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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[COLOMBIA Y VENEZUELA: DESEMPEÑO ECONÓMICO, TIPO DE CAMBIO Y RELACIONES ESTADO-EMPRESARIOS]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[COLOMBIA AND VENEZUELA: ECONOMIC PERFORMANCE, EXCHANGE RATE AND STATE-BUSINESS RELATIONS]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In 1980, Venezuelan income per capita in dollars was 1.4 times higher than that of Colombia, but in 2007, this ratio was reversed and the Colombian income was 1.1 higher than that of Venezuela. This result deserves an explanation, as both countries made similar structural reforms to allow a free economy and to integrate with international markets. This paper aims to explain this result. The main conclusion is that the State-entrepreneur relationship and the real exchange rate management are crucial for the explanation of the difference in the economic performance of both countries.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center">    <br><b>COLOMBIA Y VENEZUELA: DESEMPE&Ntilde;O ECON&Oacute;MICO, TIPO DE CAMBIO Y RELACIONES ESTADO-EMPRESARIOS</b></p></font>     <p align="justify">    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>COLOMBIA AND VENEZUELA: ECONOMIC PERFORMANCE, EXCHANGE RATE AND STATE-BUSINESS RELATIONS</b></p>     <p align="justify">    <br>    <br></p>     <p align="justify"><i>Alberto Mart&iacute;nez C.</i>*</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">* Doctor en Ciencia Pol&iacute;tica, profesor de la Universidad Sim&oacute;n Bol&iacute;var, Caracas, Venezuela, &#91;<a href="mailto:amartine@usb.ve">amartine@usb.ve</a>&#93;. Agradezco los valiosos comentarios de tres &aacute;rbitros an&oacute;nimos que enriquecieron el presente trabajo. Fecha de entrega: 18 de enero de 2008, fecha de modificaci&oacute;n: 18 de abril de 2008, fecha de aceptaci&oacute;n: 27 de octubre de 2008.</p> <hr>     <p align="justify"><b>RESUMEN</b></p>     <p align="justify">&#91;Palabras clave: Colombia, Venezuela, desarrollo econ&oacute;mico, relaciones Estado-gobierno, instituciones; JEL: E65, F10, F31, F43, O10&#93;</p>     <p align="justify">En 1980, el ingreso per c&aacute;pita venezolano en d&oacute;lares era 1,4 veces mayor que el colombiano, pero en 2007 esta relaci&oacute;n se invirti&oacute; y el ingreso colombiano fue 1,1 veces mayor que el venezolano. Un resultado que merece una explicaci&oacute;n pues ambos pa&iacute;ses hicieron reformas estructurales similares para liberar la econom&iacute;a e integrarse a los mercados internacionales. Este trabajo intenta explicar ese resultado. La principal conclusi&oacute;n es que las relaciones Estado-empresarios y el manejo del tipo de cambio real son fundamentales para explicar la diferencia en el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de ambos pa&iacute;ses. </p>     <p align="justify"><b>ABSTRACT</b></p>     <p align="justify">&#91;Keywords: Colombia, Venezuela, economic development, State-government relations, institutions; JEL: E65, F10, F31, F43, O10&#93;</p>     <p align="justify">In 1980, Venezuelan income per capita in dollars was 1.4 times higher than that of Colombia, but in 2007, this ratio was reversed and the Colombian income was 1.1 higher than that of Venezuela. This result deserves an explanation, as both countries made similar structural reforms to allow a free economy and to integrate with international markets. This paper aims to explain this result. The main conclusion is that the State-entrepreneur relationship and the real exchange rate management are crucial for the explanation of the difference in the economic performance of both countries.</p> <hr>     <p align="justify">    <br>Am&eacute;rica Latina pas&oacute; de una etapa de recesi&oacute;n y ajuste macroecon&oacute;mico en los a&ntilde;os ochenta a una de buen crecimiento econ&oacute;mico a comienzos del siglo XXI, impulsada principalmente por el aumento de precios de las materias primas, que siguen siendo parte importante de sus exportaciones. Entre 2003 y 2007 el PIB per c&aacute;pita creci&oacute; a las tasas m&aacute;s altas registradas desde los setenta (CEPAL, 2007). Colombia y Venezuela, igual que los dem&aacute;s pa&iacute;ses de la regi&oacute;n, registraron un alto crecimiento en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Pero llama la atenci&oacute;n que en 1980 el ingreso per c&aacute;pita venezolano era 1,4 veces mayor que el colombiano y que en 2007 el ingreso colombiano lleg&oacute; a ser 1,1 veces superior al venezolano (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>).</p>     <p align="justify">Este resultado es llamativo si se considera que a comienzos de los noventa ambos pa&iacute;ses hicieron reformas estructurales para liberar los mercados, reducir la intervenci&oacute;n del Estado en la econom&iacute;a y mejorar la integraci&oacute;n a los mercados internacionales. La similitud entre sus pol&iacute;ticas econ&oacute;micas y las buenas relaciones entre los presidentes C&eacute;sar Gaviria y Carlos Andr&eacute;s P&eacute;rez fueron clave para el relanzamiento del Grupo Andino en 1990 (Mart&iacute;nez, 1997). &iquest;Qu&eacute; factores incidieron en dicha modificaci&oacute;n?: &iquest;un mejor manejo de la econom&iacute;a colombiana?, &iquest;los antecedentes econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos de cada pa&iacute;s? La tesis principal es que las relaciones Estado-empresarios y el manejo del tipo de cambio real son fundamentales para explicar la diferencia en el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de los dos pa&iacute;ses.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En la primera parte de este ensayo se discuten algunas ideas sobre crecimiento econ&oacute;mico, participaci&oacute;n del Estado y relaciones Estado-empresas que sirven de marco de referencia para el an&aacute;lisis posterior. En la segunda parte se analizan los efectos de las condiciones iniciales del desarrollo de Colombia y Venezuela sobre el manejo del tipo de cambio y las relaciones Estado-empresarios. En la tercera, se compara el desempe&ntilde;o de ambos pa&iacute;ses en el per&iacute;odo 1980-2007; por &uacute;ltimo se presentan las conclusiones.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 1<a name="g1"></a>    <br> PIB per c&aacute;pita (d&oacute;lares)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11g1.jpg"></p>     <p align="justify"><b>CRECIMIENTO ECON&Oacute;MICO, ESTADO Y RELACIONES ESTADO-EMPRESARIOS</b></p>     <p align="justify">Mucho se ha escrito sobre el desarrollo econ&oacute;mico, tema bastante pol&eacute;mico aunque los economistas coinciden en que sin crecimiento no hay desarrollo. Cuando el crecimiento es significativo y sostenido se acumula capital, se introducen nuevas tecnolog&iacute;as y se desarrollan el capital humano, las instituciones y los mercados. En suma, hay desarrollo econ&oacute;mico, entendido como crecimiento que se traduce en bienestar general. Lucas (1988) habla de crecimiento econ&oacute;mico cuando el aumento del ingreso es proporcional al de la poblaci&oacute;n, y de desarrollo econ&oacute;mico cuando el ingreso crece m&aacute;s r&aacute;pidamente que la poblaci&oacute;n. Sin embargo, Sylos Labini (1994) muestra que la diferencia entre crecimiento y desarrollo es te&oacute;ricamente infundada, y que los dos t&eacute;rminos son sin&oacute;nimos.</p>     <p align="justify">El desarrollo econ&oacute;mico de Am&eacute;rica Latina se estanc&oacute; en los a&ntilde;os ochenta. La mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses tuvieron problemas de desequilibrio externo que llevaron a la crisis de la deuda. Ante la negativa de la banca internacional a proporcionar financiaci&oacute;n externa, los desequilibrios macroecon&oacute;micos y la presi&oacute;n de las instituciones financieras internacionales (Grilli, 2005), adoptaron programas de ajuste y reforma que buscaban “establecer los precios correctos” para un mejor funcionamiento del mercado con poca intervenci&oacute;n estatal. Estos programas inclu&iacute;an medidas tales como el fortalecimiento de la disciplina fiscal, la eliminaci&oacute;n de controles de precios y de tasas de inter&eacute;s, el establecimiento de tipos de cambio competitivos, la liberaci&oacute;n del comercio internacional y la desregulaci&oacute;n de los mercados. Sin embargo, los resultados en t&eacute;rminos de crecimiento econ&oacute;mico fueron tan decepcionantes que ese per&iacute;odo recibi&oacute; el nombre de “d&eacute;cada perdida”. Sin embargo, a pesar del desencanto las econom&iacute;as retornaron a principios econ&oacute;micos s&oacute;lidos que son comunes a las estrategias de crecimiento exitoso (Rodrik, 2003).</p>     <p align="justify">No hay recetas para el crecimiento. Lo que funciona en un pa&iacute;s puede no funcionar en otro. No obstante, los estudios emp&iacute;ricos destacan algunas relaciones b&aacute;sicas. En su excelente revisi&oacute;n de estudios sobre crecimiento econ&oacute;mico en Am&eacute;rica Latina, Loayza et al. (2004) destacan cuatro puntos: primero, hay convergencia entre los pa&iacute;ses latinoamericanos; segundo, factores estructurales como el capital humano, la profundidad de los mercados financieros, la apertura al comercio exterior, la infraestructura y una baja carga del gobierno tienen una relaci&oacute;n positiva con el crecimiento; tercero, la inestabilidad macroecon&oacute;mica, medida por la inflaci&oacute;n y la desalineaci&oacute;n del tipo de cambio, lo afecta negativamente; y cuarto, los choques externos tienen gran impacto en el crecimiento. Corvo (1994) y Calder&oacute;n y Fuentes (2006) presentan resultados similares. Sachs y Warner (1995) encontraron que en las econom&iacute;as donde no se respetan los derechos de propiedad y hay trabas al comercio internacional hay un bajo crecimiento; y argumentan que cualquier pa&iacute;s puede lograr un alto nivel de crecimiento si implementa un conjunto de pol&iacute;ticas que incluyan paz social, respeto a los derechos civiles y pol&iacute;ticos y apertura al comercio internacional.