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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[POLÍTICAS DISTRIBUTIVAS, MARXISMO DE ELECCIÓN RACIONAL Y MARXISMO CLÁSICO: UN ANÁLISIS COMPARATIVO]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The aim of the article is to analyze two perspectives of contemporary Marxism and to understand which values are defended when distributive polices are involved. In rational choice Marxism, freedom needs equality, and depends on justice assumptions; instead, in classical Marxism, liberty needs inequality for the development of productive forces. It concludes that, in capitalism, the notions of liberty and equality affect the institutional mechanisms when distributive policies are considered.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>POL&Iacute;TICAS DISTRIBUTIVAS, MARXISMO DE ELECCI&Oacute;N RACIONAL Y MARXISMO CL&Aacute;SICO: UN AN&Aacute;LISIS COMPARATIVO</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>DISTRIBUTIVE POLICIES, RATIONAL CHOICE MARXISM AND CLASSICAL MARXISM: A COMPARATIVE ANALYSIS</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>&Aacute;lvaro Gallardo</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> * Economista, profesor de la Escuela Colombiana de Ingenier&iacute;a, miembro de la Fundaci&oacute;n Centro Escuela para el Desarrollo, CESDE, y del Observatorio de Pensamiento Econ&oacute;mico de la Universidad Nacional de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, <a href="mailto:alv_gallardo@yahoo.es">alv_gallardo@yahoo.es</a> El art&iacute;culo hace parte del proyecto de investigaci&oacute;n “Distribuci&oacute;n del ingreso y ajuste estructural” financiado por la Universidad Nacional de Colombia y la Academia Colombiana de Ciencias Econ&oacute;micas. Fecha de recepci&oacute;n: 8 de enero de 2007, fecha de modificaci&oacute;n: 16 de agosto de 2007, fecha de aceptaci&oacute;n: 30 de agosto de 2007.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: marxismo de elecci&oacute;n racional, marxismo cl&aacute;sico, pol&iacute;ticas distributivas; JEL: B51]</p>     <p align="justify">Este ensayo analiza dos versiones del marxismo contempor&aacute;neo e identifica los valores que defienden cuando proponen pol&iacute;ticas distributivas. En el marxismo de elecci&oacute;n racional, para lograr la libertad es necesaria la igualdad, que depende de criterios de justicia; en el marxismo cl&aacute;sico, la libertad requiere la desigualdad para el desarrollo de las fuerzas productivas. Y muestra de qu&eacute; manera las nociones de libertad e igualdad afectan los mecanismos institucionales que dan marco a las pol&iacute;ticas distributivas.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: rational choice Marxism, classical Marxism, distributive policies; JEL: B51]</p>     <p align="justify">The aim of the article is to analyze two perspectives of contemporary Marxism and to understand which values are defended when distributive polices are involved. In rational choice Marxism, freedom needs equality, and depends on justice assumptions; instead, in classical Marxism, liberty needs inequality for the development of productive forces. It concludes that, in capitalism, the notions of liberty and equality affect the institutional mechanisms when distributive policies are considered.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>El objetivo de este ensayo es analizar dos posiciones sobre el marxismo contempor&aacute;neo y entender qu&eacute; valores se defienden cuando se adoptan pol&iacute;ticas distributivas, pues estos valores modifican los mecanismos institucionales que afectan la distribuci&oacute;n de los recursos. Algunas teor&iacute;as de la distribuci&oacute;n est&aacute;n asociadas al mundo econ&oacute;mico y otras a la moral. Estas posiciones no son patrimonio del marxismo, sino resultado de la confrontaci&oacute;n te&oacute;rica sobre el dif&iacute;cil tema de la distribuci&oacute;n. Aqu&iacute; el marxismo es el tema de debate porque es una teor&iacute;a amplia que incluye ambas perspectivas.</p>     <p align="justify">Una tesis central del marxismo es que en la sociedad capitalista, como en toda sociedad donde las relaciones econ&oacute;micas se definen a partir de clases sociales, existe explotaci&oacute;n. Esto significa que algunas personas involucradas en el proceso econ&oacute;mico se benefician de lo que producen otras. La discusi&oacute;n actual es qu&eacute; valor o valores son afectados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Algunos marxistas plantean que se afecta la libertad. Otros, como los seguidores del marxismo de elecci&oacute;n racional, sugieren que la tesis de la explotaci&oacute;n explica las desigualdades reinantes en las sociedades de clases, lo cual es el principal obst&aacute;culo para alcanzar la libertad. La importancia que se da a la igualdad y a la libertad no es un asunto de ex&eacute;gesis, de qu&eacute; dijo Marx realmente. Como veremos, afecta la manera de concebir el mundo y de dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas distributivas.</p>     <p align="justify">La tesis es que, en el capitalismo, las pol&iacute;ticas distributivas se relacionan con el proceso econ&oacute;mico y la negociaci&oacute;n pol&iacute;tica si el valor central es la libertad. Y son de orden moral con acuerdo pol&iacute;tico si el valor es la igualdad, a la que se concibe como condici&oacute;n necesaria para la libertad. En opini&oacute;n de Wood (1981), en el primer caso la libertad y los medios para alcanzarla se apoyan en el crecimiento de los “bienes no morales”; en el segundo, la libertad s&oacute;lo se alcanza con el aumento de los “bienes morales”.</p>     <p align="justify">El ensayo se divide en tres partes. La primera muestra que el marxismo de elecci&oacute;n racional, a partir de la cr&iacute;tica a la noci&oacute;n de explotaci&oacute;n, arriba al socialismo de mercado. La segunda examina la noci&oacute;n de libertad de Marx e indica por qu&eacute; no propuso criterios de justicia en las sociedades de clases. La tercera argumenta que, en el capitalismo, las nociones de libertad e igualdad afectan los mecanismos institucionales cuando se conciben pol&iacute;ticas distributivas; en el primer caso, las pol&iacute;ticas son de naturaleza econ&oacute;mica y, en el segundo, de orden moral. As&iacute; mismo, la funci&oacute;n de lo pol&iacute;tico tiene un rol diferenciado, en el primer caso se negocia por el excedente econ&oacute;mico, y en el segundo por lo que se debe igualar y a qu&eacute; nivel.</p>     <p align="justify"><b>EL SOCIALISMO DE MERCADO</b></p>     <p align="justify"><b>E<small>LEMENTOS CONCEPTUALES</small></b></p>     <p align="justify">Las tesis del marxismo de elecci&oacute;n racional (MER) replantean la visi&oacute;n de Marx. Roemer, uno de sus exponentes m&aacute;s destacados, argumenta que esas tesis no son marxistas en el sentido cl&aacute;sico. El MER critica muchas tesis de Marx, en especial la teor&iacute;a del valor trabajo y la explicaci&oacute;n meramente econ&oacute;mica de la evoluci&oacute;n del capitalismo.</p>     <p align="justify">Con el derrumbe de los cimientos de la teor&iacute;a de Marx y del marxismo cl&aacute;sico y el tr&aacute;nsito de las econom&iacute;as planificadas al capitalismo, el MER y otras vertientes marxistas anal&iacute;ticas replantearon algunas ideas de Marx, combinando elementos de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica y herramientas de la teor&iacute;a del equilibrio general y de teor&iacute;a de juegos<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>.</p>     <p align="justify">Si bien no hay un consenso filos&oacute;fico entre estos autores, las tesis del MER, basadas en las intuiciones de Elster, se apartaron de las posiciones funcionales tradicionales del marxismo cl&aacute;sico y adoptaron la visi&oacute;n causal de la filosof&iacute;a anal&iacute;tica anglosajona. En el &aacute;mbito econ&oacute;mico, las cr&iacute;ticas a la teor&iacute;a del valor llevaron a abandonarla para aceptar que las herramientas de la econom&iacute;a ortodoxa tienen mayor utilidad para plantear tesis marxistas con m&aacute;s claridad y reconocer que las “verdades” de Marx esconden imprecisiones que no permiten entender el capitalismo contempor&aacute;neo. Asimismo, el aparente fracaso de la tesis determinista de la evoluci&oacute;n del capitalismo llev&oacute; a replantear los ideales heredados de Marx en una postura moral igualitaria, sin necesidad de una transformaci&oacute;n radical de la sociedad<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. En esta concepci&oacute;n, el mercado se mantiene como elemento central.</p>     <p align="justify"><b>An&aacute;lisis funcional y an&aacute;lisis causal</b></p>     <p align="justify">Seg&uacute;n el MER, el marxismo cl&aacute;sico no da explicaciones causales de los fen&oacute;menos que quiere explicar porque sus an&aacute;lisis no incluyen componentes intencionales. S&oacute;lo ofrece explicaciones funcionales de los procesos sociales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el an&aacute;lisis funcional, un fen&oacute;meno es explicado por un evento posterior. Lo que explica un evento X es funcional a X. As&iacute;, la afirmaci&oacute;n “el Estado capitalista se crea para defender los intereses de clase de los capitalistas” es funcional porque la raz&oacute;n de existencia del Estado es el desarrollo del capitalismo; existe Estado capitalista porque hay capitalismo. Para Elster (1985, 24), la falla fundamental de este argumento es que propone una acci&oacute;n sin sujeto o un “predicado sin sujeto”.</p>     <p align="justify">Para los te&oacute;ricos del MER, el problema de la explicaci&oacute;n funcional es que explica cualquier fen&oacute;meno mediante sus efectos aparentes. Esto crea otra dificultad: los aparentes efectos pueden ser meras correlaciones entre los fen&oacute;menos que se qui ere explicar; es decir, siempre que ocurre un evento X, existe un evento Y que le sucede, pero que no es funcional a X, sino que simplemente se correlaciona con X.</p>     <p align="justify">Para que la explicaci&oacute;n funcional tenga sentido, los te&oacute;ricos del MER proponen una explicaci&oacute;n causal. El punto es que &eacute;sta, y no la explicaci&oacute;n funcional, termina siendo la explicaci&oacute;n relevante<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Esta defensa de las explicaciones causales no es totalmente aceptada en el marxismo anal&iacute;tico, base del MER. Algunos autores, como Cohen (1978), piensan que el an&aacute;lisis funcional es central y que si bien son indispensables los an&aacute;lisis causales, se pueden desarrollar de manera independiente. Por otra parte, exponentes del MER como Roemer piensan que hay an&aacute;lisis funcionales bien fundados e independientes de lo causal; explicaciones macro del ambiente econ&oacute;mico y social. Sin embargo, la gran mayor&iacute;a y quiz&aacute; las m&aacute;s importantes explicaciones de los fen&oacute;menos sociales deben ser causales porque recurren a modelos; es decir, explicaciones que buscan llegar a la esencia de un fen&oacute;meno haciendo abstracci&oacute;n de elementos perturbadores, en cuyo estudio se emplea el an&aacute;lisis hipot&eacute;tico-deductivo, que es en esencia causal.