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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[LECCIONES DE LA GRAN DEPRESIÓN PARA LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA EN 2009]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article compares the Great Depression of the thirties with the current global crisis and offers some useful lessons for designing policies to overcome the crisis and begin a strong recovery. One of the lessons is that a small fiscal expansion has only small effects and that a monetary expansion may help to stabilize the economy even if interest rates are near to zero. In addition, policymakers should avoid reducing the incentives early and should consider that the financial and the real recovery go together.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>LECCIONES DE LA GRAN DEPRESI&Oacute;N PARA LA RECUPERACI&Oacute;N ECON&Oacute;MICA EN 2009</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>LESSONS FROM THE GREAT DEPRESSION FOR ECONOMIC RECOVERY IN 2009</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Christina D. Romer*</i></p>     <p>* Doctora en Econom&iacute;a del MIT, miembro del Consejo de Asesores Econ&oacute;micos del Presidente Barack Obama, fue profesora asistente de la Universidad de Princeton y profesora de la Universidad de California en Berkeley, Berkeley, USA, &#91;<a href="cromer@econ.berkeley.edu" target="_blank">cromer@econ.berkeley.edu</a>&#93;. Hizo esta presentaci&oacute;n en la Brookings Institution el 9 de marzo de 2009. Texto original en ingl&eacute;s, traducci&oacute;n de Alberto Supelano.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESUMEN</b></p>     <p>&#91;Palabras clave: crisis econ&oacute;mica, Gran Depresi&oacute;n; JEL: E32&#93;</p>     <p>Este art&iacute;culo compara la Gran Depresi&oacute;n de los a&ntilde;os treinta con la actual crisis mundial y presenta algunas lecciones &uacute;tiles para el dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas que permitan superar la crisis y comenzar una recuperaci&oacute;n firme. Una de esas lecciones es que una expansi&oacute;n fiscal peque&ntilde;a s&oacute;lo tiene efectos peque&ntilde;os y que una expansi&oacute;n monetaria puede ayudar a sanear la econom&iacute;a aunque las tasas de inter&eacute;s sean cercanas a cero. Adem&aacute;s, los dise&ntilde;adores de pol&iacute;tica se deben abstener.</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>&#91;Keywords: economic crises, Great Depression; JEL: E32&#93;</p>     <p>This article compares the Great Depression of the thirties with the current global crisis and offers some useful lessons for designing policies to overcome the crisis and begin a strong recovery. One of the lessons is that a small fiscal expansion has only small effects and that a monetary expansion may help to stabilize the economy even if interest rates are near to zero. In addition, policymakers should avoid reducing the incentives early and should consider that the financial and the real recovery go together.</p> <hr size="1">     <p>En los &uacute;ltimos meses he pronunciando repetidamente la frase "peor desde la Gran Depresi&oacute;n": la peor p&eacute;rdida de empleo durante doce meses desde la Gran Depresi&oacute;n; la peor crisis financiera desde la Gran Depresi&oacute;n; el peor aumento de ejecuciones hipotecarias desde la Gran Depresi&oacute;n. Una de las cosas que estudi&eacute; en una &eacute;poca anterior, como historiadora econ&oacute;mica en Berkeley, fue la Gran Depresi&oacute;n. Pens&eacute; que ser&iacute;a &uacute;til reflexionar sobre ese episodio y sobre las lecciones que ofrece a quienes hoy dise&ntilde;an medidas de pol&iacute;tica. En particular, &iquest;qu&eacute; podemos aprender de los a&ntilde;os treinta que nos ayude a poner fin a la peor recesi&oacute;n desde la Gran Depresi&oacute;n?</p>     <p>Para empezar, perm&iacute;tanme se&ntilde;alar que aunque la recesi&oacute;n actual es indudablemente grave, palidece en comparaci&oacute;n con la que experimentaron nuestros padres y abuelos en los a&ntilde;os treinta. El informe de empleo del viernes pasado mostr&oacute; que el desempleo en Estados Unidos lleg&oacute; al 8,1%, una cifra terrible que significa una tragedia devastadora para millones de familias. Pero, en su peor momento, el desempleo de los a&ntilde;os treinta lleg&oacute; casi al 25%<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Y ese 25% de trabajadores dolorosamente carec&iacute;a de las redes de seguridad social que hoy ayudan a las familias a mantener al menos los medios de vida esenciales durante el desempleo. Asimismo, despu&eacute;s de la revisi&oacute;n de las estad&iacute;sticas del PIB del mes pasado, sabemos que el PIB real ha ca&iacute;do casi el 2% con respecto al pico. Pero entre el pico de 1929 y la sima de la Gran Depresi&oacute;n en 1933, el PIB real cay&oacute; m&aacute;s del 25%<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     <p>No hago estas comparaciones para minimizar la aflicci&oacute;n que hoy experimenta la econom&iacute;a de Estados Unidos, sino para ofrecer un punto de referencia esencial. Quiz&aacute; sea la historiadora y la hija que hay en m&iacute; la que crea importante rendir tributo a la generaci&oacute;n anterior que padeci&oacute; y super&oacute; unas condiciones realmente terribles. Y es la nueva dise&ntilde;adora de medidas de pol&iacute;tica que hay en m&iacute; la que quiere dejar bien claro que estamos haciendo todo lo que podemos para que la palabra "gran" nunca se aplique a la recesi&oacute;n actual.