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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article presents in a clear and simple way, the complexity associated to the global warming. In addition, to indicate some of the associated ethical debates to this phenomenon. The global warming is not a phenomenon that is strange to the day living of each person.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <font face="Verdana" size="2">      <p align="center"><font size="4"><b>Aspectos &eacute;ticos del calentamiento clim&aacute;tico global</b></b></font></p>     <p align="center"><font size="4"><b>ETHICAL ASPECTS ABOUT GLOBAL WARMING</b></font></p>     <p><b>Andr&eacute;s Guhl Corpas*</b></p>     <p>*   Ingeniero Civil de la Universidad de los Andes, Master en Geograf&iacute;a F&iacute;sica y Ambiental de la University of Illinois y Doctorado en Geograf&iacute;a en University of Florida. Profesor Asistente CIDER - Universidad de los Andes - Bogot&aacute;, Colombia. E mail: <a href="mailto:aguhl@uniandes.edu.co">aguhl@uniandes.edu.co</a></p>     <p>Fecha Recepci&oacute;n: Septiembre 1 de 2008    <br> Fecha Aceptaci&oacute;n: Octubre 15 de 2008</p> <hr>     <p><b>RESUMEN</b></p>     <p>Este art&iacute;culo presenta, de una manera clara y sencilla, la complejidad asociada al calentamiento global. Adem&aacute;s, se&ntilde;ala algunos de los debates &eacute;ticos asociados a este fen&oacute;meno. El calentamiento global no es un fen&oacute;meno que sea ajeno al diario vivir de de cada persona.</p>     <p><b>Palabras Clave: </b>Calentamiento global, debate &eacute;tico, atm&oacute;sfera, responsabilidad individual.</p> <hr>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>ABSTRACT</b></p>     <p>This article presents in a clear and simple way, the complexity associated to the global warming. In addition, to indicate some of the associated ethical debates to this phenomenon. The global warming is not a phenomenon that is strange to the day living of each person.</p>     <p><b>Key Words: </b>Global warming, ethical debate, atmosphere, individual responsibility.</p> <hr>     <p>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os el calentamiento clim&aacute;tico global ha adquirido un papel protag&oacute;nico en c&iacute;rculos acad&eacute;micos, pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos a nivel global. Aunque es un tema que tiene una larga trayectoria en c&iacute;rculos cient&iacute;ficos y pol&iacute;ticos, su lanzamiento al estrellato para la opini&oacute;n p&uacute;blica estuvo muy asociada al documental del ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore titulada &quot;An inconvenient truth&quot; del 2006. En esta pel&iacute;cula, Gore explica de manera muy did&aacute;ctica en qu&eacute; consiste el calentamiento global, y lo relaciona con la voracidad energ&eacute;tica de los norteamericanos y otros ciudadanos del mundo. Adem&aacute;s, presenta evidencias de la falta de voluntad pol&iacute;tica para enfrentar un problema que puede poner en entredicho la supervivencia de la sociedad como la conocemos, ya que a pesar de que existen muchas tecnolog&iacute;as para reducir nuestra dependencia en los combustibles f&oacute;siles, principales causantes del calentamiento clim&aacute;tico global, los intereses de grupos econ&oacute;micos (petroleros, fabricantes de autom&oacute;viles) hacen que la necesidad de acci&oacute;n en el plano pol&iacute;tico tome un segundo lugar.</p>     <p>Los medios de comunicaci&oacute;n han contribuido a que este tema entre al imaginario colectivo de muchos habitantes de distintas regiones y pa&iacute;ses. Sin embargo, lo que a&uacute;n no se ha logrado a cabalidad es que la amenaza ni las implicaciones del calentamiento global sean percibidas en su magnitud por los seres humanos que habitamos este planeta. A pesar de que el ciudadano promedio ha o&iacute;do hablar del calentamiento global, lo ve como algo ajeno a su cotidianidad, y como un fen&oacute;meno contra el cu&aacute;l no puede tomar ninguna acci&oacute;n. El cambio clim&aacute;tico est&aacute; muy relacionado con la vida diaria, ya que cambios en las actividades cotidianas como tomar una ducha larga, dejar encendidas las luces o viajar c&oacute;modamente solo en un veh&iacute;culo a la oficina todos los d&iacute;as si son comportamientos que pueden reducir el consumo de combustibles f&oacute;siles, y por ende, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del calentamiento global. Los medios de comunicaci&oacute;n tambi&eacute;n se han encargado de esencializar la complejidad inherente de este tema, y han logrado que el p&uacute;blico en general tenga una comprensi&oacute;n err&oacute;nea del problema, y que por ejemplo estigmatice lo que se conoce como efecto invernadero, que es un proceso que se presenta en la atm&oacute;sfera y que es esencial para la vida tal como la conocemos en este planeta (Barros, 2007; Christopherson, 2005; Lutgens, Tarbuck, &amp; Tasa, 2006; McKenzie, 2003; Silver &amp; De Fries, 1990)</p>     <p>Este art&iacute;culo pretende, en primer lugar, explicar de manera sencilla en qu&eacute; consiste el calentamiento clim&aacute;tico global, y derrumbar ciertos mitos que est&aacute;n asociados con el imaginario colectivo sobre este fen&oacute;meno. En segundo lugar, tambi&eacute;n pretende presentar algunos aspectos &eacute;ticos asociados al aumento de temperatura de nuestro planeta y sus impactos tanto en nuestra especie como en otras.