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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article examines the costs of banking pollution and the role of regulation and restrictions on the financial system in tackling it. It studies the benefits of such restrictions in terms of modularity, robustness and incentives, and the costs in terms of the economies of scale and the economies of scope that are exhausted at relatively modest level.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>LA PREGUNTA DE LOS 100 MIL MILLONES</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>THE $100 BILLION QUESTION</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>Andrew G. Haldane</i>*</p>     <p>* Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, D irector Ejecutivo de Estabilidad Financiera del Banco de Inglaterra, Londres, Inglaterra, [<a href="mailto:andy.haldane@bankofengland.co.uk">andy.haldane@bankofengland.co.uk</a>]. Conferencia dictada en el Instituto de Regulaci&oacute;n y Riesgo, Hong Kong, 30 de marzo de 2010. Agradezco a Dele Adeleye, David Aikman, Marnoch Aston, Richard Davies, Colm Friel, Vaiva Katinaite, Sam Knott, Priya Kothari, Salina Ladha, Colin Miles, Rhiannon Sowerbutts y Aron Toth por sus comentarios y contribuciones. Art&iacute;culo original en ingl&eacute;s. Traducci&oacute;n de Alberto Supelano. Fecha de recepci&oacute;n: 7 de abril de 2010, fecha de modificaci&oacute;n: 3 de mayo de 2010, fecha de aceptaci&oacute;n: 1.&deg; de julio de 2010.</p> <hr size="1">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>RESUMEN</b></p>     <p>[Palabras clave: crisis financiera, riesgo sist&eacute;mico; JEL: G01, G18]</p>     <p>Este art&iacute;culo examina los costos de la contaminaci&oacute;n bancaria y el papel de la regulaci&oacute;n y las restricciones que tiene el sistema financiero para afrontarla. Estudia los beneficios de las restricciones en t&eacute;rminos de modularidad, robustez e incentivos, y los costos en t&eacute;rminos de las econom&iacute;as de escala y de las econom&iacute;as de alcance, que se agotan a niveles relativamente modestos.</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>[Keywords: financial crisis, systemic risk; JEL: G01, G18]</p>     <p>This article examines the costs of banking pollution and the role of regulation and restrictions on the financial system in tackling it. It studies the benefits of such restrictions in terms of modularity, robustness and incentives, and the costs in terms of the economies of scale and the economies of scope that are exhausted at relatively modest level.</p> <hr size="1">     <p><b>LA PREGUNTA DE LOS 100 MIL MILLONES</b></p>     <p>La industria automotriz es contaminante. Los gases de los tubos de escape son subproductos nocivos. Los autom&oacute;viles benefician a quienes producen y consumen servicios de transporte en autom&oacute;vil: los beneficios privados de los autom&oacute;viles. Pero tambi&eacute;n ponen en peligro a transe&uacute;ntes inocentes de la comunidad m&aacute;s amplia: los costos sociales de la contaminaci&oacute;n de los veh&iacute;culos.</p>     <p>La pol&iacute;tica p&uacute;blica ha reconocido cada vez m&aacute;s los riesgos de esta contaminaci&oacute;n. Hist&oacute;ricamente, los ha afrontado con una combinaci&oacute;n de impuestos y, a veces, de prohibiciones. En este siglo se establecieron restricciones a las emisiones t&oacute;xicas de los autom&oacute;viles, es decir, prohibiciones. &Eacute;ste es un reconocimiento de los costos sociales de la contaminaci&oacute;n automotriz. Al comienzo, los fabricantes de veh&iacute;culos se alborotaron.</p>     <p>La industria bancaria es tambi&eacute;n contaminante. El riesgo sist&eacute;mico es un subproducto nocivo. La banca beneficia a quienes producen y consumen servicios financieros: los beneficios privados de los empleados, depositantes, prestatarios e inversionistas de los bancos. Pero tambi&eacute;n tiene el riesgo de poner en peligro a transe&uacute;ntes inocentes de la econom&iacute;a m&aacute;s amplia: los costos sociales de las crisis bancarias para el p&uacute;blico en general.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La pol&iacute;tica p&uacute;blica ha reconocido desde hace tiempo los costos del riesgo sist&eacute;mico. Y los ha afrontado con una combinaci&oacute;n de regulaci&oacute;n y, a veces, de prohibiciones. Hace poco se inici&oacute; un debate sobre las restricciones directas a algunas actividades bancarias; en otras palabras, sobre las prohibiciones. &Eacute;ste es un reconocimiento de los costos sociales del riesgo sist&eacute;mico. Los banqueros est&aacute;n alborotados.</p>     <p>Este escrito examina los costos de la contaminaci&oacute;n bancaria y el papel de la regulaci&oacute;n y las restricciones para afrontarla. A la luz de la crisis, &eacute;sta es la pregunta de los 100 mil millones. La &uacute;ltima vez que se dio en serio ese debate fue despu&eacute;s de la Gran Depresi&oacute;n. La evidencia de esa &eacute;poca, de las crisis anteriores y de otras industrias ayuda a delimitar el contorno del debate actual, que a&uacute;n est&aacute; en su infancia. Aunque ser&iacute;a prematuro sacar conclusiones de pol&iacute;tica, no es demasiado pronto para empezar a examinar la evidencia. &iquest;Qu&eacute; es lo que sugiere?</p>     <p><b>CONTABILIZACI&Oacute;N DEL COSTO SIST&Eacute;MICO</b></p>     <p>Una dimensi&oacute;n importante del debate es la que concierne a los costos sociales del riesgo sist&eacute;mico. La determinaci&oacute;n de la escala de estos costos proporciona una medida de la tarea que enfrentamos. Ayuda a calibrar la intervenci&oacute;n necesaria para afrontar al riesgo sist&eacute;mico, bien sea mediante regulaci&oacute;n o restricciones. &iquest;Qu&eacute; tan contaminante es la banca?</p>     <p>Existe una abundante literatura que mide los costos de las crisis financieras anteriores (ver, p. ej., Reinhart y Rogoff, 2009). Normalmente, estos se miden valorando los costos fiscales o el producto que se pierde por las crisis. Sea cual sea la medida, los costos de las crisis financieras anteriores parecen ser enormes y perdurables, a menudo superiores al 10% del PIB anterior a la crisis. &iquest;Cu&aacute;les son los costos de la crisis actual?</p>     <p>En la interpretaci&oacute;n fiscal m&aacute;s estrecha, el costo de la crisis equivaldr&iacute;a a la transferencia de riqueza del gobierno a los bancos como resultado de la operaci&oacute;n de salvamento. Francamente, hay mucha incertidumbre sobre la p&eacute;rdida eventual que pueden enfrentar los gobiernos. Pero en Estados Unidos, actualmente se estima en cerca de US$100 mil millones, menos del 1% del PIB de ese pa&iacute;s. Para los contribuyentes estadounidenses estas p&eacute;rdidas son (casi exactamente) una pregunta de US$100 mil millones. En el Reino Unido, el costo directo puede ser menor de &pound;20 mil millones, algo m&aacute;s del 1% del PIB.</p>     <p>Suponiendo que una crisis sist&eacute;mica ocurre cada 20 a&ntilde;os, el reintegro de estos costos no impondr&iacute;a una carga insoportable a las finanzas de los bancos. La carga tributaria a los bancos estadounidenses ser&iacute;a menor de US$5 mil millones por a&ntilde;o y para los bancos del Reino Unido, menor de &pound;1 mil millones por a&ntilde;o<a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a>. Las ganancias totales antes de impuestos que obtuvieron los bancos de Estados Unidos y del Reino Unido en 2009 fueron de unos US$60 mil millones y unos &pound;23 mil millones respectivamente.</p>     <p>Pero casi con certeza estos costos fiscales directos subestiman el da&ntilde;o a la econom&iacute;a m&aacute;s amplia causado por la crisis: los verdaderos costos sociales de las crisis. Se esperaba que el producto mundial de 2009 fuera un 6,5% menor que su nivel contrafactual en ausencia de crisis. En el Reino Unido, la p&eacute;rdida de producto equivalente es de un 10%. En t&eacute;rminos monetarios, eso equivale a unas p&eacute;rdidas de producto de US$4 billones y de &pound;140 mil millones respectivamente.</p>     <p>Adem&aacute;s, se espera que persistan algunas de estas p&eacute;rdidas de PIB. La evidencia de las crisis anteriores sugiere que las p&eacute;rdidas de producto inducidas por la crisis son permanentes, o al menos persistentes, en su impacto sobre el nivel de producto, si no sobre su tasa de crecimiento (IMF, 2009). Si las p&eacute;rdidas de PIB son permanentes, el valor presente del costo de la crisis ser&aacute; mucho mayor que el costo actual.</p>     <p>A modo de ejemplo, el <a href="#c1">cuadro 1</a> muestra el valor presente de la p&eacute;rdida de producto en el mundo y en el Reino Unido suponiendo permanentes diferentes fracciones de la p&eacute;rdida de 2009: 100%, 50% y 25%. Tambi&eacute;n supone, en forma algo arbitraria, que el PIB futuro se descuenta a una tasa del 5% anual y que la tendencia de crecimiento del PIB es del 3%<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="c1"></a>Cuadro 1    <br> Valor presente de las p&eacute;rdidas de producto    <br> &nbsp;(Como porcentaje del PIB de 2009)</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4c1.jpg"></p>     <p>Como muestra el <a href="#c1">cuadro 1</a>, estas p&eacute;rdidas son m&uacute;ltiplos de los costos est&aacute;ticos, de una a cinco veces el PIB anual. En t&eacute;rminos monetarios, es una p&eacute;rdida de producto de US$60 a US$200 billones para la econom&iacute;a mundial y de &pound;1,8 a &pound;7,4 billones para el Reino Unido. Como observ&oacute; el f&iacute;sico Richard Feynman, que recibi&oacute; el Premio Nobel, llamar “astron&oacute;micas” a estas cifras ser&iacute;a hacer mal uso de la astronom&iacute;a: s&oacute;lo existen unos cientos de miles de millones de estrellas en la galaxia. “Econ&oacute;micas” es una mejor descripci&oacute;n.</p>     <p>Es claro que los bancos no tendr&iacute;an suficiente dinero para pagar esta factura. Suponiendo que una crisis ocurre cada 20 a&ntilde;os, el impuesto sist&eacute;mico necesario para reintegrar los costos de esta crisis ser&iacute;a mayor de US$1,5 billones por a&ntilde;o. La capitalizaci&oacute;n total de mercado de los bancos m&aacute;s grandes del mundo es hoy de apenas US$1,2 billones. La plena internalizaci&oacute;n de los costos de producto de las crisis financieras tendr&iacute;a el riesgo de que los bancos siguieran el mismo camino que los dinosaurios, y el impuesto cumplir&iacute;a el papel del meteorito.