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<journal-title><![CDATA[Revista Latinoamericana de Bioética]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Una mirada Bioética del proceso de Globalización]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The process of globalization brings the problem of the ecological deterioration. The environment's crisis, that the man has caused, threats of death, as much the planet, as the human specie, that becomes a victim by his bad behavior, being first victimary. From the cultural life, bioethics assumes with responsibility the knowledge, the care and the sense of all the forms of life that populate our terrene house.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">     <p align="center"><font size="4"><b>Una mirada Bio&eacute;tica del proceso de Globalizaci&oacute;n</b></font></p>     <p align="center"><font size="3"><b>A BIOETHICS VIEW OF THE GLOBALIZATION PROCESS</b></font></p>     <p><b>Gilberto Cely Galindo*</b></p>     <p>*Director del Instituto de Bio&eacute;tica, Pontificia Universidad Javeriana. Bogot&aacute;, Colombia. Fil&oacute;sofo, te&oacute;logo y bioeticista. Email: <a href="mailto:bioetica@javeriana.edu.co">bioetica@javeriana.edu.co</a></p>     <p>Fecha Recepci&oacute;n: Julio 18 de 2007    <br> Fecha Aceptaci&oacute;n: Noviembre 10 de 2007</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>El proceso de globalizaci&oacute;n trae consigo el problema del deterioro ecol&oacute;gico. La crisis ambiental, ocasionada por el hombre, amenaza de muerte tanto al planeta como a la misma especie humana, que pasa de victimaria a v&iacute;ctima por su mala conducta. Desde la vida cultural, la Bio&eacute;tica asume responsablemente el conocimiento, el cuidado y el sentido de todas las formas de vida que pueblan nuestra casa terrenal.</p>     <p><b>Palabras Clave: </b>Globalizaci&oacute;n, Bio&eacute;tica, Ecolog&iacute;a, Medio Ambiente.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>The process of globalization brings the problem of the ecological deterioration. The environment's crisis, that the man has caused, threats of death, as much the planet, as the human specie, that becomes a victim by his bad behavior, being first victimary. From the cultural life, bioethics assumes with responsibility the knowledge, the care and the sense of all the forms of life that populate our terrene house.</p>     <p><b>Key Words: </b>Globalization, Bioethics, Ecology, Environment.</p> <hr>     <p>La globalizaci&oacute;n se abre paso caminando en los zapatos riesgosamente zigzagueantes del superpoderoso conocimiento tecnocient&iacute;fico<sup><a href="#1" name="n1">1</a></sup> y de la econom&iacute;a de mercado. Las huellas profundas de este caminar contempor&aacute;neo, cada vez m&aacute;s acelerado e imparable, constituyen las improntas que caracterizan la Sociedad del Conocimiento,<sup><a href="#2" name="n2">2</a></sup> cultura emergente a la cual apostamos nuestra suerte y la del h&aacute;bi-tat. Lo que est&aacute; en juego en esta apuesta es la vida toda de nuestra casa terrenal. Por esta raz&oacute;n, algunos autores se refieren tambi&eacute;n a la cultura contempor&aacute;nea como Sociedad del Riesgo, (BECK, (1998)) que exige realizar urgentes consensos biopol&iacute;ticos planetarios en torno a s&oacute;lidos principios &eacute;ticos de prudencia, precauci&oacute;n y responsabilidad, todo ello a favor de la protecci&oacute;n del <i>ethos vital.</i></p>     <p>&quot;No cabe duda de que, hoy por hoy, la ciencia capaz de generar tecnolog&iacute;a y la tecnolog&iacute;a capaz de generar ciencia est&aacute;n en manos del gran capital, cuyas pr&aacute;cticas potenciales por la globalizaci&oacute;n e inmediatez de las comunicaciones, envuelven al mundo en una tupida red de intereses puramente econ&oacute;micos, que van m&aacute;s all&aacute; y por encima de toda consideraci&oacute;n human&iacute;stica, &eacute;tica, ecol&oacute;gica y pol&iacute;tica&quot;. (SEMPAU, (1998): 10-11). Como lo que est&aacute; en juego, o en riesgo, en la Sociedad del Conocimiento es el <i>ethos vital, </i>la &eacute;tica nueva que se espera para el tercer milenio es aquella que d&eacute; buena cuenta del saber-hacer acerca de la vida y de su sentido, para conducirla hacia modos muy cualificados y dignos de vivirla, de manera que las tecnociencias aporten cada vez mayor calidad de vida material y espiritual, en t&eacute;rminos de dignidad humana compartida con la naturaleza. Esta &eacute;tica nueva es la Bio&eacute;tica.</p>     <p>La Bio&eacute;tica se ocupa de cuidar moralmente del <i>ethos vital; </i>vale decir, de cultivar la biota y su soporte abi&oacute;tico para que la vida viva con todas sus vitalidades y se beneficien las actuales generaciones, sin detrimento de las futuras. Desde la vida cultural, la Bio&eacute;tica asume responsablemente el conocimiento, el cuidado y el sentido de todas las formas de vida que pueblan nuestra casa terrenal.