</p>     <p><b>CALENTAMIENTO GLOBAL COMO  PARTE DEL CAMBIO GLOBAL</b></p>     <p>Antes de hablar del calentamiento clim&aacute;tico global, es importante anotar que este fen&oacute;meno es apenas una parte de lo se conoce en el presente como cambio global. El cambio global se refiere al cambio ambiental y social que viene experimentando el planeta de manera acelerada en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, y que incluye aspectos como la deforestaci&oacute;n y p&eacute;rdida de h&aacute;bitat, la globalizaci&oacute;n pol&iacute;tica y econ&oacute;mica, transformaci&oacute;n de procesos sociales, econ&oacute;micos y pol&iacute;ticos, la p&eacute;rdida de biodiversidad, y el cambio en los patrones de consumo, entre muchos otros procesos (Johnston, Taylor, &amp; Watts, 2002). El calentamiento clim&aacute;tico est&aacute; entretejido con todos estos procesos, y por eso es importante no perder de vista que los impactos que genera el aumento de temperatura son el resultado de una infinidad de interacciones entre componentes del planeta, y que a su vez, tiene influencia sobre muchos otros fen&oacute;menos. El cambio global, al menos los aspectos relacionados a los ciclos de materia, flujos de energ&iacute;a y fen&oacute;menos biof&iacute;sicos de la Tierra, han existido desde el inicio de la historia del planeta (McKenzie, 2003; Wood, 2004). Tal vez lo m&aacute;s caracter&iacute;stico de nuestro planeta es el cambio, y &eacute;ste se presenta de manera continua a distintas escalas espaciales y temporales: d&iacute;as se alternan con noches, periodos lluviosos con periodos secos, eras glaciales que se alternan con temporadas m&aacute;s c&aacute;lidas, el surgimiento y extinci&oacute;n de especies, el nacimiento, desarrollo y posterior muerte de organismos son ejemplos de este cambio permanente. Desde este punto de vista, el cambio global actual ser&iacute;a una faceta normal del funcionamiento del planeta. Sin embargo, al superponerle los impactos de las actividades humanas, su velocidad y su magnitud han aumentado de manera sustancial, haciendo que el cambio global actual sea mucho m&aacute;s r&aacute;pido que el que se encuentra en el pasado geol&oacute;gico del planeta (Barros, 2007; Johnston et al., 2002; Silver &amp; De Fries, 1990). Igualmente, su magnitud se ha acrecentado, y las actividades de una sola especie, la especie humana, est&aacute;n cambiando de manera radical las condiciones de todo el planeta.</p>     <p><b>EL CALENTAMIENTO GLOBAL</b></p>     <p>El calentamiento global opera dentro del contexto del cambio global reciente. B&aacute;sicamente, es un fen&oacute;meno que est&aacute; asociado al aumento de la concentraci&oacute;n de ciertos gases, conocidos como gases de efecto invernadero (GEI) en la atm&oacute;sfera (Barros, 2007; Goudie, 2005; IPCC, 2007; Lutgens et al., 2006; McKenzie, 2003).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><b>El escenario: la atm&oacute;sfera</b></p>     <p>La atm&oacute;sfera es la envoltura gaseosa del planeta, y a pesar de que representa menos de la millon&eacute;sima parte de toda la masa que compone a nuestro planeta (Christopherson, 2005), es fundamental para la vida (Barros, 2007; Silver &amp; De Fries, 1990) y el resultado de distintos procesos en la historia geol&oacute;gica del planeta, incluida la influencia de muchos organismos. En el presente, la atm&oacute;sfera est&aacute; compuesta en su mayor&iacute;a por Nitr&oacute;geno (78%) y Ox&iacute;geno (21 %), ambos gases asociados a distintas etapas en la historia del planeta. El nitr&oacute;geno fue el resultado de actividad volc&aacute;nica en etapas tempranas de la formaci&oacute;n del planeta (Lutgens et al., 2006; McKenzie, 2003). El ox&iacute;geno, en cambio, es el resultado del surgimiento de la vida, particularmente de las plantas (Graedel &amp; Crutzen, 1993). Estos organismos, tambi&eacute;n conocidos como aut&oacute;trofos, utilizan la luz solar, agua y di&oacute;xido de carbono para generar energ&iacute;a y materia org&aacute;nica en un proceso conocido como fotos&iacute;ntesis. El &quot;residuo&quot; de este proceso es el ox&iacute;geno en su forma gaseosa. A los inicios del desarrollo de la vida en el planeta, aproximadamente hace unos 3500 millones de a&ntilde;os, el ox&iacute;geno era t&oacute;xico para la mayor&iacute;a de los organismos, y por esto se empez&oacute; a acumular en la atm&oacute;sfera. El aumento de su concentraci&oacute;n hizo que paulatinamente se desarrollara la capa de ozono en la estrat&oacute;sfera, que protege a nuestro c&oacute;digo gen&eacute;tico de los peligrosos rayos ultra violeta. Con esta &quot;nueva atm&oacute;sfera&quot; aparecen especies capaces de vivir en un ambiente con ox&iacute;geno en estado gaseoso, y empez&oacute; a desarrollarse la vida tal como la conocemos. En este sentido, la vida fue la encargada de modificar su entorno para hacerlo m&aacute;s favorable.</p>     <p><b>Los protagonistas, los gases de efecto invernadero (GEI)</b></p>     <p>En cuanto al resto de los gases, solo representan una proporci&oacute;n min&uacute;scula de la atm&oacute;sfera, y algunos de ellos, en un porcentaje a&uacute;n m&aacute;s peque&ntilde;o, son de vital importancia para regular la temperatura del planeta.</p>     <p>La tierra mantiene un equilibrio energ&eacute;tico, por lo cual mantiene una temperatura constante. El planeta recibe constantemente la energ&iacute;a del sol. Una parte de ella es reflejada al espacio y otra es absorbida por los distintos tipos de coberturas que se encuentran sobre la superficie terrestre. Ya que cuando cualquier objeto absorbe energ&iacute;a su temperatura aumenta, si el planeta siguiera absorbiendo energ&iacute;a sin perder parte de ella, continuar&iacute;a calent&aacute;ndose indefinidamente. Como la tierra tiene una temperatura m&aacute;s o menos constante, esto quiere decir que est&aacute; perdiendo energ&iacute;a, lo cual hace en emitiendo energ&iacute;a en forma de calor. Al ser emitido por la superficie, el calor entra a la atm&oacute;sfera, donde ciertos gases, aquellos que est&aacute;n en proporciones baj&iacute;simas en la atm&oacute;sfera, absorben esta energ&iacute;a, y a su vez aumentan su temperatura. Una vez calentados, los gases vuelven a emitir energ&iacute;a en forma de calor, lo cual genera un calentamiento adicional al planeta. En otras palabras, puede pensarse que estos gases que absorben la energ&iacute;a que emite la tierra, y luego la vuelven a emitir hacia la superficie y la atm&oacute;sfera est&aacute;n &quot;reciclando&quot; parte del calor emitido por la tierra y aumentan la temperatura del sistema planetario (Barros, 2007; Goudie, 2005; IPCC, 2007; Lutgens et al., 2006).