</p>     <p>Se puede argumentar con alguna raz&oacute;n que estos costos de producto exageran el da&ntilde;o que los bancos infligieron a la econom&iacute;a m&aacute;s amplia. Es cierto que otros no est&aacute;n libres de culpa por la crisis. Es probable que por cada prestamista imprudente haya un prestatario irresponsable. Si se estableciera un impuesto sist&eacute;mico, podr&iacute;a ser necesaria una medida m&aacute;s precisa de la contribuci&oacute;n espec&iacute;fica de los bancos al riesgo sist&eacute;mico.</p>     <p>Una de esas medidas la proporciona el subsidio fiscal (a menudo impl&iacute;cito) que el Estado otorg&oacute; a los bancos para salvaguardar la estabilidad. Es m&aacute;s f&aacute;cil describir esos subsidios impl&iacute;citos que medirlos. Pero una aproximaci&oacute;n bastante simple es la que proporcionan las agencias calificadoras, algunas de las cuales emiten calificaciones del cr&eacute;dito bancario “con respaldo” e “individuales”, que difieren en que incluyen la opini&oacute;n de las agencias sobre el respaldo esperado del gobierno a los bancos.</p>     <p>El <a href="#c2">cuadro 2</a> muestra la diferencia de calificaciones promedio de una muestra de bancos y empresas de construcci&oacute;n del Reino Unido y de una muestra de bancos mundiales, entre 2007 y 2009. Llaman la atenci&oacute;n dos caracter&iacute;sticas. Primera, las calificaciones individuales son significativamente inferiores a las calificaciones con respaldo, entre 1,5 y 4 puntos para la muestra de bancos del Reino Unido y del mundo. En otras palabras, las agencias de calificaci&oacute;n consideran expl&iacute;citamente el apoyo financiero del gobierno a los bancos.</p>     <p><a name="c2"></a>Cuadro 2    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Diferencia de calificaciones promedio    <br> Muestra de bancos y empresas de construcci&oacute;n</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4c2.jpg">    <br> <font size="-2">1. Todas las cifras son de fin de a&ntilde;o. 2. La muestra del Reino Unido incluye 16 bancos y empresas de construcci&oacute;n en 2007 y 2008, y 13 en 2009. La muestra del mundo incluye 26 bancos de una amplia gama de tama&ntilde;os y pa&iacute;ses en 2007, y 28 en 2008 y 2009.    <br> Fuente: Moody’s, c&aacute;lculos del Banco.</font></p>     <p>Segunda, esta diferencia de calificaciones ha aumentado para la muestra, en promedio m&aacute;s de un punto en 2007 pero m&aacute;s de tres puntos en 2009. En otras palabras, las acciones del gobierno durante la crisis elevaron el valor del respaldo del gobierno a los bancos. Esto no deber&iacute;a sorprender, dada la escala de la intervenci&oacute;n. De hecho, s&oacute;lo hay evidencia de un escalador ascendente del respaldo del Estado a los bancos que se remonta al siglo pasado (Haldane, 2009a).</p>     <p><a name="c3"></a>Cuadro 3    <br> Diferencia de calificaciones promedio    <br> Bancos y empresas de construcci&oacute;n del Reino Unido a</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4c3.jpg">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <font size="-2">a. La categor&iacute;a “grandes” incluye: HSBC, Barclays, RBS, Lloyds TSB, Alliance &amp; Leicester y Bradford &amp; Bingley (hasta 2008), y Nationwide. La categor&iacute;a “peque&ntilde;os” incluye: Chelsea, Conventry, Leeds, Principality, Skipton, West Bromwich y Yorkshire. Las calificaciones son de fin de a&ntilde;o.    <br> Fuente: Moody’s, c&aacute;lculos del Banco.</font></p>     <p>El <a href="#c3">cuadro 3</a> toma los mismos datos y divide la muestra de bancos y empresas de construcci&oacute;n del Reino Unido en entidades “grandes” y “peque&ntilde;as”. No es sorprendente que la diferencia promedio de la calificaci&oacute;n sea siempre mayor para los bancos grandes que para los peque&ntilde;os. La diferencia de la calificaci&oacute;n promedio de los bancos grandes es de hasta 5 puntos y para los bancos peque&ntilde;os de hasta 3 puntos. &Eacute;sta es una evidencia muy tangible de un segundo fen&oacute;meno recurrente en el sistema financiero: el problema de ser “demasiado grande para quebrar”.</p>     <p>Se puede dar un paso adicional y traducir estas diferencias de calificaciones promedio a un indicador monetario del subsidio fiscal impl&iacute;cito a los bancos. Esto se hace asociando las calificaciones con los rendimientos que se pagan por los bonos de los bancos<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>: y luego ponderando la diferencia de rendimientos por el valor de las obligaciones sensibles a las calificaciones<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. La cantidad de dinero resultante es una estimaci&oacute;n de la reducci&oacute;n de los costos de financiaci&oacute;n de los bancos debida al subsidio percibido del gobierno.</p>     <p>Cuadro 4 Subsidio estimado para los bancos y empresas de construcci&oacute;n    <br> Reino Unido (libras), bancos del mundo (d&oacute;lares)</p>     <p><a name="c4"><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4c4.jpg"></a></p>     <p>El <a href="#c4">cuadro 4</a> muestra el valor estimado de ese subsidio para la misma muestra de bancos del Reino Unido y del mundo, de nuevo entre 2007 y 2009. Para los bancos del Reino Unido, el subsidio anual promedio de los cinco bancos m&aacute;s grandes en estos a&ntilde;os fue de m&aacute;s de &pound;50 mil millones; una cifra casi igual a las ganancias anuales de los bancos del Reino Unido antes de la crisis. En lo m&aacute;s alto de la crisis, el subsidio fue a&uacute;n mayor. Para la muestra de bancos mundiales, el subsidio anual promedio para los cinco bancos m&aacute;s grandes fue algo menor de US$60 mil millones por a&ntilde;o. No son sumas peque&ntilde;as.</p>     <p>El <a href="#c4">cuadro 4</a> tambi&eacute;n divide los bancos y las empresas de construcci&oacute;n del Reino Unido en “las 5 m&aacute;s grandes”, “medianas” y “peque&ntilde;as”. Como se pod&iacute;a esperar, los bancos grandes absorben m&aacute;s del 90% del total del subsidio impl&iacute;cito. Con esta m&eacute;trica, el problema de ser demasiado grande para quebrar es un costo real y progresivo para los contribuyentes y una ganancia imprevista real y progresiva para los bancos. Si alguna vez fuese posible acu&ntilde;ar una moneda suficientemente grande, &eacute;stas ser&iacute;an sus dos caras.</p>     <p>Estos resultados s&oacute;lo son ilustrativos; por ejemplo, no contemplan ninguna provisi&oacute;n por los subsidios sobre dep&oacute;sitos de los particulares. No obstante, los estudios que usan m&eacute;todos diferentes encuentran subsidios de tama&ntilde;o similar. Por ejemplo, Baker y McArthur se preguntan si hay una diferencia en los costos de financiaci&oacute;n de los bancos estadounidenses que est&aacute;n en el umbral de activos de US$100 mil millones (Baker y McArthur, 2009), otra pregunta de 100 mil millones. Y encuentran un margen de costos significativo, que se ampli&oacute; durante la crisis. Calculan un subsidio anual para los 18 bancos m&aacute;s grandes de Estados Unidos de m&aacute;s de US$34 mil millones por a&ntilde;o. Si se aplica el mismo m&eacute;todo en el Reino Unido, el subsidio anual a los cinco bancos m&aacute;s grandes ser&iacute;a de unos &pound;30 mil millones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta evidencia s&oacute;lo ofrece una gu&iacute;a tosca de la escala y el costo sist&eacute;micos. Pero el panorama cualitativo que describe es claro y congruente. Primero, las medidas de los costos de la crisis, o el subsidio impl&iacute;cito del Estado, sugieren que la contaminaci&oacute;n bancaria es un problema social real y grave. Segundo, las entidades que se perciben demasiado grandes para quebrar parecen ser responsables de la mayor parte de este riesgo de contaminaci&oacute;n. El problema de pol&iacute;tica p&uacute;blica es entonces c&oacute;mo afrontar de la mejor manera estos males gemelos.</p>     <p><b>TRIBUTACI&Oacute;N Y PROHIBICI&Oacute;N</b></p>     <p>Hasta la fecha, la respuesta de pol&iacute;tica p&uacute;blica se ha centrado en el papel de la regulaci&oacute;n prudencial para afrontar estos problemas. Est&aacute;n en discusi&oacute;n unos amortiguadores de capital y de activos l&iacute;quidos m&aacute;s elevados para afrontar el primer problema. Y, para afrontar el segundo, est&aacute;n en discusi&oacute;n algunos aditamentos a estos amortiguadores de capital y de liquidez para las instituciones que plantean el mayor riesgo sist&eacute;mico (Basel Committee on Banking Supervision, 2009). En esencia, &eacute;sta es una soluci&oacute;n <i>tributaria </i>para el problema de contaminaci&oacute;n del riesgo sist&eacute;mico (Brunnermeier et al., 2009, y NYU Stern School of Business, 2009).</p>     <p>Hay un segundo enfoque. El 21 de enero de 2010, el Presidente Barack Obama propuso imponer restricciones formales a las actividades de negocios y la escala de los bancos estadounidenses. Otros han hecho propuestas complementarias a la reforma estructural de la banca (p. ej., Kay, 2009, y Kotlikoff, 2010), que implican separar las actividades bancarias, bien sea por l&iacute;neas geogr&aacute;ficas o comerciales. En esencia, &eacute;sta es la soluci&oacute;n <i>prohibitiva </i>al problema de contaminaci&oacute;n del riesgo sist&eacute;mico.</p>     <p>Esto fija el escenario para un gran debate. No es un debate nuevo. La pregunta de la tributaci&oacute;n frente a la prohibici&oacute;n ha surgido repetidamente en la econom&iacute;a de la elecci&oacute;n p&uacute;blica. Durante siglos ha sido tema central en el debate del comercio internacional sobre el uso de cuotas o subsidios. En este siglo, se ha vuelto central en el debate sobre las pol&iacute;ticas apropiadas para reducir las emisiones de carbono (Stern, 2006).