</p>     <p>Aunque la que estamos sufriendo es menos aguda que la Gran Depresi&oacute;n, hay paralelos que la convierten en un punto de referencia pr&aacute;ctico y en fuente de aprendizaje para las respuestas de pol&iacute;tica actuales. Es obvio que, igual que en la Gran Depresi&oacute;n, la causa fundamental de la recesi&oacute;n actual es la ca&iacute;da de los precios de los activos y la situaci&oacute;n de quiebra, o cercana a la quiebra, de las instituciones financieras. En 1929, el derrumbe y la extrema volatilidad de los precios de las acciones llevaron a que los consumidores y las firmas dejaran de gastar (Romer, 1990). En el episodio reciente, el derrumbe de los precios de la vivienda y de los precios de las acciones ha reducido la riqueza y debilitado la confianza, y ha llevado a fuertes aumentos de la tasa de ahorro cuando los consumidores se sienten agobiados por la gran reducci&oacute;n de la riqueza y su car&aacute;cter a&uacute;n m&aacute;s incierto.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En los a&ntilde;os treinta, el colapso de la producci&oacute;n y de la riqueza llev&oacute; a la bancarrota y a la desaparici&oacute;n de casi la mitad de las instituciones financieras estadounidenses<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Esto, a su vez, tuvo dos consecuencias devastadoras: un colapso de la oferta monetaria, como destacaron Milton Friedman y Anna Schwartz (1963), y un colapso de los pr&eacute;stamos, como subray&oacute; Ben Bernanke (1983). En el episodio actual, las innovaciones modernas, como los derivados, generaron una relaci&oacute;n directa entre precios de los activos y agudas tensiones en las instituciones financieras. Adem&aacute;s de caer, el cr&eacute;dito se agot&oacute;, y recordamos cu&aacute;n esencial es para el funcionamiento efectivo de las empresas y familias estadounidenses.</p>     <p>Otro paralelo es la amplitud mundial de la recesi&oacute;n. Una caracter&iacute;stica de la Gran Depresi&oacute;n fue que pr&aacute;cticamente todos los pa&iacute;ses industrializados sufrieron una aguda contracci&oacute;n de la producci&oacute;n y un terrible aumento del desempleo (Romer, 1993). En este a&ntilde;o que pas&oacute;, hab&iacute;a la esperanza de que la recesi&oacute;n fuera ante todo una experiencia estadounidense, y de que la demanda mundial siguiera siendo elevada y quiz&aacute; nos ayudara a salir del apuro. Pero en los &uacute;ltimos meses hemos visto que esta esperanza era falsa. Cuando las estad&iacute;sticas llegaron en masa, entendimos que Europa, Asia y muchas otras regiones enfrentan descensos tan grandes si no mayores que el nuestro. En realidad, en vez de que la demanda mundial ayude a mantenernos, la ca&iacute;da de la demanda de Estados Unidos ha tenido un efecto devastador sobre econom&iacute;as exportadoras como Taiw&aacute;n, China y Corea del Sur.</p>     <p>La similitud de causas entre la Gran Depresi&oacute;n y la recesi&oacute;n actual significa que el Presidente Obama inicia su presidencia y su impulso a la recuperaci&oacute;n con muchos retos similares a los que Franklin Roosevelt enfrent&oacute; en 1933. Nuestros consumidores y nuestras empresas no tienen &aacute;nimo para gastar o invertir; nuestras instituciones financieras sufren graves tensiones y son reacias a dar cr&eacute;dito; las tasas de inter&eacute;s de corto plazo son iguales a cero, lo que deja poco espacio a la pol&iacute;tica monetaria convencional; y la demanda mundial da pocas esperanzas para reanimar la econom&iacute;a. Sin embargo, Estados Unidos se recuper&oacute; de la Gran Depresi&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; lecciones pueden aprender de ese episodio los actuales dise&ntilde;adores de pol&iacute;ticas para lograr que la recuperaci&oacute;n sea hoy m&aacute;s r&aacute;pida y firme?</p>     <p><i>Una lecci&oacute;n crucial de los a&ntilde;os treinta es que una expansi&oacute;n fiscal peque&ntilde;a s&oacute;lo tiene efectos peque&ntilde;os</i>. En 1992 escrib&iacute; un art&iacute;culo en el que dije que la pol&iacute;tica fiscal no fue el motor clave de la recuperaci&oacute;n de la Depresi&oacute;n (Romer, 1992). A partir de ese escrito, algunos han concluido que no creo que la pol&iacute;tica fiscal hoy funcione o hubiese funcionado en los a&ntilde;os treinta. Nada m&aacute;s lejos de la verdad. Mi argumento parangonaba la famosa conclusi&oacute;n de Cary Brown: en la Gran Depresi&oacute;n la pol&iacute;tica fiscal fracas&oacute; en lograr la recuperaci&oacute;n "no porque no funcionara sino porque no se la utiliz&oacute;" (Brown, 1956).