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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[ECONOMÍA POLÍTICA DE LA REFORMA DEL SISTEMA COLOMBIANO DE PENSIONES]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper offers a critical analysis of the arguments against the public pensions system. It shows that the defense of the fully funded system based on its solvency and its ability to automatically cope with the processes of aging society are mere fallacies. In fact, it can be shown that the pay-as-you-go and fully funded systems are equivalent, facing the same problems in the long term. Finally, projections of conventional indicators show that the cries of alarm of Fedesarrollo and BBVA have no solid foundation.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>ECONOM&Iacute;A POL&Iacute;TICA DE LA REFORMA DEL SISTEMA COLOMBIANO DE PENSIONES</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>POLITICAL ECONOMY OF THE REFORM OF THE COLOMBIAN PENSION SYSTEM</b></p>     <p>    <br>    <br></p>     <p><i>&Aacute;lvaro Mart&iacute;n Moreno R.</i>*    <br> <i>Fabio Ortiz</i>**</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>* Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, profesor asociado de la Universidad Nacional de Colombia y profesor investigador de la Universidad Externado de Colombia, Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:amoreno65@yahoo.es">amoreno65@yahoo.es</a>].</p>     <p>** Mag&iacute;ster en Matem&aacute;ticas, profesor de la Universidad Externado de Colombia y de la Universidad de los Andes, Bogot&aacute;, Colombia, [<a href="mailto:fabio.ortiz@uexternado.edu.co">fabio.ortiz@uexternado.edu.co</a>]. Fecha de recepci&oacute;n: 11 de noviembre de 2009, fecha de modificaci&oacute;n: 5 de mayo de 2010, fecha de aceptaci&oacute;n: 1.&deg; de julio de 2010.</p> <hr size="1">     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>[Palabras clave: sistema de pensiones, econom&iacute;a pol&iacute;tica; JEL: H55, E61]</p>     <p>Este trabajo presenta un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de los argumentos que se aducen contra el sistema p&uacute;blico de pensiones. Muestra que la defensa del sistema privado a partir de las virtudes y fortalezas de su solvencia y de su capacidad para hacer frente de manera autom&aacute;tica a los procesos de envejecimiento de la sociedad son simples falacias. Demuestra que el sistema <i>pay-as-you-go</i> y el de capitalizaci&oacute;n individual son equivalentes en el sentido de que enfrentan los mismos problemas en el largo plazo. Por &uacute;ltimo, con ayuda de proyecciones razonables de algunos indicadores convencionales se muestra que los gritos de alarma de los economistas de Fedesarrollo y del BBVA no tienen s&oacute;lidos fundamentos.</p>     <p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>[Keywords: pension system, political economy; JEL: H55, E61]</p>     <p>This paper offers a critical analysis of the arguments against the public pensions system. It shows that the defense of the fully funded system based on its solvency and its ability to automatically cope with the processes of aging society are mere fallacies. In fact, it can be shown that the pay-as-you-go and fully funded systems are equivalent, facing the same problems in the long term. Finally, projections of conventional indicators show that the cries of alarm of Fedesarrollo and BBVA have no solid foundation.</p> <hr size="1">     <blockquote>       <p align="right">El pasado es siempre una ideolog&iacute;a creada con un prop&oacute;sito, controlar individuos, motivar sociedades o inspirar clases. Nada se ha usado en forma tan corrupta como el concepto de pasado. El futuro de la historia y de los historiadores es limpiar la historia de la humanidad de estas visiones enga&ntilde;osas de un pasado con finalidad. La muerte del pasado puede hacer bien s&oacute;lo en la medida en que florece la historia.</p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="right">J. H. Pluma, <i>The Death of the Past</i></p>       <p align="right">Estos viejos siempre me maravillaron. &iquest;C&oacute;mo se las arreglaron para pasar entre tantos peligros, y llegar sanos y salvos a una edad tan tard&iacute;a? &iquest;C&oacute;mo no acabaron bajo un autom&oacute;vil, c&oacute;mo superaron las enfermedades mortales, c&oacute;mo evitaron una teja, una agresi&oacute;n, un choque de trenes, un naufragio, un rayo, una ca&iacute;da o un disparo de rev&oacute;lver? [...] &iexcl;Realmente a estos viejos debe protegerlos el diablo! Algunos todav&iacute;a se atreven a cruzar despacio la calle, &iquest;es que est&aacute;n locos?</p>       <p align="right">A. Campanile, <i>Opere</i><a href="#1" name="n1"><sup>1</sup></a></p> </blockquote>     <p>Las declaraciones del Director de Fedesarrollo, Roberto Steiner, sobre la insostenibilidad del sistema de pensiones revierten la t&eacute;cnica de la ret&oacute;rica reaccionaria. Como mostr&oacute; Albert Hirschman (1991), la derecha siempre se opone a cualquier programa de reforma progresista con argucias intransigentes, como las del efecto perverso, la futilidad o el peligro; hoy se aducen para promover una nueva reforma de los pilares centrales del sistema de pensiones.</p>     <p>Seg&uacute;n el director de Fedesarrollo, de mantenerse los derechos vigentes en el sistema de prima media, habr&aacute; insolvencia y no se podr&aacute;n cumplir los compromisos adquiridos (efecto perverso). Tambi&eacute;n se afirma que si no se ajustan la edad de jubilaci&oacute;n, las semanas de cotizaci&oacute;n y la tasa de remplazo, los supuestos avances institucionales logrados por la Ley 100 de 1993 se ver&aacute;n amenazados (tesis del peligro). Y se remata con la tesis de la futilidad, afirmando sin reservas que el sistema no ha reducido la inequidad en el pa&iacute;s.</p>     <p>Este trabajo intenta mostrar que gran parte de lo que se dice sobre el sistema de prima media y las bondades de la privatizaci&oacute;n de las pensiones es mera ret&oacute;rica intransigente. Aunque los reformadores dicen tener buenos argumentos y modelos poderosos que apoyan sus conclusiones y recomendaciones de pol&iacute;tica, mostraremos que la base cient&iacute;fica que las sustenta es fr&aacute;gil. Uno de los campeones de la reforma chilena reconoci&oacute; que el cambio –de un sistema p&uacute;blico a uno privado– no “intentaba incrementar la tasa de ahorro”<a href="#2" name="n2"><sup>2</sup></a>. Es curioso que los economistas colombianos sigan repitiendo con fe de carbonero todo lo contrario de lo que sostuvo el padre fundador hace varios a&ntilde;os.</p>     <p>El trabajo se divide en tres secciones. La primera presenta una visi&oacute;n cr&iacute;tica de la reforma en Colombia. En la segunda se presentan modelos que develan las tres falacias de los promotores de la privatizaci&oacute;n del sistema. La tercera analiza algunos indicadores convencionales que indican que los gritos de alarma de Fedesarrollo y del BBVA no tienen fundamentos s&oacute;lidos. De hecho, las proyecciones muestran que la carga del envejecimiento y del sistema p&uacute;blico de pensiones se reduce en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os.</p>     <p>De modo que no se requieren cambios sustanciales en el sistema de prima media, sino ajustes suaves y razonables que se deben concertar con los trabajadores. Por supuesto, quedan en entredicho las bondades del r&eacute;gimen de ahorro individual. Una opci&oacute;n ser&iacute;a montar un pilar p&uacute;blico, de cobertura universal, apoyado por pol&iacute;ticas de pleno empleo y redistribuci&oacute;n de los frutos del crecimiento de la riqueza y de la productividad hacia quienes contribuyen al sistema.</p>     <p><b>EL MITO FUNDACIONAL DE LA GRAN REFORMA PENSIONAL EN COLOMBIA: UNA VISI&Oacute;N CR&Iacute;TICA</b></p>     <p>Despu&eacute;s de la Ley 100 de 1993 se ha oficializado una historia m&iacute;tica de la “gran reforma de los noventa” (BBVA, 2009). Este mito pretende imponer la ideolog&iacute;a de un pasado con prop&oacute;sito, es decir, legitimar la visi&oacute;n enga&ntilde;osa de que todos los cambios realizados durante los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os van en la direcci&oacute;n correcta y promover nuevos ajustes param&eacute;tricos e institucionales para lograr el objetivo final: “un mejor sistema de pensiones en Colombia” (ib&iacute;d.). La reforma no se limita a eso; los enemigos del sistema p&uacute;blico no pierden oportunidad para justificar cambios dr&aacute;sticos en el r&eacute;gimen de prima media con el fin de marchitarlo y declarar su defunci&oacute;n. Las nuevas propuestas de Fedesarrollo (2009) y del BBVA (2009) tienen ese prop&oacute;sito. Los trabajos son parcializados y s&oacute;lo consideran un lado de la balanza pol&iacute;tica. En efecto, como reconocen los autores del trabajo del BBVA (2009) –funcionarios del banco espa&ntilde;ol–, los doce puntos s&oacute;lo se consultaron con el gobierno y los representantes de la industria. Los acreedores del sistema, los due&ntilde;os de los activos de los tres pilares, los trabajadores y sus organizaciones no se tomaron en cuenta.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En 1998, el gran economista norteamericano Robert Eisner dijo que era necesario salvar el sistema de seguridad social de sus salvadores. Con raz&oacute;n. A comienzos de los noventa, los economistas del establecimiento, como jinetes del Apocalipsis, anunciaron el derrumbe inminente del sistema p&uacute;blico de pensiones en Colombia, cuya crisis estructural se reflejaba en el balance financiero. El valor presente de los pasivos no concordaba con el de los aportes de los trabajadores. No dispon&iacute;an de informaci&oacute;n adecuada y sistem&aacute;tica para hacer c&aacute;lculos exactos e hicieron diversas estimaciones, cuya validez es cuestionada por la gran variaci&oacute;n de los resultados, pese a que en los estudios participaron casi siempre los mismos t&eacute;cnicos. Por ejemplo, la Comisi&oacute;n de Racionalizaci&oacute;n del Gasto (1997) calcul&oacute; que el pasivo pensional garantizado por el Estado ascend&iacute;a al 86% del PIB en 1995, un 65% del cual a cargo del ISS. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, Acosta y Borjas (2002), en un trabajo para la Misi&oacute;n Alesina, estimaron en un 40% del PIB el pasivo del Instituto de Seguros Sociales (ISS) en 1999, un c&aacute;lculo sorprendente porque el n&uacute;mero de afiliados al ISS que se us&oacute; en ambos estudios fue casi id&eacute;ntico, cerca de 2,3 millones de trabajadores.