</p>     <p align="justify">Los modelos econ&oacute;micos que examinan los aspectos esenciales de un fen&oacute;meno y que son acogidos por el MER se inspiran en esta idea. Pero no se debe olvidar que el an&aacute;lisis causal tambi&eacute;n tiene inconvenientes. Desde Hume y su desaf&iacute;o esc&eacute;ptico, la teor&iacute;a causal, al menos en t&eacute;rminos emp&iacute;ricos, tiene tantos o m&aacute;s problemas que el an&aacute;lisis funcional (Hausman, 2001).</p>     <p align="justify">Cuando se acepta el an&aacute;lisis causal entran en escena explicaciones basadas en las razones que ofrecen los que participan en el proceso social, por ejemplo, la explicaci&oacute;n de un evento X tiene origen en una raz&oacute;n Y de un agente o grupo de agentes j. No existe condicionamiento social en el sentido de elementos que se imponen desde fuera a los individuos, como sucede en el caso de Marx y otras corrientes de orientaci&oacute;n macroecon&oacute;mica.</p>     <p align="justify">A diferencia de Marx, el MER considera los “micromotivos” que explican los “macrocomportamientos” de los agentes. El problema se convierte as&iacute; en uno de acci&oacute;n colectiva a partir de la l&oacute;gica individual. En las teor&iacute;as que dan explicaciones causales, existen muchas concepciones del comportamiento humano que permiten entender las acciones colectivas<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. El MER opta por la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional, de ah&iacute; el t&iacute;tulo de este ensayo<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>.</p>     <p align="justify">Little (1986) sintetiza as&iacute; la metodolog&iacute;a para abordar los problemas: 1) construcci&oacute;n de microfundamentos para las explicaciones sociales; 2) comprensi&oacute;n de la l&oacute;gica de la explicaci&oacute;n causal de los fen&oacute;menos sociales en t&eacute;rminos anal&iacute;ticos, es decir, los an&aacute;lisis buscan construir teor&iacute;as generales de las que se deriven implicaciones coherentes; 3) uso de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n racional como eje explicativo, y 4) convicci&oacute;n de que las ciencias son potencialmente objetivas<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>Teor&iacute;a del valor trabajo y teor&iacute;a neocl&aacute;sica del valor</b></p>     <p align="justify">La concepci&oacute;n de Marx se estructura alrededor de la teor&iacute;a del valor, que determina los precios relativos de equilibrio y pretende explicar, a partir de ellos, las relaciones de mercado. La teor&iacute;a del valor es el n&uacute;cleo del que se derivan las dem&aacute;s explicaciones econ&oacute;micas y sus implicaciones para la pol&iacute;tica econ&oacute;mica.</p>     <p align="justify">Para Marx, el trabajo abstracto es la fuente del valor y su expresi&oacute;n es el valor de cambio en t&eacute;rminos de dinero. Para el MER esa concepci&oacute;n es errada, la teor&iacute;a del valor trabajo no es necesaria para determinar los precios. En la concepci&oacute;n moderna de la teor&iacute;a cl&aacute;sica, la versi&oacute;n de Piero Sraffa (1960), los precios no necesitan de los valores, como pretend&iacute;a Marx, y la teor&iacute;a del valor trabajo pierde importancia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Para el MER esto significaba que hab&iacute;a que sustituirla por una teor&iacute;a mejor y, de manera poco cr&iacute;tica, adopt&oacute; como referente la teor&iacute;a neocl&aacute;sica del valor, que permit&iacute;a desarrollar con m&aacute;s precisi&oacute;n las intuiciones de Marx usando las herramientas y concepciones neocl&aacute;sicas. Pero esto no s&oacute;lo implica aceptar su poder metodol&oacute;gico, sino tambi&eacute;n las creencias que determinan su visi&oacute;n del mundo, que a pesar de los refinamientos tiene, igual que los modelos cl&aacute;sico y marxista, graves problemas te&oacute;ricos (Cata&ntilde;o, 2004, y Schmitt y Gottardi, 2003). Con la adopci&oacute;n del modelo neocl&aacute;sico se acoge la visi&oacute;n liberal del individuo. Los argumentos sobre la solidez de esa teor&iacute;a parecen argumentos ret&oacute;ricos y de autoridad: se acepta porque se supone que es la mejor, sin que ello se haya dirimido en la “arena intelectual”, se juzga superior s&oacute;lo porque es producto del desarrollo acumulativo de las ideas. Se valida la historia al estilo <i>whig</i> (Blaug, 2001, y Signorino, 2003).</p>     <p align="justify"><b>Enfoques econ&oacute;mico y moral de la transformaci&oacute;n social</b></p>     <p align="justify">El marxismo cl&aacute;sico supone que los determinantes econ&oacute;micos son el eje explicativo de la sociedad capitalista. Las relaciones econ&oacute;micas y el desarrollo de las fuerzas productivas explican la evoluci&oacute;n de las sociedades. Si bien las sociedades anteriores se reg&iacute;an por elementos no econ&oacute;micos, eran impulsadas por la tensi&oacute;n entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producci&oacute;n imperantes.</p>     <p align="justify">A unas relaciones de producci&oacute;n corresponde un estado de las fuerzas productivas. Estas se desarrollan dentro de las primeras, hasta un punto en que las relaciones de producci&oacute;n obstaculizan el desarrollo de las fuerzas productivas. Muchos autores consideran que esta concepci&oacute;n indica que Marx daba primac&iacute;a a las fuerzas productivas y que esto lleva al determinismo tecnol&oacute;gico<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>.</p>     <p align="justify">Esa interpretaci&oacute;n no es del todo correcta. Las fuerzas productivas pueden inducir cambios en las relaciones de producci&oacute;n, pero las fuerzas productivas dependen de las relaciones de producci&oacute;n existentes. Si hubiese otras relaciones de producci&oacute;n, el desarrollo tecnol&oacute;gico seguir&iacute;a otro rumbo y se incentivar&iacute;a de otra manera. La relaci&oacute;n es entonces dial&eacute;ctica. Se puede concebir la primac&iacute;a de las fuerzas productivas en el sentido de Wood (1981), que acepta una explicaci&oacute;n tecnol&oacute;gica porque considera que la din&aacute;mica del cambio depende exclusivamente de las fuerzas productivas. Pienso que la tesis de Wood es v&aacute;lida en relaci&oacute;n con la din&aacute;mica del cambio, pero no invalida la tesis dial&eacute;ctica pues habr&iacute;a que demostrar que el desarrollo tecnol&oacute;gico es independiente de las relaciones de producci&oacute;n existentes, es decir, que no se modificar&iacute;a si hubiese otras relaciones de producci&oacute;n. Hasta ahora no se ha demostrado esta independencia y, por ende, la tesis del determinismo tecnol&oacute;gico pierde su fortaleza.</p>     <p align="justify">Se tienen entonces dos explicaciones de la evoluci&oacute;n de las sociedades: la explicaci&oacute;n fundada en el determinismo tecnol&oacute;gico, que es el eje de las cr&iacute;ticas del MER al proceso y transformaci&oacute;n del capitalismo, y donde se supone la primac&iacute;a de las fuerzas productivas; y la explicaci&oacute;n dial&eacute;ctica, que supone una interrelaci&oacute;n entre fuerzas productivas y relaciones de producci&oacute;n, en la que unas condicionan a las otras.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n el MER, la posici&oacute;n de Marx es ambigua cuando analiza las clases sociales: tienen un papel secundario pero necesario. La clase trabajadora es, en la sociedad actual, la partera de la historia. El capitalismo –que est&aacute; en embarazo y dar&aacute; a luz a su “amado hijo”, el comunismo– est&aacute; determinado por el desarrollo de las fuerzas productivas. Los trabajadores s&oacute;lo logran que el proceso curse sin mayores traumatismos; en otras palabras, si est&aacute;n dadas las condiciones econ&oacute;micas, la lucha de clases ser&aacute; exitosa, de lo contrario fracasar&aacute; (Cohen, 2000). El MER hace dos cr&iacute;ticas:</p>     <p align="justify">1. En las actuales condiciones del capitalismo, muchos agentes consideran irracional cambiar el sistema econ&oacute;mico existente por otro que no conocen. Como los agentes son racionales, hacen un an&aacute;lisis costo-beneficio y se dan cuenta de que es mejor mantener este sistema. Aun si consideraran beneficioso cambiar de sistema ser&iacute;a irracional elegir esta opci&oacute;n porque el proceso de cambio es traum&aacute;tico.</p>     <p align="justify">2. El mercado rinde frutos; por ende, una econom&iacute;a centralmente planificada o un sistema comunista no parecen tener sentido. El mercado es el mejor sistema de asignaci&oacute;n de recursos que puede garantizar la libertad de las personas.</p>     <p align="justify">Si bien las cr&iacute;ticas son pertinentes, Marx las consider&oacute; y les dio respuesta sin cambiar sus conclusiones. El elemento clave que us&oacute; fue la noci&oacute;n de fetichismo. Como muestra Balibar (2000), la aparente imposibilidad f&aacute;ctica del paso hist&oacute;rico del capitalismo al comunismo, debida a que el agente de cambio, el trabajador, est&aacute; de acuerdo con mantener el sistema mercantil, evidencia lo que Marx llam&oacute; el fetichismo de las relaciones econ&oacute;micas, que tiende a naturalizar lo que es s&oacute;lo una fase del proceso hist&oacute;rico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Como el MER no elabora su an&aacute;lisis a partir del car&aacute;cter fetichista de las mercanc&iacute;as sino que se centra en la racionalidad de los agentes econ&oacute;micos, sus cr&iacute;ticas ser&iacute;an muestras innegables de que Marx se equivoc&oacute; en su an&aacute;lisis de la evoluci&oacute;n del capitalismo. Como el an&aacute;lisis del capitalismo es diferente desde estas dos perspectivas, revisaremos las conclusiones que se derivan de ellas.</p>     <p align="justify">En el an&aacute;lisis del fetichismo que Marx propuso no existen leyes objetivas generales independientes del tipo de sociedad. Aunque existen categor&iacute;as comunes, la estructura econ&oacute;mica s&oacute;lo se devela mediante las leyes propias de cada tipo de sociedad. Esto no significa que la ciencia sea un producto arbitrario, que justifica una estructura determinada mostr&aacute;ndola como si fuera objetiva. En Marx, la “sospecha” sobre la verdad de la ciencia no es tan radical como en el mundo de f&aacute;bula de Nietzsche, para usar la expresi&oacute;n de Ricoeur (1996), donde la llave del secreto de la naturaleza se ha perdido, o en la insondable profundidad del inconsciente de Freud. Lo que hace patente el an&aacute;lisis del fetichismo es que aunque las relaciones econ&oacute;micas son temporales, no pueden existir sin su propia objetividad. En otras palabras, las leyes cient&iacute;ficas son objetivas pero temporales, no eternas. S&oacute;lo los que viven en la apariencia del fetiche, dir&iacute;a Marx, eternizan lo que s&oacute;lo es una fase del desarrollo hist&oacute;rico.</p>     <p align="justify">As&iacute;, develar el fetichismo no es negar la objetividad de las relaciones econ&oacute;micas existentes sino mostrar su apariencia de f&aacute;bula, que incorpora lo real: lo que parece eterno a los ojos de las personas es s&oacute;lo temporal. Por ello, la clase trabajadora, agente del cambio, no s&oacute;lo tiene una funci&oacute;n central en la transformaci&oacute;n<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>, tambi&eacute;n debe develar el fetiche y elaborar las premisas te&oacute;ricas que orientan el cambio. La &uacute;nica manera de derribar el fetiche de las mercanc&iacute;as es transformar la base objetiva que lo sostiene: las relaciones econ&oacute;micas. La realidad cambia si cambian las relaciones que la propician, que al decir de Marx no dependen de la conducta de los agentes, sino que se le imponen.