</p>     <p>El proceso de globalizaci&oacute;n trae consigo la globalizaci&oacute;n del deterioro ecol&oacute;gico. La crisis ambiental, ocasionada por el hombre, amenaza de muerte tanto al planeta como a la misma especie humana, que pasa de victimaria a v&iacute;ctima por su mala conducta. De ecocida a suicida. La crisis ambiental es un problema moral que pone en evidencia el desacierto filos&oacute;fico de la cultura dominante en Occidente, construida con un antropocentrismo &eacute;tico radical, y su falta de sabidur&iacute;a reclamada por la Bio&eacute;tica para la toma correcta de decisiones individuales y colectivas en favor del cuidado y preservaci&oacute;n de la vida en la Tierra. Al respecto, el fil&oacute;sofo y eticista Alfredo Ramos dice:</p>     <p><i>&quot;Nuestra relaci&oacute;n con el entorno suscita hoy importantes problemas morales. Nos enfrentamos a dichos problemas con unas cuantas intuiciones, b&aacute;sicamente de car&aacute;cter conservacionista, y muy pocos argumentos. Al fin y al cabo nuestra &eacute;tica se apoya en una tradici&oacute;n intelectual que nunca antes se enfrent&oacute; con semejantes problemas. As&iacute;, los antiguos no vieron nunca nuestras relaciones con la naturaleza como un problema moral, y la tradici&oacute;n &eacute;tica de la modernidad se centr&oacute; en las relaciones entre seres humanos aut&oacute;nomos e iguales, y, por supuesto, coet&aacute;neos&quot; </i>(RAMOS, (1999): 41).</p>     <p>En esta cultura hemos entronizado un modo de pensar y de actuar tecnocient&iacute;ficos que hacen del tejido social occidental una pandemia letal para la vida como tal y para todo el soporte abi&oacute;tico. Somos la &uacute;nica especie depredadora de todas las otras en la cadena tr&oacute;fica, vale decir, omn&iacute;vora; pero, adem&aacute;s, pasamos de especie dominante a ser antropoc&eacute;ntrica, error altamente perturbador de los ecosistemas, pues la naturaleza s&oacute;lo permite especies dominantes pero controladas por el entorno, y nunca centrales. Los ecosistemas son biocenosis multic&eacute;ntricos e interactivos. Del antropocentrismo exacerbado proviene lo que Edgar Morin denomina &quot;sojuzgamiento de la naturaleza&quot;. (MORIN, (2002): 95-98).<sup><a href="#3" name="n3">3</a></sup></p>     <p>La actual cultura antropoc&eacute;ntrica dominante empobrece las relaciones hombre-hombre y hombre-naturaleza, pues con el empoderamiento exponencial que con la ciencia y la tecnolog&iacute;a la humanidad ha venido haciendo de la naturaleza para ponerla a su servicio, con la falsa conciencia de que ella es fuente inagotable de recursos, con esta misma convicci&oacute;n esclaviza tambi&eacute;n a los seres humanos, y con la tendencia contempor&aacute;nea a la globalizaci&oacute;n, se orienta a homogeneizar las culturas. &quot;La homogeneizaci&oacute;n cultural del planeta, la clonaci&oacute;n del sentir y del elegir humanos, son realidades todav&iacute;a m&aacute;s peligrosas que la degradaci&oacute;n ambiental, pues la preceden. El incremento, la densidad de nosotros mismos, sin el alivio de la diversidad cultural, equivale a un agujero negro. Cuando todos pensemos lo mismo, el planeta se saldr&aacute; de su &oacute;rbita, incapaz de soportar el peso de la uniformidad ideol&oacute;gica&quot;. (ARAUJO, (1997): 157).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>La suerte de la humanidad y del planeta Tierra depender&aacute;, primeramente, de la manera &eacute;tica como se construya el conocimiento, y, en segundo lugar, de sus aplicaciones pr&aacute;cticas, lo cual implica asumir urgentemente una &eacute;tica protectora de todo tipo de vida por parte de los constructores del conocimiento tecnocient&iacute;fico, y, simult&aacute;neamente, esa misma &eacute;tica por parte del tejido social que se beneficia y/o perjudica por la tecnociencia, estableciendo expl&iacute;cita coherencia entre las dos. Esta &eacute;tica lleva el prefijo &quot;bios&quot;.</p>     <p>Para que no apostemos a la globalizaci&oacute;n con los ojos vendados y minimicemos riesgos, viene en auxilio la <i>Bio&eacute;tica global, </i>postulada por Van Rensselaer Potter, que es mucho m&aacute;s que Macro-Bio&eacute;tica, pues ilumina de sentido existencial las problem&aacute;ticas te&oacute;ricas y la lista interminable de casu&iacute;stica que conforman la Micro y la Meso-Bio&eacute;tica.</p>     <p>Esta dimensi&oacute;n de sentido, vale decir, de orientaci&oacute;n que marca el norte en la toma de decisiones morales ante dilemas conflictivos, constituye el esp&iacute;ritu sapiencial de la dif&iacute;cil tarea hermen&eacute;utica que afronta la Bio&eacute;tica global. La sabidur&iacute;a, para el Dr. Potter, es aquel tipo de conocimiento que necesitamos para orientar correctamente el conocimiento. Es el conocimiento moral.</p>     <p>Globalizaci&oacute;n y Bio&eacute;tica global ir&iacute;an de la mano, en el pensamiento de Potter, si fuese &eacute;l quien estuviese atisbando el desarrollo contempor&aacute;neo. Esta nueva &eacute;tica, que pone su mirada en la protecci&oacute;n de todo tipo de vida en el planeta y de los soportes abi&oacute;ticos, es la m&aacute;s apropiada para acompa&ntilde;ar juiciosamente, es decir, con juicio cr&iacute;tico liberador, el proceso de globalizaci&oacute;n que tiene a la mentalidad tecnocient&iacute;fica como aliada inexorable y habita en el entorno de lo urbano. Este entorno es m&aacute;s una actitud vital que un lugar f&iacute;sico, un territorio, pues en el mundo campesino esta actitud urbana gana adeptos permanentemente. Es importante destacar el hecho de que en el espacio urbano se visualizan las contradicciones deshumanizantes de la globalizaci&oacute;n, que tambi&eacute;n se encuentran en la urbanizaci&oacute;n como cultura ciudadana.