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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los éxtasis metafísicos en los pensamientos de Schopenhauer y De Quincey]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The modus operandi of pain in Schopenhauer's and De Quincey's thoughts, becomes the philosophical link between the better conscience and the <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">. These metaphysical ecstasies are elucidated in that which both XIX century's thinkers called the "dream organ". In this essay we will survey on these thinkers' spiritual channeling of pain.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <font face="verdana" size="2">  <font face="verdana" size="3">     <center>     <p><b>Los &eacute;xtasis metaf&iacute;sicos en los pensamientos de Schopenhauer y De Quincey</b></p>      <p><b><i>The metaphysical ecstasies in Schopenhauer's and De Quincey's thoughts</i></b></p> </center> </font>      <p> Sandra Baquedano Jer    <br> Universidad de Chile, Chile. <a href="mailto:sandra.baquedano@uchile.cl">sandra.baquedano@uchile.cl</a> </p>     <p> Recibido el 10 de noviembre de 2009 y aprobado el 30 de noviembre de 2009</center> </p> <hr>    <br> <b>Resumen</b>     <p> El <i>modus operandi</i> del dolor en los pensamientos de Schopenhauer y De Quincey constituye el eslab&oacute;n filos&oacute;fico entre la conciencia mejor y el <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">. Estos &eacute;xtasis metaf&iacute;sicos se esclarecen en aquello que ambos pensadores del siglo XIX denominaron "&oacute;rgano de los sue&ntilde;os". En este ensayo sondearemos la canalizaci&oacute;n espiritual del dolor en ambos pensadores. </p> <b>Palabras clave</b>     <p> conciencia mejor, dolor, metaf&iacute;sica, &oacute;rgano de los sue&ntilde;os, voluntad, <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">. </p> <b>Abstract</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> The <i>modus operandi</i> of pain in Schopenhauer's and De Quincey's thoughts, becomes the philosophical link between the better conscience and the <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">. These metaphysical ecstasies are elucidated in that which both XIX century's thinkers called the "dream organ". In this essay we will survey on these thinkers' spiritual channeling of pain. </p> <b>Key words</b>     <p> better conscience, pain, metaphysics, dream organ, will, <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">. </p> <hr>    <br>     <center><font face="verdana" size="3"><b>I. La conciencia mejor en Schopenhauer</b></font></center>     <p>     <blockquote> Homero, la expresi&oacute;n m&aacute;s pura del mundo antiguo, nos representa el desgarro, la marcha, las disputas y los alborotos del mundo tal como son, objetos de nuestra conciencia emp&iacute;rico-racional. Pero nuestra conciencia mejor, la cual ocupa el trono en las profundidades de nuestro fuero interno sin verse perturbada o afectada por todas estas cosas, queda objetivada y (al igual que las fuerzas de la naturaleza) personificada en aquellos beat&iacute;ficos e inmortales dioses que asisten tranquilamente al espect&aacute;culo de todo este barullo desde la platea del Olimpo y para quienes todo ello no pasa de ser una broma<a href="#pag1" name="pag1b"><sup>1</sup></a>.  </blockquote>     <p> Arthur Schopenhauer, nacido el 22 de Febrero de 1788 en Danzig, como hijo del mercader Henris Floris Schopenhauer y de su mujer Johanna, &iquest;abandonaba efectivamente el tiempo y el espacio, para observar desde un sitial similar al de los dioses inmortales el suceder de la conciencia emp&iacute;rica, fundi&eacute;ndose as&iacute; en una vivencia divina, m&iacute;stica y sublime como resulta ser la conciencia mejor? Safranski nos dice al respecto: </p>     <blockquote> Nunca fue un santo ni un asceta, ni se convirti&oacute; nunca en el Buda de Frankfurt &#91;...&#93; tampoco fue casto y ni siquiera el miedo aterrador de las enfermedades ven&eacute;reas pudo refrenar su lascivia. Hablaba brillantemente de la negaci&oacute;n, siempre que no afectase a la propia voluntad. Por el contrario, a &eacute;sta supo hacerla valer de manera aplastante. Y a pesar de todo, este esp&iacute;ritu tuvo instantes de conciencia mejor. Se asom&oacute; sobre la barrera de la autoafirmaci&oacute;n, pero no pas&oacute; de ser un espectador de ese &eacute;xtasis de la negaci&oacute;n al que invoca al final de su obra<a href="#pag2" name="pag2b"><sup>2</sup></a>. </blockquote>     <p> En 1812, antes de haber sido identificada la cosa en s&iacute; como "voluntad", el joven Schopenhauer contrasta la conciencia mejor con la emp&iacute;rica y define esta &uacute;ltima del mismo modo en que lo hizo Kant, a saber, como la conciencia referida exclusivamente a un mundo fenom&eacute;nico. El ser se muestra a la conciencia emp&iacute;rica como ser representado, es decir, la conciencia emp&iacute;rica resulta un modo de conocer y de percibir. No obstante, Kant no considera que por estar inmersos en un mundo fenom&eacute;nico, nuestra vida y nuestro modo de aprehender la realidad sea un enga&ntilde;o<a href="#pag3" name="pag3b"><sup>3</sup></a>. En consideraci&oacute;n de este hecho, Schopenhauer no pod&iacute;a en aquel tiempo, haber calificado la conciencia emp&iacute;rica como "representaci&oacute;n" de la "voluntad" ni menos tematizar la posibilidad de su negaci&oacute;n. Al no ser ni la apariencia ni el fen&oacute;meno de la voluntad, es esa misma ansiedad micro y macroc&oacute;smica de oscura determinaci&oacute;n aquello que vivencia en la conciencia emp&iacute;rica. Es la voluntad la que deja sentir su omnipotencia y se realiza a trav&eacute;s del tiempo, el espacio y la causalidad. A ra&iacute;z de ello, la conciencia emp&iacute;rica constituye ese todo que s&oacute;lo puede ser amainado por la conciencia mejor<a href="#pag4" name="pag4b"><sup>4</sup></a>. El fil&oacute;sofo nos presenta esta &uacute;ltima como un modo de conciencia que es capaz de liberarse de la voluntad y superar as&iacute; el sesgo