</p>     <p>A pesar de ser una proporci&oacute;n peque&ntilde;&iacute;sima de la atm&oacute;sfera, el poder de estos gases es muy importante, ya que logran que la temperatura del planeta est&eacute; 35&deg; C por encima de lo que deber&iacute;a estar si algunos gases de la atm&oacute;sfera no recircularan la energ&iacute;a (Graedel &amp; Crutzen, 1993; Lutgens et al., 2006). Este calentamiento del planeta es lo que se conoce como el efecto invernadero, y es un fen&oacute;meno natural asociado al funcionamiento del ecosistema planetario. Los gases que lo causan son, consecuentemente, llamados gases de efecto invernadero (GEI). Existen una gran cantidad de GEI, algunos de origen natural y otros de origen antr&oacute;pico, pero los m&aacute;s importantes son el di&oacute;xido de carbono, el metano, el &oacute;xido nitroso, el vapor de agua, y los clorofluro-carbonados (CFCs) (Barros, 2007). Cada uno de estos gases tiene un potencial de calentar el planeta diferente debido a la capacidad de cada mol&eacute;cula de absorber calor y a su tiempo de vida en la atm&oacute;sfera. Por ejemplo, aunque para 2004 el 77% de las emisiones antr&oacute;picas de GEI corresponden a di&oacute;xido de carbono (IPCC, 2007), cada mol&eacute;cula de metano tiene 20 veces la capacidad de absorber calor que cuando se la compara con una mol&eacute;cula del primer gas. Por otro lado, el CO<sub>2</sub> tiene un tiempo de residencia en la atm&oacute;sfera de unos 4 a&ntilde;os, mientras que el metano permanece en la atm&oacute;sfera por 10 a&ntilde;os en promedio (IPCC, 2007). Es decir, el metano no solamente tiene mayor capacidad de absorci&oacute;n de calor, sino que permanece m&aacute;s tiempo en la atm&oacute;sfera.</p>     <p>El efecto invernadero no es exclusivo de nuestro planeta (Graedel &amp; Crutzen, 1993). Marte tiene una atm&oacute;sfera donde la concentraci&oacute;n de GEI es mucho menor, por lo que su efecto invernadero es mucho m&aacute;s d&eacute;bil. Esto, combinado al hecho de que el planeta rojo est&aacute; m&aacute;s lejos del sol y recibe menos energ&iacute;a, hace que su temperatura sea mucho m&aacute;s baja que la de nuestro planeta. En Venus, por otra parte, la atm&oacute;sfera tiene una concentraci&oacute;n tan alta de GEI que la temperatura promedio de la superficie es de varios cientos de grados cent&iacute;grados. La tierra es el &uacute;nico planeta que conocemos donde las condiciones atmosf&eacute;ricas permiten que exista un efecto invernadero moderado en el que el agua, el bloque b&aacute;sico de la vida, puede existir en forma l&iacute;quida, s&oacute;lida y gaseosa de manera simult&aacute;nea. Tal como lo mencionan muchos autores (Barros, 2007; McKenzie, 2003; Silver &amp; De Fries, 1990), el efecto invernadero es un fen&oacute;meno natural que hace que la vida sea posible en nuestro planeta, y sin &eacute;l &eacute;sta no ser&iacute;a posible.</p>     <p><b>Cambios recientes en la concentraci&oacute;n de GEI</b></p>     <p>As&iacute; como el planeta ha cambiado y sus condiciones se han transformado en distintos per&iacute;odos geol&oacute;gicos, la intensidad del efecto invernadero tambi&eacute;n ha cambiado. Debido a que la concentraci&oacute;n de los GEI es tan peque&ntilde;a en la atm&oacute;sfera, variaciones min&uacute;sculas en su contenido generan cambios importantes en la temperatura de la Tierra. En momentos en que hay una mayor concentraci&oacute;n de GEI en la atm&oacute;sfera la temperatura promedio del planeta es mayor. Por el contrario, cuando la concentraci&oacute;n de estos gases disminuye, la temperatura del planeta baja. Hay mecanismos naturales determinados por la interacci&oacute;n y retroalimentaci&oacute;n entre distintos componentes de la atm&oacute;sfera, los oc&eacute;anos, la tierra, y los organismos vivos que hacen que esta concentraci&oacute;n cambie en distintos momentos. Sin embargo, desde el inicio de la revoluci&oacute;n industrial, a finales del siglo XVIII, nuestra especie empez&oacute; a cambiar la composici&oacute;n de la atm&oacute;sfera de manera acelerada, al empezar a utilizar de manera intensiva los combustibles f&oacute;siles (Barros, 2007; Goudie, 2005; Silver &amp; De Fries, 1990). Estas sustancias son b&aacute;sicamente compuestos de carbono que, al ser quemados (combinados con ox&iacute;geno), generan energ&iacute;a y como residuo producen di&oacute;xido de carbono. Hacia 1750, antes del inicio de la era industrial, la concentraci&oacute;n de este gas en la atm&oacute;sfera era de 250 partes por mill&oacute;n. Hoy en d&iacute;a, la concentraci&oacute;n est&aacute; cercana a las 320 partes por mill&oacute;n, un aumento de aproximadamente el 30% en apenas dos siglos y medio. De acuerdo al &uacute;ltimo reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Clim&aacute;tico (2007), quien se encarga del monitoreo cient&iacute;fico del calentamiento global, la velocidad a la cual hacemos las emisiones ha crecido radicalmente, y la cantidad de di&oacute;xido de carbono emitido a la atm&oacute;sfera ha aumentado en un 80% entre 1970 y 2004.</p>     <p>Como se mencion&oacute; anteriormente hay una gran variedad de gases de efecto invernadero. Sin embargo, el otro gran protagonista del calentamiento global presente es el metano. Aunque este gas tambi&eacute;n tiene fuentes no antr&oacute;picas, est&aacute; muy relacionado a la producci&oacute;n de arroz y al consumo de carne y leche. Este gas se genera en los est&oacute;magos de los rumiantes. A medida que la calidad de vida de muchas regiones mejora, el consumo de carne per c&aacute;pita se incrementa. Es decir, es necesario tener m&aacute;s vacas y otros rumiantes para satisfacer el voraz apetito de nuestra sociedad moderna. Un mayor n&uacute;mero de rumiantes significa un aumento significativo en las emisiones de metano. La producci&oacute;n de arroz tambi&eacute;n genera este gas. Mientras las parcelas de este cereal se encuentran inundadas, procesos de descomposici&oacute;n bajo el agua producen este gas. Su concentraci&oacute;n se ha duplicado desde 1750 (Hopwood &amp; Cohen, S.F).