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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[INFORME SOBRE LA VIOLENCIA EN AMÉRICA LATINA]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article analyses the factors that cause violence in Latin America. It argues that high levels of violence can not be reduced in the medium and long term just by repressive policies, and without fulfilling prerequisites that lead to a more cohesive society, among them: to reduce socioeconomic inequalities, to make a more equitable income distribution, to improve primary and university education quality, the quality of the institutions, especially justice and police, and to create new urban policies framed within “cultural solutions”. And especially, to recognize the rights and values of those populations that have been ignored for a long time.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>    <br>INFORME SOBRE LA VIOLENCIA EN AM&Eacute;RICA LATINA</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"> <b>REPORT ON VIOLENCE IN LATIN AMERICA</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Pierre Salama</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Doctorat d’&Eacute;tat de la Universidad de la Sorbona y Doctor Honoris Causa de la Universidad de Guadalajara, profesor de la Universidad de Par&iacute;s XIII, [<a href="mailto:psalama@wanadoo.fr">psalama@wanadoo.fr</a> y <a href="http://perso.wanadoo.fr/pierre.salama/" target="_blank">http://perso.wanadoo.fr/pierre.salama/</a>]. Este estudio fue realizado por encargo del Consejo Europeo, Direcci&oacute;n General de la Educaci&oacute;n, de la Cultura y del Patrimonio, de la Juventud y del Deporte en el marco de su proyecto “Di&aacute;logo Intercultural”. Las opiniones que aqu&iacute; se expresan son responsabilidad del autor y no comprometen al Consejo Europeo. Documento original en franc&eacute;s. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. Fecha de recepci&oacute;n: 2 de febrero de 2008, fecha de modificaci&oacute;n: 26 de marzo de 2008, fecha de aceptaci&oacute;n: 7 de abril de 2008.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">[Palabras clave: violencia, Am&eacute;rica Latina; JEL: K14, K42]</p>     <p align="justify">Este art&iacute;culo analiza los factores que inducen a la violencia en Am&eacute;rica Latina y argumenta que sus altos &iacute;ndices no se podr&aacute;n reducir en el mediano y en el largo plazo &uacute;nicamente con medidas represivas, sin cumplir una serie de prerrequisitos que lleven a una sociedad m&aacute;s cohesionada, entre ellos: reducir sustancialmente las desigualdades socioecon&oacute;micas, mejorar y hacer m&aacute;s equitativa la distribuci&oacute;n del ingreso, mejorar la calidad de la educaci&oacute;n pri maria y profesional, y de las instituciones, en especial las de justicia y polic&iacute;a, e idear nuevas pol&iacute;ticas urbanas, en las que se enmarquen las “soluciones culturales”. Y, sobre todo, reconocer los derechos y valores de los grupos de la poblaci&oacute;n que se han ignorado durante mucho tiempo.</p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">[Key words: violence, Latin America; JEL: K14, K42]</p>     <p align="justify">This article analyses the factors that cause violence in Latin America. It argues that high levels of violence can not be reduced in the medium and long term just by repressive policies, and without fulfilling prerequisites that lead to a more cohesive society, among them: to reduce socioeconomic inequalities, to make a more equitable income distribution, to improve primary and university education quality, the quality of the institutions, especially justice and police, and to create new urban policies framed within “cultural solutions”. And especially, to recognize the rights and values of those populations that have been ignored for a long time.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>En la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses de Am&eacute;rica Latina, la intensidad de la violencia es mayor que en Europa, Estados Unidos y Canad&aacute;. Sus historias son tambi&eacute;n diferentes. Adem&aacute;s, las desigualdades sociales son m&aacute;s pronunciadas. Los medios para contener o disminuir la violencia no pueden entonces ser id&eacute;nticos.</p>     <p align="justify">Se deben subrayar cuatro puntos relacionados con la violencia en Am&eacute;rica Latina: la intensidad de la violencia –mayor que en Europa–, las disparidades regionales, su evoluci&oacute;n y, por &uacute;ltimo, el impacto de los homicidios en la esperanza de vida, especialmente de los hombres j&oacute;venes.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La intensidad de la violencia es muy alta en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses latinoamericanos. En esto se distingue de la que observa en Europa. Medida por la tasa de homicidios<sup><a href="#1" name="n1">1</a></sup>, seg&uacute;n la Interpol, la violencia ascendi&oacute; en Am&eacute;rica del Sur a 26 personas asesinadas por cada 100.000 habitantes en 2002 y a 30 por cada 100.000 en el Caribe. En Europa del Sur, la tasa de homicidios es de 3 por cada 100.000 habitantes y de 2 en Europa Occidental. En Brasil, por ejemplo, la tasa de mortalidad por cada 100.000 habitantes debida al uso de armas de fuego es 66 veces mayor que en Francia. La violencia no es &uacute;nicamente obra de criminales, es tambi&eacute;n policial: en 2007, la polic&iacute;a mat&oacute; a m&aacute;s de 1.300 j&oacute;venes en Rio de Janeiro y a cerca de 500 en S&atilde;o Paulo. La comparaci&oacute;n de estas cifras con el n&uacute;mero de muertos por la polic&iacute;a en Estados Unidos, cerca de 200 personas (<i>Folha de S&atilde;o Paulo</i>, 23, 12, 2007), ayuda a valorar la importancia de la violencia policial. Esta no es exclusiva de Brasil; existe en numerosos pa&iacute;ses latinoamericanos.</p>     <p align="justify">Sin embargo, la intensidad de la violencia difiere notablemente en los pa&iacute;ses latinoamericanos. Es muy elevada en Colombia, donde llega a 84,6 homicidios por cada 100.000 habitantes; y llega a 43 en El Salvador, a 33 en Venezuela, a 31 en Brasil, a 12 en M&eacute;xico, y a 7 en Argentina y Costa Rica, un poco menor que en Estados Unidos pero m&aacute;s alta que en Canad&aacute; (2). En cada uno de estos pa&iacute;ses, la violencia est&aacute; distribuida desigualmente en el espacio. Tiende a concentrarse en algunas ciudades grandes (Recife, Rio de Janeiro y S&atilde;o Paulo en Brasil; Cali, Medell&iacute;n y Bogot&aacute; en Colombia), pero desde hace poco se extiende a las ciudades medianas.</p>     <p align="justify">El n&uacute;mero de homicidios disminuy&oacute; desde 1994 en unos pocos pa&iacute;ses, como M&eacute;xico y Colombia; en este &uacute;ltimo hubo una fuerte reducci&oacute;n en ciudades grandes como Medell&iacute;n (1.517 homicidios en 2004 contra 5.284 en 1994) y Bogot&aacute; (1.571 homicidios contra 3.664 en los mismos a&ntilde;os); mientras que en Cali, en 2004 se mantuvo casi en el mismo nivel (2.402) que en 1994 (2.498), seg&uacute;n datos de la Direcci&oacute;n de Polic&iacute;a Judicial e Investigaci&oacute;n colombiana (DIJIN). En los dem&aacute;s pa&iacute;ses, la intensidad de la violencia medida por la tasa de homicidios creci&oacute;. Por ejemplo, los homicidios aumentaron sensiblemente en Brasil: la tasa pas&oacute; de 26,6 por 100.000 en 1995 a 31 por 100.000 en 2002.</p>     <p align="justify">La reducci&oacute;n de la esperanza de vida debida a los homicidios afecta casi exclusivamente a los hombres y, m&aacute;s en particular, a los hombres de 15 a 44 a&ntilde;os de edad: en 2002, la esperanza de vida de los hombres al nacer se redujo en 2,89 a&ntilde;os en Recife, en 2,21 a&ntilde;os en Rio de Janeiro y en 2,48 a&ntilde;os en S&atilde;o Paulo, mucho m&aacute;s que en Belo Horizonte (1,18) o en Porto Alegre (1,12). La esperanza de vida a los 20 a&ntilde;os se redujo en 2,42 a&ntilde;os en Recife, en 1,76 a&ntilde;os en Rio y en 2,01 en S&atilde;o Paulo. A los 50 a&ntilde;os, la probabilidad de una reducci&oacute;n de la esperanza de vida es en cambio menor. En general, combinando todas las edades, en algunos barrios de Rio de Janeiro, Recife y S&atilde;o Paulo las tasas de mortalidad sobrepasan a las que se observaban en las grandes ciudades colombianas en la d&eacute;cada de 1990<sup><a href="#2" name="n2">2</a></sup>.