</p>     <p>Al tomar estas decisiones, los economistas suelen recurrir al marco cl&aacute;sico de los bienes p&uacute;blicos de Martin Weitzman (1974), de comienzos de los setenta. En este marco, la cantidad &oacute;ptima de control de la contaminaci&oacute;n se encuentra igualando los beneficios sociales marginales y los costos privados marginales del control. Sin incertidumbre sobre los costos o los beneficios, el dise&ntilde;ador de pol&iacute;ticas ser&iacute;a indiferente entre la tributaci&oacute;n y las restricciones cuando encuentra el equilibrio entre costos y beneficios.</p>     <p>En el mundo real, hay gran incertidumbre acerca de los costos y los beneficios. El marco de Weitzman nos dice c&oacute;mo elegir entre instrumentos de control de la contaminaci&oacute;n en este ambiente. Si los beneficios sociales marginales conocidos de la elecci&oacute;n err&oacute;nea son grandes, con respecto a los costos privados en que se incurre, las restricciones cuantitativas son entonces &oacute;ptimas. &iquest;Por qu&eacute;? Porque fijan cantidades para controlar la contaminaci&oacute;n, mientras que dejar que los precios var&iacute;en no tiene grandes costos privados. Las restricciones dominan cuando la curva de beneficio social marginal es m&aacute;s pronunciada que la curva de costo privado marginal.</p>     <p>Los resultados cambian cuando la relaci&oacute;n entre costos y beneficios marginales es la opuesta. Si los costos privados de la elecci&oacute;n err&oacute;nea son altos, con respecto a los beneficios sociales conocidos, es probable que la fijaci&oacute;n de estos costos a trav&eacute;s de la tributaci&oacute;n produzca el mejor resultado de bienestar. La tributaci&oacute;n domina cuando la curva de beneficio social marginal tiene menor inclinaci&oacute;n que la curva de costo privado marginal. De modo que la elecci&oacute;n entre tributaci&oacute;n y prohibici&oacute;n para controlar la contaminaci&oacute;n es en &uacute;ltimas un asunto emp&iacute;rico.</p>     <p>Para ilustrar el marco, consideremos el curso de la regulaci&oacute;n financiera en Estados Unidos durante el siglo pasado. En muchos aspectos, los anuncios de enero recuerdan las reformas financieras que se aprobaron a finales de los a&ntilde;os veinte y comienzos de los treinta. Entonces se impusieron restricciones al tama&ntilde;o y al alcance de la banca mediante las leyes McFadden (1927) y Glass-Steagall (1933). Vista a trav&eacute;s de los lentes de Weitzman, la historia de ambas leyes da luces para el debate actual.</p>     <p>La Ley McFadden dio a los bancos autorizados para operar nacionalmente los mismos derechos a crear sucursales que a los bancos estatales dentro de cada Estado. Pero tambi&eacute;n confirm&oacute; la prohibici&oacute;n a los bancos nacionales de abrir nuevas sucursales a trav&eacute;s de las fronteras estatales que antes estaba impl&iacute;cita en la Ley Bancaria Nacional de Estados Unidos (1864). &Eacute;sta cubr&iacute;a una gran variedad de funciones bancarias, incluidas la captaci&oacute;n de dep&oacute;sitos y el corretaje.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Parece que la motivaci&oacute;n para aprobar la ley fue en parte pol&iacute;tica, reflejo del cabildeo de los bancos peque&ntilde;os amenazados por competidores m&aacute;s grandes. Pero tambi&eacute;n ten&iacute;a una dimensi&oacute;n econ&oacute;mica, controlar los peligros de la “concentraci&oacute;n excesiva del poder financiero” (Chapman y Westerfield, 1942). Por supuesto, hoy se escuchan los mismos argumentos de ser demasiado grande para quebrar, aunque entonces las preocupaciones se relacionaban con la competencia y no con la crisis. Se percib&iacute;a que la curva de beneficio social marginal de Weitzman era pronunciada, debido a la preocupaci&oacute;n por el nivel de competencia a nivel de los Estados.</p>     <p>Parece que la Ley McFadden fue muy efectiva para limitar el tama&ntilde;o de los bancos de Estados Unidos desde los a&ntilde;os treinta hasta mediados de los setenta. En ese per&iacute;odo, el tama&ntilde;o promedio de los activos de los bancos con respecto al PIB nominal fue m&aacute;s o menos constante (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>). A comienzos de los ochenta, a&uacute;n era cercano al nivel que ten&iacute;a en la &eacute;poca de la Gran Depresi&oacute;n.</p>     <p>Los a&ntilde;os ochenta marcaron una l&iacute;nea divisoria, pues se levantaron progresivamente las restricciones a la creaci&oacute;n de sucursales interestatales. Los Estados empezaron a abrir sus fronteras a las Compa&ntilde;&iacute;as de Holding Bancario (CHB) de fuera del Estado. La Ley Garn-St. Germain de 1982 permiti&oacute; que cualquier compa&ntilde;&iacute;a de holding bancario adquiriera bancos y cajas de ahorro en quiebra, independientemente de la ley del Estado. Por &uacute;ltimo, la Ley Riegle-Neal de 1994, que entr&oacute; en vigencia en 1997, elimin&oacute; las restricciones a la creaci&oacute;n de sucursales interestatales para las CHB nacionales y los bancos extranjeros.</p>     <p><a name="g1"></a>Gr&aacute;fica 1    <br> Promedio de activos/PIB bancos comerciales de Estados Unidos</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4g1.jpg">    <br> <font size="-2">a La l&iacute;nea punteada representa la Ley Gran-St. Germain de 1982, la l&iacute;nea gris representa la Ley Riegle-Neal de 1994, la l&iacute;nea negra representa la Ley Riegle-Neal que entr&oacute; en vigencia en 1997.    <br> Fuente: FDIC y [<a href="http://www.measuringworth.org" target="_blank">www.measuringworth.org</a>].</font></p>     <p>La justificaci&oacute;n de este cambio de actitud fue una imagen especular de los a&ntilde;os veinte. Los bancos grandes convencieron a los pol&iacute;ticos de los altos costos privados de las restricciones, que limitaban la eficiencia de sus ofertas al p&uacute;blico. En el marco de Weitzman, los costos privados se impusieron a los beneficios sociales. Los efectos de la eliminaci&oacute;n de las restricciones interestatales fueron dram&aacute;ticos. El tama&ntilde;o promedio de los bancos estadounidenses con respecto al PIB aument&oacute; cerca de tres veces en los &uacute;ltimos 20 a&ntilde;os (<a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a>). El ser demasiado grande para quebrar resurgi&oacute; con nuevos ropajes.</p>     <p>La Ley Bancaria de Estados Unidos (1933) fue patrocinada conjuntamente por el Senador Carter Glass y el Representante Henry Steagall, de all&iacute; su nombre “Ley Glass-Steagall”. Esta ley impidi&oacute; que los bancos comerciales realizaran muchos tipos de negocios con t&iacute;tulos, incluido el negocio principal, la suscripci&oacute;n y el pr&eacute;stamo de t&iacute;tulos. Tambi&eacute;n prohibi&oacute; la inversi&oacute;n de los bancos con captaci&oacute;n de dep&oacute;sitos. Las funciones claves de la banca comercial y de inversi&oacute;n fueron separadas efectivamente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La ley fue motivada por la preocupaci&oacute;n por la estabilidad a la luz de la Gran Depresi&oacute;n. El alza de la Bolsa de los a&ntilde;os veinte fue alimentada por el cr&eacute;dito barato de los bancos. La crisis burs&aacute;til de 1929 llev&oacute; a que muchos bancos grandes de Estados Unidos frenaran sus operaciones. En muchos de ellos, las p&eacute;rdidas netas sobre los t&iacute;tulos fueron tan grandes como las p&eacute;rdidas sobre los pr&eacute;stamos. Esas p&eacute;rdidas se transmitieron a la econom&iacute;a real a trav&eacute;s del colapso de los pr&eacute;stamos, cuyo volumen se redujo a la mitad entre 1929 y 1933.</p>     <p>Contra este tel&oacute;n de fondo econ&oacute;mico, y en medio de la animadversi&oacute;n contra los banqueros, es f&aacute;cil ver que en esa &eacute;poca se percib&iacute;a que los beneficios sociales de la separaci&oacute;n eran mucho mayores que los costos privados. Kennedy se&ntilde;al&oacute;:</p>     <blockquote>       <p>Las negociaciones de acciones que hicieron los banqueros ricos y respetados en la &eacute;poca de opulencia hoy parecen pecados mortales de la &eacute;poca de la Depresi&oacute;n. La desilusi&oacute;n con los especuladores y corredores de t&iacute;tulos se traslad&oacute; a los banqueros de inversi&oacute;n y a los banqueros comerciales; a menudo eran los mismos, y un p&uacute;blico amargado no ten&iacute;a cuidado en hacer esa fina distinci&oacute;n (Kennedy, 1973).</p> </blockquote>     <p>Glass y Steagall hicieron esa distinci&oacute;n. Y la reforzaron con la legislaci&oacute;n, firmada por el Presidente Roosevelt en junio de 1933.</p>     <p>Igual que la Ley McFadden, la Ley Glass-Steagall parece haber sido efectiva desde los a&ntilde;os treinta hasta la &uacute;ltima parte de los ochenta. Las medidas de concentraci&oacute;n del sistema bancario de Estados Unidos se mantuvieron m&aacute;s o menos constantes entre los a&ntilde;os treinta y finales de los ochenta (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>). Pero las presiones competitivas aumentaron desde finales de los setenta. La tensi&oacute;n sobre los bancos comerciales de Estados Unidos aument&oacute; con los veh&iacute;culos de pr&eacute;stamo alternativos (como los fondos mutuos y los mercados de papeles comerciales) y los bancos extranjeros. Los costos privados de las restricciones se elevaron.</p>     <p>Los legisladores respondieron. Despu&eacute;s de 1988 se permitieron filiales para negociar t&iacute;tulos dentro de las CHB, aunque a&uacute;n sujetas a l&iacute;mites estrictos. En 1999, la Ley Gramm-Leach-Bliley revoc&oacute; las restricciones de la Ley Glass-Steagall, y permiti&oacute; la combinaci&oacute;n de la banca de inversi&oacute;n y la banca comercial. Esta fue una respuesta espec&iacute;fica a los altos costos privados percibidos de las restricciones con respecto a los beneficios sociales percibidos; de nuevo, en una reversi&oacute;n del c&aacute;lculo de Weitzman de comienzos de los a&ntilde;os treinta.