</p>     <p>El hecho clave es que as&iacute; las acciones fiscales de Roosevelt fueran una ruptura audaz con el pasado, fueron no obstante peque&ntilde;as en relaci&oacute;n con la magnitud del problema. Cuando Roosevelt ascendi&oacute; al cargo en 1933, el PIB real era m&aacute;s del 30% inferior a su nivel de tendencia normal. (En comparaci&oacute;n, hoy se calcula que nuestra econom&iacute;a est&aacute; entre un 5% y un 10% por debajo de la tendencia)<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. El gasto de emergencia que hizo Roosevelt fue una ruptura sin precedentes; los presupuestos balanceados eran la norma hasta ese momento. Pero fue demasiado peque&ntilde;o. El d&eacute;ficit aument&oacute; cerca del 1&frac12;% del PIB en 1934<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. Una raz&oacute;n para que el aumento no fuera mayor fue la aprobaci&oacute;n, a finales de la administraci&oacute;n Hoover, de una fuerte alza de impuestos. Otro hecho clave es que la expansi&oacute;n fiscal no fue sostenida. En el a&ntilde;o fiscal de 1935 el d&eacute;ficit disminuy&oacute; casi en la misma cantidad en que se elev&oacute; en 1934. Roosevelt tambi&eacute;n sufri&oacute; el mismo comportamiento proc&iacute;clico de las medidas fiscales estatales y locales que enfrenta el Presidente Obama. Debido a los requerimientos de un presupuesto balanceado, los gobiernos estatales y locales se ven forzados a recortar los gastos y a elevar las tasas de impuestos cuando la actividad econ&oacute;mica decae y los ingresos tributarios disminuyen. Al mismo momento que Roosevelt incurr&iacute;a en d&eacute;ficit federales sin precedentes, los gobiernos estatales y locales pasaron de tener d&eacute;ficit a imponer el orden fiscal en casa<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>. El resultado fue que la expansi&oacute;n fiscal total en los a&ntilde;os treinta fue en realidad muy peque&ntilde;a. En consecuencia, s&oacute;lo pod&iacute;a tener un leve impacto directo sobre el estado de la econom&iacute;a.</p>     <p>Esta es una lecci&oacute;n que el gobierno se ha tomado a pecho. La Ley de Recuperaci&oacute;n y Reinversi&oacute;n, aprobada menos de treinta d&iacute;as despu&eacute;s de la posesi&oacute;n, es la acci&oacute;n fiscal contrac&iacute;clica m&aacute;s grande y m&aacute;s audaz de la historia. El est&iacute;mulo fiscal de cerca de 800 mil millones de d&oacute;lares se divide casi en partes iguales entre recortes de impuestos, gastos de inversi&oacute;n directa del gobierno y ayuda a los Estados y a las personas perjudicadas directamente por la recesi&oacute;n. El est&iacute;mulo fiscal es cercano al 3% del PIB en cada uno de los dos a&ntilde;os siguientes. Y, como mencion&eacute;, buena parte consiste en alivios fiscales a los gobiernos de los Estados, para que no tengan que balancear sus presupuestos &uacute;nicamente con el aumento de impuestos y el recorte del empleo de enfermeras, maestros y personal de primera respuesta. Esperamos que esta expansi&oacute;n fiscal sea sumamente importante para contrarrestar la terrible p&eacute;rdida de empleos que muestran las cifras del viernes pasado, que hoy llega a 4,4 millones desde que la recesi&oacute;n comenz&oacute; hace catorce meses.</p>     <p>Aunque los efectos directos del est&iacute;mulo fiscal fueron peque&ntilde;os en la Gran Depresi&oacute;n, pienso que hay que reconocer que puede haber tenido un efecto indirecto. El simple acto de Roosevelt de hacer algo debi&oacute; de ser un gran alivio para un pa&iacute;s que hac&iacute;a m&aacute;s de tres a&ntilde;os sufr&iacute;a de depresi&oacute;n. El hecho de que un presidente afrontara el reto y dijera al pa&iacute;s que atacar&iacute;a la Depresi&oacute;n con el mismo fervor y la misma fuerza con que atacar&iacute;a a un invasor militar seguramente redujo la incertidumbre y calm&oacute; los temores. Adem&aacute;s, la firma de programas, como la Works Progress Administration, que contrataron directamente a millones de trabajadores sin duda contribuy&oacute; a un sentido de progreso y gobierno. De modo que las acciones de Roosevelt pueden haber sido m&aacute;s ben&eacute;ficas de lo que sugieren los estimativos usuales de pol&iacute;tica fiscal. Si las acciones que el Presidente Obama est&aacute; tomando en la recesi&oacute;n actual generan efectos de confianza similares, tambi&eacute;n pueden ser m&aacute;s efectivas de lo que llevan a pensar las estimaciones basadas en los multiplicadores convencionales.</p>     <p><i>Una segunda lecci&oacute;n clave de los a&ntilde;os treinta es que la expansi&oacute;n monetaria puede ayudar a sanear una econom&iacute;a aunque las tasas de inter&eacute;s sean cercanas a cero.