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>El &uacute;ltimo reporte del IPCC (2007) advierte que los mayores aumentos en las emisiones de GEI entre 1970 y 2004 provienen de la generaci&oacute;n de energ&iacute;a, transporte e industria, seguidos por la construcci&oacute;n, el sector forestal y agropecuario. Esto pone en evidencia c&oacute;mo nuestra dependencia en los combustibles f&oacute;siles es el factor m&aacute;s importante que contribuye al calentamiento global. De acuerdo a la evidencia cient&iacute;fica m&aacute;s reciente, no existe duda alguna de que la temperatura del planeta ha aumentado como resultado de la combinaci&oacute;n del fortalecimiento del efecto invernadero por causas antr&oacute;picas y de mecanismos naturales (IPCC, 2007).</p>     <p>Uno de los aspectos m&aacute;s interesantes y m&aacute;s inequitativos relacionados a las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel global es la contribuci&oacute;n relativa de cada pa&iacute;s. De acuerdo a informaci&oacute;n compilada por el World Resources Institute (WRI, 2001), Estados Unidos (27%), la Comunidad Europea (18%) y Rusia (10%) son responsables del 55% de las emisiones de di&oacute;xido de carbono entre 1950 y 1999. Esto muestra contundentemente que las emisiones de GEI hist&oacute;ricamente han estado concentradas en los pa&iacute;ses desarrollados. Mientras tanto, los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo solo han hecho un aporte peque&ntilde;o. Aunque en a&ntilde;os recientes pa&iacute;ses como China e India han pasado a ser dos de los pa&iacute;ses con mayores emisiones de GEI, su contribuci&oacute;n a lo largo de este periodo de tiempo es menor que la de las tres regiones mencionadas al inicio de este p&aacute;rrafo. Cabe preguntarse entonces, si hay zonas en el mundo que han concentrado las emisiones, y por ende son responsables en mayor medida del calentamiento global, &iquest;por qu&eacute; los gobiernos de los pa&iacute;ses involucrados no toman acciones para compensar al resto de los pa&iacute;ses del mundo?</p>     <p>Finalmente, hay un &uacute;ltimo aspecto fundamental relacionado al calentamiento global y es que existe un rezago entre los aumentos de temperatura que est&aacute; experimentando el planeta en este momento y las emisiones de los GEI. Seg&uacute;n Barros (2007), &quot;el tiempo &#91;promedio&#93; de desaparici&oacute;n del efecto de una emisi&oacute;n de di&oacute;xido de carbono a la atm&oacute;sfera es de entre 100 y 150 a&ntilde;os&quot; (Barros 2007: 47). Incluso, algunas de estas mol&eacute;culas permanecer&aacute;n por tiempos mucho m&aacute;s largos. Esto significa que, a&uacute;n si las emisiones de GEI pararan hoy, tendr&iacute;amos un efecto residual de aproximadamente un siglo, y que las emisiones del pasado se combinan con las del presente para acrecentar el proceso de calentamiento del planeta. Este fen&oacute;meno se debe a que, una vez emitida, una mol&eacute;cula de GEI va a tener un tiempo de vida en la atm&oacute;sfera que hace que su contribuci&oacute;n al calentamiento global no desaparezca sino hasta que vuelva a ser incorporada a otros ciclos del funcionamiento del planeta, y mol&eacute;culas de di&oacute;xido de carbono que fueron emitidas hace 100 a&ntilde;os apenas est&aacute;n terminando su papel en el calentamiento global.</p>     <p><b>IMPACTOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL</b></p>     <p>Los impactos del calentamiento global son muy variados, y aunque est&aacute;n relacionados con el aumento general de la temperatura del planeta, var&iacute;an de regi&oacute;n a regi&oacute;n (IPCC, 2007). Aunque durante los &uacute;ltimos 150 a&ntilde;os la temperatura promedio del planeta ha subido 0.6 &deg;C, el aumento de temperatura cerca a los polos es mucho mayor que cerca a la l&iacute;nea del Ecuador. Sin embargo, hay algunas tendencias generales asociadas al incremento de la temperatura:</p>     <p>1. Aumento del nivel del mar.</p>     <p>2. Acentuaci&oacute;n del ciclo hidrol&oacute;gico.</p>     <p>3. Aumento de la frecuencia de eventos extremos.</p>     <p><b>Cambios ecol&oacute;gicos</b></p>     <p>El aumento de temperatura tiene como efecto directo el incremento del nivel del mar por dos razones fundamentales (Barros, 2007; IPCC, 2007): 1) una mayor temperatura implica que el agua se expande, y 2) los casquetes glaciares de Groenlandia y la Antartida empiezan a derretirse.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Es importante anotar que el hielo que se encuentra flotando sobre el mar, como el del oc&eacute;ano &Aacute;rtico, no aumenta el nivel de &eacute;ste, de la misma manera que un cubo de hielo en un vaso de agua, al derretirse, no afecta la cantidad de agua en el mismo. El aumento del nivel del mar tiene serias implicaciones para el bienestar de la poblaci&oacute;n, ya que para 2005, algo m&aacute;s de 2400 millones de personas, el 37% del total del planeta, viv&iacute;a a menos de 100 km de la costa (UNEP, 2008). De acuerdo a los modelos y estimativos del &uacute;ltimo reporte del IPCC (2007), se estima que para el 2100 el nivel del mar debe subir cerca de un metro. Si estas predicciones se cumplen, el 15% del territorio de Bangladesh y el 25% del de Holanda quedar&iacute;an bajo el nivel del mar. Sin embargo, existe una enorme diferencia entre estos dos pa&iacute;ses, y es que mientras en el segundo existen los recursos y tecnolog&iacute;as para enfrentar la inundaci&oacute;n del territorio, en el primero no. El aumento de temperatura tiene otros impactos importantes en la disponibilidad de agua de muchas regiones del mundo. Mayores temperaturas implican que los glaciares de monta&ntilde;a disminuyen o desaparecen. Hay muchas regiones del mundo como por ejemplo la costa peruana o la del sur de California donde el suministro de agua depende de que el hielo de estos glaciares se derrita lentamente. Cualquier reducci&oacute;n en el volumen de hielo se traduce en que la disponibilidad de agua a lo largo del a&ntilde;o disminuye.