</p>     <p align="justify">El MER se opone f&eacute;rreamente a esta perspectiva. Supone que los agentes son aut&oacute;nomos y deciden en un mundo mercantil, objetivo emp&iacute;ricamente. En este tipo de an&aacute;lisis no hay condicionamientos sociales ni apariencias de lo real que enturbien la autonom&iacute;a de los agentes para decidir. Los agentes del MER cumplen los supuestos b&aacute;sicos de la teor&iacute;a de la elecci&oacute;n. El agente econ&oacute;mico y su agregado social no est&aacute;n condicionados por eventos sociales ni por apariencias. La realidad es producto de l&oacute;gicas individuales e interacciones entre agentes<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. La realidad econ&oacute;mica se rige por las elecciones de los agentes y es natural, en el sentido de que en cualquier sistema las decisiones las toma un agente o colectivo. Aun en las econom&iacute;as planificadas, la burocracia determina gran parte de las elecciones de los dem&aacute;s. La elecci&oacute;n, individual o colectiva, siempre rige los procesos econ&oacute;micos<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>.</p>     <p align="justify">Como las cr&iacute;ticas del MER al determinismo econ&oacute;mico acogen esta idea de individuos racionales, las opciones de cambio social no pasan por la transformaci&oacute;n del sistema. La l&oacute;gica individual siempre se impone y crea lo social; por ende, si lo individual no agencia el cambio, lo social no puede generar cambios aut&oacute;nomamente porque no tiene leyes propias que se impongan a los individuos. Para resolver los problemas que genera el sistema capitalista –desequilibrios sociales, desempleo, crisis permanentes y pobreza– el MER propone entonces transformaciones en el orden &eacute;tico y no en el econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify">Pretende inducir cambios al interior y por medio de la misma econom&iacute;a de mercado, que es en teor&iacute;a el mejor sistema de asignaci&oacute;n de recursos. Por ello propone un socialismo de mercado, que a&ntilde;ade una dimensi&oacute;n &eacute;tica al mercado, y que para autores como Roemer es el verdadero y aut&eacute;ntico socialismo. El mercado no es una fase hist&oacute;rica de las relaciones econ&oacute;micas sino una fase eterna del proceso. Como dir&iacute;a Smith (1776), los hombres nacen con la propensi&oacute;n a intercambiar, la evoluci&oacute;n de la historia es la muestra de que la naturaleza mercantil se desarrolla en el proceso hist&oacute;rico.</p>     <p align="justify">Los principios &eacute;ticos entran en escena porque la estructura econ&oacute;mica no cambia. A su vez, la dimensi&oacute;n &eacute;tica se ve fortalecida porque la teor&iacute;a neocl&aacute;sica es, en general, incapaz de hablar de distribuci&oacute;n (Arnsperger y De Vill&eacute;, 2002). Los ingresos son el pago de los factores productivos y, por ende, no hay lucha de clases para repartir el excedente econ&oacute;mico. El problema de la distribuci&oacute;n obedece a motivos no econ&oacute;micos, es decir, a criterios de justicia. En este sentido, el MER se pone del lado de las concepciones liberales igualitarias, que consideran a la justicia como “la primera virtud de las instituciones sociales” (Rawls, 1971, 3).</p>     <p align="justify">Una vez descrita la perspectiva general del MER, examinaremos la tesis del socialismo de mercado con base en el trabajo de Roemer (1994). Primero debemos estudiar la noci&oacute;n de explotaci&oacute;n para entender por qu&eacute; no es un elemento central para estos defensores del socialismo de mercado.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A NOCI&Oacute;N DE EXPLOTACI&Oacute;N</small></b></p>     <p align="justify">En la visi&oacute;n marxista, la explotaci&oacute;n es caracter&iacute;stica de las sociedades jerarquizadas en clases sociales. La explotaci&oacute;n depende de las condiciones de producci&oacute;n y se realiza sin negar las leyes econ&oacute;micas del mercado, que son leyes de equivalencia en el intercambio de mercanc&iacute;as. All&iacute; se produce la plusval&iacute;a.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La plusval&iacute;a es simplemente el excedente entre lo que produce el trabajador y lo que recibe como remuneraci&oacute;n. La plusval&iacute;a no implica robo y, en este sentido, el intercambio no es injusto, sino que se rige por las leyes del mercado. Marx la explica mediante la teor&iacute;a del valor trabajo: el valor de la fuerza de trabajo corresponde a un nivel de salario real equivalente a una canasta de bienes dada hist&oacute;rico-culturalmente. Si el salario es igual a ese valor, el intercambio de fuerza de trabajo cumple con las leyes del valor. De modo que para Marx, el problema de la explotaci&oacute;n no es de car&aacute;cter &eacute;tico.</p>     <p align="justify">El MER, en cambio, relaciona explotaci&oacute;n con injusticia. Tema que se ha tratado a fondo en diversos trabajos de Roemer (1981, 1988 y 1994), quien sugiere que la explotaci&oacute;n no es en t&eacute;rminos normativos ni positivos un criterio central para los problemas que el marxismo le plantea a la sociedad capitalista. La noci&oacute;n de explotaci&oacute;n pierde la fuerza te&oacute;rica que ten&iacute;a en el modelo de Marx. Para mostrarlo, Roemer elabora una noci&oacute;n de explotaci&oacute;n dentro del esquema neocl&aacute;sico mediante un modelo general.</p>     <p align="justify">En la teor&iacute;a neocl&aacute;sica est&aacute;ndar, s&oacute;lo es posible entender la noci&oacute;n de explotaci&oacute;n en condiciones no competitivas. Cuando existen fallas de mercado se pueden presentar situaciones donde los salarios son inferiores a la productividad marginal del trabajo. Pero este evento no responde a leyes generales y la teor&iacute;a dice que en sus condiciones b&aacute;sicas el capitalismo no genera explotaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Roemer modifica la perspectiva general y supone que con la teor&iacute;a neocl&aacute;sica se puede argumentar que el capitalismo “siempre” genera explotaci&oacute;n. Su tesis se basa en el teorema fundamental del capitalismo, formalizado por Morishima (1973), que plantea que cuando un agente A trabaja para otro agente B y B consigue una ganancia, siempre hay explotaci&oacute;n. Roemer retoma esta concepci&oacute;n y plantea que no s&oacute;lo existe explotaci&oacute;n en las condiciones de producci&oacute;n capitalista, tambi&eacute;n hay explotaci&oacute;n en el socialismo.</p>     <p align="justify">Roemer se pregunta por qu&eacute; los agentes deben trabajar para otros. Su respuesta es que lo hacen no por condicionamientos externos a los individuos sino a causa de las diferencias en las dotaciones iniciales; los trabajadores se unen como clase cuando sus intereses son afectados por quienes poseen mayores cantidades de dotaciones iniciales. No es la historia la que genera diferencias entre clases y lleva el germen de la explotaci&oacute;n, por el contrario, hay clases sociales porque hay explotaci&oacute;n. Sin la explotaci&oacute;n los agentes no tendr&iacute;an necesidad de unirse en clases sociales y grupos de inter&eacute;s. Las dotaciones iniciales adquieren as&iacute; car&aacute;cter normativo.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Roemer, esta definici&oacute;n es m&aacute;s general que la de Marx porque no se limita a las condiciones de intercambio de la fuerza de trabajo y de producci&oacute;n de mercanc&iacute;as por medio de ella. Para &eacute;l, tambi&eacute;n existe explotaci&oacute;n en el mercado financiero, en las diferencias de poder burocr&aacute;tico y de talentos naturales (Roemer, 1988). En el mercado financiero, porque unos agentes deben pedir dinero en pr&eacute;stamo a otros y, en forma an&aacute;loga a la explotaci&oacute;n del mercado laboral, los prestatarios no tienen una suficiente dotaci&oacute;n inicial de bienes. En el caso de las diferencias de poder burocr&aacute;tico hay explotaci&oacute;n porque algunos aprovechan el diferencial de poder para obtener ganancias. Por su parte, las desigualdades de talento afectan las dotaciones iniciales, de modo que los m&aacute;s talentosos obtienen mayores ingresos que los menos talentosos.</p>     <p align="justify">Si bien estas analog&iacute;as son ingeniosas, vale la pena hacer algunos comentarios. Roemer ha contribuido a revitalizar el an&aacute;lisis marxista, mostrando que Marx es esencial para entender c&oacute;mo funciona el capitalismo, sin compartir su postura “revolucionaria”. Adem&aacute;s, muestra que los conceptos econ&oacute;micos de Marx se pueden estudiar y evaluar igual que los de cualquier otro te&oacute;rico de la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">Es criticable, sin embargo, su interpretaci&oacute;n de la historia del pensamiento econ&oacute;mico. En Gallardo (2004) se destaca el peligro de la interpretaci&oacute;n racional y acumulativa. En nuestro caso, se despoja a Marx de sus concepciones te&oacute;ricas centrales y s&oacute;lo se utilizan sus conclusiones, en el marco de un modelo ajeno a su metodolog&iacute;a. Adem&aacute;s, se remplaza la visi&oacute;n intraindividual de Marx por una visi&oacute;n individualista. Se recorta la visi&oacute;n hist&oacute;rica y todo se explica en t&eacute;rminos est&aacute;ticos, la existencia de clases sociales no contribuye a explicar la explotaci&oacute;n; es, en cambio, producto de la racionalidad de los agentes explotados.</p>     <p align="justify">Cabe se&ntilde;alar tambi&eacute;n que en el caso de la explotaci&oacute;n financiera la conclusi&oacute;n es extra&ntilde;a. Parece que los &uacute;nicos que son explotadores son los banqueros, &eacute;stos son los que prestan a otros, incluso a los capitalistas del momento, que ser&iacute;an explotados en la teor&iacute;a de Roemer. Y en la explotaci&oacute;n burocr&aacute;tica y de talentos los criterios son particulares. Cuando hay explotaci&oacute;n burocr&aacute;tica hay fallas de mercado, igualmente, los talentos naturales son producto de la “loter&iacute;a de la vida”. Por tanto, estos ejemplos no se pueden usar como argumentos para hablar de explotaci&oacute;n, en un sentido te&oacute;rico general.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, el mecanismo para entender cu&aacute;ndo existe o no explotaci&oacute;n es problem&aacute;tico. Se suponen situaciones contraf&aacute;cticas y el criterio para determinar si existe es ver si los agentes estar&iacute;an mejor en las condiciones del modelo o en condiciones igualitarias. Si el explotado est&aacute; mejor sin trabajar para otros, sin pedir prestado, sin poderes burocr&aacute;ticos y sin diferencias de talentos y, adem&aacute;s, el explotador est&aacute; peor, existe explotaci&oacute;n y es moralmente injusta porque todos estar&iacute;an mejor en condiciones igualitarias, y el mercado se desarrollar&iacute;a en toda su extensi&oacute;n.