</p>     <p>Igual que con el tama&ntilde;o, los efectos de la liberalizaci&oacute;n sobre la concentraci&oacute;n bancaria fueron inmediatos y dram&aacute;ticos. La participaci&oacute;n de los tres bancos estadounidenses m&aacute;s grandes en el total de activos se cuadruplic&oacute;, del 10% al 40% entre 1990 y 2007 (<a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a>). Internacionalmente se observa una tendencia similar: la participaci&oacute;n de los cinco bancos m&aacute;s grandes del mundo en los activos de los mil bancos m&aacute;s grandes aument&oacute; del 8% en 1998 al doble en 2009.</p>     <p><a name="g2"></a>Gr&aacute;fica 2    <br> Concentraci&oacute;n del sistema bancario de Estados Unidos b</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4g2.jpg">    <br> <font size="-2">a La l&iacute;nea gris representa la Ley Gramm-Leach-Bliley (1999) que revoc&oacute; las restricciones de la Ley Glass-Steagal.    <br> b Los tres bancos principales por su % del total de activos del sector bancario.    <br> c Los datos incluyen &uacute;nicamente las filiales de dep&oacute;sitos asegurados de los bancos para asegurar la congruencia en el tiempo; p. ej., no se incluyen las filiales que no captan dep&oacute;sitos.    <br> Fuente: FDIC.</font></p>     <p><a name="g3"></a>Gr&aacute;fica 3    <br> Activos de las compa&ntilde;&iacute;as m&aacute;s grandes del Reino Unido con respecto al PIB (%)</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4g3.jpg"></p>     <p>Este grado de concentraci&oacute;n, combinado con el gran tama&ntilde;o de la industria bancaria con respecto al PIB, gener&oacute; un patr&oacute;n que no se refleja en otras industrias. Las firmas bancarias m&aacute;s grandes son mucho m&aacute;s grandes y crecen con mucha mayor rapidez que las firmas m&aacute;s grandes de otras industrias (<a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a>). Con la revocatoria de las leyes McFadden y Glass-Steagall, el problema de ser demasiado grande para quebrar no s&oacute;lo reto&ntilde;&oacute; sino que floreci&oacute;.</p>     <p>A la luz de la Gran Recesi&oacute;n, y de los grandes costos aparentes de ser demasiado grande para quebrar, &iquest;el c&aacute;lculo de costo-beneficio de Weitzman sugiere razones para retornar a las reformas de la Gran Depresi&oacute;n? Para determinarlo es necesario valorar los beneficios y los costos de las restricciones.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>LOS BENEFICIOS DE LA PROHIBICI&Oacute;N</b></p>     <p>Los beneficios potenciales de restringir la actividad en cualquier sistema adaptativo complejo, bien sea financiero o no financiero, se pueden agrupar a grandes rasgos en tres categor&iacute;as: modularidad robustez e incentivos. Cada una de ellas ejerce una influencia potencial importante sobre la flexibilidad sist&eacute;mica y, por tanto, sobre los beneficios sociales de las restricciones.</p>     <p><b>M<small>ODULARIDAD</small></b></p>     <p>En 1973, el economista Robert Merton, ganador del Premio Nobel, mostr&oacute; que el valor de un portafolio de opciones es al menos tan grande como el valor de una opci&oacute;n del portafolio. A primera vista, esto parece desafiar la teor&iacute;a moderna del portafolio, de la que Merton fue por supuesto uno de los principales arquitectos. &iquest;Qu&eacute; sucede con los beneficios de la diversificaci&oacute;n del portafolio?</p>     <p>La respuesta se puede encontrar en una fuente improbable: Al Qaeda. Aunque la forma organizativa exacta de Al Qaeda no se conoce con certeza, son claras dos caracter&iacute;sticas estructurales. Primera, no opera como una organizaci&oacute;n centralizada e integrada sino como una red descentralizada y flexible de peque&ntilde;as c&eacute;lulas terroristas. Segunda, como han mostrado los acontecimientos, Al Qaeda ha mostrado una gran flexibilidad sist&eacute;mica frente a los intentos continuos y repetidos de llevarla al colapso.</p>     <p>Estas dos caracter&iacute;sticas est&aacute;n ligadas estrechamente. Una serie de c&eacute;lulas descentralizadas, unidas por v&iacute;nculos flexibles, hace muy improbable infiltrar toda la red de Al Qaeda. Si se incapacita una c&eacute;lula, la probabilidad de que esto socave las operaciones de otras c&eacute;lulas es bastante reducida. Justamente por ello Al Qaeda eligi&oacute; esta forma organizativa. Al Qaeda es un excelente ejemplo de modularidad y de sus efectos sobre el fortalecimiento de la capacidad de recuperaci&oacute;n sist&eacute;mica.</p>     <p>Hay muchos ejemplos de industrias donde la modularidad de la estructura organizativa ha servido para mejorar la resiliencia sist&eacute;mica. La fabricaci&oacute;n de computadores es una de ellas. A finales de los a&ntilde;os sesenta, los computadores eran sistemas altamente integrados. Evolucionaron gradualmente hacia el sistema modular que es su quintaesencia en la actualidad, con m&oacute;dulos diferentes (la CPU, el disco duro, el teclado) que si dejan de operar se pueden remplazar sin comprometer el funcionamiento del sistema en su conjunto. Esto mejor&oacute; la resiliencia y la confiabilidad.</p>     <p>En la industria de computadores, la modularidad parece haber influido en la estructura de la industria. Desde los a&ntilde;os setenta, la industria de hardware ha pasado de una estructura altamente concentrada a una estructura mucho m&aacute;s fragmentada. En 1969, la IBM ten&iacute;a una participaci&oacute;n de mercado de m&aacute;s del 70%. En este siglo, la participaci&oacute;n de la firma de hardware m&aacute;s grande es de una tercera parte. La modularidad ha llevado a que la industria de computadores sea menos propensa a los problemas de ser “demasiado grande para quebrar”.</p>     <p>Otros ejemplos de modularidad de las estructuras organizativas incluyen: a) el manejo de incendios forestales, que normalmente implica establecer cortafuegos para controlar la difusi&oacute;n de las llamas (Carlson y Doyle, 1999); b) la administraci&oacute;n de servicios p&uacute;blicos como el acueducto, el gas y la electricidad, donde la red suele tener restricciones y latencias integradas para evitar la sobrecarga y el contagio; c) el manejo de enfermedades contagiosas, que en esta &eacute;poca a menudo implica restringir los viajes, bien sea dentro de un pa&iacute;s (como en el caso de la fiebre aftosa en el Reino Unido) o fuera de &eacute;l (como en el caso de la H5N1) (Kelling et al., 2003); d) el control de virus de computador en la red mundial, que normalmente se logra construyendo cortafuegos que restringen el acceso a los dominios locales, y e) los esfuerzos para romper el r&eacute;cord mundial de fichas de domin&oacute; tumbadas en serie, lo cual requiere agrupar las fichas en bloques discretos para minimizar el riesgo de cascadas prematuras.</p>     <p>Todos estos son ejemplos de la introducci&oacute;n de estructuras modulares para fortalecer la resiliencia del sistema. En todos estos casos se requiri&oacute; la intervenci&oacute;n pol&iacute;tica para efectuar este cambio en la estructura. El argumento para intervenir fue particularmente s&oacute;lido cuando el riesgo de difusi&oacute;n viral era agudo. En algunos casos, la intervenci&oacute;n fue posterior a situaciones espec&iacute;ficas de colapso sist&eacute;mico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La interrupci&oacute;n de la electricidad en Norteam&eacute;rica en agosto de 2003 afect&oacute; a 55 millones de personas en Estados Unidos y Canad&aacute;. Tuvo numerosos efectos secundarios adversos sobre los sistemas de alcantarillado y telefon&iacute;a, y sobre la red de transporte y suministro de combustibles. Se cree que muchas personas murieron como consecuencia de ella. Este evento llev&oacute; a la reconfiguraci&oacute;n de la red el&eacute;ctrica de Estados Unidos, con latencias integradas y controles m&aacute;s estrictos a la transmisi&oacute;n de energ&iacute;a.</p>     <p>A mediados de los ochenta, un intento de romper el r&eacute;cord mundial de fichas de domin&oacute; tumbadas en serie –en esa &eacute;poca 8.000 fichas– se tuvo que abandonar cuando el lapicero de un miembro del equipo de televisi&oacute;n ocasion&oacute; una cascada prematura de la mayor parte de las fichas. Veinte a&ntilde;os despu&eacute;s un gorri&oacute;n frustr&oacute; un intento de batir la marca mundial. Aunque el gorri&oacute;n tumb&oacute; 23.000 fichas, 750 brechas integradas evitaron el desastre sist&eacute;mico, y se estableci&oacute; un nuevo r&eacute;cord mundial de m&aacute;s de 4 millones de fichas. Nadie muri&oacute;, excepto el pobre gorri&oacute;n que (po&eacute;tica pero controversialmente) fue cazado con arco y flecha.</p>     <p>As&iacute; sucede con la banca. Tiene muchos de los ingredientes b&aacute;sicos de otras industrias en red, en particular el potencial para la difusi&oacute;n viral y el colapso sist&eacute;mico peri&oacute;dico. Para las empresas financieras que mantienen portafolios de activos hay, sin embargo, una dimensi&oacute;n adicional. Esta se puede ver en la relaci&oacute;n entre <i>diversificaci&oacute;n </i>y <i>diversidad</i> (Beale et al., 2009). Ambas tienen implicaciones muy diferentes para la flexibilidad.</p>     <p>En principio, el tama&ntilde;o y el alcance aumentan los beneficios de la diversificaci&oacute;n. Unos portafolios m&aacute;s grandes deben llevar a que los bancos sean menos propensos al riesgo idiosincr&aacute;sico de su portafolio de activos. En el l&iacute;mite, los bancos pueden erradicar totalmente el riesgo idiosincr&aacute;sico manteniendo el portafolio de mercado. El “&uacute;nico” riesgo que enfrentar&iacute;an es el riesgo agregado o sistem&aacute;tico.</p>     <p>Pero si todos los bancos est&aacute;n plenamente diversificados y mantienen el portafolio de mercado, eso significa que todos mantienen el mismo portafolio. Todos est&aacute;n sujetos a los mismos factores de riesgo sistem&aacute;tico. En otras palabras, el sistema en conjunto carece de diversidad. Si todo lo dem&aacute;s es igual, es entonces propenso al colapso general o sist&eacute;mico. La homogeneidad genera fragilidad. En el marco de Merton, la opci&oacute;n de incumplir selectivamente mediante tenencias modulares, y no integralmente mediante el portafolio de mercado, tiene valor para los inversionistas.