<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0124-5996</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Economía Institucional]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Rev.econ.inst.]]></abbrev-journal-title>
<issn>0124-5996</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Externado de Colombia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0124-59962010000200018</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[SUPERFREAKONOMICS: ENFRIAMIENTO GLOBAL, PROSTITUTAS PATRIÓTICAS Y POR QUÉ LOS TERRORISTAS SUICIDAS DEBERÍAN CONTRATAR UN SEGURO DE VIDA]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[SUPERFREAKONOMICS: GLOBAL COOLING, PATRIOTIC PROSTITUTES, AND WHY SUICIDE BOMBERS SHOULD BUY LIFE INSURANCE]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Mira]]></surname>
<given-names><![CDATA[Pablo J.]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Ministerio de Economía y Finanzas  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Buenos Aires ]]></addr-line>
<country>Argentina</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2010</year>
</pub-date>
<volume>12</volume>
<numero>23</numero>
<fpage>387</fpage>
<lpage>391</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0124-59962010000200018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0124-59962010000200018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0124-59962010000200018&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="3">    <p align="center"><b>SUPERFREAKONOMICS: ENFRIAMIENTO GLOBAL, PROSTITUTAS PATRI&Oacute;TICAS Y POR QU&Eacute; LOS TERRORISTAS SUICIDAS DEBER&Iacute;AN CONTRATAR UN SEGURO DE VIDA</b></p></font>     <p>    <br></p> <font face="Verdana" size="2">    <p align="center"><b>SUPERFREAKONOMICS: GLOBAL COOLING, PATRIOTIC PROSTITUTES, AND WHY SUICIDE BOMBERS SHOULD BUY LIFE INSURANCE</b></p>     <p align="center">Stephen Levitt y Stephen Dubner, Buenos Aires, Editorial Debate, 2010, 320 pp.</p>     <p><i>Pablo J. Mira*</i></p>     <p>* Mag&iacute;ster en Econom&iacute;a, director de Informaci&oacute;n y Coyuntura del Ministerio de Econom&iacute;a y Finanzas P&uacute;blicas de Argentina, Buenos Aires, Argentina, &#91;<a href="mailto:pmiral@mecon.gov.ar">pmiral@mecon.gov.ar</a>&#93;. Fecha de recepci&oacute;n: 13 de septiembre de 2010, fecha de modificaci&oacute;n: 29 de septiembre de 2010, fecha de aceptaci&oacute;n: 21  de octubre de 2010.</p> <hr>     <p><i>Superfreakonomics</i>, del economista Steven Levitt y el periodista Stephen Dubner, es la saga del &eacute;xito de ventas que le precedi&oacute;, <i>Freakonomics</i>. Como reconocen los propios autores e indica su t&iacute;tulo, el libro dobla la apuesta de la incorrecci&oacute;n de los temas que trata. Con publicidad casi hollywoodesca, la tapa promete sexo y violencia en gran escala, y se debe reconocer que las expectativas se cumplen con creces. Luego de haber dedicado <i>Freakonomics</i> a los vendedores de drogas y otros temas tab&uacute;, Levitt y Dubner sienten la necesidad imperiosa de dedicar <i>Superfreakonomics</i> a cuestiones todav&iacute;a m&aacute;s pol&iacute;ticamente incorrectas, ofreciendo un an&aacute;lisis sin tapujos de una lista que abarca la prostituci&oacute;n como negocio, las estrategias para que un terrorista no sea apresado, los l&iacute;mites de la quimioterapia para curar el c&aacute;ncer y el comercio de &oacute;rganos, entre otros.