</p>     <p>Es evidente para todos los analistas de la globalizaci&oacute;n que, el conocimiento tecnocient&iacute;fico, el riesgo y la incertidumbre moral son tres realidades profundamente intrincadas y constitutivas de la sociedad planetaria contempor&aacute;nea. Responder hermen&eacute;utica y sapiencialmente a este fen&oacute;meno complejo se constituye en el reto para la Bio&eacute;tica global, pues se juegan valores morales fundamentales para la suerte del tejido social actual y futuro, incluyendo las condiciones ecol&oacute;gicas que llevan una tendencia de deterioro exponencial y amenazan de muerte a nuestra casa terrenal.</p>     <p>El conocimiento cient&iacute;fico-tecnol&oacute;gico se ha configurado progresivamente como la matriz de la sociedad universal del tercer milenio, por ser fuente de riqueza y de poder pol&iacute;tico, de promesa de cambio social, a la vez que de imaginario colectivo de superaci&oacute;n de toda precariedad humana, frente a las condiciones naturales y sociales repudiables. El esp&iacute;ritu libertario de la Ilustraci&oacute;n encontr&oacute; en el desarrollo de las ciencias su mejor aliado, m&aacute;s cuando las tecnolog&iacute;as progresivamente ganaban terreno en el mundo de las aspiraciones humanas de llevar una vida mejor. Esta alianza ha ido ganando prestigio moral en la medida en que el concepto de &quot;vida mejor&quot; se le conecta con el de &quot;vida buena&quot;, sin&oacute;nimo de &quot;felicidad&quot;, propuesta com&uacute;n de las teor&iacute;as &eacute;ticas desde Arist&oacute;teles. Adem&aacute;s, entre el conocimiento y la acci&oacute;n, las nuevas ciencias y sus aplicaciones pr&aacute;cticas aportaban la creencia p&uacute;blica de seguridad y tranquilidad, pues parec&iacute;a que todo estaba bajo control con el rigor del m&eacute;todo cient&iacute;fico, lo cual recib&iacute;a aprobaci&oacute;n social y ganaba puntos &eacute;ticos a su favor. Pero, la realidad est&aacute; manifestando resultados socioecon&oacute;micos y ambientales adversos, de proporciones gigantescas.<sup><a href="#4" name="n4">4</a></sup></p>     <p>En la medida en que la distancia entre ciencia y tecnolog&iacute;a ha ido desapareciendo en la Modernidad reciente, tambi&eacute;n las certezas de su bondad se han visto confrontadas por el aumento de los riesgos y la no vuelta atr&aacute;s de los enormes perjuicios causados al hombre y al medio ambiente, unas veces de manera accidental, como en el caso Chernobyl, otras por la perversa destrucci&oacute;n masiva con armas biol&oacute;gicas, qu&iacute;micas, nucleares, y, en la mayor&iacute;a de los casos, por la industrializaci&oacute;n globalizada y altamente contaminante que no para en su carrera loca por satisfacer la demanda consumista de bienes y servicios. Las acciones tecnocient&iacute;ficas contempor&aacute;neas, por el inmenso poder que ellas comportan sobre el mundo de la vida humana y por sus impactos nocivos en la biosfera, tienden a magnificar, tanto las oportunidades como los riesgos, a la vez que los miedos y las incertidumbres morales en la conciencia colectiva de la sociedad globalizada. Todo esto convoca a la comunidad de naciones, con urgencia de vida o muerte, a negociar pactos biopol&iacute;ticos.</p>     <p>Parad&oacute;jicamente, cuanto mayor sea el desarrollo del conocimiento tecnocient&iacute;fico que otorga gran poder al hombre sobre el mundo y sobre s&iacute; mismo, tanto mayor ser&aacute; tambi&eacute;n el riesgo de causar macroda&ntilde;os irreversibles al mundo y al mismo ser humano. Todo esto produce incertidumbre cultural por enrarecimiento de las costumbres, las cuales quedan a merced de las novedades tecnocient&iacute;ficas en la Sociedad del Conocimiento, con sus respectivos riesgos.<sup><a href="#5" name="n5">5</a></sup> Podr&iacute;amos decir, inspirados en Jean Ladri&eacute;re, que los desarrollos cient&iacute;ficos y tecnol&oacute;gicos penetran hasta los tu&eacute;tanos los valores morales y culturales de la sociedad y desestabilizan sus seguridades (LADRI&Eacute;RE, (1997)). Y como afirma Samuel Vanegas: &quot;Para un tratamiento adecuado del riesgo hay que partir de una noci&oacute;n din&aacute;mica que involucre un dimensionamiento de lo f&iacute;sico y lo social, como una transacci&oacute;n en donde se integren como elementos interdependientes los patrones culturales de percepci&oacute;n social y los diagn&oacute;sticos hechos con las herramientas de las disciplinas cient&iacute;ficas y t&eacute;cnicas. (...) En este sentido, la evaluaci&oacute;n del riesgo conlleva necesariamente una dimensi&oacute;n subjetiva de aquello que se considera, desde el &aacute;mbito de los patrones culturales predominantes, resulta afectado por una determinada amenaza, as&iacute; como por la dimensi&oacute;n de esa afectaci&oacute;n&quot;. (VANEGAS (2004): 93).