</p>     <p>El incremento de la temperatura tambi&eacute;n est&aacute; asociado con un aumento en la evaporaci&oacute;n. Una mayor cantidad de vapor de agua en la atm&oacute;sfera se traduce en mayor nubosidad, y por ende se acent&uacute;a la precipitaci&oacute;n (Barros, 2007). Sin embargo, no se espera que se produzca un patr&oacute;n homog&eacute;neo en todo el planeta. Los modelos de circulaci&oacute;n global predicen que una mayor temperatura genera mayor nubosidad, pero una mayor evaporaci&oacute;n en zonas tropicales y una mayor precipitaci&oacute;n en zonas de latitudes altas y medias. Aunque en principio podr&iacute;a pensarse que la disponibilidad de agua va a aumentar con el incremento de la evaporaci&oacute;n y la nubosidad, los modelos tambi&eacute;n muestran que la escasez de agua va a acentuarse en zonas de &Aacute;frica, Am&eacute;rica Latina, y el sur de Europa (IPCC, 2007). En las zonas que hoy en d&iacute;a son relativamente secas donde aumenta la cantidad de lluvia, sube la productividad agr&iacute;cola. Pero en aquellas zonas donde se incrementa la temperatura sin un incremento de la precipitaci&oacute;n, se reducir&aacute; la disponibilidad de agua para la agricultura porque aumentar&aacute; la evaporaci&oacute;n.</p>     <p>En el p&aacute;rrafo anterior se presentaron algunos de los posibles impactos asociados a la acentuaci&oacute;n del ciclo hidrol&oacute;gico. Al combinar este cambio con mayores temperaturas, hay tambi&eacute;n impactos en la frecuencia e intensidad de eventos clim&aacute;ticos extremos (Barros, 2007). Por ejemplo, mares m&aacute;s calientes causan mayor evaporaci&oacute;n, lo cual se traduce en mayor cantidad de energ&iacute;a en la atm&oacute;sfera para la formaci&oacute;n de huracanes, y su presencia en zonas donde hoy en d&iacute;a no se presentan este tipo de fen&oacute;menos. De igual forma, una atm&oacute;sfera m&aacute;s caliente con mayor cantidad de vapor de agua representa ambientes con mayor energ&iacute;a (al convertir el vapor de agua en nubes se libera energ&iacute;a en forma de calor) que puede desatar tormentas m&aacute;s intensas (Lutgens et al., 2006). Igualmente, esta situaci&oacute;n tambi&eacute;n se presta para tener una mayor frecuencia de eventos extremos.</p>     <p>Desde el punto de vista biol&oacute;gico, el calentamiento global tiene impactos muy significativos. Un ecosistema puede definirse como el grupo de elementos bi&oacute;ticos y abi&oacute;ticos que en un espacio espec&iacute;fico conforman una unidad funcional (Alcamo et al., 2003). Sin embargo, no todos los elementos bi&oacute;ticos tienen la misma capacidad para enfrentar un cambio de temperatura. Por ejemplo, un animal puede desplazarse de manera mucho m&aacute;s sencilla que una planta a un entorno favorable ante un aumento en la temperatura. Esto significa que, ante temperaturas y reg&iacute;menes de precipitaci&oacute;n cambiantes, los ecosistemas tal como los conocemos hoy en d&iacute;a pueden transformarse. Una de las consecuencias m&aacute;s importantes del aumento de temperatura es que las regiones donde se presentan enfermedades tropicales crecer&aacute;n. A nivel de ecosistemas, mayores temperaturas significan aquellas especies que no se puedan adaptar a los cambios de temperatura y/o precipitaci&oacute;n corren el riesgo de extinguirse. Por otro lado, no todas las especies tienen la misma capacidad para soportar los cambios. Algunas de ellas migrar&aacute;n hacia nuevos entornos, y otras permanecer&aacute;n en el mismo lugar. En otras palabras, la composici&oacute;n de especies de muchos ecosistemas puede alterarse de manera dr&aacute;stica. Esto tiene unas consecuencias muy importantes para el bienestar de la sociedad y el funcionamiento de los ecosistemas, ya que la biodiversidad es el principal generador de bienes y servicios ambientales, y cambios en la composici&oacute;n de las especies hacen que esa oferta var&iacute;e. Ya que el bienestar de la sociedad depende directamente de esos servicios ambientales (MA, 2005a, 2005b), cambios en la temperatura afectan su oferta, lo cual no solo tiene impactos directos en el funcionamiento de los ecosistemas sino en el bienestar de la sociedad.</p>     <p>Aunque muchos de los impactos asociados al calentamiento global son negativos, tambi&eacute;n existen varios beneficios. En primer lugar, el aumento de la temperatura significa menos d&iacute;as fr&iacute;os en pa&iacute;ses con estaciones, lo cual reduce las muertes asociadas a temperaturas muy bajas. En latitudes altas, este el calentamiento clim&aacute;tico permitir&aacute; que la temporada de cultivos se alargue, ya que una mayor temperatura est&aacute; asociada a inviernos menos extremos. Sin embargo, el balance entre impactos y beneficios tiende a favorecer a los primeros (Barros, 2007; IPCC, 2007).</p>     <p><b>ALGUNOS ASPECTOS &Eacute;TICOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL</b></p>     <p>El calentamiento global genera una serie de preguntas de car&aacute;cter &eacute;tico porque involucra inequidades en el presente, impactos y decisiones que involucran sacrificar el bienestar del presente por el del futuro (Broome, 2008; Feldmann &amp; Furriela, 2001; Gardiner, 2006). Aunque nadie pone en duda que el calentamiento global afecta a todos los habitantes del planeta, y que cada uno de nosotros, causantes de las emisiones de GEI, tiene un impacto, no todos los habitantes de nuestra especie contribuimos de igual forma al problema. Tal como se mencion&oacute; anteriormente, los impactos del presente son el resultado de las emisiones hist&oacute;ricas asociadas al desarrollo de las econom&iacute;as m&aacute;s grandes del presente. Surge la pregunta entonces, si todos debemos enfrentarlo por igual, ya que por ejemplo, las contribuciones de un pa&iacute;s como Estados Unidos entre 1950 y 1999 corresponden al 27% del total de las emisiones de GEI, mientras las de un pa&iacute;s como Colombia corresponden a menos del 1% en el mismo periodo (WRI, 2001). Aunque los impactos del presente son el resultado en su mayor&iacute;a de emisiones del pasado, uno se pregunta por qu&eacute; un colombiano debe enfrentar el calentamiento global de la misma manera que un estadounidense, cuando fueron pasadas generaciones de estadounidenses las que han contribuido m&aacute;s al problema. Tal como lo menciona Singer (Singer, 2006), las naciones industrializadas deber&iacute;an estar haciendo mucho m&aacute;s de lo que est&aacute;n haciendo para reducir sus emisiones, y adicionalmente, deber&iacute;an estar ayudando para que los pa&iacute;ses en desarrollo no sigamos la misma trayectoria sustentada en combustibles f&oacute;siles para lograr nuestro desarrollo. Es evidente que no es posible se&ntilde;alar a los directos responsables, los ciudadanos de otros momentos en el tiempo, porque ellos hace muchos a&ntilde;os que ya no viven. De igual forma, tampoco es posible que personas que no han nacido todav&iacute;a puedan expresar sus puntos de vista en esta discusi&oacute;n, y nos vemos forzados a decidir por ellos en el presente. La discusi&oacute;n acerca de cambio clim&aacute;tico est&aacute; llena de incertidumbre (Lomborg, 2001), y es precisamente este &uacute;ltimo aspecto el que nos est&aacute; permitiendo escudarnos para no tomar las decisiones importantes acerca del futuro de nuestra especie en este planeta.