</p>     <p>Los autores se sienten c&oacute;modos en su cometido de asestar golpes de efecto desafiando la moralina. Pero es posible que esta estrategia tienda a encontrar sus propios l&iacute;mites, y seguramente Levitt y Dubner no sean inmunes a ellos. Aunque un pr&oacute;ximo volumen de la serie trate la pederastia o el robo de beb&eacute;s, la repercusi&oacute;n de temas cada vez m&aacute;s espinosos deber&iacute;a seguir la ley de rendimientos decrecientes, hasta producir saciedad en el lector.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>De todos modos, al meternos de lleno en el libro comienza a quedar claro que el objetivo de los autores no es jugar a asustar o atraer al lector mediante la publicaci&oacute;n de rebeld&iacute;as varias. Levitt reconoce en varias p&aacute;ginas el legado de Gary Becker, colega de la Universidad de Chicago. Becker, galardonado por su trabajo con el premio Nobel, fue uno de los primeros economistas en utilizar herramientas y criterios econ&oacute;micos neocl&aacute;sicos para analizar temas de otras disciplinas. En aquel tiempo, esta osad&iacute;a provoc&oacute; el rechazo de una parte importante de la comunidad acad&eacute;mica dedicada a ciencias sociales como la sociolog&iacute;a, la historia o la psicolog&iacute;a; que consider&oacute; que Becker estaba colonizando con el poder imperial del formalismo econ&oacute;mico algunos campos que ya dispon&iacute;an de m&eacute;todos establecidos y probados para generar conocimientos.</p>     <p><i>Superfreakonomics</i> demuestra ante todo que Levitt es de lejos el mejor alumno de Becker. El autor reporta resultados que remiten a las ideas de su maestro, y se preocupa por que causen el m&aacute;ximo impacto, como sucede con su sugerencia de perseguir a los consumidores de droga y sexo y no a los vendedores, o con su propuesta de establecer un mercado de venta de &oacute;rganos a cambio de dinero para potenciales donantes. &iexcl;vivos!</p>     <p>Pese a que Levitt insiste en las ventajas de estudiar fen&oacute;menos de todo tipo con la caja de herramientas de la (micro)econom&iacute;a est&aacute;ndar, muchos de sus hallazgos no se derivan necesariamente de la aplicaci&oacute;n de este instrumental. En efecto, muchos de sus argumentos s&oacute;lo requieren un planteamiento estad&iacute;stico adecuado, el dise&ntilde;o de un experimento con buenos controles o una buena t&eacute;cnica econom&eacute;trica. Tal como suele suceder con el matem&aacute;tico John Allen Paulos, o con nuestro cr&eacute;dito local argentino Adri&aacute;n Paenza, los autores intentan llevar "agua a su molino" y considerar internas a su disciplina t&eacute;cnicas que podr&iacute;an perfectamente corresponder a otra. Un psic&oacute;logo o un estad&iacute;stico tendr&iacute;an el mismo derecho a publicar algunos de los hallazgos vertidos en <i>Superfreakonomics</i> como pertenecientes a su campo de estudio.</p>     <p>De todos modos, mi impresi&oacute;n es que estas costumbres son por entero positivas. Demuestran que hay espacios de conocimiento comunes a diferentes disciplinas, y que los enfoques complementarios no se deben confundir con la hojarasca posmoderna que sugiere que cualquiera puede discutir sobre cualquier tema. Levitt, como Paulos o Paenza, se dedica a ese espacio com&uacute;n a toda ciencia que es pensar, y lo hace de manera entretenida, clara y probablemente muy &uacute;til.</p>     <p>Pero, como ya mencion&eacute;, Levitt va algo m&aacute;s all&aacute; de la mera presentaci&oacute;n de una serie de ideas asombrosas e inteligentes. Su objetivo no es tan s&oacute;lo mostrar que su mentor Gary Becker traz&oacute; una avenida interesante para recorrer, sino que este vilipendiado acad&eacute;mico estaba completamente en lo cierto. Esto es casi lo mismo que decir que los postulados de la microeconom&iacute;a neocl&aacute;sica constituyen el marco adecuado para entender el comportamiento humano. Si, como define con amplitud Levitt en su anterior libro, la econom&iacute;a es "la ciencia que estudia los incentivos", ser&aacute; dif&iacute;cil establecer sus l&iacute;mites epistemol&oacute;gicos.