</p> </font>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El problema de los an&aacute;lisis contraf&aacute;cticos es que se pueden imaginar innumerables situaciones de explotaci&oacute;n. Por ejemplo, si el agente X, que vive lejos del centro econ&oacute;mico CE, estuviese mejor si viviera en CE, y el agente Y que vive en CE se perjudicara si X viviese en CE, X estar&iacute;a explotado geogr&aacute;ficamente. Roemer defiende su tesis se&ntilde;alando que su criterio se debe depurar con supuestos adicionales para evitar conclusiones contrarias al sentido com&uacute;n. En suma, el an&aacute;lisis se convierte en un problema t&eacute;cnico donde se pierde el horizonte que dio nacimiento a estas teor&iacute;as (Roemer, 1988).</font></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="justify"><b>E<small>L SOCIALISMO DE MERCADO. IGUALDAD DE DOTACIONES Y COMPETENCIA</small></b><a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a></p>     <p align="justify">Para Roemer, la diferencia entre capitalismo y socialismo es que en el primero prima la desigualdad y en el segundo la igualdad.</p>     <p align="justify">La igualdad es un elemento previo para conseguir la libertad o autodeterminaci&oacute;n de los individuos. La sociedad de mercado genera sistemas de asignaci&oacute;n adecuados aunque exista explotaci&oacute;n. Los agentes son premiados por sus acciones y sus actos, el mercado castiga al que no sea eficiente. As&iacute;, el sistema capitalista es justo. La dificultad se presenta en las condiciones iniciales de la competencia. Aqu&iacute; existen circunstancias que el agente no puede manejar y, por ende, se generan situaciones injustas.</p>     <p align="justify">Si el agente X tiene pocas dotaciones iniciales con respecto al agente Y, por m&aacute;s racional que sea su actuar en el mercado, X estar&aacute; en desventaja. Hay entonces injusticias m&aacute;s profundas subyacentes a la explotaci&oacute;n, principalmente el desigual acceso a los medios de producci&oacute;n<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>. En s&iacute;ntesis, existen circunstancias que los agentes dominan y otras que no dependen de ellos. Las primeras provocan comportamientos desiguales en el mercado y las segundas crean injusticias previas al mercado, pues son imposiciones sociales que afectan el m&eacute;rito de las personas.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n el MER, hay que igualar las que no dependen de las personas, pero no se deben igualar las que obedecen al m&eacute;rito y m&aacute;s bien se deben incentivar. La explotaci&oacute;n existir&aacute; en escenarios igualitarios y no igualitarios, pero en los primeros no habr&aacute; injusticias. Para acabar las injusticias hay que eliminar la desigualdad de dotaciones iniciales. Y para ello se propone el socialismo de mercado, al que Roemer justifica porque</p>     <blockquote>      <p align="justify">[…] hay que igualar las oportunidades antes de que las personas empiecen a competir, en caso necesario mediante la intervenci&oacute;n social pero, una vez comenzada la competici&oacute;n, cada cual ha de val&eacute;rselas por s&iacute; mismo (Roemer, 1999, 16).</p> </blockquote>     <p align="justify">Visi&oacute;n que se fundamenta en la existencia de transferencias de valor que no son injustas. Por ejemplo, las transferencias de plustrabajo no son injustas en una sociedad donde los medios de producci&oacute;n son de propiedad p&uacute;blica, las oportunidades de trabajo est&aacute;n distribuidas de manera igualitaria, y las personas que se encuentran en una posici&oacute;n desigual (talento o ventajas naturales) son compensadas con pol&iacute;ticas sociales y de distribuci&oacute;n de ingresos (Gui&ntilde;az&uacute;, 1999).</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Roemer (2000), hay dos criterios para hablar de igualdad de oportunidades en las democracias occidentales cuando las condiciones son en cierta medida injustas. Primero, la sociedad debe hacer lo que pueda para que las “reglas de juego sean iguales para todos” y, segundo, el acceso a un puesto de trabajo o a cualquier actividad se juzga teniendo en cuenta “exclusivamente las aptitudes necesarias para desempe&ntilde;arlo”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Y adopta el primer criterio, el segundo es propio de las posturas libertarias neoliberales. Para &eacute;l, se debe ir m&aacute;s all&aacute; de la falta de discriminaci&oacute;n; hay que procurar que las reglas de juego sean iguales para todos. La pregunta es, entonces, c&oacute;mo conseguir tan venerable y respetable prop&oacute;sito institucional<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>.</p>     <p align="justify">Reglas iguales para todos implica no s&oacute;lo la manipulaci&oacute;n de los fen&oacute;menos de pol&iacute;tica econ&oacute;mica. La igualdad de oportunidades abarca las situaciones que afectan el desarrollo de las reglas de juego igualitarias. Al afectar estas situaciones, se consigue que las reglas de juego sean iguales para todos. Es injusta, por ejemplo, la apropiaci&oacute;n desigual de las ganancias y de los ingresos derivados de la suerte de nacer en familias acomodadas. As&iacute;, la igualdad no implica s&oacute;lo igualdad en el gasto, como aclara Roemer (1999, 16):</p>     <blockquote>      <p align="justify">[…] la igualdad de gastos quiz&aacute; no sea suficiente para que las reglas de juego en dichos casos sean iguales para todos. Si un ni&ntilde;o debidamente formado es la consecuencia de aplicar cierta tecnolog&iacute;a a un conjunto de insumos o recursos, algunos situados m&aacute;s all&aacute; de la influencia de las escuelas –la herencia gen&eacute;tica del ni&ntilde;o, su familia y barrio en el que vive, combinados con otros que el distrito escolar puede suministrar: maestros, escuelas, libros–, se podr&iacute;a decir que para conseguir que las reglas de juego sean iguales para todos, habr&iacute;a que compensar proporcionando una dosis adicional de los recursos citados en segundo lugar a quienes han recibido cantidades menores de los recursos citados en primer lugar.</p> </blockquote>     <p align="justify">El objetivo es fijar la “l&iacute;nea de salida”, para que haya competencia. En t&eacute;rminos generales, se debe definir en la pr&aacute;ctica lo que distingue a las personas y no es producto de su responsabilidad, aunque afecte la capacidad parar lograr un mejor bienestar.</p>     <p align="justify">Las aptitudes son independientes del control individual. As&iacute;, en un ambiente donde hay diferencias de dotaciones no hay meritocracia aut&eacute;ntica. No se trata de eliminar las clases sociales como motor de incentivos sino de que en la l&iacute;nea de salida todos tengan la misma oportunidad y que en el proceso se dividan en clases sociales. Este sistema no condena el esfuerzo individual sino que impone a la sociedad un nivel de justicia competitiva. En el mercado se concilian as&iacute; lo individual y lo colectivo, es decir, la igualdad inicial y la b&uacute;squeda del progreso individual<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>.</p>     <p align="justify">Los logros de una persona dependen de las circunstancias que no decide y los esfuerzos que decide libremente. El objetivo es:</p>     <blockquote>      <p align="justify">[…] compensar las diferencias en las circunstancias de las personas hasta el punto de que dichas diferencias afecten sus logros […] pero sin compensar a esas personas por las consecuencias que surgen de la forma en que se han esforzado (Roemer, 1999 19).</p> </blockquote>     <p align="justify">Ahora bien, &iquest;qu&eacute; circunstancias son del tipo 1 y cu&aacute;les del tipo 2? Para Roemer la sociedad decide mediante un procedimiento pol&iacute;tico. El juego de la pol&iacute;tica enfrenta dos dilemas b&aacute;sicos. Primero, definir las circunstancias de tipo 1 que se han de considerar y, una vez definidas, decidir si las reglas de juego se deben nivelar parcial o totalmente. En palabras de Roemer, la primera decisi&oacute;n consiste en</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <p align="justify">[…] aplicar el principio de igualdad de oportunidades a la situaci&oacute;n estudiada, determinar las circunstancias que definen el tipo, y establecer la magnitud de los recursos que la sociedad debe destinar para igualar las oportunidades en cada situaci&oacute;n (Roemer, 1999).</p> </blockquote>     <p align="justify">La pol&iacute;tica debe entonces compensar las diferencias entre tipos (o clases) sin afectarlos internamente, pues de lo contrario llevar&iacute;a al segregacionismo y afectar&iacute;a a quienes comparten las mismas circunstancias.</p>     <p align="justify">La segunda consiste en decidir la magnitud de la compensaci&oacute;n, y aqu&iacute; Roemer defiende la necesidad de una pol&iacute;tica distributiva, que compensa a unos agentes desincentivando a otros. Todo criterio de compensaci&oacute;n genera desincentivos para los que tienen que aportar recursos. Incluso las pol&iacute;ticas de compensaci&oacute;n a la educaci&oacute;n reducen el producto presente y, por tanto, la cantidad de riqueza a repartir en el futuro. En el capitalismo toda pol&iacute;tica distributiva basada en criterios de justicia tiene el problema de que al mejorar o igualar un valor afecta otros que “nos pueden inducir a limitar hasta d&oacute;nde equiparamos las oportunidades” (Roemer, 1999, 29).</p>     <p align="justify">En suma, no siempre se logra la compatibilidad de la igualdad y la libertad con el progreso. Desde la perspectiva igualitaria se viola la eficiencia, propia de las sociedades de mercado. El nivel de semejanza de estos fines depende del criterio de justicia distributiva que se adopte; un liberal privilegiar&aacute; la igualdad total, un socialista la igualdad con medios de producci&oacute;n p&uacute;blicos, y un conservador el aumento del producto y de la cantidad a distribuir.</p>     <p align="justify">En conclusi&oacute;n, desde la perspectiva igualitaria, el desarrollo del mercado s&oacute;lo es posible si las condiciones son justas en el punto de partida. La libertad se desarrolla en el mercado. Walras y Pareto dominan en esta concepci&oacute;n. Sin embargo, Roemer no puede conciliar, dentro de una econom&iacute;a de mercado, valores como la igualdad y la libertad.</p>     <p align="justify">La igualdad no se convierte entonces en condici&oacute;n de la libertad sino en un elemento para propiciar el desarrollo del mercado, y nunca es completa. S&oacute;lo se elimina la desigualdad en materia de condiciones iniciales. El mercado genera otras, pero no son un problema porque son producto de la elecci&oacute;n individual.</p>     <p align="justify"><b>LA TESIS DE LA LIBERTAD EN MARX</b></p>     <p align="justify">Esta parte desarrolla las ideas del marxismo cl&aacute;sico. La interpretaci&oacute;n es fiel a Marx, no s&oacute;lo en sus conclusiones sino en la estructura te&oacute;rica y la manera de formular los problemas y las soluciones te&oacute;ricas<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>. La posici&oacute;n del marxismo cl&aacute;sico es coherente con la metodolog&iacute;a propuesta por Marx, que el MER rechaza por considerarla inconsistente; aunque existen diversas interpretaciones de Marx, la metodolog&iacute;a intraindividual es com&uacute;n a todas ellas, y opuesta al individualismo metodol&oacute;gico y a la concepci&oacute;n del valor neocl&aacute;sica.