de la raz&oacute;n suficiente. En una primera instancia a esto remite lo <i>mejor</i> de la conciencia mejor, la cual ofrece un fugaz consuelo metaf&iacute;sico, que no es posible obtenerlo en la conciencia emp&iacute;rica, en cuanto &eacute;sta se halla inmersa en el enga&ntilde;o y en la falsedad de la vida<a href="#pag5" name="pag5b"><sup>5</sup></a>. Schopenhauer sondea en tal sumisi&oacute;n, la perfecci&oacute;n fatal de la ceguera epistemol&oacute;gica en la que est&aacute; preso y encadenado el conocimiento. Por consiguiente, si bien la conciencia emp&iacute;rica es una f&oacute;rmula enteramente kantiana, Schopenhauer intenta remover la limitaci&oacute;n trascendental de la facultad perceptiva y cognoscitiva kantiana a trav&eacute;s de la conciencia mejor, la cual, es una especie de &eacute;xtasis, una vivencia di&aacute;fana de lucidez y quietud perfecta, una captaci&oacute;n metaf&iacute;sica, una euforia del ojo, al que de tanta visibilidad le desaparecen los objetos del mundo fenom&eacute;nico. La conciencia mejor es como un destello intenso de nada vivencial<a href="#pag6" name="pag6b"><sup>6</sup></a>. "Toda filosof&iacute;a y cualquier consuelo brindado por ella no consisten sino en la constataci&oacute;n de que hay un mundo sobrenatural donde, separados de todos los fen&oacute;menos del mundo externo, podemos contemplarlos desde un alto pedestal con el sosiego de no vernos involucrados en ellos"<a href="#pag7" name="pag7b"><sup>7</sup></a>. </p>     <p> Ahora bien: "la conciencia emp&iacute;rica-racional no es capaz de ofrecer consuelo real alguno", por lo que Schopenhauer busca la conciencia mejor no s&oacute;lo como "refugio del calvario del mundo" sino tambi&eacute;n como anodino metaf&iacute;sico de &eacute;sta. "El dolor de la vida no se deja soslayar. Cualquier tendencia a ese intento s&oacute;lo consigue modificar su aspecto"<a href="#pag8" name="pag8b"><sup>8</sup></a>. A causa de la imposibilidad de mejorar la conciencia emp&iacute;rica, Schopenhauer intenta superarla a trav&eacute;s de la conciencia mejor, la cual en definitiva, es una evasi&oacute;n de las miserias del mundo que le permite sustraerse inmediatamente del dolor. Una hu&iacute;da hacia otra dimensi&oacute;n cuyo acceso implica abandonar la realidad, es decir, abandonar la conciencia emp&iacute;rica basada en la estructura trascendental kantiana. "En este mundo temporal, sensorial e inteligible se dan personalidad y causalidad como algo necesario. Mas la conciencia mejor me yergue hacia un mundo en el que no hay personalidad ni causalidad, ni sujeto ni objeto"<a href="#pag9" name="pag9b"><sup>9</sup></a>. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<center><font face="verdana" size="3"><b>II. EL <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s2.JPG" align="asmiddle"> en De Quincey</b></font></center>     <p> La historia se&ntilde;ala que existen muchos otros subterfugios espirituales similares a una conciencia mejor que no dejan reconocerse desde un comienzo como lo que son y aparentan ofrecer lo mismo. Un ejemplo de aquello es el consumo de drogas con los cuales la humanidad se encuentra asociada desde anta&ntilde;o. </p>     <p> Sin embargo, testimonios milenarios corroboran que nunca ha existido una droga tan popular desde la antig&uuml;edad, tan influyente en los c&iacute;rculos filos&oacute;ficos e intelectuales y tan asociada al dolor como el opio: "&Eacute;sta era la panacea, <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">, para todos los males humanos; &eacute;ste era el secreto de la felicidad, del que los fil&oacute;sofos hab&iacute;an discutido durante tantos siglos, por fin descubierto"<a href="#pag10" name="pag10b"><sup>10</sup></a>. De Quincey enfatiza que el opio es -entre todos los agentes conocidos- el m&aacute;s poderoso y el de mayor alcance en su dominio sobre el dolor<a href="#pag11" name="pag11b"><sup>11</sup></a>. Por esta raz&oacute;n, cuando lo descubre no duda en presentarlo a trav&eacute;s de la terminolog&iacute;a griega <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">. No obstante, aclara De Quincey: "Lo que me propuse en estas <i>Confesiones</i>, fue ensalzar el poder del opio, no sobre la enfermedad f&iacute;sica y el dolor, sino sobre el mundo de los sue&ntilde;os, m&aacute;s sublime y lleno de sombras"<a href="#pag12" name="pag12b"><sup>12</sup></a>. Ambas afirmaciones no se contradicen, sino que al contrario, se potencian una a la otra, puesto que el dolor que confiesa De Quincey, es la directa manifestaci&oacute;n del contenido de sus sue&ntilde;os, en los cuales se sufre, pero se sufre so&ntilde;ando. </p>     <p> Si bien De Quincey es el m&aacute;s fiel testimonio de un hombre que vivencia el dolor como el todo esencial de la vida y el mundo, debe tenerse en cuenta, que la conciencia del dolor universal nace (al igual como Schopenhauer toma conciencia de la voluntad a trav&eacute;s de la conciencia mejor) en el &eacute;xtasis de su retracci&oacute;n: "¡Ah justo, sutil y poderoso opio!<a href="#pagI" name="pagIb"><sup>I</sup></a> ¡B&aacute;lsamo y alivio de los corazones de los pobres y los ricos por igual, de las heridas sin curaci&oacute;n, de "los tormentos que incitan la rebeli&oacute;n del esp&iacute;ritu"<a href="#pagII" name="pagIIb"><sup>II</sup></a>! ¡Opio elocuente! Escapas con tu potente ret&oacute;rica a los prop&oacute;sitos de la ira; a los culpables, por una noche les devuelves las esperanzas de su juventud y las manos puras y limpias de sangre; a los orgullosos un breve instante para olvidar <i>Las afrentas por resarcir, los insultos sin venganza</i><a href="#pagIII" name="pagIIIb"><sup>III</sup></a>; convocas falsos testigos al tribunal de los sue&ntilde;os para que triunfe la inocencia perseguida, condenas la perjuria y revocas las sentencias de los jueces injustos. En el seno de la oscuridad, con la imaginer&iacute;a fant&aacute;stica del cerebro, construyes ciudades y templos que superan el arte de Fidias y de Prax&iacute;teles<a href="#pagIV" name="pagIVb"><sup>IV</sup></a> y en esplendor de Babilonia