</p>     <p>Las irreverencias de Levitt incluyen tambi&eacute;n alg&uacute;n ataque personal a colegas y un asalto a una nueva corriente de pensamiento. Luego de quemar las naves en los primeros dos cap&iacute;tulos dedicados a la prostituci&oacute;n y el terrorismo, Levitt dedica todo el cap&iacute;tulo 3 (de un total de cinco) a menoscabar los aportes de la Econom&iacute;a del Comportamiento. Pese que a primera vista el objetivo de la investigaci&oacute;n de esta escuela parece similar al que proponen Becker y Levitt (ambas ramas pretenden evaluar las caracter&iacute;sticas intr&iacute;nsecas de la conducta humana), Levitt ve en la Econom&iacute;a del Comportamiento a un competidor, no a un amigo, porque esta escuela ha venido realizando experimentos que demuestran la insuficiente racionalidad del <i>homo economicus</i>, mientras que Levitt est&aacute; empe&ntilde;ado en proclamar exactamente lo contrario: que los agentes econ&oacute;micos son plenamente racionales. En forma inteligente, Levitt reduce la contienda a un solo aspecto del <i>homo economicus</i>: su ego&iacute;smo y, por tanto, su falta de altruismo y solidaridad. Pero aqu&iacute; el autor es arbitrario, porque ego&iacute;smo no es sin&oacute;nimo de <i>homo economicus</i>, ni altruismo es ant&oacute;nimo de ego&iacute;smo. Comencemos por la segunda relaci&oacute;n.</p>     <p>Conforme a la definici&oacute;n de la Real Academia Espa&ntilde;ola, una persona altruista es aquella que procura el bien ajeno aun a costa del propio. Pero este significado es insuficiente para examinar el comportamiento econ&oacute;mico, porque en la pr&aacute;ctica es muy dif&iacute;cil encontrar un ejemplo en el que detr&aacute;s de un acto aparentemente altruista no pueda invocarse una raz&oacute;n ego&iacute;sta. Dar limosna nos hace sentir bien, ayudar a nuestros conocidos puede buscar que ellos se preocupen por nosotros en el futuro y pertenecer a una organizaci&oacute;n solidaria nos da prestigio ante nuestros pares. M&aacute;s a&uacute;n, las actitudes morales que gu&iacute;an nuestras acciones altruistas provienen de cientos de miles de a&ntilde;os de evoluci&oacute;n humana, moldeadas por el filtro de la selecci&oacute;n natural, y por ello es posible que el altruismo libre de toda intenci&oacute;n ego&iacute;sta no exista a escala suficiente. En este contexto, a Levitt le es muy f&aacute;cil refutar los experimentos que pretenden demostrar un altruismo puro, porque siempre encuentra un argumento ego&iacute;sta para justificarlo. El m&aacute;s interesante, porque confundi&oacute; durante largo tiempo a muchos economistas del comportamiento, es que los sujetos experimentales desean aparecer ante los experimentadores como personas m &aacute;s solid arias de lo que ser&iacute;an si nadie los estuviera observando. Curiosamente, los autores cuentan en el pr&oacute;logo que antes de juntarse a escribir <i>Superfreakonomics</i> cada uno de ellos esperaba que el otro se llevara &iexcl;el 60% de las ganancias! No s&eacute; si por obra del altruismo o de la ingenuidad, pero esta peripecia parece refutar involuntariamente algunos de los argumentos del cap&iacute;tulo.