</i> En el mismo escrito donde dije que la pol&iacute;tica fiscal no fue clave en la recuperaci&oacute;n de la Gran Depresi&oacute;n, sostuve la opini&oacute;n de que la expansi&oacute;n monetaria fue de mucha utilidad. Pero la expansi&oacute;n monetaria tom&oacute; una forma sorprendente: fue esencialmente una pol&iacute;tica de expansi&oacute;n cuantitativa dirigida por la Tesorer&iacute;a (Romer, 1990).</p>     <p>Estados Unidos estaba bajo el patr&oacute;n oro durante la Depresi&oacute;n. Parte de la explicaci&oacute;n de por qu&eacute; la Reserva Federal hizo tan poco para contrarrestar el p&aacute;nico financiero y la recesi&oacute;n econ&oacute;mica fue que luchaba para defender el patr&oacute;n oro y mantener la tasa de cambio fija prevaleciente<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. En abril de 1933, Roosevelt suspendi&oacute; temporalmente la convertibilidad en oro y dej&oacute; que el d&oacute;lar se depreciara sustancialmente. Cuando retornamos al oro y al nuevo precio m&aacute;s alto, fluyeron grandes cantidades de oro del extranjero hacia la Tesorer&iacute;a. Estos ingresos de oro continuaron, por un accidente afortunado, en la segunda mitad de los a&ntilde;os treinta, cuando las tensiones pol&iacute;ticas se agravaron en Europa y los inversionistas buscaron la seguridad de los activos estadounidenses.</p>     <p>Bajo el patr&oacute;n oro, la Tesorer&iacute;a pod&iacute;a aumentar la oferta monetaria sin recurrir a la Reserva Federal. Estaba permitido emitir certificados de oro, intercambiables por t&iacute;tulos de la Reserva Federal, con base en el oro que mantuviera. Cuando ingresaba oro, la Tesorer&iacute;a emit&iacute;a m&aacute;s t&iacute;tulos. El resultado fue que la oferta monetaria, definida estrechamente como dinero en circulaci&oacute;n y reservas, aument&oacute; en cerca del 17% anual entre 1933 y 1936<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta expansi&oacute;n monetaria no pod&iacute;a reducir las tasas nominales de inter&eacute;s porque ya eran casi iguales a cero. Lo que pod&iacute;a hacer era quebrar las expectativas de deflaci&oacute;n. Los precios hab&iacute;an ca&iacute;do un 25% entre 1929 y 1933<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. En toda la econom&iacute;a, la gente esperaba que la deflaci&oacute;n continuara. En consecuencia, el costo real de endeudarse e invertir era excesivamente alto. Los consumidores y las empresas deseaban mantener todo el efectivo que ten&iacute;an porque esperaban que su poder de compra real aumentara cuando los precios disminuyeran. La devaluaci&oacute;n seguida de una r&aacute;pida expansi&oacute;n monetaria rompi&oacute; la espiral deflacionaria. Las expectativas de una r&aacute;pida deflaci&oacute;n fueron sustituidas por expectativas de estabilidad de precios o incluso de alguna inflaci&oacute;n. Esta modificaci&oacute;n de las expectativas llev&oacute; a que las tasas de inter&eacute;s reales disminuyeran dr&aacute;sticamente (Romer, 1992).</p>     <p>La reducci&oacute;n del costo real de endeudarse e invertir parece haber tenido un impacto ben&eacute;fico sobre el comportamiento de los consumidores y las firmas. Lo primero que cambi&oacute; fue el gasto sensible al inter&eacute;s. Por ejemplo, las ventas de autom&oacute;viles se dispararon en el verano de 1933. Una se&ntilde;al de que las menores tasas reales de inter&eacute;s fueron cruciales es que la inversi&oacute;n fija real y el gasto en consumo de bienes durables se elev&oacute; dr&aacute;sticamente entre 1933 y 1934, mientras que el gasto en servicios apenas avanz&oacute; (Temin y Wigmore, 1990).</p>     <p>Cuando pienso en las lecciones de la Gran Depresi&oacute;n para el d&iacute;a de hoy, quiero ser muy cuidadosa. Una regla b&aacute;sica de mi empleo actual es que no comento la pol&iacute;tica de la Reserva Federal. Perm&iacute;tanme entonces ser muy clara: no defiendo el retorno al patr&oacute;n oro para que podamos abandonarlo de nuevo, ni que Tim Geithner empiece a ejecutar una pol&iacute;tica monetaria trapacera. Pero la experiencia de los a&ntilde;os treinta sugiere que la pol&iacute;tica monetaria puede seguir cumpliendo un papel importante, aunque las tasas de inter&eacute;s sean bajas, afectando las expectativas y, en particular, evitando las expectativas de deflaci&oacute;n.</p>     <p><i>Esta discusi&oacute;n de la pol&iacute;tica fiscal y monetaria de los a&ntilde;os treinta me lleva a una tercera lecci&oacute;n de la Gran Depresi&oacute;n: abstenerse de reducir los est&iacute;mulos antes de tiempo.</i> Como acabo de describir, la pol&iacute;tica monetaria fue muy expansionista a mediados de los a&ntilde;os treinta. La pol&iacute;tica fiscal, aunque menos expansionista, tambi&eacute;n ayud&oacute;. Por cierto, en 1936 fue inadvertidamente estimulante. Debido ante todo a presiones pol&iacute;ticas, el Congreso pas&oacute; por alto el veto de Roosevelt y dio una gran bonificaci&oacute;n a los veteranos de la Primera Guerra Mundial. Esto caus&oacute; otro aumento, por una sola vez, del d&eacute;ficit de m&aacute;s del 1&frac12;% del PIB.