</p>     <p>Es cierto que las tecnociencias comportan riesgos, pero no hay que llenarse de temores hasta la par&aacute;lisis, sino abordarlos bio&eacute;ticamente con las versiones modernas de la <i>phr&oacute;nesis </i>aristot&eacute;lica, es decir, con los principios de previsi&oacute;n, de precauci&oacute;n y de responsabilidad.</p>     <p>Esta din&aacute;mica de globalizaci&oacute;n de la cultura tecnocient&iacute;fica y econ&oacute;mica de mercado mundial, que involucra tambi&eacute;n a los pa&iacute;ses del tercer mundo en condiciones neocolonialistas injustas e inequitativas, sugiere la necesidad de una urgente toma de conciencia bio&eacute;tica global, puesto que est&aacute; afectando el mundo de la vida biol&oacute;gica y cultural, lo que recae fundamentalmente sobre el sistema de valores morales que da consistencia a la arquitectura social, con el cual la sociedad compromete su vida presente y futura. La falencia moral de dicho compromiso consiste en producir y modificar permanentemente conocimientos, ideas, estructuras legales y condiciones de vida, sin la mediaci&oacute;n &eacute;tica pertinente. Del estrecho abrazo entre ciencia y t&eacute;cnica modernas, y del inmenso poder que de all&iacute; surge para sus gestores, la idea de progreso continuo e ilimitado empuja el proceso de globalizaci&oacute;n, generando la premisa de que todo lo que se desee conseguir se lograr&aacute; si se tiene fe en la tecnociencia, pues gracias a ella &quot;siempre hay algo nuevo y mejor para encontrar&quot;. (JONAS, (1996): 21). Este principio se sustenta en una visi&oacute;n te&oacute;rica &quot;de la naturaleza de las cosas y del conocimiento de &eacute;stas, seg&uacute;n la cual &eacute;stas no ponen ning&uacute;n l&iacute;mite al desarrollo y la invenci&oacute;n, sino que m&aacute;s bien abren en cualquier punto a partir de ellas un nuevo acceso a lo que queda por conocer y por hacer&quot;. (JONAS, (1996): 21).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El conocimiento l&iacute;der del proceso de globalizaci&oacute;n es el positivo, el pr&aacute;ctico, el predecible, el repetible, el medible, el controlable y el &uacute;til. En la Sociedad del Conocimiento, los objetos que aparecen en el mercado, tanto para el consumo, como para producir m&aacute;s capital, son eso: conocimiento &uacute;til procesado y empaquetado en variedad de formatos y envolturas. La informaci&oacute;n y el conocimiento &quot;apropiado&quot; <i>(know how) </i>ser&aacute;n los principales productores de riqueza, que vienen a superar el valor otorgado a los recursos tradicionales de los bienes de la tierra, del trabajo y del capital, aunque estos bienes seguir&aacute;n haciendo presencia en la din&aacute;mica econ&oacute;mica, recomponiendo su jerarqu&iacute;a.</p>     <p>El conocimiento apropiado es riqueza agregada con la cual se hace m&aacute;s riqueza. Por lo tanto, el conocimiento apropiado es una mercanc&iacute;a muy costosa que, como cualquier mercanc&iacute;a, se vende y se compra, y se le ampara legalmente con patentes. Lo que hoy se entiende por conocimiento apropiado es la informaci&oacute;n procesada por una ingenier&iacute;a de finalidad pr&aacute;ctica y &uacute;til, que demuestra su eficacia en los hechos; es decir, la informaci&oacute;n que se enfoca en los resultados. Los cambios del conocimiento te&oacute;rico a la aplicaci&oacute;n sistem&aacute;tica del mismo, a la vez que la mediaci&oacute;n que el Estado moderno debe realizar en la transferencia de &eacute;ste al bien p&uacute;blico, se han convertido en la din&aacute;mica m&aacute;s eficaz de revoluci&oacute;n social de la Modernidad.</p>     <p>La nueva Sociedad del Conocimiento lleva en sus entra&ntilde;as la vocaci&oacute;n de llegar a ser pluralista, librepensante, polivalente, polifuncional, multidireccional, un tanto desjerarquizada, flexible, pluricultural, democr&aacute;tica y liberal, tolerante, cr&iacute;tica y participativa. Con esta din&aacute;mica postmoderna, rompe los monismos morales prevalentes por centurias, a los cuales estamos habituados, especialmente aquellos de origen religioso, y abre espacios para construir una &eacute;tica secular que permita llegar dial&oacute;gicamente, en condiciones de simetr&iacute;a, al consenso de unos m&iacute;nimos &eacute;ticos sin impedir la gesti&oacute;n de los m&aacute;ximos &eacute;ticos, en un marco de justicia que permita la convivencia social. La ruptura de los monismos morales trae, en consecuencia, mucha incertidumbre. Algunas personas creen que se ha creado un <i>vac&iacute;o moral, </i>otras que hemos entrado a un <i>polite&iacute;smo de los valores, </i>y desde nuestra perspectiva, pensamos con Adela Cortina<sup><a href="#6" name="n6">6</a></sup> que estamos inaugurando un sano <i>pluralismo moral, </i>para lo cual vienen en auxilio la &quot;&Eacute;tica c&iacute;vica&quot; propuesta por Apel y sus disc&iacute;pulos, la &quot;&Eacute;tica mundial&quot; propuesta por Hans K&uuml;ng y la corriente ecum&eacute;nica de las religiones, y la Bio&eacute;tica de cu&ntilde;o potteriano.