</p>     <p>La inexactitud de las estimaciones es a&uacute;n m&aacute;s grave. El estudio del BBVA dice que el pasivo pensional del sector p&uacute;blico era el 30,7% del PIB en 1992. Mientras que el de Fedesarrollo dice que la deuda pensional del ISS en valor presente neto hoy asciende al 52% del PIB. Es decir, despu&eacute;s de las reformas de 2003 y 2005, el pasivo del ISS se redujo un 13% si se toma la cifra de Comisi&oacute;n de Racionalizaci&oacute;n del Gasto, aumenta el 12% si se toma la de Acosta y Borjas, y se dispara si se le compara con la del BBVA, que incluye a todo el sector p&uacute;blico.</p>     <p>Un cient&iacute;fico dudar&iacute;a ante esas diferencias, y un economista competente recomendar&iacute;a no actuar mientras no haya cifras m&aacute;s robustas. A pesar de la poca confiabilidad de las estimaciones, los colombianos creyeron en los augures del Apocalipsis. Y los defensores de la reforma hoy recurren a argumentos contraf&aacute;cticos –es decir, contrarios a los hechos– para justificar en retrospectiva las reformas. Fedesarrollo (2009) dice: “De acuerdo al modelo DNP ension, de no haberse expedido la Ley 100 de 1993 la deuda pensional acumulada (en valor presente) ser&iacute;a del orden de 300% del PIB”. Es como decir que si Hitler hubiera muerto de gripa a los diez a&ntilde;os, no habr&iacute;a habido holocausto ni guerra mundial. Una especulaci&oacute;n que no se puede falsear ni comprobar porque no ocurri&oacute; as&iacute;<a href="#3" name="n3"><sup>3</sup></a>. Adem&aacute;s, no basta sacar de la manga una cifra alarmante, sino que es necesario defender los cambios radicales desde otras &oacute;pticas, te&oacute;ricas y emp&iacute;ricas.</p>     <p>En Am&eacute;rica Latina, la reforma de los sistemas de pensiones corresponde, en cambio, a un comportamiento de reba&ntilde;o. Chile la inici&oacute; y el Banco Mundial la aval&oacute; con supuestos fr&aacute;giles y discutibles; los dem&aacute;s pa&iacute;ses, en fila, siguiendo a sus antecesores y dejando de lado la informaci&oacute;n y los argumentos opuestos, siguieron el mismo camino. Como dice Hirshleifer:</p>     <blockquote>       <p>Cuando las personas pueden observar el comportamiento de la dem&aacute;s, suelen terminar tomando las mismas decisiones: de ah&iacute;, la conformidad localizada. Si los primeros en mover comenten errores, es probable que los seguidores imiten el error: de ah&iacute; la idiosincrasia (Hirshleifer, 1995).</p> </blockquote>     <p>Los promotores de la privatizaci&oacute;n del sistema de pensiones p&uacute;blicas aduc&iacute;an que el sistema de reparto reduc&iacute;a el ahorro nacional y con ello el ritmo de acumulaci&oacute;n y crecimiento. Tambi&eacute;n, sosten&iacute;an que los sistemas de capitalizaci&oacute;n individual eliminaban el riesgo pol&iacute;tico del incumplimiento y garantizaban mejores pensiones gracias a las mayores tasas de rendimiento de las cuentas individuales de los ahorradores. Y, quiz&aacute; lo m&aacute;s importante, afirmaban que los sistemas fondeados o de ahorro privado liberaban al Estado de las presiones fiscales de los sistemas de reparto o <i>pay-as-you-go</i> (PAYG) debidas a los cambios demogr&aacute;ficos, pues la pensi&oacute;n se ajusta autom&aacute;ticamente cuando la esperanza de vida aumenta o la tasa de natalidad de reduce.</p>     <p>Los reformadores y t&eacute;cnicos citan <i>ad nauseam</i> los trabajos de Feldstein (1974). Y pasan por alto estudios serios y rigurosos que cuestionan sus resultados, como el de Leimer y Lenoy (1982), quienes mostraron que el efecto negativo del sistema de reparto sobre el ahorro se deb&iacute;a a un grave error del algoritmo que Feldstein utiliz&oacute; para calcular la riqueza neta pensional<a href="#4" name="n4"><sup>4</sup></a>. Una vez se correg&iacute;a y se relajaban otros supuestos sobre la formaci&oacute;n de expectativas, los efectos no eran significativos, es decir, el sistema de reparto era neutral frente el ahorro. Por otra parte, las inferencias de Feldstein sobre la mayor rentabilidad de la cuenta individual frente al sistema p&uacute;blico no resisten el an&aacute;lisis detallado y riguroso de otros estudiosos.</p>     <p>Geanakoplos, Michell y Zeldes (1998) muestran que cuando las tasas de rendimiento de los fondos de capitalizaci&oacute;n individual se corrigen considerando los costos de la privatizaci&oacute;n del sistema, los costos de administraci&oacute;n y el mayor riesgo de portafolio, las tasas de rendimiento de los sistema de reparto y de capitalizaci&oacute;n individual son pr&aacute;cticamente iguales. Por su parte, Singh (1996) muestra en forma detallada que las reformas no han tenido los efectos que se supon&iacute;an con respecto a la profundizaci&oacute;n de los mercados financieros, la acumulaci&oacute;n y el crecimiento. Es entonces sorprendente la visi&oacute;n apolog&eacute;tica del libro del BBVA (2009), que elogia las maravillas del nuevo sistema colombiano sin proporcionar evidencias, con citas de algunos estudios que nada prueban. Vale la pena citar un p&aacute;rrafo del estudio para mostrar c&oacute;mo se violan otros principios establecidos con todo rigor en la teor&iacute;a de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica:</p>     <blockquote>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p>la reforma colombiana, igual que las de otros pa&iacute;ses latinoamericanos, intenta lograr al menos cinco objetivos: corregir los problemas de sostenibilidad fiscal; establecer incentivos adecuados en los mercados laborales y de ahorro; canalizar adecuadamente los ahorros hacia la estructura macroecon&oacute;mica y as&iacute; contribuir al crecimiento a largo plazo de los ingresos; establecer una relaci&oacute;n adecuada entre ingresos de la poblaci&oacute;n, tasas de contribuci&oacute;n y pensi&oacute;n; y promover una mayor participaci&oacute;n en los sistemas de pensiones buscando incorporar, en caso de fallas en los mercados, a aquellos que por su condiciones socioecon&oacute;micas no participan del mismo (BBVA, 2009).</p> </blockquote>     <p>A mediados de los cincuenta, Jan Tinbergen (1956) mostr&oacute; que para lograr varios objetivos se requiere igual n&uacute;mero de instrumentos linealmente independientes. Pero, seg&uacute;n el estudio del BBVA, es posible alcanzar cinco objetivos con un solo instrumento. El problema se agrava cuando existen costos de ajuste e incertidumbre multiplicativa, como sucede en el mundo real. Los economistas competentes dudan de que esos objetivos se puedan alcanzar con un solo instrumento.</p>     <p>La &uacute;nica meta que realmente se logr&oacute; fue reducir la deuda pensional, incumpliendo a los trabajadores. Las dem&aacute;s se sacrificaron, hasta tal punto que hoy se propone una nueva reforma estructural que reduzca las tasas de remplazo y aumente la edad de jubilaci&oacute;n. Una propuesta que no es extra&ntilde;a, pues los objetivos se enuncian en orden lexicogr&aacute;fico; lo esencial es el factor financiero y el buen desempe&ntilde;o del negocio. S&oacute;lo mencionan al final el tema central de un sistema de pensiones: cubrir a todas las personas en la vejez, independientemente de su nivel de ingresos y de las contingencias de la vida.</p>     <p>No obstante, las cifras del BBVA y de Fedesarrollo muestran que la privatizaci&oacute;n de la seguridad social y del sistema de pensiones no cumpli&oacute; las metas. La cobertura real no aument&oacute;. Es cierto que la afiliaci&oacute;n llega al 70% de la poblaci&oacute;n econ&oacute;micamente activa (PEA), pero seg&uacute;n sus estimaciones s&oacute;lo un 40% podr&aacute; obtener la pensi&oacute;n del sistema privado de las AFP<a href="#5" name="n5"><sup>5</sup></a>. Y lo peor, en el sistema de capitalizaci&oacute;n individual s&oacute;lo obtendr&aacute;n pensi&oacute;n los de altos ingresos. Lo que no es una sorpresa. La literatura te&oacute;rica muestra que los sistemas privados replican la inequidad de la distribuci&oacute;n del ingreso y no permiten que las personas m&aacute;s pobres logren el ahorro necesario para obtener la pensi&oacute;n. Esto no es producto de un mal dise&ntilde;o del sistema ni del funcionamiento imperfecto del mercado laboral, sino una caracter&iacute;stica del esquema de cuentas individuales, que sustituye el derecho a ser cobijados por el sistema de reparto p&uacute;blico por un derecho financiero definido en el mercado (Eatwell, 2003).</p>     <p>De all&iacute; que una de las propuestas bandera de los analistas financieros del BBVA sea la de las pensiones inferiores al salario m&iacute;nimo, sin actualizarlas de acuerdo con el incremento anual. Proponen, adem&aacute;s, bajar las tasas de remplazo y aumentar la edad de jubilaci&oacute;n, lo que refleja el c&aacute;lculo estrat&eacute;gico del flujo de caja del negociante del sistema y hace expl&iacute;cito el incumplimiento del sistema privado. Los trabajadores de bajos ingresos se afiliaron porque las reglas vigentes les ofrec&iacute;an una pensi&oacute;n no inferior al salario m&iacute;nimo. Hoy los analistas les dicen que as&iacute; paguen todas sus cotizaciones su pensi&oacute;n ser&aacute; menor que el m&iacute;nimo vigente. El cambio de reglas no s&oacute;lo no mejora la distribuci&oacute;n intergeneracional de la riqueza sino que perjudica ostensiblemente a los trabajadores que hicieron grandes esfuerzos para obtener una pensi&oacute;n que les permitiera llevar una vida digna despu&eacute;s de cumplir su ciclo productivo.</p>     <p>Estas propuestas no son neutrales. Se derivan de prejuicios conceptuales y pol&iacute;ticos. En primer lugar, pensar que el tema de las pensiones es puramente financiero, es decir, de descalce entre el valor presente de las cotizaciones y el de los beneficios, supone que la econom&iacute;a siempre funciona al nivel de pleno empleo y que el problema consiste en asignar eficientemente los recursos. Pero la econom&iacute;a real no funciona as&iacute;, ni en el corto ni en largo plazo. La econom&iacute;as monetarias “subutilizan recursos”, es decir, la producci&oacute;n est&aacute; restringida por la demanda efectiva y no por la oferta de recursos (Pivetti, 2006, y Cesaratto, 2007). El problema no es de escasez de ahorro, sino de un gasto aut&oacute;nomo bajo.