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</front><body><![CDATA[  <font face="verdana" size="2">     <p>EDITORIAL</p>     <p align="center"><font size="4"><b>Intemacionalizaci&oacute;n empresarial</b></font></p>     <p align="center"><b><font size="3">Entrepreneurial   internationalization</font></b></p>     <p>Innegable ha sido el impacto que han tenido los procesos de apertura   experimentados en el mundo, particularmente en los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo.   La ca&iacute;da del Muro de Berl&iacute;n en 1989, que hizo trizas las barreras que   distanciaban los modos de producci&oacute;n inspirados en antag&oacute;nicas ideolog&iacute;as, y los   m&uacute;ltiples acuerdos bilaterales y multilaterales signados entre dis&iacute;miles   naciones, impusieron a los practicantes de la administraci&oacute;n contempor&aacute;nea un   reto que no todos han dimensionado en sus justas proporciones.</p>     <p>Este reto fue a&uacute;n mayor dadas las inesperadas circunstancias que debieron   enfrentar quienes tomaron parte de forma directa o indirecta en lo que hoy   tenemos. Fue notoria su falta de preparaci&oacute;n intelectual y acad&eacute;mica. La   dominante tendencia en las escuelas de negocios y en las facultades de econom&iacute;a   de formar de manera instrumental y t&eacute;cnica a los profesionales de la   administraci&oacute;n, impidi&oacute; que &eacute;stos alcanzaran una visi&oacute;n de conjunto de los   desaf&iacute;os que produce un mundo abierto y con nuevas reglas de juego. Los   contenidos curriculares dificultaron -t&aacute;cita o abiertamente-que los egresados   dimensionaran la complejidad implicada en cada acci&oacute;n de extensi&oacute;n de las   estrategias empresariales m&aacute;s all&aacute; de sus fronteras nacionales. Muchas   decisiones fueron tomadas recurriendo al <i>"sentido com&uacute;n" </i>y solo en   algunos casos &eacute;stas se basaron en serios y rigurosos an&aacute;lisis de los mercados   internacionales. No se logr&oacute; comprender, por ejemplo, el efecto que tienen los   factores de entorno -pol&iacute;ticos, sociales, econ&oacute;micos, culturales, tecnol&oacute;gicos-   en el &eacute;xito o fracaso de los negocios. Muchos estrategas internacionales siguen   pensando que el intercambio comercial es ajeno al estado de las relaciones   diplom&aacute;ticas y pol&iacute;ticas entre las naciones.</p>     <p>Muchas de las teor&iacute;as relacionadas con la internacionalizaci&oacute;n de la &eacute;poca,   se apoyaron en una especie de proceso de colonizaci&oacute;n de las grandes   multinacionales hacia los mercados de pa&iacute;ses con menores grados de   industrializaci&oacute;n. Una suerte de segunda colonizaci&oacute;n se fue imponiendo de   manera casi natural. Se promovi&oacute; y auspici&oacute; durante mucho tiempo el modelo de   sustituci&oacute;n de importaciones que ratific&oacute; el papel de los pa&iacute;ses m&aacute;s atrasados   como proveedores de materia prima y a los m&aacute;s avanzados como los beneficiarios   directos del valor agregado obtenido. Los productores de los pa&iacute;ses del llamado   tercer mundo se acostumbraron a exportar productos del sector primario de sus   econom&iacute;as, perdiendo de vista las ventajas competitivas que por razones de   dotaci&oacute;n natural hist&oacute;ricamente han tenido. De esta manera, la estructura   econ&oacute;mica del mundo se sigui&oacute; sustentando en el modelo <i>"centro-periferia" </i>promovido desde la Comisi&oacute;n Econ&oacute;mica para Am&eacute;rica Latina —CEPAL—, que   destacaba la existencia de un centro <i>industrial y hegem&ocirc;nico </i>—pa&iacute;ses   desarrollados— y una periferia <i>agr&iacute;cola </i>y <i>subordinada </i>—pa&iacute;ses   menos desarrollados—. Se cre&oacute; as&iacute; una clara dependencia de unos respecto a los   otros.