</p>     <p>Y la econom&iacute;a respondi&oacute;. El crecimiento fue muy r&aacute;pido a mediados de los a&ntilde;os treinta. El PIB real aument&oacute; el 11% en 1934, el 9% en 1935 y el 13% en 1936. Debido a que la econom&iacute;a hab&iacute;a empezado a un nivel tan bajo, incluso estas tasas de crecimiento no fueron suficientes para que retornara a la normalidad. La producci&oacute;n industrial finalmente super&oacute; el pico de julio de 1929 en diciembre de 1936, pero a&uacute;n estaba muy por debajo del nivel que predec&iacute;a la tendencia previa a la Depresi&oacute;n<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>. El desempleo hab&iacute;a ca&iacute;do en cerca de 10 puntos porcentuales, pero todav&iacute;a era superior al 15%. La econom&iacute;a estaba en el camino de la recuperaci&oacute;n, pero a&uacute;n era precaria y todav&iacute;a no se hab&iacute;a llegado al punto donde la demanda privada estaba pronta a soportar la carga de generar crecimiento.</p>     <p>En este ambiente fr&aacute;gil, la pol&iacute;tica fiscal se torn&oacute; agudamente contraccionista. La bonificaci&oacute;n de los veteranos se acab&oacute;, y en 1937 se recaudaron por vez primera los impuestos de la seguridad social. El resultado fue una reducci&oacute;n del d&eacute;ficit de casi un 2&frac12;% del PIB.</p>     <p>La pol&iacute;tica monetaria tambi&eacute;n se volvi&oacute; inadvertidamente contraccionista. La Reserva Federal empez&oacute; a preocuparse cada vez m&aacute;s por la inflaci&oacute;n en 1936. Tambi&eacute;n estaba preocupada porque, debido a que los bancos manten&iacute;an grandes cantidades de excesos de reservas, las operaciones de mercado abierto s&oacute;lo llevaran a que sustituyeran los excesos de reservas por bonos del gobierno y no tuvieran impacto sobre el cr&eacute;dito. En un esfuerzo para alcanzar una posici&oacute;n desde la que pudiera imponer pol&iacute;ticas restrictivas, si fuese necesario, la Reserva Federal duplic&oacute; los requerimientos de reservas, en tres pasos, entre 1936 y 1937. Infortunadamente, los bancos, debilitados por las corridas bancarias de algunos a&ntilde;os antes, se vieron a gatas para construir reservas superiores a los nuevos y m&aacute;s altos niveles requeridos. En consecuencia, las tasas de inter&eacute;s se elevaron y los pr&eacute;stamos se desplomaron<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>.</p>     <p>Los resultados del doble golpe fiscal y monetario en ese ambiente precario fueron desastrosos. El PIB s&oacute;lo aument&oacute; el 5% en 1937 y luego cay&oacute; en un 3% en 1938; el desempleo aument&oacute; dram&aacute;ticamente y lleg&oacute; al 19% en 1938. Los dise&ntilde;adores de pol&iacute;tica dieron marcha atr&aacute;s y la recuperaci&oacute;n se reanud&oacute;, pero el giro err&oacute;neo de 1937 a&ntilde;adi&oacute; dos a&ntilde;os a la Depresi&oacute;n.</p>     <p>El episodio de 1937 es una historia aleccionadora importante para los formuladores de pol&iacute;tica de hoy en d&iacute;a. En alg&uacute;n punto, la recuperaci&oacute;n cobrar&aacute; vida por s&iacute; misma, cuando el aumento del producto genere aumentos de la inversi&oacute;n y de la demanda de inventarios a trav&eacute;s de los efectos aceleradores, y la confianza y el optimismo remplacen la cautela y el pesimismo. Pero ser&aacute; necesario vigilar de cerca la econom&iacute;a para estar seguros de que el sector privado est&eacute; fuera del agua antes de que el gobierno corte la cuerda del salvavidas<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>.</p>     <p><i>La cuarta lecci&oacute;n que podemos sacar de la recuperaci&oacute;n de los a&ntilde;os treinta es que la recuperaci&oacute;n financiera y la recuperaci&oacute;n real van juntas</i>. Cuando Roosevelt asumi&oacute; el cargo, sus acciones inmediatas se orientaron principalmente a estabilizar un sistema financiero que se hab&iacute;a derrumbado. Dos d&iacute;as despu&eacute;s de su posesi&oacute;n declar&oacute; un cese bancario nacional que cerr&oacute; todos los bancos del pa&iacute;s durante una semana, mientras se revisaban los libros. Esta versi&oacute;n de la "prueba &aacute;cida", propia de esa &eacute;poca, llev&oacute; al cierre permanente de m&aacute;s del 10% de los bancos de la naci&oacute;n, pero mejor&oacute; la confianza en los que se mantuvieron<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>. Como ya se&ntilde;al&eacute;, Roosevelt suspendi&oacute; temporalmente el patr&oacute;n oro, antes de que el oro retornara a un valor m&aacute;s bajo en d&oacute;lares, lo que sent&oacute; el camino para los incrementos de la oferta monetaria. En junio de 1933, el Congreso aprob&oacute; la legislaci&oacute;n que estableci&oacute; el seguro de dep&oacute;sitos bancarios, a trav&eacute;s de la Corporaci&oacute;n Federal de Seguros de Dep&oacute;sitos (FDIC), y la ayuda a los propietarios de vivienda, a trav&eacute;s la Corporaci&oacute;n de Pr&eacute;stamos a los Propietarios de Vivienda (HOLC) <a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>. La rehabilitaci&oacute;n real de las instituciones financieras obviamente tom&oacute; mucho m&aacute;s tiempo. De hecho, gran parte de la ardua tarea de recapitalizar a los bancos y ayudar a los propietarios de vivienda y a los agricultores en zozobra se realiz&oacute; entre 1934 y 1935.