</p>     <p align="justify">No es posible entender la violencia si no se hace referencia a la historia de cada uno de estos pa&iacute;ses. Los modos de colonizaci&oacute;n y la manera de tratar a las poblaciones de origen, la esclavitud, las guerras civiles recientes y la forma en que terminaron, as&iacute; como las dictaduras, tienen su parte de responsabilidad en distinto grado. Constituyen la base a partir de la cual volvi&oacute; a aumentar la violencia en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os. El Estado, muy debilitado por la crisis de la d&eacute;cada de 1980 y forzado por la presi&oacute;n neoliberal en la de 1990, redujo en parte algunas de sus funciones (infraestructura, escuelas, salud, etc.), lo que se tradujo en una educaci&oacute;n insuficiente y en una urbanizaci&oacute;n poco controlada. Al reducir su papel en favor del mercado, el Estado controla a&uacute;n menos a la Naci&oacute;n y el territorio se vuelve entonces <i>poroso</i>. Debido a la retirada del Estado de ciertas zonas (barrios, regiones), las guerrillas (en Colombia) y las mafias ejercen entonces un poder de hecho en estos espacios. Surgen poderes paralelos, a menudo ligados al tr&aacute;fico de drogas, a las apuestas ilegales e incluso a los secuestros. Puesto que no son <i>de jure</i> sino <i>de facto</i>, estos poderes generan una violencia extrema. Por &uacute;ltimo, con la apertura de los mercados a la competencia internacional y el impulso ascendente de la globalizaci&oacute;n financiera, las desigualdades, ya demasiado amplias excepto en unos pocos pa&iacute;ses, se acentuaron a&uacute;n m&aacute;s. Este contexto es un terreno favorable para el aumento de la violencia y de su forma extrema, los homicidios.</p>     <p align="justify">En &uacute;ltimo lugar, desde hace tiempo Am&eacute;rica Latina dej&oacute; de ser un continente de inmigraci&oacute;n para convertirse en un continente de migraci&oacute;n hacia Estados Unidos y Europa, en niveles de intensidad variables seg&uacute;n los pa&iacute;ses. La cuesti&oacute;n de la diversidad cultural y de las identidades no se plantea entonces en los mismos t&eacute;rminos que en los pa&iacute;ses de inmigraci&oacute;n. Hoy se centra en el reconocimiento de las culturas de los ind&iacute;genas y de los negros descendientes de esclavos africanos.</p>     <p align="justify">Las respuestas culturales a la violencia en Am&eacute;rica Latina s&oacute;lo se pueden abordar analizando la situaci&oacute;n de los lugares de la violencia. Primero mostramos que las sociedades latinoamericanas se caracterizan en general por una fuerte exclusi&oacute;n y por una gran desconfianza hacia las instituciones (primera parte). Y, luego, que las causas de la violencia son m&uacute;ltiples y dificultan la puesta en pr&aacute;ctica de pol&iacute;ticas eficaces (segunda parte).</p>     <p align="justify"><b>SOCIEDADES MUY EXCLUYENTES, GRAN DESCONFIANZA HACIA LAS INSTITUCIONES</b></p>     <p align="justify"><b>S<small>OCIEDADES EXCLUYENTES</small></b></p>     <p align="justify">Las desigualdades de ingresos son muy marcadas en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses latinoamericanos, mientras que no lo son en Europa o en Estados Unidos (Salama, 2006). Las pol&iacute;ticas de transferencias sociales y el sistema fiscal poco reducen estas desigualdades en Am&eacute;rica Latina, mucho menos que en Europa. As&iacute;, el indicador de las desigualdades o coeficiente de Gini<sup><a href="#3" name="n3">3</a></sup>, antes de la redistribuci&oacute;n, es de 0,52 en Am&eacute;rica Latina contra 0,46 en promedio en Europa, y despu&eacute;s de transferencias e impuestos es de 0,50 y de 0,31 respectivamente. Estas cifras son de 0,56 y 0,54 en Brasil, antes y despu&eacute;s de transferencias e impuestos, y de 0,42 y 0,31 en Francia, por ejemplo (OCDE, 2007). Menos amplias, las desigualdades disminuyen mucho m&aacute;s r&aacute;pidamente en Europa que en Am&eacute;rica Latina. No s&oacute;lo las desigualdades son muy amplias sino que las pol&iacute;ticas sociales tienen un impacto marginal sobre estas desigualdades, a diferencia de lo que se observa en Europa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Seg&uacute;n la OCDE (2007), el 55% de la poblaci&oacute;n que pertenece al quintil m&aacute;s pobre tiene acceso a ense&ntilde;anza secundaria, contra el 93% para el quintil m&aacute;s rico; y el 38% tiene acceso a alcantarillado, contra el 85%. De manera m&aacute;s general, cuando se considera el total de gastos sociales, entendidos en sentido amplio, incluyendo no solamente los gastos de seguridad social sino tambi&eacute;n los gastos en educaci&oacute;n y en salud, se observa que el quintil m&aacute;s pobre s&oacute;lo tiene derecho al 16% de estos gastos mientras que el quintil m&aacute;s rico absorbe el 29,1%. La diferencia es particularmente pronunciada en lo que concierne a los gastos de seguridad social puesto que el primero s&oacute;lo tiene derecho al 2,5% y el segundo, en cambio, al 16,8%, m&aacute;s de lo que recibe el quintil m&aacute;s pobre por el conjunto de gastos sociales… precisamente en el que se encuentran las categor&iacute;as que tienen m&aacute;s necesidad de estos gastos.</p>     <p align="justify">Para gran parte la poblaci&oacute;n, el acceso a los derechos es un concepto que sigue siendo abstracto. En muchos pa&iacute;ses existe una brecha entre la ciudadan&iacute;a pol&iacute;tica y la ciudadan&iacute;a social, marcada profundamente por la exclusi&oacute;n. Las pol&iacute;ticas de asistencia para las categor&iacute;as m&aacute;s pobres que se adoptaron desde comienzos de la d&eacute;cada de 2000 tienen entonces poco impacto. Las sumas dedicadas a gastos de transferencia son insignificantes si se las compara con las que se destinan al servicio de la deuda interna, en una relaci&oacute;n del orden de 1 a 15. Como las primeras se destinan a un 20% o un 30% de la poblaci&oacute;n m&aacute;s pobre y las otras benefician, a trav&eacute;s del sistema bancario, sobre todo a un 2% o un 3% de la poblaci&oacute;n, esto mide c&oacute;mo se perpet&uacute;a un sistema tan desigual. Este puede ser tambi&eacute;n el origen de la profunda desconfianza de los ciudadanos hacia al uso de los impuestos por el Estado: en 2005, s&oacute;lo el 21% de la poblaci&oacute;n latinoamericana pensaba que los impuestos se gastan bien (m&aacute;s precisamente, el 12% y el 15% en Brasil y en M&eacute;xico, y el 37% y el 38% en Chile y Venezuela).</p>     <p align="justify"><b>U<small>NA GRAN DESCONFIANZA HACIA LAS INSTITUCIONES EN LAS ENCUESTAS</small></b></p>     <p align="justify">La encuesta realizada por <i>Latinobar&oacute;metro</i> en 2007 dio los siguientes resultados:</p>     <p align="justify">– Mientras que el 76% de la poblaci&oacute;n considera que las garant&iacute;as civiles y pol&iacute;ticas est&aacute;n aseguradas, s&oacute;lo el 43% considera que las garant&iacute;as sociales y econ&oacute;micas est&aacute;n aseguradas.</p>     <p align="justify">– En Am&eacute;rica Latina, apenas un 22% de la poblaci&oacute;n considera que el acceso a la justicia es igual para todos, y esta cifra s&oacute;lo es del 10% en Brasil y Argentina.</p>     <p align="justify">– S&oacute;lo el 23% de la poblaci&oacute;n considera que est&aacute; protegida contra el crimen (esta cifra es del 9% en Argentina y del 12% en Brasil). M&aacute;s exactamente, seg&uacute;n una encuesta realizada en 2005 por el mismo instituto de sondeo, el 33,1% no ten&iacute;a ninguna confianza en la justicia y el 33% ten&iacute;a poca confianza. A la pregunta de si la vida es “cada d&iacute;a” m&aacute;s segura, el 9% respondi&oacute; afirmativamente (el 2% y el 6% respectivamente en Argentina y Brasil, mucho menor que en Colombia, el 18%) y el 63% negativamente.</p>     <p align="justify">– La confianza en la polic&iacute;a es baja: el 31% de la poblaci&oacute;n no le tiene ninguna confianza, el 29,8% le tiene muy poca, el 24,9% un poco, y s&oacute;lo el 12% le tiene confianza.