</p>     <p>Con el avance de la globalizaci&oacute;n, que se realiza gracias a la tecnociencia, al inmenso poder de los medios masivos de comunicaci&oacute;n social, y al empuje arrollador de la econom&iacute;a, el mundo se va dividiendo entre los que est&aacute;n dentro y fuera de la tecnociencia. Los de dentro gozan de sus beneficios y consideran la tecnociencia como algo connatural a su vida, pues las nuevas generaciones nacen en ella y son educadas para ella, en t&eacute;rminos de <i>saber-hacer, </i>de competencias tecnocient&iacute;ficas para mantener activo el sistema socio-econ&oacute;mico neoliberal. Los de fuera quedan a merced de los primeros, en condiciones inferiores de sumisi&oacute;n y servidumbre. Si quieren ser incluidos plenamente, pagar&aacute;n con la p&eacute;rdida de sus formas habituales de vida, modificando las estructuras &eacute;ticas de sus propias culturas.</p>     <p>Los valores fundamentales de la &eacute;tica t&eacute;cnica son la eficiencia y la productividad, los mismos que acreditan a la tecnociencia. En torno a ellos se educa al <i>homo faber </i>de la tecnociencia, para que sea competente, m&aacute;s a&uacute;n competitivo, pues tiene que enfrentarse <i>contra </i>otros, en una carrera fatigante y sin parar. Las personas no competentes o que dejen de serlo, quedan por fuera del mercado laboral, por ineficientes e improductivas. De all&iacute; la necesidad de escalar en postgrados universitarios y educaci&oacute;n continua. En la sociedad contempor&aacute;nea se trabaja con altos niveles de estr&eacute;s. El descanso y la recreaci&oacute;n, con apariencias de ocio placentero, est&aacute;n calculadamente orientados para hacer soportable el exceso de trabajo,<sup><a href="#7" name="n7">7</a></sup> a recrear las fuerzas humanas y realimentar el sistema productivo, convertido en fin en s&iacute; mismo por el neoliberalismo capitalista. El hombre vive, entonces, para trabajar; y no trabaja para vivir. Esta &eacute;tica t&eacute;cnica, jalonada por la econom&iacute;a de mercado mundial, contradice el precioso legado kantiano de dignidad humana, pues convierte al hombre en medio y no en fin en s&iacute; mismo.</p>     <p>La identidad individual cultural se desdibuja, pues en las sociedades altamente industrializadas y globalizadas, la &eacute;tica t&eacute;cnica tiende a uniformar a la colectividad, haci&eacute;ndole perder a cada uno de sus miembros los ancestros culturales multidimensionales que dotan a la vida humana de sentido y significado. La cultura es la red invisible de valores morales, hist&oacute;ricamente construidos por una comunidad, con los cuales dicha comunidad se dota de identidad y se apropia de sentido existencial. &quot;El hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura. el hombre no puede pensarse sin cultura&quot;. Juan Pablo II, (1980): 18.</p>     <p>El ser humano es constructor social de cultura, y, &eacute;sta es, a la vez, constructora del ser humano. Digamos lo anterior de manera m&aacute;s completa: el ser humano es naturaleza devenida en cultura, para desde la cultura ser la conciencia que la naturaleza tiene de s&iacute; misma.</p>     <p>El desarrollo del conocimiento arrastra consigo riesgos y oportunidades. No hay oportunidades sin riesgos, ni riesgos que no comporten oportunidades. Los riesgos se presentan especialmente en los procesos de intervenci&oacute;n intencional de lo conocido, en los que la tecnolog&iacute;a entra a ejercer su inmenso poder, tanto para desarrollar novedades pr&aacute;cticas y &uacute;tiles de bienestar humano, para abrir espacios a nuevos valores morales, como para correr las fronteras del pensamiento cient&iacute;fico con mediaciones instrumentales necesarias para su desarrollo. Es decir, de saber-hacer, de destrezas pr&aacute;cticas propias de la tecnociencia que inexorablemente van regladas por aprendizajes por ensayo y error; aprendizajes que reclaman una l&oacute;gica y una &eacute;tica de orden sapiencial para dar coherencia existencial al saber-estar. Esto es: respeto de uno mismo y del otro, reconocimiento de la dignidad de todos los seres humanos, solidaridad y compromiso social con los m&aacute;s pobres, fr&aacute;giles y vulnerables, y un largo etc&eacute;tera de virtudes para la convivencia justa y armoniosa del g&eacute;nero humano en comuni&oacute;n con el h&aacute;bitat.</p>     <p>La tecnociencia es un <i>saber-hacer </i>que comporta reglas precisas que conforman su <i>propia &eacute;tica </i>en t&eacute;rminos de valores como: la eficiencia, la eficacia, la utilidad, la econom&iacute;a, la practicidad operativa, la rapidez, la funcionalidad, la facilidad del uso, el automatismo, la progresi&oacute;n causal, el cambio continuo, la necesidad de estar al d&iacute;a, de evitar la obsolescencia, la eliminaci&oacute;n de obst&aacute;culos que impidan la acci&oacute;n, la b&uacute;squeda de resultados inmediatos, nuevos manejos del tiempo y del espacio, formas de previsi&oacute;n y de control. Ellul, hablando de la fuerza tecnol&oacute;gica modelizadora de lo social, dice que lo hace porque es portadora de su propia &eacute;tica que &quot;orienta al hombre a servir a este medio (.) El comportamiento interesante o v&aacute;lido no ha de ser elegido en funci&oacute;n de los principios morales, sino en funci&oacute;n de unas reglas t&eacute;cnicas precisas (.) El comportamiento v&aacute;lido en el universo t&eacute;cnico se impone a la evidencia y se asiste a una identificaci&oacute;n entre la decisi&oacute;n moral personal del bien y el desarrollo material social: hay confusi&oacute;n entre el bien y la felicidad (bienestar)&quot;. (ELLUL, (1983): 14). Al conocimiento operativo del saber-hacer va &iacute;ntimamente ligado el saber-ser orientado al desarrollo moral humano. Saber-hacer y saber-ser, cuando se entrelazan sapiencialmente, conforman una simbiosis que podr&iacute;amos nominar positivamente como &quot;autopoiesis cultural&quot; de un saber-convivir en b&uacute;squeda de oportunidades de bienestar material-espiritual. Y tambi&eacute;n saber convivir con la naturaleza, reconociendo y respetando a cada uno de los seres naturales en lo que valen por s&iacute; mismos.