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante, las acciones inmediatas para estabilizar el sistema financiero tuvieron palpables efectos de corto plazo en los mercados financieros. Los precios reales de las acciones aumentaron m&aacute;s del 40% entre marzo y mayo de 1933, los precios de los bienes b&aacute;sicos se dispararon y los m&aacute;rgenes de tasas de inter&eacute;s se redujeron<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>. Y las acciones seguramente contribuyeron al r&aacute;pido crecimiento de la econom&iacute;a despu&eacute;s de 1933, cuando la riqueza aument&oacute;, la confianza mejor&oacute;, y las quiebras bancarias y las ejecuciones hipotecarias disminuyeron.</p>     <p>Pero la recuperaci&oacute;n financiera s&oacute;lo tuvo un asidero s&oacute;lido despu&eacute;s de que la recuperaci&oacute;n real qued&oacute; bien establecida. En marzo de 1935 los precios reales de las acciones eran m&aacute;s del 10% inferiores a los de mayo de 1933, el cr&eacute;dito bancario sigui&oacute; disminuyendo hasta mediados de 1935, y los precios reales de la vivienda s&oacute;lo aumentaron un 7% entre 1933 y 1935<a href="#16" name="n16"><sup>16</sup></a>. El fortalecimiento de la econom&iacute;a real mejor&oacute; la salud del sistema financiero. Los bancos pasaron de tener grandes p&eacute;rdidas en 1933 a tener grandes ganancias en 1935, y siguieron siendo altas hasta finales de la Depresi&oacute;n, de modo que los cierres de bancos fueron m&iacute;nimos despu&eacute;s de 1933. Los precios reales de las acciones aumentaron robustamente. Las quiebras de empresas y las ejecuciones hipotecarias cayeron dr&aacute;sticamente y casi sin interrupci&oacute;n despu&eacute;s de 1932<a href="#17" name="n17"><sup>17</sup></a>. Y este ciclo virtuoso continu&oacute; cuando la recuperaci&oacute;n financiera redujo a&uacute;n m&aacute;s los m&aacute;rgenes de las tasas de inter&eacute;s y aument&oacute; la disposici&oacute;n de los bancos a otorgar pr&eacute;stamos<a href="#18" name="n18"><sup>18</sup></a>.</p>     <p>Esta lecci&oacute;n tambi&eacute;n ocupa un lugar destacado en la mente de quienes dise&ntilde;an las pol&iacute;ticas hoy en d&iacute;a. Desde los inicios, el Gobierno ha intentado dise&ntilde;ar un programa integral de recuperaci&oacute;n. El Plan de Estabilizaci&oacute;n Financiera, que incluye la evaluaci&oacute;n de las necesidades de capital de las instituciones financieras y programas cruciales para aumentar directamente el cr&eacute;dito, es esencial para lograr que el sistema financiero vuelva a trabajar para la industria y las familias estadounidenses. Junto con el plan de vivienda del gobierno, estas medidas financieras de rescate deber&iacute;an hacer posibles los pr&eacute;stamos y la estabilidad que se requieren para el crecimiento econ&oacute;mico. El paquete de est&iacute;mulo fiscal fue dise&ntilde;ado para crear empleos r&aacute;pidamente. As&iacute;, debe disminuir el incumplimiento de los pagos y mejorar los balances, de modo que nuestro sistema financiero pueda seguir fortaleci&eacute;ndose.</p>     <p><i>La quinta lecci&oacute;n de la Gran Depresi&oacute;n es que la pol&iacute;tica expansionista mundial comparte las cargas y los beneficios de la recuperaci&oacute;n.</i> La investigaci&oacute;n de Barry Eichengreen y Jeffrey Sachs (1985) muestra que el retiro del patr&oacute;n oro y el aumento de la oferta monetaria dom&eacute;stica fueron clave para la recuperaci&oacute;n y el crecimiento en un gran n&uacute;mero de pa&iacute;ses en los a&ntilde;os treinta. Es importante se&ntilde;alar que estas acciones redujeron las tasas mundiales de inter&eacute;s y beneficiaron a otros pa&iacute;ses, en vez de desviar la expansi&oacute;n de un pa&iacute;s a otro.</p>     <p>Las implicaciones para hoy en d&iacute;a son obvias. Cuantos m&aacute;s pa&iacute;ses puedan pasar a la expansi&oacute;n monetaria y fiscal, mejor estaremos todos. A este respecto, la en&eacute;rgica acci&oacute;n fiscal de China y la reducci&oacute;n de las tasas de inter&eacute;s en Europa y en el Reino Unido anunciadas la semana pasada fueron bien acogidas. Sientan el camino para poner fin en todo el mundo a esta recesi&oacute;n mundial.