</p>     <p align="justify"><b>L<small>A LIBERTAD COMO VALOR CENTRAL DE LA SOCIEDAD POSCAPITALISTA</small></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Marx considera que los criterios de justicia no son esenciales para evaluar el capitalismo porque el cambio social no se puede efectuar por la v&iacute;a moral. Su pensamiento &eacute;tico es fundamental para su tesis de la marcha hacia la autodeterminaci&oacute;n del ser humano, pero para su objetivo, el estudio de las leyes del capitalismo y su evoluci&oacute;n, no es esencial. Seg&uacute;n algunos autores, la visi&oacute;n moral s&oacute;lo alcanza su plena dimensi&oacute;n en la sociedad sin clases (Balibar, 2000, y Callinicos, 2003).</p>     <p align="justify">En Marx la explotaci&oacute;n respeta la equivalencia del mercado, por ello no se puede entender con criterios de justicia. No se trata de que la remuneraci&oacute;n del trabajador sea justa o injusta, puesto que en el mercado competitivo se le paga su valor. Lo fundamental es la libertad, que no se puede alcanzar en las sociedades de clases, sino por fuera de ellas. La falta de libertad se manifiesta en la relaci&oacute;n entre trabajador y empleador. El trabajador “debe” trabajar para otro<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>.</p>     <p align="justify">Esto no significa que Marx no tenga una visi&oacute;n de justicia sino –siguiendo a Wood– que su noci&oacute;n de justicia no se basa en criterios morales o jur&iacute;dicos de igualdad. La justicia se alcanza mediante bienes no morales, que tienen ra&iacute;ces en el proceso econ&oacute;mico. La libertad s&oacute;lo se puede alcanzar mediante procesos sociales y econ&oacute;micos. En otras palabras, Marx busca el desarrollo de bienes no morales, los bienes morales s&oacute;lo se generan en la lucha de clases y no son universales.</p>     <p align="justify">Adem&aacute;s, cualquier posici&oacute;n &eacute;tica respalda intereses de clase. Los criterios de justicia que existen en una sociedad surgen porque hay conflictos sociales: se crean mecanismos institucionales basados en derechos que permiten desarrollar los criterios de justicia pactados entre los contendientes, que ordenan las relaciones sociales, y por ende, preservan el <i>status quo</i>. Marx no niega los problemas morales del capitalismo, s&oacute;lo sostiene que la formaci&oacute;n de los criterios de justicia y de derechos depende de las relaciones de poder y no de valores universales.</p>     <p align="justify">Incluso, como veremos, la igualdad no es necesaria para alcanzar la libertad; es, por el contrario, su negaci&oacute;n. El MER subraya la tensi&oacute;n entre valores cuando se emplean criterios de justicia. En Marx, el problema se resuelve a favor de la libertad, que no se refiere a los derechos sino al desarrollo econ&oacute;mico y al cambio de las relaciones sociales. As&iacute;, la lucha por el aumento de salarios no se basa en el derecho a vivir una “vida digna” sino en la b&uacute;squeda de mayor participaci&oacute;n en el excedente econ&oacute;mico. Lo que no niega que el trabajador legitime su lucha con argumentos no econ&oacute;micos, como la defensa de alg&uacute;n derecho social; en este sentido, la lucha econ&oacute;mica adquiere legitimidad jur&iacute;dica y moral. Pero lo importante es que la justicia no predomina sobre las relaciones econ&oacute;micas.</p>     <p align="justify">Marx define la libertad en oposici&oacute;n al pensamiento liberal. Para &eacute;l, la libertad se enmarca en el conjunto de derechos que la sociedad capitalista instituy&oacute; como derechos esenciales, y que resume en la Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre, a los que concibe como “derechos d el <i>miembro de la sociedad burguesa</i>, es decir, del hombre ego&iacute;sta, de l hombre separado del hombre y de la comunidad” (Marx, 1843, 56-57).</p>     <p align="justify">Ideales liberales como libertad, igualdad y seguridad no responden a valores universales, en el sentido de ser ahist&oacute;ricos y atemporales, sino que son el resultado de una estructura social, la estructura capitalista, que lleva a concebir la libertad como el derecho a defender la propiedad en el sentido amplio de la ideolog&iacute;a liberal expl&iacute;cito en las lecciones de jurisprudencia de Adam Smith (1762), donde la libertad es la defensa de la justicia conmutativa, la defensa de un conjunto de derechos (perfectos): derechos como hombre, como miembro de una familia y como ciudadano. Derechos que dan preeminencia al individuo y est&aacute;n amparados y limitados de manera formal.</p>     <p align="justify">Este conjunto de “derechos del hombre” implica que la limitaci&oacute;n del hombre es el mismo hombre. Por ejemplo, Marx define el derecho a la propiedad como:</p>     <blockquote>      <p align="justify">El derecho a disfrutar de su patrimonio y a disponer de &eacute;l arbitrariamente (<i>&aacute; son gr&eacute;</i>), sin atender a los dem&aacute;s hombres, independientemente d e la sociedad, el derecho d e l inter&eacute;s personal. Aquella libertad individual y esta aplicaci&oacute;n suya constituyen el fundamento de la sociedad burguesa. <i>Sociedad que hace que todo hombre encuentre en otros hombres, no la realizaci&oacute;n sino, por el contrario, la limitaci&oacute;n de su libertad</i> (Marx, 1843, 56-71, &eacute;nfasis m&iacute;o).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Estas ideas se formalizaron en el criterio de justicia elaborado por Walras y Pareto, cuyo objetivo era construir una teor&iacute;a social donde la b&uacute;squeda de bienestar personal llegara hasta donde no afectara el bienestar de otros.</p>     <p align="justify">Las dificultades que se&ntilde;al&oacute; Marx, se hacen expl&iacute;citas en la tensi&oacute;n entre igualdad y libertad en las teor&iacute;as liberales actuales, que muestran la imposibilidad de alcanzar mayor igualdad respetando la libertad. Y que constatan los exponentes del MER, para quienes, si bien se debe propugnar una mayor igualdad, &eacute;sta no se puede lograr en su totalidad porque se perder&iacute;an los incentivos econ&oacute;micos.</p>     <p align="justify">En el mundo liberal, la igualdad se subordin&oacute; a la libertad desde el comienzo. En la visi&oacute;n m&aacute;s radical, la igualdad se redujo a la igualdad de los intercambios econ&oacute;micos (intercambio de equivalentes o igualaci&oacute;n de las condiciones iniciales para la competencia) y a la igualdad en el sentido de personas jur&iacute;dicamente libres, como dice Marx:</p>     <blockquote>      <p align="justify">La <i>&eacute;</i><i>galit&eacute;</i>, considerada aqu&iacute; en su sentido no pol&iacute;tico, no es otra cosa que la igualdad de la <i>libert &eacute;</i> […] a saber: que todo hombre se considere por igual como una m&oacute;nada atenida a s&iacute; misma.</p> </blockquote>     <p align="justify">Incluso en teor&iacute;as igualitarias como las de Rawls y Dworkin, los criterios igualitarios (justicia distributiva) se supeditan a la defensa de la libertad en el sentido liberal (justicia conmutativa). Los ideales liberales est&aacute;n ligados necesariamente a la defensa del inter&eacute;s propio en el mundo econ&oacute;mico (Kimlicka, 1995)<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>:</p>     <blockquote>      <p align="justify">Ninguno de los derechos humanos va, por tanto, m&aacute;s all&aacute; del hombre ego&iacute;sta, del hombre como miembro de la sociedad burguesa, es decir, del individuo replegado en s&iacute; mismo, en su inter&eacute;s privado y en su arbitrariedad privada, y disociado de la comunidad. Muy lejos de concebir al hombre como ser gen&eacute;rico, estos derechos hacen aparecer, por el contrario, la vida gen&eacute;rica misma, la sociedad, c o m o marco externo a los individuos, como limitaci&oacute;n de su independencia originaria. El &uacute;nico nexo que los mantiene en cohesi&oacute;n es la necesidad natural, la necesidad y el inter&eacute;s privado, la conservaci&oacute;n de su propiedad y de su persona ego&iacute;sta (Marx, 1843, 56-71).</p> </blockquote>     <p align="justify">La noci&oacute;n liberal de libertad s&oacute;lo legitima el inter&eacute;s propio y termina por naturalizar y dar car&aacute;cter universal a los derechos humanos y al r&eacute;gimen econ&oacute;mico existente. Este concepto de libertad es esencial porque legitima al hombre como ser que maximiza su inter&eacute;s propio.</p>     <p align="justify">Para Marx, el gran problema de la visi&oacute;n liberal es que la aut&eacute;ntica libertad no se puede alcanzar con la disoluci&oacute;n de la sociedad y de la comunidad sino, por el contrario,</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <p align="justify">[…] cuando el hombre individual real recobra en s &iacute; al ciudadano abstracto y se convierte, como hombre individual, en ser gen &eacute; rico, en su trabajo individual y en sus relaciones individuales; s&oacute;lo cuando el hombre ha reconocido y organizado sus <i>forces propres</i> como fuerzas sociales y cuando, por tanto, no desglosa ya de s &iacute; la fuerza social bajo la forma de fuerza pol&iacute;tica, s&oacute;lo entonces se lleva a cabo la emancipaci&oacute;n human a.</p> </blockquote>     <p align="justify">Aqu&iacute; se hace patente la gran diferencia entre los enfoques liberales y marxistas cuando se reflexiona sobre el hombre en sociedad. Para Marx el hombre est&aacute; inserto en la sociedad como categor&iacute;a. La l&oacute;gica intraindividual se impone en Marx. Como plantea Luk&aacute;cs:</p>     <blockquote>      <p align="justify">No es la primac&iacute;a de los motivos econ&oacute;micos en la explicaci&oacute;n hist&oacute;rica lo que constituye la diferencia decisiva entre el marxismo y el pensamiento burgu&eacute;s sino el punto de vista de la totalidad […] la separaci&oacute;n capitalista del productor y el proceso total de producci&oacute;n, la divisi&oacute;n del proceso de trabajo en partes a expensas de la humanidad individual del trabajador, la atomizaci&oacute;n de la sociedad en individuos que deben producir continuamente, d&iacute;a y noche, tienen una profunda influencia en el pensamiento, la ciencia y la filosof&iacute;a del capitalismo (Luk&aacute;cs, 1971, 27, citado en Bor&oacute;n, 1999).</p> </blockquote>     <p align="justify">Para Marx, la sociedad liberal elimina al hombre como ser social y, en este sentido, impide su emancipaci&oacute;n. La noci&oacute;n de libertad de Marx es de otra naturaleza, como veremos a continuaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Andrzej Walicki, Marx la concibe como el control total de las fuerzas que alienan al hombre, en dos sentidos: capacidad para dominar la naturaleza y posibilidad de eliminar las fuerzas sociales alienantes. El hombre controlar&aacute; su destino una vez se emancipe de estas dos grandes trabas: “El hombre es el &uacute;nico actor y autor de la historia. La libertad determina el propio destino; libertad es autodeterminaci&oacute;n” (Walicki, 1988).