</p>     <p>En segundo lugar, creer que el sistema p&uacute;blico de pensiones tarde o temprano caer&aacute; en la insolvencia y quebrar&aacute; patrimonialmente es un error elemental de l&oacute;gica contable. Como dice Eisner (1998), los fondos de reservas son una “entidad contable”, las cotizaciones no van a un fondo, sino que como todos los impuestos se consignan en las cuentas de la tesorer&iacute;a, as&iacute; como los cheques de pago a los pensionados son emitidos por la misma oficina. Por tanto, no es posible que el ISS quiebre mientras el Estado no quiebre, una verdad de Perogrullo. Como dice Alan Greenspan: “un gobierno no puede llegar a la insolvencia con respecto a las obligaciones denominadas en su propia moneda”<a href="#6" name="n6"><sup>6</sup></a>. Esto deja al descubierto los argumentos ideol&oacute;gicos contra el sistema p&uacute;blico de pensiones. Un gobierno siempre puede cumplir sus compromisos financieros, a condici&oacute;n de que pague sus deudas en moneda soberana; los fondos de reserva son simples mecanismos contables (Bell y Wray, 2000). Lo importante es garantizar que los trabajadores del futuro generen bienes suficientes para que los pensionados tengan un flujo de consumo acorde con su nivel hist&oacute;rico de vida (Palley, 1998; Wray, 2006, y Pivetti, 2006).</p>     <p>En Colombia, a&uacute;n no se reconoce que los problemas del sistema p&uacute;blico de reparto son resultado del abandono de las pol&iacute;ticas de pleno empleo y de crecimiento sustentado en la industrializaci&oacute;n. Desde comienzos de los noventa, se ha ignorado ol&iacute;mpicamente que una reforma pensional sostenible y equitativa exige mejorar la distribuci&oacute;n funcional del ingreso, garantizar el pleno empleo y elevar la productividad. Sin excepci&oacute;n, todos los estudios consideran ex&oacute;genas o dadas a estas variables, lo cual es incorrecto desde el punto de vista del crecimiento end&oacute;geno y de los modelos de crecimiento liderados por la demanda.</p>     <p>En tercer lugar, es un desconocimiento ingenuo de la teor&iacute;a considerar que el gasto en pensiones es improductivo<a href="#7" name="n7"><sup>7</sup></a>. Desde Keynes, los macroeconomistas calculan el multiplicador del gasto aut&oacute;nomo y el supermultiplicador de Harrod. En este componente de la demanda agregada se incluye el consumo de los pensionados. Un aumento de este rubro no s&oacute;lo induce un incremento m&aacute;s que proporcional del ingreso, siempre y cuando persista la subutilizaci&oacute;n de recursos, sino que adem&aacute;s contribuye a sostener el sistema de pensiones y a reducir la carga real de mantener a los trabajadores jubilados, pues ayuda a mantener altos niveles de empleo y permite que las empresas se beneficien de los aumentos de productividad que surgen de los rendimientos macroecon&oacute;micos crecientes<a href="#8" name="n8"><sup>8</sup></a>.</p>     <p>Por su parte, los voceros de Fedesarrollo atacan de nuevo el sistema de prima media. Ya no basta proyectar un alarmante d&eacute;ficit –que no ser&iacute;a alarmante si modificaran ligeramente los supuestos de sus c&aacute;lculos– sino que se deben denunciar los subsidios excesivos que obtendr&aacute;n los afiliados si se mantienen las reglas vigentes. El c&aacute;lculo de Fedesarrollo es un ejercicio aritm&eacute;tico trivial: comparar los beneficios pensionales con las contribuciones de los trabajadores. Ese c&aacute;lculo no s&oacute;lo refleja la falta de comprensi&oacute;n del problema sino que es un buen ejemplo de “mala econom&iacute;a” que pretende defender el inter&eacute;s p&uacute;blico con imposturas t&eacute;cnicas.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>En efecto, si las contribuciones van a la tesorer&iacute;a, como cualquier impuesto, lo apropiado es hacer el ejercicio correctamente. Primero, contabilizar todos los beneficios y contribuciones que reciben y hacen las personas al Estado, es decir, adem&aacute;s de los pagos a la seguridad social, sumar los impuestos de renta, IVA, etc., y luego, hacer lo mismo con los servicios y bienes p&uacute;blicos que se reciben: no s&oacute;lo sumar las pensiones, tambi&eacute;n la salud, la educaci&oacute;n, la seguridad, etc. Segundo, publicar y difundir los resultados. Si hicieran ese ejercicio de “buena econom&iacute;a”, es probable que los t&eacute;cnicos de Fedesarrollo se sorprendieran (Eisner, 1998). Encontrar&iacute;an que los poseedores de riqueza y capital son los que m&aacute;s se benefician de las pol&iacute;ticas del gobierno: AIS, fondos de estabilizaci&oacute;n de agrocombustibles, costosas exenciones tributarias para los empresarios nacionales y extranjeros.</p>     <p>Por &uacute;ltimo, el sistema p&uacute;blico de pensiones, PAYG, no es, como lo concibi&oacute; Samuelson (1958), un mecanismo de aseguramiento para la vejez que permite transferir consumo del presente al futuro, premiado por una supuesta tasa de rendimiento biol&oacute;gica. Muy pronto, Lerner (1959) demostr&oacute; que la visi&oacute;n de Samuelson y de la mayor parte de los analistas del sistema es un cuento de hadas y puso al descubierto los errores de esa interpretaci&oacute;n. En primer lugar, el supuesto fondo de reservas no es necesario para cumplir los compromisos adquiridos con los viejos de hoy y de ma&ntilde;ana, es una ficci&oacute;n de los contadores, que si bien es v&aacute;lida para una empresa de seguros, que debe acumular recursos para hacer frente a las contingencias de sus asegurados, no se puede extender al sistema de seguridad social del Estado. De hecho, el mecanismo de reparto es una regla pol&iacute;tica que permite transferir parte del producto de los trabajadores activos a los trabajadores jubilados. Como &eacute;l dice:</p>     <blockquote>       <p>En la econom&iacute;a pura de pr&eacute;stamos de consumo, que considera Samuelson, donde no existe inversi&oacute;n, no hay excusa, cualquiera que ella sea, para pensar que el ahorro es un mecanismo para transferir consumo a trav&eacute;s del tiempo, a una tasa artificial de inter&eacute;s que permite que el mercado libre de pr&eacute;stamos logre la distribuci&oacute;n &oacute;ptima entre j&oacute;venes y viejos. El &uacute;nico problema real desde el punto de vista social es determinar el reparto de la producci&oacute;n corriente de bienes de consumo entre los consumidores actuales de diferentes edades. Esto no se puede alcanzar nunca mediante ninguna clase de intercambio o pr&eacute;stamo, sino mediante una transferencia del consumo corriente de unos ciudadanos a otros (Lerner, 1959).</p> </blockquote>     <p>Es decir, el sistema de capitalizaci&oacute;n individual –el mecanismo privado que sustituy&oacute; a la seguridad social– tampoco garantiza que se cumplan los compromisos adquiridos con sus afiliados. La acumulaci&oacute;n de t&iacute;tulos y activos financieros que tienen en su cuenta individual son un derecho financiero que puede no hacerse efectivo en el futuro. Si los trabajadores del futuro no est&aacute;n dispuestos a aumentar su ahorro y a adquirir los activos, los jubilados tendr&aacute;n dificultades para hacer efectivo su derecho financiero de convertir papeles en bienes reales. Como dice Eisner:</p>     <blockquote>       <p>los jubilados no pueden comerse sus saldos en los fondos de la seguridad social, ni las acciones, los bonos o el dinero. En un sentido real, para la econom&iacute;a como un todo, los beneficios de los jubilados siempre se ofrecen con base en un <i>pay-as-you-go</i> (Eisner, 1998).</p> </blockquote>     <p>En otras palabras, esa es la mejor t&eacute;cnica. Por ello, el sistema adecuado para enfrentar el problema de los trabajadores jubilados y del envejecimiento de la poblaci&oacute;n es un sistema de reparto que predefina los beneficios y las contribuciones. Que haya o no un fondo de reservas carece de importancia. Forzar un super&aacute;vit podr&iacute;a tener efectos deflacionistas, aumentando el desempleo y deteriorando la sostenibilidad del sistema. Por supuesto, hay que establecer reglas de equidad en el sistema, por ejemplo, escalas de pensiones que reduzcan el monto de los m&aacute;s ricos y garanticen una pensi&oacute;n digna a los m&aacute;s pobres. Si el sistema sufre alg&uacute;n desbalance, se deber&iacute;an aumentar los impuestos a todos los agentes, con criterios de progresividad tributaria, y encaminar las pol&iacute;ticas monetarias y fiscales a lograr el pleno empleo y mejorar la distribuci&oacute;n funcional del ingreso (Pivetti, 2006; Eisner, 1998; Wray, 2006; Cesaratto, 2002, y Palley, 1998).</p>     <p><b>L A EQUIVALENCIA ENTRE EL SISTEMA DE CAPITALIZACI&Oacute;N INDIVIDUAL Y EL PAYG: FALACIAS DE LOS PRIVATIZADORES</b></p>     <p>En el pa&iacute;s, el debate sobre el sistema de pensiones y su reforma no se destaca por la profundidad y el pluralismo te&oacute;rico. Hay colusi&oacute;n entre economistas y dise&ntilde;adores de pol&iacute;tica. En los foros y publicaciones t&eacute;cnicas faltan las reflexiones rigurosas, y abundan la autorreferencia y los lugares comunes. Los escritos son tan &aacute;ridos que antes de leerlos se adivina su estructura. Lo primero es una condena de manual a los esquemas p&uacute;blicos. Luego ensalzan las virtudes de la privatizaci&oacute;n mediante cuentas de ahorro individual manejadas por corredores privados. Despu&eacute;s traen una mon&oacute;tona descripci&oacute;n de los sistemas, y terminan con c&aacute;lculos actuariales no siempre claros y transparentes, pues no sustentan en forma juiciosa los supuestos. Paul Krugman denomin&oacute; “vendedores de pol&iacute;ticas” a los economistas que simplifican los problemas, con toda la raz&oacute;n. Para vender la idea de que el sistema de capitalizaci&oacute;n individual es el mejor sistema, no s&oacute;lo se requiere el poder de la propaganda sino que adem&aacute;s es necesario presentar el problema en forma maniquea e ideol&oacute;gica.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Esta secci&oacute;n intenta mostrar que la defensa del sistema privado de ahorro individual a partir de sus virtudes y fortalezas en cuanto a su solvencia y a su capacidad para enfrentar el envejecimiento de la poblaci&oacute;n es una simple y elemental falacia. A partir de marcos contables robustos se puede demostrar que el sistema de reparto simple, PAYG, y el de capitalizaci&oacute;n individual son equivalentes, es decir, enfrentan los mismos problemas en el largo plazo. En uno y otro habr&aacute; que aumentar el ahorro o los impuestos para cubrir los beneficios de los pensionados. Esto es v&aacute;lido en una econom&iacute;a cerrada o abierta. El error proviene de una falacia de composici&oacute;n; los defensores de la privatizaci&oacute;n incurren en una falta l&oacute;gica al creer que lo que es v&aacute;lido para el individuo es v&aacute;lido para toda la econom&iacute;a.