</p>     <p align="justify">Douglas C. North renov&oacute; el estudio de la relaci&oacute;n entre crecimiento econ&oacute;mico e instituciones. Con base en su trabajo, Gunnarsson y Lundahl (1996) argumentan que la principal tarea del Estado en el &aacute;mbito econ&oacute;mico es garantizar los derechos de propiedad y proteger la validez de los contratos dando credibilidad y legitimidad a las leyes, reglas y otros arreglos institucionales que hacen posible el intercambio.</p>     <p align="justify">Los trabajos citados concuerdan con Hughes (1994) en que el mejoramiento de los recursos humanos, la estabilidad macroecon&oacute;mica y la apertura al comercio internacional conducen al desarrollo; con Rodrik (2003) en la importancia de utilizar principios neocl&aacute;sicos s&oacute;lidos en el dise&ntilde;o de las estrategias de desarrollo, en un marco institucional fuerte, y con Easterly (2001) en que los gobiernos pueden matar el crecimiento econ&oacute;mico generando inflaci&oacute;n, estimulando el mercado negro de divisas, incurriendo en grandes d&eacute;ficit fiscales, poniendo techo a las tasas de inter&eacute;s, cerrando la econom&iacute;a, regulando excesivamente y ofreciendo servicios p&uacute;blicos deficientes en &aacute;reas tales como electricidad, comunicaciones y educaci&oacute;n.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En el campo de la econom&iacute;a institucional hay una corriente que argumenta que las buenas relaciones entre el gobierno y los empresarios fomentan el crecimiento econ&oacute;mico. El ejemplo cl&aacute;sico es la <i>embedded autonomy</i> de Evans (1995), caracterizada por una burocracia weberiana que tiene lazos estrechos con los empresarios y suficiente autonom&iacute;a en la formulaci&oacute;n e implementaci&oacute;n de las pol&iacute;ticas econ&oacute;micas. Entre los factores que contribuyen a implementar pol&iacute;ticas efectivas y flexibles que incentivan a los empresarios a dar uso productivo a la ayuda gubernamental, Schneider y Maxfield (1997) destacan la informaci&oacute;n confiable y transparente entre el gobierno y los empresarios; la capacidad de los gobiernos para exigir un mejor desempe&ntilde;o a los empresarios a cambio de los subsidios (reciprocidad); la solidez y la credibilidad de las pol&iacute;ticas; y la confianza mutua, que a su vez aumenta la credibilidad de las pol&iacute;ticas.</p>     <p align="justify">En suma, el gobierno cumple papel esencial en el desarrollo econ&oacute;mico. Nuestra hip&oacute;tesis de trabajo es que, en Colombia y Venezuela, las condiciones iniciales de desarrollo dieron lugar a relaciones Estado-empresarios y pol&iacute;ticas cambiarias diferentes que ayudan a explicar la diferencia en el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de los dos pa&iacute;ses. Una relaci&oacute;n del Estado con los empresarios basada en la cooperaci&oacute;n y la confianza deber&iacute;a llevar a formular pol&iacute;ticas favorables al crecimiento econ&oacute;mico.</p>     <p align="justify"><b>ALGUNOS ANTECEDENTES HIST&Oacute;RICOS</b></p>     <p align="justify"><b>C<small>OLOMBIA</small></b></p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Reynolds (1985), el crecimiento intensivo de Colombia, el desarrollo econ&oacute;mico de Lucas, se inici&oacute; en 1885 con el aumento de la producci&oacute;n de caf&eacute; en Antioquia. A comienzos del siglo XX el caf&eacute; se convirti&oacute; en el principal producto de exportaci&oacute;n y en 1922 su participaci&oacute;n en las exportaciones era del 77,4% (GRECO, s.f.)<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Su producci&oacute;n tuvo una influencia determinante en la industrializaci&oacute;n pues cre&oacute; un mercado de bienes industriales e impuls&oacute; la formaci&oacute;n de capital, la urbanizaci&oacute;n y la construcci&oacute;n de v&iacute;as (Ocampo y Botero, 2000). Pero la pol&iacute;tica econ&oacute;mica fue fundamental. El gobierno de Rafael Reyes (1904-1909) apoy&oacute; la industria manufacturera elevando los aranceles, otorgando financiaci&oacute;n y exonerando de aranceles la importaci&oacute;n de maquinaria. Thorp argumenta que la producci&oacute;n de caf&eacute; tuvo efectos positivos en el desarrollo del pa&iacute;s debido a su peque&ntilde;a escala, que favoreci&oacute; a las empresas familiares, y destaca el papel de la Federaci&oacute;n Nacional de Cafeteros como intermediario con el gobierno. Seg&uacute;n ella, la buena relaci&oacute;n entre el sector privado y el gobierno, basada en la confianza y el respeto mutuos, contribuy&oacute; a un mejor desempe&ntilde;o de la econom&iacute;a colombiana en comparaci&oacute;n con la peruana, en &eacute;pocas de auge y de crisis, durante gran parte del siglo XX. Adem&aacute;s, los dirigentes colombianos implementaron una pol&iacute;tica econ&oacute;mica que respondi&oacute; en forma pragm&aacute;tica e inteligente a los cambios econ&oacute;micos, apoy&aacute;ndose en la experiencia acumulada (Thorp, 1991, 195).</p>     <p align="justify">Esa buena relaci&oacute;n entre el gobierno y los cafeteros fue en gran parte forzada por la realidad econ&oacute;mica, pues si las dos partes no negociaban ambas sal&iacute;an perjudicadas. El caf&eacute; era la principal fuente de divisas y su producci&oacute;n estaba en manos de muchos productores (el censo de 1932 registra 150.000 haciendas). Al gobierno le interesaba estimular la producci&oacute;n, y una manera era evitar la sobrevaluaci&oacute;n del tipo de cambio para no perjudicar los m&aacute;rgenes de los productores. Estos, por su parte, siendo peque&ntilde;os, necesitaban el auxilio del gobierno para las grandes inversiones en infraestructura necesarias. Entre 1885 y 1915 las v&iacute;as f&eacute;rreas tendidas por el gobierno pasaron de 202 a 1.212 kil&oacute;metros, lo que redujo el costo del transporte del caf&eacute; a la costa de $70 a $19 por tonelada, y las exportaciones pasaron de 107.000 a 1.100.000 sacos.</p>     <p align="justify">Los gobiernos percibieron la importancia de evitar la sobrevaluaci&oacute;n de la moneda para no perjudicar a los productores. Entre 1941 y 1943 se produjo una gran entrada de divisas que presion&oacute; la apreciaci&oacute;n del tipo de cambio. El gobierno respondi&oacute; con diversas medidas para esterilizar sus efectos y finalmente devalu&oacute; la moneda en 1951 (Thorp, 1991). En 1948 reform&oacute; el Estatuto Cambiario para dar un incentivo a las exportaciones no tradicionales mediante una tasa m&aacute;s alta que la de las exportaciones de caf&eacute;. En 1959 el incentivo cambiario se complement&oacute; con el Plan Vallejo, que exim&iacute;a de aranceles y dep&oacute;sitos previos a las importaciones de insumos para bienes manufacturados exportados. Pero fue a partir de 1967, cuando el gobierno de Carlos Lleras Restrepo aprob&oacute; el Decreto 444 que reglament&oacute; el Estatuto Cambiario, cuando la pol&iacute;tica de mantener un tipo de cambio real (TCR) competitivo se manifest&oacute; con m&aacute;s fuerza (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>). El Estatuto Cambiario estableci&oacute; un estricto control de cambios y un sistema de minidevaluaciones para evitar la sobrevaluaci&oacute;n de la moneda. Estuvo vigente durante casi veinticinco a&ntilde;os y se convirti&oacute; en una instituci&oacute;n aceptada por la mayor&iacute;a de los colombianos (Edwards, 2001). Pero la idea de un tipo de cambio flexible, que se materializ&oacute; en el Estatuto Cambiario, no era nueva y se ven&iacute;a considerando de tiempo atr&aacute;s. Seg&uacute;n un an&aacute;lisis del presidente Lleras, Colombia ten&iacute;a un tipo de cambio flexible desde 1957 (Thorp, 1991).</p>     <p align="justify">El Decreto 444 contemplaba adem&aacute;s una pol&iacute;tica de promoci&oacute;n de exportaciones no tradicionales que inclu&iacute;a la creaci&oacute;n del Fondo para la Promoci&oacute;n de las Exportaciones (PROEXPO) y los Certificados de Abono Tributario (CAT) por un 15% del monto exportado, la reducci&oacute;n de los costos de las materias primas importadas y la eliminaci&oacute;n de licencias previas de exportaci&oacute;n. Como no se abandon&oacute; la pol&iacute;tica de sustituci&oacute;n de importaciones iniciada en los a&ntilde;os treinta, el resultado fue un modelo mixto de sustituci&oacute;n de importaciones y promoci&oacute;n de exportaciones que, en conjunci&oacute;n con el sistema de minidevaluaciones, dio lugar a “uno de los per&iacute;odos m&aacute;s exitosos de crecimiento industrial y exportaciones en la historia de Colombia” (Ocampo, 1994, 132).</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 2<a name="g2"></a>    <br> Colombia, tipo de cambio real</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11g2.jpg"></p>     <p align="justify">La revaluaci&oacute;n del TCR que se produjo en la segunda mitad de los setenta no obedeci&oacute; a la desaceleraci&oacute;n del ritmo de devaluaci&oacute;n sino al aumento del gasto p&uacute;blico, el alza de las tasas de inter&eacute;s, el mejoramiento de los t&eacute;rminos de intercambio y los flujos de endeudamiento externo (Herrera, 1989). A comienzos de los ochenta Colombia enfrent&oacute; un grave desequilibrio externo, resultado de la ca&iacute;da del precio del caf&eacute; y del incremento de las importaciones, acompa&ntilde;ado de un creciente d&eacute;ficit fiscal. Pero a diferencia de la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses latinoamericanos, su deuda externa era manejable, y no tuvo que negociar con el FMI. El gobierno de Belisario Betancur respondi&oacute; con una serie de aumentos de los aranceles entre 1982 y 1984, dando marcha atr&aacute;s a m&aacute;s de una d&eacute;cada de liberaci&oacute;n gradual de las importaciones (Ocampo, 1994), y con la aceleraci&oacute;n de la minidevaluaci&oacute;n en 1985 que se tradujo en una devaluaci&oacute;n del 30%. Adem&aacute;s increment&oacute; los subsidios a las exportaciones y adopt&oacute; una pol&iacute;tica de austeridad fiscal.