</p>     <p align="justify">Esta noci&oacute;n de libertad es diferente de la interpretaci&oacute;n liberal como libertad de coerci&oacute;n de otros, que no considera la posibilidad de que el hombre se libere de su entorno, pues considera que est&aacute; sometido al azar de las fuerzas objetivas de la naturaleza. As&iacute; es imposible la libertad natural u objetiva. Adem&aacute;s, la noci&oacute;n liberal naturaliza los derechos humanos y tampoco considera que puedan cambiar las relaciones sociales de base econ&oacute;mica. S&oacute;lo es posible la libertad de coerci&oacute;n y de restricci&oacute;n siempre y cuando no afecte a otros; libertad y necesidad no est&aacute;n relacionadas, como s&iacute; lo est&aacute;n en Marx, quien desarrolla su concepci&oacute;n en el cap&iacute;tulo V del libro I de <i>El capital</i>, “El proceso de trabajo y proceso de valorizaci&oacute;n”, donde plantea que en su relaci&oacute;n objetiva con la naturaleza, la libertad se expresa en el acrecentamiento del poder del ser humano sobre la naturaleza mediante el desarrollo de las fuerzas productivas, y en la relaci&oacute;n entre el hombre y la sociedad.</p>     <p align="justify">La dependencia con respecto a la naturaleza y a las relaciones sociales de producci&oacute;n se manifiesta en las relaciones laborales, relaciones de clase resultado de la divisi&oacute;n social e hist&oacute;rica entre due&ntilde;os de los medios de producci&oacute;n y trabajadores. La diferencia se ubica en el entorno de la propiedad privada de los medios de producci&oacute;n y por ello se debe eliminar, no para volver al comunismo primitivo, sino para aprovechar el desarrollo de innovaciones tecnol&oacute;gicas fruto del capitalismo en una sociedad comunitaria.</p>     <p align="justify">La libertad no es el reconocimiento de la libertad jur&iacute;dica y formal de las personas, que son funcionales a las diferencias originadas en las relaciones de producci&oacute;n; para que haya trabajadores es necesario encontrar personas jur&iacute;dicamente libres dispuestas a vender su fuerza de trabajo, y esto lo garantiza la libertad liberal<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>. La libertad y la emancipaci&oacute;n en Marx requieren entonces otras relaciones sociales. Por ello dice que en la esfera de la circulaci&oacute;n –donde no se ven las relaciones de producci&oacute;n, las aut&eacute;nticas relaciones sociales, y donde el “librecambista <i>vulgaris</i> va a buscar las ideas”– reinan los derechos humanos de la ideolog&iacute;a liberal, que legitiman el ego&iacute;smo. En esa esfera existe libertad, porque las relaciones son contractuales y, por ende, aut&oacute;nomas y no forzosas; igualdad, porque el contrato o intercambio de mercanc&iacute;as se hace entre equivalentes, y propiedad, porque cada persona s&oacute;lo puede negociar lo que le pertenece sin arrebatar nada a otro por la fuerza; y “a cuantos intervienen en estos actos s&oacute;lo los mueve su inter&eacute;s” (Marx, 1867, 129).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pero este para&iacute;so de los derechos se transforma y cambia una vez nos encontramos con las relaciones sociales de producci&oacute;n. Las relaciones laborales se caracterizan por estar supeditadas al objetivo del capitalista. Se disocia el rendimiento diario del trabajo y su costo de conservaci&oacute;n, surge as&iacute; la explotaci&oacute;n y se reproducen las relaciones sociales caracterizadas por esta alienaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En vista de ello, la soluci&oacute;n de Marx consiste en eliminar las relaciones de producci&oacute;n existentes. La libertad se restringe siempre que hay explotaci&oacute;n porque el mecanismo institucional del capitalismo obliga a que X trabaje para Y con independencia de que X se beneficie m&aacute;s que si estuviera desempleado. El agente X se puede beneficiar pero X ve limitada su libertad de autodeterminaci&oacute;n. Posici&oacute;n contraria a la del MER, que privilegia el fin individual. Para el marxismo cl&aacute;sico estar&iacute;amos inmersos en la ilusi&oacute;n o fetiche de la elecci&oacute;n individual en un mundo que, por carencia de libertad, no puede producir elecciones libres.</p>     <p align="justify">Pero el cambio de las relaciones de producci&oacute;n no equivale a la emancipaci&oacute;n, puede resultar en un fracaso; es necesario que sea precedido de un avance de la libertad con respecto a la naturaleza; para Marx, hay una relaci&oacute;n causal que s&oacute;lo se puede explicar en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos. La emancipaci&oacute;n del hombre s&oacute;lo es posible junto con la liberaci&oacute;n objetiva de las fuerzas alienantes de la naturaleza. En sus propias palabras:</p>     <blockquote>      <p align="justify">[…] es posible alcanzar la real liberaci&oacute;n solamente en el mundo real y por medios reales [...] la esclavitud no se puede abolir sin la m&aacute;quina de vapor y la hiladora mec&aacute;nica, la servidumbre no se puede abolir sin el mejoramiento de la agricultura y, en general, la gente no puede ser liberada en tanto est&eacute; incapacitada para obtener comida y bebida, habitaci&oacute;n y ropa en adecuada cantidad y calidad. La liberaci&oacute;n es un acto hist&oacute;rico y no mental, surge por condiciones hist&oacute;ricas, el nivel de industrializaci&oacute;n, comercio, agricultura, comunicaci&oacute;n.</p> </blockquote>     <p align="justify">En s&iacute;ntesis, la emancipaci&oacute;n se lograr&aacute; una vez eliminada la alienaci&oacute;n social, cuando el dominio sobre la naturaleza permita satisfacer las necesidades humanas. La libertad se consigue, entonces, en un proceso hist&oacute;rico que obra a espaldas de los sujetos. Es la especie humana, y no el individuo particular, el que se va emancipando. El dominio sobre las cosas y sobre las relaciones sociales alienantes es esencial en el concepto de libertad colectiva.</p>     <p align="justify">El problema es que el dominio de la naturaleza s&oacute;lo es posible en la prehistoria de la humanidad (el per&iacute;odo actual, seg&uacute;n Marx) a costa de la alienaci&oacute;n social. La fase capitalista es la m&aacute;s desarrollada productivamente (libre objetivamente) y la m&aacute;s alienada socialmente (sin libertad social a causa de la explotaci&oacute;n). En este doble sentido, el capitalismo es un paso necesario hacia la sociedad futura. El desarrollo de la libertad sigue una dial&eacute;ctica hist&oacute;rica. En <i>El capital</i> se hace patente una alienaci&oacute;n autoenriquecedora que Walicki define as&iacute;:</p>     <blockquote>      <p align="justify">Con respecto al desarrollo de los poderes productivos del hombre, el capitalismo era, por cierto, un triunfo de la libertad; pero con respecto al control del hombre sobre sus propias relaciones sociales, representaba, al mismo tiempo, la m&aacute;s grande negaci&oacute;n de la libertad, la m&aacute;s completa dominaci&oacute;n por fuerzas alienadas y materializadas (Walicki, 1998).</p> </blockquote>     <p align="justify">Esta alienaci&oacute;n autoenriquecedora se manifiesta en diversos aspectos de la evoluci&oacute;n del capitalismo, como en el desarrollo de la divisi&oacute;n del trabajo. &Eacute;sta implica la subordinaci&oacute;n y la interdependencia de los individuos, pero tambi&eacute;n ampl&iacute;a el espectro de posibles disfrutes de los miembros de la sociedad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Este proceso es dial&eacute;ctico porque la explotaci&oacute;n es necesaria para lograr la libertad objetiva y, al mismo tiempo, la evoluci&oacute;n del proceso de alienaci&oacute;n en el mundo del trabajo lleva a su eliminaci&oacute;n. Marx lo muestra claramente en el cap&iacute;tulo sobre la acumulaci&oacute;n originaria, que resume el proceso dial&eacute;ctico y de alienaci&oacute;n autoenriquecedora del progreso y la emancipaci&oacute;n del ser gen&eacute;rico “hombre”.</p>     <p align="justify">En ese cap&iacute;tulo, Marx muestra que su noci&oacute;n de libertad incluye el desarrollo de la “individualidad del trabajador”, que lleva a que el trabajador se haga due&ntilde;o del control sobre sus medios de producci&oacute;n. Este sistema excluye por definici&oacute;n los rasgos propios de la sociedad alienante, a saber, la concentraci&oacute;n y la divisi&oacute;n del trabajo.</p>     <p align="justify">Sin embargo, para conseguirse, &eacute;sta se debe negar primero, pues para emanciparnos de la naturaleza es necesario el proceso de alienaci&oacute;n. En otras palabras, el desarrollo del dominio de la libertad objetiva va de la mano con la alienaci&oacute;n del proceso capitalista. No obstante, este proceso, que opera por leyes inmanentes, da paso a sus propias contradicciones: “la centralizaci&oacute;n de los medios de producci&oacute;n y la socializaci&oacute;n del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista” (Marx, 1867, 648). En este momento</p>     <blockquote>      <p align="justify">[se] recogen los progresos de la era capitalista: una propiedad individual [aunque] basada en la cooperaci&oacute;n y en la posesi&oacute;n colectiva de la tierra y de los medios de producci&oacute;n producidos por el propio trabajo (ib&iacute;d.).</p> </blockquote>     <p align="justify">Pero una vez se llega a ese punto, el de una posible sociedad sin clases, se requieren mecanismos institucionales que hagan posible la distribuci&oacute;n, con criterios de justicia, de acuerdo con las necesidades de sus miembros, que son de diversos tipos, y unas m&aacute;s costosas que otras. En el marxismo cl&aacute;sico hay vac&iacute;os en el estudio de las necesidades, y sobre los criterios para satisfacerlos, de modo que la soluci&oacute;n queda abierta (Kimlicka, 1995, 205-209).</p>     <p align="justify">Se podr&iacute;a objetar que en una sociedad sin clases no se necesitan criterios de justicia porque la abundancia elimina la escasez; no obstante, el desarrollo tecnol&oacute;gico produce externalidades ambientales que ponen en cuesti&oacute;n la eliminaci&oacute;n total de la escasez. La libertad con respecto a la naturaleza nunca es total, y si bien se debe desarrollar la tecnolog&iacute;a, no debe poner en peligro el entorno natural. Por ello, se requieren criterios de justicia para enfrentar el problema t&eacute;cnico de satisfacer las necesidades en un mundo de recursos naturales escasos en el que ya se haya logrado la emancipaci&oacute;n con respecto a las relaciones de producci&oacute;n y parcialmente la libertad objetiva. En cierto modo esta implicaci&oacute;n muestra una falla en la idea de libertad de Marx. No hay libertad total pero se puede lograr un nivel tolerable con respecto a la naturaleza, complementado con un criterio de justicia. Esto no refuta la noci&oacute;n de Marx sino que da sentido a la perspectiva moral, no como criterio emancipador sino como sost&eacute;n de la estructura social.</p>     <p align="justify"><b>&iquest;P<small>UEDE EL MARXISMO CL&Aacute;SICO PROPONER POL&Iacute;TICAS DISTRIBUTIVAS DENTRO DEL CAPITALISMO?</small></b></p>     <p align="justify">As&iacute; como el MER hace una propuesta “radical” de socialismo de mercado donde la apropiaci&oacute;n de la ganancia se vuelve p&uacute;blica y se mantienen la estructura y las diferencias de salarios, tambi&eacute;n hace propuestas dentro del sistema capitalista. En las propuestas de igualaci&oacute;n total de las dotaciones iniciales se mantienen las diferencias de clase creadas por el mercado. En las propuestas moderadas, se mantiene la estructura existente pero se igualan algunos elementos relacionados con las dotaciones iniciales.