</p>     <p>El profesor Eatwell llama la atenci&oacute;n sobre tres falacias:</p>     <blockquote>       <p>1) &iquest;Pasar de un sistema p&uacute;blico de pensiones PAYG, pagado por impuestos, a un sistema de pensiones fondeado y pagado con ahorro acumulado resuelve la crisis pensional de una poblaci&oacute;n envejecida? No; 2) &iquest;El problema de las pensiones puede resolverse si las personas ahorran m&aacute;s? No; y 3) &iquest;El paso de un PAYG a un sistema fondeado y privado de pensiones evitar&aacute; la necesidad de aumentar los impuestos para pagar los compromisos con la poblaci&oacute;n vieja? No (Eatwell, 2003).</p> </blockquote>     <p>Para desarrollar nuestro argumento procedemos en forma secuencial; primero se analiza una econom&iacute;a cerrada, en varios contextos que se pueden extender a una econom&iacute;a abierta. La restricci&oacute;n agregada para cumplir los compromisos pensionales es independiente de c&oacute;mo se obtengan los recursos, es decir, la sociedad enfrenta las mismas exigencias bien sea que opte por un sistema de reparto p&uacute;blico o por uno privado de capitalizaci&oacute;n individual. Luego se extiende el modelo para mostrar que lo que busca realmente la reforma del sistema que disminuye los beneficios y eleva la edad de jubilaci&oacute;n es reducir el gasto p&uacute;blico en seguridad social para asignarlo a otras actividades: acumulaci&oacute;n de capital o seguridad democr&aacute;tica. De ning&uacute;n modo garantiza la sostenibilidad del sistema en el largo plazo.</p>     <p>Siguiendo a Eatwell (2003), suponemos una econom&iacute;a cerrada: el gobierno s&oacute;lo gasta en pensiones y la inversi&oacute;n la realizan las empresas privadas. El sistema de pensiones es de reparto simple PAYG no fondeado, que se cubre con impuestos. La tasa de ahorro es s y la tasa tributaria t, y es el PIB por trabajador, I la inversi&oacute;n, G el gasto p&uacute;blico, p la pensi&oacute;n media, N el n&uacute;mero de pensionados y W el n&uacute;mero de trabajadores empleados. Por identidad macro:</p>     <p><a name="e1"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e1.jpg"></p>     <p>Puesto que se supone que G = pN, remplazamos en <a href="#e1">[1]</a> y tenemos:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e2.jpg"></p>     <p>despejando:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="e3"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e3.jpg"></p>     <p>Diferenciando con respecto al tiempo, y expresando las variables en tasas de crecimiento en min&uacute;sculas, se obtiene:</p>     <p><a name="e4"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e4.jpg"></p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7b1.jpg"></p>     <p>Suponiendo que la participaci&oacute;n de la inversi&oacute;n en el PIB es constante, tenemos que, es decir, la inversi&oacute;n crece al mismo ritmo del PIB por trabajador. Remplazando en <a href="#e4">[4]</a> se tiene:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e5.jpg"></p>     <p>Despejando y simplificando se obtiene:</p>     <p><a name="e6"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e6.jpg"></p>     <p>La expresi&oacute;n <a href="#6">[6]</a> hace expl&iacute;cito el problema del sistema de pensiones. Si la parte de la izquierda, la tasa de crecimiento de la tasa de dependencia (pensionados/trabajadores empleados) es positiva, el balance se logra cuando se ajustan algunos o todos los t&eacute;rminos de la derecha, es decir, el sistema se puede mantener si aumenta la productividad del trabajo, se reducen los beneficios pensionales o aumentan el ahorro de los hogares o los impuestos. El gobierno puede hacer una elecci&oacute;n &oacute;ptima dependiendo de las condiciones de la econom&iacute;a. En el pa&iacute;s, las reformas han buscado reducir los beneficios y aumentar la edad de jubilaci&oacute;n, afectando la tasa de crecimiento de los pensionados. Podr&iacute;amos hacer otros ejercicios hipot&eacute;ticos adicionales pero ese no es nuestro objetivo. M&aacute;s bien pasamos a mostrar que la expresi&oacute;n [6] se mantiene id&eacute;ntica cuando se introduce un sistema de capitalizaci&oacute;n individual que complementa el de reparto simple: la hip&oacute;tesis de equivalencia (Cesaratto, 2007).</p>     <p>Ahora los trabajadores pueden elegir entre el sistema de reparto p&uacute;blico y el privado fondeado con cuentas individuales. El fondo invierte los aportes de los afiliados en activos financieros y les garantiza una tasa de rendimiento. Cuando el trabajador cumpla las condiciones de jubilaci&oacute;n podr&aacute; liquidar sus activos para comprar bienes y servicios en el mercado. Es decir, los trabajadores jubilados de los fondos desahorran. En este sentido, el pago de pensiones en el sistema de capitalizaci&oacute;n se puede representar como una simple deducci&oacute;n del ahorro nacional. Nuestra identidad para una econom&iacute;a cerrada con un sistema mixto de pensiones es entonces:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="e7"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e7.jpg"></p>     <p>donde d es la participaci&oacute;n del gasto de pensiones del sistema privado en la econom&iacute;a. Como el gasto del gobierno se sigue asignando &uacute;nicamente a las pensiones se tiene que G = (1 – d)pN, donde pN es el valor total de las pensiones. Reemplazando en <a href="#7">[7]</a> tenemos:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e8.jpg"></p>     <p>Cancelando t&eacute;rminos y ordenando:</p>     <p><a name="e9"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e9.jpg"></p>     <p>La expresi&oacute;n <a href="#e9">[9]</a> es equivalente a la ecuaci&oacute;n <a href="#e3">[3]</a>. Si la inversi&oacute;n crece a la misma tasa que el PIB por trabajador,, la ecuaci&oacute;n <a href="#e9">[9]</a> se puede escribir as&iacute; en tasas de crecimiento:</p>     <p><a name="e10"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e10.jpg"></p>     <p>Es decir, la inclusi&oacute;n del sistema privado plenamente fondeado de capitalizaci&oacute;n individual no afecta la restricci&oacute;n macroecon&oacute;mica de la econom&iacute;a. En los t&eacute;rminos lapidarios de Eatwell:</p>     <blockquote>       <p>La relaci&oacute;n fundamental entre raz&oacute;n de dependencia, crecimiento de la productividad, pensiones, tasa de ahorro y tasa de impuestos no cambia si se introduce un sistema fondeado de pensiones. Aun si todas las pensiones son totalmente fondeadas (d = 1), el crecimiento de la raz&oacute;n de dependencia en circunstancias en que las pensiones se indexan a los salarios (<img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e23.jpg" align="absmiddle">) exigir&aacute; aumentar el ahorro privado o los impuestos, o ambos. El problema de la sostenibilidad de las pensiones para enfrentar los cambios demogr&aacute;ficos nada tiene que ver con que las pensiones sean PAYG o totalmente fondeadas; d no aparece en <a href="#e10">[10]</a> (Eatwell, 2004).</p> </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Si la transici&oacute;n gradual de un sistema de reparto simple al de capitalizaci&oacute;n individual no cambia la esencia del problema a nivel agregado, cabe preguntar por qu&eacute; se quiere eliminar el sistema p&uacute;blico y alterar los par&aacute;metros definidos por la Ley 100 de 1993. La respuesta es sencilla: se busca reducir el gasto social para financiar proyectos que aseguren la acumulaci&oacute;n privada de capital, por ejemplo, subsidios de capitalizaci&oacute;n rural, fondos de estabilizaci&oacute;n de las empresas palmeras y agroindustriales o gabelas tributarias a las grandes empresas nacionales y extranjeras. El modelo se puede extender con facilidad para mostrar la pertinencia de esta hip&oacute;tesis.</p>     <p>Nuestra identidad para una econom&iacute;a cerrada con un sistema mixto de pensiones es la siguiente:</p>     <p><a name="e11"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e11.jpg"></p>     <p>donde d es la participaci&oacute;n del gasto de pensiones del sistema privado en la econom&iacute;a. El gasto del gobierno que se asigna al pago de pensiones es Gp = (1 – d)pN, donde pN es el valor total de las pensiones, y el gasto para acumulaci&oacute;n es Gx. Remplazando en <a href="#e11">[11]</a> obtenemos:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e12.jpg"></p>     <p>Cancelando y ordenando t&eacute;rminos:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e13.jpg"></p>     <p>Derivando con respecto al tiempo obtenemos:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e14.jpg"></p>     <p>Factorizando y expresando todo en tasas de crecimiento, llegamos a:</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a name="e15"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e15.jpg"></p>     <p>Simplificando y redefiniendo algunos t&eacute;rminos, <a href="#15">[15]</a> se puede escribir en tasas de crecimiento en min&uacute;sculas como:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e16.jpg"></p>     <p>donde</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e17.jpg"></p>     <p>Si la inversi&oacute;n crece a la tasa del PIB, es decir, si <img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e24.jpg" align="absmiddle">, y el gasto p&uacute;blico para acumulaci&oacute;n crece a una tasa mayor, aumentando su participaci&oacute;n en el PIB, <img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e25.jpg" align="absmiddle">, la ecuaci&oacute;n queda as&iacute;:</p>     <p><a name="e17"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e18.jpg"></p>     <p>Si el lado izquierdo de la ecuaci&oacute;n <a href="#e17">[17]</a> es positivo, para garantizar su pol&iacute;tica de favorecimiento a los ricos –&theta; &gt; 0, rentas exentas y estabilidad tributaria–, el gobierno debe modificar al menos dos par&aacute;metros: los beneficios pensionales, reduciendo la tasa de remplazo de la mesada de los jubilados y eliminando la garant&iacute;a de la pensi&oacute;n m&iacute;nima; y la edad de jubilaci&oacute;n, posponiendo el pago de la pensi&oacute;n, lo que disminuye el lado izquierdo de la ecuaci&oacute;n. Lo importante de este an&aacute;lisis es que no depende de que el sistema sea de reparto, mixto o de capitalizaci&oacute;n individual, pues a nivel agregado la restricci&oacute;n es id&eacute;ntica para el gobierno. En este sentido, el debate no se deber&iacute;a centrar en la sostenibilidad financiera de las pensiones sino en el modelo de desarrollo y la asignaci&oacute;n del gasto p&uacute;blico.