</p>     <p>El balance exacto entre diversificaci&oacute;n y diversidad depende de la configuraci&oacute;n del balance bancario. &iquest;Qu&eacute; sugiere esto? Las <a href="#g4">gr&aacute;ficas 4</a> y <a href="#g5">5</a> representan la variabilidad del ingreso de un conjunto de 24 bancos mundiales contra el tama&ntilde;o de sus activos y un indicador de la diversidad de su modelo de negocios<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. No hay una relaci&oacute;n fuerte entre tama&ntilde;o o diversidad y volatilidad del ingreso. Pero si existe tiene pendiente positiva: el tama&ntilde;o y la diversidad aumentan la variabilidad del ingreso y no la aten&uacute;an.</p>     <p><a name="g4"></a>Gr&aacute;fica 4    <br> Tama&ntilde;o de los bancos y volatilidad</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4g4.jpg">    <br> <font size="-2">Notas: Los activos promedio se calcularon para 24 bancos entre 2006 y 2008. La volatilidad del ingreso se mide como la desviaci&oacute;n est&aacute;ndar del ingreso operativo (por activo) en el per&iacute;odo 1997-2008.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Fuente: Bankscope, cuentas publicadas y c&aacute;lculos del Banco.</font></p>     <p><a name="g5"></a>Gr&aacute;fica 5    <br> Diversificaci&oacute;n de los bancos y volatilidad</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4g5.jpg">    <br> <font size="-2">Notas: Diversificaci&oacute;n y volatilidad del ingreso antes de la crisis de una muestra de 25 bancos. El &iacute;ndice de diversificaci&oacute;n se basa en la concentraci&oacute;n del ingreso, como se describe en el texto.    <br> Fuente: Bankscope, cuentas publicadas y c&aacute;lculos del Banco.</font></p>     <p>Las <a href="#g6">gr&aacute;ficas 6</a> y <a href="#g7">7</a> muestran la experiencia de los bancos durante la crisis. Representan el tama&ntilde;o y la diversidad contra la p&eacute;rdida de valor de los bancos (por unidad de activos). De nuevo, estas relaciones tienen pendiente positiva: los bancos m&aacute;s grandes y m&aacute;s diversificados sufren p&eacute;rdidas proporcionalmente mayores. Esto es congruente con la evidencia de los estudios econom&eacute;tricos de los conglomerados bancarios, que encuentran que los bancos m&aacute;s grandes presentan mayor riesgo debido a la mayor volatilidad de los activos y de las actividades (De Nicol&ograve;, 2000).</p>     <p><a name="g6"></a>Gr&aacute;fica 6    <br> Tama&ntilde;o de los bancos y p&eacute;rdidas de valor</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4g6.jpg">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <font size="-2">Notas: Activos totales de una muestra de 21 bancos. Se muestran las p&eacute;rdidas acumuladas en el curso de la crisis (del cuarto trimestre de 2007 al tercer trimestre de 2009).    <br> Fuente: Bankscope, cuentas publicadas y c&aacute;lculos del Banco.</font></p>     <p><a name="g7"></a>Gr&aacute;fica 7    <br> Diversificaci&oacute;n de los bancos y p&eacute;rdidas de valor</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a4g7.jpg">    <br> <font size="-2">Notas: Muestra de 21 bancos. Se muestran las p&eacute;rdidas acumuladas en el curso de la crisis (del cuarto trimestre de 2007 al tercer trimestre de 2009).    <br> Fuente: Bankscope, cuentas publicadas y c&aacute;lculos del Banco.</font></p>     <p>Esta evidencia s&oacute;lo es ilustrativa. Pero sugiere que, en el forcejeo entre diversificaci&oacute;n y diversidad, &eacute;sta &uacute;ltima parece ganar la mano. No parece obvio que una banca m&aacute;s grande y m&aacute;s amplia haya sido mejor, al menos en t&eacute;rminos del riesgo. En la banca, tal como en muchas cosas, Merton puede haber tenido raz&oacute;n.</p>     <p><b>R<small>OBUSTEZ</small></b></p>     <p>El resultado de Merton es v&aacute;lido en un mundo en el que los inversionistas forman sus juicios con base en el conocimiento de la distribuci&oacute;n del riesgo. Pero en sistemas din&aacute;micos complejos, la distribuci&oacute;n del riesgo puede tener crestas, no ser lineal y estar sujeta a puntos de vuelco y discontinuidades (Haldane, 2009b). En vista de ello, la distribuci&oacute;n de los resultados del sistema financiero en su conjunto bien puede ser incalculable. El sistema financiero puede operar en un ambiente de incertidumbre, en el sentido de Knight, es decir, diferente del riesgo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Existen muchos trabajos acerca de c&oacute;mo regular mejor los sistemas para enfrentar la incertidumbre de Knight (ver, p. ej., Aikman et al., 2010). Esta sugiere algunas gu&iacute;as para la regulaci&oacute;n de los sistemas financieros. Primera, debe ser simple. El control complejo de un sistema complejo es una receta para la confusi&oacute;n, en el mejor de los casos, y para la cat&aacute;strofe, en el peor. El control complejo se suma, y no se resta, al problema de la incertidumbre de Knight. La constituci&oacute;n de Estados Unidos tiene cuatro p&aacute;ginas. El proyecto de ley Dodd sobre la reforma del sector financiero propuesto recientemente tiene 1.336 p&aacute;ginas. Imaginen cu&aacute;l tendr&aacute; un impacto m&aacute;s duradero sobre el comportamiento.</p>     <p>Segunda, para enfrentar la incertidumbre, el mejor enfoque suele ser elegir una estrategia que evite las colas extremas de la distribuci&oacute;n. T&eacute;cnicamente, los economistas la llaman estrategia “minimax”: minimizar la probabilidad del peor resultado. La paranoia puede ser a veces una estrategia &oacute;ptima. &Eacute;ste es un principio que los ingenieros se tomaron a pecho hace una generaci&oacute;n. Es especialmente evidente en la industria aeron&aacute;utica, donde los desastres a&eacute;reos y espaciales actuaron como se&ntilde;ales para “minimax” el redise&ntilde;o de aviones y naves espaciales.</p>     <p>Tercera, muy simple, las estrategias que minimizan las p&eacute;rdidas a menudo se logran de mejor manera a trav&eacute;s de lo que los economistas llaman “dise&ntilde;o de mecanismos”, y que quienes no son economistas llaman “reforma estructural”. En esencia, esto significa actuar sobre la forma organizativa b&aacute;sica del sistema y no a trav&eacute;s de la operaci&oacute;n de quienes participan dentro de ella. Seg&uacute;n las palabras del economista John Kay (2009), se trata de regular la estructura y no el comportamiento.</p>     <p>En conjunto, estas tres caracter&iacute;sticas definen un r&eacute;gimen de regulaci&oacute;n “robusto”; robusto con respecto a las incertidumbres de dentro y fuera del sistema. Con estos criterios de robustez se puede determinar si las restricciones son preferibles a la tributaci&oacute;n para afrontar la contaminaci&oacute;n bancaria. Para ilustrarlo, comparemos la experiencia de la regulaci&oacute;n de la Ley Glass-Steagall (enfoque de restricciones) y de Basilea II (enfoque tributario).</p>     <p>La Ley Glass-Steagall era simple en sus objetivos y en su ejecuci&oacute;n. En s&iacute; misma s&oacute;lo ten&iacute;a 17 p&aacute;ginas. Sus metas fueron moldeadas por un evento de cola extrema (la Gran Depresi&oacute;n) y eran expl&iacute;citamente minimax (evitar una repetici&oacute;n). La ley intent&oacute; lograrlas actuando directamente sobre la estructura del sistema financiero, aislando las actividades de banca comercial y de corretaje mediante una regulaci&oacute;n de l&iacute;nea roja. En otras palabras, la Ley Glass-Steagall satisfac&iacute;a los tres criterios de robustez. Y as&iacute; lo comprob&oacute;, perdurando m&aacute;s de medio siglo sin un evento sist&eacute;mico significativo en Estados Unidos.</p>     <p>El contraste con Basilea II es impresionante. Era todo menos simple, cubr&iacute;a miles de p&aacute;ginas y se necesitaron 15 a&ntilde;os para terminarla. Fue calibrada en su mayor parte con datos de la Gran Moderaci&oacute;n, un per&iacute;odo caracterizado por la ausencia de eventos de cola; m&aacute;s minimin que minimax. Basilea II se bas&oacute; en un complejo men&uacute; de ponderaciones de riesgo de capital. Era una regulaci&oacute;n de l&iacute;nea fina, no de l&iacute;nea roja. En suma, Basilea II no satisfizo todos los criterios de robustez. Y as&iacute; lo comprob&oacute;, aplastada por la crisis reciente poco despu&eacute;s de haberse acogido.</p>     <p><b>I<small>NCENTIVOS</small></b></p>     <p>En algunos sistemas, el riesgo de cola es determinado por Dios; en la jerga de los economistas, es ex&oacute;geno. Desastres naturales como los terremotos y las inundaciones son ejemplos de ese riesgo de cola. Aunque ex&oacute;genos, se ha demostrado que estos eventos ocurren con m&aacute;s frecuencia de la que implicar&iacute;a una distribuci&oacute;n normal (Korup y Clague, 2009). La distribuci&oacute;n de Dios tiene colas gruesas.</p>     <p>En los sistemas financieros, el riesgo de cola no es determinado por Dios sino por el hombre; no es ex&oacute;geno sino end&oacute;geno. Esto tiene importantes implicaciones para el control regulatorio. La teor&iacute;a de las finanzas nos dice que el riesgo produce rendimientos. De modo que en el sistema financiero hay incentivos naturales para generar riesgo de cola y evitar el control regulatorio. En el curso de esta crisis fueron legi&oacute;n los ejemplos de esa caza de riesgos y de arbitraje regulatorio. Incluyeron la escalada del apalancamiento, el aumento de los portafolios de valores negociables y el dise&ntilde;o de instrumentos financieros de cola gruesa<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>.</p>     <p>La endogeneidad del riesgo de cola en la banca plantea un dilema para la regulaci&oacute;n. Dejar de lado la incertidumbre supone que el dise&ntilde;ador de pol&iacute;ticas calibra perfectamente el riesgo de cola del sistema en el d&iacute;a de hoy y el capital necesario para asegurarse contra ese riesgo. Evocando la canci&oacute;n de Madness de 1979, los bancos tendr&iacute;an entonces incentivos para situarse “Un paso adelante” del amortiguador regulatorio para cosechar los mayores rendimientos provenientes de asumir el riesgo de cola. Act&uacute;an as&iacute; con un conocimiento seguro de que el Estado asumir&aacute; parte de este riesgo si se materializa. El riesgo de cola aumentar&iacute;a hasta agotar los recursos disponibles. Innumerables crisis dan testimonio de esta din&aacute;mica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta din&aacute;mica significa que es peligroso creer que hay un n&uacute;mero m&aacute;gico de relaciones regulatorias suficiente para asegurarse contra el riesgo de cola en todos los estados del mundo. Debido a que el riesgo de cola es creado y no un don de Dios, es posible que calibrar una relaci&oacute;n de capital para todas las estaciones sea, literalmente, un sinsentido: sea cual fuere el punto regulatorio &oacute;ptimo en el d&iacute;a de hoy, los incentivos al riesgo significan que es seguro que el de ma&ntilde;ana ser&aacute; diferente.