</p>     <p align="justify">– Y a la pregunta de si la corrupci&oacute;n disminuy&oacute; entre 2004 y 2007, el 26% consider&oacute; que era mucho mayor en 2004 que en los a&ntilde;os anteriores y el 39%, con un aumento importante, dio esa misma respuesta en 2007.</p>     <p align="justify">Unas sociedades muy excluyentes y una insuficiencia de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas para enfrentar las profundas desigualdades, un control incompleto del Estado en todo el territorio nacional y la gran desconfianza hacia las instituciones son factores que hacen posible el desarrollo de la violencia. Como coment&oacute; Alba Zaluar, antrop&oacute;loga brasile&ntilde;a, en una entrevista a la revista <i>Ciencia</i> en 2001: “es evidente que hay una concentraci&oacute;n de cierto tipo de cr&iacute;menes en la poblaci&oacute;n pobre, pero esto se debe a un conjunto de factores: [...] la criminalidad es mayor justamente en los barrios donde el tr&aacute;fico de drogas est&aacute; m&aacute;s presente y es m&aacute;s importante, donde la presencia policial es rara y las pol&iacute;ticas sociales son rar&iacute;simas”, como lo revel&oacute; al gran p&uacute;blico brasile&ntilde;o la pel&iacute;cula basada en el libro <i>La ciudad de Dios</i> de P. Lins, publicado en 1997 y escrito a partir de entrevistas realizadas por el equipo dirigido por Alba Zaluar. Enseguida analizaremos este “conjunto de factores”.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>LAS M&Uacute;LTIPLES CAUSAS DE LA VIOLENCIA DIFICULTAN LA PUESTA EN PR&Aacute;CTICA DE POL&Iacute;TICAS EFICACES</b></p>     <p align="justify"><b>L<small>A DIVERSIDAD DE LAS FORMAS DE VIOLENCIA</small></b></p>     <p align="justify">El <a href="#c1">cuadro 1</a> muestra la diversidad de las formas de violencia seg&uacute;n las motivaciones, los autores y las v&iacute;ctimas de la violencia. Se puede observar que hay una gradaci&oacute;n importante en la violencia: de la violencia dom&eacute;stica a los robos y agresiones y, por &uacute;ltimo, a los homicidios. No entran en juego los mismos actores. Los primeros son obra de individuos o de peque&ntilde;as “bandas callejeras”, los &uacute;ltimos suelen ser actos perpetrados por bandas criminales profesionales (como las Maras de Am&eacute;rica Central<sup><a href="#4" name="n4">4</a></sup>, las <i>Zetas</i> en M&eacute;xico<sup><a href="#5" name="n5">5</a></sup>, y las pandillas callejeras en Estados Unidos). En general, estas &uacute;ltimas est&aacute;n ligadas al tr&aacute;fico de drogas. Sin entrar en detalles, conviene distinguir las pandillas que tienen por objeto la distribuci&oacute;n de drogas y las que controlan el transporte de drogas de un punto a otro. Las primeras buscan controlar su territorio o ampliarlo a costa de otras pandillas. Las segundas intentan controlar las “rutas” de la droga. Su violencia no tiene la misma amplitud. La inestabilidad de las “rutas” de la droga, resultado de las pol&iacute;ticas antidrogas, y los elevados beneficios derivados del transporte avivan la “competencia” entre las pandillas y se traducen en un n&uacute;mero muy elevado de homicidios. Las v&iacute;ctimas son, m&aacute;s particularmente, miembros de las pandillas.</p>     <p align="justify">Cuadro 1<a name="c1"></a>    <br> Clasificaci&oacute;n de la violencia por motivaci&oacute;n, tipo y actores    <br> Am&eacute;rica Latina y el Caribe</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a4c1.jpg">    <br>   <font size="1">Fuente: Berkman (2007) a partir de los trabajos de Concha-Eastman.</font></p>     <p align="justify">La clasificaci&oacute;n anterior, instructiva en numerosos aspectos, no es sin embargo un diagn&oacute;stico. No analiza las causas de la violencia. Esto es lo que haremos a continuaci&oacute;n; en una segunda secci&oacute;n examinaremos los remedios posibles para esta violencia.</p>     <p align="justify"><b>L<small>AS M&Uacute;LTIPLES CAUSAS DE LA VIOLENCIA</small></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">&iquest;La violencia llega a puntos tan altos debido a la pobreza, a las grandes desigualdades de ingreso o a sus evoluciones respectivas? &iquest;La violencia se desencadena debido a una represi&oacute;n insuficiente, al bajo n&uacute;mero de miembros de la polic&iacute;a y a una justicia muy ineficiente o laxa? &iquest;La violencia se mantiene en un nivel muy elevado debido a las guerras civiles recientes, a las dictaduras que dejaron fuertes huellas en el comportamiento de las fuerzas del orden y de los ciudadanos? &iquest;La violencia se desarrolla debido a que se ha marginado a poblaciones enteras, a que se han ignorado sus culturas y sus identidades, y a que las sociedades son poco cohesivas? &iquest;Es tan elevada debido a la producci&oacute;n y comercializaci&oacute;n de drogas?</p>     <blockquote>      <p align="center">Recuadro 1    <br>  Un caso extremo: Colombia</p>     <p align="justify">Cuando un pa&iacute;s llega a una situaci&oacute;n de violencia extrema, es por lo menos <i>reduccionista</i> limitar el razonamiento a los aspectos econ&oacute;micos. Cuando los conflictos no se resuelven y la violencia se alimenta a s&iacute; misma, cuando la industria de la droga, por ejemplo, se vuelve lucrativa para los narcotraficantes, los paramilitares y a veces para algunos segmentos de las Fuerzas Armadas, cuando esta industria llega entonces a gangrenar al Estado desde el interior, la violencia adquiere entonces aspectos singulares. La violencia liberada y generalizada “no se deja reducir a una guerra pol&iacute;tica ni a un conflicto social [...] <i>s&oacute;lo un peque&ntilde;o porcentaje se puede atribuir directamente a causas pol&iacute;ticas o a la acci&oacute;n de grupos organizados de narcotraficantes, y sus m&aacute;s altos porcentajes est&aacute;n ligados a arreglos de cuentas o a disputas cotidianas</i>” (P&eacute;caut, 1994, cursivas nuestras). Esta violencia, despolitizada, banalizada, generalizada, en la que el Estado no tiene “el monopolio de la violencia leg&iacute;tima” (Max Weber), se transforma en terror, seg&uacute;n D. P&eacute;caut<sup><a href="#6" name="n6">6</a></sup>.</p> </blockquote>     <p align="justify">En esta secci&oacute;n intentaremos establecer las relaciones de causalidad limit&aacute;ndonos a la forma extrema de la violencia, los homicidios, por las razones ya se&ntilde;aladas. Sin ser exhaustivos, evaluaremos y discutiremos las causas de los homicidios.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n algunos investigadores, la pobreza y las desigualdades no son el origen de la violencia. La aparente falta de relaci&oacute;n entre lo econ&oacute;mico y la violencia es una idea que comparten numerosos investigadores en ciencias sociales (para una presentaci&oacute;n general, ver Zaluar, 2002). A. Peralva (2001, y Peralva y Adorno, 2005), soci&oacute;loga brasile&ntilde;a, observa por ejemplo que en Brasil existe una relaci&oacute;n inversa entre los &iacute;ndices de desarrollo humano (IDH) regionales y las tasas de criminalidad: cuanto mejor es la situaci&oacute;n en t&eacute;rminos del IDH peor es en t&eacute;rminos de criminalidad, lo que constituye una paradoja. Se podr&iacute;a a&ntilde;adir que con la terminaci&oacute;n de las hiperinflaciones en Brasil (1994) el nivel de vida de los pobres mejor&oacute; m&aacute;s que el de otras capas de la poblaci&oacute;n durante los primeros a&ntilde;os de estabilizaci&oacute;n relativa de los precios, pero la tasa de homicidios sigui&oacute; ascendiendo: en la regi&oacute;n metropolitana de Rio pas&oacute; de 40 por cada 100.000 habitantes a finales de 1992 a 70 a finales de 1995, y en S&atilde;o Paulo pas&oacute; de 43 a 52 por 100.000 en el mismo periodo (Viegas y de Barros, 2000, 387).</p>     <p align="justify">No es entonces el <i>nivel</i> de las desigualdades o de la pobreza lo que explica la criminalidad. Como regla general, el an&aacute;lisis es pertinente cuando considera la <i>evoluci&oacute;n</i> en vez del nivel absoluto y toma en consideraci&oacute;n una serie de factores, que a veces pueden obrar en sentido contrario, como la urbanizaci&oacute;n, la escolarizaci&oacute;n, etc. Estos factores, considerados en su evoluci&oacute;n respectiva, act&uacute;an de manera diferente y con mayor o menor intensidad en el nivel de homicidios. As&iacute;, no es contradictorio que la violencia aumente en un periodo breve mientras que la pobreza disminuye.