</p>     <p>El an&aacute;lisis se puede extender f&aacute;cilmente a una econom&iacute;a abierta, donde una parte del pago de pensiones proviene de activos extranjeros. Las ecuaciones no cambian: la falacia de que la privatizaci&oacute;n resuelve las presiones fiscales y la carga de la crisis del sistema por el envejecimiento de la poblaci&oacute;n queda en evidencia<a href="#9" name="n9"><sup>9</sup></a>.</p>     <p><b>UN EJERCICIO PROSPECTIVO: A PROP&Oacute;SITO DE LA CARGA REAL DEL SISTEMA P&Uacute;BLICO DE PENSIONES EN COLOMBIA</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Uno de los temas que caldean los debates sobre la reforma de la seguridad social es el de los costos y las cargas por las obligaciones financieras del pago de las pensiones p&uacute;blicas que garantiza el Estado. Aunque la manera de presentar el problema no siempre es clara, como ilustra la siguiente afirmaci&oacute;n: “El sistema pensional de los docentes obviamente ha impuesto una enorme deuda sobre la econom&iacute;a colombiana” (Borjas y Acosta, 2002). Una frase de oscuro significado.</p>     <p>Se puede conjeturar que los autores piensan que la monumental deuda del Estado con los maestros desplaza a la inversi&oacute;n y frena el crecimiento econ&oacute;mico. Aunque guardan silencio al respecto y nada hacen para fundamentar su afirmaci&oacute;n. Sea lo que fuere, desde la &oacute;ptica convencional o postkeynesiana se puede desmontar esa afirmaci&oacute;n. Todo estudioso de la macroeconom&iacute;a moderna sabe que si se cumple la equivalencia ricardiana, la manera de financiar el d&eacute;ficit fiscal es neutral con respecto a las variables reales, es decir, si los agentes anticipan los impuestos futuros y compensan el desbalance del gobierno, el consumo, la inversi&oacute;n, el empleo, la tasa de inter&eacute;s real, el ingreso y el bienestar no se ver&aacute;n afectados.</p>     <p>Por otra parte, si la econom&iacute;a est&aacute; restringida por la demanda, el mayor gasto de los pensionados puede tener efectos positivos. Puesto que estos tienen una propensi&oacute;n a consumir mayor que la de los dem&aacute;s agentes, una redistribuci&oacute;n en su favor podr&iacute;a aumentar el gasto aut&oacute;nomo agregado, y con ello elevar el ingreso, el empleo y la productividad. En contra del pensamiento prekeynesiano, en vez de reducir la inversi&oacute;n, la aumenta, bien sea por el impacto sobre el uso de la capacidad instalada o por los mejores perfiles esperados de rentabilidad del capital. Pero esto es s&oacute;lo una parte. Con mayores niveles de empleo y de productividad, la carga pensional para los trabajadores activos se reduce. Y todo ello porque operan de manera eficaz el multiplicador keynesiano y el acelerador de la inversi&oacute;n.</p>     <p>En este marco, los c&aacute;lculos actuariales y financieros de los pasivos pensionales no son un indicador adecuado de las presiones que un mayor n&uacute;mero de pensionados impone a la econom&iacute;a. Como hemos argumentado, el problema no es financiero. Un gobierno con moneda soberana siempre puede cumplir los compromisos denominados en su propia moneda. El problema es real, lo que se debe analizar es si la econom&iacute;a podr&aacute; generar los bienes y servicios presentes y futuros necesarios para mantener a los trabajadores activos y a los jubilados que pagaron por recibir la pensi&oacute;n.</p>     <p>De acuerdo con Palley (1998), se pueden construir indicadores “reales” para examinar la carga del envejecimiento sobre los trabajadores activos. Por lo general dos: la raz&oacute;n de dependencia de los trabajadores retirados, igual al n&uacute;mero de personas mayores de 64 a&ntilde;os como proporci&oacute;n de los trabajadores; y la raz&oacute;n de dependencia econ&oacute;mica, el n&uacute;mero de personas econ&oacute;micamente inactivas (viejos, ni&ntilde;os, desempleados y personas en edad de trabajar no activas) como proporci&oacute;n de los trabajadores activos.</p>     <p>La <a href="#g1">gr&aacute;fica 1</a> muestra dos escenarios de la raz&oacute;n de dependencia de los trabajadores jubilados, que aqu&iacute; se toman como personas mayores de 64 a&ntilde;os. El escenario 1 supone una tasa de crecimiento de la TGP del 4% cada cinco a&ntilde;os y una pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica conservadora, es decir, las autoridades monetarias y fiscales defienden la tasa de desempleo que no acelera la inflaci&oacute;n y consideran que es de un 12%, de modo que si bien logran reducir la inflaci&oacute;n a un 3% o un 4% entre 2010 y 2050, mantienen una tasa de desempleo de dos d&iacute;gitos. El escenario 2 supone una pol&iacute;tica progresista, no se cree que haya una tasa “natural de desempleo”, sino que se busca reducir en forma progresiva el desempleo hasta el 5% de la PEA en 2050. La tasa de participaci&oacute;n laboral crece al 5%. Las cifras de poblaci&oacute;n y las proyecciones son del CELADE;las tasas de empleo, desempleo, participaci&oacute;n y PEA son del DANE y de GRECO.</p>     <p>En ambos escenarios la raz&oacute;n de dependencia de los adultos mayores crece en forma sostenida entre 2005 y 2050, de 0,12 a 0,26 en el escenario 1 y de 0,12 a 0,22 en el escenario 2, con tasas acumuladas del 120% y del 96% respectivamente. As&iacute;, en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os habr&aacute; grandes exigencias econ&oacute;micas para los trabajadores activos, pues tendr&aacute;n que hacer mayores esfuerzos para mantener a una poblaci&oacute;n cada vez m&aacute;s vieja y retirada de la actividad productiva.</p>     <p><a name="g1"></a>Gr&aacute;fica 1    <br> Raz&oacute;n de dependencia de los trabajadores jubilados</p>     <p><b>&nbsp;<img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7g1.jpg"></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Una manera diferente y m&aacute;s integral de ver el problema de la presi&oacute;n demogr&aacute;fica sobre los trabajadores activos es analizar el indicador de la raz&oacute;n de dependencia econ&oacute;mica, en cuyo c&aacute;lculo no s&oacute;lo se incluyen los adultos mayores, sino tambi&eacute;n los ni&ntilde;os y la poblaci&oacute;n inactiva. En nuestro an&aacute;lisis consideramos los mismos escenarios anteriores. La <a href="#g2">gr&aacute;fica 2</a> muestra su evoluci&oacute;n.</p>     <p><a name="g2"></a>Gr&aacute;fica 2    <br> Raz&oacute;n de dependencia econ&oacute;mica</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7g2.jpg"></p>     <p>Desde esta perspectiva m&aacute;s amplia, las cosas no son tan dram&aacute;ticas; el futuro es menos oscuro de lo que auguran las historias del apocalipsis demogr&aacute;fico y pensional. A&uacute;n m&aacute;s, una pol&iacute;tica macroecon&oacute;mica progresista que procure el pleno empleo no s&oacute;lo reducir&iacute;a la pobreza y mejorar&iacute;a la gobernabilidad sino que reducir&iacute;a la carga de los trabajadores del futuro, como muestra el escenario 2. En efecto, mientras que con la pol&iacute;tica conservadora, la raz&oacute;n de dependencia econ&oacute;mica baja de 1,59 a 0,7, cuando las autoridades promueven la demanda efectiva y buscan tasas de desempleo cercanas al 5% baja de 1,59 a 0,54. Terminemos esta parte citando a Palley:</p>     <blockquote>       <p>La raz&oacute;n de dependencia econ&oacute;mica ofrece una medida verdadera de la carga que la poblaci&oacute;n no activa impone a las sociedad. Para la sociedad en conjunto, esta carga viene cayendo. Pero esto no significa que ocurra lo mismo para el trabajador individual. Si el trabajador participa de los frutos del progreso t&eacute;cnico a trav&eacute;s de mayores salarios reales, cada trabajador actual es un trabajador efectivo, y la carga que recae sobre &eacute;l disminuye. Si los salarios no crecen, la carga del creciente n&uacute;mero de trabajadores jubilados sobre cada trabajador aumenta. Esto revela que la distribuci&oacute;n funcional del ingreso es central en el problema de soportar el creciente envejecimiento de la poblaci&oacute;n. No s&oacute;lo la productividad debe aumentar sino que los frutos de ese crecimiento deben llegar a manos de los trabajadores. Es decir, el ingreso debe fluir hacia quienes pagan el mantenimiento del sistema de pensiones y luego ser transferido a los pensionados […] Evitar el estancamiento de los salarios es esencial para reducir la carga de las pensiones p&uacute;blicas financiadas con impuestos a la n&oacute;mina (Palley, 1998).</p> </blockquote>     <p>Examinemos ahora la viabilidad del sistema p&uacute;blico de pensiones usando como indicador el gasto en pensiones como proporci&oacute;n del PIB, el cual descomponemos como proponen Jimeno et al. (2006), Conde-Ruiz y Alonso (2006) y Febrero y Cardaso (2006).</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e19.jpg"></p>     <p>El primer t&eacute;rmino del lado derecho es el factor demogr&aacute;fico, medido por la tasa de dependencia de las personas mayores de 65 a&ntilde;os. El segundo, el factor laboral, capta las tensiones en los mercados de trabajo y las pol&iacute;ticas de pleno empleo o de austeridad. Los dos &uacute;ltimos representan el factor institucional, definido por las caracter&iacute;sticas del sistema de pensiones establecidas por la ley; el primero de ellos determina la elegibilidad para recibir la pensi&oacute;n y contempla aspectos tales como las semanas m&iacute;nimas de cotizaci&oacute;n y la edad de retiro de mujeres y hombres. El segundo define la generosidad del sistema e incorpora aspectos complejos como la historia laboral del trabajador, sus ingresos y la tasa de remplazo predefinida y extendida de acuerdo con sus contribuciones adicionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Para examinar las cargas y la viabilidad del sistema con ayuda de este indicador se requieren proyecciones de la estructura et&aacute;rea de la poblaci&oacute;n, hacer inferencias sobre la evoluci&oacute;n del mercado laboral y de la productividad del trabajo, y conocer los patrones de evoluci&oacute;n institucional del r&eacute;gimen pensional, es decir, la trayectoria de retiros y la pensi&oacute;n devengada. Como este es un ejercicio contable, lo com&uacute;n es extrapolar tendencias o hacer supuestos razonables con base en los cambios de pol&iacute;tica y de los par&aacute;metros del sistema. Si bien existen otros m&eacute;todos que ayudan a entender aspectos espec&iacute;ficos, como los estudios de perfiles individuales de los pensionados y los modelos de equilibrio general (Jimeno et al., 2006), el marco contable es el punto de referencia inicial. El ejercicio siguiente busca examinar la carga real sobre los trabajadores colombianos y los problemas del flujo de pagos de las pensiones del sistema p&uacute;blico. Se utilizan las proyecciones del Ministerio de Hacienda (2009) para 2010-2020.