</p>     <p>En respuesta, algunos economistas han propuesto soluciones de esquina al problema del riesgo sist&eacute;mico; en realidad, un redise&ntilde;o estructural radical. Empezando por Irving Fisher en los a&ntilde;os treinta, algunos han propuesto bancos estrictos con una proporci&oacute;n de activos l&iacute;quidos del 100% para proteger los servicios de liquidez que prestan los bancos (Kay, 2009). Otros han propuesto bancos de fondos mutuos con una relaci&oacute;n de capital del 100% para salvaguardar la solvencia de los bancos (Kotlikoff, 2010). Estas soluciones limitantes son una prueba de los incentivos al riesgo. El &uacute;nico escondite seguro y garantizado para el dise&ntilde;ador de pol&iacute;ticas que teme el riesgo es la esquina.</p>     <p>Una cr&iacute;tica a estas propuestas es que podr&iacute;an elevar significativamente el costo de capital para los bancos y, por tanto, para la econom&iacute;a real. Por ejemplo, una relaci&oacute;n de capital del 100% podr&iacute;a llevar a que el costo de capital para la econom&iacute;a en general se disparara debido a la prima que se cobra por el capital propio frente a la deuda financiera. Este mismo argumento se escucha con frecuencia en los debates acerca de aumentos m&aacute;s modestos de la relaci&oacute;n de capital de los bancos. Pero hay buenos contraargumentos que tambi&eacute;n se deben sopesar.</p>     <p>Si se redujera el riesgo, unos mayores niveles de capital deber&iacute;an reducir el costo de la deuda financiera de los bancos. De hecho, Modigliani y Miller (1958) mostraron que en un mundo sin fricciones este efecto compensar&iacute;a totalmente el mayor costo del capital, sin modificar el costo total del capital para los bancos (ver tambi&eacute;n Miles, 2009). En otras palabras, el costo de capital para un banco puede no ser afectado por su estructura de capital, al menos cuando las distorsiones de la econom&iacute;a son peque&ntilde;as. Aunque sean grandes, es posible alguna compensaci&oacute;n de los costos de la deuda.</p>     <p>Es posible dar un paso adicional y argumentar que unas relaciones de capital m&aacute;s altas pueden <i>reducir</i> potencialmente el costo de capital de los bancos. El tama&ntilde;o de la prima que exigen los tenedores de capital es un viejo enigma en finanzas: el enigma de la prima del capital (Mehra y Prescott, 1985). Robert Barro (2006) sugiri&oacute; que este enigma pod&iacute;a ser explicado por el temor a los eventos de cola extrema. &iquest;Y cu&aacute;l ha sido hist&oacute;ricamente la mayor causa individual de esos eventos de cola? Las crisis bancarias. La elevaci&oacute;n del capital de los bancos atenuar&iacute;a la incidencia de las crisis. Si redujese la prima del capital, como sugiere Barro, el costo de capital de la econom&iacute;a podr&iacute;a disminuir realmente.</p>     <p><b>LOS COSTOS DE LA PROHIBICI&Oacute;N</b></p>     <p>Pasando al otro lado de la ecuaci&oacute;n, &iquest;qu&eacute; nos dice la evidencia existente sobre los costos de las restricciones para los bancos, bien sea sobre la escala o el alcance de sus actividades? En el marco de Weitzman, &iquest;qu&eacute; tan significativos son los costos privados de las restricciones? Por fortuna, existe una literatura emp&iacute;rica razonablemente amplia sobre las econom&iacute;as de escala y de alcance de la banca.</p>     <p><b>E<small>CONOM&Iacute;AS DE ESCALA</small></b></p>     <p>La literatura sobre las econom&iacute;as de <i>escala</i> tiende a considerar la eficiencia transversal de los bancos de diferente tama&ntilde;o o las series de tiempo de la eficiencia de los bancos en caso de una fusi&oacute;n. Como suele ocurrir, ambos caminos llegan al mismo sitio. Las econom&iacute;as de escala parecen operar en bancos que tienen activos menores, quiz&aacute; mucho menores, de US$100 mil millones. Pero existe evidencia de <i>deseconom&iacute;as</i> de escala por encima de ese umbral. La curva de costo privado marginal de Weitzman tiene forma de U (Santomero y Eckles, 2000). La experiencia de Estados Unidos despu&eacute;s de la Ley McFadden sugiere que el tama&ntilde;o de la banca puede traer beneficios. De 9.000 bancos estadounidenses que quebraron durante la Gran Depresi&oacute;n, la mayor&iacute;a eran bancos sin sucursales. Friedman y Schwarz (1963) culpan a la ausencia de sucursales bancarias por la alta tasa de quiebras en los bancos de ese pa&iacute;s. Los costos de la limitaci&oacute;n para abrir sucursales tambi&eacute;n se manifestaron mucho despu&eacute;s de la Gran Depresi&oacute;n en unos altos costos de prestaci&oacute;n de los servicios bancarios, en particular para las grandes compa&ntilde;&iacute;as que recurr&iacute;an a sindicatos de pr&eacute;stamos para financiar inversiones de gran escala (Calomiris y Hubbard, 1995).</p>     <p>La experiencia de Estados Unidos despu&eacute;s de la Ley McFadden concuerda con la evidencia de otros pa&iacute;ses, en particular de los pa&iacute;ses en desarrollo. Por ejemplo, con datos de 107 pa&iacute;ses, Barth et al. (2004) evaluaron los efectos de las restricciones sobre la eficiencia y la estabilidad del sistema financiero. Y encontraron evidencia de que las restricciones las deterioran, en particular las barreras a la entrada de bancos extranjeros.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&iquest;Esos argumentos encuentran eco en los sistemas bancarios de los pa&iacute;ses desarrollados? Dos estudios exhaustivos de mediados de los noventa encontraron que las econom&iacute;as de escala de la banca se agotan a niveles de activos relativamente modestos, quiz&aacute; entre US$5 y US$10 mil millones (Saunders, 1996, y Berger y Mester, 1997). Una revisi&oacute;n m&aacute;s reciente de estudios sobre Estados Unidos y Europa encuentra evidencia de un umbral de activos similar (Amel et al., 2004). Aun despu&eacute;s de hacer una provisi&oacute;n para la inflaci&oacute;n del balance subsiguiente, esta evidencia implica que las econom&iacute;as de escala de la banca pueden cesar a un nivel de activos de dos d&iacute;gitos de miles de millones.</p>     <p>La evidencia de las fusiones bancarias no es m&aacute;s alentadora. No hay evidencia s&oacute;lida de que la eficiencia bancaria aumente despu&eacute;s de una fusi&oacute;n o una adquisici&oacute;n<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Y hay poca evidencia que sugiera que la fusi&oacute;n de varias actividades cree valor econ&oacute;mico (p. ej., De Long, 2001). En cambio, concuerda con la experiencia de la crisis reciente. De las fusiones y adquisiciones bancarias que han ocurrido recientemente, la mayor&iacute;a ha resultado en que la firma fusionada tenga un desempe&ntilde;o deficiente en el mercado en el per&iacute;odo subsiguiente. Por supuesto, todos los estudios econom&eacute;tricos tienen limitaciones, de modo que estos resultados no cierran la discusi&oacute;n. No obstante, la uniformidad de la evidencia es impresionante.</p>     <p><b>E<small>CONOM&Iacute;AS DE ALCANCE</small></b></p>     <p>Pasando de las econom&iacute;as de escala a las econom&iacute;as de <i>alcance</i>, el panorama no es muy diferente. La evidencia de las compa&ntilde;&iacute;as estadounidenses de holding bancario sugiere que las ganancias de la diversificaci&oacute;n de m&uacute;ltiples l&iacute;neas de negocios pueden ser m&aacute;s que contrabalanceadas por el aumento de la exposici&oacute;n a actividades que generan ingreso vol&aacute;til, como la intermediaci&oacute;n (Stiroh y Rumble, 2006). Esto se refleja en la evidencia de las <a href="#g4">gr&aacute;ficas 4</a> y <a href="#g5">5</a> y de la Gran Depresi&oacute;n. A nivel internacional, un estudio reciente de m&aacute;s de 800 bancos de 43 pa&iacute;ses encontr&oacute; un “descuento” de conglomerado en los precios del capital<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>. En otras palabras, que el mercado asignaba un valor m&aacute;s bajo al conglomerado que a la suma de sus partes, lo que es congruente con la percepci&oacute;n de Merton de 1973. Esta es una evidencia de las deseconom&iacute;as de alcance en la banca.</p>     <p>A primera vista, estas conclusiones son un enigma. La causa m&aacute;s probable fue articulada por Austin Robinson en los a&ntilde;os treinta: “la mente y la memoria del hombre son esencialmente factores limitados [...] Todo incremento del tama&ntilde;o m&aacute;s all&aacute; de cierto punto debe involucrar un alargamiento de la cadena de autoridad [...] en alg&uacute;n punto los costos crecientes de la coordinaci&oacute;n deben ser mayores que las econom&iacute;as decrecientes” (Robinson, 1934). La teor&iacute;a de las organizaciones basada en el “espectro de control”, de Oliver Williamson, dio rigor a esta intuici&oacute;n treinta a&ntilde;os despu&eacute;s.</p>     <p>La esencia de estos argumentos es que los l&iacute;mites al tama&ntilde;o &oacute;ptimo y al alcance de las firmas pueden ser neurol&oacute;gicos tanto como tecnol&oacute;gicos. El n&uacute;mero de sinapsis puede ser m&aacute;s importante que el n&uacute;mero de servidores. La historia de las unidades militares proporciona un buen ejemplo. En la &eacute;poca romana, el tama&ntilde;o &oacute;ptimo de una unidad militar era de 100 hombres, de ah&iacute; el centuri&oacute;n romano. &Eacute;ste era el m&aacute;ximo n&uacute;mero de hombres que un general pod&iacute;a conocer bastante bien para dirigirlos y controlarlos. La restricci&oacute;n era neurol&oacute;gica.