</p>     <p align="justify">En 1990 C&eacute;sar Gaviria lleg&oacute; a la presidencia con la intenci&oacute;n de modernizar la econom&iacute;a y continuar la liberaci&oacute;n del comercio exterior iniciada a finales de la presidencia de Virgilio Barco. Bajo la influencia de una ideolog&iacute;a orientada al mercado, y como parte de su programa de modernizaci&oacute;n, elimin&oacute; el control de cambios y de tasas de inter&eacute;s y el sistema de minidevaluaciones, aceler&oacute; la liberaci&oacute;n comercial con una dr&aacute;stica reducci&oacute;n de los aranceles y la supresi&oacute;n de las cuotas de importaci&oacute;n, e inici&oacute; un programa de privatizaciones. Estas reformas fueron implementadas por un peque&ntilde;o grupo de tecn&oacute;cratas, a pesar de la oposici&oacute;n de diferentes sectores de la sociedad, como la Asociaci&oacute;n Nacional de Industriales (ANDI), los sindicatos de trabajadores, la burocracia y los partidos pol&iacute;ticos.</p>     <p align="justify">Para adelantar las reformas con la menor oposici&oacute;n posible, Gaviria utiliz&oacute; tres t&aacute;cticas: amplias alianzas pol&iacute;ticas, compensaciones a los sectores perdedores y aislamiento de los opositores (Edwards, 2001). En su gabinete, incluy&oacute; gente de la oposici&oacute;n, entre otros a Ernesto Samper, esc&eacute;ptico ante las reformas. En el programa de reformas prometi&oacute; diferentes mecanismos de compensaci&oacute;n: a los industriales (ANDI) les prometi&oacute; un tipo de cambio fuertemente subvaluado para compensar la p&eacute;rdida de la protecci&oacute;n arancelaria, y la eliminaci&oacute;n gradual de los aranceles; a los trabajadores, apoyo a sus organizaciones; a los empleados p&uacute;blicos, mejor remuneraci&oacute;n, y a los comerciantes, menores tasas de inter&eacute;s y menores aranceles. Estas t&aacute;cticas funcionaron durante los dos primeros a&ntilde;os de gobierno; despu&eacute;s, el congreso, los sindicatos y los gremios se convirtieron en firmes opositores a las reformas. Gaviria se qued&oacute; solamente con el apoyo de los cuatro grupos econ&oacute;micos m&aacute;s fuertes, que estaban a favor de una econom&iacute;a m&aacute;s orientada hacia el mercado.</p>     <p align="justify">Las reformas introducidas por Gaviria, que permitieron aumentar las exportaciones no tradicionales y la inversi&oacute;n extranjera, acompa&ntilde;adas por el incremento de las exportaciones petroleras, incidieron en el fuerte crecimiento de la econom&iacute;a en la primera mitad de los noventa (Rhenals y Torres, 2003). Pero el TCR se revalu&oacute; porque se redujo el ritmo de devaluaci&oacute;n nominal, mejoraron los t&eacute;rminos de intercambio y entraron nuevos capitales (Ocampo y G&oacute;mez, 1997).</p>     <p align="justify">En la segunda mitad de los noventa, Ernesto Samper, elegido en 1994, detuvo el proceso de reforma. En ese entonces muchos pensaban que ya se hab&iacute;a avanzado lo suficiente; adem&aacute;s, las reformas neoliberales hab&iacute;an ca&iacute;do en desgracia. No obstante, Samper mantuvo pol&iacute;ticas fundamentales como la reducci&oacute;n de los aranceles, cuya tasa promedio pas&oacute; de un 40% a mediados de 1990 al 11,7% en 1992, el levantamiento de controles de precios y de tasas de inter&eacute;s, el otorgamiento de autonom&iacute;a al banco central, la flexibilizaci&oacute;n del mercado laboral y la eliminaci&oacute;n del control de cambios.</p>     <p align="justify">En este lustro el d&eacute;ficit en cuenta corriente aument&oacute; notablemente por la ca&iacute;da de las exportaciones, afectadas por la desaceleraci&oacute;n de la econom&iacute;a mundial y la ca&iacute;da de los precios del caf&eacute; y el petr&oacute;leo, combinada con un aumento de las importaciones producto de la apreciaci&oacute;n del tipo de cambio. El aumento de las tasas de inter&eacute;s, para defender el sistema de banda cambiaria y reducir la inflaci&oacute;n, y de los impuestos contrajo la demanda interna y desaceler&oacute; la econom&iacute;a (Rhenals y Torres, 2003). La inflaci&oacute;n se redujo a un d&iacute;gito en 1999, pero al costo de una de las peores recesiones de la historia del pa&iacute;s, cuyo PIB cay&oacute; un 4,2% en ese a&ntilde;o, y de una crisis del sector financiero que ya ven&iacute;a con problemas (Parra y Salazar, 2000). Durante el gobierno de Andr&eacute;s Pastrana, elegido en 1998, se firm&oacute; un acuerdo con el FMI, se elimin&oacute; el sistema de banda cambiaria, cuya defensa hab&iacute;a afectado las reservas internacionales, y se adopt&oacute; un sistema de flotaci&oacute;n libre que permiti&oacute; mejorar la competitividad de la econom&iacute;a. Con estas medidas se logr&oacute; estabilizar la econom&iacute;a.</p>     <p align="justify">En 2002, el presidente &Aacute;lvaro Uribe continu&oacute; la apertura comercial iniciada por C&eacute;sar Gaviria en 1990, quien fue uno de los promotores del relanzamiento del Grupo Andino y firm&oacute; en 1994 un tratado de libre comercio (TLC) con Venezuela y M&eacute;xico (G3). En agosto de 2003, Uribe inici&oacute; negociaciones con el gobierno de Estados Unidos para la firma de un TLC con el fin de mejorar el acceso al mercado norteamericano y la competitividad de los productores colombianos. En noviembre de 2006 firm&oacute; un TLC con Chile y est&aacute; negociando un TLC con El Salvador, Guatemala y Honduras y otro con Canad&aacute;.</p>     <p align="justify">Con la revisi&oacute;n anterior queremos sustentar la hip&oacute;tesis de que las condiciones iniciales del desarrollo, donde la producci&oacute;n de caf&eacute;, principal fuente de divisas, estaba en manos de un gran n&uacute;mero de peque&ntilde;os productores, propiciaron una relaci&oacute;n de interdependencia y colaboraci&oacute;n entre el Estado y los empresarios que auspici&oacute; el crecimiento de las exportaciones y llev&oacute; a que la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n aceptara una pol&iacute;tica cambiaria que evitaba la sobrevaluaci&oacute;n de la moneda. Esta pol&iacute;tica, acompa&ntilde;ada por la estrategia de sustituci&oacute;n de importaciones iniciada en los a&ntilde;os treinta, fortaleci&oacute; la industria local. Tambi&eacute;n se destaca la coherencia y la continuidad de la estrategia de desarrollo; de 1930 a 1967 se concentr&oacute; en la sustituci&oacute;n de importaciones; entre 1967 y 1990 se combin&oacute; la sustituci&oacute;n de importaciones con la promoci&oacute;n de exportaciones no tradicionales y, entre 1990 y 2007 se pas&oacute; a una econom&iacute;a de mercado volcada hacia fuera.</p>     <p align="justify"><b>V<small>ENEZUELA</small></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">A finales del siglo XIX Venezuela era el segundo exportador mundial de caf&eacute;, despu&eacute;s de Brasil. Su producci&oacute;n estaba en manos de un peque&ntilde;o grupo de latifundistas que dedicaba las ganancias a importar bienes de consumo (Rangel, 1969). El 90% de la poblaci&oacute;n trabajaba en el campo y recib&iacute;a ingresos m&iacute;nimos, pr&aacute;cticamente no exist&iacute;a demanda de bienes industriales y la poca manufactura que exist&iacute;a era artesanal. La concentraci&oacute;n de la producci&oacute;n de caf&eacute; entre pocos productores impidi&oacute; que catalizara la industrializaci&oacute;n, como sucedi&oacute; en Colombia.</p>     <p align="justify">El desarrollo econ&oacute;mico de Venezuela fue tard&iacute;o, debido en parte al r&iacute;gido sistema latifundista (Reynolds, 1985), y s&oacute;lo se inici&oacute; a finales de los a&ntilde;os veinte. En 1925 se produjeron 19 millones de barriles de petr&oacute;leo, el cual desplaz&oacute; al caf&eacute; como principal producto de exportaci&oacute;n. La producci&oacute;n sigui&oacute; creciendo continuamente y en 1959 lleg&oacute; a 1.011 millones de barriles por a&ntilde;o.</p>     <p align="justify">La renta petrolera se concentr&oacute; en manos del Estado en 1922, cuando se eliminaron las concesiones a ciudadanos venezolanos, convirtiendolo en el gran repartidor. El Estado se enfrent&oacute; entonces con un dilema en el manejo de la pol&iacute;tica cambiaria: mantener un tipo de cambio sobrevaluado para obtener mayor renta de las empresas petroleras y abaratar el precio de los bienes importados, posici&oacute;n que defend&iacute;an los sectores financiero y comercial, o mantenerlo subvaluado para favorecer a los exportadores agr&iacute;colas. Prevaleci&oacute; la primera opci&oacute;n y la pol&iacute;tica cambiaria se us&oacute; como instrumento de pol&iacute;tica fiscal, eliminando la posibilidad de utilizarla para promover el desarrollo del sector no petrolero. Seg&uacute;n Aranda (1975), la revaluaci&oacute;n de 1934 buscaba transferir a la naci&oacute;n parte de las utilidades de las empresas petroleras y aument&oacute; en m&aacute;s del doble los pagos en d&oacute;lares por impuestos, regal&iacute;as y mano de obra. La sobrevaluaci&oacute;n benefici&oacute; a los sectores de servicios, comercio y banca, y a los empleados y trabajadores, pero perjudic&oacute; a la incipiente industria manufacturera y a la agricultura. Por ello en 1941 el gobierno de Medina Angarita introdujo tipos de cambio preferenciales para las exportaciones de caf&eacute; y cacao, 4,6 y 4,3 bol&iacute;vares por d&oacute;lar respectivamente, superiores al de las empresas petroleras que era de 3,09 bol&iacute;vares por d&oacute;lar.