</p>     <p>Una proyecci&oacute;n razonable de las variables demogr&aacute;ficas, del mercado de trabajo, del sistema de pensiones y de la productividad media indica que las erogaciones del sistema p&uacute;blico no son una espada de Damocles para las generaciones futuras de trabajadores. A diferencia de la proyecci&oacute;n del gobierno, el resultado de nuestro ejercicio indica que las cargas reales no s&oacute;lo se reducen en el futuro, sino que los flujos de pagos bajan a lo largo del per&iacute;odo a niveles manejables con herramientas convencionales. Nuestro an&aacute;lisis desvirt&uacute;a entonces la necesidad de una contrarreforma conservadora del r&eacute;gimen de pensiones p&uacute;blicas; m&aacute;s bien, quiz&aacute; habr&iacute;a que estudiar de nuevo la necesidad de eliminar el r&eacute;gimen privado obligatorio, y pensar en un gran pilar p&uacute;blico de cobertura universal y uno de cuentas privadas para que las personas de mayores ingresos coticen voluntariamente para obtener una pensi&oacute;n complementaria.</p>     <p>Primero se tomaron las proyecciones del flujo de pago de pensiones en el per&iacute;odo 2010-2020 del Marco Fiscal de Mediano y Largo Plazo del Ministerio de Hacienda (2009). Este documento presenta las cifras en millones de pesos para 2009 y 2010 y s&oacute;lo reporta el gasto como porcentaje del PIB entre 2011-2020, de modo que calculamos los valores en millones de pesos corrientes con los supuestos de crecimiento e inflaci&oacute;n all&iacute; consignados<a href="#10" name="n10"><sup>10</sup></a>.</p>     <p>El indicador del gasto de pensiones como porcentaje del PIB que presenta el Ministerio de Hacienda se calcula a precios corrientes, y para compararlo con el que proponemos se deben deflactar las cifras a fin de expresarlas en pesos reales. Para ello se us&oacute; la raz&oacute;n de &iacute;ndices de precios del IPC y del II PIB<a href="#11" name="n11"><sup>11</sup></a>, mediante un c&aacute;lculo sencillo:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e20.jpg"></p>     <p>Para calcular este indicador se requieren las proyecciones de todos sus componentes. El factor demogr&aacute;fico se obtuvo de las proyecciones del DANE para el per&iacute;odo de estudio. La tasa de empleo es m&aacute;s dif&iacute;cil de proyectar. Como dijo Keynes hace m&aacute;s de setenta a&ntilde;os, en una econom&iacute;a monetaria de producci&oacute;n no hay bases s&oacute;lidas para saber qu&eacute; pasar&aacute; con ciertas variables. La ocupaci&oacute;n es una de ellas. Estamos sometidos a una “incertidumbre radical”<a href="#12" name="n12"><sup>12</sup></a>. El problema no se resuelve con sofisticados modelos econom&eacute;tricos o de calibraci&oacute;n num&eacute;rica, pues en per&iacute;odos largos puede haber quiebres estructurales y cambios param&eacute;tricos que dejan sin base todo ejercicio prospectivo.</p>     <p>Esto no significa que no podamos hacer inferencias sobre el futuro, basadas en simples convenciones, por ejemplo, que el futuro no diferir&aacute; mucho del presente, que la econom&iacute;a o tal variable se seguir&aacute;n comportando igual que en el pasado. Creemos que hacer expl&iacute;cita la fragilidad de toda conjetura sobre lo que suceder&aacute; en el futuro es la actitud rigurosa y &eacute;tica. Es infortunado que los economistas presenten su futurolog&iacute;a como un ejercicio de f&iacute;sica newtoniana.</p>     <p>Para nuestras inferencias proyectamos el empleo con una tasa de crecimiento del 3% entre 2009 y 2020. Los datos de la poblaci&oacute;n entre 15 y 64 a&ntilde;os los tomamos del DANE. Para proyectar la productividad usamos una tasa de crecimiento del PIB por trabajador del 3,5% entre 2009 y 2010 y, luego de la recuperaci&oacute;n econ&oacute;mica, del 4% para el per&iacute;odo restante: 2011-2020<a href="#13" name="n13"><sup>13</sup></a>. Los pagos de pensiones los tomamos del documento del Ministerio de Hacienda (2009).</p>     <p>El escenario propuesto es optimista, igual que los supuestos del gobierno. Lo importante es mostrar que, con supuestos razonables –la econom&iacute;a colombiana en el pasado ha registrado cifras similares–, los flujos de gasto pensional no son un problema en el mediano plazo. Los indicadores reales de carga sobre trabajador y trabajador efectivo (corrigiendo por productividad) refuerzan esta conclusi&oacute;n.</p>     <p>La <a href="#g3">gr&aacute;fica 3</a> muestra la evoluci&oacute;n del gasto en pensiones como porcentaje del PIB entre 2010 y 2020. Incluye la cifra del gobierno nacional, corregida por los &iacute;ndices de precios, y nuestra estimaci&oacute;n basada en el indicador que comentamos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La proyecci&oacute;n del gobierno mantiene el patr&oacute;n del ciclo pensional reportado en el Marco Fiscal de Mediano y Largo Plazo. Como ya dijimos, la &uacute;nica diferencia es que las cifras est&aacute;n en precios corrientes, y aqu&iacute; las deflactamos con &iacute;ndices de precios adecuados. Lo interesante del ejercicio comparativo es que la evoluci&oacute;n de la trayectoria del indicador se puede alterar ostensiblemente si el gobierno nacional modifica su pol&iacute;tica econ&oacute;mica.</p>     <p><a name="g3"></a>Gr&aacute;fica 3    <br> Indicadores del gasto de pensiones como proporci&oacute;n del PIB    <br> Proyecci&oacute;n del gobierno y proyecci&oacute;n alternativa</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7g3.jpg"></p>     <p>Las medidas que promueven el empleo y el aumento de la productividad pueden transformar el panorama para las generaciones futuras. Con pol&iacute;ticas activas de pleno empleo y de demanda, la productividad puede aumentar y sostenerse en niveles cercanos al 4%, mediante el mecanismo que descubri&oacute; Kaldor y que se resume en las Leyes de Verdoorn-Kaldor del crecimiento end&oacute;geno (Moreno, 2008). En ese escenario, el gasto en pensiones pasar&iacute;a del 5,4% del PIB en 2010 al 3,2% en 2020. Una trayectoria sostenible desde cualquier canon ortodoxo de finanzas p&uacute;blicas. En cambio, en la proyecci&oacute;n del gobierno, el gasto empieza en el 5,1% del PIB, crece al m&aacute;ximo en 2014 y luego se reduce hasta 2020, a un nivel similar al del a&ntilde;o inicial.</p>     <p>Estos resultados se ven respaldados por la evoluci&oacute;n de los indicadores reales de la carga pensional que se obtienen dividiendo el gasto en pensiones deflactado –es decir, en valor real– por el empleo de la econom&iacute;a. La <a href="#g4">gr&aacute;fica 4</a> muestra la carga por empleado y la carga por empleado efectivo, corregida por la productividad.</p>     <p>Como se observa, la carga del pasivo pensional se puede reducir notablemente en el per&iacute;odo de estudio. Si las autoridades econ&oacute;micas siguieran un programa progresista de pleno empleo y productividad, y adoptaran pol&iacute;ticas redistributivas para que los trabajadores se beneficien del crecimiento, mediante una mayor participaci&oacute;n de los salarios en el PIB, la carga por trabajador del pasivo pensional se podr&iacute;a reducir en un 26%, sin cambiar las reglas de juego a los actuales pensionados y afiliados al sistema p&uacute;blico de pensiones.</p>     <p><a name="g4"></a>Gr&aacute;fica 4    <br> Indicadores reales de carga del gasto pensional</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7g4.jpg"></p>     <p>La alarma de Fedesarrollo y el BBVA por unos problemas financieros apocal&iacute;pticos es resultado de la incomprensi&oacute;n del problema pensional y de sus proyecciones sesgadas. Parad&oacute;jicamente, sus estudios revelan la incapacidad del sistema privado de ahorro individual para resolver el problema del envejecimiento. Reiteramos que no se trata de que el sistema haya fracasado, sino de que por su estructura y su naturaleza impide que los trabajadores de bajos ingresos obtengan una pensi&oacute;n digna. Culpar a las supuestas rigideces del mercado laboral y a la intervenci&oacute;n estatal es mera ret&oacute;rica intransigente, el argumento ad hoc que siempre se usa cuando las pol&iacute;ticas de libre mercado y de privatizaci&oacute;n no funcionan. Mero populismo de mercado<a href="#14" name="n14"><sup>14</sup></a>.</p>     <p><b>AP&Eacute;NDICE</b></p>     <p>Este ap&eacute;ndice muestra que los ejercicios contables de sostenibilidad financiera no aportan informaci&oacute;n relevante para entender el problema de las pensiones p&uacute;blicas.</p>     <p>El dogma de las finanzas “sanas” establece que el principio de austeridad del individuo se puede extender al gobierno nacional. Si el gobierno gasta m&aacute;s de lo que recibe acumula pasivos que tarde o temprano siguen trayectorias explosivas que culminan con el incumplimiento o la bancarrota del Estado. Esta idea se sustenta en el hecho de que el gobierno debe obtener recursos del sistema para financiar su gasto. Las fuentes son los impuestos, el endeudamiento y en el peor de los casos la emisi&oacute;n primaria de dinero. Se considera que esta &uacute;ltima causa inflaci&oacute;n y por ello se suele eliminar de la expresi&oacute;n que define la fuente de usos y fondos del gobierno. Seg&uacute;n la sabidur&iacute;a convencional, la restricci&oacute;n presupuestal del gobierno es la siguiente:</p>     <p><a name="ea1"></a><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e21.jpg"></p>     <p>donde G es el gasto p&uacute;blico, i la tasa de inter&eacute;s de la deuda, B el saldo de deuda p&uacute;blica, T los ingresos del gobierno, &Delta;B la variaci&oacute;n de la deuda y &Delta;M la variaci&oacute;n de la oferta de dinero. Como se ve, la expresi&oacute;n <a href="#ea1">[A.1]</a> es una simple identidad contable, por tanto, siempre es v&aacute;lida ex post para cualquier valor de las variables. Sin embargo, los analistas ortodoxos la convierten en una ecuaci&oacute;n ex ante cuando la integran para establecer la condici&oacute;n de sostenibilidad de la pol&iacute;tica fiscal en un horizonte de tiempo indefinido. Esta regla establece que la pol&iacute;tica fiscal es sostenible financieramente si el valor presente de los super&aacute;vit primarios futuros es igual al valor de la deuda presente. Cualquier desviaci&oacute;n por debajo se considera insostenible. Como se&ntilde;ala Parguez:</p>     <blockquote>       <p>El principio de la restricci&oacute;n presupuestal postula que para cualquier tipo de agente los gastos se financian con una suma de dinero preexistente derivada del ingreso ganado o del endeudamiento proveniente del ahorro de otros agentes. L&oacute;gicamente, los gastos no tienen efectos sobre la suma de dinero con la cual se financian […] Tan pronto el Estado se integra a esta estructura es esclavizado por el principio de la restricci&oacute;n presupuestal, el prerrequisito para reconciliar al Estado con los requerimientos del equilibrio general. Los gastos del Estado siempre se ajustan a la suma de dinero que recauda a trav&eacute;s de impuestos o la venta de bonos a los hogares (sus ahorros). Los recursos financieros deben existir antes que los gastos y su suma es l&oacute;gicamente independiente de los gastos corrientes del Estado (Parguez, 2004).