</p>     <p>Han transcurrido dos milenios. Se han hecho avances extraordinarios en la tecnolog&iacute;a de las telecomunicaciones militares. &iquest;Y cu&aacute;l es hoy el tama&ntilde;o &oacute;ptimo de la unidad militar en el ej&eacute;rcito de Estados Unidos? Exactamente menos de 100 personas (Christakis y Fowler, 2009). Se cree que el n&uacute;mero de relaciones que los seres humanos pueden mantener es menor de 150, la llamada Ley de Dunbar (1993). Para la mayor&iacute;a de nosotros es de un solo d&iacute;gito. Ese n&uacute;mero ha sido m&aacute;s o menos igual desde el amanecer de los tiempos, a pesar del extraordinario avance de la tecnolog&iacute;a y de las redes sociales en &eacute;pocas recientes. Como observ&oacute; Nicholas Christakis, los “amigos” de Facebook no son en realidad amigos.</p>     <p>En retrospectiva, esta crisis ha proporcionado muchos ejemplos de quiebras causadas por un sentido exagerado de conocimiento y control. Los riesgos y relaciones de contrapartida superaron la capacidad de los bancos para manejarlos. Los servidores sobrepasaron a las sinapsis. Los bancos grandes crecieron hasta abarcar miles de entidades legales distintas. Cuando Lehman Brothers quebr&oacute;, ten&iacute;a casi un mill&oacute;n de contratos de derivados; el equivalente financiero de los amigos de Facebook. Sea cual sea el presupuesto para tecnolog&iacute;a, es dudoso que la mente o la memoria humana puedan enfrentar tal complejidad.</p>     <p>En s&iacute;ntesis, la escala eficiente m&aacute;xima de la banca puede ser relativamente modesta. Quiz&aacute; sea inferior a US$100 mil millones. La experiencia sugiere que existe al menos una posibilidad de deseconom&iacute;as de escala m&aacute;s all&aacute; de ese punto. El conglomerado bancario, aunque bueno en el papel, parece ser m&aacute;s ambiguo en la pr&aacute;ctica. Si &eacute;stas no son verdades inconvenientes, son al menos conjeturas sobrias. Tambi&eacute;n se oponen inc&oacute;modamente a la configuraci&oacute;n actual de la banca.</p>     <p>En 2008, 145 bancos del planeta ten&iacute;an activos superiores a US$100 mil millones, en su mayor&iacute;a bancos universales que combinan numerosas actividades de negocios. En conjunto, estas entidades manten&iacute;an el 85% de los activos de los 1.000 bancos m&aacute;s grandes del mundo clasificados por el capital de N ivel 1. Si estas entidades se pudiesen dividir f&aacute;cilmente, de modo que las consecuencias sist&eacute;micas de su quiebra fueran limitadas, las consideraciones de eficiencia quiz&aacute; se podr&iacute;an dejar de lado. O, en t&eacute;rminos de Weitzman, los beneficios sociales de la reducci&oacute;n del tama&ntilde;o de bancos ser&iacute;an bajos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero la experiencia de la crisis ha demostrado que hoy no existe el mecanismo para dividir en forma segura a estas entidades. En esta crisis, no hay ning&uacute;n ejemplo de entidades financieras que superen los US$100 mil millones que se hayan dividido sin graves externalidades sist&eacute;micas<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>. Por el contrario, las que tuvieron dificultades fueron objeto de planes de salvamento. Esas mismas 145 entidades recibieron m&aacute;s del 90% del apoyo que proporcionaron los gobiernos en el curso de la crisis.</p>     <p>A la luz de la crisis, y en el lenguaje de Weitzman, los beneficios sociales marginales de las restricciones pueden ser mayores que los costos privados marginales. La escala eficiente m&aacute;xima de la banca puede ser inferior a la escala resoluble m&aacute;xima. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, gran parte del esfuerzo de la comunidad internacional se ha dirigido a elevar la escala resoluble m&aacute;xima de los bancos; por ejemplo, a trav&eacute;s de mejores reg&iacute;menes de resoluci&oacute;n y planes de resoluci&oacute;n [<i>living wills</i>] (v er, p. ej., Tucker, 2010). De tener &eacute;xito, ese esfuerzo desplazar&iacute;a el balance del c&aacute;lculo de costo-beneficio de Weitzman en la direcci&oacute;n de bancos m&aacute;s grandes; eso podr&iacute;a ayudar a lograr la modularidad y la robustez, y a alinear los incentivos de mejor manera que las restricciones.</p>     <p>Pero si este esfuerzo no tiene &eacute;xito, la evidencia anterior y la experiencia actual plantean un gran interrogante acerca de las estructuras bancarias existentes. Contra ese tel&oacute;n de fondo, es comprensible que las restricciones a la escala y a la actividad sean parte del debate actual sobre las soluciones al problema de la contaminaci&oacute;n sist&eacute;mica. Quiz&aacute; US$100 mil millones no sean s&oacute;lo una pregunta; tambi&eacute;n pueden ser parte de la respuesta.</p>     <p><b>CONCLUSI&Oacute;N</b></p>     <p>Estamos en el inicio de un gran debate sobre la estructura futura de las finanzas, y no en el final. Algunos temen que se pierda el impulso para una reforma financiera radical. Pero las crisis econ&oacute;micas dejan cicatrices. La profunda cicatriz de esta &eacute;poca deber&iacute;a actuar como recordatorio permanente de la necesidad cr&iacute;tica de la reforma. La crisis actual ha tensado los tendones de algunos Estados hasta el l&iacute;mite. Literal y metaf&oacute;ricamente, las finanzas mundiales no se pueden permitir otra crisis.</p>     <p>La historia de la banca muestra que el riesgo se expande hasta agotar los recursos disponibles. El riesgo de cola es mayor en la banca porque es creado y no un don conferido. Por esa raz&oacute;n, es posible que ning&uacute;n volumen de capital o de liquidez pueda ser siempre suficiente. El incentivo de las ganancias puede situar el riesgo un paso adelante de la regulaci&oacute;n. Eso significa que puede ser necesario que la reforma bancaria vaya m&aacute;s all&aacute; de la regulaci&oacute;n, hasta la estructura b&aacute;sica de las finanzas, para que no corramos el riesgo de que otro gorri&oacute;n tumbe las fichas de domin&oacute;.</p>     <p>La estructura financiera actual es densa y compleja, como un bosque lluvioso tropical. Igual que los bosques lluviosos, cuando funciona bien es una fuente de riqueza. Pero, como han mostrado los hechos, es al mismo tiempo fr&aacute;gil. Los ecosistemas financieros m&aacute;s simples ofrecen la promesa de mayor robustez, con alg&uacute;n costo en riqueza. A la luz de una crisis financiera costosa, se deber&iacute;an explorar ambos ecosistemas en busca de respuestas a la pregunta de los US$100 mil millones.</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. El gravamen a los bancos de Estados Unidos que anunci&oacute; el gobierno en enero supone una p&eacute;rdida de US$100 mil millones y un reintegro en 10 a&ntilde;os y no en 20.</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Los resultados son claramente sensibles a la elecci&oacute;n de la tasa de descuento y a la tendencia de la tasa de crecimiento. Si todo lo dem&aacute;s es igual, cuanto mayor es la tasa de descuento y menor es la tendencia de la tasa de crecimiento, menores son las p&eacute;rdidas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n3" name="3">3</a>. Usando el rendimiento de fin de a&ntilde;o sobre el &iacute;ndice de bonos corporativos financieros de la gama de calificaciones.</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Por ejemplo, se excluyen los dep&oacute;sitos minoristas de los bancos pero se incluyen los pr&eacute;stamos mayoristas no garantizados.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. Para medir la diversificaci&oacute;n se construy&oacute; un &iacute;ndice de concentraci&oacute;n del ingreso de Herfindahl-Hirschman, donde una medida igual a 0 significa que el HHI es igual a 1, es decir, el ingreso se concentra &uacute;nicamente en una actividad. La concentraci&oacute;n del ingreso se calcula para tres categor&iacute;as en el &uacute;ltimo a&ntilde;o anterior a la crisis (2006): Banca minorista y comercial, Banca corporativa y de inversi&oacute;n, Manejo de activos y de riqueza.</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. Haldane (2009a) discute con mayor detalle algunas de estas estrategias y los pagos que generan.</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Por ejemplo, Berger y Humphrey (1997), basados en una revisi&oacute;n de m&aacute;s de 100 estudios.</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. Laeven y Levine (2007); para evidencia reciente de Estados Unidos, ver tambi&eacute;n Schmid y Walter (2009).</p>     <p><a href="#n9" name="9">9</a>. La FDIC dividi&oacute; a Washington Mutual, cuyos activos eran de unos US $300 mil millones, pero muchos percibieron que hab&iacute;a generado externalidades sist&eacute;micas.</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. Aikman, D. et al. “Uncertainty in Macroeconomic Policy Making: Art or Science?”, Bank of England, 22 de marzo, 2010, [<a href="http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2010/speech432.pdf" target="_blank">http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2010/speech432.pdf</a>].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996201000010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Amel, D. et al. “Consolidation and Efficiency in the Financial Sector: A Review of the International Evidence”, <i>Journal of Banking &amp; Finance</i> 28, 10, 2004, pp. 2493-2519.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996201000010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Baker, D. y T. McArthur. “The Value of the ‘Too Big to Fail’ Big Bank Subsidy”, Centre for Economic and Policy Research, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996201000010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Barro, R. J. “Rare Disasters and Asset Markets in the Twentieth Century”, <i>Quarterly Journal of Economics</i> 121, 3, 2006, pp. 823-866.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996201000010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Barth, J. R.; Jr. Caprio, y R. Levine. “Bank Supervision and Regulation: What Works Best?”, <i>Journal of Financial Intermediation</i> 13, 2, 2004, pp. 205-248.