y Hecat&oacute;mpilos<a href="#pagV" name="pagVb"><sup>V</sup></a>. "Desde la anarqu&iacute;a el sue&ntilde;o en que se sue&ntilde;a"<a href="#pagVI" name="pagVIb"><sup>VI</sup></a> t&uacute; invitas a la luz del sol los rasgos de las bellezas que yacen enterradas y los rasgos benditos de los del propio hogar, limpios de las "vilezas de la tumba"<a href="#pagVII" name="pagVIIb"><sup>VII</sup></a>. S&oacute;lo t&uacute; le otorgas tales dones al hombre; t&uacute; posees las llaves del Para&iacute;so. ¡Ah, justo, sutil y poderoso Opio"<a href="#pag13" name="pag13b"><sup>13</sup></a>. </p> El farmac&eacute;utico "ministro inconsciente de placeres celestiales"<a href="#pag14" name="pag14b"><sup>14</sup></a> le ofrece a De Quincey las llaves a "<i>Los para&iacute;sos artificiales</i>"<a href="#pag15" name="pag15b"><sup>15</sup></a> quien no duda en tomarlas y so&ntilde;ando es como entra. Las razones por las cuales De Quincey permaneci&oacute; un tiempo excesivo, son dignas de ser reflexionadas en un art&iacute;culo especial, pero lo cierto es que a partir de los ensue&ntilde;os prolongados con opio (que surg&iacute;an de la ausencia del dolor aunada con la imaginer&iacute;a fant&aacute;stica del cerebro) lleg&oacute; De Quincey a una dimensi&oacute;n vivencial del dolor moral universal, padecido en toda su grandeza.     <p> El <i>modus operandi</i> tanto del dolor como del sufrimiento en los pensamientos de Schopenhauer y De Quincey constituye el eslab&oacute;n filos&oacute;fico entre la conciencia mejor y el <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">. &Eacute;ste se esclarece en aquello que ambos pensadores del Siglo XIX denominaron "&oacute;rgano de los sue&ntilde;os". </p>     <p> Puesto que toda reflexi&oacute;n filos&oacute;fica tiene la pretensi&oacute;n de ser verdadera <i>sensu stricto</i>, nos ocuparemos en descifrar lo que en De Quincey se encuentra <i>sensu allegorico</i>, para esclarecerlo <i>sensu proprio</i> a trav&eacute;s del sentido y el significado que le confiere Schopenhauer al &oacute;rgano de los sue&ntilde;os. </p>     <center><font face="verdana" size="3"><b>III. Sentido y significado del &oacute;rgano de los sue&ntilde;os en la filosof&iacute;a de Schopenhauer</b></font></center>     <p> La conciencia emp&iacute;rica equivale en el sistema maduro de Schopenhauer al mundo como representaci&oacute;n, es decir, est&aacute; conformada por una serie de intuiciones que son realizadas en el cerebro a trav&eacute;s de la raz&oacute;n suficiente, a saber, mediante las formas <i>a priori</i> del conocimiento: espacio, tiempo y causalidad. Schopenhauer realiza una interpretaci&oacute;n personal del idealismo kantiano, enfatizando que nuestra intuici&oacute;n del mundo externo no es meramente sensual, sino ante todo intelectual, es decir, cerebral<a href="#pag16" name="pag16b"><sup>16</sup></a>. </p>     <blockquote> Los sentidos nunca proporcionan m&aacute;s que una mera <i>sensaci&oacute;n</i> en un &oacute;rgano, por tanto una materia muy pobre en s&iacute; misma, a partir de la cual el <i>entendimiento</i> construye ese mundo corporal en primer lugar, mediante el uso de la ley de la causalidad, por &eacute;l conocida <i>a priori</i>, y de las formas, que existen en &eacute;l tambi&eacute;n <i>a priori</i>, el espacio y el tiempo. En el estado de vigilia y normal, el est&iacute;mulo para estos actos de intuici&oacute;n procede, por supuesto, de la sensaci&oacute;n, a la que el entendimiento se&ntilde;ala como causa<a href="#pag17" name="pag17b"><sup>17</sup></a>. </blockquote>     <p> El mundo real, la conciencia emp&iacute;rica cambia permanentemente, lo que simplemente es s&oacute;lo consecuencia de otro cambio anterior, es decir, su causa. En este sentido la producci&oacute;n de todo pensamiento y representaci&oacute;n en la conciencia est&aacute; sometida, en general, al principio de raz&oacute;n suficiente. Sin embargo, ocurre que en ciertas ocasiones de "otro lado"<a href="#pag18" name="pag18b"><sup>18</sup></a>, por consiguiente, del interior del organismo llega un est&iacute;mulo al cerebro y es elaborado por &eacute;ste del mismo modo que uno exterior, mediante su funci&oacute;n propia y aut&oacute;noma. Schopenhauer se vale de la denominaci&oacute;n "&oacute;rgano de los sue&ntilde;os" -el cual no es un &oacute;rgano f&iacute;sico, sino una met&aacute;fora- para designar la capacidad de intuici&oacute;n, que "es independiente de la percepci&oacute;n externa de los sentidos"<a href="#pag19" name="pag19b"><sup>19</sup></a>. Si se tiene una visi&oacute;n de la realidad sin las habituales percepciones externas, ocurre que la realidad es so&ntilde;ada, lo que es posible en cuanto "aquel ojo, con el cual vemos en los sue&ntilde;os, puede tambi&eacute;n una vez abrirse en la vigilia"<a href="#pag20" name="pag20b"><sup>20</sup></a>. </p> En lo esencial las visiones representan para Schopenhauer algo real (aunque se refieran a sucesos futuros), mientras que las meras alucinaciones "se corresponden a los sue&ntilde;os normales carentes de significado"<a href="#pag21" name="pag21b"><sup>21</sup></a>. Las visiones de todo tipo son fen&oacute;menos emparentados con el &oacute;rgano de los sue&ntilde;os. Estas ramas de un mismo tronco:     ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> &#91;...