</p> </blockquote>     <p>Desde esta perspectiva es f&aacute;cil deducir los requerimientos del c&aacute;lculo de la sostenibilidad del sistema de pensiones p&uacute;blicas, pues se asume que el flujo de gastos del Estado en pensiones debe ser financiado por las cotizaciones y el ahorro de reservas; de lo contrario se considera que el sistema requiere ajustes dr&aacute;sticos para que no colapse.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero lo que parece ser una operaci&oacute;n de financiamiento corriente –recolecci&oacute;n de impuestos y emisi&oacute;n de bonos de deuda p&uacute;blica– en realidad no lo es. En una econom&iacute;a monetaria de producci&oacute;n el dinero es una criatura del Estado, es decir, su valor y su demanda se originan en la capacidad del gobierno para imponer deudas tributarias a los agentes, que deben cancelarlas en moneda nacional en las oficinas estatales. En un pa&iacute;s que tenga una moneda soberana, es decir, no convertible (lo que significa que el Estado no se compromete a convertirla en oro o moneda extrajera a una tasa de cambio fija), el gasto del gobierno no enfrenta ninguna restricci&oacute;n financiera, es decir, el Estado no necesita un ingreso preexistente para hacer sus gastos (Wray, 2003).</p>     <p>Cuando el gobierno hace un gasto, simplemente gira un cheque al proveedor, que lo consigna en su cuenta bancaria. Una vez se realiza el asiento contable, el banco central proporciona las reservas requeridas. Cuando el agente paga su obligaci&oacute;n tributaria, lo hace mediante una transferencia electr&oacute;nica, trasladando su pago efectivo a la cuenta de la tesorer&iacute;a en el banco central, lo que destruye dinero una vez se ejecuta la compensaci&oacute;n nocturna entre el banco y el banco central. Si el recaudo de impuestos es insuficiente para retirar los excesos de reservas, es decir, de dinero en el sistema, el gobierno coordina con el banco central para emitir bonos que retiren los excesos y eviten que la tasa de inter&eacute;s del banco central caiga a cero.</p>     <p>En este sentido, no se puede decir que los impuestos y la deuda financian el gasto, pues son operaciones que se ejecutan despu&eacute;s de que se ha hecho el gasto, es decir, ya fue financiado mediante la creaci&oacute;n de dinero estatal. De igual modo, los impuestos y la deuda son mecanismos que destruyen dinero, lo que l&oacute;gicamente impide usarlos para gastos ya efectuados.</p>     <blockquote>       <p>El significado econ&oacute;mico de la venta de bonos de las naciones soberanas es, sin embargo, sustituir reservas que no ganan inter&eacute;s por bonos que pagan intereses. Es mejor pensar la venta de bonos de una naci&oacute;n soberana como una “operaci&oacute;n para mantener las tasas de inter&eacute;s” m&aacute;s que como una operaci&oacute;n de endeudamiento, porque el prop&oacute;sito es proporcionar una alternativa que paga intereses a las reservas que no dan rendimientos financieros en el banco central (Wray, 2003).</p> </blockquote>     <p>Aunque los estudios emp&iacute;ricos apenas se inician, hay evidencias a favor de estas explicaciones en Estados Unidos (Bell, 2000) y Brasil (Carvalho, 2009). Para comparar las diferencias entre este enfoque y el de las finanzas sanas, podemos reescribir la identidad contable que sustenta nuestro an&aacute;lisis:</p>     <p><img src="img/revistas/rei/v12n22/v12n22a7e22.jpg"></p>     <blockquote>       <p>Donde &Delta;H representa el cambio en el atesoramiento de los agentes privados. Esta identidad significa que los gastos del gobierno (en el lado izquierdo de la expresi&oacute;n) son totalmente financiados por creaci&oacute;n de moneda, la cual aumenta la oferta monetaria, M, que en el periodo siguiente es absorbida parcialmente a trav&eacute;s de los impuestos: al final, lo que permanece como cantidad de dinero depende de la suma del d&eacute;ficit presupuestal y los cambios en el atesoramiento de la poblaci&oacute;n (Rossi, 2009).</p> </blockquote>     <p>De acuerdo con estas ideas, el sistema de pensiones p&uacute;blicas no enfrenta ninguna restricci&oacute;n financiera. Las cotizaciones de los afiliados activos cumplen el mismo papel de los impuestos, retiran dinero de los agentes y una vez se consignan en las cuentas de la tesorer&iacute;a destruyen dinero. El fondo de reservas es s&oacute;lo una identidad contable que no cambia las cosas (Bell y Wray, 2000). Como reconoce Alan Greenspan: “No podr&iacute;a decirle que los beneficios del sistema <i>pay-as-you-go</i> son inseguros, en el sentido de que nada impide que el gobierno federal cree tanto dinero como desee y les pague a todos los pensionados”<a href="#15" name="n15"><sup>15</sup></a>. Como se&ntilde;alamos en el texto, el problema es real, es decir, c&oacute;mo garantizar que en el futuro aumente la productividad y se mantenga el pleno empleo. Lo dem&aacute;s es ret&oacute;rica intransigente.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>parte, la expectativa de vida s&oacute;lo es un poco incierta. Incluso el clima s&oacute;lo es moderadamente incierto. Uso el t&eacute;rmino en el sentido de que la posibilidad de una guerra europea es incierta, o el precio del cobre o la tasa de inter&eacute;s en 20 a&ntilde;os, o la obsolescencia de un nuevo invento, o la posici&oacute;n de los propietarios privados de riqueza en el sistema social de 1970. Sobre estos temas no hay bases cient&iacute;ficas para formular una probabilidad calculable. Simplemente no sabemos” (Keynes, 1937).</p>     <p><b>NOTAS AL PIE</b></p>     <p><a href="#n1" name="1">1</a>. Citado en Bobbio (1996).</p>     <p><a href="#n2" name="2">2</a>. Citado por Cesaratto (2005).</p>     <p><a href="#n3" name="3">3</a>. Para un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de la paradoja de las explicaciones contraf&aacute;cticas y su valor explicativo, ver Elster (1996).</p>     <p><a href="#n4" name="4">4</a>. Feldstein acept&oacute; esa observaci&oacute;n en el mismo n&uacute;mero de la revista.</p>     <p><a href="#n5" name="5">5</a>. El afiliado de bajos recursos es un miembro nominal. El Fondo acepta sus aportes y le env&iacute;a informaci&oacute;n. Pero no tiene derecho a la pensi&oacute;n pues no alcanzar&aacute; el ahorro m&iacute;nimo que fija la ley.</p>     <p><a href="#n6" name="6">6</a>. Citado por Eisner (1998).</p>     <p><a href="#n7" name="7">7</a>. Los autores de BBVA (2009), sin mayor an&aacute;lisis, consideran que el gasto pensional es improductivo, y lo comparan con el gasto en educaci&oacute;n y salud.</p>     <p><a href="#n8" name="8">8</a>. Hacemos referencia a la causalidad que estableci&oacute; Kaldor; ver Moreno (2008).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n9" name="9">9</a>. Cesaratto (2007) presenta argumentos m&aacute;s sofisticados que cuestionan las bondades del sistema privado para enfrentar la crisis demogr&aacute;fica de las pensiones frente al de reparto o de <i>pay-as-you-go</i>, aunque hace algunas reservas cr&iacute;ticas a los argumentos de Eatwell, por ejemplo, que su an&aacute;lisis omite los intereses devengados en cada sistema. Pero esto no es esencial, pues el desahorro de los viejos, dpN, es el ingreso bruto de intereses.</p>     <p><a href="#n10" name="10">10</a>. Un crecimiento real del 0,5% y una inflaci&oacute;n del 5,0% en 2009, y del 2,5% y del 4%, respectivamente, en 2010. El crecimiento promedio de 2009 a 2014 es del 3,3%, con una tasa de inflaci&oacute;n del 3% a partir de 2012. El crecimiento promedio en 2015-2020 es del 5,6% y la inflaci&oacute;n del 3%.</p>     <p><a href="#n11" name="11">11</a>. El &iacute;ndice impl&iacute;cito del PIB se actualiz&oacute; para 2010-2020 mediante una regresi&oacute;n de la inflaci&oacute;n del II PIB en funci&oacute;n de la inflaci&oacute;n del IPC: y = 0,889x + 0,0234; R<sup>2</sup> = 0,889.</p>     <p><a href="#n12" name="12">12</a>. “Por conocimiento incierto, d&eacute;jenme explicar, no quiero distinguir meramente lo que se sabe con certeza de lo que es probable. En este sentido, el juego de ruleta no es objeto de incertidumbre, ni la posibilidad de ganar una loter&iacute;a. Por otra </p>     <p><a href="#n13" name="13">13</a>. La tasa de crecimiento de la productividad media del trabajo entre 2007 y 2008 fue superior al 5%.</p>     <p><a href="#n14" name="14">14</a>. En general, el populismo econ&oacute;mico se asocia a pol&iacute;ticas redistributivas insostenibles y el populismo de mercado a pol&iacute;ticas de privatizaci&oacute;n y desregulaci&oacute;n insostenibles, por ejemplo, la desregulaci&oacute;n financiera en Estados Unidos que condujo a la crisis financiera e impuso enormes costos a la sociedad, superiores a los de cualquier experimento latinoamericano de populismo econ&oacute;mico.</p>     <p><a href="#n15" name="15">15</a>. Citado por Mosler y Forstater (2005).</p> <hr size="1">     <p><b>REFERENCIAS BIBLIOGR&Aacute;FICAS</b></p>     <!-- ref --><p>1. BBVA. <i>Confianza en el futuro. Propuestas para un mejor sistema de pensiones en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Norma, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000191&pid=S0124-5996201000010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>2. Bell, S. “Can Taxes and Bonds Finance Government Spending?”, <i>Levy Institute Working Paper</i> 244, 2000.