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996201000010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Basel Committee on Banking Supervision. <i>Consultative Document: Strengthening the Resilience of the Banking Sector</i>, Basel, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996201000010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Beale, N. et al. <i>Conflicts between Individual and Systemic Risk in Banking and Other Systems</i>, forthcoming, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996201000010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Berger, A. y D. Humphrey. “Efficiency of Financial Institutions: International Survey and Directions for Future Research”, <i>European Journal of Operational Research</i> 98, 1997, pp. 175-212.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996201000010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Berger, A. N. y L. J. Mester. “Inside the Black Box: What Explains Differences in the Efficiencies of Financial Institutions?”, <i>Journal of Banking &amp; Finance</i> 21, 7, 1997, pp. 895-947.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996201000010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Brunnermeier, M. et al. “The Fundamental Principles of Financial Regulation”, <i>ICMB-CEPR Geneva Report on the World Economy</i> 11, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996201000010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Calomiris, C. y G. Hubbard. “Tax Policy, Internal Finance, and Investment: Evidence from the Undistributed Profits Tax of 1936-1937”, <i>Journal of Business</i> 68, 1995, pp. 443-482.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996201000010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Carlson, J. M. y J. Doyle. “Highly Optimized Tolerance: A Mechanism for Power Laws in Designed Systems”, <i>Physical Review</i> E60, 2, 1999, pp. 1412-1427.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996201000010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Chapman, J. M. y R. B. Westerfield. <i>Branch Banking</i>, New York, Harper &amp; Brothers, 1942.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996201000010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Christakis, N. A. y J. H. Fowler. <i>Connected: The Surprising Power of Our Social Networks and How They Shape Our Lives</i>, New York, Little Brown and Company, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996201000010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. DeLong, G. L. “Stockholder Gains From Focusing Versus Diversifying Bank Mergers”, <i>Journal of Financial Economics</i> 59, 2001, pp. 221-252.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996201000010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. De Nicol&ograve;, G. “Size, Charter Value and Risk in Banking: An International Perspective”, <i>International Finance Discussion Papers</i> 689, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996201000010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Dunbar, R. I. M. “Coevolution of Neocortical Size, Group Size and Language in Humans”, <i>Behavioral and Brain Sciences</i> 16, 4, 1993, pp. 681-694.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996201000010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Freidman, M. y A. J. Schwartz. <i>A Monetary History of the United States, 1867-1960</i>, Princeton, Princeton University Press, 1963.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996201000010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Haldane, A. G. “Banking on the State”, Bank of England, 6 de noviembre, 2009a, [<a href="http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2009/speech409.pdf" target="_blank">http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2009/speech409.pdf</a>].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996201000010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Haldane, A. G. “Rethinking the Financial Network”, 28 de abril, 2009b, [<a href="http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2009/speech386.pdf" target="_blank">http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2009/speech386.pdf</a>].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996201000010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. IMF. <i>World Economic Outlook: Crisis and Recovery</i>, Washington, 2009, [<a href="http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2009/01/pdf/text.pdf" target="_blank">http://www.imf.org/external/pubs/ft/weo/2009/01/pdf/text.pdf</a>].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996201000010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Kay, J. “Narrow Banking: The Reform of Banking Regulation”, Centre for the Study of Financial Innovation, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996201000010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Kelling, M. J. et al. “Modelling Vaccination Strategies Against Foot-and-mouth Disease”, <i>Nature</i> 421, 2003, pp. 136-142.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996201000010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Kennedy, S. E. <i>The Banking Crisis of 1933</i>, Lexington, University Press of Kentucky, 1973.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996201000010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Korup, O. y J. J. Clague. “Natural Hazards, Extreme Events, and Mountain Topography”, <i>Quaternary Science Reviews</i> 28, 11-12, 2009, pp. 977-990.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996201000010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Kotlikoff, L. J. <i>Jimmy Stewart is Dead: Ending the World’s Ongoing Financial Plague with Limited Purpose Banking</i>, Hoboken, John Wiley and Sons, 2010.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996201000010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Laeven, L. y R. Levine. “Is There a Diversification Discount in Financial Conglomerates?”, <i>Journal of Financial Economics</i> 85, 2, 2007, pp. 331-367.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996201000010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Mehra, R. y E. C. Prescott. “The Equity Premium: A Puzzle”, <i>Journal of Monetary Economics</i> 15, 1985, pp. 145-161.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-5996201000010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Merton, R. C. “Theory of Rational Option Pricing”, <i>Bell Journal of Economics and Management Science</i> 4, 1, 1973, pp. 141-183.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996201000010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Miles, D. “The Future Financial Landscape”, Bank of England, diciembre de 2009, [<a href="http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2009/speech418.pdf" target="_blank">http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2009/speech418.pdf</a>].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-5996201000010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Modigliani, F. y M. Miller. “The Cost of Capital, Corporation Finance and the Theory of Investment”, <i>American Economic Review</i> 48, 3, 1 958, pp. 261-297.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996201000010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. NYU Stern School of Business. <i>Restoring Financial Stability: How to Repair a Failed System</i>, Hoboken, John Wiley &amp; Sons, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-5996201000010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Reinhart, C. M. y K. Rogoff. <i>This Time is Different: Eight Centuries of Financial Folly</i>, Princeton, Princeton University Press, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0124-5996201000010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Robinson, A. “The Problem of Management and the Size of Firms”, <i>The Economic Journal</i> 44, 174, 1934, pp. 242-257.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0124-5996201000010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Santomero, A. M. y D. L. Eckles. “The Determinants of Success in the New Financial Services Environment: Now that Firms Can Do Everything, What Should they Do and why Should Regulators Care?”, <i>Federal Reserve Bank of New York Economic Policy Review</i> 6, 4, 2000, pp. 11-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0124-5996201000010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Saunders, A. <i>Financial Institutions Management: A Modern Perspective</i>, Burr Ridge, Irwin Professional Publishing, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-5996201000010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Schmid, M. M. e I. Walter. “Do Financial Conglomerates Create or Destroy Economic Value?”, <i>Journal of Financial Intermediation</i> 18, 2, 2009, pp. 193-216.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0124-5996201000010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Stern, N. <i>Stern Review on the Economics of Climate Change</i>, 2006, [<a href="http://www.hm-treasury.gov.uk/sternreview_index.htm" target="_blank">http://www.hm-treasury.gov.uk/sternreview_index.htm</a>].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-5996201000010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Stiroh, K. y A. Rumble. “The Dark Side of Diversification: The Case of US Financial Holding Companies”, <i>Journal of Banking and Finance </i>80, 2006, pp. 2131-2161.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0124-5996201000010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>40. Tucker, P. “R esolution of Large and Complex Financial Institutions: The Big Issues”, Bank of England, marzo de 2010, [<a href="http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2010/speech431.pdf" target="_blank">http://www.bankofengland.co.uk/publications/speeches/2010/speech431.pdf</a>].&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000230&pid=S0124-5996201000010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>41. Weitzman, M. L. “Prices vs. Quantities”, <i>Review of Economic Studies</i> 41, 1974, pp. 477-491 .&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000231&pid=S0124-5996201000010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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