&#93; proporcionan indicios ciertos e irrefutables de un nexo entre los seres que reposa sobre un orden totalmente diferente de cosas al de la naturaleza, cuya base est&aacute; formada por las leyes del espacio, el tiempo y la causalidad. Puesto que aquel otro orden es m&aacute;s profundo, primordial e inmediato, ante &eacute;l las leyes primeras y m&aacute;s generales de la naturaleza, al ser puramente formales, pierden validez. El tiempo y el espacio ya no separan a los individuos, y tanto su separaci&oacute;n como aislamiento, que precisamente descansan sobre esas formas, ya no interponen barreras infranqueables a la comunicaci&oacute;n del pensamiento y a la influencia directa de la voluntad. De esta manera los cambios se efect&uacute;an de un modo totalmente diferente al de la causalidad f&iacute;sica y de las cadenas continuas de sus miembros, es decir, s&oacute;lo gracias a un acto de la voluntad que se muestra de una manera especial y que se eleva por encima del individuo<a href="#pag22" name="pag22b"><sup>22</sup></a>. </blockquote> Dado que el conocimiento caracter&iacute;stico de la conciencia emp&iacute;rica est&aacute; subordinado al principio de raz&oacute;n suficiente no puede penetrar a trav&eacute;s de los fen&oacute;menos en la esencia interior de las cosas mediante la conciencia mejor. Precisamente aquella conciencia que posibilita el descubrimiento de la voluntad en cuanto cosa en s&iacute;. De la ilusi&oacute;n en la que est&aacute; inmersa la conciencia emp&iacute;rica no puede entonces liberarse porque:      <blockquote> &#91;...&#93; nuestra capacidad cognoscitiva est&aacute; totalmente orientada hacia <i>fuera</i>, dado que es el producto de una funci&oacute;n cerebral surgida con el fin de la simple autoconservaci&oacute;n, es decir, del buscar alimento y cazar las presas. Por eso cada cual sabe de s&iacute; tan s&oacute;lo desde este individuo, tal como se presenta en la intuici&oacute;n externa<a href="#pag23" name="pag23b"><sup>23</sup></a>. </blockquote> Esto nos ayuda a comprender por qu&eacute; en la filosof&iacute;a temprana de Schopenhauer la conciencia de la voluntad como cosa en s&iacute; no pudo ser lograda gracias al conocimiento emp&iacute;rico -que est&aacute; dirigido completamente hacia fuera-, sino gracias al conocimiento mejor -el cual est&aacute; dirigido completamente hacia dentro- ya que bajo esta cosmovisi&oacute;n ning&uacute;n conocimiento que est&eacute; subordinado a la raz&oacute;n suficiente podr&iacute;a haber posibilitado desde el interior tomar conciencia de la voluntad en cuanto cosa en s&iacute;.     <blockquote> S&oacute;lo cabe zafarse de este dilema gracias a mi filosof&iacute;a, al ser la primera que coloca la aut&eacute;ntica esencia del hombre no en la consciencia, sino en la voluntad, que no est&aacute; esencialmente ligada con la consciencia, sino que se relaciona con ella, esto es, con el conocimiento, como la sustancia con el accidente, como lo iluminado con la luz, como la cuerda con la caja de resonancia, y que llega a la conciencia desde dentro tal como el mundo exterior desde fuera<a href="#pag24" name="pag24b"><sup>24</sup></a>. </blockquote>     <p> La conciencia mejor es un estado de superaci&oacute;n interior que como tal, forma parte de un momento en el reino de la esencialidad, evolucionando m&aacute;s tarde en el no&uacute;meno volente. Esto concuerda con el descubrimiento de la cosa en s&iacute;, la cual no s&oacute;lo hab&iacute;a sido esbozada y despachada por Locke, sino tambi&eacute;n tratada en toda su complejidad y tachada de insoluble por Kant. El no&uacute;meno recibe en esta filosof&iacute;a el nombre "voluntad" y una identidad cabal: "voluntad de vivir", "la cual es sitial y fuente del dolor". La esencia <i>interior</i> del hombre es <i>su</i> voluntad y el organismo completo de cada cual tambi&eacute;n lo es. El modo c&oacute;mo se representa emp&iacute;ricamente no es m&aacute;s que su propia objetivaci&oacute;n. Desde esta perspectiva, la voluntad y el cuerpo son id&eacute;nticos. Este &uacute;ltimo no es otra cosa que la imagen proveniente de la voluntad en el cerebro. </p> Llegados a este punto, atendamos entonces a este inusual, curioso y sorprendente intento:      <blockquote> Si ahora logramos, puesto que a fin de cuentas pertenecemos tambi&eacute;n nosotros a la esencia &iacute;ntima del mundo, d&aacute;ndole la vuelta al <i>principium individuationis</i>, acercarnos a las cosas desde un lado y una v&iacute;a completamente distinta, desde dentro y no &uacute;nicamente desde fuera, y de ese modo dominarlas mediante el conocimiento en la clarividencia y la acci&oacute;n en la magia, entonces se produce, justo para este conocimiento cerebral, un resultado que era realmente imposible lograr en su propia v&iacute;a. De ah&iacute; que tal conocimiento lo ponga en tela de juicio, ya que un resultado de esta clase s&oacute;lo es comprensible metaf&iacute;sicamente; f&iacute;sicamente es una imposibilidad<a href="#pag25" name="pag25b"><sup>25</sup></a>. </blockquote> En el <i>Ensayo sobre las visiones de fantasmas</i>, Schopenhauer sostiene expl&iacute;citamente que gracias al &oacute;rgano de los sue&ntilde;os aparece en la conciencia cerebral la voluntad de una forma intuitiva, aleg&oacute;rica y pura. Estas manifestaciones de la voluntad son fruto de un orden m&aacute;s profundo original e inmediato, el cual s&oacute;lo es posible por una v&iacute;a metaf&iacute;sica:     <blockquote> La voluntad, como cosa en s&iacute;, est&aacute; fuera del <i>principii individuationis</i> (tiempo y espacio), por el que los individuos son <i>separados</i>: los l&iacute;mites que &eacute;ste crea no existen entonces en la voluntad. Esto explica, en lo que pueda alcanzar nuestra inteligencia cuando entramos en este dominio, la posibilidad de una acci&oacute;n directa entre individuos, independientemente de su proximidad o lejan&iacute;a en el espacio<a href="#pag26" name="pag26b"><sup>26</sup></a>. </blockquote>     <p> Este tipo de hechos tienen lugar en el &oacute;rgano de los sue&ntilde;os. </p>     <center><font face="verdana" size="3"><b>IV. Rol del &oacute;rgano de los sue&ntilde;os en la obra de De Quincey</b></font></center>     <p> Thomas De Quincey sondea la mec&aacute;nica diferenciada del sue&ntilde;o -que no nos es dada en vano- a trav&eacute;s del &oacute;rgano de los sue&ntilde;os. El comedor de opio confiesa que ah&iacute; precisamente se proyectan los "reflejos" que parecen provenir de una eternidad directamente en su psiquis dormida, como si se tratara de un mero espejo de &eacute;sta. </p>     <blockquote> La m&aacute;quina de so&ntilde;ar plantada en el cerebro humano no se plant&oacute; para nada. Esta facultad, aliada al misterio de la oscuridad, es el gran tubo por el cual el hombre se comunica con la sombra. El &oacute;rgano