</p>     <p>Producto tambi&eacute;n de este desigual proceso de desarrollo —m&aacute;s de crecimiento   que de bienestar social— las notorias deficiencias en infraestructura moderna y   funcional para tener acceso a los puertos —a&eacute;reos, fluviales, mar&iacute;timos y   terrestres— en condiciones competitivas, se convirtieron en un lastre adicional   para la b&uacute;squeda, conquista y conservaci&oacute;n de los mercados for&aacute;neos. Los grados   de dependencia se fueron acentuando con grandes desequilibrios en los t&eacute;rminos   de intercambio cada vez m&aacute;s favorables a los pa&iacute;ses de mayor nivel de   industrializaci&oacute;n. Creci&oacute; la polarizaci&oacute;n de la riqueza; los pa&iacute;ses m&aacute;s   poderosos se enriquecieron a&uacute;n m&aacute;s en tanto los m&aacute;s d&eacute;biles profundizaron sus   lamentables grados de empobrecimiento. Las cifras son contundentes. La reacci&oacute;n   del Estado tambi&eacute;n fue tibia y deplorable. Siempre en aparente funci&oacute;n   protectora de las fuentes de empleo, por ejemplo, produjo una legislaci&oacute;n que   fue instaurando un cuestionado proteccionismo que se tradujo en ineficiencia,   conformismo y falta de visi&oacute;n integral en algunos sectores de la econom&iacute;a. Ni se   logr&oacute; la reducci&oacute;n de la desigualdad social —medida por el coeficiente de Gini—,   y menos a&uacute;n se fue capaz de preparar la clase empresarial para asumir el reto de   penetrar mercados internacionales de otras latitudes.</p>     <p>Todo ello produjo econom&iacute;as dependientes, desequilibradas y con grandes   dificultades para satisfacer las necesidades de sus habitantes. Los intereses de   los grupos econ&oacute;micos terminaron imponi&eacute;ndose dados los estrechos lazos que   siempre han sostenido con la clase pol&iacute;tica. Al interior de cada pa&iacute;s en v&iacute;a de   desarrollo algunos sectores se favorecieron m&aacute;s que otros, logrando mantener sus   privilegios gracias a las decisiones gubernamentales que siempre los   protegieron. Los sectores que m&aacute;s se desarrollaron no siempre fueron aquellos en   los cuales se contaban con mayores ventajas.</p>     <p>Fue con este acumulado social y cultural con el que muchos pa&iacute;ses de Am&eacute;rica   Latina y el Caribe arribaron a los procesos de apertura experimentados en los   a&ntilde;os noventa y que tan discutidos resultados ha tra&iacute;do para sus sociedades. En   todos ellos hubo de cambiarse el marco jur&iacute;dico existente para que como un todo   se aventuraran a liberalizar sus econom&iacute;as sin estar suficientemente preparados.   En sus gobernantes pudo m&aacute;s el cautivador atractivo de la globalizaci&oacute;n y el   supuesto acceso a los mercados de mayor poder adquisitivo. Se pronunciaron   agudos discursos pol&iacute;ticos cargados de ilusiones y de promesas de un futuro m&aacute;s   igualitario que nunca. Pensando m&aacute;s con el deseo que con la realidad se   estructuraron mecanismos e instituciones encargadas de la promoci&oacute;n de la   internacionalizaci&oacute;n de las empresas, con resultados poco satisfactorios.   Pareci&oacute; haberse perdido de vista la esencia de esta pol&iacute;tica de <i>"puertas   abiertas" </i>que, como se predijo por parte de algunos especialistas,   profundizar&iacute;a los desequilibrios mundiales. Casi solos los empresarios   nacionales intentaron hacer frente a la arremetida de las grandes   multinacionales que con creatividad e imaginaci&oacute;n supieron sacar provecho de las   nuevas circunstancias de acceso a los mercados dom&eacute;sticos. Los mercados   nacionales recibieron mejores y m&aacute;s competitivas ofertas que favorecieron a los   consumidores en detrimento de la