</p>     <p align="justify">Antes de la reforma fiscal de 1942 y de la Ley de Hidrocarburos de 1943 la revaluaci&oacute;n era un mecanismo para extraer rentas a la industria petrolera (Astorga, 2000, y Guerra, 2004). Por ello, y frente a un mercado interno reducido, los inversionistas locales prefer&iacute;an invertir en la banca, el comercio y los bienes ra&iacute;ces. A pesar de que los gobiernos de L&oacute;pez Contreras (1935-1941) y Medina Angarita (1941-1945) dieron incentivos a la industria local, como la exoneraci&oacute;n de aranceles a la importaci&oacute;n de bienes de capital e intermedios, cuotas de importaci&oacute;n a los bienes de consumo y financiaci&oacute;n, los resultados fueron desalentadores. Las restricci&oacute;nes a las importaciones introducidas por Medina Angarita se tradujeron en aumentos de precios y generaron una fuerte oposici&oacute;n de los consumidores e importadores y de Acci&oacute;n Democr&aacute;tica (AD), cuyo l&iacute;der, R&oacute;mulo Betancourt, exigi&oacute; su eliminaci&oacute;n (Melcher, 1995).</p>     <p align="justify">Marcos P&eacute;rez Jim&eacute;nez (1952-1958) inici&oacute; la sustituci&oacute;n de importaciones (Aranda, 1975). En 1952 se elevaron los aranceles de los bienes que se produc&iacute;an localmente y se llev&oacute; a cabo una fuerte inversi&oacute;n p&uacute;blica en acero, petroqu&iacute;mica e hidroelectricidad. La manufactura creci&oacute; al 12% anual y la inversi&oacute;n bruta fija promedio se mantuvo por encima del 27% del PIB, siendo en su mayor parte inversi&oacute;n privada pero con una creciente participaci&oacute;n del sector publico. El PIB creci&oacute; a una tasa anual del 9% entre 1950 y 1957.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 3<a name="g3"></a>    <br> Venezuela, tipo de cambio real</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11g3.jpg"></p>     <p align="justify">La pol&iacute;tica de sustituci&oacute;n de importaciones se profundiz&oacute; con el advenimiento de la democracia en 1958. La combinaci&oacute;n de altos aranceles y cuotas de importaci&oacute;n, con un mercado cautivo, sobrevaluaci&oacute;n del tipo de cambio (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>), bajo costo de los bienes de capital e insumos importados, permiti&oacute; un vigoroso crecimiento de la industria local. Ese per&iacute;odo fue uno de los mejores momentos de las relaciones Estado-empresarios y era f&aacute;cil que un productor local consiguiera protecci&oacute;n aduanera y financiamiento. En el mediano plazo esto condujo a ineficiencias en la producci&oacute;n y a esc&aacute;ndalos de corrupci&oacute;n de empresarios que usaban los pr&eacute;stamos del gobierno para engrosar sus cuentas en el exterior.</p>     <p align="justify">El a&ntilde;o 1974 fue un punto de inflexi&oacute;n en la historia econ&oacute;mica venezolana. Hasta ese a&ntilde;o, y desde principios del siglo XX, la industria petrolera produjo una expansi&oacute;n econ&oacute;mica que llev&oacute; a que el pa&iacute;s, despu&eacute;s de ser una de los m&aacute;s pobres de la regi&oacute;n, se convirtiera en el segundo m&aacute;s rico (Hausmann y Rodr&iacute;guez, 2006). En los veinte a&ntilde;os siguientes el ingreso petrolero per c&aacute;pita disminuy&oacute;, lo que, sumado a la ca&iacute;da de la productividad total de los factores y a la inexistencia de un sector exportador alternativo, perjudic&oacute; el crecimiento. En las d&eacute;cadas de los ochenta y noventa la tasa de crecimiento del PIB per c&aacute;pita fue negativa, 1,75% y 0,15%, respectivamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El ascenso de los precios del petr&oacute;leo en 1974 puso a disposici&oacute;n del gobierno de Carlos Andr&eacute;s P&eacute;rez enormes recursos que permitieron iniciar un nuevo modelo de industrializaci&oacute;n liderado por las empresas del Estado. Se nacionalizaron las industrias del petr&oacute;leo y del hierro y se crearon nuevas empresas p&uacute;blicas en los m&aacute;s diversos sectores econ&oacute;micos. Con un Estado poderoso cambi&oacute; la relaci&oacute;n Estado-empresarios. La Federaci&oacute;n de C&aacute;maras y Asociaciones de Comercio y Producci&oacute;n (FEDECAMARAS), despu&eacute;s de ser un actor importante en la formulaci&oacute;n de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica, se dedic&oacute; a buscar privilegios del Estado (Bond, 1987). Y muchos funcionarios p&uacute;blicos consagraron sus esfuerzos a apropiarse parte de la renta petrolera a trav&eacute;s de la corrupci&oacute;n. El resultado fue un Estado depredador dedicado a extraer recursos para los miembros del gobierno y sus asociados, como lo caracterizan Gunnarsson y Lundahl (1996). Se produjo, entonces, una lucha por maximizar la captaci&oacute;n de ingresos petroleros que no era favorable para crear un clima de confianza y cooperaci&oacute;n entre el gobierno y los empresarios.</p>     <p align="justify">Durante la crisis de balanza de pagos de 1983 el presidente del Banco Central, Leopoldo D&iacute;az Bruzual, propuso la devaluaci&oacute;n lineal del tipo de cambio pero se opt&oacute; por un sistema de cambios m&uacute;ltiples, combinado con control de cambios, debido a presiones de los partidos pol&iacute;ticos y grupos empresariales por mantener un d&oacute;lar privilegiado para pagar la deuda externa. Con algunas modificaciones, este sistema dur&oacute; hasta 1989. En ese per&iacute;odo la industria manufacturera sigui&oacute; creciendo, si bien dirigi&oacute; su producci&oacute;n al mercado interno, que por estar protegido daba excelentes m&aacute;rgenes de ganancia y hac&iacute;a poco atractiva la actividad exportadora (Ortiz, 1992).</p>     <p align="justify">Debido a la abundancia de las divisas del petr&oacute;leo, el gobierno no ten&iacute;a mayores incentivos para promover las exportaciones no tradicionales; no obstante, hizo t&iacute;midos intentos. En 1970 cre&oacute; el Instituto de Comercio Exterior, en 1973 el Fondo de Financiamiento a las Exportaciones y en 1975 aprob&oacute; la Ley de Incentivo a la Exportaci&oacute;n. Pero las exportaciones manufactureras no respondieron y es s&oacute;lo en 1986, despu&eacute;s de la devaluaci&oacute;n y la ca&iacute;da de la demanda interna, cuando los industriales decidieron colocar parte de su producci&oacute;n en el exterior. Seg&uacute;n L&oacute;pez (1999), la pol&iacute;tica fiscal restrictiva, que desmejor&oacute; la provisi&oacute;n de infraestructura y servicios financiados por el Estado, y la falta de una estrategia de promoci&oacute;n de exportaciones perjudicaron el crecimiento de las exportaciones manufactureras.</p>     <p align="justify">A comienzos de 1989 el bajo nivel de reservas internacionales, la elevada deuda externa con vencimientos a corto plazo y el tipo de cambio sobrevaluado llevaron a una nueva crisis de balanza de pagos. El presidente Carlos Andr&eacute;s P&eacute;rez busc&oacute; apoyo del FMI y aplic&oacute; un programa de ajuste y estabilizaci&oacute;n. Se dej&oacute; flotar la moneda, que pas&oacute; de 14,5 a 39,6 bol&iacute;vares por d&oacute;lar, se elimin&oacute; el control de cambios, se levantaron los controles de precios y de tasas de inter&eacute;s, se redujeron fuertemente los aranceles, se suprimieron las cuotas de importaci&oacute;n y se inici&oacute; un programa de privatizaci&oacute;n. El programa econ&oacute;mico de P&eacute;rez, similar al de Gaviria, se inici&oacute; en medio de la crisis econ&oacute;mica y fue implementado por un grupo de tecn&oacute;cratas con fuerte tendencia neoliberal. Pero P&eacute;rez, a diferencia de Gaviria, no cre&oacute; una coalici&oacute;n amplia que apoyara las medidas ni compens&oacute; a los afectados, lo que provoc&oacute; una fuerte oposici&oacute;n de diversos sectores del pa&iacute;s, incluido su propio partido. Tampoco hubo una estrategia para manejar los medios de comunicaci&oacute;n, lo que termin&oacute; convirti&eacute;ndose en una de las principales causas del fracaso del programa de ajuste (Na&iacute;m, 1993). La oposici&oacute;n al programa tuvo importantes efectos pol&iacute;ticos: disturbios callejeros con centenares de muertos, dos intentos de golpe de Estado y la destituci&oacute;n de P&eacute;rez en 1993 por cargos de malversaci&oacute;n de fondos p&uacute;blicos. No obstante, las exportaciones no tradicionales aumentaron gracias a la depreciaci&oacute;n del TCR y la fuerte reducci&oacute;n de aranceles acordada entre Colombia y Venezuela.</p>     <p align="justify">Los conflictos econ&oacute;micos y sociales seguidos por la crisis financiera de 1994 desembocaron en una nueva crisis de balanza de pagos. Rafael Caldera, que en su campa&ntilde;a presidencial critic&oacute; el programa neoliberal de P&eacute;rez, dio marcha atr&aacute;s y restaur&oacute; el control de cambios, elimin&oacute; la flotaci&oacute;n de la moneda y restableci&oacute; los controles de precios. Pero el mal desempe&ntilde;o econ&oacute;mico llev&oacute; al gobierno a levantar los controles, de cambio y de precios, y a dejar flotar la moneda en 1996. No obstante, con la volatilidad de los precios del petr&oacute;leo y su ca&iacute;da en 1998 se produjo una nueva recesi&oacute;n.</p>     <p align="justify">Para reducir el efecto de los choques externos debidos a la volatilidad del precio del petr&oacute;leo, el gobierno de Caldera cre&oacute; el Fondo de Estabilizaci&oacute;n Macroecon&oacute;mica (FEM) y dise&ntilde;&oacute; un mecanismo autom&aacute;tico para desviar recursos hacia &eacute;ste cuando los ingresos petroleros del a&ntilde;o sobrepasaran el promedio de los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, y para sacar recursos del mismo cuando fuesen inferiores al promedio. El funcionamiento del FEM fue modificado seis meses despu&eacute;s por el nuevo gobierno del presidente Hugo Ch&aacute;vez, quien elimin&oacute; la autonom&iacute;a del FEM y dej&oacute; de inyectarle recursos.