del sue&ntilde;o compone, junto con el coraz&oacute;n, el ojo y el o&iacute;do, el aparato magn&iacute;fico que aprisiona al infinito en las c&aacute;maras del cerebro humano y, desde las eternidades subyacentes a toda vida, arroja un oscuro resplandor sobre los espejos de la mente que duerme<a href="#pag27" name="pag27b"><sup>27</sup></a>. </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> &iquest;A qu&eacute; se refiere De Quincey exactamente con esta afirmaci&oacute;n que comprende palabras como "misterio de la oscuridad", "el gran tubo por el cual el hombre se comunica con la sombra", "eternidades subyacentes a toda vida", "los espejos de la mente que duerme"? &iquest;En qu&eacute; medida se relaciona todo esto con la conciencia mejor? </p> Por un lado, los ensue&ntilde;os con opio no tienen un fundamento real, porque si lo tuvieran lisa y llanamente no ser&iacute;an ensue&ntilde;os. Ah&iacute; yacen las similitudes entre la conciencia mejor y el <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">, en la medida que ambos pensadores vivenciaron lo absoluto sin un fundamento real, es decir, sin razones suficientes. Schopenhauer tom&oacute; conciencia del absoluto a trav&eacute;s de la conciencia mejor. La conciencia mejor no tiene un fundamento real, si lo tuviera ser&iacute;a conciencia emp&iacute;rica. En la construcci&oacute;n filos&oacute;fica schopenhaueriana la duplicidad de la conciencia implica la diferenciaci&oacute;n entre la <i>realidad</i> de la conciencia emp&iacute;rica y la esencialidad de la conciencia mejor. Por otro lado, tanto los ensue&ntilde;os con opio como la conciencia mejor han nacido del dolor que provoca la realidad. No obstante este hecho, existe una diferencia sustancial: los ensue&ntilde;os con opio tienen un fundamento muy real y concreto que es la materia f&iacute;sica del opio y, por consiguiente, el consumo que estimula su vivencia cotidiana.     <p> De Quincey venera al opio como el m&aacute;s poderoso, fuerte y substancioso medio contra el dolor. Por esta raz&oacute;n se figura en 1856 que "en tierra pagana, de haberse difundido adecuadamente su magia revolucionaria mediante el conocimiento experimental, se habr&iacute;an levantado altares y consagrado sacerdotes al opio y sus efectos benignos y tutelares"<a href="#pag28" name="pag28b"><sup>28</sup></a>. Evaluemos que el saber pagano -ante todo el relacionado a las drogas- fue considerado como un saber contaminado de brujer&iacute;a. As&iacute; nos son conocidas tanto las consideraciones establecidas en el edicto del rey franc&eacute;s Childerino -donde es es presentado el opio como una "planta diab&oacute;lica" que traiciona la fe cristiana- como tambi&eacute;n las reglas de la orden de Carlo Magno, en la cual se considera al opio como obra del diablo. Existen adem&aacute;s otras consideraciones cristianas del siglo X<a href="#pag29" name="pag29b"><sup>29</sup></a> en las cuales se asociaba a menudo la utilizaci&oacute;n de drogas -para m&eacute;todos curativos- como sin&oacute;nimo de herej&iacute;a<a href="#pag30" name="pag30b"><sup>30</sup></a>. </p>     <p> Sin embargo, las confesiones de De Quincey pertenecen a otro orden desconocido hasta entonces. Nos encontramos ante la visi&oacute;n personal de un hombre que lleg&oacute; a consumir una cantidad de ocho mil gotas diarias de laudano<a href="#pag31" name="pag31b"><sup>31</sup></a>, y a quien preguntarle si hab&iacute;a consumido opio o no durante el d&iacute;a era lo mismo que preguntarle si sus pulmones respiraron o si su coraz&oacute;n cumpli&oacute; sus funciones<a href="#pag32" name="pag32b"><sup>32</sup></a>. En este sentido el dolor es vivenciado como lo absoluto y si intentamos dimensionar la vivencia del sufrimiento de un modo filos&oacute;fico no debemos permanecer &uacute;nicamente en el plano de una reflexi&oacute;n moral, convencional psiqui&aacute;trica, sociol&oacute;gica o pol&iacute;tica sin antes haber sondeado una vivencia que pondera el sufrimiento como lo esencial de toda vida<a href="#pag33" name="pag33b"><sup>33</sup></a>. </p>     <center><font face="verdana" size="3"><b>V. La canalizaci&oacute;n ext&aacute;tica del dolor en ambos pensadores</b></font></center>     <p> La canalizaci&oacute;n del dolor padecido por De Quincey es opuesta en t&eacute;rminos &eacute;ticos al desenlace vivencial de la conciencia mejor, cuya interpretaci&oacute;n corresponde a una particular "nada" relativa al dolor absoluto propio de la conciencia emp&iacute;rica<a href="#pag34" name="pag34b"><sup>34</sup></a>. De este hecho se desprende una diferencia sustancial, puesto que mientras los placeres del opio se transforman en tormentos -al terminar los dolores f&iacute;sicos y los m&aacute;s intensos dolores espirituales en un naufragio moral-, el dolor en Schopenhauer, al contrario, es aquello que posibilit&oacute; el &eacute;xtasis celestial de la conciencia mejor y por consiguiente m&aacute;s tarde la vivencia infernal de la voluntad en cuanto cosa en s&iacute;. Esto permite distinguir lo decisivo, puesto que bajo esta cosmovisi&oacute;n el dolor es el medio para negar precisamente dicha voluntad. En este sentido se transforma en el "Surrogat" de la virtud y la santidad: "El fil&oacute;sofo cabal presenta te&oacute;ricamente la conciencia mejor, separ&aacute;ndola rigurosamente de la emp&iacute;rica. El santo hace lo mismo en la pr&aacute;ctica". Que el santo pueda aplicar la conciencia mejor o la voluntad de vivir -denominaci&oacute;n esta &uacute;ltima que le confiere en su sistema maduro- en el plano pr&aacute;ctico, se debe a que el dolor espiritual vivenciado en toda su grandeza no encuentra medios a trav&eacute;s de las palabras para expresar su padecer, sino que lo canaliza en un modo completo de ser: </p>     <blockquote> La aut&eacute;ntica bondad de las intenciones, la virtud desinteresada, la pura nobleza no provienen por tanto del conocimiento abstracto, pero si de un conocimiento inmediato e intuitivo que no se elimina ni se pone con el razonar, de un entendimiento que, justamente porque no es