</p>     <p align="justify">Un estudio econom&eacute;trico que realizamos con Mamadou Camara (2003) intentaba explicar la evoluci&oacute;n de los homicidios en diez pa&iacute;ses entre 1995 y 2000<sup><a href="#7" name="n7">7</a></sup>. Incluimos las siguientes variables: la eficacia del sistema de represi&oacute;n del crimen, la participaci&oacute;n del 40% de los pobres en el ingreso disponible y la participaci&oacute;n del 10% m&aacute;s rico en el ingreso nacional, el indicador de desarrollo humano, la tasa de crecimiento del ingreso, la tasa de urbanizaci&oacute;n y, por &uacute;ltimo, la tasa de escolarizaci&oacute;n en la ense&ntilde;anza secundaria. Excluimos voluntariamente la “droga” como variable<sup><a href="#8" name="n8">8</a></sup>. Los resultados de la prueba econom&eacute;trica fueron los siguientes<sup><a href="#9" name="n9">9</a></sup>:</p>     <p align="justify">1. La urbanizaci&oacute;n creciente es una causa importante de violencia, no s&oacute;lo porque suele ser mal controlada sino tambi&eacute;n porque, en las ciudades, la solidaridad que exist&iacute;a en los campos se diluye y basta que escaseen las ocasiones de empleo, que se multipliquen las actividades informales de supervivencia estricta, para que la violencia tenga m&aacute;s posibilidades de desarrollarse, quiz&aacute; m&aacute;s para los residentes urbanos de segunda generaci&oacute;n que para quienes acaban de emigrar del campo. En la prueba, la urbanizaci&oacute;n es la variable que m&aacute;s explica el aumento de la violencia.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">2. El aumento de las desigualdades tiende a acentuar la violencia quiz&aacute; porque es percibido como algo particularmente injusto en los pa&iacute;ses donde las desigualdades son ya muy agudas. Se percibe que la acci&oacute;n del Estado no puede modificar esta evoluci&oacute;n y la tentaci&oacute;n de “gravar” directamente a quienes parecen acomodados se vuelve muy intensa. La influencia de esta variable es, no obstante, menor que la de la urbanizaci&oacute;n.</p>     <p align="justify">3. <i>A la inversa</i>, cuando la eficacia del sistema represivo aumenta, la tasa de homicidios disminuye sensiblemente. Se debe subrayar, sin embargo, que la eficacia del sistema represivo no se puede confundir con una mayor represi&oacute;n. En efecto, esta eficacia se mide por el porcentaje de casos de homicidio resueltos con respecto al total de homicidios. La eficacia del sistema represivo est&aacute; ligada entonces a la calidad de las instituciones. Si son d&eacute;biles, el aumento de la represi&oacute;n lleva a un incremento de la violencia.</p>     <p align="justify">4. El aumento del crecimiento econ&oacute;mico se traduce en una leve reducci&oacute;n de los homicidios.</p>     <p align="justify">5. El aumento de la tasa de la escolarizaci&oacute;n secundaria ocasiona una disminuci&oacute;n de los homicidios (Suarez, 2007).</p>     <p align="justify">Este an&aacute;lisis no pretende agotar las causas de la violencia. No estudia las causas hist&oacute;ricas, a veces lejanas (modo de colonizaci&oacute;n), a veces m&aacute;s cercanas (dictaduras de los a&ntilde;os 1970) de la ineficacia del sistema judicial y del sistema policial, sin embargo particularmente represivo, y a menudo poco respetuoso de los derechos humanos en numerosos pa&iacute;ses.</p>     <p align="justify">Es interesante retomar la cuesti&oacute;n de la organizaci&oacute;n por dos razones. La primera es que la ciudad no fue siempre sin&oacute;nimo de violencia. Se puede observar que en numerosos pa&iacute;ses europeos la ciudad fue un factor de pacificaci&oacute;n durante largo tiempo (Bauer, 2006)<sup><a href="#10" name="n10">10</a></sup>. Era en los campos donde hab&iacute;a violencia. Y s&oacute;lo en las primeras d&eacute;cadas del siglo XX la violencia aument&oacute; en las ciudades, primero en Estados Unidos y despu&eacute;s en Europa, con lo que se llam&oacute; la “crisis de la ciudad”. La urbanizaci&oacute;n mal controlada, la disoluci&oacute;n de las relaciones de solidaridad<sup><a href="#11" name="n11">11</a></sup> de los nuevos emigrantes en busca de empleos dif&iacute;ciles de encontrar y la monetizaci&oacute;n de las relaciones sociales son las razones que se invocan m&aacute;s a menudo, como vimos. Esta violencia no toma necesariamente un aspecto &eacute;tnico salvo cuando la sociedad est&aacute; comunitarizada, “donde los territorios y las poblaciones &eacute;tnicas se conjugan” (Bauer, 2006, 23-25).</p>     <p align="justify">La segunda raz&oacute;n es que la ciudad es el lugar donde se desarrollaron pol&iacute;ticas urbanas y se transformaron las modalidades de intervenci&oacute;n del Estado en estas &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Como se&ntilde;ala M. Doyteva (2007) en el caso de Francia, que se puede trasponer a muchos otros pa&iacute;ses, “el trabajo social ‘se vuelve &eacute;tnico’, la discriminaci&oacute;n positiva se banaliza, los actores ‘comunitarios’ son cooptados por las instituciones” (ib&iacute;d., 13). Este nuevo enfoque multiculturalista que caracteriza a la pol&iacute;tica de la ciudad y la voluntad de estar m&aacute;s cerca de los ciudadanos y de sus problemas, “no es solamente un asunto de derechos individuales sino tambi&eacute;n y sobre todo de justicia social” (ib&iacute;d., 15). Se focaliza en poblaciones particulares. En la medida en que estas pol&iacute;ticas urbanas focalizadas aparecieron con la democratizaci&oacute;n de Am&eacute;rica Latina en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, y que est&aacute;n insuficientemente desarrolladas, se puede considerar que los nuevos impulsos deber&iacute;an contribuir a limitar la violencia actual controlando mejor la urbanizaci&oacute;n y teniendo m&aacute;s en cuenta los valores y las necesidades de las poblaciones m&aacute;s excluidas.</p>     <p align="justify"><b>ORGANIZACIONES ESPEC&Iacute;FICAS DE LA VIOLENCIA: LAS PANDILLAS</b></p>     <p align="justify">En la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses se han librado guerras entre pandillas ligadas al tr&aacute;fico de drogas, como lo veremos en el an&aacute;lisis de las pandillas juveniles y sus formas extremas: las Maras de Am&eacute;rica Central (Rubio, 2005; Cohen y Rubio, 2007; Ridgers, 1999, y WOLA, 2006). El n&uacute;mero de miembros de las pandillas callejeras es muy elevado: 500 por cada 100.000 personas en Honduras, 153 en El Salvador. Los miembros de las pandillas se reclutan ante todo entre los j&oacute;venes provenientes de medios pobres, rechazados por el sistema escolar, pero tambi&eacute;n, en un grado menor aunque importante, entre quienes prosiguen sus estudios<sup><a href="#12" name="n12">12</a></sup>. El origen social interviene de manera diferente seg&uacute;n si se es pobre o se est&aacute; en edad escolar. Para quienes est&aacute;n en escolar y dejan de ir a la escuela, y tienen ingresos modestos, mayor es la probabilidad de pertenecer a una pandilla. Entre quienes prosiguen sus estudios, quienes tienen ingresos medios son los que tienen mayor probabilidad de pertenecer a una pandilla, y no los m&aacute;s pobres ni los m&aacute;s ricos<sup><a href="#13" name="n13">13</a></sup>. La relaci&oacute;n es entonces m&aacute;s compleja que la que a menudo vincula la pertenencia a las pandillas y la criminalidad con el grado de pobreza.