</p>     <p align="justify">Con la llegada de Ch&aacute;vez al gobierno, proponiendo cambiar el sistema democr&aacute;tico por uno socialista y criticando la propiedad privada, las relaciones Estado-empresarios llegaron a su punto m&aacute;s bajo de la historia. En abril de 2002 el presidente de FEDECAMARAS, Pedro Carmona, lider&oacute; un golpe de Estado, con apoyo de los medios de comunicaci&oacute;n privados, que sac&oacute; del poder a Ch&aacute;vez por dos d&iacute;as. En diciembre, FEDECAMARAS y otros grupos de oposici&oacute;n apoyaron la paralizaci&oacute;n de Petr&oacute;leos de Venezuela (PDVSA). Ch&aacute;vez se mantuvo en la presidencia e hizo de FEDECAMARAS uno de sus enemigos, calificando a sus miembros de oligarcas, golpistas y voceros del imperialismo yanqui, amenaz&aacute;ndolos con expropiaciones, cierre de empresas y sanciones y cumpliendo algunas de esas amenazas. El deterioro de las relaciones afect&oacute; la producci&oacute;n y la inversi&oacute;n privada, y limit&oacute; la respuesta de la oferta interna a los aumentos de la demanda agregada.</p>     <p align="justify">Ch&aacute;vez dio marcha atr&aacute;s en la pol&iacute;tica econ&oacute;mica y retom&oacute; la estrategia de industrializaci&oacute;n guiada por las empresas del Estado nacionalizando empresas y creando otras. Adem&aacute;s reimplant&oacute; el control de cambios, los controles de precios y el tipo de cambio fijo.</p>     <p align="justify">En s&iacute;ntesis, desde que se empez&oacute; a usar el tipo de cambio como instrumento de pol&iacute;tica fiscal tendi&oacute; a estar sobrevaluado en beneficio del comercio y en detrimento de la industria, que tuvo su mejor momento en la etapa de sustituci&oacute;n de importaciones gracias a la elevada protecci&oacute;n aduanera. Los inmensos recursos generados por la industria petrolera convirtieron al Estado en un Estado-empresario y luego en un Estado depredador, lo que deterior&oacute; las relaciones con el sector privado, que llegaron a su punto m&aacute;s bajo en el gobierno de Ch&aacute;vez. Se destaca la ausencia de una estrategia de desarrollo econ&oacute;mico despu&eacute;s del agotamiento del modelo de sustituci&oacute;n de importaciones. Desde entonces la pol&iacute;tica econ&oacute;mica ha estado plagada de marchas y contramarchas y no ha sido capaz de aislar la econom&iacute;a de los choques externos producidos por la volatilidad de los precios del petr&oacute;leo. La abundancia de petr&oacute;leo no necesariamente condena a Venezuela a ser un pa&iacute;s monoexportador. Como se&ntilde;ala Sarmiento (1988), si bien en estos casos las fuerzas del mercado no estimulan el crecimiento de las exportaciones manufactureras, el gobierno puede impulsarlas moderando la demanda generada por los ingresos del sector petrolero, estableciendo aranceles y subsidios para promover las actividades que ofrecen la mejor combinaci&oacute;n de ventajas comparativas y demanda internacional, y aplicando una pol&iacute;tica crediticia que movilice los recursos del sector petrolero a las actividades industriales cuyo desarrollo se desee impulsar.</p>     <p align="justify"><b>COLOMBIA Y VENEZUELA: 1980-2007</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Seg&uacute;n Rodrik (2003, 23), “la depreciaci&oacute;n sostenida y cre&iacute;ble del tipo de cambio real puede constituir la pol&iacute;tica industrial m&aacute;s efectiva”. Colombia ha tenido m&aacute;s &eacute;xito que Venezuela en mantener un TCR subvaluado para proteger la competitividad de sus productos manufacturados. Como resultado, y excepto en 1995, el peso ha estado subvaluado con respecto al bol&iacute;var a partir de 1958 (<a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a>), alcanzando cifras r&eacute;cord desde la segunda mitad de los noventa.</p>     <p align="justify">Antes de 1989, Colombia y Venezuela pod&iacute;an compensar parcialmente el efecto negativo de la sobrevaluaci&oacute;n sobre la industria orientada al mercado dom&eacute;stico con una alta protecci&oacute;n aduanera que garantizaba un mercado local cautivo. Pero las exportaciones de productos no tradicionales eran afectadas negativamente.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 4<a name="g4"></a>    <br> &Iacute;ndice de sobrevaluaci&oacute;n del bol&iacute;var frente al peso (base 1954)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11g4.jpg"></p>     <p align="justify">En el siglo XX, Colombia y Venezuela intentaron diversificar sus exportaciones incentivando a las empresas para que incursionaran en los mercados internacionales. Colombia redujo su dependencia de las exportaciones de caf&eacute;, cuya participaci&oacute;n en el total pas&oacute; del 51,4% en 1980 al 5,6% en 2007, pero Venezuela mantuvo su dependencia de las exportaciones de petr&oacute;leo, cuya participaci&oacute;n en el total pas&oacute; del 91,1% al 90,4%. Las exportaciones colombianas de manufacturas pasaron del 20% al 35% entre 1980 y 2005 (<a href="#g5">gr&aacute;fica 5</a>), mientras que en Venezuela pasaron del 2% al 9%. Es indudable que la pol&iacute;tica cambiaria fue decisiva en la diversificaci&oacute;n de las exportaciones colombianas. La sobrevaluaci&oacute;n distorsiona la asignaci&oacute;n de recursos entre los sectores exportador y dom&eacute;stico, en detrimento del primero, y suele llevar a desequilibrios externos, crisis de balanza de pagos y recesiones.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 5<a name="g5"></a>    <br> Participaci&oacute;n de las exportaciones manufactureras en el total (porcentaje)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11g5.jpg"></p>     <p align="justify">La competitividad de los productos colombianos frente a los venezolanos se hizo evidente despu&eacute;s de que los presidentes Gaviria y P&eacute;rez acordaron eliminar los aranceles entre ambos pa&iacute;ses durante las negociaciones para el relanzamiento del Grupo Andino a principios de los noventa. El comercio entre ambos pa&iacute;ses creci&oacute; significativamente entre 1990 y 2007, pero mientras que las exportaciones de Colombia pasaron de 101 millones a 2.500 millones de d&oacute;lares, las de Venezuela pasaron de 271 millones a 1.100 millones de d&oacute;lares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Seg&uacute;n la teor&iacute;a, la participaci&oacute;n de las empresas en los mercados internacionales eleva la productividad por tres razones: a) las empresas exportadoras tienen acceso a mercados m&aacute;s grandes, lo que les permite alcanzar econom&iacute;as de escala; b) la exposici&oacute;n a la competencia internacional reduce las “ineficiencias x”, y c) alivia las restricciones de divisas. Isgut (2001) encontr&oacute; que las empresas colombianas que entraron en los mercados de exportaci&oacute;n crecieron m&aacute;s r&aacute;pidamente, en los primeros a&ntilde;os siguientes a la entrada, que las que s&oacute;lo produc&iacute;an para el mercado local. Adem&aacute;s, las empresas exportadoras se hicieron m&aacute;s intensivas en el uso del capital y aumentaron su productividad. Haussman y Rodr&iacute;guez (2006) encontraron resultados similares en Venezuela, donde los exportadores tienden a utilizar m&aacute;s intensivamente el trabajo calificado, el capital, y a ser m&aacute;s productivos que los que no exportan.</p>     <p align="justify">La diferencia entre tasas de crecimiento de los pa&iacute;ses es explicada por el aumento de la productividad total de los factores (PTF) y no por la acumulaci&oacute;n de capital (Easterly y Levine, 2002). En el caso de Colombia y Venezuela el trabajo es el principal responsable de la variaci&oacute;n del crecimiento del PIB (<a href="#c1">cuadro 1</a>), mientras que el capital f&iacute;sico no ha sido tan importante, lo que sugiere una mayor eficiencia en el uso del capital en este &uacute;ltimo pa&iacute;s. Pero lo que m&aacute;s llama la atenci&oacute;n es que la PTF es baja en ambos pa&iacute;ses, especialmente en Venezuela donde es negativa en ambos per&iacute;odos. Seg&uacute;n Barro (1999) las tasas de crecimiento negativo de la PTF reflejan una p&eacute;rdida de eficiencia de los sectores p&uacute;blico y privado como resultado de pol&iacute;ticas equivocadas o instituciones d&eacute;biles.</p>     <p align="justify">Cuadro 1<a name="c1"></a>    <br> Determinantes del crecimiento</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11c1.jpg"></p>     <p align="justify">Echavarr&iacute;a, Arbel&aacute;ez y Rosales (2006) muestran que la PTF no cay&oacute; en Colombia en los ochenta ni en los noventa, y que la evoluci&oacute;n favorable de la productividad estuvo asociada con la apertura al comercio exterior y las importaciones. Puesto que los altos niveles de inflaci&oacute;n tienen una relaci&oacute;n inversa con el crecimiento de la PTF (Ram&iacute;rez y Aquino, 2004), y la inflaci&oacute;n en Venezuela ha sido superior a la de Colombia entre 1980 y 2007 (<a href="#g6">gr&aacute;fica 6</a>), es muy probable que la PTF en Colombia haya sido mayor que la de Venezuela durante todo el per&iacute;odo 1980-2007.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 6<a name="g6"></a>    <br> Inflaci&oacute;n 1980-2007 (porcentaje)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11g6.jpg"></p>     <p align="justify">Adem&aacute;s del manejo del TCR, otro factor que ayuda a explicar la diferencia en el desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de ambos pa&iacute;ses es la relaci&oacute;n Estado-empresarios. A partir de las reformas neoliberales de los ochenta, las relaciones Estado-empresarios en Am&eacute;rica Latina tendieron m&aacute;s a la colaboraci&oacute;n que al conflicto, y a los empresarios se les asign&oacute; el rol de pilares del crecimiento (Flores, 2006). Un buen ejemplo es el caso de Chile, donde a mediados de esa d&eacute;cada se inici&oacute; un nuevo modelo de desarrollo basado en la convergencia de las estrategias de los empresarios y el Estado y en el trabajo conjunto de ambos actores (Montero, 1997).