</p>     <p>Otro aspecto fundamental asociado con la inequidad entre las regiones causantes del problema del calentamiento global y la capacidad de enfrentarlo es que los m&aacute;s vulnerables son los menos capacitados para afrontar el problema. Tal como lo muestran los reportes del IPCC (IPCC, 2007), las estrategias de adaptaci&oacute;n y mitigaci&oacute;n exigen cuantiosas sumas de recursos que solo los m&aacute;s ricos, que a su vez son los pa&iacute;ses m&aacute;s desarrollados y los principales causantes del problema de calentamiento global, pueden pagar. Esto sugiere una enorme inequidad donde los menos responsables tambi&eacute;n son los que potencialmente van a experimentar los impactos de mayor magnitud. En el ejemplo que se mencion&oacute; anteriormente sobre el aumento del nivel del mar y la inundaci&oacute;n del territorio de pa&iacute;ses como Holanda y Bangladesh, el primer pa&iacute;s tiene los recursos para construir costosas obras de ingenier&iacute;a y as&iacute; reducir el impacto del problema. El segundo pa&iacute;s en cambio, tiene pocas opciones m&aacute;s all&aacute; de movilizar su poblaci&oacute;n a lugares no inundados. No es aceptable que los habitantes de pa&iacute;ses que hist&oacute;ricamente han contribuido muy poco al problema del calentamiento global sean quienes deban experimentar sus impactos de mayor magnitud. En este aspecto, como en muchos otros relacionados al debate &eacute;tico, hay cierta hipocres&iacute;a (Gardiner, 2006), ya que se reconoce la magnitud del problema, pero no la equidad de las responsabilidades asociadas y en muchos tratados y acuerdos internacionales, a pesar de las buenas intenciones de tratar de abordar estas responsabilidades diferenciales, en la pr&aacute;ctica se traducen en la idea de que cada cual es responsable de su propia suerte. Cuando la riqueza de los pa&iacute;ses ricos en el presente se debe en gran medida al colonialismo de otros momentos en el tiempo, es sencillamente impensable e inaceptable que se les venda exclusivamente a los m&aacute;s vulnerables que el calentamiento global es un problema de todos, y por ende, todos debemos enfrentarlo por igual. Es obvio que estos pa&iacute;ses menos desarrollados no tienen ni el capital econ&oacute;mico ni el capital pol&iacute;tico para cambiar estas tendencias, y los pa&iacute;ses ricos se escudan en argumentos poco convincentes para abordar su responsabilidad hist&oacute;rica con las generaciones del presente y del futuro. La ayuda a pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo para afrontar los impactos del calentamiento global corresponde a esta responsabilidad, y no debemos dejar que este tipo de colaboraci&oacute;n sea vista como &quot;buena voluntad&quot; del pa&iacute;s desarrollado.</p>     <p>El problema del calentamiento global est&aacute; asociado a las emisiones de GEI, las cuales est&aacute;n relacionadas directamente con el nivel de la poblaci&oacute;n. Entre m&aacute;s alta la calidad de vida, mayores son las emisiones. Tambi&eacute;n existe un v&iacute;nculo entre emisiones en el presente y calentamiento global hacia el futuro. Esta situaci&oacute;n presenta un dilema muy interesante y complejo porque compromete la calidad de vida de los habitantes del presente y la pone en la balanza con la de aquellos del futuro (Feldmann &amp; Furriela, 2001). Esta comparaci&oacute;n entre presente y futuro es muy relevante, ya que la mayor&iacute;a de personas del presente no est&aacute;n dispuestas a sacrificar su calidad de vida para que los habitantes del futuro tengan una vida mejor. Este tipo de preguntas se encuentran en el foco de la discusi&oacute;n sobre sostenibilidad (Carrizosa, 2001). En el mundo contempor&aacute;neo la calidad de vida se ha venido equiparando con el acceso a bienes materiales, y se supone que quien tiene m&aacute;s vive mejor (Grainger, 2004), lo cual no es del todo cierto. Aunque si es fundamental reconocer que existen unos m&iacute;nimos materiales que garantizan el bienestar (Alcamo et al., 2003), una mayor cantidad de bienes no garantiza un mayor bienestar. En el caso del calentamiento global, la acumulaci&oacute;n de esos bienes para lograr lo que nuestra sociedad moderna ha llamado bienestar, genera mayores emisiones, y pone en juego el bienestar de generaciones futuras. Tal como lo sugieren algunos autores (Carrizosa, 2001; Feldmann &amp; Furriela, 2001; Grainger, 2004), el concepto de equidad intergeneracional requiere un cambio cualitativo en nuestra definici&oacute;n de bienestar, dej&aacute;ndolo de asociar a la cantidad de bienes (el est&aacute;ndar de vida) y enfatizando la calidad de vida. Sin embargo, el materialismo y el individualismo que cada vez m&aacute;s caracterizan a la sociedad moderna hacen que sea muy dif&iacute;cil generar los cambios de actitud requeridos en los ciudadanos globales. El futuro de nuestra sociedad como la conocemos hoy en d&iacute;a est&aacute; m&aacute;s sustentado en cambios de comportamiento que en la disponibilidad de recursos. Estos cambios de comportamiento deben reflejarse en actitudes donde, luego de cierto bienestar material, no es necesario tener m&aacute;s para vivir mejor. Sin embargo, dadas las tendencias actuales, es bien poco probable que esos cambios se manifiesten en el futuro cercano.