</p>     <p><i>La lecci&oacute;n final que quiero sacar de los a&ntilde;os treinta es quiz&aacute; la m&aacute;s importante. Una caracter&iacute;stica clave de la Gran Depresi&oacute;n es que eventualmente termin&oacute;</i>. A pesar de la devastadora p&eacute;rdida de riqueza, el caos de nuestros mercados financieros y una p&eacute;rdida de confianza tan grande que casi destruy&oacute; la fe fundamental de los estadounidenses en el capitalismo, la econom&iacute;a revivi&oacute;. De hecho, entre 1933 y 1937 el crecimiento fue el m&aacute;s alto que jam&aacute;s hayamos tenido fuera de los tiempos de guerra. Si Estados Unidos no hubiera sufrido el terrible tropiezo inducido por la pol&iacute;tica en 1937, quiz&aacute; se habr&iacute;a recuperado totalmente antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, igual que la mayor&iacute;a de los dem&aacute;s pa&iacute;ses.</p>     <p>Este hecho deber&iacute;a darnos esperanzas. Empezamos desde una posici&oacute;n mucho m&aacute;s s&oacute;lida que la de nuestros padres y abuelos en 1933. Y la respuesta de pol&iacute;tica ha sido acelerada, audaz y bien concebida. Si seguimos prestando atenci&oacute;n a las lecciones de la Gran Depresi&oacute;n hay muchas razones para creer que superaremos esta prueba y que saldremos al otro lado a&uacute;n m&aacute;s fuertes que antes.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Los datos de desempleo de los a&ntilde;os treinta figuran en Government Printing Office (1975, parte 1, serie D86, 135).</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Los datos del PIB real son del Bureau of Economic Analysis,&#91;<a href="http://www.bea.gov/national/nipaweb/SelectTable.asp?Selected=Y, Table 1.1.3" target="_blank">http://www.bea.gov/national/nipaweb/SelectTable.asp?Selected=Y, Table 1.1.3</a>&#93;.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n3" name="3">3</a>. Los datos del n&uacute;mero de bancos son de la Board of Governors of the Federal Reserve System (1943, tabla 1).</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. La cifra de 2009 es una extrapolaci&oacute;n para el trimestre actual basada en estimaciones del producto potencial de la Congressional Budget Office &#91;<a href="http://www.cbo.gov/ftpdocs/99xx/doc9957/Background_Table2-2_090107.xls" target="_blank">http://www.cbo.gov/ftpdocs/99xx/doc9957/Background_Table2-2_090107.xls</a>&#93;. La estimaci&oacute;n de 1933 se basa en el hecho de que la econom&iacute;a no parece haber estado muy por encima de la tendencia en 1929 y que el PIB real cay&oacute; un 25% entre 1929 y 1933. El crecimiento normal habr&iacute;a a&ntilde;adido al menos un 10% al PIB en ese per&iacute;odo.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. Las cifras del d&eacute;ficit figuran en Government Printing Office (1975, parte 2, serie Y337, 1194,). Las del PIB nominal son del Bureau of Economic Analysis &#91;<a href="http://www.bea.gov/national/nipaweb/SelectTable.asp?Selected=Y,Table1.1.5" target="_blank">http://www.bea.gov/national/nipaweb/SelectTable.asp?Selected=Y,Table1.1.5</a>&#93;. Para estimar los valores del a&ntilde;o fiscal promedi&eacute; las cifras del a&ntilde;o calendario.</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. Los datos de la situaci&oacute;n fiscal estatal y local son del Bureau of Economic Analysis &#91;<a href="http://www.bea.gov/national/nipaweb/SelectTable.asp?Selected=Y, Table 3.3" target="_blank">http://www.bea.gov/national/nipaweb/SelectTable.asp?Selected=Y, Table 3.3</a>&#93;.</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Para una historia general del papel del patr&oacute;n oro en la Gran Depresi&oacute;n, ver Eichengreen (1992).</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. Friedman y Schwartz (1963, tabla A-1, columna 1 y tabla A-2, columna 3). La tasa de crecimiento se refiere al per&iacute;odo diciembre de 1933 a diciembre de 1936.</p>     <p><a href="#n9" name="9">9</a>. Los datos del &iacute;ndice de precios del PIB son del Bureau of Economic Analysis &#91;<a href="http://www.bea.gov/national/nipaweb/SelectTable.asp?Selected=Y,Table 1.1.4" target="_blank">http://www.bea.gov/national/nipaweb/SelectTable.asp?Selected=Y,Table 1.1.4</a>&#93;.</p>     <p><a href="#n10" name="10">10</a>. Los datos de la producci&oacute;n industrial son de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal&#91;<a href="http://www.federalreserve.gov/releases/g17/iphist/iphist_sa.txt" target="_blank">http://www.federalreserve.gov/releases/g17/iphist/iphist_sa.txt</a>&#93;.</p>     <p><a href="#n11" name="11">11</a>. Los datos de las tasas de inter&eacute;s figuran en Board of Governors of the Federal Reserve System (1943, tabla 120); los datos de los pr&eacute;stamos son de la misma fuente, tabla 2.</p>     <p><a href="#n12" name="12">12</a>. Por supuesto, cada episodio es diferente, y la Reserva Federal llegar&aacute; a su gesti&oacute;n independiente de la pol&iacute;tica monetaria.