</p>     <p align="justify">As&iacute;, como recuerda Leggett (en Rubio, 2005, 11), para los miembros de las pandillas y de las Maras, el grupo “se convierte en la instituci&oacute;n suprema de su vida”. Los miembros de estas pandillas desarrollan “microculturas”, basadas en el reconocimiento (de ah&iacute; la importancia de los signos y de los c&oacute;digos), en los territorios controlados por la violencia, donde las actividades al margen de lo ilegal e ilegales pueden ser muy fruct&iacute;feras. Esto es lo que explica, por otra parte, que los participantes entren j&oacute;venes a las pandillas pero tiendan a permanecer largo tiempo en ellas. La pertenencia a las pandillas no es entonces un fen&oacute;meno inici&aacute;tico y transitorio ligado a cierta juventud. Con el desarrollo de la gran criminalidad, las bandas se “profesionalizan” y se vuelven adultas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote>      <p align="center">Recuadro 2    <br> “Microculturas de las pandillas”: algunas ilustraciones</p>     <p align="justify">Ya se&ntilde;alamos que no todas las pandillas se sit&uacute;an en el mismo nivel de criminalidad: algunas cometen delitos menores y otras son bandas criminales. Existen, evidentemente, pasos de un tipo de organizaci&oacute;n a otro, sin que por ello se pueda considerar que todos los miembros de las pandillas inscriban su futuro en la gran criminalidad. Son muchos los que abandonan la pandilla al cabo de algunos a&ntilde;os, bien sea porque son encarcelados, porque fallecen o porque optan por otro tipo de vida. No obstante, en muchos pa&iacute;ses se observa una tendencia a permanecer m&aacute;s tiempo en las pandillas que en el pasado.</p>     <p align="justify">Sobre los j&oacute;venes y las “bandas callejeras”: La banda “tambi&eacute;n da poder a los individuos que tienen la impresi&oacute;n de no tener ning&uacute;n poder: la persona que de enfrente siente temor, cambia de acera y uno lo percibe, reconoce una existencia y un poder. Es una inversi&oacute;n de la dominaci&oacute;n, una especie de venganza contra la sociedad. En el fondo, la banda alimenta temores y se nutre de temores [...] para su supervivencia, para no explotar a causa de las disensiones, este tipo de grupo necesita conflictos con el exterior, con los habitantes, con otras bandas, con la polic&iacute;a [...] en fin, no se puede olvidar que la banda es un espacio de solidaridad y de convivencia; cumple una funci&oacute;n de protecci&oacute;n para sus miembros: en un universo marcado por c&oacute;digos callejeros” (entrevista de Marwan Mohammed, <i>Le Monde</i>, 10, 12, 2007).</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Haut y Qu&eacute;r&eacute; (2001): “La microcultura de las pandillas propone valores muy diferentes a las normas sociales generales. Se considera que la actividad criminal es el medio normal de promoci&oacute;n social y de promoci&oacute;n del poder” (ib&iacute;d., 76). “El tipo de vida de las pandillas exalta la amistad entre los pandilleros pero rechaza los valores tradicionales, los estudios y el trabajo. Encontrarse para caminar por las calles, beber o drogarse es un valor esencial. Es necesario probar que se es hombre [...] mediante proezas sexuales, aptitud para el combate, disposici&oacute;n a defender el honor, el grupo o los amigos” (ib&iacute;d., 78). “El ambiente cultural de las pandillas est&aacute; impregnado de nihilismo, de fatalidad, de una violencia omnipresente” (ib&iacute;d., 83). Y en el mismo sentido, a&ntilde;aden los autores, “el rap de las pandillas es una m&uacute;sica violenta, agresiva, racista, sexista” (ib&iacute;d., 82). “Los graffitis tienen siempre un sentido preciso [...] para delimitar su territorio [...] las pandillas callejeras utilizan graffitis desde hace tiempo [que] permiten saber qui&eacute;n domina tal o cual territorio, y conocer su centro y sus fronteras. A menudo los murales lanzan desaf&iacute;os o expresan una voluntad de dominaci&oacute;n [...] las pandillas utilizan los graffitis para hacerse conocer y glorificar su identidad” (ib&iacute;d., 88 y 89).</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, en un grado superior, m&aacute;s all&aacute; de las bandas que hacen sus primeras armas, la entrevista realizada por el peri&oacute;dico <i>O Globo</i> en noviembre de 2007 a Marcio Camacho (llamado Marcola), l&iacute;der del grupo Primer Comando de la Capital (PCC de S&atilde;o Paulo), en prisi&oacute;n, es indicativa de la evoluci&oacute;n de la violencia en las grandes ciudades hacia una cuasi guerrilla urbana programada desde las c&aacute;rceles por los l&iacute;deres de organizaciones criminales sumamente poderosas: “Mis soldados son anomal&iacute;as extra&ntilde;as del desarrollo tard&iacute;o de este pa&iacute;s. Ya no hay proletarios, desdichados o explotados. Hay otra cosa [...] se educan en el m&aacute;s completo analfabetismo, se grad&uacute;an en las c&aacute;rceles, como un monstruo extra&ntilde;o escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgi&oacute; un nuevo lenguaje, y es entonces otro lenguaje. Estamos frente a una post miseria, que genera una cultura asesina, con ayuda de la tecnolog&iacute;a y los sat&eacute;lites, los celulares, Internet y las armas modernas. Es la mierda, con chips y megabytes”. A la pregunta acerca del temor a morir: “Es usted quien tiene miedo a morir, no yo. Aqu&iacute; en la c&aacute;rcel, usted puede venir a matarme, pero yo puedo dar la orden de que lo maten, all&aacute; afuera. Somos hombres bombas. En las villas miseria hay cientos de miles de hombres bombas. Estamos en el centro de lo insoluble [...] somos una nueva especie, somos como los <i>bichos</i>, diferentes de usted”; y a la pregunta: “&iquest;Hay una soluci&oacute;n?”, la respuesta es: “Se puede salir adelante si se deja de defender la normalidad. No hay ninguna normalidad. Se debe hacer una autocr&iacute;tica de la propia incompetencia [...] estamos en el centro de lo insoluble. Excepto que nosotros, nosotros vivimos de ello, y que usted, usted no tiene ninguna salida [...] como escribi&oacute; el divino Dante: ‘todos estamos en el infierno’”.</p> </blockquote>     <p align="justify"><b>CONCLUSI&Oacute;N: LAS DIFICULTADES PARA PONER EN PR&Aacute;CTICA POL&Iacute;TICAS EFICACES</b></p>     <p align="justify">Disminuir la violencia cuando alcanza el nivel que ha alcanzado en numerosos pa&iacute;ses latinoamericanos es como intentar “lograr la cuadratura del c&iacute;rculo”. Esta es la dificultad. En efecto, se puede considerar que existe un conjunto de prerrequisitos para hacer m&aacute;s cohesiva a la sociedad y reducir la violencia: disminuir sustancialmente las desigualdades socioecon&oacute;micas, favorecer una redistribuci&oacute;n m&aacute;s igualitaria, desarrollar una educaci&oacute;n primaria y profesional de calidad, mejorar la calidad de las instituciones, especialmente y sobre todo la de la justicia y la de la polic&iacute;a, inventar pol&iacute;ticas para la ciudad.</p>     <p align="justify">Estas nuevas pol&iacute;ticas no tendr&aacute;n efectos inmediatos sobre la violencia. Por ello, las respuestas estrictamente represivas pueden parecer m&aacute;s eficaces, sobre todo electoralmente. El hecho es que estas &uacute;ltimas no tienen los efectos esperados sobre la reducci&oacute;n de la violencia<sup><a href="#14" name="n14">14</a></sup>. Por otra parte, mientras que el aparato represivo siga gangrenado por la corrupci&oacute;n, mientras que una parte importante de la polic&iacute;a siga implicada en el tr&aacute;fico, y otra, a veces la misma, est&eacute; “marcada” por su pasado fuertemente represivo (dictaduras, guerras civiles recientes<sup><a href="#15" name="n15">15</a></sup>), y el gobierno adopte una pol&iacute;tica represiva “ciega”, como la pol&iacute;tica de <i>mano dura</i> en Am&eacute;rica Central<sup><a href="#16" name="n16">16</a></sup>, se puede observar que la represi&oacute;n es un factor... de aumento de la violencia mediante la legitimaci&oacute;n que ofrece a muchos j&oacute;venes que se sienten excluidos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los prerrequisitos implican un viraje en t&eacute;rminos de pol&iacute;ticas y se les debe dar cumplimiento. <i>Es en este marco que se inscriben las “soluciones culturales”</i> a trav&eacute;s de pol&iacute;ticas de la ciudad, pero tambi&eacute;n, y m&aacute;s particularmente, en ciertos pa&iacute;ses, del reconocimiento de los valores y derechos, ignorados durante largo tiempo, de poblaciones enteras<sup><a href="#17" name="n17">17</a></sup>.</p>     <p align="justify">No es f&aacute;cil concebir pol&iacute;ticas culturales de la ciudad. Es necesario evitar algunos obst&aacute;culos. Se pueden mencionar dos: el primero consiste en pensar que todas las bandas son igualmente crimin&oacute;genas y el segundo en poner todas las desigualdades en el mismo plano. Retomemos estos dos puntos.