sen, A. “The Impossibility of a Paretian Liberal”, <i>Journal of Political Economy</i> 78, 1, 1970, pp. 152-157.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996200700010000600078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">79. Shepsle, K. “Institutional Equilibrium and Equilibrium Institutions”, H. Weisberg, ed., <i>Political Science: the Science of Politics</i>, New York, Agathon Press, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996200700010000600079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">80. Shepsle, K. “Studying Institutions: Some Lessons from the Rational Choice Approach”, <i>Journal of Theoretical Politics </i>2, 1989, pp. 131-147.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996200700010000600080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">81. Shepsle, K. “The Political Economy of State Reform-Political to the Core”, conferencia presentada en el Seminario de Reforma del Estado, abril, Bogot&aacute;, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996200700010000600081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">82. Simmons, B.; F. Dobbin y G. Garrett. “Introduction: The International Diffusion of Liberalism”, <i>International Diffusion of Political and Economic Liberalization</i>, Cambridge, Weatherhead Center for International Affairs, Harvard University, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996200700010000600082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">83. Simon, H. “Symposium: Organizations and Economics, Organizations and Markets”, <i>The Journal of Economic Perspectives</i> 5, 1991, pp. 25-44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996200700010000600083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">84. Stigler, J. “The Economics of Information”, <i>Journal of Political Economy</i> 60, 1971.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996200700010000600084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">85. Stiglitz, J. <i>Globalization and its Discontents</i>, New York, Norton, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996200700010000600085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">86. Thelen, K. y S. Steinmo. “Historical Institutionalism in Comparative Politics”, <i>Structuring Politics: Historical Institutionalism in Comparative Analysis</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996200700010000600086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">87. Tsebelis, G. <i>Veto Players: How Political Institutions Work</i>, Princeton, Princeton University Press, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996200700010000600087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">88. Veblen, T. “The Limitations of Marginal Utility”, <i>Journal of Political Economy</i> 17, 1909.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996200700010000600088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">89. Von Neumann, J. y O. Morgenstern. <i>Theory of Games and Economic Behaviour</i>, Princeton, Princeton University Press, 1944.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996200700010000600089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">90. Weingast, B. “The Economic Role of Political Institutions”, <i>The Journal of Law, Economics and Organization</i> 7, 1995, pp. 1-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996200700010000600090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">91. Whitehead, L. “Democratizando el desarrollo”, <i>Instituciones y Desarrollo</i> 16, 3, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996200700010000600091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">92. Williamson, O. <i>Markets and Hierarchies</i>, New York, Free Press, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996200700010000600092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">93. Williamson, O. <i>The Economic Institutions of Capitalism</i>, New York, Free Press, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996200700010000600093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">94. Williamson, O. “The New Institutional Economics: Taking Stock, Looking Ahead”, <i>The Journal of Economic Literature</i> 38, 2000, pp. 595-613.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996200700010000600094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">95. Williamson, O. “The Theory of the Firm as Governance Structure”, <i>Journal of Economic Perspectives</i> 16, 3, 2002, pp. 171-195.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996200700010000600095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">96. Wilson, J. <i>Bureaucracy: What Government Agencies Do and why they Do it</i>, New York, Basic Books, 1989.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996200700010000600096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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