<sup><a href="#8" name="n8">8</a></sup></p>     <p>M&aacute;s all&aacute; de la moralidad de los actos individuales o personales, es decir, de aquellos que supuestamente afectan exclusivamente al individuo humano como tal en el ejercicio de su autonom&iacute;a y que ameritan reflexi&oacute;n &eacute;tica, las acciones humanas son tambi&eacute;n sociales. En consecuencia, est&aacute;n regladas por patrones &eacute;ticos de convivencia que tienen como base la justicia y la equidad, con el prop&oacute;sito de evitar da&ntilde;os y propiciar beneficios individuales y colectivos.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Pero, la especie humana no es la &uacute;nica habitante del planeta. Necesariamente tiene que vivir relacionalmente con el entorno natural y con el que ella misma construye para satisfacer sus necesidades reales y presuntas. Lo natural y lo artificial se articulan cada vez m&aacute;s y terminan como un todo liderado por la cultura y exigente de preservaci&oacute;n para beneficio de las generaciones futuras. Esta necesaria relacionalidad implica un modo &eacute;tico de pensar y proceder colectivamente. Esto es, una &eacute;tica global, pensada en t&eacute;rminos de <i>Ethos vital, </i>que garantice la sustentabilidad de la vida biol&oacute;gica y social en la Tierra, reglada biopol&iacute;ticamente por consensos mundiales, pero ejecutada y controlada por procesos de gobernabilidad local en cada una de las regiones con sus culturas y valores particulares.</p>     <p>La Bio&eacute;tica es, en este sentido, la &eacute;tica nueva en construcci&oacute;n que se ocupa de ofrecer instancias hermen&eacute;uticas de sabidur&iacute;a, asequibles a la racionalidad mundial contempor&aacute;nea que es tecnocient&iacute;fica, para la toma de decisiones de macro impacto, ante problemas que afectan el bienestar de todos los habitantes de nuestra casa terrenal. Esta &eacute;tica reivindica el concepto de preservaci&oacute;n y conservaci&oacute;n de los bienes colectivos, naturales y artificiales, no s&oacute;lo por el valor de utilidad econ&oacute;mica que ellos tengan para el bienestar del ser humano, sino tambi&eacute;n por los aspectos &eacute;ticos y est&eacute;ticos que ellos contienen en su onticidad entrelazada en redes sist&eacute;micas del todo terr&aacute;queo.</p>     <p>Para concluir, digamos que la Bio&eacute;tica global es muy sensible a los fen&oacute;menos sociales y ambientales que hemos descrito anteriormente, puesto que en ellos se concretan la justicia y las condiciones de vida digna para miles de millones de seres humanos. Desde Arist&oacute;teles, y los posteriores desarrollos de la &eacute;tica de las virtudes, la prudencia es la virtud &eacute;tica por excelencia, la cual conduce a la justicia para la vida feliz en la polis. La justicia es el punto de llegada de todas las dem&aacute;s virtudes. Sin justicia no es posible ser morador de la polis, por consiguiente, el hombre pol&iacute;tico es el hombre justo en todo su comportamiento ciudadano. Y cuando, con la globalizaci&oacute;n, tengamos que ser ciudadanos del mundo, la &eacute;tica que se ocupa del cuidado de la vida justa en todos los sentidos, la Bio&eacute;tica, encontrar&aacute; en la bio-pol&iacute;tica un campo inagotable de acci&oacute;n.</p> <hr>     <p><b>NOTAS</b>     <p><a href="#n1" name="1"><sup>1</sup></a> El fil&oacute;sofo de la Universidad Libre de Bruselas, Gilbert Hottois, ofrece argumentos plausibles para justificar que la Bio&eacute;tica es la &eacute;tica propia de la sociedad contempor&aacute;nea, en la cual la ciencia y la tecnolog&iacute;a cada vez m&aacute;s borran sus fronteras para convertirse en &quot;tecnociencia&quot;. HOTOIS, (1991).     <p><a href="#n2" name="2"><sup>2</sup></a> &quot;Mucha gente empieza a hablar de una nueva sociedad, otros incluso de una nueva civilizaci&oacute;n. Los calificativos m&aacute;s usados para definir esta novedad son los de postindustrial, postburocr&aacute;tica, postchimeneas, sociedad de la innovaci&oacute;n o del cambio, Sociedad del Conocimiento, sociedad veloz. Todos los t&eacute;rminos son un intento de explicar y dar sentido a unos cambios r&aacute;pidos y heterog&eacute;neos, dif&iacute;ciles de orientar en una sola direcci&oacute;n, aunque tengan mucho en com&uacute;n&quot;. MORILLAS, (1994): 5. Sugiero leer el libro de Cely, (1999).