</p>     <p align="justify">En el caso del marxismo cl&aacute;sico, tambi&eacute;n se pueden hacer propuestas dentro del capitalismo, con un objetivo diferente. No se trata de igualar alg&uacute;n elemento de las dotaciones ni otros elementos como las capacidades (Sen), los bienes b&aacute;sicos (Rawls) o las oportunidades de bienestar (Dworkin). Para Marx, la libertad o autodeterminaci&oacute;n, la meta de la evoluci&oacute;n social, no se consigue igualando uno u otro aspecto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La pregunta es qu&eacute; pol&iacute;ticas distributivas se pueden proponer dentro del capitalismo. Como el objetivo es el cambio de sistema, no cabr&iacute;an las pol&iacute;ticas distributivas, pues hay que radicalizar las contradicciones de clase. Pero Marx pensaba que los trabajadores deb&iacute;an luchar por mejorar sus condiciones, despu&eacute;s de todo el comunismo mantiene una l&iacute;nea de continuidad con el capitalismo. As&iacute;, la clase trabajadora debe tratar de mejorar su bienestar porque ello le permite mejorar su capacidad pol&iacute;tica y modificar la correlaci&oacute;n de poder entre las clases sociales.</p>     <p align="justify">En este sentido, cabe luchar por la formaci&oacute;n del excedente econ&oacute;mico, no s&oacute;lo por el reparto del excedente, como en Sraffa (1960): por mejorar las condiciones econ&oacute;micas generales que son condiciones de distribuci&oacute;n. Esto significa que en todos los escenarios econ&oacute;micos es necesario afectar las relaciones sociales porque implican cambios distributivos. En general, la clase trabajadora y cualquier clase social que quiera mejorar su bienestar debe modificar las regulaciones econ&oacute;micas en su favor. Esto soslaya los elementos culturales de la distribuci&oacute;n y los elementos morales presentes en el MER, aunque se pueden usar para justificar las transformaciones econ&oacute;micas. Los cambios culturales que impulsan la distribuci&oacute;n y que no se relacionan con lo econ&oacute;mico terminan siendo demandas de grupo que fragmentan la sociedad. Los grupos marginales hacen demandas igualitarias que no justifican pol&iacute;ticas de distribuci&oacute;n universales porque son injustas para otros grupos sociales<a href="#19" name="n19"><sup>19</sup></a>.</p>     <p align="justify"><b>A MODO DE CONCLUSI&Oacute;N: IGUALDAD O LIBERTAD EN LA POL&Iacute;TICA DISTRIBUTIVA</b></p>     <p align="justify">El MER busca primero cierta dosis de igualdad, que se logra por acuerdo pol&iacute;tico, para despu&eacute;s alcanzar la libertad. En la visi&oacute;n de Marx, la desigualdad es un incentivo para el desarrollo de las fuerzas productivas, y por esa v&iacute;a se logra la libertad; la igualdad es una traba a la libertad. Esto no significa que se aprueben todas las desigualdades, s&oacute;lo aquellas que llevan al desarrollo de las fuerzas productivas. As&iacute;, el marxismo no es la izquierda del liberalismo, porque es m&aacute;s igualitario, como plantean muchos liberales. Para Marx, existir&iacute;an diferencias en la sociedad del futuro, pero no ser&iacute;an econ&oacute;micamente importantes.</p>     <p align="justify">Las teor&iacute;as de Marx y los cl&aacute;sicos trataban de explicar la formaci&oacute;n y la distribuci&oacute;n del excedente econ&oacute;mico para entender el desarrollo econ&oacute;mico. Lo caracter&iacute;stico de estas teor&iacute;as es que el excedente se distribuye entre las clases sociales. En el caso de Marx, la lucha por el excedente se refleja en el nivel de plusval&iacute;a que se extrae al trabajador. Los trabajadores buscan que no sea alto y los capitalistas, lo contrario. La distribuci&oacute;n depende de las leyes econ&oacute;micas de creaci&oacute;n y reparto del excedente, del poder pol&iacute;tico en la negociaci&oacute;n y de la reglamentaci&oacute;n laboral sobre horas de trabajo y ocio. Esto quiere decir que las teor&iacute;as marxistas de la distribuci&oacute;n son plenamente econ&oacute;micas; no recurren a criterios de justicia ni a la defensa de “derechos” instituidos para siempre por el capitalismo. Sin violar las leyes econ&oacute;micas, una pol&iacute;tica distributiva ofrece pol&iacute;ticamente un mecanismo de partici&oacute;n del excedente en la din&aacute;mica de la acumulaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">En el MER, en cambio, el mundo econ&oacute;mico no puede definir los elementos para adoptar pol&iacute;ticas distributivas. El segundo teorema del bienestar permite que los cambios distributivos no afecten, en ciertas condiciones, el sistema de incentivos econ&oacute;micos. Pero, &iquest;c&oacute;mo cambian las dotaciones? El MER es claro: no por razones econ&oacute;micas, el &uacute;nico camino es el moral.</p>     <p align="justify">La diferencia entre el MER y el marxismo cl&aacute;sico obedece, como hemos mostrado, al valor que se defiende y a la teor&iacute;a en que se enmarcan los valores. Si el objetivo final de las pol&iacute;ticas es la libertad en el sentido de Marx, la igualdad no es esencial. En las sociedades no igualitarias lo importante es la negociaci&oacute;n pol&iacute;tica por el nivel de excedente econ&oacute;mico que el capitalista se apropia como ganancia. Por ello es necesaria una teor&iacute;a que explique la formaci&oacute;n y la distribuci&oacute;n del excedente entre clases sociales.</p>     <p align="justify">Si el objetivo es la igualdad, como en el caso del MER, se la defiende como un valor independiente de las relaciones econ&oacute;micas, y por ello es necesaria una teor&iacute;a de la asignaci&oacute;n y de la elecci&oacute;n individual. El l&iacute;mite de lo que se puede igualar se define en la negociaci&oacute;n, no entre clases sino entre personas que sopesan la mayor igualdad y el desincentivo econ&oacute;mico. La meta final es dar sentido al mercado; seg&uacute;n el MER, la aut&eacute;ntica sociedad mercantil premia los m&eacute;ritos, lo que s&oacute;lo es posible cuando las condiciones de partida son iguales para todos.</p>     <p align="justify"><b>    <br> NOTAS AL PIE</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. Aunque el MER hace parte del marxismo anal&iacute;tico, se hace esta diferenciaci&oacute;n porque &eacute;ste agrupa varias corrientes e incluye autores que no siguen la tradici&oacute;n marxista.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Fracaso aparente, porque el capitalismo ha sobrevivido a crisis estructurales que, seg&uacute;n el marxismo de elecci&oacute;n racional, deb&iacute;an terminarlo, lo que mostrar&iacute;a la falsedad de la tesis de Marx. No obstante, la escuela de la regulaci&oacute;n argumentar&iacute;a que esto no es un fracaso sino una fortaleza: el hecho de soportar las crisis muestra que Marx ten&iacute;a raz&oacute;n, pues la segunda parte del libro III de <i>El capital</i> hace un detallado an&aacute;lisis de las contratendencias que mitigan la crisis en el corto plazo (Boyer, 2004).</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. En las ciencias sociales se debate si las explicaciones intencionales son aut&eacute;nticamente causales o de otra naturaleza. Aqu&iacute; se suponen causales, porque as&iacute; lo piensan los te&oacute;ricos del MER. Para un an&aacute;lisis de la naturaleza de las explicaciones intencionales, ver Ovejero (2004, 240-267).</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Para algunos marxistas anal&iacute;ticos, los fen&oacute;menos sociales tienen diversos microfundamentos; por ejemplo, las teor&iacute;as psicoanal&iacute;ticas y las que hacen hincapi&eacute; en los h&aacute;bitos y las normas (Levine et al., 1987, 155).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Otros autores lo llaman marxismo neocl&aacute;sico o de elecci&oacute;n colectiva (Przeworski, 1987). Lo llamamos marxismo de elecci&oacute;n racional porque se separa del marxismo cl&aacute;sico en la noci&oacute;n de individuo y en el uso de instrumentos formales de la microeconom&iacute;a neocl&aacute;sica.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. Esto significa que l os conceptos tienen una jerarqu&iacute;a de niveles de abstracci&oacute;n, ninguno m&aacute;s real que otro. Los conceptos son una construcci&oacute;n mental que permite entender el mundo, pero est&aacute;n constre&ntilde;idos por el mundo: “si el mundo fuera diferente, los conceptos que intentan representarlo ser&iacute;an diferentes” (Wright, 1994). Los conceptos nunca son un reflejo del mundo, son en cierto modo arbitrarios, pero la constricci&oacute;n que les impone el mundo determina su objetividad.</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Para una explicaci&oacute;n funcional del determinismo tecnol&oacute;gico, ver Cohen (1978); para una explicaci&oacute;n intencional, ver Elster (1985).</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. En el marxismo cl&aacute;sico, la clase trabajadora no tiene el rol ambiguo que le atribuye el MER. Siempre tiene un papel primordial, pues si los trabajadores no est&aacute;n preparados cuando las circunstancias hist&oacute;ricas lo ameriten, se puede perder la oportunidad de transformar radicalmente la sociedad: “bajo algunas circunstancias los hombres podr&iacute;an hacer la historia. En otras no” (Bor&oacute;n, 2001, 33).</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Esto no significa que los resultados de los procesos econ&oacute;micos o sociales sean reflejo de lo que buscan los agentes. Es posible, como en los modelos de coordinaci&oacute;n de Smith-Hayek, que la conducta individual tenga consecuencias indeseadas en el &aacute;mbito social.</p>     <p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. Esto ha llevado a pensar que el modelo de elecci&oacute;n racional m&aacute;s general, el modelo de equilibrio general, no es una explicaci&oacute;n del capitalismo sino que es el fundamento de cualquier sociedad donde existan intercambios.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. Ver las reacciones a la postura de Roemer sobre la importancia normativa de las dotaciones iniciales en el <i>Boston Review</i> de 1995.</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. Sobre la poca relevancia del concepto de explotaci&oacute;n, ver Kymlicka (1995, 191-205).</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. El socialismo de mercado implica igualdad total de dotaciones iniciales. Seg&uacute;n Roemer (1994), existen dos mecanismos institucionales para igualar las dotaciones: la propiedad p&uacute;blica de los medios de producci&oacute;n y la igualdad de las relaciones privadas de propiedad. El mercado funciona en ambos casos y las diferencias de las personas tienen su origen en el juego de mercado.</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. A Roemer se le objeta el no considerar criterios para igualar los talentos naturales, como s&iacute; ocurre en Dworkin (1981) y Arneson (1990).</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Como vimos, para el MER hay un divorcio entre teor&iacute;a (estructura anal&iacute;tica) y m&eacute;todo (herramientas y procedimientos). El marxismo cl&aacute;sico supone que si bien los m&eacute;todos no se asimilan a las teor&iacute;as, tampoco son neutros. Por ejemplo, la teor&iacute;a de las clases sociales no se puede entender ni modelar con teor&iacute;a de juegos porque &eacute;stas son producto de la historia y no de elecciones individuales.