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En Colombia, gracias a un mejor balance de poder, se puede considerar que las relaciones entre el Estado y los empresarios son de colaboraci&oacute;n y respeto mutuo, lo que no significa que no haya conflictos. Por otro lado, en Venezuela el gran poder econ&oacute;mico del Estado proveniente de los ingresos petroleros termin&oacute; convirti&eacute;ndolo en el mayor empresario del pa&iacute;s y a los funcionarios p&uacute;blicos en repartidores de la renta petrolera. Esta situaci&oacute;n degener&oacute; en una lucha entre funcionarios y empresarios por la apropiaci&oacute;n de los recursos p&uacute;blicos y el Estado desarrollista se convirti&oacute; en depredador. El esfuerzo por apropiarse los recursos estatales afect&oacute; la credibilidad y la popularidad de los dos principales partidos pol&iacute;ticos, Acci&oacute;n Democr&aacute;tica y el Comit&eacute; de Organizaci&oacute;n Pol&iacute;tica Electoral Independiente, que terminaron convirti&eacute;ndose en peque&ntilde;os partidos con poco apoyo popular.</p>     <p align="justify">Seg&uacute;n Evans (1995), un Estado que promueve efectivamente el desarrollo se caracteriza por una <i>embedded autonomy</i>, donde la burocracia es profesional, tiene buenas relaciones con los empresarios y es aut&oacute;noma para implementar las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas. Desde el punto de vista de las relaciones Estado-empresarios, Colombia se acerca m&aacute;s a ese concepto que Venezuela. Mientras que en Colombia se basan en la cooperaci&oacute;n y el respeto, en Venezuela fueron minadas por la avalancha de ingresos petroleros, que tambi&eacute;n dio autonom&iacute;a excesiva a la burocracia venezolana, hasta tal punto que termin&oacute; enfrent&aacute;ndose a los grandes empresarios, agrupados en FEDECAMARAS, y trat&oacute; de prescindir de su participaci&oacute;n en la actividad econ&oacute;mica. Finalmente, su grado de profesionalismo en Venezuela ha sido deficiente debido a los bajos salarios de los funcionarios p&uacute;blicos y a la inveterada costumbre de cambiar los de nivel medio y alto cada vez que llega un nuevo partido pol&iacute;tico al gobierno. Esta deficiencia se ha agravado durante el gobierno de Ch&aacute;vez porque se ha dado m&aacute;s &eacute;nfasis a la lealtad pol&iacute;tica que a la formaci&oacute;n profesional de los funcionarios, como qued&oacute; demostrado a comienzos de 2003, una vez finalizado el paro petrolero, cuando se despidi&oacute; a casi 20.000 empleados de PDVSA.</p>     <p align="justify">La buena relaci&oacute;n Estado-empresarios en un marco institucional que garantice los derechos de propiedad y el cumplimiento de los contratos favorece el crecimiento econ&oacute;mico. Es abundante la literatura que muestra la relaci&oacute;n positiva entre instituciones fuertes y crecimiento econ&oacute;mico<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. Aunque North y otros ven&iacute;an estudiando el tema de tiempo atr&aacute;s, s&oacute;lo despu&eacute;s de la decepci&oacute;n con las reformas econ&oacute;micas de los a&ntilde;os ochenta en Am&eacute;rica Latina los economistas del desarrollo empezaron a hablar de reformas de segunda generaci&oacute;n, es decir, que involucran “el fortalecimiento de las instituciones que proveen los fundamentos para el crecimiento guiado por el mercado” (Williamson, 2003).</p>     <p align="justify">Dentro de estas reformas, Navia y Velasco (2003) incluyen las reformas del Estado, la burocracia y servicios p&uacute;blicos como la educaci&oacute;n y la salud; y las reformas del ambiente donde opera la empresa privada que llevan a una mayor competencia, una mejor regulaci&oacute;n y derechos de propiedad m&aacute;s fuertes. Uno de los objetivos de este tipo de reformas es erradicar la corrupci&oacute;n, que obstaculiza el crecimiento (Mauro, 2002, y Easterly, 2001), porque las personas con talento dedican tiempo y esfuerzo a actividades improductivas para obtener renta y no a actividades productivas, los inversionistas se abstienen de invertir debido al costo de los sobornos, el producto marginal del capital es menor porque se dedica una menor proporci&oacute;n del gasto p&uacute;blico al apoyo de la producci&oacute;n, y los bur&oacute;cratas corruptos crean m&aacute;s regulaciones e impedimentos para obtener m&aacute;s sobornos.</p>     <p align="justify">Colombia y Venezuela deben recorrer un largo camino para fortalecer las instituciones. Pero Venezuela parece ir en la direcci&oacute;n equivocada. Las reglas de juego no son confiables y las amenazas del gobierno a la propiedad privada son frecuentes. Un ejemplo de lo primero son los cambios constitucionales. Por iniciativa del presidente Ch&aacute;vez se aprob&oacute; una nueva constituci&oacute;n en 1999 que afirmaba el car&aacute;cter democr&aacute;tico del Estado y prohib&iacute;a la reelecci&oacute;n del presidente de la rep&uacute;blica por dos per&iacute;odos consecutivos. Siete a&ntilde;os despu&eacute;s, Ch&aacute;vez someti&oacute; a refer&eacute;ndum una constituci&oacute;n que defin&iacute;a al Estado como socialista y permit&iacute;a la reelecci&oacute;n indefinida, pero no fue aprobada, Un ejemplo de lo segundo son los frecuentes casos de invasiones de tierras y de expropiaciones sin el debido proceso establecido en la ley, as&iacute; como el cambio en los contratos que el gobierno impuso a empresas petroleras transnacionales para aumentar la participaci&oacute;n del Estado en la explotaci&oacute;n de 32 pozos durante la apertura petrolera de los noventa, que algunas empresas aceptaron y otras, como Exxon y CONOCO, impugnaron ante los tribunales.</p>     <p align="justify">El &iacute;ndice de gobernabilidad del Banco Mundial, que intenta medir el desarrollo institucional, incluye seis variables: voz y rendici&oacute;n de cuentas, estabilidad pol&iacute;tica, efectividad del gobierno, calidad de la regulaci&oacute;n, imperio de la ley y control de la corrupci&oacute;n. En el <a href="#c2">cuadro 2</a> se aprecia que entre 1996 y 2006 Colombia mejor&oacute; en voz y rendici&oacute;n de cuentas, imperio de la ley y control de la corrupci&oacute;n, mientras que desmejor&oacute; en los otros tres indicadores en un promedio del 20,4%. Venezuela s&oacute;lo mejor&oacute; en efectividad del gobierno, mientras que los otros cinco indicadores disminuyeron en promedio un 56,9%, lo que indica un fuerte deterioro de la gobernabilidad.</p>     <p align="justify">Cuadro 2<a name="c2"></a>    <br> Indicadores de gobernabilidad</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11c2.jpg"></p>     <p align="justify">Por su parte, el &iacute;ndice de libertad econ&oacute;mica de la Heritage Foundation, que se publica desde 1995, mide la corrupci&oacute;n y ocho aspectos institucionales m&aacute;s: regulaci&oacute;n de los negocios, barreras al comercio internacional, libertad monetaria (estabilidad en los precios y control de precios), libertad del gobierno (gasto del gobierno y empresas del Estado), libertad fiscal (carga impositiva), libertad para invertir (especialmente al capital extranjero), libertad financiera (seguridad de la banca e independencia del control del gobierno) y derechos de propiedad. Un valor de cien indica libertad econ&oacute;mica total; los pa&iacute;ses desarrollados tienen valores superiores a 70. El &iacute;ndice se correlaciona positivamente con el PIB per c&aacute;pita y negativamente con la inflaci&oacute;n y el desempleo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Gr&aacute;fica 7<a name="g7"></a>    <br> &Iacute;ndice de libertad econ&oacute;mica</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11g7.jpg"></p>     <p align="justify">En el per&iacute;odo 1995-2007, Colombia registra un mayor &iacute;ndice de libertad econ&oacute;mica que Venezuela, superior a 60 puntos, es decir, en la categor&iacute;a moderadamente libre (entre 60 y 69,9 puntos). En Venezuela siempre ha sido inferior a 60, pero desde 2003 se deterior&oacute; y baj&oacute; a menos de 49,9 puntos, pasando a la categor&iacute;a m&aacute;s baja, de represi&oacute;n (entre 0 y 49,9 puntos).</p>     <p align="justify">Por &uacute;ltimo, cabe examinar el papel de las instituciones financieras. La teor&iacute;a y la evidencia emp&iacute;rica indican una relaci&oacute;n positiva entre el desarrollo financiero y el crecimiento econ&oacute;mico. Seg&uacute;n Levine (1997), el desarrollo de los mercados y las instituciones financieras es un elemento fundamental del crecimiento econ&oacute;mico. Los mercados financieros no s&oacute;lo permiten identificar proyectos de inversi&oacute;n rentables y canalizar recursos hacia ellos, sino que tambi&eacute;n facilitan la diversificaci&oacute;n del riesgo. Un indicador del desarrollo o profundizaci&oacute;n del mercado financiero es la raz&oacute;n cr&eacute;dito dom&eacute;stico/ PIB.</p>     <p align="justify">Gr&aacute;fica 8<a name="g8"></a>    <br> Cr&eacute;dito dom&eacute;stico/ PIB (%)</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11g8.jpg"></p>     <p align="justify">En el per&iacute;odo 1980-2005, el mercado financiero colombiano muestra una creciente profundizaci&oacute;n (<a href="#g8">gr&aacute;fica 8</a>), en especial entre 1991 y 1995, despu&eacute;s de las reformas de Gaviria, que indujeron un aumento del n&uacute;mero de entidades financieras y de la participaci&oacute;n de la banca extranjera (Parra y Salazar, 2000). Sin embargo, el sector evolucion&oacute; muy r&aacute;pido y la expansi&oacute;n del cr&eacute;dito, impulsada por el gasto p&uacute;blico y la entrada de flujos de capital externo, no fue acompa&ntilde;ada de una expansi&oacute;n similar del capital de las instituciones financieras. La contracci&oacute;n de la econom&iacute;a en 1999 puso en evidencia la debilidad del sistema y se produjo una crisis financiera. Villar et al. (2005) relacionan la crisis con la salida de capitales y una pol&iacute;tica de regulaci&oacute;n proc&iacute;clica. Cabe mencionar que antes de la crisis el peso se ven&iacute;a sobrevaluando, lo que confirma que la sobrevaluaci&oacute;n es un indicio claro de futuros problemas financieros (Kaminsky, 1999).