</p>     <p>No todos los debates &eacute;ticos asociados al calentamiento global son exclusivamente de nuestra especie. Los cambios de patrones de temperatura y precipitaci&oacute;n van a generar la extinci&oacute;n de algunas especies y la composici&oacute;n de los ecosistemas. Aunque ya se mencion&oacute; que el cambio es una caracter&iacute;stica intr&iacute;nseca de nuestro planeta, la velocidad a la que est&aacute; ocurriendo es muy alta y muchas especies no pueden adaptarse a transformaciones tan r&aacute;pidas. Adem&aacute;s, pocas veces en la historia de la Tierra una sola especie, en este caso la nuestra, ha sido responsable de cambios de tal magnitud en tan corto tiempo (Silver &amp; De Fries, 1990). Puede afirmarse entonces que la influencia de la sociedad est&aacute; transformando el planeta de una manera muy fuerte, y que si &eacute;ticamente es aceptable que esos cambios est&eacute;n afectando la supervivencia de otros organismos. Aunque toda los individuos de distintas especies modifican en una u otra medida su entorno para hacerlo m&aacute;s favorable, la intervenci&oacute;n de humana nuestra especie no est&aacute; haciendo lo mismo, y hemos deteriorado el entorno de manera significativa. Realmente no es aceptable que utilicemos los escasos recursos del planeta, incluida su biodiversidad, para nuestros objetivos, y las necesidades sociales deben estar balanceadas con las de los dem&aacute;s organismos (Alcamo et al., 2003; Odum, 1997). No puede argumentarse que las necesidades de nuestra especie tengan prelaci&oacute;n sobre las de otras, ya que todos los organismos son esenciales para el funcionamiento del planeta. Aunque todas las especies deben buscar su supervivencia, &eacute;sta no puede ser a expensas de la extinci&oacute;n de otros organismos. La humanidad est&aacute; haciendo un experimento de escala planetaria que, de salir mal, pondr&aacute; en aprietos a muchos organismos. En el debate acerca del calentamiento global tambi&eacute;n se menciona con frecuencia que el futuro de la vida en el planeta est&aacute; amenazado. Esta afirmaci&oacute;n, de corte muy antropoc&eacute;ntrico, no es cierta. La vida surgi&oacute; en la Tierra hace m&aacute;s de 3500 millones de a&ntilde;os, y el impacto del calentamiento global no tiene m&aacute;s de tres siglos. Aunque el destino de cualquier especie es su eventual extinci&oacute;n, la vida ha sobrevivido a situaciones mucho m&aacute;s amenazantes y traum&aacute;ticas que la presente como el impacto de meteoritos en varios momentos del pasado geol&oacute;gico (Silver &amp; De Fries, 1990). Tal vez lo que est&aacute; en juego es el futuro de nuestra especie, y no el de la vida en el planeta. Puede que no seamos capaces de sobrevivir como especie, pero es muy poco probable que la vida desaparezca de nuestro planeta como resultado del calentamiento global.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>Otro debate de implicaciones &eacute;ticas es el de aquellos grupos que se han encargado de tratar de desvirtuar la evidencia sobre el calentamiento global. Aunque es cierto que existe una enorme incertidumbre asociada a este fen&oacute;meno, y que existen otras miradas que intentan mostrar que la magnitud de los impactos no es tan grande reanalizando de manera cr&iacute;tica la evidencia cient&iacute;fica (Lomborg, 2001), tambi&eacute;n hay intentos deliberados por desvirtuar la evidencia que sustenta al cambio clim&aacute;tico. Recientemente, empresas petroleras, particularmente los de la Exxon-Mobil, financiaron investigaciones para tratar de demostrar que el calentamiento clim&aacute;tico era un fen&oacute;meno no causado por los combustibles f&oacute;siles. Los resultados de estas investigaciones, muchas de dudosa calidad cient&iacute;fica, introducen &quot;ruido&quot; en el debate sobre el calentamiento global, y lo que hacen es aumentar la incertidumbre sobre las acciones que debemos seguir hacia el futuro. Lo parad&oacute;jico de este tipo de iniciativas es que desde el reporte del IPCC de 2001 existe una alt&iacute;sima probabilidad de que las actividades humanas contribuyen de manera muy significativa al cambio clim&aacute;tico global. Exxon hizo un esfuerzo deliberado por cuestionar la evidencia. Aunque en principio no existe objeci&oacute;n para cuestionar la evidencia, lo que s&iacute; es debatible es que esto se haga cuando exist&iacute;a consenso entre la mayor&iacute;a de cient&iacute;ficos e investigadores de que la influencia humana era fundamental en el calentamiento global. En este caso, los intereses econ&oacute;micos a corto plazo de ciertos grupos prevalecieron sobre el inter&eacute;s de toda la especie. Otro aspecto que hace que esta actitud de Exxon-Mobil sea reprochable es que en los temas ambientales es aceptado que el principio de precauci&oacute;n aplica. Este principio b&aacute;sicamente dice es importante tomar medidas que reduzcan la posibilidad de sufrir una cat&aacute;strofe ecol&oacute;gica a pesar de que se ignore la probabilidad precisa de que &eacute;sta ocurra. Esta compa&ntilde;&iacute;a petrolera sencillamente pas&oacute; por lo alto la evidencia cient&iacute;fica que, aunque no del todo contundente, si tiene implicaciones ecol&oacute;gicas a largo plazo.</p>     <p><b>A MANERA DE CONCLUSI&Oacute;N: QU&Eacute; PUEDE HACER EL CIUDADANO DEL COM&Uacute;N</b></p>     <p>El prop&oacute;sito de este art&iacute;culo era presentar, de una manera clara y sencilla, la complejidad asociada al calentamiento global. Adem&aacute;s, pretend&iacute;a se&ntilde;alar algunos de los debates &eacute;ticos asociados a este fen&oacute;meno. El calentamiento global no es un fen&oacute;meno que sea ajeno a la cotidianidad de cada persona. Cualquiera de nuestras actividades diarias contribuye, as&iacute; sea de manera min&uacute;scula, a las emisiones de GEI. Los patrones de comportamiento actuales, fundamentados en el consumo, exacerban nuestra contribuci&oacute;n a este fen&oacute;meno de cambio global. Aunque estamos a&uacute;n lejos de formular una soluci&oacute;n efectiva, el primer paso est&aacute; en ser consciente de la relaci&oacute;n entre la cotidianidad y procesos globales como el aumento de la temperatura. Tal como lo proponen Feldmann y Furriela (2006), &quot;los desaf&iacute;os planteados por el cambio clim&aacute;tico se expresan esencialmente en el &aacute;mbito de la ciudadan&iacute;a, lo que supone la decisi&oacute;n de