</p>     <p><a href="#n3" name="3"><sup>3</sup></a> &quot;El hombre se ha convertido en el sojuzgador global de la biosfera, pero por ello mismo se ha sojuzgado en ella. Se ha convertido en el hiperpar&aacute;sito del mundo viviente, pero, por ser par&aacute;sito, amenaza su supervivencia amenazando con desintegrar la eco-organizaci&oacute;n en la que vive. Mucho m&aacute;s. El desarrollo de nuestra independencia antroposocial no s&oacute;lo nos hace cada vez m&aacute;s profundamente eco-dependientes, sino que adem&aacute;s cada vez somos m&aacute;s dependientes de nuestro instrumento de independencia: la organizaci&oacute;n tecnol&oacute;gica que se ha constituido en, por y para las m&aacute;quinas artificiales y que en adelante retroact&uacute;a sobre los maquinantes y los maquinistas&quot;. MORIN, (2002): 88.</p>     <p><a href="#n4" name="4"><sup>4</sup></a> &quot;La creciente globalizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n tiende a excluir un tercio de su poblaci&oacute;n de los beneficios del desarrollo, en cuanto no pueden acceder a los bienes y servicios del desarrollo. Las primeras fases del proceso de liberaci&oacute;n de mercados han aumentado la pobreza, porque la libertad econ&oacute;mica produce eficiencia pero no necesariamente equidad. Dejar el desarrollo a las fuerzas del mercado no ha resultado la receta m&aacute;s efectiva para solucionar los cada vez m&aacute;s apremiantes problemas del mundo en desarrollo. Ha crecido la desigualdad del ingreso. Entre 1970 y 1991 el ingreso del 20% m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n mundial creci&oacute; del 70% al 85%. Entre tanto, el ingreso del 20% m&aacute;s pobre, en el mismo per&iacute;odo, se redujo del 2.3% al 1.4%. De esta manera la relaci&oacute;n de la porci&oacute;n del ingreso que corresponde a los m&aacute;s ricos y la que corresponde a los m&aacute;s pobres aument&oacute; de 30:1 a 61:1. El incremento de la pobreza se expresa en el aumento de los conflictos sociales y la violencia pol&iacute;tica, lo cual ha llevado al dise&ntilde;o de pol&iacute;ticas sociales de tipo asistencialista y de corto plazo que dejan intactas las causas que generan pobreza. A nivel mundial est&aacute; naciendo la preocupaci&oacute;n por buscar un desarrollo que supere las desigualdades sociales&quot;. Megatendencias del siglo XXI. Sus manifestaciones en Colombia y los retos que plantean, (1998): 31-32.</p>     <p><a href="#n5" name="5"><sup>5</sup></a> Morin, a prop&oacute;sito de las incertidumbres del conocimiento dice: &quot;La incertidumbre es a la vez riesgo y posibilidad para el conocimiento, pero no se convierte en posibilidad sino cuando &eacute;ste la reconoce. La complejizaci&oacute;n del conocimiento es justamente lo que lleva a este reconocimiento; es lo que permite detectar mejor estas incertidumbres y corregir mejor los errores. Mientras que la ignorancia de la incertidumbre conduce al error, el conocimiento de la incertidumbre no s&oacute;lo conduce a la duda, sino tambi&eacute;n a la estrategia. La incertidumbre no es solamente el c&aacute;ncer que roe al conocimiento, tambi&eacute;n es su fermento: es lo que empuja a investigar, verificar, comunicar, reflexionar, inventar. La incertidumbre es a la vez el horizonte, el c&aacute;ncer, el fermento, el motor de conocimiento. Por ello trabaja y progresa &eacute;ste en oposici&oacute;n/colaboraci&oacute;n con la incertidumbre&quot;. MORIN, Edgar, EL M&eacute;todo III, El conocimiento del conocimiento, C&aacute;tedra, (3<sup>a</sup> ed.), Madrid, (1999): 243.</p>     <p><a href="#n6" name="6"><sup>6</sup></a> &quot;En efecto, la transici&oacute;n a la democracia liberal desde los distintos tipos de confesionalismo suele producir un profundo desconcierto en el &aacute;mbito de los valores morales. Acostumbrada buena parte de la ciudadan&iacute;a al monismo, puede interpretar el hecho de la diversidad de perspectivas al menos de tres formas: como expresi&oacute;n de un vac&iacute;o moral, como un polite&iacute;smo de los valores &eacute;ticos, o como expresi&oacute;n de un pluralismo moral. A mi juicio, la primera salida es impracticable por inexistente; la segunda, practicable, pero indeseable; la tercera, muestra un proyecto en el que merece la pena trabajar, porque responde a lo mejor de las aspiraciones humanas&quot;. CORTINA (1999): 7.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><a href="#n7" name="7"><sup>7</sup></a> &quot;Pero hay que corregir r&aacute;pidamente: esta imagen que (el ser humano) recibe es inversa de la situaci&oacute;n real (...) Esta imagen esperanzada del ocio est&aacute; destinada a hacer soportar el exceso de la molestia del trabajo. Cuando m&aacute;s pesado sea el trabajo, m&aacute;s gloriosa y triunfal resulta la imagen difusa del tiempo libre (...). El ocio es el sentido de la vida, es la gracia 'dada', pero no hay oposici&oacute;n: en realidad la imagen de ocio es adaptadora de la necesidad t&eacute;cnica&quot;. ELLUL, (1977): 348-349. </p>     <p><a href="#n8" name="8"><sup>8</sup></a> Taylor menciona que el equilibrio de la naturaleza no es en s&iacute; mismo una norma moral, por lo que sostiene que es el bien (el bienestar, la salud), de los organismos individuales, considerados como entidades que tienen valor inherente, lo que determina nuestras relaciones morales con las biocomunidades silvestres de la tierra. De esta misma forma, concibe que la &eacute;tica del respeto a la naturaleza consta de tres elementos b&aacute;sicos: un sistema de creencias, una actitud moral fundamental y un conjunto de reglas y deberes y pautas de car&aacute;cter. TAYLOR, (1981): 197-218.