</p>     <p align="justify">En Venezuela, el mercado financiero empez&oacute; a perder profundidad desde 1983, un comportamiento relacionado con las crisis de balanza de pagos de los a&ntilde;os 1983, 1986, 1989 y 1994, seguidas por devaluaciones que redujeron la confianza de los agentes econ&oacute;micos en la moneda local, por lo cual ajustaron sus carteras cambiando activos en bol&iacute;vares por activos en d&oacute;lares. En 1994 se produjo una grave crisis financiera y trece de los bancos m&aacute;s importantes, que manejaban el 37% de los dep&oacute;sitos, quebraron. Se produjo una fuga de dinero que llev&oacute; al gobierno a imponer un control de cambios. Una de las causas de la crisis fue el inadecuado marco regulador el cual no se actualiz&oacute; despu&eacute;s de las reformas econ&oacute;micas de 1989 que eliminaron los controles de tasas de inter&eacute;s y abrieron la cuenta capital. A &eacute;sta se a&ntilde;adieron los problemas de corrupci&oacute;n en los grupos financieros y la mala combinaci&oacute;n de pol&iacute;tica fiscal expansiva con una pol&iacute;tica monetaria restrictiva que dispar&oacute; las tasas de inter&eacute;s a m&aacute;s del 80% anual, poniendo en aprietos a los deudores y, por tanto, a la banca.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La profundizaci&oacute;n del mercado financiero en Colombia y Venezuela ha evolucionado a la inversa. En Venezuela disminuy&oacute; notablemente despu&eacute;s de la crisis de 1994, hasta un 10% del PIB en el 2005; en Colombia aument&oacute; hasta superar el 30% del PIB. No obstante, a Colombia le falta mucho para llegar a los niveles de Chile, Canad&aacute; y Corea, con promedios de 65, 83 y 144% en 1996-2000.</p>     <p align="justify">De acuerdo con los indicadores anteriores, las instituciones colombianas muestran un mejor desempe&ntilde;o que las venezolanas. Esta diferencia es significativa porque “en el largo plazo, el principal factor que asegura la convergencia con los niveles de vida de los pa&iacute;ses desarrollados es la adquisici&oacute;n de instituciones de alta calidad” (Rodrik, 2003).</p>     <p align="justify"><b>I<small>NDICADORES SOCIALES</small></b></p>     <p align="justify">&iquest;El mejor desempe&ntilde;o econ&oacute;mico de Colombia frente a Venezuela se traduce en mejores indicadores sociales? Al comparar los indicadores sociales lo primero que salta a la vista es que en 1980 y en 2005 Venezuela superaba a Colombia en todas las &aacute;reas (<a href="#c3">cuadro 3</a>). Pero si observamos la variaci&oacute;n de cada uno, en Colombia, salvo el analfabetismo, mejoran a tasas superiores que las de Venezuela. Si bien es cierto que Colombia parte de un nivel inferior, tambi&eacute;n es cierto que, en niveles absolutos, Colombia hab&iacute;a reducido notablemente en 2005 la brecha entre ambos pa&iacute;ses, igual que con respecto al PIB. De modo que la respuesta a la pregunta parece ser afirmativa.</p>     <p align="justify">Cuadro 3<a name="c3"></a>    <br> Indicadores sociales</p>     <p align="justify"><img src="img/revistas/rei/v10n19/v10n19a11c3.jpg"></p>     <p align="justify"><b>CONCLUSIONES</b></p>     <p align="justify">Entre 1980 y 2007 las mayores tasas de crecimiento permitieron que Colombia disminuyera la brecha que la separaba de Venezuela, no s&oacute;lo con respecto a indicadores econ&oacute;micos como el PIB per c&aacute;pita, sino con respecto a indicadores sociales como la educaci&oacute;n y la esperanza de vida. Dos factores fundamentales que ayudan a explicar estos resultados son el manejo del tipo de cambio y las relaciones Estado-empresarios, cuyo comportamiento estuvo determinado por las condiciones hist&oacute;ricas iniciales de cada pa&iacute;s, lo cual confirma la tesis de que la existencia de costos de transacci&oacute;n hace que la historia sea determinante en la evoluci&oacute;n de las instituciones (North, 1990).</p>     <p align="justify">Otro factor fue el fortalecimiento relativo de las instituciones en Colombia, que junto con las buenas relaciones entre el Estado y los empresarios se tradujo en una estrategia de desarrollo coherente que mantuvo continuidad.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por &uacute;ltimo, se debe se&ntilde;alar que el deterioro de las relaciones Estado-empresarios y de las instituciones que se ha producido en los &uacute;ltimos a&ntilde;os en Venezuela probablemente tendr&aacute; un fuerte efecto negativo en el crecimiento econ&oacute;mico de largo plazo.</p>     <p align="justify"><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p align="justify"><a href="#n1" name="1">1</a>. GRECO. “El crecimiento econ&oacute;mico colombiano en el siglo XX”, borrador del cap. 2 (s.f.).</p>     <p align="justify"><a href="#n2" name="2">2</a>. Ver, p. ej., Calder&oacute;n y Fuentes (2006), Loayza et al. (2004), Rodrik (2003 y 1999), Summers (2003), Easterly (2001), Gunnarsson y Lundahl (1996), Sachs y Warner (1995) y North (1990).</p> <hr>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Aranda, S. <i>La econom&iacute;a venezolana</i>, Bogot&aacute;, Siglo XXI, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000128&pid=S0124-5996200800020001100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Astorga, P. “The Industrialisation in Venezuela: The Problem of Abundance”, E. C&aacute;rdenas; J. A. Ocampo y R. Thorp, eds., <i>Industrialisation and the State in Latin America: The Black Legend and the Post War Years</i>, New York, Palgrave, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000129&pid=S0124-5996200800020001100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Barro, R. J. “Notes on Growth Accounting”, <i>Journal of Economic Growth</i> 4, 2, 1999, pp. 119-137.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000130&pid=S0124-5996200800020001100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Bond, R. “Comment on FEDECAMARAS and Policy-Making in Venezuela”, <i>Latin American Research Review</i> 22, 3, 1987, pp. 107-110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000131&pid=S0124-5996200800020001100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Calder&oacute;n, C. y R. Fuentes. “Complementarities between Institutions and Openness in Economic Development: Evidence for a Panel of Countries”, <i>Cuadernos de Econom&iacute;a</i> 43, 2006, pp. 49-80.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000132&pid=S0124-5996200800020001100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. CEPAL. <i>Panorama social de Am&eacute;rica Latina,</i> Santiago, 2007.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000133&pid=S0124-5996200800020001100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Corvo, V. “Economic Policies and Performance in Latin America”, E. Grilli y D. Salvatore, eds., <i>Economic Development</i>, Connecticut, Greenwood Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000134&pid=S0124-5996200800020001100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Easterly, W. <i>The Elusive quest for Growth. Economists Adventures and Misadventures in the Tropics</i>, Cambridge, MIT Press, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000135&pid=S0124-5996200800020001100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Easterly, W. y R. Levine. <i>It’s not Capital Accumulation</i>, N. Loayza y R. Soto, eds., Santiago, Banco Central de Chile, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000136&pid=S0124-5996200800020001100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Echavarr&iacute;a, J. J.; M. A. Arbel&aacute;ez y M. F. Rosales. “La productividad y sus determinantes: El caso de la industria colombiana”, <i>Borradores de Econom&iacute;a</i> 374, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000137&pid=S0124-5996200800020001100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Edwards, S. <i>The Economics and Politics of Transition to an Open Market Economy: Colombia</i>, Paris, OECD, 2001.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000138&pid=S0124-5996200800020001100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Evans, P. <i>Embedded Autonomy: States and Industrial Transformation</i>, Princeton, Princeton University Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000139&pid=S0124-5996200800020001100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Flores, A. “&iquest;Viejos actores, nueva relaci&oacute;n? Empresarios e izquierda en Am&eacute;rica Latina”, <i>La Chronique des Ameriques</i> 17, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000140&pid=S0124-5996200800020001100013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Grilli, E. “Political Economy and Economic Development in Latin America in the Second Half of the 20 th Century”, <i>Journal of Policy Modeling</i> 27, 2005, pp. 1-31.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000141&pid=S0124-5996200800020001100014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Guerra, J. “La pol&iacute;tica cambiaria en Venezuela: el debate inicial”, J. Guerra y J. Pineda, eds., <i>Temas de pol&iacute;tica cambiaria en Venezuela</i>, Caracas, Banco Central de Venezuela, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000142&pid=S0124-5996200800020001100015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Gunnarsson, C. y M. Lundhal. “The Good, the Bad and the Wobbly: State Forms and Third World Economic Performance”, M. Lundahl y B. J. Ndulu, eds., <i>New Directions in Development Economics: Growth, Environmental Concerns and Government in the 1990s</i>, London, Routledge, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000143&pid=S0124-5996200800020001100016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Hausmann, R. y F. Rodr&iacute;guez. “Why did Venezuelan Growth Collapse?”, <i>Venezuela: Anatomy of a Collapse</i>, forthcoming, 2006.