supervivencia de muchas empresas locales que se   vieron abocadas a la quiebra. Como resultado y con innegables grados de   improvisaci&oacute;n fue necesario concebir e implementar emergentes procesos de ajuste   con los cuales minimizar el negativo impacto que se produjo en las tradicionales   econom&iacute;as latinoamericanas. Los desequilibrios en las balanzas comerciales   cambiaron la fisonom&iacute;a de su comercio exterior. El d&eacute;ficit de muchas de ellas se   acrecent&oacute; y la naturaleza de su dependencia adquiri&oacute; otros matices. Ahora se   est&aacute; interconectado con el mundo, se tiene acceso a otros mercados m&aacute;s   consolidados, pero se depende tecnol&oacute;gicamente. Ya no solo se es abastecedor de   productos del sector primario, sino que el desarrollo industrial depende de los   recursos destinados a la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica en los pa&iacute;ses de mayor solidez   econ&oacute;mica. En medio de estas nuevas circunstancias algunas empresas, muy pocas   infortunadamente, penetraron con &eacute;xito, superaron las a veces infranqueables   barreras arancelarias y no arancelarias de algunos pa&iacute;ses desarrollados y   lograron posicionar sus marcas en varios de los m&aacute;s exigentes mercados   internacionales.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>No obstante los irrefutables logros alcanzados en ciertos mercados for&aacute;neos,   la tarea es a&uacute;n embrionaria. La incipiente industrializaci&oacute;n no ha permitido que   nuestras empresas figuren en los grandes <i>"rankings", </i>con excepci&oacute;n de   algunas brasileras, mexicanas y chilenas. Sigue prevaleciendo cierto grado de   desconocimiento de los inmensos beneficios que trae el proceso de   internacionalizaci&oacute;n cuando se hace de forma deliberada y con una cuidadosa   estrategia de crecimiento empresarial. Desafortunadamente, muchas organizaciones   siguen llevando a cabo este proceso con altas dosis de intuici&oacute;n o como   consecuencia de fortuitos e, incluso, espor&aacute;dicos esfuerzos de acceso a mercados   internacionales. Ha sido m&aacute;s como producto de ocasionales acciones promocionales   de algunos organismos gubernamentales, que el resultado de un riguroso proceso   de estudio, an&aacute;lisis e interpretaci&oacute;n de los mercados y de la real capacidad de   internacionalizaci&oacute;n de las empresas. Es poco lo que se ha logrado realizar para   comprender las tendencias universales de los consumidores y menos a&uacute;n para   visualizar las potencialidades empresariales para hacer frente a la aventura   empresarial que implica conquistar y conservar mercados internacionales.</p>     <p>Ante este panorama es imprescindible que todos los agentes del mercado asuman   una actitud m&aacute;s agresiva que refleje la convicci&oacute;n que tienen respecto a los   beneficios que trae la internacionalizaci&oacute;n para la sociedad en su conjunto. Los   empresarios nacionales buscando mercados plagados de oportunidades, el Estado   construyendo una plataforma log&iacute;stica que brinde mejores condiciones de   intercambio para los productos nacionales, y las escuelas de negocios formando   profesionales que adem&aacute;s de potencializar sus habilidades t&eacute;cnicas —idiomas,   capacidad negociadora— dimensionen la complejidad impl&iacute;cita en cada intercambio   internacional.</p>     <p>Lo hecho hasta el presente es destacable, sin duda, pero es mucho menos de lo   verdaderamente posible. Las expectativas son grandes y en nuestras manos, como   acad&eacute;micos, tenemos el futuro. Solo debemos apurar el paso.</p>     <p align="right"><b>Dagoberto P&aacute;ramo Morales</b>    <br>     <i>Editor</i></p> </font>      ]]></body>
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