</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. Esto no niega que alguien que no necesite trabajar trabaje, despu&eacute;s de todo el trabajo es la actividad en la que el hombre se realiza, en el sentido de que transforma la naturaleza y se transforma a s&iacute; mismo.</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. El otro pilar de la sociedad liberal, la seguridad, tambi&eacute;n se relaciona con la libertad, pues la defensa de la propiedad hace necesaria la seguridad, que garantiza la conservaci&oacute;n de la persona, la familia y su propiedad. La igualdad jur&iacute;dica y la seguridad garantizan la b&uacute;squeda del inter&eacute;s propio y legitiman el r&eacute;gimen de producci&oacute;n existente.</p>     <p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. Sobre este tema, ver la secci&oacute;n 3 “Compra y venta de la fuerza de trabajo” del cap&iacute;tulo IV del libro I de <i>El capital</i>.</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. Ver Fraser (1997) para una discusi&oacute;n de las luchas pol&iacute;ticas por la reivindicaci&oacute;n cultural de los grupos marginales y las luchas pol&iacute;ticas distributivas.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify">1. Arneson, R. “Liberalism, Distributive Subjectivism and Equal Opportunity for Welfare”, <i>Philosophical and Public Affairs</i> 19, 1990, pp. 159-194.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000183&pid=S0124-5996200700020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Arnsperger, C. y P. De Vill&eacute;. “Could Homo Oeconomics Become a Revolutionary? On the Need to Teach and Practice a Different Economics”, IRES Workshop on Understanding Power in Economics, Louvain-la-Neuve, April, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000184&pid=S0124-5996200700020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Balibar, E. <i>La filosof&iacute;a de Marx</i>, Buenos Aires, Nueva Visi&oacute;n, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000185&pid=S0124-5996200700020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Blaug, M. “No History of Ideas, Please, We’re Economists”, <i>Journal Economics Perspectives</i> 15, 1, 2001, pp. 145-164.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000186&pid=S0124-5996200700020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Bor&oacute;n, A. “El marxismo y la filosof&iacute;a pol&iacute;tica”, A. Bor&oacute;n, comp., <i>Teor&iacute;a y filosof&iacute;a pol&iacute;tica</i>, Buenos Aires, CLACSO, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000187&pid=S0124-5996200700020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Boyer, R. <i>La th&eacute;orie de la r&eacute;gulation. Les fondamentaux</i>, Paris, La D&eacute;couverte, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000188&pid=S0124-5996200700020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Callinicos, A. <i>Igualdad</i>, Madrid, Siglo XXI, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000189&pid=S0124-5996200700020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Cata&ntilde;o, J. “La teor&iacute;a neocl&aacute;sica del equilibrio general: apuntes cr&iacute;ticos”, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i> 40, 2004, pp. 175-204.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000190&pid=S0124-5996200700020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Cohen, G. <i>Karl Marx’s Theory of History</i><i>: </i><i>A Defense</i>, Oxford, Oxford University Press, 1978.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996200700020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Cohen, G. <i>If you’re an Egalitarian, How Come You’re So Rich?</i>, Cambridge, Harvard University Press, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996200700020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Dworkin, R. “What is Equality”, <i>Philosophy and Public Affairs</i> 10, 1981, pp. 185-146.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996200700020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Elster, J. <i>Making Sense of Marx</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996200700020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Fraser, N. <i>Justice Interruptus: Critical Reflections on the Postsocialist Condition</i>, New York, Routledge, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996200700020000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Gallardo, A. “Historia del pensamiento econ&oacute;mico y progreso de la ciencia econ&oacute;mica. Una perspectiva pluralista”, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i> 41, 2004, pp. 11-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996200700020000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Gui&ntilde;az&uacute;, M. “Marxismo anal&iacute;tico y justicia: &iquest;M&aacute;s all&aacute; de Rawls?”, A. Bor&oacute;n, comp., <i>Teor&iacute;a y filosof&iacute;a pol&iacute;tica</i>, Buenos Aires, CLACSO, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996200700020000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Hausman, D. “Explanation and Diagnosis in Economics”, <i>Revue Internationale de Philosophie</i> 55, 2001, pp. 311-326.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996200700020000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Kymlicka, W. <i>La filosof&iacute;a pol&iacute;tica contempor&aacute;nea</i>, Espa&ntilde;a, Editorial Ariel, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996200700020000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Levine, A.; E. Sober y E. Wright. “Marxismo e individualismo metodol&oacute;gico”, <i>Zona Abierta</i> 41-42, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996200700020000900018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Little, D. <i>The Scientific Marx</i>, Minneapolis, University of Minnesota Press, 1986.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996200700020000900019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Marx, K. “Sobre la cuesti&oacute;n jud&iacute;a”, G. Herwegh, comp., <i>Veinti&uacute;n pliegos desde Suiza</i>, Zurich, 1843.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996200700020000900020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Marx, K. <i>El capital</i>, 1867, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996200700020000900021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Morishima, M. <i>La teor&iacute;a econ&oacute;mica de Marx</i>, Madrid, Editorial Tecnos, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996200700020000900022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Nagel, T. <i>The Last World</i>, Oxford, Oxford University Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996200700020000900023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Ovejero, F. <i>El compromiso del m&eacute;todo. En el origen de la teor&iacute;a social posmoderna</i>, Madrid, Montesinos, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996200700020000900024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Przeworski, A. “Marxismo y elecci&oacute;n racional”, <i>Zona Abierta</i> 45, 1987.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996200700020000900025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Rawls, J. <i>A Theory of Justice</i>, Harvard, Harvard University Press, 1971.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996200700020000900026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Ricoeur, P. <i>S&iacute; mismo como otro</i>, M&eacute;xico, Siglo XXI, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996200700020000900027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Roemer, J. <i>Analytical Foundations of Marxian Economic Theory</i>, Cambridge y New York, Cambridge University Press, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996200700020000900028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Roemer, J. <i>Free to Lose: An Introduction to Marxist Economic Philosophy</i>, Cambridge, Harvard University Press, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996200700020000900029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Roemer, J. <i>Egalitarian Perspectives: Essays in Philosophical Economics</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996200700020000900030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Roemer, J. “Equality and Responsibility”, <i>Boston Review</i>, April-May, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996200700020000900031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Roemer, J. “Igualdad de oportunidades”, Simposio sobre Igualdad y Distribuci&oacute;n de la Renta y la Riqueza, Madrid, Fundaci&oacute;n Argentaria y Visor Distribuciones, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996200700020000900032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Roemer, J. “Variantes de la igualdad de oportunidades”, <i>Fractal</i> 16, 2000, pp. 151-174.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996200700020000900033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Schmitt, B. y C. de Gottardi. “An Internal Critique of General Equilibrium Theory”, L. P. Rochon y S. Rossi, eds., <i>Modern Theories of Money: The Nature and Role of Money in Capitalist Economies</i>, Cheltenham y Northampton, Edward Elgar, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996200700020000900034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Signorino, R. “Rational vs. Historical Reconstructions. A Note on Blaug”, <i>European Journal History of Economic Thought</i> 10, 2, 2003, pp. 329-338.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996200700020000900035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Smith, A. <i>An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations</i>, New York, The Modern Library, 1776.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-5996200700020000900036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Smith, A. <i>Lecciones sobre jurisprudencia</i>, 1762, Granada, Comares, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996200700020000900037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Sraffa, P. <i>Production of Commodities by Means of Commodities: Prelude to a Critique of Economic Theory</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1960.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-5996200700020000900038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Walicki, A. “Karl Marx como fil&oacute;sofo de la libertad”, <i>Critical Review. A Journal of Books and Ideas</i> 2, 4, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996200700020000900039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Wright, E. <i>Clases</i>, Madrid, Siglo XXI, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-5996200700020000900040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Wood, A. <i>Karl Marx</i>, New York, Routledge and Kegan Paul, 1981.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0124-5996200700020000900041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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