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000144&pid=S0124-5996200800020001100017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Herrera, S. “Determinantes de la trayectoria del tipo de cambio real en Colombia”, <i>Ensayos sobre Pol&iacute;tica Econ&oacute;mica</i> 15, 1989, pp. 5-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000145&pid=S0124-5996200800020001100018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Hughes, H. “Development Policies and Development Performance”, E. Grilli y D. Salvatore, eds., <i>Economic Development</i>, Connecticut, Greenwood Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000146&pid=S0124-5996200800020001100019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Isgut, A. E. “What’s Different about Exporters? Evidence from Colombian Manufacturing”, <i>Journal of Development Studies</i> 37, 5, 2001, pp. 57-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000147&pid=S0124-5996200800020001100020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Kaminsky, G. “Currency and Banking Crises: The Early Warnings of Distress”, <i>IMF Working Paper</i> 178, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000148&pid=S0124-5996200800020001100021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Levine, R. “Financial Development and Economic Growth: Views and Agenda”, <i>Journal of Economic Literature</i> 35, 2, 1997, pp. 688-726.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000149&pid=S0124-5996200800020001100022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Loayza, N.; P. Fajnzylber y C. Calder&oacute;n. “Economic Growth in Latin America and the Caribbean: Stylized Facts”, <i>Central Bank of Chile Working Paper</i> 263, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000150&pid=S0124-5996200800020001100023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. L&oacute;pez, O. “La liberalizaci&oacute;n de las importaciones durante los 1990s y su impacto sobre la industrializaci&oacute;n y las exportaciones manufactureras venezolanas”, <i>Revista BCV</i> 12, 2, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000151&pid=S0124-5996200800020001100024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Lucas, R. E. “On the Mechanics of Economic Development”, <i>Journal of Monetary Economics</i> 22, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000152&pid=S0124-5996200800020001100025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Mart&iacute;nez, A. “El Grupo Andino y la integraci&oacute;n econ&oacute;mica de Colombia y Venezuela”, <i>Mundo Nuevo</i> 20, 1, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000153&pid=S0124-5996200800020001100026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Mauro, P. “The Persistence of Corruption and Slow Economic Growth”, <i>IMF Working Paper</i> 2213, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000154&pid=S0124-5996200800020001100027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Melcher, D. “La industrializaci&oacute;n en Venezuela”, <i>Econom&iacute;a</i> 10, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000155&pid=S0124-5996200800020001100028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Montero, C. “Relaciones Estado-empresarios en una econom&iacute;a global. El caso de Chile”, <i>Nueva Sociedad</i> 151, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000156&pid=S0124-5996200800020001100029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Na&iacute;m, M. <i>Paper Tigers and Minotaurs: The Politics of Venezuela’s Economic Reforms</i>, Washington, Carnegie-Endowment, 1993.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000157&pid=S0124-5996200800020001100030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Navia, P. y A. Velasco. “The Politics of Second Generation Reforms”, P. P. Kuczynski y J. Williamson, eds., <i>After the Washington Consensus: Restarting Growth and Reform in Latin America</i>, Washington, Institute for International Economics, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000158&pid=S0124-5996200800020001100031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. North, D. <i>Institutions, Institutional Change and Economic Performance</i>, New York, Cambridge University Press, 1990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000159&pid=S0124-5996200800020001100032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Ocampo, J. A. “Trade Policy and Industrialization in Colombia, 1967-91”, G. K. Helleiner, ed., <i>Trade Policy and Industrialization in Turbulent Times</i>, New York, WIDER, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000160&pid=S0124-5996200800020001100033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Ocampo, J. A. y J. G&oacute;mez. “Los efectos de la devaluaci&oacute;n nominal sobre la tasa de cambio real”, S. Montenegro, ed., <i>Los determinantes de la tasa de cambio real en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Universidad de los Andes, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000161&pid=S0124-5996200800020001100034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Ocampo, J. A. y M. M. Botero. “Coffee and the Origins of Modern Economic Development in Colombia”, E. C&aacute;rdenas; J. A. Ocampo y R. Thorp, eds., <i>The Export Age: The Latin American Economies in the Late Nineteenth and Early Twentieth Centuries</i>, New York, Palgrave, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000162&pid=S0124-5996200800020001100035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Ortiz R., E. <i>La pol&iacute;tica comercial de Venezuela</i>, Caracas, Banco Central de Venezuela, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000163&pid=S0124-5996200800020001100036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Parra, C. E. y N. Salazar. <i>La crisis financiera y la experiencia internacional</i>, Bogot&aacute;, Departamento Nacional de Planeaci&oacute;n, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000164&pid=S0124-5996200800020001100037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Ram&iacute;rez, N. y J. C. Aquino. “Crisis de inflaci&oacute;n y productividad total de los factores en Latinoam&eacute;rica”, 2004, &#91;<a href="http://www.cemla.org/pdf/redix/RED-IX-pe-Ramirez-Peschiera-Aquino.pdf" target="_blank">www.cemla.org/pdf/redix/RED-IX-pe-Ramirez-Peschiera-Aquino.pdf</a>&#93;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000165&pid=S0124-5996200800020001100038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Rangel, D. A. <i>Capital y desarrollo. La Venezuela agraria</i>, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1969.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000166&pid=S0124-5996200800020001100039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Reynolds, L. G. <i>Economic Growth in the Third World</i>, 1850-1980, New Haven, Yale University Press, 1985.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000167&pid=S0124-5996200800020001100040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Rhenals M., R. y A. Torres G. “El desempe&ntilde;o econ&oacute;mico colombiano en el cuatrienio Pastrana: recesi&oacute;n y recuperaci&oacute;n fr&aacute;gil”, <i>Perfil de Coyuntura Econ&oacute;mica</i> 2, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000168&pid=S0124-5996200800020001100041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Rodrik, D. “Growth Strategies”, <i>NBER Working Paper</i> W10050, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000169&pid=S0124-5996200800020001100042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Rodrik, D. “Institutions for High-quality Growth: What they are and how to acquire them”, Conference on Second-Generation Reforms, Washington, IMF, 1999.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000170&pid=S0124-5996200800020001100043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Sachs, J. y A. Warner. “Economic Convergence and Economic Policies”, <i>NBER Working Paper</i> 5039, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000171&pid=S0124-5996200800020001100044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Schneider, B. R. y S. Maxfield. “Business, the State, and Economic Performance in Developing Countries”, <i>Business and the State in Developing Countries</i>, Ithaca, Cornell University Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000172&pid=S0124-5996200800020001100045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Sarmiento, E. “Development of Industrial versus Primary Exports”, M. Urrutia y S. Yukaura, eds., <i>Economic Development Policies in Resource-Rich Countries</i>, Tokyo, The United Nations University, 1988.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000173&pid=S0124-5996200800020001100046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. Summers L., H. “Gordkin Lectures”, John F. Kennedy School of Government, Harvard University, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000174&pid=S0124-5996200800020001100047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. Sylos Labini, P. “The Classical Roots of Development Theory”, E. Grilli y D. Salvatore, eds., <i>Economic Development</i>, Connecticut, Greenwood Press, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000175&pid=S0124-5996200800020001100048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Thorp, R. <i>Economic Management and Economic Development in Peru and Colombia</i>, London, MacMillan, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000176&pid=S0124-5996200800020001100049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. Villar, L.; D. Salamanca y A. Murcia. “Cr&eacute;dito, represi&oacute;n financiera y flujos de capitales en Colombia: 1974-2003”, <i>Borradores de Econom&iacute;a</i> 322, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000177&pid=S0124-5996200800020001100050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Williamson, J. “Our Agenda and the Washington Consensus”, P. P. Kuczynski y J. Williamson, eds., <i>After the Washington Consensus: Restarting Growth and Reform in Latin America</i>, Washington, Institute for International Economics, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000178&pid=S0124-5996200800020001100051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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