</p> <hr>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>&bull; ARAUJO, J. (1997): &quot;&iquest;Brota el &aacute;rbol seco? De lo ecol&oacute;gico como pensamiento&quot;, en <i>Revista de Occidente, </i>julio-agosto, N&deg; 194-195.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000056&pid=S1657-4702200800010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; BECK U. (1998): <i>La sociedad del riesgo, </i>Piados Ib&eacute;rica, S.A., Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S1657-4702200800010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; CELY GALINDO, G. (1999): <i>La Bio&eacute;tica en la Sociedad del Conocimiento, </i>3R Editores, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S1657-4702200800010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; CORTINA, A. (1999): &quot;Etica y sociedad. Entre los m&iacute;nimos de justicia y los m&aacute;ximos de felicidad&quot;, en <i>Congreso de Bio&eacute;tica de Am&eacute;rica Latina y del Caribe, Memorias, </i>Tercer Mundo Editores, Santaf&eacute; de Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S1657-4702200800010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; ELLUL, J. (1977): <i>Le Syst&Eacute;me technicien, </i>Calmann-L&eacute;vy, Paris.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S1657-4702200800010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; ELLUL, J. (1983): &quot;Recherche pour une &eacute;thique dans une soci&eacute;t&eacute; technicienne&quot;, en SOJCHER, J.; OTTOIS, G., <i>Ethique et Technique, </i>Annales de l'Institut de Philosophie et de Sciences Morales, Universit&eacute; Libre de Bruxelles, Bruxeles.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S1657-4702200800010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; HOTOIS, G. (1991): <i>El paradigma bio&eacute;tico. Una &eacute;tica para la tecnociencia, </i>Anthropos, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S1657-4702200800010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; JONAS, H., <i>T&eacute;cnica, medicina y &eacute;tica, </i>Paid&oacute;s, Barcelona, 1996.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S1657-4702200800010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; JUAN PABLO II (1980):, &quot;Discurso de Juan Pablo II en la UNESCO, 2-6-1980&quot;, <i>Ecclesia </i>n&deg; 1986, 14 de junio, p. 18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S1657-4702200800010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; LADRI&Eacute;RE, J. (1997): <i>El reto de la racionalidad, </i>S&iacute;gueme, Salamanca.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1657-4702200800010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; &quot;Megatendencias del siglo XXI&quot; (1998): <i>Sus manifestaciones en Colombia y los retos que plantean, </i>Fundaci&oacute;n Social, Vicepresidencia de Planeaci&oacute;n, Santa Fe de Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S1657-4702200800010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; MORILLAS, L. M. (1994): <i>La Sociedad del Conocimiento, </i>Ed. Cristianismo y justicia, Institut de Teologia Fonamental-Sant Cugat del Vall&eacute;s, Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S1657-4702200800010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; MORIN, E. (1999): <i>EL M&eacute;todo III, El conocimiento del conocimiento, </i>C&aacute;tedra, (3<sup>a</sup> ed.), Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S1657-4702200800010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; MORIN, E. (2002): <i>El M&eacute;todo II. La vida de la vida, </i>C&aacute;tedra, (5a edici&oacute;n), Madrid.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S1657-4702200800010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; RAMOS A. (1999): &quot;&Eacute;tica ambiental&quot;, en <i>Universitas Philosophica, </i>No. 33, a&ntilde;o 16, Pontificia Universidad Javeriana, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S1657-4702200800010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; SEMPAU, D. (1998): traductor del libro de GRACE, Eric S., <i>La biotecnolog&iacute;a al desnudo. Promesas y realidades, </i>Anagrama S. A., Barcelona.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S1657-4702200800010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; TAYLOR, W. (1981): <i>Environmental Ethics </i>Vol. 3, N&uacute;m. 3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S1657-4702200800010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; VANEGAS MAHECHA, S. (2004): &quot;Una mirada a trav&eacute;s de la noci&oacute;n de riesgo&quot;, en <i>Universitas Humanistica, </i>Pontificia Universidad Javeriana, Revista de la Facultad de Ciencias Sociales, N&deg; 57, a&ntilde;oXXX, Bogot&aacute;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S1657-4702200800010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body><back>
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