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000192&pid=S0124-5996201000010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>3. Bell, S. y L. Randall Wray. “Financial Aspects of the Social Security Problem”, <i>Journal of Economic Issues</i> 34, 2, 2000, pp. 357-364.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000193&pid=S0124-5996201000010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>4. Bobbio, N. <i>De senectute</i>, Madrid, Taurus, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000194&pid=S0124-5996201000010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>5. Borjas, G. J. y O. L. Acosta. “Recursos p&uacute;blicos y educaci&oacute;n en los a&ntilde;os noventa”, A. Alesina, ed., <i>Reformas institucionales en Colombia</i>, Bogot&aacute;, Fedesarrollo y Alfaomega, 2002.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000195&pid=S0124-5996201000010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>6. Carvalho de R., F. “The Nature of Government Finance in Brazil”, <i>International Journal of Political Economy</i> 38, 1, 2009, pp. 81-104.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000196&pid=S0124-5996201000010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>7. Cesaratto, S. “The Economics of Pensions: A Non-conventional Approach”, <i>Review of Political Economy</i> 14, 2, 2002, pp. 149-177.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000197&pid=S0124-5996201000010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>8. Cesaratto, S. “Transition to Fully Funded Pension Schemes: A Non-orthodox Criticism”, <i>Cambridge Journal of Economics</i> 30, 2006, pp. 33-48.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000198&pid=S0124-5996201000010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>9. Cesaratto, S. “Are PAYG and FF Pension Schemes Equivalent System? Macroeconomic Considerations in the Light of Alternatives Economic Theories”, <i>Review of Political Economy</i> 19, 4, 2007, pp. 449-473.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000199&pid=S0124-5996201000010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>10. Comisi&oacute;n de Racionalizaci&oacute;n del Gasto y de las Finanzas P&uacute;blicas. <i>Informe final</i>, Bogot&aacute;, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000200&pid=S0124-5996201000010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>11. Conde-Ruiz, J. I. y J. Alonso. “El sistema de pensiones en Espa&ntilde;a ante el reto del envejecimiento”, <i>Presupuesto y Gasto P&uacute;blico</i> 44, 2006, pp. 51-73.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000201&pid=S0124-5996201000010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>12. Eatwell, J. “The Anatomy of the Pension’s Crisis. Three Fallacies on Pension”, mimeo, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000202&pid=S0124-5996201000010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>13. Eatwell, J. “Pensions, Fiscal Policy and Distribution of Risk”, mimeo, Cambridge Endowment for Research in Finance, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000203&pid=S0124-5996201000010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>14. Eisner, R. “Save Social Security from its Saviors”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 21, 1, 1998, pp. 77-92.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000204&pid=S0124-5996201000010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>15. Elster, J. <i>L&oacute;gica y sociedad. Contradicciones y mundos posibles</i>, Barcelona, Gedisa, 1994.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000205&pid=S0124-5996201000010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>16. Febrero, E. y M. A. Cadarso. “Pay-As-You-Go versus Funded System. Some Critical Considerations”, <i>Review of Political Economy</i> 18, 3, 2006, pp. 335-357.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000206&pid=S0124-5996201000010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>17. Fedesarrollo. “El sistema general de pensiones: &iquest;por qu&eacute; sigue siendo insostenible, de baja cobertura e inequitativo ?”, mimeo, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000207&pid=S0124-5996201000010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>18. Feldstein, M. “Social Security, Induced Retirement, and Aggregate Capital Accumulation”, <i>Journal of Political Economy</i> 82, 5, 1974, pp. 905-926.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000208&pid=S0124-5996201000010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>19. Feldstein, M. “The Missing Piece in Policy Analysis: Social Security Reform”, <i>American Economic Review</i> 86, 2, 1996, pp. 1-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000209&pid=S0124-5996201000010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>20. Geanakoplos, J.; O. S. Mitchell, y S. P. Zeldes. “Would a Privatized Social Security System Really Pay a Higher Rate of Return?”, <i>NBER Working Paper</i> 6713, 1998.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000210&pid=S0124-5996201000010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>21. Hirschman, A. <i>Ret&oacute;ricas de la intransigencia</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1991.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000211&pid=S0124-5996201000010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>22. Hirshleifer, D. “The Blind Leading the Blind. Social Influence, Fads, and Informational Cascades”, M. Tommasi y K. Lerulli, eds., <i>The New Economics of Human Behavior</i>, Cambridge, Cambridge University Press, 1995.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000212&pid=S0124-5996201000010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>23. Jimeno, F. J.; J. A. Rojas, y S. Puente. “Modelling the Impact of Aging on Social Security Expenditures”, <i>Economic Modelling</i> 25, 2006, pp. 202-224.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000213&pid=S0124-5996201000010000700023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>24. Keynes, J. M. <i>Teor&iacute;a general de la ocupaci </i>&oacute;n, <i>el inter&eacute;s y el dinero</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1936.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000214&pid=S0124-5996201000010000700024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>25. Keynes, J. M. “The General Theory of Employment”, <i>Quarterly Journal of Economics</i>, 1937.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000215&pid=S0124-5996201000010000700025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>26. Leimer, D. y S. D. Lesnoy. “Social Security and Private Saving: New Time-Series Evidence”, <i>Journal of Political Economy</i> 90, 3, 1982, pp. 606-629.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000216&pid=S0124-5996201000010000700026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>27. Lerner, A, P. “Consumption-Loan Interest and Money”, <i>Journal of Political Economy</i> 67, 5, 1959, pp. 512-518.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000217&pid=S0124-5996201000010000700027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>28. Ministerio de Hacienda y Cr&eacute;dito P&uacute;blico. <i>Marco fiscal de mediano y largo plazo</i>, Bogot&aacute;, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000218&pid=S0124-5996201000010000700028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>29. Moreno, A. “Las leyes del desarrollo econ&oacute;mico end&oacute;geno de Kaldor: el caso colombiano”, <i>Revista de Econom&iacute;a Institucional</i> 18, 2008, pp. 129-148.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000219&pid=S0124-5996201000010000700029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>30. Mosler, W. y M. Forstater. “Social Security: Another Case of Innocent Fraud?”, <i>CFEPS Special Report </i>05/01, 2005.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000220&pid=S0124-5996201000010000700030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>31. Parguez, A. “A Monetary Theory of Public Finance”, <i>International Journal of Political Economy</i> 32, 3, 2004, pp. 8-97.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000221&pid=S0124-5996201000010000700031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>32. Palley, T I. “The Economics of Social Security: An Old Keynesian Perspective”, <i>Journal of Post Keynesian Economics</i> 21, 1, 1998, pp. 93-110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000222&pid=S0124-5996201000010000700032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>33. Pivetti, M. “The Principle of Scarcity, Pension Policy and Growth”, <i>Review of Political Economy</i> 18, 3, 2006, pp. 379-390.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000223&pid=S0124-5996201000010000700033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>34. Randall W., L. “Currency Sovereignty and the Possibility of Full Employment”, <i>Center for Full Employment and Price Stability Working Paper</i> 28, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000224&pid=S0124-5996201000010000700034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>35. Randall W., L. “Social Security in an Aging Society”, <i>Review of Political Economy</i> 18, 3, 2006, pp. 391-411.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000225&pid=S0124-5996201000010000700035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>36. Rossi, S. “Taxes-Drive-Money Approach”, mimeo, 2009.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000226&pid=S0124-5996201000010000700036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>37. Samuelson, P. “An Exact Consumption-Loan Model of Interest with or without the Social Contrivance of Money”, <i>Journal of Political Economy</i> 66, 6, 1958, pp. 467-482.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000227&pid=S0124-5996201000010000700037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>38. Singh, A. “Pension Reform the Stock Market, Capital Formation and Economic Growth: A Critical Commentary on the World Bank’s Proposals”, <i>CEPA Working Paper</i> 2, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000228&pid=S0124-5996201000010000700038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>39. Tinbergen, J. <i>Pol&iacute;tica econ&oacute;mica</i>, M&eacute;xico, Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 1956.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000229&pid=S0124-5996201000010000700039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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