</p>     <p align="justify">1. Las pandillas no son id&eacute;nticas; su modo de operar y sus objetivos no son equivalentes, como vimos. No todas son crimin&oacute;genas, lejos de ello, aunque en ciertos pa&iacute;ses hoy lo sean m&aacute;s que en el pasado. Las microculturas que han desarrollado est&aacute;n lejos de ser todas asociales o nihilistas. S&oacute;lo en casos extremos ciertas culturas desarrollan temas totalmente destructivos cuando manejan simbolismos mort&iacute;feros (WOLA, 2006, sobre las <i>Zetas</i> en M&eacute;xico).</p>     <p align="justify">2. Conviene evitar las generalizaciones r&aacute;pidas en favor de generalizaciones menos err&oacute;neas. Aunque entre un 40% y un 60% de los empleos privados sean informales y muchas viviendas se hayan construido ilegalmente, no se puede concluir que todas estas poblaciones son violentas y establecer un <i>continuum</i> entre estas formas de violencia y las de las pandillas. Trabajar en el sector informal, construir la vivienda ilegalmente son por cierto violaciones de la ley, pero son delitos diferentes de la violencia que consiste en agredir continuamente a los pobres y a veces a los ricos. Esto es lo que explica que las <i>favelas</i> sean diferentes unas de otras (Wacquant, 2007, y Valladares, 2006): las que est&aacute;n formadas por personas pobres que trabajan en comercios y peque&ntilde;as industrias, las que est&aacute;n controladas por mafias que se dedican a diferentes tipos de tr&aacute;fico y trazan sus zonas de influencia delimitando sus territorios respectivos mediante la violencia, y las que se sit&uacute;an en diversos grados entre estos dos extremos. La trasgresi&oacute;n de la ley no tiene entonces el mismo sentido<sup><a href="#18" name="n18">18</a></sup>.</p>     <p align="justify">Las distintas trasgresiones producen culturas diferentes, a veces llamadas de “la urgencia” porque conciernen a la supervivencia de estas poblaciones. Utilizar los modos de expresi&oacute;n culturales de los barrios desfavorecidos no significa adoptar las microculturas crimin&oacute;genas de ciertas pandillas. Es importante trazar esta frontera, pues considerar que la violencia es el hecho dominante, so pretexto de que gran parte de la poblaci&oacute;n trasgrede <i>de facto</i> la ley, es subestimar la gravedad de la violencia que se comete contra las personas.</p>     <p align="justify">Como recuerda L. Bui Trong: “Ciertas corrientes culturales, portadoras de mensajes de revuelta<sup><a href="#19" name="n19">19</a></sup>, se benefician de una verdadera admiraci&oacute;n en los barrios sensibles” (2003, 43). Aunque los j&oacute;venes no organizados en pandillas adopten ciertos modos de expresi&oacute;n (m&uacute;sica, vestuario, etc.), no por ello se los puede considerar potencialmente peligrosos. Ellos expresan, a su manera, cierto rechazo de la sociedad tal como la perciben.</p>     <p align="justify">La pol&iacute;tica de la ciudad, focalizada en los barrios, debe pues integrar <i>una pol&iacute;tica cultural que sustituya a las microculturas</i> de las pandillas que suscitan el odio de quienes est&aacute;n fuera de ellas, como el sexismo, y que a veces alientan la corrupci&oacute;n asociada a la violencia extrema cuando se trata de defender el <i>negocio</i> de la droga y de las apuestas ilegales (ver el recuadro anterior). Debe, no obstante, tratar de integrar las culturas que surgen en las poblaciones excluidas que suelen vivir en lo informal. A semejanza de ciertos programas urbanos que favorecen la expresi&oacute;n de los j&oacute;venes talentos de los barrios sensibles<sup><a href="#20" name="n20">20</a></sup>.</p>     <p align="justify">La pol&iacute;tica de la ciudad de car&aacute;cter m&aacute;s global debe tener la ambici&oacute;n de proporcionar un acceso a los derechos universales equivalente para todos los ciudadanos, sean ricos o pobres, indios, negros, mestizos o blancos, y partir de la experiencia real de las poblaciones y de sus modos de expresi&oacute;n. La obligaci&oacute;n de obtener resultados puede legitimar la puesta en pr&aacute;ctica de una discriminaci&oacute;n positiva, sobre las poblaciones y los barrios focalizados. No ejercer este tipo de discriminaci&oacute;n es dejar que perduren los resentimientos justificados por la amplitud de las desigualdades y el aspecto exclusivamente abstracto de los derechos universales, es dejar que se desarrolle la violencia y dejar el campo libre a la represi&oacute;n como &uacute;nica soluci&oacute;n.</p>     <p align="justify"><b>ANEXOS</b></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 1<a name="g1"></a>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Tasas de homicidios por cada 10.000 habitantes, hemisferio occidental    <br> 1995-2002</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a4g1.jpg">    <br> <font size="1">Fuente: Berkman (2007) y Cohen y Rubio (2007), a partir de datos de la Interpol y de la OMS.</font></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 2<a name="g2"></a>    <br> Tasa de asesinatos por regi&oacute;n</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a4g2.jpg">    <br> <font size="1">Fuente: UN Crime Trends Survey e Interpol, 2002, en World Bank y UN (2007).</font></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 3<a name="g3"></a>    <br> Tasa de muertes por asaltos, por grupos de edad    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Am&eacute;rica Latina y el Caribe</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a4g3.jpg">    <br> <font size="1">Fuente: Berkman (2007), a partir des datos de la OMS.</font></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 4<a name="g4"></a>    <br> Pertenencia a pandillas en Am&eacute;rica Central    <br> N&uacute;mero de miembros por cada 100.000 habitantes</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a4g4.jpg">    <br> <font size="1">Fuente: Pertenencia a pandillas: USAID (2006); poblaci&oacute;n 2005: Naciones Unidas.</font></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 5<a name="g5"></a>    <br> Colombia, influencia de los grupos armados y justicia penal</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a4g5.jpg">    <br> <font size="1">Fuente: tomado de Cu&eacute;llar (1999), en Cohen y Rubio (2007).</font></p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 6<a name="g6"></a>    <br> Distribuci&oacute;n de la clase social percibida – Estudiantes y deserci&oacute;n escolar</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a4g6.jpg">    <br> <font size="1">Fuente: IADB, Self-report Surveys.</font></p>     <p align="justify">Distribuci&oacute;n de la clase social percibida entre miembros de las pandillas</p>     <p align="justify"><img src="/img/revistas/rei/v10n18/v10n18a4g7.jpg">    <br> <font size="1">Fuente: IADB, Self-report Surveys.</font></p>     <p align="justify">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. La violencia es, a priori, dif&iacute;cil de medir. Se puede calcular una parte de la violencia a partir de las estad&iacute;sticas publicadas por las autoridades de polic&iacute;a o de justicia de diferentes pa&iacute;ses, pero otra parte –y de lejos la menos marginal– es dif&iacute;cil de valorar porque las declaraciones dependen de la confianza que se tenga en la polic&iacute;a y en la justicia, y en general esta no es muy alta en Am&eacute;rica del Sur. Otro problema que dificulta la cuantificaci&oacute;n de este fen&oacute;meno es la existencia de diversos grados de violencia. Estos diferentes grados, que van de los homicidios voluntarios a las infracciones en materia de drogas, pasando por las infracciones sexuales, los golpes y lesiones, los robos a mano armada, las estafas y la falsificaci&oacute;n de moneda, por ejemplo, dificultan la agregaci&oacute;n de los actos violentos (ver Heinnemann y Dorte, 2006). Para superar esta dificultad y aquella que est&aacute; ligada a las diferencias de cualificaci&oacute;n o de percepci&oacute;n de un mismo acto, decidimos tomar en cuenta &uacute;nicamente los <i>homicidios voluntarios</i>. En la clasificaci&oacute;n internacional de la mortalidad elaborada por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud se considera homicidio voluntario a toda muerte provocada por la acci&oacute;n voluntaria de otra persona. Esta definici&oacute;n permite excluir las muertes causadas por accidentes, errores m&eacute;dicos, guerras civiles y suicidios. Existen m&aacute;rgenes de error, pero son peque&ntilde;os. Esta estad&iacute;stica es pertinente para medir la amplitud de la violencia en la medida en que corresponde al grado m&aacute;s extremo. Para los otros tipos de violencia, las encuestas de victimizaci&oacute;n son m&aacute;s confiables que las declaraciones a la polic&iacute;a, pero por definici&oacute;n excluyen los homicidios.