abstracto, tampoco se deja comunicar, sino que cada cual ha de abrirse a s&iacute; por s&iacute; mismo, que por ello no encuentra su expresi&oacute;n estrictamente adecuada en las palabras, sino &uacute;nica y enteramente en los hechos, en las acciones, en el transcurso vital del hombre<a href="#pag35" name="pag35b"><sup>35</sup></a>. </blockquote> Cuando digo que el dolor moral es vivenciado no f&iacute;sica sino metaf&iacute;sicamente, me refiero a que comparte las mismas caracter&iacute;sticas de la voluntad metaf&iacute;sica. Utilizo la palabra vivencia antes que experiencia, para enfatizar que los dolores que residen en primer lugar en la imaginaci&oacute;n realista, en los sue&ntilde;os sin esperanzas o en las fantas&iacute;as, cuyos contenidos no tienen necesariamente constataci&oacute;n emp&iacute;rica en el mundo, su padecimiento suele intensificar aquellos dolores que s&iacute; tienen constataci&oacute;n emp&iacute;rica o f&aacute;ctica; es decir, cuyos contenidos se pueden constatar, tras razones suficientes. Dolor y voluntad son padecidos de igual forma, de un modo inmediato, inefable, sin razones (fuera del principio de raz&oacute;n), de un modo totalizante y c&oacute;smico (sin el velo de Maya propio del <i>principium individuationis</i>). Esto nos lleva al ins&oacute;lito hecho de que este dolor que ya comparte las mismas caracter&iacute;sticas de la voluntad en cuanto <i>en s&iacute;</i> metaf&iacute;sico, es el mismo que padece y sue&ntilde;a De Quincey y que trata de confesar a trav&eacute;s de un lenguaje enormemente simb&oacute;lico, pero filos&oacute;ficamente rudimentario.     <p> Las confesiones de De Quincey nos ayudan a comprender que el lenguaje en este sentido tiende a la invalidez del pensamiento abstracto, ya que est&aacute; afectado por la hostilidad de la raz&oacute;n suficiente y la limitaci&oacute;n de la gram&aacute;tica<a href="#pag36" name="pag36b"><sup>36</sup></a>. Sus confesiones son un intento notable de querer superar este silencio nacido del dolor inefable<a href="#pag37" name="pag37b"><sup>37</sup></a>. </p> El dolor que sufre De Quincey lo padece so&ntilde;ando inmerso en la m&aacute;s profunda y pasiva contemplaci&oacute;n del sufrimiento humano:      <blockquote> No lloro muy a menudo; no s&oacute;lo porque mis reflexiones sobre los asuntos que tienen que ver con los principales intereses del hombre descienden diariamente, qu&eacute; digo, cada hora a mil leguas 'demasiado profunda para las l&aacute;grimas'; &#91;...&#93; sino tambi&eacute;n porque creo que toda mente que haya contemplado estos asuntos con el mismo detenimiento que yo, habr&aacute; ya cultivado y atesorado desde hace tiempo, para defenderse de la m&aacute;s extrema desesperaci&oacute;n, alguna creencia que resulte tranquilizadora frente a los futuros equilibrios y los significados jerogl&iacute;ficos de los sufrimientos humanos<a href="#pag38" name="pag38b"><sup>38</sup></a>. </blockquote>     <p> Estamos, -al contrario de lo canalizado por Schopenhauer- ante un naufragio moral, un completo engolfamiento en la contemplaci&oacute;n y en el sufrimiento pasivo de la compasi&oacute;n sin alcanzar la superficie de un plano &eacute;tico. En esta esfera, las <i>Confesiones</i> de De Quincey no encuentran retorno ni <i>en los hechos, ni en las acciones, ni en el transcurso vital del hombre</i>. Mas este silencio y vac&iacute;o &eacute;tico no se oye, ni se critica, se siente a trav&eacute;s de sus <i>Confesiones</i>. Aquello que se siente es "su" dolor. La estilizaci&oacute;n personal presente en sus <i>Confesiones</i>, tal vez lo hayan alejado a &eacute;l -al comedor de opio- de su vivencia originaria, pero pueden acercar al lector sensible a una dimensi&oacute;n que trasciende el dolor escenificado en el escenario de sus sue&ntilde;os. Dolor c&oacute;smico, dolor so&ntilde;ado, dolor moral que la mente en condiciones normales ser&iacute;a incapaz de pensar ni imaginar y que encuentra su m&aacute;s plena expresi&oacute;n filos&oacute;fica en la filosof&iacute;a de Schopenhauer. </p> <hr>    <br> <b>NOTAS AL PIE</b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p> <a href="#pag1b" name="pag1"><sup>1</sup></a> Schopenhauer, A. <i>Der handschriftliche Nachla<img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s4.JPG" align="asmiddle"></i>, Tomo I. M&uuml;nchen: Deutscher Taschenbuch Verlag, 1985. p. 103.    <br> <a href="#pag2b" name="pag2"><sup>2</sup></a> Safranski, R. <i>Schopenhauer y los a&ntilde;os salvajes de la filosof&iacute;a</i>. Jos&eacute; Planells (Trad). Madrid: Alianza Editorial, 2001. pp. 325-326.    <br> <a href="#pag3b" name="pag3"><sup>3</sup></a> Cfr. Kant, I. <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica</i>. Jos&eacute; Rovira (Trad). Buenos Aires: Losada, 1993. p. 88.    <br> <a href="#pag4b" name="pag4"><sup>4</sup></a> Cfr. Schopenhauer, Arthur. <i>Der handschriftliche Nachla<img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s4.JPG" align="asmiddle"></i>. Op.Cit., p. 47.    <br> <a href="#pag5b" name="pag5"><sup>5</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 110.    <br> <a href="#pag6b" name="pag6"><sup>6</sup></a> Cfr. <i>Ib&iacute;d</i>., p. 26.    <br> <a href="#pag7b" name="pag7"><sup>7</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., pp. 7-8.    <br> <a href="#pag8b" name="pag8"><sup>8</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 368.    <br> <a href="#pag9b" name="pag9"><sup>9</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 42.    <br> <a href="#pag10b" name="pag10"><sup>10</sup></a> De Quincey, T. <i>Confesiones de un ingl&eacute;s comedor de opio</i>. Miguel Teruel (Trad). Madrid: Ediciones C&aacute;tedra, 1997. p. 143. <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s1.JPG" align="asmiddle">, "<i>Medicina para desterrar el dolor</i>": Homero, Odisea, IV. El nombre opio se suscribe a Hip&oacute;crates, t&eacute;rmino que proviene del griego griechisch <img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s3.JPG" align="asmiddle"> (Jugo de la adormidera). Cfr. Aufmesser, M. "Etymologische und wortgeschichtliche Erl&auml;uterung". En: <i>De materia m&eacute;dica</i>. Hildesheim: &#91;s.n.