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n13" name="13">13</a>. Para mayor informaci&oacute;n sobre el cese bancario de 1933, ver Friedman y Schwartz (1963, 328 y 421-428).</p>     <p><a href="#n14" name="14">14</a>. Para una buena descripci&oacute;n de las diversas medidas financieras de estabilizaci&oacute;n que adopt&oacute; Roosevelt, ver Chandler (1970, cap. 9).</p>     <p><a href="#n15" name="15">15</a>. Los datos de los precios de las acciones son de Robert Shiller &#91;<a href="http://www.econ.yale.edu/~shiller/data.htm" target="_blank">http://www.econ.yale.edu/~shiller/data.htm</a>&#93;. En Temin y Wigmore (1990) se describe el comportamiento de los precios de los bienes b&aacute;sicos y de los m&aacute;rgenes de la tasa de inter&eacute;s en 1933.</p>     <p><a href="#n16" name="16">16</a>. Los datos de cr&eacute;dito bancario figuran en Board of Governors of the Federal Reserve System (1943, tabla 2); l os datos de los precios de la vivienda son de Robert Shiller &#91;<a href="http://www.econ.yale.edu/~shiller/data.htm" target="_blank">http://www.econ.yale.edu/~shiller/data.htm</a>&#93;.</p>     <p><a href="#n17" name="17">17</a>. Los datos de suspensiones y ganancias de los bancos son de Board of Governors of the Federal Reserve System (1943, secci&oacute;n 7 y tabla 56, columna 5, respectivamente). Los datos de las quiebras de empresas figuran en Government Printing Office (1975, parte 2, serie V27, 912); l os de ejecuciones hipotecarias figuran en la parte 2, serie N301, p. 651.</p>     <p><a href="#n18" name="18">18</a>. Los datos de los rendimientos de los bonos de Estados Unidos y de las corporaciones est&aacute;n disponibles en Board of Governors of the Federal Reserve System (1943, tabla 128).</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS </b>     <!-- ref --><p>1. Bernanke, B. S. "Nonmonetary Effects of the Financial Crisis in the Propagation of the Great Depression", <i>American Economic Review</i> 73, 1983, pp. 257-276.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S0124-5996200900020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Board of Governors of the Federal Reserve System. <i>Banking and Monetary Statistics</i>, Washington, 1943.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S0124-5996200900020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Brown, E. C. "Fiscal Policy in the 'Thirties: A Reappraisal", <i>American Economic Review</i> 46, 5, 1956, pp. 857-879.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S0124-5996200900020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Chandler, L. V. <i>America's Greatest Depression, 1929-1941</i>, New York, Harper &amp; Row, 1970.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S0124-5996200900020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Eichengreen <i>,</i> B. <i>Golden Fetters: The Gold Standard and the Great Depression</i>, <i>1919-1939</i>, New York, Oxford University Press, 1992.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000074&pid=S0124-5996200900020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Eichengreen, B. y J. Sachs. "Exchange Rates and Economic Recovery in the 1930s", <i>Journal of Economic History</i> 45, 1985, pp. 925-946.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000075&pid=S0124-5996200900020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Friedman, M. y A. J. Schwartz. <i>A Monetary History of the United States: 1867-1960</i>, Princeton, Princeton University Press, 1963.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000076&pid=S0124-5996200900020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Government Printing Office. <i>Historical Statistics of the United States: Colonial Times to 1970,</i> Washington, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000077&pid=S0124-5996200900020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Peter, T. y B. A. Wigmore. "The End of One Big Deflation", <i>Explorations in Economic History</i> 27, 1990, pp. 483-502.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000078&pid=S0124-5996200900020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Romer, Ch. D. "The Great Crash and the Onset of the Great Depression", <i>Quarterly Journal of Economics</i> 105, 1990, pp. 597-624.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000079&pid=S0124-5996200900020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Romer, Ch. D. "What Ended the Great Depression?", <i>Journal of Economic History</i> 52, 1992, pp. 757-784.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000080&pid=S0124-5996200900020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Romer, Ch. D. "The Nation in Depression", <i>Journal of Economic Perspectives</i> 7, 1993, pp. 19-39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000081&pid=S0124-5996200900020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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