</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Para las estad&iacute;sticas detalladas y sus fuentes, ver el anexo.</p>     <p align="justify"><a href="#n3" name="3">3</a>. Este indicador mide las desigualdades de 1 a 0; cuanto m&aacute;s se acerca a 1 mayores son las desigualdades, y viceversa.</p>     <p align="justify"><a href="#n4" name="4">4</a>. Es interesante recordar que el origen de las Maras de Am&eacute;rica Central fue la decisi&oacute;n pol&iacute;tica de expulsar masivamente a los inmigrantes ilegales que pertenec&iacute;an a pandillas callejeras de Los &Aacute;ngeles, fuertemente tatuados, y realizaban actividades ligadas a la droga, hacia su pa&iacute;s de origen. Despu&eacute;s del retorno forzado, establecieron y fortalecieron los v&iacute;nculos con Estados Unidos. Las pol&iacute;ticas represivas de <i>mano dura</i> ampliaron la violencia debido a la baja calidad de las instituciones (fuerte corrupci&oacute;n de la polic&iacute;a, implicada en el tr&aacute;fico y habituada a matar en ciertos pa&iacute;ses, un h&aacute;bito adquirido en la guerra civil). Ver WOLA (2006).</p>     <p align="justify"><a href="#n5" name="5">5</a>. Las <i>Zetas</i> son miembros de un cartel de la droga conocido por su ferocidad y su simbolismo f&uacute;nebre. Muchas de ellas provienen de un cuerpo policial de &eacute;lite creado en M&eacute;xico y fueron formadas en Estados Unidos en la lucha contra el tr&aacute;fico de drogas.</p>     <p align="justify"><a href="#n6" name="6">6</a>. “El paso al terror corresponde a un momento en que los protagonistas recurren a medios que buscan romper los v&iacute;nculos sociales que defin&iacute;an la particularidad de ciertos sectores de la poblaci&oacute;n, sectores que ahora se encuentran sometidos a una empresa contra la cual no pueden apelar a un tercero, a ninguna instituci&oacute;n reconocida” (P&eacute;caut, 2000).</p>     <p align="justify"><a href="#n7" name="7">7</a>. Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Per&uacute;, Paraguay, Uruguay y Venezuela.</p>     <p align="justify"><a href="#n8" name="8">8</a>. Todos los pa&iacute;ses est&aacute;n m&aacute;s o menos involucrados en estas actividades criminales, pero de manera muy diferente: algunos son principalmente productores de droga, otros son lugares de tr&aacute;nsito hacia los pa&iacute;ses desarrollados y, por &uacute;ltimo, otros son consumidores. Cada uno de estos casos lleva a organizaciones criminales espec&iacute;ficas. La competencia entre ellas, bien sea para controlar una ruta o para controlar un territorio, llega a niveles de violencia extrema. Esta variable no se toma en consideraci&oacute;n no porque se ignoren las relaciones entre el comercio de drogas y la violencia, sino porque esta actividad generadora de violencia es dif&iacute;cil de medir (&iquest;se puede medir por los secuestros?, pero &eacute;stos no reflejan siempre de la misma manera la importancia de la actividad; &iquest;por los arrestos, por los procesos?, pero &eacute;stos &uacute;ltimos est&aacute;n lejos de ser significativos; &iquest;por los homicidios?, pero entonces se introducir&iacute;a un razonamiento circular.</p>     <p align="justify"><a href="#n9" name="9">9</a>. Para un an&aacute;lisis detallado de las ecuaciones y de los resultados de las pruebas, ver Camara y Salama (2003).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n10" name="10">10</a>. “La ciudad civiliz&oacute; el crimen, en especial el crimen violento [...] el universo maravilloso de El Dorado rural que imaginaban los habitantes de las grandes ciudades jam&aacute;s existi&oacute;” (Bauer, 2006, 23). Esta deconstrucci&oacute;n de un mito difundido se puede poner en paralelo con los aportes de Elias sobre la interiorizaci&oacute;n de la violencia a medida que la civilizaci&oacute;n avanza paralelamente con la urbanizaci&oacute;n de las sociedades occidentales: “la estabilidad particular de los mecanismos de autocontrol ps&iacute;quico [...] est&aacute; ligada estrechamente a la monopolizaci&oacute;n del control f&iacute;sico y a la solidez creciente de los &oacute;rganos sociales centrales” (Elias, 1969, 188). La situaci&oacute;n cambia con el acelerado desarrollo de las ciudades y la urbanizaci&oacute;n mal planeada en los pa&iacute;ses en desarrollo. Este cambio es a&uacute;n m&aacute;s radical en Am&eacute;rica Latina donde muy velozmente se conformaron megal&oacute;polis y el Estado perdi&oacute; el control de barrios enteros de estas ciudades.</p>     <p align="justify"><a href="#n11" name="11">11</a>. Sin profundizar esta cuesti&oacute;n esencial, recalquemos que la disoluci&oacute;n de las solidaridades concierne a las solidaridades familiar (el paso a familias m&aacute;s estrechas, es decir, monoparentales), de clase (desarrollo del trabajo informal atomizado cuando la oferta de trabajo, generada por una alta fecundidad y la migraci&oacute;n del campo a la ciudad, no encuentra una demanda suficiente), religiosa y a veces &eacute;tnica. Esta disoluci&oacute;n da lugar a solidaridades fragmentadas, a rupturas mantenidas por la pertenencia a pandillas callejeras y establecidas mediante el respeto a ciertos c&oacute;digos. Insistiremos en este &uacute;ltimo punto m&aacute;s adelante.</p>     <p align="justify"><a href="#n12" name="12">12</a>. En total, el 5,5% de los “estudiantes” hace parte de pandillas en Panam&aacute; y el 3% en Nicaragua. Los “estudiantes” que hacen parte de pandillas tienen menor probabilidad de cometer un crimen que el conjunto de miembros de las pandillas, sobre todo si se trata de homicidios ligados al tr&aacute;fico de drogas (Cohen y Rubio, 2007, 13 y 14).</p>     <p align="justify"><a href="#n13" name="13">13</a>. La educaci&oacute;n disminuye la probabilidad de cometer actos violentos. A la inversa, si no abre la puerta a los oficios esperados y lleva al desclasamiento, puede conducir a la violencia.</p>     <p align="justify"><a href="#n14" name="14">14</a>. No se trata de negar la necesidad de la represi&oacute;n sino de asociarla a un mejoramiento de la calidad de las instituciones.</p>     <p align="justify"><a href="#n15" name="15">15</a>. Sobre esta cuesti&oacute;n, ver WOLA (2006).</p>     <p align="justify"><a href="#n16" name="16">16</a>. Esta pol&iacute;tica consiste en arrestar a los individuos que presuntamente pertenecen a las pandillas, como las Maras, con base en signos exteriores como el tatuaje.</p>     <p align="justify"><a href="#n17" name="17">17</a>. El reconocimiento de las identidades hoy est&aacute; en el centro de las nuevas reivindicaciones y luchas de las poblaciones que ayer se rechazaban, como lo demuestran los movimientos sociales en numerosos pa&iacute;ses andinos, Am&eacute;rica Central y M&eacute;xico. Estas poblaciones fueron dominadas, y sus derechos y valores se ignoraron durante varios siglos. Hoy, la llegada al poder de estas poblaciones en algunos pa&iacute;ses andinos se basa en la cuesti&oacute;n de la Naci&oacute;n y de la construcci&oacute;n de un Estado plurinacional (de Sousa, 2006) que reconozca las formas de representaci&oacute;n ligadas a los antiguos modos de designaci&oacute;n y acordes con las costumbres (nueva constituci&oacute;n de Bolivia). Se trata de problemas muy importantes que tienen el rasgo de identidades ‘reencontradas’, no de minor&iacute;as sino, en el caso de los indios, de las mayor&iacute;as de ciertos pa&iacute;ses. Es evidente que tratar esta cuesti&oacute;n en relaci&oacute;n con la violencia la desnaturaliza. Y sobrepasa el marco de este informe.</p>     <p align="justify"><a href="#n18" name="18">18</a>. Como recuerdan los economistas, hay una diferencia entre los “bienes grises” y los “bienes negros”.