generar nuevas formas de di&aacute;logo, de circulaci&oacute;n de la informaci&oacute;n, de educaci&oacute;n y de democratizaci&oacute;n en la toma de decisiones&quot; (2006: 287). A estos cambios habr&iacute;a que agregar los cambios en el comportamiento de cada uno de nosotros para tener una actitud &eacute;tica m&aacute;s expl&iacute;cita asociada al principio de no causar da&ntilde;o. Estos cambios a nivel individual son tal vez igual de importantes a las transformaciones institucionales y pol&iacute;ticas en la esfera nacional e internacional, y tienen el potencial de empezar a generar cambios mucho antes de que las negociaciones pol&iacute;ticas entre distintos actores y grupos econ&oacute;micos logren un acuerdo. Actitudes tan sencillas como apagar las luces, viajar en transporte p&uacute;blico cuando sea posible, utilizar el autom&oacute;vil solo si es estrictamente necesario, entre otras, son cambios de comportamiento que tienen el potencial para reducir las emisiones de GEI de manera sustancial. El problema del calentamiento global nos ata&ntilde;e a todos, y su soluci&oacute;n empieza a nivel individual. No podemos esperar a que nos solucionen el problema, sino que la soluci&oacute;n debe empezar con nosotros mismos.</p>     <p><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p>&bull; Alcamo, J., Ash, N. J., Butler, C. D., Callicott, J. B., Capistrano, D., Carpenter, S. R., et al. (2003). <i>Ecosystems and Human Well-being: A framework forAsssessment. </i>Washington: Island Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000057&pid=S1657-4702200800020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Barros, V. (2007). <i>El cambio clim&aacute;tico global. &iquest;Cu&aacute;ntas cat&aacute;strofes antes de actuar? </i>Buenos Aires: Libros El Zorzal. Ediciones desde abajo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000058&pid=S1657-4702200800020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Broome, J. (2008). The Ethics of climate change. <i>Scientific American, </i>298, 96-102.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000059&pid=S1657-4702200800020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Carrizosa, J. (2001). <i>&iquest;Qu&eacute; es el ambientalismo? La visi&oacute;n ambiental compleja. </i>Bogot&aacute;: PNUMA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000060&pid=S1657-4702200800020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Christopherson, R. (2005). <i>Geosystems: An Introduction to Physical Geography </i>(6 ed.). Upper Saddle River, NJ: Prentice Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000061&pid=S1657-4702200800020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Feldmann, F. J., &amp; Furriela, R. B. (2001). Los cambios clim&aacute;ticos globales y el desaf&iacute;o de la ciudadan&iacute;a planetaria. <i>Acta Bioethica </i>2001, VII(2), 287-292.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000062&pid=S1657-4702200800020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Gardiner, S. (2006). A Perfect Moral Storm: Climate Change, Intergenerational Ethics and the Problem of Moral Corruption. <i>Environmental Values, </i>15, 397-413.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000063&pid=S1657-4702200800020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Goudie, A. (2005). <i>The Human Impact on the Natural Environment </i>Past, present and future (6 ed.). Oxford: Wiley-Blackwell.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000064&pid=S1657-4702200800020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Graedel, T. E., &amp; Crutzen, P. J. (1993). <i>Atmospheric change: An Earth System Perspective. </i>Nueva York: W.H. Freeman and Company.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000065&pid=S1657-4702200800020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Grainger, A. (2004). Introduction. In M. Purvis &amp; A. Grainger (Eds.), <i>Exploring Sustainable Development </i>(pp. 3-30). Londres: Earthscan.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000066&pid=S1657-4702200800020000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Hopwood, N., &amp; Cohen, J. (S.F.). Greenhouse gases and society. Retrieved Agosto, 2008, from <a href="http://www.umich.edu/~gs265/society/greenhouse.htm" target="_blank">http://www.umich.edu/~gs265/society/greenhouse.htm</a>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000067&pid=S1657-4702200800020000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; IPCC. (2007). <i>Climate Change 2007. </i>Cambridge: WMO y UNEP&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000068&pid=S1657-4702200800020000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Johnston, R. J., Taylor, P J., &amp; Watts, M. J. (Eds.). (2002). <i>Geographies of Global Change: Remapping the World </i>Oxford: Wiley-Blackwell.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000069&pid=S1657-4702200800020000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Lomborg, B. (2001). <i>The Skeptical eEnvironmentalis. Measuring the Real State of the World. </i>Cambridge: Cambridge University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000070&pid=S1657-4702200800020000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; Lutgens, F. K., Tarbuck, E. J., &amp; Tasa, D. (2006). <i>The Atmosphere: An Introduction to Meteorology </i>(10 ed.). Upper Saddle River, NJ: Prentice Hall.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000071&pid=S1657-4702200800020000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; MA. (2005a). <i>Ecosystems and Human Well-Being. </i><i>Synthesis. </i>Washington DC: Millennium Ecosystem Assessment (MA) - Island Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000072&pid=S1657-4702200800020000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; MA. (2005b). <i>Living beyond our means. Natural </i><i>Assetts and human well-being. </i>Washington DC: Millennium Ecosystem Assessment (MA) - Island Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=000073&pid=S1657-4702200800020000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p>&bull; McKenzie, F. T. 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