&#93;, 2000. p. 216. En <i>De materia m&eacute;dica</i> de Dioscorides es considerado el opio como el anodino m&aacute;s eficaz que se ha conocido.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#pag11b" name="pag11"><sup>11</sup></a> Cfr. "<i>&#91;...&#93; el Opio el &uacute;nico anodino cat&oacute;lico revelado hasta ahora a la humanidad. &#91;...&#93; En cierto y remoto sentido, todas las medicinas y los modos de tratamientos m&eacute;dicos se ofrecen como anodinos por cuanto en &uacute;ltimo t&eacute;rmino prometen aliviar el sufrimiento relacionado con las enfermedades y dolencias f&iacute;sicas. Mas no designamos como "anodinos", en su sentido especial y ordinario, aquellos remedios que obtienen el alivio del dolor s&oacute;lo como efecto distante y secundario que sigue a la cura de la enfermedad, pues s&oacute;lo aplicamos el t&eacute;rmino a aquellas sustancias que obtienen y persiguen dicho alivio como objetivo primario e inmediato.</i>" De Quincey, T. <i>Ib&iacute;d</i>., p. 226.    <br> <a href="#pag12b" name="pag12"><sup>12</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 227.    <br> <a href="#pag13b" name="pag13"><sup>13</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 160.    <br> <a href="#pagIb" name="pagI"><sup>I</sup></a> La frase hace eco al ap&oacute;strofe de la muerte ('<i>O eloquent, just and mightie Death!</i>) con que Sir Walter Ralegh concluye en "Of the Fall of Empires" su <i>Historie of the World</i> (1614).    <br> <a href="#pagIIb" name="pagII"><sup>II</sup></a> '<i>The pangs that tempt the spirit to rebel</i>'. La cita es de Worsworth; de la dedicatoria a <i>The White Doe of Rylstone</i>, 36.    <br> <a href="#pagIIIb" name="pagIII"><sup>III</sup></a> '<i>Wrongs unredress'd, and insults unavenged</i>': Wordsworth, <i>The Excursion</i>, III, 374.    <br> <a href="#pagIVb" name="pagIV"><sup>IV</sup></a> Escultores en la Grecia de los siglos V y VI antes de cristo. De Fidias se dice que dise&ntilde;&oacute; el friso de Parten&oacute;n.    <br> <a href="#pagVb" name="pagV"><sup>V</sup></a> Recu&eacute;rdese la leyenda de los jardines colgantes de Babilonia, y que Hecat&oacute;mpilos, "la de las cien puertas", se refiere a la ciudad egipcia de Tebas por oposici&oacute;n a las siete puertas de la Tebas griega. El opio es tambi&eacute;n conocido como extracto tebaico, pues uno de los lugares de origen era precisamente la Tebas egipcia.    <br> <a href="#pagVIb" name="pagVI"><sup>VI</sup></a> '<i>From the anarchy of dreaming sleep</i>': Wordsworth, <i>The Excursion</i>, IV, 87.    <br> <a href="#pagVIIb" name="pagVII"><sup>VII</sup></a> Ecos de la Primera Ep&iacute;stola a los Corintios, 15, 43.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#pag14b" name="pag14"><sup>14</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 142.    <br> <a href="#pag15b" name="pag15"><sup>15</sup></a> Cfr. Baudelaire, Ch. <i>Un comedor de opio. Los fantasmas de Thomas De Quincey</i>. Carmen Artal (Trad). Barcelona: Tusquets Editores, 1970. En especial el cap&iacute;tulo concerniente a "Las confesiones preliminares".    <br> <a href="#pag16b" name="pag16"><sup>16</sup></a> Cfr. Schopenhauer, A. <i>Parerga und Paralipomena I</i>, S&auml;mtliche Werke. Bd. IV, Stuttgart / Frankfurt: Suhrkamp Taschenbuch Verlag, 1986. pp. 276, 288; <i>Die Welt als Wille und Vorstellung II</i>. S&auml;mtliche Werke. Bd. II. Stuttgart / Frankfurt: Suhrkamp Taschenbuch Verlag, 1988. p. 33.    <br> <a href="#pag17b" name="pag17"><sup>17</sup></a> Schopenhauer, A. <i>Parerga und Paralipomena I</i>. <i>Ib&iacute;d</i>., p. 276.    <br> <a href="#pag18b" name="pag18"><sup>18</sup></a> Crf. <i>Ib&iacute;dem</i>.    <br> <a href="#pag19b" name="pag19"><sup>19</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 289.    <br> <a href="#pag20b" name="pag20"><sup>20</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 329.    <br> <a href="#pag21b" name="pag21"><sup>21</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 336.    <br> <a href="#pag22b" name="pag22"><sup>22</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 319.    <br> <a href="#pag23b" name="pag23"><sup>23</sup></a> Schopenhauer, A. <i>Die Welt als Wille und Vorstellung II</i>. <i>Ib&iacute;d</i>., p. 628.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#pag24b" name="pag24"><sup>24</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 258.    <br> <a href="#pag25b" name="pag25"><sup>25</sup></a> Cfr. Schopenhauer, A. <i>Parerga und Paralipomena I</i>. Op. Cit., p. 362.    <br> <a href="#pag26b" name="pag26"><sup>26</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 364.    <br> <a href="#pag27b" name="pag27"><sup>27</sup></a> De Quincey, T. <i>Suspiria de Profundis</i>. Luis Loayza (Trad). Madrid: Alianza Editorial, 1985. p. 9.    <br> <a href="#pag28b" name="pag28"><sup>28</sup></a> De Quincey, T. <i>Confesiones de un ingl&eacute;s comedor de opio</i>. Op. Cit. pp. 226-227.    <br> <a href="#pag29b" name="pag29"><sup>29</sup></a> Los libros de Avicena junto a otros textos de medicina fueron considerados en los reinos cristianos de aquella &eacute;poca como impensables. Cfr. Escohotado, A. <i>Historia elemental de las drogas</i>. Barcelona: Editorial Anagrama, 1996. p. 43 ss. En oposici&oacute;n a ello el opio fue considerado en el mundo &aacute;rabe como un "mash Allah" (regalo de Dios).    <br> <a href="#pag30b" name="pag30"><sup>30</sup></a> <i>Ib&iacute;d</i>., p. 40.    <br> <a href="#pag31b" name="pag31"><sup>31</sup></a> De Quincey calcula que veinticinco gotas de laudano equivalen a un grano de opio. El laudano fue descubierto por Paracelso, m&eacute;dico y alquimista del siglo XVI, y es un preparado farmac&eacute;utico del opio. A causa de su consistencia l&iacute;quida fue conocido como "vino de opio". En relaci&oacute;n a ello no es una sorpresa ni un dato curioso, que el laudano se encontrara a menudo en aquel tiempo en las cuentas farmac&eacute;uticas de grandes humanistas como Goethe, por ejemplo, Novalis, Coleridge, Shelley, Byron, Wordsworth, Keats, etc. Cfr. <i>Ib&iacute;d</i>., p. 80.    <br> <a href="#pag32b" name="pag32"><sup>32</sup></a> Op. Cit. p. 42.    <br> <a href="#pag33b" name="pag33"><sup>33</sup></a> No olvidemos la cifra de ocho mil gotas de laudano diarias que lleg&oacute; a consumir De Quincey. Nos encontramos ante un hombre que no s&oacute;lo pasivamente abandona la realidad, sino tambi&eacute;n a &eacute;l mismo en este acto. La visible destrucci&oacute;n y disoluci&oacute;n de los tormentos del opio no es ya causado por el dolor externo que de afuera provoca la realidad, sino por la devastaci&oacute;n que las mismas fantas&iacute;as internas, que se han vuelto aut&oacute;nomas, han provocado. A estas &uacute;ltimas debemos sus confesiones.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <a href="#pag34b" name="pag34"><sup>34</sup></a> Cfr. Schopenhauer, A. <i>Der handschriftliche Nachla<img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s4.JPG" align="asmiddle"></i>. Op. Cit. pp. 34-35.    <br> <a href="#pag35b" name="pag35"><sup>35</sup></a> Schopenhauer, A. <i>Die Welt als Wille und Vorstellung I</i>. S&auml;mtliche Werke. Bd. I, Stuttgart/Frankfurt: Suhrkamp Taschenbuch Verlag, p. 503.    <br> <a href="#pag36b" name="pag36"><sup>36</sup></a> De Quincey, T. <i>Confesiones de un ingl&eacute;s comedor de opio</i>. Op. Cit. p. 195.    <br> <a href="#pag37b" name="pag37"><sup>37</sup></a> Pese a reconocer De Quincey que ha escrito sus confesiones como un consuelo para distanciarse de su dolor, experimenta al mismo tiempo el lenguaje como algo "contrario al hablar". Las confesiones de De Quincey dejan ah&iacute; un silencio, que no se expresa pero se realiza. <i>"La confesi&oacute;n comienza siempre con una huida de s&iacute; mismo. Parte de una desesperaci&oacute;n &#91;...&#93; Sin una profunda desesperaci&oacute;n el hombre no saldr&iacute;a de s&iacute;, porque es la fuerza de la desesperaci&oacute;n la que le hace arrancarse hablando de s&iacute; mismo, cosa tan contraria al hablar"</i>. Zambrano, M. <i>La Confesi&oacute;n: G&eacute;nero Literario</i>. Madrid: Ediciones Ciruela, 2001. pp. 32-33.    <br> <a href="#pag38b" name="pag38"><sup>38</sup></a> 'Demasiado profunda para las l&aacute;grimas' (<i>Too deep for tears</i>). La frase, nos aclara De Quincey, procede del verso 207 de la "Ode: Intimations of Morality" de Wordsworth. Op.Cit. p. 118. </p> <hr>    <br> <font face="verdana" size="3"><b>Referencias</b></font>     <!-- ref --><p> Aufmesser, Max. (2000). "Etymologische und wort geschichtliche Erl&auml;uterung". En: <i>De materia m&eacute;dica</i>. Hildesheim: &#91;s.n.&#93;.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000099&pid=S0124-6127200900020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Baudelaire, Charles.(1970). <i>Un comedor de opio. Los fantasmas de Thomas De Quincey</i>. Carmen Artal (Trad). Barcelona: Tusquets Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000100&pid=S0124-6127200900020000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Cocteau, Jean. (2002). <i>Opio</i>. Mauricio Wacquez (Trad). Santiago: Editorial Sudamericana.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000101&pid=S0124-6127200900020000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> De Quincey, Thomas. (1997). <i>Confesiones de un ingl&eacute;s comedor de opio</i>. Miguel Teruel (Trad). Madrid: Ediciones C&aacute;tedra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000102&pid=S0124-6127200900020000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> ________. (1985). <i>Suspiria de Profundis</i>. Luis Loayza (Trad). Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000103&pid=S0124-6127200900020000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Escohotado, Antonio. (1996). <i>Historia elemental de las drogas</i>. Barcelona: Editorial Anagrama.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000104&pid=S0124-6127200900020000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Kant, Immanuel. (1993). <i>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pr&aacute;ctica</i>. Jos&eacute; Rovira (Trad). Buenos Aires: Losada.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000105&pid=S0124-6127200900020000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Safranski, R&uuml;diger. (2001). <i>Schopenhauer y los a&ntilde;os salvajes de la filosof&iacute;a</i>. Jos&eacute; Planells (Trad). Madrid: Alianza Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000106&pid=S0124-6127200900020000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Schopenhauer, Arthur. (1985). <i>Der handschriftliche Nachla<img src="img/revistas/difil/v10n15/v10n15a06s4.JPG" align="asmiddle"></i>, Tomo I. M&uuml;nchen: Deutscher Taschenbuch Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000107&pid=S0124-6127200900020000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> ________. (1986). <i>Die Welt als Wille und Vorstellung I</i>. S&auml;mtliche Werke. Bd. I. Stuttgart/Frankfurt: Suhrkamp Taschenbuch Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000108&pid=S0124-6127200900020000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> ________. (1986). <i>Die Welt als Wille und Vorstellung II</i>. S&auml;mtliche Werke. Bd. II. Stuttgart/Frankfurt: Suhrkamp Taschenbuch Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000109&pid=S0124-6127200900020000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> ________. (1986). <i>Parerga und Paralipomena I</i>, S&auml;mtliche Werke. Bd. IV, Stuttgart/Frankfurt: Suhrkamp Taschenbuch Verlag.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000110&pid=S0124-6127200900020000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> Zambrano, Mar&iacute;a (2001). <i>La Confesi&oacute;n: G&eacute;nero Literario</i>. Madrid: Ediciones Ciruela. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000111&pid=S0124-6127200900020000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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