</p>     <p align="justify"><a href="#n19" name="19">19</a>. &iquest;Es censurable la violencia en el arte? Se trata de un antiguo debate; como recuerda L. Bui, Plat&oacute;n quer&iacute;a “prohibir [a los poetas] la entrada a la ciudad ideal acus&aacute;ndolos de corromper las costumbres”; a la inversa, seg&uacute;n Arist&oacute;teles, “lejos de favorecer la violencia, el arte permitir&iacute;a la catarsis de los sentimientos del espectador” (Bui, 2003, 50).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><a href="#n20" name="20">20</a>. Como en los proyectos de “Frescos urbanos” de Filadelfia, codirigidos por Jane Golden.</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Adorno, S. y A. Peralva, dirs. <i>Dialogues franco br&eacute;siliens sur la violence et la d&eacute;mocratie</i>, Collection Cultures et Conflits, Paris, l’Harmattan, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200800010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Bauer, A., dir. <i>G&eacute;ographie de la France criminelle</i>, Paris, Odile Jacob, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200800010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Berkman, H. “Social Exclusion and Violence in Latin American and the Caribbean”, <i>Working Paper</i>, Inter-American Development Bank, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200800010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. BID. <i>Operational Policy on Indigenous People and Strategy for Indigenous development</i>, Washington, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996200800010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Bui T., L. <i>Les racines de la violence, de l’&eacute;meute au communautarisme</i>, Paris, Editions Audibert, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996200800010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Camara, M. y P. Salama. “Homicides, les pauvres sont ils dangereux?”, <i>Tiers Monde</i> 174, 2003. Publicado en espa&ntilde;ol en <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 10, 159-181, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996200800010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Cohen, M. y M. Rubio. “Violence and Crime in Latin America”, <i>Solutions Paper</i>, Consulta de San Jos&eacute; organizada por el Copenhagen Consensus Center y la Corporaci&oacute;n Latinobar&oacute;metro, 2007. Informe Latinobar&oacute;metro, Banco Interamericano de Desarrollo, San Jos&eacute;, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996200800010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. De Sousa S., B. “La reinvenci&oacute;n del Estado y el Estado plurinacional”, <i>Observatorio Social de Am&eacute;rica Latina</i> 22, Buenos Aires, CLACSO, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996200800010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Doytcheva, M. <i>Une discrimination positive &agrave; la fran&ccedil;aise, ethnicit&eacute; et territoire dans les politiques de la ville</i>, Paris, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-5996200800010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Elias, N. <i>La dynamique de l’Occident</i>, 1969, Paris, Calmann Levy, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996200800010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Freeman, L. <i>State of Siege: Drug-Related Violence and Corruption in Mexico. Unintended Consequences of the War on Drugs</i>, Washington, Washington Office of Latin America (WOLA), 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-5996200800010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Haut, F. y St. Quer&eacute;. <i>Les bandes criminelles</i>, Paris, PUF, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996200800010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Heinnemann, A. y V. Dorte. “Crime and Violence in Development, A Literature Review of Latin American and the Caribbean”, <i>World Bank Working Paper</i> WPS4041, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996200800010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Instituto de Estudios Iberoamericanos. “Violencia e (in)seguridad p&uacute;blica a nivel local en Am&eacute;rica Latina y Europa”, <i>Documento de trabajo Recal</i> 8; ver en particular los estudios de F. Sain M. y R. Barbaret, Hamburgo, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996200800010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Lins, P. <i>La Cit&eacute; de Dieu</i>, Gallimard, Paris, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-5996200800010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Meyer, M. <i>At a Crossroads: Drug Trafficking, Violence and the Mexican State</i>, Washington, Washington Office of Latin America (WOLA), 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996200800010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Mucchielli, L. y M. Mohammed, dirs. <i>Les bandes des jeunes, des blousons noirs &agrave; nos jours</i>, Paris, La D&eacute;couverte, 2007; ver en particular el art&iacute;culo de B. Moignard.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-5996200800010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. OCDE. <i>Latin American Economic Outlook</i>, Paris, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996200800010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. P&eacute;caut, D. “Trafic de drogue et violence en Colombie”, <i>Cultures &amp; Conflits</i> 3, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996200800010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. P&eacute;caut, D. “Violence et politique: quatre &eacute;l&eacute;ments de r&eacute;flexion &agrave; propos de la Colombie”, <i>Cultures &amp; Conflits</i> 13-14, 1994, pp. 155-166.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996200800010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. P&eacute;caut, D. “Les configurations de l’espace, du temps et de la subjectivit&eacute; dans un contexte de terreur: l’exemple colombien (partie 1 et 2)”, <i>Cultures &amp; Conflits</i> 37, 2000, pp. 123-154.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996200800010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Peralva, A. “Perspectives sur la violence br&eacute;silienne”, <i>Tiers Monde</i> 167, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996200800010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Rodgers, D. “Youth Gangs and Violence in Latin America and the Caribbean: A Litterature Survey”, <i>LCR Sustainable Development Working Paper</i> 4, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996200800010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Rubio M. “La Mara, trucha y voraz. Violencia juvenil organizada en Centroam&eacute;rica”, <i>Inter-American Development Bank Working Paper</i>, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996200800010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Salama. P. <i>Le d&eacute;fi des in&eacute;galit&eacute;s, une comparaison &eacute;conomique Am&eacute;rique latine/Asie</i>, Paris, La D&eacute;couverte, 2006. De pr&oacute;xima publicaci&oacute;n en espa&ntilde;ol, M&eacute;xico, Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996200800010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Semelin, J. <i>Purifier et d&eacute;truire, usages politiques des massacres et g&eacute;nocides</i>, Paris, Seuil, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996200800010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Suarez D. S., S. “Educa&ccedil;&atilde;o: um escudo contra o homic&iacute;dio”, <i>Texto par discuss&atilde;o IPEA</i> 1298, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996200800010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Valladares, L. <i>La favela d’un si&egrave;cle &agrave; l’autre</i>, Paris, Maison des Sciences de l’Homme, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996200800010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Viegas A., M. y M. de Barros L. “Desesperan&ccedil;a de vida: homic&iacute;dio em Minas Gerais, Rio de Janeiro e S&atilde;o Paulo no per&iacute;odo 1981/97”, R. 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Zaluar, A. “Oito temas para debate, viol&ecirc;ncia e seguran&ccedil;a publica”, <i>Sociologia, Problemas e Praticas</i> 38, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-5996200800010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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