</p>     <p>Levitt considera que su evidencia es suficiente para rebatir todos los aportes de la econom&iacute;a del comportamiento. Aqu&iacute; es donde cabe revisar si los conceptos de <i>homo economicus</i> y ego&iacute;smo son sin&oacute;nimos. El individuo racional que caracteriza a la microeconom&iacute;a usual es ego&iacute;sta, pero no s&oacute;lo eso. Tambi&eacute;n es capaz de traducir su ego&iacute;smo en una poderosa maquinaria de optimizaci&oacute;n, que no s&oacute;lo incluye la intenci&oacute;n de maximizar su utilidad o sus beneficios, sino adem&aacute;s la posibilidad de llevarla a la pr&aacute;ctica de manera efectiva. Y es justamente aqu&iacute; donde la econom&iacute;a del comportamiento ha demostrado mediante experimentos m&aacute;s que convincentes los l&iacute;mites del entendimiento humano. Centenares de experimentos han mostrado que nuestra racionalidad es m&aacute;s que acotada y adem&aacute;s que, a la hora de decidir, nuestras fallas y sesgos son sistem&aacute;ticos. Basten algunos ejemplos: los humanos no respetamos la transitividad de nuestras preferencias, erramos vergonzosamente en el c&aacute;lculo de probabilidades, confundimos series aleatorias con series con patrones definidos, construimos falsas inferencias a partir de causalidades inexistentes, ignoramos informaci&oacute;n relevante y usamos la irrelevante, mostramos exceso de confianza en nosotros mismos, etc.</p>     <p>El an&aacute;lisis de los t&oacute;picos que se discuten en los dos &uacute;ltimos cap&iacute;tulos prescinde manifiestamente del m&eacute;todo econ&oacute;mico. Se refieren &eacute;stos a la posibilidad de adoptar soluciones sencillas a problemas complejos o, m&aacute;s precisamente, que se cre&iacute;an insalvables, como la alta tasa de mortalidad en accidentes automovil&iacute;sticos o el problema del calentamiento global. En general, la teor&iacute;a econ&oacute;mica de los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os poco tuvo para decir sobre el papel de la tecnolog&iacute;a y de la inteligencia humana para resolver problemas concretos; tampoco contribuy&oacute; con un punto de vista original para ayudar a enfrentar los peligros ambientales. Y lo &uacute;nico que Levitt parece tener para decir es que las respuestas baratas y eficaces suelen ser mejores que las caras e in&uacute;tiles. En la cuesti&oacute;n del calentamiento global, apela a la noci&oacute;n de externalidades y su internalizaci&oacute;n, un concepto que se viene repitiendo desde hace cinco d&eacute;cadas.</p>     <p>Sus veladas estrategias para defender la conveniencia de la teor&iacute;a neocl&aacute;sica y rescatar a Becker no deben minimizar la enorme capacidad del autor para utilizar el m&eacute;todo cient&iacute;fico en econom&iacute;a y divulgarlo en forma clara y amena. Es evidente que muchas ideas de Becker y Levitt contribuyen a comprender mejor algunos fen&oacute;menos en situaciones particulares.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otra ventaja no menor de <i>Superfreakonomics</i> es que se trata de un libro para todos. Los no economistas se sorprender&aacute;n, y los economistas que defiendan los conceptos tradicionales de la econom&iacute;a encontrar&aacute;n sosiego. Y tengo la impresi&oacute;n de que este libro tambi&eacute;n podr&iacute;a servir a aquellos acad&eacute;micos que objetan la "econom&iacute;a vulgar" y derivan sus ideas &uacute;nicamente de renombrados economistas cl&aacute;sicos pretendidamente impolutos. A ellos, esta obra les da la posibilidad de encarar un desaf&iacute;o: tomar alguna de las proposiciones de Levitt y procurar refutarla. Si no lo logran, conviene relajarse y disfrutar de haber encontrado una explicaci&oacute;n interesante, aunque provenga de una ideolog&iacute;a diferente. Y si lo logran, lo mejor es hacerlo saber, porque es as&iacute; como avanza la ciencia.</p></font>      ]]></body>
</article>
